San Juan Bautista

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jueves, 26 de febrero de 2015

La negación del escándalo y los Últimos Tiempos - Augusto TorchSon


   Mons. Straubinger, en la exégesis de las cartas a las siete Iglesias del libro del Apocalipsis, nos dice que el número 7, como se consideró desde la antigüedad, al ser un símbolo de lo perfecto, representaría una totalidad. Así, correspondiendo a la historia misma de la Iglesia, San Alberto Magno decía que las Iglesias a las que se destinaban la cartas podrían corresponder: la de Efeso al período de los Apóstoles y la persecución de los judíos; la de Esmirna al período de los mártires y la persecución por los paganos; la de Pérgamo al período de los herejes; la de Tiatira al período de los confesores y doctores y las herejías ocultas; la de Sardes a la de los santos sencillos y al escándalo de los malos cristianos que aparentan piedad; la de Filadelfia a la abierta maldad de cristianos; y la de Laodicea al período del Anticristo.

  El padre Castellani se oponía a quienes rechazan el carácter profético de las Siete Epístolas y señalaba que las profecías se aclaran al llegar a su cumplimiento, siendo antes oscuras.

  Con respecto a la carta a la Iglesia de Filadelfia, dice la misma: “Mira que vengo pronto. Mantén lo que tienes…”(Ap.3, 11). A este respecto señala Castellani, en primer lugar, que el “vengo pronto” se refiere a la inminencia de la Parusía, y el “mantén lo que tienes” se refiere a conservar la doctrina tradicional de la Iglesia, a no caer en progresismos o evolucionismos en esta materia.

  Hoy comprobamos de una forma innegable el intento descarado desde las más altas jerarquías eclesiásticas de deformar la doctrina para adecuarlas a los tiempos, negando las expresas palabras de Nuestro Señor: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mat.24, 35). Los conservadores (del status quo y no de la ortodoxia) vienen repitiendo desde siempre que estos cambios no se llevarán a cabo y que es la prensa la que exagera estas situaciones. Pero en su ceguera consentida, a medida que efectivamente se dan estos perniciosos cambios, aceptan los mismos diciendo que no pasarán de eso, y así sucesivamente hasta el infinito. Así con toda razón decía San Agustín: 

A fuerza de ver todo, se termina por soportarlo todo.
A fuerza de soportar todo, se termina por tolerar todo.
A fuerza de tolerar todo, se termina por aceptar todo.
A fuerza de aceptar todo, ¡se termina por aprobar todo!.

  Y ya nadie se escandaliza porque sea el mismo obispo de Roma el que promueva el cambio radical en la doctrina divinamente revelada. Y si bien lo hace desde el inicio de su gestión, se puede comprobar más patentemente en el nefasto Sínodo (en contra) de la Familia, en donde son los cardenales a los que eligió como colaboradores más cercanos los que proponen estos cambios.

  Y ante el silencio de los que deberían ser nuestros pastores, cuando tratamos de advertir sobre estos ataques a las verdades divinamente reveladas, se nos acusa de generar escándalo; cuando el verdadero escándalo es tapar “El Escándalo”, el tratar de ocultar la gran apostasía. En vez de advertir a los fieles sobre el peligro para sus almas que implica el seguir erróneas doctrinas, se nos acusa de “generar miedo” y así se pretende ignorar la gravedad de los tiempos que nos tocan vivir. Entonces estos que se dicen “prudentes”, promueven el creer en Dios pero “sin creerle a Dios”, por lo menos en las verdades incómodas. Así difícilmente podrá mantenerse la observancia de la sana doctrina que nos exige Nuestro Señor en la carta a la Iglesia de Sardes al sostener: “Ten pues, en la memoria lo que has recibido y aprendido, y obsérvalo, y arrepiéntete. Porque si no velares, vendré a ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré a ti.” (Ap.3, 2-3).

  Y en este verdadero escándalo que implica la oficialidad eclesiástica actuando en contra del Magisterio de la Iglesia misma, los culpables de esos “silencios que se autodenominan prudencia” están perfectamente caracterizados en la carta a la última de las Iglesias, la de Laodicea, cuando Nuestro Señor nos dice: “Conozco bien tus obras, que ni eres frío ni caliente, estoy para vomitarte de mi boca” (Ap. 3, 16). Y dice Castellani al respecto que: “la tibieza irá invadiendo esa Iglesia próspera, que realmente se creerá “rica”; y llegará un tiempo en que no tendrá ni la frialdad del paganismo -que es susceptible de ser calentado- ni el calor prístino de la caridad cristiana que la inauguró; y eso es una cosa que da náuseas”.

  Ante el aborto promovido y practicado en todo el mundo, genocidio más grande de la historia cometido por los propios padres contra sus hijos en el mayor estado de indefensión; ante la propuesta de la sodomía como opción válida inclusive hasta el punto de llegar a considerar que quienes así viven “tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana” como dirían nuestros cardenales que también sostuvieron que en las convivencias fuera del matrimonio “se pueden encontrar valores positivos” (Relatio post disceptationem); ante la persecución y decapitación masiva de cristianos en manos de musulmanes, inclusive crucificando y enterrando vivos a niños; ante la desacralización absoluta del culto debido a Dios; y ante un mundo envuelto en guerras y terribles convulsiones internas; la respuesta de la neo-iglesia no es volver a Dios, no es “tener en la memoria lo que hemos recibido y aprendido, observarlo y arrepentirnos” ; sino es concentrarnos dar respuesta a los problemas sociales. Entonces la jerarquía eclesiástica muestra sólo interés por la desocupación, por la inseguridad, por la corrupción (según Bergoglio peor que el pecado), por quitar el hambre y educar (según el mismo Bergoglio sin importar que no sea educación en la fe), y por la paz como bien absoluto por encima de la justicia (aquí).

  Como repetía nuestro querido padre Parrado, hoy se busca "el señor de los milagros" más no el Milagro del Señor. Y en esa búsqueda casi absoluta de las añadiduras antes que el Reino y su Justicia, es que se pretende justificar el escándalo, se trata de contemporizarlo y hasta de negarlo rotundamente. La fe de los falsos prudentes, de los sedicentes evitadores de escándalos;  hoy está condicionada a la no perdida de las porciones democráticas de confort que les toca. Por eso consideran que si las masas están felices con la neo-iglesia, representada en su máxima expresión por Bergoglio; miles de millones de personas no pueden equivocarse. El pueblo soberano, el que decide lo que está bien y lo que está mal por consenso, tiene que tener razón. Así se suprimió en los hechos la necesidad de los preceptos de ir a misa y confesarse, ya que a pesar de la idolatría mundial hacia el obispo de Roma, las parroquias y confesionarios siguen vacíos. Y ante el inmenso peligro de la perdida de almas, la mayoría de los sacerdotes siguen recomendando “esa prudencia” a la hora de evangelizar contrariando la exhortación de San Pablo: “…predica la Palabra, insiste con ocasión y sin ella; reprende, ruega y exhorta con toda paciencia y doctrina” (II Tim.4, 2), y proféticamente continúa el apóstol con los que parecen ser éstos tiempos: “Porque vendrá el tiempo en que no podrán sufrir sana doctrina, sino que, teniendo una comezón extrema de oír, recurrirán a una caterva de maestros siguiendo a sus propias concupiscencias” (II Tim.4, 3).

  Para señalar la proximidad del Su regreso, Nuestro Señor nos dejó signos. Como diría Castellani, como pre-signo, las guerras y rumores de guerra, pero esto sólo como el principio. Y como signos propiamente dichos el 1° sería que el Evangelio se haya predicado en todo el mundo; el 2° la aparición de falsos profetas y falsos cristos (herejes) que engañarán a muchos; y 3° y último, la gran persecución a los que permanezcan fieles. Hoy se puede considerar que éste último presupuesto está empezando.

  Y estas cosas necesariamente tienen que suceder, porque así dijo Nuestro Señor. Cuando comiencen a suceder estas cosas, abrid los ojos y alzad la cabeza, porque vuestra redención se acerca” (Lc.21, 28). Y es por eso que el libro del Apocalipsis es un libro de esperanza, anuncia la redención de los que permanezcan fieles. Y dice Castellani: “…aquí Cristo nos manda que nos alegremos; y para que lo podamos, dice una sola cosa, pero que tiene una gran fuerza: “Serán abreviados aquellos días; porque si duraran, los mismos fieles perecerían – si fuese posible”. Esa condicional “si fuera posible” es sumamente consoladora: supone que NO ES POSIBLE que perezcan los fieles. Dios no lo permitirá”.

  Termina la carta a la Iglesia de Laodicea diciendo: “He aquí que estoy a la puerta y llamo. Si alguno escucha mi voz, y abre la puerta entraré a él, y con él cenaré, y él conmigo. Al que venciere, le haré sentar conmigo en mi trono; así como yo fui vencedor, y me senté con mi Padre en su trono”.  

  Si cabe la aclaración, no se pretende aquí poner fecha a ningún acontecimiento futuro y mucho menos a la Parusía, más si pretende ser una observación de los hechos actuales a la luz de los signos y profecías  de la Sagrada Escritura que pueden coincidir con los postrimeros tiempos de la Iglesia y el mundo.

  Creyendo que para evitar el escándalo hay que seguir callando la apostasía, seguir consintiendo la tergiversación de la verdadera fe, seguir tolerando los más terribles vicios; aquellos a los que se pretende “proteger”, al no exhortarlos a velar, ¿tendrán tiempo?

Maranthá
¡Ven, Señor Jesús! (Ap.22, 20)

Augusto


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miércoles, 25 de febrero de 2015

Requiescat in pace Fabían Vazquez




  Ante el trágico fallecimiento del director de Radio Cristiandad Fabian Vazquez, hacemos llegar nuestras condolencias a su familia así como pedimos oraciones por su eterno descanso.

  Con sus excelentes audios hizo un enorme apostolado por el cual desde hace muchos años nos nutrimos de la más ortodoxa doctrina católica.

  Habiendo compartido nuestro trabajo en su página, así como nosotros lo hicimos habitualmente con el suyo en la nuestra, queremos expresar nuestra tristeza por su pérdida como nuestro agradecimiento por su tan excelente apostolado.



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martes, 24 de febrero de 2015

Traición de Bergoglio a los católicos de Ucrania - Sandro Magister


Nota de NCSJB: el encabezado es nuestro
  
Agredidos por Moscú y abandonados por Roma

  En una Ucrania ocupada por los rusos, los católicos están de nuevo perseguidos. Pero para ellos el Papa Francisco no ha tenido palabras de consuelo, sino de reprimenda. El factor Putin en el Vaticano

de Sandro Magister



  ROMA, 20 de febrero de 2015 – El Papa Francisco ha tenido ocasión de hacerse perdonar por los obispos de Ucrania, que han estado en Roma hace unos días para hablar con él en la periódica visita "ad limina".

  Las palabras con las que Jorge Mario Bergoglio había denunciado al mundo, hace dos semanas, la guerra que asola su patria no habían gustado a estos obispos, a sus sacerdotes y fieles. La había definido "violencia fratricida", poniendo al mismo nivel a todos, agresores y agredidos.

  Y lo peor fue cuando Francisco, levantado la mirada del texto, improvisó: "Cuando oigo las palabras 'victoria' o 'derrota' siento un gran dolor, una gran tristeza en el corazón. No son palabras justas: la única palabra justa es 'paz'. Pensad, ¡esta es una guerra entre cristianos!  Todos vosotros tenéis el mismo bautismo. Estáis luchando entre cristianos. Pensad en este escándalo".

  Que Bergoglio tuviera una especial consideración hacia Rusia es algo que ya se pudo ver cuando estalló la guerra en Siria: convocó una jornada de ayuno y de oración para evitar la intervención armada de Estados Unidos y Francia contra el régimen de Damasco, y Vladimir Putin le felicitó públicamente.

  También pesa el factor ecuménico: de los 200 millones de cristianos ortodoxos que hay en el mundo, 150 pertenecen al patriarcado de Moscú "y de todas las Rusias" y, por consiguiente, es sobre todo con Moscú con quien el Papa quiere cultivar buenas relaciones.

  Pero que la agresión de Rusia a Ucrania, la ocupación armada del territorio oriental, la anexión de Crimea hayan dejado al Papa indiferente a "victoria" o "derrota", ha sido algo insoportable para los sentimientos de los católicos ucranianos, sobre todo teniendo en cuenta que estas palabras del Papa Francisco han sido aplaudidas por Moscú, no por Putin esta vez, sino por el patriarca ortodoxo Kirill, que tiene jurisdicción también sobre los ortodoxos de Ucrania.

  Es aún muy reciente la persecución de la que fueron víctimas los católicos ucranianos por parte del régimen soviético. Su Iglesia, después de la segunda guerra mundial, fue literalmente aniquilada, con innumerables mártires asesinados de las formas más atroces: crucificados, tapiados vivos, ahogados en agua hirviendo.

  La caída del muro de Berlín en 1989 hizo salir a esta Iglesia de las catacumbas. Pero su reconquista de un espacio vital sigue siendo durísima y está aún incompleta, incluidas las iglesias y las casas que acabaron en manos de obispos y sacerdotes ortodoxos.

  Hoy, los casi cinco millones de católicos ucranianos saben muy bien que son ellos el verdadero obstáculo al encuentro entre el Papa de Roma y el patriarca de Moscú. Pero tampoco aceptan ser sacrificados en el altar de este sueño ecuménico.

  Los católicos ucranianos resisten en el oeste del país, en Galitzia, en Leópolis. Pero en Crimea y en el Donbas ocupado la represión es, de nuevo, despiadada.

  El nuncio vaticano en Kiev, el arzobispo estadounidense Thomas E. Gullickson, nombrado por Benedicto XVI en 2011, la ha comparado a la persecución soviética de 1946, "con la complicidad de los ortodoxos y la bendición de Moscú". Ha evocado incluso "la lección del Califato en Iraq y en Siria" para decir que "tragedias como estas" pueden suceder también en otros lugares.

  Los informes que el nuncio transmite a Roma son detallados y alarmantes. Y la reacción de los católicos ucranianos, al ver que nada de todo ello afloraba en las palabras del Papa Francisco, ha sido furibunda. Están convencidos de que también en la curia romana, como en Ucrania, el partido filoruso tiene campo libre e influencia al Papa.

  Ante las protestas de los católicos ucranianos, la secretaría de Estado ha respondido el 10 de febrero con una nota para "precisar que la intención del Papa ha sido dirigirse siempre a todas las partes interesadas, confiando en el esfuerzo sincero de cada una de ellas para aplicar los propósitos alcanzados de común acuerdo y recordando el principio de la legalidad internacional".

  Pero ciertamente, esta tenue alusión a la legalidad no ha preocupado a Moscú, segura de que su anexión de Crimea ha sido, de hecho, aceptada por todos, Vaticano incluido, y que respecto a Donbas, rusificada y sin católicos, podría suceder lo mismo.



  

21 de Febrero de 2015. Su Santidad Benedicto XVI con los obispos de Ucrania



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lunes, 23 de febrero de 2015

Ayuno y tentaciones de Cristo (1962) –P. Leonardo Castellani


   La Iglesia nos propone en este Domingo las tres tentaciones de Cristo tal cual como están en San Mateo. Dios se hizo verdadero hombre y por tanto, semejante al hombre en todo, menos en el pecado, dice San Pablo (Hebr.4,15); y por eso tuvo que ser tentado y fue llevado POR EL ESPÍRITU SANTO para ser tentado al desierto, dice misteriosamente el Evangelio: las tentaciones suceden en el desierto y a la hora del crepúsculo, cuando hay poca luz. Fue tentado de afuera y no de adentro porque no tenía pasiones desordenadas (que son rastros y rostros del pecado), sino que sus pasiones estaban sujetas a la razón como en Adán. El Diablo lo tentó. “¡Qué miedo tendría el maldito!”, dice Santa Teresa.

  Las tres tentaciones de Cristo parecen raras, no parecen las tentaciones ordinarias que tienen los hombres; así algunos Santos Padres dijeron que eran tentaciones muy especiales porque Cristo era un hombre muy especial. Eso no es exacto: Cristo era verdadero hombre, el primero de los hombres, el Hombre por excelencia, el representante de la Humanidad entera; y sus tentaciones son las tentaciones ordinarias de la Humanidad entera. Tenemos que rehacer la exégesis destas tentaciones a la vista de las cosas de nuestro tiempo. Cada generación tiene que rehacer la exégesis de los Evangelios; porque la exégesis que hizo San Agustín para el siglo VI no sirve mucho para el siglo XX. La aplicación es lo que varía.

  El Maldito propuso a Jesucristo que hiciera un milagro para procurarse pan, primero; segundo, que se arrojara desde el pináculo del templo a ver si Dios le mandaba un ángel con un paracaídas; y tercero, desembozadamente, que lo adorara al mismo Demonio a cambio de todos los Reinos de la Tierra. Cristo respondió con tres versículos de la Sagrada Escritura; y en la tercera tentación lo mando al diablo al Diablo: “Vete de aquí, Satanás”.

  Satanás tienta a los hombres con los bienes de la tierra, simplemente: estas tentaciones tienen una misma línea o eje, una línea que se va agravando. Mucho se podría decir acerca dellas, se podrían hacer tres largos sermones que yo he hecho; pero aquí resumo. La primera tentación es de anteponer los bienes materiales a los bienes espirituales; la segunda es lo que llamamos tentar a Dios; la tercera es renegar simplemente de Dios. Las respuestas de Cristo dan el sentido de cada tentación; porque las palabras del Diablo son ambiguas y tramposas.

  “Si eres el Hijo de Dios, di que esta piedras se conviertan en pan”: modelo de estilo lacónico. El fin del Diablo era doble: una, que Cristo cometiera un pecado; y dos, sacarse él una duda: el Diablo no sabía seguro si Cristo era el Mesías y menos sabía si Cristo era Dios, cosas que no le cabía en la cabeza, como no cabe en la cabeza de ningún ser creado, anoser por medio de la gracia, que el Diablo no tiene. El Pecado consistía en usar una cosa espiritual, el don de hacer milagros, para obtener una cosa material, lo mismo que la palabra de Dios, están destinados únicamente al bien espiritual de las almas: ningún santo hizo milagros en provecho propio o para obtener bienes temporales. Usar las cosas espirituales para enriquecerse, por ejemplo, es un pecado grave que se llama “simonía, nombre tomado de Simón el Mago, que quiso comprarle a San Pedro por dinero el don de hacer milagros; justamente. Aquí la tentación es más sutil, porque el Diablo no le propone enriquecerse, sino satisfacer una necesidad – la cual había de satisfacerse de otra manera. “Al fin de los cuarenta días tuvo hambre”; pero podía ir a buscar pan. (El ayuno de cuarenta días no es un milagro… Es posible a cualquier hombre y muchos hombres lo han hecho. El hambre desaparece al tercer día y vuelve con tremenda fuerza a los cuarenta días).

  La respuesta de Cristo da el sentido desta tentación; “No de solamente pan vive el hombre, sino más bien de toda palabra que sale de la boca de Dios”, sea através de la Revelación, sea através de la Razón. La verdadera vida del hombre está en la palabra de Dios y eso debe estar por encima de todas las cosas temporales: esta tentación de anteponer lo material cubre todas las tentaciones del hombre, y sobre todo las tentaciones carnales: su nombre filosófico es “Materialismo”; y la palabra PAN (que en griego casualmente significa TODO) está aquí por todas las cosas creadas en su inmanencia, es decir, en cuanto dicen relación con nosotros y no con Dios. Yo puedo usar el pan, como cualquier otra cosa, incluso la riqueza, el talento, el poder o la ciencia, para servir a Dios; y en ese caso, el pan se vuelve trascendente; pero su uso cualquier cosa exclusivamente par mí mismo, la cosa permanece en su inmanencia, como dicen los filósofos en su dialecto. Poco o nada valen ellas en ese caso, por mucho que las puedan preciar o estimar los hombres; y menos que nada, si sirven para la perdición”. Todas las cosas temporales han sido creadas simplemente para nuestra salvación eterna”.

  La gente dice que ahora estamos en un tiempo de materialismo. Pu troppo (Y así es, desgraciadamente). La actitud fundamental del pecador es ésta: preferir los bienes de la tierra. Esta actitud se agrava cuando el pecador desafía a Dios, que es lo que llamamos “tentar a Dios”: entonces no es ya inmanencia, sino trascendencia, pero al revés, trascendencia invertida: el hombre comienza a hacerse el diosecito. “No tentarás al Señor tu Dios”, respondió Jesucristo; el Diablo quería que Cristo exigiese un milagro de Dios con el fin de ganar renombre y publicidad; porque si la gente del Templo lo viera descender lentamente por el aire, sin duda hubiese obtenido gran publicidad. Como ven, es la misma tentación de antes, agravada: pero el Diablo lo tienta ahora con la Sagrada Escritura en la mano. Esto de desafiar a Dios o poner condiciones a Dios es la tentación de los píos y de los religiosos; de los falsamente píos y falsamente religiosos. El Diablo nos tienta conforme a nuestro natural: las tres cosas con que tentó a Cristo eran cosas a Cristo debidas y que Cristo debía obtener un día: el día de la Ascensión, por ejemplo, voló por el aire, “batiendo el record” de altura de todos los aviadores hasta ahora; y obtuvo en el mundo una gran fama… En cuanto a obtener pan con tal de abandonar la palabra de Dios, es una cosa que Rusia está ofreciendo hoy día a todo el mundo.

  “¿Dónde está eso, el tentar a Dios?”, dirá alguno. “¡No hay eso!” Cada dos por tres me encuentro con gente que dice si Dios hace esto o si Dios deja de hacer estotro, yo no creo más. Eso es poner condiciones a Dios, o sea, endiosarse. La respuesta es: “Ud. no cree ahora tampoco. Nunca ha creído. Su fe no está fundada. Su fe es un capricho”. El “Condenado por Desconfiado” de Tirso de Molina hace eso: es un ermitaño llamado Pablo que pone condiciones a Dios, le exige que le asegure que se va a salvar o no después de tantos ayunos y oraciones; y el Diablo, disfrazado de ángel de luz, se le aparece y le dice de parte de Dios que si persevera en su vida santa, su fin eterno será igual que el fin eterno de un tal Enrico. Paulo se va a Nápoles y halla que el tal Enrico es un bandido, un rufián y un asesino. Desesperado al ver eso, se lanza a una vida igual que la de Enrico, se hace capitán de los bandoleros. Al final se condena, y Enrico se salva porque Enrico se arrepiente antes de ser ejecutado: de manera que el Diablo lo engañó a Paulo con la verdad; si hubiese perseverado en su vida piadosa, hubiera tenido la misma suerte eterna del Enrico. Es una espléndida fábula dramática que dice Tirso es histórica, que él la tomó e un libro de Belarmino.

  Esto de tentar a Dios es el origen de todos los errores, los cismas, herejías y falsas religiones del mundo: el hombre quiere imponer a Dios una religión inventada por él a medida de su razón, o de sus pasiones, o caprichos. Muchos ejemplos podría poner: anteayer leí el reglamente de la cárcel de Oldgate en Londres, donde encierra a los condenados a muerte. Un artículo dice: “El capellán de la cárcel tendrá libre acceso al reo, si éste es desta persuasión religiosa, la Iglesia Inglesa Establecida (“Established Church”); si es de otra persuasión religiosa, el reo puede pedir un ministro de su misma persuasión”. Como ven, la religión es para éstos una persuasión, es decir, asunto de elección propia, o preferencia, o capricho. Pero en Inglaterra hay docenas de persuasiones religiosas, o sea sectas, además del Catolicismo o “Papismo”, que es un 6% de la población; y estas persuasiones religiosas son contradictorias entre sí.

  ¿Cómo puede ser que a Dios “le gusten todas en general”, como dice el tango? Una persuasión religiosa sostiene que Cristo es Dios, y veinte otras que no; una persuasión religiosa sostiene que el Cuerpo de Cristo está en la hostia, o ES la hostia, y veinte otras sostienen que adorar un mísero pedazo de pan es idolatría;  y en tiempo de Isabel Tudor llevaban a la horca en Tyburn  al que oía misa – a escondidas; y en el tiempo de María Tudor quemaban vivo al que decía que la misa era idolatría. Los protestantes llaman ahora a María Tudor, “María la Sangrietna”, Bloody Mary; y los católicos llaman a Isabel I, “Isabel la Feroz”, o por lo menos, “la Desdichada”. Y todas estas persuasiones religiosas ahora para el Gobierno son lo mismo. ¿Les parece que para Dios serán lo mismo? Será igual para Dios que digan Jesucristo fue un impostor o digan fue el hijo de Dios? Cuando estuve en Londres en 1956 había una polémica en los diarios sobre si Jesucristo fue un impostor o fue Dios. Los hombres del siglo XVI eran más lógicos.

  Tentar a Dios, ponerle condiciones, imponerle leyes es una tentación permanente del hombre.

  La tercera tentación es abiertamente satánica: renegar de Dios a cambio de todos los Reinos del Mundo – es decir, a cambio de lo que Dios había prometido al Mesías, lo que era el destino de Cristo. Porque ésa es la astucia del Diablo, prometernos lo mismo que Dios nos quiere dar, pero por mal camino; como tentó a Adán y Eva. ¿Podía el Diablo darle eso: “Todo lo que ves es mío y yo a quien quiero se lo doy”? Es notable que Cristo no le respondió: “Mentiroso, todo esto es de Dios y tu no lo puedes dar”, sino que lo repelió con violencia. Porque el Diablo, el Príncipe este mundo, puede mucho en este mundo, y sobre todo en la Política. En la  Política, el Diablo es una luz.

  “Vender su alma al Diablo” significa ponerse en el camino de la maldad para conseguir poder, por ejemplo; o alguna otra presea. Esas leyendas de la Edad Media de hombres que firman un compromiso escrito con su sangre de entregar su ama y el Diablo los hace triunfar en esta vida, como Fausto, o como Cipriano, o como el Cazador Furtivo de Weber, esconden una profunda verdad. Si uno se hace malo del todo, tiene una ventaja de armamento sobre todos los demás. Los criminales chicos los agarran los jueces, pero los criminales grandes no los agarran los jueces, y a veces son ellos mismos los jueces. Los malvados triunfan a veces en esta vida. ¡Durante toda la vida? No siempre. Porque el Diablo cuando hace una olla, siempre olvida hacer la tapa.

  Tiberio, Emperador Romano sucesor de Augusto, reinaba sobre todo el mundo conocido cuando Cristo era tentado en el Monte de la Tentación. Fue un gran malvado y le fue bien toda su vida; y después de muerto lo “apotheosaron” – es decir, lo declararon Dios: “divus Tiberius”; lástima que sus sirvientes no lo creyeron dios, porque lo mataron a los 78 años ahogándolo debajo de un montón de ropa sucia.

  Tiberio es el responsable último de la Crucificción de Cristo, el peor crimen perpetrado en el mundo. Y sin embargo gobernó bien el Imperio; es decir, por lo menos el Imperio prosperó durante su gobierno; pero a él, con todos sus “facinora et dedecora”, como dice Tácito, ignominias y facinerosidades, posiblemente se lo llevó el Diablo, al cual adoró y obedeció.


LEONARDO CASTELLANI – “Domingueras prédicas II” - Ed. Jauja. Págs. 76-84.


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domingo, 22 de febrero de 2015

La inmensa mayoría se condena - Padre Lucas Prados


De cada 100 católicos que mueren más de 95 están en pecado mortal



“Convertíos y creed en el Evangelio”

  Este miércoles pasado comenzábamos la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza. Una celebración que nos recordaba la frugalidad de esta vida, la necesidad de estar en un permanente estado de conversión y la obligación de estar siempre preparados para entregar cuentas a Dios: “Recuerda que eres polvo y en polvo te has de convertir”

  El Evangelio de este domingo anuncia como de pasada las tentaciones que Jesús sufrió en el desierto cuando, llevado por el Espíritu, estuvo durante cuarenta días haciendo ayuno y oración. Cuarenta días de preparación –como nuestra Cuaresma- para su misión pública, pasión y muerte en la cruz.

  Y acabado ese corto relato de las tentaciones de Jesús, el evangelio nos recuerda la necesidad que tenemos todos de arrepentirnos, convertirnos y creer en la Buena Nueva.

  Este mensaje parece que cae en saco roto entre los católicos de hoy día. La mayoría de los católicos están pensando más en los carnavales que en su propia conversión y arrepentimiento. Y es que este mundo en el que vivimos, y que está controlado y dirigido por fuerzas diabólicas, nos ha puesto una venda ante nuestros ojos para que no nos demos cuenta del estado de nuestra alma y nos arrepintamos y sigamos a Cristo.

  Si viéramos las estadísticas anuales que suelen publicar los obispados sobre la asistencia a misa dominical y la recepción de los sacramentos quedaríamos totalmente estupefactos. De la totalidad de católicos, menos del 8 % van a misa los domingos. Pero la cosa no acaba aquí, pues del 8% que asisten a misa sólo se confiesan habitualmente entre el 15 y el 20 %. El número de matrimonios eclesiásticos que se celebran cada año se ha reducido en más del 70 %, eso quiere decir que más del 80 % de los católicos entre 25 y 40 años viven “unidos” sin haberse casado por la Iglesia.

  Sacando conclusiones, eso quiere decir lo siguiente: de cada 100 católicos que mueren más de 95 están en pecado mortal y como consecuencia van directamente al infierno. ¿Hemos pues recapacitado sobre estas cifras? ¿Somos acaso nosotros aquellos a los que San Pedro no les permitirá entrar en el cielo? Si estás leyendo estas líneas es porque todavía estás vivo. ¡Piensa!, ¡recapacita! ¿Crees realmente en Dios? ¿Qué esperas para cambiar? Como el Señor nos dice en el evangelio de este domingo: ¡arrepiéntete y cree en el Evangelio!


Padre Lucas Prados
  
Visto en: Adelante la Fe



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sábado, 21 de febrero de 2015

Tolerancia e indiferencia - José Ramón López Crestar


Aclarando un concepto muy usado pero generalmente de
forma errónea, por malicia o por ignorancia.


  “Por la solidaridad, sé intolerante”. Este es el lema que divulgó hace algún tiempo la Dirección General de Tráfico en su campaña de retorno del veraneo; y con todo acierto. Porque tolerar que un amigo o familiar conduzca bebido es consentir que arriesgue su vida y la de otros, porque tolerar que conduzca a velocidad excesiva es permitir que se exponga tontamente a sufrir un grave mal y a provocarlo a otros.

  Y es que ciertamente hay cosas y actitudes que no deben tolerarse: afirmación que, con ser cierta, resulta chocante en una sociedad que parece haber hecho de la tolerancia un valor absoluto.

  Quizá desde 1995, año que las Naciones Unidas, el Consejo de Europa y la UNESCO proclamaron año internacional de la tolerancia, se enraizó en el pensamiento general la idea de que todo ha de supeditarse a la tolerancia, entendiendo ésta como un valor fundamental y absoluto.

  Históricamente, la ponderación de la tolerancia como valor, aunque con antecedentes en Locke, arranca del fecundo, talentoso y pródigo en ideas de venenosa cosecha François-Marie Arouet [Voltaire]. Éste publicó en 1763, ya con el seudónimo con que el mundo le conoció, Voltaire, su Tratado sobre la tolerancia, en el que mantuvo, como tesis principal, la necesidad de establecer la más amplia tolerancia y libertad, como garantía de la concordia y la paz sociales, el sentido de la humanidad y la erradicación de la violencia y la injusticia.

  La idea de la tolerancia, incluso en Voltaire, tiene una referencia religiosa: al preguntarse éste -¿por qué no he de hacer yo a otros lo que no quisiera que me hicieran a mí, si con ello salgo ganando?, acude a la idea de Dios remunerador, que castigará todos los delitos, incluso los ocultos, después de la muerte. Estamos, en su caso, desde luego, ante un deísmo moralizante, utilitario, ante la religión concebida, no como verdad, sino como freno moral: si no se cuenta con Dios, no hay forma de evitar que la ley del mundo de los hombres acabe por ser la ley del más fuerte, la ley de la selva, dirá también Arouet.

  En la peculiar reflexión del que fue llamado apóstol de la tolerancia, no hay verdadera tolerancia hacia el error, que exige buscar la verdad y reconocer el yerro, sino un mero dejar estar, ante la supuesta imposibilidad de llegar a la verdad. Habla de tolerancia, cuando lo que de veras predica es la indiferencia.

  Locke había formulado los límites de la tolerancia, al decir que el magistrado no debe tolerar ningún dogma contrario a la sociedad humana, o a las buenas costumbres necesarias para conservar la sociedad civil, mas este límite es necesariamente insuficiente para quienes niegan que haya una verdad universal sobre el hombre, para quienes ignoran qué es lo contrario o lo favorable a la sociedad humana, qué ¡sean las buenas costumbres o en qué deba consistir la conservación de la sociedad civil.

  El paso adelante lo da Voltaire, en la dirección de establecer, como único límite para la tolerancia, la intolerancia, el fanatismo y todo lo que pueda conducir a ello.

  “Lo único que no se puede tolerar es la intolerancia” dice el postulado volteriano, de feliz e inmerecida fortuna, que se viene repitiendo hasta nuestros días. Semejante aserto supone fundar la tolerancia en la tolerancia misma, en un bucle lógicamente ilegítimo, en cuanto lo que se funda en sí mismo es absoluto y, por consecuencia, debería carecer de límites.



  No estamos ante un juego de palabras inocente, sino ante un postulado que no responde a la lógica, que goza de amplio consentimiento y que ha tenido en la historia unas consecuencias desastrosas.

  La intolerancia para con los intolerantes llevó a Voltaire, en su mismo Tratado sobre la tolerancia a alabar el espíritu tolerante del Imperio Romano, que mandaba a los cristianos a los leones porque violentaban el culto tradicional y, con ello, eran ellos los intolerantes, como le llevó a aplaudir la expulsión de los jesuitas de China, o la persecución –atroz, por cierto– de los cristianos del Japón, o la discriminación de los católicos en
la Inglaterra protestante.

  Aquella planta que Voltaire y sus émulos sembraron dio su fruto: las monstruosidades de la Revolución Francesa, el saqueo y destrucción de los templos, la muerte o deportación de cuarenta mil sacerdotes y religiosos, las violaciones de monjas, el genocidio de los campesinos de la Vendée: aguas envenenadas, arrasamiento de decenas de miles de viviendas, ciento veinte mil asesinados, todo ello en nombre de la tolerancia y de la libertad.

  Sin embargo, la tolerancia constituye un valor, aunque relativo y supeditado.

En la Biblia, el mismo Dios que dice —No tolero falsedad y solemnidad (Isaías, 1,13), o condena a quienes toleran a Jezabel (Apocalipsis, 2,20), dice que bella cosa es tolerar penas, por consideración a Dios, cuando se sufre injustamente. (Pedro 2,19). Y es que la tolerancia es un valor enraizado, no en la indiferencia, la despreocupación o la conveniencia social, sino en el amor a Dios y, por éste, a los demás.

  En nombre de la tolerancia absoluta habría que permitir la esclavitud, en cuanto hay personas que apelan a su libertad para tener esclavos e incluso personas dispuestas que, según sus convicciones, prefieren ese género de unión; o la cliteroctomía, tan firmemente asentada como costumbre en algunas regiones de la Tierra; o la tortura, eficaz, según algunos, en la guerra sin cuartel contra la delincuencia. Y, sin embargo, todas esas conductas, desde la perspectiva de los derechos humanos, son merecedoras de condena y repulsa enérgicas.

  Conviene, pues, distinguir entre tolerancia e indiferentismo, relativismo e individualismo: tres actitudes éstas que cercan el valor de la tolerancia, ahogándolo en la confusión.

  Relativismo es considerar que no hay nada inequívocamente bueno o
malo. Escepticismo es negar que existan criterios firmes para distinguir lo bueno de lo malo, lo verdadero de lo falso. E individualismo es suponer que nadie está legitimado para intervenir en la vida de los demás.

  Y tanto el relativismo, como el indiferentismo, como el individualismo, llevan a la dejadez y la pasividad ante el mal.

  La tolerancia, por el contrario, no se asienta en la indiferencia, sino en la firmeza de principios de quien, por afirmar la libertad, se opone a la exclusión indebida de lo que es diferente. Promover la tolerancia no es, pues, animar a consentirlo todo, porque no todo se puede, ni se debe, permitir.


  En nombre de la libertad, con la diferencia legítima, tolerancia, y aun más, amor a quien difiere. Y en nombre de la solidaridad, en nombre de la misma libertad, intolerancia –no menos amorosa, pero exigente y radical intolerancia– para con quienes afrentan la vida y la justicia.


¡Café! – Año 2 N°148 – Buenos Aires – Febrero 2009


Nacionalismo Católico San Juan Bautista



jueves, 19 de febrero de 2015

Dos noticias: La agenda Gay de Bergoglio


Inédita apertura a los católicos gays en El Vaticano

Philip Pulella - Reuters

  Un destacado grupo estadounidense católico en favor de los derechos de los homosexuales recibió un tratamiento especial por vez primera en El Vaticano, iniciativa analizada por sus miembros como un signo de cambio en la Iglesia.

  “Esto es debido al ‘efecto Francisco”, dijo la hermana Jeannine Gramick. Ella es cofundadora de New Ways Ministry, entidad que atiende a los homosexuales católicos y promueve los derechos de los gays dentro de los 1.200 millones de fieles de la Iglesia. Gramick y el director ejecutivo, Francis DeBernardo, encabezaron la peregrinación de 50 homosexuales católicos a la audiencia en la Plaza de San Pedro.

  Cuando el grupo peregrinó a Roma durante los papados de Juan Pablo II y Benedicto XVI fueron ignorados. Esta vez, un obispo estadounidense y un alto funcionario del Vaticano los ayudaron a sentarse junto a dignatarios y grupos católicos especiales. Cuando pasó el Pontífice cantaron “All are welcome” (”Todos son bienvenidos”), un himno que simboliza su deseo de una Iglesia más inclusiva.

  Una lista de participantes facilitada por El Vaticano se refirió a “un grupo de laicos acompañados por una monja”, sin mencionar que se trataba de una organización pro derechos gay.



  “Esto significa que hay movimiento en nuestra Iglesia, movimiento para dar la bienvenida a las personas desde el armario exterior al interior”, apuntó Gramick.

  Varios meses después de su elección Francisco hizo su célebre comentario acerca de que no podía juzgar a los gays que tienen buena voluntad y buscan a Dios. Pero hasta el momento no ha dado señales de que la Iglesia vaya a cambiar sus enseñanzas de que, aunque la homosexualidad no es un pecado, los actos homosexuales sí lo son.

  El pasado octubre, una reunión de obispos de todo el mundo realizada en Roma para debatir sobre la familia hizo público un informe provisional que pedía más aceptación de los gays en la Iglesia. Este pasaje fue suavizado en la versión final del informe, después de que los obispos conservadores se quejaron.

  DeBernardo dijo que las parejas católicas de gays y lesbianas y otras familias no tradicionales deberían ser invitadas para hablar ante los religiosos sobre su fe y su sexualidad.

Visto en: La Gaceta





SEÑALES PARA KASPER Y SU GAVILLA - Catapulta

  En la misa por los nuevos cardenales, Francisco dijo en la homilía:

  “Jesús, nuevo Moisés, ha querido curar al leproso, ha querido tocar, ha querido reintegrar en la comunidad, sin autolimitarse por los prejuicios; sin adecuarse a la mentalidad dominante de la gente; sin preocuparse para nada del contagio. Jesús responde a la súplica del leproso sin dilación y sin los consabidos aplazamientos para estudiar la situación y todas sus eventuales consecuencias.

  Jesús no tiene miedo de este tipo de escándalo. Él no piensa en las personas obtusas que se escandalizan incluso de una curación, que se escandalizan de cualquier apertura, a cualquier paso que no entre en sus esquemas mentales o espirituales, a cualquier caricia o ternura que no corresponda a su forma de pensar y a su pureza ritualista. Él ha querido integrar a los marginados, salvar a los que están fuera del campamento (cf. Jn 10).

  Son dos lógicas de pensamiento y de fe: el miedo de perder a los salvados y el deseo de salvar a los perdidos. Hoy también nos encontramos en la encrucijada de estas dos lógicas: a veces, la de los doctores de la ley, o sea, alejarse del peligro apartándose de la persona contagiada, y la lógica de Dios que, con su misericordia, abraza y acoge reintegrando y transfigurando el mal en bien, la condena en salvación y la exclusión en anuncio.

  El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre…


  Y esto comenta Elisabetta Piqué, dilecta intérprete de las franciscadas:

  “Si cuando lleva casi dos años de pontificado alguien no tenía claro que éste es el rumbo, ayer Francisco, que no casualmente eligió este nombre, quiso recordarlo”.

  “En una homilía-bomba sobre la compasión y la misericordia que debe reintegrar a los marginados, evidentemente escrita y pensada al milímetro y calificada por un veterano vaticanista como un capolavoro, Jorge Bergoglio volvió a decir cuál es su idea de reforma. Y dejó en claro que seguirá adelante, más allá de las resistencias. No por nada recordó que Jesús y los apóstoles Pedro y Pablo en su época escandalizaron y tuvieron resistencias y hostilidad”.

  “En el sínodo de octubre pasado (que fue la primera parte de un proceso que seguirá en octubre próximo), por primera vez se discutieron temas tabú que hacen a la familia, como la comunión a los divorciados vueltos a casar. Esto puso a la defensiva a sectores intransigentes, minoritarios pero influyentes, que tienen otra visión de Iglesia, una Iglesia para pocos selectos y que temen un desmoronamiento de la doctrina.”


  La hermeneuta Piqué celebra de antemano “el desmoronamiento de la doctrina”. Dios no lo permita, pero si eso será posible es porque en Santa Marta hay un desmoronador.


Visto en: Catapulta



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 17 de febrero de 2015

Bergoglio destierra oficialmente la conversión de herejes - RORATE CÆLI


Entonces, ¿Basta de apologética? 
Homilía del Papa Francisco sobre el ecumenismo



  El 25 de enero, como de costumbre, acaeció la celebración de las II Vísperas en la Basílica de San Pablo Extramuros conducida por el Papa con el fin de marcar el final de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (enero 18-25).

  La homilía de Francisco por las II Vísperas de este año ha sido una reiteración de los anteriores mensajes post-conciliares papales sobre el ecumenismo (incluyendo la denuncia de “proselitismo”), pero esta vez contiene dos elementos nuevos: una llamada explícita a rechazar no sólo la actitud “polémica”, sino también la “apologética” con una disculpa pública y formal incluida, más un rechazo por los debates teológicos sobre cuestiones controvertidas a favor de un ecumenismo basado principalmente en la cooperación y el “encuentro”. (Debe tenerse en cuenta que la congregación en estas Vísperas en particular incluyó a representantes de las confesiones ortodoxas y protestantes.)

  Vale la pena destacar que Francisco describe los debates teológicos entre los diferentes grupos cristianos como “discusiones teóricas sutiles”, acerca de diversas “opiniones”, como si las divisiones doctrinales ocurridas en la Iglesia se hubieran fundamentado en meras cuestiones de opinión.

  Confiamos en que los sospechosos de siempre no vayan a tratar de hacer “apologética” en nombre de este discurso mediante una o todas de las siguientes maneras: 1) pretender que Francisco nunca dijo esto, o 2) insinuar que él no sabe lo que es la apologética (él es mucho más inteligente que muchas de las defensas que se intentan sobre sus palabras y acciones), o 3) insistir en que no nos centremos en sus palabras, sino en su intención (las palabras son palabras), o 4) especular que esto es sólo otra traducción errónea del Vaticano (no lo es), o 5) afirmar que “actitud apologética” – sea lo que sea – es diferente de “apologética” y por lo tanto lo que ha dicho Francisco es correcto, y manifiestamente claro para todos excepto los malvados “tradis” y los “liberales”, y más allá de cualquier crítica, al igual que cada palabra que sale de su boca.


  Jesús, cansado del viaje, no duda en pedir de beber a la mujer samaritana. Su sed, lo sabemos, va mucho más allá de la sed física: es también sed de encuentro, deseo de entablar un diálogo con aquella mujer, ofreciéndole así la posibilidad de un camino de conversión interior. Jesús es paciente, respeta a la persona que tiene ante él, se revela a ella gradualmente. Su ejemplo alienta a buscar una confrontación pacífica con el otro. Para entenderse y crecer en la caridad y en la verdad, es preciso detenerse, acogerse y escucharse. De este modo, se comienza ya a experimentar la unidad. La unidad se hace en el camino, nunca se queda parada. La unidad se hace caminando.

  La mujer de Sicar pregunta a Jesús sobre el verdadero lugar de adoración a Dios. Jesús no toma partido en favor del monte o del templo, sino que va más allá, va a lo esencial, derribando todo muro de separación. Él se refiere a la verdad de la adoración: «Dios es espíritu, y los que adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad» (Jn 4,24). Muchas controversias entre los cristianos, heredadas del pasado, pueden superarse dejando de lado cualquier actitud polémica o apologética,  y tratando de comprender juntos en profundidad lo que nos une, es decir, la llamada a participar en el misterio del amor del Padre, revelado por el Hijo a través del Espíritu Santo. La unidad de los cristianos –estamos convencidos– no será el resultado de refinadas discusiones teóricas, en las que cada uno tratará de convencer al otro del fundamento de las propias opiniones. Vendrá el Hijo del hombre y todavía nos encontrará discutiendo. Debemos reconocer que, para llegar a las profundidades del misterio de Dios, nos necesitamos unos a otros, necesitamos encontrarnos y confrontarnos bajo la guía del Espíritu Santo, que armoniza la diversidad y supera los conflictos, reconcilia las diversidades.

  Poco a poco, la mujer samaritana entiende que quien le ha pedido de beber, puede saciarla. Jesús se le presenta como la fuente de la que brota el agua viva que apaga para siempre su sed (cf. Jn 4,13-14). La existencia humana revela aspiraciones ilimitadas: la búsqueda de la verdad, la sed de amor, de justicia y libertad. Son deseos satisfechos sólo en parte, porque desde lo más profundo de su ser el hombre se mueve hacia un «más», un absoluto capaz de satisfacer su sed de manera definitiva. La respuesta a estas aspiraciones la da Dios en Jesucristo, en su misterio pascual. Del costado traspasado de Jesús fluyó sangre y agua (cf. Jn 19,34): Él es la fuente de la que brota el agua del Espíritu Santo, es decir, «el amor de Dios derramado en nuestros corazones» (Rm 5,5) el día del Bautismo. Por obra del Espíritu, nos hemos convertido en uno con Cristo, hijos en el Hijo, verdaderos adoradores del Padre. Este misterio de amor es la razón más profunda de unidad que une a todos los cristianos, y que es mucho más grande que las divisiones que se han producido a lo largo de la historia. Por esta razón, en la medida en que nos acercamos con humildad al Señor Jesucristo, nos acercamos también entre nosotros.

  El encuentro con Jesús transforma a la mujer samaritana en una misionera. Al haber recibido un don más grande e importante que el agua del pozo, la mujer deja allí su cántaro (cf. Jn 4,28) y corre a decir a sus conciudadanos que ha encontrado al Cristo (cf. Jn4,29). El encuentro con él le ha devuelto el sentido y la alegría de vivir, y ella siente el deseo de comunicarlo. Hoy existe una multitud de hombres y mujeres cansados y sedientos, que nos piden a los cristianos que les demos de beber. Es una petición a la que no podemos sustraernos. En la llamada a ser evangelizadores, todas las Iglesias y Comunidades eclesiales encuentran un ámbito fundamental para una colaboración más estrecha. Para llevar a cabo este cometido con eficacia, se ha de evitar cerrarse en los propios particularismos y exclusivismos, así como imponer uniformidad según los planes meramente humanos (cf. Exhort. ap., Evangelii gaudium, 131). El compromiso común de anunciar el Evangelio permite superar toda forma de proselitismo y la tentación de la competición. Todos estamos al servicio del único y mismo Evangelio.

  En este momento de oración por la unidad, quisiera recordar a nuestros mártires de hoy. Ellos dan testimonio de Jesucristo y son perseguidos y ejecutados por ser cristianos, sin que los persecutores hagan distinción entre las confesiones a las que pertenecen. Son cristianos, y por eso perseguidos. Esto es, hermanos y hermanas, el ecumenismo de la sangre.


[Traducido por Juan Campos. Artículo original]


Visto en: Adelante la Fe



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

lunes, 16 de febrero de 2015

Las mentiras de Volpi para ensuciar a los Franciscanos de la Inmaculada - RORATE CÆLI


Comisario de los Franciscanos de la Inmaculada Volpi
admite culpa por difamación y mentiras

Debe pagar 20,000 euros y ofrecer una disculpa pública.

¿Dejará sobrevivir el Papa Francisco a lo que queda de los FFI?

  El Padre Fidenzio Volpi, comisario apostólico del Papa Francisco para los Frailes Franciscanos de la Inmaculada está cosechando lo que había sembrado y probablemente justo a tiempo.

  La colaboradora de Rorate Caeli Francesca Romana ha traducido la primer noticia de “Chiesa e post concilio” en la que se informa que el padre Volpi pagará a la familia del padre Manelli, fundador de los Franciscanos de la Inmaculada una gran suma de efectivo por su “difamación y mentiras” así como ofrecer públicamente disculpas en todos los sitios web que controla.

 Para los lectores regulares de este blog, es de su conocimiento que el padre Volpi fue traído justo para una razón: aplastar una de las órdenes religiosas de orientación tradicional de mayor crecimiento en todo el mundo, pero no por su propia iniciativa: como ya lo ha admitido en el pasado, “específicamente ordenado por del Vicario de Cristo” Papa Francisco para llevar a cabo esta misión.

  Nuestras preguntas ahora son muy simples:

  ¿El Papa Francisco frenará finalmente a este hombre y hará que quite su bota del cuello de una orden que lo único que desea es servir a Dios como los santos lo han servido por dos milenios?

  ¿Y finalmente el Papa Francisco acabará con este injusto comisariato y permitirá a los pobres frailes que han tenido que escapar el yugo de este cruel hombre para que puedan regresar a sus solemnes votos y vivan el resto de sus vidas su vocación en paz? Rezamos por escuchar una respuesta afirmativa pronto.

  Del blog italiano Chiesa e post concilio:

  ¿Es este un fruto de los rosarios y las fervientes oraciones en Santa Maria Maggiore?

  Por el momento la única fuente es Don Camillo (un sacerdote blogero) el que sé que es cercano a la familia Manelli; por esta razón confío en la fuente y le agradezco por la información. Texto original dar click aquí

  ¿Es la justicia de los hombres más eficiente que la justicia eclesiástica (de la nueva Iglesia por lo menos) que pareciera apenas haber encontrado la misericordia apenas hoy?

  Me pregunto sin embargo, por qué Don Camillo puede atribuir lo acontecido a Benedicto XVI siendo que el decreto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica en el cual se estableció el comisariato de los Franciscanos de la Inmaculada y la subsecuente destitución del fundador y Ministro General del Instituto Religioso (y su Consejo) está fechada el 11 de Julio del 2013.

  El decreto, firmado por el Cardenal Prefecto, Joao Braz de Aviz y por el Arzobispo Secretario José Carballo OFM, privó a los superiores de los Franciscanos de la Inmaculada de cualquier autoridad encargando el gobierno del instituto a un “Comisario Apostolico”, el Padre Fidenzio Volpi, un capuchino. Un decreto, además, que no menciona ninguna fechoría, ni actos expresa e indirectamente en contra del bien del Instituto Religioso. Y sin ninguna referencia, pregunta o motivación referente propiamente a la fe, moral o disciplina.

  Y fue confirmado por escrito por el Papa Francisco lo cual hizo cualquier recurso de apelación imposible.

  No me he involucrado personalmente demasiado con respecto a la situación de los Franciscanos de la Inmaculada pero una sentencia emitida por el Organismo de Mediación (Organismo di Mediazione forense) del tribunal Romano del 12 de Febrero es demasiado jugosa.

  Los hechos:

  El 8 de Diciembre del 2013, el padre Fidenzio Volpi escribió en una carta:

  Escribe: “Un asunto que es sumamente grave (y que apenas ahora le hago oficialmente de su conocimiento) fue la transferencia de activos muebles y de bienes raíces pertenecientes al instituto a laicos conocidos como hijos (o hijas) espirituales y miembros de la familia del fundador, padre Stefano M. Manelli, así como también a algunos familiares de algunas monjas.” Continúa el padre Volpi: “Estas maniobras, gravemente ilícitas tanto desde un punto de vista moral como canónicamente y con repercusiones en la esfera civil y penal ocurrieron después de la nominación del Comisario Apostólico manifestando así una voluntad de substraer estos fondos del control de la Santa Sede.” El comisario trata de ocultar las medidas al respecto: “Aquellos que han hecho o permitido todo esto han caído en una grave falta y si son religiosos son sujetos a severas sanciones canónicas. Algo similar ha sucedido también en las obras del apostolado: la editorial y la televisión.”

  […] Así pues, por estas mentiras el padre Volpi, (después) de haber negociado con toda la familia Manelli, cuyo honor fue dañado, y en consecuencia después de haber admitido su crimen de difamación y mentiras el 12 de Febrero del 2015, como justa compensación tendrá que pagar 20,000 euros a la familia Manelli además de todos los gastos judiciales, la publicación de una disculpa pública en los sitios de internet por el controlados así como cartas circulares a todos los frailes y monjas.

¡Se ha hecho justicia!


[Fuente: Chiesa e post concilio. Traducción al inglés por nuestra colaboradora Francesca Romana. Traducción al español por E.F.. Artículo original]


Visto en: Adelante la Fe


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