San Juan Bautista

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viernes, 11 de octubre de 2019

12 de Octubre: Acción de gracias a España - Antonio Caponnetto




12 de Octubre:
Acción de gracias a España


Por Antonio Caponnetto




A Fray Santiago Cantera



En estos tiempos nuestros del olvido culpable,
de la omisión ingrata, de la trágica amnesia,
hay que grabar en todos los palacios del alma
la ofrenda agradecida, como cirio en la iglesia.

Hay que saber dar gracias por traernos el pozo
de Sicar, donde un día, bebió la misma Sed;
las bienaventuranzas, el ágape postrero,
 ese oficio marino de arrojarnos la Red.

Hay que poder saldar lo que nadie podría
con caudales mundanos o el más áureo lingote,
los pareados cidianos, las loas de Berceo,
cada palabra ecuestre que enhebró Don Quijote.

Hay que retribuir a esas naves veleras
portadoras del Logos que fue Primeramente,
de los fueros y el Foro, del ágora y los fascios.
Saber que por Castilla en verdad somos gente.

Hay que honrar la memoria del guerrero y del mártir,
del misionero osado que murió predicando,
de los conquistadores leales al Madero
al yugo y a las flechas de Isabel y Fernando.

Hay que ser observantes con la herencia donada,
las cúpulas,el claustro, la lira o la zampoña,
los códices de Trento, la Política Indiana,
mientras cruzan el cielo las aspas de Borgoña.

Hay que corresponder tanto bien recibido,
el mestizo de acento castellanomanchego,
la Virgen Morenita, los santos rioplatenses,
la carreta en Luján, la tilma de Juan Diego.


Hay que elevar hosannas y aleluias de gozo:
el tribal maleficio ya quedó desprovisto,
la tierra descubierta recibió el Sacramento,
y celebran su gloria en el altar de Cristo.

Hay que saber dar gracias, repetimos seguros,
por la América hallada como el Niño en el templo,
el rosario en la selva derrotando demonios,
sólo en Dios Uno y Trino la vida y el ejemplo

Hay que remunerar que llegara el Imperio,
la espada de un rey justo que la porta y la tange,
y pasados los siglos, tras sones de Cruzada,
las camisas azules, José Antonio y Falange.

Hay que cantar de nuevo nuestros himnos marciales,
que conquisten la sierra, la planicie o la calle.
Hay que alzar nuestras palmas hacia un cielo de julio
Y hay que dejar a Franco que descanse en el Valle.




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miércoles, 9 de octubre de 2019

El Nuevo Sócrates - Antonio Caponnetto



Los “Castellanis” apócrifos


EL NUEVO SÓCRATES
Por Antonio Caponnetto

Faltaban escasos días para que Sócrates tomara la cicuta, con la serenidad y el decoro que Clío ha registrado, cuando un haz fidelísimo de discípulos se llegó hasta la celda, de visita. A duras penas se les franqueó el ingreso, no sin antes ser requisados por dos macizos penitenciarios de Devoto -polis próxima a Cannas- a quien el vulgo llamaba “candados”, al parecer por su rígido celo con los reclusos.

Fueron de la partida Aristodemo, el descalzo, hijo de Príamo; Apolodoro, el gemebundo, hijo de Tetis, modelo de lactancia; Cratodemos, hijo de Torosidis, el defensor de la Eurocopa, y Dióscoro, hijo de Xipolitakis, aunque temblaba cada vez que lo llamaban “hijo de...”.

Sentado  gallardamente sobre un taburete jónico, el maestro –tras las “gracias muchachos” de rigor- tomó la palabra y así expresóse:

-Dime Aristodemo, ¡y cuanto antes, por Zeus!, ¿qué cosa es la paz?

-Lo saben todos, maestro. Es la capital de Bolitatrópolis, de cuyo seno han nacido los descendientes hiperbóreos de Evo, a quienes los oligarcas y los contreras desdeñan por bárbaros,según  Pontificem Peronio dixit.

-Tú sabes –ya que al oráculo romano mentas- que el espacio me importa menos que el tiempo. No te preguntaba por La Paz como accidente geográfico sino como categoría social o forma de la república.

-En tal caso, Sócrates, sin vacilar te respondo. La paz es la Verdad.

-Lo contrario de la Verdad, es la mentira,¿consientes?

-¡Por las bodegas de los cuarteles beocios, que sí!

-Pues dime, ¿si la paz es la Verdad, y a cada quien le es permitido tener la suya y defenderla con la intransigencia de los hoplitas en Maratón, no sería entonces la paz causa de guerras, disensiones, gruñidos y batallas.

-Evidente,¡oh veterano de Potidea!

-La paz entonces llevaría a la guerra. La cual,según el Pseudo Píndaro, es un monstruo grande y pisa fuerte. Como los plantígrados; por caso, los osos kinkajás.

-Sócrates –intervino inquieto Apolodoro- tú nos hacés entender todo. Bien deduzco ahora, y bendigo tu mayéutica, que los nacidos en La Paz son como osos kinkajás, y que los que hacen el amor y no la guerra, están en el extremo opuesto de la Verdad. Otrosí los que llaman verdades a sus propias doxas, como lo agendó el membrudo Plato en uno de sus apuntes. ¿Digo bien?

-Estás para anotarte en el Ciclo Básico Común.

Pero dime, tú, Cratodemos, ya que has guardado discreto silencio hasta ahora, ¿cómo crees que se sentiría Apolo, si su propio y mayor templo fuera invadido por nigromantes bazucas y arúspices selváticos, para tributarle honras y plácemes a los demiurgos pachamámicos?

-Se sentiría ofendido, hijo de Fenáreta.

-¿Ofendido pero manso y paciente como Hestia, la primogénita de Cronos, u ofendido al modo de Aquiles, cuya cólera profirió Homero,el Canoro de los Cien Barrios Helenos?

-Pues no soy oraculólogo, ni quién para juzgar a los dioses, maestro, pero conociéndolo a Apolo, colijo que hubiera sacado a los invasores a golpes de dorus y de grebas.

-¿Tenéis a la cólera por justa en estos casos,oh descendiente del shoteador en Salónica?

-Así la tengo, heredero de Sofronisco

-¿Y tenéis a lo justo por lo contrario de lo injusto?

-Patente,como hiperinflación macrista.

-Pero ¿no dice Grabois en Página 12 que es una injusticia el hambre?

-Lo dice en cada piquete, maestro.

-Luego lo justo sería lo contrario del hambre. ¿Me sigues,o estás con la cabeza en la filosofía de Lacleau?

-Te sigo, Sócrates.

-Si la cólera es lo contrario del hambre, y lo del deífico Apolo puede tenerse por una bronca de aquellas ante la invasión de su templo mayor por rústicos salvajes, nadie osaría reprocharle que sacióse de mamporros, chuletazos y guantadas contra los infiltrados, y sobre todo, con el primer responsable de cuidar la integridad de su templo. Bien haría Apolo entonces, como ha sucedido, en dejar caer una gruesa mampostería de su magna colegiata, bien cerca de las testas purpurinas...

Lo interrumpió pudorosamente Dióscoro, que la pudibundez veníale de su madre, y dirigiéndose  con mesura al héroe de Anfípolis que tenía por delante, le habló de este modo:

-Sócrates, tu siempre que vienes con un acertijo eres temible cuanto respetable. Un enigma en tu boca es como un hálito próximo a darnos vida, y una elemental adivinanza se vuelve vaticinio y profecía. ¿Me parece a mí, que soy el menos docto de tus discípulos, o el ejemplo de Apolo que acabas de ponernos es sólo un tropo de los tuyos para que las generaciones venideras aprendan a respetar la deidad verdadera? Porque nosotros,oh maestro venerable,vivimos en la chacota pagana del politeismo, pero días vendrán, dice Virgilio, plagiando a Teodoro Haecker, en que el Deus asconditus nos será revelado...

Iba a sacarnos de la incógnita Sócrates,y a sacar asimismo a toda la posteridad , cuando uno de los “candados” interrumpió las delicias del logos arguyente, para anunciar con voz de moscato y caña a dos imprevistos visitantes.

-¡Preso de la 11/14,visitas...! ¡Cinco minutos y cerramos!

Nomás fue verlos y el insigne cautivo tuvo que esforzarse por mantener la gravitas que lo acompañaba en todo momento. Eran Protágoras de Abdera y Tucholipón Hermafrodito, sacerdote de Hermes y sirviente del desdichado Troilo. A juzgar por la bolsa que portaba, este último venía de hacer compras en una refinada boutique de la Plaza del Mercado.

-No me alegra veros, dijo Sócrates, ni sé qué os trae por aquí. Pero antes de que oséis importunar esta amable despedida con los míos, saciareís una curiosidad que tengo pendiente.

-¡Me lo como a achuchadas!, susurró Tucholipón; aunque más cauteloso el de Abdera, fue poniendo las barbas en remojo. Por lo que, rápido de reflejos, el guardia, desenvainó una prestobarba.

-Yo vine con los bolsos de López, ¡recio rival!, se atajó Protágoras. Me dijeron que hay en esta mazmorra un candado que es argento, de Argoflores, para más señas. Y que por unas dracmas de Lucania estaría dispuesto a dejar abierta esta madrugada la puerta de la celda... Como decía Balbín, El Chino de Sanata, este viejo adversario hoy despide a un amigo.

-¡Insensato!, fue todo el seco y firme laconismo que obtuvo por respuesta. Y como quien no tiene tiempo para perder en sandeces, giró con desprecio hacia la izquierda e interpeló a su acompañante. El cual, viendo la potencial furia del cautivo egregio, se atajó diciendo:

-Sócrates, deja la violencia, que así me lo dicta Príapo, de cuyos atributos no hay quién dude en el Helesponto. Además, yo he leído tus Obras Completas, que me regalara Menón, el liberto de Anillaco...

Lo interrumpió el maestro,asqueado de corroborar su proximidad con Príapo, y así le habló con llaneza:

Dime Tucholipan, ¿cuántos dedos ves en mi diestra?, le dijo mientras replegaba el pulgar sobre la palma.

-Cuatro, patriarca  de Xantipa.

-¿Acaso un pulgar deja de ser dedo o de estar inserto en la mano, sólo por replegarse sobre sí mismo? Estás peor que Alcibíades, que creía en las encuestas preelectorales. Escrito está que un ciego no debe ser guía de otro ciego. ¡Abandona el sacerdocio de Afrodita y convierte al Dios Venidero!

Y ahora, para que veas la realidad tal cual es, y que un pulgar o dedo gordo sigue perteneciendo a la mano, y la mano a su cuerpo,con sus cinco falanges, y el cuerpo respondiendo al alma, cuya inmortalidad probaré mañana, en esta misma celda. Ahora, ¡lígate esta realidad que mis cinco dedos te prodigan!.

Y un sonoro y terrible bofetón hizo rodar por el piso a Tucholipán, mientras Protágoras hacia mutis por el foro, y los discípulos, ya presos de la hybris, enhebraban rimas indecorosas contra Hermafrodito.

-Se lo adverí alguna vez a Calicles –remató Sócrates enhiesto en su taburete jónico- la solución metafísica de los dos contrarios paradojales sobre la violencia tiene una sola alternativa: más vale dar que recibir. ¡Candado, cinco minutos cumplidos!. Saca de mi vista al achuchador.

Por volver al diálogo estaban todos, cuando pidió la palabra Aristodemo, con indisimulada preocupación interior.

-Habla, que es tiempo de partir.

-Maestro, tú le has pedido a Critón, como cuadra, que no nos olvidemos de sacrificar un gallo a Esculapio.

-Como cuadra, bien dices; que la Tradición debe ser bien servida por nuestros ritos ancestrales, sin ceremonias pachamámicas como las que practica Pontificem Peronio.

-Pero ocurre que gobierna Atenas el tirano Vegano, y ha declarado que los gallos son violadores de lesa gallinidad, y que ni una menos por las gallinas, sea bajo la forma clásica del pucherito o del guiso. De resultas que los galliformes están todos presos, maestro. Hemos interpuesto un habeas gallo, para liberar siquiera al de nuestra ofrenda a Esculapio, pero Zafaroni no les concede siquiera la prisión corralaria.

-Comprendido. Haréis esto mis amigos. Esta misma noche, bajo el amparo de las sombras y guiados por Critón, liberáreis un gallo. Para lo cual, si es necesario, consultaréis los pormenores de la maniobra al Gordo Valor. Y tras mi óbito, Esculapio será servido, como Dios manda. Alguien tiene que conservar las tradiciones.

Esa misma noche, los diligentes discípulos, trazaron el plan de operaciones para la liberación del gallo. El plan tuvo por nombre: “Operativo Otto Skorzeny”.


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domingo, 6 de octubre de 2019

Combate por el Reinado social de Cristo - Christian Lagrave



Tercer Anexo al trabajo de Flavio Mateos: “Sobre la democracia”

¿QUÉ PUEDEN HACER LOS COMBATIENTES DEL REINO SOCIAL DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO?

Christian Lagrave



Conclusión del folleto “La acción política cristiana. Las fuerzas en presencia en el combate actual”, Action familiale et scolaire, Paris, 2007.



Una cuestión crucial se nos plantea ahora: el combate que lleva en este momento el enemigo ¿va a avanzar sin problemas y llevarnos al Anticristo, o el enemigo, como ha ocurrido a menudo en la historia, va a conocer una derrota tanto más espectacular como cierta parece su victoria? Dicho de otra manera, los dos siglos de derrotas sucesivas que sufrimos desde 1789, ¿van a terminar por el reino del Anticristo, o por el del Sagrado Corazón de Jesús?

¿Combate espiritual o combate temporal?

En la revista Le Sel de la terre n° 47, p. 212-213, encontramos un destacado análisis de una conferencia de Louis Jugnet titulada “El fin de una civilización” y pronunciada el 24 de febrero de 1959. Jugnet se hacía entonces la pregunta concreta: ¿qué hacer?

Es acá, respondía él, que las divergencias se manifiestan entre aquellos que han comprendido el colapso del famoso “mundo moderno”. Está en nosotros intentar comprender sus actitudes diversas, y a continuación ver si podemos armonizarlas.

Distinguía a continuación cinco posiciones entre los contrarrevolucionarios de la época. Pero la situación ha empeorado considerablemente desde entonces, y, si uno intenta adaptar el análisis de Louis Jugnet a nuestra situación actual, nos apercibimos que no hay más que tres posiciones razonablemente posibles, que se pueden resumir así:

1) El fin de los tiempos y la parusía están próximos (se encuentran cada vez más y más signos convergentes, como la apostasía generalizada, la subida del mundialismo, el carácter espantoso y múltiple del error y del mal, etc.) Consecuencia: la lucha temporal es inútil, todo va a ir de mal en peor, concentremos nuestros esfuerzos sobre lo espiritual.

2) El colapso global de la civilización moderna permitirá el nacimiento de una nueva civilización cristiana, gracias a los actuales islotes de resistencia.

3) Las fuerzas temporales de Francia y del Occidente son aun “salvables” como lo afirmaban Maurras y la escuela de la Acción francesa; una resistencia temporal, aun violenta, puede ser eficaz.

Ahora bien, esas tres posiciones no son contradictorias sino complementarias y las podemos armonizar. La obra de Jean Vaquié –en particular sus “Reflexiones sobre los enemigos y la maniobra”- nos va a ayudar.

Es muy posible que el fin de los tiempos y la parusía estén próximos, pero no es seguro. Jean Vaquié, por su parte, no lo creía. Él pensaba que el tiempo del Anticristo no era aún llegado, pero que la “Gran Obra” de la Babel moderna (establecimiento de un gobierno mundial inspirado por un espiritualismo luciferino) estaba destinado a colapsar lamentablemente después de haber alcanzado la victoria total.

En consecuencia, aun si todo continua yendo de mal en peor durante un cierto tiempo, nosotros no tenemos el derecho de decretar que la lucha temporal es inútil; pero, como es necesario que Dios sea el “primer servido”, nosotros debemos llevar prioritariamente nuestros esfuerzos sobre lo espiritual, es decir a la conversión personal, la oración y el combate en el dominio religioso. En efecto, si nuestro combate temporal no está fundado sobre la vida eucarística, si no nos lleva a la vida sobrenatural de Cristo en nosotros y por lo tanto a nuestra unión con Dios por la gracia santificante, entonces no tiene sentido. Vigilemos y oremos, para que todas nuestras acciones sean conducidas por la gracia divina y no tiendan sino a cumplir las reglas de la divina justicia.(1)


Las condiciones de la resistencia

Si la obra perversa de la Contra-Iglesia está destinada a un próximo colapso, este último se acompañará probablemente de otros dos: el de la civilización moderna (la que los papas han condenado constantemente hasta el Vaticano II) y la de la nueva religión salida del Vaticano II (la cual no es más que el ralliement de la Iglesia a la civilización moderna). Eso permitirá efectivamente el nacimiento de una nueva civilización cristiana, gracias a los actuales islotes de resistencia. Pero eso supone que esos islotes hayan sido mantenidos y aun reforzados, lo que entraña de nuestra parte dos tipos de combates:

1°en principio un incesante combate en el dominio intelectual para evitar la subversión de esos islotes por las doctrinas perversas que la Iglesia siempre ha condenado –doctrinas que renacen continuamente bajo máscaras diferentes, que son apoyadas por todos los poderes temporales y que son vehiculizadas por todos los agentes de la Contra-Iglesia infiltrados en nuestras filas; lo esencial es mantener la rectitud doctrinal: difundir la buena doctrina y combatir las malas;

2°un combate temporal si es necesario, no debe ser ofensivo (lo que sería una locura dada la desproporción de nuestros medios con los del adversario), sino defensivo cuando se trate de mantener las fuerzas temporales que permiten la existencia de los islotes de resistencia. Dicho de otra forma, cuando la persecución amenace destruir físicamente esos islotes, si las condiciones fijadas por la teología clásica para la legítima resistencia a la opresión son cumplidas, el combate temporal, aun violento, puede ser considerado.

Pero dos virtudes son necesarias para llevar eficazmente ese combate: la prudencia y la humildad. Ellas han sido siempre indispensables y desgraciadamente ellas no han sido –no lo son siempre- muy raramente practicadas por los combatientes antisubversivos.


Contra-Revolución y prudencia

La prudencia consiste siempre en practicar una justa estimación de nuestras fuerzas y de las del adversario, por lo que es necesario siempre tener informaciones para conocer –tanto como se pueda- los hombres y las tácticas empleadas por el enemigo; porque esas tácticas no varían; ellas se resumen esencialmente en tres -primo: la infiltración del enemigo en nuestras filas por agentes diestros y astutos (a menudo masones), secundo: la corrupción de nuestras ideas por una hábil propaganda (a menudo gnóstico-ocultista), tertio: el agotamiento de nuestras fuerzas en acciones dedicadas al fracaso desde su misma concepción (ejemplo: el combate electoral).

He aquí lo que escribía la RISS de Mons. Jouin en 1930:

La […] masonería siempre ha batido a sus adversarios por el mismo medio: la introducción de elementos de desorden hábilmente camuflados en los organismos creados contra ella, esos elementos secretos actúan poderosamente y secretamente para destruir el poder de acción anti-masónico. Por lo tanto ¡prudencia! No es necesario agregar más que elementos seguros y no lanzarse en una obra nueva sino después de haber pedido consejo y conservando un contacto estrecho con aquellos que ya han hecho sus pruebas y están por encima de toda sospecha. (2)

Este consejo será muy particularmente útil a los jóvenes militantes.


Contra-Revolución y humildad

De una manera general la Contra-Revolución debe proceder con discreción en el dominio político; debe llevar el combate del débil contra el fuerte, es decir un combate de guerrilla: ser a los ojos del enemigo lo menos visible que se pueda; comprometerse sabiamente y a un golpe seguro después de una cuidadosa preparación; no combatir sino en el terreno que uno ha elegido y no en aquel al cual el enemigo nos quiere atraer. Haría falta tener siempre en el espíritu el consejo del estratega chino Sun Tzu en su Arte de la guerra:

La suprema táctica consiste en no presentar una forma que pueda ser definida claramente. En ese caso, usted escapará a las indiscreciones de los espías más perspicaces, y los espíritus más sagaces no podrán establecer un plan contra usted. (3)

Esta voluntad de oscuridad será igualmente un excelente ejercicio de humildad; esta virtud nos recordará siempre que nosotros no somos, delante de Dios, más que servidores inútiles. Que la omnipotencia de Dios es sola capaz de derrocar los planes del demonio y sus servidores, y que si Él quiere que nosotros combatamos, es en principio para nuestra propia santificación.

El combate que nosotros llevamos debe siempre tener a Dios como principio y como fin -¡Dios primer servido!- y no nuestra vanidad, nuestro orgullo primer servido, o nuestra voluntad de poder. La obra de Dios debe hacerse en principio en nuestras almas; ahora bien si estamos llenos de nosotros mismos, ¡no quedará lugar para Dios!

Y si nosotros somos tentados, a veces, de perder ánimo, acordémonos siempre de la promesa de Nuestro Señor Jesucristo en Paray-le-Monial en 1689 “Yo reinaré a pesar de mis enemigos” y del anuncio de la Santísima Virgen en Fátima en 1917 “Al fin mi corazón inmaculado triunfará”; esas promesas no han sido hechas en vano. A nosotros nos toca, apoyados sobre la Fe, animados por la Esperanza e inspirados por la Caridad, combatir para hacer avanzar su realización.

  

Notas:
(1)Se leerá, o releerá con provecho El alma de todo apostolado, de Dom Chautard, Jesucristo vida del alma de Dom Marmion e Historia de un alma de Santa Teresa del Niño Jesús.
(2)Revue Internationale fdes Sociétés Secrètes, tome XIX, année 1930, n° 37, 14 septembre 1930, p. 878.
(3)Sun Tzu, L’Art de la guerre, article VI, “Du plein et du vide”.


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viernes, 4 de octubre de 2019

Un capítulo impublicado de “El Nuevo Gobierno de Sancho” – Antonio Caponnetto


El Pastor Besuqueiro
Transcripto por Antonio Caponnetto
In memoriam de Aníbal D´Angelo Rodríguez



Apenas pudo el sanguíneo Helios asomar desafiante en el cielo argento, tras emanciparse de sus edípicos padres Hiperión y Tea, tostó la testa monda y lironda del Gobernador, quien a la sazón se hallaba rumiando el último “Avemaria” del primero de los Gloriosos.

En rascarse la oreja izquierda con la mano diestra andaba (guardando recato este juglar sobre otras rascaduras), cuando de pronto llególe a los oídos un crepitar de cuerdas desafinadas, cuyo responsable era un ente carnoso, de fisonomía tan híbrida que desconcertó al Primer Insulano.

-“Ya me decía mi señor Don Quijote que los ciclanes existen”, le farfulló Sancho a su Edecán de Turno.

-Edecán de Turno: ¿Quiénes son los ciclanes, Esplendencia? Aquí sólo se conoce el ciclón de San Lorenzo, de quien es devoto a rajatabla su Santidad Vergolfo I.

-¡Cállate zopenco! Se nota que no eres un analfabeto como yo. Si no, hubieras escuchado cantar al divino Homero, acerca de aquella raza temible de monstruos unitesticulares, como los chanchos monórquidos.

-Edecán de Turno: ¡A la pucha, Majestad!, me sorprende usted con su refinamiento idiomático. ¿Acaso ha tomado clases con el Conde Diego Armando?

-Cuanto sé de estas bestias sin atributos normales en sus partes pudendas, lo he aprendido en el chiquero de mi finca; que a quien tiene porqueriza/lo educará su nodriza; y entre mucha cochiquera/no es necesaria la escuela, y en el corral, de bedel/trabajaba Baradel y...

Interrumpiendo la conocida e irrefrenable adicción a la paremiología del Máximo Regidor, el Edecán le espeta con cierta premura de súbdito diligente: “Su Magnificencia, dispense usted, pero el ciclano éste, o como se diga, quiere verlo. Dice llamarse Tucho, tener un obispado en la aldea La Guita, y se siente perseguido por los reaccionarios de la susodicha comarca”.

-No sabía que aún quedaban reaccionarios en estos confines. ¿Son de Tacuara? ¡Qué pase! Aquí no se le niega el asilo a naides, sea hermafrodito, obispo, farinelli o metropolita. Que a cada quien yo escucho/aunque se tenga por Tucho...

Fue así que ingresó en la Sala de Primeros Auxilios Institucionales, un pelado torvo de chomba gris, calvicie sospechosamente lustrosa, gestos amadamados, boca achupetada y párpados abricerrados. A juzgar por el hedor que emanaban sus bragas, era posible adivinar que, en el trayecto hasta la Comandancia el infeliz se había desgraciado o padecía el síndrome crónico de colitis emotiva.

 Lo secundaban nigromantes y arpías, súcubos y pécoras, íncubos y zahoríes, cada quien con su zorongo verde cruzado sobre lo que antiguamente se conocía con el nombre de pecho, pero que por semántica sexista derivó en peche o caje toracique.

Abusando de la confianza, y contra todo protocolo, el mitrado guitarrero de La Guita, tomó la palabra y díjole a Sancho:

-“Celsitud. Me llamo Fernández, aunque sé que no es buen momento para apellidarse así. Mi especialidad son los ósculos sanadores, por lo que algunos me conocen como “El Osculense” o “La Carantañona”. Pero no estoy aquí para blasonar de ternezas sino para explayar un quejido y reclamar sanciones, ¡o noble retoño de Baco!

Sabrá usted que durante siglos la Iglesia toleró la esclavitud; que enseñó además que los indios no tenían almas; que sus jerarcas de  insuperado cuño medieval no fueron sino machos que acusaron a la mujer sin razón; que sostuvieron que los templos son la casa de Dios y no del pueblo; que cometieron el pecado horrendo de declarar guerras justas contra los plausibles partidarios de una sociedad inclusiva, plurisexual, omniorificial, polifornicataria y pos verdad; y  sabrá usted, imagino, que debatiéndose contra el patriarcado opresor, y contra el hambre aborigen, rectamente saciado con el canibalismo, Fray Bartolomé de las Casas fue santo súbito, en prueba de lo cual le traigo una estampita con su cara y una jaculatoria de Pablo Neruda...”

Aguantó hasta aquí el Gobernador la glosolalia y la lagotería del visitante, e interrumpiéndolo con un gesto universal de “¡finishela!”, se dirigió de soslayo al Dr. Wikipedia, su Consejero y Asesor En Cultura Universal, ante lo cual los restantes miembros de la corte también se volvieron de soslayo.

-Dígame, maestro, ¿quién este Nervuda o Ners Buda que menta el ciclán?

-Es un poetastro chileno, Mi Sublimidad. Para más señas judío, stalinista y espía soviético y diz que dice alguno que de costumbres heterodoxas para un viri probati, como predica Monseñor Sánchez Amazonia.

-No he probado ni pienso probar esos “viris” –acotó Sancho- ni me ando leyendo versitos que, ¡bendito sea Dios! soy ágrafo e iletrado,y a mucha honra. Pero que ahora quiera la Capitanía de Chile volver a invadirnos de mapuches y aymarás, y encima canonizadores, valiéndose de este clérigo zote, no ha de consentirlo el marido de mi esposa, Teresa Panza.

Al oír las palabras “marido” y “mi esposa”, la caterva verdosa que acolitaba al Tucho, empezó a dar pruebas de descompostura facial y esfinterial, extremos corporales que, para el caso, eran exactamente lo mismo.

Sobreactuando el aplomo, más sin disimular el desagrado o la tirria, Sancho se acercó al Pastor Besuqueiros, con su mano derecha agarrada al facón y en la otra posando ostensiblemente el escapulario del Carmen, e interrogó de este modo al prelado de La Guita:

-Dime so pedazo de tarugo, ¿cuántos concilios menciona mi compadre Balmes, durante los cuales la Santa Madre Iglesia condenó la esclavitud? ¿Cuántas fueron tus diez últimas novenas a San Pedro Claver, San Pedro Nolasco o San Toribio de Mogrovejo? ¿Has estado en Valladolid cuando, siguiendo las órdenes de mi Señora Santa Isabel, se consignó que los indios eran creaturas como los aquí presentes, excepto tú y la recua que te apadrina? ¿Has asistido a San Bernardo capitaneando a los Templarios o a San Juan de Capistrano, llevando preces y mandobles por doquier, o a Raimundo de Fitero a la vanguardia de los Calatravenses? ¿Has visitado de hinojos los miles de altares consagrados a santos y mártires guerreros? ¿Te han enseñado en las clases de catecismo de tu parroquia: Génesis I,27, Efesios 5,23, Mateo 10,34 y Lucas 22,48? ¿Conoces la historia de la Macabea y de Judith, la de Juanita de Orleans y mi vecina carmelitana de Ávila?

¡Respóndeme mentecato, memo, alcornoque y cernícalo! ¿A mí no me respondes? No sabes que Dios Nuestro Señor me ha conferido el poder para crear en esta ínsula amada el Ministerio de Patadas en el Trasero, fungiendo de Prefecto, a perpetuidad, el irrefrenable Braulio? ¡Respóndeme, te conmino! ¿No fue el Dios de los Ejércitos el primero que estipuló una resistencia contra los ángeles caídos? ¿No fue el glorioso Mikael el que ejecutó la más grande contraofensiva jamás vista para pelear contra el sotreta de  Mandinga?

Apabullado por las preguntas de Su Esplendencia, que le salían a borbotones, como tinto de damajuana en peña mendocina, y más turbado que otras veces, Tucho quiso apelar a su especialidad, la mimología; y empezó a soplar besitos al aire de octubre, en la Comandancia misma del Supremo. No lo hubiera hecho. De pronto, las manos del Prefecto Braulio, envueltas en unas anchas mangas rojo punzó, atenzaron el cogote del pastor besuqueiro, y lo llevaron, a fuerza de coceaduras y voleas, hasta el calabozo más cercano.

Entonces, y tomándose un respiro en jarra grande, Sancho I promulgó la siguiente

Sentencia:

“Considerando que los obispos tienen alma, aunque esté reducida a un sustantivo abstracto; que son culpables de privar a la gracia de la naturaleza, aquélla la cual sobrevuela en vano buscando a la otra para posarse; que el último examen que aprobaron cum laude fue el de pipí; y que antes prefieren ofender a Dios que la muerte, la añadidura al Reino y la cizaña al trigo. Considerando a lo agregado ut supra, que el susodicho Tucho debió ser colafizado que no emponderado, y que su obsecuencia seguida de felonía tiene antecedentes graves en el Huerto de Getsemaní, se resuelve:

I.-Mantenerlo en el calabozo sine die, durante cuya estancia en él ayunará y rezará, estudiando ambas Summas y la Patrología griega, en su idioma fontal.

II.-Obligarlo a tomar clases de historia con el Lobizón Cuyano, quien queda  autorizado desde ya por esta pragmática a darle con el puntero en las yemas, cada vez que yerre, desbarre u opine.

III.-Suspenderle el ejercicio del santo ministerio, hasta que no aprenda a oficiar los ritos tridentino, mozárabe y visigótico, para lo cual se le pone de tutor  al Eparca Víctor Vas terrechian.

IV.-Enviarlo una vez al año, con tobillera radarizada, al Encuentro Nacional de Mujeres, y dejarlo en medio dellas con una pancarta celeste que diga: ¡Viva el Patriarcado! Comando Cacho Castaña.

V.-Será justicia.

Leído que fuere el veredicto con la solemnidad y la pompa que el caso ameritaban, aplaudieron los presentes, fugáronse los abisales verdes, restablecióse la calma, y el Gobernador dio la señal de los festejos. Los cuales consistieron ese día  en el cierre de Santa Marta, una fogatina con  Nostra Aetate y Amoris Laetitia, la declaración de la insula como el Primer Estado Gibelino y Cesaropapista, y 21 cañonazos desagraviando la Catedral de La Guita. Los cuales serán arrojados en tres tandas de siete, por Los Colorados del Monte, el General Enrique Gorostieta Velarde y el noble Henri de La Rochejaquelein.



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Novedad editorial: Lecciones políticamente incorrectas - Antonio Caponnetto






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jueves, 3 de octubre de 2019

La acción contra-revolucionaria - Jean Vaquié



Segundo Anexo al trabajo de Flavio Mateos: “Sobre la democracia”

LA ACCIÓN CONTRA-REVOLUCIONARIA
Jean Vaquié




(Fragmento del editorial de
Le Sel de la terre n° 58, Otoño 2006)


En un folleto titulado La Batalla preliminar (1), Jean Vaquié (1910-1992) distingue dos batallas: la inferior y la superior. Aquí lo que dice:


Nosotros debemos en principio combatir para conservar las últimas posiciones que nos quedan. Es necesario de toda evidencia y de toda necesidad, conservar nuestras capillas, nuestros monasterios, nuestras escuelas, nuestras publicaciones, nuestras asociaciones, y más generalmente nuestras esperanzas de salvación y la ortodoxia de nuestras doctrinas. Estamos así implicados en una serie de combates conservadores de pequeña amplitud a los cuales no sabríamos sustraernos (…)

Pero por encima de eso innumerables compromisos conservadores, una batalla más importante aún, ha comenzado por la cual el objetivo es el cambio de poder (…) “Yo reinaré a pesar de mis enemigos” (…) Podemos estar seguros que hoy Nuestro Señor opera misteriosamente según su manera habitual, en vistas de extirpar el poder de la Bestia y de instaurar su propio reino. Este misterioso combate, del cual Él es el agente principal, constituye la batalla superior, la del objetivo principal.


Jean Vaquié explica a continuación la naturaleza de cada una de esas dos batallas. En efecto, importa no confundirlas, aun cuando ellas se libran al mismo tiempo y son realizadas por las mismas personas, porque en los dos casos la manera de actuar es bien diferente.


A propósito de la batalla inferior, retengamos esto:


La batalla de cada día consiste en mantener la luz en medio de la noche.

Es necesario que el Maestro, cuando venga, nos encuentre “velando”. Es lo que nos pide.

A.  Esta batalla se libra sobre objetivos secundarios.

B.    Ninguna asistencia divina excepcional le está prometida.


En cuanto a la batalla superior,


Se propone un doble objetivo:

-la extirpación del poder de la Bestia

-la restauración del poder del derecho divino.

Ahora bien, ese doble objetivo es radicalmente imposible de alcanzar por la minoría reaccionaria actualmente subsistente, neutralizada como está por el aparato masónico.

A. Ella es llevada por la misma minoría sobre la cual pesa ya la batalla inferior.

B. Ella se terminará por un milagro de resurrección.


Hay entonces dos batallas: llevamos la primera con nuestras propias fuerzas (ayudados por supuesto por la gracia de Dios), pero la segunda depende de la iniciativa de Dios. En el lenguaje de Santo Tomás de Aquino, uno diría que en el primer caso Dios nos da su gracia cooperante, en el segundo su gracia operante.


Sin embargo, en esta segunda batalla, no se trata de esperar sin hacer nada. Para preparar la intervención de Dios, nosotros debemos en principio trabajar para conservar la fe:


Dios se reserva siempre un “pequeño número” donde Él pone la fe como en reserva. A menudo es incluso a un solo hombre que Él la confía. Por ejemplo Moisés no tenía más que su bastón, y su fe, para hacer salir a los Hebreos de Egipto. Del mismo modo, David no tenía más que su honda y su fe, para vencer a Goliath. Igualmente, en tiempo de la Encarnación, una sola familia era perfecta, la Sagrada Familia.


A continuación, debemos librar la “batalla preliminar”, que consiste en rezar y hacer penitencia para obtener la intervención de Dios:


Hay que quitar el obstáculo que impide a Dios intervenir. Y ese obstáculo, es la insuficiencia de nuestros deseos y de nuestras oraciones.


Esta distinción de las dos batallas permite comprender el error estratégico cometido por aquellos que esperan obtener el cambio de poder (objetivo de la batalla superior) por pequeños combates que nos permitirían ganar terreno poco a poco (2) He aquí la reflexión de Jean Vaquié, que nos parece muy justa:


Venimos de marcar la diferencia entre por una parte los objetivos secundarios, o sea el mantenimiento de las últimas posiciones tradicionales que constituyen el asunto de la batalla inferior, y por otra parte el objetivo principal, o sea la extirpación del poder de la Bestia que es el asunto de la batalla superior.

Muchos no querrán admitir esta distinción. Dirán y dicen ya: “No hay dos batallas, no hay más que una. El cambio del poder no puede resultar más que de la sucesión de pequeñas victorias elementales del combate día a día. Este cambio es un asunto de largo aliento, nuestro ascenso no puede ser sino muy lento. Es utópico dar por descontado un desenlace repentino”.

Los jefes de grupos que razonan así van a llevar su esfuerzo principal sobre los objetivos secundarios, allí donde nuestros adversarios los esperan, fortalecidos por su legalidad socialista.
Nuestros adversarios, en efecto, buscarán, como hacen de ordinario, hacernos perder nuestra sangre fría y hacernos entrar en la violencia (o al menos en el activismo).


Al final de este breve análisis del texto de Jean Vaquié, podemos sacar la siguiente conclusión:


Debemos llevar una doble batalla: la batalla de conservación de los islotes de cristiandad y la batalla preliminar de oración y de penitencia. Pero es ilusorio y peligroso lanzarse a acciones de envergadura para retomar el poder (3). Eso no podrá hacerse más que en la hora señalada por Dios.
  


Notas:

(1)-Aparecido por primera vez en Lecture et Tradition, enero 1990, y reeditado por De Rome & D’Ailleurs 156, enero 1999, después por L’Action familiale et scolaire (2001).
(2)-Esos pequeños combates no son sin embargo a desdeñar, porque forman parte de la batalla de mantenimiento. Ellos permiten a veces obtener reales victorias: la historia de la Tradición desde hace cuarenta años es la prueba. Pero la ilusión consiste en pensar que sumando pequeñas victorias uno terminará por obtener el cambio de poder. La batalla superior es de otra naturaleza que la batalla inferior.
(3)-Eso no quiere decir que los católicos no deban comprometerse en el plano político. Mons. Lefebvre (…) recuerda ese deber siempre imperioso. Sin embargo, dadas las circunstancias actuales los resultados serán forzosamente limitados (por ejemplo al nivel de un municipio). El retorno al reino de Cristo-Rey a nivel nacional e internacional no podrá hacerse sin una intervención especial del cielo: es lo que Jean Vaquié llama la batalla superior, que coincidirá sin dudas con el triunfo del Corazón Inmaculado de María prometido en Fátima.





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