San Juan Bautista

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jueves, 7 de noviembre de 2013

LA DERIVA GNÓSTICA DE LA IGLESIA – Por Flavio Infante

  Está visto que esto de la apostasía ya parece un safari descomedido, en el que la rapacidad de los demonios no se sacia de sumar piezas de caza. «Caerán mil a tu izquierda; a tu diestra, otros diez mil». Como en el cuento en el que, junto a ciervos y rinocerontes, yacía vasta cantidad de aminobuanas (negritos que clamaban ante el arcabuz: "¡a mí no, bwana!"), así ahora se ensaya un sondeo de opinión previo al anunciado sínodo sobre la familia, en el que se invita hasta a los feligreses de la última parroquia rural a expedirse, verbigracia, sobre «cómo habría que comportarse pastoralmente, en el caso de uniones de personas del mismo sexo que hayan adoptado niños, en vista de la transmisión de la fe», entre otras sinuosas o insinuantes preguntas, que recuerdan a aquella con que la serpiente inició el diálogo con nuestros primeros padres. Que aunque no fueran tan maliciosas, fueran ociosas: ¿habrá que pedirles a los gobernandos cómo gobernarlos? Al paisano ocupado en tusar al zaino, maniáu bien cortito en el palenque, le sonsacarían -si mucho- respuestas del tenor de "a mí no, a mí no me me vengan con esas cuistiones". Que cuando las cuestiones son de tal bulto... vae homini illi, per quem scandalum venit!

  Pero esto ya no es un alarde de destreza y buena puntería en el cazar: es un puro bombardeo, una carga micidial. Vienen al caso las palabras del hondureño cardenal Maradiaga, del grupo de ocho consejeros que el Papa nombró para la reforma de la Curia, que afirmó que «Jesús era laico», que el Concilio Vaticano II significó «el fin de las hostilidades entre la Iglesia y el modernismo» y que «ni el mundo es el reino del mal y el pecado, ni la Iglesia es el único refugio del bien y la virtud». Y las del australiano cardenal Pell, otro brazo del fatídico octopus, al catequizar que los primeros capítulos del Génesis son pura mitología. Y para que la cosa no se reduzca sólo a febriles enunciados verbales, ahí está la nueva y espantosa férula de Francisco, presentada por su propio artífice declarando que «la imagen de Cristo -que desde la cruz seca y torcida, finalmente vaciada de sentido (!!!), se desvincula, se suelta lentamente- es tensión hacia la luz, liberación de una energía comprimida, intento de volar». Fraseología horripilante en la que ya no se reconoce la menor inspiración católica y sí las naderías de rigor en el gremio de los "artistas", invitados en tropel a profanar a gusto inter vestibulum et altare.

  Ante una andanada tan sin respiro se alcanza un punto de saturación tal que las facultades mentales, espoleadas por el detalle y la anécdota escabrosos, por las imaginarias hipótesis de cómo se pudo llegar a esto, hurgando en la bruma de los despachos y las intrigas, del tráfico de influencias y de los pactos más ominosos, en la esfera -al fin- de la oscura política eclesial ("la mística devenida política" o el abuso de la religión, que diría Castellani), la mente, decimos, busca anhelosa una explicación ya no material sino formal del mirífico desmadre. Y la encuentra en una constatación que, como todas las más atinadas, supone algo de obvio, pero digno de recordarse.

  La Iglesia ha sido gangrenada en todo su cuerpo por el mismo enemigo que viene acechando su calcañar desde antiguo, y que -bajo las más diversas denominaciones y con los más varios matices- constituye su antagonista en las sombras, clandestino por definición: el gnosticismo. Ambas, la gnóstica-cabalista y la cristiana, corresponden a dos opuestas actitudes ante la existencia y sus cuestiones fundamentales (a las que hacen corresponder opuestas afirmaciones), tanto que podemos reconocerlas quizás arquetípicamente en Caín y Abel, y luego en Israel y sus pueblos colindantes. Son las dos ciudades de que habla Agustín, dramáticamente irreductibles aunque vecinas en el escenario de este mundo.

  Unos reconocen a la realidad como sacramento, esto es, como vestigio de la libre, omnipotente y amorosa actividad creadora de Dios, y se aprestan a rendir un asentimiento obsequioso a los datos exteriores a su conciencia. La fe comporta una actitud realista en lo fundamental, toda vez que el objeto al que se orienta es «Aquel que Es», y no el propio universo mental del sujeto. La adaecuatio, como disposición del cognoscente, constituye algo así como una premisa o pródromo de la fe, que no puede desdeñar su respectivo depositum sino a condición de morir. La otra actitud, tan contrapuesta a ésta como a menudo obstinada en mimetizarse con ella y en apoderarse de sus símbolos con el fin de aniquilarla, es la que origina la perversión gnóstica, de la que el modernismo -ese conjunto asistemático de tesis exaltatorias de la religión como "experiencia" y de la fe no como asentimiento, sino como sentimiento- es una de las manifestaciones más tardías. La gnosis, que en tanto «conocimiento» se propone como una «ciencia experimental del bien y del mal» (conforme a la oferta de Satanás en el Edén), no puede sino proponer una metafísica falaz.

  La oposición que el gnosticismo y sus variantes le mueven a la doctrina católica se da, así, en el más primario de los niveles, el de la aprehensión misma de la realidad, pero de una aprehensión instada por una voluntad contraria al orden y al logos. Los politeísmos antiguos, los animismos, el culto de los astros y de las piedras (aun cuando la responsabilidad de sus iniciados pueda atenuarse por ignorancia invencible) son todas formas de esta corrupción inicial, que consiste -ante la aporía del mal que aflige a la Creación- en negar la unicidad del principio de todos los seres. Y la multiplicidad de principios se resuelve de modo irresistible en el dualismo, como éste acaba en consecuencia en el culto unívoco de uno de los dos principios reconocidos tácita o explícitamente como tales: el demonio. No por nada desde el siglo XIII comenzó a leerse el prólogo del Cuarto Evangelio al final de la Misa: la afirmación solemne y repetida cada vez de que uno es el principio, el Logos, «que estaba con Dios y era Dios desde el principio», debió ser el más eficaz antídoto contra la perenne tentación maniquea, poderosamente activa en aquellos años.

  En sus Instituciones litúrgicas, Dom Guéranger señala acabadamente ciertas constantes heréticas que atraviesan casi toda la historia de la Iglesia hasta culminar en la ruptura protestante, adscritas todas a una común inspiración gnóstica. Así Vigilancio, en el siglo IV y pretextando una reconversión a los orígenes, se manifestaba contrario a la solemnidad del culto y al celibato de los sacerdotes. Los paulicianos de Armenia (s. IX), origen remoto de lo que luego serían las pestes cátara y albigense, manifestaban aversión a la representación iconográfica de la Cruz y negaban -como antes lo habían hecho los monofisitas- la humanidad de Jesucristo, lo que conllevaba entre otras cosas al rechazo del sacrificio redentor, de la Santa Eucaristía y del culto de María. Finalmente Lutero supo atacar la Tradición por la remisión a la sola Scriptura, por la supresión de los elementos del misterio en la liturgia, expurgada de todas las fórmulas que la Iglesia había elaborado a lo largo de los siglos, por el rechazo de las mediaciones entre Dios y el sujeto fiel, y por la abolición de la lengua latina y la reducción del ministerio sagrado a mero accidente, hasta confundir laicado y sacerdocio en una misma entidad indiferenciada.

  Es notable cómo todos estos tics heréticos reaparecen, ante ojos ya incapaces de reconocerlos como tales, en todo el orbe católico. Al punto de que -a falta del  siempre arduo examen de las doctrinas bogantes, que pocos pueden tomar a su cargo- ni siquiera la manifiesta fealdad y anomalía del mensaje visual, Biblia pauperorum, alcanza para alertar a clérigos y fieles de lo dramático del giro operado. Adaptados mansamente a la deconstrucción iconográfica, con crucifijos a los que se hace expresar otra cosa que la que siempre manifestó la Cruz, con altares reducidos a simples mesas, la Iglesia, por una deliberada sustitución de sus símbolos, termina por sufrir una "mutación genética" irreversible. Y conste que no nos extendemos a la doctrina, en lo que habría tantísima ruina que revistar. De nada vale aducir que la Iglesia, en tanto artículo de fe, no se circunscribe por completo a las manifestaciones que señalan su devenir histórico, orientada como lo está a la gloria ultraterrena y habiendo conocido, de hecho, no una fijeza marmórea sino un desarrollo orgánico, al modo del grano de mostaza. Esto es incuestionable, pero ampararse en esta evidencia para acabar subordinando la fidelidad -la fe- a un titánico afán creativo, eso es francamente perverso. E indisimulable muestra de una desolada voluntad de poder. La acuciosa reforma de la Iglesia supone, como la palabra misma lo indica, un «devolverle a Ésta la forma», no anulársela.

  «Algunos obispos y prelados junto con sus asistentes se han elevado a sí mismos a anti-Iglesia en el interior mismo de la Iglesia. Ellos no desean abandonar la Iglesia, no quieren separarse. No admiten estar quebrantando la unidad de la Iglesia. No entienden obliterar a la Iglesia, sino cambiarla en base a sus planes, y para sus cabezas resulta al día de hoy banal que sus planes sean inconciliables con el plan de Dios revelado (...) Ellos están convencidos de poder reconciliar a la Iglesia y a sus enemigos a través de un "compromiso decente", de ser los únicos que comprenden qué es lo que está ocurriendo, y de ser los únicos que pueden asegurar el éxito de la Iglesia de Cristo configurándola con aquella de los líderes del mundo» (Malachi Martin, The Keys of this Blood, 1990). La pesadilla gnóstica triunfante ha trocado el cristocentrismo en auto-idolatría, en culto angurriento del poder, tomando con descaro el nombre de Jesús como rehén y excusa para ejecutar los planes más protervos. En el día del Juicio no quisiéramos estar en el cuero de estos malditos.



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

10 comentarios:

  1. Paquita Miranda7/11/13 14:39

    Me gustaría mucho que me diera su opinión sobre Hildegarda de Bingen.
    Pienso que esta extraña mujer parece más una "santa de la Nueva Era" (que no tiene nada de nueva) que una santa de la Iglesia. Sus conocimientos parecen de origen hermético, es decir, ocultista. Su "inspiración" es más que sospechosa y su pretendida santidad también. Desde que murió han postulado una y otra vez su causa como santa y nunca han conseguido que la Iglesia diera el visto bueno. De pronto S.S. Benedicto XVI la nombra doctora de la Iglesia...sospecho que el Papa no era libre cuando hizo tal cosa...
    También me asombra enormemente que nadie publique su asombro ante semejante doctora de la Iglesia. No hay que ser un experto en nada para darse cuenta de que es un asunto que chirría.
    Atentamente

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    1. Estimada Paquita, tengo que disentir profundamente contigo. Tal vez se deba a las fuentes a las que recurriste.
      Santa Hildegarda es una inmensa santa y sus conocimientos en poderes curativos de las hierbas, no pueden considerarse de ninguna manera referidos a las prácticas de la nueva era.
      Música, botánica, exorcista, predicadora (la única mujer autorizada para hacerlo en su época) teóloga, científica y mística, es uno de los personajes más importantes y desconocidos en la historia de la Iglesia.
      El hecho que muchos grupos New Age se hayan apropiado de algunas de sus obras, no es nuevo como técnica para ensuciar lo realmente santo.
      Hicieron una blasfema película sobre ella llena de mentiras, mostrándola como neurótica y obsesiva, hasta con una atracción casi homosexual por una de las monjas a su cargo. No son fuente confiable.
      Es un personaje maravilloso dentro de nuestra fe al que hay que estudiar para valorarla en su real dimensión. Fueron varios papas los que la consideraron del nivel de los profetas del Antiguo Testamento.
      Esta profecía suya creo que encaja perfectamente con los tiempos que vivimos: "el tiempo de la rapiña en que los hombres voraces arrebatarán para sí el poder y la riqueza; los veréis irrumpir en los saqueos bajo la piel grisácea, ni negra ni blanca, de sus astucias, y, desmembrando las cabezas de estos reinos, las derrocarán. Ay, porque entonces llegará el tiempo de la tribulación: muchas almas serán apresadas cuando el error del error se alce del infierno al Cielo. (Scivias, 11,6). En esta época se manifestará el Hijo de la Perdición que seducirá a muchos y martirizará a los fieles que se le opongan"
      Era una mística como creo que no hubo otra en la historia.
      Te recomiendo que estudies un poco más sobre ella y de ser posible desde sus propias obras.
      Un saludo en Cristo y María Santísima

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    2. Paquita Miranda7/11/13 19:57

      Gracias por tu pronta respuesta Augusto, aunque no coincidamos. Pienso que si varios Papas la hubieran considerado como dices hubieran prosperado los intentos de subirla a los altares pero no fue así. Ninguno de ellos la declaró siquiera beata.
      Q¡ue Dios te bendiga. Estoy muy contenta porque acabo de leer la noticia de que la comisión que formó Benedicto XVI para estudiar las apariciones de Medjugorje ya ha dictaminado que son verdaderas!!!

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  2. Anónimo8/11/13 4:33

    ya no pongan fotos de ese por favooorrrr!!!!!

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  3. Anónimo8/11/13 6:09

    ¿Como asi que aprobaron lo de Medjugorje si en radio cristiandad anunciaron otra cosa?



    http://radiocristiandad.wordpress.com/2013/11/06/vaticano-advierte-a-obispos-en-usa-sobre-falsedad-de-medjugorje/

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    1. La información que tengo va en este último sentido. Que el nuncio recomendó no ir a Medjugorje

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  4. Paquita Miranda8/11/13 20:17

    Estimado Augusto, no es exactamente la cosa así. Pongo los enlaces a dos artículos que explican cómo está la situación:

    http://www.hispanidad.com/Enormes%20minucias/la-iglesia-aprueba-las-apariciones-de-la-virgen-mara-en-medjugorje-20131107-159472.html

    http://www.hispanidad.com/Enormes%20minucias/medjugorje-el-primer-pulso-directo-al-papa-francisco-20131108-159497.html

    Un saludo

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    1. Estimada Paquita, la información oficial es otra. Aquí el link de los ultraoficialistas Infocatólica. http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=19019
      En esto no estoy dando opinión simplemente transmitiendo la información al respecto.
      Saludos en Cristo y María

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    2. Paquita Miranda9/11/13 19:28

      Estimado Augusto:
      Nuestra Madre la Reina de la Paz lleva 32 años pidiendo la oración con el corazón, Ella nos da ese don, a través del cual Ella nos forma y nos acerca otros dones del Epíritu Santo, entre ellos el del discernimiento, muy importante especialmente en personas que como usted tienen un blog en el que se supone que hablan de las cosas de Dios. Cuando uno se consagra a los Sagrados Corazones y se pide la gracia de observar el mundo desde Ellos, quizá se evita el riesgo de buscarnos a nosotros mismos en vez de buscar servir al Rey y ser su testigo, que es a lo que estamos llamados los cristianos.
      Me temo que esto que estoy escribiendo no lo harás público pero lo único importante es que te llegue al corazón.
      Que Dios te bendiga

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    3. Ya revisé y Muller es quién está al frente de este comunicado respecto a Medjugorje.
      Te repito que en esto no estoy emitiendo una opinión. Sobre Medjugorje no tengo una opinión formada.
      Por lo demás te aseguro que los comentarios como los tuyos, que son siempre respetuosos, van a ser publicados sin reservas.
      Dios te bendiga a vos y a los tuyos.

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