San Juan Bautista

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martes, 30 de abril de 2013

Apostasía y Últimos Tiempos (Democracia y Anticristo) - Por Augusto TorchSon



  El Papa Pio IX en la segunda mitad del siglo IXX hablaba de 2 grandes males filosóficos para la Iglesia: Racionalismo: uno de los frutos de la falta de piedad. Rechaza lo sobrenatural, niega la divinidad de Jesucristo, la autoridad de la Iglesia y proclama la indiferencia en materia de fe y religión, la independencia del pensamiento y de la voluntad: autonomía para decidir sobre el bien y el mal. Y el Liberalismo es el resumen de todos los errores modernos cuyas características son:
• El orgullo: “los conoceréis por que muestran su despecho sobre todo lo que significa una obediencia pronta, entera y absoluta a los decretos y avisos de la Santa Sede. Se creen más sabios que la Iglesia”
• Servilismo hacia el estado: “adulan el poder civil, sin tener valentía para exponer lo que contraría a la verdad”. “se ponen a favor de la falsa libertad”.
• Espíritu de división: este error es más peligroso pues se esconde bajo el velo de la caridad y la misericordia. Llaman a los hijos fieles de la Iglesia, retrógados, atrasados y faltos de progreso...
  Si el beato Pio IX hablaba de esa forma en 1874, ¿de qué forma podemos considerar que la situación actual no es inmensamente más perversa e irreversible?

  No podemos dudar que lo que hoy se llama fe es mayormente superstición caprichosa dada por una religiosidad a la carta. 

  Como parte del discurso esjatológico de Jesús en Mateo 24 en el versículo 11 señala “Y aparecerá un gran numero de falsos profetas que pervertirán a muchos”. Mucho me temo que estos falsos profetas o están en la Iglesia o salieron de ella como podemos observar no solo en cardenales y obispos o mediáticos sacerdotes o innovadoras monjitas sino que en muchísimas de nuestras parroquias vemos cómo se va haciendo concesiones cada vez mayores con las imposturas religiosas con el fin de no ahuyentar a los feligreses.

  En ese sentido S.S. Benedicto XVI al ser consultado en su viaje por EEUU sobre las medidas que iba a tomar para evitar el éxodo masivo de fieles que se está dando en la Iglesia, respondió con toda claridad sosteniendo que no le importa que sean muchos quienes forman la Iglesia, pero sí que sean cada vez más fieles. Y así podemos observar que aunque millones emigren a la infinidad de sectas que hoy existen o al agnosticismo, tenemos cientos de miles que regresan como el caso de los anglicanos que inspirados por el Espíritu Santo en su intención de una pureza en la doctrina que hoy su antigua Iglesia no les puede asegurar, vuelven a la única y verdadera casa del Padre como agradecidos y confiados hijos pródigos, siendo valientes testimonios de sincera búsqueda de la Verdad.

  Me interesa señalar el carácter antidemocrático de la respuesta del Papa ante el requerimiento malicioso del periodismo norteamericano. Respuesta políticamente incorrecta que deja de lado el interés democrático por el número, que en este caso no tiene por objeto juntar sino más bien amontonar fieles aunque no lo sean tanto en cuanto a la fidelidad.

  Continuando con Mateo 24 en el versículo 12 se señala: “y porque abundará la maldad, se enfriará la caridad de muchos”. CARIDAD que es la virtud sobrenatural infusa por la que la persona puede amar a Dios sobre todas las cosas, por Él mismo, y amar al prójimo por amor a Dios; se observa en estos tiempos más fría que nunca, aunque hoy se habla de amor más que en cualquier otra época, y esto se dá por la prostitución del sentido de esa palabra.

Por eso el vaciar de contenido a las palabras es demoníaco, y hoy no se sustituyen las palabras sino que se cambia el sentido de las mismas.

  La caridad que se enfría, se disfraza hoy de sentimentalismo para pasar a considerar el amor como enamoramiento que como sentimiento humano, es voluble y sujeto a constantes cambios. Pero ese enamoramiento no se da únicamente en las frugales relaciones humanas, sino también en las relaciones de las personas con las cosas. Así embelesados con la tecnología que constantemente se renueva, vivimos un amor momentáneo con lo novedoso de un celular o un nuevo tipo de televisor, computadora o automóvil, que nos puede llevar a hacer grandes sacrificios para mantenernos actualizados en las unidades que no terminamos de disfrutar pero si de amar por el surgimiento del nuevo modelo. Y este desorden del amor muestra el grado de vacío del hombre actual, que trata de llenar lo espiritual con lo material, y como obviamente nunca va a lograrlo porque se trata de diferentes substancias, no puede sino llevar a la más profunda de las soledades en la que se vive hoy en día.

  Soledad que, bien puede darse en el promiscuo encuentro entre personas, en donde en nombre del amor se hace un culto idolátrico del placer, desprovisto de compromiso ya que no pretende la sublimación del amor con la entrega de por vida al supuesto amado. Así podemos ver la terribilísima cantidad de convivencias fuera del matrimonio, que erróneamente se denominan prematrimoniales porque son casualmente para evitarlo y no como paso previo a este según podría surgir de su etimología.

  Y estos supuestos amores desprovistos de entrega y compromiso son producto de un trabajo bien calculado de los ingenieros del materialismo ateo, que hoy tal vez están superando sus expectativas, ya que en nombre del comunismo o capitalismo logran que el hombre ponga sus esperanzas en las cosas terrenas y no en el creador de las mismas.  Y como consecuencia de este desamor, los hijos de estos desamorados crecen en un mundo en el cual ante la ausencia de los padres, tienen que llenar ese vacío con pasajeras emociones o simplemente con cosas. Y ahí está la máxima victoria de estos perversos titiriteros que nos hacen olvidar el sentido de trascendencia. Y aunque parezca que esto tiene como móvil incentivar el desmedido consumismo para generar más grandes ingresos a sus negocios, es en realidad solo una consecuencia colateral, ya que su verdadera intención es hacer al hombre esclavo de su humanidad para poder controlarlo individualmente, aislándolo, con técnicas aplicadas masivamente.

  Por eso hoy estamos cerca de  comprobar la profecía bíblica de Lucas 18,8 “Pero el Hijo del Hombre cuando vuelva ¿hallará por ventura la fe sobre la tierra?”

 Augusto TorchSon

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lunes, 29 de abril de 2013

¿PROFETA O IDEÓLOGO? A PROPÓSITO DEL CURA ESCRITOR QUE PREDIJO LA ELECCIÓN DE FRANCISCO I - Por Flavio Infante




  No será este el primer “aut… aut…” al que nos urja la modernidad tardía, verdadero brumario de las edades históricas, llamándonos a hendir la fosca niebla con el filo del bon sens. Pero (y aunque confiados en que el salubre ejercicio de la discriminación, hecho hábito y espuela, regala el inapreciable fruto de la certeza), malgrado nos, no evitaremos que en ocasiones el cabo se confunda con el rabo y el gato se tenga por el rato, y más en un clima de abigarramiento de novedades como el que padecemos hace rato. Al fin de cuentas, de noche todos los gatos son pardos.



   No sabremos si el sacerdote apóstata y novelista Paolo Farinella, agusanado del más estulto progresismo, profetizó a pesar de sus mediocres dotes y de su evidente crisis de fe o si, más bien, adelantó como al sigilo las líneas de un programa pronto-futurible, de esos que se urden en las logias y se aplican en los Sacros Palacios. El don de profecía, como es harto sabido, no es gratum facientem: lo poseyó Balaam a su despecho; Caifás lo tuvo en muy impar sazón. ¿Es el caso de Farinella? De su novela Habemus papam. La leggenda del papa che abolì il Vaticano, publicada hace poco menos de un año, tuvimos oportunidad de leer algún que otro pasaje que estremece por sus coincidencias –prescindiendo ahora del grado de similitud de las mismas- con lo que se está viviendo en la Iglesia por estos días, no menos que por sus proyecciones. Dice el discurso de investidura de Francisco I –que así lo llama el novelista a su papa venturo: "Con el cardenalato, que es el máximo honor que la Iglesia ha conferido hasta el día de hoy, he abolido todos los otros honores religiosos y laicos y títulos correspondientes, declarando sin valor todos y cualesquier títulos concedidos hasta hoy por la Iglesia. Monseñores, canónigos, camareros secretos y patentes, gentilhombres y caballeros… nadie tiene ya el derecho de adornarse con reconocimientos concedidos por esta sede apostólica. La Iglesia de Cristo no tiene títulos que conceder a los vanidosos del mundo, sino sólo servicios para ofrecer a los humildes de la tierra. Todas las riquezas de la Iglesia, comenzando por el Vaticano y terminando por la más pequeña parroquia perdida en la más remota campaña, serán destinadas a los pobres: mientras haya en la tierra un solo niño que muere de hambre, nosotros no tenemos el derecho de partir el pan de la Eucaristía"



   Otro Francisco, el salmantino Vitoria –acompañado en esto por Belarmino-, enseñó rotundamente que «si el papa, con sus órdenes y sus actos destruye a la Iglesia, se le debe resistir», entendiendo por destrucción de la Iglesia el incurrir en la derogación despótica del derecho positivo, como así también en la entrega del patrimonio eclesiástico a sus amigos y en el daño de la Iglesia militante. Conste que no hablaba del caso, impensable desde la doctrina de la infalibilidad, de un papa formalmente herético. Es muy de suponer que el malhadado Farinella, entusiasmado por la ejecución del programa pauperístico-utopista de sus desvelos, desconozca esta tan añeja como sensata advertencia. Sus aplausos y sus votos van, pues, para el que ose usurpar la máxima dignidad, haciéndose derogador de la ley y dilapidador de las temporalidades (para no decir de los símbolos y del esplendor cultual), sin las cuales la Iglesia no puede subsistir en el mundo.



   El pauperismo y el despojo no son signo de humildad. Fue justamente Judas el que se escandalizó por el “derroche” de ungüento de nardo en la escena conocida como la "unción de Betania", oponiendo arbitrariamente la excelencia del culto con el servicio de los pobres. Bien señaló alguien que "rechazar la estética en nombre de una orgullosa y complacida “simplicidad” supone rechazar el fondo ontológico y metafísico, que no sólo didáctico y anagógico, de la Belleza y de los símbolos, lo que lleva a una desacralizante banalización, al desaliño litúrgico y al simplismo doctrinario típicamente protestante. La estética no es oropel sino atributo del Verum, y el rechazo de la Belleza es rechazo de la Verdad".



   Pero hay más lana para hilar, y es la relativa al discontinuismo: a una personalidad obstinada en producir fragorosas rupturas desde el primer discurso Urbi et orbi, tal como lo vaticina nuestro escriba, no puede sino caberle una infatuación del todo demoníaca. El demonio, mico de Dios, no podría sino querer arrogarse el Ecce nova facio omnia con gestos tan estridentes como odiosos. Parece ser un achaque de la literatura italiana contemporánea -quizás porque la cercanía geográfica con la sede petrina y sus actuales intríngulis engendra tales morbos- éste de imaginar pontificados catastróficos y rupturistas: hace ya algo más de quince años, Sergio Quinzio dio a la imprenta su ficción sobre el último papa, Pedro II, olvidado para la opinión pública y recluido en Letrán, donde había transferido la sede pontificia. Después de presentar su segunda encíclica, Mysterium iniquitatis, en la que afirma como verdad de fe el fracaso histórico del cristianismo, Pedro II se encarama a la cúpula de la basílica de San Pedro para desde allí lanzarse al vacío y morir junto a la sepultura de Cefas.



   La novela de Farinella ofrece un mayor verismo, una más preocupante adecuación al panorama que hoy se nos entreabre. Una y otra maniobra que le vimos ejecutar a su Francisco I –la maniobra del pauperismo por amor de los pobres, y la rupturista- equivalen, a su manera, a ceder a las dos primeras tentaciones sufridas por el Señor en el desierto (convertir piedras en panes y provocar a Dios), para confluir en la perversa síntesis de ambas, que es la tercera de las sugestiones del Maldito: la de alcanzar la propia exaltación a costa de adorarlo.



   Pero más aterrorizante, si cabe aún más, es columbrar el alcance último de un programa tan siniestro: aquel que la Escritura, desde la célebre visión de Daniel (12, 11), conoce como la "abolición del sacrificio cotidiano", y que se sitúa en perspectiva ya plenamente esjatológica. ¡Cuántas generaciones de exegetas se habrán quemado los sesos queriendo entender cómo se concretaría semejante abominación, para que un mediano escritor hoy nos presente la posibilidad de un genial golpe de mano del Maligno, el de hacer cesar la Eucaristía con el pretexto de no ofender ya más a los hambrientos! Para obtener la obediencia a una tal sacrílega directiva, dimanada directamente de la espuria autoridad religiosa, no es difícil suponerla a ésta asociada a la civil, a la que le prestaría su ascendiente y su fuerza persuasiva. El poder de policía de esta última lograría hacer acatar la inicua disposición, para lo que el vasto aparato de la delación -hoy en tan ávido como fluido ejercicio- serviría ajustadamente.




R.R.P.P. Farinella y Farinello, dos re-intérpretes osados
del mensaje del Poverello. No sabríamos con cuál de los dos quedarnos.
   A propósito de R. H. Benson –al que podría agregarse el nombre de Soloviev- la Enciclopedia cattolica publicada en Roma en 1948 no hesita en señalar que el Anticristo «es el naturalismo humanitario que practica la moderación y la paz y, con medios legales, vacía el catolicismo; con simplicidad persuasiva opera el nivelamiento laico y la unión de los hombres para los goces terrenales, despertando la universal aprobación». Nótese que san Agustín llamó civitas hominis a la antagonista de la Ciudad de Dios; cuando empleó la expresión civitas diaboli, que podría tenerse por más obvia, lo hizo aludiendo a la consumación última y sangrienta de los proyectos de aquella "ciudad del hombre". El humanismo especificado en humanitarismo, en solicitud por los pobres, dando aparente (e inmanentista) respuesta al apremiante imperativo de justicia, en un mundo desfigurado por la idolatría y sus consecuencias: tal es el progresivo desenvolvimiento del esquema político del Padre de la mentira, para lo que es menester que la última garantía visible de la unicidad de la Iglesia y la inmutabilidad de la fe, esto es, el papado, sea tomado por asalto y rebajado, cuestionado por el mismo que lo ejerce. Este plan, audaz y tenebroso, lleva al menos dos siglos de incubación.

   Hay un viejo adagio según el cual "a algunos papas Dios los dona; a otros los tolera; a otros, en fin, los inflige". A tiempos críticos como los nuestros pareciera tener que corresponderles la primera o la última de estas posibilidades, esto es, el papa santo, que restaure heroicamente a la Iglesia en Cristo, o el papa-azote, bestia terrena que haga confluir su acción a la mayor gloria de la bestia marina. Soloviev, en su visión de las postrimerías, supo describir el complejo carácter del Anticristo como el de un hombre desinteresado, capaz de agradar por ser amigo de los necesitados, un hombre creyente en Dios "pero que en el fondo de su alma se prefería a sí mismo". Roguemos instantemente para que las páginas de Farinella no ofrezcan sino una profecía fallida, que no un programa listo a aplicarse.

Visto en:  http://in-exspectatione.blogspot.com.ar/

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La voluntad fijada en el momento de nuestra muerte – P.L. Castellani


  Nuestras obras buenas o malas van con nosotros, pues ningún acto nuestro pasa, antes permanece en nuestra alma indeleblemente modelándola; y ese moldeo del alma cesa al separarse ella del cuerpo, fijándose en una decisión irrevocable de la voluntad; pues solo su unión con la materia la hace mudable y versátil en esta vida. De suyo un solo acto de elección acerca del Último Fin fijaría la voluntad para siempre (como pasa en un Ángel) si durante la vida no viésemos nuestro último fin sino como entre brumas. Un Profundo análisis psicológico de Santo Tomás, bien conocido confirma con la razón esta verdad revelada. Hacia adonde cae el árbol, allí para siempre queda.

  Los que dicen fútilmente: “un solo acto momentáneo no puede merecer un castigo eterno” pasan por alto que lo momentáneo nuestro está conectado con lo eterno: “el Instante” del hombre se hace una sustancia que no es perecedera.

El Apokalypsis de San Juan (Ed.Paulinas 1963 – Pags. 228-229)


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domingo, 28 de abril de 2013

Santiago Apóstol, Santiago el Mayor


  Fue uno de los discípulos más cercanos a Nuestro Señor Jesucristo, uno de los primeros en dejar todo por seguirlo, mientras estaba pescando con su hermano Juan, quien también siguió a Nuestro Señor
Cristo los apodó hermanos "Boanerges" que significa "Hijos del Trueno".
Santiago, en todo momento se mantuvo fiel a a Cristo, por eso fue elegido por Él junto a su citado hermano Juan el Apóstol y Simón Pedro para presenciar la Transfiguración en el Monte Tabor, donde vieron a Nuestro Señor junto a Moisés y a Elías entablar una conversación.
Formó parte de la Última Cena donde fue el primero en recibir a Jesús Sacramentado, tanto en el pan como en el vino.
  Otro momento importante y quizás el más primordial que vivió Santiago junto a Nuestro Señor, es el haberlo visto resucitado en su aparición a orillas del lago de Tiberíades, donde Nuestro Señor también realizó el milagro de la Pesca Milagrosa.
  Después de la Ascensión de Nuestro Redentor a los Cielos, Santiago comenzó su obra evangelizadora, cruzando el mar Mediterráneo, llegó a Hispania ( que actualmente comprende los territorios de España y Portugal, de quien fue nombrado Santo Patrono) y allí tuvo una tarea muy difícil: muchas veces rozando el desaliento Santiago pensó en abandonar su misión pero la prosiguió formando discípulos.
  Siete de estos discípulos, son los llamados Varones apostólicos, que fueron a Roma para ser ordenados obispos por San Pedro y continuaron la misión evangelizadora cuando Santiago regresó a Jerusalén. Estos Apóstoles también fueron testigos de la aparición de la Virgen María sobre un pilar en Caesaraugusta (Zaragoza). En dicha ocasión todavía Nuestra Señora no había realizado su hecho teológico e histórico de la Asunción a los Cielos, se le presentó a Santiago para alentarlo y pedirle que no abandone su misión, que en el lugar donde estaba situado el pilar edifique un templo, y que posteriormente regresara a Jerusalén ya que la Virgen le había pedido a su hijo Jesucristo que le concediera morir rodeada por los Apóstoles y que le permita a Ella trasladarse a los diferentes y lejanos lugares en los que estaban los Apóstoles para comunicarles lo que obtuvo de su amadísimo hijo.
  En su regreso a Jerusalén, se vió en una realidad muy adversa, de persecución hacia los cristianos, principalmente hacia los apóstoles. En ese entonces, Herodes Agripa, Rey de Judea había ordenado matar a Santiago y a su hermano Juan, apresó a Pedro, logrando el aplauso de los judíos.
Santiago encontró su martirio en el año 43, después de haber estado predicando, fue arrestado y decapitado. Sus restos fueron trasladados por sus discípulos hasta Hispania, siendo enterrado en Galicia.
  Sus santos restos permanecen en la Catedral de Compostela que lleva su nombre. En actualidad, la Catedral de Santiago de Compostela es visitada por miles de Católicos, quienes previamente realizan el camino evangelizador que Santiago llevo cabo por esas tierras.
Luego de su muerte, sus discípulos continuaron con la heredad del Apóstol, tomándolo como Arquetipo singular y familiar espiritual cercano a Nuestro Señor Jesucristo. A su esfuerzo humano –junto a la Gracia Divina- le debemos la evangelización de grandes bloques geográficos-culturales de Occidente.
  Es conocido y reverenciado por sus apariciones en el campo de batalla, siendo una muy comentada y transmitida de generación en generación su intervención en la batalla de Clavijo en el año 844, donde le dio la Victoria a los Católicos que luchaban en contra de los moros invasores que reclamaban 100 doncellas cristianas anuales al Rey Ramiro Iº.
  Estando en inferioridad numérica y antes de emprender el ataque, los soldados católicos y gritaron el nombre del gran Apóstol, Santo y Mártir, quién no se hizo esperar y con el poder de Cristo descendió desde un rayo y acabó con todos los enemigos que estaban dispuestos a pasar a degüello a todos los Cristianos.
  Otra de sus famosas apariciones se sitúa en Perú, en la batalla de Centla, en Tabasco, en el año 1518.
  Allí, los conquistadores estaban totalmente sitiados por indios y lejos de amilanarse, huir o buscar componendas con los jefes de la barbarie india, se lanzaron al combate invocando a su Santo Protector el Apóstol Santiago, quien nuevamente asistió a los guerreros Católicos y les concedió la victoria.
Por esto y mucho más, Santiago fue nombrado Patrono de España, de la Reconquista Española; Patrono de la Conquista española en América y de diversas provincias y ciudades de Hispanoamérica; así como también protector de diversas divisiones de ejércitos militares y de ejércitos en sí.
  Las antedichas razones y menciones de la crónica histórica, nos impelen hoy más que nunca pedir la intercesión ante Nuestro Señor Jesucristo del Apóstol Santiago, quién que con el poder de Cristo nos asista, proteja y guíe en la batalla por la Patria Celestial y la Patria terrenal.
  Él debe estar siempre presente en nuestra oraciones y su impronta en nuestras acciones porque quedó harto demostrado que él nunca abandonó a los pueblos Católicos cuando éstos se enfrentaron a los enemigos de Cristo, de nuestra Fe y de las diferentes naciones que pertenecen a Hispanidad, sobre todo, a su fracción americana que es Católica gracias a su evangelización primigenia.
  Hermanos en la Fe y Camaradas de Lucha, tengamos confianza firme que con la aprobación y el poder de Jesús, Santiago Apóstol jamás nos desamparará; en cada batalla que libremos Santiago el Mayor, Santiago Matamoro, Santiago Mataindio, Santiago Apóstol estará presente peleando junto a nosotros, incansable y victoriosamente contra los enemigos de siempre.
  No debemos dar un paso atrás, mucho menos en estos tiempos en donde nuestra Iglesia está siendo atacada desde adentro y desde afuera, tenemos que dar todo de nosotros por el Reinado de Cristo, así como lo hizo Santiago o lo hicieron miles de mártires a lo largo de la historia de la Iglesia, imitando el más profundo amor martirial de Nuestro Señor.
¡¡¡ Viva Santiago Apóstol, defensor del catolicismo frente a todos sus enemigos: turcos, herejes y paganos cuyos cuerpos ruedan entre las piernas de su caballo!!!

Esteban Coronel

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sábado, 27 de abril de 2013

¿Que entendemos por Apostasía? (Democracia y Anticristo) - Por Augusto TorchSon

  
  El P.Horacio Bojorge observa que la apostasía en la Biblia empieza con la característica de permanecer anónima, en segundo lugar que dicho anonimato con mecanismo de imposturas se hace pasar por fe o piedad y en tercer lugar que  sólo Dios puede provocar su manifestación o descubrir sus ficciones.

  Así San Pablo advierte sobre quienes "tienen las apariencias de la piedad, pero niegan su eficacia" (2 Timoteo 3,5), y sobre los falsos maestros, apóstoles o doctores que "con suaves palabras y lison­jas seducen los corazones de los sencillos" (Romanos 16,18) "Y nada tiene de extraño (que ellos actúen como impostores) ya que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Por tanto, no es (cosa) grande que también los ministros de él se disfracen de ministros de justicia" (2 Corintios 11,14‑15). Por su parte San Juan habla en su Primera Carta, “de los que no eran de los nuestros, pero estaban entre nosotros" y que, finalmente, “salieron de entre nosotros para que se manifestara que no todos son de los nuestros" (11 Juan 2,19) .

  Y la capacidad de engaño de estas personas podría llegar a los elegidos si Dios no lo impidiese.

  Considerando el concepto jurídico el Código de Derecho Canónico define la apostasía: "apostasía es el rechazo total de la fe cristiana" (Canon 751), y el P. Bojorje enseña que este concepto es más restringido que el bíblico y no da razón de toda su verdad teológica. Así en el sentido bíblico señala que por desviaciones imperceptibles y ocultas es posible "oponerse a Cristo en nombre de Cristo" como advertía el entonces Cardenal Wojtyla (Juan Pablo II).

  Visto desde este punto de vista, en la actualidad se nos muestra como innegable la apostasía, que siguiendo la línea de pensamiento del P. Bojorge, el P. Emilio Parrado la define como “el conocimiento paralelo”, no que niega absolutamente las verdades de fe, pero sí que pretende alejarse solo en lo que no le conviene. Y en este mundo moderno donde lo conveniente reemplaza lo debido, podemos afirmar que están dadas las condiciones para considerar el signo bíblico de la “Gran Apostasía” como actual.

  La observación de San Pablo donde advierte que la verdadera doctrina será rechazada, despreciada y los que la sigan perseguidos, se hace patente en la actualidad aunque todavía no hay una persecución abierta mundial que va a acaecer cuando se manifieste públicamente el anticristo. Pero la tergiversación de la verdadera doctrina es innegable y el ridículo optimismo de pensar que Dios contrariando su expresa voluntad de respetar nuestra libertad, puede coaccionarnos  doblegando nuestras voluntad para que actuemos rectamente, es la más ilusa de las pretensiones de los católicos temerosos, que eludiendo el trabajo por la Verdad de Cristo quieren eludir el martirio que esta empresa va a significar en los últimos tiempos.

Augusto TorchSon


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BENEDICTO XVI Y EL VATICANO II, SOBRE EL DECORO DEL CULTO - Por Flavio Infante


  Nunca serán muy deploradas las aberraciones que cunden el el terreno de la liturgia, ni será exagerado afirmar que éstas son el signo más visible de la apostasía en crudo vigor. Vale la pena, entonces, recoger lo más significativo del legado de Benedicto XVI, que tanto bregó en esta materia, para mantener viva la conciencia acerca del culto debido a Dios y las lamentables derivas auto-celebratorias de las misas novus novus ordo, hechas de sentimentalismo y cotillón. Ni será demasiado obvio rectificar a los que, como el brasileño monseñor Armando Bucciol (ver anterior post), remiten el abandono del latín y el gregoriano a los textos dimanados del Concilio Vaticano II, adelantando la reforma litúrgica de Annibale Bugnini en cinco o seis años. Jerarquía como ésta comprueba cuánto la confusión descienda desde lo alto, haciendo a nuestros tiempos testigos de lo inaudito: eso que podría llamarse la "verticalidad del caos".
  En fin, pocos podrían hoy alegar aquella sensible convicción del beato cardenal Ildefonso Schuster, para quien la liturgia era el «poema sagrado en el que verdaderamente han puesto mano el Cielo y la tierra». Se refería, sí,  a una liturgia que, merced a un desenvolvimiento orgánico e imperceptible, había permanecido casi inalterada durante mil años hasta ser fijada en Trento, y desde entonces vigente por otros cuatrocientos años.
  Ofrecemos, para consuelo y para lección, estos párrafos que el prof. Mattia Rossi publicó hace tres semanas, a propósito de ciertos notorios gestos "pauperizantes" del papa Francisco en relación con su ministerio y con el culto.
  El decimoprimer volumen de la Opera omnia de Joseph Ratzinger, aquel sobre la «Teología de la liturgia», refiere en su contracubierta una no tan velada declaración: «en la relación con la liturgia se decide el destino de la fe y de la Iglesia». Estos primeros días de pontificado (o más bien: ¿de episcopado?) del papa Francisco la vuelven tremendamente actual y nos imponen inevitablemente una reflexión sobre la relación entre la pobreza (y no pauperismo) y la liturgia. Una reflexión que -y no lo subestimamos- se da entre una dimensión humana, la pobreza, y aquella divina, la liturgia. Y ya, porque se ha perdido, en estos años de convulsiones postconciliares, la naturaleza exquisitamente divina de la liturgia: un asomarse el Cielo sobre la tierra, la prefiguración terrena de la Jerusalem que, por esto mismo, debe exigir la majestad y la gloria. En la liturgia, actualización incruenta del Sacrificio de Cristo en la cruz, es Dios quien se encuentra con el hombre: ésta no es hecha por el hombre -de lo contrario sería idolatría- sino que es divina, como lo expresa también el Concilio Vaticano II.
  En este contexto asume evidentemente una notable importancia también el discurso relativo a los paramentos. Lo ha ya subrayado magistralmente Annalena Benini en sus «Nostalgias benedictinas» en Il Foglio del 23 de marzo pasado: «Benedicto XVI se revestía de símbolos y de tradición mostrando a todos que él no se pertenecía más a sí mismo, ni mucho menos al mundo». Era de Cristo, era el alter Christus que es el sacerdote en la liturgia. Con el paramento él no es más un hombre privado, sino que "prepara" (parare) el lugar a un otro; y ese otro es el Rey del Universo. Empobrecer la majestuosidad del paramento significa, inevitablemente, empobrecer a Cristo. Y es justamente Jesús mismo quien separó el concepto de pobreza personal de aquella de la institución Iglesia. Lo hace en el evangelio de Juan, al aceptar la unción de una mujer de Betania: «María, entonces, habiendo tomado una libra de aceite perfumado de nardo auténtico, asaz precioso, lo derramó sobre los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos, y toda la casa se llenó con el aroma del ungüento. Entonces Judas Iscariote, uno de sus discípulos, que debía luego traicionarlo, dijo: "¿por qué este aceite perfumado no se vendió por trescientos denarios para luego darlos a los pobres?". Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era ladrón y, como llevaba la bolsa, tomaba de lo que metían adentro. Jesús entonces dijo: "déjala hacer, para que lo conserve para el día de mi sepultura. A los pobres, de hecho, los tenéis siempre entre vosotros, pero a mí no me tenéis siempre. Volcando este aceite sobre mi cuerpo lo ha hecho en vista de mi sepultura. En verdad os digo: en todo lugar en el que sea predicado este evangelio, en el mundo entero, será contado también lo que ella ha hecho, para su recuerdo» (Jn. 12, 3-5). Ante todo, Él justifica el culto con aceites costosos (y, atendamos la coincidencia, Juan recuerda que es Judas quien lamenta el desperdicio de dinero que, en cambio, podría haber sido destinado a los pobres) y, sobre todo, emerge el hecho de la existencia de una bolsa común para los Doce.
¿Volvemos a los orígenes? Entonces habrá que volver a los paños de oro y púrpura hallados en la tumba de Pedro. Es evidente, entonces, que, no siendo el pauperismo un rasgo distintivo de la vida cultual de la Iglesia, ésta nos transmite «aquello que ha recibido», para usar una afirmación del Apóstol Pablo (I Cor. 15, 3). Se dice que Pío XII, emblema colectivo de la excelencia litúrgica, dormía sobre tablas de madera desnuda y cruda y seguía dietas modestísimas. Pero en privado. El anclaje litúrgico de la tradición hecha de mucetas, casullas y fanones, es una parcial manifestación de la Jerusalem celeste, de la liturgia de los ángeles, como dice san Gregorio. Una tradición hecha de canto gregoriano, que es encarnación sonora de la palabra de Dios, es garantía de correcta respuesta a la Palabra misma. Una tradición hecha de una lengua sagrada, el latín, inmutable, en la cual cada palabra es ya ella misma teología.
  Benedicto XVI, en la escuela de liturgia de sus misas papales, nos ha enseñado magníficamente esto: restablecer el primado de la liturgia, fuente y culmen de la vida de la Iglesia, y el primado de Cristo. «No soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí», afirma san Pablo.  El sacerdote, con los paramentos, se "reviste" de Cristo (Gal. 3, 27), del "hombre nuevo" (Ef. 4, 24) para hacerse "por Cristo, con Cristo y en Cristo". El Padre misericordioso, nos ha enseñado Joseph Ratzinger, después de haber abrazado al hijo a su regreso, que es una resurrección espiritual, ordena que vayan a buscar «el mejor vestido» (Lc. 15, 22).
  Y esto no es sino la aplicación de aquel Concilio Vaticano II al cual muchos apelan para demostrar la definitiva superación del arte sagrado de la tradición. «Tengan los Ordinarios una vigilancia especial en evitar que los sagrados utensilios o las obras preciosas, que son ornamento de la casa de Dios, resulten enajenados o dispersos» (Sacrosanctum Concilium, 126). Además, la Prescripción general del Misal romano precisa: «en los días más solemnes se pueden usar vestes festivas más preciosas» (n. 346).

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viernes, 26 de abril de 2013

Card. Ratzinger critíca al nuevo orden mundial propuesto por la ONU

   Ante la noticia: "Las Naciones Unidas y la Santa Sede comparten ideas y objetivos comunes" (http://vaticaninsider.lastampa.it/es/vaticano/dettagliospain/articolo/bergoglio-ban-ki-moon-papa-el-papa-pope-23925/)donde se señala desde el Vaticano que la ONU "trabaja en la promoción del bien común de la humanidad y en la tutela de los derechos fundamentales del ser humano"; nos interesa resaltar el carácter de enemigo número uno de la Iglesia y de la población que esta entidad tiene y para la que fue creada. Citamos a tal efecto lo dicho por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger el 15 de Septiembre del año 2000. N.C.S.J.B.


  En la llamada Cumbre del Milenio de Naciones Unidas, el mayor encuentro de jefes de Estado y Gobierno de la historia, celebrado en Nueva York del 6 al 8 de septiembre, se reflexionó sobre el papel que debe desempeñar este organismo internacional y las reformas que se requieren para que cumpla su misión de paz y defensa de los derechos humanos.
  Ahora, una voz autorizada, la del cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se alza para hacer su reflexión sobre el papel de la ONU en este nuevo milenio.
  Tras el fracaso del marxismo y las evidentes limitaciones del modelo liberal, constata el cardenal Ratzinger en un artículo que aparece hoy en el diario italiano «Avvenire», surge el «Nuevo Orden Mundial», que encuentra expresión cada vez más evidente en la ONU y en sus Conferencias internacionales.
  Encuentros, como el que se celebró sobre la Población (en El Cairo, 1994) y sobre la mujer (en Pekín, 1995) ha quedado clara «una verdadera y propia filosofía del
hombre nuevo y del mundo nuevo».

Reducir los comensales de la mesa común
  «Una filosofía de este tipo no tiene ya la carga utópica que caracterizaba el sueño marxista --explica--; por el contrario es muy realista, en cuanto que fija los límites de los medios disponibles para alcanzarlo y recomienda, por ejemplo, sin por esto tratar de justificarse, que no hace falta preocuparse por cuidado de aquellos que ya no son productivos o que no pueden ya esperar una determinada calidad de vida».
  Esta filosofía, continúa diciendo, no pide a los hombres, habituados a la riqueza y al bienestar, a hacer sacrificios para alcanzar un bienestar general, «sino que propone estrategias para reducir el número de los comensales en la mesa de la humanidad, para que no se vea afectada la pretendida felicidad que estos han alcanzado».

Mujer contra mujer

  «La peculiaridad de esta nueva antropología, que debería constituir la base del Nuevo Orden Mundial --revela--, resulta evidente sobre todo en la imagen de la mujer, en la ideología del "Women´s empowerment" (la autorrealización de las mujeres), nacida de la Conferencia de Pekín. Objetivo de esta ideología es la autorrealización de la mujer: sin embargo, los principales obstáculos que se interponen entre ella y su autorrealización son la familia y la maternidad».
  «Por esto (explica el cardenal alemán reflejando las posiciones de agencias de la ONU), la mujer debe ser liberada, de modo especial, de lo que la caracteriza, es decir, de su especificidad femenina. Esta última está llamada a anularse ante una "Gender equity" (equidad de género) y "equality" (igualdad), ante un ser humano indistinto y uniforme, en la vida del cual la sexualidad no tiene otro sentido si no el de una droga voluptuosa, de la que se puede hacer uso sin ningún criterio.

El ocaso de la «filosofía del amor»

  «En el miedo a la maternidad que se ha apoderado de una gran parte de nuestros contemporáneos entra seguramente en juego también algo todavía más profundo --aclara--: el otro es siempre, a fin de cuentas, un antagonista que nos priva de una parte de vida, una amenaza para nuestro yo y para nuestro libre desarrollo».
  «Al día de hoy no existe ya una "filosofía del amor" --concluye Ratzinger--, sino solamente una "filosofía del egoísmo". Es justamente en esto donde el hombre es engañado. En efecto, en el momento en el que se le desaconseja amar, se le desaconseja, en último análisis, ser hombre. Por este motivo, a este punto del desarrollo de la nueva imagen de un mundo nuevo, el cristiano --no sólo él, pero de todos modos él antes que los otros-- tiene el deber de protestar».

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

jueves, 25 de abril de 2013

Aplazar la conversión. Sobre un sermón del Santo Cura de Ars - Por Augusto TorchSon



  "Yo me voy. Me buscaréis, pero moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy no podéis ir vosotros".( Juan 8,21)

  Gran miseria es vivir en pecado pero peor es morir en él, por eso debemos recurrir a la gracia de Dios para evitarlo. Muchos confían que a último momento harán penitencia y se salvarán, esto es engaño del demonio. Cuando más dilatamos la conversión y rechazamos las gracias el Señor se va apartando de nosotros y nos ponemos en mayor peligro de no convertirnos nunca más. Esto porque perdemos de vista los bienes del cielo y pensamos hallar la felicidad en las cosas creadas. Si vivimos ciegos así moriremos. Un solo pecado mortal es suficiente para caer en el infierno si no es confesado adecuadamente, por eso el Sr. nos alerta respecto al día de su llegada:
-"... si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche lo va a asaltar un ladrón, seguramente permanecería despierto para impedir el asalto a su casa."( Mateo 24,43)
- "pues saben perfectamente que el día del Señor llega como un ladrón en plena noche."(1°Tesalonicenses 5,2)
-"Pero ustedes, hermanos, no andan en tinieblas, de modo que ese día no los sorprenderá como hace el ladrón."( 1° Tesalonicenses 5,4)
-"Recuerda lo que recibiste y oíste, ponlo en práctica y arrepiéntete. Porque si no te mantienes despierto vendré como un ladrón, sin que sepas a qué hora te sorprenderé."(Apocalipsis 3,3)
-"Miren que vengo como un ladrón. Feliz el que se mantiene despierto y no se quita la ropa, porque así no tendrá que andar desnudo y no se verán sus vergüenzas"( Apocalipsis 16,15)

  Leer los evangelios nos ayuda, tanto en las parábolas, oráculos y demás ejemplos en los que se nos advierte que o no podremos convertirnos o no querremos hacerlo si dejamos para hacerlo a último momento.

 Nuestro Señor Jesucristo nos llama a vigilar continuamente ya que el enemigo trabaja continuamente para nuestra perdición.

  Nuestro Señor Jesucristo con severidad advierte a los pecadores que tienen que aceptar las gracias en el tiempo en que se nos ofrecen, porque sino después nos rechazará aunque insistamos.

  Podemos ver a un pecador con mil proyectos y con mucha salud y sin embargo muere de repente sin haber hecho lo que Dios nos pidió y nos enseño, y cuál será su destino? Por ej. En la Parábola del rico tonto de Lucas 12, 16-21. También nos enseña que quien vive en pecado muy probablemente muera en pecado salvo milagro de la gracia. Así leemos en Mateo 7,21 “No son los que me dicen: "Señor, Señor", los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.22 Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?".23 Entonces yo les manifestaré: "Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal".

  Pobre alma del que vive tranquilo en el pecado. Porque vender el alma y a Dios solo por un placer instantáneo o por odiar o por un vicio o por acumular bienes que no podemos llevar con nosotros después de la muerte. Por eso muchos querrán reparar sus faltas pero no tendrán oportunidad, y así a cuantos pecadores la muerte los lleva tan rápidamente que no pueden ni siquiera llorar sus pecados.

  Cuantos imitan a Antíoco (2° Macabeos 9) y lloran e imploran misericordia pero no se atiende a las mismas. El problema es pensar que hay tiempo para convertirnos. 

  Un relato del Cura de Ars cuenta que una vez un extranjero llamado Lorrein quiso confesarse pero su confesor no pudo hacerlo en ese momento y fue al procurador del rey y pidió que lo encarcelen hasta que lo vea un sacerdote porque se había entregado al demonio. Este llamó a un sacerdote para que lo asista, y este después de hablar con él pensó que estaba loco y no lo confesó. Entonces fue a unas comunidades aledañas a buscar sacerdotes y dos de ellos estaban ocupados y no pudieron confesarlo y el último le dio un rosario y le dijo que se encomendase en la Virgen hasta el día siguiente en que él iba a poder confesarlo. Este hombre estaba desesperado y llorando en la calle lo encontró un carnicero que se conmovió y le ofreció ayuda y lo llevó a su casa, este hombre le comentó que había hecho un pacto con el diablo y esta noche terminaba el plazo. Esa noche al sentir horribles gritos el carnicero se acercó y observó como el demonio arrastraba al hombre y lo colgaba de un árbol. De ahí que no hay que esperar a quedar enfermo para confesarse, y hacer promesas de portarse bien recién cuando uno tiene miedo. ¿Si nuestro Señor nos devolviera la salud, nos portaríamos mejor? ¿Nos confesaríamos y comulgaríamos frecuentemente?. Usualmente esto no pasa, sino más bien cuando conseguimos lo que pedimos volvemos al a vida que teníamos antes. Esto es burlarse de Dios.

  También cuenta el Santo Cura de Ars que había un caballero muy bueno y su criado siempre lo injuriaba y le robaba y sedujo a una de sus hijas. Y al ser descubierto se escapó para no ser castigado. Un sacerdote muy piadoso le pidió al caballero que perdonase al criado y este aceptó bajo condición que este vaya a su casa a disculparse de rodillas con la cabeza descubierta, de lo contrario sería aceptar por buena la injusticia. Al ir el sacerdote al criado este dijo que le parecían muchos honores y que él iba a disculparse cuando él quiera y de la forma en que el piense. De esa manera nos portamos con Dios cuando pensamos q aun tenemos tiempo para convertirnos. Cuanto más diferimos la conversión más difícil es que esto pase. Cuanto más permanecemos en pecado mas se aleja Dios de nosotros. Si queremos retornar al Señor no sabemos si aún quedan gracias o ya despreciamos al límite las que se nos concedieron. Entonces ¿no tendremos más que entregarnos a la desesperación? Si bien muchos se convirtieron en la hora de su muerte como el buen ladrón hay que notar que este nunca había conocido a Dios y al hacerlo se entrego entera y confiadamente a él, sin embargo es el único caso que nos presenta la escritura de esa situación y sirve para no desesperar llegada esa situación.

  Muchos se pueden haber arrepentido pero convertirse es otra cosa. Llamar a un sacerdote por temer el mal que viene no implica convertirse, JUDAS se arrepintió y devolvió el dinero y sin embargo se colgó y se considera tradicionalmente que está en el infierno.

  El perdón solo podemos lograrlo de Dios. Por eso no podemos pretender multiplicar estos pecados y tener esperanza de salvarnos o tener mayores fuerzas para terminar con el pecado. Hay que recurrir siempre a la CONFESIÓN.

  En el momento del final de nuestras vidas queremos bien morir pero aunque tengamos esperanzas de que podemos salvarnos, hay que tener en cuenta que se necesita reparar todos los pecados que cometimos en nuestras vidas y no sabemos si va a ser eso posible.

  Queremos dejar el pecado antes de morir pero convertirnos en esos momentos es bastante difícil ya que Dios no escuchara mentiras de quien muchísimas veces tuvo oportunidad de arrepentirse y reparar el daño causado y no lo hizo. Por eso no podemos vivir en pecado despreciando el tiempo si vivimos sirviendo a los demonios.

  Se le podría preguntar si el moribundo quiere confesarse y diría que sí, pero después de vivir en pecado al momento de la muerte tal vez no le alcanza el tiempo para reparar el daño causado. Padre Pio consultado por una persona sobre el destino del alma de su abuelo  dijo que si bien se confesó antes de morir, se condenó por haber dejado para último momento la confesión y había cosas de las que no se había arrepentido adecuadamente.  No podemos dilatar la confesión. No podemos pretender llevar toda nuestra maldad al cielo. Si aceptamos las propuestas del demonio en la hora de nuestra muerte vamos a preferir ir al infierno que ir al cielo con toda la suciedad de nuestra alma, como enseña Santa Catalina de Génova en su "Tratado sobre el Purgatorio"

  Dios nos va a mostrar en nuestro juicio particular todos lo medios que el nos ofreció para salvarnos y como los rechazamos.

  Un sacerdote puede ofrecernos confiar en Dios en el momento previo a nuestra muerte pero esto puede hacer  que aumente nuestra desesperación.  
   
  Un Dios que muere desnudo y lleno de llagas en medio de las más terribles penas y ultrajes no puede ofrecer tan grande sacrificio por un vengativo, lujurioso o avaro que no se arrepiente con todo dolor de sus miserias. 

  San Juan Crisóstomo, continuamente enseñaba que Nuestro Señor Jesucristo predicaba con más frecuencia sobre el Infierno que sobre el Cielo.

 Es una gran obra de misericordia llamarle la atención al pecador, como cuando uno le pega en la mano a su hijo pequeño para que no meta los dedos en el enchufe, se electrocute y muera. No hacerlo pensando en que pueden ofenderse o molestarse es no amarlos y contradecir a Nuestro Señor Jesucristo que dijo que no temamos a quién mata el cuerpo sino el alma. (Respetos humanos)

"La ciencia más acabada

es que el hombre en gracia acabe,

pues al fin de la jornada

aquél que se salva, sabe;

y el que no, no sabe nada"

  Dios nos colma de gracias para acercarnos a Él, y compartir su dicha eternamente. No despreciemos a quién dió la muestra más grande de amor que podamos alguna vez recibir.

  Augusto TorchSon

Nacionalismo Católico San Juan Bautista