San Juan Bautista

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domingo, 29 de marzo de 2026

Domingo de Ramos (1963) – P. Leonardo Castellani

 


Cuando se aproximaron a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, entonces envió Jesús a dos discípulos, diciéndoles: «Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis un asna atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, diréis: El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá.» Esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del profeta: Decid a la hija de Síón: He aquí que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asna y un pollino, hijo de animal de yugo. Fueron, pues, los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado: trajeron el asna y el pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!»

(Mt. 21, 1-9)

 

El Evangelio de hoy es el de la entrada triunfante de Cristo en Jerusalén, que narran los cuatro Evangelistas, dándonos un cuadro completo. Es un triunfo, pero es un triunfo humilde, tal como había dicho el Profeta Zacarías:

“¡Alégrate con alegría grande, hija de Sión!

¡Salta de júbilo, hija de Jerusalén!

He aquí que tu Rey viene a ti, humilde y manso,

Sobre un asna y el hijo de la subyugada.”[1]

En realidad, sobre el hijo de la subyugada venía Jesucristo, sobre el burrito, que los españoles llaman pollino. Los hebreos no desdeñaban, incluso los Reyes, montar en burros, que son allá de mayor alzada que los de aquí. Aquí no tendría sentido ver a un Presidente montado en un burro; aunque quizá tendría más sentido de lo que creemos.

(Quiero decir que imitaría a Cristo en la humildad; y más si en lugar de granaderos y metralletas, tuviese alrededor niños y gente del pueblo cantándole alabanzas y agitando palmas).

Esto que vemos hoy es un “mob”, como dicen los ingleses, que se traduce "motín"; pero la palabra "motín" ha tomado en español el sentido malo, el sentido de sublevación y no de aclamación; de modo que hay que usar el argentinismo “pueblada”. Un “mob”, o sea, una "pueblada", es una aglomeración de pueblo en movimiento, cualquiera sea su motivo, o la ira o el entusiasmo; que hoy día solamente pueden hacerlas los militares, que según ellos, como han salido del pueblo, son el Pueblo; es decir, son la Democracia.

Esta pueblada del Domingo de Ramos, que gritaba: “Salud al Hijo de David”, es muy diversa de la otra del Viernes Santo, que gritó: “Crucífícalo.”[2]

Había ya muchísimos que creían Jesús era el Mesías; que fueron el núcleo de la Iglesia, pues vemos que el día de Pentecostés los Apóstoles bautizaron 3.000 personas, apenas San Pedro les anunció que había resucitado.[3]

Había aquí judíos de todas partes de Judea y también gentiles, como vemos en San Juan [4]; y los Apóstoles fueron el núcleo director de la manifestación, pues decían a todos los transeúntes y curiosos que Jesús acababa de resucitar un muerto, Lázaro de Betania[5]. Una pueblada tiene siempre un núcleo director que le da la dirección, buena o mala. La turba sabe amontonarse, pero por sí misma no sabe dirigirse, ¡y guay de que haya un amontonamiento de pueblo sin un buen núcleo director! Suceden las atrocidades de la Revolución Francesa.

Yo vi una gran pueblada en Roma en 1930 cuando el Comandante Balbo con su escuadrilla fue en avión al Brasil, y después volvió a Roma: se puso en movimiento todo el pueblo de Roma -varones- y se amontonó en la Plaza Venecia gritando: "¡Que hable il Duce!" Yo volvía de clase con los demás alumnos de la Gregoriana, y no me dejaron llegar a casa: lo cual no me pesó. Esta manifestación se formó tan espontáneamente como la de los Ramos; aunque estaban allí los camisas negras, pero simplemente guardaban el orden, no buscaban a la gente ni la traían en camiones[6]. ¿Cómo se formó? Lo supe muchos años después, en 1947, estando con el P. Gaynor en el balcón del Convento de San Silvestro, que da a la Plaza San Silvestro. Las plazas en Italia no son como las nuestras, no son jardines, son simplemente un baldío empedrado, una manzana sin edificios. De repente la plaza se llenó de hombres. - ¿Qué pasa? -Salen del trabajo, de las oficinas, las fábricas y las tiendas-, me dijo Gaynor.

- ¿Qué hacen? -Hablan entre ellos durante una hora; algunos se suben a un cajón y hablan a un grupo. Ésta es la verdadera democracia; este pueblo es el más democrático del mundo. -¿Cómo "democracia"?- le dije yo. -"Democracia", ¿no es votar? -Fíjese: si en este momento llegara aquí una noticia impresionante, toda esta masa se organizaría (surgirían los jefes naturales) y se dirigiría a la plaza próxima donde encontraría otra masa igual; y como una chispa en un pajonal, en poco rato toda Roma estaría en píe y se dirigiría a hacer algo, malo o bueno; pero casi siempre algo bruto; porque la multitud es un bruto con mil cabezas.

Así pasó el año 510 antes de Cristo, por ejemplo: corrió la voz en Roma que el Rey Tarquina el Soberbio había violado a Lucrecia, mujer de un noble, y ella se había dado muerte; antes de ponerse el sol el pueblo de Roma había matado al Rey Tarquina y se había acabado la Reyecía o Monarquía en Roma para durante cinco siglos justos.

La pueblada es el último recurso de la democracia y el más genuino. Hoy día no se puede hacer más, por lo menos en la Argentina y también en Inglaterra, donde Chesterton se queja ya no es posible ningún “mob”, desde el siglo XVII; hoy día con una ráfaga de metra se acaba cualquier pueblada. Esto también lo vi en 1934 en París: el Ministro Daladier, que se gloriaba de parecerse a Mussolini, incluso en el físico, con dos ráfagas de ametralladora y con 100 muertos, deshizo una multitud enfurecida que en la Plaza de la Concordia quería colgar a los Diputados de los faroles (escándalo Stavisky): “Les Députés a la lanterne!” (Entre paréntesis: esto nunca lo hizo Mussolini, que era un dictador; lo hizo un Ministro democrático).

Esta vez también me cortaron el camino al volver de clase y hasta me hicieron gritar, por contagio: “Les Députés a la lanterne!”.

Como ven, en el Evangelio se puede aprender de todo. Si hubiesen puesto a votación en Jerusalén si Jesús era el Mesías o no, probablemente hubiese sacado la mayoría, pero los Fariseos enseguida hubiesen hecho fraude. Pero con la pueblada deste día no podían hacer fraude. Así que se asustaron, dice el Evangelista, y decidieron, no dejar de matarlo, ciertamente, sino asegurar su muerte: que la prisión fuese secreta; el juicio y la sentencia, secretos; y la ejecución, a cargo de los romanos, que tenían lo que hoy serían ametralladoras[7]. Hasta hubo uno que se animó a decirle a Cristo: “¿No oyes lo que estos dicen? ¿No ves que te dicen 'Hijo de David', o sea, Mesías? ¡Hazlos callar!”, con lo cual confesaban que ellos no podían hacerlos callar. Jesús les respondió: “Si éstos callan, hablarán las piedras”[8] -lo que en efecto pasó: éstos callaron el Viernes Santo (no había nada que hacer con la Legión Décima de la fortaleza Antonia) y las piedras del Calvario se partieron el Viernes Santo[9]; y el Domingo siguiente, la enorme piedra-lápida voló del Sepulcro de Cristo[10].

De modo que no fue el mismo pueblo éste de hoy y el que el Viernes gritó: “Crucifícalo”; como suelen decir: "el pueblo es veleidoso e insensato, miren el relato de la Pasión de Cristo." (Así dijo el gran músico Beethoven). No. Este pueblo fiel, el día de la Crucifixión estaba escondido o apartado a lo lejos, como los Apóstoles mismos.

Era otro pueblo: era una manga de curiosos, vagos, holgazanes, indiferentes o enemigos de Cristo; al cual para hacerlo gritar: “Crucifícalo”, bastó que los Fariseos le dijeran la misma mentira que dijeron a Pilatos: "Este hombre se ha sublevado contra el César; si lo dejamos libre, vendrán los ejércitos romanos y destruirán nuestra ciudad"; que fue justamente lo que les pasó 40 años después; pero no por dejar libre a Cristo, sino por matarlo. Si hubiesen dejado libre a Cristo, no les pasara. Jerusalén no habría sido destruida y sería hoy lo que es Roma. La tremenda maldición que se echaron encima: “Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”[11] -les cayó.

En fin, lo que quería decirles es que Jesucristo aceptó -y Él Mismo preparó- este efímero triunfo de niños y de gente pobre porque sabía que era verdad: sabía que era Rey y que había de ser Rey para siempre, sabía de su Pasión y Muerte, pero sabía también su Resurrección y la Resurrección de todo el Mundo: la Resurrección de la Carne. Y así, con grande y animoso corazón, aceptó estos loores y alabanzas, como acepta nuestros humildes actos de fe cuando lo reconocemos por Rey, apesar de todos los pesares. Un pintor cristiano, Hole, ha imaginado que se encontró al entrar en Jerusalén con Pilatos, el cual salía sentado en una litera llevada por cuatro gigantescos esclavos negros y con gran escolta a caballo; que Pilatos lo miró de arriba abajo y Jesucristo lo miró de abajo arriba: el Centurión que mandaba la escolta iba a ser más tarde un Obispo suyo. Ésa es su Reyecía.

Cantemos con los niños hebreos, como canta la Iglesia:

"¡Salud al Hijo de David!

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

¡Hosanna en las alturas!"




[1] l. Zac. 9, 9.

[2] Lucas 23, 21; Juan 19, 6,15.

[3] Hechos 2, 37-41.

[4] 12, 20-21.

[5] Juan 11, 1-44.

[6] Perón estaba allí y la vio, creo (Tachado en el original).

[7] Mateo 26, 3-5.

[8] Lucas 19, 40.

[9] Mateo 27, 51.

[10] Marcos 16, 4.

[11] Mateo 27, 51.

 

 


viernes, 2 de enero de 2026

Cuarto Misterio Gozoso - P. Leonardo Castellani

 


A los 40 días de nacido Jesús, subió la que ya era la “Sagrada Familia" de Belén a Jerusalén, a cumplir en el Templo la ceremonia de la Presentación y la Purificación. Según la ley de Moisés todo hijo primero debía ser entregado a Dios; y después rescatado por sus padres con cinco monedas de cobre llamadas "ciclos" o círculos; y toda mujer que había dado a luz debía ir a recibir una bendición del sacerdote y ofrecer a Dios un sacrificio de un cordero y una paloma; o de dos palomas si era pobre. María Purísima no necesitaba ser purificada, y este Primogénito, que era Dios, no necesitaba ser entregado a Dios; pero los ritos fueron observados, y allí sucedió otra de las "explosiones” religiosas que dijimos: un anciano llamado Simeón y una anciana llamada Ana Ben Fanuel reconocieron por revelación al Salvador de Israel; y no solamente prorrumpieron en alabanzas a Dios, sino que hicieron correr la gran noticia o "buena-nueva", contándola a muchos otros.

Puede ser que Simón haya sido el sacerdote que "tomando al Niño en brazos" lo levantó al cielo ofreciéndolo a Dios, como lo han figurado los pintores cristianos. Era un varón justo y piadoso a quien el Espíritu había revelado no moriría sin ver antes al Ungido del Señor; y el mismo Espíritu de Dios lo llevó al Templo y se lo mostró; por lo cual lleno de gozo alabó a Dios improvisando el siguiente cántico:

Ahora Señor te llevas a tu siervo en paz

Según tu promesa

Porque ya han mirado mis ojos

Al Salud-Dador tuyo

Que nos diste ante la faz

De todos los pueblos

Luz que ilumine a tos Gentiles

Y gloria de Israel tu pueblo.

Y volviéndose a la Virgen María profetizó diciendo:

Mira, este ha sido puesto

Para tropiezo de muchos

Y resurrección de muchos

Y para blanco de contradicción

En Israel

Una espada traspasará tu alma

Y serán descubiertos tos secretos

De muchos corazones.

Siete espadas halló el pueblo cristiano que fueron, en la invocación de la Virgen de los Dolores; que los ingleses llaman Nuestra Señora de las Siete Espadas.

En ese momento estaba allí Ana hija de Fanuel que tenía 84 años y había vivido viuda cerca de 60 años, sirviendo a Dios “en ayunos y oraciones" y sirviendo en el Templo " de donde no salía' dice san Lucas. Sirviendo ¿de qué? ¿De estorbo? Porque para vestir santos no era el caso, pues los judíos no tenían imágenes de santos ni vestidas ni no vestidas; al contrario, las tenían prohibidísimas. Lo probable es que enseñara el Catecismo, es decir, la Biblia; como indica ese nombre de “ profetisa” ; lo cual se puede hacer incluso a los 84 años; pues la educación judía consistía entonces en aprender de memoria los "recitados” de la Biblia, o algunos dellos; y después escuchar las explicaciones de los "rabinos" o doctores; como veremos en el 5º Misterio.

El santo viejo Simeón dijo que Cristo venía para ser luz, revelación y gloria "de todos los pueblos", no solamente de los Judíos sino también de los Gentiles; e incluso puso a los Gentiles por delante; como san Mateo, que era judio, cuenta la adoración de los Reyes Magos, en tanto que san Lucas, que era gentil, cuenta a su vez la adoración de los pastores judíos. Esta era una verdad dura para los judíos, los cuales querían la prerrogativa y como si dijéramos el monopolio de la Salvación; a pesar de que todos los profetas, encabezados por Isaías, habían pregonado esta misma verdad. Tan duro les era a los judíos esto de que los mismos "gohim" iban a entrar en el Reino de Dios, que aún después de la muerte y resurrección de Cristo; y de su mandato de “id y enseñad a todas tas gentes”, hubo dificultades; y fue necesario a san Pedro mismo tener un sueño o visión que se lo mandara, para que se decidiera ir a Joppe a bautizar a un militar romano con toda su familia; olvidado ya quizás de que el mismo Cristo había elogiado al Centurión romano de Cafarnaúm, diciendo: "De verdad os digo que entre vosotros no he encontrado tanta fe como en este gentil; de verdad os digo que muchos vendrán del Oriente y del Occidente y se sentarán en el Reino de Dios con Abrahán, Isaac y Jacob; y muchos ahora hijos del Reino, serán arrojados fuera".

Nosotros que somos hijos de la Gentilidad hemos sido recibidos felizmente en la fe y en la Iglesia de Cristo; y los hebreos que rechazaron al Mesías Jesús fueron arrojados fuera; ¡y de qué manera! ¡Y por cuánto tiempo! Pero nosotros también si somos infieles, seremos arrojados fuera; y está escrito que algún día los judíos volverán a entrar; porque para Dios lo mismo es Pedro que Juan; y la salvación eterna no depende de la sangre ni de la raza, sino de la buena voluntad del hombre.

Cristo fue realmente como dice Simeón, un estandarte, un signo de lucha; y por él se revelan los secretos del corazón de muchos; porque lo que es cada hombre por dentro, se manifiesta en la posición que toma con respecto a Cristo y su doctrina. De modo que aunque El ha venido.

no para mal de ninguno

sino para bien de todos

en cuanto es de su parte, de hecho ha venido también para tropiezo y ruina de algunos —por culpa delios.

El Evangelio no tiene pelos en la lengua, ni la menor sensiblería o blandenguería. "Dichoso el que no tropieza en mi' — dirá más tarde Cristo. El no atropella a nadie; pero el que se encuentra con él, o lo acepta o tropieza. ¿Y el que no lo encuentra? Todo hombre con uso de razón lo encuentra de algún modo y en algún momento de su vida.

Y su padre y su madre escuchaban con admiración las cosas que de Él se decían”. Su padre nominal y su madre natural eran grandes santos, pero no eran dioses; y la revelación de los misterios de Dios se hacía en ellos como en nosotros, progresivamente y con gran asombro.


                        DE NUESTRA SEÑORA

Pues que tú, Reina del cielo,

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

Tú, que reinas con el Rey

d’aquel reino celestial,

tú, lumbre de nuestra ley,

luz del linaje humanal;

pues para quitar el mal

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

Tú, Virgen, que mereciste

ser Madre de tal Señor,

tú, que cuando lo pariste

lo pariste sin dolor;

pues con nuestro Salvador

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

Tú, que del parto quedaste

tan virgen como primero,

tú, Virgen, que te empreñaste

siendo virgen por entero,

pues que con Dios verdadero

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

Tú, que lo que perdió Eva

cobraste por quien tú eres,

tú, que nos diste la nueva

de perdurables placeres;

tú, bendita en las mujeres,

si nos vales

darás fin a nuestros males.

Tú, que te dicen bendita

todas las generaciones;

tú, que estás por tal escrita

entre todas las naciones;

pues en las tribulaciones

tanto vales,

da remedia a nuestros males.

Tú, que tienes por oficio

consolar desconsolados;

tú, que gastas tu ejercicio

en librarnos de pecados;

tú, que guías los errados

e los vales

da remedio a nuestros males.

Tú, que tenemos por fe

ser de tanta perfección,

que nunca será ni fue

otra de tu condición;

pues para la salvación

tanto vales

da remedio a nuestras males.

¿Quién podrá tanto alabarte

según es tu merecer?

¿Quién sabrá tan bien, loarte

que no le falte saber?

Pues que para nos valer

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

¡Oh madre de Dios y hombre

¡Oh concierto de concordia!

Tú, que tienes por renombre

Madre de Misericordia;

pues para quitar discordia

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

Tú, que por gran humildad

fuiste tan alto ensalzada,

que a par de la Trinidad

tú sola estás asentada;

y pues tú. Reina sagrada,

tanto vales,

da remedio a nuestros males.

Tú que estabas ya criada

cuando el mundo se crió;

tú, que estabas bien guardada

para quien de tí nació:

pues por ti nos redimió,

si nos vales

fenecerán nuestros males.

Tú, que eres flor de las flores;

tú, que del cielo eres puerta;

tú, que eres olor de olores;

tú, que das gloria muy cierta,

si de la muerte muy muerta

no nos vales,

no hay remedio en nuestros males.

 

JUAN DEL ENCINA

(Español - Siglo XV)


El Rosal de Nuestra Señora – P. Leonardo Castellani E. Epheta – Bs. As. 1979




sábado, 30 de marzo de 2024

Sermón de Pascuas de Resurrección - P Leonardo Castellani

 


“Surrexit Christus vere, alleluia”. “Cristo resucitó realmente, alegría”. Ésta es la consigna de la Iglesia hoy. También San Pablo dice: “Alegraos siempre en el Señor; de nuevo os digo: alegraos”. Mi filósofo predilecto, Soren Kirkegord, dice que la vida del cristiano tiene que ser sufrimiento; pero por otra parte continuamente él está confesando estados de gozo espiritual; quiere decir que la vida del buen cristiano transcurre en sufrimiento espiritual (“dichosos los que lloran”) y gozos espirituales (“alegraos en el Señor”) y en sufrimientos carnales llevados con paciencia y en gozos carnales recibidos con agradecimiento –aunque no superapreciados. Todos los goces limpios que tenemos en esta vida proceden en el fondo de la Pasión y Resurrección de Cristo.

Los sufrimientos terrenos, las penalidades carnales desta vida ¿pueden ser superados y co-mo aniquilados por la alegría de la Resurrección; de Cristo cumplida, de nosotros esperada? En los santos lo pudo; en mí apenas alcanza a superar las facturas del Estado que me llegan una cada semana con aumentos. Hay que pagarlas con gusto, pobre Estado argentino. Es de-cir, el Estado Argentino es hoy una porquería, pero hoy hay que amar incluso a los malos.

“Resucitó Cristo realmente hoy, alegría”. Buen día, alegría. Se puede con verdad decir “hoy”; el Viernes Santo no se podía con estricta verdad decir: “Hoy murió Cristo, alegría”. Pero “Christus resurgens ex mortuis iam non moritur”: Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, no muere más –dice San Pablo. En Europa la gente del pueblo limpia a fondo to-da la casa esta semana, y hacen fiestas y se mandan regalos. “¡Buone Feste!”. “¡Felices Pas-cuas!”. “Alegre como unas Pascuas” –dicen en España.

Ya he hablado dos o tres veces del milagro central que es la Resurrección de Cristo. “Esta generación mala y bastarda pide milagros; y no se le dará más milagros que... mi Resurrec-ción” (el milagro de Jonás Profeta) –les dijo Cristo, una vez que estaba enojado.

Es un hecho histórico: detrás dél existe la mayor suma de evidencia histórica que jamás ha existido; de manera que negarlo es como negar la existencia de Cristóbal Colón o la existencia de Sarmiento. ¿Cómo es que nadie ni por sueños niega eso, y muchos niegan la Resurrección de Cristo? Es que es también un hecho metahistórico, un hecho sobrenatural, un hecho de fe: no fuerza al intelecto, tiene que intervenir la libre voluntad, el Salto de la fe: es un misterio de la Fe. Ninguno estuvo más cerca de la evidencia histórica de la Resurrección que los Fariseos y Sacerdotes Jefes; y no creyeron en Cristo. Lo mismo que los incrédulos modernos, sus mentes no fueron forzadas por la evidencia; antes bien trataron de ocultarla y combatirla, como los incrédulos de hoy. Hay que ver los inventos disparatados que aducen para negar la Resurrección. Dan lástima; porque no sólo son inventos, es decir, basados en nada, sino que son absurdos.

El libro más insidioso contra la Resurrección de Cristo es The Fair Haven (El Puerto Feliz) del modernista Samuel Butler: está escrito con una perfidia elevada al cubo; pero su fondo, bastante bien oculto, es un absurdo. Ya he expuesto yo todo eso [en El Evangelio de Jesucristo, ob. cit., “Las Parábolas”, pp.394-404]

En vez de hacer más apologética, voy a contestar brevemente la preguntita que quedó en el aire el domingo pasado: si Cristo volviera a la tierra ¿lo matarían de nuevo? –Sí, lo mata-rían si pudieran, pero no de la misma manera.

Se me figura que primeramente lo cubrirían de ridículo. Dirían: “¿Dónde se ha visto que el Fundador del Cristianismo venga de nuevo a predicarnos el Cristianismo, a nosotros que somos todos cristianos? En realidad anda falsificando el cristianismo, esa religión tan suave, tan amable, tan benigna, tan consoladora, tan científica, tal como la expone Teilhard de Chardin. Viene a gritar ahora que hay que dejarlo todo, que hay que morir al mundo (¡morir, hágase Ud cargo!), que en algunos casos hay que odiar al padre y a la madre, que hay que abandonar mujer, hijos, amigos, posesiones y cátedras en algunos casos ¡y que no hay que ahorrar, como los pájaros del cielo! –¡lo cual es ir francamente contra el Gobierno, contra la Caja Nacional de Ahorro Postal! ¡Qué “numenómeno”! Puede ser que esas expresiones estén en los Evangelios, pero no son para practicarlas: son expresiones exageradas y poéticas (y algunas de bastante mal gusto, como esa de los “eunucos”) del poeta más grande que ha existido en el mundo; lo mismo que todo eso sobre el Demonio y el Infierno, sabemos all right gracias a Telar Chardón, que ésas son metáforas, metonimias e hipérboles... ¡No faltaba más! Está ha-ciendo un desbarajuste con la religión del Estado”.

Los diarios publicarían sesudos editoriales contra la “nueva” doctrina, sin nombrar al autor esosí; los sabihondos alocados escribirían libros, los libreros tendrían “Listas Negras” para no vender libros que la apoyaran; Tía Vicenta inventaría doce chistes a la semana a costa su-ya. También le harían interrogatorios como los Escribas y Fariseos: “Profesor, sabemos que Ud. es justo y veraz, y queremos que nos conteste por Radio a la pregunta más importante: Ud. ¿está con Rusia o con Estados Unidos?”. Y al contestar Cristo: “Yo no enseñé la preciosa propiedad privada, ni el Capitalismo, ni el quedantismo, ni el conservadurismo, ni el comunismo”, menearían entonces las cabezas y dirían: “¿Ve Ud? ¡Fuera de la realidad! Está loco”.

Al fin lo matarían, o a disgustos o de hambre o de tristeza o violentamente –puede darse también. ¿Y no podría Cristo irse a Santiago l’Estero, juntar doce Discípulos, entrenarlos tres años, darles el don de milagros y mandarlos otra vez a conquistar el mundo, como lo conquistaron una vez? Sí, eso está dentro del poder de Cristo; pero está escrito que no lo hará. Volverá al mundo; pero no ya en figura de siervo, sino en figura de Rey. “Christus resurgens ex mortuis iam non moritur”.

El P. Florentino Alcañiz, que es especialista en esto y anda escribiendo un libro sobre la “esjatología”, me escribió hace poco que su última conclusión es ésta: la aparición de Cristo en gloria y majestad y el derribo del Anticristo coinciden con lo que llama la Escritura “el Juicio Final”, entonces resucitan los Elegidos, o todos ellos o una parte: “ésta es la resurrección primera” –dice San Juan: luego hay dos. Después sigue un largo período de prosperidad guiada por los Resucitados “que se aparecerán a muchos”, como ya pasó en la resurrección de Cristo; el cual San Juan llama “el Reino de los Mil Años”. Después resucitarán todos los réprobos y atacarán a los mortales; y serán arrollados por fuego del cielo: y los mortales pasarán al cielo, o muriendo antes o sin morir. Dice Alcañiz que esta interpretación está fuera de las objeciones que de Roma han levantado contra el Milenismo; y es verdad. Tiene el inconveniente que estatuye en realidad dos juicios –así como dos Resurrecciones.

Esta interpretación literal del Apokalypsis se llama “milenismo” y ha sido la de casi todos los primitivos Padres de la Iglesia. Yo no soy milenista, tampoco soy antimilenista o “alegorista”. Si oyen decir que soy milenista (pues ha sido dicho, e incluso desde cátedras) respondan que es embuste; aunque no sería ningún crimen que yo lo fuese. Pero... Yo no me siento capaz de dirimir este problema difícil; y de lo que no sé, no suelo hablar –ni menos enseñar.

Para consuelo nuestro añadiré que al fin de la profecía de Daniel está indicado que entre la caída del Anticristo y el Juicio habrá 45 (o 55) días (o bien un corto período de X días) para que hagan penitencia los que sucumbieron a la tremenda tentación del Anticristo –si ellos quieren. De modo que si mayoría del mundo caerá en apostasía (como Cristo y San Pablo pre-dijeron) no quiere decir que todo el mundo se condena. Y eso es conforme a la piedad paterna de Dios; porque la tentación del Anticristo habrá sido tremenda.

De modo que la Resurrección de Cristo está conectada con su Vuelta, es decir, con la Uni-versal Resurrección: tres veces por lo menos en los Oficios de Pascua de Resurrección se hace alusión al Retorno de Cristo. Y San Pablo dice cada vez que comulguemos, recordemos el Re-torno de Cristo: “Quotiescumque enim manducabitis panem hunc et calicem bibetis, mortem Domini adnuntiabitis donec veniat” (Cada vez que comáis este pan y bebáis este cáliz, anunciad la muerte del Señor hasta que venga: 1 Cor. 11, 26).

Ésta es la gran consolación y alegría del Cristiano. Incluso ante las terribles cosas del mundo moderno, el Cristiano impertérrito las entiende, y sabe serán superadas:

  

Si fractus illabatur orbis                 Si el mundo roto se derrumba,

Impavidum ferient ruinae               Sus ruinas lo herirán impávido.

 


Leonardo Castellani: “Domingueras Prédicas”. Jauja (Instituto Leonardo Castellani), Mendoza 1997, pp.117-121


Nacionalismo Católico San Juan Bautista


jueves, 28 de marzo de 2024

Sermón del Jueves Santo (1965) – P. Leonardo Castellani

 Promesa de la Eucaristía

Devoción al Santísimo Sacramento



El texto de mi sermón es muy largo para decirlo de memoria: voy a leer casi todo el cap. VI de San Juan, el Recitado-Promesa de la Eucaristía, dicho en la Sinagoga de Cafarnao después de la Primera Multipanificación. Como saben, los Galileos quisieron arrebatarlo y proclamarlo Rey, Cristo huyó a la Montaña, y a la noche vino caminando sobre las aguas en tormenta a la barca de Pedro que rumbeaba hacia Cafarnao; y allí lo encontraron las turbas que lo buscaban, al otro día, enseñando en la Sinagoga de Cafarnao; y le dijeron en tono de reproche:

 

-Maestro ¿cuándo viniste aquí?- queriendo decir en vez de "¿cuándo?" más bien "¿por qué?". Y allí comienza el sermón dialogado:

 

-En verdad os digo:

me andáis buscando

no ya precisamente por haber visto el milagro,

sino porque habéis comido del pan

y panza llena alaba a Dios.

Conseguid no la comida que perece,

mas la que permanece

hacia la vida eterna

que os dará el Hijo del Hombre.

Dicen ellos:

-¿Qué haremos para conseguir

las obras de Dios?

Dice Jesús:

-Esta es la obra de Dios:

que creáis en aquél

que Él envió.

Dicen ellos:

-¿Qué señal haces tú

para que te veamos y creamos?

Nuestros Padres en el desierto

comieron el maná -como está escrito:

Un pan del cielo les diste a comer...

Dice Jesús:

-De verdad os digo:

No Moisés dio a vosotros pan del cielo.

Mi Padre os da el genuino pan del cielo.

Este es el pan de Dios:

Aquel que descendió del cielo

y da la vida al mundo.

Dicen ellos:

-Seiior, danos tú siempre dése pan.

Dice Jesús:

-Yo soy el pan de vida.

Aquel que venga a mí no tendrá hambre,

y aquel que crea en mí no habrá más sed.

Y a os lo he dicho, y vosotros

me veis y no creéis.

Los que mi Padre a mí me da, a mí vienen,

y aquel que viene a mí, no lo echo afuera.

Pues descendí del cielo

no para hacer mi voluntad

sino la voluntad del que me manda.

Y ésta es la voluntad del que me manda,

Mí Padre,

que todo el que Él me dio, yo no lo pierda,

pero lo resucite

en el último día.

Esta es la voluntad

del Padre que me manda:

que todo el que ve al Hijo,

todo quien crea en Él,

tenga la vida eterna,

y yo lo he de resucitar

en el último día.

 

Pero murmuraban de Él los judíos porque había dicho: Yo soy el pan viviente que descendió del cielo; diciendo: "¿No es este el Jesús, el hijo de José, del cual conocemos el padre y la madre?¿Cómo diablos dice éste: Yo descendí del cielo?"

 

Respondió Jesús y dijo:

-No murmuréis entre vosotros.

Ninguno puede a mí venir

sí el Padre, el que manda, no lo trae

y yo lo he de resucitar

en el último día.

En los Profetas está escrito:

serán todos docibles [1] para Dios.

Todo aquel que es docible a Dios y aprende,

viene a mí.

No que ninguno pueda ver al Padre

sino a aquel que de Dios vino,

ése ve al Padre.

De verdad, yo os digo:

quien cree en mí, tiene la vida eterna.

 

Hasta aquí Cristo habla de la fe y sólo indirectamente si acaso del Sacramento de la Fe: "YO soy el pan vivo que desciende el cielo". Primero hay que comer a Cristo en la fe, después en el Sacramento; y si no se come primero en la fe, de nada sirve comerlo en el Sacramento -dice San Agustín. Pero desde aquí, comienza Cristo a hablar del Sacramento:

 

-Yo soy el pan de vida.

Vuestros padres en el desierto

comieron el maná, pero murieron.

Este es el pan del cielo descendido

para si alguien lo come,

ése no muera.

Y o soy el pan viviente

que desciende del cielo.

Si alguien deste pan comiere

vivirá eternamente,

y el pan que yo daré es mi carne

para la vida del mundo.

 

Discutían entr'ellos los judíos diciéndose uno al otro:

 

-¿Cómo puede éste darnos

su carne de comer?

Dice Jesús:

-Verdad, verdad os digo:

Si no comiereis la carne

del Hijo del Hombre

no tendréis vida en vosotros.

El que come mi carne

y bebe mi sangre

tiene vida eterna.

Mi carne es realmente comida,

Mi sangre es realmente bebida.

El que come mi carne

y bebe mi sangre,

en mí queda y yo en él.

Como vivo mi Padre me mandó,

y yo vivo por mi Padre,

así aquel que me come

él también vive por mí.

Este es el pan del cielo descendido,

no como comieron vuestros padres

el maná en el desierto

y después murieron.

El que come este pan

vivirá eternamente.

 

He traducido fielmente. Si la traducción cayó en ritmo, es porque el texto también está en ritmo. Sigue después el escándalo de muchos que recalcitran; guiados por Judas -según parece por el texto. Jesús explica que esa comida será celestial, sobrenatural; nombrando como prueba su futura Ascensión a los cielos:

 

-El espíritu es el que vivifica,

la carne de nada aprovecha.

Las palabras que os he dicho

de espíritu y vida son...

-¿A dónde iríamos si te dejáramos?

Tú tienes palabras de vida eterna,

 

-corta San Pedro la discusión:

 

-Nosotros hemos creído y conocido

que tú eres el Mesías Hijo de Dios;

-reconociéndolo como Mesías y más que Mesías.

 

Esta es la promesa que suscitó en la Iglesia la más grande de las devociones. Como ven, Cristo habla del Sacramento no como una cosa de lujo sino como una cosa de necesidad: la vida eterna, la resurrección, y "yo estaré en él y él en mí": un contacto vital entre Dios y el hombre por medio de la carne: un contacto con la fuente de toda vida: todo lo demás que pueda producir la Comunión, gozo, consuelo, paz, es secundario.

 

Los cristianos perseguidos grababan en las catacumbas figuras de cestos de pan. Desde el siglo quinto comienzan a alzarse en Europa altares al Sacramento del altar: templos cada vez más imponentes y hermosos hasta culminar en las insuperables catedrales del siglo XIII y las iglesias renacentistas del siglo XVI: montañas de piedra que no parecen obras de hombre, superiores al mortal, que a veces demandaron un siglo para edificarse, y a veces quedaron sin terminar -como Amiens, Chartres, Colonio, Beauvais, Narbona y muchas otras; interrumpidas por el terrible flagelo del siglo XIV que se llamó "la Muerte Negra"- catedrales que aún permanecen sembradas a centenares por toda Europa, vacías de fieles, monumentos para turistas, para asombro de generaciones descreídas. No en España: Santiago de Compostela, Burgos y Sevilla funcionan; y allí en España nació una catedral más valiosa, un monumento intelectual, los Autos Sacramentales, dramas alegóricos en honor de la Eucaristía; el talento y el don artístico puestos al servicio del Sacramento y de la instrucción religiosa del pueblo.

 

Todo eso pasó, es de otra época, es de la época de la Cristiandad europea. No hacemos ya catedrales sobrehumanas y autos sacramentales; si acaso hoy se producen autos antisacramentales, como esas películas hórridas dese sueco Bergmann. Alguien ha dicho que las catedrales de la Argentina son los cines; el Gran Rex, por ejemplo; yo diría más bien que son los Bancos. Las catedrales góticas las hicieron los Gremios; es decir, los obreros; ahora si nos descuidamos los obreros van a quemar las catedrales que quedan.

 

Leyendo los grandes tratados que escribieron en el siglo XVI los grandes doctores y poetas Luis de León, Luis de Granada Santa Teresa, San Juan de la Cruz, hoy día nos dejan fríos: a mí por lo menos: estos días los he releído. Recuerdo que cuando tomé la Primera Comunión, me habían dicho que tendría un gran gozo y que sería el día más grande de mi vida; y por la tarde yo le dije a mi madre resueltamente: "No ha sido el día más grande de mi vida". Ahora consagro y distribuyo el pan consagrado como si fuese cafiaspirina: con respeto por supuesto solamente algunas veces hay como un relámpago de asombro y de temor al pensar que tengo en mis manos a Dios en carne y hueso, no tal como Dios está en todas partes, sino en carne y hueso, como está misteriosamente en el Sacramento.

 

Todas esas cosas como "el río de deleites", "un gozo sobre todos los gozos", "el pan vivo de la paz y del consuelo", "el vino embriagador que engendra vírgenes", que hallarán en Fray Luis de León, y en el Psalmo 35, que él cita: "Serán, Señor, vuestros siervos embriagados con la plétora de los bienes de vuestras mansiones; daréisles a beber del arroyo impetuoso de vuestros deleites" ¡ay de mí! yo no los siento, quizás por mis pecados; y lo que es peor, creo que, fuera de las novicias de la Virgen Niña o las Adoratrices, pocos lo sienten ya -o ninguno.

 

He comido tu Pan,

He bebido tu Vino;

En un día de afán

Sin guía y sin camino.

Tu Pan era tan fofo

Como el pan ordinario,

Tu Vino era tan soso

Como el vino diario.

 

Tan es así, que hoy día muchas personas no sienten ninguna emoción en la Comunión -y en las demás ceremonias que la rodean- sino más bien fastidio; y por eso dejan las prácticas religiosas. Una señora literata me decía: "Yo no practico la religión porque las prácticas me aburren; y tengo miedo de arrutinarme, como tantas personas que veo que comulgan cada día y han perdido la humanidad, los sentimientos humanos". No sé si es verdad esto; pero en todo caso no es razón para dejar la práctica religiosa. Es cuestión de necesidad, no de gusto.

 

En vez de sentir lo que dicen los himnos de Fray Luis de León o Paul Claudel al Santísimo Sacramento, yo siento más bien lo que dijo el poeta Max Jakob al poeta Jean Cocteau: Max Jakob era un judío convertido, sólidamente convertido; y Jean Cocteau, un cristiano que se estaba convirtiendo no sólidamente, pues después se desconvirtió. Cocteau le escribió a Max Jakob: "Pero Ud. me manda ir a tomar la hostia, como quien toma una cafiaspirina". -Es que hay que tomar la hostia como quien toma una cafiaspirina- le contestó el judío. Es decir, no como quien toma una copa de champán sino como un remedio. Es decir, hemos retornado al principio: la Eucaristía-necesidad, no la Eucaristía-lujo. No digo que los devotos del siglo XVI sean reprochables sino más bien envidiables; pero... he ahí. No es ya el siglo XVI.

 

Es como en el siglo I, cuando los fieles comían el pan consagrado al fin de una cena, para "dar testimonio de Cristo hasta que Él vuelva", dice San Pablo; es decir para poder afrontar el martirio, como los anestésicos que le dan a uno antes de una operación. Pues bien, los fieles estamos hoy en el mundo en situación parecida: los verdaderos católicos son una minoría, rodeada de una mayoría de infieles; o sea, indiferentes, herejes o apóstatas. Pero hay una gran diferencia con la primitiva Iglesia; y ella es la zona media entre el buen católico y el hereje; a saber, los que son católicos y no son católicos, los católicos enfriados o adulterados; o como dijo uno "mistongos'': aquellos cuya religión se "naturaliza", es decir, se vacía de lo sobrenatural y se vuelve una especie de mitología; aquellos que chapurrean la religión pero no la realizan; y aquellos en fin que, sabiendo o no sabiendo, se encaminan a la peor herejía que existe, la adoración del Hombre; bajo palabras o imágenes cristianas. El Domingo pasado por ejemplo leí en "La Prensa" una poesía sobre el Padre Nuestro, que el poeta Capdevila sin duda cree es muy cristiana, y los de "La Prensa" creen es muy moderna -y es modernista: el poeta Capdevila niega la justicia de Dios y pondera su amabilidad; niega que éste es un valle de lágrimas; dice que Dios quiere que la Humanidad triunfe; y el pan nuestro sobresustancial de cada día es para él el pan con manteca y los bifes de chorizo -y el tabaco.

 

La Eucaristía es más que nada una necesidad. Nuestra época más que nada necesita remedios. Por radio, revistas, diarios y video escuchamos las más extraordinarias ilusiones acerca de la nueva época, que llaman la época "atómica": la prosperidad, el progreso, las perspectivas divinas desta época atómica: no más lejos de anteayer oí una conferencia de una destas bachilleras que radiolocutean, toda impregnada de la más necia adoración de la Ciencia, o sea, la adoración o idolatría del Hombre con mayúscula, que será la doctrina del Anticristo: otros adoran la Literatura, la Pintura, Winston Churchill o el Mahatma Gandhi: es todo lo mismo. Me recuerdo lo que dice el Apokalypsis, y justamente a Laodicea, la última Iglesia, "Juicio de los Pueblos":

 

"Tú dices: rico soy y opulento

y nada me falta.

Y no sabes que eres pobre,

indigente y enfermo

y ciego y desnudo".

 

En nuestra época atómica, el error religioso y todos los errores tienen la máxima libertad, recursos y auge, de tal modo que parecen invencibles; y la Ciencia ha inventado, ha fabricado y fabrica, los más espantosos instrumentos de destrucción, capaces de despoblar toda la tierra; he ahí, ésa es la opulencia y la prosperidad; corno una tercera parte de la población del mundo padece hambre o desnutrición; unas pestes tremendas, la sífilis, y ainda más el cáncer y las neurastenias (que según algunos biólogos dependen de la sífilis) se han vuelto endémicas; dos guerras casi universales han traído "las guerras y rumores de guerra", que dijo Cristo, al frente del escenario. Y siga Ud. contando. Prosigue el Apokalypsis:

 

"Yo te persuado compres de mí oro encendido,

oro probado para que te hagas rico

y te revistas de vestidos blancos

que no aparezca tu desnudez vergonzosa,

y colirio para ungir tus ojos

para que veas".

 

Oro, vestidos blancos, remedios, que son las imágenes continuas de los escritores sacros acerca de la Eucaristía.

 

"Estoy a la puerta y llamo.

Si alguien me oye y me abre

pasaré la puerta y comeré con él

y él conmigo".

 

Esta comida con Cristo se ha vuelto tan necesaria como el alimento corporal: no por nada Cristo creó este contacto vital en forma de alimento: en el centro de todos los Sacramentos. Los teólogos dicen que por y para la Eucaristía son todos los Sacramentos, y eso es obvio: el Bautismo y la Confirmación son para abrir las puertas, y también la Confesión; la Extremaunción es para suplirla y el Orden para crear sus ministros. ¿Y el Matrimonio? Los catecismos dicen que el fin del Matrimonio son los hijos; o sea producir nuevos comulgantes, Primerocomulgantes. Eso está muy traído de los cabellos. El Doctor de la Iglesia San Roberto Belarmino dice simplemente que la Eucaristía y el Matrimonio son semejantes; porque son la unión de dos personas, en la cual la gracia no es impartida por medio de una cosa, sino personalmente por el autor de la Gracia; y lo mismo dicen los Santos Padres, que Luis de León enumera en su libro en el Capítulo "Esposo"; y en fin, el mismo San Pablo dice que el Sacramento del Matrimonio es una figura de la unión de Cristo con la Iglesia; y por ende, con cada una de las almas fieles; de modo que es una cosa revelada.

 

Esta es la alabanza fundamental de la Eucaristía: produzca o no produzca deleite, es secundario. Es una unión íntima de dos personas, no de dos espíritus, como podría ser una conversación, sino también de dos cuerpos; lo cual, esosí, produce frutos espirituales. ¿Qué frutos? "Obras", dice Santa Teresa, "obras: esa unión debe producir hijos, que son obras buenas". Cristo ordenó esa unión en forma de alimento, que es la unión más íntima que existe, ya que el alimento entra a hacerse el cuerpo mismo del que lo tomó; pero "no creáis que yo me convertiré en ellos, ellos se convertirán en mí" -dice Cristo en una desas palabras suyas que nos han quedado fuera de los Evangelios, llamadas "loguia" (de las cuales muchas son dudosas y siete son auténticas). Parece un rasgo de la humildad y sencillez de Cristo haber tomado para vehículo de su Cuerpo y Sangre los más comunes de los alimentos, pan y vino. ¿Y por qué no pan y agua? Porque pan y agua son comida de presos, y pan y vino son comida de pobres.

 

La Eucaristía y el Matrimonio son semejantes, dice Belarmino. Son una unión de amor, que produce amor y es producida por el amor. Produce los efectos del Matrimonio (de los buenos matrimonios), hijos, que son obras; remedio de la concupiscencia, y amor mutuo o amistad conyugal, la amistad más fuerte que existe, según Aristóteles.

 

Esos deleites y delicadezas de Fray Luis de León y Fray Luis de Granada, ellos los sentían, nosotros no: yo dudo que los sintiera Luis de León, porque raciocina demasiado: la experiencia viva no es tan raciocinadora: Santa Teresa no raciocina. Pero como Cristo no habla de “deleites" sino de “resurrección", bien podemos decir que todo el "Cantar de los Cantares" está allí en la Eucaristía con efecto retardado hasta la Resurrección. La Comunión con Cristo es en nuestras almas el foquito escondido de la Resurrección de la carne, que algún día ha de inflamarse en una gran hoguera. Que procuremos encenderlo un poco en cada Comunión, bien está; pero si no nos resulta, no es eso lo esencial. Lo esencial es la cafiaspirina: el remedio de la concupiscencia (que significa no sólo la sensualidad sino todas las pasiones desordenadas) bien puede ser que sea EN CIERTO MODO el primer fin del matrimonio; aunque se suele enumerar en segundo lugar: el remedio de las pasiones morbosas, una amistad serena -y los hijos de las buenas obras.

 

Quisiera terminar con una oración al Santísimo Sacramento. La oración con que termina Fray Luis de León no me sirve; la mía tiene que ser mucho más humilde y sencilla. Por ejemplo:

 

Señor Jesús, he pasado la vida recibiéndote

Y he llegado a la vejez ofendiéndote.

Pasé la vida preparándome a comulgar

Y patinando en el mismo lugar.

No he contado las misas, no he sumado las comuniones,

Como hacen algunos de miedo a los ladrones.

Tampoco sé cuántas veces comí pan o vino,

Nunca me faltó y me mantuvo en el camino.

Y supongo que así

Igual, espiritualmente, Tú a mí,

 

No es de creer me haya de condenar.

Tu Cuerpo entre mis dientes ¿quién me lo podrá quitar?

 

He comido tu Pan,

He bebido tu Vino,

En un día de afán

Sin guía y sin camino.

Tu Pan era tan fofo

Como el pan ordinario,

Tu Vino era tan soso

Como el vino diario.

Con respeto y temor

Te consagro y recibo.

Vives en mí, Señor,

En Tí espero estar vivo.

 


[1] Bien dispuestos a recibir una enseñanza, en este caso, la Revelación.


P. Leonardo Castellani – “Domingueras Prédicas. Ed. Jauja. Págs. 104-116.


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