domingo, 29 de octubre de 2017

La esencia de la república - M. Anatole France



  “La república -afirma Lantaigne- ha hecho a la Iglesia heridas más profundas y escondidas. Conocéis demasiado las cuestiones de la enseñanza M. Bergeret, como para advertir varias de sus plagas. Pero la peor de todas fue introducir en los episcopados a sacerdotes imbéciles de espíritu y de carácter… He dicho bastante. El cristiano se consuela sabiendo que la Iglesia no perecerá. ¿Pero cuál puede ser el consuelo del patriota? Descubre que todos los miembros del Estado están gangrenados y podridos. En veinte años ¡Que progreso en la descomposición! Un jefe de Estado cuya única virtud es la impotencia y que se convierte en criminal en cuanto se supone que obra o que solamente piensa. Ministros sometidos a un Parlamento inepto, al que se cree venal, y cuyos miembros, cada día más ignorantes, fueron elegidos, formados, designados, en las impías asambleas de los francmasones, para hacer un daño del que personalmente son incapaces, pero al que superan con los males causados por su inacción turbulenta; un funcionarismo en constante aumento, inmenso, ávido, malévolo y en quien la república cree asegurar una clientela que nutre para su ruina; una magistratura reclutada sin regla ni equidad, y demasiado a menudo solicitada por el gobierno para no sospechar su complicidad; un ejército en el que penetra sin cesar, como en toda la nación, el espíritu funesto de la independencia y de la igualdad, para luego arrojar sobre las ciudades y los campos una multitud de ciudadanos echados a perder por el cuartel, incapaces de tener un oficio y asqueados del trabajo; un cuerpo de maestros que tiene por misión enseñar el ateísmo y la inmoralidad; una diplomacia a la que le falta el tiempo y la autoridad y que deja el cuidado de nuestra política exterior y las conclusiones de nuestras alianzas a los expendedores de bebidas, a los empleados de tienda y a los periodistas; en fin, todos los poderes, el legislativo y el ejecutivo, el judicial, el militar y el civil, mezclados, confundidos, destruidos el uno por el otro; un reino irrisorio que en su debilidad destructiva ha dado a la sociedad los dos instrumentos de muerte más poderosos que la impiedad haya fabricado nunca: el divorcio y el maltusianismo. Todos los males de los que he hecho una rápida revisión pertenecen a la república y surgen naturalmente de ella. La república es esencialmente mala. Es mala porque quiere la libertad que Dios no ha querido, porque Dios es el señor y es él quien ha delegado a los sacerdotes y a los reyes una parte de su autoridad. Es mala porque quiere una igualdad que Dios no ha querido, puesto que ha establecido jerarquías y dignidades en el cielo y en la tierra. Es mala porque instituye una tolerancia que Dios no puede permitir, porque el mal es intolerable. Es mala porque consulta la voluntad del pueblo, como si el juicio de la multitud ignorante debiera prevalecer contra la inteligencia de los mejores y de aquellos que se conforman a la voluntad de Dios… Es mala porque declara su indiferencia religiosa, es decir, su impiedad, su incredulidad…”


M. Anatole France “L’Orme du Mail”, citado por Rubén Calderón Bouchet en “Maurras y la Acción Francesa frente a la III° República”, Ed. Nueva Hispanidad, 2000, pags. 34-35

Enviado por Santiago Mondino



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

sábado, 21 de octubre de 2017

Nuevas claves para entender el caso Maldonado – Antonio Caponnetto



-El Río Chubut no es un antiguo afluente patagónico. Fue fabricado por la Gendarmería Nacional, el 1 de agosto del corriente, para ahogar a los inmaculados mapuches y sus sacrosantos seguidores.

-Existe un Equipo Forense de Colocación de Cuerpos Mapuchistas (en adelante EFCM). El ahogamiento y la hipotermia nunca causan la muerte de quienes se arrojan al Río Chubut. Mentar tales factores es encubrimiento estatal. La verdadera causa es el EFCM.

-Si un gendarme persigue a un mapuchista que acaba de cometer varios delitos y actos subversivos, el hecho –aunque esté registrado y conste- debe calificarse de bajo e inhumano, y negarse enfáticamente. Sencillamente porque los mapuchistas nunca cometen delitos. Hablar de subversión y de guerrilla, además, nos remite a los Grupos de Tareas, resabios de los años de plomo. Todo marxista tiene el derecho humano de delinquir como mejor le plazca.

-Sabiendo como saben, los miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, que al perseguir a un delincuente, a éste puede darle desde una taquicardia hasta un colapso, son responsables del homicidio del perseguido, si encima que lo corren injustamente, no ordenan la custodia de la víctima con un equipo del SAME y una Unidad Coronaria Móvil. Quede sentada jurisprudencia al respecto.

-Si la autopsia más científicamente ejecutada de toda la historia nacional, determina que el cadáver no tiene lesiones y lleva más de sesenta días bajo el agua del Río Chubut, eso no obsta para exculpar a la Gendarmería. Porque su obligación era dejar múltiples y visibles señales de que lo habían torturado y matado. Por no cooperar al relato mapuchista –imprescindible para el triunfo de las luchas populares- esta fuerza represora y toda la prensa hegemónica deben recibir un condigo castigo. Son culpables de no cooperar con la causa intachable de los desaparecidos. Entiéndase de una vez: son reos por no ser reos.

-Investíguese como copartícipes de complicidad manifiesta, a los perros que suspendieron el olfateo a orillas del Río Chubut, a las raíces de los arbustos que enredaron el cadáver, y de modo especialísimo al Gendarme Emmanuel Echazú. Los primeros son evidentes cultores de la Doctrina Canina de la Seguridad Nacional. Las segundas crecieron frondosas al amparo de la dictadura fitogeográfica. El tercero es un huinca que osó interponer su mandíbula al lanzamiento de un adoquín libertario, lanzado por las atávicas tribus originarias.

-Si las autoridades políticas dan el pésame a los familiares del difunto, merecen el repudio y la abominación por el uso electoral del occiso. Estamos de acuerdo. Pero si, con la autopsia aún en curso y el muerto descompuesto e insepulto, los familiares salen a decir que hay que castigar electoralmente a las autoridades, eso se llama “elaborar el duelo”. Igual calificación merecerán las múltiples tomas, incendios y actos de vandalismo perpetrado por los mapuchistas y arcángeles afines. Hay que respetar a rajatabla a la familia Maldonado. Pero está permitido -y goza de aquiescencia plena- tomar por estúpidos al resto de las familias argentinas. Todos debemos llamarnos a un silencio respetuoso ante el finado. Pero el grupete de sus familiares y amigos puede decir cuanto exabrupto se le ocurra.

-Son cada vez más abundantes los datos que corroboran la ligazón familiar, parental e ideológica del muerto con militantes kirchneristas y otros grupúsculos afines a la guerrilla setentista. Por lo tanto, quienes descubran estas asociaciones y el grotesco montaje circense que todo este caso significa, deberán ser palpados de armas por los caciques mapuches, bajo el cargo de conspirar contra el pensamiento único.

-Esto recién empieza. Se puede negar la resurrección de Jesucristo, pero “aparición con vida para Maldonado”, porque “con vida se lo llevaron y con vida lo queremos”. Dispóngase además que, junto con la bandera del orgullo gay, Rodríguez Larreta, haga flamear a media asta las banderas de la Nación Mapuche y del Anarquismo, durante tres días del calendario maya. Dispóngase asimismo que el paraje donde fue hallado el cuerpo del Héroe del Tatuaje, sea denominado Maldonado. El cual, para no confundirse con el arroyo homónimo y volver a inundar la Juan B. Justo, deberá figurar en la toponimia chubutense como El kürü Maldonado.

-Enterados los sobrevivientes de las tribus de la Polinesia, principalmente los clovis, de que los mapuches se adjudican el carácter de pueblos originarios de América, en desmedro de sus verdaderos derechos a la originariedad, han constituido con sede en Londres la Clovis Nation Society, reclamándole al Estado Argentino la entrega inmediata de la cadena Hotesur,los ranchitos de Lázaro Baez, la bisutería de Cristina y la cripta de Néstor.

-Finalmente, y al cierre de este manojo provisorio de “claves para un macaneo mejor”, el Gobierno dispuso que se le pague la suma de dos millones de pesos, en carácter de recompensa, al mapuche que, después de una cadena de falsos testimonios, señaló donde estaba el cadáver del neo Che. El indio ya adelantó que, dadas las circunstancias, se suprime momentáneamente y hasta el cobro de la inquietante suma, todo concepto de propiedad colectiva.

- Hace casi tres meses que este gobierno cobarde y ruin, moviliza para hallar a Maldonado, un despliegue de medios y de pesos como pocas veces se vio antes. Ahora faltaba el agregado de la recompensa a quien en un país normal debería dársele, por lo menos, no un premio sino un castigo por pertenecer a una asociación insurreccional y sediciosa. ¿Con qué cara los mapuchistas pueden seguir diciendo que el gobierno lo desapareció y la Gendarmería se lo llevó?

-Macri facho y gato. Un momento. Como el clan familiar de los Maldonados, pedimos respeto y prudencia en el uso de las palabras. Benito Mussolini no merece este agravio. Ni tampoco la comunidad felina. Al fin de cuentas, sea por la vía de un Duce Argento o de una legión de felis silvestres catus, bien le vendría a la patria ejecutar un justiciero y férreo escarmiento contra tantas ratas sueltas que deambulan impunemente.


ANTONIO CAPONNETTO



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

El Papa Pio XII durante la Segunda Guerra Mundial - Mary Ball Martinez


“Y conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres” 
(Juan 8,32)


  Desde los 60's, ha estado cada vez más de moda condenar a Pio XII (Eugenio Pacelli) - quien fue Papa desde 1939 hasta 1958 - por su supuesta indiferencia respecto del destino de los judíos de Europa durante la Segunda Guerra Mundial. El rabino Marvin Hier del Centro Simon Wiesenthal de Los Ángeles, por ejemplo, recientemente declaró: “…El Papa Pio XII se sentó sobre el trono de San Pedro en un silencio pétreo, mientras los trenes estaban llevando a millones de víctimas desprevenidas a través de Europa camino a las cámaras de gas.

  …Ni una vez el Papa alzó su voz con términos inequívocos para protestar contra las deportaciones y el homicidio de los judíos…”

  Para estar seguro, el Vaticano no fue el único objetivo de tal crítica. Los líderes en tiempos de guerra de los Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países han sido blanco de ataques similares, y cada vez mayores en los últimos años por su supuesta indiferencia respecto de a los judíos de Europa durante la guerra. A decir verdad, como ha señalado el Dr, Arthur Buts, el Papa Pio XII - junto con los gobiernos Aliados e incluso con organizaciones judías internacionales más importantes - no hicieron eso, actuando como si creyeran seriamente en las historias sobre exterminios masivos de judíos. (Ver: A. Butz, “The Hoax of the Twentieth Century”, apéndice E y suplemento B)

  Las críticas como la del rabino Hier muestran una cruel ingratitud respecto de la inmensa ayuda del Vaticano hacia judíos perseguidos durante los años de guerra. En el de 1967 libro, “Three Popes and teh Jews, Jewish historican and Israeli government” el oficial Pinchas Lapide defiende enérgicamente a los registros del Vaticano. “La Iglesia Católica, bajo el pontificado de XII de Pio, fue el instrumento de salvamento de al menos 700.000 y hasta probablemente 860.000 judíos”, escribe Lapide.

  En el siguiente ensayo, una experimentada observadora vaticana toma un sorprendentemente diferente punto de vista respecto del papel desempeñado por el Vaticano durante la guerra. Contrariamente a la percepción extensamente sostenida, ella argumenta que Pio XII se opuso enérgicamente a la Alemania Nacional Socialista, hizo todo lo que tenía en su poder para ayudar a los judíos perseguidos en Europa, y ayudó activamente a la causa Aliada durante la guerra.

Mary Ball Martinez fue una acreditada miembro del cuerpo de prensa Vaticano desde 1973 hasta 1988, reportando para el “National Review”, The American Spectator” y “The Wanderer”.
Este ensayo ha sido adaptado por ella de una sección de su libro: The Undermining of the Catholic Church”


  El persistente mito de la indiferencia vaticana respecto del destino de los judíos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial tuvo su origen en los 60s, y particularmente en la obra dramática “El Diputado”, del autor alemán protestante Rolf Hochhuth, y en un libro del historiador judío Saul Friedländer.

  Respondiendo a estas acusaciones, el Papa Pablo VI abrió los registros del tiempo de guerra en los archivos vaticanos, para ser estudiados por cuatro historiadores jesuitas, permitiéndoles seleccionar documentos para su publicación. El estadounidense entre ellos, Robert A Graham, ordenó un gran número que fueron divulgados finalmente en una serie de volúmenes. Estos documentos de peso muestran claramente que antes del brote de hostilidades en 1939, el Secretario de Estado Pacelli, futuro Papa, estuvo profundamente involucrado en la promociona de asistencia social a los Judíos de Europa.

  Adolf Hitler había sido Canciller de Alemania por menos de seis meses cuando el Cardenal Pacelli estaba instando al Papa Pio XI a dar alojamiento en la Ciudad del Vaticano a judíos ilustres que lo requirieron. En 1937, mientras llegaba al puerto de Nueva York a bordo de la linea italiana Conte di Savoia, pidió al Capitán de la embarcación que izara hasta arriba un improvisado estandarte con la estrella de seis puntas del futuro Estado de Israel en honor, dijo, a los seiscientos judíos alemanes a bordo. Un año después, los ciudadanos de Munich quedaron asombrados al ver que la Torah y otros objetos rituales eran removidos de la Sinagoga principal de la ciudad “para su custodia” en la limusina del Arzobispo, y enterarse que la transferencia había sido ordenada por el Cardenal Pacelli en Roma. Uno de sus últimos actos antes de convertirse en Papa en 1939, fue notificar a los obispos estadounidenses y canadienses de su disgusto por la resistencia de las universidades católicas a aceptar más estudiantes judíos europeos y a científicos en su personal, e instó a los obispos a remediar esta situación.


Apoyo al Sionismo

  Pío XII, Eugenio Pacelli entendió desde el principio la importancia de Palestina para el alma judía. En 1939, mientras las noticias llegaban a Roma sobre el avance alemán a Polonia, telegrafió al Nuncio Pacini en Varsovia para “tratar de organizar judíos polacos para un pasaje a Palestina”. Mientras tango Pio XII ordenó al Nuncio Angelo Roncalli (el futuro Papa Juan XXIII) en Estambul que prepare miles de certificados de bautismo para los judíos que llegan con la esperanza que estos documentos hagan que la policía británica en Palestina les permita entrar al país.

  Roncalli protestó. “Sin duda”, le escribió al Papa, “un intento de revivir los antiguos Reinos de Judea e Israel es utópico. ¿No expondrá al Vaticano a acusaciones de apoyo al sionismo?” El Secretario de Estado, el Cardenal Maglioni, no estuvo menos preocupado. Le preguntó al Papa, ¿Con qué criterio puede justificar históricamente traer de regreso a un pueblo a Palestina, territorio que dejaron hace 19 siglos? Seguramente hay lugares más adecuados para que los judíos se establezcan”.


No neutral

  A mitad de camino en su proyecto, el padre Graham le dijo al Washington Post: “Estaba estupefacto con lo que estaba leyendo. ¿Cómo podría uno explicar acciones tan contrarias al principio de neutralidad?” Durante los primeros meses de la guerra, descubrió Graham, que el nuevo Papa en persona era el autor de los textos intensamente antialemanes emitidos en todo el mundo por Radio Vaticano. Aunque la participación personal de Pío XII no se conocía en ese momento, estas declaraciones fueron tan enérgicas y partidistas que provocaron vigorosas protestas del Embajador de Alemania en la Santa Sede e incluso de los obispos polacos. Como resultado, la transmisión se suspendió, para disgusto del gobierno británico, que perdió lo que el padre Graham llama “una formidable fuente de propaganda”.

  Pío XII también estableció el Comité Católico de Refugiados en Roma, que colocó a cargo de su secretario, el padre Leiber, y su ama de llaves, la Joven Madre Pasqualina. En su libro Pie XII avant l'Histoire, Monseñor Georges Roche informa que este comité permitió a miles de judíos europeos ingresar a los Estados Unidos como “católicos”, proporcionándoles un eficiente servicio de documentación, que incluye certificados de bautismo, ayuda financiera y otros arreglos transnacionales. El historiador francés estima que en 1942 más de un millón de judíos estaban siendo alojados, por órdenes del Vaticano, en conventos y monasterios en toda Europa. El historiador británico Derek Holmes informa que tanto los judíos como los partidarios italianos de los movimientos guerrilleros clandestinos estaban vestidos como monjes y monjas, y se les enseñó a cantar cantos gregorianos.

  El propio Papa dio ejemplo cuidando a unos 15,000 judíos y disidentes italianos en Castel Gandolfo, la residencia de verano del Papa, así como a varios miles en la Ciudad del Vaticano. Entre los que fueron ayudados estaba el líder socialista italiano, Pietro Nenni, que necesitaba un escondite después de su regreso de la España desgarrada por la guerra, donde había servido como comisario de las Brigadas Internacionales.

  Mientras tanto, en Francia, bajo la propia nariz del llamado gobierno de Vichy, el Cardenal Tisserant trabajó con el Comité de Distribución Conjunta para facilitar la emigración judía. Su secretario, Mons. Roche, ha descrito una imprenta subterránea en Niza, protegida por el alcalde de la ciudad y el arzobispo, donde se produjeron 1.915 documentos de identidad falsos, 136 permisos de obras falsos, 1.230 certificados de nacimiento falsos antes de que la operación descubriera.

  En Hungría, el padre Giovanni Batista Montini, el futuro Pablo VI, estaba trabajando con las autoridades en un plan que garantizaría la seguridad de los 800,000 judíos del país con la condición de que se sometieran al bautismo.


Complot contra Hitler

  Para su asombro, los cuatro historiadores jesuitas se encontraron con documentos que documentaban la participación personal de Pío XII en un complot para derrocar a Hitler. En enero de 1940 fue contactado por el agente de una cierta camarilla de generales alemanes, que le pidieron que dijera al gobierno británico que se comprometerían a “eliminar” a Hitler si se les aseguraba que los británicos se reconciliarían con un régimen alemán moderado. Pío XII le transmitió este mensaje a Sir D'Arcy Osborne, enviado de Gran Bretaña ante la Santa Sede. La oferta fue rechazada


El factor soviético

  Las preferencias papales por el bando aliado se hicieron más difíciles de defender después de junio de 1941, cuando este se convirtió en el bando soviético. Para entonces, la “Fortaleza Europea” de Hitler era abrumadoramente católica. Alemania misma incluía las regiones predominantemente católicas de Austria, el Sarre y los Sudetes, así como Alsacia-Lorena y Luxemburgo. Además, los países aliados alemanes de Italia, Eslovenia, Eslovaquia y Croacia eran completamente católicos, y Hungría también lo era principalmente. Francia -incluida la zona norte ocupada por los alemanes y el sur dirigido por Vichy- cooperó con Alemania. Del mismo modo, la España católica y Portugal fueron simpatizantes.

  Un sacerdote católico, Josef Tiso, había sido elegido presidente de la República de Eslovaquia, respaldada por Alemania. En Francia, que prohibió el Eje de la Francmasonería, se pusieron crucifijos en todos los edificios públicos, y en las monedas francesas se reemplazó el antiguo lema oficial de la Revolución Francesa, “Libertad, Igualdad, Fraternidad” por “Familia, Patria, Trabajo.”

  Así, el Papa Pío XII se encontró en la incómoda posición de aliarse con la atea Rusia soviética, la abrumadoramente protestante Gran Bretaña (con su vasto imperio, principalmente no cristiano) y los Estados Unidos predominantemente protestantes, contra la ampliamente católica “Fortaleza Europea”. “Su apuro llegó a su clímax después del ataque de diciembre de 1941 a Pearl Harbor y la entrada completa de Estados Unidos en la guerra mundial. La mayoría de los católicos estadounidenses, incluidos los itálicos, irlandeses, alemanes, húngaros, eslovenos, croatas y eslovacos, se consideraban a sí mismos “aislacionistas”. Además, las atrocidades comunistas contra sacerdotes, monjas e iglesias durante la Guerra Civil española (1936-1939) seguían frescas en sus mentes.

  Como diplomático experto que era, Pío XII se enfrentó al desafío. Designó al joven y dinámico obispo auxiliar de Cleveland, Michael Ready, para encabezar una campaña para “reinterpretar” la Divini Redemptoris, la encíclica antimarxista del Papa anterior, Pío XI, y difundir la idea de que el dictador soviético Stalin estaba abriendo el camino a la libertad religiosa en la URSS.


El silencio de la guerra del Papa

  Que le costó algo al jefe de la Iglesia Católica enfrentar a tantos millones de católicos europeos como entusiastas defensores de sus enemigos, es evidente a partir de una conmovedora carta que Pacelli escribió a Myron C. Taylor, quien había sido su anfitrión en Nueva York y ahora era el enviado de Roosevelt a la Santa Sede. En parte, a pedido del presidente Roosevelt, el Vaticano dejó de mencionar al régimen comunista. Pero este silencio pesa sobre los líderes que continúan la persecución contra las iglesias y los fieles. “Que Dios conceda que el mundo libre no lamente un día mi silencio”. Hubo un “silencio de Pío XII”, pero no fue el silencio inventado por Hochhuth y Friedländer.


Cooperación Vaticano-Comunista

  Aun así, los esfuerzos del Papa continuaron. Cuando se supo que las tropas alemanas ocuparon Roma, ordenó que se tallara el sello papal en la puerta de entrada de la Gran Sinagoga de Roma, y ​​en julio de 1944 autorizó un encuentro entre su mano derecha, Mons. Montini, y el líder indiscutible del comunismo italiano, Palmiro Togliatti, que había regresado recientemente de 18 años en la Unión Soviética.

  Según el documento JR1022, publicado hace algunos años por los sucesores de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) en tiempo de guerra de los Estados Unidos.

  ... las conversaciones entre Mons. Montini y Togliatti fueron el primer contacto directo entre un alto prelado del Vaticano y un líder del comunismo. Después de haber examinado la situación, reconocieron la posibilidad potencial de una Alianza contingente entre católicos y comunistas en Italia que daría a los tres partidos -cristianos demócratas, socialistas y comunistas- una mayoría absoluta, lo que les permitiría dominar cualquier situación política. Se redactó un plan tentativo para establecer las bases sobre las cuales se podría llegar a un acuerdo entre las tres partes.

  Ese “plan tentativo”, forjado hace 49 años, se convirtió en la base de la impía Alianza que descristianizó a grandes sectores de la población italiana, trajo varias décadas de sangrienta confusión en las escuelas y fábricas y abrió la nación a la mafia, culminando hoy en la demanda nacional de una amplia reforma sociopolítica llamada “Mani Puliti”, Manos limpias.


“Crusada” Rechazada

  En su primer discurso importante después de la guerra, el Papa defendió la actitud unilateral que había mantenido a lo largo del conflicto. Le dijo al Colegio de Cardenales, “nosotros como cabeza de la Iglesia nos negamos a llamar a los cristianos a una cruzada”. Estaba refiriéndose a la visita en tiempo de guerra a Roma del cardenal francés, Boudrillat, para pedir una bendición papal para los regimientos voluntarios de franceses, españoles, italianos, croatas, húngaros, eslovenos -católicos casi en su totalidad- que partieron con las fuerzas armadas de Alemania y sus aliados para conquistar la Unión Soviética o, como dijo el cardenal, “liberar al pueblo ruso”. “Junto con los “Cruzados” iba a ir un considerable contingente de sacerdotes de lengua rusa y ucraniana, jóvenes graduados del Russicum, el seminario ruso de Roma, que esperaban abrir iglesias cerradas por mucho tiempo de esa manera.

  Las expectativas del Cardenal se desvanecieron rápidamente cuando el Papa exigió una retirada inmediata de la solicitud de una bendición. Además, Boudrillat no tendría contacto alguno con la prensa.

  A medida que la guerra se prolongaba, se ejerció más presión sobre Pío XII para resistir el avance del Marxismo. El Nuncio Roncalli escribió desde Turquía para expresar “pánico” por la ofensiva soviética. Había intentado en vano, según informó, averiguar de su visitante reciente, el cardenal Spellman de Nueva York, respecto de cuánto le había prometido Roosevelt a Stalin. Desde Berna, el Nuncio Bernardini informó que la prensa suiza, “hasta ahora preocupada por la hegemonía alemana, de repente ha comenzado a tener en cuenta un peligro mortal mucho mayor, el de Alemania cayendo en manos soviéticas”. Abogando en nombre de la Mayorías católicas en Polonia y Hungría, le suplicaron al Papa que respaldara cualquier iniciativa de paz razonable.

  En marzo de 1944, el Secretario de Estado Maglione - debe suponerse sin el conocimiento del Papa - estaba instando al enviado de Gran Bretaña a la Santa Sede para tratar de convencer a Churchill de que el Imperio necesitaba una Alemania no comunista en una Europa estable. Finalmente, en abril, el Primer Ministro de Hungría, Dr.Kalyal, vino a Roma con un ruego desesperado a Pío XII para que se pusiera “a la cabeza de una iniciativa de paz capaz de detener el avance soviético que estaba a punto de envolver a los pueblos cristianos de Europa.”

  Pío XII, como se jactaría en 1946 ante el Colegio de Cardenales, resistió todas las presiones y rechazó todas las súplicas, y dio su razón: “El Nacional Socialismo ha tenido un efecto más ominoso en el pueblo alemán que el Marxismo en el ruso, entonces que solo una reversión total de las políticas alemanas, particularmente de aquellas relacionadas con los judíos, podría hacer posible cualquier movimiento por parte de la Santa Sede.”

  “... particularmente los relacionados con los judíos”. Ahí radica la respuesta a la pregunta planteada por Robert Graham durante la entrevista del Washington Post: “¿Cómo podría uno explicar acciones tan contrarias al principio de neutralidad?”


Uno de cada diez italianos rechaza la historia del Holocausto

  Uno de cada diez italianos (9,5 por ciento) cree que la historia del exterminio del holocausto es una “invención de los judíos”, según una encuesta de opinión pública. Además, el 42 por ciento de los encuestados critica a los judíos por “sobreactuar” la historia del holocausto, particularmente después de medio siglo. Los resultados de la encuesta, que fue realizada por la revista italiana de gran circulación Espresso, se hicieron públicos a principios de noviembre de 1992.


The Journal of Historical Review. Volume 13, Number 5. September/October 1993.



Nacionalismo Católico San Juan Bautista


viernes, 20 de octubre de 2017

Pope Pius XII During the Second World War – Mary Ball Martinez



“The Thruth shall set you free” (John 8,32)


  Since the 1960’s, it has been increasingly fashionable to condemn Pius XII (Eugenio Pacelli) – who was Pope from 1939 until 1958 – for his alleged indiference to the fate of Europe’s Jews during the Second World War. Rabbi Marvin Hier of the Simon Wiesenthal Center of Los Angeles, for example, recently declared: “…Pope Pius XII sat on the throne of St. Peter in stony silence, as the trains carrying millions of unsuspecting victims criss-crossed Europe en route to the gas chambers.

  …Not once did the Pope lift his voice in unequivocal terms to protest the deportations and murder of the Jews…”

  To be sure, the Vatican is not the only target of such criticism. The wartime leaders of the United States, Britain and other countries have come under similar, and growing, attack in recent years for their alleged indifference to the wartime persecution of Europe’s Jews. In fact, as Dr, Arthur Buts has pointed out, Pope Pius XII – along with the Allied governments and even the major international Jewish organizations – did not at as if they seriously believed wartime stories of mass extermination of Jews. (See: A. Butz, The Hoax of the Twentieth Century, Appendix E and Supplement B)

  Criticism like Rabbi Hier’s shows cruel ingratitude for the Vatican’s extensive help to persecuted Jews during the war years. In a 1967 book, Three Popes an the Jewish, Jewish historican and Israeli government oficial Pinchas Lapide strongly defends the Vatican’s record. “The Catholic Church, under the pontificate of Pius XII, was an instrumental in saving at least 700.000 but probably as many as 860.000 Jews,” writes Lapide.

  In the following essay, a seasoned Vatican observer takes a strinkingly view of the wartime role of the Holy See. Contrary to widely-held perception, she argues that Pius XII strongly opposed National Socialist Germany, did everything in his power to aid Europe’s persecuted Jews, and actively aided the Allied cause during the war.

Mary Ball Martinez was an accredited member of the Vatican press corps from 1973 to 1988, reporting for National Review, The American Spectator and The Wanderer. This essay has been adapted by her from a section of her book, The Undermining of the Catholic Church.


  The persistent myth of the Vatican’s indifference to the fate of Europe’s Jews during the Second World War had its origin in the 1960s, and particularly in “The Deputy,” a play by German Protestant Rolf Hochhuth, and in a book by Jewish historian Saul Friedländer.

  Responding to these accusations, Pope Paul VI opened the wartime records in the Vatican archives to study by four Jesuit historians, permitting them to select documents for publication. The American among them, Robert A. Graham, sorted out a great number that were eventually published in a series of volumes. These weighty documents clearly show that well before the outbreak of hostilities in 1939, Secretary of State Pacelli, the future Pope, was deeply involved in promoting the welfare of Europe’s Jews.

  Adolf Hitler had been Chancellor of Germany less tan half a year when Cardinal Pacelli was urging Pope Pius XI to give hospitality inside Vatican City to prominent Jews who requested it. In 1937, as he arrived in New York harbor aboard the Italian liner Conte di Savoia, he asked the ship’s Captain to run up an improvised banner with the six-pointed star of the future State of Israel in honor, he said, of six hundred German Jews on board. A year later, citizens of Munich were astonished to see Torah and other ritual objects being removed “for safe-keeping” from the city’s chief synagogue in the limousine of the Archibishop, and to learn that the transfer had been ordered By Cardinal Pacelli in Rome. One of his last acts before becoming Pope in 1939 was to notify American and Canadian bishops of his displeasure at the reluctance of Catholich universities in their countries to accept more European Jewish Scholars and scientists on their staffs, and he looked to the bishops to remedy this situation.


Support for Zionism

  As Pius XII, Eugenio Pacelli undestood early on the importance of Palestina to the Jewish soul. In 1939, as son as news reached Rome of the German advance into Poland, he telegraphed Nuncio Pacini in Warsaw to “try to organize Polish Jews for a passage to Palestine.” Meanwhile Pius XII ordered Nuncio Angelo Roncalli (the future Pope John XXIII) in Istanbul to prepare thousands of baptismal certificates for arriving Jews in the hope these papers would cause the British police in Palestine to let them enter the country.

  Roncalli protested. “Surely,” he wrote to the Pope, “an attempt to revive the ancient Kingdoms of Judea and Israel is utopian. Will it not expose the Vatican to accusations of support Zionism?” The Secretary of State, Cardinal Maglioni, was hardly less troubled. “How,” he asked the Pope, “can you justify historically a criterion of bringing back a people to Palestine, a territory they left 19 centuries ago? Surely there are more suitable places for the Jews to settle.”


Not Neutral

  Midway into his Project, Father Graham told The Washington Post: “I was stupefied at what I was Reading. How could one explain actions so contrary to the principle of neutrality?” During the first months of the war, Graham found, the new Pope himself was personally authoring the intensely anti-German texts beamed around the world by Vatican Radio. Although Pius XII’s personal involvement was not known at the time, these statements were so strongly worded and partisan that they prompted vigorous protests form the German Ambassador to the Holy See, and even from Polish bishops. As a result, the broadcast were suspended, much to the chagrín of the British government, wich lost what Father Graham calls “a formidable source of propaganda.”

  Pius XII also set up Catholic Refugee committee in Rome, wich he placed under charge of his secretary, Father Leiber, and his housekeeper, Young Mother Pasqualina. In his book Pie XII avant l’Histoire, Monsignor Georges Roche reports that this committee enabled thousands of European Jews to enter the United States as “Catholics,” providing them with efficient documentation service, including baptismal certificates, financial aid and other trans-national arrangements. The French historian estimates that by 1942 more tan one millon Jews were being housed , on Vatican orders, in convents and monasteries throughout Europe. British historian Derek Holmes reports that Jews as well as Italian partisans of underground guerrilla  movements were dressed as monks and nuns, and taught to sing Gregorian chants.

  The Pope himself set an example by taking care of some 15,000 Jews and italian dissidents at Castel Gandolfo, the Pope’s summer residence, as well as several thousand at Vatican City. Among those so helped was the Italian Socialist leader, Pietro Nenni, who needed a hiding place after his return from war-torn Spain, where he had served as a commissar with the International Brigades.

  Meanwhile in France, under the very nose of the so-called Vichy government, Cardinal Tisserant worked with the Joint Distribution Committee in facilitating Jewish emigration. His secretary, Msgr. Roche, has described an undergroung printing press at Nice, protected by the mayor of the city and the archibishop, where 1,915 false identity cards, 136 false Works permits, 1,230 false birth certificates were produced before the operation discovered.

  In Hungary, Father Giovanni Batista Montini, the future Paul VI, was working with authorities in a scheme that would guarantee safety to the country’s 800,000 Jews on condition they submited to baptism.


Plot Against Hitler

  To their astonishment, the four Jesuits historians came upon récords documenting the personal involvement of Pius XII in a plot to overthrow Hitler. In January 1940 he was approached by the agent of a certain clique of Germans generals, who asked him to tell the British governmen that they would undertaje to “remove” Hitler if they were given assurances that the British would come to terms with a moderate German regime. Pius XII proptly passed along this message to Sir D’Arcy Osborne, Britain’s envoy to the Holy See. The offer was turned down.


The Soviet Factor

  Papal preferences for the Allied side became more difficult to defend after June 1941, when this became the Soviet side. By that time Hitler’s “Fortress Europe” was overwhelmingly Catholic. Germany itself then included the predominantly Catholic regions of Austria, the Saarland, and the Sudeteland, as well as Alsace-Lorraine and Luxembourg. Moreover, the German-allied countries of Italy, Slovenia, Slovakia and Croatia were entirely Catholic, and Hungary was mainly so. France – including both the German-occupied northern zone and the Vichy-run south – cooperated with Germany. Similarly, Catholic Spain and Portugal were sympathetic.

  A Catholic Priest, Josef Tiso, had been elected president of the German-backed Republic of Slovakia. In France, wich adopted the Axis ban on Freemasonry, crucifixes went up on all public buildings, and on French coins the old oficial motto of the French Revolution, “Liberty, Equality, Fraternity,” was replaced with “Family, Fatherland, Work.”

  Thus, Pope Pius XII found himself in the awkward position of siding with atheistic Soviet Russia, overwhelmingly Protestant Britain (with its vast, mainly non-Christian Empire), and the predominantly Protestant United States of America, against the largely catholic “Fortress Europe.” His predicament reached a climax following the December 1941 attack on Pearl Harbor, and America’s full entry into the world war. Most Catholic Americans – including those Itlalians, Irish, German, Hungarian, Slovenian, Croatian and Slovakian descent – had regarded themselves as “isolationists.” Furthermore, Communist atrocities against priests, nuns and churches during the Spanish Civil War (1936-1939) were fresh in their minds.

  Skilled diplomat that he was, Pius XII met the challenge. He appointed the dynamic young Auxiliary Bishop of Cleveland, Michael Ready, to head a campaign to “reinterpret” Divini Redemptoris, the anti-Marxist encyclical of the previous Pope, Pius XI, and to put out the word that Soviet dictator Stalin was opening the way to religious freedom in th USSR.


The Pope’s Wartime Silence

  That it cost something for the head of the Catholic Church to face so many millions of European Catholics as an enthusiastic supporter of their enemies is evident from a poignant letter Pacelli wrote to Myron C. Taylor, who had been his host in New York and now was Roosevelt’s envoy to the Holy See. In part, “at the request of President Roosevelt, the Vatican has ceased all mention of the Communist regime. But this silence that weighs heavily on leaders who continue the persecution against churches and faithful. God grant that the free world will not one day regret my silence.” There was indeed a “silence of Pius XII,” but it was not the silence invented by Hochhuth and Friedländer.


Vatican-Communist Cooperation

  Still the strivings of the Pope continued. When it became certain that German troops would occupy Rome, he ordered the papal seal to be carved on the entrance gate of Rome’s Great Synagogue, and in July 1944 he authorized a meeting between his right-hand man, Msgr. Montini, and the undisputed leader of Italian Communism, Palmiro Togliatti, who had recently returned from 18 years in the Soviet Union.

  According to document JR1022, released a few years ago by the successors of the US wartime Office of Strategic Services (OSS)

  …the discussion between Msgr. Montini and Togliatti was the first direct contact between a high prelate of the Vatican and a leader of Communism. After having examined the situation, they acknowledged the potential possibility of a contingent Alliance between Catholics and Communists in Italy wich would give the three parties – Christian Democrats, Socialists and Communists – an absolute majority, thereby enabling them to dominate any political situation. A tentative plan was drafted to forge the basis on wich the agreement between the three parties could be made.

  That “tentative plan,” forged 49 years ago, became the foundation for the unholy Alliance that deChristianized large sections of the Italian population, brought several decades of bloody turmoil into the schools and factories, and opened the nation to the Mafia, climaxing today in the national demand for sweeping social-political reform that is dubbed “Mani Puliti,” Clean Hands.


“Crusade” Rejected

  In his first major address after the war, the Pope defended the one-sided attitude he had maintained throughout the conflicto. He told the College of Cardinals, “we as head of the Church refused to call Christians to a crusade.” He was referring to the wartime visit to Rome of the French Cardinal, Boudrillat, to ask a papal blessing for the volunteer regiments of Frenchmen, Spaniards, Italians, Croatians, Hungarians, Slovenians – catholics nearly to a man – who were setting out with the armed forces of Germany and her allies to conquer the Soviet Union or, as the Cardinal put it, “to free the Russian people.” Along with the “Crussaders” was to go a sizeable contingent of Russian – and Ukranian-speaking priests, young graduates of the Russicum, Rome’s Russian seminary, who hoped to open long-closed churches on that way.

  The Cardinal’s expectations were speedily dashed when the Pope demanded an immidiate withdrawal of the request for a blessing. In addition, Boudrillat was to have no contact whatsoever with the press.

  As the war dragged on, more pressure was put on Pius XII to resist advancing Marxism. Nuncio Roncalli wrote from Turkey to express “panic” at the Soviet offensive. He had tried in vain, he reported, to find out from his recent visitor, Cardinal Spellman of New York, how much Roosevelt had promised Stalin. From Bern, the Nuncio Bernardini reported that the Swiss press, “up to now preoccupied with German hegemony, has suddenly begun to take account of a far greater, a mortal danger, that of Germany falling into Soviet hands.” Pleading on behalf of the Catholic majorities in Poland and Hungary, he begged the Pope to back any reasonable peace initiative.

  In March 1944, Secretary of State Maglione – without, it must be assumed, the Pope’s knowledge – was urging Britain’s envoy to the Holy See to try to convince Churchill that the Empire needed a non-Communist Germany in a stable Europe. Finally, in April, the Prime Minister of Hungary, Dr. Kallay, came to Rome with a desperate plea to Pius XII to put himself “at the head of a peace initiative capable of halting the Soviet advance that was about to engulf the Christian peoples of Europe.”

  Pius XII, as he would boast in 1946 to the College of Cardinals, resisted every pressure and rejected every plea, and he gave his reason: “National Socialism has had a more ominous effect on the German people than has Marxism on the Russian, so that only a total reversal of German policies, particularly of those relating to the Jews, could make any move on the part of the Holy See posible.”

  “…particularly those relating to the Jews.” Therein must lie the answer to the question posed by Robert Graham during the Washington Post interview, “How could one explain actions so contrary to the principle of neutrality?”


One in Ten Italians Rejects Holocaust Story

  One in ten Italians – 9.5 percent – believes that the holocaust extermination story is an “invention of the Jews,” according to a public opinión poll. In addition, 42 percent of those surveyed criticize Jews for “playing up” the Holocaust story, particularly after half a century. Results of the survey, wich was conducted by the large-circulation Italian magazine Espresso, were made public in early November 1992.


Source: The Journal of Historical Review. Volume 13, Number 5. September/October 1993.




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

viernes, 13 de octubre de 2017

Nadie está por encima de la Ley (el separatismo catalán) – Catalina S.C.J.



Nota de NCSJB: Agradecemos nuevamente el aporte de nuestra distinguida y apreciada colaboradora, Catalina S.C.J., con palabras que nos ayudan a entender el alcance y gravedad de la revolución, que busca acabar con las esencias y en este caso, con la Madre Patria.
No resulta extraño que los verdaderos enemigos de Dios se encuentren detrás del intento de balcanizar España. Así, masones, musulmanes, judíos y hasta la prensa rusa e iraní entre muchos otros, todos ellos mayormente comunistas (que por definición son internacionalistas, y sin embargo se dicen "nacionalistas"); pretenden destruir lo que fue parte del Imperio más grande y glorioso de la Historia y el que mejor servicio le prestó a la Evangelización del mundo entero, estableciendo la época más gloriosa de la Cristiandad.

El odio a España es odio al orden, odio a la Fe y odio a Cristo. No es con papeles puestos en urnas ni con libertades para hacer tanto el bien como el mal, tolerancia por igual a la verdad como al error que se restaura una Patria; sino que la Historia siempre nos mostró que la misma se realiza a sangre y fuego si fuera necesario, y con obediencia y humildad para poner la causa de la Patria, que es la de Dios por encima de nuestros mezquinos intereses.
La lucha continúa, y el alma de la Madre Patria está en peligro. Hoy más que nunca: ¡Arriba España!
Augusto


NADIE ESTÁ POR ENCIMA DE LA LEY


Este comentario en defensa de la verdad lo hago como hija de la Iglesia Católica, no de la anti-iglesia compuesta por herejes, cismáticos, masones, modernistas, marxistas y comunistas y por si algo faltara, por obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas independentistas.

San Pedro, Primer Papa de la Iglesia para advertirnos de estos males, nos dice: "En el pueblo de Israel hubo también falsos profetas, que pueden comprarse a los falsos maestros que, entre vosotros, introducirán herejías perniciosas y que, negando al dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida destrucción. Muchos seguirán su libertinaje y por su culpa será difamado el camino de la verdad. Y esto es lo que hoy acontece, que por culpa de esos falsos maestros se está difamando la verdad. Traficarán con vosotros por codicia con palabras artificiosas; pero ya hace tiempo que su condenación no está ociosa ni su perdición dormida."[1]

He visto muchas cosas que hacen palidecer a los ángeles del cielo, y sonrojan a los justos de la tierra. Herejías y todo tipo de despropósitos en boca de "unos trabajadores engañosos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. Y nada tiene de extraño, pues hasta el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Así que no es mucho que sus ministros se disfracen también de ministros de justicia. Pero su fin será conforme a sus obras."[2]

"Mas cosas todavía he visto bajo el sol: en la sede del derecho, la iniquidad; y en el sitial del justo, el impío."[3] Y por si algo me quedaba por ver, he comprobado cómo la verdad, por el silencio de una mayoría oprimida se ha distorsionado por una multitud enloquecida, que ha convertido en verdad, su propia mentira. Cataluña jamás ha sido, ni será independiente. Lo han intentado varias veces, pero no lo han conseguido. El nacionalismo no es cosa de sentimientos, es mas bien cuestión de sentido común, y de inteligencia.

En estos días he podido comprobar cómo "servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios"[4], se han convertido en cómplices de un gobierno golpista, que ha transgredido la ley, y ha traicionado las normas establecidas, por su "calculada inmoralidad, inaceptable ilegalidad"[5] del referéndum catalán.


Pues bien, para que se sepa quienes son aquellos que pastorean el rebaño en esta región de España llamada Cataluña, es bueno denunciar los hechos ocurridos. Es muy difícil controlar a la gente ignorante, sobre todo después de haberla animado a tomar la calle. Todo esto es muy desagradable, ahora bien, lo mas terrible es que obispos, sacerdotes, y religiosos, que deberían ser modelo en las palabras, en las obras, y en el comportamiento, y cuya misión es evangelizar; sin embargo, han olvidado su ministerio sacerdotal y su vida religiosa, para tomar parte activa en una ilegalidad.

 Con malicia refinada muchas entidades católicas prestaron escuelas, parroquias, casas religiosas y conventos para esconder las urnas, convirtiéndolas en centros electorales. He aquí algunos ejemplos:   

En la Parroquia de San Medir en Barcelona, colgaron una pancarta por el Sí desde la torre de la iglesia hasta el suelo. Y en esta farsa, e ilegalidad, también ha tomado parte la iglesia de San Joan Baptista de Pineda de Mar. El Párroco abrió la puerta del templo para que los feligreses pudieran votar, y dijo: "La gente vendrá a votar tanto si les dejan como si no"· ¡Vergonzoso!

Y en Vila Rodona (Tarragona), otro párroco, abusando de su autoridad y creyendo que el templo es suyo, ha abierto las puertas a la ilegalidad, cometiendo un acto de injusticia contra las leyes vigentes y una profanación contra la ley divina, y mientras la gente cantaba el Virolai unas pobres mujeres, iban contando los votos. Una visión terrible ha sido mostrada al mundo, el sacerdote como un saqueador saquea la fe de los "sencillos hijos de Dios sin tacha, en medio de una generación perversa y depravada"[6]. "Y es que el devastador devasta."[7] "¡Ay de ellos, reos son de su propio mal!"[8]

Hasta el púlpito de la Abadía de Montserrat se ha utilizado para arengar a la feligresía en pro de la independencia, faltando gravemente a la verdad histórica porque Cataluña nunca ha sido independiente, no es una nación sino una región de España, por lo tanto, sometida a la Constitución española.

     Me viene a la mente el mensaje evangélico cuando "Jesús hizo un látigo con cuerdas, y echó fuera del Templo a las ovejas y bueyes y dijo a los vendedores de palomas: Quitad esto de aquí. No convirtáis la Casa de mi Padre en un mercado."[9] Y el Señor hablando de la viña, de la Iglesia, dice: "Yo te había plantado de cepa selecta, toda entera de simiente legítima. Pues ¿cómo has podido cambiar en sarmiento de vid bastarda?"[10] "Qué mas pude hacer Yo por mi viña, que no se lo haya hecho? Yo esperaba que diese uvas. ¿Por qué ha dado agrazones? Esperaba de ellos justicia, pero brotó iniquidad; esperaba de ellos honradez, pero se oyeron alaridos"[11].

He pensado que como nos movemos entre traidores, es muy bueno que la gente sepa quién es el asalariado y quién es el buen pastor. Porque hay pastores que con gran arrogancia han ido a votar, e incluso se han prestado para salir en televisión, sabiendo que estaban infringiendo la ley, es decir estaban cometiendo un delito de desacato y desobediencia.

Lo más doloroso es que estos tales, no salen en defensa de Jesucristo cuando es ofendido; ni defienden la Iglesia cuando es vilmente tratada, ni salen a favor del Evangelio cuando es distorsionado y corrompido. Eso sí, salen en defensa de unos golpistas desleales al orden constitucional establecido, y lo más lamentable es que están llevando a Cataluña hacia un futuro incierto, hacia su propia ruina.

 Muchos sacerdotes, y religiosos tomando partido por unos, y excluyendo a la mayoría silenciosa, han dividido, incluso a las familias, y con este modo de proceder, han firmado su sentencia. Así dice de ellos el Señor por boca del Profeta Malaquias: "También Yo os he hecho despreciables y os he envilecido ante el pueblo, de la misma manera que vosotros no guardáis mis caminos y hacéis acepción de personas en la ley."[12]

En otros tiempos el pueblo respetaba y honraba a los sacerdotes. porque estaban persuadidos de que "los labios del sacerdote guardaban el saber, y la Ley se buscaba en su boca, pues es el mensajero del Señor. Pero vosotros os habéis extraviado del camino, y habéis hecho tropezar a muchos en la ley"[13], habéis corrompido la verdad, y como la sal os habéis desalado.

 Siempre he creído que la misión de los sacerdotes es de orden espiritual. Jesús dijo: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que Yo os he mandado."[14]

Pero "resulta que muchos empezaron por el espíritu y han terminado ahora en la carne"[15], se han vuelto mundanos y aman las cosas del mundo. "¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, pues, que desee ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios."[16]

Pero muchos sacerdotes  "no buscan las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios".[17] Y es que los traidores traicionan, los traidores urden traiciones porque están manejados por las fuerzas del mal. Estos tales buscan la confrontación y  se oponen a la verdad. De ahí la gran cantidad de mentiras que han urdido los políticos catalanes para conseguir que alguien en Europa pudiera creerlos.

Mi gran dolor no es que Cataluña se separe de España. Como hija de la Iglesia mi mayor sufrimiento es comprobar cómo aquellos que deberían ser luz en el Señor, se han convertido en tinieblas. Han adulterado su ministerio sacerdotal, porque han olvidado que quien "se dedica al Evangelio, no se enreda en los negocios de la vida, si quiere complacer a Aquel que lo ha llamado."[18]
  
Sólo me queda decir: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis."[19]


 Catalina del C.J.


Nacionalismo Católico San Juan Bautista 



[1] 2P 2,1-3.
[2] 2Cor 11,13-15.
[3] Ecl 3,16.
[4] 1Cor 4,1.
[5] Arzobispo de Obiedo 5-10-17
[6] Flp 2,15.
[7] V.Is 21,2.
[8] Is 3,9.
[9] Jn 2,15,16.
[10] Jer 2,21.
[11] Is 5,4,7.
[12] Mal 2,9.
[13] Mal 2,7,8.
[14] Mt 28,19,20.
[15] V.Gal 3,3.
[16] Sant 4,4.
[17] Col 3,1.
[18] 2Tim 2,4,4.
[19] Mt 7,15,16.