sábado, 30 de abril de 2016

Francisco en Lesbos: La inmigración musulmana es un don para Europa - Alejandro Sosa Laprida

  
Miles Christi - 30/04/2016


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Tenía pensado escribir algo acerca de Los amores de Leticia[1], la nueva Exudación Escatológica[2] de « Papa Francisco », pero dado que mucho y bueno se ha publicado ya al respecto[3], y que a decir verdad no sabría yo qué agregar a lo dicho, se me ocurrió que echar un vistazo a la reciente « gira apostólica » lésbica del humilde y misericordioso huésped de la Casa Santa Marta no estaría de más. Auténtico Lepanto invertido, con un « Soberano Pontífice » por cierto muy diferente de San Pío V como protagonista, ya que en vez de repeler al invasor musulmán le abre las puertas de par en par de una Europa moribunda y resueltamente decidida a « eutanasiarse » con toda dignidad...


Cabe destacar de este viaje dos gestos « pontificios » de hondo calado simbólico:
1. El « Santo Padre » se trajo en su Vativuelo a doce mahometanos consigo a Roma.

2. Lanzó su llamado a la invasión islámica nada menos que desde la mítica isla de Lesbos, a modo de manifiesto ideológico subliminal que lleva la inequívoca rúbrica del Averno, dado que no es ningún secreto que la tierra de Safo representa de manera emblemática la ideología mortífera que promueven desembozadamente la Unión Europea y  subrepticiamente el farsante que hipócritamente se cuestiona ante las cámaras del sistema: « ¿Quién soy yo para juzgar ? » …

[2] Utilizo el término en sus dos acepciones de estudio de los excrementos y de ciencia de las postrimerías.




« En una decisión que sorprendió al mundo y una movida política audaz, Francisco se llevó de regreso a Roma, en el vuelo papal, a tres familias sirias. Doce refugiados en total [todos musulmanes], seis adultos y seis menores, a quienes el Vaticano ayudará a rearmar sus vidas lejos de las bombas que destruyeron sus casas. La acción del Papa significó un llamado de atención a la dirigencia política europea, incapaz de enfrentar la peor catástrofe humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial1. »

Europa se halla sumergida por la inmigración de masa musulmana. La situación es tan explosiva que no se ve cómo podría evitarse que tarde o temprano se produjera una guerra civil. Pero Francisco hace la apología del inmigracionismo. Y tan descaradamente que no vacila en culpabilizar a los europeos y en pedir perdón a los inmigrantes por la « mala acogida » que se les reserva en Europa, lo cual, además de ser totalmente falso, contribuye a reforzar la hostilidad y el desprecio de los inmigrantes musulmanes hacia esa horrible sociedad « racista », blanca y cristiana, que tan mal los recibe:

« ¡Demasiadas veces no los hemos acogido! Perdonen la cerrazón y la indiferencia de nuestras sociedades que temen el cambio de vida que su presencia requiere. Tratados como un peso, un problema, un costo, sin embargo, ustedes son un don2. »

Sin embargo nadie ignora que los refugiados son alojados, alimentados, vestidos y curados gratuitamente en toda Europa y que no sufren ningún tipo de maltrato. Desgraciadamente, no puede decirse que exista reciprocidad en el respeto de parte de las hordas musulmanas hacia los nativos del viejo mundo:

« Alemania vive con estupor e indignación el goteo de denuncias, hasta noventa ya, presentadas por mujeres víctimas de agresiones sexuales y robos durante la Nochevieja en las proximidades de la estación central de trenes de Colonia, donde se encontraban reunidos alrededor de un millar de inmigrantes, que se coordinaron para llevar a cabo estos delitos, además de al menos un violación y un número importante de robos3. »

El flujo masivo incesante de migrantes mahometanos es celebrado por Francisco, quien para designar a Dios utiliza maliciosamente una expresión típicamente islámica, la « basmala »4, y afirma imperturbable que la inmigración es fuente de « encuentro entre culturas y religiones diversas »…

« Son el testimonio de cómo nuestro Dios [!!!] clemente y misericordioso sabe transformar el mal y la injusticia que sufren en un bien para todos. Porque cada uno de ustedes puede ser un puente que une a pueblos lejanos, que hace posible el encuentro entre culturas y religiones diversas, un camino para redescubrir nuestra humanidad común5. »


Francisco saludando a inmigrantes en un centro de refugiados de Lesbos6

Los cristianos son degollados, crucificados y masacrados en muchos países islámicos. Sin embargo, Francisco no dice nada al respecto, no mueve un dedo para impedir el genocidio, cuando su inmensa influencia internacional podría ser decisiva para obtener la protección de las minorías cristianas. Y además se trajo de Lesbos a Roma doce inmigrantes musulmanes en su vuelo papal. Ningún cristiano. Dato geográfico revelador de la manipulación inmigracionista: Lesbos queda a solamente 10 km. de Turquía y a 1200 km. del Vaticano. Según Francisco, Europa, continente que según las previsiones demográficas será mayoritariamente musulmán dentro de veinte o treinta años, debe abolir las fronteras y aceptar de buen grado la invasión de los mahometanos:

« Vosotros, habitantes de Lesbos, demostráis que en estas tierras, cuna de la civilización, sigue latiendo el corazón de una humanidad que sabe reconocer por encima de todo al hermano y a la hermana, una humanidad que quiere construir puentes y rechaza la ilusión de levantar muros con el fin de sentirse más seguros. En efecto, las barreras crean división, en lugar de ayudar al verdadero progreso de los pueblos, y las divisiones, antes o después, provocan enfrentamientos7. »

Para Francisco Europa no se define por ser la cuna de la civilización cristiana, sino la patria de los « derechos humanos » laicos y masónicos:
« Europa es la patria de los derechos humanos, y cualquiera que ponga pie en suelo europeo debería poder experimentarlo8. »

La Europa revolucionaria de los « Derechos Humanos » anticristianos rechazó a Cristo y persiguió a la Iglesia. Pues bien, tiene ahora en el islam su merecido castigo. No quiso cristianizar a África durante la era colonial en nombre del principio masónico de la « laicidad » del Estado: pues ahora los africanos y los árabes se encargarán de islamizarla. Actualmente, la Unión Europea combate encarnizadamente el matrimonio natural y las familias numerosas en nombre del feminismo, del homosexualismo y de la gender theory: los musulmanes se ocuparán de rellenar el gigantesco bache demográfico de este continente otrora cristiano el cual, víctima de una ideología mortífera y de un enceguecimiento culpable, cava alegremente su propia tumba…

Y para ello cuenta con la inestimable cooperación de « Papa Francisco », principal agente revolucionario del planeta y promotor acérrimo del mundialismo laico, multiculturalista e inmigracionista…

Según Francisco, los musulmanes son « hijos de Dios »:

« No hice ninguna selección entre cristianos y musulmanes. Estas tres familias tenían los papeles en regla, los documentos en regla, y era factible. En la primera lista, por ejemplo, había dos familias cristianas, pero no tenían los documentos en regla. No se trata, pues, de un privilegio; estas doce personas son también hijos de Dios. El “privilegio” es ser hijos de Dios, esto es verdad9. »

Pero cualquier cristiano medianamente instruido sabe perfectamente que eso es una mentira colosal: sólo los bautizados son hijos de Dios, elevados a la vida sobrenatural por la gracia divina. Los demás hombres son solamente creaturas de Dios, llamadas a volverse hijos de Dios por la fe en Jesucristo. Si todos fuéramos « hijos de Dios », ¿qué sentido tendría el anuncio del Evangelio? ¿Qué sentido tendría el bautismo? Podrían citarse infinitos pasajes de la Sagrada Escritura o del Magisterio de la Iglesia para demostrar el carácter falaz de los dichos bergoglianos. En aras de la brevedad, veamos lo que al respecto nos ha dado a conocer el Espíritu Santo a través del discípulo amado del Señor en el prólogo de su Evangelio: « A los suyos vino, y los suyos no lo recibieron. Mas a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. » (Jn. 1, 11-13)

No es la primera vez que Francisco sostiene esta patraña públicamente. A modo de ejemplo, recordemos sus palabras en el Vídeo del Papa del mes de enero de este año, en el cual presentaba simultáneamente símbolos católicos, judíos, musulmanes y budistas a la vez que afirmaba desvergonzadamente:

«Muchos piensan distinto, sienten distinto, buscan a Dios o encuentran a Dios de diversa manera. En esta multitud, en este abanico de religiones hay una sola certeza que tenemos para todos: todos somos hijos de Dios10. »



La filiación divina es un don sobrenatural que el hombre recibe por la fe en Jesucristo. Si todos los hombres fuesen hijos de Dios, quedaría abolida la distinción entre el orden de la naturaleza y el orden de la gracia, entre el Creador y la creatura, y estaríamos en pleno panteísmo. Ahora bien, hay innumerables textos de Francisco que demuestran su adhesión al inmanentismo evolucionista gnóstico, en la línea del jesuita apóstata Pierre Teilhard de Chardin:

« Dios es luz que ilumina las tinieblas y que aunque no las disuelva hay una chispa de esa luz divina dentro de nosotros. En la carta que le escribí recuerdo haberle dicho que aunque nuestra especie termine [!!!] no terminará la luz de Dios que en ese punto invadirá todas las almas y será todo en todos11. »

« Yo creo en Dios, no en un Dios católico; no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su Encarnación. Jesús es mi maestro, mi pastor, pero Dios [Negación implícita de la divinidad de Nuestro Señor], el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Éste es mi Ser [El cual es, por consiguiente, divino]12. »

La herejía sostenida públicamente por Francisco es patente, pero resulta que nadie se inmuta. Lo cual es por cierto consternante, pero fácilmente explicable. Esta situación absurda se debe a que todo el mundo está completamente idiotizado por más de medio siglo de « ecumenismo » y de « interreligiosidad » conciliares. Sin embargo, quien adhiriese a las palabras de Francisco, habría dejado ipso facto de profesar la fe católica. Objetivamente, esto es incuestionable. Pero sucede que el grado de incultura religiosa es tal que nadie se percata de ello y que la inmensa mayoría de los neo-católicos conciliares no percibe la incompatibilidad radical que existe entre el catolicismo y la « religión ecuménica conciliar », la cual se evidencia en Francisco con claridad meridiana…

Francisco es un agente activo del mundialismo religioso y político al servicio del proyecto iluminista de las Naciones Unidas. Las fronteras deben desaparecer, las naciones deben abdicar su soberanía en provecho del mundialismo ecológico, tanto los pueblos como los individuos deben perder su identidad y su memoria, sometiéndose al « multiculturalismo » y al « inmigracionismo. »

Francisco lavando los pies de doce inmigrantes musulmanes el Jueves Santo13

Con el episodio de Lesbos hemos asistido a un capítulo más de la maléfica obra de devastación espiritual, cultural y social ejecutada por el falso profeta argentino quien, en una suerte de espeluznante Lepanto invertido, abrió las puertas de Europa al islam conquistador, con el añadido altamente simbólico de haber perpetrado su fechoría nada menos que en la isla de Lesbos, la cual representa universalmente el homosexualismo, cuya dictadura ideológica hace estragos en el mundo cristiano ante el silencio cómplice de Francisco…

Porque es bien sabido que el pecado, la ofensa a Dios y la condenación eterna carecen completamente de sentido para la fe gnóstica y naturalista de este ídolo de las masas descristianizadas. Lo único que cuenta para este ser insensato es resolver la « cuestión social » y proteger nuestra « casa común ». A este respecto, vale la pena citar tres declaraciones efectuadas hace pocos días en las que Francisco abogó una vez más por la implementación global del mundialismo socialista y ecologista:

« Un verdadero planteamiento ecológico debe integrar medio ambiente y justicia, escuchando el clamor de la tierra y el grito de los pobres14. »

« El cambio climático supone uno de los principales desafíos actuales para la humanidad; para afrontarlo se requiere la solidaridad de todos15. »

« Esto es lo que me ha venido en mente -concluyó- Y ¿cómo se puede lograr? Simplemente siendo conscientes de que todos tenemos algo en común, de que todos somos humanos. Y en esta humanidad nos acercamos para trabajar juntos. ‘‘Pero yo soy de esta religión, yo soy de esta otra...’’ ¡No importa! Todos adelante para trabajar juntos. ¡Respetar a los demás! Y así veremos el milagro de un desierto que se convierte en bosque16. »

Lo único que importa, para este hombre cuya impiedad supera todo lo imaginable, es erradicar la pobreza, instaurar la « justicia social » y combatir el « cambio climático ». La pérdida de la fe, el laicismo, la pornografía, el aborto, la eutanasia, el « matrimonio » homosexual, la « teoría de género » y demás abominaciones de nuestras sociedades occidentales « pluralistas » y « democráticas » no parecen inquietar demasiado al impostor argentino.

Salvar el planeta del « cambio climático » y construir la sociedad multicultural y sincretista del Nuevo Orden Mundial luciferino, edificado sobre las ruinas humeantes de la civilización cristiana apóstata, tal parece ser el principal objetivo perseguido por este siniestro gurú mundialista, el cual se presenta falazmente ante el mundo como si fuera el Vicario de Nuestro Señor Jesucristo en la tierra, cuando en realidad no se trata más que de un vil impostor, un miserable usurpador de la sede petrina, un esmerado y diligente precursor del Anticristo…



4 La basmala es una fórmula ritual islámica con la que se inician las suras o capítulos del Corán y dice así: En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso : https://es.wikipedia.org/wiki/Basmala
8 Ibidem.
11 Entrevista con Eugenio Scalfari el 24 de septiembre de 2013, publicado el 1 de octubre en La Repubblica.
12 Ibidem.
  




 Para mayor información acerca de « Papa Francisco »:





Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 26 de abril de 2016

La Consistencia del Obrar Humano (Parte II) – Dardo Juan Calderón



LA INCONSISTENCIA COMO SIGNO DE LOS TIEMPOS.

  “el que esté en el campo, no vuelva atrás…” (Mat 24,18)


  ¿Esta historia “consistente” iba a permanecer siempre? ¿Siempre habría historia cristiana? No. Se anunciaba un fin de la historia en que lo cristiano iba a ir desapareciendo. Pero este fin de la historia ¿iba a encontrar al hombre en medio de una gran y fuerte historia de otro tenor?


 Seamos claros: el demonio, o sólo el hombre: ¿podrían producir una civilización fuerte y estable sin Dios? Veremos… (aunque ya hemos adelantado que si no es historia cristiana no es historia, porque para ser historia necesita que ese obrar sea “consistente” y perdurable, que surja de la autoridad y esta sólo es posible si Dios habita en las dos puntas de la relación).


  El hombre ha producido hechos malignos, contrarios al orden querido y propuesto por Dios. En esa actividad ha construido imperios y ordenes diversos. Algunos lejanos, todavía influidos por la prototradición enmarañada con el mito; pero luego,  los más efímeros, a pura fuerza y poder, y otros con la mentira y la ilusión (que dijimos que es la falsificación de la autoridad, pero finalmente es poder, poder de la mentira y del engaño).

  El Gran Mentiroso – el diablo – ha estado en ellos, en los más profundos y con esa cierta estabilidad que da la mentira por sobre la fuerza bruta, pero; esto lo da sólo al principio, en las primeras mentiras. Después se van gastando las mentiras y hay que hacer un esfuerzo de renovación que te lanza a ciclos cada vez más rápidos. Es mejor ilusionista que el hombre, pero no perfecto. Aunque podemos ver algunos imperios hechos por el hombre sólo, que duraron poco y muy poco. (Los fascismos por ejemplo. Que sin embargo son los que se denuncian más demoníacos por la propaganda, y  según estos criterios, le hacen flaco favor al demonio por la inestabilidad instantánea. Esos eran sólo hombres. Fueron un chispazo).

 Nosotros entendemos que esos engendros demoníacos que son fuertes y de cierta estabilidad en la historia, comenzaron con el Islam, y sin duda alguna el otro, que lo siguió, es la Revolución que nace desde la rebeldía de Lutero. Y ambos tienen dos cosas en común. Son construcciones políticas, y se disfrazan de religión. Son ideologías religiosas EN LA QUE LO RELIGIOSO, ES MENTIRA puesta para cohesionar. Pero son fundamentalmente rebeliones contra la autoridad.

  El aspecto satánico del imperio romano – denunciado por los Padres de la Iglesia - era cuando se expresaba como puro poder de lograr órdenes impuestos (aún bastante buenos). Y desde allí viene la enorme paradoja del cristianismo que se denuncia como defecto y autodestrucción desde los romanos hasta Nietzsche: que la autoridad debilita el poder. Que como vimos no es tan así, pero es necesario aflojar el poder para que cuaje la autoridad  ¡No aflojar el poder por la libertad del hombre! Sino para la autoridad de Dios. Y esta es la diferencia con el “liberalismo católico”. No sirve el orden que da el poder – ya lo dijimos - pero no por respeto a la libertad humana, sino por respeto a la autoridad divina. Si Dios no estuviera presente en la historia con su fuerza redentora, el poder debería ser todo.

 Vamos a reconocer los engendros demoníacos porque sus historias son un poco más largas, pero necesitan de una materialidad cada vez mayor, abrumante, costosísima. De una gran presión y de una acumulación de poder inmenso. Policías y ejércitos super numerosos. Mucho dinero que mantenga la mentira publicitaria y que se renueve en más mentiras. Materia, materia y materia; y en lugar de espíritu… mentira.

 Estos imperios parecen que hacen historia, pero no es así. Sus aptitudes para imprimir conductas en los hombres son efímeras e inestables, y son tan onerosas que se funden y quiebran. No hay como sostener sus materialidades inmensas. Se derrumban como la Unión Soviética. Y se aprende de estos derrumbes. El diablo aprende cuando sus ilusiones se muestran al poco como tiempo como fracasos evidentes.

  En cambio, la Revolución liberal es primordialmente una usina de ilusiones que pretende ser permanente como usina generadora de nuevas estafas, variando las ilusiones a cada rato, y que a cada rato ya aparecen como fracasos, pero ya hay una nueva preparada en su lugar. Este es el modelo de la Revolución evolucionista y progresista del liberalismo y, justamente “evolucionismo y progresismo” quieren decir: ilusiones y estafas, reiteradas y exageradas cada vez más.


El defecto de la ideología marxista es que pone un término final al que llegar, el poder del proletariado, y no se renueva en otra (se jugó).  Si algo se salvó del orden soviético fue cuando entendió con Gorbachov y Juan Pablo II lo que tenía que hacer. Renovarse. Permanentemente en otra mentira, lo llamaron perestroika. Castellani pensaba que el Anticristo lograría una síntesis entre capitalismo y comunismo, siendo el “bolchevismo … su etapa preparatoria y destructiva”. El Padre Saenz se pregunta “Con la perestroika de Gorbachov” – se olvida de Juan Pablo II - “¿no nos estaremos acercando a este momento?”  

  Sin embargo el mismo Padre Saenz, muerde el anzuelo en el último ensayo de la mentira que es Putin con el replanteo modernista de la religión ortodoxa influida por el modernismo católico.

  Ratzinger era revolución permanente y él mismo clausuraba su engendro – el Concilio -  y solicitaba otro. “Hermenéutica de la continuidad” no es otra cosa que seguir con la mentira, inventando una nueva a cada paso.

 Pero cada uno de estos ciclos ilusorios borra al anterior como historia; ya feneció y no influye en el presente. Se derriban los monumentos y se entierran sus políticas y sus planes, la “negación” se impone. Se “acelera” y se fragmenta la historia, hasta finalmente, no hacerse perceptible como tal a los hombres a los que a cada rato se les borra la memoria. No hay más historia que un pequeño período muy cercano, el de la construcción de la nueva ilusión mientras se destruye la pasada. (¿Se acuerdan de esa película de una mujer rusa que despierta de un coma y se encuentra ese engendro que salió de la perestroika?)

  Un orden gubernamental – como el kirchnerismo – que con enorme poder dura ¡doce años!,  a los dos meses no existe, no ha dejado huella alguna y todo debe hacerse diferente; se evidencia la estafa. Y gran parte de esto se produce porque la nueva ilusión, para ser nueva, debe decapitar a la vieja ilusión y vengarse ostensiblemente de su fracaso, sino, no es creíble. Todos gritan por la venganza y, la satisfacción del deseo de la venganza ya se convierte en casi todo el nexo de la próxima ilusión. (Si Macri no logra imponer una ilusión – que no lo ha logrado todavía - pues nos tiene que dar mucha venganza).  Ya casi no importa el futuro éxito, me contento con la venganza.   Sus posibilidades de producir “conductas consistentes” es casi nula o, nula. (Más allá que me divierta la venganza antikirchnerista porque me sumo en mi malicia al sentir amargo de los linchadores, no se puede dejar de ver la vileza de la misma que se solaza en la vindicta de la envidia para los tontos, mientras los nuevos construyen parecidas porquerías con renovadas técnicas, y ponen a su servicio los esbirros judiciales que sirvieron a los anteriores. (¡Ahh! ¡Los burócratas! Con San Fouché en el altar y su sueño de permanecer siempre como vampiros sobre las pústulas de estos sistemas. El gatopardismo católico de los entristas).

  La Gran Ilusión, finalmente, es vengarse de todo y de todos. Decapitar al rey. Matar al padre. Crucificar a Cristo. (Y eso fue 1810 en nuestra historia – lo digo para que no me endilguen medias palabras sobre ese tema - borrar la memoria, asesinar el pasado, cantar una ilusión y producir quince años de guerra civil. Y lo logró). El burócrata está allí para servir siempre como verdugo del “mal”. De policía y de Juez.

  Cuando la Iglesia se haya convertido  en una pusillus grex, y la historia cristiana habrá dejado de operar en la multitud de los hombres, no habrá “orden cristiano”, todo será revolución y, propiamente, tampoco habrá historia en este sentido, porque el eje central de la revolución es atacar la memoria, salvo la de la venganza corta. Habrá unos pocos hombres con historia. Y hablo en futuro para no ser muy tremendista. (De la reciente historia argentina, lo único que queda es la venganza contra los militares, es lo único que lleva más de treinta años recordándose. Ahora sumaremos la venganza contra los kirchneristas, un poco más civilizada por la lubricación del soborno).

  De la misma manera los hombres del Vaticano ya comienzan a hartarse de la historia del Concilio Vaticano II. Fue una ilusión ideológica a la que nos exigían adherir y a la que algunos nos negamos; pero a la que la mayoría ya olvidó, porque quiere algo nuevo, algo más. Ya decapitaron a su mayor mentor, Ratzinger  – que se venía desdiciendo tímidamente buscando diluirlo con una nueva “hermenéutica” –  y van a decapitar a todos sus defensores que hoy son los asquerosos “conservadores” (recuerden el dicho, “lo único que conserva un conservador, es la revolución”).

  Se van a vengar del Concilio y nos dicen que ya podemos librarnos de él, que ya no nos exigen aceptarlo. Comienza algo nuevo. En breve va a ser tan ridículo mantener una oposición al Concilio como pasa con esos viejos que son “anticomunistas”… “¡¿qué?! ¡Si eso ya no existe!” (mi suegra con una amiga, hasta hace poco, rezaban para pedir a Dios que parara el comunismo,  y los muchachos se reían a pata suelta). No quiero decir con esto que quienes han analizado el mal de estas construcciones han perdido el tiempo, hay una causación de un mal a otro que se puede seguir y se debe seguir, hay una venganza y una sevicia de una ciclo sobre otro que se debe percibir. La negación que puede llegar al infinito es el componente nihilista de la síntesis actual. Nihilismo , marxismo y liberalismo, es el cóctel. Hay una dinámica revolucionaria que es la del odio y la rebelión.

  Pero en fin, me atrevo a decir que no hay que anclarse en una lucha contra las posturas conciliares, porque estas van a ser – o ya han sido - rebasadas y,  al Concilio nos lo van a entregar para la venganza, junto con los hombres que lo defendieron. De hecho, está ocurriendo. Y hay piadosos que sienten misericordia por ellos. Lo que está bien. Pero yo no. Se la buscaron. Pero yo soy malo. Soy Kurtz.

  Pero volvamos a la historia. Sólo se hace historia con conductas que permanecen, que producen una influencia estable y perdurable en el hombre. Y esa influencia sólo está garantizada por la existencia de una autoridad moral y espiritual – de doble sentido y dirección - que pueda convocar esas conductas. Pero a la vez, que el hombre pueda conformar desde dentro de él mismo una relación activa de respuesta con esa autoridad. Y eso, sólo se puede lograr sin en el hombre habita la gracia. Y si la gracia deja de habitar en el hombre, pues el hombre puede ser objeto de la violencia del poder o de la seducción de la mentira, durante algunos períodos, pero todo es efímero y una generación no concita una modelación sobre la otra, sino por el contrario, concita una venganza por la violencia o por el fraude sufrido, y al rato lo modélico, lo ejemplar, es la venganza y sólo la venganza. Los hijos odian a sus padres que los engañaron y ya no saben quiénes fueron sus abuelos. Y comienza a no haber historia. Y se comienza a ver el fin de la historia en su signo más evidente. En sí misma. El signo de los tiempos, del fin de la historia, es que ya no hay más historia, que el hombre no es influido por una historia, sino por una mentira momentánea que sólo concita la obligación de negarla y el odio por borrarla.

  La revolución es a-histórica, es venganza del pasado e ilusión hacia el futuro, y al poco de andar… es sólo venganza. Es justamente borrar el pasado y sus posibles influencias. El hombre ha perdido la consistencia de hacer historia con sus actos. Se ha vuelto a-histórico. Se ha hecho un revolucionario. Sus baluartes se deshacen tan rápido como se arman y no hay que quedarse luchando contra murallas abandonadas ni sobre murallas abandonadas. En este siglo, el pasado y el más pasado hemos visto muchas de ellas (y este palo va para el rancho de quienes se aferran a las construcciones del pasado). La misma ciudad del Vaticano da esta impresión a quien la visita. El Concilio Vaticano II es otra de ellas. Ya ha mutado. A toda velocidad. Ya lo han entregado, y si sentimos el alivio, nos confundimos, ya viene algo nuevo; sobre la venganza, la entrega de posiciones y chivos emisarios, viene la nueva forma de ilusión. Más corta todavía. Pero amontonando mayores perversiones. Más llena de odio. No se alegren porque caiga. Pero no lo lamenten tampoco y quieran volver a lo anterior.  “El que esté en el campo, no vuelva atrás…” (Mat 24,18)

  Alguien dijo por ahí que la historia es cíclica. Pues sí y no. Dios es uno y eterno, es siempre el mismo en la historia, no hace ciclos. El demonio hace ciclos de perversión renovada ante cada fracaso de su embate (esto que digo, es Calmel), él es cíclico y renovado hasta que sea arrojado al infierno. Pero Dios no.

  La historia del hombre se deshace en forma palmaria ante nuestra vista; el siglo pasado es tan pasado como el imperio Persa. La civilización cristiana y su monarquía, son como la momia de Tután Kamón.


Concluimos.

  El hombre, su ciudad y su historia, sólo pueden ser restaurados bajo la influencia de la AUTORIDAD, y es desde allí que surge la libertad. Pero la autoridad sólo puede ser ejercida en relación a otro que la acepta como buena. Esta capacidad está por fuera de las fuerzas naturales del hombre. La única restauración es por efecto de la Gracia que se instala en el alma del hombre y en dónde Dios se reconoce a sí mismo. La gracia se distribuye al hombre desde Cristo y su Iglesia en la tierra, que mantiene el recuerdo - renovación -  de su autoridad con hombres consagrados, es decir, con medios también materiales, aunque mínimos. (La doble esencia del sacramento, materia y forma, habla de ello).  El hombre sin gracia no puede realizar actos de una consistencia histórica perdurable, sólo puede hacer actos efímeros. El hombre sin gracia no hace historia. La historia sin gracia se acaba. La ciudad del hombre es historia. La ciudad sin gracia se acaba. Cuando el hombre rechaza la gracia, termina la historia.

  Pero además, el hombre es hombre y sigue siendo hombre, y el precio de la gracia es la Muerte. Para entrar en la “estabilidad” total,  hay que morir. El hombre nunca logrará la total consistencia de su obrar sino después de pasar por la muerte. Y la historia, como actos del hombre, sigue el mismo curso. Debe terminar como termina la vida, dejando de ser vida, dejando de ser historia. Y nos damos cuenta que la vida está terminando cuando se debilitan los signos vitales. Y nos damos cuenta que la historia está terminando cuando se debilitan los signos históricos. Y muchos, con buena intención tratan de reavivarla, con golpes en el pecho y respiración artificial; con renacimientos de buenos símbolos históricos – como la vieja monarquía- y está bien. Pero un día te quedas sentado viendo los últimos estertores y sabes que ya no puedes hacer nada. Que hay que llamar al cura.

  ¿Qué piensan que hay que reforzar en el esfuerzo revitalizador? ¿La historia o la gracia?  Tomen el pulso, calculen el daño.

   Como bien dijo un sabio contradictor de estos cocodrilos, somos “tradicionalistas de la gracia”, no de la historia. Queremos transmitir la gracia, no la historia. La historia de la gracia. Desde la gracia la historia. Y la gracia traerá la “verdadera historia”, no la que nosotros juzgamos útil. Porque realmente, lo más paradójico, es que no sabemos sin ayuda de la gracia lo que es historia. Y porque la única y verdadera historia, es la historia de la gracia en los hombres, que está escrita en un libro, allá en el Cielo. “¿Quién es digno de abrir el libro?” (Apoc, 5,2)   Y queda un hilo finito de nuestra historia.

  Como verán, y como ocurrió en la Primera Venida, hay una historia que se pierde en la nada frente Cristo y que con Él se hace NUEVA, se resignifica toda, y troca completamente en otra historia. La Historia de la Redención del Hombre. La plenitud de los tiempos.

  Los historiadores suelen ser sordos y ciegos ante este cambio, y así como interpretan con total rapidez que la naturaleza sufre un pequeño golpe de timón con la gracia y no un salto eminente; ven a la historia apenas sufriendo una corrección de rumbo en la Venida del Señor, y no un salto eminente. (Muchas veces se produce esto por cuestiones metodológicas y académicas en que el trascurso del tiempo debe mantener una causación racional, explicable y lineal).

  Y hay un final de la historia, en que la historia se hace nada frente a la Segunda Venida, y donde se resignifica completamente en una nueva historia que relata el Libro de los Siete Sellos. Que comienza a hacerse patente y que dará el salto a la metahistoria. Pero, lo que queremos resaltar, es que “nuestra” historia caducará, y se comenzará a hacer patente esa Otra Historia, la del Libro, poco antes del final.

  Varias actitudes quedan ante este diagnóstico sobre una historia que se borra y se hace ajena y que se anuncia desde todos los rincones del pensamiento. Sin duda alguna, todos coinciden que vienen “otros tiempos”, y esto lo hacen desde diestra y siniestra. ¿Cuáles son estas actitudes? : La evolución definitiva y democrática en mañanas que cantan.  ¿Un milenio? o,  La Parusía. También hay quienes dicen La Parusía y un milenio.  O nada de esto. O simplemente estamos viendo fantasmas como a muchos otros les ha pasado en crisis históricas, y sigue la historia con sus causas y concausas, para seguir siendo algo no muy diferente a lo anterior, con alzas y bajas.

  La Naciones ¿retomarán su protagonismo histórico? ¿O se hunden ante un sistema mundial que todo lo aniquila o todo lo hace nuevo? La Iglesia ¿ha llegado a su momento de reducción previo a la Parusía, o saldrá en un Nuevo Paradigma?

  ¿Está ocurriendo algo nuevo, anormal, extraordinario? O no.  Para contestarse estas cosas quedan cuatro vías. 1.- El optimismo progresista; 2.-  la Profecía; 3.-  el unirse a la corriente para corregir rumbos restauradores en “la confianza de las reservas civilizadoras de la sociedad moderna” (lo que implica un esfuerzo enorme de la memoria histórica que luche contra la amnesia revolucionaria); o… 4.- pegarse un tiro ante el espectáculo increíble de una civilización arrasada y sin remedio.

  Cada uno elegirá lo que más le cuadre. Nosotros con Castellani (y a pesar de las diferencias) entendemos que pueden haber llegado los tiempos en que “Nadie podrá aguantar si Cristo no volviese pronto”… “Su único apoyo serán las profecías. El Evangelio Eterno (es decir el del Apocalipsis) habrá reemplazado a los Evangelios de la Espera y del Noviazgo; y todos los preceptos de la Ley de Dios se cifrarán en uno sólo: mantener la fe ultrapaciente y esperanzada”.


  Y entonces… nos queda por ver en qué anda la profecía. Pero lo dejaremos para más adelante si nos dan las fuerzas y el conocimiento. Por ahora y como conclusión de todo lo dicho, las naciones, los pueblos y los imperios, son ruinas de ruinas. Y viene algo Nuevo. Tan Nuevo y tan Viejo como Cristo.




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

La Consistencia del Obrar Humano (Parte I) – Dardo Juan Calderón


LA AUTORIDAD

Dando una vuelta más a las reflexiones que veníamos haciendo, podemos tratar aquí el tema que llamaremos, de la “consistencia” del obrar humano; que hace a la historia y que hace a lo político.

En un primera aproximación, es de experiencia común que hay ciertas personas que en su derrotero vital, causan en las otras una impresión y una influencia, mucho mayor que otras. Esto puede ser producto de una cualidad especial de la misma, o de su posición de poder con respecto a las otras. Y esta influencia puede ser mala o buena. El hombre, naturalmente, trata de que sus acciones, su obrar, tenga una consistencia que haga perdurable sus obras, sus empresas. Pero me animo a decir que hoy por hoy, el hombre siente como una enorme contrariedad esta imposibilidad de cuajar obras de consistencia. Esta sensación de que lo que hace, al momento se deshace. Las empresas que fundamos, los órdenes que establecemos, no duran nada ni bien le quitamos la presión de una gran voluntad.  Y esto, adelantamos, es porque falla en su autoridad, o mejor dicho, porque falla LA autoridad.

A la influencia que proviene de la posición de poder que se tiene sobre otros, la vamos a llamar simplemente “poder”; y a la influencia que se ejerce por virtud de las cualidades, “autoridad”. Pero dejemos en claro que ambas pueden coincidir. Se pueden tener las dos juntas o separadas. Un padre tiene poder jurídico sobre sus hijos, pero además puede tener autoridad, o no.

Pero eso sí, vamos a dejar en el poder, así sólo, esta posibilidad de que sea para mal o para bien. Y en la autoridad, sólo la consideramos si es para bien. Es decir, que el poder, da una influencia sobre las personas que quedan sometidas al mismo, que puede ser para bien o para mal. Y la autoridad es sólo una influencia que es para bien, no hay autoridad para el mal. No existe el planteo de que “esa autoridad es mala” o de que “hay que resistir la autoridad”. Si es mala o hay que resistirla, pues no es autoridad, es otra cosa, es poder. Para entendernos.

Un primer problema sería el plantearnos si cuando se ejerce poder, para bien, esto se asemeja a la autoridad. Pues para nosotros no. Más allá que toda conducta que se logre imponer a los demás por la fuerza del poder y para bien, es de alguna manera modélica, ejemplar y modulante,  no es propiamente autoridad y una vez retirada la fuerza, se esfuma en dos minutos; es inconsistente. (Algo de esto dijimos del gobierno de Franco, que nos pueden criticar si decimos que era puro poder, como dice la izquierda. Pero lo que denuncia el defecto es el síntoma de la perdurabilidad, de la consistencia. ¡Si se terminó tan rápido! era sólo poder, no tenía la consistencia espiritual para permanecer en los hombres. Ya veremos si era su culpa o no).

Dejamos para denominar como propiamente autoridad a esa virtud de influir o provocar en los otros conductas buenas, que son ejecutadas y producidas por una aceptación voluntaria y por un convencimiento íntimo de la bondad de las mismas en el sujeto influido, construyendo virtudes, es decir, hábitos perdurables. Educar, convertir.

De esta manera podemos decir que el poder tiene una sola punta, está en un solo lado de la relación, en la que uno es sujeto activo y el otro pasivo. Pero la autoridad tiene dos puntas, ambos son sujetos activos de la misma aunque con distinta importancia. Se hace patente la autoridad en alguien, si otro es capaz de reconocerla y aceptarla como buena. De esta manera la autoridad se construye como una relación de reciprocidad. Pero puede la autoridad encontrar en la otra punta a la “rebeldía”, y se rompe la relación, se hace infecunda. Ante la rebeldía se puede ejercer el poder, si se quiere, pero Dios no quiso ejercer el poder que tenía, prefirió que lo aceptáramos como Autoridad desde dentro, y ante cada rebelión, simplemente nos embromamos. Lo más gracioso es que después de rebelarnos y embromarnos, le echamos en cara que no nos haya obligado a la fuerza. En fin… (El que tenga hijos conoce la historia).

Por ello, aunque no es impropio decir que se puede tener el poder y la autoridad; si se tiene efectivamente la autoridad, el poder se hace casi innecesario, no es necesario ejercerlo. Es el sueño del padre de familia.  “Para el justo no hay ley”.

 Está bien decir que la autoridad la da el “conocimiento”. Alguien es una autoridad en algo, porque conoce ese algo. Esa ciencia u ese oficio, o lo que sea. Fulano de tal es una autoridad en medicina. Punto. Nadie se la quita. Pero si la vemos como fenómeno para producir conductas en los otros, los otros tienen que tener la aptitud para poder apreciar el conocimiento más egregio de aquel, pero ¿cuál es esa aptitud? Por ejemplo, la maestra es reconocida por el alumno – que no sabe nada de nada - como autoridad, y si la reconoce y le presta su confianza, cree que dos más dos es cuatro y aprende de ella.  Si no, la autoridad queda en el sujeto mismo y nunca puede servir de motor para las conductas. Es decir que lo que nosotros queremos ver ahora es esa aptitud de la autoridad para provocar conductas buenas, y por tanto, tenemos que incluir en la relación el término del “otro”, del que es capaz de reconocer y aceptar la autoridad y que por ello mismo, no es un sujeto totalmente pasivo, sino también activo del fenómeno. Vivimos criticando a nuestras autoridades, y no nos damos cuenta que somos nosotros – la más de las veces – los que la minamos y saboteamos. Y a veces se suple una autoridad débil, con una obediencia fuerte. (No una mala, que no es propiamente autoridad… dije débil).

Quizá alguno vaya descubriendo cuál es esa aptitud que devela la autoridad. Es fácil, amor o Caridad. “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mat 16,17).

 El poder tiene la facultad de provocar conductas externas, y en esto, satisface las exigencias del derecho, EL DERECHO ES PODER (cuando hablan de “estado de derecho” me muero de risa ¡se agota en la policía!). Veamos, el derecho busca que los hombres realicen conductas apropiadas a la norma justa, y se contenta con que esas conductas, efectivamente se ejecuten. Que Pedro le pague lo que le debe a Pablo. Y es suficiente, aunque Pedro y Pablo sean dos malos tipos. Y está bien que esto sea así.

Pero la moral no es así, no se contenta con que uno haga conductas externas conforme a la norma justa, sino que pide que estas conductas sean queridas como buenas por el sujeto que las ejecuta, Es decir, que Pedro quiera de buen grado pagarle a Pablo, porque está convencido de que es justo que así sea. Que reconoce lo justo, más allá de la norma, con una fuerza de autoridad. Y que Pablo sea agradecido.

 Es decir que la autoridad no mueve al hombre a conductas externas con prescindencia de que esté convencido de hacerlas, sino que lo mueve de dentro, lo convence de la bondad, y el sujeto se mueve por esto, pero se mueve él. Uno puede hacer un acto justo en derecho al pagar lo que debe, pero puede ser un acto inmoral si lo hace por temor a la sanción o lleno de odio y resentimiento y porque no le queda otra. Lo movieron de fuera.

La política está en el medio de esto, entre la moral y el derecho. Tiene que producir un orden, que si es por poder coactivo, no está mal (como en la familia), porque se hace cumplir el derecho. Pero que si es por haber logrado en los ciudadanos (o hijos) un convencimiento de la bondad de ese orden, está mucho mejor, porque logra la amistad política y es más fácil, más barato y más perdurable. (La política es hierro y arcilla, al político le gusta aplicar el hierro, y la Iglesia lo obliga a poner un poco de arcilla. El político tiene razón, porque si no aplica hierro nada funciona; pero la Iglesia tiene razón mayor, porque con arcilla se logran conductas más “consistentes”, más internas, y no hace falta tanto hierro. Ambos luchan por el equilibrio y en esta vida siempre se desequilibran). Pero aclaremos. Ese orden logrado a puro poder, se sabe efímero, inestable, costoso. En cambio el otro, es perdurable, estable y “barato”. Esto lo saben todos, y saben que cuando es sólo poder, si te distraes, todos hacen macanas. Las empresas establecen carísimos sistemas de control porque no pueden lograr que sus empleados crean que no es bueno robar.

 Todos lo saben, hasta los malos. Y quieren un sistema que se parezca a esto, a la autoridad. Y aquí hay un “atajo”. Un remedo de esta autoridad en lo político. Que es la seducción y el engaño (pero que en realidad otorga poder, no autoridad. Es una especie de poder). Estas cosas pueden parecer que son autoridad y de hecho, por un rato, funcionan muy parecido a esta. Cuando uno miente la primera vez, y el otro se lo cree, lo que logra no es tan efímero ni tan inestable como la fuerza pura, pero la historia ha demostrado que son enormemente costosas cuando se evidencia el engaño, y cada vez más costosas cuando es un recurso repetido, una y otra vez.  Se gana una elección con un buen eslogan, la primera. La segunda hay que pagar publicistas con más imaginación. A la tercera es un montón de plata, y desde la cuarta, el único esfuerzo del político está en mantener la mentira que lo sostiene.  Que no otro es el principio de la democracia liberal, que no admite que vayamos contra la libertad con el principio de autoridad, aunque sí con el engaño (¿?); y cuya mentira más grande es dejar en claro que nadie tiene autoridad y que nadie debe entrar en el interior de los otros para moverlos desde dentro – es una violación de “domicilio”, va contra la libertad - y para no quedar en sólo poder, quiere otorgar al poder una característica de la autoridad, que es la de estar en las dos puntas. La democracia te hace creer que el poder está en la multitud y que este se lo presta a los representantes. Pero no es así, el poder es siempre de un solo término, el resto son mentiras. (Saludos a Suarez).

Ahora bien, aclarados estos puntos, invirtamos el análisis. Podemos hacer una valoración de la calidad de esas autoridades o de esos poderes, por el tiempo de duración que han logrado en las conductas que proponían. Un buen padre, hace un apellido por varias generaciones.  (El caso que dijimos de Franco, y que no es culpa de Franco, es que muy posiblemente tenía la autoridad, pero no encontraba la respuesta en la otra punta, cosa que les pasa a muchas autoridades cada vez más).  Ver si producían efectos perdurables o efímeros. Si eran estables o inestables, y si eran onerosos o “baratos”. Y estamos en un análisis histórico.

Es cierto que ha habido poderes enormes que han permanecido muchos años y hasta siglos, pero dependían de un gran aparato de poder (ejércitos, burocracias, etc.) pero una vez que este menguaba, se caían como piedras y pocos frutos quedaban de él (piensen en los persas o los egipcios y sus millones de esclavos).

 Recapitulemos. Si recuerdan lo dicho cuando hablamos de historia, conforman la historia aquellos hechos que de alguna manera siguen presentes, y siguen influyendo en el hombre actual. Lo demás, pasa al olvido, no es historia. Por tanto el valor histórico del obrar humano, su “consistencia”, pasa principalmente por ser producidos desde esta perspectiva moral –espiritual- que dan las autoridades al obrar, y por esa facultad de producir conductas estables y perdurables. Lo demás, lo que es producto del poder y la mentira, se pierde en la nada al poco tiempo. Los que saben de negocios, han experimentado que los patrimonios modernos, por efecto de una legislación que los hace inestables, son inconsistentes y se esfuman muy rápido (se sabe que es para evitar la gestación de aristocracias). La ideología liberal produce el mismo efecto al obrar humano. Lo hace inconsistente con la excusa de no permitirle entrar en el interior del hombre y respetar su libertad.

 Ahora bien, estos ordenes producidos por la actuación de una autoridad, no quiere decir que sean puramente espirituales y no necesiten de algún andamiaje material para encarnar su sabiduría y mantenerla presente entre las gentes. Sino, seríamos ángeles. Existen autoridades en medicina, pero se respaldan y se mantienen vigentes, normalmente en “escuelas” o universidades de medicina, que siguen cultivando las enseñanzas de las autoridades en medicina y avanzando sobre sus enseñanzas.

Vamos al grano. La autoridad por excelencia es Cristo que tiene el “conocimiento”; la sabiduría y el conocimiento mismo del hombre y de la creación. Pero debió encarnarse en un Hombre para que de esa materialidad lo percibiéramos, porque somos como Tomás. No sólo eso. Fundó una organización para mantener vigente ese conocimiento que trajo a los hombres. Pequeña, liviana, con poco poder y mucha autoridad; con una autoridad “infalible”, que provenía de Él mismo y nunca menguaba. Claro que podía fallar el otro término de la relación; comenzando con el mismo Papa, que no es en sí mismo el término primero de la autoridad – este es Cristo – sino que es receptor activo desde la otra punta, es puente – Pontífice -  y en la medida que se dispone a hacerlo bien, pues tiene esa misma infalibilidad para la transmisión del saber (no para la generación del saber). La función del Papa es ser el primero en obediencia, en ser el mejor término de la relación de autoridad que emana de Dios. “Mi doctrina no es mía, sino de Aquel que me envió” (Juan 7,16). 

  Veamos un mal ejemplo;  hace poco en un artículo de Infocaótica – hablando del Papa - se decía: “Por tanto, antes de obedecer -de manera inteligente- se debe analizar la moralidad de la conducta imperada por la autoridad. Y si la conducta no es mala, hay que ajustarse a la norma”.  Agregamos…  ¿Y si es mala? ¿Entonces no nos ajustamos? ¿Quién dice si es mala o buena? ¡YO! Y entonces ¿Para qué está la autoridad?

Es decir, que estos caballeros ponen la libertad antes de la autoridad y terminan convirtiendo el asunto en norma, en derecho.

 Si la autoridad es Cristo, pues yo no puedo ponerla en duda ni sujetarla a análisis,  la acepto o me rebelo; y cuando la acepto porque es Cristo, ahí me viene la inteligencia de lo mandado, no antes. Si la conducta está imperada “por la autoridad”, nunca es mala, no puede ponerse en tela de juicio la autoridad o no existe autoridad.

 Lo que puede pasar es que no sea la autoridad, sea poder, o simplemente sugerencia, porque esa potestad o dignidad se rebeló primero. No es el contenido de lo mandado lo que ponemos en duda y sujetamos a juicio cuando estamos frente a una autoridad. Principalmente no es así porque ella “sabe” y nosotros no – por eso es autoridad- sino que,  lo que la inteligencia juzga es si esa persona es o no es autoridad. ¿Y cómo lo hago si no es por los contenidos? Y resulta que yo no sé nada de los contenidos al lado de ella. Ahhh… Veremos. ¿Cómo sabe el niño que la maestra no lo engaña? ¿Revisa las matemáticas que le dan?

  La afirmación citada más arriba, es liberal, y sobre ella no se puede sostener ningún principio de autoridad. Si yo puedo juzgarla, soy tan autoridad como ella, y si todos somos, nadie es. Así que para que vayan rumeando, si el Papa dice algo en función de “autoridad” – magisterio-  no puede ser sometido a juicio, ni con mi inteligencia en la conciencia ni con anteriores declaraciones magisteriales que yo interpreto. Yo no miro a la autoridad del Papa bajo la luz del magisterio anterior o bajo el foquito de mi inteligencia; es verdad y se acabó, tengo que ponerme a entenderla. Pero…

  Salvo que expresa o tácitamente, el Papa (y todos los que deberían ser autoridad en un punto) diga que “él no es quién para decir las cosas”, es decir que niegue su autoridad, o que no ejerza en términos de autoridad, sino como simple opinólogo. Que diga que es “pastoral”. Es más, que se haya hecho liberal y que entienda que él no puede o no debe transformar al hombre en su interior con esa enorme virtud que es la autoridad, sino dejar que el hombre busque en libertad su propio camino. Que entienda que el primer valor es la libertad. Y se acabó la autoridad. Finalmente, que haya dejado de amar, como a veces nos pasa a los padres, que estamos hartos de rebeldes y un día decimos: “Ma si…. hacé lo que se te cante… no me caliento más”. La autoridad se acaba cuando el Papa – o cualquiera que debe ejercer una autoridad – habla por su propia cuenta : “El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que lo envió, este es verdadero…”(Juan 7, 18).

 Volvamos a la Iglesia y al tema de la consistencia de los actos. Una organización que se mantiene con nada (o casi). Y produjo la mayor influencia que se haya podido registrar en la historia sobre los hombres. “Hizo historia”, se puede decir.  (Aquí hago una pequeña reflexión de algo que había insinuado; el Imperio Romano no habría sido nada, como los otros, si sobre él, sobre su materialidad, no se hubiera injertado la autoridad cristiana). Pero no dejemos de tener en cuenta que debe mantenerse esa materialidad que es la Iglesia, que debe recordar a los hombres el dictado sabio de la autoridad a través de sus sacerdotes que hacen “escuela”. Y que si no hay más sacerdotes, o hay pocos, esta autoridad decae en la facultad de producir conductas (pero no decae la autoridad en sí misma). Y en esto consiste para nosotros los imperfectos, el cumplir el deber de gratitud aportando a su subsistencia material.

 El orden cristiano fue un orden que tardó en cuajar, porque pedía esta aceptación desde el interior de los hombres, y lleva tiempo. Y una vez logrado en un espacio, perduró y fue estable, con pocos policías y pocos ejércitos. (En época de Luis XVI, en Paris había 15 policías, unos pocos años después pasaban - con Fouché - de cuatro mil).

  La historia se movía lentamente y los valores permanecían en el alma de los hombres. Pero claro, era Dios mismo el que lo inspiraba, esta era la Autoridad bajo la cual los demás hacían escuela. Todos eran términos de esa autoridad (con un Puente), pero no pasivos – como dijimos – sino activos y agradecidos.

 Sin embargo, dijimos, la autoridad tiene dos puntas, y realmente no se puede concebir que el hombre que es un bicho inestable y tendiente a hacer el mal, pudiera tener la disposición para ser el contrapunto de Esa autoridad ¡Ni los santos ni los Papas! Es decir, tener en sí la sabiduría, el amor y la mansedumbre de los niños con sus maestros, para reconocer la Autoridad y conformar esa relación doble, bilateral, que es el fenómeno “autoridad” en la producción de conductas. Su naturaleza caída no daba para tanto.

 Entonces Dios tuvo que poner algo en la “otra” punta, algo de sí; y esto se llama “gracia”, que es Él mismo en la otra punta. En la que Él en nosotros, se reconoce a Él en Sí Mismo. Pero de una manera misteriosa que no comprendemos. Este algo de Él – su vida misma -  debía ser, una vez puesto en nosotros, mantenida por nosotros, cultivada, de manera que no seamos simples sujetos pasivos de una relación de poder, sino sujetos activos de la relación de autoridad. (Contra Suarez, podemos decir que Dios no da el poder-autoridad al pueblo y este la reenvía para arriba;  Dios lo arma en la relación desde las dos puntas. Dios está en las dos puntas. Da la autoridad a uno y da la capacidad de que se construya esa autoridad en la multitud de los fieles, por su presencia en las almas de todos. Los súbditos reconocen en el Rey la voluntad de Dios, y el Rey reconoce a Dios en la fidelidad de los súbditos).

Decíamos que la ideología hace primar la libertad para no dejar que la autoridad se inmiscuya en nuestro interior y de esa manera dejarnos libres, y cierto catolicismo infectado de modernidad, quiere que aceptemos esa autoridad en un acto de libertad de nuestra parte y que por ello sea meritorio. Es decir que sea “la carne y la sangre la que nos revele, y no el Padre que está en los cielos”.

 Podemos afirmar – con cuidado – que la autoridad, al ser reconocida, produce la libertad. Que al revés de lo que dice la ideología, la autoridad es primera y la libertad es su fruto. Yo soy libre si no soy un bruto (el burro tira del arado sin libertad), soy libre si aprendí algo. Y si aprendí algo fue de alguien: de una autoridad, de un maestro. De la autoridad surge la libertad. Cuando recibimos la gracia en un acto gratuito de Dios – y con su luz reconocemos la autoridad - pasamos a formar parte de esa relación y desde allí tenemos libertad.

 Esta actividad, la de hacer cosas por mandato de la dulce autoridad, producía historia, porque era estable.

Producía Historia cristiana. Y en la medida en que los hombres se recostaban sobre esta autoridad, producían historia. “Toda planta que no plantó mi Padre, será arrancada de raíz” (Mat 15, 13).   Finalmente vamos a concluir, adelanto, que la única historia que se puede producir es la cristiana, el resto atenta contra la historia como tal, porque es inestable y algo peor. Pero no adelantemos tanto. Y dejemos para la segunda parte.







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