San Juan Bautista

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sábado, 5 de octubre de 2024

Homenaje a Hermindo Luna - por Antonio Caponnetto

 

DIOS –PATRIA- HOGAR

1975 -5 de octubre- 2024

Aniversario de la muerte de Hermindo Luna, caído heroicamente en combate, junto con un oficial, un suboficial y 10 soldados, en el ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29, en Formosa. Los ideólogos y los asesinos materiales de este crimen, gozaron y aún gozan de total impunidad.

Porque a pesar de las esporádicas declamaciones presuntamente anticomunistas de este gobierno ignominioso, “no está en la agenda” del golem presidencial perseguir y capturar al aparato terrorista aún vigente, y liberar a quienes justamente lo combatieron.

Agrava el vejamen a la verdad histórica, que el aludido sirviente del Nuevo Orden Mundial, en un acto partidario preñado de las más abyectas obscenidades, ignorancias y dislates, haya pretendido robar las banderas perennes de la tradición nacional: Dios, Patria y Hogar. Cuando es del dominio público que tales bienes le son ajenos y hostiles; a él, y al anarco-liberalismo que encarna y propaga. Su divinidad está en las alcantarillas de la Jubad Lubavitch, su pago en Israel, su familia en sus perros clonados y en las sucesivas pelanduscas que contrata para sus temporarios connubios.

Que el ejemplo de Hermindo Luna les sirva a los miembros de las Fuerzas Armadas a no rendirse frente a las imposiciones y caprichos de esta ideología hoy dominante, tan perversa como el marxismo y madre del mismo. Y que nos sirva de sostén a todos los compatriotas fieles a la triple e irrenunciable filiación. A la filiación sobrenatural: somos hijos del Dios Uno y Trino, que se encarnó en Jesucristo. A la filiación histórica: somos hijos de La Argentina, retoño de Hispania. A la filiación carnal: somos hijos de una familia, formada del único modo legítimo de hacerlo; por la unión ante Dios de uno con una y para siempre.

 


HERMINDO LUNA

Que te rindas, proponen, si es ajeno

el ataque al Cuartel, a tu persona.

Que abandones el arma que aprisiona

tu brazo centinela del terreno.

 

Mas todo es propio con derecho pleno,

si es de la patria, la que Dios te dona;

esta tarde de octubre, cimarrona

o la bandera ondeando en el sereno.

 

Después olvidarán aquella guerra,

el odio rojo, la emboscada bruna,

tu muerte varonil para que irradie

 

la formoseña y argentina tierra.

Contra el olvido queda Hermindo Luna,

y un grito heroico: ¡no se rinde nadie!

 

Antonio Caponnetto

viernes, 1 de abril de 2022

La familia grande de la Patria – R.P. Alberto Ignacio Ezcurra

 

“Milicia es la vida del hombre sobre la tierra”

Job 7,1

 

Nos reunimos alrededor del Altar para rezar a Dios Nuestro Señor en estos momentos tan particulares de la Patria y por la paz. Y vamos a reflexionar un poco como cristianos sobre esas dos realidades: sobre la Patria y sobre la paz.

En primer lugar, ¿qué es la Patria? La Patria no son solamente los símbolos de la Patria: la Bandera, el Himno, el Escudo. Aquellos representan la Patria, expresan un momento, pero no es todavía la Patria. La Patria no es solamente el territorio ni las fronteras físicas de la Patria. La Patria ¿qué es? La Patria son también los argentinos que viven sobre ese territorio, los argentinos que han muerto por ese territorio y aquellos que un día vendrán.

Por eso la Patria es una familia grande. San Agustín decía: “Ama a tus padres y más que a tus padres, a tu Patria y más que a tu Patria, sólo a Dios”.

Y algunas veces he encontrado católicos que me dicen: “No, la cosa es al revés, hay que amar más a la familia que a la Patria que es lo que tenemos más cerca”. No. La Patria es mi familia y son todas las otras familias que están unidas porque habitamos el mismo territorio, porque hablamos la misma lengua, porque compartimos una tradición común, una historia común si miramos hacia el pasado, y compartimos un mismo destino si miramos hacia el presente y si miramos hacia el futuro.

La Patria es mi familia y son todas aquellas familias, por eso es la familia grande.

Decíamos que el territorio no es por sí solo la Patria, pero el territorio es para la Patria, lo que viene a ser la casa para la familia. Actualmente, en este mundo moderno de los edificios de departamentos y de las torres, la casa se ha transformado en algo así como una máquina de vivir: un lugar donde se vive o se duerme, se come y después vivimos muchas veces en el desarraigo.

Cuando pensamos en la Patria, en el territorio físico de la Patria como en la casa de nuestra familia grande, podemos pensar más bien en aquella casa solariega, en aquella casa en la cual la familia se aquerenciaba y que tenía historia en sus paredes, en sus árboles, en sus muebles; en aquella casa que había sido habitada durante generaciones, en la cual se arraigaban de una manera profunda el corazón de una familia.

Así también debemos pensar cuando hablamos del territorio de la Patria. Es decir, de la base material en la cual se sustenta esta gran familia que todos nosotros constituimos.

Y decíamos que esta familia no la constituimos solamente los que estamos viviendo. Decía el poeta francés que la patria son los hombres y los muertos. La Patria no somos solamente los argentinos que hoy habitamos este territorio de la Patria. La Patria son aquellos que hicieron esta Patria, desde el conquistador que vino desde España, con la espada y con la Cruz para fundar una nación, para fundar un mundo nuevo para el Rey y para Cristo, hasta aquellos hombres que en los primeros ejércitos de la Patria, salieron a conquistar la Independencia, salieron a ganar naciones. Y aquellos gauchos que en algún momento detuvieron la lanza para tender cadenas sobre el río Paraná y detener las escuadras invasoras en la Vuelta de Obligado. Los hombres que con su sangre hicieron patria y libertad. Ellos también son la Patria. Y luego, aquellos que vinieron para arraigarse en esta tierra y con su trabajo fueron conquistando el desierto y abriendo surcos con esfuerzo, con el sudor, con el sacrificio. También ellos son la Patria. Y no solamente aquellos muertos que con su sacrificio, nos dieron esta Nación que hoy tenemos, son Patria, sino también todos aquellos que van a venir el día de mañana.

Por eso, la Patria es algo que nosotros, los argentinos que hoy vivimos sobre este territorio que hemos recibido, y que debemos custodiar celosamente y es algo que tenemos que engrandecer porque el día de mañana tendremos que dejarla como una herencia para nuestros hijos.

Patria, cuando miramos hacia el pasado es la tierra de los padres, cuando la llamamos Nación, miramos al heredero, al que va a venir. Y la Patria es toda esa sucesión de generaciones, los que pasaron desde el principio y los que vendrán el día de mañana. Nosotros en el día de hoy somos herederos, somos custodios, somos administradores de una herencia que no nos pertenecer, de una herencia que tenemos que transmitir íntegra. Y aun cuando en algún momento de la Historia, por una coincidencia desgraciada, resultara por ejemplo que el noventa por ciento de los argentinos que en ese momento vive sobre el territorio de la Patria, decidieran malversar esa herencia, decidieran que la Argentina que ha heredado no debería ser una Nación sino una estrella en la bandera de los Estados Unidos o un satélite más en la órbita del imperialismo soviético o una factoría a rebajarse de cualquier manera, o perder el honor, aun cuando el noventa por ciento de los argentinos en un momento dado – hablamos hipotéticamente, Dios quiera que nunca sea así – decidiera que la Argentina debe dejar de ser Nación, aquella minoría que resta, tendría el derecho de oponerse a esa venta, a esa transacción, a ese fraccionamiento, a esa traición, e incluso con las armas en la mano.

¿Por qué? Porque la Patria no nos pertenece. Porque detrás de ese puñado de argentinos que defendiera lo nuestro en esas circunstancias, estaría aquello que llamaba Chesterton “la inmensa democracia de los muertos” y estaría aquellas generaciones por venir, a las cuales no podemos dejarles una colonia, una Patria dividida, sino que tenemos que transmitirles una herencia íntegra y engrandecida.

La Patria es algo que trasciende la familia, la Patria es algo que en la historia trasciende las generaciones del pasado y del futuro. Esa herencia que se recibe y de la cual somos responsables, somos responsables delante de los muertos, somos responsables delante de aquellos que van a venir, lo cual quiere decir que somos responsables también delante de Dios, de nuestra fidelidad a aquello que hemos recibido y que es parte de nuestra misión en la vida.

 

P. Alberto Ignacio Ezcurra “Sermones Patrióticos”

 Cruz y Fierro Editores. Bs. As. Pags. 37-41

lunes, 3 de febrero de 2020

La Patria: su ser y su destino - Jordán B. Genta



Nada se estudia ni se enseña acerca de lo que hace que la casa sea casa y no un mero refugio contra la intemperie; acerca de lo que hace que el alma sea alma y no un mero reflejo del proceso corporal; acerca de lo que hace que el movimiento sea movimiento, la actualización de una potencia y no mero espacio recorrido por un móvil; acerca de lo que hace que la Patria sea Patria y no una mera colonia o factoría; acerca, en fin, de lo que los filósofos llaman la pura esencia o la forma sustancial de los seres: la identidad consigo mismo y su distinción de los otros.

Por esto es que Aristóteles observa, en el libro VII de la Metafísica, “que nada que sea común puede ser sustancia de nada. La sustancia sólo se pertenece a sí misma y a aquello que la posee y de lo cual es sustancia. Agréguese que lo que es uno no puede estar al mismo tiempo en muchas cosas y sólo a lo que es común le acontece tal cosa”.

Pero el estudio y la enseñanza han sido desaristotelizados que es como decir, apartados de la “nebulosa metafísica” o de “las vaguedades filosóficas”. Y el resultado es que no se habla de la casa misma, tan sólo de cosas que pertenecen a la casa; ni del alma misma, tan sólo de cosas que pertenecen al alma; ni del movimiento mismo, tan sólo del elemento espacial que pertenece al movimiento; ni de la Patria misma, tan sólo de cosas que pertenecen a la Patria: territorio, población, riquezas, instituciones, gobierno.

Nada o casi nada se estudia ni se enseña de aquella antigua sabiduría a la que Sócrates consagró su vida y por la cual tuvo una muerte humanamente perfecta. La Atenas decadente y corrompida que sólo ostentaba ya el brillo de las piedras falsas, la grandeza aparente de una opulencia material alcanzada sin moderación y sin justicia, no tenía oídos para escuchar al más sabio y virtuoso de sus ciudadanos.

SÓCRATES. - [...] mi único objeto ha sido procurar a cada uno de vosotros, atenienses, el mayor de todos los bienes, persuadiéndoos de que cuidéis de vosotros mismos antes que de las cosas que os pertenecen, a fin de haceros más sabios y más perfectos, lo mismo que debéis preocuparos por la existencia misma de la República antes que por las cosas que pertenecen a la República.

El cuidado de la existencia misma de la República es el cuidado de su soberanía política; así como la identidad del ciudadano consigo mismo se define en las virtudes morales por excelencia: la sobriedad, la fortaleza, la prudencia y la justicia.

La soberanía política es la Patria misma en su existencia perfecta, en la plenitud de su acto; y tiene su raíz y su principal sostén en el alma individual que impera sobre sí misma, sobre su cuerpo y sobre los bienes exteriores; en el alma que es tanto más ella misma, cuanto más alta es la deuda que le reconoce a su Patria.

La República se levanta y se sostiene en el alma de los ciudadanos, principalmente de los ciudadanos rectores. También se desintegra primero en el alma de sus constructores y de sus dirigentes, antes de ser arrasada de la existencia exterior, concreta y objetiva.

El problema de la Patria, de la República misma, de su ser y de su destino, no es el problema geográfico o demográfico, ni el problema de su economía y de su riqueza, ni el problema del capital y del trabajo, ni el problema de las obras públicas, ni el problema de los analfabetos. El problema de la Patria misma es el magisterio de Sócrates en su vida y en su muerte; es la escuela de la verdadera libertad que enseña a cada uno de los futuros ciudadanos a no reservarse nada, ni su alma, ni su cuerpo, ni sus riquezas, con exclusividad. Una dura escuela donde se aprende a vivir para una muerte justa, generosa y soberana.

Y este problema no cambia jamás ni los términos de su planteo ni su única solución verdadera; no depende de las circunstancias variables sino de una invariable fidelidad.

No se trata, pues, de la riqueza, ni del bienestar, ni del progreso, ni de la garantía de las libertades individuales, ni de los intereses de grupos, partidos o clases, ni de la justicia de los trabajadores o de los patronos; se trata exclusivamente de la soberanía política, cuando está en juego la Patria misma.

Y esta es la razón por la cual no son las virtudes del pequeño burgués –cuya importancia para la economía social y doméstica nadie discutiría razonablemente- las virtudes del trabajo útil y productivo, del ahorro, de la puntualidad, del tiempo es oro, de la consideración pública, las que forjan el alma del ciudadano y tampoco las que fundan y sostienen una Patria. Son virtudes menores, segundas, siempre posteriores como el arado que abre el surco sobre la tierra después que la espada la regó con sangre generosa. El guerrero precede al trabajador; el conquistador es antes que el colono.



Jordán Bruno Genta: “El filósofo y los sofistas” 



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 2 de abril de 2019

Significado del 2 de Abril - Antonio Caponnetto



"...Sabe que un día volverá su hombre con la bandera y el cantar".

José Pedroni



Las fiestas nacionales -si realmente lo son y merecen el calificativo de tales- constituyen sustancialmente una afirmación de soberanía; una ratificación de la existencia y de la identidad espiritual, un acontecer cargado de sentido y poblado de significaciones. La Patria, es, en cierto modo, la historia de sus fiestas y el festejo incesante de su vera historia.


Se festeja lo que fue y merece seguir siendo. Lo que por su propia entidad ingresa en el recuerdo colectivo. Lo que marca un Origen y obliga a una fidelidad perenne. La fiesta es una tradición viva que se repite y reitera. SU contenido trascendente es la razón de su permanencia y su valor arquetípico el motivo de su celebración. La fiesta funda, revela, guarda y conserva. Y el festejo repone, memora, restablece, congrega. Más allá de que se organice o programe; más allá del calendario y de los hombres que pasan.


Por eso, algo grave, sucede en una nación, cuando sus fastos patrios se tergiversan u omiten por decreto y se sustituyen por efemérides burocráticas y legislativas. Algo que ya ocurrió cuando el presidente Rivadavia suprimió el 12 de agosto y merece el sanmartiniano calificativo de "felonía". También San Martín calificó a Rivadavia de "alma despreciable" e "innoble persona"; y no se trata ciertamente de cosas muy distintas.


El 2 de abril es la fiesta de la dignidad nacional. Ingresó como tal en nuestro entendimiento y en la inteligencia de todos aquellos que advierten su auténtica importancia. Una Argentina devuelta a sus esencias y reencontrada con su destino fue el saldo inmediato y principal de aquel estallido. No primó el cálculo político, si lo hubo. No prevalecieron las prevenciones derrotistas y pusilánimes, aunque se dejaron oír. No predominaron las infaltables pequeñeces y las defecciones. Sobresalió en cambio el gesto heroico, el entusiasmo épico, la religiosidad arraigada, la fe creciente, el fervor combativo y la disposición a la lucha sin atenuantes. El 2 de abril le reintegró a Dios la Patria y la Patria a Dios. Son los efectos propios de las causas ejemplares. Es la fuerza intrínseca de lo paradigmático que sobrepuja las circunstancias y los accidentes.


Ese día, por Malvinas, la Nación comenzaba a comprender de qué la habían despojado. De qué, cómo, para qué y quiénes. Y comenzaba a comprender cada sonido de la voz reconquista.


Se pronunciaron palabras hasta entonces silenciadas: Escapulario, Rosario, empuñadura en Cruz y clarines. Virgen Generala, Puerto Argentino, halcones consagrados a un Cielo indelimitado. Se silabeaban a coro las palabras más nobles; como a coro se escuchaban los ¡presentes! ante el nombre de los muertos.


No; aquello no fue una "descabellada y dolorosa aventura" como seguirán llamándola los innúmeros Armendáriz (también dijeron lo mismo en su momento del cruce de los Andes o el Éxodo Jujeño). No es cierto que nada haya que festejar, como le parece a Caputo, ni es serio afirmar que la celebración "resulta incongruente con los sentimientos que evoca", como sostiene el decreto presidencial que anula la gloriosa fecha. Tampoco se trató de una "invasión", "ocupación" u "operativo lamentable" como lo llamó el Gral. (R) Leal, ni de una "causa no bien calibrada" al decir de Monseñor Galán.


No es una festividad del antiimperialismo de las izquierdas con sus consignas clasistas, con su pacifismo hipócrita y descastado, con su resentimiento de porqueriza apaleada, con su latinoamericanismo tercermundista y rojo. Malvinas no es Nicaragua, ni El Salvador ni Centroamérica. La izquierda puede festejar el 14 de junio pero no el 2 de abril. La derrota le da derechos y es consecuencia de sus "pactos preexistentes" -Yalta y Potsdam, entre otros-. La victoria hubiera significado, en cambio, su desterramiento definitivo. El 14 de junio de 1982 fue el día de la humillación nihilista; pero no exclusivamente por el revés de las armas -a cuyos caídos y combatientes cabales honramos como a próceres- sino porque ese día se decidió oficialmente que la Patria no era ni debía ser libre. Que los poderes mundiales le ordenaban un destino de colonia. Que la civilización moderna le imponía una misión de factoría hedonista y prosaica. Que era preciso sustituir la soberanía política por la soberanía popular; que era conveniente no ser nada conservando la amistad de los amos, a ser lo que debemos ser, aunque para eso el estandarte patrio tuviera que flamear desafiante sobre las más gloriosas de sus ruinas. El 14 de junio el Proceso y la Partidocracia y ambas con el Poder Extranjero sellaron el único acuerdo no denunciado ni deshecho: el de la gran traición nacional. Eso, sólo eso, pueden festejar las izquierdas. Pero el 2 de abril, día de la dignidad nacional, no.


Ni es siquiera para que marchen ex-combatientes vergonzantes que no están a la altura de su misión y del protagonismo que les encomendó la historia. Los verdaderos ex-combatientes son los que quieren dejar de ser "ex". Los que no piden asistencia psicológica sino volver por la victoria pendiente. Los que no reclaman retribuciones monetarias, sino el orgullo de la primera línea en el próximo alistamiento. Los que prefieren la compañía de Nuestra Señora del Rosario a las de las "juventudes políticas", que son la senilidad más oprobiosa que tiene la república.


El 2 de abril no tolera a los indignos. Y porque la recíproca lógicamente es válida, es que nos han querido escamotear oficialmente la fecha. No pudiendo, optaron por tergiversarla y confundirla.


Pero el erro no durará para siempre. Porque los muertos ya saben que significó la guerra; y su magisterio es el más alto y el más válido que hoy tiene la Argentina. Porque la Patria -sólo la Patria- cabe entera en esa fecha. Es su cifra y su norte, su modelo. Y ha de ser en adelante nuestra meta, hasta que el "Malvinas Volveremos" deje de ser grito para convertirse en orden de rescate.


Entonces, el 2 de abril volverá a ser la fiesta clara, inequívoca y recta de la argentinidad militante.


Revista Cabildo: 2da Época. Año VIII Nº75. 17 de abril de 1984


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lunes, 2 de abril de 2018

Malvinas: a 36 años de la última gesta nacional (Repost) – Santiago Mondino



Publicado originalmente 02/04/2017


 Esta no fue una guerra más entre muchas: fue la primera guerra en que la Argentina enfrentaba a una potencia luego de un siglo, la primera que hubiera dado a las Fuerzas Armadas la oportunidad de redimirse de muchos pecados de comisión o de omisión de las últimas décadas y de demostrar que estaban en condiciones de cumplir con su rol de defensores de la soberanía nacional.


  Muchos argentinos, la mayoría de buena fe, dan la razón a la propaganda enemiga propalada por Londres y apuntalada en Washington y en la mayoría de las capitales europeas cuando dan a entender que la unión nacional surgió a causa de los acontecimientos creados artificialmente por el gobierno para lograr que el grueso de la población se olvidase de su oposición y cerrase filas detrás de las autoridades militares. Fue al revés: los acontecimientos en cuestión, la gloriosa jornada del 2 de abril y la secuela heroica que esa jornada tuvo, fueron posibles, gracias a que siempre hubo y nunca dejó de existir en torno a esa cuestión, una honda unión nacional entre todos los argentinos, por encima aún de las más profundas e insalvables brechas ideológicas y políticas.
  


  La decisión de recuperar las islas  por parte de la Junta Militar se tornaba acuciante debido al fracaso de las negociaciones por la mala fe de los funcionarios británicos y las actitudes dilatorias oprobiosas que no llevaban a ninguna solución. Adolfo Silenzi de Stagni en su libro “Las Malvinas y el petróleo” (vol. 1), escribió:


  “Es público y notorio que el actual gobierno -se refería al encabezado por el General Viola- no tiene el menor consenso; sin embargo, como el tiempo apremia, y debemos tener la firme resolución de recuperar las islas antes del 3 de enero de 1983, día en que Gran Bretaña se propondría festejar el sesquicentenario de la ocupación, no queda otra alternativa que instar a los integrantes de la junta militar a que asuman la responsabilidad histórica de ocupar las Malvinas, y en ese momento contará sin retaceos con el solidario aplauso de todos los argentinos, cualquiera sea su ideología”

  A pesar del gran esfuerzo de nuestros combatientes y de las pérdidas importantes ocasionados a la flota británica por nuestra Fuerza Aérea, lo cual llevo a los propios oficiales ingleses a reconocer algunos años después que estuvieron a punto de perder la batalla, un puñado de oficiales superiores, con el apoyo de dirigentes sectoriales de dudosa representatividad decidieron que la batalla que perdimos en Puerto Argentino sea una derrota para toda la Nación. Lo decidieron sin consultar, y así la rendición de una pequeña guarnición de conscriptos se convirtió en la capitulación de un país entero que pocos días antes se hallaba vibrando al unísono en son de lucha, en una guerra sentida por todos como una causa nacional, justa y noble.

  El 2 de abril es (para aquellos que recordamos sin especulaciones crematísticas) un día emotivo. Ello se debe a complejas razones. No sólo porque recordamos a los que sacrificaron su vida o su salud por la patria (lo cual ya sería suficiente) sino porque no podemos menos que reflexionar acerca de lo infructuoso que fue ese sacrificio, por culpa de quienes estuvieron dispuestos a abandonar la brega y relegarla, vagamente, al ámbito de las arenas de la lucha verbal, de los foros internacionales y de los cabildeos diplomáticos.

  Tampoco podemos dejar de pensar en aquellos otros que no dejaron pasar ni un minuto, que no dejaron enfriarse siquiera los cadáveres de los muertos para lanzarse, con un entusiasmo digno de mejor causa, a convertir a esos muertos en los cimientos sobre los cuales construir sus castillos de naipes políticos, ilusiones y especulaciones electorales. Tal es el caso de la multipartidaria que en medio de la tremenda y traumática experiencia elaboraron un documento compuesto por una larga introducción seguido de un extenso y detallado plan de reorganización, colocando la cuestión de Malvinas en el punto nro. 27 y el asunto del canal del Beagle en el vigésimo octavo y último. Dicha apatía y desinterés se prolongó a lo largo de todos los gobiernos hasta el día de hoy, desde la inoperancia del gobierno alfonsinista ante la depredación pesquera británica, los acuerdos de rendición firmados por Menem y Cavallo, la predica tribunera de los gobiernos kirchneristas hasta el desinterés más absoluto mostrado por el actual gobierno de Macri, para el cual los problemas de soberanía no son importantes.

  Los archipiélagos australes argentinos (no sólo las Malvinas, sino todos los otros) deben ser reconquistados. Y deberán serlo por la vía de la fuerza armada, porque quedó, definitivamente, en claro que éste y no otro es el lenguaje que entiende la potencia que los retiene como posesión colonial.


De Héroes a prisioneros de guerra del CELS

A nuestros Veteranos de Guerra de Malvinas se los ha encerrado sin justa causa por el solo hecho de vestir uniforme durante la última dictadura militar, no son "presos políticos" (como habitualmente se los llama a los militares detenidos por causas relacionados a la última dictadura militar), más bien son prisioneros de guerra. Porque se los persigue por haber defendido a la Patria en 1982, ya que no hay elemento de prueba alguno que amerite su detención como autores de un delito de lesa humanidad.

  Están abandonados por las fuerzas a la que pertenecieron, por sus camaradas, por la mayoría de los Veteranos, por la familia que se dice Malvinera.

  En la mayoría de los casos han sido causas inventadas por un puñado de falsos testigos. Hasta hace pocos meses, el organismo encargado de colaborar con los arrestos y encarcelar a estos Veteranos de Guerra, estaba dirigido por una ciudadanía británica que había sido designada funcionaria en el Ministerio de Seguridad de la Nación como directora nacional de Derechos Humanos. Se trata de la doctora Natalia Laura Federman, DNI 18.907.537, sobrina del "revolucionario" Horacio Verbitsky e hija de Andrés Federman, jefe de prensa de la sección Política y Asuntos Públicos de la Embajada Britanica en Buenos Aires. Dado que por ley nacional no se pueden designar en la Administración Pública funcionarios extranjeros (Ley 25.164), la mencionada funcionaria fue designada a través del Decreto 711/2011 (9 de junio de 2011, firmado por Cristina Fernández de Kirchner, Juan Manuel Abal Medina y Nilda Garré), prorrogado por el Decreto 257/2012 (22 de febrero de 2012, firmado por Cristina Fernández de Kirchner, Juan Manuel Abal Medina y Nilda Garré) y por el Decreto 1078/2014 (10 de julio de 2014, firmado por Cristina Fernández de Kirchner, Jorge Milton Capitanich y María Cecilia Rodríguez.

  Es importante destacar el apoyo del CELS (Centro de estudios legales y sociales) presidido por el otrora montonero y "fiscal de la democracia y los derechos humanos" Horacio Verbitsky, este organismo es subsidiado por la Embajada Británica en Buenos Aires y el Foreign Office británico. Claramente estamos ante unapersecución de Veteranos de Guerra de Malvinas, con el nefasto apoyo del anterior gobierno nacional y la complicidad de la actual gestión de Macri, cometiendo alta traición contra sus propios héroes y combatientes.

  La Embajadora Británica Shan Morgan en su mensaje de presentación del 4 de Diciembre de 2008: “…Además respaldamos la labor que se realiza en la Argentina en defensa de los derechos humanos. La Embajada Británica financia un proyecto trienal de 100.000 libras (150.000 dólares) para ayudar al Gobierno argentino a implementar un control independiente de los centros de detención. También nos enorgullece nuestro aporte a la valiosa labor de las Abuelas de Plaza de Mayo.”


  
A modo de ejemplo, citamos los siguientes casos:


Enrique Stel (Comando en Malvinas, sector radiocomunicaciones a cargo de arriesgadas operaciones, condecorado por el Congreso de la Nación). Stel ha sido imputado y automáticamente confinado en Tucumán desde hace tres años (sin juicio previo violando las garantías de la Constitución Nacional) por el mero hecho de haber estado destinado en una unidad militar durante el gobierno de María Estela Martinez de Perón cuando tenía apenas 20 años de edad.


Jorge Alberto Benítez (piloto de avión Pucará. El 21/05/82 fue alcanzado por un misil enemigo cerca de San Carlos, condecorado por el Congreso de la Nación). Hacia San Carlos voló entre las tropas británicas y logró confirmar la posición de buques de desembarco y auxiliares. Fue derribado por un misil SAM Stinger. Tras una larga marcha con su paracaídas y equipo de supervivencia Benítez regresó a la Base Aérea Cóndor solo, caminando. Como llegó en la noche del 21 de mayo y no sabía el “santo y seña” (señal de reconocimiento) de la Compania A del R.I. 12 y temiendo ser eliminado por propia tropa, cantaba a viva voz la marcha de San Lorenzo... esto alertó a los centinelas correntinos de las posiciones al norte y lo recibieron como a un HÉROE. Detenido desde el año 2012 por haber desempeñado su cargo de teniente en la Ciudad de Reconquista durante la última dictadura militar. No pesan sobre él imputaciones concretas, pero pese a ello se lo consideró un delincuente peligroso y posee prisión preventiva sin juicio previo ni condena que lo amerite.

Horacio Losito (herido en el famoso combate de "Top Malo House", condecorado por el Congreso de la Nación). Fue herido el 31/05/82 por una esquirla de cohete antitanque en la cabeza, que no lo detuvo y siguió combatiendo. Posteriormente recibe un tiro de fusil que le atraviesa el muslo derecho y aun así siguió de pie, hasta que cae desmayado por la gran pérdida de sangre. Fue atendido por médicos de la Fuerza enemiga, donde quedó un mes prisionero. Desde 2008 se encuentra detenido por acusársele de participar en el asesinato de seis montoneros cuándo éstos fueron muertos en un enfrentamiento entre guerrilleros, cuando Losito era teniente. La sentencia jamás quedó firme, sin embargo se encuentra cumpliendo prisión perpetua en cárcel común. Losito se declaró inocente en juicio alegando una clara ambigüedad en el relato de los hechos y prueba que lo acusaba. Incluso los testigos que lo identificaron a él, lo describieron como a una persona totalmente opuesta a su aspecto físico (lo identificaron como bajito rubio de ojos claros); y declaró que en esa época él era un oficial subalterno sin capacidad de mando.

Carlos Robbio (buzo táctico que desembarcó en Malvinas el 02/04/82, condecorado por el Congreso Nacional). El 2 de noviembre de 2015 fue sacado preso, esposado de su lugar de trabajo civil en Salta, como si fuese el más peligroso de los delincuentes narcotraficantes, acusado por lesa humanidad, bajo delitos que aún no se conocen. Sin juicio previo, permanece en prisión.

Carlos Busser (Comandante de la Recuperación de las Islas Malvinas, Operación "Virgen del Rosario"). Preso desde 2009, fallecido bajo arresto domiciliario en 2013 a los 85 años. En este caso se lo encarceló por arrestar y sacarle información a un espía chileno en pleno litigio entre los dos países. Luego se inventó otra causa relacionada con la fuerza de tareas 2, en Bahía Blanca, donde el héroe no estaba destacado al momento de suceder los delitos que se le imputaron. Nunca hubo juicio y de los extractos de la declaración indagatoria podemos resumir que vivió un verdadero calvario, en donde los fiscales "inquisidores" se comportaron cual tribunal de Caifás. A los pocos días de fallecer el marino, lo hizo su esposa, inundada en gran tristeza. Así se trató a un estratega y magnífico ser humano, por el solo hecho de ser el responsable de la recuperación de las Islas Malvinas.


  La lista es bastante larga y así podríamos describir a los más de cincuenta Veteranos de Guerra de Malvinas presos o fallecidos en cautiverio. Dieron su vida por la Patria, y ella misma no solo les da la espalda, sino que los encarcela y mata como a perros.

  Son prisioneros de guerra detenidos en condiciones infrahumanas. Porque se les asiste con medicamentos vencidos, no se les concede el mismo trato legal que un preso común, se violan las garantías constitucionales y en la mayoría de los casos mueren sin la debida atención médica.




Fuentes




Nacionalismo Católico San Juan Bautista



miércoles, 17 de enero de 2018

Repudio y Esperanza - Antonio Caponnetto



Prefiero la bala marxista a la palmadita derechoide: pues cien veces es mejor morir de bala que de náuseas”
José Antonio Primo de Rivera


Mercaderes del lucro sin fronteras,
de Cartago, Sión o de Sodoma:


todavía son nuestras las añosas banderas,
la saeta, el misal, el prado y la paloma.


Queda un molino al viento trazando eternas ruedas,
milagro sin guarismos ni arcanas geometrías,
quedan constelaciones y las torvas monedas
no logran convertirlas en grises mercancías.


Hay que seguir oyendo la voz de la Escritura:
En Tí serán benditas las naciones enteras,
no bendicen las manos raposas de la usura,
no el espolón fenicio urdido en madrigueras.
Que sigan convencidos que manda su congreso,
sus dólares, su nafta, su mercado cambiario,
los guerreros que mueren sabrán que hay un regreso,
el heroismo nunca pudo ser presidiario.


Cuadrillas de corruptos, de busconas ladinas,
esquilmadores hoscos, rientes de cinismo,
nada saben de aquellas penurias argentinas,
balconeros de pueblos, parodias de criollismo.


Pero la patria vive aunque parezca yerma,
dormita su cadaver, su espíritu vigila,
crucificada y rota, extenuada y enferma,
los santos nos comandan y su gloria desfila.

Antonio Caponnetto


Nacionalismo Católico San Juan Bautista



martes, 16 de enero de 2018

El héroe y la Patria – Jordán Bruno Genta




  Los guerreros son los fundadores de la Patria y del Estado. Una tierra de libertad y de honor jamás fue descubierta ni conquistada por mercaderes.

  En el principio no son las especies. Todos los comienzos históricos le pertenecen al héroe.

  El heroísmo no es desbordamiento momentáneo sino la fía seguridad que de pronto deviene la llamarada; es la conciencia del fin necesario y la capacidad de realizarlo de una manera acabada y ejemplar, por encima de las contingencias y a pesar de ellas. Se ha dicho que el héroe es un producto de las circunstancias; nada revela tanto la disminución de la verdad y la moralina filistea que envilecieron al siglo XIX.

  El héroe es la entrada de la razón y de la justicia en la existencia; su fuerza eleva a los pueblos hasta merecer la grandeza de su misión y los hace capaces de conquistar la libertad de la soberanía y el derecho a un nombre propio en la Historia Universal.

  El riesgo máximo del héroe, su obstáculo más difícil de vencer es que su acción no se manifiesta según derecho reconocido, sino como una voluntad particular. Por esto sus hechos importan una violencia contra lo que está admitido o aprobado por la generalidad de los hombres. Pero es una violencia plenamente justificada porque responde a la necesidad de restaurar la Ley olvidada.

  El prestigio del héroe es antiguo, aun más antiguo que la costumbre, puesto que es el origen de la costumbre y de la ley.

  En épocas de normalidad banal, de prolongado equilibrio en la vida interna y externa de las naciones, sobre todo si el alago de una prosperidad material creciente se apodera de los espíritus, entonces se extiende el silencio sobre los héroes nacionales, protagonistas de todas las horas decisivas y definitivas de la Patria. Se las despoja de actualidad, relegándolos a l museo de antigüedades ilustres; y, a veces, no se disimula siquiera el fastidio que los hombres representativos de la cotidianeidad, principalmente pedagogos experimentan hacia el héroe.

  Es el momento en que abusando de los términos e invirtiendo la tabla de los valores se exaltan las virtudes del trabajo y los rendimientos útiles de la técnica científica, obra de esos esforzados investigadores que son, se dice, los verdaderos héroes; y sus descubrimientos, la gloria verdadera de la humanidad. Y los pregoneros de este nuevo heroísmo de los hombres que traen seguridades y facilidades para la vida, en lugar de riesgos y de las dificultades, osan sugerirle a los pueblos los últimos propósitos de la Revolución que triunfa en los espíritus adormecidos por la facilidad: “en lugar de las estatuas con los reyes glorifican a los cómplices de sus devastaciones, los pueblos tienen el derecho de erigir estatuas de los gloriosos vencedores de la oscuridad, del espacio, del abismo de los mares, de la pobreza, de las fuerzas de la naturaleza puestas al servicio del hombre, como el calor, la electricidad, el gas, el vapor, el fuego, el agua, la tierra, el hierro…

  Los nobles héroes de la ciencia en lugar de los bárbaros héroes del sable. Los que extienden, ayudan, realzan, dignifican la vida, no los que la suprimen so pretexto de servirla; los que cubren de alegría, de abundancia, de felicidad las naciones, no los que las incendian, destruyen, empobrecen, enlutan y sepultan”.(Alberdi, “El crimen de la guerra” Cap. VI, 8)

  En estos y parecidos términos, se ha hablado a la juventud de la Patria durante generaciones, como si tuviéramos la vida para conservarla y asegurarla indefinidamente y no para perderla por aquellos que vale más que la vida; como si la vida fuera un fin en sí mismo y no un bien que se posee para ofrecer a otros bienes más altos: Dios, la Patria, el honor de los suyos. Como si la vida no fuera en el hombre una preparación para la muerte, para saber morir cuando llega la hora en que es preciso afrontarla…


Jordán Bruno Genta: “Acerca de la libertad de enseñar y de la enseñanza de la libertad” Ed. Dictio. Argentina 1976. Págs. 70-72.


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miércoles, 27 de diciembre de 2017

Ciriaco Cuitiño - (1853 -29 de Diciembre- 2017) - Antonio Caponnetto


Ciriaco Cuitiño

1853 -29 de Diciembre- 2017


Ante un nuevo aniversario de su asesinato


“Nada como esa Federala manera de vivir  y de morir”

                                                                                              Jorge Luis Borges



-I -

La historia falsa te robó la vida,

ya nadie sabe que tuviste una

alboreada en Mendoza, la querida

tierra criolla de altozana luna.

Después de una cuyana despedida

hasta Quilmes te trajo la fortuna



y fue tu espada de Teniente, fiera,

y tu mano de Alcalde justiciera.





Justo en tierras quilmeñas, pendenciera,

una balandra inglesa amenazante

osó desembarcar en la escollera.

Pero allí estabas, con valor rampante

defendiendo el honor de la bandera,

junto al gaucho, al vecino, al vigilante.



Desde entonces te vieron las auroras

Jefe de las Partidas Celadoras.





Tu fama ecuestre galopó las horas

oteando anocheceres y terrenos,

batallón de memorias campeadoras.

Tu destino era el Cuerpo de Serenos

de guardia bajo estrellas bruñidoras,

acechando emboscadas, rayos, truenos.



Lo supo Juan Manuel y atando tientos

te confió mazorqueros regimientos.







- II -

No te faltó el combate a campo abierto

en el Puente de Márquez o en el Norte,

si  quedaba pendiente algún entuerto

por desfacer de la unitaria cohorte.

Ven tu mano y detrás ven algún muerto,

un degüello o tu daga, sangre y corte.



Ni ven la patria traicionada al sesgo

ni tu lanza leal, tu cuero en riesgo.







No ven, mi Coronel, a los arteros

puñales de intenciones alevosas.

Cuando sombríos son los derroteros

sólo nos salva Juan Manuel de Rosas,

alistando tropeles de guerreros

encadenando ríos, aguas briosas.



Que el oro gringo nunca te asalarie,

después, no importa, ser de la barbarie.





-III –

Un día amanecimos derrotados,

sin ceibos ni calandrias ni pendones

rojinegros al viento. Deportados

nos fueron el honor y los varones.

En Caseros murieron fusilados,

¡cuánto dolor en las tribulaciones!



Tuvo el responso patrio, luto, incienso,

tu cadalso un cordel rígido y tenso.







Un día, Don Ciriaco de San Telmo,

Adalid de los vivas y los mueras,

la cucarda punzó ya no fue el yelmo,

las tacuaras no fueron más fronteras

y el fogón federal no fue más cuelmo.

Camisa al calzón gaucho te cosieras,



pues para un federal, aunque colgado

el pantalón no puede ser arriado.





-IV -

A viva voz te despediste, recio

como el tronar de férrea sudestada.

El calabozo no encerró el desprecio

hacia el verdugo, y con la voz alzada

llamaste por sus nombres, con aprecio

a cada reo: ¡arriba camarada!



Ordenaste el disparo al fusilero

sin vendas ni temblores, altanero.





Que en el juicio final no esté el cuchillo,

pedía Borges: la filosa faca

con que montabas a tu fiel tordillo,

bermejo el poncho, roja la casaca.

Creo más bien que Dios izó el cintillo

azul y blanco en la celeste estaca,



y le ordenó vivir en recompensa

en la esquina de Luján y Defensa.





ANTONIO CAPONNETTO




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