San Juan Bautista

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domingo, 21 de enero de 2024

"Wanderer" y un nuevo ataque al Nacionalismo Católico - Bruno Acosta

 

El burgués y solterón “Wanderer” es Rubén Peretó Rivas, si bien ha intentado ocultarlo, mentiras mediante:

 https://lapulperiaerrante.blogspot.com/2017/06/el-ocaso-de-un-cobarde-la-era-de-la.html

 Este ataque al hombre se justifica, plenamente, porque desde su bitácora ha ofendido al nacionalismo católico de la manera más sofística y vil.

 Ya he dado cuenta desde aquí cómo su blog ha destruido, a lo largo de años, las defensas de los católicos argentinos, infectándolos de liberalismo y de aburguesamiento amariconado -que se manifiesta, verbigracia, en el anonimato que cunde en la página-:

 https://reverdad.blogspot.com/2023/09/el-liberalismo-del-blog-wanderer-y-la.html

 ¿Qué ocurre ahora? Se ha puesto del lado de Milei y del libertarianismo. Y ha acusado al nacionalismo con estos términos:

 “ […] resulta desconcertante la crítica que también proviene de ciertos grupos residuales del catolicismo conservador y nacionalista de Argentina, que terminan adoptando el discurso progresista.”

 https://caminante-wanderer.blogspot.com/2024/01/bergoglio-no-vendra-argentina.html

 Grupos “residuales”, dice; como dando a entender: los pocos numantinos que quedan en defensa de la Verdad Redondeada; los que no se han dado cuenta, todavía, que tienen que plegarse al mundo. Hay que adaptarse al progreso y al liberalismo, dice Peretó; no me vengan con el número 80 del Syllabus.

 “Residuales”, como diciendo: son poquitos. A Peretó le interesa el número. Como a todo liberal y demócrata.

 Le faltó decir (digámoslo paladinamente) grupos “caponnettistas”, imitando a Márquez. A esos se refiere: está claro.

 “Que terminan adoptando el discurso progresista”. Esto sí que es de órdago. ¡Así que el nacionalismo católico es progresista! De la catarata de denuestos al nacionalismo, creo que jamás escuché el de “progresista”. Milei y Peretó -ambos, a la par, hacen gala de un insondable desconocimiento en materia política- lo pueden todo: pueden llamar al nacionalismo católico de progresista. Aquí hay una falsa disyuntiva, que le hace llegar al “Wanderer” a una falsa conclusión: porque si lo contrario al capitalismo es el progresismo, claro que el nacionalismo católico, al ser contrario al capitalismo, es progresista; mas eso, a las claras, es una falsa disyuntiva: no por no ser capitalista, eres progresista. Toda la rica doctrina social de la Iglesia, queda de lado. ¡Terrible!

 Llamamos, con rabia y desde esta humilde bitácora, a no leer más al blog Wanderer. Con este despropósito, nos ha hecho salir de nuestro retiro y escribir estas líneas. Pero contra malicia, milicia.


Bruno Acosta


Fuente: Revista Verdad



martes, 16 de enero de 2024

Los Pontífices y el Nacionalismo - Augusto TorchSon

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Nota de NCSJB: El presente trabajo estaba destinado a ser publicado a modo de apéndice del libro del Profesor Jorge Camacho Ruiz, “Manual de Doctrina Nacionalista”. Lamentablemente, nuestro camarada y amigo falleció recientemente en un accidente, por lo que esperamos que su trabajo pueda ser publicado en forma póstuma, y hasta que las condiciones estén dadas para dicha acción, adelantamos nuestro aporte, al mismo tiempo que solicitamos una oración por el eterno descanso de quien tanto dio al Nacionalismo Argentino, incluyendo en el pedido a su familia.

En memoria de nuestro hermano, amigo y camarada Jorge Camacho Ruiz. D.E.P.

 

Los Pontífices y el Nacionalismo

  

Para concluir esta magnífica obra del Profesor Camacho, se nos ha brindado la oportunidad de realizar un aporte final a modo de apéndice del mismo, tratando un tema que, debido al desconocimiento y prejuicios que existen sobre el mismo, puede resultar incómodo para algunos, pero esclarecedor para otros. Creemos, sin embargo, que contando con la información adecuada, los hechos deberían ser apreciados de forma diversa a la hasta ahora realizada.

Aceptando y agradeciendo la generosidad del Profesor, procederemos a hacer un resumen de un trabajo en el cual venimos trabajando hace varios años. El mismo tiene que ver con la participación de los Pontífices romanos en el período de entre guerras especialmente.

Habiéndose tratado en este manual la cuestión del “Cuarto de Barba Azul”, extraído del libro “Noticias de ayer, de hoy y de mañana” de Federico Mihura Seeber, nos proponemos complementar este esclarecedor capítulo con la cuestión referida a la intervención de los Estados Pontificios en los conflictos bélicos entre Estados, que como bien señala el mencionado autor, significaron la derrota de la última resistencia efectiva contra el Nuevo Orden Mundial, y el avance casi omnipotente de las fuerzas del mal, posicionándose por sobre todos los gobiernos del mundo, para imponer la contra natura en todas sus formas, y combatiendo especialmente los verdaderos principios religiosos, hoy mancillados hasta por la propia jerarquía eclesiástica.

En su aparición en La Salette, a mediados del siglo XIX, Nuestra Madre Celestial nos advertía en el sentido precedentemente mencionado al profetizar: “Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso, para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios”.

Respecto a la cuestión finalmente citada en el párrafo anterior, también señalaba la Virgen en La Salette: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo”. Asistimos a todo esto en nuestros días, consecuentemente afirmamos la actualidad del mensaje de Nuestra Señora en La Salette, por lo que coincidimos con las conclusiones de Mihura Seeber en el capítulo citado.

No se puede negar que existe un nexo causal entre el resultado de la Segunda Guerra Mundial y el estado actual del mundo, obteniendo un desmedido poder los vencedores que se manifestó inmediatamente terminado el conflicto bélico, y que Don Salvador Borrego documentó magistralmente, titulando con igual precisión como “Derrota Mundial”.

Ahora nos toca analizar si los Pontífices reinantes en la Iglesia durante ese período tuvieron un papel que jugar en dicho conflicto, y si su participación fue, de la alguna manera, gravitante en el resultado final del mismo.

Muchos sectores del tradicionalismo católico afirman que la terrible situación que se vive en la Iglesia comenzó con el Concilio Vaticano II. No solo no compartimos la premisa, sino que vamos a apoyarnos en información que demuestra que dicha crisis es mucho anterior a dicho Concilio, siendo este solo la culminación de un penoso período de claudicaciones. Esto nos lleva al punto de considerar seriamente, en consonancia con lo expresado por Mihura Seeber, que la victoria por venir, puede ser solo la que corresponde a Nuestro Señor Jesucristo.

Cabe aclarar, que, aun considerando seriamente la posibilidad de la proximidad de la Parusía, nos sumamos al siempre vigente llamado a dar el buen combate por la fe y nuestra Patria, el cual, adhiriendo absolutamente a lo abundantemente demostrado por el Profesor Camacho, solo puede llevarse a cabo desde y por el nacionalismo católico.

Si hablamos de crisis en la Iglesia, se puede señalar con toda razón que siempre las hubo, pero al hablar de la actual es dable observar que en tiempos medievales los ocupantes de la Silla Petrina tenían como recurrente tentación la relacionada con la adquisición del poder político, a diferencia de los tiempos modernos, en los cuales dicha tentación parece estar signada por la aquiescencia con las políticas de los ostentadores oficiales de estos poderes temporales, sujetándose y hasta doblegándose en algunas oportunidades ante ellos. Para hacer esta cruda afirmación, vamos a referir una situación no tan desconocida, pero sí soslayada en su importancia. La misma tiene que ver con el comienzo de las relaciones entre la Iglesia y la banca Rothschild, lo que sucedió cuando la Santa Sede, con el Papa Gregorio XVI como pontífice, solicitó un préstamo a quienes hoy sabemos con toda claridad que están en la cima de la élite judeomasónica gobernante del mundo. Así fue como James Mayer Rothschild se convirtió en el banquero Papal Oficial. El préstamo se renovó con Pío IX, lo que fortaleció la posición de la banca usuraria Nº 1 del mundo, y no puede dejar de considerarse la posición de debilidad en la que quedaba la Santa Sede al tener como acreedor a tan oscuros personajes. En un mundo en donde las finanzas son las que condicionan a todos los gobiernos a través de sus deudas “eternas”, resulta razonable considerar que ser deudor de los Rothschild implica un inmenso condicionante, aunque quede un pequeño margen de acción.

Como antecedente, podemos mencionar lo sucedido en la Edad Media, especialmente a su finalización, cuando los católicos, para evitar las condenas que llegaban hasta excomunión por dar préstamos con interés, buscaban esquivar dichas disposiciones albergando a comunidades judías para que fueran éstas las encargados de realizar dichos préstamos. Sin embargo, no fueron sólo los católicos de a pie quienes recurrían a los servicios brindados por los prestamistas judíos, sino hasta los reyes y emperadores. Según la Biblioteca judía[1], hasta el Cid Campeador fue uno de los “beneficiarios” de dichos préstamos, y como se reconoce en la fuente mencionada, desde el siglo XIII, “la noción de Wucherer ("usurero") era considerada judía en ese entonces”. Dicha fuente menciona que los intereses alcanzaban hasta el 36% pero en caso de demora, podían llegar hasta el 100%, utilizando prendas en un principio e hipotecas posteriormente, mencionado textualmente dicha fuente que: “De esta manera los judíos adquirieron en prenda casas, viñedos, granjas, aldeas, castillos, ciudades e incluso señoríos”. Por lo que resulta claro lo pernicioso de esta práctica antinatural en la cual el dinero engendra dinero, sin ningún otro esfuerzo que el supuesto riesgo, que como vemos, no era tal al contar con las desmedidas garantías detalladas. Bastante clara es la referencia a la perfidia de estos prestamistas en el personaje de Shylock en la obra de Shakespeare, “El Mercader de Venecia”.

 Tenemos que decir entonces que sujetarse de esa manera a quienes, de acuerdo a su código sagrado, el Talmud, consideran a los no judíos y en especial los cristianos, como sus principales enemigos, y a los cuales se intima a tratar de todas las formas deshonestas posible; claramente conlleva una situación de peligrosa dependencia. Como demostramos en nuestro libro “El Infierno en la Tierra”[2], mos referimos a quienes a pesar de representar el 0,2% de la población mundial, están encabezando todas las políticas subversivas en el mundo entero, poseyendo los mismos más del 80% de los grandes medios de comunicación en el mundo para publicitarlas, y casi la totalidad de la banca internacional para financiarlas.

La Revolución Francesa empieza a demostrar que la libertad sin límites propuesta era solo para los liberales, agudizando la presión sobre la Iglesia. Teníamos en esos momentos a un Pontífice, Pio VII, que se trasladó personalmente para coronar como “Emperador” a Napoleón Bonaparte, aun existiendo todavía el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, habiendo sido humillado, y con él toda la Iglesia, al serle arrebatada la corona por el réprobo militar francés, el cual se coronó a sí mismo. En la Revolución Francesa se entronizaba a la “diosa razón” en la figura de una prostituta semidesnuda y Napoleón demostraba cómo los poderes temporales iban a seguir avasallando al poder eclesiástico, buscando relegarlo a una posición de escasa importancia.

Y con la concepción democrática moderna ganando terreno en el mundo occidental cristiano, vimos a la Iglesia empezar a ser oprimida (y hasta a veces con la connivencia de su jerarquía), por esta concepción totalitaria de la existencia, no considerada ya solo como forma de gobierno, sino hasta considerada en un aspecto cuasi religioso, en la cual el hombre colectivamente se convierte en su propio dios, y legisla decidiendo lo bueno o lo malo por mayoría de votos.

Así fue como Pío IX tuvo que huir de los Estados Pontificios primero, y después regresó para no poder salir, siendo prisionero del Reino de Italia, situación que continuaría a su muerte con sus sucesores.

Y fue el siguiente Pontífice, León XIII, quien condenó la soberanía popular, presupuesto de la democracia moderna con su encíclica “Diuturnum Illud”, dejando claro que, independientemente de la forma de elección en los Estados de los gobernantes, el poder siempre viene de Dios. Sin embargo, animaba a los católicos franceses en 1892 a apoyar al gobierno de la Tercera República, en detrimento de los católicos monárquicos. Su encíclica “Au mileu des sollicitudes” proveyó los argumentos para lo que se denominó el “Ralliement”, que significó, en los hechos, la claudicación definitiva a las aspiraciones monárquicas católicas que se oponían a este gobierno republicano abiertamente hostil a la Iglesia. León XIII consideraba que dicha hostilidad hacia la Iglesia venía por la oposición de los republicanos hacia quienes pretendían restaurar la monarquía católica, por lo que decidió que la mejor solución sería apoyar a los republicanos en vez de a los nuestros, situación que está llevada hasta el paroxismo en la Iglesia en la actualidad.

Como bien documenta el libro de Jean Madiran: “Las dos democracias”, la praxis en cuestiones políticas del Pontífice se contradecía con su propio magisterio, así por ejemplo, escribía en contra del denominado “Americanismo”, que se refería al intento de contemporización de la doctrina y disciplina eclesiástica con el mundo moderno; sin embargo, sentía fascinación por la democracia norteamericana. Sostenía el Pontífice en una entrevista transcripta por este autor: “Los Estados Unidos, que son una república, pese a los inconvenientes que derivan de una libertad sin límites, crecen todos los días y la Iglesia católica se ha desarrollado ahí sin tener que sostener luchas contra el Estado.  Esas dos potencias concuerdan muy bien, como deben concordar en todas partes, a condición de que la una no usurpe los derechos de la otra; allá la libertad es realmente el fundamento de las relaciones entre el poder civil y la conciencia religiosa. La Iglesia reclama antes que nada la libertad; mi voz autorizada (sic) debe ser escuchada para que su objetivo y su actitud no sean desnaturalizados más que por ataques mal fundados. Lo que le conviene a los Estados Unidos, le conviene con mayor razón a la Francia republicana”. Señala Madiran cómo estas declaraciones iban en contra de su propia Encíclica “Libertas” y hasta en contra del “Syllabus” de Pio IX. Pero era claro que, como vemos en la actualidad, se pretende que la praxis, por más contraria que sea a la doctrina, no afecte a ésta última.[3]

El problema surge cuando en vez de combatir el error, en donde quiera, en quién sea que se manifieste, se empieza a justificar y tratar de buscarle un contexto en el cual resulte atendible de acuerdo a las circunstancias, o al menos atenuado por el solo hecho de venir de algún representante eclesiástico, por más importante que este fuera. Y así pasamos de la leyenda negra a la rosa y la obediencia ciega nos nubla el entendimiento, algo que mucho le debemos lamentablemente al influjo jesuítico en la Iglesia.

Lo concreto es que, a pesar del buen magisterio de León XIII, su acción se mostraba condescendiente, o por lo menos pasiva, ante el avance del laicismo que traía consigo la nueva corriente democrática. Se acusa a Rampolla, Secretario de Estado del Papa Pecci, de haber influido en ese sentido, pero el responsable final fue sin dudas el Sumo Pontífice.

Rampolla es, sin lugar a dudas, un personaje que no se puede dejar de considerar seriamente al hablar de la crisis de la Iglesia, y siendo el segundo de León XIII influyó grandemente en personajes clave en la historia sucesiva de la Iglesia. A Rampolla le encargó personalmente el Papa León XIII que tuviera como protegido al joven Eugenio Pacelli, y tuvo como secretario personal y su hombre de máxima confianza a Giacomo Della Chiesa, es decir, a los futuros Papas Pio XII y Benedicto XV.

Mariano Rampolla del Tíndaro fue acusado de pertenecer a la Masonería, específicamente a la particularmente diabólica logia OTO, Ordo Templis Orientis, a la cual pertenecía Aleister Crowley, el denominado “la persona más malvada del mundo”. Es dable en este punto hacer mención al cónclave realizado a la muerte de León XIII, donde Rampolla estaba encabezando las votaciones cuando el cardenal Puzyna, Obispo de Cracovia, en nombre del Emperador Austro Húngaro, Francisco José, pronunció el Derecho de Exclusión, que era un antiguo veto otorgado a algunos emperadores alemanes y austríacos y reyes españoles, por el cuales, para protección del Papado, se les permitía intervenir extraordinariamente en las elecciones Papales. Ante la protesta de Rampolla, quién estaba en segundo lugar empezó a ganar votos mientras disminuían los del Secretario de Estado del anterior Pontífice, y así fue como la Iglesia tuvo al último gran y santo Pontífice hasta el día de hoy, el Papa José Sarto, que tomó el nombre de Pio X.

Son muchas las hipótesis por las cuales se piensa que fue ejercido ese derecho a veto, pero nos parece bastante atendible la que corresponde a su supuesta afiliación a la OTO, la cual fue sostenida por Monseñor Jouin, incansable luchador contra la secta masónica, y a quién se atribuye el correcto término “judeo masónico”. Para mayor información recomendamos el artículo “Did a Freemason Almost Become Pope? The Story of Cardinal Rampolla”, publicado por el periódico Catholic Family News[4]. Un dato no menor es que hasta la misma logia mencionaba al Cardenal como perteneciente a ella.

Incluso considerando dudosa o poco probable la hipótesis de la filiación masónica de Rampolla, lo que es incuestionable es su postura afín al laicismo y abiertamente francófila, refiriéndonos a la Francia hija de la Revolución de 1789, nación que se habría acercado a la Rusia zarista por intervención del Cardenal, las cuales junto al Reino Unido serían aliadas en la 1ª guerra mundial en contra de Alemania, Italia y el Imperio Austro-Húngaro.

Sabemos cómo San Pio X fue un dique de contención, no solo al Modernismo eclesiástico, sino al influjo revolucionario de la democracia liberal que se comenzaba a extender por toda Europa y el mundo. Con grandes personajes como el Cardenal Merry del Val o el Cardenal Louis Billot, al que se le atribuye haber tenido una gran participación en la Encíclica Pascendi Dominici Gregis, que condenaba el modernismo teológico que tanto daño venía haciendo antes de dicho Pontificado, y continuaría haciéndolo a su finalización y hasta nuestros días.

No es este Pontificado al que nos referiremos ya que el mismo puede considerarse el verdaderamente católico en doctrina y praxis en mucho tiempo hasta este momento en el que todo parece desbordado irremediablemente hasta que una intervención Divina disponga su finalización.

A la muerte de San Pio X, habiendo ya fallecido Rampolla para ese entonces, accede a la Silla Petrina Giacomo Della Chiesa con el nombre de Benedicto XV, quien como mencionamos precedentemente, era el secretario personal y hombre de extrema confianza del Cardenal Rampolla.

Benedicto XV, como para tener una referencia en base a lo mencionado, fue el pontífice que suprimió el Sodalitium Pianum, que era la sociedad creada por San Pio X para controlar la infiltración de modernistas en los seminarios.

Della Chiesa fue el Papa en tiempos en los que se desató la 1ª Guerra Mundial, y si bien eran claros sus esfuerzos por la paz, parecía ver en las actitudes patrióticas o nacionalistas la llama que encendía el rencor entre las naciones europeas. No obstante, supo ver con claridad la arbitrariedad del perverso Tratado de Versalles, que humillaba a los vencidos en esa contienda, y que a la postre sería la mecha que encendería el próximo gran conflicto bélico. Otro tema en el que estos pontífices parecen haber fallado absolutamente en percatarse, es el rol del judaísmo internacional en el génesis y desarrollo de estos conflictos, buscando atacar las consecuencias mas no las causas. Al respecto, el israelita converso al catolicismo Benjamin Freedman, como testigo presencial de los acontecimientos que provocaron esos conflictos, atestigua el rol del judaísmo internacional en la creación de los mismos y en la inmensa traición a Alemania por parte de quienes fueron generosamente acogidos por dicha nación.

Como demuestra Benjamin Freedman, la Alemania prácticamente vencedora del fratricida conflicto, ofreció a Inglaterra la paz retornando al status quo previo a la guerra. El Reino Unido con sus reservas agotadas y sus posibilidades de éxito nulas, estaba por aceptar, cuando como señala Freedman, el Sionismo le hizo la siguiente oferta: “‘Le garantizaremos traer a los Estados Unidos a la guerra como su aliado, para luchar con usted a su lado, si nos prometes Palestina después de que ganes la guerra'”.[5] Freedman era una persona cercana al títere Woodrow Wilson, presidente que había prometido mantener a EEUU fuera de la guerra mintiendo a su electorado. Mientras tanto la banca judía de la Reserva Federal de Norteamérica financiaba la Revolución Bolchevique, datos que se pueden encontrar incluso en Wikipedia. Este débil y pusilánime monarca ruso, el Zar Nicolás II, combatiendo a sus propios familiares, se alió con los aliados de sus enemigos, lo que terminó significando el fin su vida y el de toda su familia y con la libertad de Rusia hasta el día de hoy. Revolución financiada por la banca judía internacional y encabezada y dirigida en 85% por israelitas. Hoy vemos cumplirse en ese sentido perfectamente la profecía de Nuestra Señora en Fátima en la cual advertía que, de no convertirse, iba a esparcir sus errores por el mundo entero. Y es claro que, a pesar de la propaganda hoy imperante hasta en la Iglesia Católica, Nuestra Madre Celestial no nos advirtió ni en contra del Nacional Socialismo, ni en contra del Fascismo. Y hoy vemos tanto a los supuestos liberales de derecha, como a los países comunistas, mostrarse como enemigos pero juntos promover la agenda de marxismo cultural que socava la esencia de las raíces cristianas en el mundo entero.

Benedicto XV fallece en 1922 y lo sucede Achille Ratti con el nombre de Pío XI. En este punto vemos como la jerarquía vaticana se vuelca absoluta y decididamente de parte de los enemigos de los nacionalismos y a favor de quienes representaban todos los ideales internacionalistas del judaísmo, y con ellos, la lucha contra todos los valores cristianos. Puede sonar exagerada la expresión, pero los hechos demuestran sobreabundantemente nuestra categórica afirmación.

Una vez más, el magisterio de este Pontífice se muestra ortodoxo, sin embargo, en sus relaciones con las naciones del mundo, se inclina ostensiblemente a favor de los enemigos de la Iglesia. Observamos entonces, como la situación que hoy se vive no es nueva ni original y pasamos a reseñar los hechos.

Sin entrar en detalles, algunos ya mencionados en este libro, hay que tener en cuenta que en la época se encontraba la denominada “Cuestión Romana”, por la cual Italia intentaba terminar con el poder temporal de la Santa Sede anexionando Roma. Esta situación se vio solucionada a instancias de Benito Mussolini, primer ministro de Italia, otorgando soberanía al Vaticano perdida bajo el Reino de Italia, retribuyendo económicamente a la Iglesia por las pérdidas sufridas de 1870, eximiendo a los clérigos del servicio militar obligatorio, estableciendo la enseñanza religiosa en las escuelas estatales, devolviendo al matrimonio religioso su carácter de sacramento reconocido por la ley civil, entre otras muchas disposiciones favorables a la Iglesia. Es importante remarcar el aporte del Duce, debido a la posterior actitud de los Pontífices para con su gobierno.

Mientras tanto, surgido el inmenso peligro del Comunismo internacional, extendía su influencia en toda Europa y copaba el gobierno de la II República Española, desatando el terror rojo sobre la Madre Patria, dejando además de los civiles, 4.840 sacerdotes, 2.365 religiosos, 283 monjas asesinados y hasta 13 obispos en una de las más cruentas persecuciones religiosas del siglo XX.  Pío XI condenaba el Comunismo, pero ya se mostraba contrario a los nacionalismos por lo que, a pesar de la masacre contra el pueblo español, en especial de sus religiosos, a los que debía proteger, decidió no intervenir por la cercanía de Franco y los Falangistas con el Nacional Socialismo alemán y el Fascismo italiano, los que contribuyeron activa y decididamente a la victoria del Bando Nacional.

Este mismo Pontífice condena a la monárquica y católica Acción Francesa y a su mejor exponente, el preclaro pensador antidemocrático Charles Maurras. Este político y pensador apoyaba al catolicismo como religión del Estado, a pesar de ser agnóstico antes de su conversión, mostrándose contrario al laicismo y secularismo que trajo la Revolución Francesa. Logró transformar la idea original de este movimiento de un nacionalismo republicano en un nacionalismo monárquico. Sin embargo, fue víctima junto a su movimiento de las intrigas vaticanas, que seguían teniendo injerencia en temas que no les correspondían y encima, beneficiando a los enemigos de la Iglesia y de la Europa Cristiana. Citamos al respecto a Calderón Bouchet: “Maurras había señalado que cuando el Papa mezcla la función propia de su magisterio espiritual con algún enredo político, el resultado es fatal para la vida de la fe, así, la consecuencia de eso que podríamos llamar su apertura democrática, fue el nacimiento en Francia de la democracia religiosa” que fue lo que sucedió con el Ralliement de León XIII, y que padecería el propio Maurras en su persona en la misma actitud de un pontífice posterior[6]. Señala Calderón Bouchet como Pío XI tenía más simpatía por la izquierda francesa que por la Acción Francesa y la condena vino por supuestos escritos atribuidos a Maurras, los cuales no fueron encontrados. Consideraba el pontífice que se ejercía demasiada influencia sobre los jóvenes (a Dios gracias decimos nosotros) y la condena fue tan ridícula que se excluyó de los sacramentos a los militantes de dicho movimiento, así como se prohibió las lecturas del mismo. A pesar de la amenaza de excomunión y de algunas defecciones, como la del traidor Maritain, la Acción Francesa, que peleaba en las calles contra el Comunismo, afirmaba en palabras de Maurras que, ante la situación de Francia, no se puede abandonar a la Patria y que la destrucción del movimiento implicaba traicionar a Francia. El Cardenal Billot. el mismo que fue uno de los pilares doctrinales del pontificado de San Pio X, sentía gran afinidad con este movimiento, y ante la arbitraria condena al mismo y a su principal exponente, renuncia al birrete cardenalicio.

Sin extendernos en un tema bastante tratado en nuestros ambientes, tenemos que mencionar la indispensable cuestión de los Cristeros Mejicanos. Ante la imposición de la Constitución de 1917 que proscribía en los hechos la práctica del Catolicismo, campesinos trabajadores y estudiantes, varones y mujeres, reaccionaron prefiriendo la muerte a la pérdida de la fe a la voz de “Viva Cristo Rey”. Estos soldados de Cristo, sin recursos ni experiencia militar, combatieron en una guerra civil que duró 3 años para resistir al ataque contra la Iglesia defendiendo a sus sacerdotes y obispos. Mary Ball Martínez, en su muy recomendable obra “Se socava la Iglesia”, menciona cómo el Cardenal Gasparri, Secretario de Estado de Pío XI, “aconsejaba a los miembros de la jerarquía mejicana que no alentaran a los luchadores. Alertó a los obispos de los Estados Unidos para que rehusaran todas las súplicas de ayuda económica” hacia los Cristeros[7]. A pesar de todo, el movimiento Cristero crecía y ponía en jaque al gobierno del masón Plutarco Elías Calles, que estaba empezando a reconsiderar sus acciones. Sin embargo, fue el Secretario de Estado de Pio XI quién animó a algunos obispos más dispuestos a las componendas, a arreglar un pacto con el protestante y masón Dwight Morrow como intermediario para acordar un plan de paz. En octubre de 1929, el ejército Cristero, que era el virtual vencedor de la contienda, a instancias del Vaticano, depone incondicionalmente sus armas, lo que significó el exterminio de casi todos los líderes del movimiento católico, y la continuación de todas las medidas anticatólicas que el gobierno masónico se había comprometido a abolir. Hasta el día de hoy, y gracias a la diplomacia Vaticana que confiaba más en masones, judíos y comunistas que en los verdaderos católicos, Méjico continúa siendo una nación gobernada por masones.

Si sumamos lo antedicho a la mencionada pasividad para intervenir a favor del Bando Nacional en España y la referida a la Acción Francesa, no debería dejar dudas que no se puede justificar de ninguna manera el accionar de este Pontífice en momentos clave en donde se jugaba el destino de Europa, y con él, de todo el Occidente Cristiano. Sin embargo, vamos a referirnos a un hecho que consideramos todavía más escandaloso y es escasa o hasta absolutamente desconocido aun en nuestros ambientes. Nos referimos a la intervención del Vaticano a favor de la reelección del masón y genocida Franklin Delano Roosevelt.

En el año 1936, el nuevo secretario de Estado de Pío XI, Eugenio Pacelli, visitaba los Estados Unidos en momentos en los que Roosevelt buscaba su reelección. En esos momentos un patriota sacerdote nacido en Canadá de nombre Charles Coughlin, se manifestaba en contra de las nuevas aspiraciones presidenciales de Roosevelt al que ya señalaba como afín al comunismo. El mismo tenía un programa de radio llamado “The Radio Priest” que contaba con 30 millones de oyentes. El padre Coughlin demostraba como Roosevelt trabajaba para los banqueros judíos, y empezaba el sacerdote a mostrarse afín a los movimientos nacionalistas europeos. Fue en ese momento, cuando Pacelli se dirigió a los Estados Unidos para deshabilitar la resistencia del sacerdote canadiense. Acompañado por un cuestionable personaje como lo fue Monseñor Francis Spellman de Boston (que posteriormente recibió su proclamación cardenalicia por Pacelli siendo Papa) emprendió una gira por varias provincias eclesiásticas en las que promocionó a Roosevelt quien se dirigiría posteriormente al ya Pontífice Pio XII como “mi siempre buen amigo”, a la vez que censuraba al Padre Coughlin. Señala Mary Ball Martínez que “En Nueva York, el futuro Pio XII fue huésped en la casa de Myron C. Taylor… a pesar de que era bien sabido que Taylor era masón del grado 33[8].” Tengamos en cuenta que el Presidente Roosevelt, al que fue a apoyar Pacelli, fue el mismo que envió a las “Brigadas Abraham Lincoln” compuestas mayormente por judíos para pelear por el bando comunista en la guerra civil española.

Sabemos que el ingreso de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial se debió a un subterfugio de Roosevelt, ahogando de todas las formas posibles a Japón para instigarlo a atacar, y la ya conocida traición a sus hombres en Pearl Harbor, por la cual, conociendo el avance de la aviación japonesa, ordena desviar las tropas norteamericanas para permitir el ataque. Al igual que su predecesor Woodrow Wilson, en sus promesas electorales, el masón Franklin Delano Roosevelt había asegurado a su pueblo que no iba a intervenir en el conflicto europeo.

Según el periodista y político Giulio Andreotti, tanto la redacción de las encíclicas en contra del Fascismo italiano, como del Nacional Socialismo alemán, son autoría de Pacelli, así como la decisión de viajar a Estados Unidos para apoyar la reelección de Roosevelt. Y si hablamos de este pupilo de Rampolla, que fue al secundario partisano Visconti y al Seminario Progresista Capranica, al asumir como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, continuó con su acción en favor de los Aliados.

Un dato que nos parece concluyente, es la relación de los Pacelli con la Banca Rothschild, que nos trae la ya citada autora, Mary Ball Martinez. Señala Martínez: “Las familias de Pacelli y Montini desde hacía mucho se habían involucrado en asuntos del Vaticano. El abuelo de Eugenio, Marcantonio, llegó a Roma en los años 1840, de la provincia de Viterbo, cuando su hermano Ernesto, miembro de la firma bancaria Rothschild, se comprometió a hacer un fuerte préstamo a los Estados Papales bajo Gregorio XVI. Ernesto se quedó a establecer las primeras oficinas del Banco di Roma, mientras que Marcantonio se volvió consejero legal de Gregorio y luego de su sucesor, Pio IX, para finalmente acompañar a este último al exilio en el pueblo costero de Gaeta cuando los disturbios políticos en Roma se tornaron amenazantes.”[9]

Cabe acotar que el inicio de la Segunda Guerra Mundial tuvo lugar cuando el Reino Unido y Francia pretendieron solidarizarse con Polonia por el ataque alemán para defender a su población germánica exterminada en suelo polaco, pero nada hicieron con la Unión Soviética invadiendo la otra mitad de dicha nación. De hecho, como bien se conoce y está ampliamente documentado en la historiografía revisionista, fue Estados Unidos el que ayudó a la Rusia Comunista a vencer a los alemanes. O sea, una vez más, el capitalismo al auxilio del comunismo. Corresponde mencionar que en 1933, ante el avance de las exitosas políticas alemanas que terminaban con el imperio de la usura, la pornografía y el Comunismo, que habían generado una inmensa pobreza y degradación del pueblo germano y provocado 6 millones de desocupados, vino un boicot internacional del pueblo israelita en contra de Alemania con su famosa declaración “Judea declares war on Germany” (Judea declara la guerra a Alemania) con lo que queda claro que no fue la Alemania Nacional Socialista la que comenzó el conflicto, por mucho que les duela (yo atenuaría la expresión: “a pesar de…”) a estos Pontífices que decidieron inclinar la balanza con todas sus fuerzas para el lado del enemigo internacionalista del mundo entero.

Volviendo al ahora Pontífice Pio XII, habiendo quedado demostrado que como Secretario de Estado intervino en la política interna de Estados Unidos, algo que de ninguna manera corresponde a la función eclesiástica, y encima a favor del candidato más contrario en sus principios y acciones a la fe católica, vamos a mencionar un hecho que muestra a las claras el lado elegido por el Vaticano pacelliano para dirigir descaradamente sus esfuerzos hacia el bando de los Aliados.

Primeramente, vamos a recurrir al médico personal y amigo del Pontífice, Ricardo Galeazzi-Lisi, que señalaba que “…cuando Hitler invadió los Países Bajos y Flandes, aun manteniendo su política de estricta neutralidad, Pío XII envió mensajes de simpatía a la Reina Guillermina de Holanda y al rey de los belgas, Leopoldo”. Proseguimos con la referencia a pesar de las contradicciones: “Más tarde volvió a tenerse la prueba de que él consideraba al nazismo más peligroso que el comunismo cuando los ejércitos de Hitler penetraron en Rusia. Contra los deseos del dictador alemán y de su aliado Mussolini, el Papa Pacelli nunca quiso proclamar la guerra santa contra el comunismo, cosa que sorprendió bastante a mucha gente, pero que iba completamente de acuerdo con su pensamiento y su acción política”[10]. Estamos hablando del mismo Comunismo que había asesinado a millones de católicos y combatía todo principio religioso, y hasta había sido catalogado por el predecesor de Pacelli como “intrínsecamente perverso”; sin embargo, era preferible al régimen alemán que contaba con el apoyo de la casi totalidad de su pueblo, en los que casi la mitad era católico y el resto protestante.

En el mismo sentido de lo precedentemente relatado, citamos nuevamente a Mary Ball Martínez al citar: “En su mensaje de junio al colegio de Cardenales, a la vez que rechazaba rivalidades y agrupamientos dictados exclusivamente por intereses políticos y económicos, expresó confianza en que los peligros de la derecha y de la izquierda podrían evitarse a la luz de la Iglesia. Y siguió con la defensa de un bando que sostuvo durante toda la guerra diciendo:  Nosotros, como cabeza de la Iglesia, nos rehusamos a llamar a los cristianos a una cruzada. Tuvo cuidado, dijo, a pesar de presiones, de asegurar que no se permitiera ni una palabra de aprobación a la guerra contra Rusia. Mientras que los católicos húngaros eran arrastrados por el torbellino soviético y clamaban por su ayuda, Pacelli les aconsejaba paciencia y aguante porque el viejo roble será azotado por la tormenta, pero no podrá ser desarraigado”… “en 1941 el cardenal francés Boudrillat vino a Roma a pedir una bendición papal para los regimientos de voluntarios franceses, españoles, italianos, croatas, húngaros y eslovenos, casi en su totalidad católicos, que salían junto con el ejército alemán a la conquista de la Rusia Soviética, o como dijo el cardenal al Papa, a liberar al pueblo ruso… El Papa Pío XII frustró las esperanzas del Cardenal Boudrillat, pues ordenó que la solicitud de bendición se retirara de inmediato. Además, el Cardenal no habría de establecer contacto alguno con la prensa”[11].

Para contrastar la actitud pacelliana en contra de los patriotas católicos y a favor de los réprobos ateos, citamos a uno de nuestros grandes referentes, el filósofo y mártir católico, Jordán Bruno Genta: “Los alemanes, entonces, en una escala vertiginosa de crecimiento, aprobaron el orden cristiano de la nación eslovaca. Ese orden fue respetado, fue realizado, fue cumplido, en ese breve tiempo en que Eslovaquia gozó del señorío sobre todo lo propio. Y yo quiero decirles algo acá, porque a mí me complace estar con los vencidos de la tierra. Cuando los ejércitos de Europa presididos por el maravilloso ejército alemán, invadieron la Unión Soviética, yo participé con todo mi corazón y con toda mi alma en la esperanza de que abatieran a los renegados de Dios, a los enemigos del género humano.

¿Por qué quería con toda mi alma el triunfo de esas fuerzas maravillosas con esa disposición al sacrificio y a la muerte? Porque el triunfo de los que fueron vencedores de la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo internacional del dinero y el comunismo ateo se iban a adueñar de la tierra entera como está ocurriendo en estos momentos.”[12]

Si bien consideramos probado adecuadamente nuestro punto respecto al papel de la Sede Pontificia en contra de los movimientos nacionalistas que representaban y representan el orden natural en política, vamos a sumar un dato más, para reafirmar nuestra postura. Aclaramos que esto es solo una pequeña fracción de la información que contamos para confirmar lo aquí demostrado, todo lo cual dejamos para ser expuesto en la obra en la que estamos trabajando y esperamos poder publicar. El mismo tiene como interlocutora a la señora esposa de “Il Duce”, Benito Mussolini. Rachele Mussolini, quien nos relata en su libro “Mussolini al desnudo” a modo de denuncia, la presencia durante la guerra en el Vaticano del enviado de Roosevelt, el ya mencionado masón de grado 33, Myron Taylor, el 20 de septiembre de 1942. Citamos textualmente a Rachele: “…hay un punto que pocas personas conocen: durante el último conflicto mundial, Italia estaba oficialmente en guerra contra ciertos países, los que siempre tenían a sus embajadores ante el Vaticano. Pero como la Santa Sede no tenía aeropuerto ¿adónde llegaban y de dónde salían esas personas? Y bueno, de Roma sencillamente. Es decir que impunemente podían atravesar la capital de un país en guerra contra el suyo. Por otra parte, ¿dónde estaba el Vaticano? Ahí donde está siempre… en el mismo centro de Roma. ¿Quién era la persona mejor informada de Roma? EL Papa con sus cerca de 30.000 sacerdotes diseminados por el territorio.

Aquí peso mis palabras: no digo que esos sacerdotes eran espías pagados por el enemigo. Pero sí digo que dentro del recinto de la Santa Sede hubiera sido muy difícil no dejar filtrar ciertas informaciones. Éstas, por anodinas que fuesen, eran explotadas por gente cuyo oficio era precisamente ese y que sabían sacar conclusiones que no se manifestaban para el común de los mortales. Fue lo que hizo ese querido señor Myron Taylor. De vuelta a los Estados Unidos señaló a Roosevelt que los italianos empezaban a cansarse de la guerra y que forzando la dosis se podría ponerlos de rodillas. Y realmente tal cosa sucedió y los que dudan de ello no tienen más que recordar el período en el cual fueron intensificados los bombardeos aliados sobre Italia: después de septiembre de 1942”[13]. Se lamentaba esta noble mujer de la inmensa traición del Vaticano hacia su esposo que tanto había hecho por la Iglesia, y tenemos que coincidir absolutamente con ella.

Una información que también puede servir para reforzar lo ya expuesto es que Myron Taylor publicó en 1947 un libro titulado “Wartime Correspondence”, con el epistolario entre el Presidente Roosevelt con el papa Pio XII, y de éste con el masón Harry Truman, todas con el más afectuoso de los tratos.

Una última información para concluir la idea respecto a las relaciones Pío XII-Roosevelt, es la mencionada en la agencia informativa Zenit[14], referida a la presentación en una exposición de los Caballeros de Colón, de una carta enviada por el Papa Pacelli al presidente Roosevelt, fechada el 30 de agosto de 1943, en la cual se solicita no continuar con los bombardeos en Roma que habían causado más de 3.000 muertos civiles y más de 11.000 heridos. Creemos conveniente transcribir la totalidad de la misiva:

Excelencia:

Los recientes acontecimientos han centrado naturalmente la atención del mundo sobre Italia y se ha dicho y escrito mucho sobre la política que podría o debería seguir el país según sus intereses. Demasiado. Tenemos miedo de que se haya dado por supuesto el que el país sea totalmente libre para seguir la política de su elección. Nos deseamos expresar a Su Excelencia que tenemos la convicción de que eso está muy alejado de la realidad. No Nos cabe la menor duda sobre el deseo de paz y su realización a través de la conclusión de la guerra, pero en presencia de fuerzas excepcionales que se oponen a esta solución, incluso a la declaración oficial de este deseo, Italia está totalmente encadenada, sin los medios necesarios para defenderse.

Si en estas circunstancias Italia se viera todavía obligada a soportar los golpes devastadores contra los que está prácticamente indefensa, Nos deseamos y rezamos para que los jefes militares hagan lo posible para ahorrar a los civiles inocentes, en particular a las iglesias e instituciones religiosas, las devastaciones de la guerra. Ya tenemos que contar con profundo dolor y pesar estas imágenes muy evidentes de las ruinas de las ciudades italianas más importantes y pobladas.

Pero el mensaje de garantía que nos ha dirigido Su Excelencia sostiene nuestra esperanza en que, incluso ante las experiencias más amargas, las iglesias y las casas construidas por la caridad cristiana para los pobres, los enfermos y los abandonados de la grey de Cristo, puedan sobrevivir al terrible ataque. Que Dios, en su piedad y amor misericordiosos escuche el llanto universal de sus hijos y les permita escuchar la voz de Cristo que grita: «¡Paz!».

Con alegría manifestamos nuevamente a Su Excelencia nuestros mejores y sinceros deseos.

Vaticano, 30 de Agosto de 1943

Pío PP XII

Queda claro en dónde tenía puestas las simpatías este Pontífice, especialmente en su cita donde afirmaba que sentía que la Italia de Mussolini era una nación que se encontraba “completamente encadenada”, en donde el país no era libre para seguir la política de su elección.

Bien sabido es que, vencidas las Potencias del Eje, todas las fuerzas judeomasónicas se apoderaron absolutamente del mundo entero, subyugando por medio de la usura a las naciones del mundo, manipulando las inteligencias y alterando la percepción de la realidad con sus medios de comunicación, y promoviendo todo tipo de conductas contra natura compulsivamente, transformando a los que resisten las imposiciones perversas del sistema, de víctimas a victimarios. Con los juicios de Nuremberg, se terminó con las garantías jurídicas de un sano derecho natural, transformando a las partes en jueces y convirtiendo a los acusados automáticamente en culpables, cargándolos con la obligación de demostrar su inocencia. Con Hollywood se transformó la historia en la visión adecuada a los intereses de sus propietarios, pertenecientes en su inmensa mayoría a la misma etnia que promovió los conflictos mundiales y financió la victoria de los aliados. También se establecieron los principios masónicos como valores universales por sobre cualquier religión, en especial la católica. Y finalmente hoy vemos como la agenda que busca la despoblación mundial y el control sobre quienes sobrevivan, está siendo impuesta por los mismos triunfadores de la última gran guerra en la que los Pontífices se pusieron, sin disimulo, a favor del bando judeomasónico.

No podemos dejar de considerar que las Potencias del Eje, representando los nacionalismos que defendían las más excelsas tradiciones europeas, fueron el Katejon en política, y vencidos estos, solo queda el triunfo en manos de Cristo, como señalaba Mihura Seeber. No obstante, insistimos en transmitir el deber ser en política, el cual afirmamos que es el que se da en el nacionalismo y en nuestro caso, el católico.

Reiteramos , a pesar de haber expuesto solo una pequeña fracción de la información con la que contamos para el libro que estamos concluyendo, creemos que se brindaron los argumentos suficientes para probar que la jerarquía eclesiástica, como venía haciendo muchos años atrás (y con la sola excepción de San Pio X), venía inmiscuyéndose en cuestiones políticas y siempre en el sentido de contemporizar con los poderes mundanos, que desde la revolución Francesa, estaban representados ya decididamente, por la judeomasonería.

Nuestra confianza sigue estando puesta en Jesucristo, Señor de la Historia; sin embargo, en nombre de la verdad histórica y la defensa y búsqueda del bien común que nos corresponde como “animales políticos” al decir de Aristóteles, seguimos sosteniendo que la solución para nuestra patria, y hasta para el mundo entero, está dada por el nacionalismo católico. La defección de la jerarquía eclesiástica ni nos turba ni nos desanima, y la entendemos como parte del Misterium Iniquitatis, que nos acerca a la Parusía. No obstante, nos corresponde seguir resistiendo al mal, y para ello debemos contar con los elementos necesarios, relacionados con el correcto conocimiento de la Historia, a fin de entender el origen del mal y no seguir combatiendo solo las consecuencias.

Esperamos pueda este pequeño y humilde aporte haber contribuido al excelente trabajo del Profesor Camacho con la esperanza que pueda servir mínimamente como otro elemento más de discernimiento en tiempos de terrible confusión y oscuridad.

En Cristo y la Patria

Augusto Espíndola

 

Nacionalismo Católico San Juan Bautista



[1] https://www.jewishvirtuallibrary.org/banking-and-bankers

[2] Ed. “Dos Espadas” 2020 Bs.As. Argentina.

[3] Jean Madirán: Las dos democracias. Ed. Iction Bs As. 1980 Pág 84-85

[4] Craig Heimbichner, Agosto de 2003; Niagara Falls; New York; EE.UU. Patria Argentina Nº 223, Junio 2006.

[5] https://archive.org/stream/thebenjaminh.freedmanfiles-uneditedwillardhotelspeechmuchmore-audiovideopdf/Benjamin%20Freedman%20-%20transcript%20of%20the%20unedited%20version%20of%20BF%E2%80%99s%201961%20Willard%20Hotel%20speech%20%283%29_djvu.txt

[6] Calderón Bouchet “Maurrás y la Acción Francesa frente a la IIIª República” Ed. Nueva Hispanidad, Bs As 2000 Pág. 81

[7] Mary Ball Martinez “Se socaba la Iglesia” Ed. Edamex México 1994   Pág. 58.

[8] Ibid. Pág.66

[9] Ibid Pág.31.

[10] Riccardo Galeazzi-Lisi “A la luz y bajo la sombra de Pio XII” Luis de Caralt Editor. Ediciones G.P.1967

[11] Mary Ball Martinez “Se socava la Iglesia” pág. 76-77.

[12] Jordán Bruno Genta: “Monseñor Josef Tiso -  El gobernante mártir” Edit. Santiago Apóstol. Bs As. 1997. Pág 32.

[13] Rachele Mussolino “Mussolini al desnudo” Ed. Emecé Editores Bs As 1974 Págs. 148-149

[14] https://es.zenit.org/2010/06/09/carta-inedita-de-pio-xii-a-roosevelt-para-evitar-bombardeos-a-roma/


domingo, 14 de enero de 2024

Francisco el Pornógrafo - Alejandro Sosa Laprida

 

Nota introductoria: Éste es un viejo artículo[1], escrito en diciembre de 2016, nunca publicado antes de modo independiente, que he decidido desempolvar, en atención a la tristísima actualidad romana por todos bien conocida[2]. Que el dúo siniestro de falsos pastores que se dedica a escandalizar al mundo desde el Vaticano sea oriundo de nuestra tierra argentina debería hacernos reflexionar profundamente acerca de la incalificable, la vergonzosa, la atroz decadencia espiritual, intelectual y moral en que se halla sumido nuestro país. Sin mencionar la ominosa actualidad política, que también es de público conocimiento[3]. Creo que ésta es una circunstancia propicia para humillarnos compungida y sinceramente ante Dios,  para implorar tanto por nuestra Patria devastada como por la Santa Iglesia, cada vez más ultrajada y desfigurada por los herejes modernistas que ocupan la Santa Sede.

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https://drive.google.com/file/d/1GwgUgVI8kZj3dcCSuSjUJBUpUgxIDOfq/view

« El hombre bueno saca el bien del buen tesoro que tiene en su corazón; mas el hombre malo, de su propia maldad saca el mal; porque de la abundancia del corazón habla la boca. » (Lc 6, 45)

Francisco concedió una nueva entrevista[4], a fines de noviembre de 2016, al semanario “católico” belga Tertio, con motivo del fin del Jubileo de la Misericordia, en el transcurso de la cual se refirió, entre otros temas, a la laicidad, al CVII y a los medios de comunicación.

Como era de esperar, Bergoglio prosiguió imperturbable en su funesta tarea de agitador social y de fermento revolucionario, tarea que visiblemente le fue asignada por los enemigos de Dios que lo propulsaron al pontificado y que él se encarga de ejecutar de manera ejemplar desde aquel fatídico 13 de marzo de 2013.

Su prolífico y envenenado pseudo magisterio mediático es una de sus armas preferidas para generar caos y provocar el desánimo en las filas de los confundidísimos y desamparados fieles, quienes, por cierto, se hallan en dicho estado con mucha anterioridad al advenimiento del humilde misericordiador argentino…

Sé perfectamente que los católicos « tradicionales » están completamente hartos de que se les sigan presentando notas acerca de las interminables tropelías y maldades pergeñadas por nuestro inenarrable compatriota. Si bien dudo que les vaya a servir de algún consuelo, aprovecho para hacerles saber que yo lo estoy aún más de tener que someterme a la rigurosa penitencia que supone la lectura cotidiana de sus incalificables dichos y de la crónica incesante de sus acciones maquiavélicas.

Hay que decirlo sin ambages: tener que vivir en la era bergogliana, siendo consciente del grado de iniquidad que ella conlleva, es algo que, para ser soportado, requiere, además de un sistema nervioso de una solidez a toda prueba, un auxilio extraordinario de la gracia divina, sin la cual uno caería infaliblemente en el desaliento e, incluso, en la desesperanza y que, peor aún, podría acarrear la pérdida de la fe.

Transcribo a continuación, como es ya tristemente costumbre, una suerte de “Worst Of” de las falsedades y de los engaños perpetrados por el blasfemador sudamericano en este último y lamentable reportaje.

Periodista - […] ¿Cómo podemos ser al mismo tiempo Iglesia misionera, saliendo hacia la sociedad, y vivir la tensión creada por esta opinión pública?

Francisco - […] El Vaticano II nos habla de la autonomía de las cosas o de los procesos o de las instituciones. Hay una sana laicidad, por ejemplo, la laicidad del Estado. En general, el Estado laico es bueno. Es mejor que un Estado confesional, porque los estados confesionales terminan mal. Pero una cosa es laicidad y otra cosa es laicismo. Y el laicismo cierra las puertas a la trascendencia: a la doble trascendencia, tanto la trascendencia hacia los demás como, sobre todo, la trascendencia hacia Dios. O hacia lo que está Más Allá. Y la apertura a la trascendencia forma parte de la esencia humana. Es parte del hombre. No estoy hablando de religión, estoy hablando de apertura a la trascendencia. Entonces, una cultura o un sistema político que no respete la apertura a la trascendencia de la persona humana, poda, corta a la persona humana. O sea, no respeta a la persona humana.

Según Bergoglio, el problema del Estado laico moderno no es el de rehusar a Dios el culto que le es debido por toda sociedad políticamente organizada, como siempre lo ha enseñado el magisterio de la Iglesia, al igual que la subordinación de las leyes e instituciones sociales a sus mandamientos, sino el hecho de « no respetar a la persona humana », ya que se la estaría  privando de la « apertura a la trascendencia », la cual forma parte de la « esencia humana ».      

Este argumento bergogliano priva a Dios de sus derechos y se basa exclusivamente en la inmanencia vital de la naturaleza humana, cuyos actos, dirigidos a una vaga « trascendencia », no deben ser coartados por el poder civil, cualesquiera sean sus manifestaciones y fundamentos dogmáticos. Esta enseñanza, huelga aclararlo, no es la de la Iglesia Católica, sino la del CVII en relación a la libertad religiosa, al ecumenismo y al diálogo interreligioso. No es éste el ámbito adecuado para probarlo, hay incontables libros y artículos que lo han hecho durante el pasado medio siglo[5].

Además, resulta imposible dejar de señalar la falsedad notoria que encierran las palabras de Bergoglio en defensa de la « laicidad » revolucionaria: « Hay una sana laicidad, por ejemplo, la laicidad del Estado. En general, el Estado laico es bueno. Es mejor que un Estado confesional, porque los estados confesionales terminan mal. Pero una cosa es laicidad y otra cosa es laicismo. »

La « laicidad » moderna no se distingue del « laicismo » sino en una diferencia de grado en la animosidad hacia la Iglesia por parte del Estado, pero el principio subyacente es exactamente el mismo, a saber, el de separar a la Iglesia del Estado, desligando a este último de su deber de religión hacia Dios y eximiéndolo de respetar en sus leyes e instituciones los mandamientos divinos y la doctrina social de la Iglesia.

Sostener que el Estado laico es bueno, mejor incluso que el Estado católico, es una mentira colosal. Y pretender que los Estados confesionales « terminan mal » es un argumento tan falaz como históricamente ridículo, ya que, cuando esto ocurrió, no se debió al caracter confesional del Estado, sino a la tarea de destrucción perpetrada tanto en su seno como desde el exterior por los enemigos de la Iglesia (por ejemplo, en los casos de la « Reforma » protestante y de la Revolución « Francesa »). Sin mencionar el hecho de que los regímenes revolucionarios más emblemáticos del siglo XX, (el comunismo y el nazismo), perfectamente laicos, también terminaron mal…

El número de documentos magisteriales que demuestran fehacientemente la impostura de la doctrina conciliar proclamada por Francisco es inmenso; a guisa de ejemplo, he aquí un pasaje de la encíclica Quas Primas[6], por la cual Pío XI instituyó la solemnidad de Cristo Rey en 1925:

« La celebración de esta fiesta, que se renovará cada año, enseñará también a las naciones que el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes. A éstos les traerá a la memoria el pensamiento del juicio final, cuando Cristo, no tanto por haber sido arrojado de la gobernación del Estado cuanto también aun por sólo haber sido ignorado o menospreciado, vengará terriblemente todas estas injurias; pues su regia dignidad exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente al formar las almas de los jóvenes en la sana doctrina y en la rectitud de costumbres. »[7]

Pero volvamos a la entrevista con el semanario Tertio:

Periodista: - A nosotros nos parece que usted está indicando el Vaticano II en los tiempos de hoy. Nos va indicando caminos de renovación en la Iglesia. La Iglesia sinodal… En el sínodo explicó su visión la Iglesia del futuro. ¿Podría explicarlo para nuestros lectores?

Francisco: - La “Iglesia sinodal”. Tomo esta palabra. La Iglesia nace de las comunidades, nace de la base, de la comunidad, nace del bautismo, y se organiza en torno a un obispo que la convoca, le da fuerza. El obispo que es sucesor de los apóstoles. Esta es la Iglesia. Pero en todo el mundo hay muchos obispos, muchas iglesias organizadas, y está Pedro. Entonces, o hay una Iglesia piramidal, donde lo que dice Pedro se hace, o hay una Iglesia sinodal, donde Pedro es Pedro, pero acompaña a la Iglesia y la hace crecer, la escucha; más aún, él aprende de eso, y va como armonizando, discerniendo lo que viene de las iglesias, y lo devuelve. La experiencia más rica de esto fueron los dos últimos sínodos. Ahí se escuchó a todos los obispos del mundo, con la preparación; a todas las iglesias del mundo: las diócesis, trabajaron. Todo ese material vino. Después volvió. Y volvió una segunda vez al segundo sínodo para completar esto. De ahí salió Amoris Laetitia. Es curioso la riqueza de la diferencia de matices. Es propio de la iglesia. Es unidad en la diferencia. Eso es sinodalidad. No bajar de arriba a abajo, sino escuchar a las iglesias, armonizarlas, discernir. Entonces, hay una exhortación postsinodal, que es Amoris Laetitia, que es el resultado de dos sínodos, donde trabajó toda la Iglesia, y que el Papa hizo suya. […]

La « iglesia sinodal » bergogliana, en la que existen « diferencias de matices », contrapuesta a una « Iglesia piramidal, donde lo que dice Pedro se hace », una Iglesia que « nace de la base » y de la cual Pedro « aprende », ciertamente no es la Iglesia Católica. En el catolicismo, todos los sínodos (concilios, asambleas), ya sean ecuménicos, provinciales o locales, son reuniones celebradas bajo la autoridad eclesiástica correspondiente (papa, arzobispo, obispo), para tratar asuntos relacionados con la fe, la moral o la disciplina, y su legitimidad proviene de la promulgación efectuada por la autoridad jerárquica, de ningún modo de « la base »[8]. Y esto vale incluso para el caso atípico del llamado « sínodo de obispos » creado por Pablo VI en 1965, « en respuesta a los deseos de los padres del Concilio Vaticano II de mantener vivo el espíritu de colegialidad nacido de la experiencia conciliar », dado que, como lo afirma el Código de Derecho Canónico conciliar, « el sínodo de los Obispos está sometido directamente a la autoridad del Romano Pontífice »[9]

La dialéctica utilizada por Francisco oponiendo una « Iglesia sinodal » (democrática, surgida de « la base ») a una « Iglesia piramidal » (monárquica, fundada en la roca infalible que es Pedro), es falsa y claramente revolucionaria. Para disipar las pestilentes falacias bergoglianas basta con leer la constitución dogmática Pastor Aeternus, del Concilio Vaticano celebrado en el año 1870, de la cual reproduzco un pasaje en nota al pie de página[10].

Periodista: - En Cracovia usted ofreció a los jóvenes impulsos preciosos. ¿Cuál sería un mensaje particular para los jóvenes de nuestro país?

Francisco: - Que no tengan miedo, que no tengan vergüenza de la fe, que no tengan vergüenza de buscar caminos nuevos. Hay jóvenes que no son creyentes: no te preocupes, buscá el sentido a la vida. A un joven yo le daría dos consejos: “buscar horizontes” y “no te jubiles a los 20 años”. Es muy triste ver un joven jubilado a los 20-25 años. Buscá horizontes, seguí adelante y seguí trabajando en esta tarea humana.

Perdón, pero ¿cuáles son esos « caminos nuevos »? ¿Desde cuándo los cristianos dicen a los ateos que « no se preocupen »? Y además, sugerir a quienes deciden prescindir de Dios que busquen « el sentido a la vida », no resiste el menor análisis: hay gente que encuentra sentido para sus vidas en el budismo, el psicoanálisis, la astrología o el anarquismo, para no mencionar más que algunos ejemplos entre mil. Los sentidos que la gente puede encontrar a su existencia son múltiples, como múltiples son el error y la mentira. Pero la verdad es una sola, y se llama Jesucristo. Esto es elemental. Y no decirlo a un ateo, es sencillamente criminal, sobre todo si se trata de un eclesiástico, y, a fortiori, del « Papa »[11].

Reflexionemos acerca de los dos consejos que Francisco daría a un joven. El primero es « buscar horizontes ». Se repite aquí el patrón pluralista y relativista de los « caminos nuevos » y del « buscar sentido a la vida »: para cada cual su « sentido », su « camino », su « horizonte ». Mientras se trate del camino de « uno mismo », y que eso a uno lo haga « feliz », no hay ningún problema, no hay de qué « preocuparse ». Imposible no relacionar este consejo con el primero de los « diez mandamientos » bergoglianos para ser feliz: « vivir y dejar vivir es el primer paso hacia la paz y la felicidad »[12], un monumento a la impiedad que habría cortado la respiración y sumido en la estupefacción más absoluta a cualquiera de los « herejes históricos » del cristianismo…

El segundo consejo es más de la misma cantinela naturalista y subjetivista: no « jubilarse » antes de tiempo, es decir, ser un eterno adolescente que se pasa la vida buscando, sin encontrar nunca nada o, cuando menos, nunca nada « definitivo » o « dogmático », porque lo importante es el « camino » que se recorre, es decir, lo que surge del individuo, las propias ideas, deseos e iniciativas, no una « verdad extrínseca » (« heterónoma », diría un kantiano) a la que haya que someter el entendimiento y conformar las acciones. Lo único que cuenta es lo « auténtico », lo « autónomo », lo que surge de la propia interioridad, sin que haya que adherir nunca a una verdad objetiva, exterior al sujeto, firmemente establecida y que pudiera ser « discriminante », susceptible de levantar « muros » en vez de erigir « puentes », como ésas tan « odiosas » que siempre enseñó con meridiana claridad el magisterio de la Iglesia…

Retomemos el hilo de la entrevista:

Periodista: - Una última pregunta, Santo Padre, una opinión sobre los medios de comunicación.

Francisco: - […] Y una cosa que puede hacer mucho daño en los medios de comunicación es la desinformación. Es decir, frente a cualquier situación decir una parte de la verdad y no la otra. ¡No! Eso es desinformar. Porque vos, al televidente, le das la mitad de la verdad. Y por tanto no puede hacer un juicio serio sobre la verdad completa. La desinformación es probablemente el daño más grande que puede hacer un medio. Porque orienta la opinión en una dirección, quitando la otra parte de la verdad.

La desfachatez de este hombre supera la imaginación más afiebrada: porque ¿qué otra cosa ha hecho él desde el mismísimo día de su elección sino desinformar, confundir y desorientar sistemáticamente a los fieles?

Por poner un ejemplo de acuciante actualidad, la exhortación apostólica Amoris Laetitia, ¿no es acaso un intento notorio de desinformación en relación a la naturaleza indisoluble del matrimonio y una incitación velada a profanar los sacramentos de la penitencia y la eucaristía? Y el silencio ensordecedor que guarda ante las dubia expresadas por cuatro cardenales acerca de este tema, ¿no representa una voluntad manifiesta de cultivar el caos y la confusión que él mismo creó con ese documento escandaloso?

El pseudo magisterio bergogliano no es más que una cínica empresa consagrada por entero al engaño metódico de los creyentes, a través de la difusión de los errores más perniciosos, entremezclados con algunas verdades a los efectos de que pasen desapercibidos para la inmensa mayoría.

Francisco: - Y después, los medios yo creo que tienen que ser muy limpios, muy limpios y muy transparentes. Y no caer -sin ofender, por favor- en la enfermedad de la… (sigue un término inmundo que prefiero no citar): que es buscar siempre comunicar el escándalo, comunicar las cosas feas, aunque sean verdad. Y como la gente tiene la tendencia a la… (nuevo término inmundo irrepetible), se puede hacer mucho daño. […]

En esta frase Bergoglio, en su malicia infinita, tras haber ensalzado la « limpieza » (relacionada inevitablemente con la pureza), utilizó dos de los vocablos más obscenos y chocantes que yo haya visto nunca, pero, eso sí, lo hizo « sin ofender, por favor » (!!!)… La boca pútrida del impío blasfemador argentino vomitó dos términos que pertenecen a la jerga psiquiátrica relativa a las perversiones sexuales y que designan dos de las depravaciones más espantosas que se puedan concebir[13]. En toda mi vida, a Dios gracias, no había tenido jamás la desagradable experiencia de leerlos ni de oírlos, y menos aún, de tener que recurrir a un diccionario para descubrir su espeluznante significado. Lo que la decadente sociedad moderna, propagadora de toda suerte de aberraciones, no había logrado infligir a mi alma a lo largo de mi prolongada existencia, Bergoglio se las ingenió para hacerlo en un solo instante, a través de su enésima entrevista, digna ésta de una de esas malditas « publicaciones » que son « legales » en régimen demoncrático, y que hacen de la impureza un culto y de la procacidad un estilo de vida.

Me permito recordar que este individuo pasa a los ojos del mundo por ser nada menos que  el Vicario de Jesucristo en la tierra (!!!): ¿Podría alguien imaginar un solo segundo a Nuestro Señor empleando semejante lenguaje durante sus prédicas?

Considero importante recalcar que no nos encontramos ante un vocabulario meramente familiar, empleado de manera desafortunada, ni tan siquiera ante un léxico simplemente vulgar o grosero. No, aquí estamos hablando del uso lúcido y voluntario de un vocabulario técnico, muy preciso, referido a horribles desviaciones de orden psíquico y moral, a realidades del submundo lúgubre y pecaminoso de las depravaciones sexuales, a comportamientos inmundos que no deberían jamás venir a la mente, ni que decir a la boca, de cualquier cristiano. ¡Qué digo! No ya de un simple cristiano, sino de cualquier persona en la que subsista una mínima dosis de pudor y la decencia más elemental.

Imaginemos por un momento el escándalo potencial que esta frase podría provocar en un niño que la leyera y que, intrigado por estos términos tan extraños y completamente desconocidos, recurriese a un buscador de internet para conocer su significado, siendo así introducido brutalmente a la subcultura de las perversiones sexuales, al mundo de la impureza más cruda, y eso, ni más ni menos que de la mano del « Santo Padre »…

De hecho, como sucede con todas las odiosas provocaciones de Bergoglio, sus abominables declaraciones fueron difundidas por la prensa de todo el mundo, de manera que las secuelas de esta entrevista deben de ser inmensas.

Tengamos presente la tremenda amenaza proferida por Nuestro Señor contra hombres malvados como Bergoglio, palabras que sin duda resultarán intolerables a los partidarios de esos embustes colosales que son la « cultura del encuentro » y la « misericordina » bergoglianas:

« Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que creen en mí, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar » (Mc 9, 42).

Pero la soez eructación bergogliana no es ocasión de escándalo solamente para los niños, que son, por cierto, las víctimas más vulnerables y sin defensa alguna, sino también para los lectores adultos, quienes se ven confrontados al hecho inaudito de tener que padecer a un « Soberano Pontífice » que banaliza y divulga masivamente términos tan abyectos.

Tal y como sucediera años atrás, en otra de sus entrevistas, con el execrable término « gay », que Bergoglio legitimó, confiriéndole el rango de sinónimo de « homosexual »,  cuando se trata de una de las palabras emblemáticas empleadas por los ideólogos homosexualistas, que asimilan engañosamente la « alegría » al vicio contranatura. Fue aquélla una salida incalificable del impío porteño, quien se exclamó gozoso ante las cámaras: « ¿Quién soy yo para juzgar? », frase explosiva lanzada maliciosamente como una bomba de tiempo ante los serviles escribas del sistema, la cual también dio instantáneamente la vuelta al mundo, para beneplácito del lobby LGBT, el cual, en justa recompensa a sus esmerados servicios, homenajeó a Francisco atribuyéndole el dudoso honor de ser elegido Hombre del Año 2013 por la revista sodomítica estadounidense The Advocate.

Creo que ya es sobradamente tiempo de decir las cosas con claridad, por duras que sean y duela esto a quien le duela. En esta sociedad aseptizada en la que impera el terrorismo intelectual de una « corrección política » tácita pero unánimemente observada, por la que se busca « normalizar » todas las depravaciones habidas y por haber, a la vez que exonerar de toda condena jurídica y social a los perpetradores del mal erigido en « derechos » fantasiosos e interminables, es de una necesidad absoluta llamar « al pan, pan, y al vino, vino ».

Así pues, me resulta imposible concluir esta nota sin antes declarar pública y formalmente que Jorge Mario Bergoglio, el falso profeta que ocupa actualmente la Sede de San Pedro, lobo voraz disfrazado de oveja, pornógrafo insensato y enemigo mortal de toda forma de pudor y de decencia, es un encarnizado enemigo de Dios, de Nuestro Señor Jesucristo, de la Iglesia y de la salvación de las almas, un solícito precursor del Anticristo y el legítimo Vicario de Satanás en la tierra…

« Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. » (2 Tim 4, 2-4)

Para más información:

“Diez años con Francisco”

https://gloria.tv/post/UEqqVjZCCVLQ6g89ps67irXSM

Novedad editorial:

“Apostasía vaticana”

https://gloria.tv/post/7ynAG7ZfxBvK1MBD4MqN3aMxn

Mis blogs:

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Miles Christi English: https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi%20-%20English

 

 



[1] Publicado aquí el 09/01/2024: https://gloria.tv/post/CDajPT6TQnuC1PovwSVaRW8Ft

[3] “Milei y el transhumanismo”: https://gloria.tv/post/BgvkYWfSKY3n4NRxHpivtTcpq - “Milei y el matrimonio igualitario”: https://gloria.tv/post/3XCQR8ZqfK264z4qtfTkPyGH3 - “Milei, por sí o por no, ¿es Jesús el Mesías de Israel y el redentor del género humano?”: https://gloria.tv/post/saFUN4uKRfeh1orwh9ZNJHyjm#25 - “El nuevo gobierno argentino promueve la Agenda 2030 y el cambio climático”: https://gloria.tv/post/h1ed7EkxWUWw3umFXKTrYMZzh#15

[5] Leer a tal efecto, por ejemplo, a Monseñor Lefebvre, al Abbé Georges de Nantes o a Romano Amerio, entre otros autores.

[7] Y añadimos igualmente este breve pasaje de la encíclica Inmortale Dei, del año 1885, en la cual León XIII expone los principios que los Estados deben observar en materia religiosa: « Constituido sobre estos principios, es evidente que el Estado tiene el deber de cumplir por medio del culto público las numerosas e importantes obligaciones que lo unen con Dios. La razón natural, que manda a cada hombre dar culto a Dios piadosa y santamente, porque de El dependemos, y porque, habiendo salido de Él, a El hemos de volver, impone la misma obligación a la sociedad civil. Los hombres no están menos sujetos al poder de Dios cuando viven unidos en sociedad que cuando viven aislados. La sociedad, por su parte, no está menos obligada que los particulares a dar gracias a Dios, a quien debe su existencia, su conservación y la innumerable abundancia de sus bienes. Por esta razón, así como no es lícito a nadie descuidar los propios deberes para con Dios, el mayor de los cuales es abrazar con el corazón y con las obras la religión, no la que cada uno prefiera, sino la que Dios manda y consta por argumentos ciertos e irrevocables como única y verdadera, de la misma manera los Estados no pueden obrar, sin incurrir en pecado, como si Dios no existiese, ni rechazar la religión como cosa extraña o inútil, ni pueden, por último, elegir indiferentemente una religión entre tantas. Todo lo contrario. El Estado tiene la estricta obligación de admitir el culto divino en la forma con que el mismo Dios ha querido que se le venere. Es, por tanto, obligación grave de las autoridades honrar el santo nombre de Dios. »

 http://w2.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_01111885_immortale-dei.html

[10] Capítulo 3. Sobre la naturaleza y carácter del primado del Romano Pontífice. Y así, apoyados por el claro testimonio de la Sagrada Escritura, y adhiriéndonos a los manifiestos y explícitos decretos tanto de nuestros predecesores los Romanos Pontífices como de los concilios generales, nosotros promulgamos nuevamente la definición del Concilio Ecuménico de Florencia, que debe ser creída por todos los fieles de Cristo, a saber, que «la Santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice mantienen un primado sobre todo el orbe, y que el mismo Romano Pontífice es sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los apóstoles, y que es verdadero vicario de Cristo, cabeza de toda la Iglesia, y padre y maestro de todos los cristianos; y que a él, en el bienaventurado Pedro, le ha sido dada, por nuestro Señor Jesucristo, plena potestad para apacentar, regir y gobernar la Iglesia universal; tal como está contenido en las actas de los concilios ecuménicos y en los sagrados cánones». Por ello enseñamos y declaramos que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras, y que esta potestad de jurisdicción del Romano Pontífice, que es verdaderamente episcopal, es inmediata. A ella están obligados, los pastores y los fieles, de cualquier rito y dignidad, tanto singular como colectivamente, por deber de subordinación jerárquica y verdadera obediencia, y esto no sólo en materia de fe y costumbres, sino también en lo que concierne a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe; de modo que, guardada la unidad con el Romano Pontífice, tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un sólo rebaño bajo un único Supremo Pastor (Jn 10,16). Esta es la doctrina de la verdad católica, de la cual nadie puede apartarse de ella sin menoscabo de su fe y su salvación. http://www.es.catholic.net/op/articulos/19352/constitucin-dogmtica-pastor-aeternus.html#

[11] En la esfera espiritual, lo que realmente interesa a « Francisco » no es la aceptación de Jesucristo como Mesías y Salvador sino la deificación de la « conciencia » humana, erigida en norma moral suprema de la vida, en desmedro del Evangelio y de los Mandamientos. La misión de la Iglesia Conciliar Bergogliana, remedo diabólico de la Esposa del Cordero (el famoso mysterium iniquitatis del que habla el Apóstol en 2 Tes 2, 7) no es la de rendir el culto debido a Dios ni la de guiar a las almas al Cielo, sino la de promover el culto del hombre libre, autónomo y desligado de toda norma sobrenatural y trascendente: « Todo ser humano posee su propia visión del bien y del mal. Nuestra tarea reside en incitarlo a seguir el camino que el considere bueno (…) No dudo en repetirlo: cada uno tiene su propia concepción del bien y del mal, y cada uno debe escoger seguir el bien y combatir el mal según su propia idea. Bastaría eso para cambiar el mundo. » Entrevista con Eugenio Scalfari del 24 de septiembre de 2013, publicado el 1 de octubre en La Repubblica.

[12] Respondiendo al periodista Pablo Calvo para la revista Viva el 7 de julio de 2014.

[13] Luego me enteraría de que no había sido ésta la primera vez en que Bergoglio se complacía en difundir estos términos escandalosos e indignos en la boca de un cristiano durante sus entrevistas:

1. http://www.renewamerica.com/columns/engel/131110#ref24  -

2. http://www.lastampa.it/2012/02/24/vaticaninsider/eng/inquiries-and-interviews/careerism-and-vanity-sins-of-the-church-pSPgcKLJ0qrfItoDN5x35K/pagina.html