San Juan Bautista

San Juan Bautista

martes, 23 de julio de 2013

HETERODOXIA DE EWTN - ¿Evolucionismo Católico? - Por Augusto TorchSon


  Si bien el canal de la querida Madre Angélica desde su partida, empezó a acomodarse las necesidades del mundo (o del Nuevo Orden Mundial), lo que está pasando hoy es realmente escandaloso. En este sentido voy a señalar y mostrar lo acontecido en el programa “Conozca primero tu fe católica” en donde su conductor, el sacerdote Pedro Nuñez hace gala de su heterodoxia frecuentemente, y así como recomienda vivamente la recepción de la Sagrada Eucaristía en la mano sin especificar la normativa vigente al respecto; también sugiere a quienes están en pareja después de haberse divorciado que vayan a gestionar la nulidad de su matrimonio sacramental, en vez de prevenirlos sobre el pecado mortal en el que viven; y en esta oportunidad propone la herética postura del POLIGENISMO mezclada con el Evolucionismo, afirmando que es una propuesta de la Iglesia.


  En el video que agregamos podemos escuchar al sacerdote que contesta una pregunta afirmando que: “el libro del Génesis es un libro NO HISTÓRICO”, y al respecto vamos a señalar que tanto las Comisiones Bíblicas del 30 de Junio de 1909, como la del 16 de Enero de 1948 y la Encíclica “Humani Generis “ de Pio XII sostienen la historicidad de dicho libro. AL respecto ponemos el link del Padre Miguel A. Fuentes en su página “El Teólogo Responde” (Aquí) para ampliar.

  Continúa sosteniendo el P. Nuñez: “Dios sopla el alma inmortal… haya sido un hombre nada más, un Adán, o una multiplicidad de hombres a través de un proceso evolutivo, ¿porque no?, si no damos cuenta viendo el universo que todo tiene un proceso y las cosas cambian, las cosas se regeneran… pues entonces porque no pensar y DICE LA IGLESIA, en la posibilidad de un proceso evolutivo, hayamos salido de un mono de una ameba o de lo que sea, pero en un momento determinado hubo un soplo divino, hubo alma inmortal que fue dada por dios, al ser que se convierte en imagen y semejanza suya que se convierte en ser humano. ¿Cuántas Evas hubieron?; la palabra Eva significa madre de la humanidad, puede haber sido una pueden haber sido un sinnumero de Evas”

  El planteo de este sacerdote es lo que se denomina Poligenismo que admite la variedad de orígenes de la especie humana; contrariando la enseñanza de la Iglesia Católica, que enseña el Monogenismo según el cual todos los hombres proceden de uno: Adán.

  En el credo del Papa Pelagio I (556-561) dice: "Todos los hombres, en efecto, desde Adán hasta la consumación del tiempo, nacidos y muertos con el mismo Adán y su mujer, que no nacieron de otros padres, sino que el uno fue creado de la tierra  y la otra de la costilla del varón (Gen. 2, 7y22)" (Dez 228a).

  Y dice el Papa Pio XII: “Mas, cuando ya se trata de la otra hipótesis, es a saber, la del poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad, porque los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de muchos primeros padres, pues no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia enseñan sobre el pecado original, que procede de un pecado en verdad cometido por un solo Adán individual y moralmente, y que, transmitido a todos los hombres por la generación, es inherente a cada uno de ellos como suyo propio" (Humani Generis, 30).

A su vez dice el Catecismo de San Pio X: “16) ¿Cuántos hombres creó Dios en un principio? En un principio creó Dios a un solo hombre y a una sola mujer.”  También es pertinente: “867. ¿Por qué pecados se pierde la Fe? - Piérdese la Fe con la negación o duda voluntaria de los artículos que se nos proponen para creer, aunque sea de uno solo”.

  Siguiendo la postura de este sacerdote mediático, no solamente habría que negar la historicidad del libro del Génesis, así observa el Dr. Raúl O. Leguizamón en “En torno al origen de la Vida” que : “El libro de la Sabiduría habla de un primer hombre (7,1) y reitera que este primer hombre estaba solo cuando fue creado (10, 1). Tim. I, 2, 13 dice que primero fue formado Adán y después Eva. Cor I, 15, 45-47, habla de un primer hombre, y en Cor I, 11, 8 y 12 dice que la mujer procede del varón y no el varón de la mujer. Lucas 3, 38, traza la genealogía de Jesucristo hasta Adán. ¿Y qué sentido tiene una genealogía, sin un Padre común? Hechos 17, 26, dice que Dios hizo de uno todo el linaje humano, y finalmente, la carta magna del monogenismo: Romanos 5, 12. ¿Cómo se hace para interpretar todo eso ‘simbólicamente’?”

  Refutando la torpeza de este sacerdote respecto de que no importa si provenimos de un mono o una ameba, dice Leguizamón: “El problema es que por el principio hilemórfico de la necesaria proporción que debe existir entre materia y forma, no puede haber alma de hombre en cuerpo de mono (ni el mismo Dios podría hacer esto…). Por consiguiente, si Dios tomó un mono para infundirle el alma de hombre, tendría que haber transformado el cuerpo del mono en el cuerpo de un hombre, para que hubiese así una materia (cuerpo) capaz de recibir su forma apropiada (alma), y producir de esta manera al hombre, en el cual están indisolublemente unidos el cuerpo y el alma, en una sola unidad substancial”. Por lo que para ponerle alma de hombre al mono, primero Dios debería haber matado al mono, y ya caemos en un alto grado de estupidez al tratar de hacer todavía mucho más milagrosa la cuestión que considerar que Dios puede crear al hombre del polvo, o de la nada si quisiera.

  Señala también este autor que este pueril intento de conciliar la teoría evolucionista con el cristianismo, es rechazado primeramente por los Darwinistas, ya que esta teoría plantea precisamente el anticreacionismo, esto es la “acción creadora de Dios”.

  El problema más grave es que el error sea promovido hoy desde uno de los canales del oficialismo católico más importantes, es que donde quedaría entonces el “PECADO ORIGINAL”.

  El dogma dice que en Adán “todos hemos pecado”, pero si hay hombres que no vinieron de Adán y Eva, entonces este pecado no sería universal, y la proposición dogmática sería absurda.

  Destruyendo entonces el Pecado Original, se destruye el Cristianismo mismo, y si Dios no pudo crear a Adán del polvo, como podríamos creer que pudo nacer Jesús sin intervención de un padre humano.

  Lo gravísimo es que la Teoría de Darwin se utiliza para promover la EUGENESIA, y en ese sentido recomiendo ver el documental “Explelled: No intelligence allowed”(AQUÍ) donde el periodista judío Ben Stein, demuestra la persecución que hay en los ambientes científicos a quienes osen plantear o estudiar la posibilidad de una intervención divina en la creación; demostrando asimismo la relación con la eugenesia en esta agenda.

  Entonces padre Pedro Nuñez, sea o no su intención, usted con libre examen de los textos sagrados, no solo está actuando luteranamente, sino que está promoviendo, aunque me inmagino que inconscientemente, al ABORTO y la EUTANASIA.

  Para Ud. padre Nuñez, que está contribuyendo como gran parte del clero y jerarquía eclesiástica a vaciar de contenido nuestra fe, le transcribo su CREDO DEL INCRÉDULO, que el P.Castellani pensó para los promotores de los errores modernistas que tanto daño hacen hoy al Cuerpo Místico de Cristo.


Trabajando para que Cristo Reine

Augusto TorchSon

Nacionalismo Católico San Juan Bautista



PD: tenemos entre las páginas que nos gustan un link a http://laevolucionesmentira.blogspot.com.ar/, que reomendamos visitar.

domingo, 21 de julio de 2013

Dr. Antonio Caponnetto: "Concepción Católica de la Educación" (VIDEO)

Presentamos la primera conferencia que brindó el Dr. Antonio Caponnetto en Tucumán el 01/06/2013 auspiciada por: 
Nacionalismo Católico San Juan Bautista





sábado, 20 de julio de 2013

Ciudad de Dios: Iglesia Católica - Ciudad Terrestre: Masonería

Comparación entre las Dos Ciudades, Dos Cuerpos Místicos

  Existe un paralelismo entre las nociones de ambas ciudades y ambos cuerpos: La Ciudad de Dios y la Ciudad del Hombre, el Cuerpo Místico de Cristo y el Hombre universal del Mito Humanidad.

  Las dos ciudades están edificadas por el amor: el amor a Dios edifica la ciudad de Dios y el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la ciudad del hombre.

  El pez, para el Cristianismo es uno de los símbolos más antiguos de Cristo: Ictus: Iesus Christus Teos Vir Soter. Para la ciudad terrestre es el Leviatán, “la bestia del mar” que significa potentia secularis, orden mundano.

  La Nave, para la Iglesia es la nave de Pedro; para el mundo, el poderío naval. El Templo, para la Iglesia es el tipo universal de hombre por su unión con Cristo; para la masonería es el Templo de Salomón, simboliza la construcción abstracta, el tipo universal y colectivo del hombre sin Cristo.

  El león, para la Iglesia de Cristo es el León de Judá; para la masonería es un símbolo solar tomado del dios Mitra.

  El Cuerpo, para la Iglesia de Cristo, Cristo más los cristianos forman un Cuerpo Místico: cabeza, miembros. Para la masonería, la Humanidad es un cuerpo colectivo.

  El Hombre, para la Iglesia el hombre imagen y semejanza divina. Imagen restaurada por su modelo: Cristo el “Verdadero Hombre”. Y el diablo era el dragón, la antigua serpiente.

  El Renacimiento presenta al demonio con forma humana. Tanto el demonio individual como el colectivo.

  El hombre es campo de batalla entre Cristo y el diablo, es imposible que el ser humano sea portador al mismo tiempo de la imagen de ambos: El paralelismo entre la noción de cuerpo de Satanás y la de Cuerpo de Cristo es impresionante. Pero entre los dos macrocosmos, los dos cuerpos, las dos iglesias, las dos ciudades, los dos reinos, no hay lugar para la neutralidad:
“Debemos estar con Cristo o con el diablo; no hay lugar intermedio” (Orígenes, De Gratia Christi.). “No quiero decir que hay dos naturalezas en el hombre, sino que el hombre es uno solo, ya sea de Dios, ya del diablo. Si alguien se aboca a la piedad, es hombre de Dios; en cambio, si obra impíamente, es hombre del diablo; no lo es por naturaleza sino por voluntad propia.

  Los infieles llevan la imagen del príncipe de la malicia; los fieles tienen la imagen del príncipe divino, de Dios Padre y de Jesucristo” (San Ignacio de Antioquia, Ad Magnesios V.). Así como el cristiano se identifica con Cristo, existe también una identidad misteriosa entre los servidores de Satanás.
Todos, pequeños o grandes, ricos y pobres, llevarán el signo de la bestia impreso sobre su frente y su mano derecha, revela el Apocalipsis. Y Ana Catalina relata, con motivo de los hombres y mujeres subyugados por el demonio, que este último “hacía nacer su identidad misteriosa en su inteligencia, en su saber y su manera de obrar” (Visions d Ânne Catherine Emmerich sur la vie de Notre Seigneur Jesús Christ).

  Ella veía hilos que reunían a los seres dedicados al culto de Satanás “de suerte que uno sabía y veía lo que concernía al otro. En esos hilos o canales espirituales, había como pájaros negros, que iban y venían para establecer las comunicaciones”

  Ningún autor moderno se ha tomado el trabajo de observar que, según la doctrina tradicional de la Iglesia, Satanás y los miembros de su cuerpo portadores de su imagen no participan sino imperfectamente en nuestra humanidad.

  El hombre no puede llevar al mismo tiempo sobre su rostro la imagen de Dios y la imagen de Satanás. Fue Rafael, el primer pintor que dio rasgos humanos al dragón derribado por San Miguel. Tampoco, antes de T. Hobbes, se encuentra una representación humana de Leviatán. Se puede, pues, decir, que Lucifer se hizo hombre en el s XVI. Este acontecimiento por sí solo merecía el nombre de Renacimiento.

  Los francmasones pretenden crear un pueblo nuevo y universal, regenerar el género humano, formar un Cuerpo y construir un Templo santo simbolizando el tipo universal de hombre, todo lo cual es una parodia de la Iglesia Católica. La unidad, como la humanidad, es en efecto, una noción religiosa fundada sobre una sólida base teológica.

  El rol histórico de la Masonería se manifiesta de una manera aún más brillante cuando se la compara con la Iglesia Católica, de la que es en alguna manera una parodia. De ella toma un cierto número de verdades y de símbolos para poder usurpar más fácilmente su autoridad y construir una sociedad nueva ajena al Cuerpo de Cristo. Ella ha sido el mono de la Iglesia, como Satán es el mono de Dios.

  Por tanto, la Iglesia es la única autoridad capaz de conocerla, y no es más que a la luz de los principios fundamentales del Cristianismo que es posible penetrar en su oscuridad: La Iglesia es unidad, ella es unión; la unidad de la Iglesia es asegurada por su fidelidad a Cristo, ella busca la unidad en el hombre y en la naturaleza; la Iglesia tiene fe en la Revelación, ella tiene fe en la razón y en la ciencia del hombre; la Iglesia es visible, ella es invisible y secreta.




  Pero, la palabra misterio, aplicada no a una verdad revelada sino a una asociación humana, tiene un sentido demoniaco en el Nuevo Testamento donde aparece dos veces. Primero en relación a la Roma pagana que San Juan vio prostituida con todas las divinidades de los pueblos conquistados y que lleva escrito en su frente la palabra “Misterio” (Apoc. XVII, 5); y luego para caracterizar la unión de los pecadores en el cuerpo de Satán, ese “Misterio de Iniquidad”, de injusticia y de anarquía, predicho por San Pablo (2 Tes. II, 7), que comenzó a formarse de manera oculta desde los primeros tiempos de la Iglesia y se hará visible con la aparición del Anticristo.

RAFAEL LUIS BREIDE OBEID: TEOLOGÍA POLÍTICA SEGÚN GUILLERMO GUEYDAN DE ROUSSEL Editorial Gladius


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

viernes, 19 de julio de 2013

María, Madre del Verbo - Final - Por Dom Columba Marmion

Y porque aquí en la tierra María se asoció a todos los misterios de la Redención, Jesús la coronó, no sólo de gloria, sino de poder; colocó a su Madre a su diestra, para que pudiese disponer, a título de Madre de Dios, de los tesoros de la vida eterna. «La Reina se sienta a tu derecha» (Sal 44,10). Es lo que indica la piedad cristiana cuando proclama a la Madre de Dios «omnipotencia suplicante».

  Digámosle, pues, con la Iglesia y llenos de confianza: «Muestra que eres Madre: Madre de Jesús por tu ascendiente sobre Él; madre nuestra, por tu misericordia para con nosotros; por tu mediación reciba Cristo nuestras preces, ese Cristo que, naciendo de ti para traernos la vida, quiso ser Hijo tuyo» (Himno Ave maris Stella).

  ¿Quién conoce mejor que ella el corazón de su Hijo? En el Evangelio (Jn 2,1 y sigs.) hallamos un magnífico ejemplo de su confianza en Jesús. Ocurrió el hecho en las bodas de Caná. Asiste a ellas con Jesús y no anda tan absorta en la contemplación, que no advierta lo que ocurre a su alrededor. El vino escasea. María advierte la confusión de sus huéspedes y dice a Jesús: «No tienen vino». Bien se refleja aquí su corazón de madre. ¡Cuántas almas «místicas» hubiesen tenido a menos pensar en el vino! Sin embargo, ¿qué son ellas al lado de María? Impelida por su bondad pide a su Hijo que ayude a los que ve en apuros. Nuestro Señor la mira y hace como que no accede a lo que ella pide: «Mujer, a ti y a mí, ¿qué nos va en ello?» Pero ella conocía a su Jesús; tan segura está de Él, que al punto dice a los criados: «Haced todo lo que El os diga». Y, en efecto, Cristo habló y las ánforas se llenaron de excelente vino.

  ¿Qué pediremos nosotros a la Madre de Jesús sino que ante todas las cosas y sobre todo forme a Jesús en nosotros comunicándonos su fe y su amor? Toda la vida cristiana consiste en hacer que «Cristo nazca en nosotros y que viva en nuestro corazón». Es doctrina de San Pablo (Gál 4,19).

  Ahora bien, ¿dónde se formó Cristo en primer lugar? En el seno de la Virgen, por obra del Espíritu Santo. Pero María, dicen los Santos Padres, concibió primero a Jesús por la fe y el amor, cuando con su Fiat consintió en ser su Madre. Pidámosle que nos alcance esa fe que engendra a Jesús en nosotros, ese amor que hace que vivamos de la vida de Jesús. Pidámosle que nos haga semejantes a su Hijo; ningún favor más grande la podemos pedir, ninguno que más la guste concedernos, pues sabe y ve que su Hijo no puede estar separado de su cuerpo místico. Está tan unida de alma y de corazón con su divino Hijo, que ahora en la gloria no anhela más que una cosa: que la Iglesia, reino de los escogidos, precio de la sangre de Jesús, aparezca ante Él «gloriosa, sin mancha ni arruga, santa e inmaculada» (Ef 5,27).

  Por eso, cuando nos dirijamos a la Virgen, hagámoslo unidos a Jesús y digámosla: «Oh Madre del Verbo encarnado, vuestro Hijo ha dicho: Todo cuanto hiciereis al menor de mis pequeñuelos a mí me lo hacéis: yo soy uno de esos pequeñuelos entre los miembros de Jesús, vuestro Hijo; en su nombre me presento delante de Vos para implorar vuestro auxilio». Si rehusase peticiones así presentadas, María rehusaría algo a Jesús.

  Vayamos, pues, a ella, pero vayamos con confianza. Hay almas que acuden a ella como a una madre, le confían sus intereses, le descubren sus penas, sus dificultades; a ella recurren en las necesidades, en las tentaciones, pues entre la Virgen y el demonio hay eterna enemistad; y con su planta María quebranta la cabeza del dragón infernal» (Gén 3,15); tratan siempre con la Virgen  como con una madre; las hay que se arrodillan delante de sus estatuas para exponerle sus deseos y anhelos. Son niñerías, diréis. Acaso; pero, ¿sabéis lo que dice Cristo? «Si no os hiciereis semejantes a los niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18,13).

  Pidamos a María que de la humanidad de su Hijo Jesús, que posee la plenitud de gracia, iluya ésta con abundancia sobre nosotros, para que por el amor nos vayamos conformando más y más con el Hijo amantísimo del Padre que es también su Hijo. Esta es la mejor petición que podemos hacerle.

  Nuestro Señor decía a sus Apóstoles en la última Cena: «Mi Padre os ama porque vosotros me habéis amado y habéis creído que he venido de El» (Jn 16,27). Lo mismo podría decirnos de María: «Mi Madre os ama porque vosotros me amáis y creéis que he nacido de ella». Nada resulta más grato a María que oír confesar que Jesús es su Hijo y verle amado de todas las criaturas.

  El Evangelio, como ya sabéis, no nos ha conservado sino muy contadas palabras de María. Acabo de recordaros algunas: las que dijo a los criados de las bodas de Caná: «Haced cuanto mi Hijo os diga» (ib. 2,5). Estas palabras son como un eco de las del Padre Eterno: «Este es mi querido Hijo, en quien tengo todas mis complacencias, escuchadle» (Mt 17,5; +2Pe 1,17). Podemos también nosotros aplicarnos esas palabras de María: «Haced cuanto os dijere». Ese será el mejor fruto de esta conferencia: será también la mejor manifestación de nuestra devoción para con la Madre de Dios. El mayor anhelo de la Virgen Madre es ver a su Divino Hijo, obedecido, amado, glorificado, ensalzado; como para el Padre Eterno, Jesús es para María el objeto de todas sus complacencias.

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

Artículos relacionados:       1 - Lo que María ha dado a Jesús
                                     2 - Lo que Jesús ha dado a su Madre
                                     3 - Homenajes que debemos a María

                                     4 - Fecundidad que reporta al alma la devoción a María


jueves, 18 de julio de 2013

La traición del mason Roosvelt a su patria en Pearl Harbour - Por Walter Graziano

  La Segunda Guerra Mundial parecía haber llegado a su final en 1941, cuando Hitler obtuvo la rendición francesa, y, transitoriamente, Gran Bretaña se quedó como su única enemiga. Churchill y Roosevelt deseaban el ingreso de los Estados Unidos en la guerra, pero no poseían justificativo alguno. Además, la población norteamericana estaba en contra y ya desde 1936 Roosevelt exhibía como estandarte de campaña electoral su total oposición al ingreso norteamericano en la Segunda Guerra Mundial. Se necesitaba declarar la guerra al eje Berlín-Roma-Tokyo, que por un tratado tripartito se comprometía a considerar enemigo común a cualquier nación que atacara al menos una de las tres.

  Hitler no cayó en la trampa que hábilmente había tejido Roosevelt para que la Armada alemana hundiera un buque estadounidense cerca de las aguas de Islandia, pero los máximos esfuerzos del presidente norteamericano para que el Eje atacara a los Estados Unidos y matara unos cuantos miles de ciudadanos inocentes rindió frutos con Japón. El gobierno de ese país toleraba la ayuda norteamericana al general chino nacionalista Chiang Kaishek, quien estaba en guerra contra Japón, dado que sabían de la peligrosidad del ingreso de los norteamericanos en la  guerra, pues podrían dar vuelta la relación de fuerzas, y asegurar, tal como ocurrió, el triunfo aliado.

  Roosevelt tuvo entonces que redoblar esfuerzos: trasladó parte de la flota del Pacífico, que estaba segura en la costa oeste norteamericana, a la bahía de Pearl Harbour en Hawai, mucho más cerca de Japón. Los nipones soportaron la provocación, por lo que los esfuerzos de Roosevelt por lograr que lo atacaran tuvieron que redoblarse aún más. El presidente norteamericano ordenó entonces que algunas naves de guerra estadounidenses ingresaran en aguas muy próximas al Mar del Japón, lo que constituía un incuestionable acto de provocación. Sin embargo, tampoco esa vez los japoneses cambiaron su actitud. Si bien las relaciones entre los dos países eran muy tensas, no había motivo para el ingreso de los Estados Unidos en la guerra. Ya antes Roosevelt había sugerido a la Armada realizar un bloqueo comercial al Japón, cosa que en un principio no logró por la resistencia del almirantazgo. ¿Qué hizo entonces? Algo sencillo: ordenar la aplicación de un embargo petrolero y luego uno comercial total contra Japón.

  Como ese país no producía petróleo, rápidamente la situación se tornó insostenible. Ocurre que la economía moderna no funciona sin petróleo, y mucho menos en tiempos de guerra: ni los ejércitos ni las naves pueden moverse sin petróleo. El estrangulamiento energético al que había sido sometido Japón no tenía, en el mediano plazo, otra solución que la declaración de guerra, que llegó a Washington muchas horas antes del ataque a Pearl Harbour, del cual Roosevelt estaba también al tanto por fuentes diplomáticas.

  Nada hizo el presidente para evitar o al menos demorar el ataque japonés. Todo lo contrario, su intención había sido provocarlo. De esta manera, los buques estadounidenses más modernos fueron retirados de Hawai, y sólo se dejó una treintena de naves muy antiguas o averiadas y sus respectivas tripulaciones. En otro oscuro acto de traición a su propio país por parte del gobierno norteamericano, el comandante de la flota estadounidense en Pearl Harbour ni siquiera fue notificado por Roosevelt de que en solo cuestión de horas sería atacado por la aviación nipona, por lo que nada pudo prepararse adecuadamente y las bajas fueron muy fuertes cuando finalmente se produjo el ataque el 7 de diciembre de 1941: más de 2.000 norteamericanos murieron. En cuestión de días Roosevelt obtuvo el consenso interno que necesitaba para entrar en la guerra, y tras unas pocas semanas hubo acuerdo del Congreso para el inicio de las operaciones bélicas contra el eje Berlín-Roma-Tokyo.

  A la población norteamericana se le ocultó prolijamente toda esta información. Los medios de prensa, que ya desde mucho tiempo atrás eran los más importantes del mundo, nada dijeron al respecto. Sólo en los años cincuenta y sesenta comenzó a salir a flote la información, en forma fragmentada. La historia solamente fue contada tal como fue en libros alternativos o minoritarios de historia.

  Cada acto de traición del propio Roosevelt que se descubría seguía siendo minimizado u ocultado por la propia prensa, que intentaba seguir manteniendo la verdad amordazada.


  Como se ve, los ataques "terroristas" actuales tienen precedentes en actitudes mucho más antiguas de los propios gobiernos norteamericanos, que buscaban que su país fuera atacado a fin de encontrar un justificativo interno para emprender campañas bélicas con objetivos económicos favorables a su elite empresarial. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que hay una variante en los grandes ataques terroristas de este nuevo milenio con respecto a los hechos relacionados con Pearl Harbour. En la actualidad se ha dejado de guardar las mínimas apariencias, y da toda la impresión de que ya ni siquiera se busca un ataque enemigo para justificar la guerra. Ahora, directamente se manufactura, se crea de la nada al enemigo, como casi seguro ocurrió con Al Qaeda. Se trata de un enemigo "sintético", artificial, fabricado internamente.

Graziano, Walter Gustavo - Nadie vio Matrix.- 6º ed. - Buenos Aires: Planeta, 2010

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

miércoles, 17 de julio de 2013

TRAICIÓN, TRADICIÓN DE LA JUDEO-MASONERIA - CONSTITUCIÓN DE EEUU - Por Traian Romanescu

  Si estudiamos la actuación política de la judío-masonería, veremos que casi sin excepción la masonería ha traicionado a todos los países donde se le permitió actuar. 
  
  La masonería ha traicionado siempre a un país en favor de otro, y trabajado para el hundimiento interior de los pueblos desencadenando revoluciones, creando malestar político, social o económico, o paralizando el funcionamiento del aparato estatal en los momentos cruciales. Esa acción traidora busca siempre beneficiar los intereses locales o internacionales de la judería, arma secreta y propulsora siempre ha traicionado un país en favor de otro.

  Cuando ese mismo judaísmo ha necesitado del conflicto entre dos países o grupos de países cristianos, entonces la secta masónica ha recibido el encargo de preparar y desencadenar loa conflictos, trabajando al mismo tiempo, con ese propósito, en los dos campos.

  Esas maquinaciones subterráneas de la judería —a través de la masonería—, han sido la verdadera causa de casi todas las guerras que ensangrentaron a Europa cristiana durante los últimos dos siglos.

  Esas guerras fratricidas entre los pueblos europeos cristianos los debilitaron poco a poco a todos, abriendo al mismo tiempo abismos de odio entre ellos, como es el caso actual entre el pueblo alemán y el inglés, sin que realmente exista una causa válida para tal estado de cosas, excepto la permanente intriga e incitación de la judío-masonería.

  Hoy día, cuando el judaísmo se ha creado una nueva fuerza por medio de la cual espera obtener el dominio universal, o sea la fuerza comunista, el papel principal que le ha sido confiado a la masonería internacional es el de traicionar a todo el mundo cristiano, a todo el occidente y a todo el mundo libre en favor del imperialismo comunista.

  La masonería traiciona al occidente, la traiciona paralizando su lucha anticomunista, paralizando a las fuerzas nacionalistas de los países.

  La masonería traiciona, porque esa es su tradición secular.

  Resumiendo su actividad en los últimos doscientos años, encontramos que el primer país traicionado fue Inglaterra.

  La masonería penetró en Norteamérica como en todas las colonias británicas, difundida por judíos en gran parte provenientes de la Gran Logia de Inglaterra. El deseo de la judería era crearse una nueva base donde sus actividades no encontraran mayores obstáculos. La influencia política del judío aumentó enormemente en Inglaterra después que Cromwell les abrió la puerta; hasta consiguió apoderarse secretamente del gobierno del país.

  El judío no podía desarrollar libremente sus actividades, porque chocaba con la tradición, las costumbres y la antipatía del pueblo británico. Lo que requería el judío para desarrollarse rápidamente, era un nuevo país sin historia, sin tradición, sin arraigados hábitos cristianos, sin población homogénea y solidaría cuando se tratara de rechazar la penetración del judío en las actividades humanas. Y ese nuevo país, ese nuevo Canan de todas las riquezas y libertades, al que la judería podía transformar mucho más de prisa, eran las colonias inglesas de América.

  Y bien que supieron aprovechar la condición de independencia. Las víctimas fueron primero Inglaterra y luego los mismos norteamericanos que en menos de cien años llegarían a ser "esclavos libres" del monopolio político y económico que la judería creó en los Estados Unidos y que dura hasta hoy. Después de la emancipación de América, se dieron la mano las secciones francesa, inglesa y norteamericana de la judío-masonería.

  Entre los jefes del movimiento, el más prominente y el más inteligente como político fue Benjamín Franklin. Aunque masón, tuvo el valor de intentar introducir en la Constitución unas cláusulas que debían prohibir la penetración judía, después de que se dio cuenta de lo que en realidad había en el fondo del movimiento. 
  
  Benjamín Franklin era el más viejo, el más culto y el más cristiano entre sus colegas que oficialmente practicaban también la religión cristiana puesto que en aquella época la masonería guardaba todavía las apariencias y se hacía aparecer como "asociación cristiana". De otra manera, no habría podido prosperar dentro de una sociedad eminentemente cristiana. Convencido del peligro judaico que amenazaba a la nueva nación, Franklin intentó excluir a los judíos de la sociedad americana. Durante los debates preliminares de la Constitución, Franklin pronunció un discurso en el que dijo: "En cualquier país donde los judíos se han establecido en gran, número, ellos han rebajado el nivel moral. . . Han hecho banda aparte. . . Ellos han  ridiculizado la religión cristiana. . .Ellos han construido un Estado en el Estado y cuando se les ha opuesto resistencia, ellos han intentado estrangular al país que los abrigaba...: "Si en esta Constitución ustedes no los excluyen de los Estados Unidos, en menos de doscientos años, ellos hormiguearán en una cantidad tan considerable que dominarán y devorarán nuestra Patria y cambiarán la forma de gobierno. Os advierto, señores; si no excluís a los judíos de nuestra comunidad, nuestros hijos nos maldecirán en nuestras tumbas" 

  Las previsiones de Franklin se cumplieron matemáticamente, En menos de doscientos años Norteamérica ha sido transformado en una verdadera colonia del judaísmo. Los judíos dominan el gobierno y en toda la vida del país, y aun así la masa del pueblo norteamericano no se da bien cuenta de lo logrado por la] judería, a la que siempre auxilió eficazmente la masonería.


  Hoy que los judíos dominan a los Estados Unidos, son ellos quienes paralizan la acción contra el comunismo, visto durante la actuación de los sucesivos gobiernos judío-masónicos de Washington.

TRAIAN ROMANESCU - "TRAICIÓN A OCCIDENTE" Segunda ed.1961 Cap.IX (extractos)

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 16 de julio de 2013

Fecundidad que reporta al alma la devoción a María - Por Dom Columba Marmion

María inseparable de Jesús en el plan divino; su crédito todopoderoso; su gracia de maternidad espiritual. Pidamos a María «que forme a Jesús» en nosotros.

  La devoción a María, además de ser muy agradable a Jesucristo, es para nosotros fecundísima.- Y eso por tres razones, que ya habréis adivinado.

  Primero, porque, en el plan divino, María es inseparable de Jesús, y nuestra santidad estriba en acomodarnos lo más perfectamente que nos sea posible a la economía divina.- En los pensamientos eternos, María entra de hecho esencialmente en los misterios de Cristo, Madre de Jesús, es Madre de Aquel de quien todo nos viene. Según el plan divino, no se da la vida a los hombres sino por Cristo, Dios-Hombre: «Nadie viene al Padre si no es por Mí» (Jn 14,26), y Cristo no fue dado al mundo sino por María: «Por nosotros los hombres y por nuestra salvación, descendió de los cielos encarnándose de la Virgen María» (Credo de la Misa). Ese es el orden divino. Y ese orden es inmutable. En efecto, notad que no vale sólo para el día en que se realizó la Encarnación; su valor continúa subsistiendo por la aplicación a las almas de los frutos de la Encarnación. ¿Por qué así? Porque la fuente de la gracia es Cristo, Verbo encarnado; pero su cualidad de Cristo, de mediador, permanece inseparable de la naturaleza humana que tomó de la Virgen Santísima. [«Habiendo Dios querido una vez darnos a Jesucristo por medio de la Santísima Virgen, ese orden ya no puede cambiar, pues los dones de Dios no están sujetos a mudanza. Siempre será cierto que habiendo recibido por su caridad el principio universal de toda gracia, habiendo recibido por su caridad el principio universal de toda gracia, recibamos también por su mediación las diversas aplicaciones en todos los diferentes estados que componen la vida cristiana. Como su caridad maternal ha contribuido tanto a nuestra salvación en el misterio de la Encarnación, que es el principio universal de la gracia, así contribuirá también eternamente en todas las demás operaciones que no son más que su corolario». Bossuet, Sermon pour la fête de la Conception.- Citemos asimismo las palabras del Papa León XIII: «Del magnífico tesoro de gracias que Cristo nos ganó, nada nos será dispensado si no es por María. Por tanto dirigiéndonos a ella es como hemos de legarnos a Cristo, así como por Cristo nos acercamos a nuestro Padre Celestial». Encíclica sobre el Rosario, 1891].

  La segunda razón, que guarda relación con la anterior, es que nadie tiene ante Dios tan gran crédito para obtenernos la gracia, como la Madre de Dios.- Como consecuencia de la Encarnación, Dios se complace, no para amenguar el poder de mediación de su Hijo, sino para extenderlo y ensalzarlo, en reconocer la solvencia de los que están unidos a Jesús, cabeza del cuerpo místico; esa solvencia es tanto mayor cuanto mayor y más íntima es la unión de los santos con Jesucristo.

  Cuanto más se acerca una cosa a su principio, dice Santo Tomás, más experimenta los efectos que ese principio produce. Cuanto más os acercáis a una hoguera, más sentís el calor que irradia.- Pues bien, añade el santo Doctor; Cristo es el principio de la gracia, puesto que, en cuanto Dios, es autor de ella y, en cuanto Hombre, es instrumento; y como la Virgen es la criatura que más cerca ha estado de la humanidad de Cristo, puesto que Cristo tomó en ella la naturaleza humana, síguese que María recibió de Cristo una gracia mayor que la de todas las criaturas.

  Cada cual recibe de Dios (habla el mismo Santo Tomás) la gracia proporcionada al destino que su providencia le ha señalado. Como hombre, Cristo fue predestinado y elegido para que, siendo Hijo de Dios, tuviese poder de santificar a todos los hombres; por tanto, debía poseer El solo tal plenitud, que pudiese derramarse sobre todas las almas. La plenitud de gracia que recibió la Santísima Virgen tenía por fin hacerla la criatura más allegada al autor de la gracia; tan allegada, en efecto, que María encerraría en su seno al que está lleno de gracia, y que al darle al mundo por su parto virginal, daría, por decirlo así al mundo la gracia misma, porque le daría la fuente de la gracia [Ut eum, qui est plenus omni gratia, pariendo, quodammodo gratiam ad omnes derivaret. III, q.27, a.5]. Al formar a Jesús en sus punsimas entrañas, la Virgen nos ha dado al autor mismo de la vida. Así lo canta la Iglesia en la oración que sigue a la antifona de la Virgen del tiempo de Navidad, honrando el nacimiento de Cristo: «por ti se nos ha dado recibir al autor de la vida»; y además, invita a «las naciones a cantar y ensalzar la vida que les ha procurado esa maternidad virginal».
Vitam datam per Virginem
Gentes redemptæ plaudite.

  Por consiguiente, si queréis beber con abundancia en la fuente de la vida divina, id a María, pedidle que os guíe a esa fuente; ella más y mejor que ninguna otra criatura puede llevarnos hasta Jesús. Por eso, y no sin justo motivo, la llamamos «Madre de la divina gracia»; por eso también la Iglesia le aplica este paso de las Sagradas Escrituras: «El que me encuentre, hallará la vida y beberá la salud que viene del Señor» (Prov 8,35). La salvación, vida de nuestras almas, no viene sino de Jesús. El es el único mediador; pero, ¿quién nos llevará a Él con más seguridad que María?; ¿quién goza de tanto poder como su Madre para volvérnosle propicio?

  María, por otra parte, recibió de Jesús mismo, respecto a su cuerpo místico, una gracia especial de maternidad. Esta es la última razón de por qué resulta tan fecunda en el orden sobrenatural la devoción a la Santísima Virgen.- Cristo, después de haber recibido de María la naturaleza humana, asoció a su Madre, como va os he dicho, a todos sus misterios, desde su presentación en el Templo hasta su inmolación en el Calvario. Ahora bien, ¿cuál es el fin de todos los misterios de Cristo? No es otro que el de convertirle en dechado y paradigma de nuestra vida sobrenatural en rescate de nuestra santificación y fuente de toda nuestra santidad; y finalmente el de crearle una sociedad eterna y gloriosa de hermanos que en todo se le asemejen. Por eso María está asociada al nuevo Adán como una nueva Eva; es, pues, con mejor derecho que Eva, la «madre de los vivientes» (Gén 3,20), de los que viven por la gracia de su Hijo.

  Os decía poco ha que esa asociación no fue únicamente externa. Siendo Cristo Dios, siendo el Verbo omnipotente, creó en el alma de su Madre los sentimientos que debía albergar hacia todos aquellos que Él quería elevar a la dignidad de hermanos suyos, haciéndolos nacer de ella y vivir sus misterios. La Virgen, por su parte, iluminada por la gracia que abundaba en ella, respondió a ese llamamiento de Jesús con un Fiat, en el que ponía su alma entera con sumisión, totalmente unida en espíritu con su divino Hijo: «Al dar su consentimiento, cuando le fue anunciada la Encarnación, María aceptó el cooperar, el desempeñar un papel, en el plan de la Redención; aceptó, no sólo ser la Madre de Jesús, sino también asociarse a toda su misión de Redentor.

  En cada uno de los misterios de Cristo, hubo de renovar el Fiat lleno de amor, hasta el momento en que pudo decir, después de haber ofrecido en el Calvario, para la salvación del mundo, aquel Jesús, aquel Hijo, aquel cuerpo por ella formado, aquella sangre que era su sangre: «Todo se ha consumado». En esa hora bendita, María estaba tan identificada con los sentimientos de Jesús, que puede llamarse Corredentora. En ese instante, como Jesús, María acabó de engendrarnos, por un acto de amor, a la vida de la gracia [Cooperata est caritate ut fideles in Ecclesia nascerentur. San Agustín. De Sancta Virginitate, núm.6]. Siendo Madre de nuestra Cabeza, según el pensar de San Agustín, por haberle engendrado en sus entrañas, María llegó a ser, por el alma, la voluntad y el corazón, madre de todos los miembros de esa divina Cabeza. «Madre, en cuanto al cuerpo, de nuestra Cabeza; por el espíritu lo es de todos sus miembros» [Corpore mater capitis nostri, spiritu mater membrorum eius. ib.].


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

lunes, 15 de julio de 2013

EL JUDÍO SEGÚN LA TEOLOGÍA CATÓLICA (II) - Por P.Julio Meinvielle

GRANDEZA DEL PUEBLO JUDÍO
  He recordado estas figuras de los antiguos Patriarcas no como evocación literaria, sino porque en el origen mismo del pueblo judío, en Abrahán y en Isaac, está figurada la grandeza y miseria de este pueblo y su oposición con la Iglesia.

  El pueblo judío es el linaje teológico, escogido, consagrado, santificado para significar y traernos en su carne a Ese otro que había de venir, al Esperado de las naciones. 

  He aquí lo tremendo de ese pueblo: su carne está santificada y estigmatizada para traemos a Aquél que es la Verdad y la Vida; que es la Salud de los hombres.
  
  Pero, ¿por qué esta carne es santa? ¿Porque es del linaje de Abrahán, o porque ha de traemos a Cristo? En otros términos: ¿Es Cristo quien santifica al linaje judío, o es el linaje judío el que santifica al Cristo?

  He aquí, entonces, que Cristo, como había, predicho Isaías (ad. Rom. 9,33), ha sido puesto como piedra de tropiezo y de escándalo para este pueblo.

  Porque si este pueblo, con la humildad de Abrahán, cree en el Cristo que santifica su linaje, está llamado a ser raíz y tronco de una frondosa Oliva que es la Iglesia de Jesucristo; si en cambio parte de este pueblo rechaza al Cristo fundado en la soberbia de su linaje, está llamado a ser la raíz y el tronco de una Vid silvestre que no produce sino frutos amargos de pecado.

  Si lo primero, este pueblo será Isaac, Jacob, Abel; si lo segundo, este pueblo está llamado a desempeñar el papel de Ismael, Esaú, Caín.

  Pero este linaje escogido siempre tendrá superioridad sobre los otros linajes de la tierra. Si acepta al Cristo será lo principal, lo mejor de la Iglesia.

  Será la raíz y el tronco de esa Oliva que produce frutos para la vida eterna, como enseña el Apóstol. Si rechaza al Cristo será también lo principal, es a saber lo peor en el reino de la iniquidad.

  El Apóstol San Pablo, que con orgullo se sentía israelita, subraya esta superioridad del judío en lo bueno y en lo malo cuando, escribiendo a los Romanos, dice (2, 9-10): Así que tribulación y angustia aguardan al alma de todo hombre que obra mal, del judío primero y después del griego. Mas la gloria y el honor y la paz serán de todo aquél que obra bien, del judío primero y después del griego. Grande es, pues, la superioridad de los judíos, enseña el mismo Apóstol, (Rom,3, 2) porque a ellos les fueron confiados los oráculos de Dios.

  El judío es, entonces, primero en el orden de la bondad, en el misterio de la gracia. Judío, entonces, el tronco del árbol que es la Iglesia. Judíos o Israelitas, los Patriarcas; Judíos los Profetas; Judío, Bautista el Precursor; Judío, San José; Judía, la Madre de Dios; Judío, Nuestro Adorable Salvador, en quien son benditas todas las naciones. Judíos los Apóstoles y Evangelistas; Judío el Protomártir Esteban.

  ¡Qué pueblo, este pueblo teológico, hecho tronco del Árbol de la Iglesia!

  Delante de esta Oliva, ¿qué valen los pueblos gentiles que no son más que pobre acebuche?

  ¿Qué el poderío de Roma y la ciencia de los griegos? Estulticia y necedad, los llama el Apóstol, porque absolutamente de nada sirven para la salud.

  Los gentiles, con los griegos a la cabeza, si quieren entrar en la vía de salud tienen que entrar de limosna, aprovechando que algunos judíos serán rechazados para que ellos puedan ser injertados, y así dice el Apóstol que la caída de parte del pueblo judío: Ha venido a ser una ocasión de salud para los gentiles.
17. Si algunas ramas han sido cortadas, y si tú, pueblo gentil, que no eres  más que un acebuche, has sido injertado en lugar de ellas y echo participante de la savia que sube de la raíz del olivo.
18. No tienes de qué gloriarte contra las ramas. Y si te glorías, sábete que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. (Rom. 11).

MISERIAS DEL PUEBLO JUDÍO
  Pero cuanto mayor sea la grandeza de Israel, que ha sido predestinado en el Cristo, tanto mayor ha de ser su fidelidad a Cristo. ¡Miserable este pueblo si llega a rechazar a Aquél que es su salud! Entonces seguirá siendo el primero, pero el primero en la iniquidad. Y todo cuanto más inicuo y perverso produzca el mundo saldrá también de éste pueblo.

  Judío fue Judas el traidor,. Judíos, Anás y Caifás. Judío el pueblo que se gozaba con la sangre del Salvador y que exclamaba: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Judíos, los que apedrearon a San Esteban.

  Judíos, los que dieron muerte al Apóstol Santiago de Jerusalén. Judíos, todos los que acechaban contra la predicación de los Apóstoles. El crimen más grande de todos los tiempos, la muerte del Hombre Dios, ha sido perpetrado por éste pueblo, que mereció por eso el nombre de "pérfido".

  ¿En qué está la raíz del pecado y de todos los errores judaicos?

  En que parte de este pueblo creyó que las Promesas hechas a los judíos a causa de Cristo que debía nacer de ellos fueron hechas a su carne, a su genealogía. En otras palabras: En lugar de advertir que si el pueblo judío era pueblo de predilección lo era por el Cristo, ellos, en su obcecación, creyeron que el Cristo recibió gloria de su descendencia genealógica.

  Así no era de Cristo de quien venía la gloria, sino de la carne de Abrahán.

  Por esto los fariseos, encarnación genuina de este espíritu de iniquidad, decían con orgullo para no aceptar a Jesucristo: Nosotros tenemos por Padre a Abrahán.

  Su pecado consistió entonces, en carnalizar las divinas Promesas. De esta suerte, dieron valor de substancia a lo que no era más que figura.

  Esperaron la salud de lo que no era sino un signo.

  Y del Mesías, que era el esperado para traer al mundo la gracia y la verdad, hicieron ellos un dominador político, terrestre, que debía asegurar y perpetuar la grandeza de Israel sobre todas las naciones sujetadas como esclavas al imperio judaico.

CARNALIZACIÓN DEL PUEBLO JUDÍO
 Es aleccionador indicar las etapas del proceso de carnalización obrado en el pueblo judío.

  Siempre fue el israelita de condiciones naturales perversas, dominado por una gran soberbia y una gran avaricia.

  Moisés advierte expresamente a los israelitas (Deut. 9,6): Sabe, pues, que no por tus justicias te ha dado el Señor Dios tuyo esta excelente tierra en posesión, pues eres un pueblo de cerviz muy dura. Y advierte más adelante (Deut. 9, 13-14):
13. Y me dijo de nuevo el Señor: Veo que este pueblo es de dura cerviz.
14. Déjame que lo desmenuce y que borre su nombre de debajo del cielo y te ponga sobre una gente que sea mayor y más fuerte que ésta.

  Pero de modo particular este pueblo prevaricó y se carnalizó en la época de los Reyes, entregándose a mil deshonestidades e idolatrías, de suerte que en castigo fue primero desmembrado y llevado luego en cautivo a Babilonia por el rey Nabucodonosor, seiscientos años A.C.

  Setenta años duró este cautiverio, al cabo de los cuales, vueltos los judíos a Palestina, se reconstituyeron en nación sobre las bases nuevas y más firmes que les dio Esdras, a quien los judíos consideran un legislador casi tan grande como Moisés.

  De esta reorganización que dio Esdras al pueblo judío, arranca en realidad el judaísmo tal como era en tiempo de Jesucristo y como se perpetúa hasta nosotros.

  Para caracterizar a los judíos, hemos de decir que el judío es un pueblo atado a un Libro, el Libro por excelencia, la Ley, la Thora. En realidad forman la Thora los 5 libros del Pentateuco que escribió Moisés. Pero los judíos sólo aceptan la Thora con las interpretaciones que los Rabinos han ido trasmitiendo de boca en boca como palabra de Dios superior a la del mismo Moisés, interpretaciones que han quedado consignadas y en cierto modo petrificadas en un voluminoso libro, llamado el Talmud, que es el código civil y religioso de los judíos.
  
 El Judío en el misterio de la historia - Padre Julio Meinvielle - Sexta Edición 1975

Nacionalismo Católico San Juan Bautista