Doctor Miguel
Ayuso Torres:
De mi mayor
consideración:
Le escribiré con
laconismo militar.
Me he enterado de que se ha constituido un “Círculo Tradicionalista” en el Uruguay. Entre sus
actividades, en una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final
de una noche crapulosa, han bebido vino en el fondín “Pacharán”; y también,
y esto es grave, han departido acerca del “problema del nacionalismo católico”
el sábado pasado, seguramente siguiendo los endebles argumentos de José Miguel
Gambra, de un lado; y, de otro, ignorando olímpicamente las 879 páginas que
Antonio Caponnetto ha dedicado a refutar esos sofismas (y se vienen más).
Mas, ante todo, y
como un acto de servicio, quería advertirle lo siguiente:
Ud.,
probablemente por ignorancia, ha elegido mal a sus correveidiles uruguayos:
1)
Hay uno que no pasa de la condición de eunuco;
2)
Hay otro que hasta ayer fue neopagano. Lo comprendo. Quizás
leyó las 38 páginas de su folleto “¿Qué es el carlismo?” y se convenció. ¿Pero
no cree que, con esos antecedentes, mañana puede abandonarlo y pasarse al
umbandismo?
3)
Hay otro que sueña (escuche bien, y con perdón) con vivir “en Nápoles
conduciendo un Ferrari con una rubia”; que, a más de su hedonismo, hasta ayer
militó en un partido cuyo líder es ateo y materialista; y antes en varios
partiditos más, ninguno de ellos católico ni “tradicionalista”. Es un proteico
con pretensiones de playboy (pero con poses de “tradi”). ¿Le parece
serio?
Doctor: le remito
esta misiva para alertarlo. Ha elegido mal a sus amanuenses orientales. Si
quiere hacerle un vero daño a nuestro nacionalismo católico, deberá apuntar
mejor.
En vez de
eunucos, neopaganos o proteicos playboys, elija a varones
católicos, fieles y castos.
El problema es
que están en nuestras filas. Y no nos abandonarán.
BRUNO ACOSTA
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