San Juan Bautista

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sábado, 11 de marzo de 2023

Bergoglio, la abuelita, los protestantes y el padre Julio Meinvielle - Antonio Caponnetto

 


En una entrevista realizada a Bergoglio por la indeseable carantoñera Elisabetta Piqué –y que dio a conocer en espaciosas páginas La Nación en su edición sabatina del 11 de marzo del corriente- llegado a uno de los tantos momentos envilecedores y ruines de la vatiparla, el entrevistado hace la siguiente reflexión: Compara la conducta iluminadora (“me abrió la puerta a revaluar lo que se decía entonces”) de su abuelita, que le enseñó a admirar y a respetar a los protestantes (en especial y nada menos que a los de la espantosa secta masónico-británica “Ejército de Salvación”) con la de “aquél párroco de Versailles, en Buenos Aires, que les quemaba las carpas a los evangelistas porque eran herejes”. (N. del E.: Ver al final del escrito el video)

Ese párroco preclaro y glorioso, obviamente, como lo sabe absolutamente todo el mundo medianamente informado, y quienes vivimos los hechos, fue el padre Julio Meinvielle, a cargo de Nuestra Señora de la Salud, precisamente en el barrio porteño de Versailles.

Será esquemática mi respuesta.

-Dios se haya apiadado de la nona de Bergoglio, la cual –según este relato que ahora reflota su nieto- en toda comparación que se haga con el lobo que simulaba ser la abuela de Caperucita, sale gananciosa en simulacros, engañifas, asnadas turbias, ardides malos e ignorancias culposas.

-Además de todo cuanto de grave se ha dicho sobre Bergoglio, y que cubre desde el Iscariotismo hasta la Apostasía, desde la blasfemia hasta la idolatría, según lo hemos probado ya en múltiples escritos, habrá que agregar ante esta indigna y cobarde ofensa al Padre Julio Meinvielle, que estamos ante una mala persona, humanamente tartufo, hipócrita, farisaico, acomodaticio y fayuto. Me explico:

-El 2 de agosto de 1998, a las 11 de la mañana, y con ocasión de cumplirse 25 años de la muerte del padre Julio, ofició la Santa Misa en su memoria, el entonces Arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, monseñor Jorge Mario Bergoglio. Estoy tomando la noticia de dos Boletines de AICA, uno del 22/7/98 y otro del 3/8/98. Estuve en esa celebración Eucarística –que coronó una semana de homenaje al insigne difunto, con la presencia de varios obispos- y todos cubrieron de elogios la obra y la personalidad del antiguo párroco. Se ve que entonces la abuelita de Bergoglio no le impidió honrar al valeroso incendiario del basural protestante.

-Pero hay más. Al término de la Santa Misa, los presentes, en su mayoría emocionados y veteranos scoutistas católicos y admiradores, discípulos, camaradas y amigos del Padre Meinvielle, nos dirigimos ante la tumba que está en el atrio de la parroquia. Se dieron vítores a Dios, a la Patria, a Cristo Rey, al homenajeado; y se repartió un volante que decía: “El Padre Julio está presente. Mueran los herejes”. Lo tengo en mis manos. En el medio de esos briosos católicos y meinvielleanos, si se nos permite el adjetivo, exactamente ubicado en uno de los ángulos de la lápida, estaba Jorge Mario Bergoglio, como un adherente más.

-Se fueron retirando todos, y cuando me quise acordar, ganado por el luto y los recuerdos, creí que estaba solo ante la lápida. Pero no. El que permanecía de pie, callado, orante, era Bergoglio. Se me acercó y se limitó a leerme, a modo de consuelo, el epitafio que todavía corona sus restos: “Amó la Verdad”. Nos despedimos y cada quien a lo suyo.

25 años después, Bergoglio es un tránsfuga de la peor catadura.

Aprendió bien la lección del lobo-abuela. Y se hizo lobo de esos que el Evangelio condena, execra y maldice. 25 años después, nosotros, aquí, como siempre. Preparándonos para celebrar el medio siglo del paso a la inmortalidad del inolvidable e invicto combatiente de la Iglesia Católica.

 

Padre Julio Meinvielle: ¡PRESENTE!





lunes, 2 de agosto de 2021

Homenaje al Rev. Padre Julio Meinvielle - Antonio Caponnetto

 

Al cumplirse 48 años de su paso a la Eternidad del padre Julio Meinvielle, compartimos a modo de homenaje, la conferencia impartida hace algunos años por el Dr. Antonio Caponnetto en dicho sentido.



martes, 1 de septiembre de 2020

Entrevista al Padre Julio Meinvielle (Enero 1972)

      Entrevista realizada por Germán Carlos Zafaroni el 19 de enero de 1972 en el semanario oriental “Azul y Blanco”.

 


Hace calor en Buenos Aires, la gente va y viene, se entrechoca y vuelve sobre sus pasos, cada cual por su camino, en su mundo, con su alma. Abordamos un taxi y cruzamos la majestuosa Avenida 9 de Julio.

Mucho humo, muchos automóviles en una ciudad convulsionada que mezcla la espiritualidad de viejas casonas coloniales –símbolo y estandarte de una época que aparenta tocar a su fin- y gigantescos rascacielos que parecen desafiar a Dios en una pretendida imposición del hombre sobre Su espíritu.

Nos acomodamos en el asiento y pensamos. Buenos Aires… Capital de una nación en continuo estado de gravidez libertaria y espiritual que, como nuestra Patria, no ha podido llegar a la cumbre de la independencia y de la soberanía.

¿Cuántos son los personajes, héroes, sabios, etc., que conviven con los casi diez millones de habitantes metropolitanos?

Las luces del anochecer iluminan melenas y barbas que se entremezclan grotescamente con recortadas cabelleras masculinas. Es el producto de una civilización demente y controvertida, de una sociedad perdida en una constante evolución -¿o involución?- hacia lo desconocido, lo cambiante. Es la demostración urbana del cambio por el cambio.

Un tórrido calor acecha al peatón. Evidentemente el verano ayuda a que los gritos estentóreos y las impaciencias se agudicen.

De pronto… un frenazo. Hemos llegado. Estamos en la esquina de las calles Independencia y Salta.

Pagamos el viaje y descendemos. El calor es más agobiante aún. Caminamos por Independencia hasta el 1194.

Antes de llamar miramos el antiguo edificio. Hay muchos años y muchos recuerdos sobre sus viejas paredes.

Un minuto después golpeamos sobre la añeja puerta siempre entreabierta. Nos atiende un hombre alto, de contextura fuerte, entrado en años. Cabeza redonda y casi totalmente calva. Ojos de mirar fuerte claro que traslucen pureza de corazón y humildad espiritual.

Viste una larga y negra sotana. Su sonrisa deja entrever una actitud hospitalaria. Nos extiende su diestra al tiempo que nos invita a pasar. Es el Padre Julio Meinvielle.

Pasamos a un recinto humilde y limpio. El ambiente es monacal y acogedor a la vez. Nuestra vista recorre las paredes cubiertas de libros. Sobre la mesa más libros, acompañados de papeles y anotaciones.

Allí está el fruto de cuarenta años de trabajo, estudio y meditación. La soledad del Padre Meinvielle, que por cierto es mucha, subsiste muy acompañada. El ambiente desborda espiritualidad. Intelectualidad. Compañía.

A una invitación suya tomamos asiento y comenzamos la charla.

 

- Padre, ¿considera el momento actual de la Iglesia más crítico que en el siglo del Protestantismo?

- El momento actual es para la Iglesia mucho más crítico que el del protestantismo, y ello por diversas y fáciles razones. El protestantismo fue un movimiento localizado y por lo mismo no tan extendido ni tan profundo. En cambio, el progresismo actual es un movimiento universal, al menos para todo el Occidente y de mayor profundidad en cuanto a su penetración. Ya no hay verdad que se mantenga incólume. Incluso la existencia de Cristo y de Dios es cuestionada. En realidad, el progresismo, en su variante liberal burguesa o en la proletaria comunista, termina con toda expresión religiosa. Se marcha hacia una secularización o ateización de la existencia humana.

 

- ¿Cuál es para Ud. la raíz del actual caos en el catolicismo?

- Esta pregunta merecería ser descompuesta en distintos niveles. Pero le podemos dar una respuesta global. Hasta hace unos años, aproximadamente unos treinta, el Catolicismo de la Iglesia tenía enemigos y por de pronto el enemigo natural de que habla el apóstol San Pablo en la Primera Carta a los Tesalonicenses (2,14), “los judíos, que dieron muerte al Señor Jesús, a nosotros nos persiguen, no agradan a Dios y están contra todos los hombres”. Los judíos fabrican, de vez en cuando, a los otros enemigos de la Iglesia, a los masones y a los comunistas, a quienes seleccionan de entre los “goim” o gentiles. Pero hoy la Iglesia no tiene enemigos visibles porque éstos han sabido infiltrarse dentro de sus filas y han llegado a “copar” posiciones claves y a manejar las palancas de mando de la Iglesia misma. De aquí que el proceso de la Iglesia no se realice desde fuera sino de adentro mismo. Es un proceso de autodestrucción.

 

- ¿Teniendo en cuenta la reiterada prescindencia por parte de algunos obispos y jerarquías eclesiásticas de las enseñanzas papales se puede prever un cisma en los próximos años?

-Yo no creo que pueda haber cisma en la Iglesia. Porque no nos iremos de la Iglesia por mucho que esto pretendan los enemigos que se han adueñado de la Iglesia misma; y ellos –los enemigos infiltrados- tampoco se han de ir, pues quieren destruirla desde dentro.

Tendremos que soportar este tiempo de autodestrucción hasta que Dios intervenga y ponga las cosas en su debido lugar.

 

- ¿En qué estado considera usted, se encuentra la Revolución Mundial, que tiende a destruir nuestros valores esenciales?

- La Revolución Mundial, que está trabajando desde hace siglos en esta lucha contra la Iglesia y contra las nacionalidades, está a punto de lograr su objetivo, que es el de la implantación de la tiranía universal del Anticristo. Pero antes de que logre ese objetivo, me inclino a creer que veremos el Reino Universal de la Virgen. María reducirá a polvo, y bien pronto, a todos los enemigos y sólo después logrará el Anticristo su breve reinado universal.

 

- Respecto del Nacionalismo, Padre, ¿considera usted que se reincorporará finalmente para restaurar los esquemas Naturales sobre los que se debe regir la vida de todo hombre?

- El Nacionalismo es una expresión temporal que quiere la implantación de los valores naturales del hombre en la Cultura, en la Economía y en la Política. Un Nacionalismo sano no ha de mirar esos valores como bienes en sí y de una estima absoluta, sino que ha de integrarlos en un contexto histórico de validez universal que se llama la Cristiandad. Creo que, a corto plazo, caminamos hacia la restauración de la Cristiandad. A plazo corto digo, porque la historia se mueve hoy a un ritmo aceleradísimo. Pero la Cristiandad no ha de ser posible si, previamente, no se cumple la purificación universal de que hablan todos los mensajes marianos.

 

- Finalmente, Padre Meinvielle, quisiéramos que dirigiera un mensaje para el pueblo uruguayo en este difícil momento por el que atraviesa frente a la subversión político-religiosa.

- Aquí está la clave del momento actual para nuestros hermanos, los uruguayos, y para nosotros, los argentinos. Es un momento de conversión interior, individual y colectiva, en el sentido de encontrarnos con los valores (...)[[1]] la supervivencia y grandeza de nuestros pueblos y cuyo olvido ha determinado sus ruinas.

Frente al liberalismo y al marxismo disgregador que nos convierte en polvo, profesamos nuestra creencia en que la Virgen Madre ha de brindarnos una vez más nuestra salvación individual y colectiva, aún en estas nuestras Patrias terrenas.

 

Hace una pausa y nos invita con un refresco. Habla del calor y del Uruguay. Manifiesta un vivo interés por nuestros problemas. Le pedimos algunas fotos para publicar junto con el reportaje. Nos acerca tres fotos que guardamos, y dos de sus obras que nos obsequia. Se tratan de “Política Argentina 1940-1956” –en la que sitúa al lector frente al discutido y siempre vigente problema del peronismo- y “De la Cábala al Progresismo” en la que fundamenta su posición frente a la actual subversión espiritual y moral. Miramos el reloj. Es tarde, en el Aeroparque nuestro avión debe estar calentando sus motores. El Padre Meinvielle se despide amablemente acompañándonos hasta la puerta de la vieja casona.

Nos retiramos dejando atrás un semblante lleno de vida –y cuarenta años de sacrificio, meditación, estudio y trabajo por la Verdad-. La calle nos recibe con su calor pegajoso. Por un momento habíamos olvidado que estábamos en Buenos Aires.



[1] El original está borrado en las tres o cuatro palabras que siguen.


Fuente: Revista Verdad

 

Nacionalismo Católico San Juan Bautista


viernes, 5 de febrero de 2016

Sufragio universal - Padre Julio Meinvielle



  Nada más deplorable, en cambio, y opuesto al bien común de la nación, que la representación a base del sufragio universal. Porque el sufragio universal es injusto, incompetente, corruptor. Injusto, pues niega por su naturaleza la estructuración de la nación en unidades sociales (familia, taller, corporación); organiza numéricamente hechos vitales humanos que se substraen a la ley del número; se funda en la igualdad de los derechos cuando la ley natural impone derechos desiguales: no puede ser igual el derecho del padre y del hijo, el del maestro y el del alumno, el del sabio y el del ignorante, el del honrado y el del ladrón. La igual proporción, en cambio — esto es la justicia — exige que a derechos desiguales se impongan obligaciones desiguales. Incompetente, por parte del elector, pues éste con su voto resuelve los más trascendentales y difíciles problemas religiosos, políticos, educacionales, económicos.

  De parte de los ungidos con veredicto popular, porque se les da carta blanca para tratar y resolver todos los problemas posibles y, en segundo lugar, porque tienen que ser elegidos, de ordinario, los más hábiles para seducir a las masas, o sea los más incapaces intelectual y moralmente. Corruptor, porque crea los partidos políticos con sus secuelas de comités, esto es, oficinas de explotación del voto; donde, como es de imaginar, el voto se oferta al mejor postor, quien no puede ser sino el más corruptor y el más corrompido. Además, como las masas no pueden votar por lo que no conocen, el sufragio universal demanda el montaje de poderosas máquinas de propaganda con sus ingentes gastos. A nadie se le oculta que a costa del erario público se contraen compromisos y se realiza la propaganda. Tan decisiva es la corrupción de la política por efecto del sufragio universal, que una persona honrada no puede dedicarse a ella sino vendiendo su honradez; hecho tanto más grave si recordamos que, según Santo Tomás, un gobernante no puede regir bien la sociedad si no es "simpliciter bonus", absolutamente bueno. (I - II, q. 82, a. 2 ad 3). El sufragio universal crea los parlamentos, que son Consejos donde la incompetencia resuelve todos los problemas posibles, dándoles siempre aquella solución que ha de surtir mejor efecto de conquista electoral. En las pretendidas democracias modernas, donde el sufragio universal es el gran instrumento de acción, los legisladores tienen por misión preferente abrir y ampliar los diques de la corrupción popular. Hay quienes pretenden salvar el sufragio universal, y su corolario, el parlamento, imputando a los hombres y no a estas instituciones, los vicios que se observan.

  Pero no advierten que los vicios indicados les son inherentes, y es en ellas donde reside el principio de corrupción de las costumbres políticas. El individualismo, que es la esencia del sufragio universal, arranca de la materia, signada por la cantidad, y la materia, erigida en expresión de discernimiento, disuelve, destruye, corrompe, porque la bondad adviene siempre a las cosas por la vía de la forma, según los grandes principios de la metafísica tomista. Fácil sería demostrar que los descalabros de la política moderna son consecuencia de considerar 40 toda cuestión bajo el signo de la materia.


Concepción católica de la política: El sufragio universal.



Fuente: El Renegáu



Nacionalismo Católico San Juan Bautista


viernes, 24 de julio de 2015

Progresismo judeo-masónico en la Iglesia (1968) - P. Julio Meinvielle (Repost)


  Hace apenas unos años, Cruz y Fierro publicó de Pierre Virrion “El Gobierno Mundial y la Contra-Iglesia”. Allí aprendimos a conocer los planes novísimos que la Alta Masonería estaba ejecutando en el mundo occidental para llegar al gobierno mundial, tanto en el plano económico-político como en el religioso.

  Este nuevo libro… viene a revelarnos en qué consiste el misterium iniquitatis de que habla el Apóstol (II Tes. 2, 7). El misterio de la iniquidad consiste precisamente en que el “Aparato publicitado de la Iglesia” que debía servir para llevar las almas a Jesucristo, sirva en cambio para perderlas y esclavizarlas al demonio. Aquí está el “misterio de la perversidad”: Que la sal se corrompa y deje de salar (Mt. 5, 13). Fíjese bien el lector que no decimos que la Iglesia deje de llevar almas a Jesucristo. La Iglesia es indefectible y durará como tal hasta su fin. Pero la Iglesia de Jesucristo puede no identificarse con el “Aparato publicitado de la Iglesia. La Iglesia de Jesucristo puede mantenerse en las almas fieles a la doctrina que se conservaría en algunos sacerdotes y obispos adheridos a la Cátedra del Pontífice de Roma, mientras que el Aparato mismo de lo que el mundo conoce como Iglesia puede seguir otra doctrina y otra pastoral elaborada por la soberbia de los grandes y publicitados teólogos de una nueva teología…

  Es claro que esta colaboración del cristianismo con el anticristianismo de la masonería debe traer como consecuencia una transformación necesaria de la doctrina y de la vida cristiana. Esta transformación es propiamente el Progresismo.

  El Progresismo se centra en el error de identificar Iglesia y Mundo. Al hombre se le daría una nueva dimensión, la del mundo. Con ello se suprime la necesidad de un Dios Salvador. Cristo no ha venido a salvar al mundo. La Iglesia no es necesaria para salvar al hombre. La salvación del hombre viene del hombre mismo. El hombre es Dios en lo más profundo de su ser. Por lo tanto no existe una Iglesia, ni un Cristo, ni un Dios trascendente al hombre. Se puede hablar un lenguaje teísta acomodado al vulgo. Pero en realidad no es el mismo sino expresión exotérica de la total inmanencia de lo divino en el hombre y en el mundo. Esta es la única realidad esotérica que unifica todas las religiones de la humanidad, el culto de las logias masónicas, se ha de imponer como único culto de la verdadera humanidad.

  De esta suerte, mediante la nueva religión del Progresismo, el culto católico se cambia por el culto masónico de la fraternidad universal. La transformación ha comenzado ya en el alto nivel de la teología nueva de los grandes teólogos publicitados. No hay dogma que quede en pie. Ni el del pecado ni el de la gracia, ni el de Cristo ni el de Dios. Todo es subvertido en nombre de la ciencia y de los principios masónicos. La nueva teología del Progresismo, elaborada por teólogos de prestigio, invade seminarios, universidades y casas de formación y configura la mentalidad de las nuevas generaciones eclesiásticas. Unos años más, y de no intervenir directamente la mano de Dios, el "aparato publicitado de la Iglesia Católica" profesará una religión completamente distinta de la que nos enseñó Jesucristo y que nos han transmitido los Padres, Doctores y Santos de la Iglesia doblemente milenaria. De aquí este furor satánico que se ha desatado contra la Iglesia pre-conciliar.

  El libro de Pierre Virrión constituye el testimonio más elocuente e ilustrativo de todo cuanto se ha publicitado para aclarar el fenómeno del Progresismo cristiano. Sin embargo, este fenómeno queda explicado tan sólo al nivel de la gentilidad. La Masonería es un fenómeno pagano. Faltaría una explicación en un nivel más alta y fundamental, en el nivel del judaísmo propiamente tal. Porque es aquí donde se ha tramado la ruina de la Iglesia. La vieja secular enemiga de la Iglesia – la Sinagoga – ha querido destruir para siempre a la Iglesia. Esta es la lucha eterna de Caín contra Abel, de Esaú contra Jacob. Y para ello los judíos se disfrazan de cristianos. Nada más aleccionador a este respecto que el libro del judío inglés Cecil Roth “History of jews marranos”, donde se nos cuenta cómo los judíos, sin dejar de ser judíos, lograron escalar altas posiciones en la Iglesia, de cardenales, obispos, dignatarios eclesiásticos y afamados religiosos, aún en plena Inquisición.


  Tiene uno derecho a preguntarse: Si los judíos, en un momento de la Iglesia en que se desconfiaba de ellos y se los vigilaba y controlaba, lograron burlar el control eclesiástico, ¿qué ha de suceder ahora, cuando, lejos de perseguírselos, se los estimula y adula?  No es nada de extrañar que los judíos, junto con los masones y comunistas hayan logrado encaramarse en posiciones claves de la Iglesia y que desde allí gobiernen a la Iglesia misma. Esta es la gran realidad. La Iglesia estaría gobernada hoy en gran parte por judíos, masones y comunistas. Gobernada contra los intereses de la Iglesia misma. Aquí está el Misterium Iniquitatis.

  Pero la Iglesia y el mundo están en definitiva gobernados por Dios. La Providencia permite un mal en vista de un mayor bien, y sobre todo, del bien de los elegidos. La Historia tiene su razón de ser a causa de Jesucristo y de su Cuerpo Mística. Por esto, el momento presente de la Iglesia del mundo hay que mirarlos con ojos sobrenaturales. Lo esencial es nuestra adhesión inquebrantable a Jesucristo. A Jesucristo el de siempre. Que no es ni pre-conciliar ni post-conciliar. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos (Hebr. 13, 8).

  El libro de Pierre Virrión se cierra con una magnífica profesión de fe y de confianza en María, Reina del Universo, en Aquella en la que el Verbo se ha hecho carne, y no la carne se ha hecho espíritu de revuelta. María en oposición a las gnosis orgullosas, nos introduce en el conocimiento de la Fe y en el gozo de la Esperanza. LA VIRGEN SALVARÁ A LA IGLESIA.
  
    Padre Julio Meinvielle - Prologo al libro “La masonería dentro de la Iglesia” de Pierre Virrión. 1968.       




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 17 de marzo de 2015

Progresismo judeo-masónico en la Iglesia (1968) - P. Julio Meinvielle


   Hace apenas unos años, Cruz y Fierro publicó de Pierre Virrion “El Gobierno Mundial y la Contra-Iglesia”. Allí aprendimos a conocer los planes novísimos que la Alta Masonería estaba ejecutando en el mundo occidental para llegar al gobierno mundial, tanto en el plano económico-político como en el religioso.

  Este nuevo libro… viene a revelarnos en qué consiste el misterium iniquitatis de que habla el Apóstol (II Tes. 2, 7). El misterio de la iniquidad consiste precisamente en que el “Aparato publicitado de la Iglesia” que debía servir para llevar las almas a Jesucristo, sirva en cambio para perderlas y esclavizarlas al demonio. Aquí está el “misterio de la perversidad”: Que la sal se corrompa y deje de salar (Mt. 5, 13). Fíjese bien el lector que no decimos que la Iglesia deje de llevar almas a Jesucristo. La Iglesia es indefectible y durará como tal hasta su fin. Pero la Iglesia de Jesucristo puede no identificarse con el “Aparato publicitado de la Iglesia. La Iglesia de Jesucristo puede mantenerse en las almas fieles a la doctrina que se conservaría en algunos sacerdotes y obispos adheridos a la Cátedra del Pontífice de Roma, mientras que el Aparato mismo de lo que el mundo conoce como Iglesia puede seguir otra doctrina y otra pastoral elaborada por la soberbia de los grandes y publicitados teólogos de una nueva teología…

  Es claro que esta colaboración del cristianismo con el anticristianismo de la masonería debe traer como consecuencia una transformación necesaria de la doctrina y de la vida cristiana. Esta transformación es propiamente el Progresismo.

  El Progresismo se centra en el error de identificar Iglesia y Mundo. Al hombre se le daría una nueva dimensión, la del mundo. Con ello se suprime la necesidad de un Dios Salvador. Cristo no ha venido a salvar al mundo. La Iglesia no es necesaria para salvar al hombre. La salvación del hombre viene del hombre mismo. El hombre es Dios en lo más profundo de su ser. Por lo tanto no existe una Iglesia, ni un Cristo, ni un Dios trascendente al hombre. Se puede hablar un lenguaje teísta acomodado al vulgo. Pero en realidad no es el mismo sino expresión exotérica de la total inmanencia de lo divino en el hombre y en el mundo. Esta es la única realidad esotérica que unifica todas las religiones de la humanidad, el culto de las logias masónicas, se ha de imponer como único culto de la verdadera humanidad.

  De esta suerte, mediante la nueva religión del Progresismo, el culto católico se cambia por el culto masónico de la fraternidad universal. La transformación ha comenzado ya en el alto nivel de la teología nueva de los grandes teólogos publicitados. No hay dogma que quede en pie. Ni el del pecado ni el de la gracia, ni el de Cristo ni el de Dios. Todo es subvertido en nombre de la ciencia y de los principios masónicos. La nueva teología del Progresismo, elaborada por teólogos de prestigio, invade seminarios, universidades y casas de formación y configura la mentalidad de las nuevas generaciones eclesiásticas. Unos años más, y de no intervenir directamente la mano de Dios, el "aparato publicitado de la Iglesia Católica" profesará una religión completamente distinta de la que nos enseñó Jesucristo y que nos han transmitido los Padres, Doctores y Santos de la Iglesia doblemente milenaria. De aquí este furor satánico que se ha desatado contra la Iglesia pre-conciliar.

  El libro de Pierre Virrión constituye el testimonio más elocuente e ilustrativo de todo cuanto se ha publicitado para aclarar el fenómeno del Progresismo cristiano. Sin embargo, este fenómeno queda explicado tan sólo al nivel de la gentilidad. La Masonería es un fenómeno pagano. Faltaría una explicación en un nivel más alta y fundamental, en el nivel del judaísmo propiamente tal. Porque es aquí donde se ha tramado la ruina de la Iglesia. La vieja secular enemiga de la Iglesia – la Sinagoga – ha querido destruir para siempre a la Iglesia. Esta es la lucha eterna de Caín contra Abel, de Esaú contra Jacob. Y para ello los judíos se disfrazan de cristianos. Nada más aleccionador a este respecto que el libro del judío inglés Cecil Roth “History of jews marranos”, donde se nos cuenta cómo los judíos, sin dejar de ser judíos, lograron escalar altas posiciones en la Iglesia, de cardenales, obispos, dignatarios eclesiásticos y afamados religiosos, aún en plena Inquisición. 

  Tiene uno derecho a preguntarse: Si los judíos, en un momento de la Iglesia en que se desconfiaba de ellos y se los vigilaba y controlaba, lograron burlar el control eclesiástico, ¿qué ha de suceder ahora, cuando, lejos de perseguírselos, se los estimula y adula?  No es nada de extrañar que los judíos, junto con los masones y comunistas hayan logrado encaramarse en posiciones claves de la Iglesia y que desde allí gobiernen a la Iglesia misma. Esta es la gran realidad. La Iglesia estaría gobernada hoy en gran parte por judíos, masones y comunistas. Gobernada contra los intereses de la Iglesia misma. Aquí está el Misterium Iniquitatis.

  Pero la Iglesia y el mundo están en definitiva gobernados por Dios. La Providencia permite un mal en vista de un mayor bien, y sobre todo, del bien de los elegidos. La Historia tiene su razón de ser a causa de Jesucristo y de su Cuerpo Mística. Por esto, el momento presente de la Iglesia del mundo hay que mirarlos con ojos sobrenaturales. Lo esencial es nuestra adhesión inquebrantable a Jesucristo. A Jesucristo el de siempre. Que no es ni pre-conciliar ni post-conciliar. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos (Hebr. 13, 8).

  El libro de Pierre Virrión se cierra con una magnífica profesión de fe y de confianza en María, Reina del Universo, en Aquella en la que el Verbo se ha hecho carne, y no la carne se ha hecho espíritu de revuelta. María en oposición a las gnosis orgullosas, nos introduce en el conocimiento de la Fe y en el gozo de la Esperanza. LA VIRGEN SALVARÁ A LA IGLESIA.


    Padre Julio Meinvielle - Prologo al libro “La masonería dentro de la Iglesia” de Pierre Virrión. 1968.       
 

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 30 de septiembre de 2014

Meinvielle y la Cristiandad - Dr. Sergio R. Castaño


Conferencia realizada el 19/09/2013 con el auspicio de
Nacionalismo Católico San Juan Bautista.

  El papel del Padre Julio Meinvielle, teólogo tomísta argentino, en lo que se podrían considerar los últimos años con vestigios de Cristiandad en el siglo pasado en Argentina.



  El Dr. Sergio R. Castaño es Investigador del CONICET; Prof. en Filosofía (UBA); Lic. en Filosofía (UBA); Diploma de Estudios Avanzados en Filosofía (U. de Barcelona); Dr. en Derecho Político (UBA); Dr. en Filosofía (U.Abat Oliba - Barcelo) entre otros muchos grados académicos y autor de varios libros y publicaciones sobre estas materias.



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

sábado, 30 de noviembre de 2013

El Diablo, el Anticristo y los judíos y el triunfo final de Cristo – Por el Padre Julio Meinvielle

  Es evidente que ni el mal ni el bien son patrimonio de ningún pueblo ni de ningún hombre pero el diablo puede tener sus predilecciones como Dios y Cristo tienen las suyas. No olvidemos que el diablo es dios invertido, de suerte que imita en todo, las cosas de Dios para ridiculizarlas.

  Ahora bien, es sorprendente el paralelismo que se puede establecer entre el diablo, el anticristo y los judíos.

  Del Diablo nos dice San Juan en el Apocalipsis (XII, 9): Así fue abatido aquel dragón descomunal, aquella antigua serpiente, que se llama Diablo, y también Satanás que andaba engañando al orbe del universo.

  Del Anticristo se dice: Aquel inicuo que vendrá con el poder de Satanás, con toda suerte de milagros, de señales y de prodigios falsos y con todas las ilusiones que pueden conducir a la iniquidad a aquellos que se perderán, por no haber recibido y amado la verdad a fin de salvarse. Por eso Dios les enviará el artificio del error con que crean a la mentira (II Tes. II, 9-11)

  De los judíos dice el mismo Cristo en San Juan VIII, 44: Vosotros sois hijos del diablo y así queréis satisfacer los deseos de vuestro padre: él fue homicida desde el principio y así no permaneció en la verdad; y así no hay verdad en él; cuando dice mentira, habla como quién es, por ser de suyo mentiroso y padre de la mentira.

  Es evidente que si existe una estrecha intimidad para la perpetración del mal en el mundo entre el diablo, el Anticristo y los judíos, no han de faltar ellos en la gran tarea de deshacer la obra de Dios que es la Santa Iglesia. Y así vemos con que furia estos tres enemigos de la Cristiandad han acometido la empresa de destruir la admirable civilización milenaria que edificó el cristianismo. Aunque la culpa de esta destrucción no la tienen ellos sino los mismos cristianos que fueron infieles al espíritu de Cristo. Porque para los pueblos vale lo que para las almas: nadie sucumbe a la tentación si no quiere. Fiel es Dios – dice San Pablo (I Cor. X, 13) – que no permite que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que de la misma tentación os hará sacar provecho para que podáis sosteneros. Los enemigos declarados del hombre cristiano comenzaron a tener éxito en su criminal empresa cuando los cristianos comenzaron a debilitarse en el espíritu de su vida interior. He aquí, por otra parte, lo que confirma la historia de aquellos tiempos bochornosos del fin de la edad media, en que el clero católico olvidó que debía se la sal de la tierra y la luz del mundo, con lo que las costumbres se relajaron vergonzosamente y la fe se debilitó en los pueblos, mientras los poderes temporales se afirmaban en su soberbia de dominación…

El triunfo final de Cristo

  ... Los judíos, que se habrán ido convirtiendo en gran número, en muchas regiones de la tierra, por donde se hallarán diseminados, también se irán haciendo más satánicos en el núcleo judaico central que se irá estrechando. Y así los últimos residuos de Israel dominarán fuertemente a los pueblos y prepararán la entronización a su Mesías, que será entronizado probablemente en Jerusalén.

  Y entonces se dejará ver aquel perverso, a quien el Señor Jesús matará con el soplo de su boca destruirá con el esplendor de su presencia: A aquel inicuo que vendrá con el poder de Satanás, con toda suerte de milagros, de señales y de prodigios falsos, y con todas las ilusiones que pueden conducir a la iniquidad… (II Tes. II, 8-11).

  Lo que venga entonces y después, solo Dios lo sabe, como asimismo solo él sabe cuándo.

  Pero luego después de la tribulación de aquellos días (que han de abreviarse por amor a los escogidos (Mat. XXIV, 22)), el sol se oscurecerá, la luna no alumbrará, y las estrellas caerán del cielo la señal del Hijo del hombre a cuya vista todos los hombres de la tierra prorrumpirán en llantos: y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad. (Mat. XXIV, 23-30)

  Y el Hijo del Hombre vendrá en la gloria del Padre con sus ángeles y dará a cada uno según sus propias obras. (Mat. XVI, 28). La siega es el fin del mundo: los segadores son los ángeles. Y así como se recoge la cizaña y se quema en el juego así sucederá al fin del mundo: enviará el Hijo del hombre a sus ángeles, y quitarán de su reino a todos los escandalosos, y a cuantos obran la maldad: y los arrojarán en el horno del fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes.

Al mismo tiempo los justos resplandecerán como el sol en el reino de su padre. (Mat. XIII, 37-43)

Padre Julio Meinvielle – “Los tres pueblos bíblicos en su lucha por su dominación del mundo” Ed. Dictio. Pags.274-275 y 307-308


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

viernes, 22 de noviembre de 2013

EL JUDÍO SEGÚN LA TEOLOGÍA CATÓLICA (III) - Por P.Julio Meinvielle

EL JUDÍO Y LOS PUEBLOS CRISTIANOS

  De los judíos viene la Salud. Pero la Salud aun para los judíos. La Salud no son los judíos ni es su Padre Abrahán. La Salud es Cristo. ¡Ay de este pueblo forjado y santificado para traer la Salud, para producir a Cristo, si cree que su carne es la Salud! Entonces en nombre de su "Carne" crucificará a Aquél que constituía su grandeza. y entonces este pueblo, hecho Grande por Aquél que sale de su linaje, se trocará en Miserable por el rechazo voluntario que hará de Cristo.

  Es importante compenetrarnos de este Misterio de Grandeza y de Perfidia del judío. El judío que no se adhiere a Cristo es un "ser de iniquidad", es un "ser de perfidia", y no puede estar haciendo otra cosa en el curso de la historia que perseguir a Cristo. Aunque no lo quiera, es su destino. Porque la razón de ser de esta raza es el Cristo. O con Él o contra Él. De aquí la perfidia del judío carnal. Y carnal es todo judío que no se adhiere a Cristo. Luego digamos sencillamente: la perfidia del judío.

  ...Pero aunque los cristianos debamos amar al judío de acuerdo al precepto de Cristo de amar a nuestros mismos enemigos, no se sigue que no hayamos de reconocer la peligrosidad que hay en ellos y que no hayamos de precavernos contra ella. También debemos amar a los leprosos, y esto no impide que se los aísle para evitar la contaminación; debemos amar a los delincuentes, y esto no obsta a que se los encarcele para que no dañen a la sociedad.

  ...El judío ha de vivir en medio de los cristianos como testigo ciego de la verdad cristiana y como acicate que nos obligue a permanecer fieles a Jesucristo. Ni se lo debe exterminar, ni se lo debe frecuentar. No lo primero porque desempeña el papel teológico de Caín, que lleva el sello de Dios para que nadie lo extermine. No lo segundo porque es sumamente peligroso.

  El judío podrá ser y es bueno dentro de su pueblo. Sus costumbres son generalmente intachables y laudables. Pero con respecto a otros pueblos, aunque viva dentro de ellos, es un enemigo hipócrita que está acechando en la sombra contra los que le brindan hospitalidad. Es un enemigo que acecha.

  Así como un día enjuició a Cristo, lo insultó y escupió y le entregó a los gentiles para que fuese clavado en la cruz, así desde entonces su única razón de ser y su única preocupación es destruir al cristianismo...

EL TALMUD
  Lo que importa saber es que el judío realiza esta su ley en virtud de su judaísmo, como quien cumple con una misión.

  Porque esta ley contenida en el Talmud, que rige al judío, le manda, en efecto, despreciar y odiar a todos los pueblos, en especial a los cristianos, y no parar hasta dominarlos y sujetarlos como esclavos. Veamos qué nos enseña sobre el Talmud Paulus L. B. Drach, el célebre rabino del siglo pasado convertido al cristianismo, en su famosa y rara obra De l'harmonie entre l'Eglise et la Synagogue, Paul Melier, Libraire-éditeurs, Paris, 1844. Dice Drach que el Talmud designa el gran cuerpo de doctrina de los judíos, en el que trabajan sucesivamente, en épocas diferentes, los más acreditados ministros de Israel. Es el código completo, civil y religioso, de la sinagoga. Su objeto es explicar la ley de Moisés conforme al espíritu de la tradición verbal, y encierra las discusiones de los diversos doctores. Si el lector juicioso del Talmud puede afligirse a veces de las extrañas aberraciones en que puede caer el espíritu humano, si más de una vez las torpezas del cinismo rabínico obligan a cubrirse el rostro, si el fiel ha de conmoverse por las atroces e insensatas calumnias que el odio impío de los fariseos difunde sobre todos los objetos de su veneración religiosa, en cambio el teólogo cristiano puede recoger allí datos y tradiciones preciosas para la explicación de más de un texto oscuro del Nuevo Testamento y para convencer a nuestros adversarios de la antigüedad del Dogma Católico.

  El Talmud contiene las tradiciones reales, que están confiadas a un cuerpo de setenta doctos, el sanhedrín, que era mirado como legítimo sucesor de Moisés. Allí se mezcla lo religioso con lo profano, sobre todo después que los judíos fueron llevados cautivos a Babilonia (586 a. C.).

  La autoridad de los rabinos desplaza entonces a Moisés y los profetas. Las prescripciones para el acrecentamiento temporal del pueblo judío adquieren más importancia que los preceptos del mejoramiento religioso. Con estas enseñanzas rabínicas, que agravan los peores instintos del pueblo judío, se ha llegado a crear una mentalidad antisocial y criminal que hace de este pueblo un inadaptado entre todos los pueblos que le dan hospedaje.

  El Talmud adquirió singular virulencia después de la aparición del cristianismo. Allí se estamparon las más insolentes y sacrílegas infamias contra Cristo y los cristianos. Esto determinó que los libros del Talmud fueran entregados a las llamas por orden de los Romanos Pontífices o de los príncipes cristianos. Fue entonces cuando un Sínodo judío, reunido en Polonia en 1631, ordenó suprimir cuanto se refiere a Cristo o a los cristianos, en los siguientes términos: "Por tales razones, os ordenamos que de ahora en adelante, cuando publicareis una nueva edición de estos libros, dejéis en blanco los pasajes donde se habla de Jesús de Nazareth, haciendo un circulo como éste O; y todo rabino, como cualquier otro maestro, tenga el cuidado de enseñar tales pasajes a sus fieles sólo verbalmente. De este modo los hombres de ciencia cristianos no tendrán nada que reprochamos al respecto, y podremos evitar que nos sobrevengan las más grandes calamidades y nos será posible vivir en paz"...

LAS ENSEÑANZAS DEL TALMUD REFERENTES A CRISTO Y A LOS CRISTIANOS

SOBRE CRISTO. Se le llama con desprecio: "este hombre", "un quídam",
"hijo del carpintero", el "colgado". Se enseña que es hijo espúreo, de una mujer menstruada. Que tenía en sí el alma de Esaú, que era tonto, prestidigitador, seductor, idólatra, que fue crucificado, sepultado en el infierno, y que hasta ahora es un ídolo para sus secuaces. Como seductor e idólatra, no pudo enseñar otra cosa que el error y la herejía, y ésta irracional e imposible de cumplir.

SOBRE LOS CRISTIANOS. Son llamados Notsrim, Nazarenos, y se les aplica todos los nombres con los cuales se designa a los no judíos. Abada zara, es decir, cultivadores de la idolatría; acum, adoradores de las estrellas y de los planetas; Obdé Elilim, siervos de los ídolos; Mínim, herejes; Edom, idumeos; Goim, gentiles; Nokhrim, extranjeros, forasteros; Ammé Aarez, pueblos de la tierra, ignorantes; Apicorosim, epicúreos; Cutim, samaritanos...

LOS CRISTIANOS DEBEN SER DESTRUÍDOS. A los discípulos de "aquel hombre", cuyo mismo nombre entre los judíos suena a "bórrese su nombre y su memoria", no se les puede desear otra cosa sino que perezcan todos, romanos, tiranos, los que llevan en cautiverio a los hijos de Israel, de suerte que los judíos puedan librarse de ésta su cuarta cautividad. Está obligado, por tanto, todo israelita a combatir con todas sus fuerzas aquel impío reino de Idumea, propagado por el orbe. Pero como no siempre y en todas partes y a todos es posible este exterminio de cristianos, manda el Talmud combatirlos al menos indirectamente, haciéndoles daño de todas las maneras y así disminuyendo su poder y preparando su ruina.

Abhodah Zarah 26 b: Los herejes y traidores y apostatas deben ser tirados en un pozo de donde no puedan ser sacados.

• I) Son considerados como los mayores enemigos de los judíos aquellos que revelan los secretos del Talmud o causan daño pecuniario a los judíos aunque sea de poca importancia -Noseroth- traidores...

Sanhedrín 59 a: Dice R. Jochamam: el cristiano que escruta la ley es reo de muerte.

• II) Deben ser matados los judíos que reciben el bautismo.

Iove Dea 158, 2 Hagah: Los prevaricadores que se pasan a la parte de
los cristianos y que se contaminan entre los cristianos...

• III) Deben ser matados los cristianos porque son tiranos, restos de los amalecitas, a los que manda destruir la ley antigua.

Zohar I, 219 b: Cierto es que nuestra cautividad debe durar hasta que sean borrados de la tierra los príncipes cristianos que adoran a los ídolos.

• IV) Deben ser matados todos los cristianos, sin exceptuar los mejores de entre ellos.

Abhodah Zarah 26 b. Tosephoth: El mejor entre los goim merece ser muerto.

• V) El judío que mata a un cristiano no peca, sino que ofrece un sacrificio aceptable.

Sepher Or Israel 177 b. Borra la vida del cristiano y mátale. Es agradable a la majestad divina como el que ofrece un don de incienso.

Ibid. fol. 180. El israelita está obligado a poner todo su empeño en quitar las espinas de la viña. Esto es, en arrancar y en extirpar a los cristianos de la tierra; no se puede dar alegría mayor a Dios bendito que ésta que hacemos exterminando a los impíos y a los cristianos de este mundo.

• VI) Después de la destrucción del templo de Jerusalén no hay sacrificio más grande que el exterminio de los cristianos.

En el Zohar III, 227 b., dice el buen pastor: No hay otro sacrificio fuera del que consiste en quitar del medio la parte inmunda.

Mikdasch Melech en el Zohar f. 62, dice: El cabrón que mandaban el día de la expiación a Azaziel nos enseña que también nosotros debemos suprimir del mundo a los cristianos.

• VII) A los que matan a los cristianos se les promete el supremo lugar en el paraíso.

Zohar I, 38 b. y 39 a. En el cuarto palacio del paraíso están todos los que lloraban a Sión y a Jerusalén y todos los que han destruido los restos de las naciones idólatras... Y como la púrpura es el vestido honorífico y distintivo de Dios, así serán honrados y distinguidos todos los que habrán matado a los otros pueblos idólatras.

• VIII) No se deben hacer las paces con los cristianos, sino que hay que exterminarlos.

Hilkhoth Akum 10, 1. No hagan las paces con los idólatras; de suerte que les concedan permiso de adorar a los ídolos... sino que los aparten de su culto y los maten.

• IX) Todos los judíos están obligados a obrar concordemente para destruir a los traidores sus enemigos; si no con la acción directa, al menos con todos los medios.

Choschen Hammischpat, 388, 16: Todos los habitantes de la ciudad están obligados a resarcir los gastos hechos para matar al traidor, aun aquellos que pagan por otro concepto sus tributos.

Pesachim 49 b: Dice R. Eliezer: Es lícito estrangular al hombre idiota en la fiesta de la expiación, aun si caiga en día sábado.

Le dijeron sus discípulos: Rabbí, di más bien inmolar. A lo que les respondió: De ningún modo; porque inmolando es necesario recitar ciertas preces, y estrangulando no son necesarias.

Padre Julio Meinvielle "El Judío en el misterio de la historia" - Sexta Edición 1975


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

lunes, 15 de julio de 2013

EL JUDÍO SEGÚN LA TEOLOGÍA CATÓLICA (II) - Por P.Julio Meinvielle

GRANDEZA DEL PUEBLO JUDÍO
  He recordado estas figuras de los antiguos Patriarcas no como evocación literaria, sino porque en el origen mismo del pueblo judío, en Abrahán y en Isaac, está figurada la grandeza y miseria de este pueblo y su oposición con la Iglesia.

  El pueblo judío es el linaje teológico, escogido, consagrado, santificado para significar y traernos en su carne a Ese otro que había de venir, al Esperado de las naciones. 

  He aquí lo tremendo de ese pueblo: su carne está santificada y estigmatizada para traemos a Aquél que es la Verdad y la Vida; que es la Salud de los hombres.
  
  Pero, ¿por qué esta carne es santa? ¿Porque es del linaje de Abrahán, o porque ha de traemos a Cristo? En otros términos: ¿Es Cristo quien santifica al linaje judío, o es el linaje judío el que santifica al Cristo?

  He aquí, entonces, que Cristo, como había, predicho Isaías (ad. Rom. 9,33), ha sido puesto como piedra de tropiezo y de escándalo para este pueblo.

  Porque si este pueblo, con la humildad de Abrahán, cree en el Cristo que santifica su linaje, está llamado a ser raíz y tronco de una frondosa Oliva que es la Iglesia de Jesucristo; si en cambio parte de este pueblo rechaza al Cristo fundado en la soberbia de su linaje, está llamado a ser la raíz y el tronco de una Vid silvestre que no produce sino frutos amargos de pecado.

  Si lo primero, este pueblo será Isaac, Jacob, Abel; si lo segundo, este pueblo está llamado a desempeñar el papel de Ismael, Esaú, Caín.

  Pero este linaje escogido siempre tendrá superioridad sobre los otros linajes de la tierra. Si acepta al Cristo será lo principal, lo mejor de la Iglesia.

  Será la raíz y el tronco de esa Oliva que produce frutos para la vida eterna, como enseña el Apóstol. Si rechaza al Cristo será también lo principal, es a saber lo peor en el reino de la iniquidad.

  El Apóstol San Pablo, que con orgullo se sentía israelita, subraya esta superioridad del judío en lo bueno y en lo malo cuando, escribiendo a los Romanos, dice (2, 9-10): Así que tribulación y angustia aguardan al alma de todo hombre que obra mal, del judío primero y después del griego. Mas la gloria y el honor y la paz serán de todo aquél que obra bien, del judío primero y después del griego. Grande es, pues, la superioridad de los judíos, enseña el mismo Apóstol, (Rom,3, 2) porque a ellos les fueron confiados los oráculos de Dios.

  El judío es, entonces, primero en el orden de la bondad, en el misterio de la gracia. Judío, entonces, el tronco del árbol que es la Iglesia. Judíos o Israelitas, los Patriarcas; Judíos los Profetas; Judío, Bautista el Precursor; Judío, San José; Judía, la Madre de Dios; Judío, Nuestro Adorable Salvador, en quien son benditas todas las naciones. Judíos los Apóstoles y Evangelistas; Judío el Protomártir Esteban.

  ¡Qué pueblo, este pueblo teológico, hecho tronco del Árbol de la Iglesia!

  Delante de esta Oliva, ¿qué valen los pueblos gentiles que no son más que pobre acebuche?

  ¿Qué el poderío de Roma y la ciencia de los griegos? Estulticia y necedad, los llama el Apóstol, porque absolutamente de nada sirven para la salud.

  Los gentiles, con los griegos a la cabeza, si quieren entrar en la vía de salud tienen que entrar de limosna, aprovechando que algunos judíos serán rechazados para que ellos puedan ser injertados, y así dice el Apóstol que la caída de parte del pueblo judío: Ha venido a ser una ocasión de salud para los gentiles.
17. Si algunas ramas han sido cortadas, y si tú, pueblo gentil, que no eres  más que un acebuche, has sido injertado en lugar de ellas y echo participante de la savia que sube de la raíz del olivo.
18. No tienes de qué gloriarte contra las ramas. Y si te glorías, sábete que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. (Rom. 11).

MISERIAS DEL PUEBLO JUDÍO
  Pero cuanto mayor sea la grandeza de Israel, que ha sido predestinado en el Cristo, tanto mayor ha de ser su fidelidad a Cristo. ¡Miserable este pueblo si llega a rechazar a Aquél que es su salud! Entonces seguirá siendo el primero, pero el primero en la iniquidad. Y todo cuanto más inicuo y perverso produzca el mundo saldrá también de éste pueblo.

  Judío fue Judas el traidor,. Judíos, Anás y Caifás. Judío el pueblo que se gozaba con la sangre del Salvador y que exclamaba: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Judíos, los que apedrearon a San Esteban.

  Judíos, los que dieron muerte al Apóstol Santiago de Jerusalén. Judíos, todos los que acechaban contra la predicación de los Apóstoles. El crimen más grande de todos los tiempos, la muerte del Hombre Dios, ha sido perpetrado por éste pueblo, que mereció por eso el nombre de "pérfido".

  ¿En qué está la raíz del pecado y de todos los errores judaicos?

  En que parte de este pueblo creyó que las Promesas hechas a los judíos a causa de Cristo que debía nacer de ellos fueron hechas a su carne, a su genealogía. En otras palabras: En lugar de advertir que si el pueblo judío era pueblo de predilección lo era por el Cristo, ellos, en su obcecación, creyeron que el Cristo recibió gloria de su descendencia genealógica.

  Así no era de Cristo de quien venía la gloria, sino de la carne de Abrahán.

  Por esto los fariseos, encarnación genuina de este espíritu de iniquidad, decían con orgullo para no aceptar a Jesucristo: Nosotros tenemos por Padre a Abrahán.

  Su pecado consistió entonces, en carnalizar las divinas Promesas. De esta suerte, dieron valor de substancia a lo que no era más que figura.

  Esperaron la salud de lo que no era sino un signo.

  Y del Mesías, que era el esperado para traer al mundo la gracia y la verdad, hicieron ellos un dominador político, terrestre, que debía asegurar y perpetuar la grandeza de Israel sobre todas las naciones sujetadas como esclavas al imperio judaico.

CARNALIZACIÓN DEL PUEBLO JUDÍO
 Es aleccionador indicar las etapas del proceso de carnalización obrado en el pueblo judío.

  Siempre fue el israelita de condiciones naturales perversas, dominado por una gran soberbia y una gran avaricia.

  Moisés advierte expresamente a los israelitas (Deut. 9,6): Sabe, pues, que no por tus justicias te ha dado el Señor Dios tuyo esta excelente tierra en posesión, pues eres un pueblo de cerviz muy dura. Y advierte más adelante (Deut. 9, 13-14):
13. Y me dijo de nuevo el Señor: Veo que este pueblo es de dura cerviz.
14. Déjame que lo desmenuce y que borre su nombre de debajo del cielo y te ponga sobre una gente que sea mayor y más fuerte que ésta.

  Pero de modo particular este pueblo prevaricó y se carnalizó en la época de los Reyes, entregándose a mil deshonestidades e idolatrías, de suerte que en castigo fue primero desmembrado y llevado luego en cautivo a Babilonia por el rey Nabucodonosor, seiscientos años A.C.

  Setenta años duró este cautiverio, al cabo de los cuales, vueltos los judíos a Palestina, se reconstituyeron en nación sobre las bases nuevas y más firmes que les dio Esdras, a quien los judíos consideran un legislador casi tan grande como Moisés.

  De esta reorganización que dio Esdras al pueblo judío, arranca en realidad el judaísmo tal como era en tiempo de Jesucristo y como se perpetúa hasta nosotros.

  Para caracterizar a los judíos, hemos de decir que el judío es un pueblo atado a un Libro, el Libro por excelencia, la Ley, la Thora. En realidad forman la Thora los 5 libros del Pentateuco que escribió Moisés. Pero los judíos sólo aceptan la Thora con las interpretaciones que los Rabinos han ido trasmitiendo de boca en boca como palabra de Dios superior a la del mismo Moisés, interpretaciones que han quedado consignadas y en cierto modo petrificadas en un voluminoso libro, llamado el Talmud, que es el código civil y religioso de los judíos.
  
 El Judío en el misterio de la historia - Padre Julio Meinvielle - Sexta Edición 1975

Nacionalismo Católico San Juan Bautista