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jueves, 20 de febrero de 2014

Pio IX y la Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción - (wwwmileschristi.blogspot.com.ar)


EL SONETO QUE INSPIRÓ AL PAPA PÍO IX PARA PROCLAMAR EL DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN SANTA MARÍA

"Dios reveló a santa Brígida que ha concedido tan gran poder a María para vencer a los demonios, que cuantas veces asaltan a un devoto de la Virgen que pide su ayuda, a la menor señal suya huyen despavoridos, prefiriendo que se le multipliquen los tormentos del infierno a verse dominados por el poder de María". 
(San Alfonso María de Ligorio, "Las Glorias de María")

  Rescatamos de archivos de la ASOCIACIÓN MARIANA APOSTÓLICA SACERDOTAL esta historia, que es una muestra del poder que Dios Nuestro Señor le otorgó a la Santísima Virgen sobre los demonios:

  En 1823, dos sacerdotes dominicos, Padres Bassiti y Pignataro, estaban exorcizando a un niño poseso, de 12 años de edad, analfabeto. Para humillar al demonio, lo obligaron, en nombre de Dios, a demostrar la veracidad de la Inmaculada Concepción de María. Para sorpresa de los sacerdotes, por la boca del niño poseso, el demonio compuso el siguiente soneto:

"Soy verdadera madre de un Dios que es hijo,
Y soy su hija, aunque Le soy madre;
Él desde eterno existe y es mi hijo,
Y yo nací en el tiempo y soy su madre.

El es mi Criador y es mi hijo,
Y soy su criatura y su madre;
Fue divinal prodigio ser mi hijo
Un Dios eterno y tenerme por madre.

El ser de la madre es casi el ser del hijo,
Visto que el Hijo dio el ser a la madre
Y fue la madre que dio el ser al Hijo;

Si, pues, del hijo tuvo el ser la madre,
O se ha de decir manchado el hijo
O se dirá Inmaculada la Madre."


  Se cuenta que el Papa Pío IX lloró, al leer ese soneto que contiene un profundísimo argumento de razón en favor de la Inmaculada.

  Nuestra Señora fue la restauradora del orden perdido por medio de Eva. Eva nos trajo la muerte, María nos da la vida. Lo que Eva perdió por orgullo, Nuestra Señora lo ganó por humildad.



  Eva obedeció al demonio, trayendo así el pecado y la muerte. María Santísima obedeció a Dios, y por Ella vino la Salvación.

  El hombre, al contrario del "dogma" liberal, no nace bueno; todos nacemos con el pecado original; tendemos más fácilmente al mal y por eso se hace necesaria una educación y formación para el bien; sin embargo esta educación y formación, para ser verdadera, no puede excluir el auxilio sobrenatural de la gracia que nos mereció Nuestro Señor Jesucristo y que nos es dada por medio de Su Santísima Madre.

  El Dogma de la Inmaculada Concepción fue proclamado por el Papa Pío IX, rodeado de 53 cardenales, de 43 arzobispos, de 100 obispos y más de 50.000 peregrinos venidos de todas partes del mundo, el día 8 de diciembre de 1854.



Visto en: wwwmileschristi.blogspot.com.ar


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jueves, 2 de mayo de 2013

CFR, Masonería, Sionismo y Nuevo Orden Mundial. Dominación Planetaria - Por Augusto TorchSon

  Castellani decía: “amar la Patria es el amor primero, y es el postrer amor después de Dios y si es crucificado y verdadero ya son un solo amor no son dos”.

  Entonces el amor a Dios y a la Patria están estrechamente unidos y el ataque a uno implica necesariamente el ataque al otro por eso el debilitamiento del patriotismo tiene que ver hoy con la descristianización de nuestras Patrias, que es lo mismo que decir deshumanización.

  Quienes dominan el mundo tienen como objetivo primero la abolición de los Estados-Nación, con el objeto de crear un Gobierno Mundial Privado. Esto a través de la ONU que fue una creación particular del Council of Foreign Relations (CFR). El CFR fue creado a iniciativa del banquero J.P. Morgan y continuado por la familia Rockefeller, después de fallar el primer intento globalista de formar un gobierno mundial a través de la “League of Nations”.


  La técnica que utilizan los dueños del mundo para la dominación de este, son las altas finanzas, y las familias de los banqueros Rothschild, los dueños de los bancos Goldman Sachs, Lehman Brothers, los dueños y directores de la Reserva Federal de los EEUU (Banco Privado que imprime los dólares del mundo entero sin ninguna fiscalización estatal), los banqueros Warburg y demás grandes corporaciones financieras no solo son judíos sionistas sino que también son masones.

    Pio XI en su encíclica “Quadragesimo Anno” de 1931 habla del “Imperialismo internacional del dinero” donde denuncia que: “la dictadura económica se ha adueñado del mercado libre; por consiguiente, al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambición de poderío; la economía toda se ha hecho horrendamente dura, cruel, atroz”. Y para graficar el desamor por la Patria de estos perversos personajes señala Su Santidad: “El funesto y detestable imperialismo económico para quienes consideran patria adonde se está bien, donde se tiene comfort”. Y ¿Cómo ejerce su dominio este “imperialismo internacional del dinero? Lo hace a través del crédito o de los préstamos, cuya execrable consecuencia para los países deudores es la fatídica “deuda eterna e impagable”.


  En 1945 con los vencedores de la segunda Guerra Mundial y a instancias del CFR se creó la ONU y su sede se construyó en Nueva York en terrenos donados por John D. Rockefeller.

  En su plan de control planetario complementaron el control de la economía mundial que ejercían principalmente a través del banco de  la Reserva Federal de EEUU, con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, también creaciones de miembros del CFR.

  David Rockefeller ya hablando de un Nuevo Orden Mundial decía que para que este se establezca hacía falta una gran crisis. En el mismo sentido el banquero James Warburg, socio de los Rockefeller y los Rothschild, sostuvo que: guste o no, tendremos un gobierno mundial.

  La cuestión es si se logrará mediante consentimiento o por imposición”. Esto lo dijo nada menos que en el Senado Norteamericano a modo de advertencia y amenaza.

  El Council of Foreign Relations usa para sus objetivos “Tanques de Pensamiento” o “Think Tanks” que son grandes intelectuales del mundo en todas las áreas del conocimiento, con el fin de someternos a su absoluto dominio y cuyos objetivos son:

-Crear un Gobierno Mundial Privado
-Destruir la soberanía de los Estados-Nación
-Establecer una estandarización sociocultural
-Imponer un sistema financiero globalizado usurario-especulativo
-Manipular la opinión pública mundial con acciones psicológicas masivas
-Mantener conflictos globales constantes creando guerras contra enemigos imaginarios o no a fin de asustar a las masas y mantenerlas unidas
-ESTABLECER UNA RELIGIÓN ÚNICA

  Así los principales promotores de la estandarización cultural son los títeres funcionales a la masonería que está detrás del CFR y que utilizan a estos fines a la ONU, promoviendo el multiculturalismo, la perspectiva de género para promocionar la homosexualidad, el aborto como derecho universal y el fin de las religiones dogmáticas y la promoción de la Nueva Era como alternativa superadora de las diferencias religiosas; esto último a través de la biblioteca esotérica de “Lucis Trust”, originalmente “Lucifer Trust”, o “La carta de la Tierra”, también los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” entre otras perversiones promovidas por la ONU.

  Para no extenderme y con el ánimo de hacer una pequeña reseña para quienes no conozcan mucho de la realidad oculta detrás de la propaganda periodística sionista que maneja la prensa mundial, va mi advertencia contra las políticas promovidas como grandes logros democráticos, donde se busca conseguir  una hermandad universal suprimiendo identidades nacionales, integración burda de religiones, unificación de legislación perdiendo la más elemental de las soberanías y todo esto en nombre de los Derechos Humanos que hoy no son inmutables sino que son evolutivos, esto de acuerdo a las políticas antinatalistas de estos perversos masones sionistas que de hecho poseen el mundo, y muy pronto lo van a hacer de pleno derecho.


  No podemos poner nuestras esperanzas en sistemas democráticos en general, ya que estos son los medios utilizados por estos cultores de Satanás para dominarnos, y sería como pretender usar el anillo de Saurón para vencerlo, como lo grafica la novela de J.R. Tolkien.
  La dictadura del relativismo denunciada por S. S. Benedicto XVI se da hoy aplaudida y recibida con gran alegría por las masas democráticas.

  Por todo esto no podemos sino hacernos fuertes en quien es la realidad primera y última, la Verdad Misma, o sea Nuestro Señor Jesucristo, a quién Dios envió como Hijo suyo a padecer indeciblemente a fin de que compartamos su eterna Gloria, pero esto no sin nuestra colaboración.

  Trabajando para que Cristo Reine, decimos con esperanza: Venga a Nosotros Tu Reino “Adveniat Regnum Tuum”

  Augusto TorchSon

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sábado, 30 de marzo de 2013

Condena los errores modernos - "Quanta Cura" Pío PP IX


 Venerables Hermanos, salud y bendición apostólica
1. Tradición de la Iglesia frente al error

  Todos saben, todos ven y vosotros como nadie, Venerables Hermanos, sabéis y veis con cuánta solicitud y pastoral vigilancia los Romanos Pontífices, Nuestros Predecesores, han llenado el ministerio y han cumplido la misión a ellos confiada por el mismo Cristo Nuestro Señor, en la persona de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles de apacentar los corderos y a las ovejas; de tal suerte, que nunca han cesado de alimentar cuidadosamente con las palabras de la fe, de imbuir en la doctrina de salvación a todo el rebaño del Señor, apartándole de los pastos envenenados. Y en efecto, Nuestros Predecesores, guardadores y vindicadores de la augusta Religión Católica, de la verdad y de la justicia, llenos de solicitud por la salvación de las almas, nada han apetecido nunca tanto, como el descubrir, y condenar con sus Cartas y Constituciones, llenas de sabiduría, todas las herejías y todos los errores que, contrarios a Nuestra fe divina, a la doctrina de la Iglesia católica, a la honestidad de las costumbres y a la eterna salvación de los hombres, levantaron con frecuencia violentas tempestades, cubriendo lamentablemente de luto a la república cristiana y civil.

 Por esto, los mismos Predecesores Nuestros, con Vigor apostólico, se opusieron constantemente a las pérfidas maquinaciones de los malvados que, semejantes a las olas del mar enfurecido, arrojan las espumas de sus confusiones, y prometiendo libertad, aunque en realidad sean esclavos de la corrupción, se han esforzado por medio de máximas falsas y perniciosísimos escritos, en destruir los fundamentos de la Religión católica y de la sociedad civil; tratando de hacer desaparecer toda virtud y justicia, de pervertir todas los corazones y entendimientos, de apartar de las rectas normas morales a los incautos, especialmente a la inexperta juventud, corrompiéndola miserablemente, para enredarla en los lazos del error y, por último, arrancarla del seno de la Iglesia católica.

2. El Papa sigue el ejemplo de sus predecesores. La Iglesia vigila.
 Como vosotros bien lo sabéis, Venerables Hermanos, apenas Nos, por un secreto designio de la Divina Providencia, pero sin mérito alguno Nuestro, fuimos elevados a esta Cátedra de Pedro; al ver, con el corazón desgarrado por el dolor la horrible tempestad desatada por tantas opiniones perversas, así como los males gravísimos, y nunca bastante llorados, atraídos sobre el pueblo católico por tantos errores; en cumplimiento de Nuestro apostólico ministerio, e imitando los ilustres ejemplos de Nuestros Predecesores, levantamos Nuestra voz, y por medio de varias Cartas encíclicas, Alocuciones, Consistorios, así como por otros Documentos apostólicos, hemos condenado los errores principales de Nuestra tan triste época. Al mismo tiempo, hemos excitado vuestra admirable vigilancia pastoral, y con todo Nuestro poder advertimos y exhortamos a Nuestros carísimos hijos para que abominen tan horrendas doctrinas y no se contagien de ellas. Particularmente en Nuestra primera Encíclica, del 9 de noviembre de 1846 a vosotros dirigida(1), y en las dos Alocuciones consistoriales(2), del 9 de diciembre de 1854 y del 9 de junio de 1862, Nos hemos condenado las monstruosas opiniones que, con gran daño de las almas y detrimento de la misma sociedad civil, dominan señaladamente a nuestra época; errores de los cuales derivan todos los demás y que no sólo tratan de arruinar la Iglesia católica, su saludable doctrina y sus derechos sacrosantos, sino también a la misma eterna ley natural grabada por Dios en todos los corazones y aun la recta razón.

3. Los nuevos errores requieren nuevo celo.
   Sin embargo, bien que Nos no hayamos descuidado el proscribir y condenar frecuentemente estos tan graves errores, la causa de la Iglesia católica y la salvación de las almas que Dios Nos ha confiado, y aun el mismo bien común demandan imperiosamente, que Nos de nuevo excitemos vuestra pastoral solicitud para que condenéis todas las opiniones que hayan salido de los mismos errores como de su fuente natural. Estas opiniones falsas y perversas, deben ser tanto más detestadas cuanto que su objeto principal es impedir y aun suprimir el poder saludable que hasta el final de los siglos debe ejercer libremente la Iglesia católica por institución y mandato de su divino Fundador, así sobre los hombres en particular como sobre las naciones, pueblos y gobernantes supremos; errores que tratan, igualmente, de destruir la unión y la mutua concordia entre el Sacerdocio y el Imperio, siempre tan beneficiosa para la Iglesia y para el Estado.(3)

4. El naturalismo.
   En efecto, os es perfectamente conocido, Venerables Hermanos, que hoy no faltan hombres que, aplicando a la sociedad civil el impío y absurdo principio llamado del naturalismo, se atreven a enseñar que el mejor orden de la sociedad pública y el progreso civil demandan imperiosamente que la sociedad humana se constituya y se gobierne sin que tenga en cuenta la Religión, como si esta no existiera, o, por lo menos, sin hacer distinción alguna entre la verdadera Religión y las falsas. Además, contradiciendo la doctrina de la Sagrada Escritura, de la Iglesia y de los Santos Padres, no dudan en afirmar que el mejor gobierno es aquel en el que no se reconoce al poder civil la obligación de castigar, mediante determinadas penas, a los violadores de la religión católica, sino en cuanto la paz pública lo exija; y como consecuencia de esta idea absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia Católica y a la salvación de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor, de feliz memoria, delirio(4) a saber: que la libertad de conciencias y de cultos es un derecho propio de cada hombre, que todo Estado bien constituido debe proclamar y garantizar como ley fundamental, y que los ciudadanos tienen derecho a la plena libertad de manifestar sus ideas con la máxima publicidad, ya de palabra, ya por escrito, ya en otro modo cualquiera, sin que autoridad civil ni eclesiástica alguna puedan reprimirla en ninguna forma.

5. Esta libertad es perniciosa.
  Ahora bien: al sostener afirmación tan temeraria no piensan ni consideran que proclaman la libertad de la perdición(5), y que, si se permite siempre la plena manifestación de las opiniones humanas, nunca faltarán hombres, que se atrevan a resistir a la Verdad, y a poner su confianza en la verbosidad de la sabiduría humana; vanidad en extremo perjudicial, y que la fe y la sabiduría cristiana deben evitar cuidadosamente, con arreglo a la enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo(6).

   Y como allí donde la Religión se halle desterrada de la sociedad civil y se rechace la doctrina y autoridad de la revelación divina, se oscurece y aun se pierde la verdadera noción de la justicia y del derecho, en cuyo lugar triunfan la fuerza y la violencia, claramente se ve por qué causa ciertos hombres, despreciando en absoluto y dejando a un lado los principios más firmes de la sana razón, se atreven a proclamar que la voluntad del pueblo manifestada por la llamada opinión pública o de otro modo cualquiera, constituye una suprema ley, libre de todo derecho divino o humano; y que en el orden político los hechos consumados, por sólo haberse consumado, tienen ya valor de derecho.

   Mas ¿quién no ve, quién no siente claramente que una sociedad, sustraída a las leyes de la Religión y de la verdadera justicia, no puede tener otro ideal que acumular riquezas, ni seguir más ley, en todos sus actos, que un insaciable deseo de satisfacer la indómita concupiscencia del espíritu, sirviendo tan solo a sus propios placeres e intereses? He aquí por qué esos hombres, con odio verdaderamente cruel, persiguen a las Órdenes religiosas, sin tener en cuenta los inmensos servicios hechos por ellas a la Religión, a la sociedad humana y a las letras; he aquí, por qué desvarían contra ellas, diciendo, que no tienen ninguna razón legítima para existir, haciéndose así eco de los errores de los herejes. Como lo enseñó con tanta verdad Nuestro Predecesor, Pío VI de feliz memoria, la abolición de las Órdenes religiosas hiere al estado que hace profesión pública de seguir los consejos evangélicos; ofende a una manera de vivir recomendada por la Iglesia como conforme a la doctrina apostólica; finalmente, ofende aun a los preclaros fundadores, que las establecieron inspirados por Dios (7).

   Llevan su impiedad a proclamar que se debe quitar a la Iglesia y a los fieles la facultad de "hacer limosna en público, por motivos de cristiana caridad", y que debe "abolirse la ley prohibitiva, en determinados días, de las obras serviles, para cumplir con el culto divino"; todo bajo el pretexto falacísimo de que esa facultad y esa ley se hallan en oposición a los postulados de la mejor economía política.

6. El comunismo y el socialismo.
   No contentos con desterrar a la Religión de la pública sociedad, quieren también arrancarla de la misma vida familiar. Enseñando y profesando el funestísimo error del comunismo y del socialismo, afirman que la sociedad doméstica debe toda su razón de ser sólo al derecho civil y que, por lo tanto, sólo de la ley civil se derivan y dependen todos los derechos de los padres sobre los hijos y, sobre todo, del derecho de la instrucción y de la educación. Para esos hombres falacísimos, el objeto principal de estas máximas impías y maquinaciones, es eliminar la saludable doctrina y la instrucción y educación de la juventud, para así manchar y depravar míseramente las tiernas y dúctiles almas de los jóvenes con los errores más perniciosos y con toda clase de vicios.

  En efecto; todos cuantos maquinaban perturbar la Iglesia o el Estado, destruir el recto orden de la sociedad, y así suprimir todos los derechos divinos y humanos, han dirigido siempre sus criminales proyectos, su actividad y esfuerzo a engañar y pervertir a la inexperta juventud, como Nos lo hemos insinuado más arriba, porque en la corrupción de ésta ponen toda su esperanza. Esta es la razón por qué el clero secular y regular, a pesar de los encendidos elogios que uno y otro han merecido en todos los tiempos, como lo atestiguan los más antiguos documentos históricos, así en el orden religioso como en el civil y literario, es por su parte objeto de las más atroces persecuciones; y dicen, que siendo el clero enemigo del saber, de la civilización y del progreso debe ser apartado de toda injerencia en la instrucción de la juventud.

7. La Iglesia y el poder civil.
  Otros, hay que, renovando los errores, tantas veces condenados, de los innovadores, se atreven a decir, con desvergüenza suma, que la suprema autoridad de la Iglesia y de esta Apostólica Sede, que le otorgó Nuestro Señor Jesucristo, depende en absoluto de la autoridad civil; niegan a la misma Sede Apostólica y a la Iglesia todos los derechos que tienen en las cosas que se refieren al orden exterior. En efecto, no se avergüenzan de afirmar que las leyes de la Iglesia no obligan en conciencia, a menos que sean promulgadas por la autoridad civil; que los documentos y los decretos de los Romanos Pontífices, aun los tocantes a la Iglesia, necesitan de la sanción y aprobación o por lo menos del asentimiento, del poder civil; que las Constituciones apostólicas(8) por las que se condenan las sociedades secretas sea que exijan o no en ellas el juramento de guardar el secreto, y en las que se anatematiza a los fautores o adeptos de ellas, no tienen fuerza alguna en aquellos países donde son toleradas por la autoridad civil; que la excomunión lanzada por el Concilio de Trento y por los Romanos Pontífices contra los invasores y usurpadores de los derechos y bienes de la Iglesia, se apoya en una confusión del orden espiritual con el civil y político, y que no tiene otra finalidad que promover intereses mundanos; que la Iglesia nada debe mandar que obligue a las conciencias de los fieles en orden al uso de las cosas temporales; que la Iglesia no tiene derecho a castigar con penas temporales a los que violan sus leyes; que es conforme a la Sagrada Teología y a los principios del Derecho público que la propiedad de los bienes poseídos por las Iglesias, Órdenes religiosas y otros lugares piadosos, ha de atribuirse y vindicarse para la autoridad civil.
 No se avergüenzan de confesar abierta y públicamente el herético principio, del que nacen tan perversos errores y opiniones, esto es, que la potestad de la Iglesia no es por derecho divino distinta e independientemente del poder civil, y que tal distinción e independencia no se pueden guardar sin que sean invadidos y usurpados por la Iglesia los derechos esenciales del poder civil.

   No podemos tampoco pasar en silencio la audacia de aquellos que, no pudiendo tolerar los principios de la sana doctrina, pretenden que en cuanto a los juicios de la Sede Apostólica y a sus decretos que tengan por objeto el bien general de la Iglesia, y sus derechos y su disciplina, mientras no toquen a los dogmas de la fe y de las costumbres, se les puede negar asentimiento y obediencia, sin pecado y sin ningún quebranto de la profesión de católico. Esta pretensión es tan contraria al dogma católico de la plena potestad divinamente dada por el mismo Cristo Nuestro Señor al Romano Pontífice para apacentar, regir y gobernar la Iglesia, que no hay quien no lo vea y entienda clara y abiertamente.

Condena de los errores.
   En medio de esta tan grande perversidad de opiniones depravadas, Nos, con plena conciencia de Nuestra misión apostólica, y llenos de solicitud por nuestra santa Religión, por la sana doctrina y por la salvación de las almas cuya guarda se nos ha confiado de lo Alto, y por el mismo bien de la sociedad humana, hemos creído deber Nuestro levantar de nuevo Nuestra voz apostólica. En consecuencia, todas y cada una de las perversas opiniones y doctrinas que van señaladas detalladamente en las presentes Letras, Nos las reprobamos con Nuestra autoridad apostólica las proscribimos las condenamos; y queremos y mandamos que todas ellas sean tenidas por los hijos de la Iglesia como reprobadas, proscritas y condenadas.
 Además de estos, bien sabéis, Venerables Hermanos, que hoy, los que aborrecen toda verdad y toda justicia y los enemigos encarnizados de Nuestra santa Religión, por medio de venenosos libros, folletos y periódicos, esparcidos por todo el mundo, engañan a los pueblos, mienten a sabiendas y diseminan toda suerte de doctrinas impías. No ignoráis que también se encuentran en nuestros tiempos hombres que, empujados y excitados por el espíritu de Satanás han llegado a tal impiedad que no temen atacar al mismo Rey Señor Nuestro Jesucristo, negando su divinidad con criminal procacidad. En este punto, no podemos dejar de tributaros, Venerables Hermanos, las mayores alabanzas que tenéis bien merecidas, por el celo con el cual habéis levantado vuestra voz episcopal contra impiedad tan grande.

8. Exhortación a los Obispos a combatir el mal.
  Por esto, con esta Nuestras Letras nos dirigimos nuevamente con intenso amor a vosotros que, llamados a compartir Nuestra solicitud pastoral, Nos servís en medio de Nuestros grandes dolores, de consuelo, alegría y ánimo, por la excelsa religiosidad y piedad que os distinguen, así como por el admirable amor, fidelidad y devoción con que, en unión íntima y cordial con Nos y esta Sede Apostólica, os consagráis a llevar la pesada carga de vuestro gravísimo ministerio episcopal. En efecto: Nos esperamos de de vuestro insigne celo pastoral que, empuñando la espada del espíritu que es la palabra de Dios y confortados con la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, redobléis vuestros esfuerzos y cada día trabajéis más aún para que todos los fieles confiados a vuestro cuidado se abstengan de las malas hierbas, que Jesucristo no cultiva porque no han sido plantadas por su Padre(9) Y no ceséis de inculcar siempre a los mismos fieles que toda la verdadera felicidad humana proviene de nuestra augusta religión y de su doctrina y ejercicio; que es feliz aquel pueblo, cuyo Señor es su Dios(10). Enseñad que los reinos descansan sobre el fundamento de la fe(11); y que nada hay tan mortífero y tan cercano al precipicio, tan expuesto a todos los peligros, como pensar que, al bastarnos el libre albedrío recibido al nacer, por ello ya nada más hemos de pedir a Dios: esto es, olvidarnos de nuestro Creador y abjurar su poderío, para así mostrarnos plenamente libres(12).

  No descuidéis tampoco el enseñar que la potestad real no se dio solamente para gobierno de este mundo, sino también y sobre todo para la protección de la Iglesia(13); y que nada puede ser más ventajoso y más glorioso para los jefes de los Estados y para los reyes y príncipes que, conforme Nuestro sapientísimo y valerosísimo predecesor SAN FÉLIX escribía al emperador Zenón, dejen a la Iglesia católica gobernarse por sus propias leyes y sin permitir que nadie ponga obstáculos a su libertad... Es seguro, en efecto, que está en su interés, cuantas veces se trate de los asuntos de Dios, en seguir con celo el orden que Él ha prescrito; subordinando, y no prefiriendo, la voluntad soberana, a la de los sacerdotes de Jesucristo... (14)

 9. No se debe descuidar el recurso de la oración especialmente al Divino Corazón y a María Santísima

 Pero si siempre fue necesario, Venerables Hermanos, dirigirnos con confianza al Trono de la gracia, para obtener de él misericordia y auxilio en tiempo oportuno, ahora de modo especial debemos hacerlo, en medio de tan grandes calamidades para la Iglesia y para la sociedad civil, en presencia de tan vasta conspiración de enemigos y de tan grande acumulación de errores contra la sociedad católica y contra esta Santa Sede. Nos hemos juzgado, pues, útil excitar la devoción de todos los fieles, a fin de que, uniéndose a Nos y a Vosotros, no dejen de rogar y de suplicar con las oraciones más fervorosas y más humildes al clementísimo Padre de las luces y de la misericordia; a fin también, de que recurran siempre, en la plenitud de su fe, a Nuestro Señor Jesucristo, que nos redimió con su Sangre; y pidiendo continuamente y sin desfallecimiento a su Corazón dulcísimo, víctima de su ardiente caridad hacia nosotros, para que con los lazos de su amor todo lo atraiga hacia sí, de suerte que inflamados todos los hombres en su amor santísimo caminen rectamente según su Corazón, agradables a Dios en todas las cosas, y dando frutos en todo género de buenas obras.

  Ahora bien, siendo, indudablemente, más gratas a Dios las oraciones de los hombres, cuando éstos recurren a El con alma limpia de toda impureza, hemos resuelto abrir con Apostólica liberalidad a los fieles cristianos los celestiales tesoros de la Iglesia confiados a Nuestra dispensación, a fin de que excitados con mayor viveza a la verdadera piedad, y purificados de sus pecados, por el sacramento de la Penitencia con mayor confianza presenten a Dios sus oraciones y obtengan su gracia y su misericordia.

10. Jubileo para 1865.
  En consecuencia, Nos concedemos, por el tenor de las presentes Letras, en virtud de Nuestra Autoridad Apostólica, a todos y a cada uno de los fieles del mundo católico, de uno y otro sexo, una Indulgencia Plenaria en forma de Jubileo, tan sólo por espacio de un mes, hasta terminar el próximo año de 1865, y no después de esa fecha; qie designado por vosotros, Venerables Hermanos, y por los demás legítimos Ordinarios, según el modo y manera con que al comienzo de Nuestro Pontificado lo concedimos por Nuestras Letras apostólicas en forma de Breve, del 20 de noviembre del 1846, enviadas a todos los Obispos, del universo y que empezaban con estas palabras: Arcano Divinae Providentiae consilio,(15) y con todas las facultades que Nos por medio de aquellas Letras concedíamos. Y queremos que se guarden todas las prescripciones de dichas Letras, y se exceptúe lo que declaramos exceptuado. Nos concedemos esto, no obstante cualesquier otra disposición contraria, aun la que fuera digna de mención especial e individual y de derogación. Y para evitar toda duda y dificultad, hemos ordenado que se os remita on ejemplar de estas Letras.

  Oremos, Venerables Hermanos; oremos desde el fondo de nuestro corazón y con toda las fuerzas de Nuestro espíritu a la misericordia de Dios, porque El mismo ha dicho: No apartaré de ellos mi misericordia(16). Pidamos, y recibiremos; y si demora y tardanza hubiere en el recibir, porque hemos pecado gravemente, llamemos, porque al que llame se le abrirá(17), con tal de que quienes llamen a las puertas sean las oraciones, los gemidos y las lágrimas, en las cuales debemos insistir t perseverar, y con tal de que la oración sea unánime...que todos oren a Dios, no solamente por sí mismos, sino por todos sus hermanos, como el señor nos ha enseñado a orar(17). Y a fin de que el Señor atienda más fácilmente a Nuestras oraciones y votos, a los Vuestros y a los de todos los fieles, pongamos por intercesora junto a El, con toda confianza, a la Inmaculada y Santísima Virgen María, Madre de Dios, que aniquiló todas las herejías en el mundo entero, y que, Madre amantísima de todos nosotros, es toda dulce... y llena de misericordia..., se muestra propicia con todos, con todos clementísima; y con inmenso amor socorre las necesidades de todos(18). En su calidad de Reina que está a la diestra de su Unigénito Hijo nuestro Señor Jesucristo, con manto de oro y adornada con todas las gracias, nada hay que Ella no pueda obtener de El. Pidamos también el auxilio del beatísimo Pedro, Príncipe de los Apóstoles y de Pablo su compañero de apostolado, y de todos los Santos que, Hechos ya amigos de Dios, han llegado al reino celestial y coronados poseen la palma, y que, seguros de su inmortalidad, están llenos de solicitud por nuestra salvación.

11. Bendición apostólica.
  Finalmente, pidiendo a Dios del fondo de nuestra alma la abundancia de los dones celestiales, Nos os damos del fondo del corazón y con amor como prenda de Nuestro especial afecto, Nuestra Bendición Apostólica, a Vosotros, Venerables Hermanos y a todos los fieles clérigos o seglares confiados a vuestra solicitud.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 8 de diciembre del año 1864, décimo año de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción de la Virgen Madre de Dios, y año decimonono de Nuestro Pontificado.
Visto en: STAT VERITAS

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