San Juan Bautista

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jueves, 3 de julio de 2014

LA NUEVA IGLESIA, TIRANÍA PROMETEICA - Por Flavio Infante


Como complemento a la anterior entrada, ofrecemos aquí un dato esclarecedor de aquello que podría llamarse la "distorsión populista del Santísimo Sacramento" en la persona del pontífice reinante. Lo tomamos de un muy jugoso artículo de Maurizio Blondet disponible aquí, cuya traducción no podemos ofrecer en toda su extensión por imposibilidad material.

Ocurrió después de la Asamblea General de los obispos italianos, a fines de mayo pasado, cuando el Papa se dispuso a responder a las preguntas que le fueran formuladas por los prelados allí presentes. «Muy contentos los obispos italianos han rivalizado haciendo preguntas que complaciesen a Francisco -en otros tiempos se la hubiera llamado una "justa de adulación"-, en realidad para obligarlo a explicitar su teología implícita, que los obispos arden por aplicar en sus diócesis, para instaurar la nueva iglesia según sus desiderata. Y hete aquí lo que escribió el 23 de mayo el vaticanista de La Stampa Marco Tosatti; éste registra la cuestión, puesta en términos "desesperados" por el obispo de una pequeña diócesis (cuarenta mil habitantes) que se lamentaba de que una parte del clero es "conservadora" y no quiere dar la comunión en la mano. El Papa le ha aconsejado que aplicase severas medidas disciplinarias, porque "no se puede defender el Cuerpo de Cristo ofendiendo el Cuerpo social de Cristo"».

Esta última definición no es nueva en boca de Francisco, que ya en otras ocasiones gustó de identificar el misterio de la Encarnación del Verbo con la "carne de los pobres", y supo asimismo señalar -en uno de sus habituales saltos dialécticos sin ulteriores explicitaciones- que el delito de la trata de personas "ofende al Cuerpo de Cristo". Nótese, además, la exhortación a aplicar "severas medidas disciplinarias" contra aquellos clérigos que guardan la debida disciplina de los sacramentos. Tampoco esta peculiar praxis sorprende ya a nadie.

La lenta deriva de la doctrina vigente acerca de la Iglesia como Cuerpo Místico en un vidrioso «cuerpo social» hizo su fortuna desde los días de Juan Pablo II, quizás el primer pontífice que llamó a la Iglesia «el cuerpo social de Cristo en la unidad de todos los miembros de la comunidad eclesial» (Audiencia general, 20-11-1991). Si es lícito deducir de ello el maltrato de que se hace objeto al Sacramento, que lo juzgue Aquel que se oculta detrás de las Sagradas Especies. Lo que nos parece obvio es la inspiración inmanentista, antropocéntrica, de esta transposición semántica. Y la escala que, por vía de metonimia y de embozo, puede verificarse entre "pueblo" y "hombre", y entre éste y "yo". En ese insistente y doble recurso de nimbar al pueblo y degradar a Dios lo que se oculta es ese improbus amor sui que señalara san Agustín, el amor desordenado de sí mismo. Es el sello inequívoco de los tiranos.




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