San Juan Bautista

San Juan Bautista

miércoles, 27 de diciembre de 2023

La Verdad y el número - San Atanasio

 


Homilía contra los que consideran al número como prueba de la verdad o que no juzgan de la verdad sino por el número.

 

De Dios debemos esperar la fuerza y las luces necesarias para combatir la mentira y el error y a Él recurriremos para obtenerlas. Él es el Dios de la Verdad, Él nos ha sacado del seno del error y de la ilusión, Él nos dice en el fondo del corazón: "Yo soy la Verdad", Él sostiene nuestra esperanza y anima nuestro celo, cuando nos dice: "Tened confianza, Yo he vencido al mundo.

Después de eso, ¿cómo no sentir compasión por los que sólo miden la fuerza y el poder de la Verdad por el gran número? ¿Han olvidado por consiguiente, que Nuestro Señor Jesucristo no eligió sino doce discípulos, gentes simples, sin letras, pobres e ignorantes, para oponerlos, con una misericordia totalmente gratuita, al mundo entero y que no les dio, como única defensa, sino la confianza en Él? ¿Ignoran acaso que les dio como instrucción a estos doce enviados, no el seguir al gran número, y a esos millones de hombres que se perdían, sino ganar a esa multitud y comprometerla a seguirlos? ¡Cuán admirable es la fuerza de la Verdad! Sí, la Verdad es siempre vencedora, aunque no esté sostenida sino por un número muy pequeño.

No tener otro recurso sino el gran número, recurrir a él como a una muralla contra todos los ataques, y como a una respuesta para todas las dificultades, es reconocer la debilidad de su causa, es convenir en la imposibilidad en que se está de defenderse, es, en una palabra, reconocerse vencido.

¿Qué pretendéis, en efecto, cuando nos objetáis vuestro gran número? ¿Queréis como en otro tiempo, levantar una segunda Torre de Babel, para tener a raya a Dios y atacarlo en caso de necesidad? ¡Qué ejemplo el de esa multitud insensata!

Que vuestro gran número me presente la Verdad en toda su pureza y su brillo, estoy dispuesto a rendirme y mi derrota es segura; pero que no me dé como prueba y razón nada más que su propio gran número y su autoridad: es querer causar terror y dar miedo, pero de ningún modo persuadirme.

Cuando diez mil hombres se hubiesen reunido para hacerme creer en pleno día que es de noche, para hacerme aceptar una moneda de cobre por una moneda de oro, para persuadirme a tomar un veneno descubierto y conocido por mí, como un alimento útil y conveniente, ¿estaría obligado  por eso a creerles?

Por consiguiente, puesto que no estoy obligado a creer en el gran número, que está sujeto a error en las cosas puramente terrestres, ¿Por qué cuando se trata de los dogmas de la religión y de las cosas del cielo, estaría yo obligado a abandonar a los que están apegados a la Tradición de sus Padres, a quienes creen con todos los que han sido antes que ellos, lo que se ha creído en los siglos más remotos, y confirmado además, por la Sagrada Escritura? ¿Por qué, digo, estaría yo obligado a abandonarlos para seguir a una multitud que no da ninguna prueba de lo que afirma? ¿Acaso el Señor mismo no nos dijo que había muchos llamados, pero pocos escogidos; que la puerta de la vida es pequeña, que la vía que lleva a ella es estrecha y que son pocos los que la encuentran? Por consiguiente, ¿cuál es el hombre razonable que no prefiriese ser de este pequeño número, que entra a la vida eterna por ese camino estrecho, a ser del gran número que corre y se precipita a la muerte por el camino ancho? ¿Quién de vosotros, si hubiese estado en los tiempos en que San Esteban fue lapidado y expuesto a los insultos del gran número, no hubiese preferido e incluso no hubiese deseado ser de su partido, aunque él estuviese solo, antes que seguir al pueblo, que por el testimonio y la autoridad de la multitud creía estar en la verdadera fe?

Un solo hombre de una probidad reconocida merece más fe y más atención que otros diez mil que no cuentan sino con su número y su poder. Buscad en las Escrituras y encontraréis las pruebas. Leed el Antiguo Testamento, allí veréis a Fineés [nieto de Aarón, Éxodo 6,25] quien se presenta solo ante el Señor, solo apacigua su cólera y hace cesar la matanza de los israelitas, de los que acababan de perecer veinticuatro mil. Si  se hubiese contentado con decirse entonces, ¿quién osará oponerse aun número tan grande que está unido para cometer el crimen? ¿qué puedo yo contra la multitud? ¿de qué me serviría oponerme al mal que cometen con voluntad plena? ¿habría obrado valientemente y habría detenido el mal que cometía el gran número? No, sin duda, el resto de los israelitas habría perecido y Dios no habría perdonado a ese pueblo gracias al celo de Fineés. Es necesario, por consiguiente, que se prefiera el sentimiento de un hombre con probidad, que obra y habla con la libertad que da la Religión, a las opiniones y a las máximas corrompidas de una multitud.

En cuanto a vosotros, seguid si queréis al gran número que perece en las aguas y abandonad a Noé, el único que es conservado; pero al menos no me impidáis salvarme en el Arca con el pequeño número. Seguid si queréis al gran número de los habitantes de Sodoma; en cuanto a mí, yo acompañaré a Lot; y aunque él esté solo, no lo abandonaré para seguir a la multitud de la que se separó para buscar su salvación.

No creáis, sin embargo, que desprecio el gran número; no, lo respeto, y sé los miramientos que hay que tener con él: pero es ese gran número que da prueba y hace ver la verdad de lo que afirma, y no ese gran número que teme y evita la discusión y el examen; no ese gran número que parece siempre dispuesto al asalto y que ataca con orgullo, sino ese gran número que reprende con bondad; no ese gran número que triunfa y se complace en la novedad, sino ese gran número que conserva la heredad que sus Padres le han legado y está apegado a ella.

Pero, en cuanto a vosotros, ¿cuál es ese gran número del que os jactáis? Qué decir de los individuos vencidos, seducidos y ganados por las caricias, los presentes, de los individuos enceguecidos y arrastrados por su incapacidad y su ignorancia, de los individuos que, unos por timidez y otros por temor, sucumbieron ante vuestras amenazas y vuestro crédito, de los individuos que prefieren un placer de un momento, aunque pecando, a la vida que debe ser eterna.

¿Así, por consiguiente, pretendéis sostener el error y la mentira por medio del gran número, y establecerlo con perjuicio de la Verdad, que un grandísimo número no enrojeció en confesar públicamente a expensas de su vida? ¡Ah, por cierto, hacéis ver la magnitud del mal y hacéis conocer la profundidad de la llaga, pues la desgracia es tanto mayor cuanto más individuos se encuentran envueltos en ella!

"No sigáis la muchedumbre para obrar mal, ni el juicio te acomodes al parecer del mayor número, si con ello te desvías de la verdad"


SAN ATANASIO

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Iustitiam Supplicans - Antonio Caponnetto

 

“¡Cuán bella es la generación casta con claridad! ¡Inmortal es su memoria, y en honor delante de Dios y de los hombres! Pero la raza de los impíos, aunque multiplicada, de nada servirá; no echarán hondas raíces los pimpollos bastardos, ni tendrán una estable consistencia. Sus ramas serán sacudidas por el viento, y desarraigadas por la violencia del huracán”

Sabiduría IV, 1-4.

 

En pleno Adviento –cuando todo lo visible y lo invisible reclama alabar al Dios que llega- el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, a cargo de un sujeto repugnante que puso allí otro de la misma ralea, emitió una Declaración titulada <Fiducia supplicans>, que es una redonda e infame negación de la doctrina católica.

No es necesario que nos expidamos sobre ella, porque ya lo han hecho algunas pocas pero intensas voces jerárquicas y autorizadas; y porque además, la susodicha Declaración, no resiste ninguna confrontación con un catecismo de primeras nociones. Proponer la bendición de lo que Dios ha maldecido; cohonestar los apareamientos contra natura, suponer la presencia del Espíritu donde se ha hecho señorear, a sabiendas, la crasa materia, justificar que sea bendito lo que el Señor condena como pecado; abrir de par en par las puertas a la sodomía y a todas las formas de apareamiento, sin exigirles a los réprobos el camino de la contrición y de la metanoia, es, en primer lugar, un ultraje a Jesucristo y a Su Iglesia. Pero es, además, y en consecuencia, una ofensa gratuita, innecesaria y crudelísima a todos aquellos matrimonios que, contra viento y marea, han vivido dignamente su unión sacramental . Es, en rigor, una cachetada obscena –la que saben dar histriones ignominiosos como Tucho y Bergoglio- a aquellos jóvenes que viven castamente su noviazgo, en espera de consumar la vida conyugal.

Pensando en ellos, en los virtuosos, en el indecible sufrimiento moral que se les ha infligido con estas Declaración tan tortuosa cuanto aborrecible; pero pensando principalmente en que Jesucristo reclama ser desagraviado, elevamos esta Súplica ante la imagen de la Sagrada Familia:

 

El velo, la mantilla, el blanco lienzo,

el brazo paternal que lleva al ara,

la liturgia que esposos nos declara,

bendícenos, Señor, en este ascenso.

 

La vida compartida en un extenso

ir y venir por esa senda clara

de júbilos y penas, o el inmenso

amor que del Amor se cautivara.

 

Bendícenos las cruces y las risas,

el brío juvenil, la vejez dura,

los anillos dorados siempre prietos.

 

Los trabajos, los días con sus prisas,

el tálamo, la mesa, la aventura.

Bendícenos los hijos y los nietos.


Antonio Caponnetto



El liberalismo del blog "Wanderer" y la democracia - Bruno Acosta

 


El blog “Wanderer” podría definirse como una página dedicada al chimento eclesial y al divague filosófico- cristiano, con marcado acento liberal, anglófilo y burgués. Su influencia ha sido nefasta para el conservadurismo o tradicionalismo católico argentino, y, también, para el de otras regiones hispanoamericanas. Puesto que, de ese modo edulcorado, informal, zigzagueante, biempensante, ha infectado, de a poco, inadvertidamente, las conciencias cristianas de liberalismo, de anglofilia y de aburguesamiento. Hace un tiempo, se lo hizo saber otro blog argentino, “Los Cocodrilos del Foso”, dirigido por Dardo Juan Calderón, hijo del insigne historiador Rubén Calderón Bouchet. Lastimosamente, los artículos –jamás contestados- de esa página han desaparecido.

Quisiéramos hoy nosotros, humildemente, ocuparnos de este blog, con ocasión de las elecciones en la Argentina.  Cada vez que hay comicios allí, entre los más formados católicos se suscita la disputatio acerca de la participación en el sistema democrático y el voto al “mal menor”. Discusión que ni siquiera debería darse, si los principios estuviesen claros: la democracia liberal partidocrática es, en esencia, una perversión. ¿Cuál es la postura del sitio “Wanderer”? Una postura, por supuesto, ni fría ni caliente: tibia. Hasta podríamos decir candorosa e inocente. Pueden leerla AQUÍ y AQUÍ. Mas, de todo el palabrerío del anónimo escriba -¿por qué se oculta?- rescataremos, para nuestro análisis, una oración. Es esta:

“[…] a fin de evitar equívocos, comienzo con una aclaración. Votar o no votar es una decisión de cada uno, y si vota, es su decisión a quién vota.

Haciendo una chanza de mal gusto –pero no inconsecuente en cuanto a los fundamentos- esto de la “decisión” nos trae a la memoria aquél macabro mantra de las aborteras: “mi cuerpo, mi decisión”. Y sí: sobre mi decisión no hay nada, ni nadie. Hago absolutamente lo que quiero. Del liberalismo al planteo de las infanticidas hay un paso; o ni siquiera un paso.

Pero yendo al punto, esta sola frase del “caminante” demuestra lo que sosteníamos: su pensamiento es liberal. E infecta de liberalismo, entre dos vasos de whisky, sentados en cómodas poltronas -tal la “canchera” imagen que quiere dar- a sus incautos lectores.

Porque, primero: “¿votar o no votar es decisión de cada uno?”. Es decir: participar o no en un sistema condenado por la Iglesia, ¿es decisión de cada uno? Recuérdese que la Iglesia ha condenado todas las dimensiones del inicuo régimen: el sufragio universal, la soberanía popular, el liberalismo, los partidos políticos. No obstante ello, ¿está en mí elegir, con mi voto, participar o no del sistema?

En segundo lugar: “si voto, ¿es mí decisión a quién voto?” Entonces: ¿está en mí decidir autónomamente a quién votar? ¿No debo, llegado el caso, regirme por principios heterónomos que me indiquen a quien debo elegir?

De este planteo se desprende paladinamente un pensamiento liberal y –consecuentemente- erróneo del responsable del blog “Wanderer”. Pensamiento que ha contaminado –como decíamos- durante años a sus seguidores.

Para terminar, su filosofía nos recuerda las palabras de León XIII en su trascendental encíclica “Libertas”. Leámoslo:

“Esta es la pretensión de los referidos seguidores del liberalismo; según ellos, no hay en la vida práctica autoridad divina alguna a la que haya que obedecer; cada ciudadano es ley de sí mismo. De aquí nace esa denominada moral independiente, que, apartando a la voluntad, bajo pretexto de libertad, de la observancia de los mandamientos divinos, concede al hombre una licencia ilimitada”.

Para el articulista, “no hay en la vida práctica autoridad divina alguna a la que haya que obedecer; cada ciudadano es ley en sí mismo”. En sus palabras: Votar o no votar es una decisión de cada uno, y si vota, es su decisión a quién vota. Es la consagración de la “moral independiente” propia del liberalismo –tal como denunciaba León XIII-, por más que esté adornada de perendengues cristianos.

 

Fuente: Revista Verdad

 

 

 

 

domingo, 17 de diciembre de 2023

Navidad - Antonio Caponnetto

 


El pesebre de la pequeña grey

“No temáis, manada pequeña...”

Ls, 12,32

 

Por Antonio Caponnetto

 

Hemos juntado el heno, rastrillado el forraje,

arrimando barreños para el agua de lluvia,

en que beban la mula, los bueyes, las ovejas

junto al pasto azabache, junto a la espiga rubia.


Hemos limpiado el marco de las dos ventanucas

por las que entra el aliento del frío de Belén,

procuramos dos lirios, una rosa ,tres panes,

y un trono para el Ángel que profiera su Amén.


Hemos puesto en el centro una alfombra de briznas

con cabezal de olivos, ramajes de laureles;

si éste será el refugio de quien viene a salvarnos

que su cabeza apoye entre mansos vergeles.


Hemos dado a María, por si horada el rocío

un poncho grana intenso que semeja un cerezo,

y a San José un velaje orientador de sombras

aunque el Niño que llega será luz y embeleso.


Hemos visto a los pobres pastores de esta tierra

cantar himnos de gloria, preparar cada arreo,

cargar en sus alforjas los fulgores de auroras,

jamás los nueve brazos del candelabro hebreo.


Al fin, hemos cavado con una espada antigua

un surco que el camino delimita y prorroga,

lo cruzarán los Magos seguidores de augurios,

no los oscuros pasos de la cruel sinagoga.


Somos pocos, ya sabes, Señor, nuestro volumen,

así lo dispusiste, así tus profecías,

no pedimos medrosos la paz de los rendidos

ni el oro acumulado por torvas juderías.


Una hermandad apenas, que procesiona y marcha

sobre el lomo humillado de esta patria sumisa,

te implora solamente morir por Tu Bandera,

la gracia peregrina de conservar la misa.


Ahuyenta a los falsarios, los que ya han desertado,

fingiendo cercanías con sofismas arteros.

Sólo marchen invictos, penitentes, orantes,

los jinetes de blancos corceles postrimeros.


Desagravia la Noche que ultrajó el circunciso

en la Roma blasfema o en este lar lejano,

nace otra vez, Rey nuestro, como hace veinte siglos

retén el universo en la luz de tu mano.



jueves, 14 de diciembre de 2023

Javier Milei Presidente: En mi sed me dieron Vinagre - Bruno Acosta

 

Existen ciertos errores filosóficos -o, más pedestremente, de sentido común- que se suelen olvidar en nuestra época. Y que, particularmente, muchos suelen olvidar en nuestras filas. Uno de ellos es que las causas de los problemas no pueden solucionar esos mismos problemas; justamente, porque son sus CAUSAS.

Imagine, caritativo lector, que Ud. tiene sed. Si decide saciar su sed bebiendo, por ejemplo, vinagre, su sed no se saciará. Para colmar su sed deberá beber agua.

Ocurre algo parecido en la política: para resolver un problema político, debo apuntar a algo que realmente lo solucione, y no a un remedo que no lo hará y que me intoxicará.

Apliquemos ahora la metáfora:

El problema es el progresismo; el problema es la profunda degeneración y crisis de la sociedad occidental que padecemos. Yendo a un caso concreto, la solución que propone nuestra hermana República Argentina es el liberalismo. ¡No, no y no! El liberalismo es la causa del problema; jamás la causa de un problema puede ser su solución. Jamás se colmará mi sed con vinagre.

Al ser liberal, Milei parte de una filosofía errónea, condenada por la sana filosofía y por el magisterio de la Iglesia. Para bajar esto al llano, pongamos, al menos, un ejemplo:

El lema de Milei es el “don’t tread on me”; que en la lengua de Castilla significa “no me molestes”, “no te metas conmigo”. Fiel reflejo del rapaz individualismo liberal. Para el liberal, el otro, el prójimo, es alguien que molesta, que estorba, que resta. La ley universal del liberalismo es el egoísmo animal. Contrariamente, para la filosofía cristiana, el prójimo es alguien que aporta, que potencia, que suma. La ley universal del cristianismo es el amor. Su lema es: “amarás al prójimo como a ti mismo”. La diferencia es radical.

Este egoísmo hecho ley universal permitió los abusos cometidos durante el siglo XIX contra los obreros. Y esa explotación -provocada, insistimos, en aplicación de los principios liberales- provocó la reacción comunista. ¿Cómo puede creerse, entonces, que el liberalismo puede combatir al marxismo, cuando es el que lo provocó histórica y filosóficamente?

Globalmente, nada bueno puede salir de algo malo. Las causas de los problemas no pueden ser su solución. El vinagre no puede colmar mi sed.

Bebamos, para colmar nuestra Sed, el Agua Verdadera que da la Vida.


                                                                                       Bruno Acosta

Fuente: Revista Verdad



lunes, 27 de noviembre de 2023

Filosofía arrabalera contra los doctos aburguesados – Augusto Torchson

 


Si hay algo que estos tiempos nos pueden dejar de enseñanza dentro de lo terrible de la situación que vivimos, es que, tanto en la plandemia como en el circo democrático actual, quedó absolutamente claro que había muchos de los que estaban entre nosotros pero no eran de los nuestros.

No es ningún descubrimiento el acertado dicho popular que reza que “todos son machos hasta que suena el primer disparo”. Pero los otroras cruzados de las redes sociales y de tertulias de salón, lejos de quedarse solamente agazapados bajo la mesa, salen a justificar su nuevo status con argumentos que el peor de los sofistas en la época de Platón se hubiera sentido avergonzado de utilizar.

Si la desesperación es mala consejera en cuestiones políticas, mucho peor es el miedo exacerbado. Y si hay dos características que podemos señalar como distintivas en estos tiempos, son la hipocresía y la cobardía. Y los cobardes ahora son más hipócritas que nunca, y si ahora usan pañales para evitar que se haga patente la consecuencia de sus actitudes eunucas, sabrán argumentar “científicamente” los beneficios prácticos que brindan dichas “prendas” en tiempos en los que es preferible estar prevenidos, resaltando las virtudes del hombre prudente y precavido.

Y los justificadores que se rejustifican y contrajustifican cambiando sus discursos originales sin retractarse de los primigenios, no solo omiten mencionar dichas posturas anteriores sino que aspiran a que sus oyentes pretendan no haber escuchado algo diferente de sus propias bocas no mucho tiempo atrás.

Los esgrimidores de tan cambiantes como elaborados argumentos, suelen ser gente instruida (o medianamente, o que simulan serlo); pero si hay algo que queda claro, es que las más heroicas gestas leídas por un eunuco, pueden servir para encendidos discursos, pero difícilmente se traduzcan en acciones nobles y valientes, mostrando lo difícil que es recuperar la virilidad perdida. Y así como el actual “ungido” por el vulgo soberano, estos tales siempre sostienen que son de los pocos que “resisten un archivo”[1], pero habría que preguntarles si los mismos tienen período de caducidad.

Pero lo concreto es, hablando gauchamente, que “en la cancha se ven los pingos”, demostrando estos eruditos que leen para la tribuna (y adecuan su prédica a la misma y a las circunstancias) que son el paradigma vivo no ya del “haz lo que yo digo y no de lo que yo hago”, sino del “haz lo último que yo dije, y si mi acción no se condice en ese caso, espera que prepare mi próximo decir”. Es claro que estos cada vez más numerosos personajes, pueden negociar sus principios pero nunca perder vigencia, a pesar de las más vergonzosas claudicaciones y autohumillaciones a las que de continuo se ven expuestos.

“El liberalismo es pecado”, solían decir, pero ahora, y bien entendido, podría encontrarse algún escrito eclesiástico que se pueda interpretar como la solución al problema de encontrar la cuadratura del círculo en esta cuestión. “La democracia es la enfermedad”, repetían (con tanta convicción como un periodista del canal de TV estatal), pero descubren finalmente que con los argumentos adecuados, no hay patógeno que no pueda ser vencido, o más bien remedio que no cure la enfermedad pero oculte algunos síntomas. Y así resultó que lo que pensábamos que era la “casta” no era la casta, o que cambió la no casta para pasar a ser casta, y que ahora la no casta que es casta resultó no ser tan mala.

A estos modernos sofistas podemos oponer el más elemental sentido común del laburante de la calle que afirma tener claro que al día siguiente de las elecciones, gane quién gane, el que pierde es el pueblo. A este trabajador, que con mucho esfuerzo consigue llevar el pan a su casa, la experiencia le demostró sobradamente que nunca se pudo creer en una promesa electoral y que tampoco hubieron consecuencias para los que prometieron y no cumplieron. Entiende con toda claridad este argentino, con el que completamente nos identificamos, el inmensamente básico silogismo referido a la ridícula posibilidad de creerle al mentiroso.

Sin embargo, los grandes pensadores aburguesados ante esta situación se empeñan en buscar los más enrevesados razonamientos (hablar en difícil, como decimos en el barrio), para que al no entenderse los mismos, él débil oyente y “likeador” de sus exposiciones, concluya que el “confíe en nosotros, somos especialistas” no puede fallar, sobre todo en personas con tanta exposición en las redes.

Otro argumento sostenido por los malabaristas del conservadurismo disfrazados de intelectuales católicos o nacionalistas, es que finalmente descubrieron que para cambiar la “realidad” (en vez de combatir sus atroces consecuencias), hay que comprometerse. Y el compromiso del “buen ciudadano” es el llevado a cabo anónimamente y sin ninguna consecuencia personal en el altar de la sacrosanta democracia que es la “inmaculada urna”, inmunda caja de cartón repleta de figuras de malolientes vendepatria, que se terminaría transformando por medio de una adecuada publicidad, en la forjadora del destino de una nación. Y así nos va, mientras seguimos cabeceando la pared. “Los problemas de la democracia se solucionan con más democracia”, diría un iluminado detractor del sentido común.

Finalmente, y para concluir con esta humilde observación de la triste actualidad de nuestra patria, (nuestra Iglesia, y hasta del mundo entero), afirmamos que en el caso argentino, ante la correcta y heroica opción de resistir el mal en todas su variantes y aún contra toda posibilidad de victoria, estos traidores formadores de opinión de gente poco instruida o de débil carácter; tenemos que advertir que se apoyó y fomentó al candidato que habló y propuso las políticas y principios más contrarios a los más elevados valores fundacionales de nuestra nación y a los más elementales principios religiosos católicos, ensalzando y priorizando las naciones y religión enemiga por sobre nuestra Patria y nuestra Fe. Hablamos del que sin sonrojarse afirmaba que no le gustaban las banderas porque era como poner muros, para no enarbolar la enseña nacional, pero sin embargo sin empacho y con orgullo levanta la bandera del Estado Sionista.

Recordemos que los pecados mortales conducen al Infierno por igual, pero los carnales nos asimilan a las bestias, y los espirituales, que son los que en este caso se distinguen más claramente en la opción de los apóstatas y cipayos sofistas aburguesados a los que nos referimos, nos asimilan a los demonios y por su naturaleza tienen una gravedad infinitamente superior a los primeramente mencionados.

Como anónimos laburantes y muchachos de barrio, seguiremos siendo simples soldados de a pie de Cristo Rey y de nuestra amada Patria, y sosteniendo que el pasto es verde y el agua moja, aunque los respetos humanos lo desaconsejen; y nos jactamos especialmente de seguir resistiendo aún cuando las probabilidades nos sean más esquivas. Y tal vez humanamente nos toque perder, y ustedes consigan alguna efímera gloria humana, pero recuerden despreciados enemigos internos:

 

"Roma traditoribus non praemiat”

 

Augusto Espíndola



[1] https://www.tiktok.com/@c5n/video/7293689597442231558




domingo, 26 de noviembre de 2023

Se viene nomás la batalla cultural - Antonio Caponnetto

¿Y ESTE ES EL ROSTRO DE LA BATALLA CULTURAL?

Cuando el delegado y elegido de Perón, Héctor Cámpora –el hombre alfombra del General, como lo llamara Genta- asumió el poder en el infausto 1973, desde la revista Cabildo, sacamos una tapa con la caripela asqueante y satisfecha de náusea de José Ber Gelbard, formalmente nombrado Ministro de Economía. El retrato, claro, iba acompañado de una leyenda que decía: “¿Y este es el rostro de la liberación?”. Una larga y fundada nota apuntando las fechorías del hebreo, daba cuenta de su pasado delictivo, ligado al ámbito de la usura, de las finanzas turbias y del dinero malhabido. La pregunta de aquella tapa era retórica, por cierto. Pero hacía alusión a uno de los ejes centrales de la campaña peronista para llegar al poder; a saber, que combatirían la dependencia y nos darían la liberación.

Pues resulta que ahora, entre los nombramientos formalmente asegurados de Milei se cuenta con el de Leonardo Cifelli como Secretario de Cultura. “Leo”, para sus amigues, tiene frondosos antecedentes como productor teatral en el submundo de la farándula, del espectáculo en su peor acepción política y del universo de actrices y actores putoides; verbigracia, de ese despojo humano que se llama Pepito Cibrián Campoy, cuya inverecundia compite con su nadería.

Una vieja noticia de julio de 2013, nos lo muestra a Cifelli festejando efusivamente el “casamiento” de Marilina Ross con su pareja Patricia Rincci.

No sólo eso, nos lo muestra, junto con otra invertida como Sandra Mihanovich, “asesorando a las novias en todo” y “el festejo que se hará en el restaurante mexicano de Marita, la pareja de Sandra, en Martínez”. Todo puede saberse con estos y muchos más detalles con una simple <gugleada>, de las que proponía el infame Massa. (https://www.continental.com.ar/espectaculos/a-los-70-anos--se-casa-marilina-ross_a60e45ec9771a9219a550e210)

Pues bien, la comparanza es casi obvia entre aquel 1973 y este exacto medio siglo después. ¿Este es el rostro de la batalla cultural, que nos prometían y aseguraban los pandilleros mileistas de la Nueva Derecha? ¿Esta es la esfinge, el emblema o el signo de quienes nos acusaban de no comprender la gesta intelectual que se abalanzaría sobre la sociedad al solo conjuro de la victoria peluquense? ¿Esta es la señal de los festejos de que ha sido derrotado el progresismo, la zurda y el detrito cosmovisional del kirchnerismo? ¿Esta es la epopeya recuperadora de la cultura, anunciada por los paladines de La Libertad Avanza, y que por no saber valorar ni comprender ni votar, fuimos catalogados de irrecuperables para la vida política? ¿Y si no lo fuera, nada tienen que protestar, ni ninguna disculpa que ofrecernos, los que rifaron la ortodoxia católica, como platejo de lentejas, para que se alzara con el poder tamaño golem, parido entre las usinas más turbias de la sinagoga?

No esperábamos que el esperpento libertario nombrara en el área al Cardenal Cisneros o a Alcuino. Pero al menos a alguien a quien le funcionaran normalmente las hormonas, como para tomar distancia de todo ese burdelesco aparato al servicio de la mentira, de la maldad y de la fealdad en que se ha convertido hoy la cultura.

En rigor, no nos preocupa el nombramiento de Cifelli o desquiciado análogo. Estamos acostumbrados a enfrentarlos. Nos preocupan dos cosas: la ceguera obtusa y recalcitrante de los supuestos <buenos>, que siguen apostando a Milei; y la obscenidad pronunciada e insolente con que éste sigue dando muestras de su alineación en el bando judeomasónico. En tal sentido, la Argentina nunca ha conocido un presidente más pornográfico en la materia.

Es su “proyecto personal de vida”, por cierto. Y al no haberlo ocultado nunca, hay que decirlo, el perengano no engañó a nadie.

Pero se engañan, sí, y mucho, todos aquellos que no presienten, olfatean o intuyen que detrás de ambos fenómenos –la ceguera empecinada de los buenos y la pornografía política de los malos- hay algo que huele a preternaturalidad. Milei las llamó “fuerzas celestiales”. Se olvidó de decir que, son las fuerzas caídas, las rebeladas contra Dios Uno y Trino, las ofensoras del plan creacional, las vociferantes del <non serviam>,las emponzoñadas en la soberbia, las castigadas por ende con el soplo arrollador del Señor de los Ejércitos.

Terminará esta bacanal maldita peor de lo que ya empezó. Terminará con un desparramo de vesania, filfa y hemorragia. Y los que lo anunciamos, no seremos precisamente blancos de pedidos de disculpas, sino de piedras con las que querrán lapidarnos. Reste decir, porque siempre hay un imbécil sofista que se hace el que no entiende, que la bacanal cuya ruindad anunciamos, se vale de los Milei o de los Massa o los malparidos de turno. Las ranas del Apocalipsis, de las que habló Castellani. Pero su verdadero nombre es democracia. Contra ella nuestra lucha, por un Orden Social Cristiano. Aunque no lo vean nuestros ojos terrenos ni lo entiendan los oportunistas. Dios me entiende, musitaba Don Quijote.



lunes, 13 de noviembre de 2023

Tutorial para las próximas elecciones - Antonio Caponnetto

 


Primera Parte

Como está visto que nuestros compatriotas quieren cumplir o sí o sí con el sacro deber cívico de tirarse unos tiritos a la ruleta electoralera; y como está más y peor visto que del rebaño sufraguero no escapan los más próximos, allegados, cercanos o semejantes. Como está tristemente visto, al fin, que aún entre estos amigos de la vida quedan indecisos, dubitativos, vacilantes o irresolutos, les alcanzamos sin fines de lucro este esquemático tutorial. Paso a paso, usted irá viendo con seguridad y calma, que su decisión toma un rumbo certero y definido. Siga este tutorial y deponga tranquilo su sufragio.

1) Pregúntese cuál de los dos candidatos está dispuesto a declarar que su elección carece de legitimidad de origen, por basarse en todos los principios, normas y requisitos impuestos por un sistema intrínsecamente perverso.

2) Pregúntese cuál de los dos candidatos está dispuesto a legitimar su ejercicio mediante la supresión violenta de la democracia y la implantación de un gobierno lícito que asegure la conquista efectiva del bien común completo.

3) Pregúntese cuál de los dos candidatos está dispuesto a llamar genocida al Estado de Israel, a toda la alianza judeomasónica dominante, y a romper relaciones con nuestros agresores históricos, a diestra y a siniestra. Sin que tiemble el pulso ni haya indulgencia para los réprobos.Mientras estén robadas las Malvinas, nuestras vinculaciones con el Reino Unido no pueden ser sino de hostilidad.

4) Pregúntese cuál de los dos candidatos está dispuesto a implantar la pena de muerte –por fusilamiento en la Plaza Mayor- a toda la recua de traidores a Dios, a la Patria, al Orden Natural y al Orden Sobrenatural. Sinn excluir de la lista a prelados, nuncios, clérigos, presbíteros, obispos o alcahuetes de la Roma apostática.

5) Pregúntese cuál de los dos candidatos está dispuesto a hacer propias las palabras del insigne Don Juan Manuel de Rosas, en su proclama de 1835: “Resolvámonos a combatir a estos malvados que han puesto en confusión nuestra tierra. Persigamos a muerte al impío, al ladrón, al homicida y, sobre todo, al pérfido y al ladrón que tengan la osadía de burlarse de nuestra buena fe. Que de esa raza de monstruos no quede uno entre nosotros y que su persecución sea tan tenaz y vigorosa que sirva de terror y espanto a los que puedan venir en adelante”.

6) Pregúntese cuál de los dos candidatos está dispuesto a hacer propias las consignas del Gral. San Martín, escritas en el Código de Honor del Reglamente de Granaderos a Caballos: “Todo el que blasfemare del Santo nombre de Dios, o de su adorable Madre, e insultare la Religión, por primera vez sufrirá cuatro horas de mordaza atado a un palo en público por el término de ocho días, y por segunda vez, será atravesada su lengua con un hierro ardiente y arrojado del cuerpo. Sea honrado el que no quiera sufrir estas penas. La patria no es abrigadora de crímenes”.

7) Pregúntese cuál de los dos candidatos está dispuesto a asumir este dictamen certero de Pío XI, en la Quadragesimo Anno (& 109), según el cual “la libre concurrencia se ha destruido a sí misma; la dictadura económica se ha adueñado del mercado libre; por consiguiente, al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambición de poderío; la economía toda se ha hecho horrendamente dura, cruel, atroz”, desembocando en el “no menos funesto y execrable imperialismo internacional del dinero, para el cual, donde el bien, allí la patria”. Y a combatir entonces todas las pinzas nefastas de ese funesto Imperialismo.

8) Pregúntese cuál de los dos candidatos está dispuesto a dinamitar el Congreso, a pasar la motosierra por todos los comités, las guaridas partidocráticas, las unidades básicas, los lupanares derechohumanistas, los templos de la usura y las logias masónicas. A demoler sin piedad los antros donde conviven la ralea oficialista y la supuesta oposición.

9) Pregúntese cuál de los dos candidatos está dispuesto a reivindicar oficialmente las dos guerras justas que libraron las Fuerzas Armadas de la Nación en el siglo XX, y en consecuencia, a dejar en libertad a aquellos prisioneros de guerra que fueran capturados desde 1983 hasta la fecha, y a enviar a prisión a los principales responsables de la subversión y del terrorismo marxistas. Cómo se resarcirá, y no económicamente, a aquellos específicos prisioneros de guerra capturados por la maldita democracia, que han sido y son a la par guerreros de Malvinas.

10) Pregúntese cuál de los dos candidatos está dispuesto a proclamar públicamente la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo. Y a obrar en consecuencia.

Si su respuesta es NINGUNO, pues entonces, lo invitamos a darse cuenta de una vez por todas, de que los falsos opuestos, en rigor, son la misma corrupción, similar náusea, idéntico relajo, análogo desquicio, simétrica basura.

Lo invitamos a darse cuenta de que no hay solución democrática; de que existe un quehacer político para el católico argentino. Ese quehacer es posible, concreto, dinámico, operativo, amasado de realidades, experiencias, instituciones naturales y personas de carne y hueso. La Iglesia supo trazarnos ese camino, cuando estuvo encabezada por pontífices sabios. La Historia nos ofrece esos ejemplos. Nuestros héroes encarnaron esa solución. Hay vida política sin democracia; y la democracia es la muerte de la vida política. Atrévase a convertirse en un contrarrevolucionario. A militar en la reacción. A reemplazar la demoníaca mística democrática por una mística cristiana y criolla.

 

Segunda Parte

En vano se seguirá apostando a este Régimen, ratificado por todas las variantes del sistema, hayan sido cualesquiera sus protagonistas eventuales. En vano se continuarán las prácticas de un modelo que, cada partido a su turno, demostró ser inviable para asegurar el bien común. La democracia no puede dar sino lo que ha· dado: desnudez, desarraigo, esclavitud y muerte. Mas no están cerradas las puertas de la esperanza, si se acude a Nuestro Señor Jesucristo, para que con su Divina Realeza arroje al demonio llamado <Multitud> ( que significativamente con ese nombre aparece en Ls. 8, 26-30) a una piara de cerdos, y éstos a su vez, como lo narra el Evangelio, se arrojen a un despeñadero para que el agua se los trague.

Dostoievsky supo imaginar a uno de sus Endemoniados, convirtiéndose al final de sus días, y haciéndose leer el pasaje de San Lucas sobre el poseso de Gerasa, para terminar como el gerasiano, libre y sano, sentado a los pies del Señor contemplando sus enseñanzas. En la ocasión dice el anciano contrito: "los demonios que salieron de ese hombre enfermo para entrar en los puercos, son todas las plagas, suciedades, miasmas y delitos que se han juntado en nuestra querida y amada patria, la que al final, se desembarazará de todas las impurezas y podredumbres que hoy la hacen sufrir, porque ellas mismas querrán entrar en los puercos. Y entonces la enferma patria se sentará a los pies de Jesús y todos la mirarán con asombro, como asombrados contemplaron los gerasenos al endemoniado aquel que curado escuchaba al Divino Maestro”

Una vez más surge con nitidez el significado de nuestra lucha: contra Multitud, por el Reinado de Jesucristo . Y una vez más la apuesta empecinada, a que de las cenizas surgirá el rescate. Porque las aquí mentadas, no son las pavesas de las urnas roñosas, sino las reliquias de ese renovado y eterno primer Miércoles de Cuaresma.

La “mística democrática”, enseñaba Martínez Villada, se sostiene en el fraude moral, según el cual, el demócrata se sabe bueno porque se siente bueno, creyendo en “la efusión purificadora de los fraudes electorales”. “La democracia es incorregible y recae y se despeña en extravíos; carece de luz porque ha renunciado a la inteligencia”.

La mística del católico, en cambio, parte y se dirige hacia la Luz. Teniendo lumbre al comienzo y al final del camino, es más fácil arremeter, abalanzarse y embestir. Nuestra esperanza cuenta con la ventaja de la inextinguible luminosidad teofánica. “No es bueno el blandito, sino el justo misericordioso”, diferenciaba Fray Petit de Murat con aquilatada sabiduría. “Los blanditos llegan a hacer horribles males, porque dejan que se caiga una casa encima y no quieren contrariar a nadie. Es la ignavia”. Cuidado entonces, mucho cuidado, con que la necesaria y legítima perspectiva parusíaca nos haga caer en la ignavia.

No necesitamos engañarnos ni engañar a nadie respecto de nuestros poderes, que no son tales temporalmente hablando. No necesitamos nutrirnos de ilusiones vanas respecto de conquistas terrenas, que tal vez no lleguen. Pero necesitamos ser inclaudicablemente fuertes y esperanzados. Y no es poca cosa, ni tarea para cobardes.

En su confortadora encíclica Spe Salvi, Su Santidad Benedicto XVI –que no elude el tema de la adversidad política, tan cercano a nuestra propia experiencia- memora un texto del Sermón 340 de San Agustín, que parece contener toda una respuesta al qué hacer, en las actuales circunstancias. Explica allí el de Hipona que una misión se ha impuesto: “corregir a los indisciplinados, confortar a los pusilánimes, sostener a los débiles, refutar a los adversarios, guardarse de los insidiosos, instruir a los ignorantes, estimular a los indolentes, aplacar a los soberbios, apaciguar a los pendencieros, ayudar a los pobres, liberar a los oprimidos, mostrar aprobación a los buenos”.

Todavía hay quienes se preguntan qué tenemos que hacer. Pues varias tareas pendientes y por delante surgen del texto precitado. Es cuestión de encararlas, una a una, sin quejas ni desmayos. Sabiendo que quien tal cometido se propone, ya está en posesión de una alegría elegida y alta. Una alegría que no puede empañar el rejunte de penurias diariamente padecidas. Porque ella –según cita preciosa, traída a colación por el mismo Benedicto XVI- es “una bienaventuranza que atraviesa felizmente las batallas con una rosa en la mano”.

Sólo y principalmente en esta dimensión sobrenatural, alcanzará su pleno significado nuestro amor a la patria, nuestro quehacer político, nuestra insistencia en proseguir, a pesar de los pesares. Sólo y principalmente en esta dimensión sobrenatural alcanzará su pleno significado aleccionador y confortador, aquel soneto de Manuel de Sandoval (citado lo encontré por Blas Piñar) que nos invita a no desfallecer :

“Lo que no logres hoy, quizá mañana

lo lograrás; no es tiempo todavía.

Nunca en el breve término de un día

madura el fruto, ni la espiga grana.

No son jamás en la labor humana

Vano el afán ni inútil la porfía;

el que con fe y valor lucha y porfía

los mayores obstáculos allana.

Trabaja y persevera, que en el mundo

nada existe rebelde ni infecundo

para el poder de Dios o de la idea.

Hasta la estéril y deforme roca

es manantial cuando Moisés la toca

y estatua cuando Fidias la golpea.


Antonio Caponnetto