San Juan Bautista

San Juan Bautista
Mostrando las entradas con la etiqueta Alejandro Sosa Laprida. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Alejandro Sosa Laprida. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de julio de 2026

Respuesta al episcopado argentino sobre el pontificado de Francisco - Alejandro Sosa Laprida

 


La Comisión Ejecutiva[1] de la Conferencia Episcopal Argentina envió un mensaje[2] a los 101 obispos argentinos con motivo de la 126° Asamblea Plenaria[3], que tuvo lugar desde el lunes 5 al viernes 9 de mayo de 2025 en la Casa de Retiros de la localidad bonaerense de Pilar. En esa misiva, firmada por el Secretario General, Mons. Raúl Pizarro, obispo auxiliar de San Isidro, se dice a los mitrados que “es necesario poder reconstruir, en el intercambio pastoral, lo que la figura de Francisco ha significado para nosotros personalmente y para la Iglesia que peregrina en Argentina”. Luego, el autor del documento se pregunta “si no deberíamos tener una palabra de esperanza y aliento al Santo Pueblo fiel de Dios en estos momentos de duelo y de incertidumbre para perseverar en fidelidad al legado de Francisco”. Finalmente, en el correo se dice a los obispos argentinos que, “junto a la homilía con la que el Cardenal Rossi rescató su figura[4], nos animamos a proponerles un par de preguntas que tal vez les puedan servir de ayuda para preparar el intercambio pastoral.”

Las dos preguntas formuladas son las siguientes:

1. ¿Cuál consideras que fue la contribución más trascendente de Francisco a nuestro episcopado y a la Iglesia?

2. ¿Cómo describirías el impacto personal que el Papa y su pontificado tuvo sobre vos?

Paso a dar mis respuestas, por si pudieran interesar a alguien. Con respecto a la primera, cabe subrayar su carácter absurdo y surrealista, puesto que la voz “contribución” posee una connotación positiva o favorable, siendo un sinónimo de “aporte” o “ayuda”. Ahora bien, huelga decir que nada de loable ni destacable puede hallarse en quien a lo largo de los doce interminables años de su funesto “pontificado” no ha cesado de perpetrar herejías, proferir blasfemias, sembrar el caos, denostar a la Iglesia, deshonrar el ministerio petrino, crear confusión doctrinal y espiritual sin solución de continuidad, perseguir encarnizadamente a los católicos tradicionales y cometer un sinfín de fechorías de toda especie, las cuales, de ser consignadas por escrito, ocuparían una biblioteca entera.[5]

En relación con el segundo interrogante, debo decir que, paradójicamente, tuvo sobre mí un impacto altamente positivo, ya que suscitó el deseo de estudiar más la doctrina católica para refutar mejor sus falacias y desenmascarar con mayor eficacia sus engaños. Y también potenció mi celo evangelizador en aras de la defensa de la verdad ultrajada por el falso profeta porteño. No obstante, he podido comprobar que, por desgracia, en muchas personas el efecto producido por los dichos y hechos impíos de Bergoglio ha sido muy dañino, a saber, un estado de confusión doctrinal y espiritual creciente, en detrimento de la fe, del magisterio de la Iglesia y de la revelación divina. A modo de sucinto pero elocuente resumen, cito lo que sobre él escribió un autor italiano el día de su deceso:

“Bergoglio adoró e hizo adorar a un ídolo pagano en el santuario (la Pachamama), blasfemó varias veces contra Cristo y la Virgen, participó de un rito chamánico en Canadá, se burló públicamente del Santísimo Sacramento, expresó durante doce largos años el más radical relativismo moral y religioso, hasta llegar al horror teológico del documento de Abu Dhabi. Llevó la estatua de Martín Lutero a San Pedro (…) Abrió las puertas a la sodomía (Fiducia supplicans) después de haberlas abierto a la fornicación (Amoris laetitia). Intentó activamente impedir la participación en la Misa Tradicional (Traditionis custodes). Apoyó por todos los medios, abusando de su autoridad, la inmigración masiva sin ningún límite. Ha propuesto reiteradamente el “mestizaje” como modelo de civilización y el Estado mundial como modelo político, en perfecta armonía con los amos del dinero del mundo (…) Fue el único pontífice en la historia que cerró todas las iglesias durante una epidemia (…) privando así a los necesitados de cualquier consuelo espiritual. Elogió las vacunas experimentales como “la luz del mundo y la esperanza de la humanidad”[6]. Fue el fruto más podrido de un árbol enfermo (el CVII). Llevó al extremo todas las desviaciones y errores liberales y ecuménicos de sus predecesores inmediatos, a quienes también canonizó (…) para que el ejemplo de los nuevos “santos” no permitiera ningún retorno a la Tradición.”[7]

De todo esto y muchísimo más, los obispos argentinos parecerían no darse por enterados, entregados por entero como están a cantar loas y a hacer panegíricos en memoria del difunto pontífice, de quien no me extrañaría que próximamente algunas voces influyentes dieran el salto a la etapa siguiente, perfectamente lógica y predecible, de hacer campaña por su pronta conducción a los altares. En ese sentido, el sermón del cardenal Rossi, adjuntado por Monseñor Pizarro al mensaje grupal dirigido a los obispos, es muy sintomático de esta actitud laudatoria completamente acrítica y hasta diría obsecuente, como si estuviera preparando su candidatura para el cónclave, posicionándose como un discípulo fiel de Bergoglio y un garante confiable de la continuidad de su obra.

Me resulta llamativo que ningún obispo argentino en ejercicio haya jamás manifestado cuando menos un atisbo de reserva respecto a la tarea efectuada por “Francisco” durante los doce interminables años de su polémico y tumultuoso pontificado, por emplear un eufemismo. Que sus innumerables herejías, blasfemias y sacrilegios hayan pasado completamente desapercibidos para la inmensa mayoría de nuestros “pastores” es algo que supera mi entendimiento. Transcribo un significativo párrafo del mensaje de los obispos con fecha del seis de mayo para ejemplificar la miopía crasa de la que adolecen los integrantes de la conferencia episcopal, que me abstendré de comentar:

“Es imposible expresar en pocas líneas todo lo que aprendimos de él; estaremos siempre agradecidos por su testimonio de padre y pastor. Su herencia nos compromete a concretar su magisterio, animando a nuestra Iglesia argentina a ser un hospital de campaña que recibe a los heridos de la vida, una iglesia “sin puertas”, abierta a todos, todos, todos. Y a forjar entre los argentinos la cultura del encuentro tendiendo puentes porque somos hermanos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz.”[8]

A continuación, enumeraré algunas de las principales tropelías y maldades consumadas por el antiguo cardenal primado de Argentina durante su prolongada estancia en la Casa Santa Marta. En aras de la brevedad, omitiré efectuar comentarios y brindar refutaciones con fundamento en el magisterio y en la revelación divina, puesto que eso ya lo he hecho en anteriores trabajos, a los que doy enlace en nota al pie de página.[9]

Primeramente, enunciaré los veinte temas que he seleccionado de un total muchísimo más amplio:

I. Bergoglio propugna la salvación universal

II. Bergoglio niega el milagro de la multiplicación de los panes

III. Bergoglio blasfema contra la Santísima Virgen María

IV. Bergoglio niega la Inmaculada Concepción

V. Bergoglio niega la Corredención de la Santísima Virgen María

VI. Bergoglio promueve el homosexualismo

VII. Bergoglio favorece el transexualismo

VIII. Bergoglio adhiere al evolucionismo panteísta de Teilhard de Chardin

IX. Bergoglio blasfema contra Nuestro Señor Jesucristo

X. Bergoglio aprueba el concubinato y el adulterio

XI. Bergoglio condena la pena de muerte

XII. Bergoglio difama a la Iglesia

XIII. Bergoglio tiene una visión latitudinarista y pneumática de la Iglesia

XIV. Según Bergoglio la duda es intrínseca a la virtud teologal de la fe

XV. Bergoglio alardea de haber cometido un hurto sacrílego

XVI. Bergoglio afirma y reivindica la ruptura doctrinal del CVII

XVII. Bergoglio niega la existencia del infierno

XVIII. Bergoglio desprecia a las familias numerosas y pregona la contracepción

XIX. Según Bergoglio podemos alardear de nuestros pecados

XX. Bergoglio profesa el indiferentismo religioso y un falso ecumenismo

ANEXO I: Otros dichos y hechos

ANEXO II: Análisis de Amoris Laetitia

ANEXO III: Análisis del Documento sobre la Fraternidad Humana

ANEXO IV: La apostasía en la Iglesia

ANEXO V: Apostasía Vaticana

Descargar el libro en formato PDF:

https://gloria.tv/post/EacsffxKBi1T37AF9jnKp4uo4

https://drive.google.com/file/d/1o3c6H6CCqTJ50EjuIeItOtRU7izfX03J/view

En versión Kindle:

https://www.amazon.com/-/es/Alejandro-Sosa-Laprida-ebook/dp/B0FCYWXGC6/

 



[5] A modo de ejemplo, el “Denzinger-Bergoglio”, que está lejos de ser exhaustivo, y cuyos autores no son horrendos integristas preconciliares sino un puñado de sacerdotes diocesanos españoles que celebran la misa de Montini, ocupa 1.700 páginas en su formato PDF: https://en-denzingerbergoglio.com/

[7] “El mayor azote de la Iglesia de Cristo”, por Martino Mora:

 https://gloria.tv/post/c4JSkaNWumFC6gpkh2V6TjCPQ

[9] Ver al respecto: 1. “Apostasía vaticana”: https://gloria.tv/post/7ynAG7ZfxBvK1MBD4MqN3aMxn - 2. “Doce años con Francisco”: https://gloria.tv/post/ieoTehkBJwGs2ZzAN2EoqDkRJ - 3. “Misterio de iniquidad”: https://gloria.tv/post/22LiQpWbFdAaCuCR7XXdRReph - 4. “El falso profeta del Vaticano”: https://gloria.tv/post/Ndcp7fLSFSaC39yMJzduDLyVt - 5. “La apostasía en la Iglesia”: https://gloria.tv/post/Y1EvK2hAbLye2MtbUMTjzM3jX - 6. “Ceguera espiritual y negación de la realidad”: https://gloria.tv/post/71b7ppgmGGvm3kTJHjWGmCVYF%20-%207 - “Diez años con Francisco”: https://gloria.tv/post/UEqqVjZCCVLQ6g89ps67irXSM




miércoles, 17 de junio de 2026

Textos escogidos sobre la encíclica Magnifica Humanitas - Alejandro Sosa Laprida

 

Alejandro Sosa Laprida - 11/06/2026

Descargar el PDF de 17 páginas:

https://drive.google.com/file/d/1VIWA_OhQSJliNR-YE_I6wVQU2BfHqbV_/view

 

Tenía la intención de hacer un análisis pormenorizado de la primera encíclica de “León XIV”, pero es tal la extensión del escrito y, sobre todo, la cantidad de temas abordados, que finalmente he desistido, falto de tiempo y de la energía mental necesaria para acometer correctamente la tarea. Presento en su lugar una serie de textos[1], tomados de las mejores publicaciones que he leído al respecto, seguidos de una selección de pasajes de la encíclica que me parecen sintomáticos de la nueva eclesiología ecuménica, naturalista y sinodal de la que todo el documento está imbuido.

 

Muchas de las reflexiones sobre los peligros que revisten la inteligencia artificial, el poder tecnocrático y el transhumanismo son, en general, dignas de consideración pero, lamentablemente, eso no basta para salvar un texto en el que se defienden los principales errores conciliares (ecumenismo, diálogo interreligioso, libertad religiosa), haciendo de ellos los pilares sobre los cuales ha de edificarse la “civilización del amor” y establecer la “fraternidad universal” en la tierra, empresa utópica, naturalista y masónica que la “iglesia sinodal” se ha fijado como objetivo, en lo que constituye a las claras un sucedáneo diabólico de la auténtica civilización cristiana, centrada en la evangelización, la salvación de las almas y el reinado de Cristo Rey sobre las naciones.

 

ANEXO 

Sobre el nombramiento de “prefectas” en los dicasterios romanos - 08/06/2026

El conocido bloguero argentino “Wanderer” -supuestamente “tradicional” en su línea editorial-, ha derrapado nuevamente. Algunos recordaran su anterior despropósito, cuando se había manifestado en favor de lo establecido en la nota “Mater Populi Fidelis” del “Tucho” Fernández -el impresentable Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe-, respecto al título mariano de “Corredentora” (“Sobre un reciente ataque a la Corredención de …), en la que el infame protegido de Bergoglio impugnaba impíamente uno de los principales títulos de gloria de Nuestra Señora.

Pues bien, en el día de la fecha, resulta ser que el mismo “influenciador” argentino ha vuelto a las andadas, esta vez tomando partido en favor de los nombramientos de “Prefectas” al frente de los Dicasterios romanos recientemente efectuados por Prevost, alineándose de este modo con el parecer que públicamente defendiera el Padre Javier Olivera Ravassi días atrás, muy feliz de que Prevost hubiese elegido a una “conservadora” para el puesto de “Prefecta” del Dicasterio para la Comunicación (quenotelacuenten.org/…t-alvarado-nueva-prefecto-p…).
Transcribo seguidamente el comentario que dejé en la publicación de “Wanderer” (
Mujeres en la Curia Romana), en donde explico el motivo teológico por el cual esto es erróneo y contrario a la constitución divina de la Iglesia:

“Con todo respeto, me permito disentir. El sucesor de San Pedro recibe de Cristo la jurisdicción sobre la Iglesia universal, que consiste en el triple munus docendi, sanctificandi et regendi, es decir, el triple poder de enseñar, santificar y gobernar, poseídos por Cristo en virtud de la unión hipostática del Verbo divino con su naturaleza humana, unión que constituye a Jesús en sacerdote, profeta y rey, con la consiguiente triple autoridad correspondiente en materia de docencia, culto y gobierno sobre el Cuerpo Místico.

Por lo tanto, el límite del rol de la mujer en la vida eclesial no se reduce al del santuario -es decir, a lo relacionado con el culto divino-, sino que incluye también las funciones de gobierno y de magisterio. Ahora bien, los prefectos de los dicasterios romanos participan del poder de gobierno sobre la Iglesia universal, que solamente el Vicario de Cristo posee por derecho propio. Es por ello que esa función no puede ser ejercida por mujeres, ni tampoco por laicos varones.

No se trata de algo accidental en la vida de la Iglesia, susceptible de modificación según la evolución de las costumbres de cada época, es una cuestión basada en el derecho divino. La inclusión de mujeres en las funciones de gobierno es profundamente revolucionaria, pues desvirtúa la constitución divina de la Iglesia, a semejanza de lo que sucede con la sinodalidad.”

PARA MÁS INFORMACIÓN

 

“Apostasía vaticana”

https://gloria.tv/post/7ynAG7ZfxBvK1MBD4MqN3aMxn

 “Diez años con Francisco”

https://gloria.tv/post/UEqqVjZCCVLQ6g89ps67irXSM

MIS BLOGS

Miles Christi

https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi

Super Omnia Veritas

 https://gloria.tv/user/uCZ9iiNQ3eKS1zgLg6MSCmbjY

Miles Christi English

https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi%20-%20English

MIS PUBLICACIONES

Impresas

https://saint-remi.fr/fr/35-livres?q=Filtre%20Auteur-MILES%20CHRISTI-MARIE%20Alexandre

Digitales

https://www.amazon.com/s?i=digital-text&rh=p_27%3AAlejandro%2BSosa%2BLaprida&s=relevancerank&text=Alejandro+Sosa+Laprida&ref=dp_byline_sr_ebooks_1

 



[1] La mayoría son en inglés. Quien lo desee puede emplear la traducción automática abriendo los enlaces, haciendo clic derecho y luego pulsando la opción “traducir al español”.




martes, 26 de mayo de 2026

Sobre un reciente ataque a la Corredención de María - Alejandro Sosa Laprida

Miles Christi - 22/05/2026


Descargar el archivo PDF:

“Siempre he visto en la Corredención el típico caso erróneo de búsqueda de la dogmatización como el premio gordo de una devoción particular, con el añadido de la creencia supersticiosa de que, convirtiéndolo en dogma, se resolverán todos los problemas de la Iglesia por arte de magia cual nuevo Pentecostés. (...) ¿Que hemos visto? Histerismos por doquier, ataques ad hominem al Tucho y al Papa, golpes de pecho y rasgamiento de vestiduras para demostrar lo católicos y devotos de la Virgen que somos, no como esos publicanos… digo, modernistas.”[1]

Hace unos días se publicó en el portal digital Wanderer una nota firmada por Eck intitulada San Bernardo, Tucho y los títulos marianos, en la que se defiende la nota del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que se opone al título mariano de corredentora, trazando un paralelo con la actitud de San Bernardo, quien fue contrario, en su momento, a la Inmaculada Concepción.

Sin embargo, lo menos que puede decirse es que la comparación resulta inadecuada, pues hay una disimetría manifiesta entre ambos casos. Por un lado, en pleno siglo XII, la cuestión de la Concepción Inmaculada de María era materia opinable, y la reflexión teológica al respecto no estaba suficientemente madura, lo que explica que hayan transcurrido siete siglos hasta que la Iglesia finalmente declarara el dogma de la Inmaculada Concepción.

Mientras que, en lo que a la Corredención se refiere, existe un sólido cuerpo doctrinal en el magisterio ordinario en su favor, a punto tal que hubo una importante petición poco antes del CVII, dirigida a los Padres conciliares, para que se proclamara el quinto dogma mariano, el de la Corredención y la Mediación universal de María, doctrina que se hallaba presente de manera unánime, ampliamente desarrollada, en los principales manuales de teología de la época.

Debo reconocer que me cuesta mucho comprender cómo católicos tradicionales, inteligentes e instruidos, pueden ser tan reacios a aceptar esta doctrina claramente expuesta por el magisterio, y que reposa en sólidos fundamentos patrísticos y escriturísticos.

Para colmo, el tono sarcástico y despectivo empleado en el artículo hacia quienes hemos reaccionado negativamente a la nota del DDF -asimilando nuestra posición al fariseísmo-, ha provocado que, al desconcierto intelectual mayúsculo causado por semejante postura doctrinal antimariana, se añada un malestar personal profundo, emocional y espiritual a la vez que, no lo ocultaré, me ha afectado considerablemente.

El hecho de que católicos tradicionales se declaren contrarios a la atribución de un nuevo título de gloria para Nuestra Señora, tomando públicamente partido a favor de un documento pergeñado por quien es manifiestamente un hereje y un impío, un enemigo declarado de Dios y de la Iglesia, es algo que supera mi capacidad de comprensión y que me lleva a interrogarme acerca del estado espiritual en que se encuentra el catolicismo argentino.

Porque estamos hablando de católicos de élite, es decir, de intelectuales cuya palabra y ejemplo moldean el pensamiento y dirigen la acción de muchos católicos de a pie. Es muy decepcionante comprobar que su prestigio e influencia mediática se ponen al servicio de los enemigos de la Iglesia. Y, peor aún, sin caer en la cuenta de lo que están haciendo. Es como si fueran víctimas de una inquietante ceguera espiritual, precisamente ahora, cuando la batalla por la verdad arrecia.

La publicación recibió muchos comentarios, tanto críticos como laudatorios, con un porcentaje equivalente en ambos bandos, entre quienes se manifestaban a favor o en contra de la decisión vaticana de proscribir el título mariano. Seguidamente transcribo los que efectué, por si pudieran servir como argumento en la defensa de los títulos de gloria que sin duda la Iglesia terminará adjudicando algún día a la Santísima Virgen María, Corredentora del género humano y Mediadora universal de todas las gracias.

I. La falsedad contenida en Mater Populi Fidelis acerca de la inconveniencia de aplicar a María Santísima los títulos de Corredentora y Mediadora es total. Intentaré explicar muy sucintamente los motivos por los que esos títulos son legítimamente aplicados a la Madre de Dios en la teología católica, contrariamente a lo que se pretende en este sofístico y malicioso panfleto, urdido en las oficinas del Vaticano conciliar, modernista, ecuménico e interreligioso.

En efecto, es algo perfectamente establecido en el magisterio y en la tradición de la Iglesia que María, la nueva Eva, fue asociada a la redención de Cristo, el nuevo Adán, de modo análogo al que desempeñó Eva respecto de Adán en la caída original.

Eva fue indisolublemente asociada al pecado del padre del género humano pues, sin su intervención, éste no se hubiese producido. Del mismo modo, Dios quiso asociar a María a la redención operada por su Hijo al encarnarse en su seno sagrado, requisito indispensable dispuesto por la Divina Providencia para que pudiera efectuarse la redención del género humano, a través del sacrificio redentor de Jesucristo en el altar de la Cruz.

Igualmente, así como Eva fue la “mediadora” de las desgraciadas consecuencias penales resultantes del pecado de Adán respecto a su posteridad -mediante el acto generativo que transmite la falta-, de manera análoga María fue libremente constituida medianera de las gracias que manan de la Cruz, a través de su maternidad espiritual (“He ahí a tu madre”, Jn. 19, 27).

Fue por su mediación que la humanidad de Nuestro Señor llegó hasta nosotros para entregarse como víctima propiciatoria por nuestros pecados y abrirnos las puertas del Cielo. Cristo constituyó a María madre nuestra en el orden espiritual, es de ella que recibimos la vida sobrenatural, ella es el canal por el que fluye la gracia divina que brota del Calvario.

Su misión de mediadora entre Jesús y los hombres está claramente simbolizada en el papel que tuvo María respecto al inicio de la vida pública de Jesús -narrado en el episodio de las bodas de Caná-, cuando Nuestro Señor realizó su primer milagro a instancias de su madre.

Entonces, dado que la redención es fruto de la oblación de la humanidad de Jesús en el Calvario -hipostáticamente unida al Verbo de Dios-, y que dicha humanidad la recibimos de María, se desprende de ello que Dios dispuso en su sabiduría infinita que María fuera el canal destinado a distribuir las gracias que fluyen del Sacrificio Redentor de Nuestro Señor Jesucristo.

Esto es lo que enseña el magisterio de la Iglesia, lo que está contenido en la Sagrada Escritura y lo que cree el pueblo fiel, por más que Bergoglio, Prevost y el “Tucho” Fernández se empeñen impíamente en negarlo…

Hay muchos papas que han sostenido la corredención de la Santísima Virgen María. En aras de la brevedad, suministraré sólo una cita, tomada del magisterio extraordinario de la Iglesia. En la bula Ineffabilis Deus, que proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción en 1854, Pío IX escribió:

“En consecuencia de eso, así como Cristo, Mediador entre Dios y los hombres, asumiendo la naturaleza humana, destruyó el decreto de condenación que había contra nosotros, clavándolo triunfalmente en la Cruz, así también la Santísima Virgen, unida a Él por un enlace estrechísimo e indisoluble, fue, juntamente con Él y por medio de Él, la eterna enemiga de la venenosa serpiente, y le aplastó la cabeza con su pie virginal.”

Como se puede apreciar, la idea de la corredención está claramente expresada en el texto pontificio, aunque no aparezca la palabra “corredentora”.

Mientras el Vaticano recorre el “camino sinodal”, lucha contra el “cambio climático”, implementa la “fraternidad universal”, promueve el cuidado de la “casa común” y se hermana con todas las “tradiciones religiosas”, los católicos nos volvemos hacia nuestra bendita Madre del Cielo, implorando su protección y pidiéndole la gracia de la fidelidad a la fe católica en estos tiempos de apostasía…

Para quien deseara ahondar en el tema, recomiendo vivamente la siguiente lectura: La Virgen María. Teología y Espiritualidad Mariana, R. P. Antonio Royo Marín O.P., BAC, p. 140 a 203. La primera edición es del año 1955, lo cual prueba de modo irrefutable que la doctrina de la corredención y la mediación universal mariana está firmemente establecida en la teología católica desde hace, por lo menos, 70 años.

Esto explica también el hecho de que durante el CVII varios obispos hayan pedido la declaración de un nuevo dogma al respecto. Como es bien sabido, esta propuesta no prosperó a causa del modernista giro “ecuménico” decidido por Juan XXIII, puesto bajo la dirección del cardenal Bea, que en 1960 fue designado primer presidente del Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos.

https://www.traditio-op.org/biblioteca/Royo-marin/La_Virgen_Mar%C3%ADa,_Teolog%C3%ADa_y_espiritualidad_marianas.pdf

El R. P. Merkelbach, en su Mariología, del año 1939, también expone brillantemente la doctrina católica sobre el tema. Ver extractos escogidos en el siguiente artículo:

https://www.infocatolica.com/blog/praeclara.php/2511080605-title

O bien leer directamente en el texto de la obra, p. 414 a 512, edición española Desclée de Brower, 1954:

https://www.traditio-op.org/biblioteca/Merkelbach/Mariologia,_Fr_Benedictus_Henricus_Merkelbach_OP.pdf

II. Respondo diciendo que negar que María sea la nueva Eva es señal de una profunda ignorancia bíblica, patrística y magisterial. Si bien no ha habido hasta ahora una declaración dogmática del magisterio al respecto, la corredención de María forma parte de la revelación divina. Su fundamento escriturístico es innegable. Éste consiste en el paralelo y en la analogía existente entre Eva y la Santísima Virgen. Paralelo y analogía que se manifiestan en el papel desempeñado por ellas en relación, por un lado, con Adán en la caída original y, por el otro, con Jesucristo, nuevo Adán (Rm. 5, 14 - I Cor. 15, 22), en la reparación de la misma.

En efecto, del mismo modo que Eva participó en la caída de Adán, por su falta de fe y su desobediencia, María lo hizo en la redención, a través de su fe y su obediencia. Con su “fiat” y su consentimiento al sacrificio salvador de Jesús, María hizo posible la Redención, así como Eva, tentando a Adán a instancias de la Serpiente, había hecho posible la falta original. Es Adán quien la comete, pero Eva está íntimamente vinculada a ella, no como artífice, sino como partícipe necesaria y a modo de causa instrumental.

De manera análoga, María, nueva Eva, participa en el acto redentor realizado por Jesucristo, nuevo Adán, no como autora, sino como partícipe necesaria -Dios así lo dispuso en su Divina Providencia-, y como causa instrumental -con su “fiat” libremente otorgado, María suministró la “materia” del sacrificio redentor, es decir, el cuerpo de la víctima expiatoria-.

Es en este sentido que debe entenderse el término “corredención” aplicado a María, como expresión de su íntima participación en la obra redentora consumada por su divino Hijo                         -autor exclusivo de la misma-, y no como si la redención hubiera sido realizada por ambos, en el mismo sentido y en un pie de igualdad, como si fuesen coautores del hecho.

Así pues, a semejanza de Eva, que interviene de manera decisiva en la caída del género humano provocada por la falta de Adán, la Santísima Virgen María, Eva de la Nueva Alianza, está estrechamente involucrada en la redención operada por el nuevo Adán, Jesucristo.

Veamos lo que dice al respecto San Ireneo, Padre y Doctor de la Iglesia, discípulo de San Policarpo, quien, a su vez, lo había sido del apóstol San Juan, en su obra “Contra los herejes”:

“En correspondencia encontramos también obediente a María la Virgen, cuando dice: «He aquí tu sierva, Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38); a Eva en cambio indócil, pues desobedeció siendo aún virgen. Porque como aquélla, (…) habiendo desobedecido, se hizo causa de muerte para sí y para toda la humanidad; así también María, teniendo a un varón como marido, pero siendo virgen como aquélla, habiendo obedecido se hizo causa de salvación para sí misma y para toda la humanidad (Heb 5, 9). (…) Así también el nudo de la desobediencia de Eva se desató por la obediencia de María; pues lo que la virgen Eva ató por su incredulidad, la Virgen María lo desató por su fe.” 

Citemos ahora al gran doctor mariano San Luis María Grignon de Montfort, en su Tratado de la verdadera devoción a la Virgen María:

“Lo que Lucifer perdió por orgullo lo ganó María con la humildad. Lo que Eva condenó y perdió por desobediencia lo salvó María con la obediencia. Eva, al obedecer a la serpiente, se hizo causa de perdición para sí y para todos sus hijos, entregándolos a Satanás; María, al permanecer perfectamente fiel a Dios, se convirtió en causa de salvación para sí y para todos sus hijos y servidores, consagrándolos al Señor. 53 (…) Lo que digo en términos absolutos de Jesucristo, lo digo, proporcionalmente, de la Santísima Virgen. Habiéndola escogido Jesucristo por compañera inseparable de su vida, muerte, gloria y poder en el cielo y en la tierra, le otorgó, gratuitamente -respecto de su Majestad- todos los derechos y privilegios que Él posee por naturaleza: “Todo lo que conviene a Dios por naturaleza, conviene a María por gracia”, dicen los santos. 74.” 

Cito ahora por partida doble a Pío XII, primero en una alocución dirigida a los peregrinos de Génova del 22 de abril de 1940:

“De hecho, ¿no son Jesús y María los dos amores sublimes del pueblo cristiano? ¿No son acaso el nuevo Adán y la nueva Eva a quienes el Árbol de la cruz une en el dolor y el amor para redimir el pecado de nuestros primeros padres en el Edén?” 

Y luego, en su constitución apostólica Munificentissimus Deus, en la que definió solemnemente el dogma de la Asunción de María al Cielo en cuerpo y alma:

“Pero ya se ha recordado especialmente que desde el siglo II María Virgen es presentada por los Santos Padres como nueva Eva estrechamente unida al nuevo Adán, si bien sujeta a él, en aquella lucha contra el enemigo infernal que, como fue preanunciado en el protoevangelio (Gn 3, 15), habría terminado con la plenísima victoria sobre el pecado y sobre la muerte, siempre unidos en los escritos del Apóstol de las Gentes (cfr. Rom cap. 5 et 6; 1 Cor 15, 21-26; 54-57). Por lo cual, como la gloriosa resurrección de Cristo fue parte esencial y signo final de esta victoria, así también para María la común lucha debía concluir con la glorificación de su cuerpo virginal (n. 39).” 

Transcribo seguidamente otras citas pontificias sobre esta cuestión:

León XIII: “Cuando María se ofreció a si misma completamente a Dios junto con su Hijo en el templo, ya estaba compartiendo con Él la dolorosa expiación a favor de la raza humana. Es seguro, por tanto, que sufrió en lo más profundo de su alma con los sufrimientos más amargos y los tormentos de Él. Finalmente, fue precisamente frente a los ojos de María que el sacrificio divino, por el cual Ella había nacido y alimentado a la víctima, tuvo que ser consumado; vemos que estuvo Su Madre frente a la Cruz de Jesús (…) voluntariamente ofreciendo a su Hijo a la divina justicia, muriendo con Él en su corazón, atravesada con la espada de dolor”. Encíclica Jucunda Semper, 1894.

San Pío X: “A todo esto hay que añadir, en alabanza de la santísima Madre de Dios, no solamente el haber proporcionado al Dios Unigénito que iba a nacer con miembros humanos la materia de su carne con la que se lograría una hostia admirable para la salvación de los hombres; sino también el papel de custodiar y alimentar esa hostia e incluso, en el momento oportuno, colocarla ante el ara. De ahí que nunca son separables el tenor de la vida y de los trabajos de la Madre y del Hijo.” Encíclica Ad diem illum, 1904.

Benedicto XV: “El hecho de que Ella estuvo con su Hijo, crucificado y agonizante, fue de acuerdo al plan divino. Hasta tal punto entregó sus derechos maternales sobre su Hijo para la salvación del hombre, y lo inmoló -hasta donde le fue posible- para calmar la justicia de Dios, que podemos correctamente decir que redimió a la raza humana junto con Cristo.” Carta Apostólica Inter Sodalicia, 1918.

Pío XI: “O Madre del amor y de la misericordia quien, cuando vuestro dulcísimo Hijo estaba consumiendo la Redención de la raza humana en el altar de la cruz, permanecisteis de pie junto a Él, sufriendo con Él como la Corredentora. (…) Conserva en nosotros, os lo suplicamos, e incrementa día a día, los frutos preciosos de Su Redención y la compasión de su Madre.” Oración en la clausura del Jubileo de la Redención, 1933.

Pío XII: “Fue Ella quien, libre de toda mancha personal y original, unida siempre estrechísimamente con su Hijo, lo ofreció como nueva Eva al Eterno Padre en el Gólgota, juntamente con el holocausto de sus derechos maternos y de su materno amor, por todos los hijos de Adán manchados con su deplorable pecado; de tal suerte que la que era Madre corporal de nuestra Cabeza, fuera, por un nuevo título de dolor y de gloria, Madre espiritual de todos sus miembros.” Encíclica Mystici Corporis, n. 51, 1943.

III. Oración de Reparación a la Santísima Virgen María Corredentora, indulgenciada por San Pío X en 1914:

“Santísima Virgen, Madre de Dios, mira con bondad desde el cielo, donde reinas, a este miserable pecador, tu siervo. Consciente de su indignidad, en reparación por las ofensas cometidas contra ti por lenguas impías y blasfemas, desde lo más profundo de su corazón te bendice y exalta como la más pura, la más bella y la más santa de todas las criaturas. Bendice tu santo nombre, bendice tus sublimes prerrogativas como verdadera Madre de Dios, siempre Virgen, concebida sin mancha de pecado, como corredentora del género humanoBendice al Padre eterno, que te eligió de manera especial como su Hija; bendice al Verbo Encarnado, que, al asumir la naturaleza humana en tu purísimo seno, te hizo su Madre; bendice al Espíritu Santo, que te eligió como su Esposa. Bendice, exalta y da gracias a la augusta Trinidad que te eligió y te favoreció tanto que te elevó por encima de todas las criaturas a las más sublimes alturas. Oh santa y misericordiosa Virgen, implora el arrepentimiento de tus ofensores y acepta este pequeño homenaje de tu siervo, obteniendo también para él, de tu divino Hijo, el perdón de sus pecados. Amén.”[2]

El 22 de enero de 1914 San Pío X concedió que los fieles que recen esta oración con corazón contrito y devoto obtengan una indulgencia de cien días, aplicable también a los difuntos. La indulgencia es válida a perpetuidad.

IV. Brindo a continuación tres citas de San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, tomadas de su obra Las glorias de María:

“Dice san Bernardo que, conforme un hombre y una mujer cooperaron a nuestra ruina, así un hombre y una mujer debían cooperar a nuestra reparación, y éstos fueron Jesús y su Madre María. ‘No hay duda -dice el santo- de que Jesucristo él sólo se basta para redimirnos, pero fue más congruente que a la hora de nuestra reparación estuvieran presentes los dos sexos que lo habían estado cuando la caída’. Por eso san Alberto Magno llama con razón a María colaboradora en la redención. Y ella misma reveló a santa Brígida que como Adán y Eva por la fruta prohibida vendieron al mundo, ella con su Hijo con un solo corazón rescataron al mundo. ‘Bien pudo Dios crear el mundo de la nada’, dice san Anselmo; ‘pero, habiéndose perdido el mundo por la culpa, no ha querido Dios repararlo sin la cooperación de María. El que pudo hacerlo todo de la nada no quiso repararlo sin María’.” P. 63.

“María es llamada la cooperadora de nuestra justificación porque a ella le ha confiado Dios todas las gracias que se nos dispensan. Por lo que, afirma san Bernardo, ‘todos los hombres, pasados, presentes y por venir, deben ver en María como el medio de lograr la salvación y la negociadora de la misma durante todos los siglos’.” P. 64.

“Al morir Jesús, María unió su voluntad con la de su Hijo de tal manera que ambos ofrecieron un mismo sacrificio, y por eso dice el mismo santo abad que así es como el Hijo y la Madre realizando la redención humana obtuvieron la salvación de los hombres; Jesús, satisfaciendo por nuestros pecados; María, impetrando que se nos aplicara semejante satisfacción. (…) Siendo María por los méritos de sus sufrimientos y del ofrecimiento de su Hijo madre de todos los remedios, se ha de creer que sólo por ella se otorga la leche de las divinas gracias, que son los méritos de Jesucristo, y los medios para conseguir la vida eterna. A esto se refiere san Bernardo al decir que Dios ha puesto en manos de María el precio de nuestra redención. Con lo que el santo nos da a entender que por la intercesión de la Virgen santísima se aplican a las almas los méritos del Redentor y que por sus manos se dispensan las gracias, que son precisamente el precio de los méritos de Jesús.” P. 151.[3]

Concluyo con una edificante cita de «Francisco» al respecto:

“Fiel a su Maestro, que es su Hijo, el único Redentor, jamás quiso para sí tomar algo de su Hijo. Jamás se presentó como corredentora. (…) Nunca robó para sí nada de su Hijo (…) María mujer, María madre, sin otro título esencial. (…) Y tercer adjetivo que yo le diría mirándola, se nos quiso mestiza, se mestizó. (…) Se mestizó para ser Madre de todos, se mestizó con la humanidad. ¿Por qué? Porque ella mestizó a Dios. Y ese es el gran misterio: María Madre ‘mestiza’ a Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, en su Hijo. Cuando nos vengan con historias de que habría que declararla esto, o hacer este otro dogma, no nos perdamos en tonteras: María es mujer, (…) mujer de nuestros pueblos, pero que ‘mestizó’ a Dios.”[4]

V. La cooperación de María a la obra redentora no es comparable a la de Judas o a la de los soldados romanos -como absurdamente sostiene el anterior comentario-, porque, en el caso de María, y a diferencia de ellos, Cristo quiso que su madre estuviese asociada a la obra de la salvación de una manera íntima, consciente y libre, de modo que ella fuese la nueva Eva, acompañando indisociablemente la obra redentora efectuada por el nuevo Adán. Ésa ha sido su voluntad, y negar esto es despojar a María de uno de sus principales títulos de gloria. Si Eva ha sido partícipe necesaria en la caída de Adán, de un modo análogo también lo ha sido María en la redención operada por el nuevo Adán. Francamente, no me parece algo muy complicado de entender.

Brindo seguidamente un pasaje del esquema conciliar original de la Constitución Dogmática sobre la Virgen María, tal cual había sido redactado por la Comisión Preparatoria antes de la apertura del concilio. En ella figura claramente tanto la corredención como la mediación universal de todas las gracias de María Santísima. Es cierto que no figuran las palabras «corredención» ni «corredentora», pero lo esencial es que está presente el concepto:

«Por este consentimiento, María, hija de Adán, no solo se convirtió en la madre de Jesús, el único Mediador y Redentor divino, sino que también, con Él y bajo su influencia, asoció su obra a la redención del género humano. (…) Puesto que la Santísima Virgen fue predestinada desde la eternidad a ser la madre de Dios y de los hombres y, por la divina Providencia que dispuso así estas cosas, fue una generosa colaboradora de Cristo en la obtención de la gracia para los hombres, con razón y merecidamente se la considera administradora y dispensadora de las gracias celestiales.»

El texto original: “Quo consensu, Maria, filia Adae, facta est non tantummodo mater Iesu, unici divini Mediatoris ac Redemptoris, verum etiam cum eo et sub eo, operam suam consociavit in humani generis redemptione peragenda. (…) Cum itaque beatissima Virgo ab aeterno praedestinata ut esset Dei hominumque mater, divina Providentia sic disponente hisce in terris Christi passibilis fuerit generosa socia in gratia pro hominibus acquirenda, caelestium quoque gratiarum administra et dispensatrix iure meritoque salutatur.”[5]

VI. El comentarista anterior se obstina en eludir la argumentación central -fingiendo no comprenderla-, y exigiendo que yo me salga del tema, respondiendo a sus sofismas. Vamos de nuevo. El paralelo teológico entre lo acaecido, por un lado, con Adán y Eva en la caída original y, por el otro, con Jesús y María en la redención, es un lugar común en Padres, Doctores, Teólogos y Actas del Magisterio. He suministrado varias citas en los comentarios precedentes. Eva es parte integrante de la falta cometida en los orígenes, como partícipe necesaria, sin la cual la caída no habría tenido lugar.

Del mismo modo, María, la Eva de la Nueva Alianza, se halla unida de manera indisociable con el sacrificio redentor llevado a cabo por su divino hijo, Jesucristo, el nuevo Adán, en el altar de la Cruz. El pecado original compete a Adán, por ser la cabeza del género humano, así como la redención es realizada por Cristo, el nuevo Adán. Pero eso no obsta para que, en el plan de Dios, Eva y María hayan intervenido de modo esencial, como partícipes necesarios y causas instrumentales, en las acciones realizadas por Adán y Jesús. Ésa es la forma en que se han desarrollado ambos momentos cruciales de la historia de la humanidad.

Esto es doctrina católica cierta, fundada en la Sagrada Escritura, en la tradición y el magisterio eclesiástico. Si así no fuera, ¿sería posible que esta doctrina figure en los manuales teológicos preconciliares? He mencionado a Merkelbach y a Royo Marín, reconocidísimos y respetados autores eclesiásticos, pero hay varios más. Si la corredención no fuera doctrina segura, ¿acaso se habría podido exponer esta idea en el esquema conciliar preparatorio, como lo refleja claramente la cita que suministré anteriormente? La respuesta es evidentemente negativa…

VII. Estimado Wanderer: ¿Por qué me censura este comentario? No veo que contenga nada reprensible. Éste es el tercer intento que hago…

Un comentario final, que me parece decisivo para clarificar el debate. El Dicasterio para la Doctrina de la fe afirma que “el Concilio Vaticano II evitó utilizar el título de Corredentora por razones dogmáticas, pastorales y ecuménicas” (MPF, 18). Sin embargo, es falso decir que haya habido razones dogmáticas o doctrinales para prescindir del título mariano en cuestión, ya que, en el documento al cual se hace referencia, se afirma claramente la veracidad y la justeza del término. En efecto, en las “praenotanda” del esquema de 1962 sobre la Santísima Virgen, se nos dice que:

“Se han omitido ciertos términos y expresiones utilizados por los pontífices romanos que, aunque son muy verdaderas en sí mismas (“in se verissima”), pueden resultar difíciles de entender para los hermanos separados (como los protestantes). Entre tales palabras se pueden enumerar las siguientes: «Corredentora de la raza humana», [San Pío X, Pío XI], «Reparadora del mundo entero» [León XIII]; (…) «Con razón se puede decir que redimió al género humano con Cristo» [Benedicto XV], etc.”

Es decir que el título de “Corredentora” fue omitido del esquema de 1962 porque se consideró que era “difícil de entender para los hermanos separados”, lo que implica que no se omitió por razones dogmáticas, sino exclusivamente «ecuménicas», puesto que se dice claramente que el título “Corredentora” forma parte de expresiones que son “muy verdaderas en sí mismas”.

El texto original latino: «Omissae sunt expressiones et vocabula quaedam a Summis Pontificibus adhibita, quae, licet in se verissima, possent difficilius intelligi a fratribus separatis (in casu a protestantibus). Inter alia vocabula adnumerari queunt sequentia: « Corredemptrix humani generis » [S. Pius X, Pius XI]; « Reparatrix totius orbis » [Leo XIII]; « materna in Filium iura pro hominum salute abdicavit » [Benedictus XV, Pius XII], « merito dici queat Ipsam cum Christo humanum genus redemisse » [Benedictus XV], etc»[6]

Concluyo con un hermoso texto de Pío XII:

“Ella, la que, libre de toda mancha personal y original, unida siempre estrechísimamente con su Hijo, lo ofreció como nueva Eva al Eterno Padre en el Gólgota, juntamente con el holocausto de sus derechos maternos y de su materno amor, por todos los hijos de Adán manchados con su deplorable pecado; de tal suerte que la que era Madre corporal de nuestra Cabeza, fuera, por un nuevo título de dolor y de gloria, Madre espiritual de todos sus miembros.” Mystici Corporis, n. 51.

VIII. Wanderer: Estimado, se lo censuraba porque usted aprovechaba su mensaje para publicitar su blog.

IX. Hice eso sólo en mi primer mensaje, no en el segundo, justamente, a fin de no seguir dándole un argumento para vetar la publicación del mismo. Pero no importa, prefiero pasar página, lo esencial es que, finalmente, ha publicado el mensaje, que me parece importante, ya que revela el engaño de la infame nota vaticana acerca de la inconveniencia «dogmática» que supondría el título «corredentora» aplicado a Nuestra Señora…[7]

 

PARA MÁS INFORMACIÓN

 

“Apostasía vaticana”

https://gloria.tv/post/7ynAG7ZfxBvK1MBD4MqN3aMxn

 “Diez años con Francisco”

https://gloria.tv/post/UEqqVjZCCVLQ6g89ps67irXSM

MIS BLOGS

Miles Christi

https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi

Super Omnia Veritas

 https://gloria.tv/user/uCZ9iiNQ3eKS1zgLg6MSCmbjY

Miles Christi English

https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi%20-%20English

MIS PUBLICACIONES

Impresas:

https://saint-remi.fr/fr/35-livres?q=Filtre%20Auteur-MILES%20CHRISTI-MARIE%20Alexandre

Digitales:

https://www.amazon.com/s?i=digital-text&rh=p_27%3AAlejandro%2BSosa%2BLaprida&s=relevancerank&text=Alejandro+Sosa+Laprida&ref=dp_byline_sr_ebooks_1



[7] Recomendado: “En defensa de la Corredención de María” https://gloria.tv/post/Td9KiqLvfphy131LRBv2qJQ6n