San Juan Bautista

San Juan Bautista
Mostrando las entradas con la etiqueta Sinagoga de Satanás. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Sinagoga de Satanás. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de septiembre de 2018

Yom Kippur – La fiesta de la mentira – Por Michael Hoffman




     El día más sagrado en el calendario judío, Yom Kippur, comienza esta noche.
Aunque menos de un tercio de los judíos asisten a servicios, aún menos entienden la oración que aprueba la mentira y confirma la verdadera naturaleza satánica del judaísmo.


     En Yom Kippur se recita la infame plegaria de Kol Nidrei, casi siempre explicada al público como una bendita ceremonia de rogar a dios por el perdón de los juramentos que se violaron, los contratos que se rompieron y las promesas que no se cumplieron el año pasado. El problema es que esa imagen piadosa es falsa. - Michael Hoffman



Yom Kippur: La fiesta de la mentira – Por Michael Hoffman

     Yom Kippur comienza la noche del martes 18 de septiembre, en donde el mundo occidental observará con asombro cómo los 'judíos piadosos' supuestamente “suplican a Dios por el perdón” mientras supuestamente 'luchan por la rectitud'. No hay duda de que el Papa de Roma y los líderes de las iglesias protestantes fundamentalistas transmitirán su estima por la ceremonia del Yom Kippur, interpretada por “el pueblo de Dios”. En Yom Kippur se recita la infame plegaria Kol Nidrei, casi siempre explicada al público como una bendita ceremonia de rogar a Dios por el perdón de los juramentos que se violaron, contratos que se rompieron y promesas que no se cumplieron el año pasado. El problema es que esa imagen piadosa es falsa.

En verdad, Kol Nidrei es una ceremonia en la que:
1. Todo el perjurio lo cometerá en el próximo año y
2. Todos los contratos que se firmarán y violarán en el próximo año, y
3. Todas las promesas que romperán en el próximo año
- se absuelven, y como resultado no se acumulan castigos divinos.

     Esa es la realidad del rito Kol Nidrei de Yom Kippur, y es una de las razones por las que Yom Kippur es la ceremonia de la sinagoga más concurrida del judaísmo. A los Talmudistas les gusta tener una ventaja y durante Yom Kippur eso implica hacer de Dios un socio principal en el aguijón.

     La verdad sobre la liturgia de Kol Nidrei suele ser descartada por los rabinos y los medios de comunicación de sus portavoces como un “repugnante alegato antisemita”.

     Lanzan esta acusación mentirosa con la expectativa de que el público se sienta tan intimidado por el temor de ser etiquetado de “antisemita” que no consultarán la documentación, y en su lugar aceptarán al pie de la letra la palabra de los nobles rabinos y los veraces medios de comunicación.


     Tomado de: Judaism Discovered, pp. 912-916:

     “Los medios estadounidenses revelan reverentemente la piadosa extravagancia de Yom Kippur de exhibiciones farisaicas de penitencia y purificación, ayuno y oración, que supuestamente dan evidencia de la supuesta relación especial que los Talmudistas disfrutan con dios. Se hace un espectáculo bastante chillón del confesionario Viduy que comprende el Ashamnu y el Al het, el catálogo de pecados que no tiene sentido como una forma de autoacusación, ya que el judaico recita toda la letanía, si es realmente culpable de cada transgresión o no.”

     “Después de la recitación de cada transgresión, primero se golpea el lado izquierdo del pecho con el puño derecho. Esto es seguido por la oración de súplica, Avinu malkenu y el Alenu, llamada 'Kadish del doliente'.”

     “Todo esto genera un impresionante acompañamiento de vísperas de Yom Kippur a la ruptura de promesas de Kol Nidrei, y demuestra que estas ceremonias, en lugar de acercarlos a dios, alejan a las personas judaicas que son adeptas del judaísmo, convirtiendo a dios en cómplice de engaño y ruptura de juramentos, rodeado de una demostración hipócrita de piedad y penitencia.”


     El Talmud en Mishnah Hagigah 1: 8 (a) admite que no hay una base bíblica para el rito Kol Nidrei.

     El rabino Moses Maimonides confirma que el rito de Kol Nidrei no es de ninguna manera bíblico: “La absolución de los juramentos no tiene ninguna base en la Torá Escrita” (Mishné Torá, Sefer Haflaá, Hiljot Shevuot 6: 2).


     La ley talmúdica concerniente al rito de Kol Nidrei es la siguiente:

     “Y aquel que desee que ninguno de sus votos hechos durante el año sea válido, que se levante al principio del año y declare, 'Todo voto que hago en el futuro será nulo '.” (Talmud de Babilonia: Nedarim 23a y 23b).


     Tengase en cuenta que el Talmud declara que la acción que anula los votos se tomará a principios de año y con respecto a las promesas hechas en el futuro. Esta distinción es crítica ya que contradice lo que los engañadores afirman es un servicio penitencial para mendigar perdón por promesas rotas en el pasado, en lugar de lo que es: anulación anticipada de votos y juramentos pendientes (y deliberadamente quebrantados con impunidad). 

     Esta “estipulación anticipada” se llama bitul tenai y es la base para que un judío sea absuelto antes de incumplir las promesas que hará en el futuro, o para usar la jerga del abogado rabínico: “declaración de intención para la invalidación anticipada de futuros votos”.

     Esto corresponde a la lección talmúdica de que dios recompensa a los astutos mentirosos (Kallah 51a).

     Tienes que compadecerte de las personas atrapadas en esta sórdida farsa de engatusar a dios para que los ayude a hacer trampa.

     Poco de esta dura realidad surgirá en los próximos días, sin embargo. En cambio, los medios corporativos emitirán chismes cálidos y difusos sobre Yom Kippur como parte de la astuta mascarada por la cual el judaísmo asciende cada vez más sobre Occidente, mientras que sus seguidores se hunden cada vez más en la bajeza moral.

     A todos esos “cristianos” que, en lugar de buscar rescatar a los lastimosos judíos que están cautivos de este sistema de deshonestidad religiosa institucionalizada, por el contrario, los abandonan al mismo, solo podemos decirles: que Dios tenga piedad de ti por la odiosa parte  que estás jugando cuando cooperas con los rabinos ortodoxos para permitir que más almas judías se pierdan ante el Padre de la Mentira. –



Michael Hoffman es el autor de Judaism Discovered, y Judaism's Strange Gods, así como también prólogos a The Traditions of the Jews de Johann Andreas Eisenmenger's y  The Talmud Tested del Rev. Dr. Alexander McCaul's The Talmud Tested. Es el editor del Boletín de Historia Revisionista.



Visto en: Henry Makow

Traducción: A.T.


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 12 de junio de 2018

Los judíos y el aborto - E. Michael Jones



Autor : E. Michael Jones
Traductor: Luis Alvarez Primo
Traducción autorizada por el autor.

Nota introductoria del Traductor

     Bernard Nathanson (1926-2011),  médico ginecólogo y obstetra estadounidense de origen judío,  es uno de los dos revolucionarios judíos  protagonistas de la historia que relata el Dr E. Michael Jones  en  uno de los capítulos de su eminente obra El Espíritu Revolucionario de los Judíos y su Impacto en la Historia Mundial.  Como parte de la revolución sexual de fines de los años 1960, Nathanson no sólo lideró la revolución abortista que culminó en la derogación de todas las restricciones al aborto en los EE. UU—con la perversa influencia que esto comportó para el resto del mundo. Además fue el responsable de la ejecución directa y personal de 5.000 abortos  y de otros  60.000 realizados en  su clínica abortista en la ciudad de Nueva York,  integrada por 35 médicos, 85 enfermeras y 10 quirófanos.  Cuando  a fines de los años 1970 y principios de  los 80  Nathanson  tomó conciencia de la magnitud de su crimen, agobiado por la culpa se convirtió al catolicismo y se entregó no sólo a la defensa  de la vida humana inocente sino también a la denuncia de la naturaleza  intrínsecamente política y falsaria   del movimiento abortista mundial.  * Sin ese liderazgo revolucionario típicamente judío, ni la revolución abortista ni el matrimonio homosexual  años más tarde, podrían haber tenido éxito, según la propia manifestación de sus protagonistas.

     Las citas se encuentran en el original en inglés y serán entregadas a quien lo solicite.

luis.alvarezprimo@gmail.com

* Conferencia grabada bajo el título  “Reflexiones de un ex abortista y  ex ateo”, dada en la 13th World Conference on Faith, Life and Family, Irvine California,CA, 1994 de Human Life International)

                            
Los judíos y el aborto

    En 1967 el ginecólogo y obstetra judío Bernard Nathanson fue invitado a una comida de agasajo en la cual el tema dominante fue James Joyce. Durante la comida, Nathanson conoció a otro judío revolucionario de nombre Lawrence Lader. Lader había sido un protegido, y según algunos, el amante de Margaret Sanger, la diva del movimiento eugenésico en los Estados Unidos, quien había fallecido no hacía mucho. Lader habló de Joyce, pero a Nathanson le interesó el hecho de que Lader había escrito un libro sobre el aborto, tema mucho más fascinante para Nathanson que las novelas de los apóstatas irlandeses.

     Nathanson define a Lader políticamente más que con referencia a su etnia. Lader se involucró en la política revolucionaria de Nueva York cuando comenzó a trabajar para el representante legislativo Vito Marcantonio, hombre a quien se sindicaba con vínculos con el Partido Comunista, el cual estaba integrado en su mayoría por judíos de Nueva York. Lader se había divorciado de su mujer y se había convertido en escritor independiente (vocación que pudo financiar con dinero heredado de su padre) y activista de las políticas sexuales de Margaret Sanger, poco después de su regreso de la Segunda Guerra Mundial. Desde el momento en que conoció a Lader, Nathanson vio en él “una revolución en estado de ebullición” y en consecuencia sintió en su interior “una creciente excitación”.

     Nathanson consideró que él mismo despertaba a su propio fervor revolucionario de un modo natural— él hace referencia a un “mecanismo mendeliano”--  porque también él era judío. “La Revolución”, según Nathanson, era otra palabra para decir “jutzpah”: “Descubro mi propia rebeldía honestamente. Como médico dudo que esta cualidad se transfiera por algún mecanismo mendeliano conocido. Pero mi padre la tenía en abundancia, excepto que en su generación y en la comunidad en que fue criado, la llamaban jutzpah **”.

**(N.del T: palabra hebrea jutzpah  significa: descaro, atrevimiento, audacia,insolencia, cinismo.

     Dado que Nathanson considera que “cualquier autor sobre el aborto debe someterse a una disección religiosa”, nos cuenta sobre su sus años de escolaridad en la ciudad de Nueva York.  Concurrió a “un cotizado colegio privado en  el  que   virtualmente el 100 % de los estudiantes eran judíos” y fue alumno en el Colegio Hebreo, donde desarrolló un sentimiento de aversión por el Talmud.

     La instrucción religiosa por aquella época consistía en una agotadora rutina de indigeribles pasajes de la Escritura Hebrea, una memorización absurda de oraciones hebreas para una innumerable diversidad de ocasiones y petulantes lecciones autorreferenciales sobre la raza elegida de los judíos. Las tareas vinculadas al sionismo y las campañas para reunir fondos dejaban pocas energías para la instrucción en la lengua hebrea o para las degradantes excursiones a las regiones arcanas de la fe.

     La experiencia de Nathanson en la Escuela Hebrea lo confirmó en su aversión al Talmud como compendio de opiniones sin sentido que los rabinos imponían a los judíos a fin de mantenerlos bajo su control. En esto, él no difería de los judíos revolucionarios de Rusia durante el período Maslic desde 1860 a 1880, cuando el Iluminismo alemán destruyó la alianza de los judíos con el Talmud y creó el vacío que luego fue llenado con la política revolucionaria mesiánica a la que se convirtieron los judíos.

     Una vez que la religión quedó desacreditada a los ojos de Nathanson, él ya no tuvo otra guía en su vida que sus propias pasiones. Durante su paso por la facultad de medicina tuvo una relación que llevó a un embarazo, que él pagó para que se abortara. La madre del niño le informó a Nathanson con posterioridad que “ella había regateado el precio en una suma de u$d 350 antes del procedimiento”. Ella le devolvió un sobrante de  u$d 150” y desapareció de su vida. La experiencia de procurar el aborto de su propio hijo endureció a Nathanson, haciendo que se volviera cínico respecto de lo que la gente consideraba sagrado—“el matrimonio ahora le parecía un absurdo”— lo cual lo impulsó por la pendiente de la política revolucionaria.

      Nathanson arribó a la revolución por vía de la sexualidad, pero también por vía de su profesión de ginecólogo y obstetra, para la cual él se  consideró destinado por influencia de su padre, quien era médico ginecólogo. La ginecología, unida a su pasión revolucionaria en la Nueva York de los años '60 equivalían a aborto. Después de matar a su propio hijo, Nathanson se sintió más dispuesto a obrar según sus propia y “natural” propensión judía a la revolución. También estuvo más inclinado a actuar en línea con las sugerencias de otros revolucionarios judíos. Nathanson se convirtió en un cruzado a favor del aborto al mismo tiempo que la imagen y las ideas de Wilhelm Reich eran tapa de la revista New York Times. Pronto cualquier obstetra/ginecólogo que se rehusara a admitir la práctica del aborto sería considerado “un pequeño y odioso farsante”. El resentimiento engendraba en Nathanson el deseo de cambiar las leyes a fin de que las mismas se ajustaran a su propia conducta:

     Supongo que enfurecido por mi propia impotencia para ayudar a mis pacientes y, en particular, indignado ante la escandalosa inequidad de condiciones para acceder al aborto, comenzó a gestarse en mí una idea: la necesidad de cambiar las leyes. No había tiempo para el lujo de contemplar la moralidad teórica del aborto o la sensatez de la libertad de elección. Simplemente, algo debía hacerse.

     Dado que Nathanson consideraba el aborto como un acto revolucionario y que él mismo se consideraba un revolucionario por el hecho de ser judío, se convirtió según sus propias palabras, en “un alistado en la Revolución”. En esto, Nathanson se veía influido por el judío de la localidad de Hibbing, Minnesota, Bob Dylan, quien también había procurado un aborto a su novia pocos años antes. Más aún, Nathanson hace uso de las melodías de una canción de Bob Dylan -- “the times they were a changin”— (los tiempos están cambiando) para describir al año 1967 como el annus mirabilis de la revolución, durante el cual él se vinculó a Lader para iniciar la campaña para la “abolición total e irrestricta del aborto”. Yo era un cómplice tan entusiasta y colaborador como el mejor al que un movimiento revolucionario tan profundo como este podía aspirar. Larry y yo y otros dedicaríamos cientos de horas de nuestro tiempo libre a esta causa en los años por venir. Apasionadamente deseaba comprometerme de un modo radical en una causa así. Esto sucedió en 1967. El país estaba siendo sacudido por las convulsiones de la guerra de Vietnam, y los desafíos a la autoridad estaban a la orden del día, especialmente en el orden intelectual en los caldos de cultivo del Noreste. Aunque yo tenía 40 años, creo que secretamente deseaba ser parte de aquel movimiento juvenil que arrasaba el país exigiendo justicia, prometiendo el cambio, “exaltando” el amor. De manera que mi indignación, mi naturaleza rebelde y mi innegable impulso a “unirme a los chicos” se combinaron para precipitarme en la arena pública.

     El movimiento a favor del aborto era parte de la revolución sexual. Sin embargo, la revolución del aborto, era única en su peculiaridad. Coincidía con el ascenso de los judíos de los Estados Unidos a su prominencia cultural tras su ruptura del Código (ético) de Producción (cinematográfica) en Hollywood y  la Guerra de los Seis Días Árabe -Israelí, cuando en la élite WASP (blanco-anglosajón-protestante) del Departamento de Estado (del Gobierno de los EE.UU.) arraigó la opinión de que Israel era un activo estratégico para los Estados Unidos en su búsqueda de asegurar el aprovisionamiento de petróleo en Medio Oriente. El movimiento a favor del aborto adquirió la misma configuración que la revolución en Europa en los tiempos en que Felipe II de España se enfrentó con Isabel de Inglaterra en su disputa por la hegemonía religiosa durante la Contrarreforma. Al igual que la campaña de Isabel de Inglaterra para expulsar a los españoles de Holanda, la campaña para derogar las leyes sobre el aborto en el Estado de Nueva York fue en gran parte el resultado de una alianza de protestantes y judíos en guerra contra los católicos.

     La lista de agrupaciones que participaron en junio de 1970 en una reunión de la National Association for the Repeal of Abortion Laws (Asociación Nacional para la Derogación de las Leyes contrarias al Aborto) más tarde conocida como NARAL o National Abortion Rights Actions League (Liga para la Acción a favor del Derecho al Aborto) así lo demuestra. NARAL siempre operó para “enrolar al clero protestante y judío” a fin de proveer un contrapeso moral a los católicos.

     Carlos Marx sostuvo que la revolución sería conducida por la vanguardia del proletariado, que él identificaba con el Partido Comunista. Pero excomunistas como David Horowitz consideran que la “vanguardia” real de Marx eran los judíos, quienes han estado involucrados en todos los movimientos revolucionarios desde la caída del Templo. Aunque los protestantes se involucraron en el movimiento a favor del aborto, los judíos constituyeron su vanguardia, tal como fueron la vanguardia del bolchevismo en Rusia y de la pornografía en los Estados Unidos. El movimiento para derogar las leyes contrarias al aborto en Nueva York fue esencialmente un movimiento judío que se consideraba a sí mismo una fuerza revolucionaria en lucha contra el oscurantismo cristiano en general y contra la Iglesia Católica en particular. El movimiento a favor del aborto no estaba integrado exclusivamente por judíos, pero no podría haber sobrevivido ni tenido éxito sin el liderazgo judío. El movimiento por los derechos a favor del aborto fue una operación revolucionaria típica y fundamentalmente judía, que movilizó una coalición de judíos y protestantes judaizantes, que los Estados Unidos heredó de las guerras anticatólicas de Inglaterra en el siglo XVI.

      La configuración étnica del movimiento a favor del aborto no fue mera coincidencia. El étnicamente ambiguo Lader era a Lenin lo que Nathanson a Trotsky. Juntos llevaron adelante la cruzada contra los católicos. Poco después de reunirse con Nathanson, Lader explicó su estrategia para conseguir la legalización del aborto mediante el ataque a los católicos. Las fuerzas pro aborto debían “hacer salir al ruedo a la jerarquía católica donde se la pudiera atacar. Ese es el verdadero enemigo. El principal y más grande obstáculo a la paz y a la decencia en la historia”. Nathanson, quien entonces estaba muy  lejos de ser un amigo de la Iglesia, se sorprendió por la vehemencia y la envergadura cósmica del ataque de Lader.

     Lader no dejó de hablar del tema durante el viaje a casa. Su argumentación fue una espeluznante y generalizada imputación sobre la venenosa influencia del catolicismo en los asuntos seculares desde su origen hasta antes de ayer. Yo estaba lejos de ser un admirador del papel que la Iglesia desempeña en la crónica mundial, pero la insistencia e intransigencia de su discurso me hizo pensar en los Protocolos de los Sabios de Sión. Se me ocurrió que si uno sustituía católico por judío (en la prédica de Lader), la misma hubiera resultado el discurso más antisemita que se pudiera imaginar.

     Lader sabía que “toda revolución debía tener un villano”. Históricamente, esos villanos eran los católicos, excepto en Rusia, donde el zar era ortodoxo, el jefe de un estado oficialmente cristiano. “Realmente, no interesa si se trata de un rey, un dictador, o un zar, pero tiene que ser alguien, una persona, contra la cual rebelarse. Será más fácil para la gente a quien queremos persuadir de esta manera. En los Estados Unidos, dijo Lader a Nathanson, el villano no serían los católicos en general, quienes podían dividirse en progresistas y conservadores, sino la jerarquía católica, grupo más reducido sobre el cual se podía hacer foco en el ataque, y con un grado suficiente de anonimato o desconocimiento, de manera que, sin necesidad de mencionar nombres, todos tendrían una idea de quién hablábamos”. Inicialmente, la estrategia dejó perplejo a Nathanson, pero pronto le vio el sentido cuando recordó que “así fue como Trotsky y sus seguidores habitualmente se referían a los estalinistas”.

     Cuando Lader incorporó a Betty Friedan a NARAL (la Liga para la Acción a favor del Derecho al Aborto), ésta aportó consigo las tácticas comunistas aprendidas durante su militancia en el partido. Generar la opinión publica de que las mujeres, independientemente de su etnia, apoyaban el aborto, fue una “táctica brillante” que se correspondía con la táctica comunista del “Frente Popular” de tres décadas atrás y ponía de manifiesto la ascendencia revolucionaria del movimiento a favor del aborto.

     El nuevo frente popular incluía protestantes y judíos, con mujeres como elementos de utilería provistos para las manifestaciones públicas televisadas, en las cuales se atacaba a médicos y a hospitales identificados como objetivos porque eran católicos. Una de las primeras víctimas fue el obstetra y ginecólogo Hugh Barber. Nathanson lo eligió como objetivo a atacar porque “era un católico práctico que había resistido con firmeza el aumento de los criterios psiquiátricos que se proponían para orientar la acción de su departamento. Según Nathanson, “no ha habido… ningún cambio social tan radical en la historia de los Estados Unidos ni tan potente en la vida de las familias norteamericanas, o tan dependiente de un sesgo antirreligioso, para tener éxito, como el movimiento pro aborto”.

     A fines de los años 1970, cuando Nathanson escribió Aborting America (Abortando los Estados Unidos ), “se sintió avergonzado del uso de la estratagema anticatólica”. Nathanson implicó a los judíos en esa “estratagema anticatólica” al llamarla “Shandeh fah yidden” (“escándalo de los judíos”). Como admitiendo la naturaleza étnica de la confrontación, Nathanson se convirtió al catolicismo unos años más tarde, después de convertirse a una posición pro vida. El uso del fanatismo anticatólico con el fin de promover el aborto comportaba mucho más que “la reencarnación del macartismo en su peor expresión”, era un arma finamente calibrada, con un propósito y un diseño plenamente deliberados”.

     Lader dividió a los católicos en dos facciones, progresistas y conservadores y utilizó a los primeros para desacreditar a los segundos. Los “'modernos' católicos a lo Kennedy”, quienes “ya usaban la anticoncepción”, podían ser intimidados, sin mucho esfuerzo, para que adoptaran una posición “pro derecho a decidir”. Entonces, el escenario quedaba montado para el uso del anticatolicismo como instrumento político y para la manipulación de los mismos católicos, dividiéndolos y provocando el enfrentamiento entre ellos”. NARAL (la Liga pro aborto de Lader y Nathanson) aportaría a los medios de comunicación “encuestas de opinión y estadísticas de investigación ficticias, para hacer creer que los católicos norteamericanos abandonaban masivamente las enseñanzas morales de la Iglesia y los dictados de su conciencia católica”.

     Sin embargo, el arma de relaciones públicas más importante fue “la identificación de la filiación religiosa de cada figura pública (usualmente católicos) mientras que “estudiadamente” los medios se abstenían de realizar cualquier identificación religiosa o étnica de los personajes públicos proabortistas.  “Las creencias religiosas del propio Lader “nunca se discutían ni se mencionaban” pero él sí identificó efectivamente a Malcolm Wilson, vicegobernador del Estado de Nueva York en 1970 “como un católico que se oponía con firmeza al aborto”. “Ni yo ni el miembro de la Asamblea Legislativa, Albert Blumenthal”, continuó Nathanson, “fuimos jamás identificados como judíos, ni el gobernador Nelson Rockefeller fue reconocido como protestante” aún cuando el movimiento a favor del aborto estaba integrado mayoritariamente por judíos y “desde el comienzo de la revolución abortista, la Iglesia Católica y sus representantes asumieron un papel coonsiderable en la oposición”.

     Dada la parcialidad liberal de los medios, “era fácil describir a la Iglesia como una institución insensible, autoritaria y belicista, con lo cual, establecer cualquier tipo de vinculación con ella o con cualquiera de las causas que ella sostiene era pasar a ser insoportablemente reaccionario, fascista e ignorante”. Nathanson piensa que los católicos deberían haber denunciado esa intolerancia religiosa en el corazón de esa doble vara; también deberían haber explicado que el campo proabortista era mayoritariamente judío, y que por lo tanto, era ajeno al interés nacional estadounidense porque:

     En la mentalidad del común, los Estados Unidos protestantes son propiamente los Estados Unidos, y si la oposición protestante se hubiera organizado y se hubiera manifestado desde el principio, el permisivismo abortista se habría percibido, de alguna manera, como antiestadounidense, el producto malsano de un conjunto de cuadros revolucionarios judíos desorbitados de la ciudad de Nueva York.

     Por el contrario, no hubo ninguna respuesta católica a la “campaña groseramente anticatólica”. Los católicos se concentraron en explicar cómo el feto es un ser humano, como si la otra parte no lo supiera perfectamente. “No había ninguna organización católica equivalente a la Liga Antidifamación de la B’nai B’rith o la NAACP (Asociación para la promoción de la gente de color)”. La Iglesia Católica “se limitó decentemente (aunque con frutos desastrosos) al tema del aborto”. Al no identificar a los enemigos étnicos, los católicos perdieron la guerra.

     Los medios de comunicación no tenían ningún escrúpulo en ese sentido y se afanaban por comprometerse en flagrantes violaciones de sus propios códigos, imputando el delito racial que ellos acababan de establecer. La “megaprensa” (término de Nathanson) colaboraba porque estaba controlada por judíos y protestantes proabortistas, quienes alentaban a los católicos liberales como la periodista Anna Quindlen del New York Times, deseosa de ascender en una profesión competitiva. “Los medios” dice Nathanson, ignoraron con gran disimulo la intolerancia y el fanatismo cuidadosamente elaborados que nosotros vendíamos. Muchos en los medios eran jóvenes graduados católicos liberales, del tipo que habíamos tenido éxito en separar del rebaño fiel, quienes no iban a poner en riesgo sus posiciones adquiridas en la intelligentsia mediática, incomodando a los liberales con algo tan grosero como una imputación de prejuicios. Los prejuicios eran el mal absoluto cuando hacían referencia a los judíos o a los negros, no si se los dirigía contra los católicos. Pero si nuestras denuncias hubieran tenido un contenido antisemita o contra los negros, habría estallado un estrepitoso coro de aullidos en los medios—tan fuerte como para haber destruido la Liga para la Acción a favor del Derecho al Aborto.

     La estrategia de la Liga para la Acción a favor del Derecho al Aborto (NARAL) fue un claro despliegue de jutzpah. “Pues como simple jutzpah no tuvo parangón moderno”. Nathanson llama al “affair Robert Byrn”  “la campaña anticatólica más irresponsable, cruda e intolerante que NARAL jamás montara”. Byrn, un profesor de Derecho en la Universidad de Fordham, caracterizado por el New York Times “ como “un hombre soltero católico romano de cuarenta años de edad”, se presentó ante el juez Lester Holtzman para solicitar que se lo declarara custodia de los niños no nacidos amenazados por el aborto. Fiel a la característica duplicidad de su doble vara, el New York Times “no caracterizó al juez Holtzman como un judío casado”. Cuando Byrd interpuso un recurso de amparo contra los abortos en los hospitales municipales de Nueva York, el Procurador del Estado, Louis Lefkowitz, decidió oponerse a Byrn, pero nada se dijo del status étnico o religioso de Lefkowitz. Cuando Nancy Stearns, abogada del Centro para la Defensa de los Derechos Constitucionales, trató de lograr que se exigiera a Byrn una fianza de u$s 40.000 por cada mujer a la que se obligara a completar el embarazo hasta el nacimiento del niño, el corresponsal del New York Times , James Brody, cuya identidad étnica quedó oculta en el misterio, “no escribió que Stearns era una judía soltera”. Dado que el New York Times es el diario nacional de referencia para el resto de la prensa escrita, esa doble vara se repitió a lo largo y a lo ancho del país. En Filadelfia, el Philadelphia Inquirer se refirió reiteradamente a Martin Mullen, como un católico romano “archiconservador”, pero nunca caracterizó al gobernador Milton Schapp, la contraparte de Muellen en la guerra en torno al aborto en Pensilvania, como un judío pro aborto. Nathanson destaca que el canadiense Henry Morgenthaler usó su paso por un campo de concentración de Hitler con el objeto de justificar su rol de líder como proveedor de la práctica del aborto en Canadá. Las clínicas de Morgenthaler violaban las leyes canadienses y, sin embargo, “Morgenthaler...es venerado por la mega prensa canadiense” aún cuando él “es tan devoto del maligno anticatolicismo como el exorcista estadounidense, Lawrence Lader”.

     En 1967, aproximadamente en la misma época  que Bernard Nathanson conoció a Lawrence Lader y ambos fundaban la Liga por el Derecho al Aborto (NARAL), el aborto se legalizó en California. El gobernador Ronald Reagan firmó la primera ley que permitió el aborto en los Estados Unidos, pero el proyecto de ley fue escrito y presentado por Anthony Beilenson, el representante legislativo judío por Beverly Hills. Las dimensiones étnicas de la batalla en torno al aborto fueron, si acaso, mucho más encarnizadas en California que en Nueva York. Como en Nueva York, la batalla sobre el aborto separó los campos con una demarcación étnica claramente definida. Como en Nueva York, los judíos en general promovieron el aborto y los católicos se opusieron. Desde el momento en que el aborto se legalizó en 1967, la batalla en torno al aborto en California fue una batalla entre católicos y judíos, tal como treinta años antes los católicos y los judíos se  enfrentaron en una batalla en torno a la cuestión de la pornografía y  la obscenidad en la industria del cine en California.

---------------------------------------------------------------------


Nacionalismo Católico San Juan Bautista


lunes, 14 de mayo de 2018

Imperialismo judío y religión imperialista - Maurice Pinay





Sinagoga de Satanás


  El pueblo hebreo fue escogido por Dios como depositario de la verdadera religión, cuya conservación le fue confiada en medio de los pueblos idólatras, hasta la venida del Mesías prometido con Quién se cumplirían las profecías del Antiguo Testamento. Pero los judíos empezaron, ya antes de la venida de Cristo, a tergiversar las profecías dándoles una interpretación falsa, racista e imperialista.

La promesa de un reinado del verdadero Dios en la Tierra –reinado espiritual de la religión auténtica-, lo interpretaron los judíos como el reinado material de su raza, como la promesa de Dios a los israelitas de un dominio material de su raza, como la promesa de Dios a los israelitas de un dominio mundial y de la esclavización, por ellos, de todos los pueblos de la Tierra.

Como ejemplo de esas falsas interpretaciones se pueden citar los siguientes pasajes. En el Génesis (capítulo XXII, versículos 17 y 18) el Ángel del Señor dice a Abraham: “17. Te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y como la arena que está a la ribera del mar: Tu posteridad poseerá las puertas de sus enemigos, 18. Y en tu simiente serán benditas todas las naciones de la Tierra...” [1].

Los judíos imperialistas han dado a estos versículos una interpretación material al considerar que Dios les ofrece, como descendientes sanguíneos de Abraham, adueñarse de las puertas de sus enemigos, siendo sólo en ellos, en los de raza judía, en quienes podrán ser benditas todas las naciones de la Tierra. En cambio, la Santa Iglesia interpreta espiritualmente estas profecías: “...cual es la victoria, que por virtud de Jesucristo y por el don de una justicia perseverante habían de conseguir los hijos espirituales de Abraham (es decir los cristianos) de todos los enemigos visibles e invisibles de su salud. Y así el cumplimiento a la letra de esta profecía se verificó después del establecimiento de la Iglesia, cuando se sometieron a Jesucristo todos los pueblos del mundo, y recibieron de Él la bendición y la salud” [2].

En el Deuteronomio (capítulo II, versículo 25), dice el Señor: “25. Hoy comenzaré a poner tu terror y espanto en los pueblos, que habitan debajo de todo el cielo: para que oido tu nombre se pongan despavoridos y como las mujeres que están de parto tiemblen, y sean poseídos de dolor”.

También a este pasaje la Santa Iglesia da una interpretación restringida, completamente distinta del sentido imperialista judío, traducido, a través de la historia, en hechos palpables que demuestran la aplicación práctica de esta interpretación falsa. Dondequiera que triunfaron a través de la Edad Media los movimientos heréticos dirigidos por judíos (aunque tales triunfos fueran locales y efímeros), iban siempre acompañados del crimen, del terror y del espanto. Lo mismo ha ocurrido con sus revoluciones masónicas, como la de 1789 en Francia o la de 1931-1936 en España. ¡Y ya no se diga de las revoluciones judeo-comunistas! En la Unión Soviética, donde los hebreos han logrado.implantar su dictadura totalitaria, han sembrado el pavor y la muerte de manera tan cruel que los pobres rusos esclavizados al oir actualmente la palabra “judío” tiemblan de terror.

Otro ejemplo de este tipo nos lo proporciona la falsa interpretación que hacen los israelitas del versículo 16, del capítulo VII del citado Deuteronomio, que dice: “16. Devorarás todos los pueblos, que el señor Dios tuyo te ha de dar. No los perdonará tu ojo ni servirás a sus dioses...”.

Mientras la Santa Iglesia da a este pasaje una interpretación igualmente restringida, los judíos lo entienden de una manera monstruosa, en el sentido de que Dios les ha dado el derecho para devorar a todos los pueblos de la Tierra y adueñarse de sus riquezas. ya vimos (en el capítulo IV de la Primera Parte de esta obra), lo que el rabino Baruch Levi escribía a su discípulo el joven judío Karl Marx (más tarde fundador del socialismo malamente llamado científico), dando supuestos fundamentos teológicos al derecho de los judíos para adueñarse de las riquezas de todos los pueblos de la Tierra mediante los movimientos proletarios comunistas, controlados por el judaísmo.

El versículo 24 del mismo capítulo VII, reza así: “24. Y entregará sus reyes en tus manos, y borrarás los nombres de ellos de debajo del cielo: nadie te podrá resistir, hasta que los desmenuces”.

Esta profecía que la Santa Iglesia refiere a los reyes pecadores que gobernaban en la tierra de Canaán, los judíos la entienden con carácter universal: consideran todas sus revoluciones y conspiraciones contra los reyes de los tiempos modernos como empresas santas realizadas en cumplimiento de las profecías de la Sagrada Biblia y además como un medio útil para lograr el dominio del mundo, que también creen les fue ordenado por Dios en las Sagradas Escrituras.

La constante tergiversación del sentido verdadero de las profecías de la Biblia por los judíos, se encuentra nuevamente al leer el versículo 27 del capítulo VII de la profecía de Daniel: “27. Y que todo el reino, y la potestad, y la grandeza del reino, que está debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo: cuyo reino es reino eterno, y todos los reyes le servirán, y obedecerán”.

Mientras la Santa Iglesia interpreta esta profecía en relación al reinado eterno de N.S. Jesucristo, los judíos consideran que ese reinado eterno sobre el mundo será el de su raza sobre los demás pueblos, que llegarán a formar un solo rebaño con un solo pastor, salido, naturalmente, de la grey de Israel.

La profecía de Isaías señala: (capítulo LX, versículos 10, 11 y 12), “10. Y los hijos de los extraños edificarán tus muros, y los reyes de ellos te servirán...11. Y estarán tus puertas abiertas de continuo: de día y de noche no se cerrarán, para que sea conducida a ti la fortaleza de las naciones, y te sean conducidos sus reyes, 12 porque la nación y el reino, que a ti no sirviere, perecerá; y las naciones serán destruidas y desoladas”.

Esta profecía, que se refiere al reinado de Cristo y de su Iglesia [3], adquiere para los judíos un sentido totalmente diferente que viene a cristalizar en hechos, claramente reconocibles, dondequiera que se haya impuesto la dictadura judeo-comunista en los diversos países que han tenido la desgracia de caer en las garras del monstruo. En todos estos pueblos, los que no han servido a los judíos o han osado rebelarse contra su servidumbre, han sido destruidos. No hay más dueño que los judíos, porque ellos se apoderaron de la fortaleza de todas esas naciones.

Así, podrían seguirse citando versículos del Antiguo Testamento que han sido falsamente interpretados por el imperialismo judaico. Hay que tener presente que muchos de los profetas fueron asesinados por los judíos sólo porque contradecían y censuraban sus perversidades.

Pero lo más grave de esas interpretaciones falsas de las profecías de la Biblia fue la que se relacionó con la venida del Mesías, Redentor del género humano, que establecería el reinado del verdadero Dios en el mundo. Aquí fue donde los judíos se desviaron en forma más grave de la Verdad Revelada, dando a las promesas sublimes relacionadas con el Mesías un carácter racista e imperialista.

Ya en tiempo de N. S. Jesucristo estaba tan arraigada entre los israelitas esa interpretación falsa, que la generalidad pensaba en el Mesías prometido como en un rey o caudillo guerrero, que, con la ayuda de Dios, conquistaría a todas las naciones de la Tierra por medio de guerras sangrientas en las que Israel resultaría siempre vencedor y acabaría por dominar materialmente al mundo entero. Por ello, cuando Jesús ante tales pretensiones se opuso a todo derramamiento de sangre, manifestando que su reino no era de este mundo, los imperialistas judíos sintieron naufragar todas sus esperanzas y ambiciones y empezaron a temer seriamente que la doctrina de Cristo llegara a convencer a todos los hebreos, y los hiciera reconocer en El al Mesías prometido.

Cuando Jesús predicó la igualdad de todos los hombres ante Dios, los judíos pensaron –y con muy justa razón- que Cristo con sus doctrinas echaba abajo sus equivocadas creencias acerca de Israel como pueblo escogido de Dios para dominar materialmente al mundo, anulando, al mismo tiempo, la idea de un pueblo superior a los demás por voluntad divina que estaba, según ellos, destinado por orden de Dios a esclavizar a los demás pueblos y a adueñarse de sus riquezas.

Por ello, los dirigentes del judaísmo en esa época, sacerdotes, escribas, etc., sintieron que Jesús amenazaba el brillante porvenir acordado al pueblo de Israel como futuro amo del Universo, ya que al ser todos los pueblos iguales ante Dios, como lo predicaba N.S. Jesucristo, no había lugar en la Tierra para uno de ellos, escogido a manera de futura casta privilegiada y dominante de la humanidad.

En defensa de la tesis imperialista judía, Caifás, sumo pontífice de Israel, señalaba la conveniencia de que muriera un hombre, Jesucristo, para salvar a un pueblo.

Con posterioridad al crimen más negro y trascendental cometido en la historia de la humanidad, o sea, el asesinato de Dios Hijo por los judíos, éstos siguieron empecinados en sus ambiciones imperialistas, tratando de compilar y justificar en un nuevo libro sagrado sus falsas interpretaciones de la Sagrada Biblia. Así, surgió el Talmud, especie de Nuevo Testamento de los judíos, condenado por la Santa Iglesia y en el cual, según ellos por inspiración divina, se contiene la más perfecta interpretación del Antiguo Testamento.

Después surgió la recopilación de la Cábala judía, que quiere decir tradición, en la que fue consignada –también por inspiración divina, según los judíos- la interpretación esotérica, es decir, oculta y verdadera de las Sagradas Escrituras. A continuación pasamos a citar unos cuantos pasajes de esos “libros santos” del judaísmo moderno, ya que la índole de este trabajo nos impide extendernos más sobre la materia.

“Vosotros israelitas, sois llamados hombres, en tanto que las naciones del mundo no merecen el nombre de hombres, sino el de bestias” [4].

“La progenie de un extranjero es como progenie de animales” [5].

En los anteriores pasajes dan los falsos intérpretes de las Sagradas Escrituras un paso de gran trascendencia: el de quitar a los cristianos y gentiles, es decir, a todos los pueblos de la Tierra, su carácter humano, dejándolos en la categoría de bestias.

Para darse cuenta de la importancia de este paso infame hay que tener en presente que, según la Revelación Divina del Antiguo Testamento, todos los animales y bestias fueron creados por Dios para servicio del hombre, el cual puede comer su carne, utilizar su piel como vestido, matarlos, desollarlos y hacer con ellos todo aquellos que le convenga. En cambio, obligó al hombre a guardar los Mandamientos respecto a sus semejantes, los demás hombres. Para los judíos –según la falsa interpretación que dan de las Escrituras-, tanto los cristianos como los gentiles son simples animales y no seres humanos, por lo que automáticamente, los hebreos quedan sin obligación de guardar los Mandamientos con respecto a ellos, sintiéndose, al mismo tiempo, con todo el derecho de matarlos, desollarlos y privarlos de todo lo que tengan, como a cualquier animal. Jamás ha existido, ni existe sobre la Tierra, un imperialismo tan implacable y totalitario como el de los judíos.

Este concepto trascendental acerca de la animalidad de los demás pueblos explica claramente la conducta implacable, cruel y despectiva hacia todo derecho humano, observada por los jerarcas judíos del comunismo internacional.

Su desprecio por los demás llega al extremo de hacerlos afirmar: “¿Qué es una prostituta? Cualquier mujer que no sea hebrea?” [6].

Esto explica, según lo han repetido y denunciado varios escritores de distintas nacionalidades, el hecho de que los judíos hayan sido en todas partes los más inescrupulosos comerciantes en la trata de blancas y los más asiduos defensores de las doctrinas disolventes, el amor libre y la promiscuidad, mientras mantienen a sus familias en la más absoluta disciplina y moralidad. Es que siendo animales los cristianos y gentiles, nada de extraño tiene que vivan en la prostitución y en la promiscuidad.

En cuanto a los instintos asesinos de los judíos, manifestados a través de los siglos, se ven alentados con la que ellos creen inspiración divina del Talmud y de la Cábala, pero que según la Santa Iglesia, no es sino obra satánica.

“Al mejor entre los gentiles, mátalo” [7].

Si Dios les ordenó tal cosa, tratándose como se trata de un pueblo cruel y sanguinario, como lo demuestra la Pasión y Muerte de Cristo, las torturas y matanzas de la Rusia comunista, etc., ¿qué de extraño tiene que, donde pueda hacerlo, asesine a todos aquellos que en alguna forma se oponen a sus
perversas maquinaciones?

Ese odio diabólico, ese sadismo que han demostrado siempre los judíos en contra de los demás pueblos, tiene también su origen en la interpretación falsa de la Revelación divina, es decir, en la cábala y el Talmud. Sirva de ilustración el siguiente ejemplo:.“¿Qué significa `Har Sinai´ ¿ Significa el monte desde el cual se ha irradiado el Sina, es decir, el odio contra todos los pueblos del mundo” [8].

Es necesario recordar, que fue en el Monte Sinaí donde Dios reveló a Moisés los Diez Mandamientos; pero los judíos modernos consideran, en forma tan equivocada como absurda, que allí fue revelada la religión del odio que ellos observan hasta nuestros días; odio satánico contra los demás pueblos que ha tenido su manifestación extrema en los tormentos y matanzas perpetradas por el comunismo internacional.

La Cábala, reservada para los altos iniciados del judaísmo, no para la plebe, llevó la división entre judíos y gentiles –entre los que incluyen a los cristianos- a los extremos más absurdos. Mientras por una parte, se rebajaba a los gentiles a la categoría de simples animales, por otra parte, se elevaba a los judíos a la categoría de dioses, identificándolos con la divinidad misma. ¡Hasta ese grado han falseado los judíos el significado del Pentateuco y en general del Antiguo Testamento!

El blasfemo pasaje que aparece a continuación, es sumamente ilustrativo al respecto: “Dios se exhibe en la Tierra en las semblanzas del judío. Judío, Judas, Judá, Jevah o Jehová, son el mismo y único ser. El hebreo es el Dios viviente, el Dios encarnado, es el hombre celeste, el Adán Kadmon. Los otros hombres son terrestres, de raza inferior; sólo existen para servir al hebreo, son pequeñas bestias” [9].

Es natural que semejante manera de pensar haya llevado a los judíos a la conclusión lógica de que todo cuanto existe en la Tierra les pertenece, incluso las bestias –entre las que nos incluyen a los demás hombres- y todo lo que a esas bestias pertenece.

Los falsificadores de las Sagradas Escrituras intentaron, tanto en el Talmud como en la Cábala, fortalecer el imperialismo judaico dándole el carácter de mandato divino. Los siguientes pasajes lo demuestran: “El Altísimo habló a los israelitas así: Vosotros me habéis reconocido como único dominador del mundo y por esto yo he de haceros los únicos dominadores del mundo” [10].

“Dondequiera que se establezcan los hebreos, es preciso que lleguen a ser amos; y mientras no posean el absoluto dominio, deben considerarse como desterrados y prisioneros. Aunque lleguen a dominar naciones, hasta que no las dominen todas, no deben cesar de clamar: `¡Qué tormento!´ `¡Qué indignidad!´” [11].

Esta falsa revelación divina, contenida en el Talmud, es una de las bases teológicas de la política del judaísmo moderno, que realizándola al pie de la letra cree cumplir con la voluntad de Dios.

Cuando los pueblos cristianos y gentiles han abierto generosamente sus fronteras a los emigrantes judíos, equiparándolos a los de otras naciones, jamás han podido imaginar que dan albergue a eternos conspiradores, siempre dispuestos a trabajar en la sombra y sin descanso hasta dominar al pueblo ingenuo que les abrió sus puertas.

El Talmud claramente señala que los judíos no deben descansar hasta que el dominio sea absoluto. Los judíos Los judíos han comprendido que la democracia y el capitalismo –que les ha permitido dominar a los pueblos- no les ha proporcionado ese dominio absoluto ordenado por el Dios de que habla el Talmud; por eso, los judíos Karl Marx y Federico Engels inventaron un sistema totalitario que les asegure poder quitar a cristianos y gentiles todas sus riquezas, todas sus libertades y, en general, todos sus derechos humanos, hasta igualarlos con las bestias.

La dictadura del socialismo comunista de Marx permite a los judíos alcanzar ese dominio absoluto; por ello, desde que la implantaron en Rusia, han trabajado sin descanso para destruir el régimen capitalista que ellos mismos habían creado, pero que fue incapaz de hacerlos llegar a la meta deseada.

Como revela el Talmud, no basta a los judíos dominar algunas naciones, sino que deben dominarlas todas; mientras no lo logren, deben clamar: “¡Qué tormento!” “¡Qué indignidad!”.

Esto explica el por qué es insaciable el imperialismo judío comunista. Pone de manifiesto lo absurdo que es creer en una sincera convivencia pacífica o en la posibilidad de que el comunismo cese en su ambición de conquistar a todas las naciones de la Tierra. Los judíos creen que Dios les ha ordenado imponer un dominio total a todas las naciones y que ese dominio total lo conseguirán sólo por medio de la dictadura totalitaria socialista del comunismo.

Como ese dominio integral debe extenderse a todas las naciones del mundo, no descansarán hasta imponer la esclavitud comunista a todos los pueblos de la Tierra.

Es indispensable que los cristianos y gentiles acaben tan tremenda tragedia. La existencia de un totalitarismo cruel e imperialista, impulsado por un grupo de místicos, fanáticos y locos que realizan todos sus crímenes y todas sus perversidades creyendo firmemente que están cumpliendo con fidelidad los mandatos de Dios, es una ominosa realidad. Llega su maldad hasta tal grado, que creen moralmente lícito hacer triunfar el ateísmo y el materialismo comunista en todo el mundo, de manera transitoria, mientras ellos, que son religiosos y creyentes, logran destruir “al odiado cristianismo y demás religiones falsas”, con el fin de hacer imperar sobre las ruinas de todas, la religión actual de Israel, la cual reconoce el derecho de los judíos a dominar el mundo y su carácter de casta privilegiada –por derecho divino- en la humanidad de los tiempos venideros.

Por otra parte, el Talmud dice dar a los judíos la verdadera interpretación de las promesas bíblicas acerca del Mesías: “El Mesías dará a los hebreos la dominación del mundo y a ella estarán sometidos todos los pueblos” [12].

Podría seguirse citando pasajes de los distintos tratados del Talmud y de la Cábala judía –tan elocuentes como los anteriores- que nos permitirían percibir cuál es el significado y trascendencia de la actual religión de los judíos y el peligro que ella significa para la Cristiandad y para el resto de la humanidad. Cuanto más se profundice en esta materia, más claro se verá el abismo que media entre la primitiva y verdadera religión revelada por Dios a los judíos a través de Abraham, Moisés y los profetas, y la falsa religión que fueron elaborando a base de la falsa interpretación de la Sagrada Biblia, tanto aquellos hebreos que crucificaron a Cristo Nuestro Señor como sus descendientes, sobre todo, a partir de la aparición del Talmud de Jerusalén y el de Babilonia y de la posterior elaboración de los libros cabalísticos “Sepher-Ha-Zohar” y “Sepher-Yetsirah”, libros sagrados que son la base de la religión de los judíos modernos.

Si media un abismo entre la religión de Abraham y de Moisés y la del judaísmo moderno, éste se hace insondable entre el cristianismo y dicho judaísmo moderno; puede decirse que este último es la antítesis y la negación.misma de la religión cristiana, contra la cual destila odio y afán destructor en sus libros sagrados y en sus ritos secretos.

La lucha de siglos, emprendida por la Santa Iglesia en contra de la religión judía y sus ritos, no tuvo por origen, como falsamente se ha dicho, la intolerancia religiosa del catolicismo, sino la maldad inmensa de la religión judía, que presentaba una mortal amenaza para la Cristiandad.. Esto fue lo que obligó a la Iglesia –tan tolerante en un principio- a adoptar una actitud decidida en defensa de la Verdad, de la Cristiandad y de todo el género humano.

Es, pues, errónea y sofística la opinión de algunos clérigos que se dicen cristianos, pero que le hacen el juego a los judíos en forma bastante sospechosa, en el sentido de que es ilícito combatir al judaísmo porque los judíos fieles –los judíos creyentes- tienen una religión afín y hermana de la cristiana.

En primer lugar, es falsa la base de su tesis. Lo hemos demostrado en este capítulo y podrá comprobarlo quien profundice su estudio en los secretos de la religión judía postbíblica; secretos que fueron condenados en la doctrina de los Padres de la Iglesia, en los concilios ecuménicos y provinciales y en los estudios de ilustres clérigos católicos de la Edad Media y de los siglos anteriores al presente.

En segundo lugar, lo que los judíos pretenden realmente con imponer a los católicos esa tesis de la ilicitud de combatir a la criminal secta judaica, es lograr la adquisición de una nueva patente de corso que les permita, sin exponerse a contraataques directos, seguir adelante en sus movimientos revolucionarios masónicos o comunistas, hasta lograr la destrucción de la Cristiandad y la esclavización de la humanidad.

Los judíos y sus cómplices dentro del cristianismo quieren asegurar, en forma cómoda el triunfo definitivo del imperialismo judaico, ya que si los cristianos se abstienen de atacar y vencer a la cabeza de toda la conspiración, reduciéndose a atacar únicamente su rama masónica, anarquista, comunista o cualquier otra, la cabeza –el judaísmo-, libre de ataques, conservará todo su vigor mientras sus tentáculos masónicos y comunistas, con todos sus derivados, se dedicarán a atacar de manera inmisericorde, como lo han venido haciendo, a las instituciones religiosas, políticas y sociales de la Cristiandad y del mundo entero..





[1]              Biblia Scio traducida al español de la “Vulgata” latina por el Ilmo. Sr. D. Felipe Scio de San Miguel, 5 vols. Madrid: Gaspar y Roig, Editores. 1852. Tomo I, p. 59.
[2]              Biblia Scio, anotaciones autorizadas a la sagrada Biblia. Tomo I, p. 59.
[3]              Biblia Scio, Profecía de Isaías, Cap. IX, Vers. 10-12. Tomo IV, p. 115.
[4]              Talmud tratado “Baba Metzia”. Folio 114, columna 2.
[5]              “Jebamoth”. Folio 94, columna 2.
[6]              “Eben Ha Eser” 6 y 8.
[7]              “Aboda Sara” 26B Tosephot.
[8]              “Shabbath”. Folio 89, columna 2.
[9]              Kabala ad Pentateucum. Folio 97, columna 3.
[10]            “Chaniga”. Folio 3ª. 3b.
[11]            Talmud de Babilonia, tratado “Sanhedrín”. Folio 104, columna 1.
[12]            Talmud de Babilonia, tratado “Schabb”. Folio 120, columna 1; tratado “Sanhedrín”. Folio 88, columna 2 y folio 89, columna 1.



Maurice Pinay: “Complot contra la Iglesia” – Tomo I –Tercera Parte - Capítulo Primero.



Nacionalismo Católico San Juan Bautista