San Juan Bautista

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martes, 18 de marzo de 2014

Judeo-masonería contra la raza blanca – Por Traian Romanescu


  “La hipocrecía está permitida cuando el judío la necesite, o cuando tenga motivos por temor. Puede decir al no judío que le ama...” (Schulkhan Arukh, palabras del rabino Josef Caro)

  “Los judíos pueden jurar falsamente por el medio del uso de palabras de subterfugio.” (Schabouth Hag. 6 b)

TALMUD

¿ESTORBA LA RAZA BLANCA?

  Recordemos lo dicho el 12 de Enero de 1952 por el Rabino de Hungría en Budapest, ante el Consejo de Emergencia de los Rabinos Europeos:

  “Puedo remarcar con certeza que ha nacido ya la última generación de niños blancos. Entre las tareas de nuestras comisiones de control está incluida aquella de liquidar los prejuicios raciales, forzando a los blancos a no casarse entre ellos, la mujer blanca será obligada a casarse con hombres de las razas oscuras y el hombre blanco a casarse con negras. Entonces la raza blanca desaparecerá, puesto que la mezcla de razas significa el fin del hombre blanco y nuestro enemigo más peligroso quedara únicamente en nuestro recuerdo”

  “Fundaremos nuestro reino de 1000 años de riqueza-Pax Judaica-y nuestra raza reinara incontestablemente en el Universo entero. Nuestra inteligencia será capaz por doquier de dominar a las razas de color”

  “Todos los inventos científicos del Hombre blanco han sido vueltos contra el mismo. Su prensa y radio difunden nuestros deseos, y los productos de su industria pesada, como las armas y otros materiales se han vuelto contra el”

  “Nosotros conservaremos los ritos y las costumbres judaicas como un privilegio y fortalecimiento de nuestra clase dominante, y lo mismo la ley de nuestra raza. A ningún judío será permitido casarse fuera de nuestra comunidad y tampoco nosotros aceptaremos a extranjero alguno”

  “Entre nuestros intereses en Washington está el de aumentar   considerablemente el programa de cuatro puntos para el desarrollo industrial de los países del Tercer Mundo y hacer lo necesario para que después los blancos no sean capaces de oponer resistencia a las inmensas masas de hombres de color, que entonces tendrán también la superioridad técnica e industrial, por eso hemos de promover el desarme de los civiles blancos y fomentar una inmigración masiva de elementos de color hacia las naciones blancas”

  Los judíos no son un pueblo creador de valores espirituales o de civilización en el sentido recto del término. Lo que ellos crearon es la religión; pero en artes, ciencias, literatura, especularon siempre con ideas robadas de otros.

  No crearon civilizaciones sino que destrozaron todo lo que pudieron de civilizaciones creadas por otros…

  El ataque sistemático contra los valores espirituales, morales y materiales de los pueblos, es lo que ha provocado los “pogroms”, las expulsiones en masa y no el que los cristianos “les envidiemos” (malamente podemos envidiar su habilidad para adulterar, defraudar y embaucar) como ellos dicen. Toda acción genera tarde o temprano una reacción.

  Más de 100 millones de hombres han caído en lo que va de siglo, principalmente en los campos de batalla, por obra de la conspiración anticristiana y antiblanca de los judíos. A la desaparición de cada hombre joven, correspondió la de una familia potencial. A eso se debe que ahora haya déficits de natalidad…

  En América en la labor de zapa actual, los judíos utilizan a los negros y al indigenismo, “los intelectuales”, a los homosexuales, a las mujeres viriloides, los comunistas y a todos los que guardan rencor hacia la Sociedad.

  El movimiento “pro-emancipación”de los hombres de color, está dirigido desde Nueva York y Moscú por judíos y masones y por comunistas.

  Las matanzas de blancos, cuando el rencor se alía a la impunidad, han sido espantosas lo mismo en Indonesia que en la India, en Egipto, en Marruecos, en Ifni, Iraq, Congo, Rodhesia y Sudáfrica, porque en todas partes es la misma mano la que dirige la acción.

  Y es la misma voz la que trina contra “el imperialismo” y azuza a otros para que griten también, aunque jamás hablan preciso y claro sobre el imperialismo soviético.

  Punto culminante de la organización de las razas de color contra los blancos, fue la conferencia afroasiática de Bandung en Abril de 1955, con la participación de China Roja y la URSS. Allí se proclamo la lucha contra “el imperialismo” y “el colonialismo”, bajo la égida de los masones-comunistas Nehrú, Sukarno, Krísna-Menonn y compañía. La lucha no fue proclamada a liberar polacos, bálticos, alemanes orientales, croatas, serbios, húngaros, rumanos y demás pueblos blancos, sino a soliviantar a negros y amarillos contra el enemigo común.

  Los europeos civilizaron, rescataron y enseñaron a vivir como seres humanos a los negros; barrieron el concepto de tribu para crear la entidad país, los libraron de los sacrificios humanos, de los reyezuelos de taifas y de los males de la misérrima condición en que se hallaba África antes de la colonización, y ahora que las naciones africanas son independientes, han vuelto a la guerra civil y el hambre.

  A la conferencia de Bandung fueron esas “victimas del imperialismo” hablando en español, inglés, francés, portugués, solo para insultar a España, Inglaterra, Francia y Portugal. Muchos de los que ahí estuvieron aprendieron en Universidades europeas.

  Esos negros o amarillos hacen el juego a quienes no tienen razón para amarles. En sus selvas inhumanas se abre paso el judeo-marxismo.
Ahora los judíos “industrializan” a esos pueblos “liberados” antes de hacer racional y productiva su agricultura, para engañarlos con una aparente prosperidad y con los fines que ya expreso el rabino de Hungría, como una cabeza de ariete contra los pueblos blancos.

  Paralelamente se acude “al pasado”, se habla de “civilizaciones precolombinas”, sobreponiéndolas a la influencia del europeo para negar los méritos de la civilización occidental.

  España los libro del canibalismo y la fragmentación tribal y sentó las bases para la creación de un nuevo Estado/raza.

  Llevan a los museos europeos esas muestras “magnificas” destruidas por el malvado hombre blanco, propician la difusión del tam-tam africano y figurillas sexuales y deformes.

  Otro tanto ocurre en Literatura, poesía, pintura y teatro, que tantas aberraciones han visto nacer. Hacen aparecer como anacrónicos a Cervantes, Shakespeare, Dante, Velásquez y al Greco y a todos los artistas blancos que han creado arte estético impregnado de eternidad.

  La raza blanca, único escudo que podría defender a los pueblos de color de la dominación inhumana del comunismo, está siendo roída con la ayuda inconsciente de la gente de color.

  La lucha contra los blancos ha tomado proporciones mayores en Estados Unidos y Sudáfrica, siempre han sido judíos los fomentadores del odio interracial.

  En Estados Unidos persigue el sionismo a todo precio la mezcla de blancos con negros y asiáticos para debilitar a la mayoría anglosajona sin beneficiar al negro.

  La propaganda en ese sentido es sistemática y tenaz, por todos los medios posibles, desde el libro hasta el cine. Para coadyuvar al resultado se ha llegado a la provocación, al motín, al zafarrancho, so pretexto de que los negros son vejados…

  El periódico The American Nationalist de Inglewood, California, dijo en 1954 en un folleto intitulado “Judíos extranjeros promueven la integración. Los judíos se unieron con la NAAPC (Asociación Nacional para el Progreso del Pueblo de Color) para obtener el decreto de integración”

  Sin embargo, los judíos tienen en los Estados Unidos más de dos mil escuelas exclusivamente para sus hijos, incluso universidades, y otro tanto hacen en todas partes del mundo.

   Ellos quieren mezclar a blancos con negros y amarillos, aunque ellos se mantienen en su coto cerrado.


  Algo parecido ocurrió en Sudáfrica. Allí es el judío Kahn, jefe del llamada "Partido de Oposición", ayudado por correligionarios suyos como Strauss, Oppenheimer (el que es magnate de los diamantes) y otros, quien empuja a los negros contra los blancos de origen holandés o inglés…




TRAIAN ROMANESCU – “Traición a Occidente” Segunda Ed. Mexico 1961. Págs.236 y sig.


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

lunes, 17 de marzo de 2014

Del Papa y las perplejidades - Por Antonio Caponnetto


Carta a Dardo Calderón

Amigo Dardo:

  Me tocó estar fuera de casa una semana mientras aparecía y circulaba tu valiosa y caritativa nota sobre mi perplejidad  (cfr. La Perplejidad de Antonio Caponnetto), escrita tras la aparición de mi artículo titulado: A un año del Pontificado de Francisco. Esa lejanía del escritorio me permitió leerla y rumiarla varias veces. Pero recién ahora –otra vez teclado en mano- puedo esbozar una respuesta.

  Lo primero es agradecerte. El mester de acercarse a un alma –mitad doliente y mitad  briosa- para confortarla o comprenderla, aconsejarla, conminarla y acompañarla, tiene mucho del antiguo oficio del hidalgo, y un señorial vestigio de aquellas camaraderías nobles que no suelen abundar en estas épocas villanas. Quede manifestada mi gratitud, y sostengo otra vez que debe ser lo primero en quedar dicho.

  En lo que tu escrito tiene de ponderación de mi persona, presumo que hay alguna desproporción, y no puedo evitar un cierto sobresalto; pues conociendo tu gloriosa incapacidad para las adulaciones, o me mides con vara empinada, o es la correcta y yo no lo advierto ni me importa creerlo. Emulando al inolvidable Ángel Miguel Salvat, que solía decirme humildemente: “yo canto de puro mendocino”, me correspondería sentenciar que si ando perplejo es de puro porteño. Quisiera el buen Dios que me rozaran las altas analogías de “perplejables” que generosamente me endilgas. Pero mucho me temo que son un sayo grande para mi fatigada y módica percha.

  Protesto en cambio contra la sinonimia que le otorgas a la palabra perplejidad, por muy amparada que ella esté en los reales diccionarios de la lengua. Porque la verdad, amigo Dardo, que no me tengo por “dudoso, incierto, irresoluto y confuso” en el tema que abordo. Antes bien –y sin negar las humanas incertidumbres, descorazonamientos y limitaciones múltiples que me acompañan- debo decirte con sencillez redonda, que lo que en mí prevalece ante el estado actual de la Iglesia, mezcla en partes iguales la indignación y el azoramiento, la mortificación profunda y el ánimo beligerante, la estupefacción y el lamento, la legítima ira y el crepitar del cuore. No dudo de lo que estoy viendo, como dices; y no desconozco del todo “cuál es el camino correcto”, el “camino de orden frente a este estado de cosas”.

  No digo esto último en defensa propia –te lo aseguro- sino de mis maestros; pilotos de tormentas bravas que, pese a mí mismo, me inculcaron ciertos hábitos de distinción, ya casi convertidos en instinto o en olfato. Gratis date. Tampoco lo digo porque quiera arrogarme el privilegio de señalar el rumbo en medio de la confusión, tarea del héroe, como bien discernía tu padre.

  Si es verdad lo que escribe Marechal en su Didáctica de la patria: “tu heroísmo ha de ser un caballo de granja, tu santidad una violeta gris”, pues dame por confesado públicamente si te manifiesto que ni para destino de granjas y violetas parece que diera mi osamenta y cuanto ella guarda. Así y todo; no, Dardo, no. Ni desconozco el camino, sin ser héroe. Ni me hallo irresoluto, aunque me muerdan las penas como jaurías malandras. Ni se me negó la revelación básica de las causas del caos  y del retorno al orden, sin tener la testa del de Estagira o del de Hipona.

  Si alguien creyera que me voy adjudicando algún mérito al objetarte este punto, sólo me importaría aclararle que estoy como Borges cuando enfatizaba sentirse más orgulloso de los libros que había leído que de los que había escrito. Mis escritos no son necesariamente el faro en las tinieblas, ni los pretendo tanto. Pero sí las lecturas de mis maestros trasuntadas en tales escritos, cuando logro ser portavoz de los mismos. Es esto apenas lo que estoy queriendo afirmar cuando objeto una parte de tu retrato. Es esto lo que defiendo cuando rechazo ciertos significados de la palabra perplejidad que me atribuyes. Ciertos digo, no todos. Porque de una ristra de ellos –tal vez no registrados por la RAE- me haría cargo sin exculpaciones ni solemnidades.

  Salvedad hecha, vuelvo por los fueros de la gratitud y de la aceptación general de cuanto me planteas. Aceptación general que incluye admitir el riesgo –bien señalado en tus líneas- de no poder ofrecer el martirio; esto es, el testimonio, si nos dejamos ganar por la depresión y la angustia. De no poder salir de atolladero si no superamos el estar absortos por “el estar vigilantes”. De no llegar al fondo de la tragedia si nos abstenemos de valorar la liturgia de la Tradición. O de perder el rumbo si no descubrimos al “santo ignoto y ocultado” que puede andar en las interioridades de nuestro propio entorno. Buena preceptiva esta última, sobre todo cuando desde Roma se nos invita a descubrir el ladrón que todos llevamos adentro, sin reprimir la cleptomanía.

Dejemos la tentadora subjetividad

  Pero aquí lo que importa, caro Dardo, no es convertir la semántica de mi perplejidad en objeto de análisis. El que lo hayas hecho, me creas o no, me parece el fruto de tu magnanimidad, pero no el de una genuina urgencia. Me turba incluso, al colocarme en el centro de una reflexión que no me debe tener por centro. Porque conmigo o sin mi confuso, esclarecido, ciego, clarividente, decidido o paralizado; conmigo o sin mí, mala o virtuosamente perplejo, la Barca sigue y seguirá su rumbo.  Pero si Pedro duerme en el timón, recibe a Judas en la proa y a Luzbel en la popa, echa al mar los tesoros seculares y cambia la rosa de los vientos. Si Pedro ya no quiere ser Vicario del Crucificado sino anfitrión de los crucificadores, entonces tenemos que ponernos serios y dejar de hablar de lo que nos pasa a nosotros, para hablar de lo que pasa y obrar en consecuencia.

  Y es en este terreno donde hallo la parte más sustantiva de tu ensayo. Le dedicas sesudos párrafos a la crítica de “los Papas buenos”, y de cómo sus errores, quizás pequeños al principio, se hicieron grandes al final. Inmensos en este final, que acaso sea El Final, me atrevería a acotar.

  Siento la vivísima urgencia de aclararte que suscribo totalmente este diagnóstico crítico del Preconcilio que has ido elaborando. Suscribo las líneas globales y los matices, y hasta los exabruptos para los que tienes una especial capacidad lingüística.

  Desde hace algunos años, y ahora mismo (con ocasión de un opúsculo que estoy escribiendo con nuevos argumentos contra la perversión democrática), me he puesto a estudiar un poco aquel período del pontificado y de la Iglesia  durante los siglos XIX y XX. Mucho huele a heterodoxia en ese tiempo y en no pocos de sus protagonistas más relevantes. De modo que si tuviera que hallar una imperfecta aunque rápida etiología de cuanto sucede ahora, diría con el sabio refranero que de aquellos polvos vinieron estos lodos.

  No se pasó impunemente por el Ralliement, ni por la traición a los Cristeros, ni por la condena a Maurras, ni por el apoyo electoral activo a la democracia cristiana, ni por la frialdad ante el Carlismo, ni por los muchos guiños  contemporizadores hacia el norteamericanismo. Y se equivocan largo quienes creen ver en estos yerros, nada más que extravíos prudenciales o debilidades de gobierno. La recta doctrina sufrió mengua, la ortodoxia fue dañada, lloró el octavo mandamiento, y algún jirón de Nicea quedó tirado en el camino. El sentido monárquico del trono petrino empezó a mundanizarse. Y el mundo, claro, o el siglo, son categorías teológicas, no cuestiones gubernamentales.

  Te invito Dardo –si me lo permites- a que consideres otros factores en el análisis de esta descomposición; como el predomino de la devotio moderna y del fariseismo, sólo para que no te suceda lo que cuentas de Madirán, que se entusiasmaba de más con Pío XII; o en este caso, para que no te ilusiones demasiado con los efectos regeneradores de la antigua, perenne e imperecedera liturgia. Porque, amigo mío, los polvos que estamos mentando y cuestionando y que darían hoy el lodazal de Francisco, tuvieron lugar en un tiempo en el que regía el Vetus Ordo, y no escaseaban esos “verdaderos sacerdotes” que con justicia reclamas, capaces de “celebrar esa liturgia [católica y tridentina] en letra y espíritu”.

Un drama mayor nos recorre

  Por cierto que no ha de decirse que el Vetus Ordo propendía estos desafueros, al modo en que sí lo propenden los burdos llamados al lio en que se ha convertido hoy el grueso de las celebraciones cultuales. Pero ha de decirse, sin faltar a la verdad, que toda aquella sublimidad de formas y de fondo con que se celebró la Santa Misa, no bastó para frenar una marea negra que iba agitando y ensuciando los flancos de la Barca. Teníamos el diamante, pero no necesariamente lo custodiaban manos de orfebres sino de piratas. Y en libre parafraseo lugoniano debería agregarte: los diamantes no tienen nunca la culpa de los males de la Iglesia. Las culpables son las manos.

  Lo que trato de decirte –y ya lo sabes- es que el mejor y más legítimo, el más bello y pulcro de los oficios litúrgicos, es y será siempre un esplendente gajo desgajado, si la Esposa está ganada por el demonio del fariseísmo, o por la peor modernidad, que es aquella disfrazada de tradición; porque se confunde la riqueza de ésta con la moral jansenista, la sensiblería devota, la santidad alcanzada con técnicas piadosas, la manipulación de las conciencias y el reglamentarismo cuadriculante de la vida interior.

  Lo que trato de introducir, en suma, es el concepto paradójico de que siempre será moderna una Iglesia –aún con cíngulo, sobrepelliz, esclavina, latín e incienso- mientras no se supere el reduccionismo de la tradición a la rigidez de la casuística, y la confusión del apostolado con el proselitismo o de la santidad con el éxito; mientras se prosiga tomando el número de vocaciones como criterio de verdad, y todo dependa del hombre, empezando por Dios, en vez de depender todo de Dios, empezando por el hombre.

  La sabida vinculación entre la lex orandi y la lex credendi, no puede tampoco estar disociada de esa otra y olvidada ley, según la cual, la tradición no arranca en Trento sino en el misterio trinitario. No es un desdén hacia aquel notable Concilio, que ya lo quisiera hoy para un día de fiesta. Es una premisa para andar menos confuso, y que me aplico a mí mismo, por las dudas. Los Padres griegos gustaban usar el término parádosis. Puede sonar a extravagancia mentarlo ahora. Pero entendido por buen entendedor alcanza a distinguir entre una tradición de lindes sólo humanos, y otra de raigambre divina. Entre una ciudadanía solo terrenalista, y otra que nos viene del cielo, según enseña el Apóstol.

  Bien decía Ana Catalina Emmerick que por cada sacerdote malo que oficiara mal la Santa Misa, su Ángel de la Guarda la rezaría como Dios manda. Y eran los tiempos de la Misa ad Orientem, por llamarla de un modo familiar y plástico. En este sentido puedo admitirte lo que escribes, que hay una “misa que reza Francisco y que llevó a Francisco donde está”.  Y que, en consecuencia y de seguro, de tales ritos no habremos de nutrirnos. Pero no creo, honestamente, que el sólo tránsito del Vetus al Novus Ordo haya conducido a Bergoglio al peligroso estadio heretizante en que se halla, y a congeniar ayer activamente con las herejías siendo pésimo prelado en estos pagos argentos. Como no creo que si mañana ordenara dar vuelta los altares en Santa Marta su forma mentis girara junto con el ara.

  Presiento, amigo mío, y es un presentimiento viejo, que hay un drama anterior en hombres como Francisco y en “la Iglesia” que ellos quieren edificar, encarnar y por lo visto conducir. Como ese drama tiene en teología severísimos nombres descalificantes, me valdré de un tropo literario, dejándome llevar por nuestro entrañable Hugo Wast.

  ¿Qué escribía Fray Simón de Samaria en su diario personal? Entre otras, estas líneas preñadas de catastrófica vigencia: “La Iglesia Romana no puede formarse y regenerarse por algunos movimientos superficiales; es necesario que sea removida y turbada hasta lo profundo. Yo soy quien está llamado a comenzar la obra[…].Me siento como Daniel, hombre de deseos: ¡vir desideriorum es tú! Tengo la conciencia de que llevo conmigo todas las energías de una nueva creencia. Mi misión es reconciliar al siglo con la religión en el terreno dogmático, político y social”.

  Lo peor, Dardo, y aquí estoy tentado de palabrotear según tu brusco estilo, es que están aquellos que no quieren advertir ese deseo insanísimo de remover y turbar a la Esposa en sus mismos cimientos. No quieren ni oír hablar de que se nos está proponiendo una “nueva creencia” que amalgama a Cristo con el Anticristo. Tienen las pruebas cada día, pero no quieren darse vuelta para mirarlas, no por complejo de Edith, la mujer de Lot, sino de puro cretinos. Están los otros, los que saben mejor que nosotros, o al menos mejor que yo, quiénes son los fray simones, las magnas diócesis que ocupan, y las apostasías en que incurren. Pero prefieren callar. ¡A otros perros con esos ladridos! Y hay unos terceros que han simplificado las cosas, dando por sentado que la parusía y la panacea consisten ambas en declarar que la geografía eclesiológica perdió a Roma, hace más o menos medio siglo, como un día se esfumaron Pompeya, Troya o nuestra salteña Esteco. Me temo que a sendos amigos les esté faltando una estación del Via Crucis. O que nos sobre una a nosotros. Y que quieran nomás tener olor a ovejas o a capas principescas, pero escaparle al olor a sangre, que inexorablemente está ligada a nuestra vocación de transeúntes hacia la patria eterna. Olor a sangre por amor a la Sangre, diría Santa Catalina de Siena.

Hablando de fragancias

  Te dije que andaba tentado de palabrotear, y lo haré a mi modo. Lo que está sucediendo hoy en esta iglesia de fray simones con poder tiene un nombre. “Déjenme decirlo de una vez –escribe Peter Kreeft en el capítulo primero de Tres filosofías de vida-.Es una palabra que, garantizo, los va a escandalizar y ofender, aunque procede de San Pablo. Pablo usa esta palabra para describir su vida sin Cristo, una vida llena de éxitos mundanos, educación, dinero, poder, prestigio y privilegio. Pablo era ‘el Fariseo de los Fariseos’, un ciudadano romano, educado por Gamaliel, ‘la luz de Israel’. Pero antes de que Cristo lo levantara, ¿qué era su vida? Mierda. Bosta –esa es la palabra con la que la designó, no es mía. Fíjense en Filipenses III, 8, en la franca versión de la vieja biblia de King James”.

  Mientras te escribo y llego a este justiciero estrambote “dardiano” (me perdonarás el neologismo, pero te he leído y como hablas de “caponeteano” debo corresponder gentilezas), me entero por los medios de algo que me obliga a ratificar el argumento de Kreeft. Y es que este último Marzo 13, Francisco, en declaraciones a una FM que trasmite desde la Villa 1-11-14, ha hecho el elogio desembozado de tres conocidos peces gordos del marxismo clerical vernáculo, pertenecientes a la banda de los llamados Sacerdotes Para el Tercer Mundo: los curas Ricciardelli, Vernazza y Mugica. Ha dicho sin cortapisas que no fueron comunistas sino “hombres que escuchaban al pueblo de Dios, hombres que enseñaban el catecismo y que luchaban por la justicia”.

  No creo que para nadie en Italia o en el resto del mundo, tengan estas desdichadas y falaces palabras la terribilísima gravedad que bien sabemos nosotros que contienen. Y tal vez lo peor, querido Dardo: no creo que nosotros pudiéramos tener el tiempo y el espacio necesarios y urgentes para explicarle a ese resto del mundo la enormidad en que ha incurrido Francisco.

  Sólo atino a pensar en Carlos Alberto Sacheri –que con la erudición propia de su inteligencia superior y la fidelidad igualmente propia de su condición de católico, apostólico y romano- escribió un libro entero para desenmascarar a esta clerecía maligna, a este sacerdocio subvertido, a esos clérigos felones, a esta Iglesia Clandestina, ahora reivindicada y puesta como paradigma por el mismísimo Papa. Un libro entero y una vida plena para señalar las características heréticas y revolucionarias del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.

  Este año se cumplirán 40 años de su martirio. Fue asesinado el 22 de diciembre de 1974, precisamente por aquellos a quienes alentaron, secundaron, justificaron, sirvieron e hicieron de capellanes los curas como Ricciardelli, Vernazza y Mugica. ¿Se enterará la universal feligresía de esto que para nosotros es una verdad vivida, experimentada y constatada? ¿Se darán cuenta, fuera de estos pagos sureros, lo que significa este elogio de Francisco a tres indignos traidores al Orden Sagrado? ¿Temblarían los electores del Cónclave si pudieran acceder a los sucios prontuarios de los tres curas ahora ponderados por el elegido?

  Carlos Alberto Sacheri muerto mártir por defensor de la Fe, del Papado, de Dios, de la Cristiandad, de la Iglesia: ni una palabra petrina para honrar su memoria. Demasiadas en cambio para homenajear a sus verdugos.

  Te pregunto y me pregunto, ya retóricamente, por cierto, si ante esta clase de hechos protagonizados por Bergoglio, cabe la perplejidad en algunos de los muchos sentidos posibles. Si vale la pena andar hablando de los distintos modos en que un simple laico puede recibir la perplejidad. Y me parece encontrar la respuesta en un pasaje de tu artículo: “Nos corresponde dejar de estar perplejos para estar vigilantes, y buscar con cierta certeza el rumbo de nuestra nota en el concierto final de este misterio de iniquidad”.

  Es un buen destino el de vigía. Muchos pasajes bíblicos encomian su desempeño y exigen su presencia. Sí; es un buen destino. Se puede rezar y contemplar, hacer silencio o ensayar estrellados soliloquios, rumiar silentes penas, llorar de nostalgia y reír con la esperanza del alba intacta y fragante. Se puede incluso comulgar en la guardia y participar de los oficios en los medidos relevos. Y están autorizados los centinelas a portar armas para defender y atacar, según cuadre en la demanda y en la alerta.

  “Centinela, cuando velas, la ciudad reposa sobre ti y sobre la ciudad reposa el Imperio. Funda el amor y fundarás la vigilancia de los centinelas, y la condenación de los que duermen, pues en este caso son aquellos los mismos que han tronchado el Imperio. Pero yo te deseo fiel a ti mismo, despierto, sabiendo que llegarás a ser”.

  La cita, la habrás reconocido, es del ineludible Saint Exupery. Quede lanzada la convocatoria a tornarnos custodios en medio del desatado misterio de iniquidad.

Antonio Caponnetto

 Nacionalismo Católico San Juan Bautista

sábado, 15 de marzo de 2014

El cardenal Dolan y la imbecilidad - Por Ortiz de Zárate


El Cardenal Dolan, de Nueva York, ha vuelto a hacer otra de las suyas. Así es cómo le ven algunos de los católicos americanos que, debido a su idiosincrasia y pasión por decir lo que piensan sin remilgos, nos pueden parecer que abusan del exabrupto. Lo he traducido respetando lo más posible el original. De antemano pido excusas por la “sinceridad” con que la que habla la Srta. Barnhardt, conversa del protestantismo.


¿Qué más se puede decir? Cualquiera que tenga un mínimo de luces podría haberse dado cuenta desde hace años que Timothy Dolan no es más que un cobarde y un imbécil, amante de la politiquería. Tenemos pruebas infalibles: celebró una Misa “gay” en la Iglesia de San Francisco Javier en Manhattan, vitoreando y animando al club de sodomitas impenitentes presentes en dicha Misa. Invitó también al precursor de los anticristos, Obama, a una cena y lo recibió con palmaditas en la espalda y con una sonrisa de oreja a oreja. Pero ahora sí que a Dolan se le ha pasado la mano. Y seamos claros en una cosa: el Papa Francisco le lleva la delantera. Lo que sigue es lo que Dolan dijo en una entrevista a la cadena CNB en el programa Meet the Press.

- “Michael Sam, jugador de football americano, conciudadano suyo, ha declarado ser homosexual. Este es el primer caso en la Liga Nacional de Football (NFL)” dijo David Gregory. “Y usted pudo ver la celebración por parte del presidente y de la primera dama, que dijeron que tal declaración por parte del jugador había requerido mucha valentía. ¿Cuál es su opinión acerca de esto?

- “Bien por él”, respondió Dolan. “Nunca se me ocurriría juzgarlo. Que Dios lo bendiga. Veamos… , la misma Biblia que nos dice y nos enseña sobre virtudes como la castidad, fidelidad y el matrimonio, nos enseña también a no juzgar a la gente. Por eso, lo que yo diría es Bravo.”

“Bravo” a un pecado tan atroz, tan nauseabundo y tan asqueroso que el mismo Señor Jesucristo le dijo a Santa Catalina de Siena que le provocaba NAUSEAS y que incluso los demonios lo rechazaban por ser tan vil y repugnante, tanto así que sus naturalezas angélicas – demoníacas como son – no pueden soportar verlo ni acercarse a él. “Bravo” a eso. “Bravo” al pecado mortal, que conducirá a aquéllos que lo cometen a la CONDENACION ETERNA si no se arrepienten. “Bravo”, dice el Cardenal Dolan, a quien no sólo le importa un pito que Michael Sam se condene al infierno, sino que además se regodea en el pecado de este pobre joven con tal de aumentar su propia popularidad en el mundo. Simplemente no hay palabras para describirlo.

Y, ¿POR QUÉ  Dolan se siente con la libertad de mostrar tan diáfanamente su completa indiferencia no sólo respecto de las almas humanas sino también del Sagrado Corazón de Jesús? ¿Por qué se cree con el poder de ratificar el pecado de sodomía y de aumentar su propia popularidad frente al mundo con esta indiferencia ante el pecado y la enfermiza permisividad ante el mal objetivo? Simplemente porque el Papa Francisco ha abierto las puerta de par en par. Dolan – al igual que muchas revistas y publicaciones de las que se vale Satanás– cita al Papa Francisco expresamente cuando dice: “¿Quién soy yo para juzgar?” Usted, señor Dolan, es no sólo sacerdote, sino también obispo de la Iglesia Católica, columna y fundamento de la verdad. A usted, señor Dolan, Dios le ha encomendado mantener el bien espiritual de las almas. Usted es un ser humano, y, por tanto, racional; aunque no tenga más de dos dedos de frente.

¿Realmente cree Dolan que Dios no nos permite emitir absolutamente NINGÚN juicio moral sobre el comportamiento humano? ¿En serio? Entonces, ¿no podemos juzgar el asesinato? ¿no podemos juzgar la violación? ¿ni el robo? “No juzguéis para que no seáis juzgados”. ¿Acaso Dios Omnipotente está aboliendo la noción de pecado y abogando por una total anarquía? ¿DE VERDAD?

La boca del justo meditará sabiduría: y su lengua hablará con rectitud. La ley de Dios está en su corazón, y sus pasos no serán suplantados. (Ps. 36: 30-31)

Pero el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son necedad. Y nos la puede entender, porque sólo pueden ser juzgadas espiritualmente. En cambio, el hombre espiritual lo juzga todo, y él por nadie es juzgado. (1Cor. 2, 14-15)

(Nota: el hombre animal o sensual es aquel que, o bien se siente atraído por placeres meramente sensuales, afectos puramente mundanos; o aquel que juzga de los misterios divinos con la razón natural, los sentidos, y la sabiduría humana. Ahora bien, tal hombre no tiene o apenas si tiene algo de noción de las cosas de Dios. )

Pero esto no es todo. Dolan ha dado incluso un paso más… – pues ya HA JUZGADO el pecado de sodomía, y lo HA JUZGADO de forma positiva. “Bravo” quiere decir “bien”. “Bien por él” quiere decir precisamente eso: BIEN. POR. EL. Dolan no es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de la contradicción que supone decir “Bravo”, y a la vez decir “¿Quién soy yo para juzgar?”. Pues al decirlo, ya has juzgado, ¡imbécil!

Para los sodomitas, y en último término para su padre, Satanás, la mera tolerancia de este pecado nunca supuso el verdadero objetivo a conseguir. El objetivo perseguido es la total ratificación y la pública aprobación por parte del estado, seguido todo esto de la proscripción de todo aquel que ni lo ratifique ni lo apruebe. Dolan, explícitamente y sin lugar a dudas, ya ha ratificado la sodomía con las palabras “Bravo” y “Bien por él”. Y, ¿por qué lo ha hecho? Porque ha visto la grandísima popularidad y fama alcanzada por el Papa Francisco, y él también quiere participar de ella. Dejémonos de rodeos. El Papa Francisco es popular únicamente por una razón: su relajamiento en temas de moral, su permisividad, su relativismo moral y su afán de minimizar la gravedad del pecado.

Evidentemente nos encontramos en los últimos momentos de esta cultura. Hoy por hoy es ilegal el abstenerse de participar en el culto del sacrificio de niños, y así mismo, es casi completamente ilegal no participar o no estar a favor de la sodomía. Idiotas como Dolan estarán listos detrás de la gente poniéndoles la zancadilla para mandarlos a todos al infierno. El daño inconmensurable que ha causado el Papa Francisco y que sigue causando es abrumador y sin precedentes en la Historia de la Iglesia. Su continua letanía de declaraciones permisivas nos lleva incluso a añorar los días de Pablo VI y su silencio. ¡Qué diablos! Por lo menos Pablo VI redactó Humanae Vitae.

Dulce Jesús, por favor, haz lo que sea necesario – LO QUE SEA NECESARIO – para parar esta situación. Sabemos que merecemos no sólo esto, sino mucho más y peor. Y sabemos que esto dolerá fuertemente. Pero sabemos también que tú nos proporcionarás los medios y la fuerza necesaria para sobreponernos ante estas dificultades. Tenemos la Iglesia, el Santo Sacrificio de la Misa y a Ti mismo en la Eucaristía. Tenemos a tu Madre como Madre Nuestra, y al Santo Rosario que nos ayuda a tener ante nuestra vista Tu Vida, Muerte y Resurrección todos los días, como también a tus Santos y Ángeles. Pero, por favor, por tu Dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Muéstranos Tu Misericordia mostrándonos Tu Justicia. POR FAVOR, HAZ QUE ESTA SITUACIÓN TERMINE.

Visto en: Tradición Digital (http://tradiciondigital.es)

Agradecemos a nuestra amiga Maite C. por acercarnos el atículo


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

viernes, 14 de marzo de 2014

Humor esjatológico cuando hay poco para celebrar - Por Augusto TorchSon


  Una persona de débiles convicciones religiosas, muere de un infarto, festejando el primer aniversario de Francisco, con judíos, musulmanes, ateos y masones. 


 

 Al llegar a las puertas del Cielo se encuentra con San Pedro y este le dice que ya que su vida estuvo más bien signada por las indecisiones, se le va a dar la última oportunidad de elegir entre quedarse en el Cielo o ir al Infierno.  Con este motivo se le invita a un tour a uno y otro lugar para decidir.



  Comienza con el Cielo donde encuentra santos llenos de paz y en perpetua adoración a su Creador. Entonces pensó: “este debe ser el lugar donde van los neopelagianos restauracionistas que vivían con cara de pepinillos en vinagre”, concluyendo que sería verdaderamente aburrido una eternidad en ese lugar.


  Habiéndose dejado misericordear con inmanentes y laxas concepciones sobre la fe, su idea de Cielo era bastante diferente de lo que esperaba.


  Entonces fue cuando un demonio lo condujo a las puertas del Infierno. Si bien la entrada le produjo un poco de miedo, al abrirse las puertas, el panorama cambió completamente: todo era diversión y jolgorio sin límites en medio de hermosas y complacientes mujeres y música estruendosa. Es más, encontró a muchas personas "religiosas" en medio de tanta “algarabía”.



  Entonces reflexionó y llegó a la conclusión que como bien suponía cuando estaba vivo; la idea que le habían inculcado sobre el Infierno, no tenía otro propósito más que el limitarlo en sus posibilidades de pasarla bien y ser feliz, a fin de hacerlo trabajar mientras otros gozaban de la vida.

  Fue entonces a comunicarle a San Pedro que le agradecía su invitación pero que declinaba su oferta en pos de los más emocionantes dominios del “Ángel de Luz”.

  Pero al llegar al Infierno, el panorama con el que se encontró era completamente diferente al que le fuera mostrado en su visita anterior. El aire era irrespirable y agobiante, solo se escuchaban gritos de desesperación  y dolor. Entonces increpó al demonio que lo estaba conduciendo preguntando por el lugar que le mostraron anteriormente.  


  En ese momento el ángel caído le explicó: 

“Lo que pasa es que cuando viniste estábamos en campaña electoral,
pero ahora YA GANAMOS




Augusto TorchSon


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

jueves, 13 de marzo de 2014

¿Hurto Piadoso? El ladrón que todos llevamos dentro - Por Marcelo González

La desconcertante anécdota papal y su efecto moral

Puede parecer un tema menor, pero… robar es pecado.

Los pecados pueden ser graves o leves según la materia con la que se relacionen. Hay hurtos menores, hay robos agravados, hay latrocinios que claman al cielo. Todos son pecados.

En los manuales de moral –clásicamente- se establecen dos excepciones al mandamiento “no robar”, o sea, no apropiarse de lo ajeno, que es un pecado contra la justicia. Una de ellas, bien conocida, es el llamado “hurto famélico”. Por hambre, quien padece necesidad extrema, queda exento de culpa y pena si hurta –es decir, si se apodera sin violencia- de lo que necesita para aliviar esa situación. No debe haber violencia, y lo hurtado debe ser proporcional a la necesidad. Si debo alimentar a mis 6 hijos no puedo robar un millón. No todavía, aún no llegamos a esas cifras en la Argentina, aunque no falta mucho.

Otra excepción del mandamiento, en realidad, la distinción de un acto que parece un hurto, es la “oculta compensación”. Y consiste en restituirse por medios ocultos algo que es propio y ha sido arrebatado por otro. Digamos, mi vecino me robó una gallina, la ponedora, y yo no tengo otro medio de recuperarla que yendo a la noche a su gallinero y trayéndomela de vuelta. Porque mi vecino es puntero político y la policía no le hace nada, y además es grandote y si lo enfrento me rompe la cara. El robó, yo recupero lo mío, con apariencia de robo. Pero solo apariencia y porque no tengo otro recurso, salvo perder los dientes, y la gallina…

También existe un límite al derecho de propiedad. Esto se ha discutido en Panorama con bastante pasión. A veces la necesidad común permite a la autoridad pública expropiar un bien, pagando el precio justo al poseedor, aunque este no desee venderlo ni enajenarlo. Suele ser materia de abusos y latrocinios bajo capa de “justicia social”.

Robar es siempre malo

O sea, robar es pecado, con frecuencia grave, inclusive gravísimo. La Iglesia manda confesar la falta, restituir el bien a la víctima o a sus legítimos herederos, y en caso de no haberlos, donarlo a obras de caridad.

Más claro, el ladrón nunca puede quedarse con el bien robado, bajo pena de que no remitir la culpa, aunque la confiese. Si la robó, mi amigo, devuélvala o se va al infierno. Clarito.

La misericordia misericordiante

Desde hace un año, parece, se ha descubierto la misericordia. Al menos, la misericordia sub specie “dejate misericordiar”. Un concepto nuevo según el cual uno puede cometer un pecado y Dios lo perdona sin lo que hasta el momento la doctrina católica –siguiendo la divina Revelación- ha establecido como condición sine qua NON es posible alcanzar el perdón. O sea, el arrepentimiento.

Hoy predomina la doctrina kasperiana (no la del fantasma Kasper, pero igualmente fantasmal) según la cual la misericordia de Dios es tan pero taaaaaan grande que violenta la justicia. No solo la humana, sino la divina. O sea, robo, Dios me perdona. Mato, Dios me perdona. Fornico, Dios me perdona. Soy neopelagiano… no perdón. Hay cosas que Dios no puede perdonar.

Y sin embargo Dios perdona todo -inclusive aquello que la propia sagrada escritura dice que no tiene perdón- cuando se cumple la condición que hace perdonable lo imperdonable: el arrepentimiento. Puede ser contrición, puede ser atrición. Porque me pesa haber ofendido a Dios, haber hecho injusticia al prójimo, o porque tengo miedo de condenarme (para lo cual necesito tener Fe). Dios perdona todo, si hay arrepentimiento.

Pero, peeero, los niños del catecismo, si alguno queda (algunos neopelagianos quedan) saben que no hay perdón si no se repara la falta cometida, restituyendo el bien, o de otro modo cuando el bien no puede ser restituido (si matamos a alguien… la cosa se pone difícil) reparando como se pueda el daño. Y haciendo penitencia para alcanzar esa remisión de pena que nos espera en el Purgatorio donde seremos almas benditas, pero sudaremos la gota gorda con la penitencia del fuego y la privación temporal de la visión de Dios.

Los niños del catecismo neopelagiano lo saben, y algunos cardenales lo ignoran, o prefieren hacerse los suecos. Y Francisco… argentino. Entonces, la “misericordia” del verbo “misericordiar” no tiene nada que ver con la misericordia del Evangelio. “Tu Fe te ha salvado… vete y no peques más”. No. Ahora es: tu dignidad humana te ha salvado, continúa pecando. Porque la dignidad de la persona humana sobrepuja cualquier pecado, y obnubila de tal modo la justicia de Dios, dicen Kasper et al, que Dios solo necesita que el pecador sea hombre y ya lo perdonó. Y siga Pancho por la vía...

Eso se nos viene, o amenaza venirse, en materia de moral sexual, lo que significa que se dirán vaguedades kasperianas, y cada uno hará lo que mejor le cuadre, con la misericordiosa bendición de las altas esferas. ¿Quién soy yo para juzgar? se pregunta Dios, perplejo y desconcertado, mientras reparte perdones a trochemoche. Ahí está el quid de la doctrina vigente desde hace 365 días de un modo oficial; pare de buscar.

No dejéis nunca de robar

Pero el tema de este comentario es el robo. Un arrabal de la ética al que la misericordia misericordiante arriba con aire triunfal. Alguien dirá que no es tan grave como el fornicio, el adulterio o el homicidio. Pero sí, es más grave. Es cierto, un petit larceny como la cruz de un rosario, por devoción a la piadosa figura del muerto allí solo sin su alma, y apenas vigilado por cuatro viejas… y sin embargo hemos robado, ¡a un cadáver! ¡invocando la ayuda de Dios para cometer el latrocinio! ¡Cosa de Mandinga!

¡No, basta! Es el ladrón que todos llevamos dentro.

Levante la mano el que nunca robó nada… Está bien, bájenla. Sí, hay gente que no tiene adentro un ladrón. La debilidad, la tentación puede ser, pero el ladrón… es mucho admitir, y dejar a los ladrones tan frescos. ¡Si hasta el papa roba, y lo dice!

Claro que es un robo piadoso. Como la mentira piadosa, algo… inadmisible, aunque ahora –como si no hubiera suficiente cantidad- los ladrones, piadosos o no, se sentirán justificados.

San Dimas, ¡ruega por nosotros!





Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 11 de marzo de 2014

Card. Kasper continúa defendiendo su postura – Secretum Meum Mihi


  En el proceso de ablandamiento explicar su propuesta, hecha en el reciente sínodo extraordinario para la familia por la cual, bajo ciertas condiciones, se podría dar acceso a la comunión a los divorciados vueltos a casar, el card. Walter Kasper ha hablado a diferentes medios (anteriormente nos referimos a Radio Vaticano). Señalamos tres de estas explicaciones hechas por el card. Kasper.

  La primera de ellas apareció en la edición del Domingo del periódico español La Razón, Mar-09-2014, pág. 45. Concretamente sobre su propuesta:

  ¿Debería dar la Iglesia una segunda oportunidad a los divorciados que se han vuelto a casar?  ¿Cómo podría hacerse?

  “El primer cometido de la Iglesia y su misión es ayudar para que se alcance la felicidad en el matrimonio y que esta sea indisoluble. Pero Dios da siempre una segunda oportunidad a quien se convierte, su misericordia no termina nunca para con quien se la pide. Saber cómo puede la Iglesia por su parte realizar esta misericordia requiere sabiduría y discernimiento. No hay una receta sencilla para ello. Hay que discernir frente a las distintas situaciones sin poner en cuestión la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio. Espero que el futuro sínodo pueda ofrecer vías y criterios pastorales”.

  Otra explicación del card. Kasper aparece en una entrevista que concedió a Paolo Rodari y que publica el periódico La República, Mar-11-2014. Págs. 1 y 20. En lo referente a su propuesta responde el card. Kasper:

  Eminencia, mientras escribe que es necesario fortalecer la familia propone una aproximación más tolerante hacia las familias en dificultad. En este sentido, ¿cree que la doctrina pueda cambiar?

  “La doctrina no se puede cambiar. Sin embargo, aparte del hecho de que hay un desarrollo de la doctrina que siempre es tenido en consideración, y que es la evidencia de que esa no es una laguna estancada sino un río que fluye, una tradición que vive en breve, hay también que distinguir bien entre lo que es doctrina y lo que es disciplina. Todos los Concilios Ecuménicos antes del Vaticano II han hecho esta diferencia fundamental, reconociendo que la disciplina puede cambiar cuando las situaciones cambian. Respecto a los divorciados y vueltos a casar, por ejemplo, entre el Código de 1917 y el nuevo de 1938 hay desarrollos importantes en la disciplina. Y, por lo tanto, hoy se puede ulteriormente dar nuevos pasos en este sentido. Además, es el Papa el que pide el debate, aunque hay quién quiere cerrarlo”.

  ¿Pedir nuevas soluciones para los divorciados y vueltos a casar está en contra de la enseñanza de la Iglesia?

  “No  es en contra la moral ni contra la doctrina, sino sobre todo a favor de una aplicación realista de la doctrina a la situación actual. La Iglesia nunca debe juzgar como si tuviera en la mano una guillotina, más bien debe siempre dejar abierta la brecha a la misericordia, una vía de salida que permita a cualquier persona un nuevo inicio”.



  La tercera explicación proviene de la propia mano del Card. Walter Kasper, quien escribe al respecto en la edición diaria en italiano de L’Ossevatore Romano (periódico semioficial del Vaticano), Mar-12-2014, pág. 5. Presumiblemente – esta es una simple especulación nuestra – traducciones de este artículo deberán aparecer en las ediciones semanales que L’Osservatore Romano tiene en otras lenguas.


Agradecemos a Cesar R. por acercarnos el artículo

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

lunes, 10 de marzo de 2014

Santo Domingo y el origen del Santísimo Rosario – Por San Luis María Grignon de Montfort


  La oración mental del Santo Rosario es la meditación de los principales misterios de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre. La oración vocal del Rosario consiste en decir quince decenas de avemarías precedidas por un padrenuestro y terminadas por un gloria. Se meditan y contemplan las quince virtudes principales que Jesús y María han practicado en los quince misterios del Santo Rosario.

  En la primera parte, que consta de cinco decenas, se honran y consideran los cinco misterios gozosos; en la segunda, los cinco misterios dolorosos; y en la tercera, los cinco misterios gloriosos. De este modo, el Rosario es un compuesto sagrado de oración mental y vocal para honrar e imitar los misterios y las virtudes de la vida, muerte, pasión y gloria de Jesucristo y de María.

  El Santo Rosario, compuesto en su fondo y substancia de la oración de Jesucristo y de la salutación angélica -esto es, el padrenuestro y el avemaría- y la meditación de los misterios de Jesús y María, es sin duda la primera oración y la devoción primera de los fieles, que desde los apóstoles y los discípulos se transmitió de siglo en siglo hasta nosotros.

  No obstante, el Santo Rosario, en la forma y método que lo recitamos al presente, sólo fue inspirado a la Iglesia en 1214 por la Santísima Virgen, que lo dio a Santo Domingo para convertir a los herejes albigenses y a los pecadores. Ocurrió en la forma siguiente, según cuenta el Beato Alano de la Roche en su famoso libro titulado De Dignitate Psalterii. Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses, entró en un bosque próximo a Tolosa y pasó en él tres días y tres noches en continua oración y de penitencia, no cesando de gemir, de llorar y de macerar su cuerpo con disciplinas para calmar la cólera de Dios; de suerte que cayó medio muerto. La Santísima Virgen, acompañada de tres princesas del cielo, se le apareció entonces y le dijo: "¿Sabes tú, mi querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?" "Oh Señora, respondió él, Vos lo sabéis mejor que yo, porque después de vuestro Hijo Jesucristo fuisteis el principal instrumento de nuestra salvación." Ella añadió: "Sabe que la pieza principal de la batería fue la salutación angélica, que es el fundamento del Nuevo Testamento; y por tanto, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, reza mi salterio." El Santo se levantó muy consolado y, abrasado de celo por el bien de aquellos pueblos, entró en la Catedral. En el mismo momento, sonaron las campanas por intervención de los ángeles para reunir a los habitantes, y al principio de la predicación se levantó una espantosa tormenta; la tierra tembló, el sol se nubló, los repetidos truenos y relámpagos hicieron estremecer y palidecer a los oyentes; y aumentó su terror al ver una imagen de la Santísima Virgen expuesta en lugar preeminente, levantar los brazos tres veces hacia el cielo, para pedir a Dios venganza contra ellos si no se convertían y recurrían a la protección de la Santa Madre de Dios.

  El cielo quería por estos prodigios aumentar la nueva devoción del Santo Rosario y hacerla más notoria.

  La tormenta cesó al fin por las oraciones de Santo Domingo. Continuó su discurso y explicó con tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario, que los moradores de Tolosa lo aceptaron casi todos, renunciaron a sus errores, y en poco tiempo se vio un gran cambio en la vida y las costumbres de la ciudad.

  Este milagroso establecimiento del Santo Rosario, que guarda cierta semejanza con la manera en que Dios promulgó su ley sobre el monte Sinaí, manifiesta evidentemente la excelencia de esta divina práctica. Santo Domingo, inspirado por el Espíritu Santo, predicó todo el resto de su vida el Santo Rosario con el ejemplo y la palabra, en las ciudades y en los campos, ante los grandes y los pequeños, ante sabios e ignorantes, ante católicos y herejes. El Santo Rosario -que rezaba todos los días- era su preparación para predicar y su acción de gracias de haber predicado.

  … Mientras siguiendo a Santo Domingo se predicó la devoción del Santo Rosario, la piedad y el fervor florecían en las órdenes religiosas que practicaban esta devoción y en el mundo cristiano; pero desde que no se hizo tanto aprecio de ese presente venido del cielo, no se ve más que pecado y desórdenes por todas partes.


San Luis Grignon de Montfort “El Secreto Admirable del Santo Rosario”


Nacionalismo Católico San Juan Bautista