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martes, 17 de diciembre de 2019

Decíamos ayer - Antonio Caponnetto


DECÍAMOS AYER

“La democracia es la purulenta secreción de las almas rencorosas”
José Ortega y Gasset


Por Antonio Caponnetto

En marzo de 2005, desde el nº 44 de Cabildo, dedicábamos la tapa y el Editorial a protestar contra  Ginés González García.

No hay adjetivo suficiente para insultarlo. Es un caso extraño de animal poliónimo, al que múltiples designaciones aberrantes le caben. Y es a la par un sujeto raramente inefable. Porque la inefabilidad no se debe en este caso a su excelsitud sino a su repugnancia, ante la cual se resiste la lengua a acometer su oficio. Designarlo es degradar al habla.

Lo llamábamos pues con una sigla: G.G.G. Como se pueden identificar los bacilos, las bacterias, los forúnculos o los ántrax.

Una foto que tomose orondo la espiroqueta siendo Ministro K, lo describe sin atenuantes. Rodeado de condones humanos, hecho uno más entre ellos, y cada uno de la ronda con el adminículo en la mano repartiéndolo en la vía pública. Fue una de sus medidas emblemáticas como encargado de la salud durante el gobierno del tuerto y de la jaca. 

Las antañonas figuras regias, o simplemente decentes, gustaban dejarle a la posteridad su porte señorial tras su heráldica. G.G.G nos deja un autorretrato a su medida. Destino y porte de funda, goma, vaina o cambucho. Dicho lo cual sin ofender al látex.

No sostendré que estábamos en soledad cuando acometimos contra esta purulenta secreción, hace casi quince años. Porque luchadores de causas justas tuvo siempre la patria. ¡Vaya si pioneros hubo en esta cruzada por los altares y los hogares! Pero los que después y hasta hoy hicieron carrera en el “Providismo Democrático”, entonces ni se daban por enterados de tamaña lacra, y encima nos tildaban de exagerados. Éramos los nacionalistas,eternos fiscales, dados al tremendismo y a las tesis conspirativa.

Me hace gracia ahora que se pida su renuncia. ¿A quién? ¿Al que lo nombró y tiene por eso más culpa que él? ¿Con qué motivo? ¿Acaso no está ungido por el poder del demos, al que apostó casi sin excepciones el “Celestismo” vernáculo, convalidando la perversión democrática en su conjunto? ¿Invocando alguna ley positiva todavía vigente? ¿Cuál es el problema de incumplirla o de sustituirla por otra, si la volubilidad legiferante está en la naturaleza misma del iuspositivismo? ¿Que pasó por encima de la Constitución y del Congreso? Risum Teneatis Amici, recordaría Horacio. ¿En serio creen o creyeron que la sesión senatorial del 8 de agosto de 2018 era el Undécimo Mandamiento, o como dijo un orate, la victoria final contra el Anticristo?

Pedir democracia pero sin aborto ni aborteros, es como pedir un albañal sin ratas. Ahí tienen el fruto de la democracia de la cual participaron gozosos. Pasen y vean, señores. El circo asesino hace rato que se puso en marcha. Va un estribillo de regalo para las masas destituyentes:  Mauricio/Ginés/una sola hez.

Nosotros somos más realistas. Nos importa un belín si renuncia o ejerce su mandato. Porque no es él –simple marioneta del Nuevo Orden Mundial- sino el sistema que lo prohija el que es homicida desde el principio, por su naturaleza demoníaca. Lo que hay que hacer es pasar a la resistencia de hecho. Salvar todas las vidas que se puedan, como hacían los viejos Caballeros Mercedarios Redentores de Cautivos. Caso por caso, uno a uno, con vigilancia, tenacidad y paciencia. Pidiéndole a Dios la gracia de no desfallecer en el intento. Como hacen muchos médicos, enfermeras, curas, abogados o simples laicos comprometidos con la vida creatural en tanto don del Señor. Y por amor a Jesucristo.

Es conocida la frase de San Pablo, en la Primera Carta a los Corintios, en la que extremando la humildad se tiene a sí mismo como un aborto (esa palabra usa), por haber perseguido a los cristianos. Hasta que la gracia de Dios le permitió enmendarse.

G.G.G, desgraciado persecutor de inocentes, no pasará a la Historia –porque ella recibe a las personas dignas del tiempo y del espacio humanos- pero el día que un nuevo Homero escriba la Batracomiomaquía vernácula, su sigla asesina designará indistintamente a un ratón o a una rana disputando una batalla vil.

Entonces G.G.G, te acordarás de San Pablo. Con la diferencia de que sólo podrás decir que has sido un aborto.



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jueves, 17 de diciembre de 2015

Señor Manfroni, no se puede servir a dos señores – Augusto TorchSon


  Hace unos días la novel titular del Ministerio de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, designó en su gabinete a Carlos Manfroni. Esta designación llamó la atención del ala marxistoide tanto del anterior gobierno como del actual y del vasto público opinólogo que se siente instruido y autorizado, no por basarse en hechos o por cultivarse con lectura en el conocimiento de la historia o su supuesta fe, sino por instruirse mediáticamente y repetir los slogans impuestos por el sistema. El tema resultó porque Manfroni  antiguamente escribía en la revista Cabildo que es una de las promotoras  y defensoras del Nacionalismo Católico. A raíz de su designación, el periódico marxista Página 12, publicó en referencia a sus escritos (El mensaje del diablo), e igualmente otros medios, y Manfroni pidió perdón por su postura anterior que incluye su postura en contra del rock (Carlos Manfroni le pidió disculpas a Charly García), pero mucho más importante, su defensa de la doctrina católica tal cual la expuso antiguamente.


  Este “católico” escribió libros en contra de los montoneros (guerrilleros) pero parece no haberse enterado que la ministro perteneció a esa agrupación sino que además es una de las principales promotoras de la despenalización del aborto. ¿Será que no conoce Manforni el quinto mandamiento del decálogo Divino o lo prescripto en el artículo 2272 del Catecismo de la Iglesia Católica?


  No obstante la declinación a sus anteriores “convicciones” religiosas, políticas y hasta musicales; esta persona, de enclenques convicciones, no tuvo mejor idea que denunciar en google a este blog por una publicación que hiciéramos hace 2 años de su autoría en la Revista Cabildo “El progresismo es judaico”. Esto lo mencionó en su página de facebook.




  Dicha publicación fue hecha en 1983 con lo que no tenía 20 años como sostiene en su descargo de arrepentimiento sino 30, y fueron escritas hace menos de 4 décadas en contra de lo que él menciona.


  Cabe señalar que la publicación que denuncia fue tomada directamente de la revista Cabildo de dicha época, cuya fecha y demás especificaciones resultan perfectamente consignadas en el artículo. La revista Cabildo es una publicación “pública”, valga la redundancia, y no sólo no tuvimos ningún reclamo de la misma con cuyos editores mantenemos una excelente relación, sino que no infligimos ninguna legislación al difundir una publicación de la misma citando debidamente las fuentes. Dice Manfroni que aparece en el blog “su firma” y que nunca escribió en el mismo. En ningún momento se sostuvo que era una publicación exclusiva de esta persona para el blog, sino que, reiteramos, se transcribió textualmente lo que específicamente está escrito en una revista de carácter público, a pesar de que ahora sostenga que se lo juzga por lo que “supuestamente” escribió.


  Para dejar constancia de lo que aquí se sostiene publicamos un scaneo de dicha publicación.




Señor Manfroni, usted cierra el artículo por el cual hoy nos denuncia sosteniendo:


  … el progresismo lleva el estigma del temporalismo judaico y masónico que pretende proclamar la “religión del hombre” en contra de la Religión de Cristo.
    Al igual que la tentación del desierto, viene disfrazado de una falsa religiosidad, frente a la cual conocemos ya la mejor respuesta: “Al Señor tu Dios adorarás, solo a Él darás culto”

   y así, equiparando el conseguir un puesto en el gobierno al “plato de lentejas de Esaú”, usted ahora profesa la “religión del hombre”, y además, contradiciendo el sólo darle culto al Señor, desconoce que “Ninguno puede servir a dos señores, porque o tendrá aversión al uno, y amor al otro; o si se sujeta al primero, mirará con desdén al segundo. No podéis servir a Dios y las riquezas”(Mt. 6,24).


  Al intentar justificarse para quedar bien con el sistema intenta perjudicar a quien sólo reprodujo material de consulta pública.


  Si tuviéramos nosotros que juzgarlo (y estamos en la situación absolutamente inversa) la más injusta y terrible de las condenas, serían ínfimas e insignificantes a la que puede recaerle por parte de la Historia y de Dios. Por el bien de su alma, espero que se arrepienta de su “arrepentimiento” para con su fe y con la Patria.


“Roma traditoribus non praemiat”
¡Roma no paga traidores!
¡Contra cobardes y corruptos el Nacionalismo sigue en pie!

Augusto TorchSon


Nota de NCSJB: adherimos y recomendamos plenamente la Revista Cabildo y sugerimos la lectura de nuestra entrada anterior: Cabildo: No pedimos perdón por existir



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domingo, 1 de marzo de 2015

Dos estudios sobre la Alianza Libertadora Nacionalista – Octavio Guzzi


¿Cómo debe estudiarse la historia?

  HACE un tiempo ya, promediando el año 20Í3, la editorial "Memoria y Archivo" dio a conocer un nuevo estudio del Profesor Hernán Capizzano, titulado "Alianza Libertadora Nacionalista. Historia y Crónica (1935-1953)".


  Esta investigación resulta realmente novedosa pues constituye el primer libro dedicado plenamente a la génesis y al ocaso de una de las más conocidas expresiones del nacionalismo argentino.

  A toda luz; y sin caer en elogios infundado debe decirse que la minuciosa investigación de Capizzano ofrece un material completo para quién busque profundizar en la dinámica y en la estructura de este fenómeno político que llegó a alcanzar cierta popularidad, y que aun hoy resuena, entre el mito y la crónica.

  Envuelta precisamente entre lo legendario y lo verídico, la Alianza Libertadora Nacionalista ha sido objeto de dispares acusaciones; injustas no pocas de ellas. Aquí, es donde el autor, apelando a documentos y testimonios, logrará separar la paja del trigo. Tanto desde el punto de vista de los hechos como desde las doctrinas.

  Empero, y a pesar de este encomiable esfuerzo, un año después de haber aparecido el libro de Capizzano, un periodista, devenido en historiador, intentó desconocer y minimizar su investigación, atribuyéndose el descubrimiento del Mediterráneo. Nos estamos refiriendo a Rubén Furman y a su ensayo "Puños y Pistolas. La extraña historia de la Alianza Libertadora Nacionalista, el grupo de choque de Perón" (Editorial Sudamericana, 2014).

  Desde su título, y como resulta previsible entre los exponentes del pensamiento único políticamente correcto, Furman intenta vanamente endilgarle a la Alianza Libertadora Nacionalista una historia mediocre y desorbitada por la ambición de poder, sin reparar en clase alguna de ardides con tal de desprestigiar las fuerzas del nacionalismo. Denominador común en esta clase de ensayistas: el objeto de estudio no debe ser comprendido sino odiado a priori.

  En dicho marco, rápidamente, el texto se cubre de falsas acusaciones. A modo de ejemplo, sólo señalaremos dos.

  Primeramente, desconoce la obra del Prof. Capizzano, editada —como ya dijimos— un año antes de su propia obra. Así señala que: "Salvo alguna obra faccional reciente, sorprende la ausencia de una literatura específica sobre la Alianza Libertadora Nacionalista..." (pág. 15). Aún más, llama la atención que la obra del Profesor Capizzano aparezca mencionada en la "Bibliografía", mas nunca citada en el cuerpo del texto.

  Tampoco pretenderemos ahondar en lo qué ha querido significar con el término "faccional", pues de él no existe referencia en la Real Academia Española.

  A reglón seguido y en la misma carilla, la emprende contra el prestigioso Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, dirigido por el distinguido Profesor Jorge C. Bohdziewicz.

  Así Furman nos dice: "No fue fácil husmear en las colecciones de publicaciones de la derecha nacionalista argentina que alberga el Instituto Zinny, dadas las restricciones que impone a su consulta el grupo ideológico que está «sentado» sobre los documentos..."

  Oportunamente, hemos consultado al Profesor Bohdziewicz quien manifestó haber coordinado una visita telefónica con el periodista, pero éste nunca apareció a la cita. Para Furman, pues, la calumnia es un hábito. Porque debemos decir las cosas como son: durante décadas, la documentación del Instituto Zinny estuvo abierta indiscriminadamente a todo tipo de investigadores, nacionales y extranjeros, como consta en el registro prolijo de sus visitantes. Y dado que a nadie se le preguntaba cuál era su ideología o su credo, abrevaron en su patrimonio desde Tulio Halperín Donghi hasta miembros de la comunidad protestante.

  A partir de este dato inicial, la distancia entre ambas obras sobre la Alianza Libertadora Nacionalista será insalvable. El lector formado puede leer las dos, y solo advertirá las diferencias. Nosotros no nos declaramos neutros, y decimos con firmeza que la obra de Capizzano posee una claridad, agilidad y método de estudio, que vuelve al conjunto de lo escrito sumamente atractivo.

  Contrariamente, la obra de Furman es un dicterio. Para retratar a Juan Queraltó, por ejemplo, recurre a una desgraciada entrevista que le hizo Juan Pablo Hernández, al Padre Leonardo Castellani, sin tener en cuenta aquella sentencia romana, según la cual, "testis unus, testis nullus".

  De las más que cuestionables manos de Cristian Buchrucker, David Rock, y Rodolfo Walsh, Furman recordará a Ramón Dolí y Enrique Oses como dos antisemitas propagadores propagadores del nazismo. La torpeza hermenéutica se completa y entonces resultará que "la Alianza fue la mejor creación del nazismo en la Argentina" (pág. 99). Ya está construido el sofisma de la reductio ad hitlerum. No se necesita más. ¿Para qué escribir historia si es mejor agraviarla?

  Nimio de Anquín, en su famosa conferencia "¿Qué es la historia?", nos decía: "La historia lleva consigo un aspecto de consumación. Tal proceso presupone un cierto centro histórico en el cual se revela lo divino y se hace carne".

  Creemos que dicha consumación histórica se alcanza cuando el investigador consigue contemplar los hechos a los ojos de la Teología de la historia.

  A esta contemplación, y para su bien, ha intentado llegar el Profesor
Capizzano. Es que la historia de la Alianza Libertadora Nacionalista
—con sus múltiples más y menos y claroscuros y contrastes y sombras cuanto luces, y pugna de ortodoxas y heterodoxas posturas-— no puede estudiarse como un mero fenómeno ideológico.

  Hubo algo más allí, por frustro, trunco o incompleto que haya resultado.
"El combate, el estado de permanente movilización, la pasión puesta en la brecha y la actitud siempre alerta" por Dios y por la Patria, fueron notas distintivas de los mejores aliancistas. "Eran, en rigor, dice Hernán Capizzano, una nutrida militancia juvenil que no conocía límites".

  Y en este sentido, podemos encontrar a la historia consumada. Entendiendo, junto al citado autor, que la militancia no es otra cosa que "la vida del hombre sobre la tierra".

Octavio Guzzi


Revista Cabildo – 3° Época – Año XVI – N° 111. Enero-Febrero 2015. Págs. 12-13


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viernes, 22 de agosto de 2014

Los crímenes de los "buenos": El caso Rudolf Hess - Por Carlos García


¿Qué Justicia querían los que condenaron a Rudolf Hess? 

  Un caso especial de los tratados por los mercaderes de Nüremberg fue el de Rudolf Hess. Para él, cita la acusación el documento USA 474 y afirmaba: “Yendo a la página 8 de esta publicación, en la línea 2 tenemos el nombre de “Hess, Rudolf”, seguido de la nota “Por autorización del Führer, con derecho a vestir el uniforme de Obergruppenführer de las SS”. O sea, para poder enlazar a Hess tuvieron que imputarle “¡el derecho al uso de uniforme!”, ya que Hess estuvo prisionero de los británicos prácticamente durante toda la guerra, al volar a Escocia el 10 de mayo de 1941, para intentar un acuerdo que pusiera fin  a la guerra entre Alemania y el Reino Unido. De modo que estuvo ausente de su paíse durante el período más cruento de la contienda. Hoy diríamos que Hess fue condenado por “portación de autorización para el uso de uniforme”, delito grave, si los hay. Nada dice la acusación acerca del objetivo de la misión de Hess, ningún crimen concreto se le atribuye. A la fecha del vuelo no había “cámaras de gas”, “cámaras, diesel”, “cámaras eléctricas”, “máquina  rompe nucas”, “mini bomba atómica”; nada del arsenal con que la acusación deslumbró al tribunal.

  El juicio a Hess fue patético. Sufría de manifiesta amnesia y síntomas paranoicos que hubieran impedido llevarlo a juicio. Se intentó presentar a Hess como un farsante y decir que su dolencia era simulada; ello a fin de validar el juicio llevado adelante en tan irregulares condiciones. Sin embargo, todos los estudios psiquiátricos coincidieron en la existencia real de la patología. De hecho, a instancias de la defensa, el tribunal determinó tres pericias médicas sobre el imputado: una por los médicos británicos, otra por los americanos y finalmente, una por los rusos.

  Conforme lo explica el inglés J.Bernard Hutton, en su obra “Hess, el hombre y su misión”, los médicos ingleses sostuvieron: “…su pérdida de memoria… afectará a su capacidad de defenderse y para comprender detalles del pasado que surjan durante el proceso… Firmado: Drs. Moran, J.R. Ress y George Riddoch”. Los americanos afirmaron: “… la naturaleza de esa pérdida de memoria… afectará a sus respuestas a preguntas relacionadas con su pasado y también al desarrollo de su defensa… Firmado: Drs. Ewen Cameron, Jean Delay, Paul L. Schroeder y Nolan E.C. Lewis”. A su turno, los rusos confirmaron: “… su amnesia afectará a su capacidad para desarrollar su defensa y para comprender detalles del pasado que aparezcan como datos de hecho”. Nada de esto fue tenido en cuenta; el tribunal determinó que Rudolf Hess se encontraba en condiciones de atender su defensa y el juicio prosiguió en su contra.

  Airey Neave, oficial inglés a cuyo cargo estuvo la entrega del acta de acusación de Hess, refiere: “Los veredictos fueron pronunciados, por turno, el 30 de septiembre de 1946 por los jueces de las cuatro potencias. El de Hess fue sólo leído por el general Nikitchenko, el juez ruso. El tribunal… halló a Hess culpable de crímenes contra la paz y no culpable de crímenes de guerra ni de crímenes contra la humanidad. En algún momento del intervalo de veinticuatro horas que medió entre este veredicto y la pronunciación de la sentencia, el Gobierno Soviético, posiblemente el propio Stalin, intervino y expresó su más violenta oposición. El 1° de octubre, Nikotchenko, abochornado, leyó un fallo disidente, aludiendo al trato dispensado a los polacos en territorio ocupado y declarando a Hess culpable de “crímenes contra la humanidad”. La pena debía ser de muerte. Se produjo un atónito silencio en la sala del Tribunal de Nüremberg. Nadie dudaba de que este cambio había sido ordenado por Moscú. Constituía una burla a las concepciones occidentales de un “proceso justo”. Desde aquel día los rusos han mantenido su impecable odio a Hess como un elemento de su política internacional”.

  Cita Hutton un comentario hecho al respecto por Winston Chirchill: “Al reflexionar sobre ese asunto, me alegra de no ser responsable de la forma en que Hess ha sido y está siendo tratado. Cualquiera que sea la culpabilidad moral de un alemán que se mantuvo al lado de Hitler, Hess, en mi opinión, la había expiado con su acto de total entrega y el fanatismo de su lunática buena intención. Vino a nosotros por su propia y libre voluntad y, aunque no fue facultado para ello, poseía en cierto modo la calidad de un enviado. Era un casi médico, no un caso criminal, y como tal debería ser considerado. Winston Churchill”. Sin embargo, mister Churchill, el juez inglés, que no era ajeno a sus directivas, no se hesitó al firmar la condena.

  Aun con sus padecimientos, al tiempo de hacer uso de la palabra por última vez en Nüremberg, tuvo Hess la lucidez necesaria para pasar lista a muchos de los hechos vergonzosos que había anticipado: “Algunos de mis camaradas aquí presentes pueden confirmar el hecho de que, ya en los comienzos del proceso, predije lo siguiente: 1) Aparecerían testigos que prestarían bajo juramento declaraciones falsas y, al mismo tiempo, podrían crear una impresión de absoluta veracidad y serían tenidos en muy alta estima. 2) Era de esperar que el Tribunal recibiera declaraciones falsas formuladas por escrito bajo juramente. 3) Los acusados se verían asombrados y sorprendidos por algunos de los testigos alemanes. 4) Algunos de los acusados se comportarían de forma extraña. Harían desvergonzadas manifestaciones sobre el Führer, se incriminarían unos a otros falsamente. Quizás, incluso, se incriminarían a sí mismo y falsamente. Todas estas predicciones se han cumplido, por lo que a los testigos y a las declaraciones escritas se refiere, en docenas de casos; casos en los que las declaraciones bajo juramento de los acusados se encuentran en oposición con las anteriormente juradas por ellos… No me arrepiento de nada. Si hubiera de empezar de nuevo, actuaría como he actuado, aunque supiera que al final tendría que correr el riesgo de una muerte despiadada. No importa lo que cualquier hombre pueda hacer; algún día compareceré ante el Eterno para ser juzgado. Yo responderé a Él, ¡y sé que Él me declarará inocente!”.

  Hess fue condenado a prisión perpetua, nadie creyó en el ámbito del tribunal que la pena tendría esa extensión efectiva, la conciencia de los jueces necesitaba expiarse con un indulto o conmutación de pena. Sin embargo, nada ocurrió. Todos los intentos por que Hess fuera liberado, uno de ellos encabezado por el mismo oficial inglés que le impusiera de la acusación, fueron sistemáticamente desoídos.

  El 17 de agosto de 1987, autoridades aliadas anunciaron que Rudolf Hess había muerto en prisión de Spandau, la cual sólo se encontraba abierta para alojar al anciano alemán de 93 años. Al día siguiente se dijo que se había estrangulado con un cable, lo cual no fue confirmado. EL cirujano británico Hugh Thomas afirmó que Hess fue asesinado y que la autopsia practicada por el médico James Cameron revelaba que había muerto por asfixia, pero no mencionaba en su dictamen la palabra “suicidio”. Había sido asesinado un hombre que, pudiendo perseverar en una cuestión de insanía, prefirió dar testimonio de su integridad hasta el último momento de su vida.

Carlos García

Revista Cabildo - 3 Época - Año XIII N° 101. Págs. 24-25.


Agradecemos a nuestro amigo Octavio Guzzi por acercarnos el artículo.


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jueves, 21 de agosto de 2014

León Degrelle: Guerrero, Filósofo y Poeta - Por Octavio Guzzi


A veinte años de su muerte


  El 31 de marzo de 1994, en la ciudad de Málaga, partía de este mundo uno de los últimos guerreros de la segunda guerra mundial. Un viejo sobreviviente de la rabia de Nüremberg. Líder político, militante, soldado, padre y poeta, León Degrelle, parece sintetizar en su figura la amalgama de los templados héroes del parnaso.

  En el género autobiográfico, el mismo Degrelle se ha retratado en sus "Memorias". Nos ha revelado cuánto debió luchar, en territorio belga, para consolidar la unidad política de su movimiento rexista, nacido en honor al único Rex: Cristo. En fin, en estas páginas, se puede leer un colorido testimonio de un guerrero incansable batallando por el triunfo de la verdad. Dice en uno de sus párrafos: "Así, pues, me alisté como soldado simple, pese a que era padre de cinco niños, para que el menos favorecido de nuestros camaradas me viese participar con él de sus penas y sus infortunios..."

  Sin embargo, al conmemorar estos veinte años de su partida, hemos decido recordarlo, enfatizando su condición de poeta. Oportunamente, Santo Tomás recordaba que "el filósofo y el poeta tienen en común lo maravilloso". Seguramente, las difíciles experiencias de la segunda guerra mundial habían regalado a Degrelle la posibilidad de poner en práctica un bagaje de conocimientos que pronto serían transformados en una ascesis poética.


  Allí se producirá el encuentro con lo maravilloso. Las condecoraciones eran sólo un reflejo de una entrega absoluta; abandono propio del hombre filosófico que se da permanentemente a fin de encontrarse con la verdad. Idea y realidad, en Degrelle, se vuelven un todo indisoluble, prueba viva del apotegma "filosofar es estar presto a morir". De un momento a otro, esa filosofía se iría modelando hasta producir el deslumbramiento de las formas. El libro "Almas ardiendo" es el fruto de un soldado que ha lidiado contra todas las inclemencias, materiales y espirituales. Como lo dice el mismísimo Gregorio Marañón, en el prólogo a dicha obra, son "páginas de insuperable hermosura".

  Será suficiente emprender la lectura de la "Agonía del Siglo" para encontrar párrafos de intensa profundidad: "¿Para qué guardar al fruto maduro que tendría que repartirse entre todos? El amor, el mismo amor, ya no se da a los demás; se huye con él entre los brazos, de prisa, de prisa. Sin embargo la única felicidad era aquello: el don, el dar, el darse, era la única felicidad consciente, completa, la única que embriagaba, como el perfume sazonado de las frutas, de las flores, del follaje otoñal".  

  La aguda perspicacia que ha caracterizado a este "homo conditor", puede colegirse de la primera parte de este maravilloso libro.

  Claramente, y como su título lo indica, "Corazones Vacíos" narra las consecuencias de la posguerra, no como un estólido y vacuo relato del "triunfo de la libertad", sino más bien retomando una mirada analítica del hombre desacralizado. Entonces, el epílogo no se hace esperar: "Sin amor, sin fe, el mundo se está asesinando a sí mismo..."

  Degrelle, como buen poeta, sabía elevar su mirada a Dios. Sabía adorar el esplendor de la Forma, pues su vida y su gloria militar no eran otra cosa que una consagración a la Voluntad Divina.

  Así, este valiente y audaz luchador no nos dejará sucumbir en la pobreza de los tiempos. La "Vida Recta" es una lección para el combate diario. Es alimento para el hombre que reconoce en las armas un medio para alcanzar la gloria. "El gran ideal da siempre fuerza para domar el cuerpo, para soportar el cansancio, el hambre, el frío..." Nuevamente, aflora el coraje de nuestro luchador cuando en dicho capítulo leemos: "Una vez cumplidos nuestros deberes, ¿qué más da morir a los treinta años o a los cien años? ¡Lo que importa es sentir el corazón encendido, cuando la bestia humana grita extenuada!"

  Los capítulos se suceden en este libro que parece no tener fin. Cada palabra, cada hoja descubre un sinnúmero de reflexiones y alternativas. En la "Renunciación" nos enseña el misterio de la felicidad. "La verdadera felicidad, la felicidad digna del hombre, la que nos eleva, es la felicidad asistida por el espíritu, la que nace de la renunciación del alma, de su abdicación, en la plena conciencia, de los placeres que la vida nos ofrece y nos regatea".

  Podríamos abundar en citas. Pero entendemos, que siempre es mejor leer y releer el texto mismo. Allí, se encontrará un manual para el guerrero, una guía para el filósofo y una palabra para el poeta. •


Octavio Guzzi

Revista Cabildo 3° Época – Año XV – N° 108. Julio-Agosto 2014


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jueves, 10 de julio de 2014

Los crímenes de los "buenos" - La traición de los Aliados a Polonia - Por Carlos García

  El 1° de septiembre de 1939, las fuerzas alemanas irrumpieron en Polonia. Ese día, a las 21.30, Inglaterra en virtud de la garantía que – junto con Francia – brindó a Polonia, emitió el primer ultimátum; el día 3, a las 9:00, lanzó el segundo y a las 11:15 del mismo día se declaró en estado de guerra con Alemania.

  No pondremos énfasis aquí en la justicia o no del reclamo alemán ante Polonia, consistente en la ciudad de Danzig y un corredor (o autopista) que la vinculara con Prusia oriental.

  Sabemos que se dividen aquí los argumentos a favor de uno y otro en el marco de esta disputa. Es innegable que Polonia se consideraba con derecho a resistir toda pretensión sobre territorios que entendía propios o bajo su jurisdicción, pues le fueron asignados como tales. Por otra parte, también es razonable que Alemania reivindicara tierras que le habían pertenecido y le fueron cercenadas en un grosero tratado de paz cuestionado por todo el mundo.

  Peter Kleist (“Tú también, Mr. Churchil…”) nos recuerda las expresiones del entonces Primer ministro Británico, Lloyd George, frente a la entrega de Danzig al control polaco: “La injusticia y la arrogancia que se ejercen en el momento de la victoria, jamás serán olvidadas ni perdonadas. La proposición de la comisión polaca de someter 2.100.000 alemanes a la vigilancia de un pueblo que profesa otra religión, el cual hace cerca de 300 años que no ha tenido una soberanía independiente, conducirá, en mi opinión, más pronto o más tarde a una nueva guerra en el este de Europa”.

  Hitler había intentado un acuerdo con Inglaterra que le dejara las manos libres en sus pretensiones sobre Polonia. Al no logralo, suscribió el Pacto de No agresión con Rusia. Era menester desactivar alguno d elos dos fretnes y, muy a su pesar, debió optar por el ruso.

  Afirma Ennio Innocenti: “Que Inglaterra quisiese entonces la guerra por un cálculo estratégico que resguardaba sus intereses, parece evidente examinando el comportamiento que tuvieron los diversos países frente al problema de Danzig y del famoso “corredor”. Cuando Hitler pidió a Polonia que le fuese concedida la posibilidad de construir una autopista y una vía férrea que uniesen la ciudad a Alemania (de esto se trataba prácticamente), se topó con la inflexibilidad de este país, que había recibido garantías (¡se ha visto luego cuanto valían!) de Francia y de Inglaterra para que no cediese. Estos dos países trataron de entenderse con la U.R.S.S., pero en este sucio juego tuvo éxito Alemania, que alcanzó a establecer un acuerdo secreto con la U.R.S.S: para el reparto de Polonia en caso de guerra” (“La conversión religiosa de Benito Mussolini”).

  Sabido es que el resultado de una guerra suele modificar las pretensiones diplomáticas, como bien señala Irving, Hitler “pedía como mínimo la devolución de Danzig y la solución al problema del Corredor, como máximo pedía lo que la guerra pudiera traerle” (“El camino de la guerra”).

  El Pacto de No Agresión suscrito con la U.R.S.S., establecía, sustancialmente, que tanto Alemania como la Unión Soviética se obligaban a desistir de cualquier ataque entre ellos, en forma individual o conjuntamente con otra potencias. Otras cláusulas de información y arbitrajes por el estilo.

  Conjuntamente se firmó el Protocolo Adicional y Secreto, que contiene el reparto de Polonia entre Rusia y Alemania y la asignación de las zonas de influencia de ambos en Europa del este. En lo que a Polonia respecta, el artículo segundo del protocolo establecía que: “En caso de llegarse a un arreglo territorial y político en el área perteneciente al Estado polaco, las zonas de influencia de Alemania y la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, serán señaladas aproximadamente según la línea de los ríos Narew, Vístula y San”. La suerte de Polonia quedó sellada.

  El 17 de septiembre de 1939, Rusia invadió Polonia. Así lo recuerda quien fuera en aquel tiempo ministro polaco y luego primer ministro, Stanislaw Mikolajczyk: “Pero fue una traición calculada. El Ejército Rojo ocupó toda la Polonia oriental y no se detuvo hasta que se unió con los nazis en el centro de nuestro país. La línea de separación Norte-Sur, que estaba concertada desde hacía algunas semanas por Ribbentrop y Molotov se ensañó en nuestra derrota. Hablando de la U.R.S.S., el 31 de octubre de 1939, este vehemente personaje rindió pleitesía a la colaboración de su país con Alemania, que con sus operaciones combinadas había conquistado Polonia, y exclamó: “Ya no queda nada del ese monstruo bastardo nacido del Tratado de Versalles”.

  No obstante de tratarse de una agresión de naturaleza similar a la alemana, acordada y nacida en el mismo acto, Inglaterra no declaró la guerra a la Unión Soviética en flagrante violación a la alianza defensiva que la unía con Polonia. Londres “Hace suyos los argumentos soviéticos de que el Estado polaco prácticamente ha dejado de existir e incluso Churchill declara que los soviets ha ocupado unas regiones que no les corresponde no por la fuerza, sino en derecho”.

  Años después, en sus memorias, afirmaba Curchill: “Así todo acabó en un mes, y una nación de treinta y cinco millones de almas cayó entre las implacables garras de los que no sólo ansiaban la conquista, sino la esclavización y hasta la extinción de grandes masas de gentes”, pero que por conveniencia “…no expresé libremente la indignación que sentía… ante la brutal e insensible política rusa”. ¡Cuánta hipocresía en quien había perdonado a Rusia todos su crímenes al convertirse en su aliado!

  A los polacos no los engañó la diatriba de Churchill. Su primer ministro Mikolajczyk recordó: “Fuimos vencidos incluso antes de que terminara la guerra porque fuimos sacrificador por nuestros aliados, Estados Unidos y Gran Bretaña”. Más adelante relata, no sin marcada amargura e impotencia: “En la situación en que nos hallábamos, en escala inferior a Churchill y Roosevelt, nuestra posición empeoró. Se nos comunicó que no hiciéramos ningún gesto ni declaración que pudiera molestar a Stalin… Se nos impuso un silencio cada vez más intolerable ante las acusaciones de que empezaron a hacernos objeto los Soviets, por ejemplo insinuando, al principio vagamente, más tarde con afirmaciones rotundas, que Polonia abrigaba proyectos imperialistas contra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”.

  La presión inglesa sobre los polacos para que no realizaran acción alguna que pudiera molestar a sus socios rusos, llevó a Stanislaw Grabski – socialista miembro del Consejo Nacional Polaco – a formular su dramático pedido: “Yo les pido a nuestros amigos ingleses que no aconsejan con las mejores intenciones que entreguemos a la Rusia soviética nuestros territorios orientales que se hagan a sí mismos la pregunta si es correcto y justo condenar a millones de personas que tenían en Polonia su propiedad privada, protegida por el estado, libertad de hablar, de asociación y de expresar sus opiniones políticas, y la seguridad de una educación religiosa para sus niños en la escuela, si es correcto y justo condenarlos a la pérdida de todos esos derechos, entregándolos a un estado totalitario, que no reconoce el derecho a tener propiedades particulares, en donde un hombre puede ser enviado, sin que se le procese (como me pasó a mi), por simple orden administrativa, a un campo de trabajos forzados por ocho años, y en donde en las escuelas se les enseña ateísmo”.

  Grabski escribía esto antes de terminada la guerra, no sabía todavía que la concesión de los Aliados a Rusia iba a ser infinitamente mayor que el territorio oriental de Polonia.

  El mariscal de campo Montgomery recuerda: “La tinta todavía estaba fresca en el pacto, cuando Stalin comenzó a mostrar su juego. Decoró tres estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), la parte oriental de Polonia, una porción de Finlandia, Besarabia, Bucovina ciertas islas del Danubio. Todas estas conquistas territoriales tuvieron lugar en momentos en que Rusia estaba asociada a Alemania. Posiblemente alarmaron a Hitler…” (“Hacia la cordura”)

  Mikolajczyk concluye en la mayor perversidad rusa, sobre la evidencia denunciada por los alemanes: “Hitler intentó mandar él y servirse de alemanes para administrar; Stalin, en cambio, manda por medio de cabecillas rusos colocados en los puestos de control y administra con traidores, corrompidos o débiles súbditos del país que quiere gobernar. Actualmente en Rusia, hombres y mujeres de todas las naciones son educados y se les enseña para el día que vuelvan a sus países de origen, para gobernar bajo el mando directo de Moscú… Porque Stalin, verdadero genio del mal, posee un poder con más eficacia que el de cualquier otro tirano en la historia. E intenta conquistar el mundo”.

  Superado por los hechos, Winston Churchill debió reconocer en sus “Memorias”: “No veo ninguna interrupción en la continuidad de mi pensamiento sobre este gran dominio. Pero en el reino de los hechos han recaído sobre nosotros vastos y desastrosos cambios. Las fronteras polacas sólo existen de nombre, y Polonia yace palpitando en la garra ruso-comunista. Alemania, en realidad, ha sido partida pero sólo mediante una horrible división en zonas de ocupación militar. Sobre esta tragedia cabe decir: “NO PUEDE DURAR””. ¿No pudo durar?

  Cuánta razón tuvo Montgomery cuando analizó la conducta británica en el conflicto y concluyó: “Lo bueno de ganar la guerra es que uno no termina ahorcado”.


Revista Cabildo – 3° Época – Año XII – N° 107 – Julio 2012



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 6 de mayo de 2014

CAPELLANES DE LA DIVISIÓN AZUL – Por Carlos García


Ellos NO fueron Neutrales



“Los copos caen blandamente, cegando el mirar, posándose en leve vuelo sobre su cabeza desnuda. Pero él no se mueve.
Está – tan quieto y silencioso – rezando junto a una tumba. 
Es un sacerdote de la División Azul”
(Manuel Pombo Angulo)

  La gesta de la División de Voluntarios Españoles, más conocida como la División Azul es bastante difundida y su historia muy buscada por quienes ven en aquellos hombres lo mejor de la estirpe española y católica. A pesar de haber tenido una presencia muy activa en la Campaña de Rusia, no les alcanzó al menos todavía, la demoledora campaña de mentiras, multiplicando hasta el paroxismo las inconductas en que incurrieron unidades alemanas. Más aún, en los tiempos que corren han crecido de modo exponencial los libros y artículos que se refieren a esta legendaria división de voluntarios. Como si las nuevas generaciones cansadas de la mediocridad y de la avaricia humana necesitasen abrevar en el cántaro soberbio de estos héroes que, luego de una sangrienta guerra de tres años, empuñaron nuevamente las armas y marcharon a la lejana Rusia a luchar y morid por Dios y por España.

  Como dijo el entonces Ministro del Interior de España, Serrano Suñer – todavía cercano a Franco -, dirigiéndose a una multitud que clamaba tomar parte por Alemania en la lucha contra Rusia: “Rusia es Culpable”. En realidad no era la verdadera Rusia la culpable, sino la Rusia infectada por el marxismo. Esa Rusia era culpable. Era culpable de haber arrasado cerda de diez naciones, argumentando el pacto Molotov-Ribbetropp; era culpable de estar esperando el desgaste alemán para atacar sorpresivamente, pero, mucho antes, fue culpable de desangrar España en una lucha fratricida y de trocar todo su odio en persecución y muerte hacia sacerdotes y religiosas. ¡Era culpable de haber ametrallado a Cristo!


  Sin embargo, la Campaña de Rusia o Campaña del Este, esa que hizo “al mundo contener el aliento”, no fue llevada a cabo exclusivamente por los alemanes con la sola ayuda de los españoles. Hubo divisiones y unidades menores – y no tan menores, con representantes de prácticamente toda Europa: franceses, ingleses, noruegos, italianos, rumanos, croatas, belgas, rusos, etc. Conformaron otras tantas unidades de batalla incorporadas al mando centralizado de las “Waffen SS…"

  Pero volvamos a España, 18.000 voluntarios, bajo el mando del General Muñoz Grandes – más tarde reemplazado por el General Esteban Infantes -, varios coroneles, oficiales y suboficiales del ejército marcharon hacia Alemania. Eran 18.000 almas – en su mayoría voluntarios falangistas – las que integraron el primer contingente y junto a ellos marchaban, de uniforme y cara al sol, 22 capellanes del Cuerpo Eclesiástico Militar. Estos capellanes tenían estado militar, varios con el grado de coroneles y capitanes y habían cumplido su sagrado ministerio en Marruecos y, por supuesto, en la Guerra Civil. También ellos fueron voluntarios; la Fe y el amor a España corrían generosas por sus venas.

  En verdad es mucha la literatura que ha corrido sobre la División Azul, no puede sostenerse lo mismo de sus capellanes, como en general hay muy poco escrito de los sacerdotes que asistieron a los diversos ejércitos en la contienda. El día que se narre esa realidad y la trascendencia que adquirió, muchos se verán sorprendidos y muchas más tendrán que dar explicaciones sobre anteriores dichos. Quizás, parafraseando al Generalísimo Franco: “ya esté madura esa breva”.

  Hace ya un año se publicó en España un libro titulado “Los Capellanes de la División Azul”, que ha sido el fruto del esfuerzo investigativo de Pablo Sagarra Renedo, quien ya había elaborado diversos artículos sobre el tema y su tesis doctoral. Estos trabajos nos han impulsado a estas breves líneas y de ellos hemos tomado varias consideraciones…


  Cada unidad de división empeñada en combate contó con la invalorable asistencia de un capellán. En casos extremos, un mismo sacerdote debió atender a la vez a dos unidades, corriendo de un frente a otro. En la primera línea de fuego, en la trinchera, en el barro de la avanzada, en cada hospital de campaña, con sus uniformes desgarrados como el peor legionario y sus manos inquietas por la acción de los piojos, estaban presentes consolando, administrando la Eucaristía, la Penitencia y, muchas veces, la Extremaunción.

  Trae Sagarra anécdotas muy ejemplificativa de lo que eran esos hombres de Dios: “Tal el caso de don Indalecio Hernández Collantes, viejo luchador en Marruecos, primero, y en nuestra Cruzada después, hubo de interrumpir la misa que celebraba cuando ya la metralla roja había herido a alguno de nuestros camaradas”. En otra oportunidad, encontrándose fumando en una trinchera cuando una ráfaga del enemigo le cortó el cigarro que tenía en la boca, respondió con la mayor tranquilidad: “Los rusos quieren quitarme el vicio de fumar”.

  Los capellanes españoles fueron verdaderos soldados y pastores que, en una suma total de setenta, recorrieron un y mil veces el frente ruso bajo las peores condiciones de lucha y a veces en un invierno que helaba la sangre. De ellos, dos murieron y seis fueron heridos. Al menos seis Cruces de Hierro y varias medallas de Asalto de Infantería, dan cuenta del reconocimiento alemán…

  Ellos no portaron armas, pero portaban a la Verdad y llevaron a quienes la necesitaban, algo tan simple y tan grande como los Sacramentos de la verdadera Fe. Ellos no fueron neutrales, ni políticamente correctos, ni practicaron ecumenismo o ritos interreligiosos; pero tampoco tuvieron necesidad de pedir perdón alguno; porque no pide perdón quien obra por mandato expreso de Cristo Rey y María Reina.  

  Pues bien, casi como una muerte anunciada, ese heroico Cuerpo Eclesiástico, al que tanto le supo deber España, fue eliminado por el perverso pelafustan de Zapatero en el año 1990. El marxismo, vencido en el campo de batalla en 1939, se tomaba venganza en las sórdidas oficinas gubernamentales de una España sombría y decadente.

  Pero cercada por el estiércol de esta España en tinieblas, está la España Imperial que quiere renacer y no olvida a sus 50.000 hombres que integraron a lo largo de tres años la División Azul. Muchos no aceptaron ser repatriados a España y decidieron seguir combatiendo bajo la denominada Legión Azul, hasta caer prisioneros de Rusia y pasar diez años de trabajos forzados en los campos soviéticos. Más de 5.000 voluntarios militares, falangistas o requetés abonaron con su sangre la tierra rusa. Los sobrevivientes, los que volvieron a la Patria, laicos y sacerdotes, pero soldados todos, llevaban en sus oídos la última arenga de su primer jefe el General Muñoz Grandes: “Cuando regreséis a España y nuestras gentes se os acerquen con el natural afán de saber de vuestra vida en Rusia, jamás les habléis de vuestras propias heroicidades, sino de las gloriosas hazañas que realizaron los que aquí han muerto para que España viva”.

¡Arriba España!


Revista Cabildo – 3° Epoca – Año XV – N°107 - Enero-Febrero 2014


Nacionalismo Católico San Juan Bautista



sábado, 1 de marzo de 2014

El “Pacifismo”: ¿Es pecado? - Por Federico Ibarguren


  ¿Paz en la tierra? Histéricamente diríase una utopía pocas veces realizada; ni siquiera en beneficio de "los hombres de buena volun­tad": promesa angélica repetida cada domingo en el canto del “Gloria in excelsis Deo” de nuestra Misa. De consiguiente, en este amargo "valle de lágrimas", la paz se nos mezquina y sólo es un medio incompleto para lograr cierto grado de bienestar humano en deter­minadas épocas y nada más. La paz es, así, un  lujo caro, mundano. Supone prosperidad y riqueza en los pueblos que se ufanan de ella; y son los menos. No debe ser considerada en si misma, por tanto, como valor absoluto que soluciona todos los conflictos o   problemas político-sociales de una humanidad agnós­tica, descreída. No. Inalcanzable casi siempre en este controvertido mundo "subdesarrollado" en que vivimos, Dios nos pone a prueba todos los días, habida cuenta de la imperfecta condición de pecadores que cargamos, castigándonos a menudo con.....la guerra. ¡Castigo ejemplar! Para que por la victoria conquistemos aunque sea una precaria paz entre mortales, de duración efímera, por cierto. Con sacrificios, sí. Jugándonos la vida siempre.      
                    
  Porque la verdadera paz no se da fácilmente en la humana conviven­cia de este planeta, a partir con seguridad -para ser exactos- de Adán y Eva. Acaso la consigamos al fin pero mediante la Gracia de Dios y allá Arriba (en el Cielo): superando la muerte física. Aquí» abajo no, aún cuando en ocasiones obtengamos algunas treguas pasajeras. Pues reina soberano entre los mortales el PRINCIPE DE ESTE MUN­DO así llamado reiteradas veces en los Evangelios por Nuestro Señor Jesucristo. Y contra el Maligno estamos todos los cristianos obligados a luchar ascéticamente y a no bajar nunca la guardia. Guerreando sin descanso. No negociando jamás con el Diablo –a lo Fausto- ni vendiéndole por anticipado nuestra alma al bajo precio de no disparar un solo tiro frente al agresor, por cuidar ante los poderosos –haciendo buena letra- nuestra “imagen” internacional(?). Y los poderosos —se sabe— pisotean, en su provecho exclusivo, el natural patriotismo de las naciones.

  Mientras Satán exista, en consecuencia (dogma teologal puro), habrá "guerra y rumor de guerras" entre los hombres, como nos lo enseña la Sagrada Escritura que es de aplicación actual y para todos los tiempos. "Arcángel San Miguel defiéndenos en la batalla —reza la última oración del Ordinario de la Misa de San Pío V—: se nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio.....".

  Pero entendámoslo bien: guerras LEGITIMAS, de  supervivencia, deberán ser las nuestras. Guerras AUTODEFENSIVAS y JUSTAS, nunca imperialistas por principio. A saber: cuando exista un inminente peligro que comprometa la Fe de nuestro pueblo o se pretenda conculcar los derechos inalienables que siempre poseyó la Nación con referencia a mantener su integridad espiritual,  moral... Y también territorial y marítima. ¿Por qué no? Negarse a portar las armas para guerrear en los casos señalados; ya sea por la libertad amenazaba de la Iglesia Católica en nuestro suelo o contra el  avasallamiento de la soberanía y bien común de la Patria en peligro, importa grave apostasía o traición cobarde.

  Todo "pacifismo" a ultranza sostenido como dogma en política, esconde, las más de las veces, una claudicación casi siempre inconfesada. Ante un enemigo que no es "pacifista", significa ni más ni menos la rendición incondicional sin siquiera ofrecer batalla. Indudable pecado de omisión éste, en el orden individual; pero gravísimo PECADO MORTAL si el "pacifismo se vuelve doctrina en los gobernantes. Bien lo dijo Papini, cuando con verdad sentenció: “El hombre está hecho de tal modo, que la guerra demasiado larga lo embrutece, pero LA PAZ A TODA COSTA LO PUDRE”.

  El “Pacifismo” es derrota, hoy lo sabemos. El “pacifismo” es decadencia. No fueron “pacifistas” ni mucho menos Liniers en 1806-1807 y Cornelio Saavedra en 1810. Ni lo podía ser San Martin en 1816-1820. No fueron “pacifistas” los heroicos 33 Orientales en 1825 –dignos herederos de Artigas- peleando contra el poderoso Imperio del Brasil; tampoco lo fue Rosas al ser agredido por Francia e Inglaterra unidas, en 1838-1845. Ni Juan Lavalle, ni Paz, ni Facundo Quiroga al dirimir las rivalidades políticas de su tiempo. En aquella gloriosa epopeya por nuestra Independencia Nacional y luchas civiles subsiguientes, a los criollos de ley —prescindiendo de las distintas ideologías que los separaban: buenas o malas—, la actual mentalidad pacifista todavía no los había castrado con el remanido pretexto izquierdista de la "democracia” y los "derechos humanos". En ningún momento practicó el ''pacifismo" ni el "diálogo constructivo” -como se dice ahora aquí—, el ponderado General Bartolomé Mitre después de Pavón; y mucho menos ante el Paraguay en 1865. Ni lo hicieron en instante alguno Urquiza y el energúmeno de Sarmiento con sus adversarios políticos o meramente ideológicos. ¡Qué esperanza! Mal o bien, así se hizo históricamente (entre cruentas victorias y derrotas) la Patria que nos vio nacer.

  No fueron “pacifistas” —entonces-  nuestros  tan admirados  próceres Rioplatense del siglo pasado, anteriores al famoso "no te metas" típico de la partidocracia demo-liberal cuya pronta restauración hoy se procura. De haberlo sido, la Republica Argentina estaría balcanizada en veinte o más republiquetas anarquizadas ("pluralismo" democrático mediante). Y en la actualidad, solo las apátridas masas consumidoras: turbamulta cosmopolita de la metrópoli porteña transformada en próspera factoría mercantil, gobernada incluso por extranjeros; sólo ellas lograrían el pleno "consenso” —el aplauso— de la UN, de la OEA y de la "Trilateral Comission”.

  ¡Paz, paz, paz a toda costa! ¡Dólares y bienestar son las dos oficiales del momento! ¿A eso hemos llegado? "Cuando un pueblo manifiesta ese horror civilizador por la sangre –es una cita del gran Donoso Cortés, repudiando el “pacifismo” masónico de los liberales españoles en 1849-; luego al punto recibe el castigo de su culpa; Dios muda su sexo, le despoja del signo público de la virilidad, le con vierte en pueblo hembra y le envía conquistadores para que le quiten la honra”.

  Y concluyo reproduciendo en epitome este profético pació de Oswald Spengler publicado en la Europa de 1936, pocos meses antes de su muerte: “Las razas fuertes e inexhaustas no son “pacifistas”. Seria renunciar al futuro porque el ideal "pacifista" significa una condición final que contradice un hecho de la vida. Mientras haya desarrollo humano, habrá guerras. Pero si los pueblos blancos llegaran a cansarse de la guerra en tal forma que sus gobiernos no pudieran en ninguna circunstancia persuadirlos a que fuesen a ella, entonces el mundo sería presa de las razas de color, como el Imperio Romano se convirtió en presa de los germanos. El "pacifismo" significa abandonar el poder a los no pacifistas natos (entre los cuales había siempre también hombres blancos), a los aventureros, los conquistadores, los Herrenmenschen, que siempre encuentran partidarios en cuanto logran el éxito. Si estallara hoy en Asia la gran revolución contra las razas blancas, muchos  hombres  blancos se unirán a sus filas porque  están cansados de la vida pacífica. El "pacifismo” seguirá siendo UN IDEAL y la guerra UN HECHO: y si los pueblos blancos están decididos a no hacer más guerras; las razas de color las harán y se convertirán en las dueñas del mundo”.

Si queremos paz preparémonos para la guerra (sentencia un conocido proverbio latino olvidado).

"Todos los que militáis
Debajo de esta bandera
Ya no durmáis no duermas
"Que no hay paz sobre la tierra"
 poetizaba virilmente Santa Teresa de Avila en el siglo XVI

  Que el  Anticristo –es muy probable- necesitará de un clima “pacifista” total (mediante la irresistible prédica de los medios masivos de comunicación de hoy existen) para reinar sin reacción legitima alguna, en la más absoluta impunidad corruptora. A este respecto, el glorioso pensador francés Charles Pegüy (muerto por la patria guerreando) hace decir a Juana de Arco en su “Mystere de la Charite de Jeanne D´Arc"   -obra teatral paradójica escrita a principios de este siglo- lo siguiente: “Siempre es lo mismo, la partida no es igual. La guerra hace la guerra a la paz. Y la paz, naturalmente, no hace la guerra a la guerra. La paz, deja la paz a merced de la guerra. La paz es muerta por la guerra. Y la guerra nunca lo es por la paz. Puesto que aquella no ha sido matada por la paz de Dios, por la paz de Jesucristo, ¿cómo se matará la guerra por la paz de los hombres? ¿Por una paz de hombre?  A lo que Hauviette –compañera inseparable de la heroína protagonista del drama-  le responde sensatamente a Juana con este estupendo razonamiento ANTIPACIFISTA: “Tienes razón… Lo mejor, si se pudiera, sería notar la guerra como tú dices. Pero para matar la guerra es necesario hacer la guerra; para matar la guerra hace falta un jefe de guerra…”. Y todo jefe de guerra debe reunir, a juicio de Pegüy —"para matar la guerra" precisamente- estas tres condiciones previas que dan importancia trascendental a su acción represiva: la de ser buen CRISTIANO, buen MILITAR y buen PATRIOTA (como lo fue en grado eminente la extraordinaria Santa Juana de Arco en la Francia de su tiempo, invadida por los ingleses). No lo olvidemos nunca: “Una buena guerra —la irrefutable frase de Chesterton- es mejor que una mala paz”. Ciertamente: la “buena guerra” a la larga o a la corta nos conducirá a la ansiada victoria final (o sea: a la buena paz); mientras que una “mala paz” desemboca siempre en fatales derrotas humillantes.

  Ahora bien, con nostálgicas letras de tango, implorando amor y perdón (sin contar el decadente folklore barato para el turismo que es pingüe negocio de los judios avivados), no se  solucionarán jamás nuestros conflictos   fronterizos provocados por agresores oportunistas que no dan cuartel; ni tampoco las catástrofes nacionales provenientes del renunciamiento a combatir en tiempo oportuno,  en defensa de históricos  límites argentinos ocupados por ambiciosos intrusos, serán resueltas a favor por los gobiernos de turno que se sucedan.  Aunque dichos intrusos -¿acaso para despistar?- se proclamen  “hermanos nuestros" de toda la vida. Porque digan lo que digan en 1980 nuestros   “expertos”  internacionalista    -gobernantes,  liberales y políticos de la línea blanda-,  el    “pacifismo”  ideológico elevado a la categoría de permanente conducta nacional… ES PECADO.


Revista Cabildo – 2° Epoca – Año IV – N°32 - 2 de abril de 1980

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