San Juan Bautista

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sábado, 28 de junio de 2014

María en los últimos tiempos de la Iglesia – San Luis María Grignión de Montfort


María y los últimos tiempos
 
  La salvación del mundo comenzó por medio de María y por medio de Ella debe consumarse María casi no se manifestó en la primera venida de Jesucristo, a fin de que los hombres poco instruidos e iluminados aún cerca de la persona de su Hijo, no se alejaran de la verdad aficionándose demasiado fuerte e imperfectamente a la Madre, como habría ocurrido seguramente, si Ella hubiera sido conocida, a causa de los admirables encantos que el Altísimo le había concedido aún en su exterior. Tan cierto es esto que San Dionisio Areopagita escribe que cuando la vio, la hubiera tomado por una divinidad, a causa de sus secretos encantos e incomparable belleza, si la fe en la que se hallaba bien cimentado no le hubiera enseñado lo contrario.
 
  Pero, en la segunda venida de Jesucristo, María tiene que ser conocida y puesta de manifiesto por el Espíritu Santo, a fin de que por Ella Jesucristo sea conocido, amado y servido. Pues ya no valen los motivos que movieron al Espíritu Santo a ocultar a su Esposa durante su vida y manifestarla sólo parcialmente aun después de la predicación del Evangelio.
 
  Dios quiere, pues, revelar y manifestar a María, la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos.
 
a . porque Ella se ocultó en este mundo y se colocó más baja que el polvo por su profunda humildad, habiendo alcanzado de Dios, de los Apóstoles y Evangelistas que no la dieran a conocer.
 
b.  porque Ella es la obra maestra de las manos de Dios, tanto en el orden de la gracia como en el de la gloria y El quiere ser glorificado y alabado en la tierra por los hombres.
 
c. porque Ella es la aurora que precede y anuncia al Sol de Justicia, Jesucristo, y por lo mismo, debe ser conocida y manifestada, si queremos que Jesucristo lo sea.
 
d.  porque Ella es el camino por donde vino Jesucristo a nosotros la primera vez y lo será también cuando venga la segunda, aunque de modo diferente.
 
e.  porque Ella es el medio seguro y el camino directo e inmaculado para ir a Jesucristo y hallarlo perfectamente. Por ella deben resplandecer en santidad. Quien halla a María, halla la vida, es decir, a Jesucristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Ahora bien, no se puede hallar a María sino se la busca, ni buscarla si no se la conoce, pues no se busca ni desea lo que no se conoce. Es, por tanto, necesario que María sea mejor conocida que nunca, para mayor conocimiento y gloria de la Santísima Trinidad.
 
f.  porque María debe resplandecer más que nunca en los últimos tiempos en misericordia, poder y gracia:
 
· en misericordia, para recoger y acoger amorosamente a los pobres pecadores y a los extraviados que se convertirán y volverán a la Iglesia católica;

· en poder, contra los enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos, mahometanos, judíos e impíos endurecidos que se rebelarán terriblemente para seducir y hacer caer, con promesas y amenazas, a cuantos se les opongan,
· en gracia, finalmente, para animar y sostener a los valientes soldados y fieles servidores de Jesucristo, que combatirán por los intereses del Señor,
 
g.  por último, porque María debe ser terrible al diablo y a sus secuaces "como un ejército en orden de batalla" sobre todo en estos últimos tiempos, porque el diablo sabiendo que le queda poco tiempo y menos que nunca para perder a las gentes, redoblará cada día sus esfuerzos y ataques. De hecho, suscitará a en breve crueles persecuciones y tenderá terribles emboscadas a los fieles servidores y verdaderos hijos de María, a quienes le cuesta vencer mucho más que a los demás.
 
María y la lucha final.
 
   A estas últimas y crueles persecuciones de Satanás, que aumentarán de día en día hasta que llegue el anticristo, debe referirse sobre todo aquella primera y célebre predicación y maldición lanzada por Dios contra la serpiente en el paraíso terrestre. Nos parece oportuno explicarla aquí, para la gloria de la Santísima Virgen, salvación de sus hijos y confusión de los demonios:
 
"Haré que haya enemistad entre ti y la mujer,
entre tu descendencia y la suya,
ésta te pisará la cabeza
mientras tú te abalanzarás sobre tu talón".


  Dios ha hecho y preparado una sola e irreconciliable enemistad, que durará y se intensificará hasta el fin. Y es entre María, su digna Madre, y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer. De suerte que el enemigo más terrible que Dios ha suscitado como Satanás es María, su Santísima Madre. Ya desde el paraíso terrenal aunque María sólo estaba entonces en la mente divina le inspiró tanto odio contra ese maldito enemigo de Dios, Sea los ángeles y hombres, sino en cierto modo más que al mismo Dios.
 
  No ya porque la ira, odio y poder divinos no sean infinitamente mayores que los de la Santísima Virgen, cuyas perfecciones son limitadas, sino:
a.  porque Satanás, que es tan orgulloso sufre infinitamente más al verse vencido y castigado por una sencilla y humilde esclava de Dios y la humildad de la Virgen lo humilla más que el poder divino;
 
  porque Dios ha concedido a María un poder tan grande contra los demonios que como a pesar suyo se han visto muchas veces obligados a confesarlo por boca de los posesos tienen más miedo a un solo suspiro de María a favor de una persona, que a las oraciones de todos los santos y a una sola amenaza suya contra ellos más que a todos los demás tormentos.
 
  Lo que Lucifer perdió por orgullo, lo ganó María con la humildad. Lo que Eva condenó y perdió por desobediencia, lo salvó María con la obediencia. Eva, al obedecer a la serpiente, se hizo causa de perdición para sí y para todos sus hijos, entregándolos a Satanás; María, al permanecer perfectamente fiel a Dios, se convirtió en causa de salvación para sí y para todos sus hijos y servidores, consagrándolos al Señor.
 
   Dios nos puso solamente una enemistad, sino enemistades, y no sólo entre María y Lucifer, sino también entre la descendencia de la Virgen y la del demonio. Es decir: Dios puso enemistades, antipatías y los odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Santísima. Virgen y los hijos y esclavos del diablo: no pueden amarse ni entenderse unos a otros.
 
  Los hijos de Belial, los esclavos de Satanás, los amigos de este mundo de pecado ¡todo viene a ser lo mismo! han perseguido siempre y perseguirán más que nunca de hoy en adelante a quienes pertenezcan a la Santísima Virgen, como en otro tiempo Caín y Esaú figuras de los réprobos persiguieron a sus hermanos Abel y Jacob figuras de los predestinados.
 
  Pero la humilde María triunfará siempre sobre aquel orgulloso y con victoria tan completa que llegará a aplastarle la cabeza, donde reside su orgullo. ¡María descubrirá siempre su malicia de serpiente, manifestará sus tramas infernales, desvanecerá sus planes diabólicos y defenderá hasta el fin a sus servidores de aquellas garras mortíferas!
 
  El poder de María sobre todos los demonios resplandecerá, sin embargo, de modo particular en los últimos tiempos, cuando Satanás pondrá asechanzas a su calcañar, o sea, a sus humildes servidores y pobres a juicio del mundo; humillados delante de todos; rebajados y oprimidos como el calcañar respecto de los demás miembros del cuerpo. Pero, en cambio, serán ricos en gracias y carismas, que María les distribuirá con abundancia, grandes y elevados en santidad delante de Dios, superiores a cualquier otra creatura por su celo ardoroso; y tan fuertemente apoyados en el socorro divino que, con la humildad de su calcañar y unidos a María, aplastarán la cabeza del demonio y harán triunfar a Jesucristo.

  
San Luis María Grignion de Montfort - "Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen" - Ed.Sagrados Corazones - Las Heras - Mendoza. 2010. Págs. 27-32

Nacionalismo Católico San Juan Bautista
  

viernes, 27 de junio de 2014

Desorientaciones magisteriales(?). El instrumentum terroris del Sínodo de la Familia - Por Terzio (Ex Orbe)



Cada vez que se avanza algún pormenor del próximo Sínodo sobre la Familia, crecen las aprensiones entre los católicos conscientes, ya alertados (alarmados!) por la labor pre-sinodal de Kasper y su lobby. La presentación del instrumentum laboris sinodal, confirma nuestros nefastos augurios, adelantándonos que todo lo que sea que vaya a ser el primer sínodo francisquista, ya está fraguado, listo solamente para la presentación, formal discusión, aprobación y publicación.

Aunque se diga que insista en negarlo y nos lo pinten del color del arcoíris (para que cada cual escoja el color de su cristal visor), lo que postula Kasper, ya está concedido. Se disimulará con tecnicismos canonicistas-pastoralistas, pero se concederá y articulará una praxis sacramental permisiva (excusativa?) para los incursos en desórdenes matrimoniales post-divorcio.

Los sínodos (el Sínodo de los Obispos) se concibieron, en cierto sentido, como una prolongación del Concilio, un ejercicio de la colegialidad y una actualización revisada de las directrices del Vaticano IIº. La sintonía conciliar-sinodal es tanta, que hasta repiten idénticas definiciones: Dicen a propósito del instrumentum laboris (y el documento sinodal posterior, claro) que "se trata de un documento pastoral, no doctrinal; no se cambian las ideas, sino la manera de afrontar las situaciones delicadas". Se mantiene aquella equívoca anfibología que denunciaba el maestro Romano Amerio. Por ejemplo, sobre el gravísimo tema de la homosexualidad se dice (y se des-dice) esto:

"...No existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. No obstante, los hombres y las mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto, compasión, delicadeza. Se evitará respecto a ellos todo signo de discriminacion injusta..."

El esquema táctico es el ya archi-manido enunciado que condena en la primera parte y aprueba/concede en la segunda, un ejercicio de exquisita perfidia retórica que se consagró, passim, en quasi todos los documentos conciliares.

Obsérvese, por otra parte, que la cita del instrumentum laboris sigue la línea que quedó fijada en el Catecismo de la Iglesia Católica: En los puntos tocantes al pecado contra sextum, la práctica homosexual no figura en la enumeración de los pecados titulados como 'ofensa de la castidad' (lujuria, masturbación, fornicación, pornografía, prostitución y violación), sino que aparece bajo un epígrafe distinto titulado 'Castidad y homosexualidad', otro ejemplo de la equivocidad textual a la que aludí más arriba: Un primer párrafo recoge la condena constatable en citas de la Sagrada Escritura, considerándolos pecados contra-natura, para, seguidamente, declarar:

"Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición."


El instrumentum laboris del sínodo se expresa con las mismas palabras que el Catecismo: " ...los hombres y las mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto, compasión, delicadeza. Se evitará respecto a ellos todo signo de discriminacion injusta".

El trabajo (la sensible apertura a los afectados) ya ocurrió en tiempos del Santo Wojtyla. Ahora, los hombres de PP Franciscus, sólo avanzan un paso más, otro nuevo jalón. Lo que pueda seguir es tan dantesco como se atreva uno a imaginar.

No me explico, sin embargo, cómo teniendo a toda la opinión a su favor, todos rendidos y entusiasmados, el mundo entero vitoreando y aplaudiendo, cómo no se atreven a, simple y llanamente, sancionar la caducidad de la Humanae Vitae, la Familiaris Consortio, la moral de Patriarcas, Profetas y Apóstoles, incluso proclamar out a la Sagrada Familia de Nazareth, mal-ejemplo, impolítcamente incorrecto, de no-modelo familiar.

Sería más breve y todos lo entenderían mejor (y aplaudirían más).

Aunque ya sabemos que es parte del juego el que no se enteren y sigan aplaudiendo, fascinados, mientras se acelera la ruína.

Tu autem, Domine, miserere.




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miércoles, 25 de junio de 2014

¿Juzgar sí o no? El rompecabezas de Francisco - Por Sandro Magister


  En menos de un par de días el Papa Francisco ha emitido primero un tremendo juicio de condena que ha conquistado las primeras planas de todos los periódicos, y luego ha dedicado toda su homilía matutina de Santa Marta a decir que nunca se debe juzgar y condenar sino sólo hacerse defensores e intercesores por los demás.

  La sentencia condenatoria la ha emitido el Sábado, 21 de junio contra los mafiosos de la ‘Ndrangheta en Calabria. Con estas palabras exactas:

  Cuando no se adora a Dios, el Señor, se convierten en adoradores del mal como lo son aquellos que viven de deshonestidad y de violencia. .. ¡La Ndrangheta es esto: Adoración del mal y desprecio del bien común! Este mal debe ser combatido, debe ser alejado y ¡es necesario decirle que no! Aquellos que siguen este camino en su vida de maldad, como son de la mafia, no están en comunión con Dios, están excomulgados “.

  Las crónicas han registrado en este punto el aplauso general de doscientos mil presentes. Seguido por los aplausos aún más universal de los medios de comunicación.

  Pero resulta que un consenso igualmente generalizada sonríe al Papa Francisco también cada vez que nos exhorta a no emitir un juicio, desde el ya memorable “¿Quién soy yo para juzgar?” que es quizá la máxima más universalmente citada y elogiada de su pontificado .

  El rompecabezas se encuentra precisamente aquí. Francisco es el Papa que juzga, condena, absuelve, sentencia, promueve, remueve. Pero al mismo tiempo constantemente predica que nunca se debe juzgar o acusar o condenar.

  Quien juzga “siempre se equivoca”, dijo en su homilía del 23 de junio en Santa Marta. Es un error, dijo, “porque toma el lugar de Dios, quien es el único juez.” Se arroga “el poder de juzgar de todo: la gente, la vida, todo.” Y “con la capacidad de juzgar” cree que tiene también “la capacidad de condenar.”

  Con la excomunión de los mafiosos, dos días antes, la música era muy diferente. Galantino , Obispo de Cassano all’Jonio predilecto de Francisco y por él nombrado secretario de la CEI tradujo así las palabras del Papa:

  “La excomunión significa que la mafia está impedida de vida en la Iglesia. Eligieron el mal como forma de vida. Y cuando esto sucede, se está fuera de la comunión. No puedes recibir los sacramentos, y hacer de padrino, formar parte del Comité de la patrona, nada. Esta no es tu comunidad. No importa que guardes la imagen de la Virgen María o un altar o la Biblia en tu ratonera donde te escondes: no significa nada.

  Otros que no juzgan! Con una advertencia, porque si el mafioso en cuestión se esconde “en las ratoneras” es una señal de que está en la clandestinidad y que ya ha sido declarado culpable por la justicia en la tierra, y si es censurado, no es tan fácil para la Iglesia condenarlo en el fuero externo.

  Pero es aún más difícil conciliar las condenas del Papa a la mafia, a los corruptos, y a todos los demás que se encuentran cotidianamente bajo su juicio con sus exhortaciones incesantes a no juzgar. Tanto más sorprendentes estas exhortaciones debido a que son de un sucesor de Pedro, a quien se le dieron las llaves de “atar y desatar” en la tierra y en los cielos.

  En realidad, en su homilía del 23 de junio en Santa Marta Francisco también dijo que “El único que juzga es Dios, y aquellos a los cuales Dios ha dado la potestad de hacerlo.” Pero no especificó quiénes son. El enigma continúa.


*La ilustración es un agregado nuestro

                                                                                                                     

Agradecemos a nuestra amiga Maite C. por acercarnos el artículo



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martes, 24 de junio de 2014

Infancia de San Juan Bautista - Visiones de Ana Catalina Emmerick


Santa Isabel huye al desierto con el niño Juan

  Zacarías e Isabel conocían el peligro qué amenazaba a los niños, porque creo que la Sagrada Familia les envió un mensaje de confianza. He visto a Isabel llevándose al niño Juan a un sitio muy retirado del desierto, a unas dos leguas de Hebrón. Zacarías los acompañó hasta un lugar donde atravesaron un arroyuelo, pasando sobre una viga tendida. Allí se separó de ellos y se encaminó a Nazaret por el camino que María había tomado cuando fue a visitar a su prima Isabel. Creo que iba a pedir mejores informes a Santa Ana. Allí, en Nazaret, varios amigos de la Sagrada Familia estaban muy tristes por la partida. He visto que Juan, en el desierto, no llevaba sobre el cuerpo más que una piel de cordero, y a los dieciocho meses ya podía correr y saltar. Tenía en la mano un bastoncito blanco, con el que jugaba como juegan los niños. El desierto no era una inmensa extensión arenosa y estéril, sino una soledad con muchas rocas, barrancos y grutas, donde crecían arbustos diversos con bayas y frutos silvestres. Isabel llevó al niño Juan a una gruta donde más tarde vivió María Magdalena después de la muerte del Salvador.

  No sé cuánto tiempo estuvo oculta allí Isabel con el niño: probablemente quedó todo el tiempo hasta que no podía ya temerse la persecución de Herodes. Regresó con su hijo a Juta, pero volvió a huir cuando Herodes convocó a las madres que tenían hijos menores de dos años, lo cual tuvo lugar un año más tarde.


  Santa Isabel vuelve a huir con el niño Juan

  Santa Isabel, avisada por un ángel antes de la matanza de los inocentes, se refugió con el pequeño Juan nuevamente en el desierto. Vi que estaba buscando durante mucho tiempo una cueva que le pareciera segura y escondida: cuando la encontró permaneció allí con el niño durante unos cuarenta días. Más tarde volvió a su hogar, y un esenio del monte Horeb fue al desierto para llevar alimentos al niño y ayudarle en sus necesidades. Este hombre, cuyo nombre he olvidado, era pariente de la profetisa Ana. Al principio iba cada semana y después cada quince días, mientras Juan necesitó ayuda. No tardó en llegar el momento en que al niño le gustaba más estar en el desierto que entre los hombres. Estaba destinado por Dios para crecer allí en toda inocencia, sin contacto con los hombres y sus maldades. Juan, como Jesús, no fue a la escuela, y era instruido por el Espíritu Santo. A menudo vi una luz a su lado o figuras luminosas como las de los ángeles. El desierto no era estéril ni desolador, porque entre las rocas brotaban abundantes hierbas y arbustos con frutas y bayas de diversas clases. He visto allí fresas silvestres que recogía el niño para comer. Tenía extraordinaria familiaridad con los animales, especialmente con los pájaros que venían volando para posarse sobre sus hombros; y mientras él les hablaba, parecía que le comprendieran y le servían de mensajeros. A veces iba a lo largo de los arroyos: los peces le eran familiares, porque se acercaban cuando los llamaba y le seguían cuando caminaba al borde del agua. Vi que se alejaba mucho de los lugares habitados por el peligro que le amenazaba. Los animales lo querían tanto que le servían en muchas cosas. Lo llevaban a sus refugios o a sus nidos, y cuando los hombres se acercaban, él podía huir a los escondites sin peligro.

  Se alimentaba de frutas silvestres y de raíces; no le costaba mucho encontrarlas, pues los animales mismos lo conducían donde estaban y se las mostraban. Llevaba siempre su piel de cordero y su varita y se internaba cada vez más en el desierto. A veces se acercaba a su pueblo y dos veces vio a sus padres que anhelaban vivamente su presencia. Ellos debían tener revelaciones, pues cuando Isabel o Zacarías deseaban ver a Juan, éste no dejaba de acudir a su encuentro desde muy lejos.


Santa Isabel vuelve por tercera vez al desierto con el niño Juan

  Mientras estaba la Sagrada Familia en Egipto, el pequeño Juan había vuelto secretamente a su casa de Juta, porque he visto que fue llevado nuevamente al desierto cuando tenía cuatro o cinco años. Zacarías no estaba presente cuando salieron de la casa; creo que había partido para no presenciar la despedida, porque amaba mucho a su hijito; pero antes de salir le había dado su bendición, como bendecía siempre a Isabel y a Juan antes que saliesen de camino. El pequeño Juan usaba por vestido una piel de carnero, que saliéndole del hombro izquierdo caíale sobre el pecho y los costados y volvía unirse sobre el lado derecho. No usaba más que esta piel. Sus cabellos eran castaños y más oscuros que los de Jesús. Llevaba el bastoncito blanco que había tomado al dejar la casa. Así lo vi mientras su madre lo llevaba de la mano. Isabel era una mujer de edad, alta, de ágiles movimientos, cabeza pequeña y rostro agradable. El niño Juan corría a menudo, adelantándose a la madre. Tenía toda la inocencia propia de su edad, pero no la irreflexión. Al principio se dirigieron hacia el Norte, teniendo a su derecha un pequeño arroyo; luego los vi atravesar la corriente sobre una pequeña balsa de madera, porque no había puente. Isabel era una mujer decidida y dirigía la balsa con una rama de árbol. Más allá del arroyo siguieron camino hacia el Oriente, entrando en un desfiladero de rocas, desnudo y árido en su parte alta, el fondo lleno de zarzales, de frutas silvestres y dé fresas, que el niño recogía y comía. Después de hacer un trecho en aquel desfiladero, Santa Isabel se despidió del niño, lo bendijo, lo estrechó contra su corazón, lo besó en ambas mejillas y en la frente, y regresó, volviéndose varias veces, llorando, para mirarlo. El niño no sentía inquietud alguna: caminaba con pasos seguros por el desfiladero.

  Como durante estas visiones me sentía muy enferma, el Señor me consoló haciendo que asistiese a todo lo que sucedía como si yo fuese una niña. Me parecía tener la misma edad que Juan, y por eso me afligía viendo que se alejaba tanto de su madre. Creía que no iba a poder encontrar la casa paterna; pero una voz me tranquilizó, diciendo: "No te inquietes; el niño sabe muy bien lo que hace". Me pareció entrar en el desierto con el niño, como compañera de juegos infantiles. De este modo pude ver varias veces lo que le sucedía. El niño me contó varios episodios de su vida en el desierto: cómo se mortificaba y violentaba sus sentidos en toda forma y se volvía cada vez más clarividente, y cómo era instruido en todo lo que necesitaba saber. Nada de lo que me contaba me sorprendía, porque yo misma, cuando siendo pequeña cuidaba las vacas, había vivido en el desierto con el niño Juan. Cuando deseaba verlo lo llamaba desde los matorrales: "Niño San Juan, ven a buscarme con tu bastón y la piel sobre tus hombros". Y Juan venía con su bastoncito y su piel de cordero; y jugábamos como niños; y él me enseñaba toda clase de cosas útiles, No me asombraba que supiese tantas cosas de los animales y de las plantas del campo. Yo también, cuando andaba por el campo, por los bosques y las praderas, siendo niña, estudiaba, como en un libro, en cada hoja o en cada  flor, al recoger las espigas y al arrancar el césped, y estas plantas, como los animales que veía pasar, eran para mí motivos de enseñanza y de reflexión.

  Las formas de las hojas, sus colores y la disposición de las plantas me sugerían pensamientos profundos. Las personas a quienes los comunicaba me escuchaban con asombro, pero se reían de mí en la mayoría de los casos.

  Esto fue causa de que más tarde guardase silencio sobre estas cosas, porque pensaba, y pienso todavía, que a todos los hombres les pasa lo mismo, y que en ninguna parte aprende mejor que en este libro de la naturaleza escrito por el mismo Dios. Cuando en mis contemplaciones posteriores seguí al niño Juan por el desierto, he visto sus gestos, sus actitudes y sus acciones; lo vi jugando con los animales y las flores y entreteniéndose con las plantas. Los pájaros, especialmente, estaban familiarizados con él: se posaban sobre su cabeza o sus hombros cuando caminaba o rezaba. A veces ponía su bastoncito atravesado sobre las ramas de los árboles y pájaros cíe todas variedades acudían a su llamado y se posaban sobre su bastón unos tras otros. Él les hablaba y los miraba con familiaridad, los trataba como si les estuviera enseñando. Otras veces lo vi seguir a los animales hasta sus cuevas y darles allí de comer, observándolos con toda atención.


Muerte de Zacarías e Isabel

  Una vez que Zacarías fue al templo a llevar víctimas para el sacrificio, Isabel aprovechó su ausencia y fue a visitar a su hijo en el desierto.

  Juan tendría unos seis años entonces. Zacarías no había ido a ver al niño nunca: de modo que si Heredes le preguntaba por el niño podía, sin mentir, responder que lo ignoraba. Pero para satisfacer el gran cariño de sus padres y por el deseo de verlos, visitó varias veces el niño secretamente, de noche, la casa de sus padres, permaneciendo allí algún tiempo. Sin duda su Ángel de la Guarda lo guiaba para que evitara los peligros que lo amenazaban.

  Siempre lo vi guiado y protegido por espíritus celestiales y muchas veces vi figuras luminosas que lo rodeaban.

  Juan estaba predestinado a vivir así en la soledad, apartado de los hombres y privado de los socorros humanos ordinarios para ser mejor guiado por el espíritu de Dios. La Providencia divina dispuso las cosas de tal manera que aún por las circunstancias exteriores tuviera que retirarse al desierto. También se hallaba como impulsado por un instinto irresistible, pues desde su niñez lo veía siempre pensativo y solitario. Cuando fue llevado el Niño Jesús a Egipto, Juan, su precursor, estaba escondido en el desierto por advertencia divina, ya que también él se hallaba en peligro. Se había hablado mucho de él desde los primeros días de su vida: era conocido su nacimiento maravilloso y mucha gente afirmaba haberlo visto rodeado de resplandor. Por esta causa Herodes quería apoderarse de él para matarlo.

  Repetidas veces Herodes había preguntado a Zacarías dónde se escondía el niño, sin atreverse entonces a prenderlo. Pero ahora, yendo Zacarías al templo, fue asaltado y maltratado por los soldados encargados de vigilarlo, delante de la puerta de Jerusalén, llamada de Belén, en un lugar del camino bajo desde donde no se divisaba la ciudad. Lo llevaron a una prisión, en el flanco de la montaña de Sión, donde pude ver más tarde a los discípulos de Jesús cuando iban al templo. El anciano fue torturado para que descubriese el lugar donde se ocultaba su hijo y como no pudieron obtener lo que deseaban, terminaron por matarlo por orden de Herodes. Sus amigos, más tarde, lo enterraron no lejos del templo…

  Santa Isabel volvió del desierto a la ciudad de Juta para esperar la llegada de su marido, acompañada en una parte del camino por el niño Juan. Isabel lo besó en la frente y lo bendijo, y el niño volvió al desierto. La madre al entrar en su casa conoció la triste noticia de la muerte de su esposo. Su dolor fue muy grande y parecía inconsolable. Retornó al desierto, quedándose allí con el niño, hasta su muerte, que aconteció poco tiempo antes que la Sagrada Familia volviera de Egipto. Aquel esenio que cuidaba al niño Juan, sepultó a Isabel en las arenas del desierto. Después de esto, Juan se internó más en el desierto: abandonando el desfiladero de rocas se fue a un lugar más despejado y se estableció junto a un pequeño lago. En la playa había mucha arena blanca. Lo he visto avanzar bastante aguas adentro, mientras los peces nadaban alrededor de él sin temor. Allí vivió mucho tiempo, porque lo vi fabricarse una cabaña o glorieta en medio de los arbustos, para pasar la noche: era pequeña y baja» de modo que apenas podía acostarse en ella para dormir.

  Allí como en otras partes veía formas luminosas que trataban con él sin temor e inocente piedad: parecía que lo instruían y le hacían notar diferentes cosas. Vi también que tenía una varilla atravesada en su bastoncito, de modo que formaba una cruz. Había una tira de corteza atada al cabo del bastoncito, como una banderilla que flotaba al viento mientras jugaba con ella. La casa de Isabel en Juta la ocupó una hija de la hermana de Isabel. Era una casa muy bien cuidada, en perfecto orden y limpieza. Siendo ya grande, volvió Juan otra vez en secreto a ella, regresando inmediatamente al desierto hasta el momento de su aparición entre los hombres.

Beata Catalina Emmerick – “Nacimiento e Infancia de Jesús” – Ed. Guadalupe 2007 – págs. 114, 125,126,129-131.



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

domingo, 22 de junio de 2014

La religión del Papa - (The Wanderer)


  A riesgo de repetir algunas discusiones que ya hemos tenido en este blog, me interesa reflexionar ahora sobre un problema enorme que arrastramos los católicos romanos desde la Contrareforma y que, paradójicamente, en estas décadas anti-contrareformistas se ha acrecentado a niveles ya monstruosos. Y me refiero al problema que podría ser sintetizado con la expresión: “la religión del papa”. Es decir, la identificación de la religión con la figura de una persona, que es siempre circunstancial, y que adquiere las dimensiones de caudillo, cuanto menos.

  Se trata claro, de una peligrosa perversión del hecho religioso y, en el caso del cristianismo, una involución dañina que, me animaría a afirmar, nos sustrae de los dominios de una religión evangélica y nos coloca muy cercanos a una religión tribal. Quiero decir: nos ajena de una religión en la que sus miembros siguen y se comprometen existencialmente con un mensaje que, de un modo radical, orienta a sus fieles hacia la vida trascendente que se abre luego de la muerte corporal. La adhesión al mensaje evangélico es reemplaza por la adhesión incondicional a la persona que, de un modo vicario, establece la referencialidad necesaria e imprescindible que toda religión debe tener. En efecto, en modo alguno estoy discutiendo la necesidad de una iglesia visible que, como tal, necesita de un culto (ya se ve en este blog la importancia central que le otorgamos a la liturgia) y de una estructura humana de gobierno y “acompañamiento pastoral” de los fieles. Y esta estructura, jerárquica por principio, se debe apoyar lógicamente sobre la figura de quien se constituye como vicario del fundador, es decir, el papa.

  El problema consiste en trasladar la adhesión existencial, y en el fondo la fe, al Papa, desplazando o enturbiando el Evangelio. Es decir, que la fe del cristiano termina siendo la fe del papa o, peor aún, la fe en el papa. Esto es, sin más, la fe en una persona que aún poseyendo la legitimidad jurídica requerida y la promesa de la indefectibilidad en materia de fe otorgada por el Señor, no deja de ser un humano con todas las limitaciones del caso.

  ¿Qué problemas acarrea esto? Innumerables, pero aquí planteo dos. El primero, que es muy factible que tales cristianos terminen viviendo su fe no al ritmo del evangelio sino al ritmo del Papa, y esto es una perversión. Y veamos un ejemplo. No es de extrañar que los medios de prensa laicos, cuando hablan de religión, hablen del papa o de los obispos. Ellos no entienden y no les interesa entender la verdadera naturaleza del cristianismo. Pero otra cosa es cuando los medios de prensa católicos han reemplazado el mensaje evangélico por la figura y las palabras del papa. Con alarma y mucha bronca descubro que, desde el fatídico mes de marzo de 2013 hasta la actualidad -aunque previamente ocurría los mismo aunque con menor intensidad-, la expresión mediática más popular y oficialista (y digamos también neocon) del catolicismo argentino, el semanario “Cristo Hoy”, dedica la casi totalidad de sus páginas a describirnos los gestos y palabras del papa Francisco y de los obispos argentinos. Nadie pretende, claro, que no hayan noticias clericales y eclesiales, pero cualquier persona ajena a la fe católica que hojeara la revista durante uno o dos meses, se llevaría la impresión de que los católicos somos personas que seguimos al papa y a los obispos y nos nutrimos de sus enseñanzas. Y eso no es así. Los católicos seguimos a Cristo y nos nutrimos del evangelio, dentro de la estructura visible de la Iglesia, que nos interpreta la Buena Nueva de acuerdo a la Tradición recibida de los apóstoles y los santos. El papa y los obispos son personas menores -algunos muy menores- y circunstanciales, que duran algunos años, muchos de ellos medrando en sus oficios, pero no más que eso. En el fondo, son personajes con una importancia muy relativa y sólo atendibles en la medida en que se ubiquen en la misma línea y espíritu de la Tradición recibida. En pocas palabras, la fidelidad del católico es a Cristo y su Iglesia, y no al papa y a los obispos.

  Una segunda consecuencia es que, al confundir religión con papado o episcopado, la misma dinámica de la confusión exigirá afiliaciones y fidelidades más o menos estrictas a estructuras en general muy personalizadas como modo indispensable de pertenencia a la Iglesia y al evangelio. Es decir, un buen católico,  necesariamente deberá participar de la “vida parroquial” en algunos de los bobos grupos parroquiales que justifican las existencias desvaídas de los curas contemporáneos, o en algún movimiento supraparroquial y supradiocesano, como Fasta, Opus Dei, Neocatecumenales o el que fuera, que le garantiza su dependencia y seguimiento del mensaje de Cristo a través de la dependencia y seguimiento de un fundador, que suele ser demasiado humano: algunos compran marquesados, otros trafican misiles con Kadafi, otros abusan los cuerpos de los jóvenes seminaristas y otros los abusan en sus mentes y en sus almas.

  Para ser buen cristiano nadie necesita ir a grupo parroquial alguno o, mucho menos aún, ser miembro de algún movimiento. Casi me animaría decir, para ser un buen cristiano hay que evitar cuidadosamente ese tipo de ambientes y los ambientes clericales en general. Y esto es así porque somos cristianos, y la nuestra es la religión de Cristo, y no la religión del papa.

  Pero este no es solamente un problema de los neocons. Paradójicamente, es también el problema de los lefes. Ellos han adherido de un modo fundamentalista a los documentos del Vaticano I y de los papas posteriores hasta el Vaticano II, como modo de anclarse en lo que llaman “la Tradición”, pero el problema es que son tradicionalistas de la misma especie de la que lo son los neocons, y solamente se distinguen en la intensidad de la tradición. Porque ambos sostienen, quizás sin saberlo, la expresión antológica de Pío IX: "La tradizione sono io". Si la tradición es el papa, seguir la tradición es seguir al papa. Los neocones lo han seguido contra viento y marea, justificando lo injustificable en el caso de los últimos papas, como único recurso de salvar su religión. Los lefes la tuvieron más difícil porque, como buenos católicos, se dieron cuenta de que, por más papa y concilio ecuménico que fuera, habían cosas que no se podían cambiar, como la liturgia y ciertos aspectos de la doctrina. Lo que hicieron entonces fue afirmarse en la “tradición” de los papas preconciliares, es decir, la tradición de los '50, y poner a sus teólogos a trabajar. Ellos, últimamente están discutiendo la cesación del ejercicio de la autoridad papal por parte de Francisco. Es decir, basados en el absolutismo papal del Vaticano I, afirman algo así como que Francisco no es suficientemente papa. Un sandwich de pan, o un remedio peor que la enfermedad.


  El problema sigue siendo el mismo: reemplazar la religión de Cristo, por la religión del Papa; reemplazar la Tradición de la Iglesia por la tradición del Papa.



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viernes, 20 de junio de 2014

Francisco destruye la capacidad de asombro - Por Augusto TorchSon


  Inútilmente reaccionaríamos al seguir sorprendiéndonos por las reiteradas manifestaciones de apoyo de Francisco a grupos tan abiertamente enfrentados con la Iglesia Católica. Del mismo modo que ya es más que consabido el rechazo epidérmico que manifiesta para todo lo que huele a tradicional o “excesivamente sacro” para cuyos representantes Bergoglio no escatima palabras descalificantes y a quienes excluye de su casi infinito concepto de misericordia, tal vez tratando con esta excepción de confirmar su regla.

  La ingenuidad frente a estas actitudes, bien puede hoy considerarse con todo fundamento como pecaminosa por negligencia, ya que Francisco no disimula sus revolucionarios actos. Bien conviene repasar algunos acontecimientos que, aunque sobreabundantes, confirman nuestra afirmación.

  La semana pasada el obispo de Roma recibió en audiencia privada a la dirigente comunista vinculada a grupos subversivos Milagro Sala. Antes de abordar el asunto viene al caso señalar que los “Abogados por la Justicia y la Concordia” que luchan por la verdad histórica y defienden a los presos políticos de Argentina que están en una  situación cada vez más terrible por la venganza marxista del gobierno Argentino de Cristina Fernandez; fueron recibidos solo tres minutos en audiencia pública a pesar de haber gestionado con bastante antelación una audiencia privada, dada la gravedad de las cuestiones a tratar (aquí). Pero ya sabemos como veremos más adelante que Bergoglio declaró “nunca haber sido de derechas” y todo lo que esté relacionado con lo castrense, como buen amigo del socialismo mundialista, parece provocarle urticarias.


  Volviendo a la visita de la representante del indigenismo marxista, para quienes no conocen a la dirigente del oficialismo argentino, tenemos que decir que está al frente de la agrupación “Tupac Amarú” que como se sabe es el nombre que usa el grupo terrorista peruano MRTA (Movimiento Revolucionario Tupac Amarú). 


  Esta dirigente marxista maneja grandes fondos destinados a la construcción de viviendas estatales. Y en ese sentido cabe mencionar que la agrupación Tupac Amarú entregó viviendas destinada exclusivamente a gays, lesbianas y travestis de la provincia de Jujuy (aquí). También fueron participantes activos de la marcha del “orgullo gay” en dicha provincia(aquí). Así en el video que ponemos a continuación de RomeReports se menciona que se anotició a Francisco sobre el trabajo “social” que lleva a cabo esta dirigente con sus cooperativas, el cual favorece especialmente a esta minoría aberrosexual. Otra vez surge la relación de Bergoglio con los grupos progays que tan vinculados están a su persona y por los que manifiesta una particular predilección. Al respecto ver aquí, aquí, aquí y aquí


  Ahora, ya conociendo las simpatías por las izquierdas y los grupos progay, cabe resaltar otro aspecto no menos escandaloso. En el video nos cuenta RomeReports alegremente que a Francisco le regalaron hojas de coca consideradas por estos grupos indigenistas como "sagradas", informándole que representan sabiduría y que sus abuelos las "leen", y dado que estas son prácticas paganas e idolátricas realizadas por chamanes, brujos y curanderos, a algunos (cada vez menos) nos causó asombro ver como éste procedió sin más a bendecir dichas "hierbas mágicas".  


  Hasta aquí lo que sería una pequeña transgresión de las que tanto les gusta hacer gala al obispo de Roma. Pero subiendo de tono con las polémicas, en la entrevista concedida al periodista de su religión-raza preferida, esto es al judío Henrique Cymerman, mencionó con total tranquilidad que son leyendas negras la del judaísmo deicida, del judío vagabundo y sin patria y que el Concilio Vaticano II cortó con eso, es decir, con las palabras mismas de las Sagradas Escrituras cuando por ejemplo se cita el jactancioso descaro en la actitud de este pueblo frente al deicidio: “...respondiendo todo el pueblo dijo: Recaiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”(Mt. 27, 25). Interesante sería preguntarle a Francisco como interpreta a la luz de este innovador Concilio las palabras de Jesús a los judíos de Juan 8, 44: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer”. Pero pensar que estas pueden ser las palabras más escandalosas del obispo de Roma, sería subestimarlo, por lo que continuó culpando del  “antisemitismo a las corrientes políticas de derecha”. En este punto, debería llamar la atención que Francisco, aunque manifestó nunca haber sido de “derechas”, circunscribe dicha antipatía a la derecha nacionalista católica, ya que la judaica, representada en su corriente más extrema, esto es el sionismo, fue por él reiteradamente homenajeada, llegando a los extremos de hacer una ofrenda floral en la tumba de su creador Teodoro Herzl, y “honrar” con un doctorado “Honoris Causa” al sedicente sionista rabino Skorka, que en dicha oportunidad acusó abiertamente a la teología católica por el antisemitismo que “exterminó” a sus ancestros. Para dejar mejor asentado lo manifestado, agregamos el video correspondiente al excelente blog amigo In-Expectatione, en cuyo artículo se hace un más claro y adecuado análisis sobre esta situación, por lo cual nos remitimos al mismo.


  Lo que sería interesante es, que así como se preocupa tan a menudo por el incorrectamente llamado antisemitismo, también se ocupe por defender a los suyos del cada vez más intenso anticristianismo, ya que la caridad empieza por casa, especialmente de sus victimarios. Y en ese sentido, no podemos dejar de mencionar las continuas masacres musulmanas a cristianos llevadas a cabo de las más atroces formas; cristianos a los que Francisco parece obligar a poner sus otras mejillas aunque esto les cueste sus vidas. Sin embargo, en vez de dar refugio a los católicos martirizados en países islámicos, se los brinda a los inmigrantes ilegales de este grupo religioso. Así, y esta vez recuperando la plenitud de nuestra capacidad de asombro, pudimos observar como en unas Iglesias en Sicilia se les dio alojamiento a estas personas, mostrando un desprecio sin precedentes por la sacralidad que corresponde al Templo de Dios (aquí).


   A esta altura, debiendo entender que lo sacro puede ser igualmente profano por efecto de la “misericordia” bergogliana, y que da lo mismo ser judío, musulmán, budista, umbandista, ateo y porqué no satanista para no discriminar; porque en más de una oportunidad mencionó que todos rezamos al mismo dios; bien podemos aprender de Francisco y en vez de pedir la bendición a un sacerdote “católico, apostólico, romano” podemos como gesto de buena voluntad ecumaníaca, solicitarla a cualquier hereje y cismático, ya que más que la unidad, lo que en tiempos democráticos siempre hay que buscar es el amontonamiento. 



  Trabajando para que Cristo reine.

Augusto TorchSon

Agradecemos al blog amigo http://elpozodejacob.tripod.com/ por la información que nos hizo llegar.

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jueves, 19 de junio de 2014

Lo que preocupa a los demonios sobre la guerra – C.S. Lewis


  Nota de NCSJB: En el fantástico librito de C.S. Lewis la trama se refiere a los demonios tentadores. En este caso el demonio Escrutopo enseña en sus cartas a su sobrino demonio Orugario, a tentar a la persona que tiene a cargo a fin de conducirlo al Infierno.
  La situación en este capítulo que transcribimos, plantea la cuestión sobre si las guerras, pueden ser un motivo de “alegría” o preocupación para los servidores de Satanás.



Mi querido Orugario:

  Es un poquito decepcionante esperar un informe detallado de tu trabajo y recibir, en cambio, una tan vaga rapsodia como tu última carta. Dices que estás "delirante de alegría" porque los humanos europeos han empezado otra de sus guerras. Veo muy bien lo que te ha sucedido. No estás delirante, estás sólo borracho. Leyendo entre las líneas de tu desequilibrado relato de la noche de insomnio de tu paciente, puedo reconstruir tu estado de ánimo con bastante exactitud. Por primera vez en tu carrera has probado ese vino que es la recompensa de todos nuestros esfuerzos —la angustia y el desconcierto de un alma humana—, y se te ha subido a la cabeza. Apenas puedo reprochártelo. No espero encontrar cabezas viejas sobre hombros jóvenes. ¿Respondió el paciente a alguna de tus terroríficas visiones del futuro? ¿Le hiciste echar unas cuantas miradas autocompasivas al feliz pasado? ¿Tuvo algunos buenos escalofríos en la boca del estómago? Tocaste bien el violín, ¿no? Bien, bien, todo eso es muy natural. Pero recuerda, Orugario, que el deber debe anteponerse al placer. Si cualquier indulgencia presente para contigo mismo conduce a la pérdida final de la presa, te quedarás eternamente sediento de esa bebida de la que tanto estás disfrutando ahora tu primer sorbo. Si, por el contrario, mediante una aplicación constante y serena, aquí y ahora, logras finalmente hacerte con su alma, entonces será tuyo para siempre: un cáliz viviente y llenó hasta el borde de desesperación, horror y asombro, al que puedes llevar los labios tan a menudo como te plazca. Así que no permitas que ninguna excitación temporal te distraiga del verdadero asunto de minar la fe e impedir la formación de virtudes. Dame, sin falta, en tu próxima carta, una relación completa de las reacciones de tu paciente ante la guerra, para que podamos estudiar si es más probable que hagas un mayor bien haciendo de él un patriota extremado o un ardiente pacifista. Hay todo tipo de posibilidades. Mientras tanto, debo advertirte que no esperes demasiado de una guerra.

  Por supuesto, una guerra es entretenida. El temor y los sufrimientos inmediatos de los humanos son un legítimo y agradable refresco para nuestras miríadas de afanosos trabajadores. Pero ¿qué beneficio permanente nos reporta, si no hacemos uso de ello para traerle almas a Nuestro Padre de las Profundidades? Cuando veo el sufrimiento temporal de humanos que al final se nos escapan, me siento como si se me hubiese permitido probar el primer plato de un espléndido banquete y luego se me hubiese denegado el resto. Es peor que no haberlo probado. El Enemigo, fiel a Sus bárbaros métodos de combate, nos permite contemplar la breve desdicha de Sus favoritos sólo para tantalizarnos y atormentarnos..., para mofarse del hambre insaciable que, durante la fase actual del gran conflicto, su bloqueo nos está imponiendo. Pensemos, pues, más bien, cómo usar que cómo disfrutar esta guerra europea. Porque tiene ciertas tendencias inherentes que, por sí mismas, no nos son nada favorables. Podemos esperar una buena cantidad de crueldad y falta de castidad. Pero, si no tenemos cuidado, veremos a millares volviéndose, en su tribulación, hacia el Enemigo, mientras decenas de miles que no llegan a tanto ven su atención, sin embargo, desviada de sí mismos hacia valores y causas que creen más elevadas que su "ego". Sé que el Enemigo desaprueba muchas de esas causas. Pero ahí es donde es tan injusto. A veces premia a humanos que han dado su vida por causas que Él encuentra malas, con la excusa monstruosamente sofista de que los humanos creían que eran buenas y estaban haciendo lo que creían mejor. Piensa también qué muertes tan indeseables se producen en tiempos de guerra. Matan a hombres en lugares en los que sabían que podían matarles y a los que van, si son del bando del Enemigo, preparados. ¡Cuánto mejor para nosotros si todos los humanos muriesen en costosos sanatorios, entre doctores que mienten, enfermeras que mienten, amigos que mienten, tal y como les hemos enseñado, prometiendo vida a los agonizantes, estimulando la creencia de que la enfermedad excusa toda indulgencia e incluso, si los trabajadores saben hacer su tarea, omitiendo toda alusión a un sacerdote, no sea que revelase al enfermo su verdadero estado! Y cuán desastroso es para nosotros el continuo acordarse de la muerte a que obliga la guerra. Una de nuestras mejores armas, la mundanidad satisfecha, queda inutilizada. En tiempo de guerra, ni siquiera un humano puede creer que va a vivir para siempre.

  Sé que Escarárbol y otros han visto en las guerras una gran ocasión para atacar la fe, pero creo que ese punto de vista es exagerado. A los partidarios humanos del Enemigo, Él mismo les ha dicho claramente que el sufrimiento es una parte esencial de lo que Él llama Redención; así que una fe que es destruida por una guerra o una peste no puede haber sido realmente merecedora del esfuerzo de destruirla. Estoy hablando ahora del sufrimiento difuso a lo largo de un período prolongado como el que la guerra producirá. Por supuesto, en el preciso momento dé terror, aflicción a dolor físico, puedes coger a tu hombre cuando su razón está temporalmente suspendida. Pero incluso entonces, si pide ayuda al cuartel general del Enemigo, he descubierto que el puesto está casi siempre defendido.

Tu cariñoso tío,

ESCRUTOPO

C.S. Lewis – “Cartas del diablo a su sobrino” Ed. Andres Bello –Págs.17-18


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lunes, 16 de junio de 2014

La responsabilidad del cisma - Plinio Corrêa de Oliveira


Lucha contra los errores entre los católicos no es obra de división, sino de unidad

  Para muchos espíritus timoratos, señalar la existencia de errores entre los católicos es hacer obra de desunión. Condenando el Modernismo, el Papa San Pío X desencadenó contra los instigadores de este error el celo de los elementos más vigilantes del mundo intelectual y de los hombres de acción católicos. San Pío, “un gigante en defensa de un tesoro inestimable: la unidad interna de la Iglesia en su fundamento íntimo, la Fe”.

  San Pío X es superfluo decirlo no patrocinó calumnias, ni exageraciones, ni injusticias. Sino que expresó de modo reiterado y formal su deseo de que los católicos lucharan enérgicamente contra el modernismo.

  ¿Hizo con esto una obra de división? ¿Promovió la desunión? Por el contrario. Es lo que proclamó el Papa Pío XII, afirmando que San Pío X luchó como “un gigante en defensa de un tesoro inestimable: la unidad interna de la Iglesia en su fundamento íntimo, la Fe”. Aquí está señalada la clave del problema. La unidad de la Iglesia se basa en la unidad de la Fe. Combatir los errores entre los católicos no es un trabajo de división, sino de unión, ya que tiene como objetivo reunir a todos en la misma Fe.

  Un Papa tan resueltamente opuesto a los errores de su tiempo, ¿habrá sido anacrónico? ¿No habría hecho mejor condescendiendo, callándose, cerrando los ojos? Por el contrario.

  El santo Papa Pío X fue actualísimo, pues predijo la terrible crisis de nuestros días, y el mundo la habría evitado si hubiera escuchado sus enseñanzas. El capitán “actualizado” no es lo que permite que el barco se deje llevar por las olas, sino el que lo dirige con mano firme para evitar los escollos.

Plinio Corrêa de Oliveira


Nota de NCSJB: El encabezado del artículo es nuestro.


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domingo, 15 de junio de 2014

San Antonio de Padua y el Confesionario



  Antonio, el sacerdote pasaba largas horas en el confesionario. Allí se encontraba cara a cara con tristes y extraños problemas de todo tipo.

  A un penitente en particular, la pasó que, cuando se arrodilló a los pies de este joven sacerdote franciscano, fue incapaz de confesar sus pecados. El dolor que llenaba su corazón era tan grande que simplemente no podía hablar. Antonio leyó en su corazón y supo que estaba sinceramente arrepentido así que le dijo al hombre: "Vete a tu casa, escribe tus pecados en un pedazo de papel, y tráeme el papel". El hombre así lo hizo. Antonio le mandó leer la lista. Obediente, el penitente comenzó con el primero. Para su asombro, vio que, tan pronto como lo nombraba, el nombre de cada pecado desaparecía del papel. Y así continuó. Cuando el último pecado había sido confesado, el papel estaba perfectamente blanco.


 Fuente: http://www.stanthony.org/
Agradecemos a Moises Octavio por acercarnos el relato


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