San Juan Bautista
domingo, 25 de enero de 2026
viernes, 23 de enero de 2026
Una opinión sobre los hechos de Venezuela - Por Antonio Caponnetto
Ha pasado
un tiempo prudencial desde la cruenta invasión norteamericana a Venezuela, con
la consiguiente e histriónica captura del delincuente Maduro. Deliberadamente
no hemos querido expedirnos a tambor batiente; primero porque el vértigo no es
buen consejero en estos casos, y segundo porque la política internacional
requiere unos conocimientos que nos son ajenos.
Pero
motivados por quienes han pensado el tema, entendemos que hay algunos conceptos
básicos que deben ser aclarados. Llama la atención ,por lo
pronto, la ligereza y la liviandad con que se desatienden argumentos que están
tan grotescamente a la vista. Verbigracia el quebrantamiento del Derecho, el
apoderamiento del petróleo como móvil dominante, la mano pro judaica tras los
fines perseguidos, el precedente que se sienta si se permite que una
superpotencia como Estados Unidos nombre a su máximo gobernante con el rango de
<presidente interino> del país que se le antoje, los muchos antecedentes
de actos de beligerancia similares que terminaron en catástrofes, y la
flagrancia de una conspiración de fuerzas que, de mínima, consiste en una
síntesis macabra de lo sucedido en Yalta, Potsdam y Nurenberg. Sin olvidarnos
de los tentáculos expansionistas norteamericanos, una vez más anunciados como
amenaza.
Todo
esto les parece filfa y pamplinas a los liberales de variopintas cepas; documentan
su supina ignorancia al desconocer las centenares de probanzas concretas y
recientes del complot hebreo tras las decisiones de Trump, o documentan su
alarmante complicidad al conocer las mentadas probanzas y pasarlas por alto; y
como portadores de naderías son destratados los acusadores del Imperialismo
Internacional del Dinero, frente al bien inmenso que se seguiría de haberle
puesto el cascabel al gato; esto es al criminal Maduro.
No importa si el cascabel se lo pone una
hiena, con su manojo feral de conjurados. No importa si al gato se le permite
conservar su cría maligna y su descendencia corrupta, y no importa tampoco si
el cascabel no trae sonidos de campanas regeneradoras sino el aturdimiento de
las turbinas petroleras. El mismo León XIV llegó a decir, el pasado 4 de enero,
que “el bien del pueblo venezolano debe prevalecer sobre cualquier otra
consideración”. Pero ¿cuál es ese bien, Santidad? Porque si no lo especifica,
recordando que usted debería hablar como Pontífice, ese “bien” puede
interpretarse del modo más ambivalente. En otras palabras: ¿sigue siendo Cristo
la única fuente del bien privado como la del bien público,según lo sintetizó
San Agustín? ¿Debe extirparse de Venezuela el marxismo chavista e instaurarse
un Orden Social Cristiano? ¿O se trata de un “bien” reducido a la recuperación
del bienestar perdido, de próximas elecciones “libres” con un títere de Trump
garantizando el toma y daca? ¿De qué nos habrá servido leer y citar tantas
veces la admirable obra de Benson, “Señor del mundo”, si cuando los epígonos intercambiables
del temible Julian Felsenburgh despliegan sus atrocidades muchos le ofrecen sus
aplausos y consentimientos?
"La soberanía de un Estado terrorista debe
combatirse, no respetarse", dice uno de los analistas oficiales del
problema. Es el argumento que usaron el ERP y los Montoneros para combatir al
supuesto Estado Terrorista Militar Argentino. Y es argumento de neto cuño
leninista. “Hay que llevarse preso a Maduro porque es el jefe de una asociación
narco y no respeta los derechos humanos”, dice otro. No;no hay que guiarse por
la DEA sino por Juan de Mariana. No por las categorías revolucionarias sino por
las reaccionarias. Maten al tirano por marxista, y digan que lo es, mas no lo
rapten entre las espesuras y las evidentes complicidades de sus guardianes principalmente
porque el hombre está en el negocio infame de la droga. Puesto que además, ¿es
en serio que Trump tiene autoridad moral y política para convertirse en el
custodio de la salubridad planetaria?; ¿ es humorismo negro nombrarlo adalid
del Ius Gentium? ¿De veras la pax
trumpeana trae resonancias de la de los emperadores de Roma? ¿Ahora van a
decirnos que el semental Scott Bessent y el aeróbico Jared Kusner son los neo
Rómulo y Remo amamantados por la luppa cesárea del Tío Sam?
Lo que hizo el forajido Donald no es condenable
porque violó la soberanía popular, puesto que
no existe. Tampoco es condenable porque violó la soberanía nacional, ya
que la República Bolivariana de Venezuela es un satélite de Rusia, China e
Irán. Lo condenable de Trump es comer pública e insolentemente del árbol de la
ciencia del bien y del mal. Él es dios y decide quiénes y qué países se le
deben someter a su "interinato presidencial", a sus tribunales y a
sus sentencias. Viola la soberanía divina, no la venezolana. Su atropello no lo
justifica la Escuela Salmantina; lo condena el Génesis.
Las independencias nacionales pueden no ser
necesariamente legítimas ni absolutas ni oportunas. Tiene razón quien lo ha
recordado. Casos dolorosos hay en la historia que podríamos citar. Pero tan
delicado principio no parece ser que aplique al punto que estamos tratando. Porque
los secuestradores del asesino Maduro no bregan por una Venezuela que vuelva a
ser y a integrar el Virreynato de Nueva España o el de Nueva Granada o la
Tierra de Gracia, como la llamó Colón en 1498. La quieren como surtidor
inagotable de hidrocarburo y de nafta. No se define así una guerra justa sino
la tropelía de un filibustero. No se libera así a una sociedad; se la mantiene
vasalla y sumisa, cumpliéndose el dicho popular, según el cual, no hay que
cambiar de collar sino dejar de ser perro.
Trump no tiene “justos títulos” otorgado por reyes
santos para llevarse puesta a una comunidad política entera. Tiene una
“Operación Determinación Absoluta” que cumplir, y ella no se fraguó en un trono
hispanocatólico sino en contubernio con el Estado de Israel del genocida Benjamín Netanyahu. Puede discutirse si los católicos vivimos
mejor bajo el liberalismo que bajo el socialismo. En la Argentina, por lo
pronto, tanto diezmaron al criollo las hordas sarmientinas y mitristas, como
perpetraron atrocidades sin cuento las guerrillas rojas. Tanto persiguieron al
catolicismo los laicistas trespunteados del fatídico ochenta del siglo XIX,
como los progresistas socialdemócratas que legalizaron el “aborcio”, según
apocopaba Díaz Araujo. Tanto mantienen el mito de la lesa humanidad contra
nuestros soldados, desde el abogado de Santucho que fuera Alfonsín hasta los
actuales empleados de la Escuela Austríaca.
Pero comparanzas al margen, lo trágico es que
vivimos peor desde que la Iglesia –Nuestra Madre- dejó de condenar y de declararle la guerra a ambas
ideologías por pestes perniciosísimas y virus repugnantes. Puede abrigarse una
cierta y difusa esperanza en el alivio que el encierro de Maduro ha traído a
tanta buena gente venezolana obligada al exilio y a la separación de sus
hogares. Quienes lo piensan o lo desean ejercitan una amabilidad respetable. Pero
si esa esperanza consiste en un regreso físico al pago, y el pago ya no es
propio sino de una extranjería expoliadora y materialista, no vemos la
ganancia. Salir de la sartén para caer en las brasas, no parece el alivio más
indicado que merecen las sufridas víctimas de la subversión chavista.
Lo que
acaba de hacer Trump, inclusive, y lo que
se vanagloria de seguir haciendo cada vez que se le antoje, es funcional a la estrategia
de las izquierdas, no sólo ideológicamente sino en el ámbito del terrorismo. La
Revolución Permanente –concepto acuñado por Trotsky a principios del siglo XX-
encuentra en la invasión a Venezuela su mejor caldo de cultivo. Le acaban de
hacer a la sarnosa zurdería el mayor regalo vintage
que esperaba: le devolvieron el “¡Yankee, Go Home!”.
Ahora falta que le resuciten a Carlos Puebla y le rearmen el Festival de
Woodstock.
Por otra parte, el bloque de Estados opositor a
Trump –por motivos seguramente distintos a los nuestros- no permanecerá
indiferente. O está prevista ya la repartija de botines de guerra, como sucedió
tantas veces en la historia. O la conflagración será devastadora, y quedaremos
envueltos en una trampa de pluricontiendas ajenas, en las que insensata y
criminalmente nos involucró el arrastrado amoral de Milei.
El
gobierno vasallo que surja ahora en Venezuela, será tan ilegítimo como el de
sus predecesores. Estados Unidos será el garante de que las cosas sigan el
curso de acción que le conviene a la alianza sionista y masónica que Trump
conforma y co-dirige. Una vez más, la democracia, será la enfermedad de
nuestros países. Será el problema, no la solución. La esclavitud, no la
libertad.
Venezuela,
Argentina e Hispanoamérica, sólo serán realmente libres cuando descubran y
acaten que únicamente la Verdad nos hace libres. Y el nombre de esa Verdad es
Jesucristo. No es Maquiavelo el que ha muerto, como ha dicho nuestro primer
golem en el reciente Foro de Davos, en un discursete pedante cuanto abstruso.
Es a Nuestro Señor al que han matado los deicidas como él. Mientras siga
destronado no habrá paz ni libertad sobre la tierra. Aunque al yanky le regalen
el premio Nobel y el libertario crea que ser libres es carajear tres veces como
un lunático.
Antonio Caponnetto
lunes, 19 de enero de 2026
Liberalismo o Socialismo - Alejandro Sosa Laprida
LIBERALISMO O SOCIALISMO
La
falsa disyuntiva en la que vive Argentina
Alejandro
Sosa Laprida - 30/12/2025
Javier Milei en la última reunión de
Gabinete, en la que regaló una copia del libro “Defendiendo lo indefendible”,
del economista libertario Walter Block (El Presidente Milei encabezó una
reunión de …)
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EL ARCHIVO PDF:
https://drive.google.com/file/d/1mZPL6EvNSuqmICH3kaC-kszllN5KrzBu/view
Los libertarios son ignorantes crasos
de los sanos principios de la filosofía política clásica, y ni hablar de la
doctrina social de la Iglesia. Su incultura es abismal y su simplismo
intelectual, grotesco. El libro “Defendiendo lo indefendible”, de Walter Block
(Prostitución, narcotráfico, derecho al
aborto y …), que
promueve estúpida, fanática e irresponsablemente el presidente Javier Milei
junto con todo su gabinete, es totalmente contrario al bien común social y a la moral más elemental
(La hipocresía y la impostura provida
como política de Estado).
En él se hace la apología del “libre
mercado” como la norma suprema de la sociedad, lo que es una aberración
antropológica absoluta. La noción del “bien común” social -que incluye ante todo el bien
moral de la población, además del legítimo y necesario bienestar material-,
brilla por su ausencia. Sólo se considera perjudicial para el ser humano -y, por tanto, merecedor de la
intervención protectora del Estado- el daño corporal, haciendo completa
abstracción de los comportamientos perniciosos que atentan contra los valores
morales, deterioran el vínculo social y socavan los valores básicos sobre los
que se funda la civilización. Aunque el autor, con total incoherencia, no
aplica su principio al caso del aborto.
Criticar el socialismo en todas sus
variantes (“kirchnerismo”, “progresismo”, “wokismo”, etc.), está muy bien.
Pero proponer a cambio el delirante “anarcocapitalismo” -suerte de liberalismo exacerbado
y distópico-, con su visión distorsionada sobre la libertad, la naturaleza de
la sociedad y la función del Estado, es un gravísimo error, de nefastas
consecuencias, que necesariamente reforzará el discurso engañoso de la
izquierda, que se autoproclamará como siempre defensora de los “valores
comunitarios” y de la “solidaridad social” contra el disolvente individualismo
liberal y el atomismo social que éste engendra inevitablemente.
La Argentina se halla desde hace tiempo
en una espiral infernal de la cual no hay salida posible. Es indispensable
cortar el nudo gordiano falaz que presenta como única opción de gobierno y de
organización política al funesto dúo revolucionario y anticristiano integrado
por el “socialismo” y el “liberalismo” -en lo que constituye una dialéctica
intelectual destructora, interminable e insoluble-, y volver a la fuente de
nuestro ser nacional, es decir, a la tradición cristiana e hispánica de nuestra
Patria.
Seguidamente, transcribo dos textos
históricos que, indirectamente, se relacionan con el tema, y que ayudan a
comprender cómo la Argentina ha podido llegar a esta situación inextricable,
política, social, económica y espiritualmente hablando.
Obviamente, a esto habría que añadir
otro factor clave, a saber, la situación en la que se encuentra el catolicismo
vernáculo, la cual está ligada indisolublemente a la de la Iglesia universal,
pero eso debe ser tratado en un capítulo aparte (Ver al respecto: LA RELIGIÓN DEL HOMBRE.).
1. “El Catolicismo Federal Argentino
frente al Laicismo Unitario: un Conflicto Histórico y Cultural.” - Por Ezequiel Britos San Martín.
En la Argentina del siglo XIX, el
catolicismo fue mucho más que una religión: fue el alma del proyecto federal.
Frente a ello, los unitarios abrazaron un laicismo militante inspirado en el
racionalismo europeo y la Revolución Francesa, buscando arrancar de raíz la
influencia de la Iglesia en la vida pública. El choque no fue sólo político,
sino profundamente cultural y espiritual.
Los caudillos federales -Juan Manuel de
Rosas, Facundo Quiroga, Estanislao López y tantos otros- comprendieron que sin
religión no hay orden, ni patria, ni verdadera autoridad. En un país en
formación, el catolicismo era la fuerza moral que unía al pueblo y daba
legitimidad a las instituciones. Rosas, aunque pragmático, entendió el valor
simbólico y social de la fe, protegiendo el culto y sosteniendo la enseñanza
religiosa en las provincias.
Del otro lado, los unitarios -formados
en el clima intelectual de la Ilustración- veían en la Iglesia un obstáculo
para sus planes centralistas y modernizadores. Bernardino Rivadavia, el más
representativo de ellos, promovió la supresión de órdenes religiosas, la
confiscación de bienes eclesiásticos y la creación del registro civil.
Inspirado en modelos extranjeros, intentó imponer una visión secular del
Estado, marginando a la religión que había moldeado la identidad argentina.
Estas reformas provocaron una fuerte
reacción en el interior. Facundo Quiroga, caudillo riojano, alzó la bandera de
“Religión o Muerte”, una consigna que no era mera retórica, sino la expresión
de un pueblo que veía amenazadas sus raíces. El interior católico se levantó
contra el centralismo laicista de Buenos Aires, defendiendo sus costumbres, su
fe y su modo de vida.
La masonería tuvo también un papel
protagónico en este conflicto. Muchos unitarios -incluidos Rivadavia y
Sarmiento- pertenecían a logias inspiradas en principios racionalistas y
anticlericales. Desde allí se impulsaba la idea de una nación “moderna”,
desligada de toda autoridad espiritual. Para los federales y el clero, esta
influencia extranjera representaba una amenaza directa a la soberanía nacional
y a la tradición católica del pueblo.
En el pensamiento de Sarmiento, el
enfrentamiento se hizo más explícito: el gaucho, símbolo de la religiosidad y
del orden natural del campo, fue degradado a emblema de la “barbarie”. Así, la
lucha entre civilización y barbarie fue también -aunque no lo dijeran
abiertamente- una lucha entre el espíritu católico del pueblo y el espíritu
laicista de las élites ilustradas.
En definitiva, el conflicto entre
federales y unitarios no se limitó a disputas de poder o de economía. Fue una
batalla de visiones: entre una Argentina fiel a su tradición, su fe y sus
raíces hispano-católicas, y otra que buscaba modelarse según los patrones
extranjeros del liberalismo y el secularismo.
A más de un siglo y medio de aquellos
acontecimientos, aquel choque entre tradición y modernidad aún resuena en
nuestra vida pública. Las mismas tensiones -entre fe y razón, entre pueblo e
ilustrados, entre patria y cosmopolitismo- siguen vivas en el debate sobre la
identidad nacional argentina.
Fuente: El Catolicismo Federal Argentino frente
al Laicismo Unitario
2. CASEROS: LA TRAGEDIA MAYOR DE
LA PATRIA. - Por Revisionismo Histórico
Argentino.
LA DERROTA QUE NO FUE SOLO MILITAR
Hace más de siglo y medio se vino abajo
algo mucho más profundo que un gobierno o un ejército: se derrumbó el último
intento serio de construir una PATRIA GRANDE, SOBERANA Y AUTÓNOMA en el sur del
continente. Ese proyecto no nació de una consigna romántica ni de una
voluntad personal, sino de una realidad histórica concreta: el VIRREINATO DEL
RÍO DE LA PLATA, concebido como una unidad política, económica y estratégica
destinada a defender Sudamérica de las potencias marítimas.
En Caseros no se perdió solo una
batalla. Se quebró un destino continental. El 3 de febrero de 1852 no
marcó simplemente la caída de Juan Manuel de Rosas: marcó el triunfo definitivo
del orden liberal dependiente, funcional al comercio británico y al
expansionismo brasileño.
EL PROYECTO GEOPOLÍTICO DEL PLATA
La unidad rioplatense no fue un invento
rosista. Venía de lejos. Desde Irala, Garay, Hernandarias, Trejo y Sanabria, se
consolidó una concepción estratégica clara: el Plata debía ser un espacio
integrado, con control del comercio, de los ríos y de la defensa territorial.
La creación del Virreinato en 1776
respondió a esa lógica. Y ese mismo principio -ya en clave criolla- sobrevivió
en los caudillos federales y encontró en Rosas su última expresión orgánica. No
es casual que José de San Martín, desde el exilio, escribiera en 1848, en plena
agresión anglo-francesa:
“Rosas es el único hombre que sabe
resistir a la Europa, y el único que puede salvar la independencia americana.”
LA PATRIA QUE SE FUE ACHICANDO
Antes de Caseros, el territorio ya
venía siendo descuartizado. Paraguay quedó aislado tras la revolución del Dr.
Francia, más por el abandono porteño y la presión externa que por voluntad
popular. El Alto Perú fue entregado de hecho por el Congreso rivadaviano de
1824, que bajo la fórmula de “disponer de su destino” habilitó su separación.
La amputación más brutal llegó en 1828,
cuando Gran Bretaña impuso la creación del Estado Oriental como estado tapón
entre Argentina y Brasil. Lord Ponsonby lo expresó sin eufemismos ante el
Foreign Office: la independencia oriental era necesaria para servir a los
intereses del comercio inglés.
Artigas lo había advertido en 1813 con
claridad absoluta: “Ni por asomo la separación nacional.” Lavalleja
habló en 1825 a los “argentinos orientales”. La Asamblea de la Florida exigió
la reincorporación. Pero Londres decidió otra cosa.
ORIBE, ARROYO GRANDE Y LA RESISTENCIA
DEL PLATA
Pese a las amputaciones, la conciencia
rioplatense persistió. La resistencia se expresó con fuerza en Arroyo Grande,
donde Manuel Oribe derrotó el proyecto balcanizador impulsado por Rivera y
Berón de Astrada bajo el nombre engañoso de “Federación del Paraná”.
Ese plan respondía a la vieja
estrategia británica de fragmentar para dominar. Rosas lo comprendía con
claridad cuando advertía que la desunión era la verdadera derrota, porque hacía
imposible cualquier política autónoma frente a los imperios.
EL VACÍO DE PODER Y LA OPORTUNIDAD
IMPERIAL
Entre 1847 y 1848 Europa estaba
sacudida por revoluciones. Francia, Inglaterra y Austria atravesaban crisis
profundas. Ese vacío fue aprovechado por el Imperio del Brasil, que reactivó su
vieja obsesión: la “ilusão do Prata”, la expansión hacia el sur. Brasil no
actuó solo. Londres financiaba, asesoraba y legitimaba.
La banca Rothschild aportó recursos.
Lord Palmerston consideró “legítima” la exigencia brasileña de la caída de
Rosas. Rosas era el último obstáculo serio al libre comercio irrestricto, a la
navegación sin control de los ríos y a la fragmentación definitiva del espacio
rioplatense.
URQUIZA Y EL PRONUNCIAMIENTO
En ese contexto apareció Justo José de
Urquiza. No fue un ingenuo ni un reformista: eligió el bando del dinero.
Aceptó subsidios, la libre navegación, la apertura al capital extranjero y el
respaldo internacional. Encabezó el Pronunciamiento contra su propio país.
Mientras tanto, en el Estado Oriental
se compraban jefes y se desactivaba a Oribe. En Buenos Aires, incluso en Santos
Lugares, operó el soborno. Las banderas de “Constitución” y “Libertad” se
pagaban en libras esterlinas.
CASEROS Y EL DESTINO SELLADO
Caxias, Urquiza y César Díaz cumplieron
la orden. La batalla fue breve, desigual y confusa. Y Caseros selló un
destino sin retorno. Cayó el último poder fuerte del sur. Brasil consolidó su
hegemonía. Se abrió el camino para la destrucción del Paraguay. Se cerró
el ciclo de Juan Manuel de Rosas, uno de los mayores defensores de la Patria
Grande Iberoamericana.
EL ARREPENTIMIENTO DE URQUIZA
Lejos de ser una construcción
posterior, el arrepentimiento de Urquiza surge de sus propias palabras,
expresadas a lo largo de su vida. El vencedor de Rosas descubrió rápidamente
que el triunfo no era un punto de llegada, sino el inicio de una derrota
política humillante.
Apenas entró en Buenos Aires comprobó
que el poder real se le escapaba entre las exigencias extranjeras, las
presiones brasileñas y el desprecio de los unitarios, que jamás lo aceptaron
como conductor. El día de su entrada triunfal fue obligado por Brasil a
retrasar el desfile para conmemorar Ituzaingó. Aquella humillación lo
enfureció. Se presentó con poncho y galera, luciendo la cinta punzó y montando
un caballo con marca de Rosas, como si su propia figura delatara una
contradicción irresuelta.
Brasil le exigió la Banda Oriental, las
Misiones, el reconocimiento del Paraguay y el reintegro de los gastos de
guerra. Inglaterra presionó para desmantelar los tratados sostenidos por Rosas.
Los unitarios conspiraron de inmediato. Ante eso, el 21 de febrero de 1852
Urquiza restableció el cintillo punzó y denunció a los “salvajes unitarios”,
señal inequívoca de que el control político ya se le escapaba.
En privado, su visión era aún más
clara. En mayo de 1852 confesó al representante británico Gore:
“Hay un solo hombre para gobernar la
Nación Argentina, y es Don Juan Manuel de Rosas. Yo estoy preparado para
rogarle que vuelva aquí.”
Ocho años después, en 1858, escribió al
propio Rosas reconociendo los servicios extraordinarios que el país le debía y
cuya gloria nadie podía arrebatarle. El aislamiento se profundizó. Para los
unitarios, Urquiza era un estorbo. Para Brasil, un hombre influenciable. El
general brasileño Osorio conocía su punto débil: el amor inmoderado por la
fortuna.
En marzo de 1870, un mes antes de
morir, Urquiza escribió su confesión final:
“Toda mi vida me atormentará
constantemente el recuerdo del inaudito crimen que cometí al cooperar, en el
modo en que lo hice, a la caída del General Rosas.”
Y agregó, anticipando su destino:
“Temo siempre ser medido con la misma
vara y muerto con el mismo cuchillo, por los mismos que he colocado en el
poder.”
El 11 de abril de 1870 ese temor se
cumplió con exactitud brutal.
NOTA DE LA REDACCIÓN: Desde Nacionalismo
Católico San Juan Bautista no creemos en absoluto en un verdadero arrepentimiento
del cipayo Urquiza, quien traicionó a la Confederación no solamente en Caseros,
sino también en Pavón y en la Guerra de la Triple Alianza, cuando las montoneras
federales -con el Chacho Peñaloza como su principal caudillo-, esperaban su
orden para ir a luchar junto a nuestros hermanos paraguayos, orden que nunca
llegó porque Urquiza se había vendido nuevamente al Brasil, entregándoles
veintidós mil caballos a un precio irrisorio. Hay que tener en cuenta que la
Batalla de Pavón, dónde se entrega definitivamente la Argentina a los
liberales, fue en 1861, y la Guerra de la Triple Alianza en 1864, es decir,
nueve y doce años después de la ignominia de Caseros. Por consiguiente, no
damos crédito alguno al supuesto arrepentimiento de Urquiza, cipayo despreciable,
nefasto personaje de la historia de nuestro país. Traidor inveterado que habrá
tenido, en el mejor de los casos, un atisbo de lucidez acerca de sus abyectas
acciones.
LA CONSTITUCIÓN DE 1853: ORGANIZAR PARA
DEPENDER
La Constitución que siguió a Caseros no
fue la culminación de la soberanía, sino la institucionalización de la derrota.
Ríos abiertos, aduanas condicionadas, un país pensado para integrarse al
comercio mundial como proveedor de materias primas y no como nación industrial.
No organizó la Patria Grande: organizó su subordinación.
LA GUERRA DEL PARAGUAY
Lo que Caseros dejó abierto, la Guerra
del Paraguay lo consumó. La destrucción del último Estado verdaderamente
autónomo del Plata fue la consecuencia lógica del nuevo orden nacido en 1852.
Sin Rosas, sin un poder regional fuerte, sin unidad estratégica, el Paraguay
quedó solo frente a la coalición alentada y financiada por intereses
extranjeros. Ahí se cerró definitivamente el ciclo iniciado con Caseros.
CONCLUSIÓN
Caseros no fue el nacimiento de la
Nación. Fue la derrota del último intento de soberanía real en el Río de
la Plata. No es solo pasado. Es la matriz de un país que todavía discute si
quiere ser nación o factoría.
Fuente: CASEROS: LA TRAGEDIA MAYOR DE LA PATRIA
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lunes, 5 de enero de 2026
Los Reyes y el Rey - Antonio Caponnetto
Los
Reyes y el Rey
“La
primera acción que muestra la reverencia de los Magos hacia el Niño es la adoración,
la segunda es la ofrenda, la tercera la obediencia a la palabra recibida”.
Santo
Tomás de Aquino,
Comentario al
Evangelio de San Mateo.
Hay
un cuadrante que la estrella alumbra
y
en Belén desemboca mansamente,
eran
tres peregrinos y un riente
corazón
que vencía la penumbra.
Las
ofrendas no fueron lo primero
esa
noche cabal de epifanía,
el
incienso su turno aguardaría
con
la mirra y el oro advenidero.
Al
principio fue entrar, ver y postrarse,
trocarse
en agasajo personal,
testigos
de esa piedra primordial
y
en la Casa del Pan anonadarse.
“Es
Tu mano que todo lo engrandece”,
rezaron
con Miqueas, el profeta,
después
la tierra se volvió glorieta:
Es
el Rey el que todo lo embellece.
Una
alegría nueva han conocido,
los
pastores, boyeros o rebaños,
un
jubileo que, en los aledaños,
entonó
el canto etéreo y bendecido.
Señor,
hiciste grande el aleluya,
lo
anticipó la boca de Isaías
y
dichoso de aquél, dirá Tobías,
que
en Tu paz su camino reconstruya.
Esos
Magos, Jesús, son las primicias
de
las naciones que de lejos llegan,
Te
adoran, Te obedecen, se Te entregan.
y
Tú, el Encontradizo, las auspicias.
¡Ay
de ti, Nazareth! ¡Ay pago nuestro!
sin
Magos, sin lucero, sin pesebre,
sin
capellán que al Buen Amor celebre
y
clavada de espinas un cabestro.
“Vendrán
a ti de lejos, numerosos”
los
pueblos de los que eres el presagio,
la
Barca saldrá a flote en el naufragio
de
los amotinados alevosos.
Los
Herodes te buscan, su apariencia
más
que regia semeja a los lacayos.
Prometemos,
Señor, ser tus vasallos:
adoración,
ofrenda y obediencia.
Por Antonio Caponnetto
viernes, 2 de enero de 2026
Cuarto Misterio Gozoso - P. Leonardo Castellani
A
los 40 días de nacido Jesús, subió la que ya era la “Sagrada Familia" de
Belén a Jerusalén, a cumplir en el Templo la ceremonia de la Presentación y la
Purificación. Según la ley de Moisés todo hijo primero debía ser entregado a
Dios; y después rescatado por sus padres con cinco monedas de cobre llamadas
"ciclos" o círculos; y toda mujer que había dado a luz debía ir a
recibir una bendición del sacerdote y ofrecer a Dios un sacrificio de un cordero
y una paloma; o de dos palomas si era pobre. María Purísima no necesitaba ser purificada,
y este Primogénito, que era Dios, no necesitaba ser entregado a Dios; pero los ritos
fueron observados, y allí sucedió otra de las "explosiones” religiosas que
dijimos: un anciano llamado Simeón y una anciana llamada Ana Ben Fanuel
reconocieron por revelación al Salvador de Israel; y no solamente prorrumpieron
en alabanzas a Dios, sino que hicieron correr la gran noticia o
"buena-nueva", contándola a muchos otros.
Puede
ser que Simón haya sido el sacerdote que "tomando al Niño en brazos"
lo levantó al cielo ofreciéndolo a Dios, como lo han figurado los pintores
cristianos. Era un varón justo y piadoso a quien el Espíritu había revelado no
moriría sin ver antes al Ungido del Señor; y el mismo Espíritu de Dios lo llevó
al Templo y se lo mostró; por lo cual lleno de gozo alabó a Dios improvisando
el siguiente cántico:
Ahora
Señor te llevas a tu siervo en paz
Según
tu promesa
Porque
ya han mirado mis ojos
Al
Salud-Dador tuyo
Que
nos diste ante la faz
De
todos los pueblos
Luz
que ilumine a tos Gentiles
Y
gloria de Israel tu pueblo.
Y volviéndose a la
Virgen María profetizó diciendo:
Mira,
este ha sido puesto
Para
tropiezo de muchos
Y
resurrección de muchos
Y
para blanco de contradicción
En
Israel
Una
espada traspasará tu alma
Y
serán descubiertos tos secretos
De
muchos corazones.
Siete
espadas halló el pueblo cristiano que fueron, en la invocación de la Virgen de
los Dolores; que los ingleses llaman Nuestra Señora de las Siete Espadas.
En
ese momento estaba allí Ana hija de Fanuel que tenía 84 años y había vivido
viuda cerca de 60 años, sirviendo a Dios “en ayunos y oraciones" y
sirviendo en el Templo " de donde no salía' dice san Lucas.
Sirviendo ¿de qué? ¿De estorbo? Porque para vestir santos no era el caso, pues
los judíos no tenían imágenes de santos ni vestidas ni no vestidas; al
contrario, las tenían prohibidísimas. Lo probable es que enseñara el Catecismo,
es decir, la Biblia; como indica ese nombre de “ profetisa” ; lo cual se puede
hacer incluso a los 84 años; pues la educación judía consistía entonces en
aprender de memoria los "recitados” de la Biblia, o algunos dellos; y
después escuchar las explicaciones de los "rabinos" o doctores; como
veremos en el 5º Misterio.
El
santo viejo Simeón dijo que Cristo venía para ser luz, revelación y gloria
"de todos los pueblos", no solamente de los Judíos sino también
de los Gentiles; e incluso puso a los Gentiles por delante; como san Mateo, que
era judio, cuenta la adoración de los Reyes Magos, en tanto que san Lucas, que
era gentil, cuenta a su vez la adoración de los pastores judíos. Esta era una
verdad dura para los judíos, los cuales querían la prerrogativa y como si dijéramos
el monopolio de la Salvación; a pesar de que todos los profetas,
encabezados por Isaías, habían pregonado esta misma verdad. Tan duro les era a
los judíos esto de que los mismos "gohim" iban a entrar en el
Reino de Dios, que aún después de la muerte y resurrección de Cristo; y de su
mandato de “id y enseñad a todas tas gentes”, hubo dificultades; y fue
necesario a san Pedro mismo tener un sueño o visión que se lo mandara, para que
se decidiera ir a Joppe a bautizar a un militar romano con toda su familia;
olvidado ya quizás de que el mismo Cristo había elogiado al Centurión romano de
Cafarnaúm, diciendo: "De verdad os digo que entre vosotros no he
encontrado tanta fe como en este gentil; de verdad os digo que muchos vendrán
del Oriente y del Occidente y se sentarán en el Reino de Dios con Abrahán,
Isaac y Jacob; y muchos ahora hijos del Reino, serán arrojados fuera".
Nosotros
que somos hijos de la Gentilidad hemos sido recibidos felizmente en la fe y en la
Iglesia de Cristo; y los hebreos que rechazaron al Mesías Jesús fueron
arrojados fuera; ¡y de qué manera! ¡Y por cuánto tiempo! Pero nosotros también
si somos infieles, seremos arrojados fuera; y está escrito que algún día los
judíos volverán a entrar; porque para Dios lo mismo es Pedro que Juan; y la
salvación eterna no depende de la sangre ni de la raza, sino de la buena
voluntad del hombre.
Cristo
fue realmente como dice Simeón, un estandarte, un signo de lucha; y por él se revelan
los secretos del corazón de muchos; porque lo que es cada hombre por dentro, se
manifiesta en la posición que toma con respecto a Cristo y su doctrina. De modo
que aunque El ha venido.
no
para mal de ninguno
sino
para bien de todos
en cuanto es de su
parte, de hecho ha venido también para tropiezo y ruina de algunos —por culpa
delios.
El
Evangelio no tiene pelos en la lengua, ni la menor sensiblería o blandenguería.
"Dichoso el que no tropieza en mi' — dirá más tarde Cristo. El no
atropella a nadie; pero el que se encuentra con él, o lo acepta o tropieza. ¿Y el
que no lo encuentra? Todo hombre con uso de razón lo encuentra de algún modo y
en algún momento de su vida.
“Y
su padre y su madre escuchaban con admiración las cosas que de Él se decían”.
Su padre nominal y su madre natural eran grandes santos, pero no eran dioses; y
la revelación de los misterios de Dios se hacía en ellos como en nosotros,
progresivamente y con gran asombro.
Pues
que tú, Reina del cielo,
tanto
vales,
da
remedio a nuestros males.
Tú,
que reinas con el Rey
d’aquel
reino celestial,
tú,
lumbre de nuestra ley,
luz
del linaje humanal;
pues
para quitar el mal
tanto
vales,
da
remedio a nuestros males.
Tú,
Virgen, que mereciste
ser
Madre de tal Señor,
tú,
que cuando lo pariste
lo
pariste sin dolor;
pues
con nuestro Salvador
tanto
vales,
da
remedio a nuestros males.
Tú,
que del parto quedaste
tan
virgen como primero,
tú,
Virgen, que te empreñaste
siendo
virgen por entero,
pues
que con Dios verdadero
tanto
vales,
da
remedio a nuestros males.
Tú,
que lo que perdió Eva
cobraste
por quien tú eres,
tú,
que nos diste la nueva
de
perdurables placeres;
tú,
bendita en las mujeres,
si
nos vales
darás
fin a nuestros males.
Tú,
que te dicen bendita
todas
las generaciones;
tú,
que estás por tal escrita
entre
todas las naciones;
pues
en las tribulaciones
tanto
vales,
da
remedia a nuestros males.
Tú,
que tienes por oficio
consolar
desconsolados;
tú,
que gastas tu ejercicio
en
librarnos de pecados;
tú,
que guías los errados
e
los vales
da
remedio a nuestros males.
Tú,
que tenemos por fe
ser
de tanta perfección,
que
nunca será ni fue
otra
de tu condición;
pues
para la salvación
tanto
vales
da
remedio a nuestras males.
¿Quién
podrá tanto alabarte
según
es tu merecer?
¿Quién
sabrá tan bien, loarte
que
no le falte saber?
Pues
que para nos valer
tanto
vales,
da
remedio a nuestros males.
¡Oh
madre de Dios y hombre
¡Oh
concierto de concordia!
Tú,
que tienes por renombre
Madre
de Misericordia;
pues
para quitar discordia
tanto
vales,
da
remedio a nuestros males.
Tú,
que por gran humildad
fuiste
tan alto ensalzada,
que
a par de la Trinidad
tú
sola estás asentada;
y
pues tú. Reina sagrada,
tanto
vales,
da
remedio a nuestros males.
Tú
que estabas ya criada
cuando
el mundo se crió;
tú,
que estabas bien guardada
para
quien de tí nació:
pues
por ti nos redimió,
si
nos vales
fenecerán
nuestros males.
Tú,
que eres flor de las flores;
tú,
que del cielo eres puerta;
tú,
que eres olor de olores;
tú,
que das gloria muy cierta,
si
de la muerte muy muerta
no
nos vales,
no
hay remedio en nuestros males.
JUAN
DEL ENCINA
(Español
- Siglo XV)
El
Rosal de Nuestra Señora – P. Leonardo Castellani E. Epheta – Bs. As. 1979



