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martes, 17 de septiembre de 2019

Hugo Wast y la democracia - Antonio Caponnetto

                 


        Junto con el de Castellani, el otro nombre desacertadamente invocado para justificar la inserción democrática, es el de Hugo Wast. Es la eterna apelación a los personajes prestigiosos, de la que ya hemos hablado en ocasiones. Apelación abusiva, unilateral, capciosa y reduccionista, y por eso mismo criticable. Puesto que, por lo demás, nada tendría de malo, acudir al ejemplo de lo paradigmas.


          Lo que reproducimos a continuación también es un fragmento del volumen II de nuestra obra: La democracia: un debate pendiente, Buenos Aires, Katejon, 2016.

ººººººººº

          Se dice, por ejemplo, que “nuestro gran Gustavo Martínez Zuviría hizo también incursiones en la política dentro del conservadorismo, pero siempre con un matiz católico bien definido’. Con Carlos Ibarguren, frente a la imposibilidad de seguir con los conservadores, se afilió a la Democracia Progresista en 1915.  Fue candidato a Vicegobernador en Santa Fe en fórmula con el Dr. Thedy y perdió las elecciones, pero fue elegido diputado nacional por esa provincia en el período 1916-1920. Renunció al partido en 1922 por la orientación anticatólica hegemónica de Lisandro De la Torre. Y nos dejó en Prosa Parlamentaria, 1921, constancia de su actuación en el Parlamento (Zuleta,t.1,p. 184)”

          A este ejemplo en particular lo calificamos de insólito. Porque es como si alguien, para probarnos lo equivocado del cristianismo, nos remitiera al ejemplo de las persecuciones a los cristianos ejecutadas por Pablo de Tarso antes de su conversión. O como si algún otro, para demostrarnos la falsedad de los milagros de Lourdes, nos remitiera a los juicios de Alexis Carrel, previos a su entrada a la vida de la gracia.

          Lo que procuramos decir es lo que todo lector informado ya sabe; Eso que todo lector informado sabe es que Hugo Wast rectificó su concepción política liberal demócrata y progresista; así como  modificó su visión historiográfica en general, sobre todo tras escribir a propósito de la Revolución de Mayo el famoso libro Año X.

          Frutos de esa rectificación se encuentran a lo largo de su valiosa y proficua obra; que no pasó inadvertida para los enemigos, quienes no perdieron ocasión de señalarle sus tendencias aristocratizantes, militaristas y antipopulistas, como si todo esto fuese un demérito. Defendiendo a los hombres de Mayo, por ejemplo, sostiene de ellos que “no eran partidarios del sufragio universal sino del voto calificado”; acotando con sarcasmo: “¡Horrenda blasfemia”!  Y hasta de la mano de Mitre se permite aseverar elogiosamente que esos hombres trataban de “impedir que el populacho tomase en la gestión de los negocios públicos una participación activa y directa”[1]. “Donde hay elecciones hay democracia –sigue satirizando-.La libertad electoral encierra todas las libertades. La democracia es una religión y su iglesia el Congreso o Parlamento, donde se juntan los representantes elegidos por el pueblo para manifestar concretamente su voluntad [...]; y se supone que una cosa que sufraga la mitad más uno de todos los electores del país debe ser sagrada como un dogma”[2]. Como se ve, no se le escapaba a Hugo Wast la íntima y última razón teológica que subyace en la perversión democrática.

           Pero es imposible no mencionar aquí la celebérrima novela 666, aparecida originalmente en 1942. En sus páginas es explícitamente demoledora la crítica a la democracia, al sufragio universal, a la soberanía del pueblo, a las mafias comiteriles propias de la partidocracia y a todo cuanto lleve el signo ominoso del poder de las multitudes y sus demagogos. Hasta su personaje Monseñor Fochito– símbolo vivo de una iglesia apóstata- es presentado como un pastor infiel, cuya prueba visible más escandalosa de la deslealtad a la Fe Verdadera, es que lleva ufano sobre su cabeza una tiara con cuatro brillantes, correspondiendo el cuarto a la Democracia.

           Otro personaje repelente, aunque menor, Aspasia Pérez, se gloría de poder decir: “Yo soy como mi padre; no creo en Dios; creo en la soberanía de los pueblos”; creencia que, por otra parte era común entre los miembros del anarco-marxismo, a quienes Hugo Wast presenta en batalla con el viril sector de los Nacionalistas. “Para los nacionalistas mil túnicas valían menos que una espada y mil votos menos que una túnica. Una espada, pues, valía para ellos más que un millón de votos. El populacho rojo horripilábase de esa horrenda aritmética del acero. La urna electoral era su arca de la alianza. Todos[..] gozaban del más sacrosanto de los derechos humanos, el verdadero rasgo distintivo del hombre en la escala zoológica: la facultad de votar, elegir y ser elegidos”[3].

          No debería ignorarse tampoco que Gustavo Martínez Zuviría escribió 39 artículos políticos en el periódico Combate, que dirigía Jordán Bruno Genta. Artículos en total sintonía con la línea editorial de la publicación, y que es la misma que inspira y sostiene nuestra tesis.

          Esos 39 artículos se prolongan entre el nº 8, de 1956: “Alicia en el país de las tentaciones” y el nº 42, de 1957: “Y el pueblo eligió a Barrabás”[4]; y si bien todos son críticos del demoliberalismo y de sus perfidias inherentes, hay algunos que se destacan por la especificidad de las críticas, en la misma línea argumental que, salvando las distancia, hemos tratado de mantener en nuestros propios escritos. Mencionamos en tal sentido: a) “Después de las elecciones de presidente que ocurrirán en el año 2000 de la era cristiana” [n. 32,1957,p.4]; b) “Este asado con cuero en que lo han convertido”[n.9,1956,p.2]; c)“Frutos podridos de la democracia”    [n.5,1956.p.1];  d) “Hartazgo de democracia” [n. 33, 1957,p.1-2]; e) “Lo que será el primer zarpazo del futuro gobierno” [n.32,1957,p.2-3];f) “La mayoría nunca se equivoca” [n.34,1957,p. 1-2]; g) “Una nueva arma para defender la democracia”[n.21,1956,p.3-4];h)“Los pantalones del muerto” [n.18,1956,p.3]; i)“Preparando las petacas” [n.33,1957,p.4]; j)“Qué es la democracia” [n.12,1956,p.1];  k) “Y el pueblo eligió a Barrabás” [n.42,1957,p.2-3].

          Sirvanos de muestra dos botones, pues es imposible transcribir la totalidad de estas formidables notas. “Nosotros, los argentinos, hemos tenido ocasión de conocerlo [al hartazgo de la democracia]. Todavía estamos con náuseas[...].¡Ganar elecciones! ¡El único ideal de ustedes [el de los demócratas]. El pueblo no les interesa sino para ganar elecciones, y están dispuestos a todos los servilismos y a todas las injusticias para sonsacarle el voto. Y que reviente después[...]. Tal es la democracia que nos ofrecen, no fundada en la Verdad sino en la mitad más uno”[5].

          Con su habitual sentido del humor candoroso pero efectivo, se pone después en la piel y en la boca de un demócrata, y ridiculizándolo le hace decir: “La democracia suple los sacramentos. Creer en la soberanía del pueblo, en el sufragio universal y en que el pueblo no se equivoca cuando se expresa por mayoría de votos, vale tanto como creer en Dios, porque es la voz de Dios [...]. Una elección es como un sacramento. Dichosos los pueblos donde hay muchas y frecuentes elecciones”[6].

          Reiteramos la conclusión ya otras veces formulada. No se puede mentar la soga en casa del ahorcado, sin el riesgo de que quien así la mente termine colgado. La conversión, el giro y el punto de llegada político de Hugo Wast, no les da la razón a los nacionalistas democráticos. Se las niega.

Antonio Caponnetto




[1] Hugo Wast, Año X, Buenos Aires, Goncourt, 1970,p.34-35.
[2] Ibidem, p. 173.
[3] Hugo Wast,666Usamos la versión de Editorial Aocra, Buenos Aires, 1975 (p.230-231),que contiene asimismo su otra obra clásica, Juana Tabor.Es imposible transcribir aquí y ahora el texto íntegro de esta profética novela –profética incluso en sentido estricto, puesto que los desbarres políticos más calamitosos cometidos democráticamente, son encabezados por una presidenta- pero recomendamos al lector que repase o revise el capítulo IV denominado “La Argentina en guerra”. Recomendamos asimismo el análisis que hace Juan Bautista Magaldi, En torno a Hugo Wast, Buenos Aires, Ediciones del Peregrino, 1995, capítulo IV, “Palabras proféticas”.
[4] La nómina completa, el resumen de cada uno y la localización exacta en cada ejemplar, puede verse en Mario Caponnetto, Combate. Estudio e Índice, Buenos Aires, Instituto Bibliográfico Antonio Zinny,1999,p.155-160. Asimismo, el lector interesado, puede consultar la colección de Combate,en la Hemeroteca del Nacionalismo que alberga el precitado Instituto Zinny.
[5] Cfr. Hartazgo de democraciaCombate, n.33, Buenos Aires, 18 de julio de 1957, p. 1-2.
[6] Cfr. La mayoría nunca se equivocaCombate,n.34, Buenos Aires, 1 de agosto de 1957, p. 1.




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martes, 17 de septiembre de 2013

La segunda venida de Cristo (II) - Por Hugo Wast

  …La argumentación de los que  se empeñan en probarnos que la humanidad durará todavía millones de siglos, es más o menos así:

  Tres etapas ha habido en la creación: evolución inorgánica (formación del universo y de la tierra); evolución orgánica (desarrollo de todas las formas de la vida vegetal y animal); evolución racional (desarrollo y cultura de la humanidad).

  La evolución inorgánica, desde la nebulosa hasta el estado actual del universo, ha insumido millones de siglos.

  La evolución orgánica, desde la aparición de la vida, aunque más acelerada, ha durado también muchísimo tiempo, tal vez miles de siglos.

  La evolución superogánica o racional, desde el hombre de las cavernas hasta el hombre de los rascacielos, ha durado menos todavía. La mayoría de los expositores clásicos piensan que desde Adán hasta Cristo, corrieron 4.000 años, es decir, cuarenta siglos antes de la redención. Y sobre esto algunos hacen el siguiente argumento: si el hombre irredento vivió 40 siglos ¿el hombre redimido no vivirá más de 20, con los cuales se cumplirían los 6.000 años en que llegará el fin?

  Dios, que se mueve en la eternidad y que ha concedido millones de años a la evolución de las otras formas de la energía o de la vida, ¿solo sería mezquino para los hombres redimidos por la sangre de su hijo?

  ¿Quién puede creer, ni desear, que el mundo concluya antes de que Cristo haya puesto a toda la humanidad a los pies de su Padre, conforme lo anuncia San Pablo? Una de las señales del fin será según N.S. Jesucristo, la predicación del Evangelio en todo el mundo (Mat, XXIV, 14), de manera que mientras eso no ocurra, aquel acontecimiento distará mucho.

  Esta argumentación es más aparatosa que firme.

  Por de pronto, con los actuales medios de comunicación no se necesitan millones de años para que el Evangelio sea “predicado” en todas las regiones.

  El Señor no ha dicho “aceptado” o “creído”, sino “predicado”. Unos lo acatarán otros lo rechazarán; pero todos habrán oído la buena palabra, y solamente a su terquedad, no a su ignorancia, podrá imputarse su incredulidad.

  No olvidemos, sin embargo, que el deseo de que el Señor en su Segunda venida encuentre convertida a toda la humanidad, no es probable que se cumpla, aún descontando la conversión de los judíos, que forman solo una pequeña fracción de los habitantes de la tierra.

  Por más que su Evangelio haya sido predicado en todo el mundo, Cristo encontrará todavía innumerables incrédulos, infinitos adoradores del Demonio, en sus diversos cultos y legiones de apóstatas.  

  Tal sería la inteligencia de la melancólica pregunta de Jesús a sus discípulos: “Cuando viniere el Hijo del Hombre ¿pensáis que hallará fe en la tierra?” (Luc, XVIII, 8).

  La situación religiosa del mundo en los últimos tiempos, está pintada con una sola palabra por San Pablo, discesio (2 Tesal, II, 3) Esto es: la gran apostasía.

  En otro aspecto de la argumentación, la mezquindad que supone en Dios el que habiendo concedido millones de años a la evolución inorgánica y orgánica, conceda tan poco tiempo a la evolución racional, no tiene fuerza mayor.

  Nada prueba que la humanidad progresará en el sentido de la piedad, y que dentro de un millón de años habrá en el mundo más religión que ahora: la experiencia parece demostrarnos lo contrario; y los textos evangélicos lo confirman.

  No sería pues, mezquindad sino providencia el que Dios acortara los plazos; y así lo dice el Evangelio refiriéndose a la impiedad general de las últimas épocas: “Si no fuesen abreviados aquellos días, ninguna carne sería salva, mas por los escogidos aquellos días serán abreviados.” (Mat, XXIV, 2).

  Si el universo inorgánico necesitó para su evolución millones de años; y el orgánico largo tiempos también, no es mezquindad sino bondad el que Dios haya concedido tal vigor al hombre, que la evolución superorgánica o racional pueda alcanzar su perfección en cortísimo tiempo.

  La misericordia consiste en apresurar los tiempos para entregarle su herencia divina, la paz que Cristo traerá en su segunda venida a este mundo envejecido según lo llama San Gregorio Magno.

  El fin del mundo marcará el comienzo de su renovación. “He aquí que yo renovaré todas las cosas”. (Apoc, XXI, 5).

  No será pues un fin sino un renacimiento. Los 2.000 años después de Cristo no pueden ser sino el preámbulo del Milenio, o sea el reinado espiritual de Cristo, después de su venida segunda, en gloria y majestad sobre la tierra.

  “Enseguida será el fin: cuando hubiere entregado su reino a su Dios y Padre y destruido todo Imperio y toda potencia y toda dominación. Entretanto debe reinar hasta poner todos los enemigos debajo de sus pies. Y la muerte será el último enemigo destruido” (1 Cor, XV, 24-26).

HUGO WAST. “El sexto sello” Bs.As. Editores de Hugo Wast 1941 -Pags, 48 a 55.

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miércoles, 11 de septiembre de 2013

La segunda venida de Cristo (I) - Por Hugo Wast

  Cuando aquellos irremediables leguleyos, chicaneros y sofistas, los fariseos y los saduceos, le piden a Jesús señales para creer, el les contesta severamente: “Hipócritas: sabéis distinguir los aspectos del cielo y de la tierra: ¿Pues como no sabéis reconocer el tiempo presente?” (Lc.XII.56).

  Así como las claves de todas las profecías del Antiguo Testamento, durante miles de años fue la esperanza del Mesías, es decir el anuncio de la primera venida del Señor al mundo; así la piedra angular de las del Nuevo Testamento es la segunda venida del Señor. ¡Inexplicable distracción la nuestra! El pueblo judío vivió cuarenta siglos en la ansiedad jubilosa de la primera venida.

  En cambio nosotros, los pueblos cristianos, que hemos visto realizarse el primer advenimiento y recibido la promesa del segundo, ya no como redentor, sino como Rey, en Gloria y Majestad, apenas nos acordamos de ello.

  Y sin embargo, diariamente, millones de fieles afirman en su credo este dogma: “Y de allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos”; y cantan en su misa: “Et iterum est cum gloria judicare vivos et mortuos”(Y otra vez ha de venir con gloria a juzgar a los vivos y los muertos) ; y en su padre nuestro ruegan por el pronto advenimiento de su Rey: “Adveniat Regnum Tuum”(Venga a nosotros tu Reino).

  Pero ¿Cuántos son los católicos que, al rezar esas oraciones, piensan que están anunciando el fin del mundo y rogando porque sea pronto? Porque el segundo advenimiento de Cristo – “venga nos él tu Reino” – significa el fin de la humanidad tal como nosotros la conocemos y la transformación del mundo actual…

  Si algún judío hubiera hecho cálculos alegres sobre los millones de años que faltaban para la venida del Mesías, es seguro que todo el pueblo lo hubiera considerado impío o insensato.

  En cambio a muchos de aquellos, para quienes es dogma de fe la segunda Venida de Cristo, no les parece nada el discurrir argumentos para anunciarnos como buena nueva que el Señor todavía tardará millones de años en venir; y aún llegan a escandalizarse si alguien sostiene que tal vez sean menos.
  ¿Tanto les conduele el fin de la humanidad, que a trueque de que ella pueda seguir viviendo, como ahora vive, renuncia o aplazan por millones de años la Segunda Venida de Cristo?

  ¿El fin del mundo es, acaso, una desgracia? ¿No han pensado que él coincidirá con el triunfo definitivo de la Iglesia de Cristo, y que su Segunda Venida será el comienzo de su Reino sin fin?

  Por su parte los ángeles y los santos no parecen tan deseosos de prolongar la existencia de un mundo que,  tal como marcha, cada día se aparta más de los senderos de Dios.

  Por el contrario. Ruegan a Dios que vendimie de una vez la viña de la tierra, y por boca de un ángel le claman en el Apocalipsis que meta su hoz aguda y vendimie los racimos de iniquidad que ya no pueden estar más maduros. (Apoc.XIV, 18)

Esto hace decir al erudito traductor de la Biblia Scio de San Miguel, comentando este pasaje: “Los santos ángeles y los bienaventurados desean que se acelere el día del juicio, para la consumación absoluta de su bienaventuranza”

  Hace 2.500 años ya el Señor se mostró irritado contra la complaciente costumbre de los profetas de Israel que, para tranquilizar al pueblo, habían dado en la flor de decir que las amenazas de las Escrituras no se realizarían en su tiempo, y procuraban alargar los plazos.

  Las visiones son, efectivamente para los tiempos futuros, y se entenderán clarísimamente cuando llegue la hora de entenderlas. “En lo postrero de los días lo entenderéis cumplidamente” (Jer.XXIII,20)

  Pero ¿esa hora está, de veras, tan distante de nosotros? ¿Quién puede afirmarlo?...

  La política de apaciguamiento era tan viva entre los falsos profetas de Israel en tiempos de Isaías y Ezequiel, que el enojo de Dios se expresó en terribles oráculos: “¿Qué refrán es ése que tenéis vosotros en la tierra de Israel, de los que dicen: Alargando se irán los días y perecerá toda visión?” “Por tanto diles: Esto dice el Señor Dios: Haré que cese ese refrán; y no se dirá más adelante por el vulgo en Israel: y diles que se han acercado los días y la palabra de toda visión” (Ezeq.XII, 22,23)

O en otros términos: “Yo haré mentir esos proverbios en que fundáis vuestra paz”.  “Asegurarles que los días se acercan y con ellos el cumplimiento de las profecías”.

  Un poco más adelante, en el mismo capítulo el Señor repite su enseñanza para que no quepa duda de que se equivocan los que fundan su tranquilidad en la persuasión de que las profecías no son para ellos.

“Hijo del hombre, he aquí los de la casa de Israel, que dicen: La visión que éste ve, es para muchos días; y para tiempos largos éste profetiza.” “Por tanto diles a ellos; Esto dice el Señor Dios; no se alargará en adelante palabra alguna mía: la palabra que hablaré será cumplida” (Ezeq.XII,28)

  Aquel pueblo, de dura cerviz, que quiere estar tranquilo se encarga de señalar a sus profetas lo que han de profetizarle.

  “Ellos dicen a los que ven: no veáis; y a los profetas no nos profeticéis la verdad; decidnos cosas agradables; profetizad ilusiones” (Is.XXX,10)…

HUGO WAST. “El sexto sello” Bs.As. Editores de Hugo Wast 1941 -Pags, 39 a 46.


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miércoles, 13 de marzo de 2013

Hugo Wast, más vigente que nunca

  [...] Mientras se aproximaba oía aquellos compases de la marcha fúnebre de Beethoven, que hacen pensar en el ruido de las rótulas que golpearán la tapa de los féretros el día de la resurrección.
No se amedrentó y empujó la puerta con osadía. La radio Vaticana acababa de propalar una grave novedad: el papa Pío XII, el Pastor Angelicus anunciado por San Malaquías, había muerto a los 116 años.

  Según esta profecía, que unos miran como inspirada y otros como apócrifa, después del Pastor Angelicus no habrá más que seis papas; luego la humanidad entrará en su grandioso final con la Parusía, esto es, la segunda venida de Cristo al mundo.

  Ahora se reuniría el cónclave para elegir el sucesor, a quien le correspondía el lema de Pastor et Nauta. (Pastor y navegante).
Puesto que no quedaban muchos años hasta el 2000, en que algunos piensan reinará el Anticristo, era de imaginar que los seis papas últimos desaparecerían poco después de consagrados.

  En la historia eclesiástica hay ejemplos de pontífices de brevísimo pontificado. Sin contar algunos de ellos (Esteban II, siglo VIII; Juan XV, siglo X; Celestino IV, siglo XIII; y Urbano VII, siglo XVI) que murieron a los pocos días de ser electos sin llegar a consagrarse; once no alcanzaron a reinar un mes y son cuarenta y cuatro los que no cumplieron el año.

  Podría pues ocurrir que en el breve lapso que faltaba se sucedieran cinco o seis papas Después de Pastor et Nauta vendría Flor Florum (Flor de las flores).

  Según los intérpretes de la profecía el reinado de ambos sería un corto tiempo de penitencia, para que los católicos se preparasen a las últimas persecuciones y a la victoria definitiva.

  Durante ese tiempo el catolicismo penetraría en las más hostiles y cerradas regiones de la tierra y de las almas, y empezaría la conversión del pueblo judío anunciada por San Pablo con palabras que encierran una promesa magnífica.
  
  A Flor Florum le sucedería el anunciado así: De Medietate Lunæ (De la media luna), en cuya época se alzaría un antipapa, origen del gran cisma pronóstico seguro del fin del mundo. Tal vez el lema significaría el apogeo del nuevo imperio de la Media Luna. Sí se piensa que esta profecía data del siglo XII y que hasta ahora parece haberse realizado puntualmente, el anuncio de un resurgimiento de Mahoma, enemigo de Cristo, ha de inquietar a las almas porque vaticina un período de espantosas persecuciones. Los últimos tres papas desaparecerían vertiginosamente. Uno de ellos, De Labore Solis (Del trabajo del sol), sería asesinado por orden o por mano del Anticristo, y durante tres años y medio la Iglesia perseguida se refugiaría en los desiertos.

  Los cardenales lograrían reunirse en Jerusalén, y tras laboriosísimo cónclave, elegirían al penúltimo de los papas, probablemente un judío convertido cuyo lema en la profecía es De Gloria Olivæ (Del esplendor del olivo), en cuyo tiempo se consumaría la conversión de Israel. La alusión al olivo, símbolo bíblico del pueblo hebreo, robustece la idea de que este papa será de estirpe judía.

  Estarán ya sonando las campanas del año 2000.

  El Anticristo, señor del mundo entero, verá de pronto una colosal rebelión de naciones en los tiempos del último papa, llamado por San Malaquías Petrus Romanus, o sea Pedro II.

  Éste presenciará la aparición de la cruz luminosa sobre el campo de Armagedón y la derrota del Anticristo, a quien el Señor aniquilará sin golpe de arma y solamente con el soplo de su divina boca... [...]

Hugo Wast - Juana tabor-666

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