San Juan Bautista

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sábado, 30 de noviembre de 2013

El Concilio Vaticano II en una carta de Pablo VI a Mons. Lefebvre – Por José Miguel Gambra

  …es conveniente recordar cuales son las “reformas” y las “orientaciones” a las que Mons. Lefebvre se ha opuesto en sus palabras y obras. Los que aún quieren creer que Pablo VI era ajeno a lo que está sucediendo actualmente en la Iglesia Católica harían bien en meditar seriamente estas palabras.

…Pablo VI reprende a Mons. Lefebvre al oponerse a “un concilio como el Segundo Concilio Vaticano que no tiene menor autoridad, que incluso en algunos aspectos es más importante que el Concilio de Nicea”.

  Cualquier católico actual comprende la profunda gravedad de estas palabras sin necesidad de puntualizaciones.

  Un concilio pastoral y no dogmático es, por definición, aquél cuyas conclusiones se limitan a adaptar a las circunstancias temporales los medios de difusión de verdades anteriormente declaradas. La aplicación de estas conclusiones, la legitimidad de su aplicación depende de su concordancia con dichas verdades. Por consiguiente un concilio pastoral está, por definición, en una relación de dependencia con respecto a un concilio dogmático. Por consiguiente, decir que “el Concilio Vaticano II no tiene menos autoridad que el Concilio de Nicea” contradice el sentido mismo de la palabra que define a uno y a otro. La frase de Pablo VI significa, pues, que el Concilio Vaticano II, a los diez años de su clausura, deja de ser pastoral para convertirse en dogmático. Las palabras de Pablo VI no admiten otra interpretación.

Pero aún hay otra frase digna de estudio. Es menos concluyente debido a su ambigüedad, pero quizás más impresionante en sus implicaciones. Para Pablo VI el Concilio Vaticano II es “en ciertos aspectos más importantes que el de Nicea”.

  Si recordamos que Nicea fue el Concilio en que se declaró el dogma fundamental del Cristianismo, la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, esos “ciertos aspectos” en que el Concilio pastoral Vaticano II es “más importante” que él, se nos presenta como propiamente inconcebibles.

  No obstante, es preciso reconocer que las palabras de Pablo VI en esta carta no pueden interpretarse como una ligereza momentánea, un despiste de cuyo significado profundo no se dio cuenta su autor. Porque, desgraciadamente, todo el contenido de esta carta y concretamente la frase comparativa de los dos concilios, está perfectamente de acuerdo con los hechos que hemos visto y vemos sucederse en la Iglesia desde hace tantos años.

  En efecto, Vaticano II es hoy más importante en la práctica que Nicea y que todos los concilios dogmáticos y que todas las doctrinas de los papas que hablaron ex Cathedra. Porque esas doctrinas y esos dogmas pueden ser discutidos y puestos en duda y negados sin que la maquinaria defensiva de la Iglesia se ponga en marcha. Se puede defender el relativismo de la verdad o negar la Resurrección de Cristo, pero no se puede poner obstáculo al las “reformas” y “orientaciones” del Concilio Vaticano II.

JOSÉ MIGUEL GAMBRA – “Monseñor Lefebvre: Vida y doctrina de un obispo católico” Ed. Del Grial 2001. Pags. 37-38.


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El Diablo, el Anticristo y los judíos y el triunfo final de Cristo – Por el Padre Julio Meinvielle

  Es evidente que ni el mal ni el bien son patrimonio de ningún pueblo ni de ningún hombre pero el diablo puede tener sus predilecciones como Dios y Cristo tienen las suyas. No olvidemos que el diablo es dios invertido, de suerte que imita en todo, las cosas de Dios para ridiculizarlas.

  Ahora bien, es sorprendente el paralelismo que se puede establecer entre el diablo, el anticristo y los judíos.

  Del Diablo nos dice San Juan en el Apocalipsis (XII, 9): Así fue abatido aquel dragón descomunal, aquella antigua serpiente, que se llama Diablo, y también Satanás que andaba engañando al orbe del universo.

  Del Anticristo se dice: Aquel inicuo que vendrá con el poder de Satanás, con toda suerte de milagros, de señales y de prodigios falsos y con todas las ilusiones que pueden conducir a la iniquidad a aquellos que se perderán, por no haber recibido y amado la verdad a fin de salvarse. Por eso Dios les enviará el artificio del error con que crean a la mentira (II Tes. II, 9-11)

  De los judíos dice el mismo Cristo en San Juan VIII, 44: Vosotros sois hijos del diablo y así queréis satisfacer los deseos de vuestro padre: él fue homicida desde el principio y así no permaneció en la verdad; y así no hay verdad en él; cuando dice mentira, habla como quién es, por ser de suyo mentiroso y padre de la mentira.

  Es evidente que si existe una estrecha intimidad para la perpetración del mal en el mundo entre el diablo, el Anticristo y los judíos, no han de faltar ellos en la gran tarea de deshacer la obra de Dios que es la Santa Iglesia. Y así vemos con que furia estos tres enemigos de la Cristiandad han acometido la empresa de destruir la admirable civilización milenaria que edificó el cristianismo. Aunque la culpa de esta destrucción no la tienen ellos sino los mismos cristianos que fueron infieles al espíritu de Cristo. Porque para los pueblos vale lo que para las almas: nadie sucumbe a la tentación si no quiere. Fiel es Dios – dice San Pablo (I Cor. X, 13) – que no permite que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que de la misma tentación os hará sacar provecho para que podáis sosteneros. Los enemigos declarados del hombre cristiano comenzaron a tener éxito en su criminal empresa cuando los cristianos comenzaron a debilitarse en el espíritu de su vida interior. He aquí, por otra parte, lo que confirma la historia de aquellos tiempos bochornosos del fin de la edad media, en que el clero católico olvidó que debía se la sal de la tierra y la luz del mundo, con lo que las costumbres se relajaron vergonzosamente y la fe se debilitó en los pueblos, mientras los poderes temporales se afirmaban en su soberbia de dominación…

El triunfo final de Cristo

  ... Los judíos, que se habrán ido convirtiendo en gran número, en muchas regiones de la tierra, por donde se hallarán diseminados, también se irán haciendo más satánicos en el núcleo judaico central que se irá estrechando. Y así los últimos residuos de Israel dominarán fuertemente a los pueblos y prepararán la entronización a su Mesías, que será entronizado probablemente en Jerusalén.

  Y entonces se dejará ver aquel perverso, a quien el Señor Jesús matará con el soplo de su boca destruirá con el esplendor de su presencia: A aquel inicuo que vendrá con el poder de Satanás, con toda suerte de milagros, de señales y de prodigios falsos, y con todas las ilusiones que pueden conducir a la iniquidad… (II Tes. II, 8-11).

  Lo que venga entonces y después, solo Dios lo sabe, como asimismo solo él sabe cuándo.

  Pero luego después de la tribulación de aquellos días (que han de abreviarse por amor a los escogidos (Mat. XXIV, 22)), el sol se oscurecerá, la luna no alumbrará, y las estrellas caerán del cielo la señal del Hijo del hombre a cuya vista todos los hombres de la tierra prorrumpirán en llantos: y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad. (Mat. XXIV, 23-30)

  Y el Hijo del Hombre vendrá en la gloria del Padre con sus ángeles y dará a cada uno según sus propias obras. (Mat. XVI, 28). La siega es el fin del mundo: los segadores son los ángeles. Y así como se recoge la cizaña y se quema en el juego así sucederá al fin del mundo: enviará el Hijo del hombre a sus ángeles, y quitarán de su reino a todos los escandalosos, y a cuantos obran la maldad: y los arrojarán en el horno del fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes.

Al mismo tiempo los justos resplandecerán como el sol en el reino de su padre. (Mat. XIII, 37-43)

Padre Julio Meinvielle – “Los tres pueblos bíblicos en su lucha por su dominación del mundo” Ed. Dictio. Pags.274-275 y 307-308


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jueves, 28 de noviembre de 2013

Breve síntesis de de la Exhortación Apostócia Evangelii gaudium – Por Augusto del Rio

  El conocido autor de "El Drama Litúrgico", Augusto del Río, nos ha preparado una reseña del primer documento doctrinal salido de la pluma del papa Francisco, la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Por razones didácticas se ha preparado con un análisis general muy breve y dos puntualizaciones, que el autor llama "señales negativas" y "señales positivas". Parece indispensable leer este trabajo a fin de tener un marco referencial de lo expuesto en el documento pontificio, en particular a los que no somos especialistas en teología.

 Análisis general

  Es un documento larguísimo jamás se refiere a Jesucristo con el término “Redentor”. Hay sí una referencia a los brazos “redentores” del Señor (N°3). Utiliza siempre “Resucitado” para referirse a Jesucristo. Jamás es Nuestro Señor Jesucristo, “Nuestro Señor” la utiliza una vez.

  No hay una sola referencia al pecado original. Jamás a la falta original que necesitó de la redención para ser sanada. Jamás ninguna referencia a la situación de miseria del hombre sin Cristo.

  El anuncio esencial es: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad. Pero nunca se aclara de qué se nos tiene que salvar. Y muchas veces queda confuso con un anuncio de promoción humana.

  Hay una permanente descalificación del Anuncio como un anuncio de VERDADES CONCRETAS.

  Descalificación de las fórmulas “rígidas”, “precisas”, “ortodoxas” que nunca pueden encerrar el Anuncio. Esos esquemas son “aburridos”.

  De hecho no hay ninguna referencia a que el Anuncio implique creer ALGO CONCRETO Y DETERMINADO.

  Jamás hay una referencia a que hay que CONVERTIR a los demás. Y recuérdese que se está hablando de un documento sobre la Evangelización.

  Todas las referencias son sobre convertirse uno, convertirse la Iglesia para que anuncie más eficazmente, convertirse los agentes de pastoral. Jamás una referencia al problema de la salvación de aquellos que están en las falsas religiones (obviamente jamás se las califica así).

  Se menciona a la gracia pero jamás se da una definición de ella. Y menos se la aplica como una fuerza sobrenatural que es absolutamente necesaria para la salvación.

  Jamás se habla de la posibilidad de condenación eterna.

  Muchas veces tira la piedra y esconde la mano porque no aclara a qué ejemplos concretos se refiere.

  Hay una cantidad de afirmaciones que provocan “sensaciones” equívocas y ambiguas respecto a la importancia y el papel de la doctrina o el Magisterio en la historia de la Iglesia..

  Usa continuamente la categoría de Pueblo de Dios para referirse a la Iglesia con la ambigüedad que ello implica.

  Si alguien quiere analizar cuáles son sus fuentes tenga presente que ha citado de la siguiente manera:

48 veces a Juan Pablo II
40 veces al Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización
24 veces a Paulo VI
20 veces a Benedicto XVI (incluida una cita del cardenal Ratzinger)
18 veces al Concilio Vaticano II
12 veces a Santo Tomás pero en ninguna el santo se refiere a la fe, a la verdad y al objetivo de la evangelización.
10 veces al documento de Aparecida
9 veces a los Santos Padres
7 veces al Catecismo de la Doctrina Social de la Iglesia
4 veces los documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe
2 veces el documento de Puebla
2 veces la Conferencia Episcopal de EE.UU.
2 veces a la Conferencia Episcopal de Francia
1 vez al CATIC
1 vez a la Conferencia Episcopal de Brasil
1 vez a la Conferencia Episcopal de Filipinas
1 vez a la Conferencia Episcopal del Congo
1 vez a la Conferencia Episcopal de la India
1 vez el documento de la Comisión Teológica Internacional El cristianismo y las religiones (1996).
1 vez a la Acción Católica Italiana
1 vez a Platón, a Newman, a G. Bernanós, al Kempis, a Sta. Teresa de Lisieux, a Guardini, a “Tucho” Fernández (rector de la UCA) y a Ismael Quiles.

 En particular SEÑALES NEGATIVAS.

1. Quiere más poder para las Conferencias Episcopales, ALGUNA AUTÉNTICA AUTORIDAD DOCTRINAL (N°32).

2. Lo esencial es “la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado”. Ni una referencia al sacrificio redentor de Cristo que paga la deuda del pecado del hombre. (N°36).

3. El evangelio es ante todo responder al Dios amante que nos salva. PERO NUNCA DICE DE QUÉ NOS SALVA. (N°39).

4. Hace sospechoso cualquier anuncio doctrinal. Porque si no se anuncia al Dios que nos ama resulta que eso es producto de acentos doctrinales o morales que proceden de opciones ideológicas (N°39).

5. Habla de distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral metiendo todo en la misma bolsa, como si fuera lo mismo la legítima libertad que puede haber en líneas pastorales, igualadas con la libertad que no puede haber cuando se habla de filosofías o teologías las que claramente son obstáculo para una presentación clara de la verdad católica. Y todo justificado “porque si no estaríamos frente a una doctrina monolítica defendida por todos sin matices”. (N°40)

6. Comete el error garrafal de decir que un lenguaje completamente ortodoxo es algo que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo porque no se adapta al lenguaje que utilizan los fieles (N°41).

7. Es más, dice enseguida que  “con la santa intención de comunicarles la verdad sobre Dios y sobre el ser humano, en algunas ocasiones LES DAMOS UN FALSO DIOS O UN IDEAL HUMANO QUE NO ES VERDADERAMENTE CRISTIANO. Tira la piedra y esconde la mano porque jamás aclara a qué casos se refiere.

8. Dice que LA EXPRESIÓN DE LA VERDAD PUEDE SER MULTIFORME, lo que afirma contra la Humani Generis de Pío XII que claramente dice que NO SE PUEDE ABANDONAR LAS FÓRMULAS QUE LA SABIDURÍA PERENNE HA CONSAGRADO PARA LA EXPRESIÓN DE LA VERDAD CATOLICA.

9. Cita de manera incompleta a Santo Tomás de Aquino cuando éste dice que los preceptos dados por Cristo y los Apóstoles al Pueblo de Dios (a la Iglesia) “son poquísimos”. Santo Tomás se refería a la comparación entre los preceptos gravosos de la Antigua Ley y el yugo ligero de Cristo. Pero Santo Tomás dice que son poquísimos los que Cristo agregó a la Ley de los 10 Mandamientos.  Por el contexto el papa da la sensación errónea de que son tan pocos los preceptos que no hay que insistir tanto en ellos y que pueden ser un obstáculo si queremos una predicación que llegue a todos. (N°43). Además NO MENCIONA EN NINGÚN LUGAR LA LEY NATURAL IMPRESA POR DIOS EN NUESTRA CONCIENCIA.

10. “Tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera” (N°47). No aclara cuáles serían esas razones cualesquiera y ya La Nación ha interpretado que se refiere a los divorciados vueltos a casar que quieran acceder a la comunión.

11. Habla de no ser “controladores de la gracia” y que la Iglesia no es una aduana, cuando sabe perfectamente que Cristo ha dicho que no debe tirarse perlas a los cerdos y la Iglesia siempre ha cuidado que lo sagrado no sea pisoteado. (N°47)

12. Dice que prefiere una Iglesia accidentada y herida y manchada por salir a la calle antes que una Iglesia enferma por el encierro haciendo una típica dialéctica insustancial. Ni lo uno ni lo otro.

13. Pone la duda sobre las normas de la Iglesia, que según afirma “ nos vuelven jueces implacables” (N°49).

14. Ataca a los grupos tradicionalistas elípticamente: “formas exteriores de tradiciones de ciertos grupos, o en supuestas revelaciones privadas que se absolutizan” (N°70).

15. Considera que las advertencias sobre el fin de los tiempos y la apostasía son pesimismos paralizantes. y estériles (N°84) y cita para rebatirlo el famoso pasaje del discurso inaugural de Juan XXIII en el Concilio donde condena a los profetas de calamidades, pasaje que se sabe perfectamente hoy que se refiere al mensaje de Fátima. Lo curioso es que el papa Francisco también habla de no caer en optimismos ingenuos aunque ese mismo discurso cae en ese optimismo.

16. Repite algunos de de sus típicos “bergoglemas” (uno de tantos del documento) cuando afirma: “Sentimos el desafío de descubrir y transmitir LA MÍSTICA DE ESTAR JUNTOS, DE MEZCLARNOS, DE ENCONTRARNOS, DE TOMARNOS DE LOS BRAZOS… (¿?) (N°87)

17. Vuelve a pegarles a los tradicionalistas cuando habla de “un neopelagianismo autorreferencial y prometeico” inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado (N°94). Supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario donde se gasta las energías en controlar (N°94).

18. Otro tiro por elevación al tradicionalismo está en el número siguiente (95) cuando dice que la mundanidad se manifiesta en un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, que prefieren ser generales de ejércitos derrotados

19. Hace “demagogia” con los jóvenes cuando les atribuye llevar en sí las nuevas tendencias de la humanidad (¿?) (N°108) que nos abren al futuro (¿?)

20. Ser Iglesia es llevar la salvación de Dios en este mundo, pero nunca aclara de qué tipo de salvación hablamos y de qué tenemos que salvarnos (N°114).

21. Habla sin precisión de una infalibilidad del Pueblo de Dios (sensum fidei) sin referirse claramente al poder magisterial. (N°119)

22. Le da un papel desmesurado a la piedad popular que no implica necesariamente una vida sacramental (N°125)

23. Nuevamente afirma que el anuncio fundamental es: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y amistad. Si esta es la referencia a la Buena Nueva, jamás la contrapone con la Mala Nueva (el pecado original) y la necesidad de que Cristo se ofreciera en sacrificio expiatorio por nosotros. (N°128)

24. Desprecia nuevamente la precisión terminológica de la fórmulas de la fe: “No hay que pensar que el anuncio evangélico deba transmitirse siempre con determinadas fórmulas aprendidas, o con palabras precisas que expresen un contenido absolutamente invariable. Se transmite de formas tan diversas que sería imposible describirlas o catalogarlas, donde el Pueblo de Dios, con sus innumerables gestos y signos, es sujeto colectivo. (N°129).

25. Lanza un manto de sospecha sobre cualquier tipo de uniformidad al decir que “no ayuda a la misión de la Iglesia” (N°131).

26. Se equivoca al atribuir al simple sacerdote el poder de interpretar la Escritura al preparar las homilías, cuando se sabe perfectamente que el sacerdote debe transmitir el contenido de la fe y no ser intérprete (cosa que le corresponde al Magisterio de la Iglesia) N°146.

27. Parece quitarle importancia a la formación doctrinal nuevamente (N°161).

28. Nueva alusión crítica contra la predicación de la doctrina “a veces más filosóficas que evangélicas”. El anuncio debe expresar el amor salvífico de Dios, “que no imponga la verdad” (N°165). Parece que no hay ninguna urgencia de que la gente crea porque igual (ya veremos más adelante) puede salvarse de todos modos.

29. “Hacer resplandecer la verdad y la bondad del Resucitado”, jamás dice “Redentor” (N°167).

30. Cae en el típico error que ha hecho estragos entre los fieles al proponer un estudio serio y perseverante de la Biblia sin decir nada sobre que estos estudios deben ser dirigidos a la luz del Magisterio de la Iglesia (N°175) y que las personas tienen que saber primero las verdades básicas de la fe, antes que pretender estudiar la Biblia.

31. En todo el capítulo IV (dimensión social de la Evangelización) hay un tufillo a Teología de la Liberación, no distinguiendo adecuadamente entre la categoría socioeconómica de pobre y la categoría evangélica teológica de pobre. (N°176 y sgtes.) aunque intenta una pobre distinción con la ideología en el N°199.

32. Cae en el típico error woytiliano y lubaciano de confundir plano natural y sobrenatural al afirmar que “confesar que el Hijo de Dios asumió nuestra carne humana SIGNIFICA QUE CADA PERSONA HUMANA HA SIDO ELEVADA AL CORAZÓN MISMO DE DIOS”. (N°178). No distingue claramente entre la dignidad natural del hombre y el estado de gracia sobrenatural.

33. Rebaja los principios de la Doctrina Social de la Iglesia que deben ser enseñados a las sociedades al mero “derecho de los pastores a emitir opinión” sobre los temas que afectan la vida de las personas. (N°182).

34. Considera que dos grandes cuestiones determinarán el futuro de la humanidad, pero son dos cuestiones de orden puramente natural (la inclusión social de los pobres por un lado, y el diálogo social y la paz por el otro). (N°185).

35. Nuevamente critica a los “defensores de «la ortodoxia» (así, entre comillas) haciendo dialéctica insustancial. (N°194)

36. Al mismo tiempo que condena el aborto, dice que se ha hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres, ignorando la cantidad de asociaciones católicas que desde hace décadas asisten a las madres solteras, de las que no dice ni una palabra (N°214)

37. Usa un lenguaje inapropiado de tinte sociologista: “generar procesos que construyan pueblo” (sic) (N°224).

38. Hace dialéctica hegeliana cuando alude al diálogo de posiciones enfrentadas, como si eso pudiera aplicarse a la verdad revelada (N°228).

39. Parece Hegel cuando afirma: “La unidad del Espíritu armoniza todas las diversidades” (N°230). Y no distingue si se refiere a diversidades meramente accidentales o esenciales de la fe

40. Se niega a usar la categoría filosófica del “realismo metafísico” cuando estaban dadas todas las condiciones para ello al criticar a los idealismos y nominalismos (N°232).

41. Redacta mal el documento la relación entre las verdades de la ciencia positiva y las verdades de fe, de tal manera que parece que hubiera una subordinación de la fe al conocimiento científico positivo: “cuando … la ciencia … vuelve evidente una determinada conclusión que la razón no puede negar, la fe no la contradice”. (N°243).

42. Aplica todos los lugares comunes de la obsesión ecumenista (N°244 y sgtes.). EN NINGÚN MOMENTO SE HABLA DE CONVERSIÓN PARA INGRESAR A LA IGLESIA CATÓLICA.

43. Cae en el error herético de buscar lo que nos une para hacer expresiones comunes de anuncio [de la fe], lo cual disuelve el contenido de la fe (N°246).

44. Cae en el error herético de considerar que debemos aprender “lo que el Espíritu ha sembrado en ellos [los herejes] como un don también para nosotros” (N°246).

45. Parece que tenemos que aprender la colegialidad episcopal de los cismáticos ortodoxos (N°246) y la experiencia “de la sinodalidad”.

46. Sostiene casi todas las afirmaciones de la herejías judeocristiana (N°247 y sgtes.)

47. “Los judíos no están incluidos entre aquellos llamados a dejar los ídolos para convertirse al verdadero Dios [porque] creemos junto con ellos EN EL ÚNICO DIOS que actúa en la historia, y ACOGEMOS CON ELLOS LA COMÚN PALABRA REVELADA” (N°247). Nótese la enorme herejía aquí dicha. Se niega al Dios trinitario y además se hace alusión directa a la Palabra de Dios que sabemos que es el mismo Cristo, negado por los judíos. Niega entero el proemio del Evangelio según San Juan.

48. Alude a las persecuciones a los judíos en el pasado por parte de cristianos sin decir palabra sobre las persecuciones de los judíos a los cristianos (N°248).

49. Afirma que “Dios … provoca tesoros de sabiduría que brotan del encuentro del pueblo judío con la Palabra divina”, cuando sabemos que esa Palabra es justamente lo que ellos niegan (N°249).

50. Afirma erróneamente que podemos leer juntos los textos de la Biblia hebrea cuando se sabe que el texto talmúdico ha adulterado la Biblia para poder negar más fácilmente las profecías que se refieren a Cristo y además lo ha mutilado (N°249). Esa mutilación (eliminación de los “deuterocanónicos” en la versión de Jerusalén se trasladó a las llamadas Biblias protestantes

51. Afirma erróneamente que los islámicos adoran CON NOSOTROS a un Dios único (N°252).

52. Afirma que el Islam auténtico no es violento, lo cual es enormemente discutible (N°253).

53. Cita el espantoso documento de la Comisión Teológica Internacional sobre las religiones donde afirma: que los no cristianos, por la gratuita iniciativa divina, y fieles a su conciencia (sin agregar “recta”), pueden vivir “justificados mediante la gracia de Dios” (N°254) lo cual hace bastante inútil por cierto las misiones.

54. Afirma la herejía según la cual los ritos y signos de las religiones falsas “pueden ser cauces QUE EL MISMO ESPÍRITU SUSCITE para liberar a los no cristianos del inmanentismo ateo o de experiencias religiosas meramente individuales” (N°254).

En particular SEÑALES POSITIVAS

1. No se debe enseñar lo moral descontextualizado (N°34) del anuncio principal.

2. No se debe hablar más de la Ley que de la Gracia (N°38) pero no explica lo que es la gracia y por qué es tan necesaria.

3. La ética cristiana (no dice ética católica o moral católica) no es una ética estoica ni [“únicamente” debería agregarse] un catálogo de pecados y errores.

4. Hace una correcta descripción pero llena de lugares comunes de la injusticia de la situación económica mundial, sometida al poder del dinero y a los principios liberales del libre mercado. Pero nunca habla de la usura. (N°52 al 60)

5. Desautoriza la “teoría del derrame” (N°54), leyenda del capitalismo liberal.

6. Habla de la globalización de la indiferencia (N°54)

7. Habla del “fetichismo del dinero y la dictadura de la economía (N°55)

8. Critica a los que niegan el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común (N°56).

9. Afirma que tras estas actitudes se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios (N°57).

10. Aunque no habla de la usura, pide una reforma financiera en donde el dinero sirva y no gobierne (N°58).

11. Critica la exacerbación del consumo (N°60)

12. Condena el relativismo moral (N°64).

13. Habla del complejo de inferioridad de los agentes pastorales que los lleva a relativizar u ocultar su identidad cristiana y sus convicciones (N°79).

14. Reconoce una “desertificación espiritual” (N°86) fruto de sociedades que quieren construirse sin Dios o que destruyen sus raíces cristianas.

15. No está en discusión el sacerdocio reservado a los varones, pero insiste en buscar formas de reconocer el lugar de la mujer (N°104).

16. Pide una mejor selección de los candidatos al sacerdocio porque los seminarios no se pueden llenar por cualquier tipo de motivaciones, y menos si éstas se relacionan con inseguridades afectivas (¿contra los homosexuales en los seminarios católicos?) (N°107).

17. Brinda una serie de consejos útiles para las homilías (N°135 y sgtes.)

18. Dice que la opción por los pobres debe traducirse PRINCIPALMENTE en una atención religiosa privilegiada y prioritaria (N°200).

19. Condena la “mano invisible” del mercado (N°204).

20. Habla contra el aborto (N°213).

21. Dice que “no cabe esperar que la Iglesia cambie su postura sobre la cuestión” (¡menos mal!) N°214.

22. “Los creyentes tampoco pueden pretender que una opinión científica que les agrada, y que ni siquiera ha sido suficientemente comprobada, adquiera el peso de un dogma de fe” (¿contra el evolucionismo?) (N°243).

Nota aclaratoria: ¿Qué es el sensus fidelium?

Etim.: Latín: "El Sentido de los fieles"
  Otras expresiones para la misma idea: "consensus fidelium" y  "sensus fidei" (el sentido de la fe).
  El Sensus fidelium es una unción especial que posee la universalidad de los fieles para no fallar en su creencia. Es un sentimiento sobrenatural de la fe de todo el pueblo, cuando "desde los Obispos hasta los últimos fieles seglares" manifiesta el asentimiento universal en las cosas de fe y de costumbres." Cuando tomamos la universalidad de los fieles en el sentido histórico vemos que si toda la Iglesia, tanto el pueblo como los pastores, han creído (aceptado como revelada) una verdad, entonces no pueden errar. Es infalible.  Esto aplica a las doctrinas más básicas que la Iglesia enseña como reveladas. El concepto del Sensus Fidelis se encuentra en los Padres de la Iglesia.
  El Sensus fidelium no es sinónimo al clamor de la mayoría. Si una doctrina ha cumplido esta condición de infalibilidad en el pasado, y el pueblo de otra época posterior la llega a dudar o negar, esto no hace que la doctrina deje de ser infalible. Cuando el Papa nos recuerda de estas verdades no es necesario que haga una nueva solemne definición.



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miércoles, 27 de noviembre de 2013

UNA EXHORTACIÓN A DEFECCIONAR – Por Flavio Infante

  No debía sorprender demasiado el primer texto escrito que Bergoglio remite a consagrados y fieles, excluida la encíclica Lumen fidei, escrita casi íntegramente por su predecesor aunque firmada por Franciscus. Si es cierto que ésta cargaba demasiado las tintas sobre la «doctrina de la experiencia», ya denunciada por San Pío X como propia de la apologética modernista -cuya táctica consiste en emplazar al sentimiento, y ya no a la inteligencia, como motor y nervio de la fe-, la Evangelii gaudium, a séquito de aquellas rancias premisas, ahora remacha el no menos añoso programa de la "evangelización a toda vela", sin contenidos ciertos y sin principio de coherencia pero lleno de bríos febriles, como esas gallinas a las que, después de tronchárseles la testa, corren y aletean todavía unos instantes, los últimos antes de la faena.

  Y no es imagen descomedida, que la revolución apunta siempre a la cabeza, como lo ilustra acabadamente su instrumento y símbolo por excelencia: la guillotina. Una Iglesia cuyo rostro cambia a tenor de los tiempos, como quien se probara sucesivas máscaras, supone -toda vez que el rostro mora en la cabeza, y no en los miembros- una Iglesia con su cabeza velada, cuando no trunca. Esto es: una Iglesia sin Cristo, caput Ecclesiae (Ef 5, 23). Malo aserto que se confirma en algunos parágrafos de la Exhortación, cuando trata del papado:

tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra efinitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo. No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable «descentralización» (n. 16),

lo que parece -de paso y junto con la capitis diminutio del Sumo Pontificado- favorecer pretensiones como las de aquellos obispos alemanes que vienen reclamando la comunión para los divorciados en segunda (y no canónica) unión, entre otras afines bravatas. Y aun:

dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado (!). Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle (n. 32).

  El sofisma es notorio: la conversión a la que Bergoglio debiera aludir es la suya propia, y no la del papado. Que resulta, de paso, escarnecido en la persona de sus predecesores, implícitamente acusados de no haber ejercido su ministerio en fidelidad «al sentido que Jesucristo quiso darle». A más de hacerse el programa susceptible a la más sonora reductio ad absurdum: aquel que se arroga el inaudito poder de "reducir" el papado es el mismo papa, erigido su pontificado y por propia voluntad en punto de inflexión. La verdad es que a la vista de textos como éste, el fidem servavi del Apóstol -que hubiera debido ser el lema para el ya declinado «Año de la Fe», de la declinante fe- acaba por trocarse en su contrario.

  No hemos leído íntegro el documento; no estamos dispuestos a apurar este mal trago hasta las heces. Pero un paseo por el mismo a tranco ligero alcanza y sobra para reconocer, munido hasta la más cruda explicitud, lo mismo que Francisco venía desparramando en homilías, reportajes y demás intervenciones. Para que no se diga que a las palabras se las lleva el viento. Cayo Tito lo estampó: scripta manent. Y Pilatos, de más pertinente memoria: quod scriptum, scriptum. Nada de cambio de rumbo, sino confirmación del emprendido: el texto que Bergoglio entrega viene a ser como un apéndice, no más, de sus boutades habituales. Érase un hombre a una nariz pegado. Y un manual de aplicación del derrumbe consumado.

  No faltan, como era de esperar, los neologismos de tenaz regusto plebeyo («la Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan...», n. 24), ni las antítesis forzadas y nunca explicadas, como la de contraponer misionalidad (instada con vehemencia) y proselitismo (desaprobado sin más: «la Iglesia no crece por proselitismo, sino "por atracción"», n. 14). Ídem la recurrentísima invitación a la «creatividad» en la evangelización, contestada ya en sus días por Romano Amerio cuando debió salirle al cruce a la aberrante catequesis post-conciliar, fija en este mismo y falaz principio. Dijo entonces el brillante profesor suizo: «la creatividad es un absurdo metafísico y moral, y cuando no lo fuera, no podría ser el fin de la catequesis, ya que el hombre no puede autofinalizarse: el fin le es dado y él debe sólo aceptarlo».

  Párrafo aparte merece la ya conocida crudeza con la que Francisco se dirige a quienes parecen sus únicos enemigos, a quienes dedica una efusión de bilis poco reconocible en sus más bien frecuentes e irrestrictas contemporizaciones con quienquiera (n. 95, 96):

el neopelagianismo autorreferencial y prometeico de quienes en el fondo sólo confian en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado (!). Es una supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario (...) Son manifestaciones de un inmanentismo antropocéntrico. No es posible imaginar que de estas formas desvirtuadas de cristianismo pueda brotar un auténtico dinamismo evangelizador.

Esta oscura mundanidad se manifiesta en muchas actitudes aparentemente opuestas pero con la misma pretensión de «dominar el espacio de la Iglesia». En algunos hay un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción en el Pueblo fiel de Dios y en las reales necesidades concretas de la historia. Así la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos...

  El latiguillo progresista que hace del cuidado por la liturgia, la doctrina y el prestigio de la Iglesia cosas «del pasado», «piezas de museo», tasando como inexorables los nuevos usos al ponerlos en ecuación directa con el devenir temporal (éste sí incontestable), no expresa sino el trasvase de la idolátrica mitología moderna al interior mismo de la Iglesia, y el drama de una sustitución ya consumada. El empirismo auto-exaltatorio que disuelve la fe objetiva en «experiencia», que invierte el orden metafísico por el que el conocer y el obrar siguen al ser, y que postula a la fe como mero «encuentro» pre-racional, afectivo: he aquí (pasadas al papel y membretadas para su pronta y orbital circulación) las máximas que antaño merecieron la más explícita condena de los papas, hoy incorporadas tenebrosamente al magisterio.

  Heridos a profusión los oídos, reos en tierra extranjera, ¿invertiremos los sujetos del salmo para pedirles a nuestros captores, los que llevan el timón de la barca de Pedro: «cantadnos un cantar de Sión»?





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martes, 26 de noviembre de 2013

DEMOCRACIA Y COMUNISMO (1937) – Por Leopoldo Lugones


EL ESCRITOR ANTE LA DEMOCRACIA

(Publicado en La Nación Bs.As. 27 de Junio de 1937, suplemento literario, 2ª. Sección p.3.)


  Definida la democracia según ahora existe, como el sistema de gobierno en el que el pueblo ejerce la soberanía mediante el sufragio universal con que designa sus mandatarios, este instrumento y aquella autoridad se han vuelto sinónimos, La crisis de dicho régimen, al generalizarse como un fenómeno universal que comprende a la sociedad entera, importa para el escritor servidor del pueblo, el deber de considerarla, empezando por definir en que consiste.


  Para ganar tiempo, resumámoslo en la expresión de una deficiencia que nadie discute: la democracia no satisface las esperanzas de adelanto social que se pusieron en ella. El sufragio universal resulta incapaz de constituir el gobierno equitativo, inteligente, eficaz y módico que requiere la sociedad para asegurarse su bienestar moral y material, su progreso y si defensa...


  …(Es) el gobierno más caro, hasta el extremo de que los pueblos que lo practican acaban por entregarse a una verdadera autofagia como lo estamos viendo en Francia y en los Estados Unidos, vale decir en las democracias modelos.


  No lo niega, ni podría hacerlo ante los hechos intergiversables, el ideólogo liberal que sigue creyendo en la democracia; con lo cual trátase de un caso de fe cuyo examen procede ahora.


  La fe en la democracia presupone la realidad del progreso indefinido, pues afirma que el sistema liberal o doctrina política de aquel nombre, es bueno y practicable aunque nunca se haya podido practicar por haber sido malos hasta hoy los hombres que lo practican; con lo cual bastará que sigan practicándolo malamente, para que se acaben por practicarlo bien, lo cual equivale a transformarse, así , de malos en buenos.


  Para quienes creemos que la bondad de un sistema político o social consiste ante todo en que sea practicable, lo cual significa la capacidad de realizar sus propósitos de bienestar común; que su persistente inadecuación a este objeto permite calificarlo de malo, y que la práctica del mal no ha de redundar en bien con prolongarse sino, al contrario, en mayor mal todavía; la fe que analizamos constituye un caso de optimismo frecuente que el demócrata en cuestión proclame su ateísmo como una expresión de superioridad intelectual . Entre Dios y el contrasentido irracional que acabamos de exponer, prefiere y profesa este último en nombre del racionalismo…


  Mientras tanto, lejos de perfeccionarse, la democracia tórnase más defectuosa cada vez, y el progreso indefinido yace en el panteón de las hipótesis archivadas.


  De consiguiente, afirma todavía el demócrata, lo que ha menester reformar es el hombre y no el sistema; en otros términos, acomodar el cuerpo al traje  no el traje al cuerpo, con disparatada inversión de relaciones naturales, lógicas y posibles, aunque el sentido común enseña que si un traje incomoda se lo reforma, para cambiarlo definitivamente por otro cuando así tampoco sirve.


  Pasa esto, por lo demás, con todos los sistemas, que siendo obras humanas, resultan perecederos como el hombre mismo, y con mayor motivo cuando son racionalistas, dado que la razón, facultad crítica en sí, rectifica y deroga sin cesar; mientras la perpetuación de la democracia, contradice la hipótesis del progreso indefinido que es de suyo una variación constante.


  Dentro de dicha hipótesis que, como hemos visto, es esencial a la formación y sostén de la fe democrática, el sistema promueve otro conflicto racional. Desarrollado, en efecto, según su propia lógica, lleva prácticamente, que es como vale, a la dictadura del proletariado, o incurre, mejor dicho, en su propia negación según sucede con todas las paradojas cuando se las somete a esa prueba clásica y e ilevantable; de suerte que, aun a pesar suyo, el objeto final de la democracia es el comunismo cuyo éxito requiere, sine qua non la mencionada tiranía. Y nada más sencillamente lógico, según se ve: la capacidad de todos para todo, reconocida y practicada con el sufragio universal, asienta en consecuencia que todo es de todos e impone la conclusión de que todos tienen derecho a todo por el mero hecho de nacer. Si el sufragio universal, bajo esta única condición, ya que ninguna requiere su ejercicio, constituye y da gobierno al Estado, que es el total, consecuencia y conclusión vienen al caso por la doble razón de que la parte cabe en el todo y de que quien puede lo más puede lo menos. El absurdo de confundir igualdad humana con capacidad política engendra la despótica monstruosidad del comunismo.


  Que éste lo sea,  no cabe duda después de la gigantesca experiencia risa y de sus horrendas repeticiones en Hungría y en España. No se trata pues, de dialéctica, sino de hechos con magnitud y repetición suficientes para constituir acabada certidumbre.


  En el desarrollo lógico que a todo sistema induce para su complemento natural, la democracia nos lleva al Paraíso Rojo; de suerte que cuando el burgués, según su cómodo principio: “ni facismo ni marxismo”, lo enuncia así para quedarse en la democracia, opta realmente por lo segundo. La democracia se encargará de llevarlo a él como un buque en marcha donde se hace la ilusión de la inmovilidad que es su propia poltronería.


  Por otra parte, el régimen hace crisis mortal en la indiferencia del descreimiento. El voto obligatorio fue la primera expresión de ese estado de ánimo. Los “frentes populares”, de invención comunista, son la segunda y más grave, pues nadie ignora que el comunismo aspira a apoderarse del gobierno mediante el sufragio universal, para acabar con la democracia.


  Que por lo demás, repito, se acaba sola. Basta ver, para no ir más lejos ni atenernos sino a lo propio, o sea lo que conocemos mejor, qué está pasando con asunto de tanta magnitud como la renovación de la Presidencia. Fuera de los políticos a quienes interesa como resultado profesional, la elección del futuro Presidente goza – o padece – de la  indiferencia pública. Lo que la gente quiere es que la dejen en paz, designando a cualquiera “porque todos son iguales”. Opinión que los políticos se han encargado de ratificar con su insignificancia. El soberano delega con una especie de insípida conformidad. No opino a mi vez; refiero como periodista. La “cuestión presidencial” tan solemne otrora, carece ya de importancia. Es lo mismo, dice el sufragante universal; y tan lo mismo, que si mañana el Presidente que ya está decidiera quedarse, la gente no lo hallaría mal y hasta lo consideraría quizás mejor. Ocupada en recuperarse de la crisis, la carencia de agitación electoral pareceríale una ventaja. Hay, sin duda, en esto su parte de positivismo sórdido; pero el descreimiento es lo principal, Se carece de entusiasmo porque se ha perdido la fe. Faltan, además, las personalidades vigorosas y atrayentes que el pueblo ha menester para encarnarla. Todos son iguales; y elegir es decidirse entre dos distintos; un acto de desigualdad, si bien se mira. La perfección de la democracia tiende hacia la reducción a cero.


  Para la suerte del sistema, esto es peor todavía que elegir mal, porque suprime hasta la reacción ante la amenaza que el error trae consigo. Es la extinción por abandono.


  Y nada cuesta ver por qué. La libertad negativa del racionalismo lleva en este carácter su espontánea anulación. El desenfreno del instinto en que acaba al fin de cuentas su atribución incondicional, no interesa sino al vicioso y al bribón. Corrompe también a los predispuestos; agrada a la mayoría; pero el grupo moralmente mejor, y con esto el más importante para la sociedad, tiene otra idea de albedrío. Lejos de confundirlo con antojo, lo condiciona al deber y al orden. Conceptúa la libertad como un estado de conciencia, no como un deseo instintivo de satisfacerse materialmente.


  Pues bien: la satisfacción material acaba pronto en hartura. El placer puramente instintivo concluye siempre en desencanto. La prosperidad no es un fin como creía el liberalismo, ni existe tampoco la prosperidad perpetua. Fundar en ella un sistema, es dar a éste por base un doble erro del optimismo que constituye otro mayor a su vez cuando se vuelve sistemático.


  El fracaso pacifista ante la inexorabilidad de la guerra; la crisis capitalista, no menos que se ilusan los chorlitos de la especulación; el desastre experimental de las doctrinas extremas a que conduce la libertad racionalista, cuando se las pone en práctica; la inmoralidad suicida en que se desenfrena esa libertad, que al ser negativa, lleva en sí propia su inevitable anulación: he ahí, entre otros, pues los hay más, en efecto, los principales motivos de caducidad democrática.


  La ley de periodicidad, que lo rige todo, contradice la perpetuación del progreso y de los sistemas. Es lo que hemos visto por cuenta propia los hombres del siglo XIX con el liberalismo de la prosperidad, la paz y la democracia. Pero, mucho más claro aun con la ciencia que según el positivismo habrá de ir alejándose sin cesar de la metafísica, su iniciación ilusoria. ¡La metafísica que con vanagloria pueril, y en lo que a mí toca, con ignorancia contumaz, creíamos haber superado!


  Y bien, no. La más perfecta de las ciencias, la matemática, predilecta por cierto del filósofo Montpellier, remonta su vuelo con grandeza que él mismo no sospechó, para dilatarlo en trascendencia metafísica. Así el hombre se rehalla, dijera el genial astrónomo inglés (Eddington) a la orilla de lo desconocido; pero en esta recisión con que va a buscando la dentro de sí, que es donde está, la divina chispa, la razón deja de ser su omnipotente numen, y con ello la expresión de su autoidolatría, con que efectúa aquella tarea de la propia iluminación.


  Así cae el racionalismo o sea el susodicho numen de la omnipotencia y de la soberbia, y con él la democracia que es una de sus creaciones. Por esto, porque se trata de una transformación espiritual, la consecuencia es irrefragable. Groseramente materialista, por otra parte, el régimen materialízase más aún con ese abandono del espíritu. Su desenlace, mejor dicho su final, puesto que se trata de maximalismo y extremismo según la propia definición de los sectarios, es un hundimiento en la bajeza del instinto; un repliegue concéntrico del cerebro en el vientre para autodevorarse así el ser degradado por ella, como todo lo absoluto se reduce a cero en los dominios de la materia y la razón. Por algo el hombre ideal de Rousseau, apóstol de la libertad incondicional, es el salvaje cabalísimo. El círculo vicioso de la paradoja que es ese concepto de la libertad, ciérrase en una doble negación del espíritu.


  ¿Qué simboliza, en efecto el estandarte de la dictadura proletaria enarbolada para redimir al mundo desde esa roja Moscú donde la estatua de Judas Iscariote conmemora el triunfo de la “patria proletaria” sobre el “prejuicio burgués”?


  Pues, el trabajo manual que es la materialidad extrema; la apoteosis del ganapán en que viene a consistir la redención consabida. Esta ingenua glorificación de la fuerza física aplicada a los oficios más toscos cuya herramienta blasonaría en consecuencia la “Nueva Civilización”, define un sistema. Fácilmente se infiere de ahí su sordidez y su ateísmo; pero, sin mencionar la máquina todopoderosa en que sus sectarios adoran a la Prosperidad, fuente para ellos de la dicha, la misma utilería rudimentaria del martillo y de la hoz no es invención de la mano, sino de la mente. La dictadura del proletariado y el sufragio universal podrán crear un tirano, un presidente, un falso dios, pero no un tornillo. A despecho del materialismo con sus pitecos y antropoides, científicos hasta la veneración, no somos bestias. El sectario más afanoso por ratificar con su degradación el linaje animal de que se envanece, lleva a pesar suyo un destello de inmortalidad en las alas que revuelca.



LEOPOLDO LUGONES “La misión del escritor. El ideal caballeresco” Ediciones Pasco Pags. 67 a 72.



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domingo, 24 de noviembre de 2013

LA DESTRUCCIÓN DEL SACERDOCIO CATÓLICO

 “Si no hubiera más sacerdotes casi nadie estaría llorando a causa de esto. Esta es una triste constatación que tenemos que hacer.

  Estamos ante la mayor crisis en la historia del sacerdocio de la Iglesia. Zonas enteras de Europa están ahora sin sacerdotes y todo está en silencio. No se oye un solo obispo que suene la alarma, llorando con los fieles, pidiendo a todos a rezar por las vocaciones sacerdotales y ordenando ayunos con súplicas ardientes al Señor para que tenga misericordia de su pueblo.

  Es cierto que se escucharán a los obispos y a los dirigentes de la curia describiendo los números de esa caída vertiginosa de la presencia de los sacerdotes en la Iglesia. Se escucharán elaborando tranquilamente – con mucha tranquilidad - una lista con la información de una manera despreocupada, como si se tratara de una situación a aceptar como cosa natural - de hecho, una oportunidad para una nueva iglesia más del pueblo.

  En los próximos años en Italia, la tierra de la antigua cristiandad, seremos testigos de la desaparición de las parroquias y algunos cambios radicales impensables hasta hace unos años, en las estructuras más simples del catolicismo, las comunidades parroquiales, en los que la vida cristiana era natural para todos. Pero la inmensa mayoría de los católicos comprometidos fingirán que no pasa nada porque sus pastores ya lo están haciendo.

  Es un "desastre", un "terremoto" - pero nadie está llorando a causa de esto, se pretende que no está pasando nada. Hay una pretensión de que no pasa nada, porque el cuento de hadas de la "primavera" del Concilio debe continuar. Se huye de todas las verificaciones históricas y se niega la evidencia de una crisis sin precedentes.

  Y un futuro no tan católico se está preparando.

  Porque se habla de "reestructurar" la organización de las comunidades cristianas, es decir, crear un espacio para los laicos (como si no hubiésemos tenido suficiente de eso en los últimos años) y un nuevo tipo de fieles cristianos está siendo inventado, que se convertirán en administradores en las parroquias y reemplazarán a los sacerdotes. Fieles laicos, debidamente "clericalizados" cuidarán de las iglesias y, a la espera de una misa, ellos, como cristianos adultos, harán la predicación de la Palabra...

  …y mientras tanto... nadie está llorando por esto - nadie está orando y clamando a Dios.

  Tal vez no están llorando porque alguien ha preparado este terremoto en la Iglesia. Ellos han degradado el sacerdocio católico, convirtiendo a los sacerdotes de ser hombres de Dios, en trabajadores sociales de la comunidad. Redujeron el Breviario y oración. Impusieron traje secular que los sacerdotes para ser como los demás. Les dijeron a los sacerdotes que se actualizasen porque el mundo estaba avanzando. También se les dijo que no acentuasen su propia importancia, más bien que compartan sus responsabilidades con los fieles.

  Y como un golpe de gracia: dieron a los sacerdotes una Misa que se convirtió en la preparación para una catástrofe en la Iglesia. No más oración profunda, no más adoración al Dios que se hace presente. No más  unión íntima con el sacrificio propiciatorio de Cristo en la Cruz, pero en su lugar, hay una comunión sagrada con la comunidad. Todo se centra en el hombre - no en Dios - y mucha conversación extenuante sobre la construcción de la comunidad. Se trata de una Misa, que es un constante movimiento de laicos que van y vienen desde el altar, formación para damas y caballeros que pronto estarán llevando nuestras antiguas parroquias sin sacerdotes.

  Y con la Misa "mundana", han inculcado el sacerdocio universal de los fieles distorsionando su significado. Los bautizados son un pueblo sacerdotal, ya que ofrecen a sí mismos en el sacrificio, en unión con Cristo crucificado, ofreciendo toda su vida con Jesús. Los fieles deben ser santificados; he aquí el sacerdocio universal de los bautizados. Pero los fieles no participan del sacerdocio ministerial, que es de naturaleza diferente y cumple con el sacerdocio de Cristo. Es a través del sacramento del Orden que Cristo se hace presente en la gracia de los sacramentos. Si no hubiesen más sacerdotes, tanto la Iglesia y como la gracia de los sacramentos llegarían a su fin.

  Martín Lutero y el Protestantismo hicieron exactamente eso: destruyeron el sacerdocio católico, diciendo que todos eran "sacerdotes", destacando específicamente el sacerdocio universal de los laicos.

  Sobre la cuestión de la reestructuración parroquias, las cosas pueden terminar de esta manera.

  Podría haber sido diferente enfrentar esta crisis con mentes y corazones que tuviesen en alta estima el Sacramento del Orden, con el conocimiento de que el sacerdote es uno de los mayores dones para la Iglesia y para toda la gente. Pero no fue así. Se tendrá que lidiar con esta crisis después de años de confusión total en la vida del clero, después de años en los que se desacostumbró a asistir a la Misa diaria y la doctrina católica. Por lo que, los fieles se quedaron sin sacerdotes. Esto ya está sucediendo. Y cuando aparezca un sacerdote, los fieles no van a tener idea de qué hacer con él, por estar acostumbrados a la creencia de que el Señor los salvará sin sacerdotes y sin sacramentos.

  Creemos que no es correcto pretender que no está pasando nada. Esta es la razón por la que estamos pidiendo a nuestros fieles a orar con fervor al Señor, para que Él de muchos sacerdotes de su Iglesia, como Él ya lo hizo.

  Queridos fieles, este mes de junio, que se dedica al Orden Sagrado, tengamos el valor de pedir esta gracia, incluso con lágrimas, al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María.

  Y no nos apartemos del don precioso de la Misa de siempre – la Misa de la Tradición. Sólo esta Misa podrá dar nuevos sacerdotes a la Iglesia del Señor.”

(Editorial Radicati nella fede, junio de 2013, Boletín de Domodossola y comunidad Vocogno, diócesis de Novara, Italia)



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