San Juan Bautista

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sábado, 4 de enero de 2014

DE NOCHE, EN EL TEATRO - Por Flavio Infante

  A todos consta que el elemento teatral-representativo cuenta, y no poco, en la  vida toda de la Iglesia. El ceremonial que se integra a la liturgia, que exige indumentaria y objetos propios, los gestos del celebrante (genuflexiones, manos en alto, etc., todos ricos de un alto valor expresivo), son otros tantos índices de la teatralidad del culto. La Santa Misa, que ha sido a menudo definida como «drama sacro en el que se actualiza el misterio de nuestra Redención», señala suficientemente este carácter; su estrecha dependencia de las ipsissima verba et gesta Christi de la noche del Jueves Santo, tanto como su actualización perenne de la tragoedia praetexta del Gólgota, vuelven a confirmarlo cada vez.

  Hay, por lo demás, otras comprobaciones que pueden hacerse sobre la presencia y eficacia de lo teatral en la actuación terrena de la Iglesia. Pongamos por caso las formas protocolares, tales como el respeto de ciertas fórmulas orales y gestuales válidas para diversas circunstancias (bendición, toma de posesión de un cargo, etc.), el trato que se le debe a un sacerdote, al obispo, etc. Todo esto conlleva el beneficio -cuando es vivido con libre y plena conformidad interior- de acrisolar al alma por la humildad. Desafiar o desdeñar las formas impuestas por el ceremonial es, en efecto, un claro indicio de soberbia.

  Ahí está la inspiración teatral presente incluso en la arquitectura sacra, como ocurre (por citar el caso más altamente significativo) en la plaza de la Basílica de San Pedro. Allí Bernini entendió diseñar una planta que reprodujera el porte mismo del pontífice, con la basílica en el lugar de la tiara y sus brazos abiertos hacia la cristiandad, representados por la doble columnata de la plaza oval. Siempre se trata, como corresponde a gestos y símbolos evocativos de realidades sobrenaturales, de una asimilación de lo visible a sus ulterioridades últimas. O, dicho en otras palabras, de la convicción plenamente católica de que la materia es susceptible de salvación, lo que redunda en la confianza de que la figura no sólo no empece de suyo a la elevación del espíritu, sino que puede incluso propiciarla y aun asociarse a sus victorias.

  Sabemos que la epidemia modernista que azota a la Iglesia acaba por impugnar el pasado histórico y tiende a desdeñar los vestigios sensibles de la fe (llámense éstos arte sacro, ornamentos litúrgicos o imaginería devota, lo mismo da), del mismo modo que se juzga al orden social cristiano como a cosa lo bastante perimida como para tomar de él lección para ofrecer al presente ruinoso de la modernidad. Ese espíritu de impugnación y desconfianza hacia las intermediaciones, propio del protestantismo, se posesionó de tal manera de la Iglesia que puede decirse que ésta ya profesa, prácticamente, una fe anómala, una fe fundada en una aprehensión de las realidades actuales y las esperadas divergente por principio de la que el cristianismo histórico conoció. Tanto que, como acierta a decir Amerio, «todo el concepto de fe se convierte aquí en el de herejía, porque la palabra divina es asumida sólo en tanto reciba la forma de la persuasión individual», sin ese vínculo orgánico de la communio sanctorum. Esto resulta claramente del renegar de las generaciones de cristianos que nos precedieron.

  Esta es la Iglesia que pide perdón al mundo, que se avergüenza de haber sido como fue. Que, picada de aberrante utopismo, desconoce «el verdadero sentido de la estrecha unidad del tiempo y la eternidad en el ámbito de la existencia humana» (Niebuhr). No nos sorprenda, pues, que el valor auxiliar de esa escenografía a lo divino que supo hacerle fondo a todas las manifestaciones vitales del Cuerpo Místico resulte vilipendiado por la misma Jerarquía que debiera proponerlo para provecho de los fieles.

  Lo curioso, con todo, es que a esta merma de lo ostensible, de lo representativo, le subsiga una promoción insospechada de al menos uno, sí, de los elementos propios del teatro: la actuación. El pontificado Bergoglio señala claramente el abuso de ésta hasta la extenuación. Porque si muchos destacaron en su momento la prestancia escénica de Juan Pablo II, derivándola de la experiencia actoral de su juventud, con Francisco la cosa toma otro carácter. Ya no se trata sólo de saber desenvolverse ante multitudes, sobre el tablado: ahora hay que hablar de los travestimentos y metamorfosis más o menos patentes a quien aún conserve el sentido de la vista, del empeño puesto en persuadir, en influir de modo casi magnético, ocultando el verdadero rostro. Del actor (hypokrités), al menos esta cualidad le es común al Papa reinante.

   Lo supo señalar ya hace algunos meses, pese a las elocuentes trazas de «pensamiento débil» típicas de las izquierdas -pese a confundir en una misma frase los conceptos de evolución y revolución, y pese a mil otras levedades propias de caletres progres-, uno de esos curas remanentes del sesenta y ocho que, apresurado por llevar más lejos la demolición emprendida por Bergoglio, llega a reprocharle a éste, a propósito del notable cambio del rictus avinagrado de antaño en la sonrisa inmutable de hogaño, que el tal «es un gesto muy estudiado, toda su gestualidad lo está. Es una puesta en escena», y que Bergoglio «está lidiando en el mismo escenario» que las sectas protestantoides. «Es decir, mediáticamente, haciendo un gran show como las iglesias electrónicas». ¿Hay alguien, acaso, que todavía no lo haya advertido?

  En uno de sus artículos juveniles sobre cine, Borges ponderaba a una película en particular -no recordamos ahora cuál- como «una de las mejores que haya dado el cine argentino, es decir, una de las peores del mundo». Señaladamente, las actuaciones han sido siempre muy deficitarias en nuestras latitudes: por lo lentas, por lo previsibles, por lo sobreactuadas, como gusta decirse ahora. Bergoglio reproduce esas malas cualidades y sin embargo se lo aplaude, lo que da cuenta de una degradación del gusto del público orbital, que al menos antes pedía un mayor verismo en las tablas.

  El drama de la Iglesia se convierte, a instancias de Francisco, en alegre mojiganga, en mascarada festiva. Lo suyo, depuesto el enojoso ceremonial y los paramentos otrora de rigor, ha devenido un unipersonal voluntariamente ascético en recursos escénicos, desharrapado si se quiere, que podría incluso llevar por lema el cínico programa que Lope señaló para sus comedias:


... como las paga el vulgo, es justo
hablarle en necio para darle gusto.


  Pero que, no habiendo nada oculto que no llegue a descubrirse, deja ver por esas siempre condenadas, mal selladas rendijas, cuánto toque a la ficción y cuánto a la realidad. Porque ocurre a menudo que, a expensas de un muy declamado irenismo, se agazapa un Robespierre. Como bien lo señala por estos días un entonado Cesare Baronio:

tener un Papa que se pone la nariz de payaso ya es bastante. Alguno pensará que sufre de algún trastorno de la personalidad: explíquenle quién es el Papa y qué debe hacer, de lo contrario la próxima vez ya nadie le prestará atención. Quizás es justo esto lo que quieren Scalfari & Co.
 A menos que...
A menos que no se trate sino de una máscara: mientras todos suponen hallarse ante un inofensivo simpaticón, se quita la nariz de clown y -¡epa!- le reaparece la tiara pontificia en la cabeza, en virtud de la cual remueve a Burke de la Congregación de los Obispos y manda a paseo al cardenal Piacenza y se apresura a reformar la liturgia. Porque, no lo olvidemos, puede incluso bailar el tango y chacotear con los futbolistas, pero sabe muy bien dónde quiere llegar y, Papa o no Papa, tiene los instrumentos para lograrlo.




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

6 comentarios:

  1. Anónimo4/1/14 9:19

    Autorizan que rabinos puedan chupar penes de bebés judíos en Nueva York
    http://naturaboni.blogspot.com.ar/2013/12/bebes-judios-en-nueva-york.html

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  2. Anónimo4/1/14 18:33

    Dias pasados, estuve "investigando" cual puede ser el meollo pensante y actuante de toda esta "rotura" y no mejoramiento de Iglesia...me acerqué al Frankismo de Bohemia, y a un tal Zeví, un judio del 1600 por ahí, talmudco y cabalístico, que "creido y proclamado mesias por muchos rabís judios", llevó a sus seguidores, cada vez mas encumbrados, tanto como que Marx, Ataturk, y otros son sus discipulos lejanos, a considerar que si Dios no se les presentaba por las buenas que hacían, pues a través del mal que ellos harían lo haría ... Y todo esto de "las hecatombes de cristianos en el mundo" desde principalmente la aparición de Lutero hasta hoy, y en especial el ataque al Catolicismo Tradicional Romano, a través de todas las perversiones...pues tiene en estos "sembradores de maldad" su origen, pues se consideran en su "soberbia" los que usan la mano de izquierda de Dios... Luego la seduccion y el arte del engaño escénico y comunicativo, que "casualmente" dominan las industrias del cine y los massmedias sionistas-masonicos, no es baladí o de un "tonto"...sino de algo muy bien pensado y planeado...que nos lleva a la situación que una vez leí: Solo el horror y el dolor al máximo nivel cuando los llantos de los inocentes y otros sacrificados sean tan grande, pues al no sentir el afecto de Dios, su amor, llevan a estos despechados a causar el mal, tanto, por la razón de que Dios les heche cuenta y les hablen... ... ; y esta locura que veo, y se prueba con el aborto, la eutanasia, el enviciamiento, etc... me demuestra que estos "faltos de amor", "despechados por no saber amar", buscan que lo que quieren se presente ... ... Si, ya sabemos que Dios escribe su plan con renglones torcidos, pero ¿permitirá que el sufrimiento y el dolor llegue al extremo de provocar su intervención, sin darnos fuerzas a los que queremos luchar contra el Mal para reconducir la situación, tal como dice Fatima, Garabandal y otras Profecias?...

    Manuel R.L. Vieja Hispania

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    1. Estimado Manuel, disfruto mucho de tus comentarios. Mencionar la soberbia de quienes creen usar la mano izquierda de Dios, me parece la mejor manera de describir a quienes señalados como hijos de su padre Satanás, nada menos que por Nuestro Señor Jesucristo, hoy son reivindicados como depositarios de una alianza, "nunca abolida", lo que deja sin ningún sentido el catolicismo. AL decir catolicismo me parece hasta redundante decir tradicional porque no entiendo que exista otro.
      El querer que el mal extremo sea el motivo de que Dios se les haga presente, puede en estos pérfidos personajes ser un anhelo perverso, pero que en definitiva no está alejado de la realidad; y de hecho podemos como cristianos, hasta desear el máximo de los males a fin de que de esa manera regrese Cristo y dejemos de estar sometidos a las presiones y seducciones cada vez más astutas del demonio.
      San Pio X mencionaba parafraseando a San Hilario que: "Cuando no pueda sostenerse el depósito de la fe, vuelve Cristo" y en esta pantomima o representación burda de catolicismo a la que asistimos; ¿como no pensar que estamos más que próximos a esa situación?
      En Garabandal se mencionó que después de Juan XXIII solo iban a haber 3 papas (descontando uno por su corto pontificado) y después no iban a haber más, y de ese modo a mi modo de ver y entender creo que nos está dando las herramientas que necesitamos para resistir. Esto es con el conocimiento. Ese conocimiento que a veces queremos no tener como niños que tapándose los ojos pretenden que desaparecen los peligros, pero que sin embargo y a pesar de la soledad que nos acarrea, no sirve para ponernos en guardia, para levantar las cabezas, y hasta para alegrarnos sabiendo que falta poco para nuestra liberación. Entonces, las fuerzas vienen de esa convicción que pocos tenemos, pero que implican que las promesas se están cumpliendo al pie de la letra, y que el mal que hoy es humanamente invencible, el aborto, la sodomía, la perversión de niños en las escuelas, y las guerras en nombre de la diosa democracia del Nuevo Orden Mundial judeo-masónico; no son sino el preludio del triunfo definitivo de Jesucristo y con él de los que perseveren hasta el final.
      Entonces, esa convicción ya es una herramienta, y va a hacer que la esperanza se mantenga intacta, no solo en estos momentos, sino en los que vienen que van a ser todavía más difíciles.
      UN abrazo Manuel, gracias por visitarnos.

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    2. Anónimo6/1/14 15:13

      para Manuel R.L. Vieja Hispania
      http://www.fatima.org/span/

      http://www.fatima.org/span/crusader/cr99/cr99pg03.pdf

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    3. Anónimo6/1/14 21:24

      Agradecido. Tomo mi esfuerzo. Como nota, sobre dicho texto, tenemos hasta 2017 como tiempo dado, fecha que coincide con la manifestada por Conchita de S.Sebastian de Garabandal, como el año clave del aviso. Pero el mal no cede en su empuje. En estos momentos, el PSOE, Socialistas, insta a todos los socialistas de la UE, a que los apoye en contra de la Ley del Aborto restrictiva que se está negociando en el parlamento español... Y al mismo tiempo apoya al mismo gobierno en la financiación de la guerra contra el Gobierno de Assad en Siria. Y tal vez ataquen al Correa, el Pte. de Ecuador por oponerse al aborto...

      Un saludo. Manuel R.L. "Vieja Hispania".

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  3. Buen análisis Manuel y buen apunte Augusto, no dejo de visitar el blog.
    Quería aportar mi punto de vista sobre lo que dices del conocimiento, el conocimiento es importante y un fuerte punto de apoyo y una gracia Divina, pero creo que lo realmente importante es perseverar como dices, no ceder y por supuesto hacer uso de las herramientas de oración, como siempre nos lo ha transmitido Nuestra Señora, el rezo del Santo Rosario y frecuentar los sacramentos. También rezar la Corona de la Divina Misericordia y ser muy buenos importantísimo (caridad).
    Ese conocimiento es una gracia más, tantas apariciones, profecías de Santos etc... Todo esto no sino el amor que nos tiene Dios para que sino nos convertimos por las buenas (amor incondicional hacia El) nos convirtamos por las "malas" (miedo a la condenación). Pongo "malas" entre comillas porque al final es reconocer a Dios como Señor del Universo, su grandeza y dueño de nuestras vidas y lo que en un principio puede nacer de un miedo a condenarse deriva en un reconocimiento y abandono de nuestras vidas en Dios.

    Un abrazo a todos.

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