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martes, 17 de diciembre de 2019

Decíamos ayer - Antonio Caponnetto


DECÍAMOS AYER

“La democracia es la purulenta secreción de las almas rencorosas”
José Ortega y Gasset


Por Antonio Caponnetto

En marzo de 2005, desde el nº 44 de Cabildo, dedicábamos la tapa y el Editorial a protestar contra  Ginés González García.

No hay adjetivo suficiente para insultarlo. Es un caso extraño de animal poliónimo, al que múltiples designaciones aberrantes le caben. Y es a la par un sujeto raramente inefable. Porque la inefabilidad no se debe en este caso a su excelsitud sino a su repugnancia, ante la cual se resiste la lengua a acometer su oficio. Designarlo es degradar al habla.

Lo llamábamos pues con una sigla: G.G.G. Como se pueden identificar los bacilos, las bacterias, los forúnculos o los ántrax.

Una foto que tomose orondo la espiroqueta siendo Ministro K, lo describe sin atenuantes. Rodeado de condones humanos, hecho uno más entre ellos, y cada uno de la ronda con el adminículo en la mano repartiéndolo en la vía pública. Fue una de sus medidas emblemáticas como encargado de la salud durante el gobierno del tuerto y de la jaca. 

Las antañonas figuras regias, o simplemente decentes, gustaban dejarle a la posteridad su porte señorial tras su heráldica. G.G.G nos deja un autorretrato a su medida. Destino y porte de funda, goma, vaina o cambucho. Dicho lo cual sin ofender al látex.

No sostendré que estábamos en soledad cuando acometimos contra esta purulenta secreción, hace casi quince años. Porque luchadores de causas justas tuvo siempre la patria. ¡Vaya si pioneros hubo en esta cruzada por los altares y los hogares! Pero los que después y hasta hoy hicieron carrera en el “Providismo Democrático”, entonces ni se daban por enterados de tamaña lacra, y encima nos tildaban de exagerados. Éramos los nacionalistas,eternos fiscales, dados al tremendismo y a las tesis conspirativa.

Me hace gracia ahora que se pida su renuncia. ¿A quién? ¿Al que lo nombró y tiene por eso más culpa que él? ¿Con qué motivo? ¿Acaso no está ungido por el poder del demos, al que apostó casi sin excepciones el “Celestismo” vernáculo, convalidando la perversión democrática en su conjunto? ¿Invocando alguna ley positiva todavía vigente? ¿Cuál es el problema de incumplirla o de sustituirla por otra, si la volubilidad legiferante está en la naturaleza misma del iuspositivismo? ¿Que pasó por encima de la Constitución y del Congreso? Risum Teneatis Amici, recordaría Horacio. ¿En serio creen o creyeron que la sesión senatorial del 8 de agosto de 2018 era el Undécimo Mandamiento, o como dijo un orate, la victoria final contra el Anticristo?

Pedir democracia pero sin aborto ni aborteros, es como pedir un albañal sin ratas. Ahí tienen el fruto de la democracia de la cual participaron gozosos. Pasen y vean, señores. El circo asesino hace rato que se puso en marcha. Va un estribillo de regalo para las masas destituyentes:  Mauricio/Ginés/una sola hez.

Nosotros somos más realistas. Nos importa un belín si renuncia o ejerce su mandato. Porque no es él –simple marioneta del Nuevo Orden Mundial- sino el sistema que lo prohija el que es homicida desde el principio, por su naturaleza demoníaca. Lo que hay que hacer es pasar a la resistencia de hecho. Salvar todas las vidas que se puedan, como hacían los viejos Caballeros Mercedarios Redentores de Cautivos. Caso por caso, uno a uno, con vigilancia, tenacidad y paciencia. Pidiéndole a Dios la gracia de no desfallecer en el intento. Como hacen muchos médicos, enfermeras, curas, abogados o simples laicos comprometidos con la vida creatural en tanto don del Señor. Y por amor a Jesucristo.

Es conocida la frase de San Pablo, en la Primera Carta a los Corintios, en la que extremando la humildad se tiene a sí mismo como un aborto (esa palabra usa), por haber perseguido a los cristianos. Hasta que la gracia de Dios le permitió enmendarse.

G.G.G, desgraciado persecutor de inocentes, no pasará a la Historia –porque ella recibe a las personas dignas del tiempo y del espacio humanos- pero el día que un nuevo Homero escriba la Batracomiomaquía vernácula, su sigla asesina designará indistintamente a un ratón o a una rana disputando una batalla vil.

Entonces G.G.G, te acordarás de San Pablo. Con la diferencia de que sólo podrás decir que has sido un aborto.



Nacionalismo Católico San Juan Bautista


sábado, 10 de noviembre de 2018

ESI: Nuevos Aportes – Antonio Caponnetto



VUELVA COMO SE FUE
Por ANTONIO CAPONNETTO



     Cuando lo conocí a “Marquitos” yo era muy joven (sólo ahora me doy cuenta), y él ya era un personaje plenamente instalado en el mundo del Nacionalismo Católico. Era dos cosas el susodicho, si de abreviar se trata. Un hombre de cuidado, por su temeridad proverbial; y uno de esos varones en los cuales la anécdota suple a la biografía. Porque hay casos en los cuales las leyendas oralmente transmitidas desdeñan a sabiendas cualquier noticia escrita que pudieran aportar los documentos.



 Sin un tercer dato, la etopeya de Marquitos –que sólo en diminutivo se nos permitía llamarlo- quedaría irremisiblemente incompleta. El hombre era “tomista” de estricta observancia; y aunque no parecía ni lector ni amigo de Borges, es casi seguro que a él le sopló al oído aquel fragmento de su Soneto al vino, que así dice: “El vino fluye rojo a lo largo de las generaciones, como el río del tiempo; y en el arduo camino nos prodiga su música, su fuego y sus leones”. Sobre todo en este caso, los dos últimos atributos.


Marquitos era Marcos Gigena Ibarguren. Patronímicos y gentilicios competían en su nombre por darle lustre legítimamente patricio. Por eso mismo no necesitaba hacer ostentación alguna. Era una heráldica viva.


En una de sus tertulias etílicas -que eran todas-, Don Marcos contó este episodio que –clarete más o tinto menos- decía lo siguiente. Cuando tenía trece años –y tuvo que haber sido comenzando la década del cuarenta del siglo XX- su padre le obsequió dos entradas para ir, junto con su hermanita, a ver una película en “la matiné”; esto era entonces, recién pasado el mediodía. El riesgo físico o moral que tal paseo podría significar en el Buenos Aires antañón de otrora, resultaba menor, para que se entienda el contexto, al peligro que pudiera correr hoy Leónidas pertrechado con sus Trescientos, si saliera a comprarse una confitura a la vuelta de su casa.


Sucedió entonces que, el padre de nuestro protagonista, tras haberle asignado la ropa adecuada que debería ponerse y colocado algún peso en las faltriqueras, lo toma con sobreactuada fuerza de las solapas. Duele. Tanto que lo obliga a erguirse en puntas de pie para amortiguar el forzado izamiento. Y al soltarlo, acomodándole paternalmente el saco, tras una bofetada seca, de lado a lado, lo mira tan fijo como penetrante para decirle con tono intimidatorio: “¡Vuelva como se fue, y cuide a su hermana!”.


El cuento no pasaría de su cauce costumbrista, si quien lo contaba no nos hubiera extraído explícitamente la moraleja. Decía Marquitos al terminar el relato, riéndose a dos carrillos: “¡Fue la única clase de educación sexual que recibí en mi vida!”. Y aunque de averías el narrador, no podía evitar un leve sonrojo al pronunciar el horrísono nombre de la materia mentada.


¿Cuáles fueron los contenidos de esa clase hogareña, que han de tener hoy por salvaje, bárbara y cruel los cultores de la degeneración cultural imperante? ¿Cuál fue el estilo con que se impartió en tan solo un instante y que resultó indeleble para el destinatario?


Pues esa lección –lo supiese o no el paterno docente- estaba claramente inspirada en los progymnasmatas de la antigua Grecia. Esto es, en aquellos ejercicios retóricos, a través de los cuales los jóvenes se adentraban en el arte de definir, discursear verdades, defender los bienes, comprender lo real y descifrar las alegorías. Catorce tipos de progymnasmatas llegó a catalogar Hermógenes de Tarso, y entre ellos campeaban el proverbio, la confirmación y la acusación.


-“Escuche hijo mío esta sentencia que le indico. Dele credibilidad, pues pruebas sobran. Apostrofe a los falsarios; vuélvase apologeta de la verdad. Y sello esta Praeexercitamina –es decir este ejercicio preparatorio- con el rigor de mis manos sobre su gorguera porque no soy el gramático Prisciano sino su padre. Aguante sin flojeras esta severa imposición de puños y hágase gaucho, que es más que hombre, como enseñó Don Segundo Sombra “.


Así podríamos descifrar el cómo de esa “única clase” que, para su gloria, recibió Marquitos.


El qué es todavía más relevante y significativo. Y tiene dos momentos complementarios.


“Cuide a su hermana” es una proposición universal, de inequívoco sello caballeresco. La hermana es la niña, la dama, la mujer, a la que se ha de tratar con toda pureza, según enseña San Pablo en la Primera Carta a Timoteo (5,1). Es la que vive junto a nosotros, “paralela en el tiempo de la flor y la fruta”, al buen decir de Marechal. Es la chiquilla de la que un día nos enteramos que “entró la luna en su aposento”, y que tal misterio es posible porque en su alma y en su cuerpo “están abiertos los balcones para aspirar el aire puro”.


Custodiar a la hermana es un tópico que se repite en toda la historia. Como a la madre o a la huérfana o la viuda –y acaso a la patria- carga el varón justo con el deber de velar por estas femineidades arquetípicas, que coronan después en la manifestación esponsalicia. Mucho más arduo aún el desvelo si esa femineidad está en agraz; si “cantado es su verdor, y la niña entre alabanzas amanece”.


El recado primero que le dejó encargado a Marquitos su severo padre, no era sólo singular y específico: vele por su hermana de sangre, patio y cuna. Vele por el fruto de su misma madre, ahora que traspone el umbral de la casa en que jugaron juntos. Se le pedía más. Por eso el afectuoso gesto punitivo, la voz tonante y el cuello recibiendo la presión de las manos: ¡sea un caballero!


Al fin de cuentas, gracias a la pedagogía de Don Quijote, Sancho terminó llamando a su esposa Teresa, hermana mía. Como llamó a la mozuela aquella –en aquel su primer pleito como gobernador de Barataria- reconviniéndole fraternalmente que cuidara su cuerpo y su honra más que a su bolsa. Era este mote fraterno, traslaticiamente usado, el eco lejano que llegaba a las costumbres cristianas, de aquella voz inspirada del Líbano que, en el Cantar de los Cantares, al modo de una anáfora, insiste en llamar a su esposa: amada mía, hermana mía, ven.


El segundo momento de la lección paterna dada a Marquitos era genuinamente tomista, sin ironías ni juegos de palabras.  El eterno binomio del exitus-reditus (emanación-retorno), con que el buen Aquinate explica la Historia o aplica a la comprensión de la Trinidad. En muchos pasajes de su obra aparece –no sin antecedentes, claro, en ciertas fuentes antiguas- aunque nos viene ahora a la cabeza el Comentario a las Sentencias: exitus a principio et reditus in finem.


Don Marcos cumplía trece años y emprendía su exitus. Su tránsito de la infancia hacia la región jocosa y doliente, áspera y divertida, pero dificilísima siempre, de la adolescencia humana.

Como el del eterno femenino tutelado por el caballero, el tema del viaje es otro tópico, que el buen retor sabía usar en sus ejercicios. La literatura abunda en ejemplos, y nos quedaríamos cortos citando a Homero, a Virgilio, a Dante, a Chesterton, Saint Exupery o Tolkien. O los Relatos de un peregrino ruso, dictados tal vez desde los hondones mismos del Monte Athos.


El viajero cristiano, en un sentido, tiene que volver como se fue: fiel a sus raíces, leal a su cepa, pío ante sus antepasados y devoto frente a sus lares. Y en otro sentido debe volver distinto y mejor, si ha viajado bien y con aplomo. Debe tornar pulido, acerado, ascético, purificado en la travesía, limpio de andares exigentes y templado a  fuerza de tantos  itinerarios escarpados. Cada quien tiene su propio camino de Santiago, aunque no se haga en la geografía sino en el espíritu.


No sabemos si este cuento de Marquitos es verídico, o fruto de un magín bañado en Chivas Regal. Para el caso dá lo mismo, porque las consecuencias que de él se derivan son invariables y confortadoras.


Por eso, cuando vemos que hoy se empapelan impúdicamente las calles de la ciudad, las escuelas, las plazas y hasta ciertas parroquias, con cartelones degradantes e infames, en los que el gobierno les dice  a los chicos de trece años -¡justo a esa edad!- que están autorizados legalmente a pecar, a contraconcebir, llegado el caso a abortar, a traicionar su naturaleza y al Autor de la misma que es Dios.


Cuando vemos el frenesí demoníaco puesto por los políticos para que nuestros jovencitos pierdan cuanto antes, ya no la virginidad sino el sentido mismo del Orden Natural, nos asaltan las ganas de ir casa por casa a repetir la didáctica del bofetón preventivo y del doble grito de guerra: Varón, cuide a su hermana y vuelva como se fue. Merecedor de ser llamado caballero.  Mujer: preserve su honra y exíjasela al hombre que va a su lado. Adolescentes de trece años, desoíd las convocatorias verracas de los poderes mundiales, enarbolando el alegre orgullo de proclamarse castos.


Si los hombres y las mujeres vuelven como se fueron y mejor que como se fueron. Si la casa es umbral y pórtico, pero a la vez malecón, muelle, vaguada y puerto de anclaje seguro. Si queda todavía un revés paternal dado a tiempo, y una madraza ejemplar mitigando durezas; entonces habrá esperanzas.  Será la tarde y la mañana del Sexto Día. Después será el sosiego de Dios y la salvación de las creaturas.




Nacionalismo Católico San Juan Bautista






sábado, 3 de noviembre de 2018

Guerra contra los niños (Family Watch International)



El plan de educación sexual integral

La perversión sexual infantil en la agenda globalista de los organismos internacionales.












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jueves, 21 de febrero de 2013

Margaret Sanger, Planned Parenthood y ONU - Por Augusto TorchSon


Desenmascarando el nuevo orden mundial

  Para entender un poco la política antinatalista y eugenésica en general de la ONU y los dueños del mundo es importante conocer la historia de Margaret Sanger y su nefasta creación: International Planned Parenthood Federation.

  Hija de un matrimonio de once hijos de escasos recursos, creció sin formación religiosa por imposición paterna ya que este era comunista y prohibió a su católica esposa el realizar prácticas religiosas en su familia. Así creció llena de resentimiento por la pobreza en que vivía.

  Se casó con William Sanger, anarquista con quién tuvo tres hijos a quienes abandonó por sentirse aburrida de la vida matrimonial. Empezó a militar en el feminismo y como promotora del amor libre tuvo varios amantes de ambos sexos y por tal motivo se instruyó con prostitutas en métodos anticonceptivos. Así  empezó a militar por la liberación de la mujer en cuestiones sexuales e introdujo la frase “sin dioses, sin amos” que hoy tanto vemos en las pintadas de las abortistas marxistas de Pan y Rosas.

  Así empezó a relacionarse con famosos eugenistas y a elaborar planes para que la procreación sea un derecho de los más fuertes, restringiéndosela a quienes ella consideraba que eran menos aptos.

  En una entrevista que se puede ver en youtube, en su vejez ella señala que no considera a la infidelidad un pecado sino que lo que realmente es pecado es traer hijos enfermos al mundo, o hijos de delincuentes o con enfermedades que nacen marcadas y no pueden llegar a considerarse “seres humanos”.

  Al convertirse en abanderada por la lucha por el control de la natalidad y la liberación sexual fue captada por la Fundación Rockefeller quien financió la creación del International Planned Parenthood Federation con el objeto de realizar abortos y estudios para crear métodos anticonceptivos.

  Estos estudios y pruebas se realizaron usando como conejillos de india a personas pobres de países subdesarrollados como Panamá donde murieron miles de mujeres por las investigaciones que se hicieron para lograr conseguir la píldora anticonceptiva. 

  Margaret tenía especial aversión por las personas de raza negra a quienes consideraba seres inferiores y como estrategia para limitar su procreación conquistó a líderes de esas comunidades especialmente a religiosos a quienes convenció que el reducir la cantidad de hijos de sus comunidades les permitiría tener una vida más prospera y plena y así las primeras clínicas de Planned Parenthood se instalaron en Harlem,  y empezó con lo que se denominó el “Negro Project” que era un plan de exterminio para los afroamericanos. Un dato interesante es que en la actualidad esta comunidad representa en EEUU un 12% de la población, sin embrago realizan el 35% de los abortos de ese país.

  Si buscamos información sobre ella en las páginas feministas o en el mismo Planned Parenthood a pesar de mostrarla como una heroína de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, no niegan, estas informaciones antes mencionadas sino más bien las revisten de carácter humanitario y altruista como hacen hoy todos los medios de comunicación, oficialistas y opositores, que utilizan toda clase de eufemismos para promover estos crímenes. Inclusive se hizo una película donde una bella actriz, que no representa para nada su fealdad física y espiritual, la muestra como una gran e incansable luchadora por los derechos de la mujer.

  Su odio profundo hacia las personas pobres o de otras razas, se mantuvo hasta el día de su muerte. Su vejez no solo no atenuó esta actitud sino que por el contrario la radicalizó.

  La creación de esta mujer es hoy una herramienta esencial en la guerra contra la población que lleva la ONU adelante a través del UNFPA (Fondo para las naciones unidas) quien financia y promueve las clínicas en todo el mundo de Planned Parenthood y elabora planes de “derechos sexuales y reproductivos” hasta en niños de 10 años, a quienes dicen que los padres debemos respetar en su sexualidad sin coartarles sus derechos al placer.

  Aportaron mucho dinero para la campaña del títere Obama a quienes las comunidades religiosas de afroamericanos consideran como el mayor traidor a su raza y a Dios que estuvo en la historia de los gobiernos de EEUU.

  Esta batalla la van a ganar, pero en su guerra contra Dios, donde lo que está en juego no es ninguna conquista humana sino sus propias almas, ya perdieron.  

  Si queremos oponernos a la opresión del gobierno mundial, tenemos que trabajar para que Cristo Reine, y saber que lo que nos salvará no van a ser victorias humanas sino el haber luchado el buen combate. Si no dejamos la tibieza de nuestra confortable existencia que nos ata con la más fuerte de las cadenas y salimos a decir la verdad, podremos vivir muchos y apacibles años, pero al presentarnos ante nuestro Creador nos encontraremos con las manos vacías. El más atroz de los crímenes de esta época es el aborto y muchos de quienes se dicen pro-vida apoyan el uso de contraceptivos (que tienen siempre efectos abortivos) y de todas las perversiones que se muestren de forma sentimental para captar la sensiblería barata en vez de la verdad.  Verdad que no está representada por Cristo.

  A pesar de considerarnos fundamentalistas y anacrónicos, quienes defienden actuales concepciones de libertad (sin ningún tipo de limites) nunca tienen argumentos más que el ser modernos.

  Esperando continuar con fidelidad a Dios y su Iglesia espero que podamos resistirnos a la tentación del liberalismo y modernidad que más que libres, hace al hombre esclavo de sus pasiones y pasividad, quitándole el sentido de la iniciativa, la audacia, aventura y heroísmo, reemplazándolo por la comodidad.

Trabajando para que Cristo Reine

Augusto TorchSon


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