San Juan Bautista

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viernes, 23 de enero de 2026

Una opinión sobre los hechos de Venezuela - Por Antonio Caponnetto



        Ha pasado un tiempo prudencial desde la cruenta invasión norteamericana a Venezuela, con la consiguiente e histriónica captura del delincuente Maduro. Deliberadamente no hemos querido expedirnos a tambor batiente; primero porque el vértigo no es buen consejero en estos casos, y segundo porque la política internacional requiere unos conocimientos que nos son ajenos.

        Pero motivados por quienes han pensado el tema, entendemos que hay algunos conceptos básicos que deben ser aclarados. Llama la atención ,por lo pronto, la ligereza y la liviandad con que se desatienden argumentos que están tan grotescamente a la vista. Verbigracia el quebrantamiento del Derecho, el apoderamiento del petróleo como móvil dominante, la mano pro judaica tras los fines perseguidos, el precedente que se sienta si se permite que una superpotencia como Estados Unidos nombre a su máximo gobernante con el rango de <presidente interino> del país que se le antoje, los muchos antecedentes de actos de beligerancia similares que terminaron en catástrofes, y la flagrancia de una conspiración de fuerzas que, de mínima, consiste en una síntesis macabra de lo sucedido en Yalta, Potsdam y Nurenberg. Sin olvidarnos de los tentáculos expansionistas norteamericanos, una vez más anunciados como amenaza.

 

Todo esto les parece filfa y pamplinas a los liberales de variopintas cepas; documentan su supina ignorancia al desconocer las centenares de probanzas concretas y recientes del complot hebreo tras las decisiones de Trump, o documentan su alarmante complicidad al conocer las mentadas probanzas y pasarlas por alto; y como portadores de naderías son destratados los acusadores del Imperialismo Internacional del Dinero, frente al bien inmenso que se seguiría de haberle puesto el cascabel al gato; esto es al criminal Maduro.

 

 No importa si el cascabel se lo pone una hiena, con su manojo feral de conjurados. No importa si al gato se le permite conservar su cría maligna y su descendencia corrupta, y no importa tampoco si el cascabel no trae sonidos de campanas regeneradoras sino el aturdimiento de las turbinas petroleras. El mismo León XIV llegó a decir, el pasado 4 de enero, que “el bien del pueblo venezolano debe prevalecer sobre cualquier otra consideración”. Pero ¿cuál es ese bien, Santidad? Porque si no lo especifica, recordando que usted debería hablar como Pontífice, ese “bien” puede interpretarse del modo más ambivalente. En otras palabras: ¿sigue siendo Cristo la única fuente del bien privado como la del bien público,según lo sintetizó San Agustín? ¿Debe extirparse de Venezuela el marxismo chavista e instaurarse un Orden Social Cristiano? ¿O se trata de un “bien” reducido a la recuperación del bienestar perdido, de próximas elecciones “libres” con un títere de Trump garantizando el toma y daca? ¿De qué nos habrá servido leer y citar tantas veces la admirable obra de Benson, “Señor del mundo”, si cuando los epígonos intercambiables del temible Julian Felsenburgh despliegan sus atrocidades muchos le ofrecen sus aplausos y consentimientos?

 

"La soberanía de un Estado terrorista debe combatirse, no respetarse", dice uno de los analistas oficiales del problema. Es el argumento que usaron el ERP y los Montoneros para combatir al supuesto Estado Terrorista Militar Argentino. Y es argumento de neto cuño leninista. “Hay que llevarse preso a Maduro porque es el jefe de una asociación narco y no respeta los derechos humanos”, dice otro. No;no hay que guiarse por la DEA sino por Juan de Mariana. No por las categorías revolucionarias sino por las reaccionarias. Maten al tirano por marxista, y digan que lo es, mas no lo rapten entre las espesuras y las evidentes complicidades de sus guardianes principalmente porque el hombre está en el negocio infame de la droga. Puesto que además, ¿es en serio que Trump tiene autoridad moral y política para convertirse en el custodio de la salubridad planetaria?; ¿ es humorismo negro nombrarlo adalid del Ius Gentium? ¿De veras la pax trumpeana trae resonancias de la de los emperadores de Roma? ¿Ahora van a decirnos que el semental Scott Bessent y el aeróbico Jared Kusner son los neo Rómulo y Remo amamantados por la luppa cesárea del Tío Sam?

Lo que hizo el forajido Donald no es condenable porque violó la soberanía popular, puesto que  no existe. Tampoco es condenable porque violó la soberanía nacional, ya que la República Bolivariana de Venezuela es un satélite de Rusia, China e Irán. Lo condenable de Trump es comer pública e insolentemente del árbol de la ciencia del bien y del mal. Él es dios y decide quiénes y qué países se le deben someter a su "interinato presidencial", a sus tribunales y a sus sentencias. Viola la soberanía divina, no la venezolana. Su atropello no lo justifica la Escuela Salmantina; lo condena el Génesis.

Las independencias nacionales pueden no ser necesariamente legítimas ni absolutas ni oportunas. Tiene razón quien lo ha recordado. Casos dolorosos hay en la historia que podríamos citar. Pero tan delicado principio no parece ser que aplique al punto que estamos tratando. Porque los secuestradores del asesino Maduro no bregan por una Venezuela que vuelva a ser y a integrar el Virreynato de Nueva España o el de Nueva Granada o la Tierra de Gracia, como la llamó Colón en 1498. La quieren como surtidor inagotable de hidrocarburo y de nafta. No se define así una guerra justa sino la tropelía de un filibustero. No se libera así a una sociedad; se la mantiene vasalla y sumisa, cumpliéndose el dicho popular, según el cual, no hay que cambiar de collar sino dejar de ser perro.

Trump no tiene “justos títulos” otorgado por reyes santos para llevarse puesta a una comunidad política entera. Tiene una “Operación Determinación Absoluta” que cumplir, y ella no se fraguó en un trono hispanocatólico sino en contubernio con el Estado de Israel del genocida Benjamín Netanyahu. Puede discutirse si los católicos vivimos mejor bajo el liberalismo que bajo el socialismo. En la Argentina, por lo pronto, tanto diezmaron al criollo las hordas sarmientinas y mitristas, como perpetraron atrocidades sin cuento las guerrillas rojas. Tanto persiguieron al catolicismo los laicistas trespunteados del fatídico ochenta del siglo XIX, como los progresistas socialdemócratas que legalizaron el “aborcio”, según apocopaba Díaz Araujo. Tanto mantienen el mito de la lesa humanidad contra nuestros soldados, desde el abogado de Santucho que fuera Alfonsín hasta los actuales empleados de la Escuela Austríaca.

Pero comparanzas al margen, lo trágico es que vivimos peor desde que la Iglesia –Nuestra Madre- dejó  de condenar y de declararle la guerra a ambas ideologías por pestes perniciosísimas y virus repugnantes. Puede abrigarse una cierta y difusa esperanza en el alivio que el encierro de Maduro ha traído a tanta buena gente venezolana obligada al exilio y a la separación de sus hogares. Quienes lo piensan o lo desean ejercitan una amabilidad respetable. Pero si esa esperanza consiste en un regreso físico al pago, y el pago ya no es propio sino de una extranjería expoliadora y materialista, no vemos la ganancia. Salir de la sartén para caer en las brasas, no parece el alivio más indicado que merecen las sufridas víctimas de la subversión chavista.

        Lo que acaba de hacer Trump, inclusive,  y lo que se vanagloria de seguir haciendo cada vez que se le antoje, es funcional a la estrategia de las izquierdas, no sólo ideológicamente sino en el ámbito del terrorismo. La Revolución Permanente –concepto acuñado por Trotsky a principios del siglo XX- encuentra en la invasión a Venezuela su mejor caldo de cultivo. Le acaban de hacer a la sarnosa zurdería el mayor regalo vintage que esperaba: le devolvieron el “¡Yankee, Go Home!”. Ahora falta que le resuciten a Carlos Puebla y le rearmen el Festival de Woodstock.

Por otra parte, el bloque de Estados opositor a Trump –por motivos seguramente distintos a los nuestros- no permanecerá indiferente. O está prevista ya la repartija de botines de guerra, como sucedió tantas veces en la historia. O la conflagración será devastadora, y quedaremos envueltos en una trampa de pluricontiendas ajenas, en las que insensata y criminalmente nos involucró el arrastrado amoral de Milei.

        El gobierno vasallo que surja ahora en Venezuela, será tan ilegítimo como el de sus predecesores. Estados Unidos será el garante de que las cosas sigan el curso de acción que le conviene a la alianza sionista y masónica que Trump conforma y co-dirige. Una vez más, la democracia, será la enfermedad de nuestros países. Será el problema, no la solución. La esclavitud, no la libertad.

        Venezuela, Argentina e Hispanoamérica, sólo serán realmente libres cuando descubran y acaten que únicamente la Verdad nos hace libres. Y el nombre de esa Verdad es Jesucristo. No es Maquiavelo el que ha muerto, como ha dicho nuestro primer golem en el reciente Foro de Davos, en un discursete pedante cuanto abstruso. Es a Nuestro Señor al que han matado los deicidas como él. Mientras siga destronado no habrá paz ni libertad sobre la tierra. Aunque al yanky le regalen el premio Nobel y el libertario crea que ser libres es carajear tres veces como un lunático.


 Antonio Caponnetto



lunes, 19 de enero de 2026

Liberalismo o Socialismo - Alejandro Sosa Laprida

          

LIBERALISMO O SOCIALISMO

La falsa disyuntiva en la que vive Argentina

Alejandro Sosa Laprida - 30/12/2025

Javier Milei en la última reunión de Gabinete, en la que regaló una copia del libro “Defendiendo lo indefendible”, del economista libertario Walter Block (El Presidente Milei encabezó una reunión de …)


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Los libertarios son ignorantes crasos de los sanos principios de la filosofía política clásica, y ni hablar de la doctrina social de la Iglesia. Su incultura es abismal y su simplismo intelectual, grotesco. El libro “Defendiendo lo indefendible”, de Walter Block (Prostitución, narcotráfico, derecho al aborto y …), que promueve estúpida, fanática e irresponsablemente el presidente Javier Milei junto con todo su gabinete,  es totalmente contrario al bien común social y a la moral más elemental (La hipocresía y la impostura provida como política de Estado).

En él se hace la apología del “libre mercado” como la norma suprema de la sociedad, lo que es una aberración antropológica absoluta. La noción del “bien común” social -que incluye ante todo el bien moral de la población, además del legítimo y necesario bienestar material-, brilla por su ausencia. Sólo se considera perjudicial para el ser humano -y, por tanto, merecedor de la intervención protectora del Estado- el daño corporal, haciendo completa abstracción de los comportamientos perniciosos que atentan contra los valores morales, deterioran el vínculo social y socavan los valores básicos sobre los que se funda la civilización. Aunque el autor, con total incoherencia, no aplica su principio al caso del aborto.

Criticar el socialismo en todas sus variantes (“kirchnerismo”, “progresismo”, “wokismo”, etc.), está muy bien. Pero proponer a cambio el delirante “anarcocapitalismo” -suerte de liberalismo exacerbado y distópico-, con su visión distorsionada sobre la libertad, la naturaleza de la sociedad y la función del Estado, es un gravísimo error, de nefastas consecuencias, que necesariamente reforzará el discurso engañoso de la izquierda, que se autoproclamará como siempre defensora de los “valores comunitarios” y de la “solidaridad social” contra el disolvente individualismo liberal y el atomismo social que éste engendra inevitablemente.

La Argentina se halla desde hace tiempo en una espiral infernal de la cual no hay salida posible. Es indispensable cortar el nudo gordiano falaz que presenta como única opción de gobierno y de organización política al funesto dúo revolucionario y anticristiano integrado por el “socialismo” y el “liberalismo” -en lo que constituye una dialéctica intelectual destructora, interminable e insoluble-, y volver a la fuente de nuestro ser nacional, es decir, a la tradición cristiana e hispánica de nuestra Patria.

Seguidamente, transcribo dos textos históricos que, indirectamente, se relacionan con el tema, y que ayudan a comprender cómo la Argentina ha podido llegar a esta situación inextricable, política, social, económica y espiritualmente hablando.

Obviamente, a esto habría que añadir otro factor clave, a saber, la situación en la que se encuentra el catolicismo vernáculo, la cual está ligada indisolublemente a la de la Iglesia universal, pero eso debe ser tratado en un capítulo aparte (Ver al respecto: LA RELIGIÓN DEL HOMBRE.).

1. “El Catolicismo Federal Argentino frente al Laicismo Unitario: un Conflicto Histórico y Cultural.”  - Por Ezequiel Britos San Martín.

En la Argentina del siglo XIX, el catolicismo fue mucho más que una religión: fue el alma del proyecto federal. Frente a ello, los unitarios abrazaron un laicismo militante inspirado en el racionalismo europeo y la Revolución Francesa, buscando arrancar de raíz la influencia de la Iglesia en la vida pública. El choque no fue sólo político, sino profundamente cultural y espiritual.

Los caudillos federales -Juan Manuel de Rosas, Facundo Quiroga, Estanislao López y tantos otros- comprendieron que sin religión no hay orden, ni patria, ni verdadera autoridad. En un país en formación, el catolicismo era la fuerza moral que unía al pueblo y daba legitimidad a las instituciones. Rosas, aunque pragmático, entendió el valor simbólico y social de la fe, protegiendo el culto y sosteniendo la enseñanza religiosa en las provincias.

Del otro lado, los unitarios -formados en el clima intelectual de la Ilustración- veían en la Iglesia un obstáculo para sus planes centralistas y modernizadores. Bernardino Rivadavia, el más representativo de ellos, promovió la supresión de órdenes religiosas, la confiscación de bienes eclesiásticos y la creación del registro civil. Inspirado en modelos extranjeros, intentó imponer una visión secular del Estado, marginando a la religión que había moldeado la identidad argentina.

Estas reformas provocaron una fuerte reacción en el interior. Facundo Quiroga, caudillo riojano, alzó la bandera de “Religión o Muerte”, una consigna que no era mera retórica, sino la expresión de un pueblo que veía amenazadas sus raíces. El interior católico se levantó contra el centralismo laicista de Buenos Aires, defendiendo sus costumbres, su fe y su modo de vida.

La masonería tuvo también un papel protagónico en este conflicto. Muchos unitarios -incluidos Rivadavia y Sarmiento- pertenecían a logias inspiradas en principios racionalistas y anticlericales. Desde allí se impulsaba la idea de una nación “moderna”, desligada de toda autoridad espiritual. Para los federales y el clero, esta influencia extranjera representaba una amenaza directa a la soberanía nacional y a la tradición católica del pueblo.

En el pensamiento de Sarmiento, el enfrentamiento se hizo más explícito: el gaucho, símbolo de la religiosidad y del orden natural del campo, fue degradado a emblema de la “barbarie”. Así, la lucha entre civilización y barbarie fue también -aunque no lo dijeran abiertamente- una lucha entre el espíritu católico del pueblo y el espíritu laicista de las élites ilustradas.

En definitiva, el conflicto entre federales y unitarios no se limitó a disputas de poder o de economía. Fue una batalla de visiones: entre una Argentina fiel a su tradición, su fe y sus raíces hispano-católicas, y otra que buscaba modelarse según los patrones extranjeros del liberalismo y el secularismo.

A más de un siglo y medio de aquellos acontecimientos, aquel choque entre tradición y modernidad aún resuena en nuestra vida pública. Las mismas tensiones -entre fe y razón, entre pueblo e ilustrados, entre patria y cosmopolitismo- siguen vivas en el debate sobre la identidad nacional argentina.

Fuente: El Catolicismo Federal Argentino frente al Laicismo Unitario


2. CASEROS: LA TRAGEDIA MAYOR DE LA PATRIA. - Por Revisionismo Histórico Argentino.


LA DERROTA QUE NO FUE SOLO MILITAR

Hace más de siglo y medio se vino abajo algo mucho más profundo que un gobierno o un ejército: se derrumbó el último intento serio de construir una PATRIA GRANDE, SOBERANA Y AUTÓNOMA en el sur del continente. Ese proyecto no nació de una consigna romántica ni de una voluntad personal, sino de una realidad histórica concreta: el VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA, concebido como una unidad política, económica y estratégica destinada a defender Sudamérica de las potencias marítimas.

En Caseros no se perdió solo una batalla. Se quebró un destino continental. El 3 de febrero de 1852 no marcó simplemente la caída de Juan Manuel de Rosas: marcó el triunfo definitivo del orden liberal dependiente, funcional al comercio británico y al expansionismo brasileño.

EL PROYECTO GEOPOLÍTICO DEL PLATA

La unidad rioplatense no fue un invento rosista. Venía de lejos. Desde Irala, Garay, Hernandarias, Trejo y Sanabria, se consolidó una concepción estratégica clara: el Plata debía ser un espacio integrado, con control del comercio, de los ríos y de la defensa territorial.

La creación del Virreinato en 1776 respondió a esa lógica. Y ese mismo principio -ya en clave criolla- sobrevivió en los caudillos federales y encontró en Rosas su última expresión orgánica. No es casual que José de San Martín, desde el exilio, escribiera en 1848, en plena agresión anglo-francesa:

“Rosas es el único hombre que sabe resistir a la Europa, y el único que puede salvar la independencia americana.”

LA PATRIA QUE SE FUE ACHICANDO

Antes de Caseros, el territorio ya venía siendo descuartizado. Paraguay quedó aislado tras la revolución del Dr. Francia, más por el abandono porteño y la presión externa que por voluntad popular. El Alto Perú fue entregado de hecho por el Congreso rivadaviano de 1824, que bajo la fórmula de “disponer de su destino” habilitó su separación.

La amputación más brutal llegó en 1828, cuando Gran Bretaña impuso la creación del Estado Oriental como estado tapón entre Argentina y Brasil. Lord Ponsonby lo expresó sin eufemismos ante el Foreign Office: la independencia oriental era necesaria para servir a los intereses del comercio inglés.

Artigas lo había advertido en 1813 con claridad absoluta: “Ni por asomo la separación nacional.” Lavalleja habló en 1825 a los “argentinos orientales”. La Asamblea de la Florida exigió la reincorporación. Pero Londres decidió otra cosa.

ORIBE, ARROYO GRANDE Y LA RESISTENCIA DEL PLATA

Pese a las amputaciones, la conciencia rioplatense persistió. La resistencia se expresó con fuerza en Arroyo Grande, donde Manuel Oribe derrotó el proyecto balcanizador impulsado por Rivera y Berón de Astrada bajo el nombre engañoso de “Federación del Paraná”.

Ese plan respondía a la vieja estrategia británica de fragmentar para dominar. Rosas lo comprendía con claridad cuando advertía que la desunión era la verdadera derrota, porque hacía imposible cualquier política autónoma frente a los imperios.

EL VACÍO DE PODER Y LA OPORTUNIDAD IMPERIAL

Entre 1847 y 1848 Europa estaba sacudida por revoluciones. Francia, Inglaterra y Austria atravesaban crisis profundas. Ese vacío fue aprovechado por el Imperio del Brasil, que reactivó su vieja obsesión: la “ilusão do Prata”, la expansión hacia el sur. Brasil no actuó solo. Londres financiaba, asesoraba y legitimaba.

La banca Rothschild aportó recursos. Lord Palmerston consideró “legítima” la exigencia brasileña de la caída de Rosas. Rosas era el último obstáculo serio al libre comercio irrestricto, a la navegación sin control de los ríos y a la fragmentación definitiva del espacio rioplatense.

URQUIZA Y EL PRONUNCIAMIENTO

En ese contexto apareció Justo José de Urquiza. No fue un ingenuo ni un reformista: eligió el bando del dinero. Aceptó subsidios, la libre navegación, la apertura al capital extranjero y el respaldo internacional. Encabezó el Pronunciamiento contra su propio país.

Mientras tanto, en el Estado Oriental se compraban jefes y se desactivaba a Oribe. En Buenos Aires, incluso en Santos Lugares, operó el soborno. Las banderas de “Constitución” y “Libertad” se pagaban en libras esterlinas.

CASEROS Y EL DESTINO SELLADO

Caxias, Urquiza y César Díaz cumplieron la orden. La batalla fue breve, desigual y confusa. Y Caseros selló un destino sin retorno. Cayó el último poder fuerte del sur. Brasil consolidó su hegemonía. Se abrió el camino para la destrucción del Paraguay. Se cerró el ciclo de Juan Manuel de Rosas, uno de los mayores defensores de la Patria Grande Iberoamericana.

EL ARREPENTIMIENTO DE URQUIZA

Lejos de ser una construcción posterior, el arrepentimiento de Urquiza surge de sus propias palabras, expresadas a lo largo de su vida. El vencedor de Rosas descubrió rápidamente que el triunfo no era un punto de llegada, sino el inicio de una derrota política humillante.

Apenas entró en Buenos Aires comprobó que el poder real se le escapaba entre las exigencias extranjeras, las presiones brasileñas y el desprecio de los unitarios, que jamás lo aceptaron como conductor. El día de su entrada triunfal fue obligado por Brasil a retrasar el desfile para conmemorar Ituzaingó. Aquella humillación lo enfureció. Se presentó con poncho y galera, luciendo la cinta punzó y montando un caballo con marca de Rosas, como si su propia figura delatara una contradicción irresuelta.

Brasil le exigió la Banda Oriental, las Misiones, el reconocimiento del Paraguay y el reintegro de los gastos de guerra. Inglaterra presionó para desmantelar los tratados sostenidos por Rosas. Los unitarios conspiraron de inmediato. Ante eso, el 21 de febrero de 1852 Urquiza restableció el cintillo punzó y denunció a los “salvajes unitarios”, señal inequívoca de que el control político ya se le escapaba.

En privado, su visión era aún más clara. En mayo de 1852 confesó al representante británico Gore:

“Hay un solo hombre para gobernar la Nación Argentina, y es Don Juan Manuel de Rosas. Yo estoy preparado para rogarle que vuelva aquí.”

Ocho años después, en 1858, escribió al propio Rosas reconociendo los servicios extraordinarios que el país le debía y cuya gloria nadie podía arrebatarle. El aislamiento se profundizó. Para los unitarios, Urquiza era un estorbo. Para Brasil, un hombre influenciable. El general brasileño Osorio conocía su punto débil: el amor inmoderado por la fortuna.

En marzo de 1870, un mes antes de morir, Urquiza escribió su confesión final:

“Toda mi vida me atormentará constantemente el recuerdo del inaudito crimen que cometí al cooperar, en el modo en que lo hice, a la caída del General Rosas.”

Y agregó, anticipando su destino:

“Temo siempre ser medido con la misma vara y muerto con el mismo cuchillo, por los mismos que he colocado en el poder.”

El 11 de abril de 1870 ese temor se cumplió con exactitud brutal.

NOTA DE LA REDACCIÓN: Desde Nacionalismo Católico San Juan Bautista no creemos en absoluto en un verdadero arrepentimiento del cipayo Urquiza, quien traicionó a la Confederación no solamente en Caseros, sino también en Pavón y en la Guerra de la Triple Alianza, cuando las montoneras federales -con el Chacho Peñaloza como su principal caudillo-, esperaban su orden para ir a luchar junto a nuestros hermanos paraguayos, orden que nunca llegó porque Urquiza se había vendido nuevamente al Brasil, entregándoles veintidós mil caballos a un precio irrisorio. Hay que tener en cuenta que la Batalla de Pavón, dónde se entrega definitivamente la Argentina a los liberales, fue en 1861, y la Guerra de la Triple Alianza en 1864, es decir, nueve y doce años después de la ignominia de Caseros. Por consiguiente, no damos crédito alguno al supuesto arrepentimiento de Urquiza, cipayo despreciable, nefasto personaje de la historia de nuestro país. Traidor inveterado que habrá tenido, en el mejor de los casos, un atisbo de lucidez acerca de sus abyectas acciones.

LA CONSTITUCIÓN DE 1853: ORGANIZAR PARA DEPENDER

La Constitución que siguió a Caseros no fue la culminación de la soberanía, sino la institucionalización de la derrota. Ríos abiertos, aduanas condicionadas, un país pensado para integrarse al comercio mundial como proveedor de materias primas y no como nación industrial. No organizó la Patria Grande: organizó su subordinación.

LA GUERRA DEL PARAGUAY

Lo que Caseros dejó abierto, la Guerra del Paraguay lo consumó. La destrucción del último Estado verdaderamente autónomo del Plata fue la consecuencia lógica del nuevo orden nacido en 1852. Sin Rosas, sin un poder regional fuerte, sin unidad estratégica, el Paraguay quedó solo frente a la coalición alentada y financiada por intereses extranjeros. Ahí se cerró definitivamente el ciclo iniciado con Caseros.

CONCLUSIÓN

Caseros no fue el nacimiento de la Nación. Fue la derrota del último intento de soberanía real en el Río de la Plata. No es solo pasado. Es la matriz de un país que todavía discute si quiere ser nación o factoría.

Fuente: CASEROS: LA TRAGEDIA MAYOR DE LA PATRIA

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lunes, 5 de enero de 2026

Los Reyes y el Rey - Antonio Caponnetto

 


Los Reyes y el Rey


“La primera acción que muestra la reverencia de los Magos hacia el Niño es la adoración, la segunda es la ofrenda, la tercera la obediencia a la palabra recibida”.

                                          Santo Tomás de Aquino,

                                 Comentario al Evangelio de San Mateo.

 

 

Hay un cuadrante que la estrella alumbra

y en Belén desemboca mansamente,

eran tres peregrinos y un riente

corazón que vencía la penumbra.

 

Las ofrendas no fueron lo primero

esa noche cabal de epifanía,

el incienso su turno aguardaría

con la mirra y el oro advenidero.

 

Al principio fue entrar, ver y postrarse,

trocarse en agasajo personal,

testigos de esa piedra primordial

y en la Casa del Pan anonadarse.

 

“Es Tu mano que todo lo engrandece”,

rezaron con Miqueas, el profeta,

después la tierra se volvió glorieta:

Es el Rey el que todo lo embellece.

 

Una alegría nueva han conocido,

los pastores, boyeros o rebaños,

un jubileo que, en los aledaños,

entonó el canto etéreo y bendecido.

 

Señor, hiciste grande el aleluya,

lo anticipó la boca de Isaías

y dichoso de aquél, dirá Tobías,

que en Tu paz su camino reconstruya.

 

Esos Magos, Jesús, son las primicias

de las naciones que de lejos llegan,

Te adoran, Te obedecen, se Te entregan.

y Tú, el Encontradizo, las auspicias.

 

¡Ay de ti, Nazareth! ¡Ay pago nuestro!

sin Magos, sin lucero, sin pesebre,

sin capellán que al Buen Amor celebre

y clavada de espinas un cabestro.

 

“Vendrán a ti de lejos, numerosos”

los pueblos de los que eres el presagio,

la Barca saldrá a flote en el naufragio

de los amotinados alevosos.

 

Los Herodes te buscan, su apariencia

más que regia semeja a los lacayos.

Prometemos, Señor, ser tus vasallos:

adoración, ofrenda y obediencia.


Por Antonio Caponnetto

 

 

 

viernes, 2 de enero de 2026

Cuarto Misterio Gozoso - P. Leonardo Castellani

 


A los 40 días de nacido Jesús, subió la que ya era la “Sagrada Familia" de Belén a Jerusalén, a cumplir en el Templo la ceremonia de la Presentación y la Purificación. Según la ley de Moisés todo hijo primero debía ser entregado a Dios; y después rescatado por sus padres con cinco monedas de cobre llamadas "ciclos" o círculos; y toda mujer que había dado a luz debía ir a recibir una bendición del sacerdote y ofrecer a Dios un sacrificio de un cordero y una paloma; o de dos palomas si era pobre. María Purísima no necesitaba ser purificada, y este Primogénito, que era Dios, no necesitaba ser entregado a Dios; pero los ritos fueron observados, y allí sucedió otra de las "explosiones” religiosas que dijimos: un anciano llamado Simeón y una anciana llamada Ana Ben Fanuel reconocieron por revelación al Salvador de Israel; y no solamente prorrumpieron en alabanzas a Dios, sino que hicieron correr la gran noticia o "buena-nueva", contándola a muchos otros.

Puede ser que Simón haya sido el sacerdote que "tomando al Niño en brazos" lo levantó al cielo ofreciéndolo a Dios, como lo han figurado los pintores cristianos. Era un varón justo y piadoso a quien el Espíritu había revelado no moriría sin ver antes al Ungido del Señor; y el mismo Espíritu de Dios lo llevó al Templo y se lo mostró; por lo cual lleno de gozo alabó a Dios improvisando el siguiente cántico:

Ahora Señor te llevas a tu siervo en paz

Según tu promesa

Porque ya han mirado mis ojos

Al Salud-Dador tuyo

Que nos diste ante la faz

De todos los pueblos

Luz que ilumine a tos Gentiles

Y gloria de Israel tu pueblo.

Y volviéndose a la Virgen María profetizó diciendo:

Mira, este ha sido puesto

Para tropiezo de muchos

Y resurrección de muchos

Y para blanco de contradicción

En Israel

Una espada traspasará tu alma

Y serán descubiertos tos secretos

De muchos corazones.

Siete espadas halló el pueblo cristiano que fueron, en la invocación de la Virgen de los Dolores; que los ingleses llaman Nuestra Señora de las Siete Espadas.

En ese momento estaba allí Ana hija de Fanuel que tenía 84 años y había vivido viuda cerca de 60 años, sirviendo a Dios “en ayunos y oraciones" y sirviendo en el Templo " de donde no salía' dice san Lucas. Sirviendo ¿de qué? ¿De estorbo? Porque para vestir santos no era el caso, pues los judíos no tenían imágenes de santos ni vestidas ni no vestidas; al contrario, las tenían prohibidísimas. Lo probable es que enseñara el Catecismo, es decir, la Biblia; como indica ese nombre de “ profetisa” ; lo cual se puede hacer incluso a los 84 años; pues la educación judía consistía entonces en aprender de memoria los "recitados” de la Biblia, o algunos dellos; y después escuchar las explicaciones de los "rabinos" o doctores; como veremos en el 5º Misterio.

El santo viejo Simeón dijo que Cristo venía para ser luz, revelación y gloria "de todos los pueblos", no solamente de los Judíos sino también de los Gentiles; e incluso puso a los Gentiles por delante; como san Mateo, que era judio, cuenta la adoración de los Reyes Magos, en tanto que san Lucas, que era gentil, cuenta a su vez la adoración de los pastores judíos. Esta era una verdad dura para los judíos, los cuales querían la prerrogativa y como si dijéramos el monopolio de la Salvación; a pesar de que todos los profetas, encabezados por Isaías, habían pregonado esta misma verdad. Tan duro les era a los judíos esto de que los mismos "gohim" iban a entrar en el Reino de Dios, que aún después de la muerte y resurrección de Cristo; y de su mandato de “id y enseñad a todas tas gentes”, hubo dificultades; y fue necesario a san Pedro mismo tener un sueño o visión que se lo mandara, para que se decidiera ir a Joppe a bautizar a un militar romano con toda su familia; olvidado ya quizás de que el mismo Cristo había elogiado al Centurión romano de Cafarnaúm, diciendo: "De verdad os digo que entre vosotros no he encontrado tanta fe como en este gentil; de verdad os digo que muchos vendrán del Oriente y del Occidente y se sentarán en el Reino de Dios con Abrahán, Isaac y Jacob; y muchos ahora hijos del Reino, serán arrojados fuera".

Nosotros que somos hijos de la Gentilidad hemos sido recibidos felizmente en la fe y en la Iglesia de Cristo; y los hebreos que rechazaron al Mesías Jesús fueron arrojados fuera; ¡y de qué manera! ¡Y por cuánto tiempo! Pero nosotros también si somos infieles, seremos arrojados fuera; y está escrito que algún día los judíos volverán a entrar; porque para Dios lo mismo es Pedro que Juan; y la salvación eterna no depende de la sangre ni de la raza, sino de la buena voluntad del hombre.

Cristo fue realmente como dice Simeón, un estandarte, un signo de lucha; y por él se revelan los secretos del corazón de muchos; porque lo que es cada hombre por dentro, se manifiesta en la posición que toma con respecto a Cristo y su doctrina. De modo que aunque El ha venido.

no para mal de ninguno

sino para bien de todos

en cuanto es de su parte, de hecho ha venido también para tropiezo y ruina de algunos —por culpa delios.

El Evangelio no tiene pelos en la lengua, ni la menor sensiblería o blandenguería. "Dichoso el que no tropieza en mi' — dirá más tarde Cristo. El no atropella a nadie; pero el que se encuentra con él, o lo acepta o tropieza. ¿Y el que no lo encuentra? Todo hombre con uso de razón lo encuentra de algún modo y en algún momento de su vida.

Y su padre y su madre escuchaban con admiración las cosas que de Él se decían”. Su padre nominal y su madre natural eran grandes santos, pero no eran dioses; y la revelación de los misterios de Dios se hacía en ellos como en nosotros, progresivamente y con gran asombro.


                        DE NUESTRA SEÑORA

Pues que tú, Reina del cielo,

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

Tú, que reinas con el Rey

d’aquel reino celestial,

tú, lumbre de nuestra ley,

luz del linaje humanal;

pues para quitar el mal

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

Tú, Virgen, que mereciste

ser Madre de tal Señor,

tú, que cuando lo pariste

lo pariste sin dolor;

pues con nuestro Salvador

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

Tú, que del parto quedaste

tan virgen como primero,

tú, Virgen, que te empreñaste

siendo virgen por entero,

pues que con Dios verdadero

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

Tú, que lo que perdió Eva

cobraste por quien tú eres,

tú, que nos diste la nueva

de perdurables placeres;

tú, bendita en las mujeres,

si nos vales

darás fin a nuestros males.

Tú, que te dicen bendita

todas las generaciones;

tú, que estás por tal escrita

entre todas las naciones;

pues en las tribulaciones

tanto vales,

da remedia a nuestros males.

Tú, que tienes por oficio

consolar desconsolados;

tú, que gastas tu ejercicio

en librarnos de pecados;

tú, que guías los errados

e los vales

da remedio a nuestros males.

Tú, que tenemos por fe

ser de tanta perfección,

que nunca será ni fue

otra de tu condición;

pues para la salvación

tanto vales

da remedio a nuestras males.

¿Quién podrá tanto alabarte

según es tu merecer?

¿Quién sabrá tan bien, loarte

que no le falte saber?

Pues que para nos valer

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

¡Oh madre de Dios y hombre

¡Oh concierto de concordia!

Tú, que tienes por renombre

Madre de Misericordia;

pues para quitar discordia

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

Tú, que por gran humildad

fuiste tan alto ensalzada,

que a par de la Trinidad

tú sola estás asentada;

y pues tú. Reina sagrada,

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

Tú que estabas ya criada

cuando el mundo se crió;

tú, que estabas bien guardada

para quien de tí nació:

pues por ti nos redimió,

si nos vales

fenecerán nuestros males.

Tú, que eres flor de las flores;

tú, que del cielo eres puerta;

tú, que eres olor de olores;

tú, que das gloria muy cierta,

si de la muerte muy muerta

no nos vales,

no hay remedio en nuestros males.

 

JUAN DEL ENCINA

(Español - Siglo XV)


El Rosal de Nuestra Señora – P. Leonardo Castellani E. Epheta – Bs. As. 1979