San Juan Bautista

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sábado, 17 de enero de 2015

¿Era necesario? Gestos de Bergoglio




  Titula el ultraoficialista e idólatra portal ACIPRENSA

"El Papa Francisco aprendió a decir “Yo te quiero” en lenguaje de señas"


  Sabiendo que ese gesto es usado tanto por la masonería como por el satanismo, nos pareció adecuado compartir un comentario de una lectora del mencionado portal neo-protestante que publica el gesto:
  


“Yo creo que no hay que hacer cosas que sean buenas y parezcan malas, ni malas que parezcan buenas”




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

jueves, 15 de enero de 2015

San Francisco ante el Islam - Rodericus Didaz Campidoctoris


  San Francisco de Asís no participó propiamente en la Quinta Cruzada, pero sí que le dio su apoyo con su presencia y actuación. De hecho, llegó a finales del verano de 1219 al campamento Cruzado en Egipto, con la misión de convertir, nada menos, que al sultán Al-Kamil.

  Pidió permiso al legado pontificio Pelayo de Santa Lucia para ir a ver al sultán, y después de alguna vacilación lo mandó con bandera blanca a Fariskur (el campamento de los mahometanos), revestido solamente con la armadura de la fe. Al principio los guardias mahometanos consideraron el asunto un tanto sospechoso, pero pronto decidieron que un hombre tan sencillo tenía que estar loco y le trataron con el respeto debido a un hombre inspirado por Dios. Fue llevado a presencia de Al-Kamil que se mostró encantado con él, y le escuchó con gran atención durante varios días lo que predicaba acerca de Cristo y su Fe. San Francisco se declaró dispuesto a someterse a una ordalía de fuego metiéndose en una gran hoguera junto a un mahometano religioso para completar la demostración de que la fe en Cristo es la única verdadera.

  Pero Al-Kamil no accedió, y le devolvió con grandes muestras de respeto (numerosos regalos que el santo rechazó) al campamento Cruzado. (“Las guerras de Dios”, p. 817; Steven Runciman “Historia de las Cruzadas” vol. III, Alianza Universidad, Madrid, 1994, p. 155; “Las Cruzadas”, Johannes Lehmann, Martinez Roca, Barcelona, 1989, p. 283, una obra decididamente anticatólica, como todas las de la editorial)

  Una actitud la del Santo de Asís, por cierto, muy distinta a la actual del llamado “Diálogo Interrreligioso” en el que se busca dialogar con las religiones (cosa que no mandó Jesucristo), pero no PREDICAR y CONVERTIR a la Fe Católica (cosa que sí mandó explícitamente hacer)


  En palabras del historiador Christopher Tyerman, San Francisco de Asís:
“Se presentó con la intención de convertirle, no con la idea de garantizar un armisticio verdadero. No trataba de llegar a un compromiso con el Islam, sino que buscaba más bien su erradicación mediante una evangelización razonada.” (“Las guerras de Dios”, p. 817)

  Su actitud hacia las Cruzadas queda reflejada en este resumen:

“[San Francisco de Asís] no desaprobó las Cruzadas. Admiraba a los héroes de Roncesvalles que describía la Chanson de Roland, consideraba mártires a aquellos que morían combatiendo al infiel, acepaba el derecho de los cristianos sobre Tierra santa, y pensaba que podía deducirse de los Evangelios que la Cruzada era un acto de legítima respuesta a la conquista de territorios cristianos llevada a cabo por los sarracenos, así como a sus blasfemias contra Cristo.” (“Los Templarios monjes y guerreros”, p. 252; “Crusade and Mission: European Approaches towards the Muslims”, Benjamín Z. Kedar, Princeton, 1984, p. 157)


El Islam: Fanatismo anticristiano - Rodericus Didaz Campidoctoris

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

lunes, 12 de enero de 2015

Charlie Hebdo y el Nuevo Orden Mundial - Augusto TorchSon


 Ante los ataques de falsa bandera acaecidos recientemente al semanario perverso Charlie Hebdo, nos enfrentamos una vez más al más ridículo de los planteos victimizantes del globalismo que pueden servir de mecha para la explosión de una tercera guerra mundial con el fin de establecer un gobierno único mundial. 

  En el video transmitido al ingresar los "terroristas", se ve con claridad que el policía al que dicen "rematar" en el suelo, a pesar de dispararse un fusil, no deja sangre, ni siquiera hace un movimiento violento que tenga que ver con el impacto sino que se recuesta después del supuesto disparo que además, hace un poco de humo al costado de su cuerpo en piso.

  Toda esta puesta en escena sirvió para exaltar hasta el grado de cuasi heroísmo a quienes representan la suprema falta de respeto posible, la que ofende a Dios. Y este supuesto martirio en nombre de la "libertad de expresión" sirvió para unir, una vez más, a supuestos enemigos, para pedir por la paz. Paz buscada en la mentira, en el desorden, en la degeneración, en la blasfemia. Así vemos al presidente palestino Mahomud Abbas abrazado con masónicos políticos y con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, después de que este último haya masacrado a más de 2000 de sus conciudadanos sin que se hayan hecho manifestaciones multitudinarias para repudiar esos genocidios por parte del sionismo. Y tomándonos el pelo una vez más, se convoca esta marcha en medio de un supuesto estado de alerta máxima en el país, donde el más mínimo de los sentidos comunes recomendaría hasta un toque de queda. En fin...


  Sin embargo, una vez más, lo que causa estupor, es la traición de nuestros "pastores", de los católicos que reivindican el mayor de los crímenes, la mayor de las ofensas, la que se cometen contra Dios. Y no estoy hablando de las caricaturas "light" que hicieron estos pervertidos de Mahoma, sino las atrocidades que publicaron en contra de nuestra fe y nuestro Dios, el único verdadero, el Dios católico, le duela a quien le duela.

  Sin publicar las imágenes de las inmundas blasfemias en contra de la Santísima Trinidad de estos endemoniados, bien se puede considerar como "azotes" de Dios a estos fanáticos musulmanes (si en realidad lo son). Entonces, y anticipando posibles reproches sobre la desproporcionalidad entre hacer un "dibujito transgresor" y el asesinato de estos degenerados, se debe recordar la enseñanza de Santo Tomás de Aquino al señalar que "La blasfemia, por ser pecado directo contra Dios, supera al homicidio, pecado contra el prójimo".

  Esto muestra a las claras que nadie cree en Dios. Decir que se cree en Dios sin saber lo que Dios es, es lo mismo que no creer en él. Creer que todo es Dios, que Dios se manifiesta en todas las religiones, que no puede castigar, que es anarquicamente misericordioso, es decir, sin ser a la vez justo; es lo mismo que el ateísmo. Y ese ateísmo práctico lo vemos hasta en quien hoy ostenta el supremo poder eclesiástico. Y también Bergoglio  se sumó al lamento mundano por los ahora "mártires de la libertad de expresión" del periódico blasfemo francés. Indignante resulta que no se manifieste con igual vehemencia para condenar las atrocidades en contra de los católicos en Siria, en Iraq y en todos los países musulmanes donde están siendo masacrados cristianos por su condición de tales, u omite maliciosamente interceder por la vida de Asia Bibi condenada por ser cristiana y que solicitó desesperadamente la ayuda pontificia; todo esto, mientras alaba a los musulmanes y a su libro "sagrado", el cual ordena estos crímenes contra quienes considera infieles (aquí).

  Para colmo de males, tenemos que escuchar al portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Josemaría Gil-Tamayo, diciendo: “Como periodista me duele enormemente este atentado a compañeros que lo que hacen es ejercer un servicio, en este caso desde el humor satírico pero necesario también en las sociedades democráticas y libres en la libertad de expresión y el derecho a la información.” Cabría preguntarle a este propiciador de blasfemias si alguien publica caricaturas de su madre y hermanas siendo sodomizadas, se reirá y considerará que esto es un "necesario servicio a la democracia".


  Y así hoy, una vez más, la prensa, herramienta masónica por excelencia del Nuevo Orden Mundial, no solo es generadora de opinión, sino la creadora de realidades. No refleja los hechos, los inventa; manipula la historia para crear el pensamiento único y quien ose cuestionar los dogmas de la historia oficial, puede ser pasible de terribles persecuciones, que conducen a la cárcel con el argumento de ser "crímenes de odio", cuando no la muerte civil al perder trabajos o directamente no poder conseguirlos.

  En un mundo en donde se trata de buscar constantemente males menores, aunque en realidad sean la esencia del mal; en donde lo que no sale en televisión no existe; donde hasta la misma jerarquía apóstata de la Iglesia católica propone la paz como bien absoluto, no la tranquilidad en el orden según la definición agustiniana, sino la paz en el status quo de un mundo convertido completamente en Sodoma y Gomorra; en el mismo mundo donde la libertad sin límites se exalta como el mayor de los bienes; en ese reino de la mentira es donde nos toca dar testimonio de la Verdad.

  Y en esta inmensa ficción que se nos quiere presentar como realidad, nuestro testimonio no puede tener otra recompensa que la satisfacción del deber cumplido, del buen combate por nuestra fe y nuestras patrias. Recompensa por otra parte que nos conducirá a la eternidad. Y para eso tenemos que tener la convicción que para Dios no hay héroes anónimos, porque esperar vencer al Nuevo Orden Mundial es hasta ontológicamente imposible.

  Lo concreto es, que en un mundo en el que los gobiernos del mundo entero trabajan para fomentar la promiscuidad infantil, el aborto irrestricto, la homosexualidad, la esterilización masiva y el envenenamiento hasta con alimentos y vacunas; en donde se desalientan los emprendimientos, la inventiva, el esfuerzo y el sacrificio, se premia a quienes no trabajan ni quieren hacerlo con subsidios, en donde hasta la misma jerarquía eclesiástica, transmite una fe adulterada no para acercar a la gente a la Verdad sino para adecuar la verdad a las torcidas costumbres de la gente; en ese contexto, la humanidad toda asiste hipnotizada a su exterminio moral y hasta físico aferrándose a sus terrenas posesiones y a su porción de democrático confort. Y en la nueva concepción de la fe, ya Dios no vino al mundo para salvar a cada uno de nosotros sino para dar bienestar a la amorfa masa democrática, en donde esa entelequia a la que llaman pueblo importa más que cada individuo.

  Por eso es necesario generar un gran conflicto final para establecer de pleno derecho el gobierno mundial, en donde paradójicamente, en nombre de la búsqueda de la paz y la libertad, vamos a ceder ambas en su sentido más profundo, para dejarnos esclavizar por quien va a representar la impostura final de la historia, la del único y personal anticristo. Por eso y para eso es necesario generar miedo.

  En estos momentos se está preparando el camino religioso desde la panteización y sincretización de la fe, presupuesto esencial para la  apostasía final. La falsa iglesia fornicando con los reyes de la tierra. Viendo todo esto con una visión desprovista de las virtudes teologales de la fe y la esperanza, se puede llegar a la desesperación. En cambio, teniendo la adecuada visión cristiana, nos tiene que llevar a considerar las palabras de Nuestro Señor “Más cuando estas cosas comiencen a ocurrir, erguíos y levantad la cabeza, porque vuestra redención se acerca” (Lc. 21, 28). No se trata de ser optimistas ni pesimistas sino realistas y tener fe.

  Difícil y hasta martirial es hoy la prédica de la Verdad. Sin embargo, en la paradoja de paradojas, nuestro triunfo va a estar dado en nuestra derrota terrena, y la derrota del mal en el mundo se va a presentar cuando su poder parezca absoluto.

  Hoy la batalla está puesta en resistir las tentaciónes de pertenecer a la mayoría, de no quedar afuera del sistema, de transigir con el error por considerarlo invencible. Muchos y grandes héroes y mártires se ofrendaron por nuestra fe y debemos seguir sus ejemplos, por más que se ridiculice el heroísmo y la santidad. Lo que está en juego es nuestro destino eterno y si no dirigimos nuestra acción al objetivo adecuado, podemos perder nuestras almas.

  Lo que hasta hace poco parecía una exageración, cada día se hace más patente y más cercano, pero hasta que no nos toque a nosotros, parece que no vamos a reaccionar, pero en esas circunstancias puede ser tarde.

  Los santos de los últimos tiempos están llamados a ser los más grandes de la historia. Si no rezamos confiando en que “todo lo puedo en Aquel que me fortalece” no vamos a alcanzar la perseverancia final.


Augusto

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

domingo, 11 de enero de 2015

¿Quién cree en la Sagrada Escritura? - P. A. Gálvez Morillas


“No tengamos miedo a las palabras seductoras de los falsos profetas”

Fiesta de la Sagrada Familia (Rito Extraordinario)

Homilía 11 de Enero de 2015

Evangelio: Lc. 2: 45-52

Padre Alfonso Gálvez Morlillas



Nota de NCSJB: Las homilías del Padre Gálvez Morillas se reproducen con autorización expresa de los propietarios de las mismas.


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

viernes, 9 de enero de 2015

Héroes Olvidados: Capitán Codreanu - Alberto Ezcurra



  Cornelio Codreanu nace en Lasi (Rumania) el 13 de septiembre de 1899. El ejemplo de su padre, profesor Ion Codreanu, y las lecturas del historiador N. Iorga y del teórico nacionalista profesor Cuza, siembran en su alma joven las primeras semillas de lo que alguien definió “el patriotismo militante de las horas de crisis”. Niño aún, acompaña el regimiento de su padre en el frente de la primera guerra mundial.

  Recibe la educación secundaria en el liceo Militar de Manastirea, que dejará en su carácter una impronta indeleble:

  “El orden, la disciplina y la jerarquía, impresos en tierna edad en mi sangre, junto con los sentimientos de dignidad militar, marcaron con su trazo rojo toda mi actividad del porvenir [...]. Aquí he aprendido a amar las trincheras y a despreciar los salones”

  Su ingreso en la Facultad de Derecho, de Iaşi, coincide con la caótica situación de postguerra. El comunismo triunfante en Rusia amenaza violentamente a Rumania desde su interior, mordiendo en las clases más pobres, víctimas de la miseria y de la explotación. Detrás del comunismo, por un lado, y de la crisis económica, por otro, se extiende el poder de una judería fuerte por su número y su agresividad.

  Codreanu hace sus primeras armas en este terreno, junto al obrero Constantin Pancu, jefe de la Guardia de la Conciencia Nacional. Como Corridoni, en Italia, Pancu busca reunir en un solo haz el amor de Patria y la justicia social. Combatiendo a su lado escribe Codreanu:

  “Por mucha razón que puedan tener las -clases obreras, no admitimos que se levanten más allá o contra las fronteras del país; nadie admitirá que para lograr tu pan destruyas o entregues a una nación extranjera de banqueros y usureros todo lo que ha acumulado el esfuerzo dos veces milenario de una raza de trabajadores heroicos. Tus derechos, dentro del cuadro de los derechos de la raza. No admitimos que por tu derecho rompas en pedazos el derecho histórico de la nación a que perteneces”

  “Pero tampoco admitimos que al socaire de las fórmulas tricolores se instale una clase oligárquica y tiránica sobre las espaldas de los trabajadores de todas las categorías y les arranque literalmente la piel, agitando continuamente las ideas de una Patria que no aman, de un Dios en el que no creen, de una Iglesia en la cual no entran nunca y de un Ejército al que lanzan a la guerra con las manos vacías”

  Este doble frente de combate sintetiza ya el programa político de Codreanu. Pero el movimiento que ha iniciado no se detendrá en el plano político, ni se encerrará en los estrechos límites de un programa. Como José Antonio, su gemelo español, no cree Cornelio que ninguna cosa seria, decisiva, eterna, se haya hecho sobre la base de un programa.

  La lucha, comenzada en la calle, se traslada a la Universidad. Presidente del Centro de Derecho y luego de la Asociación de Estudiantes Cristianos, Codreanu irá adquiriendo un prestigio que pronto alcanzará dimensiones nacionales. Desde el movimiento estudiantil dirige la lucha por el “numerus clausus”, tendiente a rescatar la Universidad del dominio hebreo, y a devolverle su esencia nacional y cristiana.

  El combate universitario encuentra una amplia repercusión popular, indicio de un despertar del alma rumana. Para canalizar las nuevas energías que surgen se funda la liga de Defensa Nacional Cristiana, bajo el impulso de Codreanu y la conducción del profesor Cuza. La Liga llevará a todos los rincones de Rumania la rebeldía nacida en el espíritu de los jóvenes estudiantes.

  En 1923, Codreanu es encarcelado por primera vez, con un grupo de jóvenes camaradas complotados para hacer justicia en los traidores y enemigos de la nación rumana. De esta estancia en la prisión de Vacaresti surge, como indestructible fraternidad, el núcleo que ha de convertirse en eje fundacional del Movimiento Legionario.

  La dura ascesis de la cárcel lleva al Jefe a profundizar en su interior el alcance de una lucha que no puede ser meramente política. El héroe de la juventud nacional va a ser también su profeta. En la meditación de estos días de encierro comienzan a modelarse en su alma los rasgos del místico y del santo, que conducirá a los suyos al combate bajo la custodia celeste del Arcángel San Miguel. Muchos han hablado de que Codreanu experimentó una revelación o manifestación del Arcángel. Las propias palabras del Capitán parecerían indicarlo:

  “Jamás había sido atraído por la belleza de una imagen, pero me sentía ligado a ésta con toda el alma, y tenía la impresión de que el Arcángel estaba vivo. Desde entonces he empezado a amar la imagen. Cada vez que encontrábamos la iglesia abierta, entrábamos y nos arrodillábamos ante ella, y el alma se nos llenaba de calma y alegría”

  De rodillas ante la imagen, en la capilla de la cárcel, se ofrece al Señor como víctima propiciatoria:

  “Señor, tomamos sobre nosotros todos los pecados de esta raza; acepta nuestros sufrimientos y haz que estos sufrimientos fructifiquen en días mejores para ella”

  El Señor recibirá esta plegaria, aceptará el ofrecimiento y lo conducirá hasta el martirio. Los frutos de esta entrega generosa perduran hoy, pese a todo, como motivo de esperanza.

  Obtenida la libertad, inicia Codreanu un experimento, que en años venideros extenderá a escala nacional: el de los campos de trabajo, cuya finalidad es doble:

  1) La financiación del Movimiento, pues el Jefe rechazará siempre las subvenciones que comprometen y esclavizan, y no cree en la validez de una organización incapaz de hallar en su propio seno los recursos necesarios para su vida y desarrollo.

  2) La educación de sus militantes por el trabajo y el sacrificio. Ya se muestra aquí lo que ha de ser nota esencial y distintiva del Movimiento Legionario: su preocupación por el nacimiento de un hombre nuevo.

“El país muere por falta de hombres, no por falta de programas [...] Y por esto no debemos crear programas nuevos, sino hombres, hombres nuevos”

  Como si el régimen corrupto que somete la Patria rumana intuyera el peligro que nace y lo amenaza en sus raíces más profundas, la represión arrecia. Codreanu es nuevamente detenido, sus camaradas son torturados. Ya en libertad, interviene como abogado en el proceso a uno de los suyos. Es agredido en la misma sala por el jefe de los torturadores, el prefecto de policía Manciu, al que mata en legítima defensa. Codreanu retorna a la cárcel.

  Saldrá absuelto del proceso, que se transforma en acusación contra los verdugos. El triunfal retorno a las¡, durante el cual Codreanu es aclamado como triunfador por decenas de miles de rumanos, en su mayoría estudiantes y campesinos, señala él alto grado de popularidad que su figura ha alcanzado. Las masivas manifestaciones de simpatía se repetirán con motivo de su casamiento con Elena Illinoiu, cuando los novios son acompañados por 2.300 vehículos y una caravana de varios kilómetros. La lucha del joven estudiante ha hecho vibrar las fibras más íntimas de los corazones sanos de su Patria.


  Pero todo este despertar debía ser canalizado de manera orgánica, y los responsables de ello no se muestran a la altura de su misión. El profesor Cuza, excelente teórico, no posee pasta de jefe. La Liga de Defensa Nacional Cristiana, tras algunos éxitos iniciales, no marcha como es debido. Los desaciertos de Cuza acabarán por dividirla, frustrando así las esperanzas de la Nación y dejando apagar la luz encendida por el combate juvenil.

  Estas desgraciadas circunstancias son las que se presentan ante la vista de Codreanu a su regreso de Francia, donde había ido a completar sus estudios. La división del Movimiento Nacional lo decide a comenzar de nuevo, habida cuenta de los errores cometidos, sobre bases diversas, por un camino original.

 El 24 de junio de 1927 reúne al grupo de camaradas que compartieron con él la prisión de Vacaresti y funda, bajo su jefatura, la Legión de San Miguel Arcángel.

  “Vengan a estas filas los que crean sin restricción. Queden fuera quienes tengan duda, reza la primera orden del día. Pues lo que reúne a este reducido y animoso núcleo juvenil no es ya la sola lucha universitaria, ni es tampoco un programa partidario. Es la Fe. Fe en Dios, fe en la misión trascendente del hombre y de la nación. Fe en la verdad intuida, más que en doctrina nacida del cálculo o del raciocinio”

  “No nos habíamos reunido porque pensásemos de la misma manera, sino porque sentíamos de la misma manera; no teníamos el mismo modo de pensar, sino la misma estructura espiritual. No teníamos [...] ni dinero ni programa, teníamos en cambio, a Dios en el alma, y El nos inspiraba la fuerza invencible de la fe”


  Codreanu será el Jefe, el Capitán del movimiento que nace. Su figura irá creciendo hasta transformarse en prototipo del ideal encarnado en una persona, en ejemplar del hombre nuevo, cuyo logro constituirá el eje de la idea legionaria. A su alrededor se irá nucleando la juventud, cada vez más numerosa, acompañada por algunos viejos luchadores, preservados de la corrupción que genera la vida partidocrática. De la noble pureza, innata en los jóvenes idealistas, defendida por la dura ascesis y la lealtad en los ancianos militantes, surgirá la fuerza más pujante que haya conocido la nación rumana.

  El carácter introductorio de estas líneas no nos permite describir en detalle la historia del Movimiento Legionario, desde su fundación hasta la muerte del Capitán. Esta historia es tan rica en ejemplos, heroísmo y sufrimiento, que todo intento de síntesis o selección corre el riesgo de mutilarla y empobrecerla. Sirva tanto lo dicho como lo que callamos para estimular la curiosidad del lector y despertar en él deseos de conocerla.

  Por mi parte he de confesar que cada vez que la releo me embarga la emoción y siento vibrar en mí las fibras de una profunda identidad espiritual. Vuelvo a ver al Capitán, con el traje regional, la cruz de Cristo sobre el pecho, cruzando a caballo los campos y las villas para anunciar a los campesinos fervorosos la Resurrección de la Patria, empresa vacía de promesas y repleta de exigencias de sacrificio.

  Lo veo en el Parlamento -como José Antonio "diputado sin fe y sin respeto para con los mitos liberales"-, propiciando, solo contra todos, la pena máxima contra los asesinos de la estirpe.

Contemplo a aquellos que lo acompañan en la concreción de su sueño heroico:

  • A las "Fraternidades de la Cruz", estudiantes secundarios unidos en el juramento de la sangre.

  • Los Campos de Trabajo, donde la reconstrucción material del país se une con el renacimiento espiritual de los voluntarios, mediante la dura fatiga y la luz que brota de las palabras con que el Capitán los anima.

  • El Batallón de Comercio Legionario, donde el tráfico desinteresado revoluciona el concepto de la economía, liberándola de la sujeción espiritual al dinero.

  • El "Nido", estructura básica de la Legión que, más que «célula», es una Familia, unidad de acción, de formación y de plegaria.

  Se presenta ante mi vista, finalmente, la “Escuadra de la Muerte”, núcleo de selección de aquéllos que han decidido vivir el ideal hasta la muerte, y lo testimonian recorriendo el país, cantando y rezando, ofreciendo el testimonio de su sola presencia, golpeados una y otra vez hasta perder el sentido, arrastrados por todos los calabozos y todas las cárceles de Rumania.

  Imágenes todas tan extrañas para nuestro mundo prostituido por el culto del dinero, de la carne, de la materia. Imágenes diversas, pero unidas todas por idéntico motivo: el sufrimiento, la cruz, que constituyen el centro de la historia Legionaria. No en vano el distintivo del Movimiento (seis barras cruzadas) simboliza a un tiempo la cruz de Cristo y las rejas de la cárcel.

  Cuando un pueblo es arrastrado por sus gobernantes a la corrupción, cuando el espíritu de una Nación es prostituido por la degradación de sus jefes y responsables, no queda para la reconquista otro camino que el de la cruz y el del martirio. Para las naciones, como para los hombres, el camino de la Resurrección debe pasar por el Calvario. Codreanu lo ha comprendido. Por eso mide a sus hombres de acuerdo a “su capacidad de sufrimiento y de amor”. Sabe también que el Señor ha aceptado su ofrecimiento de Vacaresti. Este es, pues, el espíritu que anima las páginas de este "Diario", en particular la meditación de la Pasión de Jesús y los párrafos donde descubre su hermandad espiritual con San Pablo, el Apóstol que deseaba completar en su cuerpo lo que falta a los sufrimientos redentores de Cristo.

  Señorea la corrupción, en efecto, en la Rumania sometida a la tiranía de Carol 11, rey venal, hipócrita, capaz de todas las traiciones, sensual sometido a los caprichos de su concubina hebrea, Elena Lupescu.

  Y esta cúspide corrupta del Estado tenía que sentirse alarmada por el resurgimiento espiritual de la Nación, causado por el tenaz avance de la Guardia y por el eco que va encontrando el testimonio personal del Capitán y de sus seguidores. Difícilmente nos mostrará la historia una suma tal de fraude, violencia, mentira e injusticia como la empleada por Carol, con la complicidad de la prensa judaica y los partidos burgueses y masónicos, para detener la marcha de la Legión.

  Pero todo ello será inútil. Como los primeros cristianos, los legionarios surgen fortalecidos de la persecución, y renacen de la tierra regada con la sangre de los caídos. El despertar Legionario de Rumania se manifiesta incluso en un terreno que es propio del adversario: el de los resultados electorales.

  Entonces Carol, presionado por las logias y la sinagoga, y por su propia soberbia criminal, pierde la paciencia. Toma en sus manos la suma del poder, y nombra primer ministro al patriarca Mirón Crístea, que desempeñará a la perfección el papel de Caifás.

  Somete a la justicia y disuelve todas las organizaciones políticas, medida esta que tiene un solo destinatario real: el Movimiento Legionario.

  Miles de legionarios llenan las cárceles. El Capitán rechazando la posibilidad del exilio romano, decide compartir la suerte de los suyos. El gran historiador y ex-nacionalista Nicola Iorga será el Judas de circunstancias. Acusa al Capitán de injurias, permitiendo así que éste sea encarcelado y condenado, en abril de 1938, a seis meses de prisión.

  La trampa ya se ha cerrado sobre la víctima elegida. El segundo golpe lo asestará la justicia, sometida a los mandatos del rey. En un juicio infame, Codreanu es acusado de traición y condenado nuevamente, ahora a diez años, a pesar de que la precaria defensa permitida a conseguido refutar todos los cargos y desenmascarado la falsedad de las pruebas.

  Durante esta última prisión, en la cárcel de Jilava (cuyo nombre, que significa "humedad", habla bien claro de las condiciones de detención), escribió el Capitán su “Diario de la cárcel”.

  No hay que buscar en sus páginas un manifiesto político o un compendio de doctrina. Ella nos muestra el alma despojada y sangrante de un hombre y un Jefe que, al aproximarse al momento del sacrificio supremo, muestra hasta que punto el ideal defendido y proclamado se ha vuelto realidad encarnada en su propia persona.

  De la cárcel ya sólo saldrá el Capitán para ser conducido a la muerte.

  En la noche del 29 al 30 de noviembre de 1938, con el pretexto de un traslado, agentes personales del rey lo conducirán a la foresta de Tancabesti, en las cercanías de Bucarest. Allí será estrangulado, en compañía de otros trece legionarios. Los verdugos dispararán luego sobre sus cuerpos, para fraguar un intento de fuga, que será anunciado por el comunicado oficial. Así el rey, traidor y corrompido, agente de los poderes ocultos, creerá haber acabado con la Legión del Arcángel San Miguel.


  Más de sesenta años han transcurrido desde aquellos sucesos, y podemos afirmar que Comelio Codreanu no ha muerto, sin temor de incurrir en figuras retóricas. El Movimiento Legionario -seis meses en el poder, casi setenta años bajo la persecución- sigue vivo en el exilio y en el silencio de una Rumania sometida hoy a la esclavitud marxista, pero que no ha perdido la esperanza por la que el Capitán combatía en su prisión de Jilava.

  Los escritos de Codreanu y las obras de historia y doctrina legionarias se editan hoy en todo el mundo, en rumano, alemán, inglés, francés, italiano, español y portugués. A su alrededor vuelve a despertarse el interés de un amplio círculo de lectores, especialmente jóvenes, que se acercan a ellas no con mero espíritu de curiosidad histórica, sino para descubrir allí la luz que ilumina una idéntica estructura espiritual y militante.

  Pensamos que este fenómeno debe atribuirse a las características propias del Movimiento Legionario, que lo destacan con caracteres excepcionales en el variado espectro de los movimientos nacionales surgidos en Europa entre las dos guerras mundiales.

  Fue una situación de grave crisis (decadencia de las democracias burguesas, avance amenazador de la revolución comunista) lo que dio origen a estos movimientos. Su denominador común -más allá de diferencias a veces muy notables- fue el de una reacción contra el caos, lo que permite a Bardéche denominarlos "movimientos de salvación pública".

  Pero esta reacción -cuyos sostenes ideológicos van desde el conservatismo católico o monárquico hasta los socialismos nacionales de inspiración más o menos pagana- fue, por lo general, parcial. Es decir, cerrada dentro de los límites de un plano determinado, político, económico, cultural tal vez. Sólo Codreanu -aunque en esto lo acompañe en parte la intuición genial de José Antonio- fue capaz de captar las raíces profundas del desorden y las exigencias radicales del remedio. Por eso su figura trasciende la del conductor político, para proyectarse como síntesis ejemplar del santo, del místico y del héroe.

  Por ello también el Movimiento Legionario no es un partido -en absoluto-, ni siquiera un Movimiento “político” -en la acepción más o menos restringida del término-. Creemos que sería exacto definirlo como una Orden a la vez religiosa y militar -en la más noble acepción de estas palabras- que procura la transformación revolucionaria, o el reemplazo total de una sociedad en crisis mediante la instauración de un orden nuevo.

  Pero la plasmación de este orden nuevo no lo obtendrá mediante un mero cambio de estructuras externas (sociales, políticas o económicas), sino a través de la interior conversión de sus militantes, por un estilo de vida que ha de configurar el hombre nuevo -no en el sentido utópico del marxismo, sino dentro de la concepción paulina y cristiana.

  Este hombre nuevo nacerá del trabajo y del combate, del sufrimiento y del sacrificio.

  Oigamos las palabras con que el propio Codreanu se refiere a este hombre, que era ya en él una concreta realidad:

  “La piedra angular de la que parte la Legión es, no el programa político, sino el hombre; la reforma del hombre, no la reforma de los programas políticos. La Legión del Arcángel San Miguel será, por consiguiente, más una escuela y un ejército que un partido político”

  “[...] Un hombre en el cual se encuentren desarrolladas al máximo todas las posibilidades de grandeza humana sembradas por Dios en la sangre de nuestra raza [...]”

  “De esta escuela legionaria saldrá un hombre nuevo, un hombre con las cualidades de héroe, un gigante de nuestra historia, que sepa combatir y vencer a todos los enemigos de nuestra Patria. Y su lucha y su victoria deberán extenderse aún más allá, sobre los enemigos invisibles, sobre las fuerzas del mal”

  Subrayamos esta última frase, claro indicio de la visión trascendente que el Capitán posee acerca del combate empeñado. El mal no se agota en las formas externas de un sistema político falso o injusto: está en el interior del hombre y tiene raíces en el orden sobrehumano del espíritu. Por ello sólo tiene sentido una lucha que abarque toda la complejidad de estos distintos aspectos. Codreanu es consciente de ello, y nos lo reitera desde las páginas de este Diario:

  “La característica de nuestro tiempo es que nos ocupamos de la lucha entre nosotros y otros hombres, no de la lucha entre los mandatos del Espíritu Santo y los apetitos de nuestra naturaleza terrena”

  “Nos preocupan y nos complacen las victorias sobre los hombres, no la victoria contra el diablo y el pecado”

  “Todos los grandes hombres del mundo de ayer y de hoy [...] se han afanado especialmente por las luchas y triunfos exteriores. El Movimiento Legionario forma excepción, ocupándose también, aunque insuficientemente, de la victoria cristiana en el hombre, con vistas a su salvación”

  “La responsabilidad de un jefe es muy grande. El no debe deleitar los ojos de sus ejércitos con victorias terrenales, dejándolos al mismo tiempo impreparados para la lucha decisiva, de la cual el alma de cada uno se puede coronar con la victoria de la eternidad, o con la derrota eterna”

  Esta perspectiva trascendente del combate terreno, se ve iluminada con mayor fuerza aún por la afirmación de que la resurrección de los muertos es el fin más alto y sublime que puede tener una raza, la cual, por consiguiente, es una entidad que prolonga su vida más allá de la tierra. A la estirpe rumana como a cualquier otra raza del mundo, Dios le ha dado una misión, Dios le ha señalado un destino histórico. La primera ley que una raza debe seguir es la de caminar sobre la línea de este destino, comprender la misión que le ha sido confiada.

  Corneliu Codreanu intuyó esta misión y consagró su vida para que su Patria fuera fiel al destino histórico que Dios le señalaba. Consciente de que la empresa superaba las tuerzas humanas, la confió a la custodia militante del Arcángel Miguel, guerrero victorioso de las fuerzas del mal. Por ello, y porque creemos que el martirio es generador de misteriosas potencias, capaces de cambiar el rumbo de la historia, afirmamos viva y válida la esperanza del Capitán en un mundo donde las tinieblas parecen ganar terreno cada día.


ALBERTO EZCURRA


Cornelio Codreanu: “Diario de la cárcel” – Prólogo de Alberto Ezcurra – Grupo Editorial Occidente


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

miércoles, 7 de enero de 2015

El judaísmo actual está maldecido, reprobado y condenado por Dios – R.P. Nitoglia


Traducción: Raúl Orlando Sattler

El Judaísmo post-cristiano según la Tradición Católica
   


Introducción: la opinión común de los Padres de la Iglesia

  La teología católica enseña que “la palabra de Dios concerniente a la fe y a la moral, no escrita, pero trasmitida a viva voz a los Apóstoles y de éstos a sus sucesores hasta nosotros”, se llama Tradición.

  Se llama 'no escrita' en el sentido de que no está contenida en los libros canónicos y divinamente inspirados de la Biblia, pero se pueden encontrar (también por escrito) en otras obras de los antiguos escritores eclesiásticos (los Padres, las actas de los mártires, los monumentos arqueológicos, la Liturgia, las profesiones de fe, la práctica de la Iglesia) que no son la Sagrada Escritura.

  La Tradición se divide en:
a) divina: enseñada directamente por Cristo;
b) divino-apostólica: enseñada por el Espíritu Santo (por atribución) a los Apóstoles y no por el Verbo Encarnado.

  Por lo tanto, la revelación divina no es sólo la Biblia (divinamente inspirada y escrita bajo el dictado de Dios), sino también lo que Cristo o el Espíritu Santo (por atribución) han enseñado a los Apóstoles, los cuáles lo han transmitido a sus discípulos y que puede también haber sido puesto por escrito por ellos (pero no bajo el dictado divino).

  Los apóstoles predicaron lo que Jesús les había dicho, pero sólo una parte de su enseñanza fue escrita por inspiración divina y se encuentra en los libros canónicos del Nuevo Testamento; otras verdades (como por ejemplo la validez del bautismo de los niños) no se encuentran en ningún libro inspirado, pero están contenidas en las obras de casi todos los antiguos Padres eclesiásticos, luego forman parte de la revelación contenida en la Tradición y no en la Sagrada Escritura.

  La Iglesia ha definido que la Tradición junto a la Escritura es canal transmisor de la Revelación (Conc. de Trento, ses. 4 DB 738 y 783; Conc. Vat. I, DB 1787). De esto se deduce que “el consenso moralmente unánime de los Padres (en materia de fe y de moral) es testimonio de la tradición divina”. O sea, que "en cuestiones de fe y moral, el consenso moral (y no matemático o absoluto) de la mayoría de los Padres es el testimonio irrefutable de la Tradición divina (...), ya que los Padres fueron colocados por el Espíritu Santo en la Iglesia, a fin de mantener la Tradición divina recibida de los Apóstoles. Por lo tanto, su consenso moralmente unánime es, en la Iglesia, regla infalible de fe".

  Este consenso, entonces, también puede recogerse “por el testimonio de muchos Padres que se distinguen por doctrina y por fama (...), o incluso por el testimonio de unos pocos, si consta haber sido puesto en esas circunstancias desde las cuales podemos inferir que refleja la fe común de la Iglesia”. El Concilio de Trento y el Vaticano I, han establecido que la interpretación genuina de las Sagradas Escrituras es la dada por los Padres de la Iglesia, por lo que no puede desviarse, en la lectura de la Escritura, del significado dado por los Santos Padres de la Iglesia.

  Se debe también prestar atención a la teoría de los solos "criterios internos", o sea al solo estudio filológico de la lengua del escritor sagrado. La Iglesia con el Papa León XIII (Encíclica Providentissimus, 18 de noviembre de 1893) desaprobó formalmente y condenó la teoría según la cual bastaría estudiar las solas "características internas" de un libro inspirado, prescindiendo de la tradición, con el fin de comprender el significado, o incluso la simple preferencia concedida a los "criterios internos" con respecto a la Tradición patrística; de hecho es "incompatible con la fe católica, porque el consenso de los Padres requiere una adhesión de fe".

  De acuerdo con el Papa León XIII se puede utilizar también el instrumento de los "criterios internos", es decir, el aporte filológico en el estudio del Libro Sagrado, pero subordinado y secundariamente a la interpretación de la Tradición (es decir, de los Padres), pero nunca es lícito dar prioridad a la filología, o incluso contradecir la interpretación unánime de los Padres sobre la base de los "criterios internos".
Esto equivaldría a preferir un comentario exclusivamente humano-científico, (filológico, semántico y lingüístico), a la tradición divina, repugnat quod, tanto porque sería contradecir una verdad de fe, como al sentido común que nos dice que lo divino está por encima de lo humano. San Pío X ha lanzado una condena de la "crítica interna” en el 'Motu prorio' Praestantia Scripturae Sacrae y en la encíclica Pascendi.

  Monseñor Antonino Romeo,en 1960, escribía: “Todos los Pontífices, y en la vanguardia, la Divino Afflante Spiritu, enseñan que el exégeta católico, especialmente si es sacerdote, no es un mero filólogo, sino que también es un teólogo. (...) La exégesis bíblica ... es una ciencia que presupone la fe ...que acepta como principio y fundamento (...). El eclesiástico que no se atiene tenazmente a estas directivas del Santo Padre ... se abre al surgimiento, la arbitrariedad y al relativismo del libre examen”.

En resumen, hay que evitar:

a) el error por exceso: que da una interpretación subjetiva e imaginaria de la Sagrada Escritura, completamente divorciada del texto literal (sicut litterae sonant); por ejemplo el P. Dolindo Ruotolo (santo sacerdote, pero exégeta extravagante), o los milenaristas, los cuáles, escribe monseñor Salvatore Garofalo, “insistiendo en el sentido literal de la Biblia, sostenían la realidad de un reino milenario de todos los placeres; los gnósticos interpretaban literalmente los textos que atribuían a Dios aspecto y cualidades humanas; los Judíos negaban que Cristo fuera el Mesías porque Él no había establecido un reino de prosperidad material y política de acuerdo con la letra de las antiguas profecías”;

b) el error por defecto: que ofrece una lectura de los libros sagrados puramente (o incluso principalmente) literal y filológica, en contradicción (o simplemente haciendo caso omiso o pasando por alto) con aquella de la Tradición (divina o divino-apostólica) dada a nosotros por los Padres; por ejemplo, el Padre M.J. Lagrange, o recientemente el profesor Eugenio Corsini.

  Monseñor Garofalo explica que los textos bíblicos tienen “además del sentido literal (Jerusalén, por ejemplo, es la capital del reino de Judea), que surge directamente de las palabras, un sentido denominado típico. Cuando …las palabras … tienen no solo un significado literal …, sino que pretenden significar otras cosas… El tipo o figura es la cosa … destinada a significar otra que se llama antitipo. Por ejemplo, Adán era el tipo de Cristo, Cristo es el antitipo de Adán (…). El sentido típico de los textos bíblicos sólo puede conseguirse de las afirmaciones de la misma Biblia y de la Tradición.

  Se distinguen los tipos:

mesiánicos: que tienen un contenido mesiánico, Jerusalén, por ejemplo, es figura de la Iglesia;

morales: que tienen valor ético, Jerusalén es en este sentido, figura del alma fiel;

anagógicos (que elevan a lo alto), en cuanto se refieren a la vida eterna, Jerusalén indica, así, la beatitud eterna. (...) Siendo el sentido típico fruto de la Revelación divina, tiene valor probatorio en la dogmática, pero es de notar que nada se afirma en la Biblia en sentido típico que no haya sido enunciado en sentido literal”.

  El Padre Alberto Vaccari,SJ, rector del Pontificio Instituto Bíblico, escribe que hay que distinguir el sentido literal (donde las palabras expresan los objetos, es decir: las cosas, las personas, los hechos, por ejemplo: la palabra "Cristo", expresa la persona histórica de Jesús de Nazaret) del espiritual (cuando los objetos expresan otra realidad, en positiva ordenación a Dios, tales como: Adán es figura de Cristo).

  Este último se subdivide en alegórico (los objetos [el Nazareno], expresan lo que se debe creer, por ejemplo: La Trinidad, la Encarnación, la Pasión y Muerte de Jesús), moral (las virtudes que deben practicarse, por ejemplo: la fe, la esperanza y la caridad cristiana) y anagógico (las cosas que tienden a lo alto, por ejemplo: el cielo merecido por medio de Jesucristo).

  Conviene, no obstante, especificar que el sentido alegórico no es fantasioso, no es aquél "excesivamente espiritualista” originado en la escuela de Alejandría (que es indiferente o incluso niega la realidad histórica del primer objeto, personaje o hecho. Este transforma todo en ideas, por ejemplo: Adán no es el primer hombre en la historia, sino el nous o el espíritu, Eva es la sensibilidad y no la primera mujer), sino que es aquél espiritual-tipológico de la escuela de Antioquía (que requiere la realidad histórica del primer objeto, personaje o evento como la base indispensable del segundo.

  Ella se mantiene siempre sobre el terreno de la historia y de la realidad; por ejemplo, Adán es el primer hombre y también figura de Cristo, Eva la primera mujer y además figura de María Santísima), recuperado por los escolásticos y sobre todo por santo Tomás de Aquino (ST, I, P.1, a.10), donde la alegoría es tipología que sebasa en el sentido literal de la Escritura (pp. 566-570). Así que el sentido literales el primero y fundamental, sobre el cuál puede fundarse el alegórico-tipológico y nunca sin, ni siquiera, contra él. “Entre estos dos sistemas”, concluye el eminente exégeta, “hay oposición de contradicción” (p. 571).

  Monseñor Francesco Spadafora confirma que: “La existencia del sentido típico es de fe. Que en el Antiguo Testamento, en algunos temas y episodios, Dios anunciase y figurase algunos aspectos del Mesías y de su Reino, es enseñado por la práctica de nuestro Señor y de los Apóstoles”.

  La doctrina católica (Conc.Trento, Vaticano I, el Papa León XIII:  Providentissimus, 1893, san Pío X: Quoniamin re bíblica, 1906, Benedicto XV: Spiritus Paraclitus 1920, Pío XII: Divino Afflante Spiritu, 1943, Humani Generis, 1950) enseña que la interpretación auténtica de las sagradas escrituras es la que nos ofrece el espíritu (del significado) del texto escrito (es decir, de la letra), dada a nosotros por los Padres de la Iglesia, no en oposición, sino más allá del sentido literal, "porque el Espíritu vivifica, y la letra mata" (san Pablo).

  Tampoco se debe confundir el literalismo material con el verdadero sentido literal del texto sagrado. La filología como sierva puede ser útil sólo con la condición de estar subordinada y al servicio dela Tradición patrística como señora.

  Ahora, con respecto a la condena, el abandono y la maldición objetiva del judaísmo farisaico, tenemos la interpretación común (incluso matemática o absoluta) de los Santos Padres (griegos y latinos), que han leído el Nuevo Testamento a la luz del Antiguo y han explicado en este sentido (de abandono o desaprobación de Dios) las palabras de Jesús en el Evangelio, especialmente en relación a tres parábolas (conocidas como la 'condena de Israel'). Será mi trabajo exponerlas, y proporcionar al lector la lectura que han hecho los santos Padres.

  No es lícito al católico apartarse de esa lectura como, por desgracia, lo hizo el Concilio Vaticano II con la Declaración NOSTRA AETATE (ver “La Antigua Alianza nunca ha sido revocada”, pp.7-32).




1°) La parábola de la higuera seca y maldecida (Mt. XXI, 18-22)

a) El abad Giuseppe Ricciotti, en su celebérrima Vida de Jesucristo, que se ha convertido en una especie de Summa de la exégesis católica (aprobada y recibida en la Iglesia) escribe: “Jesús se acercó a una higuera que estaba junto al camino y que era exuberante en hojas (...), y buscó entre el follaje si había frutos. Pero los frutos no estaban y no podían estar allí, por la sencilla razón... que no era tiempo de higos (...). El árbol (...) [había] echado los primeros brotes, llamados flores higos (...). Queriendo entónces enjuiciar el árbol como si se tratara de una persona moral y responsable, debemos decir que no era `culpable´, de no tener frutos en esa estación: de hecho Jesús buscaba lo que, normalmente, no podía encontrar. Con todo eso, maldice aquel árbol diciendo: “¡Nunca más eternamente coma nadie fruto de tí !” Todas estas consideraciones nos confirman que Jesús quería realizar algo que tenía un valor simbólico (...). En este caso del árbol, el símbolo tomaba argumento del contraste entre la abundancia del follaje inútil y la falta de frutos útiles: del cuál contraste también estaba justificada la maldición del árbol 'culpable' (...). El verdadero culpable [se refería a la enseñanza simbólica] era el pueblo elegido, Israel, riquísimo entonces en follaje farisaico, pero obstinadamente carente por largo tiempo de frutos morales, y por lo tanto digno de la maldición de esterilidad eterna.”.

b) Los Padres de la Iglesia (cuyo consenso unánime en la interpretación de la Escritura es regla infalible de fe) explican esta parábola del siguiente modo: las hojas son “símbolo del culto farisaico, con ceremonias sin fruto de buenas obras” (SAN JUÁN CRISÓSTOMO, In Matth. Hom. 68; como también SAN HILARIO, In Matth. canon. 21), “la verdadera virtud religiosa que es viva y da la vida sobrenatural, marchita en Judea, pasa a los gentiles” (ORÍGENES, In Matth. tract. 16). La higuera seca representa “quien tiene fe sin obras, es árbol con malezas sin ningún fruto. Pero Dios le pide cuenta de las obras y los frutos que habría debido dar; y como pena por su culpable esterilidad dejará secar por completo” (ORÍGENES, íbidem; cfr. También SAN AGUSTIN, De cons. ev. II, 68). Tal parábola se la encuentra también en el Evangelio de San Marcos (XI, 13-21). Los mismos Padres han dado la misma interpretación, y además están los comentarios de SAN BEDA, EL VENERABLE (super Dimiserunt eis; super Invenerunt alligatum Pullum), TEOFILACTO (In Matth.), SAN AMBROSIO (super Lucam, lib. 9), SAN GERÓNIMO (súper Misit dúos), todos concuerdan en ver en la higuera maldecida a Israel que no ha querido aceptar a Cristo y dar frutos de buenas obras. Por lo tanto está claro que el judaísmo post-bíblico, en la divina Revelación, es presentado –por Jesucristo mismo–como una `higuera estéril´ maldecida a volverse `seca´ y estar pues también condenada al fuego; de ahí la expresión corriente `valer una higuera seca´ o sea nada, en efecto una higuera es un árbol óptimo que da exquisitos frutos, pero si es estéril y por demás reseca o seca, no da frutos y no vale nada, vale decir es una `higuera seca´, ni más ni menos.



2°) La parábola de los dos hijos (Mt. XXI, 28-43)

  Un hombre tenía dos hijos, que empleaba en cultivar su viña. Un día dice al primero: hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Aquél respondió: sí voy. Pero no fue en absoluto. Más tarde, el padre dio la misma orden al segundo, que respondió: no quiero. Sin embargo, después, arrepintiéndose, fue. Entonces Jesús interroga a los fariseos:  ¿quién de los dos hizo la voluntad del padre? Le respondieron: el último. Entonces Jesús aplicó la parábola al caso histórico de las relaciones entre el fariseísmo talmúdico-rabínico, el paganismo y el Mesías anunciado por el Antiguo Testamento. “En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas [arrepentidos] les precederán en el reino de Dios. Vino a vosotros, en efecto, Juan Bautista en camino de justicia y no creísteis en él, mientras los publicanos y las prostitutas [arrepentidos y convertidos] creyeron en él; vosotros, al contrario, después de haber visto, no os habéis convertido ni siquiera más tarde, para así creer en él”. (Mt., XXI, 31-32).

a) El abad Giuseppe Ricciotti comenta: “Los irreprensibles escribas y fariseos estaban velados en aquél hijo que obedecía las palabras pero en los hechos era rebelde; al contrario de lo descartado de la nación elegida, es decir publicanos y prostitutas, que habían indudablemente errado pero luego habían razonado aceptando la misión de Juan el Bautista, y así habían imitado a aquél hijo que en un primer momento fue rebelde, pero después obediente. Entre los dos hijos, quien después de haber hecho el mal cambia de mente y pasa a hacer el bien, es preferible a aquel que no se decide nunca a hacer el bien aunque declarase siempre dispuesto a hacerlo”. Esta parábola, siempre según  Ricciotti, “fue una sentencia de reprobación a aquellos que entonces se estimaban los guías y los más insignes representantes de la nación elegida”.

b) Los Padres de la Iglesia la interpretan así: “El hombre representa a Dios que quiere ser amado como padre más que ser temido como Señor” (SANJUAN CRISÓSTOMO, Super Matth., Op.imperf., hom. 40). “El primer hijo, siendo mayor de edad representa a los gentiles, a los cuales Dios habló con la ley natural”.(SAN JUAN CRISRÓSTOMO, Super Matth., ut supra). El trabajo en la viña al cuál los llama significa “las buenas obras, hacer el bien, vivir virtuosamente; pero con la idolatría y los vicios los gentiles respondieron no a Dios” (SAN JERÓNIMO, Super Matth., in prologo ad Eusebium, y también SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra). El arrepentimiento del primer hijo representa “a los gentiles y paganos, que entendieron después la palabra de Cristo y se arrepintieron de su modo equivocado de razonar y de obrar e hicieron enmienda trabajando vivazmente en su santificación” (SAN JERÓNIMO, ut supra). El segundo hijo es “Israel” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra) que respondió voy “como respondieron sus padres a Moisés: haremos todo lo que el Señor nos mande [Es. 24]” (SAN JERÓNIMO, ut supra), pero no fue. “De hecho, luego le mintieron a Dios [Sal. 17]” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra). Cuando los fariseos responden que el primer hijo ha hecho la voluntad del padre “se juzgan por sí mismos, admitiendo implícitamente de no obedecer a Dios con los hechos, sino sólo en palabras” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra). Los publicanos y las prostitutas vienen a significar “que no sólo los paganos son mejores que ellos [los judíos], sino incluso entre los pecadores públicos, que se convertirán, habrá más justos que ellos” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra). Ellos les precederán “porque creerán más prontamente que los judíos y harán el bien antes que ellos” (RABANO MAURO, Super Matth., también SAN HILARIO, In Matth., can 22), pero “finalmente, entrará en el reino, o sea en la Iglesia de Cristo, también Israel [Rom. XI, 9]” (ORÍGENES, In Matth, tract. 19). Porque lo mismo ha ocurrido ya con Juan el Bautista que vino “mostrando a Jesús como la perfección de la Ley, el Camino, la Verdad y la Vida” (RABANO, ut supra), y “mostrando en sí mismo tales virtudes que los pecadores públicos fueron conmovidos y  se convirtieron” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra). Ahora mientras “los pecadores públicos creyeron y obraron bien, vosotros fariseos no quieren admitir ni siquiera su miseria moral, lo que les prepararía a la justificación. Jesús dice a los doctores de la ley y a los sacerdotes que el pueblo sencillo es mejor que ellos, que es más cercano al primer hijo, mientras los fariseos y los escribas están próximos al segundo, de hecho dicunt sed non faciunt (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra).



3°a) La parábola de los viñadores homicidas (Mt. XXI, 33-46)

a) También esta, según el gran exégeta Giuseppe Ricciotti, es “igualmente de reprobación, en la que [Jesús] quiso resumir la historia entera de Israel confrontada con la economía predeterminada por Dios respecto a la salvación humana. La velada enseñanza en esta nueva parábola era igual a la impartida por Jesús pocas horas antes, con la acción simbólica de maldecir y desecar la higuera; la imagen… ya había sido empleada siete siglos antes y con el mismo fin por el profeta Isaías… (V, 1 ss.) ... La explicación… había recordado que la viña ingrata era la nación de Israel y su dueño era Dios..., el cuál sin embargo, exacerbado de la esterilidad de la viña, habría derribado la cerca abandonándola a la devastación y dejándole crecer cardos y espinas”. Esta imagen que predecía, setecientos años antes de Cristo, la reprobación, la maldición y el abandono de Israel por parte de Dios (son términos empleados en las Escrituras, Is. V, 1ss y Mt. X, 2-42), es retomada y ampliada en el Evangelio de Mateo recién citado: “había un hombre … que plantó una viña … Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los viñadores para que recibiesen sus frutos; pero los viñadores, capturados sus siervos, golpearona uno, asesinaron a otro … Finalmente les envió a su hijo ... Pero ellos … le prendieron, lo llevaron fuera de la viña y lo mataron … Jesús les dijo … por esto os digo que les será quitado a vosotros el reino de Dios y será dado a una nación que rinda frutos … y habiendo oído los sumos sacerdotes y los fariseos sus parábolas comprendieron que él hablaba de ellos”. Ricciotti comenta: “la viña era Israel, los siervos golpeados y asesinados eran los profetas (…). Pero a esta parte relativa al pasado Jesús había añadido, a modo de conclusión, una parte relativa al futuro y era aquella donde había dicho que el mismo hijo (…), había sido golpeado y asesinado; evidentemente el orador se ocultaba a sí mismo en este hijo, y así se proclamaba implícitamente hijo de Dios acusándolos y culpándolos anticipadamente del futuro delito”.

b) Los Padres de la Iglesia la explican así: “Esta segunda parábola sirve para demostrar aún más la culpabilidad de los fariseos” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra). El propietario “es Dios” (ORÍGENES, ut supra). La viña del Señor es “la familia de Israel [Is, V,2]” (SAN JERÓNIMO, ut supra). Pero “En Isaías la viña misma es inculpada de no fructificar, mientras aquí en el Evangelio los colonos son los culpables, ya que en el profeta la viña es Israel, mientras que en Mateo la viña es la verdad revelada y contenida en las Escrituras, el fruto son las buenas obras que los fieles deben sacar de la verdad revelada, bajo la guía de sus jefes: los escribas y los fariseos, o sea los colonos, los que no hacen su deber”. Los colonos son “los sacerdotes y los levitas, ahora como no aprovecha nada al colono trabajar la tierra si ésta no da frutos, así el sacerdote no hace su deber si no favorece al pueblo fiel”. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra). El dueño partió “dejándoles a los hombres el tiempo y la posibilidad de alcanzar, con libre albedrío, su propia santificación” (SAN JERÓNIMO, ut supra). Cuando llegó el tiempo de los frutos “la fe y la caridad, la moral y el dogma”. (RABANO MAURO, ut supra). Dios envió a sus siervos “los Profetas del Antiguo Testamento” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra), pero los colonos los capturaron “con la mano vacía de bien hicieron el mal” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra), a algunos los golpearon “como a Jeremías” (SAN JERÓNIMO, ut supra), a otros los asesinaron “como a Isaías” (ibídem), a otros lapidaron “como a Nabot y a Zacarías” (Ibídem). Finalmente envió a su hijo “el Verbo Encarnado” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra), pensando al menos tendrán respeto de él, en efecto “vino no para castigarlos, sino para salvarlos” (SANJERÓNIMO, ut supra), no obstante “sabía que lo habrían de rechazar” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra), pero “ellos habrían debido y podido –con su libre albedrío– acogerlo y amarlo” (SAN JUAN CRISÓSTOMO y SAN JERÓNIMO, ut supra). Los colonos “que habrían debido y habrían podido conocer al hijo de Dios, por tener la Revelación, renegaron de él y lo odiaron” (ORÍGENES, ut supra), de hecho, dicen “él es el heredero”, por lo tanto “no por  ignorancia invencible y no culpable, sino por envidia y celos, odiándolo, lo crucificaron; e incluso aquellos que odian el Evangelio y persiguen a sus apóstoles tratan en lo posible de dar muerte a Jesús” (RABANO MAURO, ut supra). Aquí se ve cómo ya los Padres y luego santo Tomás de Aquino hicieron la distinción entre causa eficiente, material y real, de la muerte de Cristo (los infieles judíos) y causa moral o final (todos los hombres por quienes Cristo murió), por lo que no es exacto decir, como lo hace Nostra Aetate y la posterior enseñanza de Juan Pablo II, que no fueron los judíos, sino todos los hombres, y especialmente los cristianos, quienes crucificaron a Cristo. Así –decían ente sí– `tendremos su heredad´, es decir, “no querían perder el legado de las ceremonias extrínsecas de la antigua ley (porque cedería el paso a la nueva), de la cual ya no habrían sido más los beneficiarios y no habrían podido más obtener de ella lucros y autoridad, como en cambio continuaban haciendo” (SAN JUAN CRISÓSTOMO y RABANO MAURO, ut supra). Lo echaron fuera “de Jerusalén, donde fue crucificado, como extranjero a la viña, o sea excomulgado por su Iglesia de la antigua Alianza, que ellos cultivaron mal” (ORÍGENES, ut supra). Ellos debieron responder, a Jesús que los interrogaba, que el dueño los habría castigado justamente. “Se juzgan por sí mismos, todos en conciencia sentían que la pena era justa, pero –lo decían– quien solamente con la boca y quien con el corazón, quien de buena gana y quien de mala” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra). De hecho añadieron incluso que el dueño `diera la viña a otros agricultores´, es decir, “la palabra de Dios debía pasar de Israel a los Gentiles”, es decir, el antiguo pacto celebrado entre Dios y los primeros colonos, es dividido puesto que estos últimos han sido infieles, se pasa de una vieja a una nueva alianza, así que la antigua Alianza ha sido realmente revocada y a ella ha sucedido una Nueva y Eterna Alianza, ésta es la enseñanza moralmente unánime (y por lo tanto infalible) de los Padres de la Iglesia, alejarse en parte de ella significa judaizar, o sea apostatar. Jesús, en efecto, concluye:  `os será retirado el reino de Dios y le será dado a gente que lo hará fructificar´ o sea el reino es “la verdad revelada por Dios en la antigua Alianza a Israel” (ORÍGENES, ut supra) y los jefes de los sacerdotes y los fariseos `entendieron que hablaba de ellos´, San Jerónimo (ut supra) comenta “aunque embrutecidos por la pasión de la envidia y los celos, sentían en conciencia que las cosas eran realmente así, pero por ignorancia voluntaria no lo confesaban públicamente”, más bien `buscaban de prenderlo´ para matarle pero `temían aún al pueblo´ al que luego extraviarán, DESINFORMÁNDOLO y persuadiéndolo (con el `boca a boca´) falsamente. Jesús especifica que `la piedra rechazada por los constructores se volverá piedra angular´, o sea Cristo rechazado por los jefes de Israel se volverá “la piedra de un nuevo edificio: el Nuevo Testamento, esa será la piedra angular, o sea unirá en sí a dos muros o pueblos, Israel y los Paganos, que entrarán todos con igual dignidad en la nueva Iglesia cristiana” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra) y advierte: `quien tropezara sobre ella se herirá, y triturará a aquél sobre el que caiga´,vale decir “no es la piedra o Cristo quien hace caer, pero quién no creyendo en él se escandalizare, caerá por su culpa. En cambio predice la caída de Jerusalén y del Templo, cuando afirma que ella destruirá la ciudad deicida –recayendo su sangre, es decir la responsabilidad de su muerte, sobre ella– después de haber sido rechazado” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra). La misma parábola se la encuentra también en Lucas (XX, 9-19). Ella ha sido comentada también por SAN AGUSTÍN (De cons. evang.II, 69), San Cirilo, San Beda el Venerable, TEOFILACTO (Super Cavete a fermento Pharisaeorum e superQuia vero resurgant mortui), Eusebio, San Basilio y SAN AMBROSIO (In Lucam lib. 10), SAN GREGORIO MAGNO (Super Arborem fici habebat quidam, hom. 26), todos en el mismo sentido.


3°b) El banquete nupcial (Mt. XXII, 1-14)

  La parábola de los viñadores homicidas continúa con una segunda parte, aquella del banquete de bodas que un rey ha preparado para su hijo.

El abad Ricciotti no habla de ella. El P. Ferdinando Prat (S.J.) escribe que: “El banquete mesiánico es la cena que Dios celebra en honor a su hijo: los invitados que responden a la llamada con un rechazo injurioso son los judíos, y aquellos que vienen a sustituirlos son los gentiles, llamados últimos pero primeros en llegar”. Con esta parábola Jesús tiene la intención de “resaltar que la reprobación del pueblo judío, y la llamada a los gentiles en su sustitución, es el castigo de su incredulidad”.

  Los Padres de la Iglesia comentan así: “Jesús responde a los fariseos, los cuáles le preguntaron a quien había sido encomendada la viña, o sea el Reino de Dios” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, In Matth. hom. 70), que “el banquete de bodas, representa la Iglesia de Dios sobre la tierra” (SAN AGUSTÍN, De cons. evang. II, 71) y “el cielo eterno de los beatos” (SAN GREGORIO MAGNO, In Evang. hom. 36 vel 38). El rey es “Dios Padre” (ORÍGENES, In Evang. tract. 20), su hijo “es Dios Hijo o Jesucristo” (ORÍGENES, ut supra). Los siervos enviados primeros son “Moisés y los Profetas del Antiguo Testamento” (SAN JERÓNIMO, Comm.In Matth.), los primeros invitados “a bien creer y obrar” (ORÍGENES, ut supra), son “el pueblo elegido o Israel de la Vieja Alianza” (SAN JUAN CRISÓSTOMO, ut supra). Los segundos siervos mandados a invitar al banquete son “los apóstoles de la Nueva Alianza” (SAN JERÓNIMO, ut supra), los cuáles son mandados “por Dios, en primer lugar a las ovejas perdidas de Israel, y sólo después a los gentiles” (SAN JUAN CRISOSTOMO, Super Matth. Op.imperf., hom. 41). A pesar del “rechazo de Israel a participar en el banquete o sea en la fiesta por la Resurrección de Jesús;  Dios renueva la invitación, una vez más, a los judíos” (SAN GREGORIO MAGNO, ut supra) a entrar en la Iglesia de Cristo, y así “mediante la gracia y los sacramentos, especialmente el banquete eucarístico” (SAN JERÓNIMO, ut supra) “para luego participar en el Reino de los cielos” (SAN GREGORIO MAGNO y SAN JUAN CRISOSTOMO, ut supra). Pero ellos (Israel), también rechazan la invitación de los Apóstoles, después de haber rechazado la de Moisés y los Profetas y haber matado al Hijo de Dios. Más aún “algunos, no solamente rechazan la gracia de Cristo y de la Iglesia, sino incluso hieren y matan a los apóstoles” (SAN GREGORIO MAGNO, ut supra y SAN JUAN CRISOSTOMO, ut supra). Ahora el rey (Dios Padre), al oír esto “se fastidió” (SAN JUAN CRISOSTOMO, ut supra) y “envió a sus milicias, es decir, el ejército de Vespasiano y Tito en el 70 después de Cristo” (SAN JERÓNIMO, ut supra) y a “los Ángeles ministros de Dios, al fin del mundo” (SAN GREGORIO, ut supra), a “dispersar a los homicidas o deicidas, en la Diáspora entre los Gentiles” (SAN GREGORIO, ut supra) y a “destruir Jerusalén”(SAN JERÓNIMO, ut supra). Sólo “después del rechazo de Israel” (SAN JUAN CRISOSTOMO, ut supra), Dios “envía a sus Apóstoles, salidos de Jerusalén y de la Judea, a los Gentiles” (SAN JERÓNIMO, ut supra), invita a “todos, buenos y malos, justos y pecadores, a entrar en la Iglesia y luego al Cielo, a condición de cambiar de vida y convertirse a Cristo” (SAN JUAN CRISOSTOMO, ut supra). El banquete (la Iglesia de la Nueva Alianza de Cristo), se llenó, “pero antes que los comensales se sentaran, o sea entraran definitivamente en el Cielo” (ORÍGENES, ut supra), el rey (Dios), va a inspeccionar “el estado de gracia de los comensales, al Juicio particular y luego universal” (SAN JUAN CRISOSTOMO, ut supra). Ahora, uno no tenía “el vestido nupcial, o sea la gracia santificante, no habiendo cambiado de vida, con las buenas obras” (SAN GREGORIO); “tenía la fe pero sin la caridad” (SAN AGUSTÍN, ut supra). El rey “lo regaña diciéndole: ¿Cómo no te avergüenzas?” (SAN JERÓNIMO, ut supra). Éste “estuvo callado, no puede excusarse al pecador impenitente delante de Dios juez” (SAN JERÓNIMO, ut supra). Entonces el rey dijo: Atadle manos y pies y arrojadlo afuera “de la luz, del banquete celestial” (SAN GREGORIO, ut supra), a las tinieblas “de la oscuridad de la condenación eterna” (SAN GREGORIO, ut supra). Por lo que, incluso después del deicidio, Dios envía a sus apóstoles primero a Israel y sólo después de su obstinación contra la Iglesia naciente, los envía a los paganos. Sin embargo, si todos son `llamados´ a entrar en la Iglesia, no todos son `elegidos´, es decir, no responden con las buenas obras o la caridad sobrenatural que informa y vivifica la fe, a la gracia de Dios. Es claro que Israel es depuesto del reino de Dios en esta tierra y reemplazado por los paganos, que se convertirán en masa a Cristo, no sólo con la fe, sino también con la práctica de la virtud. La teología de la sustitución, es por lo tanto divina y formalmente revelada y enseñada infaliblemente, por el consenso común de los Padres de la Iglesia.


  Léase también S.THOMAE AQUINATIS, super Evangelium S. Matthei lectura, Torino, Marietti, 1951, pp. 264-269.
ID., Catena aurea in quatuor Evangelia,Torino, Marietti, 2 voll., 1953.
CORNELIUS ALAPIDE, Commentarii in Sacram Scripturam, (Anversa, 1681),  Melitae, Tonna-Banchi& socii, 1843, en 11 volúmenes.
En lengua italiana se pueden consultar:
S. AMBROGIO,Commento al Vangelo di san Luca, Roma, Città Nuova, 1966, 2° vol., I coloni malvagi,  pp. 209-214.
S. GIROLAMO,Commento al Vangelo di san Marco, Roma, Città Nuova, 1965, pp. 82-88.
S. GIOVANNI CRISOSTOMO, Commento al Vangelo di san Matteo, Roma, Città Nuova, 1967, 3° vol., pp. 122-141.
Además cfr.  La Bibbia commentata dai Padri, Nuovo Testamento 2, Marco, Roma, Città Nuova, 2003, pp. 227-230.

  Se puede concluir tranquilamente que sobre la reprobación del judaísmo post-bíblico existe el consenso no solo moralmente unánime de los Padres sino incluso matemáticamente o absolutamente concorde, y esto es “signo irrefutable de fe católica”. Quien lo contradice por consiguiente se aleja de esta fe, “sine [qua] fide est impossibile placere Deo” (s. Paolo).


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Agradecemos a Raúl Orlando Sattler por el trabajo y por su traducción del mismo.



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