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lunes, 9 de febrero de 2015

In Memoriam: Padre Emilio Parrado (1927 - 2015) – Augusto TorchSon




  A los 87 años, el padre Emilio Andrés Parrado pasó a formar parte de los Bienaventurados que mueren en el Señor. Habiendo cumplido celosamente con la tarea para la cual fue elegido por Nuestro Creador  hace más de 6 décadas, hoy merecidamente descansa en los brazos de su amado Señor Jesucristo.


  Vaya a modo de inmensa gratitud, este, nuestro pequeño homenaje.

  El padre Parrado, nos contaba con mucha alegría que a la edad de 9 años, no habiendo sido bautizado todavía, y deseoso de formar parte de la Iglesia, fue caminando hasta la parroquia cercana a pedir él mismo el sacramento ya que como él  decía, pasó su infancia “sin restaurar su naturaleza caída”. Y así guardaba el certificado de bautismo en su libro de las Liturgias de las Horas,  y lo mostraba con mucho orgullo.

  Siempre repetía “obras son amores y no buenas razones” y dio testimonio con su vida dicha creencia.

  Hombre de acción, sin descuidar nunca su vida de oración, siempre dejó grandes obras en las parroquias a las que fue asignado. Colegios parroquiales, talleres para manualidades, campos para la práctica de deportes y hasta un lugar para albergar a quienes venían a estudiar de otras provincias y tenían escasos recursos; se cuentan entre sus innumerables obras.

  Un relato que sirve para caracterizar adecuadamente la viril santidad de este sacerdote, tuvo lugar cuando estuvo destinado a la que sería posteriormente la Parroquia de Fátima, por él construida. En aquellos tiempos el padre se desplazaba en bicicleta, en la cual, entre otras cosas, pedía colaboraciones para su obra y hasta trasladaba materiales para la misma. Viendo esta situación un grupo de jóvenes diariamente se burlaban a su paso y le gritaban: “cuervo”. Esto se repitió unas cuantas ocasiones hasta que el padre Emilio tiró la bicicleta al piso e increpando a los insolentes les preguntó quien le había dicho de esa manera. Con prepotencia y hasta con sorna, uno de los muchachos se levantó y dijo que él había sido, a lo que el padre respondió con una terrible cachetada que dejó tan sorprendido al ahora apocado brabucón, que lo dejó sin palabras, y ante el silencio de todos, el padre les dijo con toda firmeza: “y el sábado los espero para ayudar en la obra porque estamos construyendo la cancha de básquet”, cosa que se cumplió tal cual fue ordenado, y por quienes en adelante serían sus discípulos. Cabe acotar que el padre Parrado con su metro ochenta, tenía un varonil porte que siempre generaba respeto.


  Siempre estuvo presto a ayudar a los fieles que tenían problemas de distinta índole, y esto en el más absoluto de los anonimatos. Lo sabemos por los testimonios de sus beneficiarios.

  Habiéndole tocado vivir la época de la lucha antisubversiva en Argentina, como nacionalista y patriota nunca ocultó su condición de anticomunista, razón por la cual fue difamado y perseguido y tuvo que ser destinado en el año 1975 a la ciudad Estadounidense de Alexandria en el condado de Arlington (tal vez como castigo, tal vez para protegerlo). Incluso fue mencionado en el libro del judaico agente marxistoide, Horacio Verbitsky, en su libro “La mano izquierda de Dios” tratando de desprestigiarlo inventando inverosímiles e incomprobables acciones de nuestro querido Padre Parrado en contra de estos agentes apátridas, por los cuales nunca manifestó simpatía pero que de ninguna manera persiguió.


  Y a pesar de tantas obras con la que manifestó el amor a Dios y la fidelidad en el desempeño de su sacerdocio, nunca descuidó la oración. Y es que en las más de ocho horas diarias que pasaba confesando, uno siempre lo encontraba  con su Breviario o su Biblia en profunda y concentrada meditación de las enseñanzas divinas. Habiendo sido un gran lector, disfrutaba particularmente leyendo al padre Castellani con quien tuvo el placer de estar en un par de ocasiones, con los libros de su amigo el padre Alfredo Saenz, o con la revista “Cabildo”, de la cual era seguidor, especialmente admiraba el trabajo en la misma del Dr. Antonio Caponnetto. Gustaba mucho también de la lectura de los libros de la Beata Catalina Emmerick de quien tenía su colección completa en sus versiones originales.

  Desapegado por completo de cualquier respeto humano, nuestro querido padre Parrado fue un ejemplo del “Si, Si; No, No”, que nos enseña Nuestro Señor. Albergando siempre a los sacerdotes caídos en desgracia, nunca tuvo dudas a la hora de auxiliar a sus hermanos, entre los cuales hubo más de un Judas.

  Su amistad y colaboración con la gente de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X, así como su amor por la Tradición, le trajeron no pocos disgustos, especialmente con el por entonces arzobispo más afecto a la Teología de la Liberación que a la Ortodoxia Católica, hoy recompensado en su heterodoxia por Bergoglio con el birrete cardenalicio.


  Como mencionamos en nuestro artículo sobre el “asistencialismo de la neo-iglesia”, el padre Parrado tenía plena conciencia sobre la revolución sucedida en la Iglesia en los años posteriores al Concilio Vaticano II, sustituyendo peligrosamente el correcto Cristocentrismo del catolicismo, por la visión antropocentrista de la fe. Y así repetía constantemente  “Omnia per ipsum facta sunt,et sine ipso factum est nihil quod factum est” (Todas las cosas fueron hechas por Él, y nada de lo que fue hecho, se hizo sin Él), agregando que hasta la última partícula de polvo del planeta más distante era obra de Dios, y repitiendo siempre de memoria la poesía de Santa Teresa de Jesús “Nada Te Turbe”, en la convicción que sólo Dios basta. Y así combatía la postura errónea de la fe que busca primero “las añadiduras” antes que el “Reino y la Justicia”.

  Con frecuencia repetía en sus homilías que en el momento de la Consagración en la Misa, temblaba en la plena consciencia del indescriptible milagro que en ese instante se producía. De la misma manera solía recordarnos sobre la inmensa responsabilidad que para él (y todos los sacerdotes) implicaba la absolución en el Sacramento de la Confesión.

  Y fue uno de sus grandes apostolados el del Sacramento de la Confesión. En sus maratónicas sesiones de confesiones, convirtió a grandes pecadores (entre los cuales me encuentro) y hasta trajo de Regreso a Casa a personas de otras religiones, especialmente judíos, acción que hoy sería motivo de escándalo para el “Obispo de Roma”.

  Animaba siempre a los penitentes invitándolos a confesarse diciéndoles: “no te preocupes, yo me hago cargo”; y gran satisfacción sentía al ver un verdadero arrepentimiento, de la misma manera que no ocultaba su enojo cuando intentaban los “impenitentes” justificar sus acciones. Esto le trajo no pocas enemistades de quienes consideraban que era demasiado rígido al no ser condescendiente con sus “debilidades”, postura tristemente desde hace un par de años, muy de moda en el Vaticano (¿Quien soy yo para juzgar? diría alguien).


  En sus Misas Novus Ordo siempre decía (aunque en lengua vernácula) muchas de las oraciones correspondientes a la Misa del “Rito Antiguo”.

  Habiendo sido exorcista, hasta en sus últimos años en los cuales sentía que sus fuerzas no eran suficientes para tan desgastante tarea; nunca rechazó asistir a quienes se sospechaba estar bajo la influencia del Maligno, diciendo que no se los podía dejar desamparados.

  Tenía un amor particular por los niños, que era siempre correspondido por éstos. Así siempre tenía los bolsillos llenos de caramelos o de sus famosos “alfajores de maicena”, para obsequiárselos y por los cuales sentía también él una gran debilidad.

  Le gustaba mucho recordar su larga travesía de regreso a Argentina desde los EEUU, casi en la frontera con Canadá, trayecto que hizo en su viejo auto “Rambler”, patente HVR544, que conservó hasta no hace muchos años, y que, posteriormente al no poder conducir más, regaló a su mecánico.

  Hombre de una inmensa generosidad, nunca negaba asistencia hasta económica a quién lo necesitara, siempre y cuando cumplieran antes con Dios. Así fue de gran ayuda para nuestro apostolado y militancia, poniendo también a nuestra disposición el salón parroquial para las actividades de nuestro por entonces grupo nacionalista “La Barbarie”.

  De los pocos pasatiempos que tenía el padre Parrado, podemos mencionar como disfrutaba viendo “El Chavo del 8” con el que se reía con la candidez de un niño, y también le gustaba hacer inmensos rompecabezas. Sin ningún fanatismo, le gustaba el fútbol y era hincha de River y Sportivo Guzman.


  Antes de terminar, es importante recordar su absoluta convicción de estar asistiendo a los tiempos finales de la Historia, con el consiguiente Regreso Glorioso de Nuestro Señor Jesucristo, al que imaginaba majestuoso con su imponente presencia juzgando a las naciones y a las personas; situación esta que no le causaba ningún temor, sino todo lo contrario, lo llenaba de esperanza al ver al mundo tan irremediablemente corrompido. Uno de sus sueños era vivir para presenciar la Parusía.

  Sin pretender hacer acusaciones personales, en honor a la verdad, es necesario decir que nuestro muy querido padre Parrado padeció una inmensa y gran injusticia al ser expulsado por la fuerza de su última parroquia y llevado a un geriátrico. En dicha institución, no sólo estaba encerrado, sino que al tener sólo cuidadores durante el día, a la noche era exageradamente sedado y este exceso agravó inmensamente su enfermedad. Esto hasta que ya en un estado de casi inconsciencia, pudo ser rescatado por sus parientes que lo atendieron muy bien hasta sus momentos finales. Sin embargo, tanto quienes lo pusieron en esa situación, como la jerarquía que apoyó, fuera de hacerle un daño le hicieron un gran favor, porque coronaron su vida con el martirio.

  Y en este momento cuando las lágrimas ya no pueden ser retenidas por mis ojos, mi tristeza y dolor como el de sus muchísimos hijos espirituales, tienen su origen en una conducta no desprovista de egoísmo; la de sabernos privados de éste Santo Soldado de Cristo que hoy deja su amada Patria Terrena para entrar definitivamente en la Patria Celestial. Y con su celo de verdadero Pastor, en su lucha incansable por librar almas de las garras del demonio, nos acercó un poco más al Cielo, poniéndonos más al alcance de nuestra salvación.


Augusto


Como homenaje final, ponemos la canción que con tanto orgullo cantaba al final de sus Misas.




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domingo, 3 de marzo de 2013

Saltimbanquis o titiriteros - Padre Emilio Parrado

  Ya no parece sino que cada día hay menos gente…

  Cristianos auténticos que tomen la vida en serio…

  Con libertad irrestricta… con un hombre desculpabilizado…

  Con un Dios posible o hipotético: NO.

  ¿Es posible para un autentico católico dialogar y convivir con el mundo y en el mundo?
  Si no me entendierais me alegraría porque la ignorancia excusa de la culpa. Si así no fuera mi gozo sería profundo porque no estaría lejos el fin del mundo.

  Hermanos y miembros de la única y verdadera Iglesia, lo que le está pasando a esta generación en la historia humana no tiene parangón.

  Cristo fue anticipado muchas veces por diferentes sectas, sobre todo en los últimos cincuenta años. Mientras tanto los católicos reticentes en teste tema soslayan el fin del mundo. La Santísima Virgen María no en pocas ocasiones manifiesta como Madre el final venturoso de sus hijos. Poner énfasis en este tema no pasa a ser más que el tímido vagido parecido al de un infante.

  No temáis, vuestra REDENCIÖN se acerca…Levantad vuestras cabezas…

  Cuando todo el planeta tierra está invadido de pánico. Clama por una PAZ que ya no tiene nombre. Se anhela un mundo de realizaciones deslumbrantes, de ciencias positivas y se va ahogando la esperanza de la inmortalidad o la trascendencia del hombre. Estamos más cerca de la segunda venida de Cristo.

  Citando a la Madre Teresa de Calcuta: “A menudo he afirmado, y estoy segura de ello, que el mayor destructor de la paz en el mundo de hoy es el aborto. Si una madre puede matar a su propio hijo, ¿Qué puede impedirnos a ti y a mí matarnos recíprocamente?”.

  Tal vez nunca la humanidad vivió una guerra con tanto sentido como esta.
  Es grande el número de aquellos que abortaron o fueron cómplices de la muerte de millones de niños en el seno de su madre, mutilaciones, embriones descartados, embriones criopreservados, trasplantes y otros órganos, subversión del orden natural… Todo esto lo trae San Pablo en el capítulo primero de la carta a los Romanos.


Padre Emilio A. Parrado

Semana Santa del 2003.



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martes, 26 de febrero de 2013

Verdad y Certeza - Padre Emilio Parrado


  La verdad está asociada al bien. La certeza asociada al hecho.


  El robar es una certeza. Como el ser ladrón. Pero no es una verdad.


  Cuando Jesús dice:"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" nos habla de la verdad que lleva un fin venturoso. El infierno no es la verdad sino una certeza.


  Debe ser terrible vivir en la certeza y no en la verdad. Vivir eternamente en lo cierto pero no en la verdad que el hombre en su esencia busca, debe ser ciertamente el infierno.


  Líbreme el Señor (Jesús) de vivir en la certeza y eternamente en la mentira.


  Satanás es el padre de la mentira.


  Vivamos en la verdad de Cristo aunque a muchos les cueste creer que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida.



Padre Emilio A. Parrado



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