San Juan Bautista

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lunes, 31 de marzo de 2014

Callar sobre el Infierno: Grave Pecado de Omisión - Por el P. Marcel Nault


FÁTIMA Y LA VISIÓN DEL INFIERNO

  El Padre Marcel Nault nació el 3 de marzo de 1927 en Montreal, Canadá.

  Su vocación fue relativamente tardía. Se ordenó como sacerdote diocesano el 4 de marzo de 1962, un día después de su cumpleaños 35.

Ofrecemos su discurso pronunciado en la Conferencia Mundial de Paz de Obispos Católicos, en Fátima, Portugal, en el año 1992 sobre el Infierno y la visión que de el tuvieron los pastorcitos de Fátima.

  Este discurso causó tal impacto que después de la conferencia, algunos Obispos pidieron al Padre Nault que escuchara sus confesiones.

  El 30 de marzo de 1997, domingo de Pascua, a las 12:00 del mediodía, el Padre Marcel Nault fue llamado de esta vida terrenal a la presencia de Dios a quien él amó y sirvió con profunda devoción.

Discurso del Padre Marcel Nault

  Nuestro Señor Jesucristo vino a la tierra por un motivo, para salvar a las almas del Infierno. Enseñar la realidad del Infierno es la tarea más importante e ineludible de la Santa Iglesia Católica. Uno de los grandes Padres de la Iglesia, San Juan Crisóstomo, continuamente enseñaba que Nuestro Señor Jesucristo predicaba con más frecuencia sobre el Infierno que sobre el Cielo.

  Algunos piensan que es mejor predicar sobre el Cielo. No estoy en acuerdo. Predicar sobre el Infierno produce muchas más y mejores conversiones que las obtenidas con la mera predicación sobre el Cielo. San Benito, el fundador de los Benedictinos, al estar viviendo en Roma el Espíritu Santo le dijo: “Tú vas a perder tu alma en Roma e irás al Infierno.” Él dejó Roma y se retiró a vivir en el silencio y la solicitud fuera de Roma para meditar sobre la vida de Jesús y el Santo Evangelio. San Benito huyó de todas esas ocasiones de pecado de la Roma pagana. Él oró, se sacrificó por sí mismo y por los pecadores. El Espíritu Santo difundió la noticia de su santidad. Como resultado, la gente lo visitaba para ver, escuchar y seguir su ejemplo y consejo. San Benito se apartó por sí mismo de toda ocasión de pecado y alcanzó la santidad. La Santidad atrae a las almas.

  ¿Por qué piensan que San Agustín cambió su vida? ¡Por temor al Infierno! Yo predico con frecuencia sobre la trágica realidad del Infierno. Es un dogma católico que sacerdotes y obispos ya no predican más. El Papa Pío IX, que pronunció los dogmas de la Infalibilidad del Papa y el de la Inmaculada Concepción de María, y que también emitió su famoso Sílabo condenatorio contra los errores y herejías del mundo moderno, solía pedir a los predicadores que enseñaran a los fieles con mayor frecuencia sobre las Cuatro Postrimerías, en especial sobre el Infierno, así como él mismo daba el ejemplo predicando. El Papa pidió esto porque la meditación sobre el Infierno genera santos.


LOS SANTOS TEMEN AL INFIERNO

  Aquí nos encontramos con algo curioso, los santos temen ir al Infierno pero los pecadores no sienten tal temor.

  San Francisco de Sales, San Alfonso María Ligorio, el Santo Cura de Ars, Santa Teresa de Ávila, Santa Teresita del Niño Jesús, tuvieron miedo de ir al Infierno.

  San Simón Stock, el Superior General del Carmelo, sabía que sus monjes tenían miedo de ir al Infierno. Sus monjes ayunaban y hacían oración. Vivían recluidos, separados del peligroso mundo dominado por Satanás. Aún así tenían miedo de ir al Infierno. En 1251, Nuestra Señora del Monte Carmelo se apareció en Aylesford, Inglaterra, a San Simón Stock. Ella le dijo: “No teman más, te entrego una vestidura especial; todo el que muera llevando esta vestidura no irá al Infierno.” Yo llevo puesto mi Escapulario Café bajo mis vestiduras y llevo otro en mi bolsillo porque nunca sé cuándo la gente me pedirá que les hable sobre el Infierno o el Escapulario Café. María dijo al sacerdote dominico, el beato Alán de la Roche, “Yo vendré y salvaré al mundo a través de Mi Rosario y Mi Escapulario.”

  Uno no puede especializarse en todo y enseñar sobre todo; uno debe elegir. Yo creo que ésta es la voluntad de Dios: que yo predique sobre el Infierno. Un Monseñor, mi superior hace tiempo, me dijo en una ocasión: “Predicas con demasiada frecuencia sobre el Infierno y eso asusta a la gente.” Él agregó: “Marcel, yo nunca he predicado sobre el Infierno, porque a la gente no le gusta. Tú los asustas.” En un tono muy amistoso, Monseñor me dijo en su oficina: “Marcel, yo nunca he predicado sobre el Infierno y nunca lo haré, y mira qué agradable y prestigiada posición he alcanzado.” Yo guardé un largo silencio, luego lo mire a los ojos. “Monseñor”, le dije, “usted está en la vía del Infierno para toda la eternidad. Monseñor, usted predica para complacer al hombre, en lugar de predicar para complacer a Cristo y salvar a las almas del Infierno. Monseñor, es un pecado mortal de omisión el rehusarse a enseñar el Dogma Católico sobre el Infierno.”

  Cuando Dios envió Profetas en el Antiguo Testamento, fue para recordarle al hombre que regresara a la verdad, que regresara a la santidad. Jesús vino, predicó y envió a sus Apóstoles al mundo para predicar el Santo Evangelio. La Serpiente vino y difundió su veneno a través de herejías, pero Jesús envió a su Amadísima Madre, la Reina de los Profetas: “Ve a la tierra y destruye las herejías.” Los Padres de la Iglesia han escrito que la Madre de Dios es el martillo de las herejías.

  Si se toman el tiempo de estudiar con gran atención el mensaje de Nuestra Señora de Fátima, notarán que es un mensaje de lo más trágico y profundo, que refleja las enseñanzas del Santo Evangelio.


LAS LECCIONES DADAS EN FÁTIMA

  El resumen del Mensaje de Fátima es, que el Infierno existe. Que el Infierno es eterno y que iremos ahí si morimos en estado de pecado mortal. “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?” Nuestra Señora vino y nos dijo que podemos salvarnos a través de sus dos divinos sacramentos de predestinación: el Santo Rosario y el Escapulario Café. También manifiesta un énfasis especial sobre la Devoción a su Inmaculado Corazón y la Devoción de los Primeros Cinco Sábados. En la primera aparición del Ángel de Portugal en el Cabeco, en mayo de 1916, el Ángel vino a los tres niños y les mostró cómo adorar a Dios con la oración: “Dios mío, yo creo, adoro, espero y Te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni adoran, ni esperan y no Te aman.” El Ángel oró esta oración mientras se postraba con la frente en el suelo. El Ángel de Fátima les había mostrado a los tres niños en el orden de las oraciones, qué es lo primero. Primero, uno debe adorar a Dios y después orar a los santos. Primero Dios, las criaturas después. El Ángel de Fátima mostró al hombre que debe adorar a Dios y orar ante Él de rodillas. Entre más conoce el hombre a Dios, más se humilla ante Dios su Creador.

  El gran Obispo francés Bossuet dijo: “El hombre en verdad se engrandece cuando está de rodillas.” Sí, el hombre realmente se engrandece cuando se arrodilla ante su Creador y Redentor, Jesús, en el Santísimo Sacramento. El Ángel de Fátima vino a enseñarles a los tres niños que nuestro primer deber, de acuerdo con el Primer Mandamiento, es adorar a Dios. En su tercera aparición en el Cabeco, el Ángel de Portugal vino con un Cáliz en su mano izquierda y una Hostia en la mano derecha. Los niños se preguntaban qué estaba pasando. El Ángel milagrosamente suspendió el Cáliz y la Hostia en el aire y se postró en tierra y recitó una oración Trinitaria de profunda adoración: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Te adoro profundamente y Te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de todas las ofensas, sacrilegios, abandonos e indiferencias con Él mismo es ofendido y por los méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y por la intercesión del Inmaculado Corazón de María, Te pido la conversión de los pobres pecadores.”

  Dios desea que Le adoremos de rodillas. ¿Nos arrodillamos en adoración y oración ante Jesús en el Santísimo Sacramento? Debemos hacerlo. Cuando los tres Reyes Magos de Oriente fueron a Belén y entraron en donde estaba el Niño Jesús, se postraron frente a Él para adorarlo de rodillas. Tenemos este ejemplo en las Escrituras y del Ángel de Fátima, que Dios quiere que Le adoremos de rodillas.


EL REFORZAMIENTO DE LOS DOGMAS CATÓLICOS

  Un año más tarde, el 13 de mayo de 1917, los niños vieron a una jovencita aparecerse ante ellos. Era la primera aparición de Nuestra Señora. Lucía le preguntó: “¿De dónde vienes?” Ella le contestó: “Vengo del Cielo.” El Dogma Católico de la existencia del Cielo. Los niños preguntaron: “¿Iremos al Cielo?” Ella contestó: “Sí, irán al Cielo.” Entonces preguntaron: “¿Nuestras dos amiguitas están en el Cielo?” María les contestó: “Una de ellas, sí”. Los niños preguntaron: “¿Dónde está la otra chica? ¿Está en el Cielo?” María les contestó: “Ella está en el Purgatorio y lo estará hasta el fin del mundo.” Esta chica tenía unos 18 años de edad. Un segundo Dogma Católico, el Purgatorio existe y prevalecerá hasta el fin de este mundo. La Madre de Dios no puede mentir. El Ángel de Fátima enseñó a los tres niños cómo adorar a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Este es un reforzamiento del Dogma de la Santísima Trinidad, el mayor de todos, sin el cual la Cristiandad no podría permanecer. Debemos adorar a las Tres personas de la Santísima Trinidad.


UNA VISIÓN DEL INFIERNO

  El viernes 13 de julio de 1917, Nuestra Señora se apareció en Fátima y les habló a los tres pequeños videntes. Nuestra Señora nunca sonrió. ¿Cómo podía sonreír, si en ese día les iba a dar a los niños la visión del Infierno? Ella dijo: “Oren, oren mucho porque muchas almas se van al Infierno.” Nuestra Señora extendió sus manos y de repente los niños vieron un agujero en el suelo. Ese agujero, decía Lucía, era como un mar de fuego en el que se veían almas con forma humana, hombres y mujeres, consumiéndose en el fuego, gritando y llorando desconsoladamente. Lucía decía que los demonios tenían un aspecto horrible como de animales desconocidos. Los niños estaban tan horrorizados que Lucía gritó. Ella estaba tan atemorizada que pensó que moriría. María dijo a los niños: “Ustedes han visto el Infierno a donde los pecadores van cuando no se arrepienten.”


UN DOGMA CATÓLICO MÁS, LA EXISTENCIA DEL INFIERNO

  El Infierno es eterno. Nuestra Señora dijo: “Cada vez que recen el Rosario, digan después de cada década: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del Infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia.” María vino a Fátima como profeta del Altísimo para salvar a las almas del Infierno.

  El patrono de todos los pastores, San Juan María Vianney, solía predicar que el mayor acto de caridad hacia el prójimo era salvar su alma del Infierno. Y el segundo acto de caridad es el aliviar y librar a las almas de los sufrimientos del Purgatorio. Un día en su pequeña iglesia (donde hasta este día se conserva su cuerpo incorrupto), un hombre poseído por el demonio se le acercó a San Juan María Vianney y le dijo: “Te odio, te odio porque arrebataste de mis manos a 85 mil almas.”

  Eminencias, Excelencias, Sacerdotes, cuando seamos juzgados por Jesús, Jesús nos hará una sola pregunta: “Yo te constituí Sacerdote, Obispo, Cardenal, Papa, ¿cuántas almas salvaste del Infierno?”  San Francisco de Sales, de acuerdo con estadísticas, ha convertido, y probablemente salvado, a más de 75 mil herejes. ¿Cuántas almas has salvado tú?

  Cuando leemos a los Padres de la Iglesia, a los Doctores de la Iglesia y a los santos, uno se estremece ante una realidad: todos ellos enseñaron el Evangelio de Jesús y sobre las Cuatro Postrimerías: Muerte, Juicio, Infierno y Paraíso. Todos han predicado el Dogma Católico del Infierno porque cuando meditamos en el destino de los condenados, no deseamos ir al Infierno.

  No es mi intención criticar a los Obispos, pero debo confesar esta verdad. En mis 30 años de sacerdocio, es triste reconocer que nunca he visto, ni escuchado, que un Obispo, aún mi Obispo o cualquier otro Obispo, predique el Dogma de la Iglesia Católica Romana sobre el Infierno.

  Supongo que en sus países o en otros lugares sí lo hacen, pero en Norteamérica no es predicado este Dogma de Fe. Cierto día en una catedral le dije a un Obispo: “Su Excelencia, usted realiza bellas meditaciones sobre el Santo Rosario cada noche por la radio. Esto es hermoso. Pero debo preguntarle, por qué no abrevia un poco su meditación e inserta después de cada década del Rosario la oración: “Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del Infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia.” ¿Por qué se rehúsa decir esta pequeña oración después de cada década, tal como lo pidió Nuestra Señora de Fátima el 13 de julio de 1917, después de que les había mostrado el Infierno a los tres videntes? El Obispo me dijo: “Mire, a la gente no le gusta que prediquemos sobre el Infierno, la palabra Infierno les asusta.” No estamos para predicar lo que complazca a las multitudes sino para salvar sus almas del Infierno, para evitar que vayan al Infierno eternamente. Es probable que esta afirmación no sea aceptada por todos los Obispos pero con frecuencia los oigo rezar el Rosario omitiendo esta oración piadosa para salvar almas del Infierno. Yo creo que esta pequeña oración de Nuestra Señora de Fátima dada a los niños el 13 de julio de 1917, es más poderosa y más placentera a Dios que cualquier meditación por bella que sea, aunque haya sido expresada por un Obispo. Cada uno de nosotros hemos recibido nuestra misión de Dios, y creo que Jesús y Nuestra Señora desean que mi misión sea que yo predique sobre el Infierno. Por esto es que predico sobre el Infierno. Hay muchas revelaciones que podemos leer en la biografía de las almas privilegiadas. Algunas almas que están al Infierno han sido obligadas por Dios a hablarnos para ayudarnos a crecer en nuestra fe.

  Constituye un pecado mortal de omisión el rehusarse a predicar el Dogma Católico sobre el Infierno. Tales almas condenadas han dicho: “Podríamos soportar estar en el Infierno por mil años. Podríamos soportar estar en el Infierno un millón de años, si supiéramos que un día dejaríamos el Infierno.”

  Amigos míos, debemos meditar, no sólo en el fuego del Infierno, no sólo en la privación de contemplación de Dios, sino que debemos también meditar en la eternidad del Infierno. Meditar seriamente frente al Sagrario sobre el Dogma Católico sobre el Infierno. Queridos Obispos, ustedes deben predicar por completo el Evangelio de Jesús, incluyendo la trágica realidad del Infierno eterno.


CONCEPTO HERÉTICO DE LA MISERICORDIA DE DIOS

  Un sacerdote en una conferencia carismática dijo a una multitud de unas 3 mil personas y unos 100 sacerdotes que: “Dios es amor, Dios es misericordia y verán su infinita Misericordia en el fin del mundo, cuando Jesús liberará a todas las almas del Infierno, aún a los demonios.” Este sacerdote sigue predicando y su Obispo no suspende sus facultades por enseñar tal herejía. “Vayan al fuego eterno”, dijo Jesús. Fuego eterno, no fuego temporal.

  La verdad es que el Infierno existe. El Infierno es eterno, y todos iremos al Infierno si morimos en estado de pecado mortal. Yo puedo ir al Infierno. Ustedes pueden ir al Infierno. Si algunos de nosotros morimos en pecado mortal, estaremos en el Infierno por toda la eternidad, ardiendo, llorando y gritando sin consuelo. No por un millón de años, sino por billones y billones y billones de años y más allá, por toda la eternidad. En nuestra vida mortal, ¿quién no ha cometido un pecado mortal? Un solo pecado mortal no confesado con arrepentimiento, antes de morir, es suficiente para que Jesús nos arroje al Infierno.

  Uno de los grandes Padres de la Iglesia, Patrón de todos los predicadores católicos, San Juan Crisóstomo dijo: “Pocos Obispos se salvan y muchos sacerdotes se condenan.” Cuando venía de Lisboa a Fátima por autobús, tuve la ocasión de predicar a los laicos, sacerdotes y obispos presentes en el autobús. Les imploré: “Por favor, cuando lleguen a Fátima, por qué no se animan a hacer una buena confesión general de vida. Quizás hace diez años, quizás hace cincuenta, no han tenido el valor de confesar ese pecado grave por vergüenza. Por favor, hagan una confesión santa y completa en Fátima antes de su regreso. Hay muchos sacerdotes en Fátima que nunca más volverán a ver hasta que lleguen al Cielo.” Yo predico a los Obispos como lo hago con toda persona, porque los Obispos también tienen un alma que salvar. Y si los Obispos son realmente humildes, aceptarán la verdad aún si proviene de un simple y ordinario sacerdote. No nos vayamos de Fátima sin hacer una Santa Confesión General.


UN GRAN ACTO DE CARIDAD

  Sus Excelencias, Jesús nos hizo sacerdotes. Jesús, Nuestro Señor, nos escogió entre millones de hombres para hacernos sacerdotes. Nos hicimos sacerdotes por un motivo: para ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa a Dios Padre Todopoderoso, para rezar el Breviario cada día y para predicar el Evangelio de Jesús para salvar las almas del Infierno. Nadie tiene la seguridad de ir al Cielo a menos que haya recibido una revelación privada de Dios como le ocurrió al Buen Ladrón en la cruz o a los tres videntes de Fátima. ¿Por qué no abrazar los medios seguros que el Cielo nos ha dado, el Santo Rosario (“la devoción a Mi Rosario es un signo seguro de predestinación”), el Escapulario Café y el maravilloso Sacramento de la Confesión.

  Prediquen, mis queridos Obispos, como los hacían los Padres de la Iglesia. La tarea principal de un Obispo es predicar, no sólo administrar una diócesis. La Iglesia necesita ver y escuchar a los Obispos predicando como lo hacían los Padres de la Iglesia. Si uno solo de ustedes, Obispos presentes aquí en Fátima, regresara a su diócesis y en ciertas ocasiones predicara sobre las Cuatro Postrimerías junto con todo el mensaje de Fátima, qué gran acto de caridad sería para todos sus amados fieles. Con la asistencia del Espíritu Santo digan a sus fieles: “Escuchen, mis hermanos en Cristo, yo soy su Obispo, estoy aquí para salvar su alma del Infierno. Por favor escuchen, acepten y mediten mi enseñanza en este día. Ustedes también, mis amados sacerdotes de mi diócesis, imiten a su Obispo, y prediquen sobre el Infierno con la autoridad que Jesús les ha dado. Prediquen cuanto menos una vez al año un sermón completo sobre el Infierno.” Si hacen esto, estarían realizando el mayor acto de caridad de su sacerdocio, de su episcopado. Como mencioné anteriormente, en mis treinta años de sacerdocio, nunca he escuchado a un Obispo predicar sobre el Infierno. Cuando deseo encontrar un sermón sobre el Infierno, me veo obligado a leer a San Juan Crisóstomo, a los Padres de la Iglesia, a los Doctores de la Iglesia y a los santos predicadores. Queridos Obispos, por favor, prediquen sobre el Infierno como lo hizo Jesús, Nuestra Señora de Fátima, los Padres y los Doctores de la Iglesia y salvarán a muchas almas. Quien salva a un alma, salva a su propia alma. Predicar sobre el Infierno es un gran acto de caridad porque quienes los escuchan creerán por la autoridad que les confiere la Iglesia. Estas personas rectificarán su modo de vivir y harán una santa confesión de sus pecados.


EL VESTIDO DE GRACIA

  La gente con frecuencia me pregunta: “¿Por qué, Padre, es que ya no se predica sobre el Escapulario Café? En el pasado recibíamos el Escapulario en nuestra Primera Comunión, pero ahora ya no hay más bendiciones e imposiciones del Escapulario Café. ¿El Escapulario café sigue siendo válido como en el pasado?” Sí, el Escapulario Café es válido en estos tiempos también, esta verdad no ha cambiado. El sábado 13 de octubre de 1917, durante el Milagro del Sol en Fátima, la Virgen María apareció ante los tres videntes sosteniendo el Escapulario Café en una de sus manos. La hermana Sor Lucía dijo: “El Rosario y el Escapulario Café son inseparables.” ¿Por qué entonces los sacerdotes ya no predican sobre el Escapulario Café? ¿Cómo podrían hacerlo si deliberadamente rehúsan predicar sobre el Infierno? Si nunca predican sobre el Infierno, la gente no creerá en el Infierno y por tal motivo, ¿cuál sería el objeto de recibir y llevar consigo el Escapulario Café?

  Jesús dijo: “Si tienen fe, moverán montañas.” Si tienen fe, convertirán las almas con la gracia de Dios. Si predican sobre el Infierno con fe, la gente creerá en el Infierno. San Pablo dijo a sus discípulos: “Prediquen con convicción.” Solo pronunciar o leer una homilía en una iglesia no es predicar. La predicación debe buscar mover las voluntades; la predicación debe motivar a los hombres a cambiar sus vidas para salvar sus almas del Infierno.


LA DESERCIÓN SACERDOTAL

  Hay cuatro razones principales por las que 75 mil sacerdotes han abandonado el sacerdocio: 1) Porque se han negado a orar cada día. 2) Porque no evitaron las ocasiones de pecado y olvidaron que la prudencia es la ciencia de los santos. 3) Porque no tuvieron la humildad y el valor para hacer confesiones santas y completas. Jesús dijo: “Sin Mí, nada pueden realizar.” 4) Porque vivían en pecado mortal y continuaban celebrando. Si un sacerdote está en estado de pecado mortal y celebra la Santa Misa, es una Misa sacrílega para él. Cuando recibe la Comunión en este estado, realiza una Comunión sacrílega. Entonces, ¿cómo puede un sacerdote en estado de pecado mortal predicar bajo la inspiración y la fuerza del Espíritu Santo? ¿Cómo puede predicar si está endemoniado? Sacerdotes, vayan y hagan una santa confesión y se volverán en excelentes predicadores. El Espíritu Santo les hablará a ustedes y por medio de ustedes, y salvarán a miles de almas de ir al Infierno. Un día, el Santo Cura de Ars recibió la visita de un joven sacerdote de una parroquia cercana. Este sacerdote tenía gran interés de conocer personalmente al Cura de Ars. Después del almuerzo, el Cura de Ars le dijo: “¿Serías tan amable de escuchar mi confesión?” El joven sacerdote por poco se cae de su silla ante la súplica del Cura de Ars de escuchar la confesión de este admirable sacerdote con fama de santidad. ¡Los Santos se confiesan! Y los que se confiesan se vuelven Santos.

  Finalmente, Nuestra Señora de Fátima dijo: “Oren, oren muchos y hagan muchos sacrificios porque muchas almas se van al Infierno porque no hay quien ore ni se sacrifique por ellas.” Oremos continua y diariamente la oración que Ella nos enseñó: “Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del Infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia.” .

Visto en: Scribd.com

Nacionalismo Católico San Juan Bautista
  

sábado, 29 de marzo de 2014

Humor esjatológico en tiempos de apatía – Por Augusto TorchSon


  Siendo el año 2016, la Iglesia declara que por efecto de la misericordia sin límites de “dios”, es completamente incompetente para juzgar a los más terribles pecados y pecadores y considera que ni siquiera corresponde insistir con esos temas.  




  Habiéndose permitido asimismo la comunión a quienes se encuentran en estado de pecado mortal, el número de personas que al morir descienden al infierno es tan grande que produce un colapso en los dominios de Satanás.


  Uno de los demonios encargados del ingreso de los desgraciados, plantea a Lucifer la imposibilidad física de recibir más condenados y de hecho le muestra al jefe que solamente queda lugar para uno más.


   Lamentándose Satanás, por primera vez que el Cielo esté tan vacio, decide que el lugar vacante solo puede ser ocupado por el alma más pecadora de todas las que están en espera del suplicio eterno.


  Entonces empiezan a indagar a los malditos para determinar cual cometió el más terrible de los pecados. Pasando revista a perversos criminales, se detuvo Satanás ante un cardenal que mostraba asombro por estar en ese lugar.

   Le pregunta entonces: – “¿Y tu porqué estás aquí?”


  Responde el religioso –“No sé, ¡si yo nunca hice nada!”


Dice entonces Satanás: 

“ya tenemos al ocupante que buscábamos”




 Augusto TorchSon




 "No combatir el error es consentirlo"

“Trabajamos para suscitar legiones de Juanes Bautistas,
a quienes solo cortándoles la cabeza dejarán de hablar;
 y aún hablen con las cabezas cortadas”


Es tiempo de dar testimonio de nuestra fe



 Agradecemos a nuestros amigos Leonardo N. y Elliot C. por la colaboración

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

viernes, 28 de marzo de 2014

A RATZINGER LO QUIEREN KAPUTT – Por Flavio Infante


  Gestorben (participio por «muerto») sería el término más adecuado, pero valga kaputt (roto, destruido) por ser uno de esos pocos términos alemanes de alcance universal, bien que suele traducírselo un poco muy libremente. El caso es que la revista católica inglesa The Tablet suspendió a su corresponsal en Roma por un repugnante comentario que éste hiciera en su cuenta de féisbuc. En refiriéndose a la púrpura concedida en el último consistorio a Loris Capovilla, otrora secretario de Juan XXIII, Robert Mickens (que así se llama el sujeto acreditado en Roma por The Tablet) le soltó esta víbora a su interlocutor: «tendría que haber ocurrido hace MUCHO tiempo. ¿Piensa que aguantará hasta el funeral de la Rata?» (the Rat's funeral, donde se emplea Rat, que vale por «rata», como apócope de Ratzinger). La respuesta es no menos vilmente significativa: «espero que esté bastante bien para concelebrar la canonización de Juan XXIII y del otro el 27 de abril. El funeral de la Rata para el día siguiente sería un bonus».

  Bien se pregunta Marco Tosatti, de La Stampa, atendiendo al tipo de información que la feligresía británica habrá obtenido a lo largo de todos estos años de parte de los medios supuestamente católicos: si éstos son los amigos, ¿qué necesidad habrá de enemigos? Por lo demás, ese «otro» de quien habla el amigote de Mickens, canonizable conjuntamente con Juan XXIII, es Juan Pablo II, lo que muestra la mala consideración de que gozaron los dos últimos papas anteriores a Francisco en influyentes medios de prensa tenidos -insistamos- por católicos. Tanto como para apurar algunas incontenibles reflexiones, apoyadas un poco en las evidencias y otro poco en aquellos secretos que, malgrado sus celosos custodios, se hicieron al fin manifiestos.

  La elección de Benedicto XVI en 2005 no estaba en los cálculos de la (llamémosla así) «facción turbo-progresista», que daba por descontado el triunfo de un maleable Bergoglio, apadrinado entonces por los cardenales Martini y Silvestrini. Este último, según lo que le confiara un cardenal latinoamericano de identidad reservada a Nicolas Diat, autor de una reciente y explosiva «historia secreta de un reino» titulada L’homme qui ne voulait pas être pape, «la tarde de la elección... era un hombre abatido. Llevaba en sí una cólera sorda... Para él y para otros prelados, Benedicto XVI era la negación de la batalla reformista, la antítesis de las luchas de sus vidas». Así fue como en setiembre de 2005, violando flagrantemente el juramento (de rigor en estos casos) de no divulgar nada de lo ocurrido durante el cónclave, algún cardenal dejó caer algunos secretos del mismo en los oídos de un vaticanista italiano, todo a los fines de evidenciar que el triunfo de Benedicto había sido muy ajustado, contándose entre los cardenales un número considerable de opositores a su elección y dispuestos a entorpecer su gobierno. Entre ellos, según foto de un encuentro previo al cónclave divulgada posteriormente por el propio Silvestrini, se encontraban Danneels, arzobispo de Bruselas, los alemanes Kasper y Lehmann, el finado Martini, el inglés Murphy O'Connor y el francés Tauran (fuente aquí).

  El programa de estos dinamiteros no ha variado, y se basa -según lo confesó en su momento Martini, y según la matraca continúa sonando- en la ordenación presbiterial de hombres casados y aun de mujeres, la promoción de la conciencia personal en todo lo tocante a ética reproductiva, la admisión de divorciados rejuntados a la Eucaristía y el avío del ecumenismo más desopilante.

  La historia reciente de la Iglesia es la de una antorcha que se va apagando, y hay incluso dentro de ella quienes soplan a todo pulmón para extinguirla del todo. Es muy de creer -según aquello de que «si los días no fueran acortados, no se salvarían ni aun los mismos elegidos»- que la Iglesia fiel de las postrimerías llegará al valle de Josafat hecha jirones, con el minimum requerido para alcanzar el banquete eterno -aunque blanqueados sus lunares por la sangre martirial, embellecida por el testimonio de última hora, como Dimas. El modernismo, putrílago de la modernidad que nos amarra con todas sus cadenas espirituales, es su plaga específica, y no hay Papa posterior al Concilio que no esté más o menos picado de esta viruela. Es cosa facilitada por la condición gregaria del hombre, como el morbo de la novela de Camus: pese al denuedo de algunos médicos y auxiliares valerosos, siempre aparece un nuevo foco y la infestación alcanza renovados triunfos, imparable. Benedicto XVI, lo mismo que Juan Pablo II, aunque suscriptores de la nueva doctrina conciliar sobre ecumenismo y libertad religiosa, aunque afines a la retocada teología sobre Israel y a ciertas veleidades antropocentristas, postergaban enojosamente con sus atavismos católicos la puesta en práctica del resto del programa arriba apuntado. Aquí reside la complejidad del cuadro post-conciliar, cuya delimitación de esferas no es tan simple como pretenden los sedevacantistas. La rehabilitación póstuma de monseñor Lefebvre y el impulso a la «forma extraordinaria» del Rito Romano, entre otras imprevistas derivas de un pontífice que fuera perito del Vaticano II, eran tragos demasiado difíciles de sorber. Si los mismos eminentísimos cardenales no eran capaces de moderar su biliosa inquina para con Ratzinger, ¿qué podía esperarse de los paniaguados de la prensa progre-católica?

  Lo que ahora se auspicia es recobrar a toda vela el tiempo perdido, que, como lo señalara Martini, «la Iglesia se encuentra doscientos años atrasada respecto del calendario civil». Para ello, y para aventar cierto pánico supersticioso pronto a asomar al menor estímulo, urge sepultar a la momia viviente de Benedicto, cuya sola y frágil vista empece como lo haría una montaña puesta ante los propios errabundos pasos.

  El tenor de los sentimientos de que es capaz la secta enquistada en los Sacros Palacios revela inmejorablemente su carácter último. Lo dice un cronista inglés de los sucesos: «sería ingenuo creer que Bobby [se refiere a Robert Mickens, el redactor de la vejatoria apostilla en féisbuc] está solo en su deseo de muerte para con el "Papa muerto" aún vivo... Obviamente, el individuo con quien estaba discutiendo el asunto acordaba con él, y estos dos sin dudas no están solos en su perspectiva. Esto es lo que da miedo. No estarán contentos presumiblemente hasta que se haya ido, ya muerto, a recibir su eterna recompensa, y su memoria pueda ser lentamente (o quizás con prisa) borrada. Entiendo, sólo a juzgar por ese comentario, que existe un muy real, temible y -digamos- diabólico odio hacia Benedicto XVI vigente dentro y fuera del Vaticano, antes de su elección, durante su pontificado e incluso después de su abdicación».

  No menos dolorosa conclusión hemos leído por ahí, a propósito de este inverecundo desliz de los novatores: «dos teologías y dos doctrinas están plantadas y armadas la una contra la otra desde hace más de cincuenta años. La locura de los papas postizos nos regalará pronto (finalmente) también dos separadas Iglesias jerárquicas. En una, la de Bergoglio, sabemos ya que "Dios no es católico". Por la otra se verá...»

Visto en: http://in-exspectatione.blogspot.com.ar/

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

miércoles, 26 de marzo de 2014

Tentaciones de Cristo y la Iglesia – Por Leonardo Castellani


  De las Tentaciones de Cristo hay mucho que hablar; pero seamos breves y notemos tres puntos principales: el Tentador, el Tentado y nosotros.

  El espíritu maligno no sabía seguro si Cristo era el Mesías, ni mucho menos si era Dios o no. Parece increíble, con el talento que tiene el diablo, y conociendo las profecías mesiánicas mejor que cualquier rabino, que no sacara la conclusión que tantos hombres sacaron. Pero es así, basta leer los Evangelios; además San Pablo dice expresamente que el diablo no hubiera crucificado –por medio de los judíos– a Cristo, si hubiese sabido que era el Hijo de Dios (I Cor II, 8).

  Que un Dios se haga hombre es un Misterio Absoluto; es como si dijéramos un Absurdo: no cabe en ninguna cabeza creada. Eso no se puede conocer y saber si no es mediante un acto de fe sobrenatural, un acto que es imposible sin la gracia de Dios; la cual el diablo no tiene. La ciencia no basta para alcanzar la fe; es necesaria también la buena voluntad, de que el diablo carece.

  Por eso el fin del Tentador fue, como aparece claramente, no sólo hacer pecar a Cristo sino también sacarse él esa duda; lo cual no consiguió: “Si eres Hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en pan.” Pero hay que reconocerle al diablo que su atrevimiento es infinito: es un sinvergüenza, porque no tiene ya nada que perder. ¡Sospechando que Cristo era una persona divina, haberlo sin embargo agarrado y llevado al Campanario! “¡Qué miedo tendría el maldito –dice Santa Teresa– mientras iba volando!”... Pero en realidad no sabemos si fue volando.

  El diablo tiene un poder grandísimo –eso muestra este evangelio– y por otra parte es un poder vano, porque se puede vencer “de palabra”, con la palabra Dios.

  Gran encomio de la Escritura Sagrada hay en este evangelio: Cristo vence las Tres Tentaciones con el arma de la Escritura. Pero el poder del diablo es tremendo en los que están desarmados. Cuando le dijo a Cristo: “'Todo esto es mío y a quien yo quiera se lo doy”, mostrándole los Reinos de la Tierra –en la política se puede decir que el diablo no tiene rival– Cristo no le respondió: “¡Mentiroso! Todo esto es de Dios, no tuyo”; no se metió a discutir con él, porque en algún sentido todo eso es, en efecto, del diantre; en el sentido de que hoy día, por nuestros pecados, él mangonea todo. El es el Fuerte Armado, es la Potencia de las Tinieblas, es el Príncipe de este Mundo, como lo designó Cristo en otros lugares. Es probable que Satán de nacimiento haya sido el Arcángel que estaba predestinado al manejo y control del mundo material; o por lo menos, de este planeta; y por haber pecado, no perdió ese poder connatural para con el pobre “planeta mudo” . Pero todo poder de Dios es.

  Eso que llamaban nuestros mayores “vender el alma al diablo” es posible: es la operación que se propuso a Cristo en la Tercera Tentación. Cuando en este mundo a un malvado le va bien incesantemente, se trata un demoníaco; a los inicuos comunes, la moral los castiga a corto plazo. Si Dios no se lo impide, el diablo puede hacer cosas rarísimas con los hombres; y eso yo lo sé por los libros; pero si yo dijera que lo sé solamente por los libros, mentiría.

  ¿Por qué tentó a Cristo con esas cosas raras? Con la Bobobrígida o algunas de las otras animalitas de Dios que nos hacen el honor de divertir a la plebe porteña; con la llave del Banco Central; o con las urnas llenas de votos en el Congreso, yo lo tiento a cualquiera. Pero ¿con piedras, con vuelos sin motor, con promesas fantásticas de imperios universales?...

  El diablo sabía que Cristo era un varón religioso –lo había visto prepararse para su misión religiosa con el ayuno de Moisés, lo había visto arder como una gran fogata en oración continua–; y lo tentó como a un hombre religioso: en el plano religioso, no en el plano carnal. Una nota del Evangelio traducido por Straubinger dice: “la primera fue una tentación de sensualidad”... Es un error. Las tres fueron tentaciones de soberbia. El diablo tienta de soberbia, no de sensualidad, a los que hacen Cuaresmas tan rigurosas como Cristo.

  El diablo es la mona de Dios, puesto que querer ser como Dios fue su caída y es su constante manía. El diablo tienta prometiendo o dando las cosas de Dios: lo mismo que Dios nos ha de dar si tenemos espero y fidelidad: Cristo podía procurarse pan con esperar un poco –“y los ángeles se lo sirvieron”– sin necesidad de un milagro. El diablo nos empuja, nos precipita, es la espuela del mundo: nos invita a anticipar, a desflorar, a llegar antes. A los primeros hombres les dijo: “Seréis como dioses” que es efectivamente lo que Dios se propuso hacer y hace, por medio de la adopción divina (la gracia elevante) y la visión beatífica, con el hombre. “Entonces seremos como El, porque le veremos como Él es”, dice San Juan. Eva pecó porque codició una anticipación de la visión divina. No podemos ser tentados sino de acuerdo a nuestro natural.

  Así pues a Jesús lo tentó de acuerdo a su natural con lo mismo que Él había de lograr un día: Cristo había de convertir las piedras de la gentilidad en el pan de su Cuerpo Místico, conforme a aquello: “Creéis vosotros que de estas piedras no puedo yo sacar hijos de Abraham?”. Cristo había de volar visiblemente a los cielos delante de sus apóstoles y unos quinientos discípulos. Finalmente, Cristo algún día ha de ser Rey Universal del mundo entero, como lo es desde ya en derecho y esperanza.

  El diablo está hoy día tentando a la Humanidad con un Reino Universal obtenido sin Cristo con las solas fuerzas del hombre. Todo ese gran movimiento del mundo de hoy (la ONU, la UNESCO, la Unión de las Iglesias Protestantes, los Grandes Imperialismos, las promesas de “mil años de paz” por parte de los Conductores) representa esa aspiración irrestrañable de la Humanidad al Milenio, a su unidad natural y pacífica, a su integración como Género Humano.

  Es inútil oponerse a esa aspiración actualísima –se equivocan los ultra-nacionalistas– porque es un anhelo que está en las entrañas de la evolución histórica del mundo, como que es una promesa divina. Pero el diablo quiere llegar antes. Los cristianos sabemos que esto vendrá, pero que sólo puede venir con y por Cristo; y que esta manera como se está haciendo ahora, no podemos aceptarla, porque es la vasta preparación del Anticristo. “Si esto es servir a la patria, a mí no me gusta el cómo.” De manera que aparecemos como impotentes por un lado; como atrasados y reaccionarios por otro. Paciencia.

  La Iglesia hoy día aparece en plena crisis; no puede conseguir la paz de los pueblos, la necesidad más urgente del mundo, está contusionada dentro de sí misma; no hace más que tomar medidas y actitudes aparentemente negativas: Syllabus, Juramento antimodernístico, prohibo esto, prohibo lo otro. No está a la cabeza de la “civilización” como en otros tiempos, no hace más que tirar hacia atrás: es que la “civilización” ha entrado por un mal camino; por el de la Torre de Babel. Camino satánico.

  “Todo esto es mío y lo doy a quien yo quiero; todo esto te daré si cayendo a mis pies me adorares.”

  Un hombre algún día aceptará este trato. No sé qué día…

  No es necesario saber mucho griego ni latín para predecir que la Iglesia será tentada, si Cristo fue tentado; y lo será con las mismas tentaciones de Cristo.

  Podríamos decir quizá que en la Edad Media fue la primera, en el Renacimiento la segunda y ahora la tercera tentación. Así para entendernos; aunque las tres funcionan juntas, mirándolo bien.

  La primera tentación es ésta: por medio de lo religioso procurarse cosas materiales –como si dijéramos cambiar milagros por pan– la cual puede llegar a un extremo que se llama simonía, o venta de lo sagrado. Pero los curas también tienen que comer y la Iglesia necesita bienes. Yo no niego que la Iglesia necesita bienes, lo que yo sé es que hay una rayita finita, pasada la cual los “bienes” se convierten en males. De modo que el efecto más bien viene a ser tomar el pan y convertirlo en piedra; milagro al revés; como por ejemplo hacer grandes templos de piedra donde falta el pan de la palabra divina, “de la cual, como del pan, vive el hombre”, contestó Cristo a Satán.

  La segunda tentación es por medio de la religión procurarse prestigio, poder, pomposidades y “la gloria que dan los hombres”. Y también es verdad que la Iglesia necesita buen nombre, porque una de las notas distintivas de la verdadera religión es que sea santa. Y así uno de los principales argumentos de San Agustín contra los herejes y paganos eran las admirables “costumbres” de la Iglesia primitiva contrapuestas a las malas costumbres de ellos. Véanse sus libros: De Civitate Dei, De Moribus Ecclesiae, De Moribus Manichoeorum...

  Pero una cosa es que los demás lo prediquen a uno santo; y otra, predicarse a sí mismo. Días pasados oí a un predicador que se mandó una alabanza de la orden a que él pertenecía, que tembló el Campanario de la Iglesia (o sea el Pináculo del Templo); y no pude menos que pensar: “Esto sería mejor que lo dijese el pueblo”.

  La tercera tentación es desembozadamente satánica; postrarse ante el diablo a fin de dominar al mundo. ¿Puede la Iglesia ser tentada así? La Iglesia no es más que Cristo. La crueldad, por ejemplo, es demoniaca. Lo santo y lo demoníaco son contrarios y por tanto están en el mismo plano; y la corrupción de lo mejor, es la peor. Hablando de Savonarola, el cardenal Newman dijo: “La Iglesia no puede ser reformada por la desobediencia...”, y su interlocutor le contestó: “Mucho menos por la crueldad, mi caro Cardenal”. El Asceta puede ser tentado de dureza de corazón, de inhumanidad, de crueldad. “Mi hija se ha vuelto cruel como el avestruz”, dice Dios por el Profeta.

  Ésta es la última tentación, de la cual Dios me libre y guarde; y sobre todo, que Dios libre y guarde a los otros. Como dijo el jachalero Ramón Ibarra cuando se peleó a cuchillo con Dionisio Mendoza y lo querían sujetar: “¡Asujetelón! ¡Asujetelón! ¡Asujetelón al otro! ¡Que yo, mal que bien, me asujeto solo!”.


LEONARDO CASTELLANI – “El Evangelio de Jesucristo” Domingo 1° de Cuaresma – 1957



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 25 de marzo de 2014

¿VATICANO GAY? - Por Augusto TorchSon


  Estamos asistiendo al suicidio de nuestra civilización, habiéndose fomentado una generación egoísta que no quiere esforzarse ni trabajar por un futuro mejor sino que solo se preocupa  por conseguir un lucro fácil e inmediato y que está apegada a los más terribles vicios. Y así vemos a nuestros jóvenes, que en su inmensa mayoría, solo tiene puestas sus esperanzas en la búsqueda del confort sin pensar en deberes  ni responsabilidades.   

  Todo esto sin mencionar los latentes conflictos bélicos entre las grandes potencias mundiales, que teniendo en cuenta las armas con la que cuentan, de desatarse, las consecuencias serían mucho más devastadoras que las de anteriores guerras mundiales.

  Entre estas políticas de reingeniería social anticristiana que planean las elites financieras (judeo-masónicas) para reducir masivamente la población, es clave la promoción del hedonismo, que, en la búsqueda egoísta del placer, promueve la supresión de todo lo que pueda ser un obstáculo para el festín de los sentidos, como pueden ser los hijos o los ancianos, y así hoy, la eutanasia y el aborto están legalizados prácticamente en el mundo entero.

  Pero existe una forma mucho más perversa de control de la natalidad, una mucho más bestial ya que atenta contra el orden natural mismo, una que las Sagradas Escrituras condenan explícitamente por lo menos 15 veces y que las menciona como “abominable a los ojos de Yavé” (Deut XXIII, 17); y es la homosexualidad.

  Y es aquí donde resulta claro signo de los tiempos, la propuesta nueva de espiritualidad masónica del Vaticano de Francisco. En donde los pecados son únicamente sociales y donde las más graves ofensas contra Dios como es el pecado que mencionamos; no solo decretó Bergoglio su incompetencia para juzgarlo, sino que, como veremos, cuentan con una sutil promoción de su parte.

   En ese sentido vamos a centrarnos en la visita del 21 de marzo pasado de Francisco a la asociación antimafia “Libera” fundada por el sacerdote Don Luigi Ciotti, a quién es preciso conocer para entender la trascendencia de este acto.


  Don Luigi Ciotti es conocido como activista antimafia y por los derechos civiles y democráticos y en ese sentido sostuvo en una entrevista sobre el tema de la homosexualidad que: “Un obispo puede ser muy bueno y ser gay… en esto no hay diferencia entre ser gay o heterosexuales” (aquí), agregando también respecto a las uniones homosexuales que “matrimonio no, pero los derechos civiles deben ser para todos”.

  Este mismo sacerdote fue uno de los oradores en el funeral del sacerdote comunista y pro gay Don Andrea Gallo.


  Recordemos que en la terrible y profana misa de réquiem de tan dañino personaje, pudimos observar no sin inmenso estupor, como el Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, Cardenal Angelo Bagnasco le dio la comunión a un travesti muy conocido en Italia por ser el primer diputado electo con esa condición, Vladimir “Luxuria” como se hace llamar, entre otros sodomitas travestidos.


  En dicha profanación litúrgica, además de esas terribles imágenes antes descritas, también se vio a sacerdotes vistiendo estolas gay y al ataúd del marxistoide sacerdote que estaba cubierto por una bandera de esa comunidad.

  En una misa en honor a Don Gallo, Ciotti cantó el himno comunista “Bella Ciao” en la misma iglesia, como podemos observar en el video del portal Repubblica.it.

  Don Ciotti es además uno de los adherentes a las marchas del “orgullo gay” de Italia (aquí).

  Teniendo en cuenta estos antecedentes, en la visita de Francisco a que inicialmente hicimos mención, este oscuro personaje recibió al obispo de Roma con un abrazo poco respetuoso de la investidura del primero para luego tomarlo poco masculinamente de la mano e ir caminando desde la puerta del auto hasta el interior de la Iglesia de esa escandalosa forma.

  En dicha oportunidad Francisco se dirigió a los mafiosos diciéndoles: "Estáis a tiempo de convertiros para no terminar en el infierno, que es lo que os espera si seguís por este camino”. Sin embargo nos gustaría que también manifieste que corren igual riesgo y sean advertidos quienes cometen los pecados escandalosamente promovidos por el sacerdote al que fue a apoyar tan cariñosamente Francisco.


   Si consideramos aisladamente los hechos podemos concluir que esta escena fue un simple acto de mal gusto; pero no podemos dejar de mencionar el famoso ¿Quién soy yo para juzgar un gay? de Francisco, así como el nombramiento en el banco Vaticano de monseñor Ricca con escandalosos antecedentes de comportamiento homosexual en Uruguay, publicados por el prestigioso vaticanista Sandro Magister (aquí).


   Cabe recordar que Francisco primero dijo desconocer los antecedentes de Ricca para luego confirmarlo en dicha posición en el IOR.

  También es dable mencionar la cercanía y protección del cardenal Bergoglio al obispo Maccarone, que tuvo que dejar su puesto como obispo de Santiago del Estero por haber sido filmando siendo sodomizado por un taxista (aquí), y que como premio fue asignado como profesor emérito de la Pontificia Universidad Católica Argentina UCA, a pesar de que contravenir expresamente el estatuto de dicha institución que exige “integridad de vida” en sus docentes (aquí).


  No sin insultos se nos critica frecuentemente el hacer públicas estas transgresiones de Francisco.

  Contestamos con palabras de uno de nuestros grandes referentes católicos y nacionalistas, el Padre Alberto Ezcurra, que al referirse al amor a la Iglesia y a la Patria decía que: “(dicho amor) no es una complacencia superficial en aquellas cosas que nos gustan, es un amor que quiere corregir. Amar es querer el bien del otro y a veces el amor de la Patria como el amor de la Iglesia es como el amor de la madre enferma, es como el amor de una hermana prostituida, es como el amor de un amigo que anda por el mal camino, es un amor que está pidiendo la corrección, el cambio”.

  Y nos dolemos de la situación de la Iglesia toda, y queremos y rezamos porque quienes hoy la dirigen rectifiquen su orientación. Pero pueril sería nuestra pretensión si no viésemos lo que está dañándola profundamente.

   Por eso reiteramos las palabras de San Hilario ante el arrianismo que dominaba la Iglesia diciendo: "Es tiempo de hablar, porque el tiempo de callar ha pasado" . Y si no lo hubieran hecho, a pesar de las persecuciones y excomuniones, no se hubiera vencido la herejía que se había oficializado en la Santa Madre Iglesia.


Augusto TorchSon

Nota de NCSJB: Para ver más grandes las imágenes, hacer click sobre las mismas

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domingo, 23 de marzo de 2014

La Beata Laura Vicuña y el Cardenal Kasper – Por Christopher Fleming


  El jueves 6 marzo tuve la dicha de asistir a la presentación en Murcia del libro Al Cielo con Calcetines Cortos de Javier Paredes. El libro es la “secuela” de otro, titulado Santos de Pantalón Corto. En este librito (se lee en un par de horas) se relatan las vidas de los cuatro niños santos de la Iglesia, excluyendo a los mártires: Santo Domingo Savio y los beatos Laura Vicuña y Jacinta y Francisco de Fátima. [1] La historia de la beata Laura Vicuña, que antes de leer el libro de Don Javier desconocía, me ha conmovido profundamente, y creo que mis lectores también la apreciarán. Al leer su biografía, hábilmente narrada por el autor, he tomado conciencia de mi propia indignidad. ¡Qué tibio soy en comparación con esta niña! ¡Qué poco he dado al Señor y qué poco he sufrido por amor a Él!
  
  Laura Vicuña nace en Santiago de Chile en 1891. Su padre muere cuando tiene tan sólo dos años y la madre decide cruzar los Andes hasta Argentina en busca de un futuro mejor. Al encontrarse en una situación desesperada se junta con un hombre en unión libre, un hombre violento que intentará abusar de Laura; al ver como sus avances son rechazados le propinará terribles palizas. La madre manda a sus dos hijas a un colegio de salesianas en Junín. Ahí Laura es feliz y progresa rápidamente, no sólo en sus estudios básicos, sino también espiritualmente. Un día en clase de catequesis, al oír la doctrina sobre el matrimonio, se entera de que su madre vive en pecado. El susto es tan grande que la pobre niña se desmaya, y desde ese momento ofrece todo tipo de sacrificios y sufrimientos por la salvación de su madre. Con el permiso de su confesor se somete a diversas mortificaciones, como meter en su cama trozos de ladrillo, echar ceniza a su sopa, y llevar cilicio los sábados. Hace su Primera Comunión a los diez años, y como era costumbre, escribe sus propósitos de vida:
  
“Primero: ¡Oh Dios mío, quiero amaros y serviros toda mi vida: por eso os doy mi alma, mi corazón, todo mi ser! Segundo: Quiero morir antes que ofenderos con el pecado; por eso, desde hoy, me mortificaré en todo lo que me pudiera apartar de vos. Tercero: Propongo hacer cuanto sepa y pueda para que seáis conocido y amado y reparar las ofensas que recibáis todos los días de los hombres, particularmente de las personas de mi familia. ¡Dios mío, dadme una vida de amor, de mortificación, de sacrificio!”

  Parece increíble que una criatura de apenas diez años fuera capaz de tanta madurez, de tanta generosidad espiritual. Sin embargo, Laura se da cuenta de que ni siquiera estas mortificaciones sirven, por lo que el 13 de febrero de 1902 consigue el permiso de su confesor para ofrecer su propia vida a cambio de la conversión de su madre. Al poco de realizar este ofrecimiento su salud deteriora, y en julio de 1903 (pleno invierno ahí) el río se desborda e inunda el colegio. Laura coge un resfriado grave y tiene que ser devuelta a la hacienda donde vive su madre, para morir ahí el 22 de enero del año siguiente tras una larga agonía. En su lecho de muerte le confía a su madre:

“Hace dos años ofrecí por ti la vida… para obtener la gracia de la conversión… Mamá, antes de morir, ¿No tendré la dicha de verte arrepentida?”

  Su madre, al darse cuenta de que su hija muere por su pecado, le jura dejar al hombre con el que vive. Al morir Laura la madre se confiesa y se escapa de su “protector”; tiene que huir bajo un nombre falso y pasar penurias, pero desde ese momento vive santamente. Laura Vicuña fue beatificada por Juan Pablo II en 1988, y es patrona de los niños víctimas de abusos.

  Una de las lecciones que nos enseña la vida de esta niña extraordinaria es la malicia del pecado y el horror que le debemos tener todos los católicos. Hoy en día se suelen relativizar muchos pecados, sobre todo los pecados contra la pureza. Se habla de la necesidad pastoral de ser misericordiosos con los católicos que se han divorciado y viven con otra pareja en estado de adulterio. Siempre hay que ser misericordioso, de eso no cabe duda. Sin embargo, no hay que confundir la misericordia con la permisividad. Si realmente odiamos el pecado, como lo odiaba la beata Laura Vicuña, una muestra de misericordia cristiana será hacer todo lo que está en nuestras manos para conseguir que las personas que viven en pecado vuelvan al Señor. Si somos misericordiosos con los que viven en adulterio, jamás les reafirmaremos en su pecado, sino que les animaremos en todo momento a la conversión.

  Mi admirado Padre Carota, en su blog Traditional Catholic Priest, escribe sobre las obras de misericordia espirituales, que son especialmente aptas para el tiempo de Cuaresma.

“El hecho crucial que ignoran los comunistas, socialistas y católicos modernistas es que el hombre está compuesto de cuerpo y alma. Así que cuando tenemos compasión y queremos actuar con misericordia, debemos mirar al Creador de nuestro cuerpo y alma. Entonces veremos con claridad que todo el sufrimiento físico y espiritual es por la rebelión contra Dios. El desorden social y familiar es por quebrantar Sus leyes amorosas. Hace poco un acólito de la Misa Tradicional me dijo que su padre se acababa de casar en segundas nupcias con una mujer con dos hijas. Su madre se va a casar con otro hombre. Este chiquillo merece nuestra compasión, por tener que lidiar con dos casas, dos nuevos padrastros y dos hermanastras.  Es todo menos normal o saludable para un niño tener que estar en esa situación. Con siete años de edad, no se puede culpar al niño por su sufrimiento. No, es culpa del pecado de sus padres. Han mantenido relaciones sin el sacramento permanente del matrimonio; se han peleado y separado; se han rejuntado con otras parejas. Y los niños pequeños sufren sin límites.” 


“¿Dónde están la compasión y la misericordia por los niños de parejas divorciadas y vueltas a casar? … ¿Y qué pasa con las estadísticas escalofriantes de abusos sexuales a manos de sus padrastros? Tengo que escuchar estas cosas una y otra vez, y tengo que intentar ayudar a las chicas y mujeres a superar heridas profundas. ¿Dónde está la compasión para con una sociedad rota, llena de delincuentes, fruto de familias desestructuradas y madres solteras? Que esta Cuaresma estudiemos y recemos, para poder apreciar la sabiduría de Dios; que entendamos como nuestros pecados personales causan sufrimiento. Utilicemos esta sabiduría divina para afrontar las consecuencias sociales, familiares y religiosas de nuestros pecados. Esto sería verdadera compasión y misericordia. Sólo “amar al pecador”, pero dejar que siga destruyéndose, que siga destruyendo a su familia y la sociedad, no es ni compasivo ni misericordioso.”

  En fuerte contraste con la verdadera misericordia católica está el Cardenal Kasper, quien recientemente abogó a favor de permitir la comunión para los divorciados que se han vuelto a casar. Entre sus razones está “la misericordia hacía el pecador”, sin mencionar siquiera que los católicos que viven con alguien que no es su esposo están en pecado mortal, según enseña Nuestro Señor:
  
  “Si un hombre se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con una divorciada, también comete adulterio. (Lucas 16:18)”



  En su discurso del mes pasado en el consistorio de la Familia en el Vaticano, ante 150 cardenales y el Papa, este cardenal dijo una cosa y su contraria. Primero afirmó:

“Nuestra posición hoy no puede ser la de la adaptación liberal al status quo, sino una posición radical que nos lleve a nuestros orígenes, es decir, al Evangelio.”

  Pero a continuación dijo que si una persona que se ha divorciado y vuelto a casar se arrepiente del fracaso de su primer matrimonio y si hace lo mejor que puede para vivir las posibilidades del segundo matrimonio sobre la base de la fe y criar a los hijos en la fe, se preguntó: ¿debemos o podríamos negarle, luego de un periodo de una nueva orientación, el sacramento de la penitencia y luego la Comunión? Es un caso claro de querer cuadrar el círculo; a la vez guardar los Mandamientos y hacer lo que te da la gana. Todo lo opuesto de lo que debe ser el magisterio: enseñar a los católicos a ser fieles al Señor. La misericordia que predica Kasper es una falsa misericordia. Es buscar una vida cristiana sin sufrimiento; querer verdadero amor sin fidelidad; alcanzar la Resurrección sin pasar por la Cruz.

  Si pudiera hablar con el Cardenal Kasper, le sugeriría que leyera la vida de la beata Laura Vicuña; que meditara sobre la gravedad del adulterio y los estragos que ha causado la normalización de este pecado en la sociedad. Quizás si reflexionara sobre la vida y muerte de esta niña, sobre el horror que debemos tener al pecado, no hablaría tan a la ligera sobre admitir a los adúlteros a la comunión. Si realmente tuviera misericordia de las personas que están en esta situación, se desviviría por sacarlas de su miseria, por conseguir su conversión, igual que hizo la beata Laura Vicuña. No les engañaría diciendo que pueden seguir pecando y comulgar tranquilamente. Es fácil engañar a la gente (sobre todo cuando quiere ser engañada), pero de Dios nadie se mofa.

NOTAS

[1] El autor, por la razón que sea, se olvidó de la beata Imelda Lambertini (1320-1333), patrona de los niños de Primera Comunión.


Agradecemos a nuestra muy estimada amiga Maite C por acercarnos el artículo


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