San Juan Bautista

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martes, 15 de octubre de 2013

domingo, 13 de octubre de 2013

Francisco y la defensa de los enemigos de la Iglesia

  Haciendo la introducción a esta publicación, pido a mis lectores dedicar unos minutos al capítulo del libro de Jaques Zoilo Scyzoryk (ver también), valiente escritor de origen judío que denunció la perversa Plutrocracia Sionista y sus planes, situación que le costó terribles persecuciones.

  Adquiere gran relevancia la denuncia de Scyzoryk sobre la técnica de “acercamiento fraternal judeo-cristiano” que propone la judería como herramienta de dominación y perversión del Catolicismo. Ante las declaraciones de Francisco de: “¡Que el antisemitismo sea desterrado del corazón de todo hombre y de toda mujer!”(Aquí), nos vemos obligados a decir que esa frase sin considerar lo que es antisemitismo está usada en el sentido de sus amigos sionistas, los masones de la B’nai B’rith y su Liga Antidifamatoria, para victimizarse y oprimir y dominar al mundo entero.



  Una información que pasó casi desapercibida pero de vital importancia para entender cómo actúa Bergoglio, nos la trae el Sionista Diario “La Nación” del 29/09/2013, donde lo muestra  concelebrando, una vez más, festejos judíos, está vez en el mismísimo Vaticano con el rabino sionista Skorka. Recordamos que anteriormente lo hizo festejando Januka.



  Repetimos lo dicho por Pio XI en su encíclica “Mortalium Animos”: “respecto al falso ecumenismo: “…Con este objeto se organizan congresos, reuniones y conferencias, …  y donde, sin distinción, se invita a la discusión a toda clase de infieles, así como de cristianos, y hasta de aquéllos que tristemente rechazaron a Cristo o, con obstinada pertinacia, niegan la divinidad de su Persona o misión. Tales tentativas no pueden recibir aprobación alguna entre los católicos, pues están fundadas en la falsa opinión de que todas las religiones son más o menos buenas y dignas de alabanza, en cuanto todas dan expresión, bajo diversas formas, a aquel sentimiento innato que lleva a los hombres a Dios y a la obediente admisión de su imperio... favorecer esta opinión, por tanto, y alentar tales empresas, equivale a abandonar la religión revelada por Dios”.

  Quien ponga en duda el carácter de sionista del amigo rabino Skorka de Bergoglio, recomendamos ver con atención el video (aquí) en donde se lo congratula con doctorado Honoris Causa en la una universidad católica, y éste no solo resalta su carácter sionista, sino que además ofende a la Iglesia y niega expresamente a Cristo.

  A los días de asumir Francisco, parafraseó a León Bloy diciendo: “Quien no reza al Señor, reza al diablo”. Si le pidiéramos coherencia le exigiríamos que entonces diga que los judíos le rezan al diablo, ya que no le rezan a Nuestro Señor Jesucristo, pero sabemos que lamentablemente, una de las técnicas preferidas de Bergoglio es nada menos que "el doble discurso".

Augusto Torchson



Aquí el artículo:


LA SINARQUÍA SIONISTA JUDAIZA AL CLERO CRISTIANO - Jaques Z. Szyzoryk

“…Los judíos para poder seguir cómodamente realizando su actividad subversiva, necesitan que nadie los ataque, evitando así perder en su propia defensa las energías y recursos económicos que requieren para la acción revolucionaria, tendiente a esclavizar al mundo. Por ellos se han ingeniado en buscar medios que les permitan impedir que los cristianos, en defensa propia, puedan atacarlos, habiendo urdido toda esa “tramoya” del acercamiento y amistar de judíos-cristianos…”
Maurice Pinay – Complot Contra la Iglesia, pag. 788

  La sinarquía Judeo-Sionista, para completar los Planes Conspiratorios trazados por los sionistas en la Conferencia de Basilea (1897), en lo que se relaciona con el “Plan Andinia” o “Argentina Judía”, el poder sinárquico oculto que opera en nuestro país bajo el rótulo de “D.A.I.A.” (Delegación de Asociaciones Israelitas), se ha ingeniado en organizar tertulias con los sacerdotes católicos y con los pastores evangélicos, para captarse su simpatía de esos dignatarios eclesiásticos.

  No cabe duda que esos APOSTATAS de la Religión Mosaica (Judíos talmúdicos), son muy geniales para embaucar, y logran ganar a los cristianos para su causa Anti-Cristiana.

  Nuestro gran amigo, el Rev. Padre Dr. Julio Meinvielle (Q.E.P.D.), estuvo muy acertado con sus sabios conceptos que ha dejado escrito para la posteridad, en su magistral obra “EL JUDÍO EN EL MISTERIO DE LA HISTORIA” página 92: “… Las gentes, el público, se han judaizado; los ricos con el liberalismo, los pobres con el socialismo. Todos piensan, odian, aman y danzan a lo judaico. Todos se sienten libres, es cierto. Libres para ser manejados por el astuto poder de los Hijos de Israel. Todos libres, pero ninguno piensa sino por el cerebro judaizado de su diario, de su libro, de su revista. Todos libres, pero ninguno odia ni ama sino a través de la artista o del actor judaizado del cine. Todos libres pero sus ideas políticas, económicas, religiosas, filosóficas han sido preparadas e impuestas por los judíos…  Hoy las cosas marchan muy avanzadas a favor de Israel…”

  Insistimos en sustentar estos sabios conceptos, por considerar que juegan un papel muy importante en la vida de relación ético, social y política del ser argentino frente a los peligrosos focos de desintegración y corrupción que los cipayos del sionismo sinárquico inyectan a la juventud cristiana a través del periodismo, de la radio y de la tele.

  Por el matutino sionista que se publica en Bs. As. “Die Idishe Zeitung” (Diario Israelíta) del 27/04/1973, nos infirmamos que dignatarios de la Iglesia Católica…, asistieron y celebraron solemnemente “El Seder” (la ceremonia de la Pascua Judía con los ritos de la Hagadá) conjuntamente con el Rabino Esteba Veghazi y los sionistas sinárquicos Jacobo Kovadloff, Abel Litvin y otros apóstatas conocidos de la D.A.I.A. atea y antiargentina.

  ¡Preguntaría a esos sacerdotes católicos que celebran solemne y “fraternalmente”, con los judeo-sionistas apóstatas y anticristianos, la ceremonia religiosa del “Seder” u otra liturgia Talmúdico-Cabalísticas!:
¿Hay en Argentina y en el mundo algún rabino talmudístico que accediera voluntariamente a celebrar junto a los sacerdotes católicos festividades y las liturgias de la Iglesia de Cristo? … ¿Acaso esos dignatarios eclesiásticos no saben que para los judeo-sionistas, eso es una parodia que pone en ridículo a los asistentes que no son circuncidados?... ¿Y por qué se prestan a esos actos teatrales?

  Maurice Pinay en su magistral obra “Complot contra la Iglesia”, pag. 469 escribe: “…Para el Judío Imperialista (Sionista), la amistad del cristiano o gentil y la fraternidad cristiano judía, no es más que un simple medio para obtener ventajas que faciliten la tarea del judaísmo, tendiente a aniquilar a sus enemigos y a conquistar los demás pueblos, mediante la destrucción de sus defensas internas; al fin de cuentas, si les conviene, acaban por traicionar también, en la forma más cruel, a los ingenuos que se entregan en sus brazos, o que inconscientemente les hacen el juego. ¡Pobre del que se deje engañar por los alardes de amistad y se dejaron envolver por tan experimentada diplomacia…”

  En mi condición de miembro de la Comunidad Mosaista, y como profundo conocedor del Judaísmo Cabalístico-Talmúdico, me atrevo a decir a los Dignatarios de la Iglesia de Cristo, que ningún rabino, bajo ninguna condición aceptaría a compartir, con un sacerdote católico o protestante, una Misa o una Ceremonia en una Iglesia Cristiana. Por cuanto el Talmud, que es el Código Religioso por el que se rigen los Rabinos judíos, DETESTA A JESÚS, a sus apóstoles, a su Iglesia y a las prácticas religiosas cristianas, e inclusive a los cristianos que con desprecio llama “GOIM”…

   El autor anteriormente citado, en su obra “Complot contra la Iglesia”, página 786 advierte: “Se sabe de buena fuente judaica, que lo que se pretende con ese estatuto que norme las relaciones entre cristianos y judíos, planeado en las siniestras sinagogas y en los Altos Círculos Masónicos para ser planeado en el actual Concilio Ecuménico por los Agentes del Judaísmo en el seno del Alto Clero, no es otra cosa , que al obligarse judíos y cristianos a no atacarse mutuamente, quedan atados de pies y manos los católicos para defender la Iglesia al Mundo Libre, a sus Naciones, o a sus Cristianas Familias, de la ACCIÓN DESTRUCTORA DEL JUDAÍSMO, quien en cambio, aunque aparente no atacar directamente a la Iglesia y a los católicos, lo hará con su clásico sistema de tirar la piedra y esconder la mano, utilizando para ello a la Masonería, al Comunismo y a otras sectas subversivas que usa a tal objeto…”

  Por las enseñanzas del Talmud, sabemos que el Nazareno y sus Enseñanzas Evangélicas son repudiadas por los apóstatas Judeo-Sionistas y sus rabinos. A los judíos, su religión les veda la entrada en la Iglesia Cristiana y a asistir a misa. Pero el “pecado” más grave para un judío, es casarse con una mujer cristiana. Es decir, los judíos NO PUEDEN INTEGRARSE en las comunidades gentiles. El judío que por conversión acepta el Cristianismo, queda “excomulgado” de su grey para siempre.

  En el “paraíso de los sionistas”, en el Estado de Israel a los conversos y a los cristianos se les niega el Derecho de Ciudadanía Israelí… pero los judeo-sionistas,  en los estados cristianos, exigen la Igualdad de derechos sin responder con la igualdad de deberes, pues en todas partes del mundo, los sionistas son “Patriotas” para el Estado de Israel y contribuyen pecuniariamente con ese Estado que ni siquiera lo conocen por el mapa…

  Esa comunidad desintegracionista, anticrisiana y APATRIDA, quiere embaucar a los Católicos con el cuento de “Acercamientos fraternales” y hacerlos compartir en Actos Liturgicos, que hipócritamente convierten en una parodia teatral, ultrajando con ello la investidura de ciertos Dignatarios de la Iglesia de Cristo.

  Esas tertulias de tipo institucional y religioso, ejecutadas hábilmente por los Sionistas Ateos, es otra de las tantas falacias de esos “geniales” conductores  del “Pueblo elegido” se valen para ganar “amigos” cristianos para someterlos después bajo su hegemonía colonialista y convertirlos en esclavos de la Plutocracia Judía y de Satanás.

El rvdo. Padre Julio Meinvielle, en su magistral obra “El Judío en el Misterio de la Historia” páginas 133/34, escribe: “La mentira es la gran arma del diablo y de los judíos sus hijos. Por eso el diablo está figurado en la serpiente, y los judíos también adoptan la figura de la serpiente como símbolo cabalística.

  De aquí que el método propio del judaísmo en su lucha contra los pueblos cristianos sean las insidias.

  Mata a los pueblos cristianos bajo la apariencia de que los salva. Los esclaviza con el pretexto de la libertad. Los odia con el pretexto de la fraternidad. Los domina con el pretexto de la igualdad. Los tiraniza con el pretexto de la democracia. Los roba con el pretexto del crédito. Los envenena con el pretexto de la ilustración.

  Por otra parte, mintiendo siempre con maravillosa habilidad, inculpa a los verdaderos salvadores de ser los enemigos de los pueblos. Y así Cristo, la Iglesia, el sacerdocio, los gobernantes cristianos, son presentados a los pueblos como viles embaucadores…”

  Esto, para nosotros los que conocemos todos los “trucos” de que se valía el Sionismo para la usurpación de la Tierra Santa y proclamar su “Estado de Israel”, no nos llamamos a engaño para dejarnos seducir mansamente y someternos a la servidumbre de su “Becerro de Oro”.

  La ocupación de la Palestina Árabe, las Guerras anexionistas de 1956 y de 1967, son el mejor testimonio de que el sionismo tiende a convertirse en un Poder Mundial para poder aún mejor expoliar a los Pueblos Cristianos, a los GOIM. Esa “confraternidad” que los sionistas aparentan practica, es un ardid para encubrir los crímenes que la Plutocracia Judía está cometiendo contra los árabes del Medio Oriente, contra los Vietnamitas,  contra los Camboyanos y contra todos los pueblos que luchan por liberarse de ese gigantesco Pulpo que expolia despiadadamente a los pueblos mansos que en todas la épocas les han brindado acogida.

  El Rev. P. Julio Meinvielle, profundo conocedor del drama que vive el Mundo de hoy, en su genial obra “El Judío en el Misterio de la Historia” escribe: “Creo que sin vocación de profeta es fácil prever que la humanidad ha de caer bañada en una ola general de sangre purificadora… sangre de los cismáticos rusos para expiar sus doce siglos de apostasía de Cristo, que está allí donde está Pedro; sangre de los herejes protestantes para lavar las felonías de cuatro siglos de maquinaciones anticristianas; sangre de los pueblos católicos que como viles rameras se han prostituido vergonzosamente, y ¡que espléndido instrumento el judío en la mano de Dios para ser el verdugo de estos pueblos que trocaron la grandeza de la Cruz por la grandeza de Babel!... ¡Ah, pero también puede Dios suscitar un nuevo Atila (si no lo suscitó ya) que a los judíos y a descristianizados los oprima como a la uva en el lagar!...

  Todos tienen que ser purificados… ¿Y después? Después surgirán hombres de santidad, judíos y cristianos, varones llenos de cristianismo auténtico, de aquella fe y de aquella caridad cristiana que estaban llenos los apóstoles y los mártires… No será posible el cristianismo falso y mentiroso de un siglo hipócrita; solo después de la purificación se podrá efectuar la reconciliación de judíos y cristianos, de Esaú y Jacob”.

  Al Pulpo Colonialista Judeo Sinárquico, el que diariamente bombardea ciudades abiertas en Viet-Cong, Camboya y en el Líbano, masacrando millares de niños, mujeres y ancianos inocentes, ese Pulpo Sinaárquico Judeo-Sionista que mata a mansalva negros africanos para despojarlos de sus tierras y de sus riquezas, esos filibusteros que financian y reclutan matones a sueldo para asesinar a nuestros mejores Patriotas, no tienen derecho alguno de hablar de la “Confraternidad Judeo-Cristiana”.

  A esos judeo-sionistas, tampoco les asiste derecho alguno de usar esa Dialéctica, pues son ellos y únicamente ellos, los sionistas, los que fomentan el racismo y los que fabrican las Guerras Fratricidas entre los Pueblos.

  Los Judeo-Sionistas, es decir, la Plutocracia Judía, es la que no puede tolerar la Confraternidad entre la familia Humana. Un Mundo de Paz y una Humanidad Confraternizada, es un mal negocio para ese Pulpo Imperialista que se enriquece a costa de la destrucción de los Pueblos Cristianos, y por ende, habiendo “Confraternidad Judeo-Cristiana”, sus Corporaciones Financieras de Créditos Usurarios, no pueden enriquecerse, y hacer fabulosas fortunas con la “Industria de la Muerte” y los Bancos Judíos... tendrían que cerrar sus puertas.

 Jaques Zoilo Scyzoryk “Argentina sometida al Imperio Sionista y su planes” 1976 - Pags.171/177




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viernes, 11 de octubre de 2013

EL DEBER SER DE LA OBEDIENCIA - Por el P. Leonardo Castellani

  La obediencia es una gran virtud cristiana. Cristo murió por obediencia, dice San Pablo, “hecho obediente hasta la muerte; y muerte de cruz”. La desobediencia es hija de la soberbia, y como ella, es la raíz de la perdición; porque en definitiva, todo pecado es una desobediencia.


  Pero la obediencia no es el Mandato Máximo y Mejor del Cristianismo, sino la Caridad. La obediencia es una virtud moral, pertenece al grupo de la Religión, que es la primera de las virtudes morales: no es una virtud teologal. Digo esto, porque hay una tendencia en nuestros días a falsear la virtud de la obediencia, como si fuera la primera de todas y el resumen de todas. “Usted no tiene más que obedecer y está salvo. La obediencia trae consigo todas las otras virtudes. El que obedece está siempre seguro. “El que a vosotros oye, a Mí me oye”, dijo Cristo*

*Este texto: “El que a vosotros oye, a Mí me oye; el que a vosotros desprecia, a Mí despreciar está aquí muy mal traído; y de hecho lo hemos oído varias voces interpretar viciosamente. En su contexto y en la intención de Cristo, no se refiere a la obediencia, sino a la fe: lo dijo Cristo cuando mandó a los Setenta Discípulos a predicar, no se lo dijo a San Pedro cuando constituyó la Iglesia como sociedad visible. Véase Lucas, X, 16: “El que a vosotros desprecia, a Mí desprecia; y el que a Mí desprecia, desprecia Al que me envió.” Es paralelo del texto de Juan, V, 24: “El que oye mi Palabra y la cree, tiene la vida eterna.

  En caso contrario, Cristo hubiese dicho: “El que a vosotros obedece, a Mí obedece”; lo cual –siendo verdad en un sentido– induciría sin embargo una conclusión desmesurada, a saber: que la Iglesia tiene potestad total en este mundo, incluso potestad directa en las cosas temporales, cosa que la Iglesia siempre ha negado; pues es evidente que a Cristo debemos obediencia en todo, incluso en el dominio temporal, político o civil: es Rey de Reyes y Señor de los Señores.

  La interpretación viciosa de ese texto autorizaría a los Jerarcas Eclesiásticos a elegir o deponer Reyes, hacer leyes civiles, y gobernar las naciones; error teológico denominado cesaropapismo o teocratismo… El que obedece no puede equivocarse porque hace la voluntad de Dios. Hay que matar el juicio propio. La obediencia es pura fe y pura caridad. El Papa es Cristo en la tierra, etcétera. Todo eso es menester entenderlo bien.

  Algunos representantes de Dios parecen a veces pretender sustituirse a Dios. “Lo que yo digo es para usted la voz de Dios, no se puede seguir nunca el propio juicio. La obediencia lo dispensa a usted de todo.” Eso ya no se puede entender bien, es engaño. Sería un grave y donoso error teológico equiparar la obediencia con las virtudes teologales. La obediencia, como todas las virtudes morales, tiene sus límites. No se puede amar demasiado a Dios, no se puede esperar ni creer demasiado; pero sí obedecer demasiado a un hombre.

  Los límites de la obediencia son la caridad y la prudencia. No se puede obedecer contra la caridad: en donde se ve pecado, aun el más mínimo, hay que detenerse, porque “el que despreciare uno de los preceptos estos mínimos, mínimo será llamado en el Reino de los Cielos”. Y no se puede obedecer una cosa absurda; porque “si un ciego guía a otro ciego, los dos se van al hoyo” .

  Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Esto dijeron los Apóstoles ante el Sinedrio, que los conminaba a cesar su predicación. Pedro, Santiago y Juan resistieron a las autoridades religiosas con esta palabra. ¿Adónde iríamos a parar? Conozco un cristiano que escribió esta palabra a una autoridad religiosa, y recibió esta respuesta: “¡Eso lo han dicho todos los herejes!”. ¿Qué me importa a mí? Eso prueba que está en la Sagrada Escritura; y que los herejes lo hayan malusado, no lo borra de la Escritura. En uno de esos “volantes anónimos” que hay ahora, se lee: “El Evangelio enseña que la primera virtud del cristiano es obedecer a la jerarquía.” Pueden leer todo el Evangelio y no encontrarán esa “enseñanza” de este teólogo improvisado. Al contrario, Jesucristo anda todo el tiempo aparentemente levantado contra las autoridades eclesiásticas, quiero decir, religiosas. Aparentemente, he dicho.

  Un ironista inglés ha dicho con gracia: “Los que conocen el punto exacto en el cual hay que desobedecer, ésos son pocos y les va mal; pero son grandes bienhechores de la humanidad.” El punto exacto es cuando los mandatos de los hombres interfieren con los mandatos divinos, cuando la autoridad humana se desconecta de la autoridad de Dios, de la cual dimana. En ese caso hay que “acatar y no obedecer”, como dice Alfonso el Sabio en Las Partidas: es decir, reconocer la autoridad, hacerle una gran reverencia; pero no hacer lo que está mal mandado; lo cual sería incluso hacerle un menguado favor. Si esto que digo no fuese verdad, no habría habido mártires.

P. LEONARDO CASTELLANI – “El Evangelio de Jesucristo” Ed. Dictio 1977. Pags.368 a 370.



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miércoles, 9 de octubre de 2013

Reconocer los tiempos del Anticristo – Por Federico Mihura Seeber

  Mi inquietud, mi preocupación casi exclusiva – mi “obsesión” por los “temas apocalípticos” me ha sido criticada por algunos, extraños y allegados. No me tomo el trabajo de justificarme frente a los que desprecian ocuparse de todo lo referido a la consumación de los tiempos, y que nadan en el nirvana de una despreocupación beatífica. Pero me parece muy atendible la objeción de quienes, quizás tan “parusíacos” o más que yo, rechazan, sin embargo, mi insistencia en destacar los caracteres negativos – aterradores, en realidad- del mundo en que vivimos. Tanto como a mí, a ellos también les parecen tremendamente negativos y preanuncio de acontecimientos “apocalípticos”. Solo me distancian de mi actitud por una cuestión de prioridades, o de “acento”. Piensan que estar tan atentos a los horrores del mundo actúa, acobardaría a los fieles receptivos de nuestra enseñanza. Que ello privaría sobre todo a los jóvenes, de la esperanza necesaria para vivir cristianamente…

  La atención preferencial a los aspectos negativos del mundo actual se justifica, a mi entender, por el hecho de que ellos son, precisamente el preanuncio y antesala de la Gloria a la que aspiramos. Su extrema negatividad realza la extrema positividad de Aquello que esperamos. Aviva en nosotros, la conciencia del Triunfo venidero, por oposición. Por Contraste.

  Ese efecto, por así decir, “dialéctico”, que la suma perversidad de nuestro mundo engendra en nosotros, no tendría lugar si no fuera porque sabemos que el desenlace es dialéctico.

  ¿Por qué lo sabemos? No por ningún cálculo de análisis político o histórico. Lo sabemos por la Fe. Lo sabemos porque nos ha sido revelado taxativamente:

  Cuando estas cosas comenzaren a suceder, cobrad ánimo y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra redención (Lc. XXI, 28)

  “Las cosas” que dice el texto no son, precisamente, fáciles y deleitosas. Son terriblemente duras y tenebrosas. Pero son preanuncio y antesala del Triunfo definitivo del Bien. “Se acerca vuestra redención”, dice. O sea que este triunfo es definitivo, permanente. Es eterno, no hay vuelta. Por tanto, si alguna vez la hubo, ahí se acaba la “dialéctica de la historia”.

  Pero en esta “dialéctica”, anterior al final, ¿de qué Bien y de qué Mal se trata? De Cristo y del Anticristo: el Bien histórico. Entonces, si esto es así, si esto es como Nuestro Señor nos lo anuncia, si el Mal llegado a su plenitud en el Anticristo, anuncia el triunfo definitivo de Cristo y de nuestra redención, entonces casi, casi, deberíamos querer que el Mal se intensificara."Politique du pire": cuanto peor, tanto mejor. Y decía, y lo vuelvo a decir ahora que a esto, que lo sabemos por la fe, debemos desearlo con la esperanza fundada en la fe. Porque Cristo nos lo ha ordenado, imperativamente: “Cuando veáis que todo esto sucede, levantad vuestras cabezas”. Debemos desearlo, en el supuesto –que creo que es vigente-, de que nada nos quede humanamente por hacer; porque de lo contrario, es claro, deberíamos intentar corregir el Mal. Esperemos, pues, confiados en la palabra de Cristo, que también dijo:

  Os he dicho estas cosas para que, cuando llegue la hora, os acordéis de ellas y de que Yo os la he dicho (Jn. XVI, 4)

  O sea, estaba escrito. Estaba escrito que estas cosas habían de suceder, y suceden. El Señor las tiene previstas, el Señor mantiene en sus manos las riendas. Y cuando al discípulo de Cristo no le queda nada más que hacer, sino padecer – como era el caso para aquellos a los que fue dicho, y como creo que es el caso para nosotros-, solo queda… mirar. Mirar para mantener la esperanza. “cuando veáis que todo esto sucede que todo esto sucede…”

 Y por eso digo yo, ahora, que hay que mirar al Anticristo. Mirarlo no por ningún masoquismo –ya está dicho- sino para ver como se cumple en él lo anunciado: la intensificación del Mal, que precede al triunfo definitivo de Cristo.

FEDERICO MIHURA SEEBER – “El Anticristo” Ed. Samizdat – Bs.As. 2012 Pags. 35-37.


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martes, 8 de octubre de 2013

Homilía sobre la Virgen de Lourdes -Por el Cardenal Ivan Dias

Homilía pronunciada en Lourdes el 8/12/2007 en la apertura, como legado pontificio, del año jubilar, 150 aniversario de las apariciones de Ntra. Señora

  Nos encontramos reunidos a los pies de la Virgen María para inaugurar el año jubilar como preparación para el 150 aniversario de sus apariciones en este bendito lugar. Os traigo un saludo muy cordial de Su Santidad el Papa Benedicto XVI, quien me ha encargado os exprese su amor y solicitud paternal, os asegure sus oraciones y os dé su bendición apostólica. Como peregrinos reunidos en el amor de Cristo, queremos recordar con gratitud y afecto las apariciones que tuvieron lugar aquí en 1858. Buscamos conjuntamente oír los latidos del corazón materno de nuestra querida Mamá celestial, recordar sus palabras y escuchar el mensaje que nos propone aún hoy.

  Conocemos bien la historia de estas apariciones. La Santísima Virgen bajó del cielo como una madre muy preocupada por sus hijos e hijas que vivían en el pecado, lejos de su Hijo Jesús. Apareció en la Gruta de Massabielle que entonces era una ciénaga donde pacían los cerdos, y es precisamente en ese lugar donde quiso hacer construir un santuario para mostrar que la gracia y la misericordia de Dios han de prevalecer sobre la miserable ciénaga de los pecados humanos. En el lugar próximo a las apariciones, la Virgen hizo brotar una fuente de agua abundante y pura, que los peregrinos beben y llevan al mundo entero con mucha devoción, significando así el deseo de nuestra afectuosa Madre de hacer extender su amor y el saludo de su Hijo hasta los confines de la tierra. En fin, desde esta bendita Gruta la Virgen María ha lanzado una apremiante llamada a todos a rezar y hacer penitencia para obtener la conversión de los pobres pecadores.

  Se nos puede preguntar: ¿qué significado puede tener hoy para nosotros el mensaje de Nuestra Señora de Lourdes? Deseo situar estas apariciones en el contexto más amplio de la lucha permanente y feroz existente entre las fuerzas del bien y del mal desde el comienzo de la historia de la humanidad, en el jardín del Paraíso, y que continuará hasta el fin de los tiempos. Las apariciones de Lourdes se hallan, en efecto, entre las primeras de la larga cadena de apariciones de la Virgen que se inició 28 años antes, en 1830, en la Rue du Bac, en París, con el anuncio de la decisiva entrada de la Virgen María en el corazón de las hostilidades entre Ella y el demonio, como está descrito en la Biblia, en los libros del Génesis y del Apocalipsis. La Medalla, llamada milagrosa, que la Virgen hizo grabar en esa circunstancia la representaba con los brazos abiertos de donde salían rayos luminosos, que significaban las gracias que distribuía al mundo entero. Sus pies se posaban sobre el globo terrestre y aplastaban la cabeza de la serpiente, el diablo, indicando la victoria que la Virgen lograba sobre el Maligno y sobre las fuerzas del mal. En torno a la imagen se leía la invocación: “Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti”. Es de notar que esta gran verdad de la Concepción Inmaculada de María haya sido afirmada aquí 24 años antes que el Papa Pío IX la definiera como dogma de fe (1854): cuatro años más tarde aquí en Lourdes, nuestra Señora quiso ella misma revelar a Bernadette que era la Inmaculada Concepción.

  Después de las apariciones de Lourdes, la Santísima Virgen no ha dejado de manifestar su viva preocupación materna por la suerte de la humanidad en sus diversas apariciones en el mundo entero. En todas partes, ha pedido oración y penitencia por la conversión de los pecadores, pues Ella preveía la ruina espiritual de algunos países, los sufrimientos que el Padre Santo tendría que padecer, el debilitamiento general de la fe cristiana, las dificultades de la Iglesia, el ascenso del Anticristo y sus tentativas para reemplazar a Dios en la vida de los hombres: tentativas que, a pesar de sus fulgurantes éxitos, estarían sin embargo destinadas a fracasar.

  Aquí, en Lourdes, como por todas partes en el mundo, la Virgen María está tejiendo una inmensa red de hijos e hijas espirituales para lanzar una fuerte ofensiva contra las fuerzas del Maligno, para encerrarlo y preparar así la victoria final de su divino Hijo, Jesucristo.

  La Virgen María nos invita hoy una vez más a formar parte de su legión de combate contra las fuerzas del mal. Como señal de nuestra participación en su ofensiva, pide entre otras cosas la conversión del corazón, una gran devoción a la Sagrada Eucaristía, la recitación diaria del Rosario, la oración incesante y sin hipocresía, la aceptación de los sufrimientos por la salvación del mundo. Esto podría parecer que son pequeñas cosas, pero son poderosas en las manos de Dios, para quien nada es imposible. Como el joven David que, con una pequeña piedra y una honda, abatió al gigante Goliat que fue a su encuentro armado con una espada, una lanza y una jabalina (cfr. 1 Sam 17,4-51), también nosotros, con las pequeñas cuentas de nuestro rosario, podremos hacer frente a los asaltos de nuestro temible adversario y vencerlo.

  La lucha entre Dios y su enemigo causa siempre estrago, hoy todavía más que en el tiempo de Bernadette, hace ciento cincuenta años. Porque el mundo se encuentra terriblemente sumergido en la ciénaga de un secularismo que quiere crear un mundo sin Dios; de un relativismo que sofoca los valores permanentes e inmutables del Evangelio; y de una indiferencia religiosa que sigue imperturbable frente al bien superior de las cosas que conciernen a Dios y a la Iglesia. Esta batalla causa innumerables víctimas en nuestras familias y entre los jóvenes. Algunos meses antes de que llegara a ser el Papa Juan Pablo II (9 de noviembre de 1976), el cardenal Karol Wojtyla decía: “Nos encontramos hoy ante el más grande combate que la humanidad haya nunca visto. No creo que la comunidad cristiana lo haya comprendido totalmente. Estamos hoy ante la lucha final entre la Iglesia y la Anti-Iglesia, entre el Evangelio y el Anti-Evangelio”. Una cosa es, no obstante, cierta: la victoria final pertenece a Dios y ello se verificará gracias a María, la Mujer del Génesis y del Apocalipsis, que combatirá a la cabeza del ejército de sus hijos e hijas contra las fuerzas enemigas de Satanás y aplastará la cabeza de la serpiente.

  En la Gruta de Massabielle la Virgen María nos ha enseñado que la verdadera felicidad se encontrará únicamente en el cielo: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro”, dijo a Bernadette. Y la vida de Bernadette lo ha ilustrado muy claramente: ella, que había tenido el privilegio de ver a la Santísima Virgen, fue profundamente marcada por la cruz de Jesús, fue consumida por la tuberculosis, y murió joven, a la edad de treinta y cinco años.

  En este Año jubilar, agradecemos al Señor por todas las gracias corporales y espirituales que ha querido otorgar a tantos centenares de millares de peregrinos en este lugar santo, y por la intercesión de Santa Bernardette, pedimos a la Santísima Virgen que nos fortalezca en el combate espiritual de cada día para que podamos vivir en plenitud nuestra fe cristiana, practicando las virtudes que distinguían a la Virgen María, FIAT, MAGNIFICAT y STABAT: es decir, una FE intrépida (FIAT), una ALEGRÍA sin medida (MAGNIFICAT), y una FIDELIDAD sin compromiso (STABAT).

“Oh María, Nuestra Señora de Lourdes,
bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pobres pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.”



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lunes, 7 de octubre de 2013

SANTA MISA DEL PADRE PIO – Por Karl Wagner

   Cada día, en invierno o en verano, el Padre Pío celebraba la Santa Misa a las cinco de la mañana. Desde la una, ya la gente se amontonaba a las puertas de la Iglesia, rezando y cantando en espera de que las puertas fueran abiertas. Yo tuve la oportunidad de presenciar esto en varias ocasiones. Para las cuatro de la mañana, una gran multitud se aglomeraba allí. Podía oírseles cantar y rezar en varios idiomas. Venían de lejos y no les importaba el sacrificio de levantarse tan temprano para poder estar cerca del altar del Padre Pió  A las cuatro y media se abrían las puertas para dar paso a los entusiastas peregrinos. El Padre Pió  también, se había preparado durante tres horas para celebrar la Santa Misa, como lo presencié varias veces. Al cuarto para las cinco entraba a la sacristía, tambaleándose y tropezando lleno de dolor. Por esa época experimentaba la agonía de Cristo en el Monte de los Olivos, día tras día, en una forma misteriosa. No conocía descanso. Muchos sacerdotes y altos dignatarios, hombres de todas las extracciones, le esperaban allí para hacerle sus peticiones. Él avanzaba unos cuantos pasos, se arrodillaba y rezaba. Algunos minutos más tarde se levantaba y fortalecido, caminaba hacia la mesa, revestía los ornamentos y se preparaba para renovar el sacrificio incruento de Cristo en el altar. Frecuentemente tenía lágrimas en sus ojos. Al preguntarle por qué, contestaba con voz trémula: “No soy digno de celebrar la Santa Misa. Soy el sacerdote más indigno”.

  A las cinco en punto caminaba hacia el altar, una ardua tarea a través de la impetuosa asamblea de sus fieles. Se podía ver claramente que cada paso, cada movimiento, le causaba profundo dolor. Celebraba la Misa en el altar principal, lo cual era una gran ventaja para los fieles que podían verle desde tres costados.

  Con gran compostura y devoción decía el introito. Era claro que las heridas le dolían debido al largo tiempo de pie. Algunas veces se llevaba la mano a la frente, como para aflorar la corona de espinas. Se acercaba entonces al altar, trataba de besarlo, pero un dolor inenarrable se lo impedía. Inmediatamente después entraba en éxtasis por primera vez.  Sufría y ofrecía reparación por los pecados que Dios colocaba ante sus ojos una y otra vez. Durante el Gloria y el Credo entraba ocasionalmente en éxtasis, y se tenía la impresión de que estaba presenciando todo cuanto decía. Todo cuanto el Padre Pío decía en oración se reflejaba en su aspecto, en su apariencia. Casi siempre era dolor; raras veces alegría. Cuando el sacristán acercaba el misal al lado del Evangelio, el Padre Pío pasaba al centro del altar, se inclinaba y entraba de nuevo en éxtasis. Entonces por primera vez, se podía ver y oír claramente llorar y gemir al Padre Pío  Tenía un pañuelo especial sobre el altar, llamado “paño de lágrimas”, con el cual enjugaba sus lágrimas. Recuperado del éxtasis, leía el Santo Evangelio con enorme devoción y amor. Durante el Ofertorio, al elevar la patena, entraba de nuevo en éxtasis. Frecuentemente hablaba en voz baja con alguien que no podíamos ver. Parecía colocar múltiples peticiones, que se habían escrito y entregado, en la patena, continuando así por un rato. Lo mismo ocurría durante la segunda parte del Ofertorio. Cuando el Padre Pío se volvía hacia los fieles en el Dominus Vobiscum, éstos podían ver claramente su mano, perforada y enrojecida. Su dolor aumentaba constantemente debido al largo tiempo en pie. Después del Sanctus, era frecuente que una elevada fiebre abrasara su cuerpo. Sentía dolores que le quemaban y despedazaban. De acuerdo con los sacerdotes que concelebraban con él, sus ojos estaban hundidos dentro de sus cuencas, y su fisonomía cambiaba para asemejarse a la de Cristo en la agonía en la cruz. Los dolores de la agonía convulsionaban su cuerpo en el momento en que la campana indicaba el momento de la Consagración, y el Padre Pío decía las palabras de la Consagración. Se estremecía y se volvía víctima del más aterrador sufrimiento, al tiempo que sangre fresca manaba de las heridas de sus manos. El Padre Pío no contemplaba la pasión de Cristo: la vivía en su propio cuerpo en forma misteriosa. La gente gritaba, gemía y lloraba “¡Jesús misericordia!”. Tenían miedo de que pudiera morir, y más especialmente durante la Semana Santa. Lo que más impresión causaba era ver al Padre Pío  renovando el sacrificio incruento de Cristo, entregando todo cuanto tenía, la sangre de su propio corazón, para hacerlo aceptable. Su sangre chorreaba todo su cuerpo. Era esto lo que más conmovía a la gente. Se podía oír de pronto una voz sofocada por el llanto diciendo “¡Creo!”. ¿Se ofrecía el Padre Pío en sufrimiento expiando anticipadamente por estas almas para que pudieran ser convertidas?. Muchas personas de diferentes religiones se convirtieron en esos
momentos. La consagración se prolongaba por cinco minutos. Padre Pío mejoraba un poco después, aunque el dolor no disminuía. Frecuentemente caía en éxtasis de nuevo. Rezaba entonces el Padre Nuestro con gran devoción. Finalmente llegaba el momento de su propia comunión. Al golpearse el  pecho diciendo: “Señor, no soy digno…”, se podía oír flaquear su voz. Había lagrimas en sus ojos y no tardaba en golpear su pecho por segunda vez y una tercera vez. Finalmente recibía la Sagrada Hostia. En ese momento, el Padre Pío caía en éxtasis de nuevo. Ahora sí podía decirse que se veía radiante. Disfrutaba abundantemente de la felicidad y la gloria del cielo, en cuanto esto pueda ser posible para un mortal. En este momento, de alguna forma, recibía la recompensa por la pesada carga que llevaba y nuevo vigor y nuevas fuerzas para desempeñar la difícil tarea que le esperaba cada día. Permanecía en ese estado por algún tiempo. Aún profundamente recogido decía la post-comunión para ser luego llevado de regreso a la sacristía por entre la multitud.

  Allí se despojaba de los ornamentos y se ponía los guantes de lana que cubrían sus santas heridas absorbiendo la sangre y protegiéndolo de las miradas de los curiosos. Acto seguido, caminaba hasta su claustro y hacía su acción de gracias. Afuera, frente al altar, se podía ver frecuentemente a los peregrinos venidos desde muy lejos, con lágrimas de emoción en sus ojos. Algunos, habiendo sido convertidos y aún dentro de la Iglesia, daban paso a su temperamento italiano y decían en voz baja: “¡Ay, te he reconocido tan tarde, oh Dios! Busqué paz y no encontré descanso”. Fue allí donde encontraron la paz y el descanso para sus almas. Más tarde se acercaban al confesionario arrepentidos. Debemos comprender cuan profundamente esta Misa, que duraba por lo general  más de una hora, conmovía a los asistentes. Entre los muchos sacerdotes que fueron, uno declaró que no podía soportar la Misa del Padre Pío, con el resultado de que en adelante celebró sus Misas con más belleza y devoción que antes.

KARL WAGNER - "Informe sobre el Padre Pio" 1994

Nacionalismo Católico San Juan Bautista


domingo, 6 de octubre de 2013

Seguir en conciencia a Cristo, su Iglesia, Tradición y Magisterio o al Papa Bergoglio en sus errores

Un Mensaje en Estado Líquido
Pietro De Marco

Prof. de Sociología de la Religión en la Universidad de Florencia y en la Facultad de Teología de Italia Central.
                     
  En conciencia tengo que romper con el coro cortesano, que componen los nombres de todos los laicos y el clero por demás conocidos, que cada mes acompaña las intervenciones públicas del Papa Jorge Mario Bergoglio, para informar sólo acerca de algunos de los lugares comunes en que cae su discurso.

  Nadie está exento, en la conversación diaria del ámbito privado y entre casa, de incurrir en aproximaciones y exageraciones, pero no hay nadie que tenga la responsabilidad de hablar frente a muchos -por ejemplo el que enseña- que deje de adoptar en público otro estilo y trate de evitar la improvisación.

  Ahora, sin embargo, leemos de un Papa que exclama: "¿Quién soy yo para juzgar?", como se puede decir enfáticamente en la mesa o incluso predicando unos ejercicios espirituales. Pero frente a la prensa y al mundo un "¿Quién soy yo para juzgar?" dicho por un Papa entra en discordancia con la historia entera y la naturaleza profunda de la función de Pedro, provocando además la desagradable sensación de una salida irreflexiva. Dado que el Papa Francisco tiene ciertamente conciencia de sus poderes como Papa, es -fuese lo que fuese lo que quería decir- un gran error comunicacional.

  Hemos leído después en la entrevista de "La Civiltá Cattolica" la frase: "La ingerencia espiritual en la vida personal no es posible", que parece igualar bajo la figura liberal-libertaria de la "ingerencia", tanto el juicio teológico y moral, cuanto la evaluación pública de la Iglesia, en los casos que se hace necesaria, e incluso la solicitud de un confesor o director espiritual para señalar, prevenir, sancionar las conductas intrínsecamente malas.

  Bergoglio adopta aquí inconscientemente un típico cliché de la posmodernidad, según la cual la decisión individual es, como tal, siempre buena o al menos siempre dotada de valor, en cuanto personal y libre como ingenuamente se piensa que es siempre.

  Esta tergiversación se encubre, no sólo en Bergoglio, a partir de consideraciones relativas acerca de la sinceridad y el arrepentimiento de la persona, como si la sinceridad y arrepentimiento cambiaran la naturaleza del pecado y prohibieran a la Iglesia llamarlo por su nombre. Además, es muy dudoso que sea misericordia el guardar silencio y no objetar lo que todos hacen por el hecho de que lo hacen libre y sinceramente: siempre hemos sabido que esclarecer, no ocultar, la naturaleza de una conducta de pecado es un acto eminente de misericordia, porque permite al pecador el discernimiento sobre sí y su propio estado según la ley y el amor de Dios. Que hasta un Papa parezca confundir de hecho la primacía de la conciencia con una especie, de hecho, de inmunidad frente al juicio de la Iglesia es un peligro en el ejercicio del magisterio que no puede ser subestimado.

  Luego, ayer, en "la República" del 1 de octubre, hemos leído afirmaciones demasiado riesgosas. Nos enteramos de que "el proselitismo es un disparate solemne, no tiene sentido", como respuesta a la cuestión de intentar convertir a alguien propuesta con cierta ironía por Eugenio Scalfari. Procurar la conversión del otro no es un "disparate"; si bien puede hacerse de manera tonta, o de manera sublime como lo han hecho muchos santos. Recuerdo que los cónyuges Jacques y Raïssa Maritain, también ellos convertidos, deseaban y procuraban ardorosamente el regreso a la fe de sus grandes amigos.

  Luego leemos que, en respuesta a la objeción relativista de Scalfari acerca de: "Si hay una única visión de lo que es el Bien, ¿quién la establece?", el Papa concede que "cada uno de nosotros tiene su propia visión de lo que es bueno" y "que nosotros debemos incitarlo a avanzar hacia lo que él piensa que es bueno".

  Ahora bien, razonando, si todo el mundo tiene "una propia visión de lo bueno" que debe realizar, tales visiones no pueden sino ser muy diferentes y entrar en contraste y en conflicto con frecuencia mortal, como lo registra la crónica y lo demuestra la historia. Incitar a proceder de acuerdo con la visión personal de lo bueno es en realidad incitar a la guerra de todos contra todos, a una lucha feroz, porque no está dirigida a lograr "el Bien", sino a lo útil o a algún otro bien contingente. Es por esto que las visiones particulares -incluso las dirigidas por las intenciones más sinceras- deben ser regidas por un soberano, o modernamente por las leyes soberanas, o finalmente por la ley de Cristo, que no admite matices concesivos en términos individualistas.

  Quizás el Papa Francisco quería decir que el hombre, según la doctrina católica de la ley natural, tiene la capacidad originaria, un impulso primario y fundamental dado (no "suyo" particular, sino universalmente dado) por Dios, para distinguir entre lo que es en sí mismo Bueno de lo que es en sí mismo Malo. Pero aquí se inserta el misterio del pecado y de la gracia. ¿Acaso se puede exaltar a san Agustín, como lo hace el Papa, e ignorar que en todo "lo que el hombre puede pensar de bueno" siempre interfiere el pecado? ¿Se puede ignorar que existe una dialéctica entre la Ciudad de Dios y la Ciudad del Hombre y del Diablo, que es la "Civitas" (Ciudad) del amor propio? Si el Bien fuese aquello que la persona piensa que es bueno, y si la convergencia de estos pensamientos fuese lo que salva al hombre, ¿qué necesidad habría de la ley positiva en general, de la ley de Dios en particular y de la encarnación del Hijo?

  Sigue diciendo el Papa que "el Vaticano II, inspirado por el Papa Juan y por Pablo VI, decidió mirar al futuro con espíritu moderno y abrirse a la cultura moderna. Los Padres conciliares sabían que abrirse a la cultura moderna significaba ecumenismo religioso y diálogo con los no creyentes. Desde entonces se ha hecho muy poco (!) en esa dirección. Yo tengo la humildad y la ambición de querer hacerlo".

  Todo esto suena como un a priori poco crítico: ¡Cuánto "ecumenismo" destructivo y cuánto "diálogo" subordinado a las ideologías de la modernidad hemos visto en acción durante las últimas décadas, y que sólo Roma, desde Pablo VI a Benedicto XVI, le ha puesto una barrera! El Bergoglio que criticó las teologías de la liberación y de la revolución no puede ignorar que "el diálogo con la cultura moderna" implementado después del Concilio fue muy otra cosa que un "ecumenismo" correcto.

  Paso por alto las concesiones del Papa a una mediocre polémica anti-papal ("los papas a menudo narcisos", "influidos negativamente por cortesanos"), las bromas sobre "clericalismo" (¿qué tiene que ver san Pablo? ¿Santiago era un clerical?), la concesión apresurada de que la "única" forma de amar a Dios sea el amor a los demás, proposición que altera Mc. 12, 28-34, y que legitima un cristianismo social y sentimental que desde hace siglos menoscaba el misterio de Dios.

  El Papa Francisco se muestra como un típico religioso de la Compañía de Jesús, en su fase reciente, convertido por el Concilio en los años de formación, particularmente de lo que yo llamo el "Concilio externo", el Vaticano II de las expectativas y de las lecturas militantes, creado por algunos episcopados, sus teólogos y los medios de información católicos más influyentes. Uno de esos hombres de Iglesia que, en su tono flexible y dúctil ante los valores no cuestionables, son también los "conciliaristas" más rígidos, convencidos después de medio siglo de que el Concilio esté todavía por ser realizado y de que las cosas se hacen como si estuviésemos todavía en los años Sesenta, en lucha contra la Iglesia pacelliana, la teología neoescolástica y el modernismo laico o marxista.

  Por el contrario: lo que el "espíritu del Concilio" quería y podía activar ha sido dicho y experimentado en los decenios pasados y hoy se trata antes que nada de hacer un examen crítico de sus resultados, a veces desastrosos. Creo que el camino para la verdadera aplicación del Concilio fue abierta por la obra magisterial de Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger, a veces contra sensibilidades católicas y episcopales a lo Bergoglio.

  Algunos sostienen que Francisco podría ser, en cuanto Papa postmoderno, el hombre del futuro de la Iglesia, más allá de tradicionalismos y modernismos. Pero lo postmoderno que puede echar raíces en él -como la liquidación de las formas, la espontaneidad de su conducirse en público, la atención a la aldea global- es sólo algo superficial. Con su ductilidad y sus esteticismos lo postmoderno es poco elogiable en un obispo de América Latina, donde ha prevalecido durante mucho tiempo, y hasta ayer, en la inteligencia lo Moderno marxista. El núcleo sólido de Bergoglio es y permanece siendo "conciliar".  En el camino emprendido por este Papa, si se confirma, veo sobre todo la cristalización del "conciliarismo" pastoral dominante en el clero y el laicado activos.

  Ciertamente, si Bergoglio no es postmoderno, la recepción que le ha brindado el mundo sí lo es: el Papa agrada a derecha e izquierda, a practicantes y a no creyentes, a todos por igual. Su mensaje principal es "líquido". Sobre este "éxito", sin embargo, no se puede construir nada, sino sólo algo vuelto a pegar que ya existe, y no es lo mejor.

  De tal apariencia "líquida" son signos preocupantes para aquellos que no son propensos al discurso políticamente correcto y relativista de la modernidad tardía:

a) las concesiones a frases hechas tales como "cada uno es libre de hacer...", "¿Quién dice que las cosas deban ser así?...", "¿Quién soy yo para?..." que se dejan caer con la convicción de que sean dialogales y actualizadas;

b) la falta de control de parte de personas de confianza, pero sabias y cultas, e italianas, de los textos destinados a circular, quizá en la convicción papal de que no haya necesidad de ello;

c) una cierta inclinación autoritaria ("Yo haré todo para...") en singular contraste con los frecuentes supuestos pluralistas, pero típica de los "revolucionarios" democráticos, con el riesgo de colisiones imprudentes con la tradición milenaria.

  Además, es incongruente en este Papa Francisco este tomar iniciativas de comunicación pública y este querer expresarse sin filtros (la imagen sintomática del apartamento papal como un embudo), que revelan indisponibilidad a sentirse a sí mismo un hombre de gobierno (algo mucho más difícil que ser un reformador) en una institución tan elevada y 'sui generis', como es la Iglesia Católica. Las salidas del Papa acerca de la Curia del Vaticano lo evidencian.

  El suyo es, por momentos, el comportamiento de un manager moderno e informal, de aquellos que se muestran mucho a la prensa. Pero este aferrarse a personas y cosas que están afuera -colaboradores, amigos, prensa, opinión pública, el mismo apartamento en Santa Marta está "afuera"- como si el hombre Bergoglio temiese no saber qué cosa hacer una vez solo, como Papa, en el apartamento de los Papas, no es positivo. Y no podrá durar. Hasta los medios se cansarán de hacerle escaparate a un Papa que los necesita demasiado.

 Florencia, 02 de octubre 2013

Fuente: http://magister.blogautore.espresso.repubblica.it/2013/10/02/de-marco-su-papa-francesco-in-coscienza-devo-rompere-il-coro%E2%80%A6/


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sábado, 5 de octubre de 2013

El eslabón perdido – Por Mons. Fulton Sheen

  Si a las mentalidades modernas se les preguntara qué cosa en el mundo les gustaría más descubrir, probablemente contestarían: el eslabón perdido. Una y otra vez oímos hablar de su descubrimiento, pero al fin sólo resulta un rumor.

  La más enfadosa característica del eslabón perdido es que falta.


  No hay nada malo en buscar el eslabón perdido, pero parece más bien que se pone un énfasis absurdo en la cosa equivocada. ¿Por qué hemos de estar tan preocupados acerca del eslabón que nos une a la bestia, y tan poco interesados en el eslabón que nos une a Dios? ¿Por qué habían de buscarse los más profundos secretos del hombre en el limo de la tierra, en vez de buscarlos en la atmósfera enrarecida del Reino de los Cielos? Aun cuando el eslabón fuera hallado, apenas nos diría la fuente de esa parte inferior de nuestra naturaleza que tenemos en común con las bestias; pero no nos diría nada sobre la parte más alta que tenemos en común con Dios. Una cosa es ser juzgado por aquello que es más bajo en su hechura, y otra ser juzgado por lo que es más alto y más noble. Así, es una investigación mucho más provechosa buscar, no el eslabón enterrado en el polvo y que nos une al animal, sino más bien el eslabón suspendido de los cielos y que nos une a Dios...

  ¿Dónde buscar ese eslabón? ¿En una caverna? ¡Sí! El mundo tiene razón al buscar al Hombre de la Caverna, pero lo está buscando en la caverna que no es. Si hemos de encontrar el prototipo del hombre, debemos buscarlo, no en la cueva de Moulin, sino en la cueva de Bethlehem, y el nombre de ese hombre de la cueva no es el Pitecantropus, sino Cristo; la luz que brilla en sus ojos no es la luz de la bestia surgiendo a la alborada de la razón, sino la luz de un dios viniendo a las tinieblas de los hombres; los animales de la cueva no son bestias salvajes aullando a Aquel que vino de ellos, sino el buey y el asno encorvados ante aquél que vino a ellos; .los compañeros de la cueva no son criaturas salvajes con garrotes izados en signo de guerra, sino José y María con sus manos tendidas como símbolo de paz. En una palabra, Cristo es el eslabón entre lo finito y lo infinito, entre Dios y el hombre, porque es finito en su naturaleza humana, infinito en su naturaleza divina, y uno en la unidad de su persona; perdido, porque el hombre le ha perdido; pontífice, porque es el constructor de puentes entre la tierra y el cielo, pues éste es el significado de pontífice; mediador, porque es el sumo embajador de Dios entre los hombres.

  Todos estos nombres son apenas otra manera de decir que lo que olvidamos fue la vida de Cristo por encima de todas las demás cosas: la vida de un sacerdote.

  ¿Qué es un sacerdote? Un sacerdote es un intermediario o eslabón entre Dios y el hombre. Su misión es hacer dos cosas: traer a Dios hasta el hombre por la infusión de la vida divina; y traer el hombre hasta Dios por la redención del hombre del pecado…

  Si nuestra civilización cesara de remover el polvo de las selvas vírgenes en busca del eslabón que nos une a las bestias, y empezara a arrodillarse delante de la cruz izada en las rocas del Calvario en busca del eslabón que nos une a Dios; si el mundo cesara de mirar a Nuestro Señor solamente como un maestro y empezara a adorarle como a un Sacerdote, que trae a Dios hasta el hombre por el don de la Vida Divina, y el hombre hasta Dios por el don del Perdón Divino; si esos hombres cesarán de construir sus puentes a través del abismo de los tiempos para atarse ellos mismos a la tierra y empezaran a construir sus puentes a través del abismo de la eternidad para unirse a Dios, entonces el Crucifijo volvería a ser lo que es. Entonces algunos corazones rotos se arrodillarían delante del Crucifijo por un minuto siquiera, para aprender el más dulce de los mensajes más dulces: que no importa cuan pecador sea, él debe tener algún valor siempre que el Dios-Hombre murió en una cruz por él.

FULTON J. SHEEN – “El Eterno Galileo” Una Vida de Cristo Para el Hombre Moderno

Nacionalismo Católico San Juan Bautista