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lunes, 14 de mayo de 2018

Imperialismo judío y religión imperialista - Maurice Pinay





Sinagoga de Satanás


  El pueblo hebreo fue escogido por Dios como depositario de la verdadera religión, cuya conservación le fue confiada en medio de los pueblos idólatras, hasta la venida del Mesías prometido con Quién se cumplirían las profecías del Antiguo Testamento. Pero los judíos empezaron, ya antes de la venida de Cristo, a tergiversar las profecías dándoles una interpretación falsa, racista e imperialista.

La promesa de un reinado del verdadero Dios en la Tierra –reinado espiritual de la religión auténtica-, lo interpretaron los judíos como el reinado material de su raza, como la promesa de Dios a los israelitas de un dominio material de su raza, como la promesa de Dios a los israelitas de un dominio mundial y de la esclavización, por ellos, de todos los pueblos de la Tierra.

Como ejemplo de esas falsas interpretaciones se pueden citar los siguientes pasajes. En el Génesis (capítulo XXII, versículos 17 y 18) el Ángel del Señor dice a Abraham: “17. Te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y como la arena que está a la ribera del mar: Tu posteridad poseerá las puertas de sus enemigos, 18. Y en tu simiente serán benditas todas las naciones de la Tierra...” [1].

Los judíos imperialistas han dado a estos versículos una interpretación material al considerar que Dios les ofrece, como descendientes sanguíneos de Abraham, adueñarse de las puertas de sus enemigos, siendo sólo en ellos, en los de raza judía, en quienes podrán ser benditas todas las naciones de la Tierra. En cambio, la Santa Iglesia interpreta espiritualmente estas profecías: “...cual es la victoria, que por virtud de Jesucristo y por el don de una justicia perseverante habían de conseguir los hijos espirituales de Abraham (es decir los cristianos) de todos los enemigos visibles e invisibles de su salud. Y así el cumplimiento a la letra de esta profecía se verificó después del establecimiento de la Iglesia, cuando se sometieron a Jesucristo todos los pueblos del mundo, y recibieron de Él la bendición y la salud” [2].

En el Deuteronomio (capítulo II, versículo 25), dice el Señor: “25. Hoy comenzaré a poner tu terror y espanto en los pueblos, que habitan debajo de todo el cielo: para que oido tu nombre se pongan despavoridos y como las mujeres que están de parto tiemblen, y sean poseídos de dolor”.

También a este pasaje la Santa Iglesia da una interpretación restringida, completamente distinta del sentido imperialista judío, traducido, a través de la historia, en hechos palpables que demuestran la aplicación práctica de esta interpretación falsa. Dondequiera que triunfaron a través de la Edad Media los movimientos heréticos dirigidos por judíos (aunque tales triunfos fueran locales y efímeros), iban siempre acompañados del crimen, del terror y del espanto. Lo mismo ha ocurrido con sus revoluciones masónicas, como la de 1789 en Francia o la de 1931-1936 en España. ¡Y ya no se diga de las revoluciones judeo-comunistas! En la Unión Soviética, donde los hebreos han logrado.implantar su dictadura totalitaria, han sembrado el pavor y la muerte de manera tan cruel que los pobres rusos esclavizados al oir actualmente la palabra “judío” tiemblan de terror.

Otro ejemplo de este tipo nos lo proporciona la falsa interpretación que hacen los israelitas del versículo 16, del capítulo VII del citado Deuteronomio, que dice: “16. Devorarás todos los pueblos, que el señor Dios tuyo te ha de dar. No los perdonará tu ojo ni servirás a sus dioses...”.

Mientras la Santa Iglesia da a este pasaje una interpretación igualmente restringida, los judíos lo entienden de una manera monstruosa, en el sentido de que Dios les ha dado el derecho para devorar a todos los pueblos de la Tierra y adueñarse de sus riquezas. ya vimos (en el capítulo IV de la Primera Parte de esta obra), lo que el rabino Baruch Levi escribía a su discípulo el joven judío Karl Marx (más tarde fundador del socialismo malamente llamado científico), dando supuestos fundamentos teológicos al derecho de los judíos para adueñarse de las riquezas de todos los pueblos de la Tierra mediante los movimientos proletarios comunistas, controlados por el judaísmo.

El versículo 24 del mismo capítulo VII, reza así: “24. Y entregará sus reyes en tus manos, y borrarás los nombres de ellos de debajo del cielo: nadie te podrá resistir, hasta que los desmenuces”.

Esta profecía que la Santa Iglesia refiere a los reyes pecadores que gobernaban en la tierra de Canaán, los judíos la entienden con carácter universal: consideran todas sus revoluciones y conspiraciones contra los reyes de los tiempos modernos como empresas santas realizadas en cumplimiento de las profecías de la Sagrada Biblia y además como un medio útil para lograr el dominio del mundo, que también creen les fue ordenado por Dios en las Sagradas Escrituras.

La constante tergiversación del sentido verdadero de las profecías de la Biblia por los judíos, se encuentra nuevamente al leer el versículo 27 del capítulo VII de la profecía de Daniel: “27. Y que todo el reino, y la potestad, y la grandeza del reino, que está debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo: cuyo reino es reino eterno, y todos los reyes le servirán, y obedecerán”.

Mientras la Santa Iglesia interpreta esta profecía en relación al reinado eterno de N.S. Jesucristo, los judíos consideran que ese reinado eterno sobre el mundo será el de su raza sobre los demás pueblos, que llegarán a formar un solo rebaño con un solo pastor, salido, naturalmente, de la grey de Israel.

La profecía de Isaías señala: (capítulo LX, versículos 10, 11 y 12), “10. Y los hijos de los extraños edificarán tus muros, y los reyes de ellos te servirán...11. Y estarán tus puertas abiertas de continuo: de día y de noche no se cerrarán, para que sea conducida a ti la fortaleza de las naciones, y te sean conducidos sus reyes, 12 porque la nación y el reino, que a ti no sirviere, perecerá; y las naciones serán destruidas y desoladas”.

Esta profecía, que se refiere al reinado de Cristo y de su Iglesia [3], adquiere para los judíos un sentido totalmente diferente que viene a cristalizar en hechos, claramente reconocibles, dondequiera que se haya impuesto la dictadura judeo-comunista en los diversos países que han tenido la desgracia de caer en las garras del monstruo. En todos estos pueblos, los que no han servido a los judíos o han osado rebelarse contra su servidumbre, han sido destruidos. No hay más dueño que los judíos, porque ellos se apoderaron de la fortaleza de todas esas naciones.

Así, podrían seguirse citando versículos del Antiguo Testamento que han sido falsamente interpretados por el imperialismo judaico. Hay que tener presente que muchos de los profetas fueron asesinados por los judíos sólo porque contradecían y censuraban sus perversidades.

Pero lo más grave de esas interpretaciones falsas de las profecías de la Biblia fue la que se relacionó con la venida del Mesías, Redentor del género humano, que establecería el reinado del verdadero Dios en el mundo. Aquí fue donde los judíos se desviaron en forma más grave de la Verdad Revelada, dando a las promesas sublimes relacionadas con el Mesías un carácter racista e imperialista.

Ya en tiempo de N. S. Jesucristo estaba tan arraigada entre los israelitas esa interpretación falsa, que la generalidad pensaba en el Mesías prometido como en un rey o caudillo guerrero, que, con la ayuda de Dios, conquistaría a todas las naciones de la Tierra por medio de guerras sangrientas en las que Israel resultaría siempre vencedor y acabaría por dominar materialmente al mundo entero. Por ello, cuando Jesús ante tales pretensiones se opuso a todo derramamiento de sangre, manifestando que su reino no era de este mundo, los imperialistas judíos sintieron naufragar todas sus esperanzas y ambiciones y empezaron a temer seriamente que la doctrina de Cristo llegara a convencer a todos los hebreos, y los hiciera reconocer en El al Mesías prometido.

Cuando Jesús predicó la igualdad de todos los hombres ante Dios, los judíos pensaron –y con muy justa razón- que Cristo con sus doctrinas echaba abajo sus equivocadas creencias acerca de Israel como pueblo escogido de Dios para dominar materialmente al mundo, anulando, al mismo tiempo, la idea de un pueblo superior a los demás por voluntad divina que estaba, según ellos, destinado por orden de Dios a esclavizar a los demás pueblos y a adueñarse de sus riquezas.

Por ello, los dirigentes del judaísmo en esa época, sacerdotes, escribas, etc., sintieron que Jesús amenazaba el brillante porvenir acordado al pueblo de Israel como futuro amo del Universo, ya que al ser todos los pueblos iguales ante Dios, como lo predicaba N.S. Jesucristo, no había lugar en la Tierra para uno de ellos, escogido a manera de futura casta privilegiada y dominante de la humanidad.

En defensa de la tesis imperialista judía, Caifás, sumo pontífice de Israel, señalaba la conveniencia de que muriera un hombre, Jesucristo, para salvar a un pueblo.

Con posterioridad al crimen más negro y trascendental cometido en la historia de la humanidad, o sea, el asesinato de Dios Hijo por los judíos, éstos siguieron empecinados en sus ambiciones imperialistas, tratando de compilar y justificar en un nuevo libro sagrado sus falsas interpretaciones de la Sagrada Biblia. Así, surgió el Talmud, especie de Nuevo Testamento de los judíos, condenado por la Santa Iglesia y en el cual, según ellos por inspiración divina, se contiene la más perfecta interpretación del Antiguo Testamento.

Después surgió la recopilación de la Cábala judía, que quiere decir tradición, en la que fue consignada –también por inspiración divina, según los judíos- la interpretación esotérica, es decir, oculta y verdadera de las Sagradas Escrituras. A continuación pasamos a citar unos cuantos pasajes de esos “libros santos” del judaísmo moderno, ya que la índole de este trabajo nos impide extendernos más sobre la materia.

“Vosotros israelitas, sois llamados hombres, en tanto que las naciones del mundo no merecen el nombre de hombres, sino el de bestias” [4].

“La progenie de un extranjero es como progenie de animales” [5].

En los anteriores pasajes dan los falsos intérpretes de las Sagradas Escrituras un paso de gran trascendencia: el de quitar a los cristianos y gentiles, es decir, a todos los pueblos de la Tierra, su carácter humano, dejándolos en la categoría de bestias.

Para darse cuenta de la importancia de este paso infame hay que tener en presente que, según la Revelación Divina del Antiguo Testamento, todos los animales y bestias fueron creados por Dios para servicio del hombre, el cual puede comer su carne, utilizar su piel como vestido, matarlos, desollarlos y hacer con ellos todo aquellos que le convenga. En cambio, obligó al hombre a guardar los Mandamientos respecto a sus semejantes, los demás hombres. Para los judíos –según la falsa interpretación que dan de las Escrituras-, tanto los cristianos como los gentiles son simples animales y no seres humanos, por lo que automáticamente, los hebreos quedan sin obligación de guardar los Mandamientos con respecto a ellos, sintiéndose, al mismo tiempo, con todo el derecho de matarlos, desollarlos y privarlos de todo lo que tengan, como a cualquier animal. Jamás ha existido, ni existe sobre la Tierra, un imperialismo tan implacable y totalitario como el de los judíos.

Este concepto trascendental acerca de la animalidad de los demás pueblos explica claramente la conducta implacable, cruel y despectiva hacia todo derecho humano, observada por los jerarcas judíos del comunismo internacional.

Su desprecio por los demás llega al extremo de hacerlos afirmar: “¿Qué es una prostituta? Cualquier mujer que no sea hebrea?” [6].

Esto explica, según lo han repetido y denunciado varios escritores de distintas nacionalidades, el hecho de que los judíos hayan sido en todas partes los más inescrupulosos comerciantes en la trata de blancas y los más asiduos defensores de las doctrinas disolventes, el amor libre y la promiscuidad, mientras mantienen a sus familias en la más absoluta disciplina y moralidad. Es que siendo animales los cristianos y gentiles, nada de extraño tiene que vivan en la prostitución y en la promiscuidad.

En cuanto a los instintos asesinos de los judíos, manifestados a través de los siglos, se ven alentados con la que ellos creen inspiración divina del Talmud y de la Cábala, pero que según la Santa Iglesia, no es sino obra satánica.

“Al mejor entre los gentiles, mátalo” [7].

Si Dios les ordenó tal cosa, tratándose como se trata de un pueblo cruel y sanguinario, como lo demuestra la Pasión y Muerte de Cristo, las torturas y matanzas de la Rusia comunista, etc., ¿qué de extraño tiene que, donde pueda hacerlo, asesine a todos aquellos que en alguna forma se oponen a sus
perversas maquinaciones?

Ese odio diabólico, ese sadismo que han demostrado siempre los judíos en contra de los demás pueblos, tiene también su origen en la interpretación falsa de la Revelación divina, es decir, en la cábala y el Talmud. Sirva de ilustración el siguiente ejemplo:.“¿Qué significa `Har Sinai´ ¿ Significa el monte desde el cual se ha irradiado el Sina, es decir, el odio contra todos los pueblos del mundo” [8].

Es necesario recordar, que fue en el Monte Sinaí donde Dios reveló a Moisés los Diez Mandamientos; pero los judíos modernos consideran, en forma tan equivocada como absurda, que allí fue revelada la religión del odio que ellos observan hasta nuestros días; odio satánico contra los demás pueblos que ha tenido su manifestación extrema en los tormentos y matanzas perpetradas por el comunismo internacional.

La Cábala, reservada para los altos iniciados del judaísmo, no para la plebe, llevó la división entre judíos y gentiles –entre los que incluyen a los cristianos- a los extremos más absurdos. Mientras por una parte, se rebajaba a los gentiles a la categoría de simples animales, por otra parte, se elevaba a los judíos a la categoría de dioses, identificándolos con la divinidad misma. ¡Hasta ese grado han falseado los judíos el significado del Pentateuco y en general del Antiguo Testamento!

El blasfemo pasaje que aparece a continuación, es sumamente ilustrativo al respecto: “Dios se exhibe en la Tierra en las semblanzas del judío. Judío, Judas, Judá, Jevah o Jehová, son el mismo y único ser. El hebreo es el Dios viviente, el Dios encarnado, es el hombre celeste, el Adán Kadmon. Los otros hombres son terrestres, de raza inferior; sólo existen para servir al hebreo, son pequeñas bestias” [9].

Es natural que semejante manera de pensar haya llevado a los judíos a la conclusión lógica de que todo cuanto existe en la Tierra les pertenece, incluso las bestias –entre las que nos incluyen a los demás hombres- y todo lo que a esas bestias pertenece.

Los falsificadores de las Sagradas Escrituras intentaron, tanto en el Talmud como en la Cábala, fortalecer el imperialismo judaico dándole el carácter de mandato divino. Los siguientes pasajes lo demuestran: “El Altísimo habló a los israelitas así: Vosotros me habéis reconocido como único dominador del mundo y por esto yo he de haceros los únicos dominadores del mundo” [10].

“Dondequiera que se establezcan los hebreos, es preciso que lleguen a ser amos; y mientras no posean el absoluto dominio, deben considerarse como desterrados y prisioneros. Aunque lleguen a dominar naciones, hasta que no las dominen todas, no deben cesar de clamar: `¡Qué tormento!´ `¡Qué indignidad!´” [11].

Esta falsa revelación divina, contenida en el Talmud, es una de las bases teológicas de la política del judaísmo moderno, que realizándola al pie de la letra cree cumplir con la voluntad de Dios.

Cuando los pueblos cristianos y gentiles han abierto generosamente sus fronteras a los emigrantes judíos, equiparándolos a los de otras naciones, jamás han podido imaginar que dan albergue a eternos conspiradores, siempre dispuestos a trabajar en la sombra y sin descanso hasta dominar al pueblo ingenuo que les abrió sus puertas.

El Talmud claramente señala que los judíos no deben descansar hasta que el dominio sea absoluto. Los judíos Los judíos han comprendido que la democracia y el capitalismo –que les ha permitido dominar a los pueblos- no les ha proporcionado ese dominio absoluto ordenado por el Dios de que habla el Talmud; por eso, los judíos Karl Marx y Federico Engels inventaron un sistema totalitario que les asegure poder quitar a cristianos y gentiles todas sus riquezas, todas sus libertades y, en general, todos sus derechos humanos, hasta igualarlos con las bestias.

La dictadura del socialismo comunista de Marx permite a los judíos alcanzar ese dominio absoluto; por ello, desde que la implantaron en Rusia, han trabajado sin descanso para destruir el régimen capitalista que ellos mismos habían creado, pero que fue incapaz de hacerlos llegar a la meta deseada.

Como revela el Talmud, no basta a los judíos dominar algunas naciones, sino que deben dominarlas todas; mientras no lo logren, deben clamar: “¡Qué tormento!” “¡Qué indignidad!”.

Esto explica el por qué es insaciable el imperialismo judío comunista. Pone de manifiesto lo absurdo que es creer en una sincera convivencia pacífica o en la posibilidad de que el comunismo cese en su ambición de conquistar a todas las naciones de la Tierra. Los judíos creen que Dios les ha ordenado imponer un dominio total a todas las naciones y que ese dominio total lo conseguirán sólo por medio de la dictadura totalitaria socialista del comunismo.

Como ese dominio integral debe extenderse a todas las naciones del mundo, no descansarán hasta imponer la esclavitud comunista a todos los pueblos de la Tierra.

Es indispensable que los cristianos y gentiles acaben tan tremenda tragedia. La existencia de un totalitarismo cruel e imperialista, impulsado por un grupo de místicos, fanáticos y locos que realizan todos sus crímenes y todas sus perversidades creyendo firmemente que están cumpliendo con fidelidad los mandatos de Dios, es una ominosa realidad. Llega su maldad hasta tal grado, que creen moralmente lícito hacer triunfar el ateísmo y el materialismo comunista en todo el mundo, de manera transitoria, mientras ellos, que son religiosos y creyentes, logran destruir “al odiado cristianismo y demás religiones falsas”, con el fin de hacer imperar sobre las ruinas de todas, la religión actual de Israel, la cual reconoce el derecho de los judíos a dominar el mundo y su carácter de casta privilegiada –por derecho divino- en la humanidad de los tiempos venideros.

Por otra parte, el Talmud dice dar a los judíos la verdadera interpretación de las promesas bíblicas acerca del Mesías: “El Mesías dará a los hebreos la dominación del mundo y a ella estarán sometidos todos los pueblos” [12].

Podría seguirse citando pasajes de los distintos tratados del Talmud y de la Cábala judía –tan elocuentes como los anteriores- que nos permitirían percibir cuál es el significado y trascendencia de la actual religión de los judíos y el peligro que ella significa para la Cristiandad y para el resto de la humanidad. Cuanto más se profundice en esta materia, más claro se verá el abismo que media entre la primitiva y verdadera religión revelada por Dios a los judíos a través de Abraham, Moisés y los profetas, y la falsa religión que fueron elaborando a base de la falsa interpretación de la Sagrada Biblia, tanto aquellos hebreos que crucificaron a Cristo Nuestro Señor como sus descendientes, sobre todo, a partir de la aparición del Talmud de Jerusalén y el de Babilonia y de la posterior elaboración de los libros cabalísticos “Sepher-Ha-Zohar” y “Sepher-Yetsirah”, libros sagrados que son la base de la religión de los judíos modernos.

Si media un abismo entre la religión de Abraham y de Moisés y la del judaísmo moderno, éste se hace insondable entre el cristianismo y dicho judaísmo moderno; puede decirse que este último es la antítesis y la negación.misma de la religión cristiana, contra la cual destila odio y afán destructor en sus libros sagrados y en sus ritos secretos.

La lucha de siglos, emprendida por la Santa Iglesia en contra de la religión judía y sus ritos, no tuvo por origen, como falsamente se ha dicho, la intolerancia religiosa del catolicismo, sino la maldad inmensa de la religión judía, que presentaba una mortal amenaza para la Cristiandad.. Esto fue lo que obligó a la Iglesia –tan tolerante en un principio- a adoptar una actitud decidida en defensa de la Verdad, de la Cristiandad y de todo el género humano.

Es, pues, errónea y sofística la opinión de algunos clérigos que se dicen cristianos, pero que le hacen el juego a los judíos en forma bastante sospechosa, en el sentido de que es ilícito combatir al judaísmo porque los judíos fieles –los judíos creyentes- tienen una religión afín y hermana de la cristiana.

En primer lugar, es falsa la base de su tesis. Lo hemos demostrado en este capítulo y podrá comprobarlo quien profundice su estudio en los secretos de la religión judía postbíblica; secretos que fueron condenados en la doctrina de los Padres de la Iglesia, en los concilios ecuménicos y provinciales y en los estudios de ilustres clérigos católicos de la Edad Media y de los siglos anteriores al presente.

En segundo lugar, lo que los judíos pretenden realmente con imponer a los católicos esa tesis de la ilicitud de combatir a la criminal secta judaica, es lograr la adquisición de una nueva patente de corso que les permita, sin exponerse a contraataques directos, seguir adelante en sus movimientos revolucionarios masónicos o comunistas, hasta lograr la destrucción de la Cristiandad y la esclavización de la humanidad.

Los judíos y sus cómplices dentro del cristianismo quieren asegurar, en forma cómoda el triunfo definitivo del imperialismo judaico, ya que si los cristianos se abstienen de atacar y vencer a la cabeza de toda la conspiración, reduciéndose a atacar únicamente su rama masónica, anarquista, comunista o cualquier otra, la cabeza –el judaísmo-, libre de ataques, conservará todo su vigor mientras sus tentáculos masónicos y comunistas, con todos sus derivados, se dedicarán a atacar de manera inmisericorde, como lo han venido haciendo, a las instituciones religiosas, políticas y sociales de la Cristiandad y del mundo entero..





[1]              Biblia Scio traducida al español de la “Vulgata” latina por el Ilmo. Sr. D. Felipe Scio de San Miguel, 5 vols. Madrid: Gaspar y Roig, Editores. 1852. Tomo I, p. 59.
[2]              Biblia Scio, anotaciones autorizadas a la sagrada Biblia. Tomo I, p. 59.
[3]              Biblia Scio, Profecía de Isaías, Cap. IX, Vers. 10-12. Tomo IV, p. 115.
[4]              Talmud tratado “Baba Metzia”. Folio 114, columna 2.
[5]              “Jebamoth”. Folio 94, columna 2.
[6]              “Eben Ha Eser” 6 y 8.
[7]              “Aboda Sara” 26B Tosephot.
[8]              “Shabbath”. Folio 89, columna 2.
[9]              Kabala ad Pentateucum. Folio 97, columna 3.
[10]            “Chaniga”. Folio 3ª. 3b.
[11]            Talmud de Babilonia, tratado “Sanhedrín”. Folio 104, columna 1.
[12]            Talmud de Babilonia, tratado “Schabb”. Folio 120, columna 1; tratado “Sanhedrín”. Folio 88, columna 2 y folio 89, columna 1.



Maurice Pinay: “Complot contra la Iglesia” – Tomo I –Tercera Parte - Capítulo Primero.



Nacionalismo Católico San Juan Bautista


lunes, 7 de mayo de 2018

Sincericidios judaicos - Maurice Pinay




Testimonios judíos

     Los mismos judíos –no obstante su hermetismo acostumbrado e incluso a pesar de sus tácticas de engaño y ocultamiento con que han logrado permanecer generalmente en la oscuridad para no revelar su plan comunista de conquista mundial- han sufrido algunos momentos de debilidad, llevados por el optimismo o el excesivo júbilo ante la contemplación de sus éxitos, que han provocado en determinadas ocasiones algunas declaraciones indiscretas, sumamente ilustrativas.

     Kadmi-Cohen, prestigiado escritor judío, señalaba: “En lo concerniente a los judíos, su papel en el socialismo mundial es tan importante que no puede pasar en silencio. ¿No basta recordar los nombres de los grandes revolucionarios judíos de los siglos XIX y XX, como los Carlos Marx, Lasalle, Kurt Eisner, Bala Kun, Trotsky y León Blum, para que aparezcan así los nombres de los teóricos del socialismo moderno?”.

     “¡Qué confirmación brillante no encuentran las tendencias de los judíos en el comunismo fuera de la colaboración material en organizaciones de partidos, en la aversión profunda que un gran judío y gran poeta, Enrique Heine, sentía por el derecho romano! y las causas subjetivas, las causas pasionales de la rebelión de Rabbi Aquiba y BarKochba del año 70 y 132 después de Jesucristo contra la paz romana y el derecho romano, comprendidas y sentidas subjetiva y pasionalmente por un judío del siglo XIX que aparentemente no había conservado ningún lazo con su raza”.

     “Y los revolucionarios judíos y los comunistas que atacan el principio de la propiedad privada, cuyo monumento más sólido en el Código de derecho Civil de Justiniano, de Ulpiano, etc...., no hacen sino lo que sus antepasados, que resistían a Vespasiano y a Tito. En realidad, son los `muertos que hablan´ ” [1].

     El blasfemo escritor judío, Alfredo Nossig, nos dice: “El socialismo y el mosaísmo de ninguna manera se oponen; sino, por el contrario, entre las ideas fundamentales de ambas doctrinas hay una conformidad sorprendente. No debe desviarse más el nacionalismo judío del socialismo, como de un peligro que amenaza su ideal, que el socialismo judío, del mosaísmo, pues ambos ideales paralelos se han de realizar en el mismo camino” [2].

     “Del examen de los hechos resulta de modo irrefutable que no sólo los judíos modernos han cooperado de una manera decisiva a la creación del socialismo; sus propios padres ya eran los fundadores del mosaísmo...La semilla del mosaísmo obró a través de los siglos en cuanto a doctrina y a ley de un modo consciente para unos e inconsciente para otros”.

     “El movimiento socialista moderno es para la mayoría obra de judíos; los judíos fueron los que imprimieron en él la marca de su cerebro; igualmente fueron judíos los que tuvieron parte preponderante en la dirección de las primeras repúblicas socialistas...”.

     “El socialismo mundial actual, forma el primer estado del cumplimiento del mosaísmo, el principio de la realización del estado futuro del mundo anunciado por los profetas” [3].

     En su libro, “Integrales Judentum”, ratifica esta idea del socialismo como doctrina judía, cuando escribe lo siguiente: “Si los pueblos quieren progresar de veras deben despojarse del temor medieval de los judíos y de los prejuicios reaccionarios que tienen contra ellos; deben reconocer lo que son en realidad: los precursores más sinceros del desarrollo de la humanidad. Hoy exige la salvación del judaísmo que reconozcamos el programa del socialismo abiertamente a la faz del mundo. Y la salvación de la humanidad en los siglos venideros depende de la victoria de ese programa” [4] .

     La razón de esta postura revolucionaria judía está claramente explicada por el conocido escritor judío E.Eberlin, en la siguiente cita: “Cuanto más radical es la revolución, tanta más libertad e igualdad para los judíos resulta de ella. Toda corriente de progreso no deja de consolidar la posición de los judíos. Del mismo modo, todo retroceso y toda reacción los alcanza en primer lugar. A menudo basta una simple orientación en las derechas para exponer a los judíos al boicoteo...Bajo este aspecto, el judío es el manómetro de la caldera social”.

     “Como entidad, la nación judía no puede colocarse al lado de la reacción, porque la reacción, es decir, la vuelta al pasado, significa para los judíos la continuación de las condiciones anormales de su existencia”  [5].
   
     El connotado judío Jacob de Haas en “The Maccabean”, nos dice claramente que: “La revolución rusa es una revolución del judaísmo. Ella significa un cambio en la historia del pueblo judío. Digamos francamente que era una revolución judaica, porque los judíos eran los revolucionarios más activos de Rusia”.

     En el periódico judeo-francés, titulado: “Le Peuple Juif”, del 16 de febrero de 1919, se lee lo siguiente: “La revolución rusa que estamos viendo, será obra exclusivamente de nuestras manos”.

     Por su parte Ricardo Jorge, que prologa un libro del famoso escritor judío Samuel Schwarz, dice lo siguiente: “Si de las cumbres de la ciencia pura descendemos a la arena en que se entrechocan las pasiones y los intereses de los hombres, surge ante nosotros el oráculo de la nueva religión socio-política, el judío Karl Marx, el caudillo doctrinario de la guerra sin cuartel del proletariado, que encuentra en la cabeza y en el brazo de Lenin, la realización de sus credos, inspiradores del estado soviético, que amenaza subvertir los fundamentos de las instituciones tradicionales de la sociedad” [6].
Asimismo, otro judío, Hans Gohen, en “Die Politische Idee”, afirma que: “El socialismo de Marx es el fin de nuestras aspiraciones”.

     En el Nº. 12 del periódico “El Comunista”, publicado en Karkoff con fecha 12 de abril de 1919, el judío M. Cohen, escribía: “Sin exageración puede asegurarse que la gran revolución social de Rusia se llevó a cabo por medio de los judíos...Cierto es que en las filas del ejército rojo hay soldados que no son judíos, en cuanto toca a los soldados rasos, pero en los comités y en la organización soviet, como los comisarios, los judíos llevan con valor a las masas de proletariados rusos ante la victoria” [7].

     “Al frente de los revolucionarios rusos iban los alumnos de la Escuela Rabínica de Lidia...Triunfó el judaísmo sobre la espada y el fuego...mandando con nuestros hermano Marx, que es el encargado de cumplir con lo que han mandado nuestros profetas, elaborando el plan conveniente por medio de las reivindicaciones del proletariado. Todas estas frases aparecen en el periódico judío “Haijnt” de Varsovia del 3 de agosto de 1928” [8].

     El “Mundo Judío” del 10 de enero de 1929, expresaba esta blasfema opinión: “El hecho del bolchevismo mismo, y que tantos judíos son bolcheviques, y que el ideal del bolchevismo está sobre muchos puntos de acuerdo con el más sublime ideal del judaísmo, del que una parte formó la base de las mejores enseñanzas del Cristianismo, todo eso tiene gran significación, que examinará cuidadosamente el judío reflexivo” [9].

     Para no extendernos demasiado, citaremos por último las referencias que hace orgullosamente el israelita Paul Sokolowski, en su obra titulada “Die Versandung Europeas”, en las que se vanagloria del papel preponderante que jugaban los judíos en la revolución rusa, dando detalles de las claves que usaban para comunicarse entre ellos, incluso por medio de la prensa, sin llamar la atención de las autoridades y de cómo repartían la propaganda comunista que elaboraban por medio de los niños judíos, a los que entrenaban cuidadosamente en sus colonias para estos menesteres [10].

     Este odio infernal judeocomunista, principalmente manifestado hacia la civilización cristiana, no es meramente gratuito, sino que tiene sus causas muy hondas, que pueden apreciarse con claridad en este párrafo del “Sepher-haZohar”, libro sagrado del judaísmo moderno, que se transcribe y que representa el sentir de todos los judíos: “Jeshu (Jesús) Nazareno, que ha apartado al mundo de la fe del Santo, que bendito sea, será juzgado eternamente en esperma hirviente; su cuerpo es reconstituido todos los viernes por la tarde, y al amanecer del sábado es arrojado en la esperma hirviente. El infierno se consumirá, pero su castigo y sus tormentos no acabarán nunca. Jeshu y Mahoma son esos huesos impuros de la carroña de que dice la Escritura: `Los arrojaréis a los perros´. Son la suciedad de perro que mancha, y por haber seducido a los hombres, los han arrojado al infierno, de donde no saldrán jamás” [11].




[1] Kadmi-Cohen, Nomades; essai sur l´âme juive (Nómadas; ensayo sobre el alma judía). F. Alcan, 1929, p. 86
[2] “Westfällschen Merkur”, diario de Münster, no. 405 de 6 de octubre de 1926.
[3] Alfred Nossig, Integrales Judentum (El judaísmo integral). París: L. Chailley. pp. 68, 71, 74
[4] Alfred Nossig, obra citada, p. 79.
[5] Elie Eberlin, Les juifs d´aujourd´hui (Los judíos de hoy). París, 1928, p. 201
[6] Ricardo Jorge, Pró Israel, prólogo a la obra de Samuel Schwarz Os cristiãosnovos em Portugal no século XX. Lisboa, 1925, p. XI
[7] Citado por Nesta H. Webster en World Revolution; The Plot Against Civilization (La revolución mundial; Complot contra la civilización), 2ª ed. Constable & Co., 1922
[8] Alfonso Castro, El problema judío. México, D. F.: Editorial Actualidad, 1939. pp. 152-153
[9] “The Ideals of Bolshevism”, “Jewish World” del 10 de enero de 1929, no. 2912
[10] Alfonso Castro, obra citada, p. 153.
[11] Sepher-Ha-Zohar, II, tr. Jean de Pauly. París: Ernest Leroux, 1907, p. 88



Maurice Pinay: “Complot contra la Iglesia” – Tomo I –Primera Parte - Capítulo Quinto.



Nota de NCSJB: Como en muchas oportunidades lo hacemos, al descubrir la perfidia judaica, lejos de promover supuestos “holocaustos” o el odio a los judíos, por los cuales rezamos y nos consta que es posible su conversión; pretendemos prevenir sobre el perverso accionar del judío actuando como tal, y desenmascararlos en ese sentido como los verdaderos odiadores de los no judíos y muy especialmente de los cristianos, a los que los judíos como hijos del Padre de la mentira, tienen una especial aversión ya que somos discípulos de quien es la Verdad así como Camino y Vida.



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