sábado, 29 de septiembre de 2018

El «no» de Franco a Pío XII - Luis G. Togores



La Razón - 25 de septiembre de 2018. 05:24h
Luis G. Togores, Historiador de la Universidad San Pablo CEU.
Madrid.

Mucho se ha escrito sobre La relación entre la iglesia y el régimen. Lo cierto es que Franco separaba los intereses que consideraba beneficiosos para la causa de su fe católica

 

Franco en sus tiempos de África no era un hombre especialmente religioso, pero el carácter de persecución religiosa que tuvo la Guerra Civil levantó un enorme fervor creyente entre la mayor parte de la población del bando sublevado. La matanza indiscriminada de miles de curas y monjas, sin lugar a dudas, acentuó la conciencia religiosa de muchos españoles y entre ellas la de Franco.


Resulta innegable que en la insurrección cívico militar del 18 de julio de 1936 tuvo un importante peso la sangrienta persecución que sufrían los católicos por el Frente Popular. Si muchos militares y falangistas se sublevaron para evitar la victoria del comunismo en España, hubo otra parte de la población española que se sumó al alzamiento para defender su libertad religiosa.


Durante toda la guerra Franco viajó al frente con la reliquia del brazo incorrupto de Santa Teresa, verdadero talismán en los tres años que duró la guerra.


A lo largo de cuatro décadas Franco, como cabeza indiscutible de su régimen, se apoyó fundamentalmente en cuatro grupos políticos, familias en el argot del franquismo, que serían la base de su gobierno: el Ejército, la Falange, los católicos de la ACNdP y el Opus, y los tecnócratas reclutados entre los cuerpos más cualificados de los funcionarios del Estado.


La presencia importante de los católicos, junto a la firma del Concordato de 27 de agosto de 1953 y el encomendar la educación de buena parte de los españoles a la Iglesia, ha sustentado la idea de una desproporcionada influencia de la Iglesia Católica en el régimen y sobre el propio Franco.


Católico convencido, a pesar de su clara fidelidad a los dictados de la Iglesia de Roma, nunca olvidó que los intereses de España, de su España, no tenían ni podían estar supeditados a las directrices e intereses de Roma. La Iglesia Católica ordenaba en materias de fe de forma incuestionable para un católico, al ser el Papa, sus obispos y cardenales los herederos de Pedro, pero existía otra parte en los deseos de Roma y del Primado de España que eran parte de la política mundana a la que el Jefe del Estado español no tenía porque obedecer. Franco nunca dejo a los curas «curear» en lo referente a su gobierno, siendo esta una de las cuestiones más desconocidas del franquismo y sujeta a tópicos más arraigados.


Recientemente, entre unos legajos del archivo Franco, han aparecido un conjunto de tres documentos fechados a comienzos de los años cuarenta de indudable importancia histórica: dos cartas personales del Papa Pío XII a Franco referentes a la prohibición de regresar a España del cardenal Vidal y Barraquer y la respuesta privada del Jefe del Estado español al Sumo Pontífice.


Esta correspondencia evidencia las tensiones entre el Estado español y la Santa Sede en relación a la actitud de un príncipe de la Iglesia como era el antiguo obispo de Tarragona Vidal y Barraquer, evidenciándose la fractura de parte de la Iglesia catalana con el Estado español, una fractura que llega hasta la actualidad.


Con el comienzo de la Guerra Civil el cardenal Gomá, primado de España, dada la situación de abierta persecución que la religión católica sufría en la España republicana a finales de 1936, reunió a los obispos que se habían librado de la muerte y que estaban en la España Nacional para redactar y dar a conocer una carta colectiva, con el beneplácito del Papa, a favor de los sublevados. El 1 de julio de 1937 fue firmado el documento que conocemos por Carta Colectiva del Episcopado español a los obispos del mundo entero, aunque no se divulgó hasta agosto del mismo año. El 8 de julio de 1937 la Santa Sede reconocía al gobierno de Franco.


Un poco antes, en febrero de 1937, la Santa Sede había renunciado a publicar una condena a los católicos que colaborasen con el Frente Popular por causa de la delicada situación del PNV, un partido católico y de ultra derecha que, por motivos independentistas, optó por apoyar al gobierno de los socialistas Largo Caballero y Negrín.


El obispo de Tarragona Vidal y Barraquer, catalanista, huido de España, no quiso firmar la Carta Colectiva, al igual que los obispos vascos Javier Irastorza Loinaz, exiliado en Gran Bretaña, y el de Vitoria Mateo Múgica Urrestarazu.


El 30 de diciembre de 1942, ante la oposición de Franco a que el cardenal Vidal y Barraquer regresase a España, Pío XII le pide directamente que autorice el regreso a España del cardenal catalán. Una petición que para el Papa Pacelli, un hombre muy orgulloso, tuvo que suponerle un enorme sacrificio.


La carta de Pío XII

«Nos llegan confiados ruegos de que vuelva a su sede el Eminentísimo Cardenal Vidal y Barraquer»

«Al Amado Hijo Francisco Franco Bahamonde

Jefe del Estado Español

Pius PP. XII

Sin duda ninguna que Te es bien conocido el particular afecto con que (...) seguimos de cerca y día por día el resurgimiento espiritual de esa católica Nación (...) con la ayuda de las sabias leyes dictadas por Tu Gobierno, se afanan en la reconstrucción moral y religiosa del País.

(..) Permite por tanto, Amado Hijo, que en este momento, que Nos parece oportuno, Te abramos Nuestro corazón con paternal confianza acerca de una cuestión en cuya solución hemos tenido y tenemos particular interés, y para la cual esperamos de Tus nobles sentimientos religiosos y caballerosos, y para Nos tan devotamente filiales, el apoyo decisivo. Desde hace tiempo y de muchas partes Nos llegan confiados ruegos de que vuelva a su sede el Eminentísimo Cardenal Vidal y Barraquer Arzobispo de Tarragona, que, como bien sabes, tuvo que ausentarse de su querida archidiódesis en circunstancias dolorosas y trágicas para España y para la Religión. La demasiada prolongada ausencia, la reiterada petición del Clero y fieles, el legítimo anhelo apostólico del venerado y celoso Pastor de gastar sus restantes energías en provecho de las almas que durante tantos años fueron su «gozo y su corona», su misma dignidad de Príncipe de la Iglesia son otros tantos motivos para que no diferamos más el escribirte en su favor, confiando en que dispondrás que no se ponga ningún obstáculo a su regreso a la sede de Tarragona, aunque, a juicio de ese Gobierno, no hubiese siempre y en todo correspondido a lo que de él se esperaba en alguna cuestión de índole práctica».


A pesar de lo que tan directamente Pío XII le pedía, dentro de la más pura y melosa literatura vaticana, cargada de lisonjas y medias verdades, y todo tipo de parabienes para España y su Caudillo, Franco le contesta a comienzos de 1943.


La respuesta de Franco

«La intervención de Vidal y Barraquer contribuyó a desencadenar en Cataluña hechos trágicos»

«Beatísimo Padre:

Humildemente, como corresponde a quien nada desea tanto como ser en todos sus actos un fiel cristiano y un hijo obedientísimo de la Santa Madre Iglesia, he acogido las palabras de Vuestra Santidad en su carta de 30 de Diciembre de 1942.

(...) A este fin, que mi deseo más vivo proceder en todo de tal manera que mis actos, aún en los más pequeños, puedan sentirse los anhelos de quien es Vicario de Cristo en la tierra hasta llegar, en el grado máximo posible, a una completa compenetración con Él. Y así me bastaría su indicación para acceder a cuanto se me pide, no solo en lo que se refiere al Eminentísimo Cardenal Vidal y Barraquer sino también en cualquier otro punto.

Es, sin embargo, mi obligación ineludible exponer a Vuestra Santidad algunas circunstancias que concurren en el caso de su Eminencia y que no pueden dejar de ser tomadas en consideración sin peligro de daños muy graves. Las heridas causadas por la guerra civil española no están aún cicatrizadas ni muchos menos, y las pasiones y dolores de quienes se vieron atropellados, perseguidos y despojados de cuanto amaban (no sólo en sus bienes y aún en las personas de su familia que les fueron arrebatadas, sino también en su derecho a practicar la religión y a dejarse guiar por sus Sacerdotes y Obispos, que fueron muertos en el elevadísimo número por la representantes del gobierno rojo al servicio del comunismo y la masonería), están aún vivos y se siente excitados nuevamente con la presencias de personas o cosas que viven en ellos el recuerdo de aquellos hechos.

Sin tratar de juzgar a un Príncipe de la Iglesia en el ejercicio de su Misión Apostólica, cosa que excede de mi incumbencia, sí debo afirmar que son muchísimos los que creen que la intervención, quizás involuntaria, de su Eminencia (Vidal y Barraquer) en la vida política, contribuyó poderosamente a crear condiciones propicias al desencadenamiento en Cataluña de aquel conjunto de hechos trágicos; porque personas que gozaban de la simpatía y apoyo de Su Eminencia en la región catalana, haciendo uso de todas sus fuerzas e influencias en dicha región, colaboraron con los autores indudable de tantos crímenes y tanta persecución. La labor de apaciguamiento que se viene realizando en España, aspirando a que toda ella se una para que sus fuerzas estén intactas en el momento en que pudiera ser necesario volver a defender a la Iglesia contra aquellos mismos enemigos que hoy, como en el curso de nuestra guerra civil, la amenazan en todas partes, se vería comprometida gravemente si no se tomara en consideración la importancia del número y calidad de quienes así piensan».

«(..) Y para ello la unidad nacional, que atacan sin tregua las personas que estuvieron más ligadas a Su Eminencia, es cosa totalmente indispensable.

Además, la Diócesis de Tarragona ha cambiado mucho en el tiempo en que su Eminencia está ausente. Muchos de los que encontraron en él aliento (el separatismo catalán), por motivos seguramente elevados de Su Eminencia, pero que ellos utilizaron para fines enteramente censurables, desean ahora su regreso para tratar de salir de la oscuridad en que se encuentran y tener posibilidades de reincidir en sus turbios manejos. Por otra parte no puedo menos que temer que otras personas, de indudable buena fe y cuya obediencia incondicional a la Santa Sede no puede ponerse en duda, por reacción contra aquellos, no se sienten dispuestos a recibirle en la Diócesis de Tarragona con la sumisión y el respeto a que por su alta condición tiene derecho, cosa que sería enteramente contraria al interés de la Iglesia y al apoyo del propio Gobierno español, que no se sabe cómo se puede imponer por la fuerza del Estado el cariño hacia una autoridad Eclesiástica cuando la parte más sana de la Diócesis no le ama y muchos en ella verían con profundo dolor su regreso. NO me es, pues, posible garantizar que en territorio español se le reciba sin recelo y se le trate con la debida consideración.

Postrado ante la Santidad de quien es cabeza visible de la Iglesia de Cristo, beso la sandalia de Vuestra Beatitud, rogándole que me considere como el más sumiso y obediente de sus hijos».


En este intercambio epistolar se demuestra la total separación que hacia Franco de su fe de católico con los intereses políticos de la España Nacional, situando su gobierno de las cosas de España por encima de la voluntad de Pío XII.



Visto en: La Razón


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

viernes, 28 de septiembre de 2018

La E.S.I. (Educación Sexual Integral) llegó al Vaticano - Radio Cristiandad


Publicado el Miércoles 3 agosto 2016 por lorenavzq

(EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL PARA TODOS Y PARA TODAS)


Como escribimos en artículos anteriores (ver aquí y aquí), el plan de despertar tempranamente la sexualidad en los niños y jóvenes sigue su curso, por supuesto disfrazado de “algo necesario para los tiempos que corren”; y ahora llega a los hogares con el disfraz de “católico”…

El programa, titulado ” El Punto de Encuentro: Curso de Educación Sexual afectivo para los jóvenes,” fue lanzado la semana pasada por el Consejo Pontificio para la Familia que se presentó a los jóvenes en la JMJ en Polonia.
El llamado  Pontificio Consejo para la Familia del Vaticano ha puesto en marcha un programa de educación sexual para los jóvenes llamado “El Punto de Encuentro”, disponible en inglés, español, francés, portugués, e italiano.



El programa es gratuito (¡por supuesto!), y disponible en su totalidad en línea, donde los instructores y los estudiantes pueden descargar el material, que se divide en seis unidades, que han de ser enseñadas en un período de cuatro años (grados 9-12) a los estudiantes en clases mixtas. Cada unidad viene con una serie de lecciones y la enseñanza correspondiente y ayudas para el aprendizaje, incluyendo, para cada unidad, un conjunto de películas sobre la sexualidad, para discutir y “reflexionar”.


El nuevo programa, que está siendo presentado por el Consejo pontificio para la familia, es una desviación de lo que el Magisterio de la Iglesia ha enseñado siempre sobre la educación mixta y sexual para los niños.

Este programa parece haber recibido un impulso a partir de la exhortación sobre el matrimonio y la familia, Amoris Laetitia. En la exhortación, Bergoglio habla de la “necesidad de que la educación sexual sea abordada por instituciones educativas”.

Recordemos que la Iglesia Católica siempre ha reconocido y enseñado que la educación sexual es el “derecho y deber fundamental de los padres”.

Podría ser el programa más puro del mundo, pero excluir a los padres es abrir una caja de Pandora a la educación sexual de todo tipo. Separando a los padres, los creadores del programa han eliminado de manera efectiva la salvaguardia que la Iglesia enseña, para proteger a los niños de influencias perniciosas.

De esta manera, el “pontificado” de Bergoglio marca la rendición de las autoridades del Vaticano a la revolución sexual en todo el mundo, pero con la máscara del “amor”, siempre en línea con sus ambiguos discursos.


LAS CRÍTICAS

Las críticas más destacadas son:

Excluir a los padres de la educación sexual de los hijos.

El no poder nombrar y condenar los comportamientos sexuales, como la fornicación, la prostitución, el adulterio, el sexo contraceptivo, la actividad homosexual y la masturbación, como acciones objetivamente pecaminosas que destruyen la caridad en el corazón y alejan de Dios.

No advertir a los jóvenes sobre la posibilidad de la separación eterna de Dios (condenación) por cometer pecados sexuales. El infierno no se menciona una sola vez.

No distinguir entre el pecado mortal y venial.

El no poder hablar del 6º o 9º de mandamiento, o cualquier otro de los restantes…

El no poder enseñar sobre el Sacramento de la confesión como una manera de restaurar la relación con Dios después de haber cometido pecado grave.

No mencionar un sano sentido de la vergüenza (pudor) cuando se trata del cuerpo y la sexualidad.

La enseñanza de los niños y niñas juntos en la misma clase.

Utilización de frases tales como: “¿Qué te sugiere la palabra sexo?”

Hablar sobre el “proceso de excitación”.

Pedir, en una clase mixta, “señalar dónde se encuentra la sexualidad en los niños y niñas”.

El uso de imágenes sexualmente explícitas y sugerentes en los libros de actividad.

Recomendar varias películas sexualmente explícitas como trampolín para la discusión.

El no poder hablar sobre el aborto como grave mal, sino sólo que provoca “fuerte daño psicológico”.

Uso de frases tales como “relación sexual” para indicar, no el acto sexual, sino una relación centrada en la persona.

Hablar de “heterosexualidad” como algo por “descubrir”.

Utilizar al icono gay Elton John (sin mencionar su activismo) como un ejemplo de una persona talentosa y famosa.

Respaldar el paradigma de “citas” como un paso hacia el matrimonio.

No hacer hincapié en el celibato como forma suprema de donación de sí mismo, que constituye el sentido de la sexualidad humana.

No mencionar la enseñanza de Cristo sobre el matrimonio.

El tratamiento de la sexualidad como un tema separado en lugar de algo integrado en las enseñanzas doctrinales y morales de la Iglesia.


EN LA PRÁCTICA

Dejamos aquí algunas imágenes, que no son explícitas, y los links de donde fue extractada esta información.

Películas recomendadas para debate en algunas unidades:

Amor y otras drogas. Clasificación R



Hacia la maravilla. Clasificación R



Video de propaganda del programa:
 
https://www.youtube.com/watch?v=kXtESjEETSI


Imágenes que se utilizan en el curso
 






Aunque se promociona el programa con el objetivo de promover la modestia, la abstinencia y guardar las relaciones sexuales para el matrimonio, hay, sin embargo algo bastante perturbador entre líneas.

Lo más probable es que tenga el efecto contrario y ayude a despertar en los jóvenes el deseo sexual desordenado y darles el impulso necesario para realizar fantasías sexuales.


“Más almas van al infierno debido a los pecados de la carne que por cualquier otra razón” 
(Nuestra Señora de Fátima).


“En realidad, el Anticristo, poseído por el diablo, cuando abra su boca para su perversa enseñanza destruirá todo lo que Dios había establecido en la Ley Antigua y en la Nueva, y afirmará que el incesto, la fornicación, el adulterio y otros tales no son pecado” 
(Santa Hildegarda de Bingen).

Oh Santa María Goretti que, ayudada por la divina gracia, no vacilaste en derramar tu sangre a la tierna edad de doce años y en sacrificar la vida para defender tu pureza virginal, ¡Ah, vuelve tu mirada sobre esta mísera humanidad tan alejada del camino de la eterna salvación! Enseña a todos, especialmente a la juventud, con qué valentía y prontitud se deben posponer todas las cosas al amor de Jesús. Obtennos del Señor un verdadero horror al pecado, para que, alejándolo siempre de nosotros, podamos piadosamente vivir en esta tierra y conseguir la gloria eterna en el Cielo.
Así sea.


Visto en: RadioCristiandad



Nacionalismo Católico San Juan Bautista



lunes, 24 de septiembre de 2018

Bergoglio: ¿Judas o Pilatos? (Repost) - Augusto TorchSon


Artículo publicado originalmente el 28 de septiembre de 2015




     Muchos ven en el “Obispo de Roma” un verdadero Judas. Sin lugar a dudas argumentos sobran para este tipo de consideraciones. Si nos atenemos a las innumerables persecuciones a los católicos fieles, las transgresiones al magisterio inmutable, las flagrantes herejías, entre otras deleznables actitudes a favor de los más recalcitrantes pecadores y enemigos de la Iglesia a los que nunca corrige sino que confirma en sus vicios; entonces podríamos considerar que efectivamente podría corresponderse a un moderno Judas.

     Expongamos un par de casos. Sabemos que a pesar de lo que la prensa judaica nos quiere hacer creer, la supuesta crisis humanitaria de los refugiados no es sino una invasión (recomiendo este artículo) aceptada mansamente por la Europa paganizada y afeminada. Y me refiero a las masas y no a los que valientemente resisten. Para caracterizarse como Judas, Bergoglio exigió a las parroquias que acepten estos islamitas en las parroquias. Así el lamento de Nuestro Señor Mi casa será llamada casa de oración… Pero vosotros habéis hecho  de ella una cueva de ladrones” (Marc. 11, 17) hoy se ve renovado con la diferencia que no sólo no está Él, ni nadie para sacar a latigazos a los profanadores, sino que además se pretende que dicha acción se hace en nombre Su “misericordia”.
  


     Es conveniente recordar el obispo de Hungría que no aceptó traicionar a sus fieles y a su patria por mandato bergogliano (aquí).

     En esto tenemos que ser claros. El Corán llama a convertir a los infieles o a matarlos. Mucho se escribió en este blog al respecto  (aquí y aquí). Y por su parte el Talmud considera a los no judíos (goyim) como “bestias con forma humana”, agregando “Cualquier cosa es permitida que esté en contra de ellos. El judío puede mentirles, trampearlos y robarlos. Puede violarlos y asesinarlos”; todo esto al señalar que “Solo el judío es humano” (para ampliar aquí). Sin embargo los “católicos modernos” descreen que los seguidores de estos falsos cultos sean consecuentes con sus prescripciones religiosas. Y es lógico que así sea porque son autoreferenciales, y si dicen creer en Dios sin creerle a Dios, obviamente que no se puede pretender que, quien así piense, no crea lo mismo para los demás. Por eso, la consideración de que son musulmanes moderados, o judíos moderados es la misma que la que tienen los católicos liberales de sí mismos, es decir, se creen católicos moderados, que en realidad significa, musulmanes, judíos y católicos inconsecuentes con su fe. Y aprovechando este ambiente "moderado" reinante en el mundo occidental, Bergoglio engañó a su pueblo diciendo: “El Corán es un libro profético y de paz” (30/11/2014). Otra inmensa traición a los cristianos a los que expone a su extinción, especialmente en Europa, mientras poco dice y nada hace por los mártires en manos de ISIS que bien sabe que son financiados por los norteamericanos a los que dejó encantados congraciándose con ellos con  sus edulcoradas y vacías palabras.

     No se puede dejar de tener en cuenta la información recientemente salida a la luz, del Cardenal Daneels, hombre de confianza de Bergoglio, confesando en su biografía autorizada con toda liviandad que junto con los cardenales Kasper, Lehman, Silvestrini y el masónico y extinto Martini conspiraron en contra de Benedicto XVI para derrocarlo y poner en su lugar a Bergoglio (aquí). No está de más recordar que Bergoglio siempre trabajó en coordinación con la logia masónica judaica B’nai B’rith en Buenos Aires y es Rotario honorario, por si se duda de sus estrechas relaciones con la masonería.


     Hasta aquí podríamos identificarlo con un moderno Judas, sin embargo, me atrevo a compararlo más bien con Pilatos, y paso a explicarme.

     Fue Pilatos quién que prefirió conformar al vulgo antes que hacer lo que sabía que era justo. Ante la oportunidad única e irrepetible de encontrarse ante la Verdad misma, y al escuchar a su Creador decir que quienes son de la verdad escuchan su voz, no atinó si quiera a preguntar a qué tipo de verdad se refería, sino que dijo ¿qué es la verdad?, y en ese sentido mostró su total relativismo con respecto a la verdad, lo que hoy consideramos el más extremo de los liberalismos, el de relativizar lo absoluto y nada menos que al Alfa y Omega; por eso Jesús no respondió. Y eso tenemos que aprender nosotros ante los necios liberales que no quieren conocer la verdad y no debemos caer en la necedad de querer convencer al necio. Y volviendo a Bergoglio, en igual sentido y como leímos en Ex Orbe, éste dijo: "...El santo Pueblo fiel de Dios, no le teme al error...", de la misma manera que hace poco dijo que no sabía si lo que iba a decir “pueda ser una herejía”. Y es que no le interesa de ninguna manera la Verdad, le importa lo que cada uno piensa que es verdad, lo que las masas piensan como verdad y quieren oír para complacerse y justificarse en sus vicios para acallar sus conciencias, y ciertamente el amortiguamiento de conciencias es uno los efectos inmediatos de ésta anulación del “sentido de la culpa” para cambiarlo por el psicologísta “sentimiento de culpa” como publicamos hace un tiempo atrás (aquí) y que tiene como “beneficio apostático” el desterrar la confesión sacramental, y a lo sumo cambiarla por una consulta a un psicoterapeuta si uno no es capaz de acallar su conciencia por sus propios medios respecto de sus pecados. Y es que Bergoglio hizo desaparecer definitivamente el pecado personal, para reemplazarlo por uno “más abarcativo”, el pecado social de la indiferencia con los pobres, excluidos y periféricos; el pecado contra la “ecología”, contra la “casa común”.

     En su conducta de agradar a todo el mundo, fue a visitar a los genocidas Castro y a adularlos y de ninguna manera a llamarlos al arrepentimiento, y después fue al país generador de la casi totalidad de las guerras y conflictos del último siglo (EE.UU.) y habló de la pena de muerte, cuando en Cuba que se asesinaron a miles de cubanos con dichas penas, no se le ocurrió mencionar éste tema. En cambio, en Norteamérica, donde el año que se más se ejecutó a reos fue en el 1999 con 98 ejecuciones, pero que todos los años se asesinan millones de niños en el vientre materno, con el presidente más abortista de la historia yanqui, se le ocurrió que era inhumana la pena de muerte, que incluso no está excluida por el magisterio eclesiástico. Y así por ejemplo dijo en el Capitolio que los más indefensos de la familia eran “los jóvenes”. Para quienes digan que sí mencionó el aborto, les recuerdo que su mención a la “defensa de la vida en todas sus etapas” no es precisamente un reproche firme y tajante ante el mayor genocidio de la historia y suena para las autoridades gubernamentales como música para sus oídos, porque pueden desentenderse perfectamente de esa puntualización, sosteniendo cómo lo hacen que el feto no es persona. No nos extraña que se lo haya aplaudido reiteradamente de pie.


     No resulta ilógico entonces que en su discurso ante la ONU no mencionará a Jesucristo, ya que no fue su intención llevar el mensaje de Cristo ante la masónica institución. Mucho más lógico y adecuado resulta entonces que la “católica” Shakira le cantara “Imagine” soñando un mundo sin Cielo ni Infierno y sin religión. Quién diga que no puede atribuírsele culpa de esto a Bergoglio, les recordamos que esa misma canción fue la elegida para el “partido por la paz” que él mismo organizó (aquí).

     Igualmente se puede mencionar sus palabras en Filadelfia al decir “Cuántos problemas se resolverían si nuestras sociedades protegieran a las familias, especialmente a los matrimonios jóvenes”, esto después de haber facilitado y simplificado el proceso de nulidad de los matrimonios. Esto sin mencionar el sincrético encuentro en la zona “Ground Zero”.


     Así Bergoglio, al igual que Poncio Pilatos, opta por lavarse la mano ante la Verdad que tiene el deber de predicar y de defender, cometiendo nada menos que el pecado que lo hace vomitivo ante Dios: la tibieza. Y más teniendo en cuenta el lugar y la responsabilidad que le toca, por lo menos, a los ojos del mundo, si optamos por no sospechar de su carácter de pontífice a pesar de las abrumadoras evidencias que lo comprometen.

     San Juan advertía “Ellos tales son del mundo, y por eso hablan del mundo, y el mundo los escucha” y continúa diciendo: “Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios, nos escucha: en esto conocemos el Espíritu de la verdad y el espíritu del error (1° Juan 4; 5-6), lo que Mons. Straubinguer señala en su exégesis como preciosa regla para el discernimiento de los espíritus: los discípulos del Anticristo no quieren oír las palabras apostólicas. El que no es de Dios escucha a sus heraldos”. He aquí a uno de los principales heraldos del Anticristo.

     Mencionó también Bergoglio la suprema importancia del “agua potable”, “la libertad de espíritu, de educación y la libertad religiosa”, y repitiendo los horrores del magisterio conciliar, tendríamos entonces que repudiar la frase del Aquinate al sostener “La Iglesia es como la arca de Noe, afuera de que nadie puede ser salvo” y siguiendo al falsario desterrar el “Extra ecclesiam nulla sallus” el cual pasa a ser opcional e intercambiable por algún acto misericordioso hacia los periféricos.

     Como Pilatos, Bergoglio tampoco cree que nadie pueda arrogarse el monopolio de la verdad, y ante la pregunta de ¿qué es la verdad? responde como lo hizo a su periódico marxista preferido “La Repubblica” “…yo no hablaría, ni siquiera para quien cree, de una verdad absoluta… ¡la verdad es una relación!” (aquí)  

     Hoy, como hace 2000 años Cristo sigue siendo condenado, por un demócrata, por un liberal, por quien sabiendo cual es la verdad prefiere la demagogia. Hoy la verdad se la deja al gusto de la multitud.

     Castellani sostenía que la religión del Anticristo sería un cristianismo sin Cristo y ya estamos viviendo esa situación. Parafraseando una vez más a Castellani, solo nos queda esperar en estos tiempos, que Dios nos agarre confesados.


Augusto Espíndola



Nacionalismo Católico San Juan Bautista


viernes, 21 de septiembre de 2018

San Pedro Damián a los sodomitas: "Lloro porque no lloráis"




Este vicio no puede compararse en absoluto con ningún otro, pues a todos los supera enormemente. Este vicio es la muerte del cuerpo, perdición del alma; infecta la carne, apaga las luces de la mente, expulsa al Espíritu Santo del templo del corazón, hace que entre el diablo fomentador de la lujuria; induce al error, hurta la verdad de la mente, engañándola; prepara trampas al que camina, cierra la boca del pozo a quien en él cae; abre el infierno, cierra las puertas del Paraíso, transforma al ciudadano de la Jerusalén celeste en habitante de la Babilonia infernal: secciona un miembro de la Iglesia y lo arroja a las codiciosas llamas de encendida Gehenna.


Este vicio busca abatir los muros de la patria celeste y busca reedificar lo que fueron incendiados en Sodoma. Es algo que atropella la sobriedad, que asesina el pudor, que degüella la castidad, que destroza la virginidad con la hoja de una repugnante infección. Todo lo ensucia, todo lo ofende, todo lo mancha y como no tiene en sí nada de puro, nada exento de indecencia, no soporta que nada sea puro. Como dice el apóstol, “todo es puro para los puros, pero para los infieles y contaminados nada es puro” (Tito 1, 15). Este vicio expulsa del coro de la familia eclesiástica y obliga a rezar con los endemoniados y con aquellos que sufren a causa del demonio; separa el alma de Dios para unirla al Diablo.


Esta pestilentísima reina de los sodomitas convierte a quienes se someten a su ley en torpes para los hombres y odiosos para Dios. Exige hacer una abominable guerra contra el Señor, militar bajo las insignias de un espíritu absolutamente malvado; separa del consorcio de los ángeles y con el yugo de su dominación extraña al alma de su nobleza innata. A sus soldados les priva de las armas de la virtud y los expone, para que sean traspasados, a los dardos de todos los vicios. Humilla en la iglesia, condena en el tribunal, corrompe en privado, deshonra en público, roe la conciencia con un gusano, quema la carne como el fuego, empuja a satisfacer la lujuria, y por otro lado teme ser descubierta, mostrarse en público, que los hombres la conozcan. El que mira con aprensión a su mismo cómplice en la perdición, ¿qué no podrá temer?

 […]

La carne arde con el fuego del deseo, la mente tiembla helada por la sospecha, y el corazón del hombre infeliz hierve como un caos infernal: todas las veces que le golpean las espinas del pensamiento, en un cierto sentido, viene torturado con los tormentos del castigo. Una vez que esta venenosísima serpiente ha hincado sus dientes en un alma desgraciada, la pobrecita pierde inmediatamente el control, la memoria se desvanece, la inteligencia se oscurece, se olvida de Dios y hasta de sí misma. Esta peste expulsa el fundamento de la fe, absorbe las fuerzas de la esperanza, destruye el vínculo de la caridad, elimina la justicia, abate el vigor, retira la temperancia, mina el fundamento de la prudencia.


¿Qué debo añadir todavía? En el momento en el que ha desterrado del escenario del corazón humano la lista de todas las virtudes, como quebrando los cerrojos de las puertas, hace entrar en él la bárbara turba de los vicios. A este se le aplica con exactitud aquel versículo de Jeremías (Lament 1, 10) que trata de la Jerusalén terrena: “El enemigo echó su mano a todas las cosas que Jerusalén tenía más apreciables; y ella ha visto entrar en su santuario a los gentiles, de los cuales habías tú mandado que no entrasen en tu iglesia”


El que es devorado por los ensangrentados colmillos de esta famélica bestia, es mantenido lejos, como por cadenas, de cualquier obra buena, y es instigado sin freno que lo contenga, por el precipicio de la más infame perversión. En cuanto se cae en este abismo de total perdición, ipso facto se destierra de la patria celeste, se es separado del Cuerpo de Cristo, rechazados por la autoridad de toda la Iglesia, condenados por el juicio de los Santos Padres, expulsados de la compañía de los ciudadanos de la ciudad celeste. El cielo se vuelve como de hierro, la tierra de bronce: ni se puede ascender a aquél, pues se está lastrado por el peso de crimen, ni sobre aquella podrá por mucho tiempo ocultar sus maldades en el escondrijo de la ignorancia. Ni podrá gozar aquí cuando está vivo, ni siquiera esperar en la otra vida cuando muera, porque ahora deberá soportar el oprobio del escarnio de los hombres y después los tormentos de la condenación eterna.

 […]

¡Lloro por ti, alma infeliz entregada a las porquerías de la impureza, y te lloro con todas las lágrimas que poseo en mis ojos! ¡Qué dolor! […] Compadezco a un alma noble, hecha a imagen y semejanza de Dios y comprada con la Preciosísima Sangre de Cristo, más digna que los grandes edificios y ciertamente más digna de ser antepuesta a todas las construcciones humanas. Por eso me desespera la caída de un alma insigne y por la destrucción del templo en el que habitaba Cristo. Deshaceos en llanto, ojos míos, derramad ríos abundantes de lágrimas y regad, lúgubres, las gotas con un llanto continuo! “Derramen mis ojos sin cesar lágrimas, noche y día, porque la virgen, hija del pueblo mío se halla quebrantada por una gran aflicción, con una llaga sumamente maligna” (Jer. 14, 17). Y ciertamente la hija de mi pueblo ha sido golpeada por una herida mortal, porque el alma, que era hija de la Santa Iglesia ha sido cruelmente herida por el enemigo del género humano con el dardo de la impureza; y a ella, que en la corte del rey eterno era suavemente alimentada con la leche de los sagrados parlamentos, ahora se la ve tumbada, tumefacta y cadavérica, mortalmente infectada por el veneno de la líbido, entre las cenizas ardientes de Gomorra. “Aquellos que comían con más regalo han perecido en medio de las calles; cubiertos se ven de basura los que se criaban entre púrpura” (Lam. 4, 5). ¿Por qué? El profeta prosigue y dice: “Ha sido mayor el castigo de las maldades de la hija de mi pueblo que el del pecado de Sodoma; la cual fue destruida en un momento” (Lam. 4, 6). Y ciertamente la maldad del alma cristiana supera el pecado de los sodomitas, porque cada uno peca tanto más cuanto más rechaza los preceptos de la gracia evangélica: el conocimiento de la ley evangélica lo fija, para que no pueda encontrar remedio con ninguna excusa. ¡Helas!, alma desgraciada, ¡helas! ¿Pero porque no te das cuenta de la altura de la dignidad de la que has caído y de cómo te has despojado del honor de una gloria y de un esplendor inmenso?

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 Y tú dices: “Soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un desventurado y miserable y pobre y ciego y desnudo” (Ap. 3,17). ¡Infeliz, date cuenta de qué oscuridad ha envuelto tu corazón; advierte lo densa que es la tiniebla de la niebla que te rodea! [...] ¡Ay de ti, alma desgraciada! Por tu perdición se entristecen los ángeles, mientras que el enemigo aplaude exultante. Te has convertido en prenda del demonio, botín de los malvados, despojo de los impíos. “Abrieron contra ti su boca todos tus enemigos; daban silbidos y rechinaban sus dientes, y decían: ‘Nosotros nos la tragaremos. Ya llegó el día que estábamos aguardando. Ya vino, ya lo tenemos delante’”. Por esto, ¡oh alma miserable!, yo te lloro con todas mis lágrimas: porque no te veo llorar a ti.

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Si tú te humillases de verdad, yo exaltaría con todo mi corazón en el Señor por tu renacimiento espiritual. Si un verdadero y angustiante arrepentimiento golpease la profundidad de tu corazón, yo podría con justicia gozar de una alegría inimaginable. Por esta razón, alma, eres por encima de todo digna de llanto: ¡porque no lloras! Se hace necesario el dolor de los demás, desde el momento que no experimentas dolor por el peligro de la ruina que te amenaza; y eres digna de condoler con las más amargas lágrimas de la compasión fraterna porque ningún dolor te turba y no te puedes dar cuenta de la envergadura de tu desolación. ¿Por qué finges no ser consciente del peso de tu condenación? ¿Por qué no detienes este continuo acumular la ira divina sobre ti, bien enfangándote en los pecados, bien ensalzándote en la soberbia?"


San Pedro Damián: Del Liber Gomorrhianus


Visto en: congregacionobispoaloishudal.blogspot.com
Traducción: El brigante - Tomado de: www.elbrigante.com


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