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miércoles, 25 de septiembre de 2019

Réplica del Prof. Sebastián Sánchez al escrito publicado en "Que no te la cuenten"




La nota que adjunto encontró albergue en un blog titulado "Que no te la cuenten", dirigido (o administrado, como se dice ahora) por el Padre Javier Olivera Ravassi. El texto no lleva firma, salvo que pueda considerarse por tal el sello del Centro de Estudios Universitarios “Leonardo Castellani”.

Hasta ayer creí que el texto estaba dirigido a Antonio Caponnetto. Algunos amigos también lo creyeron. Incluso Antonio Caponnetto consideró que era un ataque contra él. Pero todos nos equivocamos puesto que el Centro “Leonardo Castellani” emitió un comunicado aclarando que el escrito no tiene un destinatario concreto -“mucho menos Antonio Caponnetto”- sino que es tan sólo la “descripción genérica de una mentalidad”, la de los “cruzados virtuales”. Eso me trajo tranquilidad.

No obstante, releyendo el escrito, con un azoramiento del que no salgo, retornó a mí la inquietud. El tenor general del escrito es sumamente agresivo y evidencia una cólera apenas contenida, un frenesí crítico que no se corresponde con la mera descripción de una “mentalidad”. El texto no se refiere a Caponnetto, de acuerdo. Pero entonces, ¿a quienes? ¿Quiénes son los portadores argentinos de este virus mental, moral, ideológico y religioso contra los que el anónimo autor alza el índice acusador? Estas son preguntas lógicas respecto de un texto en extremo violento y a la vez viciado de ambigüedades.

Tras varias lecturas, mi parecer es que el autor se dirige a muchos de nosotros. A los que no vemos que una empresa partidocrática sea un medio aceptable para llegar a buen puerto. A los que consideramos que la pelea por la familia y la vida de los hijos de esta Patria –hoy llamada “provida”, a secas- no puede desvincularse de la Verdad. A los que seguimos creyendo que no han desaparecido los alcázares, ni las campanas, ni los púlpitos. Ni los vigías. A los que seguimos enseñando eses puñado de verdades a nuestros hijos y alumnos, a los amigos que quieran escucharnos.

No tenemos más que las clases y las charlas que damos, o los pocos textos que escribimos. No congregamos multitudes ni somos influencers, pero cada uno de nosotros –¡cómo recuerdo a mis amigos y camaradas de varios lugares del país que, a pesar de los dolores y las angustias, siguen en la brecha del Buen Combate diario! - nos entregamos con fervor, con auténtica fe y esperanza en la resurrección de aquellos que se llamó Argentina. Ninguno de los hombres que conozco, y que aparecen acusados caricaturescamente en esta nota, falta a la caridad a la hora de decir o escribir sobre las cosas que a todos nos importan.

Nunca he escrito un texto como éste. Jamás ocupé mi tiempo en responder un ataque. Si he tenido críticas a gente amiga o a camaradas, o guardé silencio o las manifesté en persona. Hay tantos enemigos de la Familia, la Patria y la Iglesia que es cosa triste que alguien pueda tomarse unas horas para calumniar a la propia tropa. Pero me siento obligado a escribir esto, aunque me duele. Y aunque soy un don nadie y carezco de la estatura intelectual necesaria, es necesario que alguien lo haga. Casi como una cuestión de defensa propia.

La nota de marras es pusilánime, innoble, dañina, triste y desesperanzada. Y en apretada síntesis diré por qué.

1) La nota desborda pusilanimidad pues arroja sus envenenados dardos desde un ignominioso anonimato. El autor calumnia e injuria parapetado en el amontonamiento, tira piedras a lo piquetero, desde la masa. En vez de su nombre y apellido, firma como si todos los miembros de ese Centro de Estudios lo hubiesen escrito mancomunadamente. Casi me recuerda a los obispillos que –disminuidos en fe y coraje- firman resguardados en esas entelequias ajenas a la Tradición denominadas Conferencias episcopales.

Si el autor hubiera firmado con nombre y apellido otro sería el cantar. Pero no, el escriba anónimo, que blasona de ser un “alma templada a golpes”, que acusa a los “cruzados virtuales” de esconderse detrás de una “trinchera-covacha”, no tiene la entereza de dar su nombre y apellido, tal como un cruzado real haría.

2) Este es un escrito innoble, aplebeyado, ayuno de hidalguía, desdoroso y deshonroso. Estas cosas no se hacen, y mucho menos con la “propia tropa”. Esto, ni al enemigo. Y hablando del enemigo parece surgir del texto que el enmascarado autor es un milite de los que se comen las balas sin pelar, que se la pasa cruzando lanzas con la turba del trapo verde náusea, en cada manifestación, en cada aquelarre, en la puerta de cada iglesia o catedral sacrílegamente violentada, en cada demoníaco abortorio, en cada juzgado que convalida el escándalo de la niñez “trans”. Es eso lo que se evidencia cuando se leen sus temerarias incursiones en “la peligrosa plataforma que se llama el mundo real”. A tenor de lo allí estampado, uno se siente inclinado a pensar que el cruzado real autor, no le deja pasar una a los masones de toda extracción- estén donde estén, ocupen el lugar que ocupen-. Casi puede imaginárselo desayunándose muchachos de La Cámpora, así de puro guapo. Es lo que uno imagina, pero el mismo autor se desmiente.

Es probable es que esta persona haya participado de las marchas antiaborto desde 2018 (antes no había manifestaciones, ni muchedumbre, ni audiencias sino una prolija acumulación de leyes perversas, ante el silencio generalizado) y que haya audicionado en el Congreso “para que no salga la Ley”. O para demorarla.

Pues bien, yo estuve en cada marcha –no hubo “hermano separado” con el que no me abrazara, emocionado-, intervine en la audiencia neuquina del infame Código Civil (espeté en la jeta de Fuentes, Filmus y Camaño) y sin embargo, jamás sentí que mi vida estuviera en riesgo, nunca pensé que esa gesta sería la última. Que Dios me de siempre el buen sentido, y el pudor, de no creerme un cruzado real por putear a un senador, entonar cánticos protestandoides “por las dos vidas” o ir a las conferencias de los celebrities liberalotes que andan de gira sacándole el mango a nuestra buenas y sanas gentes.

3) Es una nota dañina.

Este texto ha hecho mucho daño. Mucho. Quizás su autor no lo sepa. Tal vez sólo pretendía dar rienda suelta a su encono hacia “él”/“ellos”/”nosotros”, escribiendo una pieza turbia –robándole unas horas a su cotidiano combate callejero- para terminar leyéndose y releyéndose, sonriendo jactancioso en la soledad de su covacha escritoril. Quizás no midió consecuencias. Pero lo cierto es que ha cometido una injusticia, ahondado viejas heridas que empezaban a restañar, profundizado divisiones que no deberían existir, zahiriendo a personas que -equivocadas o no, Dios sabrá- presentan el combate como pueden, testimoniando con pasión y entrega, siempre abigarradas en un puñado de verdades inveteradas, sólidas como rocas. Esta persona ha herido, confundido, desunido, escandalizado.

Es que hay que atreverse a declamar y reclamar caridad y al mismo tiempo injuriar con lindezas como estas: “espíritus geométricos, adalides de la matrix, puritanos, rebuznadores, caballeros conceptuales, puristas, carceleros de la ortodoxia, cruzados de escritorio, gustosos de la victimización, asomo de perseguidos”.

Hay que atreverse a hacer berrinches porque habemos quienes no acompañamos a NOS (que refiere, ya no a la forma átona del nosotros, sino a la primera palabra del Preámbulo de la Constitución de 1853, lo cual ya dice mucho) y al mismo tiempo perorar sobre lo prudencial porque “la política es opción entre dificultades”. Si la política es eso, es mero optar y actuar en la madeja de lo fáctico, si es cuestión eminentemente prudencial, ¿cuál es el problema con que algunos opten por no convalidar esa o cualquier otra opción política partidocrática?

Tengo para mí, al resguardo, el incólume afecto por los familiares y amigos que guardan expectativas –que no esperanza- con las próximas elecciones, los legisladores “provida” y el arribo de un veterano malvinero que hará retornar las cosas a su quicio, que nos sacará del abismo. Me gustaría creer en eso, en serio, pero no lo puedo ver, no me sale. No obstante, tras señalar con afecto esa imposibilidad mía a amigos y familiares, guardo un caritativo silencio. Y lo mismo puedo afirmar respecto de la actitud de muchos de mis amigos del nacionalismo.

4) Este texto es triste y desesperanzado.

Además del tono jactancioso y soberbión, todo el escrito evidencia un gran encono, una tirria apenas contenida que no encuentra explicación, sobre todo si el objetivo ha sido la mera descripción de una forma mentis.

Pero esencialmente estas páginas segregan una terrible tristeza, como devela uno de sus párrafos iniciales:

“¡Ay de mí! Ya quisiera yo ser llamado a contemplar en paz un misterio del Santo Rosario o cantar en coro con el corazón en ascuas un himno gregoriano tomado del Gradual y ser arrebatado a la tercera morada, pero me fue impuesto tener que trabajar, hacer mandados y consultar de reojo cuánto cerro el dólar la mañana de hoy”.

Es cosa penosa y dolorosa la burla que contiene ese párrafo.

Pero la cosa sigue, y la pena se ahonda, como muestra esta peligrosa y patética befa que es casi una profesión de desesperanza:

“(‘Ellos’) esperan una restauración. Esperan la Parusía. La consumación final y la plenitud de los tiempos; y si miran a oriente cada mañana, se vuelven un poco más realistas y les asoma el alma por la ventana de la burbuja virtual y respiran la agreste atmósfera del mundo consumado en fracaso, y exclaman con profundo realismo: ¡Cristo Vuelve! Y de repente el corazón se les inflama y sus conceptos cobran vida, y ese brote de esperanza interrumpe la obtusa mirada cotidiana, y sus palabras se vuelven Verbo por una vez… pero miran alrededor y encuentran que ese anhelo les contesta: ‘todavía no’”.

Hay que tener mucho rencor para escribir esto. Parecen líneas de Renán. Pero sigue, angustiosamente, como quien ya no ve sino Derrota:

“Ya no quedan palacios, ya no quedan cuarteles, ya no quedan alcázares, ya no quedan vigías, ya no quedan ni siquiera púlpitos, ya no suenan las campanas del mediodía. Ya los niños están tristes con sus infancias alienadas. Las familias agonizantes. Ya no hay pastor. Ya no hay maestros. Ya no está occidente con sus preciosas instituciones republicanas heredadas de la Roma prístina. Las preciosas formas que instauraron la gloria de la cristiandad, del Reinado Social de Cristo, de las Catedrales y los Claustros se quedaron sin materia. Quedaron las formas luminosas y sus esencias pero ya no hay materia. Ya no hay soporte”.

Yo espero la Restauración. Y la Parusía. Creo que ¡Cristo vuelve! Creo en el arquetipo del Alcazar, en el tañido eterno de las campanas, en los buenos sacerdotes en sus púlpitos. Creo en los vigías –y a veces sueño que lo soy- y sé que hay Pastor y maestros, porque los he visto y oído. Creo en la Tradición y hago lo que puedo por transmitirla. Y porque creo que Dios puede demorar una ley perversa –no creo que sea cosa de la voluntad de la masa- creo en el Reinado Social de Cristo. Sigo creyendo que todo debe ser restaurado en Él y que eso no será obra de hombres aunque habrá quienes dejen la vida en ese empeño. Y todo lo que creo y espero se lo debo a Dios.

En fin, confieso que esta nota me ha provocado un gran abatimiento. Hace tres días estoy abandonado en un constante oscilar entre la bronca y la tristeza, aunque al momento de “subirla” me domina la pena.

No quiero yo saber quien es el autor de este texto. Quería, pero ya no. Sólo me interesa transmitirle algo, si es que llega a leer este ya larguísimo escrito: soy sólo un profesor perdido en la Patagonia, carente de toda entidad intelectual. Soy un pecador, repleto de vicios y miserias y quizás uno de mis pecados sea el de ser efectivamente un cruzado virtual. Si es así, ya rendiré cuentas por eso, además de por mis otras faltas. Pero hay algo que me permito aconsejarle: reflexione sobre lo que ha escrito, sobre lo que ha hecho. Y ya sea que ratifique o rectifique, la próxima vez dé la cara.

Prof. Sebastián Sánchez 



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miércoles, 1 de noviembre de 2017

Julio de Vido: Medievalista, Vate y Exégeta – Antonio Caponnetto




     Los grandes medios dieron a conocer en el último día de octubre una Epístola de Julio De Vido, a quien su proverbial colombofilia se le transformó en una tragicómica paradoja: la de acabar como vulgar pajarraco tras las rejas de una jaula cualquiera.


     La misiva tiene alpiste, si se nos permite el tropo; y está titulada “La mano en el fuego”, no tanto como mención al elemento fundante de El Oscuro de Efeso sino a la deslealtad de La Potranca de Tolosa.


     Quedará para expertos de toda índole comentar los párrafos de la magna esquela devidiana.


     Principalmente aquellos en los que el autor sostiene el carácter injusto de su prisión. Aserto que estamos prontos a suscribir, pues no es la celda sino el paredón el destino más equitativo para sujetos de esta laya; y mucho más aún, para sus mandantes y mandanta; la cual, si tuvieran un gramo de honor, debería presentarse voluntariamente arrestada ante el Servicio Penitenciario, aduciendo que la elemental regla de la decencia y de la responsabilidad consiste en hacerse cargo los superiores de las que juzgan indebidas afrentas para sus subordinados. Lo que se deduce en cambio es que, o no hay agravio en la captura del dependiente, o no hay honor en la jefa. O esto es un sálvese quien pueda, mientras podamos.


     Quedará también para los juristas de nota analizar las quejumbrosas victimizaciones que dice padecer el palomo, como la del circo mediático judicial montado a su alrededor, o la de ir a parar a oscura bartolina sin condena previa. “Pregúntenmelo a mí”, dice Julius. Y se lo preguntamos nomás; pero no en referencia a su destino de hampón sino al de los centenares y centenares de militares cautivos, a quienes –siendo él poder político- no se les ahorró circo, arbitrariedad, desafuero, crueldad refinada, ilegalidad manifiesta y, al fin, la desolada muerte.


     Mas no nos ocuparíamos de estas endechas julias en pleno octubre, si las mismas no incursionaran en altas esferas humanísticas, que nos obligan a meditar sobre la inequidad de mantener recluso a un letrado de valía tan empinada.


     Dice Julio principiando la misiva, que “la mano en el fuego es un viejo refrán, tan antiguo como la Edad Media, propio del Tribunal de la Inquisición”. Y sus afanes republicanos acrecen a medida que constata que su ayer nomás empleadora no está dispuesta a asumirlo como propio en defensa de su impoluta gestión.


     Lamentamos decirle al Docto del Pabellón 3 que aquella frase hizo célebre la valentía y la heroica resistencia de Mucio Escévola, joven patricio del siglo VI A.C, que desafiando las amenazas de torturas indecibles ordenadas por el tirano Porsenna, ya caídos del trono los Tarquinos, colocó voluntariamente su mano diestra en el brasero de sacrificio, hasta mutilársela, sin proferir gemido alguno; jurando que esa misma capacidad sufriente y oblativa la tendrían todos los soldados romanos enfrentados a la abyección. Precisamente en nombre de todos ellos ponía él su mano en la devoradora fogata. Lo cuenta Tito Livio en las Décadas (II,11), y Dionisio de Halicarnaso en Antigüedades Romanas (V,35); para que el mundo sepa que no es lo mismo quedar manco como el príncipe Mucio que cual motonauta Scioli. No es lo mismo ser inmortalizado por la paleta de Romanelli, en el Palacio del Louvre, que por una selfie en La Ñata.


     Agrega el avechucho – superando ya toda gala de sapiencia y maestría- que “en realidad yo no conozco a nadie, y usted lector seguramente tampoco, que ponga las manos en el fuego y no se queme; créame que Antonio Torquemada (el máximo impulsor de la Inquisicion) tampoco”. Lamentamos decirle que el insigne fraile dominico Torquemada –quien vivió virtuosamente y murió en olor de santidad- no se llamaba Antonio sino Tomás, y que si bien no tiene el mérito de haber sido el máximo impulsor del Tribunal de la Santa Inquisición, fue sí uno de sus personajes más gloriosos y honorables. Uno de esos claros varones de Castilla, de los que habló Hernando del Pulgar. “El relámpago de España y el honor de su Orden”, según lo ha bien descripto el cronista Sebastián de Olmedo.


     De Vido –dado a sisar y a coimear en el presente antes que a la investigación serena del pasado- debe creer que la Inquisición era el Sindicato de los Matones, con D´Elía y Moreno como “máximos impulsores”; y que, por lo tanto, no hay mayor ofensa que traer a colación a los inquisidores en toda comparanza de maldades. Destino ornitológico el suyo, pero de sula bassanus, popularmente conocido como pájaro bobo, de la familia de los spheniscidae o pingüinos, con quienes tan cercanamente convivió, birló y ultrajó a la patria. La hora de la corneja siniestra le ha llegado. Pero su saga no es la del Cid, sino la del Penado 14, aquel que “murió haciendo señas y nadie lo entendió”.


     Casi al final de la carta, Julio el Torcaz se sensibiliza, como ante los difuntos del Once, y legítimamente resentido frente a la felonía de Cristina, que le negó la metáfora –según él inquisitorial- de la mano en el fuego, ensaya algunos alejandrinos con ripio: “la confianza se da o se quita, se gana y se pierde, la cosa es de a dos como en el amor[...]; nada se quema, sólo desilusiona y a veces mucho”. Sí; Julio. Tenía razón Marechal: “con el número dos nace la pena”. En este caso la pena de prisión por estafador, mafioso, corrupto y desfalcador de las arcas nacionales. Pero cuidado con creer que nada se quema. Pregúntenle a los mapuches.


     Habiendo pasado por el rigor de los medievalistas y la estética de los vates, De Vido –acostumbrado a no arredrarse ante las cuestiones de peso- incursiona en la exégesis evangélica. “La gente no come vidrio, la historia nos dirá qué pasó[...], como siempre, el tiempo nos lo dirá: Ecce Homo, dijo Pilatos hace XXI siglos, pero pocos se acuerdan de él y todos recordamos y algunos adoramos al que nos redimió”.


     Vea Julio. Si usted se quiere comparar externamente con el Ecce Homo, avise. No sabe las ganas que tenemos muchos de azotarlo y flagelarlo, en compañía de su troupe. Pero si la comparanza apunta más alto, esto ya se llama blasfemia y sacrilegio, y tiene un castigo que no sólo desilusiona sino que quema. Y para siempre.


     Tampoco es cierto que pocos se acuerdan de Pilatos. Ustedes, por lo pronto, los políticos del Régimen, se acuerdan de él en cada elección y practican su método infalible de la voluntad popular. En cuanto “al que nos redimió”, no debería usted contarse entre los que lo adoran, pues el Redentor enseñó que no se lo puede servir a Él y a la par a Mamón. Mamón, aclarémoselo, no es un dirigente del gremio de los cerveceros, sino el patrono de las cajas fuertes ante las cuales entraba en éxtasis su paladín sin par: Néstor 1050 Kirchner.


     Después de los registrados sinsabores, la misiva, por suerte, finaliza del mejor modo. “Si quieren saber dónde estoy, estoy dónde estuve siempre, al lado de Néstor Carlos Kirchner, quien continuó y profundizó la obra de Juan Perón”.


     Es una tranquilidad, decimos, saber en dónde está. Porque la verdad es que lo íbamos a mandar a la mierda. Pero vemos que el hombre ya llegó...Ya llegó.


Antonio Caponnetto



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

sábado, 21 de octubre de 2017

Nuevas claves para entender el caso Maldonado – Antonio Caponnetto



-El Río Chubut no es un antiguo afluente patagónico. Fue fabricado por la Gendarmería Nacional, el 1 de agosto del corriente, para ahogar a los inmaculados mapuches y sus sacrosantos seguidores.

-Existe un Equipo Forense de Colocación de Cuerpos Mapuchistas (en adelante EFCM). El ahogamiento y la hipotermia nunca causan la muerte de quienes se arrojan al Río Chubut. Mentar tales factores es encubrimiento estatal. La verdadera causa es el EFCM.

-Si un gendarme persigue a un mapuchista que acaba de cometer varios delitos y actos subversivos, el hecho –aunque esté registrado y conste- debe calificarse de bajo e inhumano, y negarse enfáticamente. Sencillamente porque los mapuchistas nunca cometen delitos. Hablar de subversión y de guerrilla, además, nos remite a los Grupos de Tareas, resabios de los años de plomo. Todo marxista tiene el derecho humano de delinquir como mejor le plazca.

-Sabiendo como saben, los miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, que al perseguir a un delincuente, a éste puede darle desde una taquicardia hasta un colapso, son responsables del homicidio del perseguido, si encima que lo corren injustamente, no ordenan la custodia de la víctima con un equipo del SAME y una Unidad Coronaria Móvil. Quede sentada jurisprudencia al respecto.

-Si la autopsia más científicamente ejecutada de toda la historia nacional, determina que el cadáver no tiene lesiones y lleva más de sesenta días bajo el agua del Río Chubut, eso no obsta para exculpar a la Gendarmería. Porque su obligación era dejar múltiples y visibles señales de que lo habían torturado y matado. Por no cooperar al relato mapuchista –imprescindible para el triunfo de las luchas populares- esta fuerza represora y toda la prensa hegemónica deben recibir un condigo castigo. Son culpables de no cooperar con la causa intachable de los desaparecidos. Entiéndase de una vez: son reos por no ser reos.

-Investíguese como copartícipes de complicidad manifiesta, a los perros que suspendieron el olfateo a orillas del Río Chubut, a las raíces de los arbustos que enredaron el cadáver, y de modo especialísimo al Gendarme Emmanuel Echazú. Los primeros son evidentes cultores de la Doctrina Canina de la Seguridad Nacional. Las segundas crecieron frondosas al amparo de la dictadura fitogeográfica. El tercero es un huinca que osó interponer su mandíbula al lanzamiento de un adoquín libertario, lanzado por las atávicas tribus originarias.

-Si las autoridades políticas dan el pésame a los familiares del difunto, merecen el repudio y la abominación por el uso electoral del occiso. Estamos de acuerdo. Pero si, con la autopsia aún en curso y el muerto descompuesto e insepulto, los familiares salen a decir que hay que castigar electoralmente a las autoridades, eso se llama “elaborar el duelo”. Igual calificación merecerán las múltiples tomas, incendios y actos de vandalismo perpetrado por los mapuchistas y arcángeles afines. Hay que respetar a rajatabla a la familia Maldonado. Pero está permitido -y goza de aquiescencia plena- tomar por estúpidos al resto de las familias argentinas. Todos debemos llamarnos a un silencio respetuoso ante el finado. Pero el grupete de sus familiares y amigos puede decir cuanto exabrupto se le ocurra.

-Son cada vez más abundantes los datos que corroboran la ligazón familiar, parental e ideológica del muerto con militantes kirchneristas y otros grupúsculos afines a la guerrilla setentista. Por lo tanto, quienes descubran estas asociaciones y el grotesco montaje circense que todo este caso significa, deberán ser palpados de armas por los caciques mapuches, bajo el cargo de conspirar contra el pensamiento único.

-Esto recién empieza. Se puede negar la resurrección de Jesucristo, pero “aparición con vida para Maldonado”, porque “con vida se lo llevaron y con vida lo queremos”. Dispóngase además que, junto con la bandera del orgullo gay, Rodríguez Larreta, haga flamear a media asta las banderas de la Nación Mapuche y del Anarquismo, durante tres días del calendario maya. Dispóngase asimismo que el paraje donde fue hallado el cuerpo del Héroe del Tatuaje, sea denominado Maldonado. El cual, para no confundirse con el arroyo homónimo y volver a inundar la Juan B. Justo, deberá figurar en la toponimia chubutense como El kürü Maldonado.

-Enterados los sobrevivientes de las tribus de la Polinesia, principalmente los clovis, de que los mapuches se adjudican el carácter de pueblos originarios de América, en desmedro de sus verdaderos derechos a la originariedad, han constituido con sede en Londres la Clovis Nation Society, reclamándole al Estado Argentino la entrega inmediata de la cadena Hotesur,los ranchitos de Lázaro Baez, la bisutería de Cristina y la cripta de Néstor.

-Finalmente, y al cierre de este manojo provisorio de “claves para un macaneo mejor”, el Gobierno dispuso que se le pague la suma de dos millones de pesos, en carácter de recompensa, al mapuche que, después de una cadena de falsos testimonios, señaló donde estaba el cadáver del neo Che. El indio ya adelantó que, dadas las circunstancias, se suprime momentáneamente y hasta el cobro de la inquietante suma, todo concepto de propiedad colectiva.

- Hace casi tres meses que este gobierno cobarde y ruin, moviliza para hallar a Maldonado, un despliegue de medios y de pesos como pocas veces se vio antes. Ahora faltaba el agregado de la recompensa a quien en un país normal debería dársele, por lo menos, no un premio sino un castigo por pertenecer a una asociación insurreccional y sediciosa. ¿Con qué cara los mapuchistas pueden seguir diciendo que el gobierno lo desapareció y la Gendarmería se lo llevó?

-Macri facho y gato. Un momento. Como el clan familiar de los Maldonados, pedimos respeto y prudencia en el uso de las palabras. Benito Mussolini no merece este agravio. Ni tampoco la comunidad felina. Al fin de cuentas, sea por la vía de un Duce Argento o de una legión de felis silvestres catus, bien le vendría a la patria ejecutar un justiciero y férreo escarmiento contra tantas ratas sueltas que deambulan impunemente.


ANTONIO CAPONNETTO



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miércoles, 4 de octubre de 2017

Familia Cristiana o Amoris Laetitia – Antonio Caponnetto




  

A riesgo de que estas líneas puedan sonar a fraternalismo exagerado o a desubicación doméstica, me siento obligado a agradecer públicamente esta última expresión del magisterio de mi hermano Mario Caponnetto, ofrecida en su nota “A propósito de la traducción del párrafo 303 de Amoris laetitia”, que le publicara “Adelante la Fe” en su edición del 4 de octubre del corriente.

No ha sido ni es en absoluto habitual este tipo de adhesiones recíprocas entre nosotros, pero ante algunos comentarios que me llegan sobre lo que sería un exceso de puntillosidad de parte del firmante, o lo que solemos llamar en lenguaje llano, el buscarle el quinto pie al gato- se me permitirán algunos brevísimos comentarios:

1)No es la primera vez que Amoris laetitia es el blanco de un análisis pormenorizado, que incluye el detenimiento crítico y objetor ante determinados párrafos, dada la confusión de los mismos, o lisa y llanamente su heterodoxia. Cito a modo de ilustrativo precedente, los dos ensayos del Dr. Michael Pakaluk: The other footnote in Amoris laetitia y Ethicist says ghostwriter´s role in <Amoris> is troubling. El primero es de mediados de 2016 y puede leerse en First Things; el segundo es del 15 de enero de 2017, y fue publicado en Crux. Taking the catholic pulse. Sitios ambos de fácil acceso digital.

En el más antiguo de los artículos referidos el legítimo detallismo analítico llega hasta dos notas a pie de página, la 329 y la 351; en el más reciente, la severa discrepancia es con el párrafo 301, de inequívoca factura “fernandiana” (no por los Fernandos santos de la reyecía occidental sino por el Tucho Fernández del plebeyismo nativo). El autor prueba, entre otras cosas, que el plagio pontificio y el desconocimiento de Santo Tomás son moneda corriente en la Roma de hoy. De lo primero, yo mismo he registrado uno:el perpetrado con las obrejas de Carlos Díaz Hernández en la Carta Apostólica Misericordia et Misera. Da vergüenza ajena constatarlo.

Sirva acotar que el precitado Michael Pakaluk –el riguroso analista de párrafos y notas a pie de página de Amoris laetitia- no se encuadra en ninguna de las opciones eclesiales “conflictivas” con las que se suele descalificar ad hominem.

2)No sólo es meritorio el detenimiento analítico hecho con erudición por Mario Caponnetto, sino que posee un doble valor agregado que me parece justo subrayar. Por un lado tira por tierra la descalificación bergogliana, según la cual, la ya mentada Exhortación Apostólica, debe ser leída íntegra y totalmente, y no de un modo sesgado. Pues eso se ha hecho: estudiarla con lupa. Mas en segundo término, el autor de esta exégesis del párrafo 303, acaba de publicar un voluminoso tratado: Santo Tomás de Aquino. Aproximación a su pensamiento (Paraná, Taurós, 2017), cuya Cuarta Parte está dedicada a la moral tomista, que profundamente conoce, sin confundir con la vulgar casuística, que según Francisco sería el otro yerro de sus correctores filiales.

Dígase de una vez y con todas las letras: no queda de este lado de las partes en litigio la falta de estudio de la moral enseñada por el Aquinate, ni la práctica de una ética casuística, más común entre ciertos ámbitos jesuíticos en los que se ha criado Bergoglio que entre los rumiadores consuetudinarios del Doctor Angélico.

3)Siendo entonces enteramente lícito el examen puntilloso de determinados párrafos, sería conveniente –y así lo proponemos- llamar la atención sobre los números 158 y 161, que no corresponden a la traída y llevada octava parte de Amoris laetitia.

Allí, en esos párrafos, quedan homologados los méritos y las valías del matrimonio y de la virginidad. En abierta contradicción con lo enseñado por Santo Tomás de Aquino, en la Suma Teológica (II-II,152,4): Utrum virginitas sit excellentior matrimonio; en la Suma Contra Gentiles (III, 136 y 137): Contra eos qui matrimonium virginitati aequabant; y en el Compendio de Teología (capítulo 221). Siendo lo más triste tal vez que, para la comisión de estos yerros, Francisco se apoya en la catequesis de Juan Pablo II del 14 de abril de 1982 (cfr. notas a pie de página 166 y 169 de Amoris laetitia), desconcertante en su momento precisamente por el tinte joviniano de su postura.

Sorprende también que este regusto a herejía joviniana de los precitados párrafos de Amoris laetitia, busquen un sustento en Alejandro de Hales (párrafo 159, nota a pie de página 167), haciéndole decir a este teólogo escolástico que “el matrimonio puede considerarse superior a los demás sacramentos, porque simboliza algo tan grande como <la unión de Cristo con la Iglesia o la unión de la naturaleza divina con la humana>”; cuando en rigor, Alejandro de Hales incurrió en el error de considerar que el matrimonio no confiere la gracia santificante, siendo sólo superior en cuanto signo pero inferior en tanto vehículo de la gracia. Bergoglio, en la nota a pie de página 167, remite a la Glossa in quatuor libros sententiarum Petri Lombardi, 4, 26, 2 (Quaracchi 1957, 446). Pero exactamente una página antes de la invocada obra –la 445- Alejandro de Hales dice: “Non confert gratiam gratum facientem, etiam digne suscipienti, et propter hoc ordinatur post alia sacramenta, tamquam illud, quod est minoris efficatiae in disponendo ad gratiam, licet sit maius in significando”. Peor referencia no podía haber hallado para probar la superioridad sacramental del matrimonio. El panorama se complicaría aún más, si de la Glossa del de Hales nos fuéramos a sus Quaestiones disputatae antequam esset frater. Pero nos supera el punto.

4)Por último, para los que se fastidian por este cotejo de citas, párrafos, notas a pie de página o interlineados; o para los que, con todo derecho afirman que no tienen porqué andar rastrillando peritajes de académicas exigencias, queremos preguntarles retóricamente qué tiene que ver –ya no con la moral tomista, sino con el más elemental aprendizaje catequístico- la defensa de la familia cristiana con el constante mal ejemplo dado por Francisco, al recibir, sin el más mínimo pedido de enmienda o de reprobación pública, y aún muchas veces festivamente, a la variopinta fauna de concubinos, amancebados, adúlteros, degenerados, invertidos y corruptos morales de la peor especie.

Debe ser ésta la gestión pontificia que, en tal sentido, ha batido el escandaloso record de personajes inmundos de todo jaez, recibidos, lo reiteramos, no sólo sin salvedades, restricciones o condenas, sino muchas veces con aire jubiloso, cómplice y contemporizador. Todavía nos dura la indignación – acaso por poner un solo ejemplo rescatado del olvido- ante el apoyo público que, en agosto de 2015, Bergoglio le prodigó a Francesca Pardi, autora de literatura infantil explícitamente favorable a la contranatura. Escándalo de la niñez y justificación del homosexualismo; peor síntesis imposible.

Más allá de necesarias exégesis, de correcciones filiales siempre bienvenidas, de dudas con fundamento y hasta de desobediencias fundadas en dolorosas causas, urge rescatar a la familia cristiana del magisterio deletéreo de Francisco. Lo que puesto bajo la forma de una didáctica disyuntiva sería equivalente a decir: Familia Cristiana o Amoris Laetitia.

Para ayudarnos en tan difícil propósito, imaginemos el instante inicial de la Sagrada Familia, arquetipo de todo hogar católico. María sola frente al Ángel. Varona sin dobleces, de una sola pieza, de un perenne fiat. El Niño en ciernes y a la vez eterno. El Paráclito que aletea. Y José, que no necesitó ningún período de discernimiento para que al final, un obispo felón y un párroco manirroto moralmente le dijeran que podía separarse de su prometida y rehacer su vida. Su vida ya estaba rehecha con la paternidad de la Vida. Sólo necesitó soñar, en la doble acepción del vocablo. “Y estando José pensando en abandonar en secreto a María, he aquí que el Ángel del Señor le apareció en sueños, diciendo: ‘José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque su concepción es del Espíritu Santo’” (Mt.1,20):



Le pesaban los brazos más que nunca esa noche,
de acarrear la madera, de dar forma a aquel leño,
fatigado de troncos y virutas filosas
el cuerpo le pedía la horizontal del sueño.


Sumaba otro cansancio que no da el martilleo
ni el buril contra el cedro o el listón de cerezo,
limaduras del alma cuando duda y vacila
reclamando el sosiego del tálamo o el rezo.


A solas con la pena de sospechar amando
-amando la pureza del ser indubitable-
lo vio dormir inquieto la luna nazarena
propicia para un ángel que en el silencio hable.


Lo llamó por su nombre, agregando el linaje
por remembrar promesas como el vino a la Vid,
por disiparle el miedo, el pálpito escondido:
Nada temas José, hijo leal de David.


Lo que guarda tu esposa no es obra de la carne,
ni de los terrenales y humanos himeneos,
es el Verbo anunciado desde todos los siglos,
nacerá entre pastores, sonarán jubileos.


Alégrate en las nupcias anunciadas al alba,
selladas con el “hágase tu palabra en mi vida”.
Y al mentar al misterio, calló el ángel doblando
en señal de alabanza su ballesta bruñida.


Llegada la vigilia y con ella la lumbre
al corazón contrito como al del justo Job,
se hizo lirio el cayado y una rosa el recelo,
su paz era una escala que revivió a Jacob.


Danos José la gracia de saber que la Esposa
no es la adúltera oscura de quien la quiere infiel,
no es la merecedora del epíteto duro
sino esa tierra fértil “que mana leche y miel”.


Cuida Santo Patriarca al Niño y la Señora,
de los lobos bramando en negras ventoleras,
cuídanos el pesebre, el sagrario y la misa,
quede todo en tus manos augustas, carpinteras.


Por Antonio Caponnetto





Nacionalismo Católico San Juan Bautista






jueves, 14 de septiembre de 2017

Caso Maldonado: Lo que hay que saber para entender lo que sucede - Antonio Caponnetto




-Si los supuestos o reales indios cortan la ruta, se llama resistencia ancestral. Si los gendarmes restituyen la viabilidad del camino obstaculizado, se llama salvaje represión.

 -Si a uno o varios gendarmes le fracturan los pómulos a pedradas, se llama rebeldía atávica. Si los gendarmes devuelven los cascotazos, es genocidio.

 -Si diez adoquines son arrojados por un mapuche resulta autodefensa. Un guijarro lanzado por un gendarme es discriminación racial y violencia étnica.

 -Si grupos de mapuches incendian iglesias y matan a los que están en ellas, es afirmación de la identidad originaria. Si los gendarmes corren a los agresores para capturarlos es invasión del espacio sagrado.

 -Si los mapuches le gritan asesinos a los gendarmes, amenazándolos con que los van a ir a buscar adónde vayan, es manifestación de telurismo. Si los gendarmes le dan la voz de alto a los depredadores es acoso verbal homicida.

 -Si los mapuches van encapuchados, rompiendo todo a su paso, es costumbrismo añejo y sacro. Si los gendarmes llevan el casco reglamentario, se están ocultando y encubriéndose corporativamente.

-Si los mapuches atacan en malón, en organizadas guerrillas, viven en la clandestinidad y prometen matar a sus enemigos, es el reclamo sempiterno de las raíces contra los malvados huincas. Si los gendarmes detienen a los guerrilleros, sorprendidos in fraganti, es Terrorismo de Estado.

-Si los mapuches reclaman millones de hectáreas del territorio patrio, es el derecho originario. Si las fuerzas de seguridad les piden – y ¡por favor! -que dejen de saquear el microcentro, volvió “la dictadura”.

 -Si se ocultan, evanescen, se volatilizan, se esfuman los integrantes de RAM, tras cometer todo tipo de tropelías, es táctica de intransigencia en pos de reclamos milenarios. Si todo el planeta político, jurídico, legal y militar se moviliza para encontrar a un anarquista filomapuche, es un caso evidente de desaparición forzada.

- Si mueren en cumplimiento de sus misiones contingentes enteros de gendarmes, a nadie se le ocurre pensar que detrás de cada uno de ellos hay una familia que los llora. Si le tocan una rastra a un nómade por propia decisión, Maldonado es mi hermano, mi hijo, mi nieto, mi chozno.

-Si the Benetton Group, nos roba la Patagonia, es capitalismo salvaje y penetración foránea; y es cierto. Si lo mismo hace The Mapuche Nation con sede en la británica Lodge Street, también lo es. Pero de eso no se habla. Y mucho menos de las explícitas, antiguas y remozadas pretensiones israelitas a nuestra soberanía patagónica. Esto ya es conspiracionismo nacionalista. Que nadie ose traspasar el umbral de lo políticamente correcto.

-Si el imbécil del rabino Bergman, investido de Ministro Planta y de Funcionario Plasma, les devolvió oficialmente a los mapuches, el 30 de diciembre de 2016, el bastón de mando que en 1938 Perón les había obsequiado, “como reconocimiento de los derechos ancestrales del pueblo mapuche”, según lo glosa, larga y admirativamente la revista kirchnerista Zoom (http://revistazoom.com.ar/el-baston-perdido-de-peron-y-la-lucha-de-los-mapuches/ ),embanderada ahora con la causa Maldonado, entonces quiere decir que tanto el macrismo como el peronismo no están dispuestos a defender a la patria de la demencia criminal de estas tribus sediciosas, delictivas e insurrectas. Son partes intercambiables del mismo Régimen.

Conviene tomar nota y obrar en consecuencia. Esto no lo arreglan ni lo entienden los brujos de la tribu, sean liberales o marxistas, sino los Defensores de la Argentinidad.

  Antonio Caponnetto



Nacionalismo Católico San Juan Bautista


viernes, 14 de julio de 2017

Martirio de Mons. Jozef Tiso: Gobernante y sacerdote nacionalista - Antonio Caponnetto



  Nota de NCSJB: Mons. Jozef Tiso fue un santo sacerdote nacionalista eslovaco, doctor en teología. En su actividad pastoral, como reconocimiento a su celo pastoral le fue otorgado el título de Monseñor. Fue designado Ministro de Higiene en el gobierno de Praga en 1927 y durante la crisis Checoeslovaca de 1938/39, aprovechó para lograr la independencia de Eslovaquia de la opresión checa, fundando el Estado Eslovaco.

  Fue elegido entonces Presidente sin dejar nunca de servir asimismo como párroco en la pequeña localidad de Bánonce.

  Al declararse la Segunda Guerra Mundial, Monseñor Tiso se unió a las potencias del eje en la lucha anticomunista. Al vencer las fuerzas que responden a la judeo-masonería, fue apresado y juzgado injustamente por los comunistas determinando así su muerte en la horca, habiendo ofrendado su vida por Dios y por su Patria.

  Al hablar de la participación de este santo varón con su nación en la guerra anticomunista; decía nuestro mártir Jordán Bruno Genta, en la obra cuyo prólogo del Dr. Caponnetto aquí reproduciremos:




“...me complace estar con los vencidos de la tierra. Cuando los ejércitos de Europa presididos por el maravilloso ejército alemán invadieron la Unión Soviética, yo participé con todo mi corazón y con toda mi alma en la esperanza de que abatieran a los renegados de Dios, a los enemigos del género humano”

  “¿Por qué quería con toda mí alma el triunfo de esas fuerzas maravillosas con esa disposición al sacrificio y a la muerte? Porque el triunfo de los que fueron vencedores de la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo internacional del dinero y el comunismo ateo se iban a adueñar de la tierra entera como está ocurriendo en estos momentos”.

  “¡Qué honor! señores, estar al pie de la Cruz, como en un campo sembrado de cadáveres de los que han muerto por amor a Dios y por amor a la Patria. No estáis ante un espectáculo de muerte, no estáis ante nada que sea aniquilamiento, estáis en presencia del comienzo de la Vida verdadera por aquellas palabras maravillosas que dijo San Agustín: La Vida verdadera bajó hasta nosotros, tomó nuestra muerte, y la mató con la abundancia de Su Vida”.


J.B. Genta. Buenos Aires, 23 de Abril de 1974




Prólogo al trabajo de Jordán B. Genta: “Monseñor Tiso. El Gobernante Mártir”




  Este año que concluye se lleva consigo el aniversario número cincuenta del martirio de Monseñor Tiso.

  Su sólo nombre todo lo dice para los hijos fieles de la entrañable nación eslovaca. Y a fe que otro tanto ocurre con sus enemigos históricos, que aún dominadores impunes y estultos, no podrán olvidarse de quien tan gallardamente los enfrentó, con su palabra, con su conducta y con su sangre.

  Pero ese nombre cargado de resonancias para unos y otros, y proferido en el Cielo a la diestra del Padre, nada significa frente a las actuales generaciones, ni ante esos cristianos acédicos, ignorantes de las glorias de la Iglesia y siempre prontos a disculparse por lo que le han hecho creer que son sus extravíos.

  Son ellos entonces quienes primero necesitan conocer estas páginas…

  Conocer que Monseñor Tiso, al igual que otros sacerdotes ejemplares, como su recordado maestro, el Padre Hlinka, comprendieron que por lo mismo que la patria hundía las raíces de su fundación en el misterio de la Cruz, era necesario pelear por su rescate y trabajar sin pausa por su entero señorío. Sin concesiones ni compromisos con los destructores de la estirpe. Sin contemporizaciones ni enjuagues con los poderosos; sin dobleces ni asomo de esta común bellaquería que hoy envuelve a tantos trémulos pastores.

  Conocer asimismo que fue Tiso, en cada uno de los cargos públicos que desempeñó, hasta llegar a la mismísima presidencia de la República, un sacerdote que asumió la autoridad como servicio, y no un político que desertó del Orden Sagrado en pos de la carrera electoral.

  Un consagrado que en carácter de tal, veló eficientemente por su pueblo, en nombre de la caridad y del bien común antes que de programas asistencialistas. Un ungido que volcó sus bendiciones sobre la nación que gobernaba, mas que un candidato de engañosas fórmulas mundanas. Un párroco que no abandonó jamás el ejercicio de su ministerio, y que al igual que San Luis bajo aquel legendario roble de Francia, siendo el primer mandatario, atendía los requerimientos de los suyos, a la salida de las misas dominicales en su capilla aldeana de Bánovce. Un hombre de Dios, entregado jerárquicamente a Él desde el puesto de mando; de rodillas frente al pequeño e infinito pórtico del Sagrario y de espaldas a la puerta ancha del horizontalismo.

  Fue Tiso el Capellán de Eslovaquia. Un verdadero Príncipe Cristiano en tiempos de aplebeyados ateos.

  Conocer además que es posible proclamar la Realeza de Cristo, en cumplimiento del primer deber de un estadista bautizado. Y que de esa prioritaria y urgente proclamación se siguen todos los bienes, como la añadidura tras la búsqueda principal del Reino de Dios. Así, durante los años de gobierno del singular presbítero, su país, pública y orgullosamente definido como confesional y como buen vasallo del Supremo Rey, alcanzó la prosperidad material y la resolución inteligente de los problemas terrenos.

  Conocer, en suma, que Monseñor Tiso, sabía y quería hablar claro, desdeñando las elipsis y prefiriendo la contundencia del verbo esencial. Dado “el carácter infernal del bolchevismo -dijo en el Parlamento en 1936- es imposible la conciliación... y no se puede tener respecto de él, ni siquiera una posición neutral”. Tres años después, el 21 de febrero de 1939, agregaría en el mismo recinto una definición tajante: “no queremos ser ni seremos nunca los esclavos de cualquier ideología que no surja de nuestra tradición eslovaca y de nuestro espíritu cristiano”. He aquí la síntesis de su ideario y de su posición doctrinal: el nacionalismo católico. Ese nacionalismo que es amar y soñar cristianísimamente a la propia patria, y que no pueden entender ahora los adocenados servidores del Nuevo Orden Mundial.

  Conocer por último, que tras el triunfo de los aliados todavía celebrado amén de por sus socios, por algunos sedicentes humanistas- Eslovaquia fue invadida por los rojos, padeciendo desde entonces un doloroso via crucis, cuyas estaciones de angustia y espanto no han arrancado nunca la proverbial furtiva lágrima de los denostadores profesionales de genocidios. Eslovaquia fue invadida; y Monseñor Tiso, capturado como no podía ser menos por la policía norteamericana, acabó entregado a los verdugos de Moscú. Supo entonces de la prisión y de los vejámenes, de los campos de concentración -que olvida la historia oficial escrita en Yalta- y de las torturas físicas y morales. Supo de la crueldad del bolchevismo que había osado desafiar y de la negra alianza entre liberales, marxistas, judíos y masones. Los mismos que ahora resultan objeto de inmerecidos requiebros, y exculpados de una historia que los ha visto como victimarios de cristianos y perseguidores de la Iglesia. Pero supo también el Padre Tiso de la particular asistencia de la gracia. Y se mantuvo varonilmente enhiesto hasta el final, prefiriendo la muerte mártir a la traición que le proponían protagonizar para salvar su vida. La horca pudo ceñir su cuello, pero ya no podía ceñir su corazón. Pudieron dispersar al viento sus cenizas, mas no la unidad de su alma, juntura inamovible de amores esenciales y haz sin fisuras de la contemplación de Dios y de Eslovaquia.

  Doble lección la suya de nacionalismo y de martirio cristiano, de celo sacerdotal y de piedad patria, de pastoreo de la grey y de conducción de los ciudadanos. Y conocer sendas cosas justificaría sobradamente la reedición de este opúsculo que hoy se presenta.

  Sin embargo, posee el mismo para nosotros, el valor especialísimo de haber sido escrito por un argentino que fue capaz de vivir y de caer en el combate en defensa de los mismos altos bienes por los que lidiara y cayera Monseñor Tiso.

  Todo es paradigmático en estas voces de Genta que exaltan la figura del egregio esloveno. Todo es paradigmático, pero a la vez, misteriosamente premonitor. (Y nunca más oportuno recordar que el misterio es diafanidad y lumbre).

  Paradigmática es la alabanza del Varón Justo, como emblema de una genuina política de soberanía física y metafísica aplicada sobre el cuerpo y el alma de la nación.

  La exaltación de la Cristiandad y -por ella- el milagro de la comunión de las patrias, más allá de las diferencias accidentales. El rescate del arte de las definiciones, con las cuales nombrar como cuadra a los réprobos y a los elegidos, a los malditos y a los benditos del tiempo y del espacio. Paradigmáticas las razones -que se elevan en la oratoria de Genta como los arcos de una arquitectura gótica- en virtud de las cuales se enseña que todo hombre de honor debe rechazar el éxito del mundo y homenajear a los grandes derrotados; a aquellos que, a imitación del Señor, han resultado vencidos aquí abajo por no abdicar de las cosas de arriba. “¡Qué deferencia más señalada -dirá Genta con su acento inconfundible- “ser convocado para honrar a un vencido en la tierra!”. Es el alegato de un hombre superior que ha penetrado en la concavidad más recóndita del secreto del Calvario. La confesión, casi inefable, casi incomunicable, de quien ha visto de cerca la silente victoria del Viernes Santo. Es la inauguración trascendente de la mañana y del gozo, tras la mera inmanencia de la pena y del crepúsculo.

  Pero algo más veía Genta cuando hablaba de su admirado Tiso. Tuvo “un destino envidiable” -proclamaba, delante de sus compatriotas exiliados que lo escuchaban como a un maestro- “porque mereció el triunfo y la gloria del martirio. ¡El martirio, esa buena muerte, esa preciosa e insuperable muerte donde empieza la vida sin muerte!”. Y largos años después, volviendo con fidelidad a rendirle homenaje, insistía con tono impetrante: “permanezco en el mismo lugar en que estaba entonces y espero que la muerte me encuentre, en esa definición católica y nacionalista que profeso, y a la cual he consagrado mi vida”.

  La muerte lo encontró como quería. Y la tuvo “buena, preciosa, envidiable e insuperable”, cual la había descripto hablando de la de Monseñor Tiso. Premonición misteriosa decíamos. O deseo recto y ardiente que se alcanza por merecimientos propios. O inspiración bajo el auxilio de la gracia, si se prefiere.

  De cualquier modo, concurren en Genta los mismos valores, que invitábamos antes a contemplar en el biografiado: el amor a Dios y a la Patria, la ciudadanía del Cielo y de la tierra, la disposición al martirio y el patriotismo militante; el nacionalismo católico para decirlo con las mejores palabras, y por eso, las que más irritan a los tibios.

  Supo escribir Gerado Diego ante un muerto cercano y encomiable, que era “vergüenza vivir cuando los buenos mueren”. Que abajo, quienes quedamos, “cantamos y cortamos las flores del poniente”. Mas “las del alba, tú solo, las cosechas celeste, del jardín de la vida, tras el mar de la muerte”.

  Allí han de estar entonces, ya sin sombras de dudas, en el altísimo prado, Monseñor Tiso y Jordán Bruno Genta cosechando las flores del alba. Unidos en hermandad de sangre, entonando epinicios para Eslovaquia y Argentina. Porque Dios así restituye la gloria a quienes lo sirvieron en vida.

  Nosotros aquí, a despecho de tantas persecuciones e incomprensiones, de tantas soledades y pruebas, queremos continuar el camino que nos trazaron con sus ejemplos. Precisamente porque los tiempos son difíciles, porque los recursos son pocos, porque los desertores abundan y los pusilánimes acechan. Precisamente porque pareciera que está todo perdido y queda por ganar la vida eterna lidiando contra el Maligno. No es mal destino si se sabe ser dócil a las ultimidades de la Historia.

  Nosotros aquí, una vez más. Escuchando -como los soldados de Enrique V en vísperas de San Crispín- la promesa magnífica y certera reservada a los que sean capaces de jugarse sin reservas: sus nombres serán resucitados por el recuerdo viviente de los descendientes, y serán saludados con copas rebosantes. Los que no hayan participado de la contienda se sentirán viles, y los protagonistas -aún tumbados- serán ennoblecidos por el coraje.

  Nosotros aquí, en este cotidiano entrevero de querer recordar y emular a los testigos de la Verdad. Para no sentir “vergüenza” de seguir viviendo. Hasta que la flor del alba -señera, firme, altiva- reverdezca luminosa regada con nuestra propia sangre.




Antonio Caponnetto
Buenos Aires. Noviembre de 1997



Jordán Bruno Genta “Monseñor Tiso. El Gobernante Mártir”. Ed. Santiago Apóstol 1997.


Un especial saludo y agradecimiento a Vladimiro La Torre



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