San Juan Bautista

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viernes, 27 de septiembre de 2013

UNOS ABREN LOS OJOS, OTROS LOS BLINDAN - Por Flavio Infante

  A sólo medio año de la elección del Neopapa, es todo un intercambio de obsequios el que parece entablarse entre éste y mundo, al punto que ya no se sabe quién es quién, tan perfecta la reciprocidad. Sin agravio de lo mudable de sus máximas, el mundo pontifica, impone, y el Papa asiente; y la confusión de las lenguas -y de las personas- es un hecho, pese al pensamiento único. Lo peor es que cuando el uno sofistica, el otro -a sabiendas de ello- lo celebra, y viceversa. Es tanta, al fin, la complicidad en la falsía como para que no quepan dudas de que unas miasmas de veras irrespirables se han apoderado de la atmósfera común, al punto de urgir la fuga al yermo para evitar la muerte por asfixia.

  ¿Un papa que, no bastándole la mole de insulseces proferidas a instancias de reiterada y ordenada prevaricación, se permite al fin proponer una «relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea», como consta en la trajinada entrevista que le hizo el director de La Civiltà Cattolica (AQUÍ), sin advertir que es exactamente al revés, que es el Evangelio aquel a cuya luz debe «releerse» o bien medirse toda cultura y todo tiempo histórico? ¿Un papa que, a propósito de los homosexuales, lanza la enormidad de que «la religión tiene derecho de expresar sus propia opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal», trocando al mismo tiempo el deber por el derecho, la certeza por la opinión, poniendo al libre albedrío poco menos que como garante del pecado, y haciendo de la exhortación una injerencia? «Estoy pensando en la situación de una mujer que tiene a sus espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio también un aborto. Después de aquello, aquella mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está sinceramente arrepentida. Le encantaría retomar la vida cristiana. ¿Qué hace el confesor?», pregunta retórica esta última que sugiere la extensión de la comunión a aquellos que incurren -a no ser se corrija y expurgue el Evangelio (Mt 5,32; 19,9)- en adulterio. La «paz» a la que alude aquí Bergoglio, ¿según cuál de sus acepciones debe entenderse?

  Se comprende que para el insultante historicismo de esta ralea de pastores sea poco menos que una reliquia paleolítica aquel pasaje del Código de Derecho Canónico -tanto en su vieja redacción como en la más reciente- que recuerda que «no deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave» (can. 915, incluyéndose en este último caso, según manifiesta enseñanza, a los divorciados vueltos a casar siquiera por civil). El propio Juan Pablo II recordó categóricamente en la Familiaris consortio que «la Iglesia, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez (...) dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio». En verdad, lo que hace Bergoglio una y otra vez es ensalzar aquella misma moral situacional que oportunamente, advertido su peligro, condenara sin titubeos el papa Pío XII.

  En ese haz de páginas que vierten la entrevista mencionada no faltan alusiones sinuosas a todos los temas sobre los que hoy se cierne la controversia más amañada (la situación de la mujer en la Iglesia, el Vetus Ordo Missae y la tradición católica, etc.). Resulta penoso tener que seguirlo, oponiendo a la campanada de sus auténticas provocaciones (repetidas según una obvia clave interpretativa por los medios) estas sordas quejas desde la espelunca, desde la propia y prosaica "periferia existencial", para un puñado de benévolos lectores. Baste comprobar lo ya sabido a su respecto: la tesis común a todos los temas abordados se reduce a la variabilidad de la moral y los contenidos de fe según los tiempos corran. Lo sugiere el Papa -y usamos a conciencia términos como «insinuar» o «sugerir», que si algo evita deliberadamente Francisco es la precisión argumentativa- trayendo a cuento a san Vicente de Lerins, que «compara el desarrollo biológico del hombre con la transmisión del depositum fidei de una época a la otra... El hombre, con el tiempo, cambia su modo de percibirse. Una cosa es el hombre que se expresa esculpiendo la Nike de Samotracia, otra la de Caravaggio, otra la de Chagall y, todavía, otra la de Dalí». Más desacordado no podía ser el símil: permaneciendo una y la misma la naturaleza humana, la auto-percepción del hombre ha cambiado, en efecto, con el tiempo, según los accidentes que afectan al proceso cognitivo, cuyos resultados son siempre provisionales. En el caso del auto-conocimiento del hombre, uno mismo es el objeto y el sujeto del conocer. De los dogmas, en cambio, expresivos de una verdad sobrehumana e inmutable, cabe decir que si el modo de exponerlos varía con las épocas y las lenguas, su sentencia -que equivale, como es dable observar, a la "percepción" de los mismos: ex sentire sententia- no cambia, siendo bien célebre el apotegma de Lerins, que reconoce en todo caso que, aunque puedan variar los modos de la expresión, se conservan siempre el sentido y la sentencia: eodem sensu eademque sententia. Traer en este punto a un autor sacro para hacerle decir lo contrario de lo que enseña, ya nos parece demasiado.

  De ese mismo mundo que Francisco se esmera en lisonjear, y que comparte con él las veleidades progresistas, no han faltado últimamente voces que delatan el hastío ante lo que ya resulta una demasía actoral. Así, desde las Galias, uno se sirvió llamarlo «demagogo» y «autócrata», sin menoscabo de admitir que considera a éstas las cualidades más oportunas para el gobierno de la Iglesia en esta difícil sazón. A nuestra mayor deshonra y con no poca razón (casi un eco más atinado de aquel ¿de Galilea puede salir algo bueno?) el mismo escriba espetó que "no podía esperarse otra cosa del país que había parido a Perón y al Che Guevara". Otro, tenido en Italia en la categoría de los "ateos devotos" (es decir, intelectuales ajenos a la Iglesia pero que le reconocen a ésta al menos su inestimable carácter civilizador), no se abstuvo de asociar la lejana experiencia docente del Papa -que a través de la lectura de obras como «La casada infiel», de García Lorca, conducía a sus alumnos por las ulterioridades menos sensuales de la filosofía- con la condición hodierna de la Iglesia católica, esposa infiel toda vez que deviene meramente «pobre para los pobres, hospital de campaña de la misericordia, de las gasas y los buenos sentimientos (...) Es menester apuntar al fortalecimiento de los cuerpos y a la curación de cualquiera de sus partes mucho más que a la salvación de las almas o a las virtudes. Ahora el Evangelio se yergue contra la doctrina. Aquel libro bellísimo y salvaje, que es también un memorial misterioso y confuso, ese libro que desde hace veinte siglos buscamos explicarnos, porque la simplicidad es difícil de comprender, se convierte en la fiebre de bien y comprensión humana contra el cinismo catequético de la doctrina, contra los pequeños preceptos». Para rematar: «qué hallazgo genial, qué huevo de Colón. No sólo la Iglesia absuelve al mundo, sino que asume sus medios, se arrastra evangélicamente hacia un subjetivismo modernista de tipo antiguo, hacia su raíz, hacia la moral de la intención (...) Ahora la Iglesia se hace hija del mundo y su adulterio sentimental está a la vista de todos».

  Sería irritante reconocer que un pontífice, en el insalubre intercambio verbal con el mundo moderno al que se ve conminado por razón de su oficio, anteponga la prudentia carnis a la proclamación de la verdad. Pero no debe ser éste el caso de Francisco, o al menos no principalmente, aunque a una primera vista pudiera parecer así. No son fácilmente compatibles con la psicología del cobarde los ascensos meteóricos que Bergoglio experimentó a lo largo de su carrera eclesiástica, ni su frecuente y exhibida coyunda con agentes anticristianos -en un alarde de "libertad evangélica" que parece más su grotesco remedo que otra cosa-, ni su deliberado abordaje de las cuestiones morales más incómodas desde perspectivas que, al menos, ponen en riesgo la afirmación de la doctrina común.

  Huelga advertir, entonces, en relación a las profusas semidicciones de Francisco -y pese a la poca provisión de colirio en un mundo dado a tantas distracciones visuales- que quedan ojos aún activos, y que no faltan quienes le van tomando el pulso al sujeto: «el que habla puede ser malinterpretado por malicia ajena o por propia ambigüedad. Ser constantemente malinterpretado por todos, sin embargo, sólo puede significar dos cosas: o hay una conjura de todos los medios de comunicación amigos del incomprendido, o bien es el mismo malinterpretado aquel que quiere serlo, porque usa un lenguaje que se presta muy bien a este juego. Si el incomprendido no hace nada por desmentir a quien constantemente lo malinterpreta y aun más, le va bien que así sea, queda una de dos: o cuando habla no le interesa hacerse entender, o bien, simplemente, quien lo interpreta lo ha entendido a la perfección. El presunto incomprendido resulta, en cambio, perfectamente comprendido».

  Que tomen nota de ello los "teólogos" laicos -y consagrado- del sitio InfoCatólica, atareados fatigosamente en cargar, como Sísifo su peñón, las boutades de Su Santidad, demostrando ser ya casi los únicos en no haberlo comprendido. ¿No es risible venir a recordar, cuando este ramillete semestral de anfibologías pontificias ya derrama su fragancia por todos lados, que la enseñanza del Papa no se ve comprometida mientras éste no se pronuncie ex cathedra? Estas manifestaciones de confianza a toda costa, este ponerle buena cara al tan mal tiempo, ¿las inspira venalidad o tontería?

  Bastante tenemos que soportar y contestar el contrapunto que el mundo opone a la buena doctrina para que sea el propio Papa quien viene a proponer una «relectura» del Evangelio y de la misión de la Iglesia como un capítulo de la evolución dialéctica. Llevados a sus últimas consecuencias sus contrastes y antinomias, la reversibilidad de las certezas a que induce su calculado fraseo, ya nos parece ver estampada (en una encíclica-bomba, o poco menos) aquella blasfema fórmula de Proudhon: Dios es el mal. Mientras, y en tanto no cruce el umbral del sacrilegio explícito, la doctrina católica viene a ser en sus labios como esas míseras aves embreadas por la contaminación marina que, no pudiendo poner los pies en tierra, tampoco alcanzan a levantar vuelo, ennegrecidas y mustias, una auténtica y luctuosa sombra de lo que eres.



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14 comentarios:

  1. ALICIA COSERES27/9/13 22:36

    ES CIERTO.HAY GENTES QUE NO "QUIEREN" VER NADA.TIENEN MIEDO...DE QUÉ...NO SÉ...........

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    1. No creo que sea infundado el miedo, por el fanatismo y hasta la idolatría que genera esa persona, pero tampoco podemos paralizarnos y no hacer ni decir nada. Es cobardía y tibieza.
      No creo que estemos lejos de los tiempos de la persecución. Pero dentro de poco no va a venir de musulmanes o judíos (que siempre lo hacen cobardemente desde las sombras) sino desde la misma Iglesia.
      Saludos en Cristo y la Patria

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  2. Anónimo28/9/13 2:47

    Yo creo que la persecución de la iglesia prostituída a la Iglesia fiel se empezo a dar hace tiempo. Fíjense, por decir lo que se me ocurre, las pastorales modernistas, parroquias sectarias filo-protestantes, clero modernista, obispos herejes y un sin fin de nodos de nuestra Iglesia que obran en el error y además vituperan y censuran a quién ose arrojar una pizca de doctrina verdadera en dichos lugares o circunstancias. Ahora, una persecución tiránica y déspota a la manera de los primeros siglos, puede desatarse en no mucho tiempo si las cosas siguen así. Creo que Benedicto XVI fue el último pastor de voz clara y de Tradición, no sabemos qué se puede desatar en cualquier momento con este Papa consentidor de tanto modernismo.

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  3. Gaugamela28/9/13 10:58

    "¿las inspira venalidad o tontería?"

    O, como con muy buen tino, añadió usted, un ACV inminente. De otra forma no se entiende y, mucho menos, se comprende.
    Hace hincapié don Flavio en la reciprocidad existente entre F. y el mundo. El constante vaivèn de halagos entre ambos, como sí de una parejita de enamorados se tratara. Lo más duro de ello, y tras las palabra que le dedica el periodista, es la sentencia final: la Iglesia perdona, el mundo no. Y, cuando se apaguen las luces, como le recordó en cierta ocasión en que España estuvo al borde del desastre absoluto, Rajoy a Zapatero, sólo el primero estaría siempre a su lado. En este caso, sólo Dios permanece siempre. El mundo es eso, mudable, caprichoso, caduco. Debería haber escuchado aquella sesión parlamentaria. Fue terrible, pero sólo el que, se suponía, quería más desinteresadamente al país, le dijo la verdad, la que no gusta oír, la que nos conmueve, porque nos invita a vernos tal cual somos, y Francisco, por lo que vemos, no tiene intención de ver. La Palabra es la Verdad. La que él rehúye, La que permanecerá Eterna.

    Que el Espíritu de Dios nos ilumine a todos.

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  4. Gaugamela28/9/13 13:40

    http://www.zenit.org/es/articles/pedir-en-la-onu-una-ley-contra-la-persecucion-de-los-cristianos-y-minorias

    Le dejo el enlace a este artículo, aunque estoy segura de que ya tendrá conocimiento de él. Hay personas que, gracias a Dios, siguen defendiendo la verdad y la Verdad. Siguen poniendo, aunque con cierta tibieza en sus expresiones, las cartas sobre las mesas de los que deberían "ver" más y mejor que el común de los mortales. Claro, que, es como clamar en el desierto, sabiendo de la manipulación e intereses bastardos que mueven los hilos subterráneos. Pero, mire, a uno le reconforta divisar, aunque sea desde la lejanía y la soledad de esta iglesia invisible en que nadamos, pequeñas luces que nos consuelen del desamparo que, la iglesia del mundo, nos niega.

    Pide este buen cardenal una ley que proteja a los cristianos de la persecución que, a diario, sufren en distintas partes del mundo, en contrapartida con la de la antidifamación contra el mundo musulmán. Al menos tiene la valentía de denunciar lo que es un clamor de sobra conocido entre quienes nos sentimos hermanos suyos en la Fe. Otros, en cambio, sólo se conforman con la palmadita en la espalda...y a seguir, que ya sabemos que la cosa está muy mal, y que buena gana de revolverla más. Penoso y tristísimo.

    Buen fin de semana, amigo. Saludos.

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    1. No tenía conocimiento de la noticia, gracias por informarme.
      En la imbecilidad del día de Bergoglio, dijo que los gendarmes del Vaticano no solo tiene que cuidar los muros sino que tienen que controlar a los que chismorrean. Y dijo que hay quienes quieren una guerra civil en el vaticano.
      Este personaje vicario de alguien, más no de Cristo, está adelantando la persecución a los católicos. Ya lo hizo como cardenal y hoy en el lugar donde está, y no precisamente por derecho divino sino más bien por permisividad divina esjatológica, va a hacer todo el daño que le corresponde hacer. Es difícil callar muchas cosas en el estado actual de la vida de la Iglesia.
      O somos fieles a Cristo y su Cuerpo Místico o por cobardía y comodidad nos escondemos detrás de una máscara de supuesta obediencia para adecuarnos al mundo que tanto NSJC nos ordenó combatir.
      Falta menos, a perseverar en la verdad.
      Bendiciones estimada amiga.

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  5. Gaugamela28/9/13 17:20

    "El amor es una luz ―en el fondo la única― que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib.,39).'
    Del mensaje del Papa BXVI para la Cuaresma de 2013.

    Lo estuve leyendo esta tarde. Me sirve de terapia ante tanta "imbecilidad bergogliana". Él solito se busca los supuestos "chismes". Es tan cobardón que se esconde tras cualquier falda, con tal de no ser verdadero y plantar cara a aquéllos que, dice, chismorrean.
    Que copie del Papa Emérito, que no se le caen los anillos si tiene que llamar a capítulo incluso al matemático del que ya hablamos.
    Y, bueno, es tal la distancia entre este hombre y Benedicto XVI que sideral se queda en nada.

    Saludos y bendiciones también para usted.

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    1. Gaugamela28/9/13 19:25

      http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350611?sp=y

      Esto, amigo, le llevará a los altares, ya verá. Y prologado por el, no encuentro el calificativo apropiado, Pérez Esquivel.
      Dará que hablar. La maquinaria pro santidad súbita de Franciscus, jeje, no descansa.
      ¿Será esto un chisme por mi parte? Nahh! Sólo diseccionamos la realidad bergogliana y sus circunstancias más circundantes, jeje!!

      Saludos.

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  6. Me pregunto que dirán los nacionalistas obnubilados con Bergoglio ahora. ¿Héroe antidictadura? El marxismo eclesiástico a full en el Vaticano. Sandro Magister o es masón o está mal de la cabeza. Pero lo que hace es una perversidad. Decir que es intelectualmente deshonesto es una deshonestidad intelectual. Un día se sorprende de la heterodoxia bergogliana y al otro lo canoniza en vida, encima en medio de atroces mentiras.
    Vamos a tener que acostumbrarnos a escuchar cosas como estas, mientras tanto a quién se atreva a cuestionar alguno de los ultrajes cotidianos de Bergoglio a la Iglesia y su Magisterio y Tradición, les manda la gendarmería Vaticana para que los "expulse"
    Por lo menos se van haciendo más claras las cosas. Ya quedan solo la cobardía y tibieza o quienes realmente son ignorantes de la fe y de lo que está pasando.
    Adveniat Regnum Tuum
    Saludos

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  7. Hernan Caponnetto29/9/13 0:16

    No me sorprende que Bergoglio haya sido un fervoroso colaborador de la guerrilla marxista, enemiga de la Nación Argentina y de la Fé. Lo que si me sorprende,y mucho, es la cantidad de miembros de la familia militar que esperan que Francísculus intervenga en favor de los presos políticos cuya situación, apremiante y escandalosa, ha llegado a niveles de crueldad inéditos ,con ancianos de mas de 80 años torturados en las nuevas "cárceles del pueblo" que un gobierno de ladrones y aesinos ha levantado para los soldados que combatieron a los amigos de Bergoglio. Y a muchas de estas personas las tengo en estima por su tenaz catolicidad y su gran capacidad de razonar y analizar situaciones políticas. En fin la confusión campea sobre un horizonte yermo. Señor de la Historia, acorta ya este tiempo, o todos pereceremos!!. Ven Señor Jesús!.

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    1. Sin lugar a dudas Hernán que tenemos que pedir por la pronta venida de Nuestro Señor Jesucristo y como dices la confusión se está esparciendo a niveles que no nos imaginábamos. Sabíamos que iba a ser difícil, pero que los considerados propia tropa ahora transijan con lo que ellos conocen que es erróneo, es algo que preocupa.
      Creo que el temor a no quedar afuera de la Iglesia, lleva a la gente a querer inclusive pertenecer a lo que ellos saben que no es la Iglesia. Y yo no hablo de Iglesia pos ni pre conciliar. La Iglesia es una, hoy y siempre, lo decía Meinvielle en el prólogo al libro de Pierre Virrion "Masonería en la Iglesia", donde también advertía que de no intervenir directamente la mano de DIos, se profesaría una fe completamente distinta a la que nos enseñó Jesucristo. Y creo que ya estamos viviendo eso. Entonces repito una vez más la afirmación de San Pio X "Cuando no se pueda sostener el depósito de la fe, vuelve Cristo". Estamos próximos
      Saludos en Cristo, María y la Patria

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  8. Me parece que Lucrecia esta bien formada y tiene discernimiento, por eso se "Atreve" a cuestionar al Papa, pues hasta el se puede equivocar, aunque tendría que ser muy cuidadoso por lo que representa y a Quien representa. Recordar lo que hizo Catalina de Siena...Se atrevio a corregir al Papa y le hizo un gran favor pero hay que ser humilde de verdad y no de pose para dejarse corregir por una mujer, que despues resultó ser Santa .

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  9. Echo de menos a Benedicto XVI

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