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martes, 29 de marzo de 2022

El plan Barbarroja victorioso - Luis Alfredo Andregnette Capurro

 


1941 – 1942

El plan Barbarroja victorioso

Meses atrás señalamos, con documentación probatoria, la conmixtión capitalista con la feroz tiranía de la URSS, cuyos días estaban contados si no se la auxiliaba urgentemente. En buen romance: estaba en peligro el germen del Estado mundial. El sueño esotérico clave del antiguo esoterismo. Por ello el frenesí del venerable “hermano masón” Delano Roosevelt, apurando la ayuda norteamericana y su presencia en la guerra. EL mismo día que comenzaba la Cruzada Anti komintern ordenó al Subsecretario de Relaciones, Mr. Welles que hiciera conocer al mundo que los EE.UU. apoyaban al gobierno del Kremlin. El respaldo era absoluto, porque el ataque germano “se realizaba contra una democracia”. Pocos días después, el 30 de junio, Harry Hopkins, enviado por Roosevelt, llegaba a Moscú para ofrecer toda la ayuda necesaria… y aún más. En su libro Amenaza Mundial, el ex Embajador en Moscú, Williams Bullit, corrobora que “Hopkins no pidió nada a cambio”. Ello nos dice claramente que el “romántico demócrata” Roosevelt (enviando al que conocía como agente secreto del soviet) seguía alimentando un ideal internacionalista, del cual logrando la victoria del socialismo a escala mundial surgieran las condiciones para la unificación gradual de todas las naciones. En la Sociedad de las Naciones de Wilson y sus 14 puntos (Versalles, 1918) y en la O.N.U., nacida de la Carta firmada en San Francisco (1945), anidaba el huevo de la serpiente: allí estaba, y está, toda la utopía esotérica.

En esos días plenos de alienación e insensatez, Churchill se dirigía a la Cámara de los Comunes para declarar en voz en cuello: “Gran Bretaña marchará hombro con hombro con la Unión Soviética contra la agresión” … A renglón seguido prometía a Stalin “la total ayuda del Imperio Británico”. El obeso líder conservador no tomaba conciencia de que, con la decisión de apuntalar el bolchevismo, estaba redactando el acta de sentencia de muerte del decadente Imperio Británico. En toda su carrera política, como conservador, había combatido a la izquierda nihilista. Por eso cabe preguntarse si el Premier estaba en su sano juicio al rechazar, poro cantes, las ofertas de paz que había hecho el jefe de la Alemania Nacional Socialista. En tanto ese día, 22 de junio de 1941, en alocada contrapartida, se entregaba totalmente para salvar al comunismo internacional.

No podemos dejar “en el rio de las sombras” (Séneca dixit) lo que escribiera el añoso tory en 1935 y 1937, alabando a los caudillos de Italia y Alemania a los cuales luego, en 1941, llegó a odiar hasta disparar contra su propio pueblo y así hundir de paso a Europa. Eso lo hizo en Yalta en 1945, en compañía de Delano Roosevelt y del bestial Stalin, perteneciente a una conspiración mundial para delinquir denominada en un principio “Komintern” y luego de la guerra ”Kominform”.

Veamos esas opiniones a las que aludimos. Aquí va la primera, fechada en Londres 1935 con el titular “Great Contemporaries”: “Los que se han encontrado con Herr Hitler cara a cara en asuntos públicos o en términos sociales han podido apreciar que se trata de un político altamente competente, ponderado, bien informado, de modales agradables y una desarmante sonrisa”. En 1937, en la publicación “Step by step” escribía: “Si nuestro país fuera derrotado, desearía que encontráramos un campeón tan indomable como el señor Hitler para restaurar nuestro coraje y conducirnos, otra vez, al lugar que nos corresponde entre las naciones”.

Refiriéndose a Mussolini, en el trabajo antes nombrado, expresaba: “El genio romano, encarnado por Mussolini, el más grande de los legisladores modernos, ha enseñado a muchas naciones cómo puede resistirse el asalto del Comunismo y ha indicado la ruta que un país puede seguir cuando valerosamente conducido […] Con el régimen fascista, Mussolini ha establecido un centro de orientación a partir del cual los países enzarzados en la lucha con el Comunismo deben encontrar la salvación. Mussolini ha señalado a los pueblos que sufren bajo la influencia marxista el cambio para escapar la catástrofe que los amenaza”. En la Citada Yalta, el contradictorio conservador y el nuevamente reelecto leader norteamericano aceptaron el chantaje de Stalin, quien exigió, a cambio de declarar la guerra contra el derrotado Japón, la anexión de Polonia oriental, la formación de un gobierno en Varsovia no hostil a la U.R.S.S., la libertad para ejercer su poderosa influencia sobre Bulgaria, Rumania, Checoeslovaquia y Hungría, y la cesión de posiciones estratégicas importantes en el Oriente. El 8 de agosto, la U.R.S.S. declaraba la guerra al Japón. Dos días después, el Imperio del Sol Naciente, destruido por las bombas atómicas, aceptaba las condiciones de Londres, Washington y Moscú, rindiéndose incondicionalmente. Stalin había tenido tiempo para irrumpir con 750.000 hombre en Manchuria y la península de Liao-Tung, apoderándose de Puerto Arturo…

La prensa, financiada por inconfesables intereses británicos, a ocho columnas y en primera página estampaba: “Un vuelco imprevisto se ha dado en la colosal contienda”, relatando “que en Londres hay lágrimas y júbilo”. “Espectaculares manifestaciones donde oradores, desde las tribunas, con lágrimas en los ojos, clamaban adjetivando de heroico al pueblo soviético” … A este respecto, no podemos dejar de lado el relato contado por el entonces presidente Nardone al señor padre del que esto escribe y al mismo autor. El asunto se refiere a cómo fue clausurado un órgano de prensa, titulado Libertad, que se editaba en Montevideo y que no ocultaba sus simpatías por el eje Roma-Berlín. El mismo era dirigido por el ingeniero Kayel, quien, siendo diputado, fue desaforado por haber expresado en un discurso sus votos por la victoria anti-bolchevique a la que nos estamos refiriendo. Lo sucedido, según el Presidente amigo fue lo siguiente: uno de los días que nos ocupan, se presentó en la redacción de Libertad un funcionario de la embajada británica solicitando que el cotidiano dejara de aparecer. La negativa del director Kayel fue cortante, a lo que el británico señaló que, entonces, iban a tomar medidas. Una de ellas era cortar los suministros de papel. Ante esas expresiones, el ingeniero Kayel contestó que el papel, que se tenía en lugar no revelado, alcanzaba para dos años. El empleado de la Embassy abandonó su asiento y dijo para despedirse: “iremos por otro sendero más radical”. Dos días después, el Presidente de la República, General Alfredo Baldomir, decretó la clausura de Libertad.

El 2 de octubre, con motivo de los 100 primeros días de la batalla anti-komintern, Hitler se dirigía a las tropas en el Frente Oriental. De esa manera se expresaba en uno de los pasajes de la alocución. “Mientras tanto, camaradas, habéis reconocido, primero, que este enemigo se había pertrechado militarmente para su ataque en medida tan inmensa, que aún nuestras peores aprensiones se vieron sobrepujadas; segundo, ¡qué Dios se apiadara de nuestro pueblo y de todo el mundo europeo si este enemigo hubiese lanzado sus decenas de miles de tanques contra nosotros ¡” … A renglón seguido, el jefe austro germano pasó a dar cifras concretas: “Habéis tomado más de 2.400.000 prisioneros, destruido o tomado más de 17.500 tanques, más de 21.000 aviones. […] Ahora, camaradas, habéis visto personalmente este “paraíso de obreros y campesinos”. […] En este país que, por su extensión y feracidad, podría alimentar al mundo entero, impera una miseria inconcebible para nosotros los alemanes. Éste es el resultado de 25 años de dominación bolchevique”.

El 25 de agosto del mismo año, 1941, ingleses y soviéticos invadieron y ocuparon Irán, nación neutral, para dejar abierta una ruta desde la cual abastecer al esclavismo bolchevique. La resistencia de la U.R.S.S. dependía entonces, de tres líneas de comunicación con el capitalismo anglosajón y su elite dirigente. A través de ellas recibía la ayuda militar de la Casa Blanca. Veamos el aspecto clave. La línea de Arkángel por el Ártico; la de Vladivostok por el Pacífico, que tenía que empalmar con 10.000 kilómetros de transiberiano; y la del Golfo Pérsico, de muy difíciles comunicaciones terrestres.

A esta altura del artículo demos un vistazo, en bloque a la campaña victoriosa de las divisiones de la coalición Operación Barbarroja, leyendo como la relata el historiador-revisionista Joaquín Boachaca: “La Wehrmacht y sus aliados se enfrentaban a un enemigo, que numéricamente les doblaba en efectivos. Pero mientras la moral combativa de las tropas europeas era muy elevada, el “glorioso” Ejército rojo se movía con escasa elasticidad […] Abundaban las deserciones en masa. Treinta divisiones son cercadas en Minsk; veintidós en Smolensk […] las tropas almenas avanzan a razón de sesenta y setenta kilómetros diarios. La Luftwaffe destruyó, sólo en los dos primeros días de guerra casi tres mil aviones, en combates aéreos, o en tierra. Los alemanes cruzan el histórico río Berezina y atraviesan la Línea Stalin. EN el sector Norte, las tropas de Von Leeb, partiendo de Prusia Oriental, engullen rápidamente los países bálticos. EN Kaunas, capital de Lituania, se ha formado ya un gobierno nacional, que proclama la independencia del país de la U.R.S.S. y ofrece su colaboración a Alemania en la lucha; lo mismo ocurre en Estonia y Letonia, en Ucrania polaca y en la Polonia Oriental, son penetradas por las tropas de Von Bock y Guderian. Incluso en el Cáucaso ocurren rebeliones antisoviéticas ante el anuncio del rápido avance alemán. Las tropas alemanas, al mando del Mariscal Antonescu, avanzan hacia Odessa. Más al norte, Von Rundstedt atraviesa la frontera ruso-polaca en dirección a Kiev. Pero la resistencia se va endureciendo. La N.K.W.D. y los comisarios políticos son los autores de este aumento de la combatividad de las tropas soviéticas. Se instala un verdadero apparat policíaco dentro del Ejército rojo; la delación está a la orden del día; las represiones alcanzarán incluso a varios generales; una simple palabra considerada “derrotista” conduce directamente al pelotón de fusilamiento. Detrás de las unidades de primera línea se instalan patrullas de represión de los que intentan replegarse o desertar” …

Falta algo por decir; por lo que proseguiremos, Dios mediante, en cercana edición.

 

Luis Alfredo Andregnette Capurro: “Vista a la Derecha”

Compilación de articulos publicados en la Revista Cabildo

 


lunes, 28 de septiembre de 2020

Otto Skorzeny (II): La lucha contra el Bolchevismo

                   


Si la literatura clásica exaltó al Héroe con el Filósofo, la de la Edad Media, erigió como modelos al Santo y al Caballero, la del Renacimiento, al Político Maquiavelista y al Artista, en tanto el mundo actual, por su internacionalismo y globalización sigue, la costumbre de la post guerra mundial, de exaltar al que esconde su puñal, para clavarlo en el pecho de su protector, como lo hiciera Marco Brutus con Julio César. Cola de Rienzi, y es otro ejemplo, exaltado por el inmortal Wagner en una ópera en la que relata la historia del romano, que llevó a su pueblo a la cúspide de la gloria para ser linchado y escarnecido en momentos adversos, por los mismos que había honrado, convertidos en traidora y asquerosa chusma. Y no hablemos de los que, en su propia Patria, sirven al enemigo por dinero, pero se justifican con el esoterismo masónico o con ideologías absurdas tales la   marxista o, con el sistema corruptor, de la democracia liberal. Se nos podrá decir que exageramos. Tal vez, en algún pequeño aspecto, nuestros detractores, tengan razón. Sin embargo ayer, Judas Iscariote, era el típico ejemplo del traidor que más le valiera no haber nacido” al decir de “Jesús el Divino Maestro”. El monstruo, consciente hacedor de su horroroso pecado huyó, terminando por colgarse de un árbol, no sin antes, arrojar las treinta monedas al rostro de los deicidas que lo compraran. Hoy las cosas han cambiado.

Desde hace 75 años, con el fin del conflicto mundial, basta recorrer los títulos de la historia flechada amén de falsificada por los vencedores a cuyo servicio están los siniestros y/o, escribidores a sueldo, para tomar conciencia que el inmundo ser de las dos caras es glorificado. La “Traición” se mimetiza detrás de la palabra “Liberación”, que suena muy hermosa, porque se utiliza como si de una acción de grandeza se tratara. Solicitamos perdón al camarada lector por la digresión, pero ella está suscitada por la lectura, en el libro de “Memorias”, de una de las acciones, más notables ejecutadas por el autor: el Standartenfurher SS Ingeniero Otto Skorzeny. Nos estamos refiriendo a la liberación del Duce Benito Mussolini secuestrado por la traición y la derrota que se llamaba: Víctor Manuel III, Humberto di Savoia, su esposa, la Princesa María José de Bélgica y Piemonte, el Mariscal Pietro Badoglio, el Conde Galeazzo Ciano, yerno del Duce, Dino Grandi, Guiseppe Bottai, el Duque de Acquarone y los Almirantes Pavesi, Maugeri y Brivonesi entre otros traidores a Italia. Todos integrantes de la conspiración contra el Estado Idea que, después de 1500 años, había llevado nuevamente al continente Africano, la civilización de la Cruz de Cristo y las Águilas Romanas del Imperio Inmortal.

De todos modos, el episodio, creemos, debe ser encarado con los acontecimientos bélicos acaecidos a partir del 8 de noviembre de 1942 cuando una poderosa flota aliada comandada por Dwight Eisenhower, penetró en el mar Mediterráneo por Gibraltar, ocupando parte del Norte de África. Esa zona, integraba la soberanía francesa administrada por gobierno de Vichy, encabezado por el benemérito Mariscal Philippe Petain quien realizaba la Revolución Restauradora del Francia arrasada por la nefasta revolución masónica de 1789 que había roto con la secular experiencia acumulada hacedora de la Galia gloriosa.

La expedición, encabezada por el citado Eisenhower, hechura de Roosevelt, quien pasó por encima de 200 generales (ordenando su retiro efectivo) para darle la comandancia suprema.

El “personaje” llegaba en primer lugar, para cumplir con el desesperado grito de Stalin que exigía la apertura un segundo frente ya que, de no establecerse, el Soviet no podía resistir, por lo que, amenazaba con hacer la paz con el Eje. Los primeros cuarenta y cinco días marcaron lo que, para los “puritanos era rectitud moral”. La prueba de lo que decimos está, en los tenebrosos sucesos que se produjeron en las altas esferas de los encabezados por Eisenhower.

Toda la siniestra trama, comenzó cuando el “Supremo” norteamericano nombró al Almirante Darlan “líder” de la auto llamada “Francia Libre”. Esa “distinción” le fue adjudicada luego de “traicionar a su amigo”, el Mariscal Petain a quien había acompañado con visibles muestras de entusiasmo desde el generoso armisticio con el III Reich en junio de 1940.

Poco duró su orgullo de farsante masón, pues el rechazo a ser un hombre servidor de Inglaterra, le valió el desplazamiento definitivo por sus opositores, el Servicio Secreto inglés y los generales Giraud y Degaulle. Darlan había olvidado que quien vende su conciencia no puede poner condiciones. Para la faena, de eliminar al pérfido Almirante, fue utilizado un joven monárquico francés, quien le dio muerte a tiros en una calle de Argel durante la Nochebuena de 1942. El crédulo idealista monárquico, infeliz convertido en asesino, fue ejecutado poco después para borrar todo rastro. Al llevarlo al paredón, se le dijo que no temiera, ya que todo estaba arreglado para que los soldados del pelotón de fusilamiento cargaran sus fusiles con balas de salva. La falsía y la crueldad democráticas, no tenían ni tienen límites. Aquel muchachón, engañado, la sintió en carne propia, al entrar en su pecho la mortífera munición.

La lucha entre Giraud y Degaulle, finalmente tuvo su final, cuando el locutor de 1940, en la British Broadcasting de Londres”, monsieur” Charles Degaulle, fue reconocido como “líder” de la Francia “Libre” por los tripuntes, Roosevelt y Churchill.

La campaña de los norteamericanos de Eisenhower, en el norte de África, no estuvo a las alturas que pronosticaban los medios de prensa aliados, auténticos ventrílocuos de los centros de la propaganda del bolchevismo y el capitalismo sionista. Con 300.000 soldados italianos y las divisiones de Camisas Negras que Mussolini logró reunir entre las fuerzas retiradas de Libia y los que consiguió llevar desde Sicilia   dieron a los yanquis al oeste, y al general, inglés Alexander, al este, no pocas derrotas.

En Argelia, las tropas motorizadas del Reich, cuyo comando había pasado de Rommel, llamado por el Führer, al General Von Arnim. Este inteligente y noble oficial le obsequió a Ike, según éste confiesa en sus Memorias, “días agitados” y problemas serios.

No fue distinto el acontecer que esperaba al VIII Ejército inglés, que atacó El Mareth donde fueron rechazados con importantes pérdidas, por los italianos que componían lo que quedaba de los batallones que habían combatido en el Alamein a las órdenes del Mariscal Erwin Rommel, llamado con justicia “Zorro del Desierto”. Aquellos guerreros, que hicieron poner pies en polvorosa, a los ingleses, eran romanos redivivos en el siglo XX, porque luego de recorrer 2200 kilómetros en un desierto que cambiaba la temperatura del día a la noche, total y absolutamente, sacaron fuerza de flaqueza para derrotar a un ejército, descansado y con un alto entrenamiento y equipo.

Cuando la batalla de Túnez, ya estaba por terminar, y el calendario marcaba el 30 de abril de 1943, escribía el Duce al Führer: …“Si no se resuelve, y de inmediato, el problema aéreo en el Mediterráneo con el envío de fuerzas aéreas, tales como para equilibrar la superioridad enemiga, no será ya posible, hacer llegar ni barcos ni aviones a Túnez. En el día de hoy hemos perdido tres caza torpederos, dos cargados con tropas alemanas y uno con municiones. Fueron atacados por oleadas de aviones enemigos, con la escolta de 120 cazas, mi Führer, es cuestión de urgencia absoluta. La tropa de Túnez se bate en forma espléndida, como lo admite el mismo enemigo, pero si no podemos reabastecerla, su fin está sellado”. Y concluye seguramente contestando una pregunta de Hitler: “…No me he repuesto todavía de la salud… Creo que todo esto se debe a la tensión nerviosa de estos últimos tiempos. No se hace política durante 43 años sin que alguna parte del organismo resulte afectada”… “lo importante al pelear las pequeñas enfermedades personales, es saber que no son más que episodios insignificantes, frente a las enfermedades que las Demoplutocracias y el Judaísmo infligieron a la humanidad que a hierro y fuego curarán”.

Pese a la heroicidad de los hombres de la Wermacht en Argelia las tropas que dirigía Von Arnim tuvieron que emprender la retirada hacia el continente europeo. La superioridad en aviones y tanques no pudo ser contrabalanceada. El propio Mariscal von Arnim fue prisionero de los yanquis. En ese momento, se registró una actitud que puso al desnudo, no solo la ordinariez plebeya del vencedor, sino el pensamiento íntimo de Eisenhower, que no tenía la mínima formación respecto a los deberes del jefe vencedor respecto al vencido.

Ike se mostró tal cual era, cuando el Mariscal Von Arnim, pasó por Casablanca, para ser conducido al campo de concentración. De acuerdo a la secular tradición militar, nacida en la época de la Caballería ésta establecía que, siempre el jefe vencedor, recibía al vencido para saludarlo. Empero, el miserable yanqui, le comunicó a su ayudante que, él, “no saludaría al representante del Mal”. El profundo odio se mostró descarnado, en un hombre de la Jefatura de un contubernio compuesto de monstruos como Stalin, y de provocadores belicistas, como el infame de la Casa Blanca (recordar Pearl Harbour) y Churchill, quien había logrado desplazar al moderado Chamberlain. De ahí, que todas las propuestas y gestos de paz de Berlín, entre octubre de 1939 mayo de 1940 fueran rechazadas por él ocupante de Dowing Street 10.   

Con relación al frente soviético, Stalin constantemente rogaba a los hiper-capitalistas, la apertura de nuevos frentes de lucha en Occidente para no colapsar. Ello demostraba la debilidad de aquella masa bestializada por el marxismo. Y tan era así que, cualquier observador comprobaba, en aquella época, como en estos días, con solo observar un mapamundi, que el III Reich y sus aliados luchaban en no menos de 5 frentes a saber: el maldito frente con el averno bolchevique, el frente Occidental Anglo Sajón que además se podían agregar otros dos, el Norte de Europa y el Sur de la península europea, el frente Aéreo y el marítimo, es decir, todo el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo. Así mismo Alemania luchaba con tesón inigualable. El Nacional Socialismo con su Führer, creía, obedecía y combatía.

En esos días (julio de 1942) el Duce pasa revista en una misiva a la cuestión del frente comunista donde se luchaba en miles de kilómetros y le señala a su amigo y aliado: ...“El esfuerzo que Alemania -luego de vuestro llamamiento-  emprende es verdaderamente único en la historia de los pueblos. Estoy, por lo tanto, seguro que los bolcheviques se encontrarán delante de un paredón insuperable. Pero el día en el cual, Führer, se habrá realizado, con las obras y los hombres el Vallum Est (Línea Fortificada) la Rusia, extremada en sus fuerzas, no representará más el peligro mortal de hace dos años atrás y a menos que Ud. tenga la certeza absoluta de destruir, de una vez para siempre sus fuerzas yo me pregunto si no será demasiado arriesgado repetir la lucha contra el espacio infinito de la Rusia, mientras en el Oeste, aumenta el peligro anglo sajón. El día en el cual en alguna forma sea neutralizada o eliminada Rusia, la victoria estará en nuestras manos”.

Y llegó febrero de 1943. En el frente meridional, diez divisiones fascistas, taponearon la enorme brecha producida por el Mariscal von Paulus al rendir sus fuerzas en Stalingrado. La tenacidad de aquellas divisiones formando Erizos (agrupamientos de cerca decenas de hombres, los que se aferraban al suelo con ametralladoras) salvaron al frente de un gran avance bolchevique. Por estos acontecimientos, tomó cuerpo, en el cerebro viperino de los aliados, la idea de atacar Italia, mediante la cual, con la ayuda de los traidores internos, podrían golpear al Eje en otro frente, dando satisfacción a Stalin que venía soportando, pese a los envíos de Rosenfeld o Roosevelt, un imponente esfuerzo en material del soviet norteamericano.

En cercano envío, Dios mediante, continuaremos con el tema.


Luis Alfredo Andregnette Capurro

 Desde el Real de la Muy Fiel y Reconquistadora Ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo.


  Nacionalismo Católico San Juan Bautista


domingo, 16 de agosto de 2020

Gloria Eterna a los combatientes antibolcheviques – Luis Alfredo Andregnette Capurro

 

     Hace ya largo tiempo, en el bastión de la Verdad que encarnó la Revista “Cabildo”, recordamos con unción el 75 aniversario de la Cruzada de España. Fue esa Guerra Justa, un ejemplo de hidalguía que dieron sus FFAA las que con la Falange y los Carlistas mostraron como se debe reaccionar cuando la masonería y los marxistas atacan a Dios y la Patria.

 

     En días presentes estamos conmemorando los 75 años del final la última Cruzada Anticomunista, desarrollada con la heroicidad de la que puede ser capaz, nuestra Civilización Greco Romana Germánica y Católica (1941-1945). Estas dos fechas, marcan el comienzo y el final de la gigantesca batalla con un frente de miles quilómetros, tal como nos lo dice una simple ojeada en el mapa observando la posición del Lago Ladoga en el norte, soviético pasando la línea hacia el sur por Moscú, Kursk hasta Rostov, en el Mar de Azov, del extremo austral. La Unión Soviética de Stalin era la única carta que podían jugar Delano Roosevelt y Winston Churchill para derrotar al Eje antimarxista encabezado por el Führer de Alemania y el Duce de Italia firmantes del Pacto de Acero con el Imperio del Japón (Lamentablemente este acuerdo, se limitó luego al Occidente europeo porque el Japón incumplió su promesa. y no participó en la Cruzada).

 

     La situación estaba preparada. Los peones del supercapitalismo, harían lo indecible para salvar a la Unión Soviética, para luego pasar al ataque contra el Eje antiliberal y antimarxista. Todo se preparaba desde la década de los treinta. Vaya un dato claro. El general inglés Fuller, en su magnífica obra “Batallas decisivas…” Editora Caralt tomo III página 419 nos informa: “Churchill, en 1936 le expresó al general americano Robert Wood que era necesario aplastar a Alemania porque estaba creciendo demasiado” Ya Premier, WINSTON CHURCHILL decía en 1941: “Si Hitler invadiera el Infierno, yo estaría al lado del mismo demonio”. De esto concluimos que, en la mente de aquel sujeto, anidaba un oscuro ateísmo demoníaco porque sólo quien no acepta a Dios, puede afirmar el horror de favorecer el mal absoluto.

 

     El cometido acariciado por aquella mente era posible en esos meses, ya que la ley norteamericana llamada de “Préstamos y Arriendos” del 11 de marzo de 1941, daba al presidente Roosevelt poderes para “obrar a su placer sin interferencias de ninguna otra disposición” Lisa y llanamente significaba que podía hacer la guerra, declarada o sin declarar en cualquier parte del mundo. Roosevelt se precipitaba ciegamente en el camino de la guerra universal, resentido minusválido llegado al poder en 1933 con el apoyo de logias masónicas y mafias delictivas, simpatizante secreto de los comunistas iba a terminar sus días en 1945 entregando, junto a su cómplice Winston Churchill, en la reunión de Yalta, (febrero de 1945) la mitad del mundo a STALIN.

 

     Pero sigamos la línea de los sucesos históricos dejando de lado, por un momento, a los criminales de guerra, en la consumación uno de sus brutales designios. Cuando Hitler, después de rechazar las exigencias del soviético Molotov, en noviembre de 1940, tuvo la seguridad que Stalin con sus 240 divisiones mecanizadas y 10.000 aviones se preparaba para entrar en campo. Por ello ordenó poner en acción la “Operación Barbarroja”, preparada con croatas, fineses, rumanos y eslovacos alemanes e italianos. Había que golpear primero y fuerte al judas bolchevique.

 

     Eran las 3 y 45 del 22 de junio de 1941. Los alemanes lanzaron un vigoroso ataque en un frente de 1800 kilómetros. En pocos meses, los germanos y sus aliados estaban a escasos kilómetros de Moscú, (noviembre de 1941) listos para aplastar la maquinaria bolchevique contra los Urales. Hasta esos momentos las pérdidas comunistas eran impresionantes. Más de diez millones de hombres entre prisioneros muertos y heridos además de 21 mil tanques y 32 mil cañones capturados o destruidos. A todo esto, hay que agregar el arma aérea casi aniquilada. Las cifras mostraban la “crueldad” del ataque de los Fascistas del Eje, a una “casi desarmada” Unión Soviética “pacífica y pacificadora”. Moscú, no pudo ser liberada, porque los caminos de la “progresista Unión Proletaria” se transformaron en pantanos con fango viscoso, producto de la lluviosa primavera de 1941. En ese barro se enterraban las ruedas de todo tipo de vehículos, hundiéndose además las botas de los guerreros de la fiel infantería. La artillería, debía ser arrastrada por caballos, los que asimismo se encenagaban. Se llegaron a fotografiar más de 100 kilómetros de tanques del Eje, esperando se sacaran un poco esas “carreteras” construidas por los “esclavos de la clase obrera”. Estados Unidos entraba entonces en la guerra. El “buen tovarich” José no sería abandonado. Había que evitar el desastre del “genial” representante de “progresismo”, con su obrar socialista soviético.

 

     En el plano de la traición, la red de espionaje comunista en Japón, montada y dirigida por el “alemán” Richard Sorge y con presencia secreta en el mismo Consejo Privado del Emperador Hiroito, había informado que los nipones no atacarían el Asia soviética y se produciría un ataque del “Sol Naciente” a Pearl Harbor.

 

     Stalin (nuevo Gengis Khan) inmediatamente retiró semisalvajes mogoles que guarnecían las tierras lindantes con las zonas japonesas, para enviarlos al frente europeo y frenar así la embestida victoriosa del Reich y sus aliados. En tanto Delano Roosevelt con su Secretario de “Defensa” el Gral. Marshall, (futuro Premio Nobel de la Paz 1953) veían confirmadas las informaciones obtenidas al descifrar el Código Secreto Japonés.  A esto, se sumaba que, las provocaciones habían cumplido su objetivo, al hacer morder el anzuelo al Mikado que atacaría las islas Hawai.

 

     El silencio de Roosevelt y Marshall fue absoluto, porque el pretexto para entrar en la guerra estaría dado a la brevedad (7 de diciembre de 1941) La propaganda directa y subliminal de los poderes que manejan las democracias totalitarias y plutocráticas se encargaría de sembrar el odio en el universo con el “Remember Pearl Harbor”. Los EEUU con unos viejos acorazados hundidos y algunos miles de marinos muertos, estaban “moralmente justificados” para ser beligerantes y apoyar la tiranía terrorista de la URSS con sus Gulags en peligro de desaparición.

 

     En Europa, se extendía el entusiasmo por la Cruzada, para participar en la lucha contra la tiranía lenino-stalinista. Todos se aprestaron a la Guerra Justa. Ni una Nación falló. Cada una, envió voluntarios. Eslovacos, Franceses, Españoles, Noruegos, Flamencos, Valones, Daneses, Holandeses, Ucranianos, Bielorusos, Serbios, Armenios y hasta Árabes seguidores del Gran Mufti de Jerusalén. Asimismo, lo hicieron las Naciones directamente beligerantes como Italia, Croacia, Hungría, Rumania, etc.

 

     La línea del frente se alargó a 4500 kilómetros cuando la necesidad de combustible hizo acuciante un cambio de rumbo hacia Rostov y Stalingrado. Los Cruzados resistieron todo el invierno, con temperaturas de 50 grados bajo cero, lo que fue aprovechado por los soviets para fortalecerse con las enormes cantidades de equipo bélico, que les enviaban los Estados Unidos y Gran Bretaña. Casi seiscientos mil voluntarios integraban el Frente Cristiano Europeo. Con heroicidad, combatieron años convencidos que, sólo con la destrucción del bolchevismo antropofágico, era posible una Europa reencontrada con su dignidad y grandeza. Se incorporaron a las unidades de las Waffen SS con las Banderas y Símbolos Nacionales de cada uno de los Estados en los uniformes de una Fuerza que se había revelado como la única capaz de contener y derrotar al bolchevique”. De hecho, Eslovaquia, fue el primer Estado en acompañar a lo que, su Primer Ministro el católico Monseñor Josef Tiso, con justicia, llamó Cruzada.

 

     En nuestra estadía en Madrid, durante diciembre del 2011, tuvimos ocasión de acceder a una seria Revisión Histórica referente a estos Héroes calumniados como traidores por la internacional siniestra y las plutocracias decadentes.

 

     El Profesor Carlos Caballero Jurado con su pasión por la Verdad y magnífica pluma, es autor de numerosos volúmenes, cuál más apasionante. Van unos ejemplos.  Trilogía con tomos de 500 páginas cada uno, donde estudia, con documentos la “División Carlomagno” que estaba compuesta por Voluntarios franceses en la Waffen SS. Editado por García Hispán en Granada (España). Además, el brillante Historiador español ha presentado al público un hermoso Atlas (250 páginas) titulado “División Azul” con textos, documentación gráfica y cartografía. Editado por Susaeta (Madrid). Allí se plantea, una parte ineludible de la historia de la España gloriosa, por lo que deseamos dar una visión a los lectores. Lo intentaremos en otra edición. En la presente nos circunscribiremos a la serie de los “Voluntarios Franceses”, sobre la que haremos un rápido vuelo de reconocimiento.

 

     He aquí párrafos de páginas destacables de la obra: “La noticia del ataque alemán a Rusia desencadenó en Francia una intensa emoción... La Galia no podía mantenerse al margen del conflicto contra el Soviet. El resultado, con una derrota de Occidente en el enfrentamiento contra los comunistas, significaba la vida misma de la Civilización. Alemania era la única opción… Continuando el autor…  “Los voluntarios franceses que venían combatiendo en las distintas armas alemanas se agruparon en la “División SS Carlomagno”. Con esta, lucharon en los más crueles y dramáticos escenarios que vio el suelo de Europa… La campaña en Rusia... Pomerania, Italia (contra los traidores terroristas partisanos) culminando en Berlín…junto a la “Legión Valona” del heroico General Degrelle. Estos voluntarios, continuaron combatiendo al bolchevismo cuando la suerte estaba echada.

 

     Atacando, y es un ejemplo, con la columna Francesa del Coronel Labourdette al aeropuerto de Tempelhoff en Berlín, para recuperarlo de los stalinistas. Mientras tanto, junto a españoles Falangistas (división “Fantasma”) defendían el Bunker del Führer en lucha sin igual despiadada y sin cuartel” Algunos miles contra las hordas de la Estrella Roja, armadas hasta los dientes disparando con 8000 cañones sobre la capital del Reich. En estos libros del Profesor Caballero, está la historia para que las generaciones futuras admiren a unos hombres que, al volver a su patria, los que pudieron hacerlo, fueron tachados de traidores... Las páginas 331,332 y 333 del tercer tomo son de antología…Allí se desarrolla la Verdad.

 

     Impacta esta frase contundente: “Francia había decidido inventarse de arriba abajo su historia de la Segunda Guerra y los antiguos Voluntarios no iban a aguarle la fiesta...” De golpe y porrazo se hizo una amnesia colectiva. Se olvidó que el Ejército heredado por Francia del Frente Popular judeo marxista, se había rendido a un costo ridículo para el Ejército alemán. Se olvidaron más de 1000 muertos causados por los Británicos atacando a sus todavía aliados en la base naval de Mers el Kebir.  

 

     Al “río de las sombras”, fue la felonía inglesa de Dunkerque desde donde trasladaron a Inglaterra 250.000 de sus soldados rodeados por los germanos, rechazando con golpes de bayonetas, a sus aliados franceses que querían subir a las lanchas. Albión, dejó en el continente sólo una división organizada. Todo el episodio, fue una catástrofe para Francia (26 de mayo 3 de junio de 1940). La rendición del Paris masónico era inevitable.

 

     (17 de junio de 1940) “Se olvidaron las 600.000 Toneladas de bombas que los Angloamericanos lanzaron sobre Francia entre 1943 y 1944, causando decenas y decenas de miles de muertos. Nadie quiso darse por enterado que el trato cotidiano entre alemanes y franceses era singular como para que, en 1943, la autoridad militar Germana estuviera pasando pensiones a 80.000 mujeres que tenían hijos con soldados del Reich”.

 

     “El gran mistificador fue sin duda el general De Gaulle que se presentó a sí mismo como encarnación de Francia”. Nada se ha dicho, ni se dice sobre las serias sospechas existentes respecto de su intervención, en el asesinato del Almirante Darlan  (diciembre 24 de 1942).                                                                                

                                                                                               

     Pero De Gaulle, el petulante locutor de la radio de Londres, hacia donde huyó luego de derrotada Francia en 1940, no estaba solo. Para inventar orwellianamente una nueva historia, tenía a su lado, entre otros, a Andrë Malraux. Con referencia al personaje citado, el profesor Caballero Jurado escribe: “Vale la pena detenerse en su figura sobre todo después que Oliver Todd publicara en el 2001 su biografía: “André Malraux, une vie” (editada por Gallimard Paris. Libro que se publicó en castellano en el 2002). Una obra imprescindible para quien desee comprender como Francia reescribió su historia. Todd nos revela -continúa Caballero- que quien fue considerado un icono del siglo XX debe ser visto como un aventurero mitómano…” Este párrafo del Historiador Todd, explica la maniobra de quien había rechazado unirse a la “Resistence” porque esta no contaba con tanques y aviones”, a ella se afilió en la penúltima hora, dentro de filas comunistas. Sin embargo “pasó a la posteridad como el intelectual comprometido y luchador”.

 

     Caballero, transcribe un párrafo de Todd que dice así: “Malraux se beneficia de la colusión gaullista comunista justo recién acabada la guerra. El general necesitaba repetir que Paris se había liberado sola, que el pueblo francés había luchado heroicamente y los comunistas alimentar el mito que eran el partido de los 70.000 fusilados…” “Malraux acabó enterrado en el Panteón pero sus libros siguen trasmitiendo la ficción. Pero cuando la ficción trata de hechos históricos reales –continúa Caballero– ya no es sólo ficción, es mentira”. “Francia aceptó las falsedades de un De Gaulle, un Malraux, y tantos otros, porque deseaba creérselas.” (Destacados nuestros) ¡Oh! poder de la semántica instrumentada para robotizados cerebros democráticos. Dios nos guarde de ellos.


     Los molinos del Señor, Nuestro Dios, muelen lentamente, … pero muelen y muestran la Verdad.           

               

Por eso rogamos, para que nos siga contando entre sus peones molineros.

 

Luis Alfredo Andregnette Capurro

 

Desde el Real de la Muy Fiel y Reconquistadora

Ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo 

 

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

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lunes, 10 de agosto de 2020

Genocidio Croata en Bleiburg democráticamente impune – Luis Alfredo Andregnette Capurro

                                       

Merced a lo que se dio en llamar: “la Cortina de Acero del Silencio Discreto”, escribió Lord Hankey estas líneas haciendo un planteo que hoy, sigue teniendo la misma actualidad que cuando lo exponía, allá por la década de los años cincuenta. El estudioso británico señalaba que “se había encarnado mediante los medios de comunicación, un dogma, que establecía, que, cualquier escriba tenía el derecho de hacer acusaciones y ser juez de sus afirmaciones…”  sobre todo si ellas, agrega quien esto escribe, lanzaran la peor carroña sobre los Caudillos y Estados que llevaron en sus frontispicios el signo de la Revolución Anti-bolchevique por la cual se dieron en Holocausto, en la tragedia aparentemente finalizada en mayo de 1945.

Esos recuerdos nos invitaron a redactar esta nota como homenaje al martirio de cientos de miles de croatas en Beliburg por los mutantes bolcheviques, partisanos de Tito con la complicidad de las FFAA de las plutocracias anglo norteamericanas.

Hay que correr la cortina y mostrar este horror oculto durante setenta y cinco años.  Para mostrar el tema y darle la importancia que merece, no tenemos otro camino que retrotraernos algunos años en la Historia, y colocar la cámara fotográfica enfocando los momentos cuando desarrollaba las reuniones en el Palacio de Versalles la nefasta y mendaz “Conferencia para terminar con las guerras”. 

La corrupta prensa democrática se encargó de cubrir equívocos aquellos seis meses de 1919, que cambiaron para mal el mundo, alentando un segundo capítulo de la Guerra de 1914.  Los “dioses” de Versalles eran los actores del Grand Guignol y se llamaban Wilson, Loyd George y Clemanceau con otras comparsas que a sabiendas mentían respecto al horror que se cernía sobre el mundo con su propio accionar y el triunfo de la demencial fórmula marxista leninista en la otrora Santa Rusia Imperial.

Estaban en el poder los posesos destruidos por el Divino Maestro (San Lucas VII v 32 ss) y tomados por Fedor Dostoievsky en “Los Endemoniados”, una novela que es el relato de proceder del comunista. Nada de atentados. Se trata de desmoralizar la sociedad. Destruir su moral.  Rusia dominada por el averno. Así definen a sus monstruos los nihilistas: “es un hombre entregado a la causa. No tiene ni sentimientos ni afecciones ni nombre propio …”  Aquí están retratados Lenin, Stalin, Trotski y … ¿porque no? Tito y hasta los impolutos Churchill y Roosevelt. Los dioses que nombramos líneas más arriba concedieron magro apoyo militar a los rusos blancos que combatían a los que, con el Manifiesto de 1848 en la mano, aplicaban sus recetas genocidas sobre poblaciones enteras. Esos sicópatas de una etnia endogámica luego de asesinar al Czar junto a su familia    habían sumido al ex Imperio productor mundial de trigo en la hambruna más horrorosa. A nadie, por el agnosticismo reinante en Occidente le importaba lo que poco antes (1917) había anunciado Nuestra Señora a unos niños pastores en Fátima: “Rusia esparcirá sus errores por el mundo”.

Al hablar de los que pergeñaban el mapa de la “nueva Europa”, el lector debe tener presente que queremos especialmente referirnos al engendro denominado Yugoeslavia (estallado en pedazos a fines del siglo pasado) donde tendrían cabida serbios, croatas y demás eslavos del sur.

En 1919 dos diplomáticos de esa nueva bomba a estallar se dirigieron a Paris a tratar los detalles finales. Pasic era el serbio que, a pesar de su desagrado, tuvo que aceptar la decisión del Príncipe de Serbia Alejandro, que lo acompañara Trumbic, un croata que como expresa la historiadora canadiense Mac Millan: “aunque   pasó   gran parte de su vida trabajando por un Estado yugoeslavo que incluyera a Serbia tenía a los serbios como marcados por sus largos años bajo la dominación turca”. “Espero no vaya usted a comparar -dijo a un escritor francés -a los croatas, los eslovenos, los dálmatas a quienes siglos de comunión artística, moral e intelectual, con Austria, Italia y Hungría han hecho occidentales puros, con estos serbios semi civilizados, híbridos balcánicos de eslavos y turcos”.

La convivencia entre los dos grupos raciales existió apenas cinco años. En 1925 comenzaron a predominar los serbios en todas las estructuras del Estado, que pretendía ser federal. El asesinato del jefe del Parido Campesino Croata Radic que intentaba recuperar los derechos legítimos de la católica Croacia fue muerto a tiros en pleno parlamento por un diputado serbio. Surge entonces con fuerza el Dr.  Ante Pavelic con un amplio movimiento popular llamado “Ustacha” compuesto principalmente de intelectuales estudiantes y joven clero católico. Paralelamente y como una rama de los Ustacha, se organizaron los estudiantes secundarios con el lema “Defensa de la Patria”. Estos jóvenes fueron los que tiempo después pusieron las bases de la Croacia independiente.

El Rey Alejandro creyó que el Estado sólo podría salvarse con medidas extraordinarias luego de la muerte de Radic. Como consecuencia tomó por un camino que tuvo un hito nefasto. El 6 de enero de 1929 abolió la Constitución y asumió la totalidad del Poder Público. Comenzó así, la persecución serbia anticatólica y por ende anti croata. Todos los grupos formados incluso las asociaciones confesionales fueron disueltas. Tales disposiciones draconianas le costaron la vida al Rey Serbio en octubre de 1934 cuando iniciaba una visita a Francia. Un croata (no ustacha) disparó su revólver contra el coche oficial dando muerte, no sólo al Monarca sino también al Premier francés Jean Louis Barthou. La persecución se extendió y Pavelic solicitó asilo en Italia que le fue concedido por el Duce.

En toda Europa se encontraban campamentos de Ustachas exiliados exponiendo su pasión independentista para su heroica Patria. En vísperas de estallido del segundo capítulo de la gran guerra, el 26 de agosto de 1939, Croatas Serbios sellaron sus disputas en acuerdo solemne ante el Regente Pablo. Sin embargo, la política yugoeslava de acercamiento económico con el Reich no era vista con indiferencia en las esferas del gobierno británico presidido por el maquiavélico Winston Churchill. Las libras de oro compraron gran parte del cuerpo de oficiales serbios encabezados por el general Simovic. El personaje de marras tenía vínculos con los EEUU. Estos comenzaban nada menos que con Harry Hopkins secreto agente comunista y consejero de Roosevelt quien como Presidente preparaba en esos momentos (1941) la incalificable traición de Pearl Harbor con la que conseguiría entrar en la guerra y salvar a la Unión Soviética.

Simovic, según señala Walter Hagen, recibía “ayuda” financiera y moral desde New York y Washington. Todo estaba a punto. El 25 de marzo de 1941 Simovic desencadenó el golpe de estado. Tal fue la alegría de Mr. Winston Churchill que convocó al Parlamento e inició su discurso diciendo “Por fin tengo para dar una buena noticia…” refiriéndose a los sucesos en Yugoeslavia sobre la que se explayó largamente. El democrático general cipayo formó su gobierno e inmediatamente llamó a Mr. Ronald Campbell, embajador de Jorge VI, para ofrecer a Gran Bretaña bases militares en el territorio yugoeslavo. La torpe traición al sudeste de Europa fue aprovechada también por Stalin que ordenó a Andrei Vichinsky que propusiera un tratado de alianza cuya principal estipulación sería que la URSS consideraría cualquier ataque contra Yugoseslavia como una agresión a Moscú. El nudo gordiano del torpe Simovic fue cortado en abril de ese año 1941 con la entrada de las tropas alemanas cruzando la frontera del reino federativo.

Algunos días antes, exactamente el 10 de abril, un integrante de la “Ustacha,” Kvaternik, proclamó en Agram la Independencia de Croacia. Siglos habían pasado de la pérdida de la soberanía de aquel pueblo de católicos guerreros y campesinos.  Siempre, contra viento y marea, bastión imbatible de la Cristiandad integrando el Sacro Imperio Romano y luchando denodadamente contra el turco brutal y sus pirámides de cabezas.

Con el andar de los tiempos, el coraje croata enfrentó los Ejércitos levantados por el radicalismo de la “Enciclopedista Ilustración masónica” corporizada como castigo demoníaco en la “revolución francesa”. Pero no perdamos el camino de la XX Centuria. Digamos algo reviendo esos días de abril de 1941. El Arzobispo Aloysius Stepinac celebró en Zagreb un solemne Te Deum por la Patria Croata Liberada. El ejemplar sacerdote de Cristo preparó su martirio porque en 1946 fue “juzgado“ y condenado a prisión perpetua. Falleció en la mazmorra Social Comunista sufriendo terminal leucemia.

Los campesinos armados recibieron a la Wermacht con banderas desplegadas prestando grandes servicios al desarmar a las unidades militares afectas al Belgrado del engendro yanqui- anglo- soviético.

El doctor Ante Pavelic y los exiliados Ustachas entraron en Agram y se hicieron cargo del Poder. El contento fue extraordinario, ya que el pueblo croata se sentía feliz con la posesión de la libertad. Era el niño salido de la Pila bautismal. La satisfacción y el entusiasmo aumentaron más cuando al regreso de su visita a Berlín, el 6 de mayo, Pavelic trajo la noticia de que el nuevo Estado comprendería todos los territorios que los croatas reivindicaban; es decir Bosnia y la Herzegovina, Dalmacia y la franja costera, Eslavonia y Zagoria. Lo que los alemanes pedían a cambio era insignificante. Se mantendrían en el país las tropas germanas necesarias para el desarrollo de las operaciones que se avecinaban.

El 22 de junio Hitler se adelantó al zarpazo que Stalin y Asia estaban a semanas de desencadenar. Era sin dudar el más gigantesco ataque jamás imaginado. La “Operación Barbarroja” (En honor al Cruzado y Emperador medieval Federico Hohestaufen) así lo comprobó cuando las Divisiones del Eje avanzaron imparables sin encontrar resistencia destruyendo decenas de miles de Tanques soviéticos y rodeando con brazos de acero a las hordas rojas que se rendían por cientos de miles. El Ejército Rojo era totalmente impotente ante la máquina germana.

Mientras- como dice el biógrafo inglés de Tito Jasper Ridley - “la Luftwaffe destruía en tierra a casi toda la Fuerza Aérea de Stalin, la mayor de Europa, mediante ataques sorpresivos“. Los hombres del Eje encontraban la miseria de obreros y campesinos. Aquella era obra de los Soviets que el bolchaje del mundo exponía como un paraíso proletario. Las poblaciones liberadas recibían a los soldados de Europa con ramos de flores quedando asombradas al presenciar la reapertura de las Iglesias del Rito Cristiano Ortodoxo. Atrás quedaban los años en que habían sido incendiadas o convertidas con odio rabínico judaico en miserables barracones.

En diciembre de 1941 Occidente estaba a veinte kilómetros de Moscú. Tambaleaba el Soviet Marxi-- Leninista genocida. Stalin con los gulags, sovjoses y koljoses aparecían como irremediablemente condenados a desaparecer aplastados contra los montes Urales y aún más allá. Aquello que se veía en lontananza eran las fábricas levantadas para seguir resistiendo el empuje vital de la Revoluciones Nacionales del siglo XX.  

Pero… las Fuerzas Abisales se movieron. El “social comunismo real” no debía morir. A Stalin, que ya boqueaba, se le prometió todo por parte capitalismo usurero y apátrida. Roosevelt provocó Pearl Harbor. La Plutocracia Internacional se alineó junto a la Bestia Soviética a la que remitió lo que hoy equivale a miles de millones de dólares y material bélico sin tasa ni medida. Éste comenzó a llegar desde Irán, atropellado en su soberanía y ocupado por las fuerzas anglo norteamericanas y bolcheviques. Se da en esta etapa lo que el Revisionismo Histórico auténtico nos muestra hoy en páginas llenas de valor, heroísmo y coraje sin igual. Allí estaban firmes, soldados profesionales y centenares de miles de voluntarios cristianos del maravilloso Occidente profundo. Citemos las cunas que dieron calores esos heroicos Cruzados Presentes: España, Francia, Flandes, Valonia, Rusia, Italia, Bielorrusia, Rutenia, Holanda, Hungría, Albania, Croacia, LetonIa, Lituania, Suecia, Noruega, Finlandia, Armenia. Entre ellos y valga la acotación, musulmanes de la Mesopotamia, Sirios, y Palestinos que habían conocido la prepotencia sionista y sus bayonetas sangrantes que los despojaban de sus tierras. Cabe una mención especial además para la raza cosaca que odiados por la hez bolchevique estuvieron “al borde la exterminación“ a partir de 1922…  . Ello tuvo como resultado que, cuando el ataque germánico, se unieran a los alemanes y combatieran a los comunistas partisanos.  Luego, por su formidable espíritu de sacrificio, el Comando de la SS ordenó que esa División se trasladara a Yugoeslavia donde con gran dureza hicieron retroceder a las bandas terroristas de Tito.

A esta altura de nuestro relato histórico no podemos menos que subrayar la barbarie de los “libertadores “que conformaban, al decir de Churchill, “La Gran Alianza“ portadora  de la era del respeto a los derechos humanos“. Sólo un ejemplo. Terminada “la guerra casi todos los cosacos prisioneros, fueron reunidos en Austria y repatriados a la URSS en la “Operación Keelhaul “. La pavorosa, acción estuvo a cargo de fuerzas británicas y estadounidenses, en Italia entre el 14 de agosto de 1946 y el 9 de mayo de 1947 destinadas a “repatriar” a ex “ciudadanos” soviéticos. Así se consumó el exterminio de decenas de miles de personas”. (“Polvo y Terror” Las Waffen SS - Miguel del Rey Carlos Canales Editorial EDAF SLU Madrid -España- Marzo 2013) La División Waffen SS Cosaca estuvo integrada por no menos de 90. 000 héroes. Pensamos que gran parte de ellos murieron ametrallados por los sicarios bolcheviques o sufriendo el martirio de trabajar bajo el Knut, látigo de siete colas con esferas de plomo en las puntas, que manejaban los mutantes social -comunistas.

En uno de sus libros el notable historiador J. P. Veale   expresa, que la característica de la propaganda democrática durante la guerra mundial, en su segunda etapa fue crear Mitos. Éstos son, nada más y nada menos, que imponer ideas fuerza. Así lo hicieron los formadores de la pública opinión, con el masivo manejo de los periódicos, radios, revistas y películas. Con esos instrumentos, no dejaron resquicio sin atender, empezando por la penetración subliminal. El Mito Stalin “implicaba, dice Veale -transformar a Stalin en un progresista aunque sus métodos fueran algo duros: “Un liberalismo impaciente“. Esa era la opinión de los liberales norteamericanos y también ingleses. La representante femenina de la corriente en los EEUU, era la señora Eleanora Roosevelt millonaria izquierdista militante y protectora de elementos comunistas como Harry Hopkins. A reconocidos comunistas, invitaba a pasar en la Casa Blanca como invitados especiales durmiendo, estos “Camaradas”, en el lecho de Lincoln. Incansable en cultivar los vínculos con los comunistas en cierta oportunidad, consiguió que su marido el Presidente Del Ano ordenara al diputado Dies suspender toda actividad de pesquisa referente a la infiltración comunista en la educación y otros puntos clave del Estado norteamericano.  Por ello, la prensa española de los años 40   la llamaba, con el apodo muy justo, de “vaca sagrada de la democracia”. La “señora” quedaba en descubierto porque aceptaba gustosa apoyar con su apellido propaganda comercial y regalos de grandes Compañías o de gobernantes extranjeros. La actividad comunista gozaba de la complacencia de esta “gentil dama” cuando sus quehaceres tenían como objetivo al enemigo común: El Fascismo.

Sucedía también en Londres donde Churchill captado y siempre tierno ordenó el apoyo absoluto a los comunistas de Tito y no a los grupos monárquicos del gral. Mihailovic (fusilado por Tito en 1946) que muchas veces confraternizaban con los italianos y alemanes en el frente anticomunista.

Como derivación de la deificación de Stalin se creó el mito del partisano. El delincuente terrorista pasó convertirse en sincero personaje que luchaba por la Patria y la justicia. No abundaremos en este tema porque en el Rio de la Plata hemos soportado y soportamos la descomunal mentira al servicio de intereses inconfesables.

El salvajismo delictivo se llamó “Maquis“, “Guerrillero” o “Partisano”. Su especialidad eran soldados alemanes a los que buscaban sorprender desprevenidos para asesinarlos con armas blancas o disparando desde un lugar difícil de ubicar. De todas maneras, bajo la apariencia de civiles cometían actos de terrorismo sobre los que no abundaremos por respeto al lector. En la ex Yugoeslavia ya disuelta en aquel entonces se desató un terror sin restricciones. Una guerra sucia que es la más terrible porque no se sabe de dónde van a partir los disparos de una ametralladora o el estallido de una bomba colocada en un tarro de basura o en los rieles del ferrocarril llevando heridos del frente o material bélico.  Paralizar por el terror era y es la consigna. Esto sucedió en Occidente con la perfecta coordinación de la Internacional Comunista recibiendo armas y dinero de los EEUU y de Inglaterra.

A partir de 1944 los acontecimientos de los frentes mundiales favorecieron a Tito. Este apelativo del comunista que tiránicamente “gobernó” Yugoslavia entre 1945 y 1980 encierra un misterio.

Veamos algunos datos para desembocar en la explicación que consideramos acertada.  El biógrafo ya citado Jasper Ridley da por sentado que su nombre era Josip Broz nacido en Croacia en 1892. ¿Pero hay seguridad de lo afirmado? Ninguna. Habla de legajos eclesiásticos y líneas, más adelante expone que existe una partida de nacimiento de un sujeto del mismo nombre “nacido en Viena“ al que se agrega un “certificado de defunción del mismo” estableciendo  haber sido  “muerto en el frente Cárpato” en   1915. Estos documentos fueron enviados a Tito “por el gobierno austríaco cuando era “presidente” como pago por un servicio…”. Cuando Broz murió el 4 de mayo de 1980 el documento fue extraído “de su escritorio y guardado en el sector de los archivos secretos de la Oficina de Guerra en Belgrado…“.

Se ha dicho en corrillos populares y no tanto que era hijo ilegítimo de un noble húngaro de Eslovenia y hasta de Mr. Winston por las simpatías especiales que despertaba en el belicista inglés”. No caben dudas que estuvo como prisionero de guerra en Rusia donde combatió con los rojos y se convirtió en fervoroso comunista. El Clero Croata- expresa Ridley- estuvo propenso a creer que era judío…” El Obispo Lach era un convencido hasta que en 1946 aparecieron primos que lo conocían” ¡Oh casualidad!

En momentos en que alcanzaba el poder total. Ello no había sucedido ni en 1920 ni en 1945, nada menos que en su aldea natal Kumrovec. En varias fichas policiales declara distintas fechas de nacimiento. Reitera su mentira en un documento firmado cuando solicita su admisión en el Komintern (Internacional Comunista). De lo que no hay duda es que el fanático bolchevique toma su seudónimo con el que se hará mundialmente conocido: Tito. Lo forma con las iniciales de la “Taina Internalcionalja Terroristicka Organzacija,” (Organización Secreta Terrorista Internacional) Lo que señalo, fue publicado por el escritor Anton Zischka que la Editorial Noguer de Barcelona con verdad lo presentó como un experto   difícil de refutar por sus conocimientos en el mundo cerrado del comunismo balcánico (“Esto También es Europa” Noguer. Libro documento. Diciembre 1961).

El triunfo de las hordas soviéticas y del capitalismo financiero marcó al planeta con el amoral reparto del mundo. Ciudades arrasadas con centenares de miles de muertos calcinados. Hiroshima, Nagasaki y Dresden son solo tres ejemplos de los horrores demoniocráticos, Europa estaba quebrada social, políticamente y hasta culturalmente. La ruindad de las fuerzas vencedoras inmisericordes superó todo lo que las mentes más perversas pueden imaginar. Las alimañas salieron de sus cuevas y con el apoyo de los yanquis masca chicles cocainómanos, con los soviets borrachos de sangre y vodka llegaron a las violaciones colectivas y las matanzas masivas mostrando “lo que puede el derecho de las bestias. 

La matanza de Bleiburg, genocidio oculto a la humanidad fue como una piedra sillar del titoísmo. Quien se ocupó de este incalificable episodio fue el escritor francés Christophe Dobleau. Su libro fue publicado con el título: “Bleiburg le crime oublié des alliés”. El autor trata su excelente trabajo en la Revista “Ecrits de Paris” (Revue de questions actuelles) de junio de 1985. Nosotros tendremos el honor de transcribir párrafos de ese artículo pleno de verdades.

Helas aquí: “La matanza de los soldados y civiles croatas perpetradas por los comunistas de Tito, ya terminada la guerra, es decir después de la rendición. Recuerda Dolbeau que, al cabo de los años, el conocimiento de la opinión pública, en cuanto a muchos hechos ocurridos durante e inmediatamente del fin de la guerra es deficiente, como entonces. Ello se debe a una conspiración deliberadamente orquestada después de Nuremberg. Entre tales hechos horrendos se cuenta la entrega de centenares de miles de soldados y civiles anticomunistas croatas por las autoridades británicas, cerca del pueblo de Bleiburg al sur de Austria y su ulterior degüello en masa”. La tragedia comenzó el 6 de mayo de 1945. La mayor parte de esa enorme masa de hombres y mujeres y niños no alcanzó a cruzar el río Drava. Eran por lo menos 300.000 entre hombres mujeres, niños y ancianos e igual número de húngaros y alemanes…”. Dolbeau describe las tratativas con los ingleses que las rechazaron obligándolos a rendirse a los comunistas de Tito. Así, el 15 de mayo de 1945 empieza la extradición seguida por las matanzas, que se prolongaron el mes siguiente...”.

Casi al final del largo artículo el investigador galo inquiere sobre la responsabilidad de los crímenes y apunta: “Este genocidio es preciso saberlo no fue un hecho de individuos descontrolados sino fruto de una política deliberada y de una orden formal de Tito...”  Así concluye el Historiador y Fiscal: “Tres veces más horrenda que el bombardeo nuclear de Hiroshima, la masacre de Bleiburg, sin embargo, parece no interesar a las “grandes conciencias” del Occidente. Solo queda en la frontera, en aquel momento Austro  Croata, un modesto monumento del martirio de esos millares de seres humanos sacrificados en el altar de Yalta“  El velo de silencio tendido por la plutocracias del Occidente ha escondido también que, desde 1948, cuando Tito, el Tirano genocida de la hoy fenecida Yugoeslavia se distanció del  bestial Stalin,  los EEUU volcaron en la gran mazmorra titoista más de mil millones de dólares, que representaban más del doble de lo que el ajusticiado Kennedy ofrecía a toda Iberoamérica (500millones) en la trágica broma titulada “Alianza para el Progreso”.

 

Luis Alfredo Andregnette Capurro.   

            

Desde El Real de La Muy Fiel y Reconquistadora Ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo.

 

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