San Juan Bautista

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sábado, 29 de noviembre de 2025

Corredentora - Antonio Caponnetto

 

CORREDENTORA

Como es tristemente sabido, un texto emanado del Dicasterio de la Doctrina de la Fe, titulado “Mater Populi Fidelis”, niega la doctrina de la corredención mariana, aduciendo, entre otras naderías, que dicho título virginal es “siempre inoportuno” y que puede llevar confusión a los fieles. El responsable de esta ofensa es el titular del mencionado Dicasterio, el Cardenal Fernández; pero sobre todo, quienes lo han colocado en ese cargo que no merece, y se lo conservan y alimentan. Esto es, los papas Francisco y León XIV respectivamente, que deberán rendir cuenta de tan grave resolución. Lo verdaderamente inoportuno y escandaloso es que la definición sobre algo tan digno y delicado como un título mariano, le haya sido confiado a un personaje tan perverso cuanto anómalo y con graves perturbaciones mentales y morales: tal el mencionado Fernández.

Hace ya unos cuantos años, hacia 1973,el Obispo de Ratisbona, Monseñor Graber, ante los viles ataques que venía sufriendo María Santísima –sobre todo dentro de la Iglesia- pronunció unas palabras que conviene recordar ahora: “El ataque demoníaco a María nos llena de esperanza; sí, incluso digo constantemente de esperanza. Es la peripecia. Si la misericordia de Dios es proverbial, Cristo no deja que insulten a su Madre. Su intervención está cercana”. Ningún hijo deja de salir en defensa de quien le dio a luz.

El Adviento ya está entre nosotros. El mismo nos recuerda, entre otras cosas, que uno de los fundamentos tradicionales de la corredención mariana, es inteligir que, gracias a Ella, a Nuestra Señora, fue posible el nacimiento del Redentor.

Encarnación del Verbo y Corredención son dos términos que se completan y asocian en el divino plan del Creador. Es por eso, que en este Adviento, hemos querido dedicarle a María Santísima estos versos que la elogian y encomian como Corredentora.

Santa Navidad, queridos amigos.

  

 

Perdónalos Señora, tú que sabes de penas,

de antigua profecía veraz y anunciadora,

enjuga los dolores, rocía las afrentas,

Dios dispuso que fueras nuestra corredentora.

 

Has llevado contigo como madre abnegada

al que haría el rescate del humano linaje,

nueve lunas te vieron y en Belén se abrió al mundo

la era fundadora del salvífico Viaje.

 

Con tu gesto oblativo en noche nazarena

-esa noche al sereno, el establo estrellado-

manumisión nos diste por voluntad divina

que te asignó ser vientre para el Verbo Encarnado.

 

Después en el Calvario, desde el Madero el Hijo,

supo que co-inmolabas, y a Juan confió el secreto,

Miqueas e Isaías lo entrevieron de antaño,

tu llanto fue acueducto, divino parapeto.

 

Esas lágrimas, Madre, que cantan la liturgia,

son coágulos de cielo que portaron tus ojos,

de gozo en el pesebre consintiendo tu parto,

de aflicción en la hora de los crueles despojos.

 

Y si acaso el agravio mereciera un castigo,

porque el amor genuino sabe ser punición,

que tu clemencia sea una luz mediadora,

indulgencia y arresto, destierro y remisión.

 

Asociada quedaste para siempre a tu Hijo,

el Trono Trinitario o el Gólgota atestiguan

que no sólo intercedes sino que es colindante

la fuerza de tus manos que al caído apaciguan.

 

Tu fuiste la oportuna, la pertinente luna

que abrevó del invicto y unigénito Sol,

corredentora nuestra, refugio de la gracia,

tu manto es del doliente un seguro crisol.

 

Hay algo en tus pupilas cuando plañes y el luto

transverbera el costado de tu pecho gimiente,

tu calcañar anuncia la misión asignada

de aplastar victoriosa la siniestra serpiente.

 

Corredentora criolla de estas tierras fundadas

entre aceros hispanos y tronos imperiales,

intercede por nos con un nuevo milagro:

pide el vino en Caná que somos comensales.

 

Que somos comensales sedientos, y un desierto

cruzamos con menguada, final caballería.

Condúcenos las riendas, enfila los estribos,

Corredentora Virgen, Nuestra Dama María.

 

Nochebuena de 2025

 

Antonio Caponnetto



domingo, 17 de diciembre de 2023

Navidad - Antonio Caponnetto

 


El pesebre de la pequeña grey

“No temáis, manada pequeña...”

Ls, 12,32

 

Por Antonio Caponnetto

 

Hemos juntado el heno, rastrillado el forraje,

arrimando barreños para el agua de lluvia,

en que beban la mula, los bueyes, las ovejas

junto al pasto azabache, junto a la espiga rubia.


Hemos limpiado el marco de las dos ventanucas

por las que entra el aliento del frío de Belén,

procuramos dos lirios, una rosa ,tres panes,

y un trono para el Ángel que profiera su Amén.


Hemos puesto en el centro una alfombra de briznas

con cabezal de olivos, ramajes de laureles;

si éste será el refugio de quien viene a salvarnos

que su cabeza apoye entre mansos vergeles.


Hemos dado a María, por si horada el rocío

un poncho grana intenso que semeja un cerezo,

y a San José un velaje orientador de sombras

aunque el Niño que llega será luz y embeleso.


Hemos visto a los pobres pastores de esta tierra

cantar himnos de gloria, preparar cada arreo,

cargar en sus alforjas los fulgores de auroras,

jamás los nueve brazos del candelabro hebreo.


Al fin, hemos cavado con una espada antigua

un surco que el camino delimita y prorroga,

lo cruzarán los Magos seguidores de augurios,

no los oscuros pasos de la cruel sinagoga.


Somos pocos, ya sabes, Señor, nuestro volumen,

así lo dispusiste, así tus profecías,

no pedimos medrosos la paz de los rendidos

ni el oro acumulado por torvas juderías.


Una hermandad apenas, que procesiona y marcha

sobre el lomo humillado de esta patria sumisa,

te implora solamente morir por Tu Bandera,

la gracia peregrina de conservar la misa.


Ahuyenta a los falsarios, los que ya han desertado,

fingiendo cercanías con sofismas arteros.

Sólo marchen invictos, penitentes, orantes,

los jinetes de blancos corceles postrimeros.


Desagravia la Noche que ultrajó el circunciso

en la Roma blasfema o en este lar lejano,

nace otra vez, Rey nuestro, como hace veinte siglos

retén el universo en la luz de tu mano.



miércoles, 21 de diciembre de 2022

Procesión Navideña – Antonio Caponnetto


Queridos amigos:

                                Comparto estos versos con ustedes, escritos unos cuantos años atrás. Y el enlace de una meditación navideña que me fue pedida por un haz de entrañables camaradas: https://www.youtube.com/watch?v=_1roSfXh-b4&t=9s 


Un abrazo. En Cristo y en María.

ANTONIO CAPONNETTO



PROCESIÓN NAVIDEÑA

"Y vendrán hombres del oriente y del poniente, del norte y del sur,

a tomar parte del festín, en el Reino de Dios"

Ls.1, 13-21

 

Jinetes persignados van llegando del Norte,

presintiendo el lucero,taloneando rocíos;

cicatrices de cardos en los cascos se clavan,

las plegarias por riendas, fierro y cruz por avíos.

 

Del Norte amurallado de algarrobales firmes,

bajan los peregrinos con crespones de puna,

te traen como ofrenda, Señor, un eco antiguo,

y el eco se arrodilla para besar tu cuna.

 

Van llegando del Sur los paisanos del viento,

cofrades de la nieve, arrieros sin más huellas,

que las coplas vertidas en diapasones blancos,

como la cal sencilla o las altas estrellas.

 

Del Sur donde una herida de sangre memoriosa,

arriban portadores del pendón y el venablo,

son guerreros vencidos, Señor, pero la herida,

es gloriosa y merece coronar tu retablo.

 

Llegan desde el oeste porque la roca sabe,

su destino de signo triunfal que prevalece,

quebrarán las montañas mil hachazos de soles,

pero una piedra sola ni se agrieta o perece.

 

Del oeste partieron con el vértigo a grupas,

pobladores de cumbres que talló algún orfebre,

es vértigo que guarda la hazaña de la tierra,

recíbelo, Señor, en tu austero pesebre.

 

También llegan del este, transidos de horizonte,

talegas desbordantes de trigo y de glicinas,

entre hileras de talas que refiló el pampero

y el estampido agreste de briosas carabinas.

 

Del este no te faltan los hombres que se acercan,

malambeando las penas y la pampa por ley,

la pena tiene el sello, Señor, de tu calvario;

acéptala tumbada con la mula y el buey.

 

No llegan, no es posible, no hay puntos cardinales;

no hay rosa de los vientos que oriente sus pisadas,

para aquellos espectros de traicioneras manos,

en el filo del odio de un puñal maniatadas.

 

Han perdido los rastros porque hollaron Tu Nombre;

están ciegos de cielo, cautivos del fangal,

rechazaron la Noche del Cordero Naciente,

arrojaron abrojos al agua bautismal.

 

Del Oeste o del Sur, ya del Norte o del Este,

del flanco de la patria que marche en procesión,

haznos llegar intactos, Señor, para decirte:

somos tu grey, tus hijos, tu falange y legión.




lunes, 20 de diciembre de 2021

Navidad - Antonio Caponnetto

 

BALADA DE LA SAGRADA FAMILIA

Antonio Caponnetto

 


 

San José

Yo te miro Mi Niño y sé que tu mirada

sostiene lo creado por el Dios Uno y Trino,

que tu cuna es un trono tras misterioso parto,

que mañana el Calvario sellará tu destino.

 

Sé que un día, asimismo, me cerrarás los ojos

de pupilas yacentes, de párpados adustos,

que serás mi cayado cuando los pies me jueguen

esa mala costumbre de volverse vetustos.

 

Pero ahora, esta noche, de sublimes contornos,

de abovedado cielo ante el Gran Episodio,

me consuela besarte diciéndote al oído:

tú serás mi pequeño, Jesús yo te custodio.

 

 

 

La Virgen María

Ya aparté los pañales del forraje tupido,

recubrí las astillas, limpié el heno amarillo,

un ángel y un boyero me acercaron las brasas

tibias como un otoño, ígneas como un anillo.

 

El lucero del alba se posó marcialmente,

su vertical de estrella transfigura el rocío,

cuando cae no moja, semeja una cobija

que nos cubre del viento o nos detiene el frío.

 

¡Ay hijo!, cuando crezcas y seas El Camino,

la Verdad y la Vida iluminando anieblos,

llévate para el viaje esta paz del pesebre

e irrádiales tu espada al hombre y a los pueblos.

 

Jesús

¿Cómo podría hablarles al hombre y a los pueblos,

Madre, si no eligiera ser el Verbo Encarnado?

José, mi padre bueno, ¿cómo entender de cruces

sin ese maderamen en el que me has criado?

 

¿Cómo llevar corona de aguijones y púas

sin el feral Herodes, sin la huida de Egipto,

sin esta andanza agreste recalando en la gruta

de un Dios entre mugidos nacido y circunscripto?

 

Que nadie desespere cuando lleguen las pruebas

de los persecutores que hieren y blasfeman,

de las pestes que mienten los cuerpos y las almas,

repito mi promesa: <Vuelvo pronto. No teman>.

 

Nosotros

Estamos en batalla, los campos delimitan

las riquezas o el Reyno, la cizaña o el trigo,

la insolencia de Gestas o la piedad de Dimas,

Señor, dame bravura para lidiar contigo.

 

Virgen a quien supimos nombrarte Generala,

Patrona de estas tierras, Señora de su Historia,

José que haces posibles las cosas imposibles

que sea voz de mando la fiel jaculatoria:

<Jesús, José y María

Os doy el corazón y el alma mía>

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 24 de diciembre de 2020

Navidad - G. K. Chesterton

 

 

La Navidad, que en el siglo XVII tuvo que ser rescatada de la tristeza, tiene que ser rescatada en el siglo XX de la frivolidad.

La Navidad, como tantas otras creaciones cristianas y católicas, es una boda.

Es la boda del más indómito espíritu de gozo humano con el más elevado espíritu de humildad y sentido místico.

Y el paralelo de una boda es bien válido en más de una manera; porque este nuevo peligro que amenaza la Navidad es el mismo que hace tiempo ha vulgarizado y viciado las bodas.

Es lógico que haya pompa y gozo popular en una boda; de ninguna manera estoy de acuerdo con los que querrían que fuera algo privado y personal, como la declaración de amor o el compromiso de matrimonio.

Si una persona no está orgullosa de casarse, ¿de qué podrá enorgullecerse?, ¿y por qué se empeña entonces en casarse?

Pero en casos normales todo este jolgorio que se organiza está subordinado al matrimonio porque existe “en honor” del matrimonio. Fueron a ese lugar a casarse, no a alegrarse; y se alegran porque se han casado.

Sin embargo, en tantas bodas de famosos se pierden de vista por completo este serio objetivo y no queda nada más que la frivolidad. Porque la frivolidad es el intento de alegrarse sin nada sobre lo que alegrarse. El resultado es que al final hasta la frivolidad como frivolidad empieza a desvanecerse. Quienes empezaron a juntarse sólo por diversión acaban haciéndolo sólo porque está de moda; y no queda ni siquiera la más débil sugestión de regocijo, sino tan sólo de ruido y alboroto.

De manera parecida, la gente está perdiendo la capacidad de disfrutar la Navidad porque la ha identificado con el regocijo. Una vez que han perdido de vista la antigua sugestión de que es por alguna cosa que ocurre, caen naturalmente en pausas en las que se preguntan con asombro si es que ocurre algo de verdad.

Que se nos diga que nos alegremos el día de Navidad es razonable e inteligente, pero sólo si se entiende lo que el mismo nombre de la fiesta significa.

Que se nos diga que nos alegremos el 25 de diciembre es como si alguien nos dice que nos alegremos a las once y cuarto de un jueves por la mañana.

Uno no puede ser frívolo así, de repente, a no ser que crea que existe una razón seria para ser frívolo.

Un hombre podría organizar una fiesta si hubiera heredado una fortuna; incluso podría hacer bromas sobre la fortuna. Pero no haría nada de eso si la fortuna fuera una broma. No sería tan bullicioso, le hubiera dejado puñados de billetes bancarios falsos o un talonario de cheques sin fondos. Por divertida que fuera la acción del testador, no sería durante mucho tiempo ocasión de festividades sociales y celebraciones de todo tipo.

No se puede empezar ni siquiera una francachela por una herencia que es sólo ficticia. No se puede empezar una francachela para celebrar un milagro del que se sabe que no es más que un engaño de milagro.

Al desechar el aspecto divino de la Navidad y exigir sólo el humano, se está pidiendo demasiado a la naturaleza humana.

Se está pidiendo a los ciudadanos que iluminen la ciudad por una victoria que no ha tenido lugar.

Hoy nuestra tarea consiste en rescatar la festividad de la frivolidad. Es la única manera de que vuelva a ser festiva.

Los niños todavía entienden la fiesta de Navidad: algunas veces festejan con exceso en lo que se refiere a comer una tarta o un pavo, pero no hay nunca nada frívolo en su actitud hacia la tarta o el pavo. Y tampoco hay la más mínima frivolidad en su actitud con respecto al árbol de Navidad o a los Reyes Magos.

Poseen el sentido serio y hasta solemne de la gran verdad: que la Navidad es un momento del año en el que pasan cosas de verdad, cosas que no pasan siempre.

Pero aun en los niños esa sensatez se encuentra de alguna manera en guerra con la sociedad.

La vívida magia de esa noche y de ese día está siendo asesinada por la vulgar veleidad de los otros trescientos sesenta y cuatro días.

 

(En “La mujer y la familia”, Ed. Styria, 2006)

 

Feliz Navidad les desea

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

jueves, 3 de diciembre de 2020

Tríptico sobre el Nacimiento de Jesucristo - Antonio Caponnetto

 


-I-

 

“El Nacimiento se compara al rocío, a la lluvia y al germen”

Santo Tomás de Aquino, Super Isaiam ad littertam, 45

 

Como la escarcha sabe que el enigma del frío

descifra su secreto transitando hacia el alba,

Señor, tu Nacimiento, se compara al rocío.

 

Al calor de la siega es la nube que salva

-celajes con relentes del agua tempranera-

aromas de romero, de lises y de malva.

 

Como la lluvia sabe que al caer es arriera

de chubascos fecundos sobre el calmo retoño,

Señor, tu Nacimiento, semeja una aguadera.

 

Simiente en el sembrado, trigos para el otoño,

la tierra que se empapa cual arena en la orilla,

una vendimia antigua con un ramo bisoño.

 

Como el germen ya sabe que brota de la arcilla

el árbol de Jesé, vivero del que es Justo,

Señor tu nacimiento nuestra lucha acaudilla.

 

Haciendo de los astros un mirador augusto,

atalaya del héroe, del santo y del profeta,

una lanza en la mano sobre el pecho robusto.

ººº

Rocío, lluvia, germen, la tríada completa,

mas no se olvide el nombre que al yermo aboliría,

el nombre ante el que el Ángel, de rodillas respeta:

<Has hallado la gracia, ya no temas María>.

 

 

-II-

 

“Cristo, contrariamente a los que se vanaglorian, quiso nacer en una ciudad oscura, y padecer oprobio en una ciudad noble”.

Santo Tomás de Aquino, S.T, III, q. XXXV, a. 7 y 8.

 

Fue Belén la asignada por linaje y promesa,

Monárquico abolengo, oblación a David.

Progenie y juramento que la historia atraviesa.

 

José y María oyeron: <¡marchad y concebid!>,

y fueron betlemitas los hombres, el pesebre,

testigos primordiales de la Perfecta Vid.

 

Fue en Belén. Que el profeta su oráculo vertebre:

<¡Casa de Pan te llaman, serás templo y palacio,

tu abad cuanto tu trono las obras de un Orfebre!>

 

Ciudad regia y sagrada como un iconostasio,

sacerdocio o realeza guardarán tus murallas,

un mugido de bueyes, un lucero topacio.

 

 

Fue en Belén, quede dicho, nació por dar batallas

en el tiempo oportuno de oscuras servidumbres

cuando enfermaba el mundo sin honores ni agallas.

 

Alumbró a los que estaban rumiando pesadumbres

<de asiento en las tinieblas y en sombra de la muerte>.

Quito penas al alma y al cuerpo quitó herrumbres

 

ººº

Juramento o progenie, dejamé agradecerte

tus magos, tus rebaños, la pastoril pobreza;

traenós a la patria tu Belén claro y fuerte

la salud de sentarnos, Señor, junto a tu mesa.

 

 

-III-

 

“Querían por lo tanto conocer su casa para acercarse a él con frecuencia conforme al consejo del sabio: <Y si vieres un hombre cuerdo, madruga a él>”

Santo Tomás de Aquino, In Joan, I

 

Buscaban tu morada solariega y terrena.

<¿Dónde moras, Maestro, cuál tu puerta o tu umbral?

Velaremos las jambas como el guardia a la almena.

 

Si nos trazas un mapa, los lindes de un mural,

la senda peregrina para hallar tu cancela,

el viaje será presto, orante y agonal>

 

<¡Venid y ved mi casa en cualquier ciudadela>,

les respondió iniciando una lección eterna,

la lección salvadora que rescata y consuela.

 

Son cuatro los caminos. Como en una cisterna

donde se albergan capas de antiguos manantiales

dan bebida al sediento con prontitud fraterna.

 

Están las obras buenas, visibles y frontales,

el reposo del alma con fiel recogimiento,

el saborear dulzuras, cañal, cañaverales

 

de Dios, que no se deja ganar en sentimiento.

Y están los corazones levantados en vilo,

palpando con las manos como nos palpa el viento.

ººº

¿Dónde moras, Señor? Vuelve ya, pronto dilo,

en estas Navidades al pie de tu boyera

estaremos izando la Cruz y la Bandera

una moharra enhiesta con su alerta de filo.


Antonio Caponnetto