San Juan Bautista

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sábado, 8 de junio de 2013

LA VIÑA DEVASTADA Y EL SUEÑO PLÚMBEO DE LOS VIÑADORES - Por Flavio Infante

(LA DENUNCIA DECIDIDA DE UN SACERDOTE A CUENTA DE LA VERGONZANTE MASCARADA PRESENCIADA EN UNOS RECIENTES FUNERALES)

Arrecian las evidencias, con frecuencia creciente hasta el desmayo, de que no pocos prelados trabajan para
configurar a la Iglesia con la Meretriz Magna que vio el de Patmos. Es un hecho que las prédicas siempre más usuales sobre la "Iglesia inclusiva" consuenan con la praxis más abusiva, y que la tan declamada tolerancia acabará por convertir a los templos en verdaderas "casas de tolerancia". En nuestras parroquias cunden bautismos no ajustados a los cánones, con padrinos y madrinas concubinarios, tanto como comuniones sacrílegas, de las que no quiere abstenerse nadie que tenga simplemente momentáneas ganas de comulgar, sin confesión ni hora de ayuno ni fe en la Divina Presencia Eucarística. Triunfa un concepto herético de la misericordia de Dios que niega las exigencias de la fe, admitiendo incluso a los pecadores públicos a los sacramentos, sin siquiera insinuarles la necesidad del arrepentimiento y del propósito de enmienda. Señalar esto no es descubrir América, pero es que a veces pasma comprobar las nuevas cotas alcanzadas en la marcha decidida hacia el irremontable abismo. A este propósito corrió por estos días, por los blogues católicos que aún conservan el sentido del decoro y del honor y como para ilustrar el desquicio que estamos a un paso de alcanzar, la crónica del gordo sacrilegio perpetrado en las exequias de un sacerdote apóstata italiano, el p. Andrea Gallo, de la arquidiócesis de Génova, de la que nos hicimos eco sobre el final de una entrada anterior.

El cardenal arzobispo Angelo Bagnasco -titular de aquella sede y, por añadidura, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana- no tuvo mejor idea que celebrar él mismo en persona la misa por el difunto en la genovesa Iglesia Catedral, y tuvo que hacerlo entre una marea viscosa de disolutos, enemigos todos de Cristo pero amigos del difunto, que le propinaron la paga que mejor podía esperarse de unas tales bestias metidas por culposa inadvertencia en el redil de ovejas y corderos: una sonora rechifla al momento de comenzar la homilía, berridos y guturaciones varias (video al final de esta entrada). Para que la almizcleña comparsa alcanzase una mayor identificación visiva con los detritus y las exudaciones cloacales, a un reconocido transexual de aquellas latitudes se le permitió comulgar y acceder al púlpito para expresar su agradecimiento al extinto.

La indignación hacia esta Iglesia bifurcada, escindida de su Fundador y que enfila de prisa hacia el averno, irreconocible, de-substanciada, esta Iglesia paralela, ayer clandestina y hoy cada vez más oficial, motivó la valiente denuncia de un sacerdote, Ariel S. Levi di Gualdo (por título: «Tras los porno-funerales de Gallo, autopsia de una Iglesia suicida, en la persona de Bagnasco Angelo»), quien luego de su publicación recibió la consabida reprimenda de su ordinario. No nos es posible reproducirla por entero, pero ofrecemos al menos algunos de sus más significativos pasajes, junto con el enlace al texto original y completo aquí. Y no se diga que los términos usados son inconvenientes o desmedidos: ante la demasía de los hechos, todo decir es poco.

El lector que desconozca a muchos de los nombres propios aquí aludidos (y nosotros los desconocemos) podrá sustituirlos plausiblemente por otros de pelaje afín, reconocibles en su diócesis o nación: en la Iglesia post-conciliar sobran actores para tan indignos roles. La "trenza" de los eclesiásticos empinados y los más prominentes medios de prensa eclesiales, a su turno también silentes respecto del sacrilegio perpetrado, resulta evidente. Podrá también adivinar el lector que el finado Gallo se alista con pleno derecho en esa raza de eclesiásticos "de la calle", militantes ostentosos de las "periferias existenciales", prestos a denunciar las consecuencias de la opresión económica pero mudos en lo tocante a la opresión del orden natural: ni una sola exhortación se les escapa a propósito del fomento publicítario de las aberraciones sexuales, el aborto, el embate contra la familia, etc., y esto mismo es lo que los hace tan mimados por los medios. Alguien, haciendo un balance de los casi tres meses de pontificado de Francisco, señaló su coincidencia a este respecto (coincidencia en una tonalidad más morigerada, más adecuada a la dignidad del cargo, podría decirse con doliente ironía). Pese a las protestas del Papa en este sentido, la Iglesia se reduce así a una ONG piadosa y, a la postre, encubridora de la vastedad de los males que asolan al hombre: esto es justamente lo que pretende la plutocracia orbital. Pero vayamos al texto:

Andrea Gallo y la fallida percepción de la dignidad sacerdotal. ¿Le quedaba claro a Andrea Gallo -o le había sido aclarado de alguna manera- que nosotros, los sacerdotes, poseemos una dignidad superior a la de los ángeles (Cf. S. Tomás de Aquino, IIIa, q.22, art.1), habiendo sido llamados a celebrar el sacrificio Eucarístico, memorial vivo y santo de Dios encarnado, muerto y resucitado? Aparte de las obras de los sociólogos comunistas, ¿Andrea Gallo ha leído algún libro de teología o de patrística en su vida? Fuera del arzobispo de Génova Angelo Bagnasco y de sus eminentes predecesores Dionigi Tettamanzi y Tracisio Bertone, ¿tuvo este cura alguna verdadera y autorizada figura episcopal, y algún buen formador que le explicase con las palabras de Gregorio Nacianceno que «el sacerdocio es venerado incluso por los ángeles» (cf. Sermo 26 de Sanct. Petr.)? Y del sacerdocio, que tanto a él como a todos nosotros nos ha sido dado sólo en comodato de uso, no por nuestro mérito sino para servir a la Iglesia y al Pueblo de Dios, en concreto, ¿qué ha hecho Andrea Gallo bajo los ojos de todos, públicamente, por años y años? De este cura que transcurrió la propia existencia de manera algo confusa, todos tenemos siempre vivo el recuerdo humillante y embarazoso de un ideólogo y un demagogo que ha concurrido más a dividir que a unir, haciendo uso retorcido del Evangelio para sostener la propia ideología marxista, más que usar el Evangelio para liberarse a sí mismo y al Pueblo de Dios de las devastaciones que desde siempre han producido las ideologías.
    No me han escandalizado nunca las extravagancias de Andrea Gallo, acaso porque de nuestro clero puede esperarse aún más y peor. Me escandalizaron, en cambio, su obispo y sus predecesores, que nunca tomaron  providencia alguna a su respecto. Jamás se aplicaron sanciones canónicas a este clérigo que los cánones los ha violado a todos, junto a las reglas más básicas del cristiano y del buen comportamiento sacerdotal.
    (Refiriéndose a una carta que le envió tiempo atrás al Arzobispo de Génova, jamás contestada por éste): entiendo que para ser dignos de atención de parte de un cardenal de estos tiempos es menester ser un rabino hebreo o un imán musulmán, porque en tales casos las respuestas llegan pronto, amables, ecuménicas e interreligiosas. El sentido de aquella carta es más que comprensible: cuando la autoridad está completamente privada de aquel pulso evangélico y católico -lo que, de hecho, la priva de toda credibilidad- no queda otra cosa que la calma y respetuosa tomadura de pelo. Aquellas tomaduras de pelo a la San Felipe Neri, entiéndase, profundamente católicas y apenadas, cuanto más irónicas aparecen en la forma.
    El vergonzoso e indigno teatrito de aquellos funerales ha ofendido a la Iglesia, su doctrina católica y la dignidad de los verdaderos creyentes. Una obscena pasarela de gays, transexuales, anticlericales, comunistas irreductibles ideologizados hasta la médula y agresivos libertinos de los centros sociales que hegemonizaron la triste escena, cosa por otro lado fácilmente previsible y que justamente por esto debía ser prudentemente evitada. Un desfile de todo aquello que no es, pero que sobre todo exige de manera decidida -y a menudo también violenta- no ser católico.
    Estupenda la despedida del cabaretero hebreo Moni Ovadia, agnóstico declarado y orgulloso que no cree en la religión propia y tanto menos en la de los otros. Un Ovadia afectado por evidentes cortocircuitos psicoanalíticos dados por el hecho de que por una parte se proclama agnóstico y por la otra ingiere comida kasher, es más, glatt kosher. Grotesco más allá de todo límite, cuando refiriéndose al difunto nos aseguró: "soy hebreo y agnóstico, pero para mí Gallo resucita". De este saltimbanqui que juega a ser asquenazi y que para los rabinos ortodoxos es como humo en los ojos (...) nos hemos tenido que sorber también una "lección" de dogmática trinitaria: «Andrea -dijo Ovadia con demencial seriedad- alcanzaba a ser uno y trino».
El aceite de vaselina de L´Osservatore Romano, la grasitud de L´Avvenire, la patinosa despedida de Radio Vaticana a Andrea Gallo. La verdadera vergüenza es todo aquello que de octavado, de grasiento y de untado de aceite de vaselina han escrito L´Osservatore Romano dirigido por Giovanni Maria Vian y L´Avvenire dirigido por Marco Tarquinio, que en el diario de los obispos de Italia le permite pontificar a aquel pequeño heresiarca de Enzo Bianchi, impidiéndole al mismo tiempo a un estimadísimo hermano nuestro, el eminente teólogo y filósofo metafísico Antonio Livi, el contradecirlo tranquilamente e indicar lo obvio: la de Enzo Bianchi no es teología católica. Es más: puede ser, y es -agrego yo- auténtico veneno, especialmente para las mentes jóvenes. En particular para aquellos que se están formando para el sacerdocio y que sólo ciertos obispos nuestros, a esta altura fuera de la gracia de Dios, pueden mandar a hacer retiros espirituales a la comunidad catoprotestante de Bose antes de impartirles los sagrados órdenes. Para no hablar de la resbaladiza despedida de Radio Vaticana. Estamos de veras vueltos del revés...
    Esta suma de vergüenzas se edifican sobre una trágica realidad: vivimos en una Iglesia reducida ya a una total inversión, donde el bien se convierte en mal y el mal en bien, la heterodoxia en ortodoxia y la ortodoxia en heterodoxia a condenar y perseguir.
    (Acerca de un libro enviado al card. Bagnasco junto a la carta arriba citada, libro en el que el autor analiza el proceso de inversión eclesial en vigor): Estoy seguro y confío que, cuando Su Eminencia haya aprendido a leer, aquel libro lo leerá. Cuando haya aprendido a escribir, me responderá como conviene a un gentilhombre llamado también "Príncipe de la Iglesia". De hecho, yo no mido el espíritu principesco sobre la base de los títulos o de ciertas dignidades honoríficas, por las cuales cada vez más son los curas y obispos en carrera que venderían el alma al diablo. Lo mido en base a la buena educación y al devoto servicio tributado a la Iglesia, en nombre del cual es menester a menudo tener la fuerza de exhibir atributos viriles para marchar contracorriente y para asumir la dolorosa responsabilidad de no gustar a las masas.
Cuando una concelebración eucarística presidida por un obispo arriesga convertirse en un lupanar sacrílego en el cual Cristo se reduce a menos que un pretexto para desahogar el ego ideológico de los heréticos de primera línea. Como sacerdote que vive la liturgia como un sacro misterio que pertenece a la Iglesia y no ciertamente a mí, que soy sólo un devoto siervo, y no patrón o primer actor, he vivido como un verdadero golpe bajo aquella procesión filmada de curas "transgresores... excéntricos... desobedientes... progresistas... arco-iristas... filocomunistas..." capitaneados por aquella otra notoria sordidez sociológico-demagógica de Luigi Ciotti, cuya despedida durante la sagrada celebración fue -como le es usual- una algazara de sociología política privada de teología, privada de doctrina, embebida de buenos pensamientos sociales a los cuales Cristo y el Evangelio hacen desde siempre secundario detalle como marco de muy otro cuadro. ¡Qué tristeza esas bandas variopintas multicolores de los curas pacifundistas prestos siempre a despedazar a sus hermanos ligados a la sana ortodoxia católica, vestidas sobre la casulla en lugar de sobrias y consonantes estolas violetas, como prevé el rito y la liturgia de las exequias fúnebres! ¡Qué desolación, aquella otra indecente vergüenza del sacerdocio de Vitaliano Della Sala, cura filo-homosexualista formato no-global, que declaró: «la de Don Gallo es la verdadera Iglesia»! ¡Cuánta ignorancia cristológica, cuánta pública herejía tolerada por nuestro débil y medroso episcopado italiano! ¡Pobres curas fracasados fabricantes de fracasos y de quiebras eclesiales, grotescos sobrantes sesentayochescos de sumidero, pertenecientes a la "religión" de un no mejor precisado "lo social", a la "religión" de la ideología...!

Ante los pecadores públicos yo no me bajo los calzones, como el cardenal Bagnasco, por temor al juicio de los medios y a las reacciones de los integralistas laicos. Los amo con cristológico corazón sacerdotal e intento trabajar por la salvación de sus almas. ¡Si aquel que se ha bajado los calzones y presidido este teatro funerario porcino ha sido el presidente de los obispos de Italia, imaginémonos a los otros obispos nuestros! Yo vivo en el mundo real, al contrario del Cardenal Angelo Bagnasco que vive en el propio palacio feudal circundado por devotos y complacientes secretarios y colaboradores, a los cuales no les pasaría jamás por la mente decirle en conciencia al propio poderoso prelado: «creo que esto es erróneo, pero dicho esto decida Usted como mejor le parezca porque Usted es la autoridad episcopal y, a menos que no me ordene cosas contrarias a la doctrina y a la moral de la Iglesia, yo, que no pienso como usted, justamente por esto seré el primero en obedecerle».
(En referencia a un grupo de transexuales sudamericanos que asistían los domingos a la misa que el autor celebraba en una basílica romana, situándose siempre al fondo del templo, no osando presentarse a recibir el Santísimo Cuerpo de Cristo y pidiendo, en cambio, la bendición al final de la misa): Quisiera hacer notar al Arzobispo Metropolita de Génova la sustancial diferencia que corre entre estas almas sufrientes y atormentadas, que a menudo mantienen con su trabajo de prostitución enteras familias  en sus propios países de origen, conscientes de que su modo de vida no está bien y es muy errado, y el arrogante trans Vladimiro Guadagno, llamado Luxuria, ideólogo que roza el  integralismo, fiero y orgulloso y, sobre todo, en absoluto contristado con su propio estilo de vida. Estas personas, notoriamente repletas de un ego narcisista, desordenado y orgulloso, agresivo allende todo humano límite hacia cualquiera que no ose pensar como ellos, parecen no tener claro que la «inclusión» procede de Cristo y que la verdadera Iglesia es la de Cristo, no ciertamente aquella "de base... de plaza... alternativa... desobediente... arco-irista" de Andrea Gallo. El problema es que a estos ideólogos del transgender no les interesa que la Iglesia les abra las puertas. Ellos quieren que la Iglesia se abra de piernas, posiblemente de la parte posterior, para poder infiltrársele y destruirla con simiente venenosa. Obviamente en nombre de una extraña caridad evangélica y de una no mejor precisada inclusión y misericordia.
¿Sabe Luxuria qué significa y qué suponga en sentido eclesiológico y esjatológico «abrir las puertas a Cristo» para ser acogidos por Cristo y por la Iglesia, su cuerpo místico? Supone ante todo acoger a Cristo y a todas las reglas de vida contenidas en su mensaje de salvación, y no ciertamente pretender subvertir los mandatos de Dios para ir al encuentro de los caprichos de la cultura gender y de los graves desórdenes humanos y morales de ciertos sujetos, que no reclaman de hecho inclusión, porque en los hechos concretos sólo aspiran a derribar las puertas para tomar posesión de la casa cristiana según sus condiciones, en el mayor desprecio a aquellas que son las reglas dictadas por la divina revelación.
¿Sabe Luxuria que la Iglesia debe efectivamente acoger, pero al mismo tiempo debe evitar que los lobos rapaces hagan irrupción en el redil donde el buen pastor tendría que custodiar y proteger las ovejas que el Señor le ha confiado? ¿O acaso debemos hacernos destruir el redil y devorar las ovejas porque los lobos disfrazados de corderos vienen a hablarnos de inclusión, invitándonos a tomar ejemplo de los Gallo, los Ciotti y los Dalla Sala que han servido tan mal a la Iglesia, con tan perentoria invitación a pedir disculpas hecho junto a nuestros altares, todo proferido por otro exponente de aquellos que reivindican el "sacrosanto" derecho a  transformar a la Esposa de Cristo en una prostituta, para que pueda corresponder a la desoladora imagen y semejanza que ellos le han hecho de casa de tolerancia transgender?
Quizás a esta altura, al Cardenal Angelo Bagnasco no le quede más que ir a celebrar un solemne pontifical directamente al Gay Village con Luxuria, que haga de madrina en la manifestación con todas las inclusivas transgender disfrazadas de corderitos rosa (...) Con la debida y caritativa misericordia, en vez de esconder la cabeza bajo la arena como los avestruces, entre una inclusión y otra, échese una mirada a ciertas repetidas imágenes desacralizantes del gay pride para tener idea del índice de respeto hacia la ajena fe y el ajeno patrimonio de sacralidad que alberga en aquellos que pretenden hacerte arrastrar a la cárcel por homofobia si sólo osas simplemente no compartir su género de vida, forjado en el evidente desorden humano y moral.
La pecadora pública fue perdonada por el Redentor porque estaba arrepentida y porque cambió de vida. No devino ciertamente paladina e ideóloga pre-cristiana de la Asociación de las Libres Prostitutas para la liberalización y la legalización del meretricio, en nombre del Cristo resurgido, inclusivo y misericordioso. ¿Debo justamente yo invitar al Presidente de los Obispos de Italia a leer bien y con atención aquel Evangelio del cual él es el supremo maestro en su calidad de sumo sacerdote?
Aseguro mis sinceras plegarias al cardenal Angelo Bagnasco, porque temo que junto al alma de Andrea Gallo hoy se deba empezar a pensar en salvar también aquella de su obispo, presidente también de los obispos de Italia, que hoy mismo, en su propio presbiterio, puede exhibir a otro célebre, impune y ¡ay de mí! intocable ideólogo: Paolo Farinella. En tiempo y lugar, ¿acaso debamos esperar otra fanfarria de gentuza de hostería y de pornográfico burdel transgender, con ruidosa escolta de jóvenes porreros de centro social que hegemonicen también, a puño cerrado y en alto, la escena de los funerales de esta otra vergüenza del sacerdocio, con la turba ebria de ciega ideología que dentro de la Casa de Dios renueve todavía el inhumano grito sacrílego: «¡Barrabás...! ¡Barrabás...!», obviamente en nombre de una no mejor precisada inclusión, caridad y misericordia?




Nacionalismo Católico San Juan Bautista 


1 comentario:

  1. Anónimo9/6/13 22:48

    Parece que en Corrientes hay misas de sanacion con ministros de la eucaristía homosexuales, que tul....

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