San Juan Bautista

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miércoles, 17 de junio de 2026

Textos escogidos sobre la encíclica Magnifica Humanitas - Alejandro Sosa Laprida

 

Alejandro Sosa Laprida - 11/06/2026

Descargar el PDF de 17 páginas:

https://drive.google.com/file/d/1VIWA_OhQSJliNR-YE_I6wVQU2BfHqbV_/view

 

Tenía la intención de hacer un análisis pormenorizado de la primera encíclica de “León XIV”, pero es tal la extensión del escrito y, sobre todo, la cantidad de temas abordados, que finalmente he desistido, falto de tiempo y de la energía mental necesaria para acometer correctamente la tarea. Presento en su lugar una serie de textos[1], tomados de las mejores publicaciones que he leído al respecto, seguidos de una selección de pasajes de la encíclica que me parecen sintomáticos de la nueva eclesiología ecuménica, naturalista y sinodal de la que todo el documento está imbuido.

 

Muchas de las reflexiones sobre los peligros que revisten la inteligencia artificial, el poder tecnocrático y el transhumanismo son, en general, dignas de consideración pero, lamentablemente, eso no basta para salvar un texto en el que se defienden los principales errores conciliares (ecumenismo, diálogo interreligioso, libertad religiosa), haciendo de ellos los pilares sobre los cuales ha de edificarse la “civilización del amor” y establecer la “fraternidad universal” en la tierra, empresa utópica, naturalista y masónica que la “iglesia sinodal” se ha fijado como objetivo, en lo que constituye a las claras un sucedáneo diabólico de la auténtica civilización cristiana, centrada en la evangelización, la salvación de las almas y el reinado de Cristo Rey sobre las naciones.

 

ANEXO 

Sobre el nombramiento de “prefectas” en los dicasterios romanos - 08/06/2026

El conocido bloguero argentino “Wanderer” -supuestamente “tradicional” en su línea editorial-, ha derrapado nuevamente. Algunos recordaran su anterior despropósito, cuando se había manifestado en favor de lo establecido en la nota “Mater Populi Fidelis” del “Tucho” Fernández -el impresentable Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe-, respecto al título mariano de “Corredentora” (“Sobre un reciente ataque a la Corredención de …), en la que el infame protegido de Bergoglio impugnaba impíamente uno de los principales títulos de gloria de Nuestra Señora.

Pues bien, en el día de la fecha, resulta ser que el mismo “influenciador” argentino ha vuelto a las andadas, esta vez tomando partido en favor de los nombramientos de “Prefectas” al frente de los Dicasterios romanos recientemente efectuados por Prevost, alineándose de este modo con el parecer que públicamente defendiera el Padre Javier Olivera Ravassi días atrás, muy feliz de que Prevost hubiese elegido a una “conservadora” para el puesto de “Prefecta” del Dicasterio para la Comunicación (quenotelacuenten.org/…t-alvarado-nueva-prefecto-p…).
Transcribo seguidamente el comentario que dejé en la publicación de “Wanderer” (
Mujeres en la Curia Romana), en donde explico el motivo teológico por el cual esto es erróneo y contrario a la constitución divina de la Iglesia:

“Con todo respeto, me permito disentir. El sucesor de San Pedro recibe de Cristo la jurisdicción sobre la Iglesia universal, que consiste en el triple munus docendi, sanctificandi et regendi, es decir, el triple poder de enseñar, santificar y gobernar, poseídos por Cristo en virtud de la unión hipostática del Verbo divino con su naturaleza humana, unión que constituye a Jesús en sacerdote, profeta y rey, con la consiguiente triple autoridad correspondiente en materia de docencia, culto y gobierno sobre el Cuerpo Místico.

Por lo tanto, el límite del rol de la mujer en la vida eclesial no se reduce al del santuario -es decir, a lo relacionado con el culto divino-, sino que incluye también las funciones de gobierno y de magisterio. Ahora bien, los prefectos de los dicasterios romanos participan del poder de gobierno sobre la Iglesia universal, que solamente el Vicario de Cristo posee por derecho propio. Es por ello que esa función no puede ser ejercida por mujeres, ni tampoco por laicos varones.

No se trata de algo accidental en la vida de la Iglesia, susceptible de modificación según la evolución de las costumbres de cada época, es una cuestión basada en el derecho divino. La inclusión de mujeres en las funciones de gobierno es profundamente revolucionaria, pues desvirtúa la constitución divina de la Iglesia, a semejanza de lo que sucede con la sinodalidad.”

PARA MÁS INFORMACIÓN

 

“Apostasía vaticana”

https://gloria.tv/post/7ynAG7ZfxBvK1MBD4MqN3aMxn

 “Diez años con Francisco”

https://gloria.tv/post/UEqqVjZCCVLQ6g89ps67irXSM

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https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi

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 https://gloria.tv/user/uCZ9iiNQ3eKS1zgLg6MSCmbjY

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[1] La mayoría son en inglés. Quien lo desee puede emplear la traducción automática abriendo los enlaces, haciendo clic derecho y luego pulsando la opción “traducir al español”.




martes, 16 de junio de 2026

Dolor de Iglesia - Por Antonio Caponnetto

 


Fechado el 15 de junio del corriente, la Conferencia Episcopal Argentina –con la firma de su presidente, Monseñor Marcelo Daniel Colombo y de su Secretario General, Monseñor Raúl Pizano- dio a conocer su pésame por la muerte de Taty Almeida, cabeza de la agrupación criptoterrorista Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

La condolencia no ahorra ditirambo y se pronuncia encomiásticamente por la difunta sin asomo, siquiera tenue, de cierto matiz o salvedad; o acaso de alguna prudencial toma de distancia dada la ideología marcadamente filocomunista del personaje mentado. Al contrario, y a nada poco menos de declararla <santa súbita>, le agradecen “a Dios haber sostenido su valentía en tiempos difíciles”, su “testimonio para muchas generaciones”, “llorando su partida” e instando a “honrar su memoria”.

Puesto que tuvo una longeva y activa existencia, la señora Almeida ha dejado extensamente documentada su posición, no sólo favorable a la militancia erpiana de su hijo desaparecido, sino a todo el ideario revolucionario en general, que se manifestó, por ejemplo, en su radical apoyo al movimiento abortista y a las agrupaciones LGTB. No hubo defensa del infanticidio, de la contranatura, de la promiscuidad y de la insurrección cultural y espiritual que no la tuviera como punto de referencia. Insistimos: toda esta postura de la occisa está exuberantemente documentada.

Pero sinceramente no es a ella a la que queremos referirnos. Incluso la

encomendamos a la misericordia divina, y repetimos una vez más lo que hemos dicho desde los días mismos de la guerra contrasubversiva; y es que culpables que se los hubiera hallado a los guerrileros, ninguno merecía el destino de desaparecido. Sí, en casos que correspondiera, el pelotón justiciero, responsable y público. Sí la guerra frontal, límpida, implacable y a cara descubierta. Pero es otra historia y nos hemos cansado de escribir sobre ella.

Lo que realmente nos mueve a repugnancia es el contenido, salvajemente reduccionista y farisaicamente parcial cuanto cínico de la declaración de la Conferencia Episcopal. Nuestros pastores compiten cada día para superarse en perjurios, vilezas, bellaquerías y premeditadas desmemorias. Ni siquiera tienen el proverbial olor a oveja sino a colectora de escorias. El pésame que han redactado es un monumento infame a la inequidad histórica, a la injusticia sobre el pasado, a la falsía como método de observación de la realidad, a la dialéctica esperpéntica sobre los hechos, a la falacia sustituyendo a la lógica. Han hecho propia la horrísona táctica de Mario Benedetti, al que tantas veces citó Bergoglio; amigo, claro, de la desdichada Almeida. “Hay que lograr que se sustituya en los demás la autodefensa por el autoasco”. Dar asco; hasta que no podamos espejarnos en ellos que deberían ser nuestros dechados. Dar asco para sentirse útiles. Eso es lo que hacen.

Nos preguntamos con dolor ¿a qué iglesia pertenecen estos obispos que pueden elogiar sin límites a sus propios y declarados enemigos? ¿A qué iglesia encarnan, representan y guían sujetos que carecen de cualquier escrúpulo para cohonestar a los activistas que proponen la contranatura y el genocidio de los niños por nacer? Ya ni el invento de la <iglesia conciliar> los satisface. Al fin de cuentas, historicistas como son, el Vaticano II les resulta una módica antigualla al lado de estos fantásticos <constructos> que son la iglesia sinodal, la democrática y la sincretista.

Ahora bien; si –congruencia mediante- no es ni puede ser a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana a la que sirven, ¿no constituye esto una amenaza grave y aterradora de que estén en el límite de una conducta que rompa el vínculo de sumisión con “la columna y el sostén de la Verdad”, como define San Pablo a la Iglesia” (I Timoteo, 3,15)? ¿No habrá nadie autorizado y no modestos parroquianos o creyentes de a pie como nosotros, que les ponga un caritativo pero enérgico parate a quienes se han transformado en acarreadores de cizaña desparramada adrede sobre el buen trigo? Preguntamos nomás; porque no sea cosa que el drama del cisma ya se haya desatado y nosotros, los perros, no tengamos quien nos enseñe dónde veramente está. No les vendría mal a estos obispos de pañuelos blancos y verdes, darle una repasadita a la II, IIae de la Suma, cuestión 39. Enterita y sin recortes.

Dios nos dé fortaleza para no dejarnos amedrentar ni atropellar por estos truhanes devenidos en lobos. Y reparemos lo que podamos. Por lo pronto, el homenaje a las otras madres, a las que no engendraron asesinos sino héroes.

 

El que cayó partido por esquirlas quemantes

de la anónima pólvora estallada a mansalva,

y se quedó sin rostro para ver el otoño,

sin las manos castrenses de los días tonantes.

No era el gajo infecundo de un ignoto retoño:

Señor, tenía una madre que lo esperaba al alba.

El que olvidó el pellejo tajado por la furia

del insurrecto alzado en la calma de enero,

el que usó de mortaja su uniforme argentino

como el jefe imbatible de una antigua centuria.

No era el desheredado de un solar mortecino.

Señor, tenía una madre que veló a su guerrero.

 

El que cruzó la selva tucumana a sablazo

cuando un tiro faccioso se le hundió en la osamenta,

la mirada nublosa por la sangre surgente

con la oración devota del postrimero plazo.

No era un andrajo errante sin cuño ni simiente.

Señor, tenía una madre que aguantó la tormenta.

 

El que gritó en Formosa que nadie se rendía,

enarbolando al tope la juvenil guapeza,

recibiendo la muerte de forajidas turbas

sin tiempo para el rezo de algún Avemaría.

No era un nómada aislado entre cíclicas curvas:

Señor, tenía una madre que sufrió tal crudeza.

 

El que en tantos recodos del entresijo urbano,

con crueldad y violencia trataron sus captores,

hasta extinguir sus huesos en lúgubres camastros

aunque el temple guardaba el valor del cristiano.

No era un ser exiliado de orígenes y rastros:

Señor, tenía una madre que alumbró con dolores.

 

El que no delinquió ni mancilló su espada,

salvaguardando cruces, custodiando banderas

en regimientos patrios, en las Islas Malvinas

para que lo aguardara una prisión sellada.

No era un huérfano solo de apátridas neblinas:

Señor, tenía una madre con su alma en las trincheras.

 

Guillermina con Gladys, Juan Eduardo tras Paula,

la pequeña María Cristina, toda infancia,

no alcanzaron el tiempo de la flor y la fruta

no más juego a la siesta ni más libro en el aula.

No eran los hospicianos que perdieron la ruta:

Señor, tenían madres que aún gimen la distancia.

 

¿No merecen acaso el respeto del luto,

el consuelo impetrante de una carta papal,

la misiva romana del sucesor de Pedro

la bendición solemne en señal de tributo,

el elogio a su noble tenacidad de cedro?

Señor, dales Tú mismo la certeza pascual.

 

Desagravia esta afrenta a las madres ausentes

de la historia, el recuerdo, la memoria o las plazas.

Nómbralas comensales de tu pan y tu mesa,

condecora sus pechos con tus llagas ardientes,

renueva para ellas tu celestial promesa.

Señor, a todas ellas, yo sé que las abrazas.


Antonio Caponnetto



lunes, 8 de junio de 2026

Mi homenaje a Solari - Antonio Caponnetto


 

Sí; por cierto que se lo merece.

Había prestado servicio de fronteras en el Regimiento 12 de Caballería en Santa Fe y Formosa, y murió en combate, allá en el sufrido Chaco, el 1 de junio de 1912, cuando se hallaba a la cabeza de una Partida de Reconocimiento del Ejército Argentino sobre la línea del río Bermejo. Dicha Partida procedía del 7 de Caballería, jurisdicción del Fortín Uriburu. Nuestro héroe cumplía hasta las últimas consecuencias las directivas de su superior, Comandante Mariano Aráoz de Lamadrid

Se llamaba Facundo Solari, y ostentaba el grado de Capitán.

Fue emboscado arteramente por los indios, junto con sus principales lugartenientes. Sólo seis días después pudieron recuperar su cuerpo, objeto de vejámenes por los hoy idolatrados indígenas.

El Capitán Facundo Solari se internó por angostos y peligrosos senderos, lleno de probadas acechanzas. Su valor y el del puñado de hombres que lo secundaban era legendario. Confiaba en su instinto y en su carabina. Y eso le bastaba para infundir confianza y cumplir con su misión. Era común toparse con tigres en esas expediciones, pero Facundo se cargó a uno que le salió al cruce y prosiguió al frente de la tropa. Ejemplo macho de temeridad criolla.

En plena noche y marchando siempre a la vanguardia, tuvo lugar la previsible emboscada. Solari cae del caballo gravemente herido; lo asiste como puede el sargento Arce. Agonizando entre estertores, le encomienda a su subordinado que le haga entrega a su hija, huérfana de madre, unos modestos efectos personales que llevaba consigo.

El Teniente José María Rudaz Vega tuvo la triste responsabilidad de recuperar su cadáver. Los “originarios” y las aves de rapiña, habían hecho su daño irreparable. El pelotón de rescate, sobreponiéndose al horror que presenciaban, le rindió el primer homenaje.

Uno de los testigos y protagonistas de aquel suceso relata que con totoras sacadas del estero, palos y lianas y tiras de cuero, se le improvisó un féretro con el cual, a lomo de mula, fue transportado hacia la Comandancia, para tributarle los merecidos honores castrenses. Los mismos soldados, al llegar sus restos a la guarnición militar, construyeron un decoroso ataúd de algarrobo, lo recubrieron de negro y le colocaron en la tapa una cruz blanca, confeccionada con género. Dotaciones de centinelas formaron guardias en señal de respeto. El vandalismo de los indios fue compensado con este entierro católico, argentino y castrense.

Hoy nadie recuerda a este arquetipo patrio. Desde hace varios días una multitud de promiscuos, delirantes y tribales componentes, marcha cual manada de zombis a idolatrar a un personaje tenebroso –más propiamente luciferino- que se ufanaba de llamarse Indio. Para que el escarnio fuera más grave y más ruin, denominan a esas convocatorias “misas”, y parodian con absoluta lenidad la liturgia cristiana, sin que una sola voz eclesiástica se haya levantado para condenar la blasfemia   el sacrilegio. Decididamente nuestros pastores son una basura y conforman un rebaño de cobardes.

Le agrega ofensa y turbia ridiculez a este episodio decadente que presenciamos, el hecho de que al susodicho muerto lo tilden de poeta, cuando la fraseología de sus canciones –o como se las llame- sea un penoso monumento a la deliberada abstrusidad, al desconstructivismo semántico y a la alucinación propia de quien vive en el submundo crepuscular, narcotizante y aqueróntico.

No obstante, encomendamos el alma de este pobre desdichado –lleno además de grotescas incongruencias existenciales e ideológicas- a la misericordia de Dios. Y le pedimos a Él que le restituya la salud espiritual y cultural a nuestro pueblo, ganado al presente por una confusión más negra que una ciénaga hedionda.

Mientras tanto, que nadie se olvide del Capitán Facundo Solari. Ante su memoria nos cuadramos, ante su valentía lo admiramos, ante su sacrificio lanzamos salvas de victoria y de esperanza.

Capitán Facundo Solari: ¡Presente!

¡Viva la Patria!


                                                         Antonio Caponnetto