San Juan Bautista

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viernes, 10 de febrero de 2017

De un Dios apático a un Dios simpático, para un final antipático - Dardo Juan Calderón.



     El pobre Francisco no da pie con bola, confiado plenamente en que las teorías de Karl Rahner le abrirían un mundo de congratulaciones, dio por terminado el culto a un Dios apático, para presentarnos el Dios simpático del modernismo, y terminó todo en una trifulca bastante antipática. Resulta que un montón de mal agestados no aceptan su simpática apertura, al punto de modificarle el propio gesto al Pontífice que tiene que andar  mostrándose con cara de traste. ¡Los hombres no tienen remedio! Uno propone un mundo libre, igualitario y fraterno y al otro día hay que hacer andar la guillotina. ¿Qué nos pasa? Este Pontífice declara terminado el débito jurídico, y al otro día tiene que aplicar a macha martillo el reglamento. Hagamos un poco de memoria.


     El asunto es que el modernismo hacía su entrada triunfal al Concilio Vaticano II con las promesas de inaugurar una época de reencuentro “simpático” con el mundo moderno, lo decía expresamente ese otro Papa con mal gesto que era Pablo VI y que en su alocución de clausura del Concilio nos decía pletórico:

     “La religión del Dios que se ha hecho hombre   se ha encontrado con la religión – porque tal es- del hombre que se hace Dios ¿Qué ha sucedido? ¿Un choque, una lucha, una condenación? Podría haberse dado, pero no se produjo… Una “simpatía inmensa” lo ha penetrado todo… reconoced nuestro nuevo humanismo: también nosotros y más que nadie, somos promotores del hombre.” (Resulta que la “simpatía inmensa”, al rato era un extraño humo).

    La palabra “simpatía”, dentro de un texto eclesiástico podía pasar un poco simplona y chabacana para el vulgo, pero tenía tras de ella toda una obra de conceptualización realizada por el neoteólogo Karl Rahner. Este había dicho que el Dios medieval, inconmovible y fríamente justiciero, es decir, “apático” (que “no sufre” con el hombre; que estaba en su castillo perfecto cobrándonos lo que debíamos) daba ahora lugar al Dios “simpático”, que venía a “padecer con nosotros”, con todos los hombres, y a esto se refería el Pontífice.

    ¿Cómo había entrado el modernismo a la Iglesia? Pues de la mano de aquella “Nueva Teología” que se formó en los equipos de la renovación litúrgica y que se expresaba con un mensaje lleno de optimismo, optimismo que reflejaban en su eslogan central: “El misterio Pascual”. Rótulo este último, que aplicado a la Misa venía a reemplazar al viejo, oscurantista y entristecedor “Misterio de la Cruz”,  con el que habíamos andado esos tiempos en que no encontrábamos la forma de hacernos simpáticos. ¡Basta de cara de traste! De esa cara que nos quedaba cuando cada Domingo íbamos a ofrecer un Sacrificio, el Sacrificio de un Inocente que era solicitado por un Dios iracundo y ofendido, que lo pedía por nuestras culpas, exigiendo el pago duro y puro - en Sangre - recordándonos – a nosotros insolventes- nuestras culpas impagables que Aquel Hombre sin tacha pagaba vicariamente por nosotros. Una Cruz con un Cadáver sanguinolento coronaba nuestras celebraciones.

     Ahora el asunto había cambiado, el “pathos” de aquel Cristo Inocente no era más nuestra culpa ni se solicitaba por Dios en un acto de estricta justicia,  era un acto solidario de “simpatía” con el Hombre (simpatía=padecer con), de padecer sus mismos padeceres para mostrarnos la vía, el “paso” (Pascua) que lleva a la Gloria de la resurrección. Decía el neoteólogo Ratzinger que si en aquellos días se simbolizó con la crucifixión, era por ser propio de aquel imaginario, pero que en realidad se refiere al sufrir del hombre que en cada época se da de distintas maneras.

      El “Misterio Pascual” era - en suma-  ya no detenerse sobre los aspectos negativos de la religión,  producto del desmenuzamiento escolástico, e iniciar en el acto litúrgico una experiencia comunitaria – un ágape- con un Dios que nada tiene que reclamarnos, porque en nada podemos ofenderlo, y Quien por un derroche de amor se hace solidario con el hombre en su viar.

    Un Dios que acompaña el sufrimiento de la condición terrena e imperfecta que hay que guiar y curar,  acompañando al hombre con su pasión (acción divina que ya no es “precio” de rescate ante un Dios ofendido, sino que lo acerca a nuestros propios sufrimientos que transita por solidaridad),  para juntos, en una relación bilateral, lograr en la “experiencia” litúrgica del encuentro comunitario, que es banquete, con su “presencia misteriosa”, que nos muestra tras ese “anecdótico” sufrir, el “paso” (Pascua) a un estado mejor y superado que encuentra su realización cabal en el estado glorioso de una resurrección – resurrección y glorificación que es el verdadero sentido de su Venida y de su Encarnación - y no aquel de la Cruz, que tomó preponderancia en virtud del fraccionamiento efectuado por el esquematismo escolástico y la mentalidad medieval, los que - por bajo poder de síntesis - no alcanzaron a ver que toda esa historia del Hombre Dios, era esencialmente una historia y un mensaje de resurrección y no de sacrificio.

    Si alguno quisiera saber más de este “Misterio Pascual”, y tiene tiempo, puede leer el meticuloso trabajo del Padre Álvaro Calderón, que con dicho título obra en el Nro. 4 de los Cuadernos de La Reja. La cuestión es que el asunto “Misterio Pascual” terminó siendo el  Caballo de Troya que los novadores introdujeron en el Concilio y que, con la excusa de ser un asunto estrictamente litúrgico, demolió toda la certeza doctrinal de la Iglesia y,  entre otras “bondades”, como verán del pequeño excursus que he efectuado, da por tierra con el concepto mismo de pecado, de culpa, y de penalidad, que es justamente el frente que retoma con toda “simpatía” nuestro querido Francisco, el que a pesar de tantos reproches de antiguos camaradas, no hace otra cosa que seguir un curso lógico marcado por el “simpático” Pablo VI y todos estos novadores.
             
    Este monstruito ideológico, deforme y difuso, tuvo varios progenitores, que fueron construyéndolo con parciales aportes sobre la espina dorsal que formó Dom Odo Casel, al que fueron agregando sus particularidades – muchas veces contradictorias entre sí- otros herejes como él. (Recuerden que la palabra “hereje”, significa “el que elige”, para mostrar la diferencia con “el que acepta la autoridad”). Es bueno en este punto de las ¿discusiones? (sería más ajustado decir: diatribas)  que llevamos de hace un tiempo, remarcar que el “inventor” del eslogan “Misterio Pascual” fue nada más ni nada menos que… ¡nuestro querido Louis Bouyer!, quien usó el término por primera vez para el título de su libro sobre las propuestas litúrgicas novedosas, allá por el 1945 (más o menos).

      Este eslogan modernista se repetirá literalmente con la fórmula genial impuesta por el francés en muchos de los documentos del Vaticano II y será “la llave” que abrirá la caja de Pandora y llenará de optimismo al Papa Pablo VI que entendió inaugurar una época de simpatía con el mundo moderno. (En el trabajo del Padre Calderón encontrarán sobradas citas del mencionado Bouyer, que lo ponen en el núcleo de este movimiento herético).

     Vale la pena detenerse un minuto para entender qué cuernos es el “modernismo” - en pocas palabras - ya que, como se viene diciendo, no es una “escuela”, sino que son diferentes decursos diletantes del pensamiento moderno que coinciden en un “espíritu” general, pero que rara vez  reconocen un maestro. Su enemigo es todo “magisterio” que encorsete sus libres divagues, que surgen más o menos caprichosamente desde el liberalismo clásico protestante, o del existencialismo o de fuentes compuestas. Pero este espíritu general, no es de corte “positivo”  sino “negativo”.

     Aclaro lo de “negativo”: todo acto revolucionario encuentra justificación en un “ideal” utópico del que nos encargaremos “mañana” (y que todos sabemos de antemano que es imposible), que es un sueño angelical y será traicionado de alguna mala manera por una naturaleza humana que permanece igual y que no logra trocarse con ninguna alquimia, obedeciendo de esta manera al pesimista principio escolástico de que la gracia supone la naturaleza (tal cual la dejó el pecado original). El “mañana” de todo revolucionario es amargura y frustración, que se suicida, se angustia, o se entrega a un “pasado mañana”.

     La utopía de los liturgistas modernos nos promete un acto cultual de encuentro “presencial y revelador” de Dios al hombre,  del hombre que en ese encuentro se redime y resucita – o comienza a resucitar - con una nueva naturaleza por una experiencia comunitaria - envuelta por la gracia del  Espíritu Santo - en la misericordia de Dios.  Muy lindo. Pero su tarea de hoy - no nos engañemos - y hasta tanto ese misterio se realice en nosotros;  es demoler los concretos y claros entendimientos del sacrificio, de la expiación, es decir, la cabal obligación de reparar en términos de rigurosa justicia el pecado. El misterio de la cruz se abandona por un misterio pascual, que es lo que para ellos resume la victoria de la redención.

     La tarea del “hoy” del pensamiento revolucionario es demoler las estructuras fijadas por el orden tradicional, y en esta tarea, son compadres de ruta los que ataquen por cualquier flanco, todo sirve si es para efecto de la demolición, que es en suma, la única tarea de la revolución.

     Por más que le queramos poner a la “modernidad” un nuevo rótulo que la defina como una “nueva civilización”, o un nuevo “eón”;  por más optimismo que pongamos en este encuentro simpático que nos une en alguna utopía ideológica,  nadie acuerda a acertar ni definir este “nuevo sentido” (los liturgistas del “misterio pascual” expresamente lo declaran a este misterio: “indefinible”), y esta simpatía con todos los hombres, no es otra que la simpática tarea de demoler entre todos el cristianismo.

     Pero no se escapa, aún al poco advertido, que sigue siendo nuestra época no el inicio de “algo”, sino la continuidad de un proceso de demolición de la civilización cristiana, y que cada vez que se pretende detener un proceso de destrucción total que lleva al caos, se ve necesitado de recurrir a los valores cristianos para retomar un cierto orden.

    Es por esto que toda acción revolucionaria necesita mantener “algunos cabos tirados” con el orden, o retomarlos según el caso, como hace el mal con el bien y con el ser. Cosa que lleva por momentos a creer que son los principios de una restauración lo que en realidad son momentos de retracción ante el vacío y la nada, y esto se produce porque aún bajo la tentación diabólica y romántica de bajar a la nada para que todo renazca, los viejos esquemas metafísicos escolásticos están allí para recordarnos, muy a nuestro pesar, que de la nada, nada sale.

     En este aspecto, como toda revolución,  el modernismo se contiene - en la confusión- dentro de términos “católicos” a los que conserva por miedo y con culpa. No quiere salirse de ciertos márgenes positivos actuantes hasta ver el mañana que canta, hasta que se defina,  no en un “concepto” (esto es tomista) sino en una “experiencia”, sabido del destino de otras herejías que como la protestante estalló en mil pedazos.

     Pero esta falta de cumplimiento y definición se traslada hacia el futuro - y porque las conquistas no son para los cobardes - su falta de concreción siempre lleva la sospecha de obedecer a la pusilanimidad de no atreverse a la “nada”.   Francisco es un inconsciente y se desboca en su pendiente  haciendo peligrar el viejo edificio sin tener dónde trasladarse. Estos personajes aflojarán la estructura tomista pero dejando ciertos cabos tirados. Soltarse sin que se haya producido el “milagro utópico”, el “misterio pascual”, sería temerario. Restos de orden jurídico deben quedar y la noción de “pecado” no puede desaparecer de un día para el otro.

      Bouyer en especial expresa esta frustración del revolucionario, pero sin renunciar a los actos demoledores ya efectuados.
  
     Escuchemos al Padre Calderón diciendo esto mismo en términos concluyentes y con un interesante matiz:

     “Las corrientes teológicas que dieron a luz el “misterio pascual” son las que, después de la Encíclica Humani Generis de Pio XII, fueron denominadas con el genérico de “nueva teología”. Si bien se dice “nueva” por antonomasia a la teología que pretende utilizar como instrumento la filosofía moderna, la nota característica que incluye un modo de pensar en esta nueva especie de teología es de orden negativo: la desconfianza del método escolástico, esencial a la teología católica de la Iglesia y cuyo ejemplar más acabado es la Teología de Santo Tomás”.

      “El modernista se da perfecta cuenta que lo que impide a la Iglesia ser envuelta en la revolución liberal y la va llevando a estar cada vez más lejos del mundo es la lucidez escolástica. La falta de fe y el natural horror a la exclusión social, lleva al neoteólogo a desconfiar del método escolástico medieval y a buscar una salida por delante o por detrás. Sale por delante el que reemplaza la lógica aristotélica de la Edad Media por las ideologías de la Moderna y sale por atrás quien la rechaza volviendo a la Antigua Edad de los Santos Padres. Aquellos serán teólogos de avanzada y estos de atrasada, pero todos caen finalmente en la misma bolsa de la “nueva teología”, porque las diferencias son pequeñas frente a la común tarea de destruir la teología católica, muro de defensa de la enseñanza dogmática del Magisterio de la Iglesia”.

      “Casel – y Bouyer agrego yo-  es un ejemplo típico de neoteólogo de atrasada”.
 
     Francisco es un Robespierre,  y no puede esperar más. Ve en los otros que la reforma conciliar se estanca temerosa como un parásito que no quiere matar del todo a su víctima, pidiendo tiempo para la transformación que no llega nunca. Su mentalidad es una mentalidad muy típica de la Nueva Teología en su versión latinoamericana. Tiremos las últimas barreras que sostienen a ese Dios Vengador y el Dios Simpático aparecerá a nuestra vista y a nuestra experiencia. El desafío es la intemperie que surge de la demolición, pero hay que salir a las “periferias”.  Recién a la intemperie el milagro va a ocurrir. El Dios “apático” que Rahner ve acomodado en su Cielo y en sus Templos adustos, va a ceder el lugar al Dios “simpático”, al que camina por solidaridad “junto a nuestro padecer” por las calles del mundo rumbo  a su glorificación, que es la nuestra. El que no viene por justicia, sino por amor. El que no viene por amor al Padre, sino por solidario amor al hombre.

      Contra esta acentuación de la obra de Cristo en su Resurrección y Glorificación; puesta en desmedro de su Pasión y Sacrificio Vicario por “pagar” en moneda de Sangre Inocente por nuestra culpas; podríamos oponer el argumento chestertoniano de que sólo un ignorante de la literatura puede no darse cuenta de que el vórtice de aquel relato está en el pasaje del Gólgota. Pero podemos arrimar otros argumentos teológicos, donde se nos señala que no había ningún esfuerzo ni mérito en Cristo al volver al estado de Gloria que le era connatural, que tenía y que jamás perdió. No hay en esto ninguna “adquisición”. No vino “para resucitar”, sino para pagar el precio de nuestro rescate, para restablecer la justicia que Dios exigía por la ofensa proferida a la gloria de su creación. Nuestro misterio es la Cruz y Cristo encuentra su glorificación cuando “es elevado en el madero”.  (Otros muchos argumentos encontrarán en el opúsculo citado del Padre Calderón.

         ¿En qué deja esta tragedia el modernismo? Sigamos con el citado:
 
       “Para el modernismo liberal, el pecado no es más que una travesura de niño. Dios Padre es ofendido por nuestras desobediencias y caprichos, pero como una madre con sus niños pequeños, nos reta sin dejarnos de amar. Los golpes que le dirigimos en nuestras rabietas no lo pueden dañar, y si nos castiga simulando enojo, es sólo para que no nos causemos mayor mal.
 Para el modernista entonces:

a)     El pecado es desobediencia y ofensa pero sólo nos daña a nosotros mismos y no le hace a Dios ningún mal.
b)    La pena es castigo sólo medicinal, porque el Padre se muestra airado, pero no nos dejó nunca de amar.
c)     La satisfacción consiste en dar contento al Padre por la obediencia, pero sin ninguna connotación penal.

     ¿Y los sufrimientos de Cristo? Consecuencia inevitable de mezclar su vida con nuestros desórdenes, como los golpes que recibe el hermano mayor al calmar la riña de los más pequeños.

     Este espíritu es falsa misericordia que tan profundamente deforma el Evangelio, al que le da lo mismo el justo que el pecador, para el que poco o nada significa la gloria de Dios, que en su forma extrema peca contra el Espíritu Santo, es el espíritu que triunfó en el Concilio Vaticano II.”

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     ¿Por qué no nos resulta simpático un hombre que viene a sacarnos el “pasivo” que nos mantenía nuestra vieja religión? ¿Qué hay en nuestra naturaleza de irreformable que no nos permite abandonar del todo la culpa y nos cierra este maravilloso camino de transfiguración que nos prometen? ¿Por qué nos negamos a recibir esta condonación que se nos ofrece en bandeja?

     Porque un hombre que nada debe, queda estancado en su condición, y esta condición, no le satisface. Aclaremos.

     Todo hombre de negocios que pretende crecer en sus riquezas, sabe que cada paso que da hacia adelante en ese camino, supone indefectiblemente compromisos, deudas, obligaciones. Un verdadero hombre de negocios sabe desde sus tripas que la señal de su éxito no son sus “activos”, que así solos, están muertos en la inacción y siempre resultan pocos y mermables. Sino que su éxito lo mide la cantidad de obligaciones adquiridas, es su “pasivo”  el que le da la medida de lo que ambiciona. El balance que da positivo está siempre dibujado, el verdadero balance demuestra que las obligaciones contraídas sólo son pagables por un futuro crecimiento. Un balance de activo estable es una partida de defunción. Una autopsia. Esto lo saben los hombres del mundo.

     Hay en la naturaleza humana un ansia de perfección, un deseo de grandeza que enfrentado a su situación actual de bajeza, le provoca un estado de “tensión” entre la perfección deseada y sus limitaciones humanas. La condición humana es una condición de “estar en rojo”, y saliendo de esa condición, si por un momento nos encontráramos con nosotros mismos “en balance”, el golpe sería tremendo e inaceptable. Si voy a ser esto que soy, si ya no puedo adquirir, si dejo de deber, y tengo que enfrentarme a mí mismo, sólo encuentro a un pobre infeliz que me ha estafado.

      “Matar en el hombre la posibilidad de sufrir, es matar la esencia humana” decía Thibón. Matar en el hombre el concepto de pecado – causa de sus mejores sufrimientos- es dejarlo abandonado a los límites de su propia bajeza sin posibilidad alguna de salir, y lo que es peor, sin explicación alguna para ese estado de bajeza, ni solución a la vista.

     La utopía modernista no es la felicidad, es el conformismo en nuestra humana condición, es la aceptación de la bajeza sin solución. Es el regodeo en esa bajeza. El humanismo es un sueño inhumano, el que por ahora no nos da esa “conformidad en el ser” que nos promete, ni la podrá dar nunca,  porque nuestra condición natural es la “inconformidad en el ser”. Y de allí esas caras, esos gestos, y esta religión que comienza a ser antipática.

     Para un hombre que no tiene culpa ni pecado, el orden sólo le puede ser impuesto desde el capricho, desde la tiranía, desde el desnudo poder. Y sólo se le impone “para nada”. Porque nada nuevo lo espera, sino a sí mismo, a un sí mismo que no puede engañarse en la utopía comunitaria; que se encuentra frente al espejo, solo, decayendo y agonizando. El peor resultado de una vida es encontrase al final de ella con uno mismo.

     Abolir el pecado es abolir al hombre, transformar el orden en una tiranía sin sentido, la religión en una estafa emotiva que se desvela ante la muerte.

    El simpático Dios del modernismo arroja al cristiano a padecer junto a los infieles y los herejes, no ya la Pasión de Cristo que paga la deuda que debe, sino la angustia nihilista. Esta es la “simpatía” (el padecer juntos) que festejaba Pablo VI con el mundo moderno. Este es el ecumenismo. Sufrir es una condición insoslayable, lo que podemos es elegir sufrir como ellos y con ellos, o sufrir con Cristo.

     La falsa sonrisa de Francisco ya es una mueca y un rictus, porque nadie le agradecerá este regalo maldito que nos hace al dar por terminado el pecado y la Cruz.

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Para quien desee consultar el artículo del Padre Calderón este es el link:  https://drive.google.com/open?id=0B67zeUgV9Ui5ZUg4M3pPMWRpb3M





Nacionalismo Católico San Juan Bautista

miércoles, 8 de febrero de 2017

2017: Un año interesante para el histrionismo del sistema




  Seguramente habrán visto o al menos escuchado sobre lo peculiar de las ceremonias masivas televisadas en los últimos años. Donde gente normal y “conspiranoicos” coincidían en que algo no era tan normal en aquellas ceremonias.

  Primero fue la ceremonia inaugural de los juegos olímpicos en Londres, con simbología illuminati metida por todos lados, y apología brutal al multiculturalismo y mestizaje.

  Después observamos la ceremonia inaugural del CERN, donde igualmente nos metieron simbología illuminati por doquier, digo illuminati por decir algo, porque sea lo que fuese, es un ritual con elementos claramente ocultistas e incluso directamente satánicos. Muy reciente observamos la ceremonia ritual masónica de la inauguración del túnel en Suiza: Una mujer negra como sacerdotisa, el ojo que todo lo ve, la danza subnormal y digamos etcétera, ya que es imposible agotar los ejemplos. Hay gente en el poder que realmente tiene extrañas creencias y están obsesionados con los rituales y símbolos. Lo cual es peligroso, porque sea lo que sea en definitiva aquello que creen o piensan que están creyendo, son multimillonarios cuyas decisiones conducen el mundo. Habrá gente que todavía es escéptica creyendo que son meras coincidencias de simples expresiones artísticas post-modernas.
Ahora bien, este 2017 nos trae algunas fechas de las que los dueños del sistema gustan para realizar determinadas acciones que aumenten el simbolismo sobrecargado del que tienen fetiche, entre otras cosas quizá porque aumenta la “mística” ad intra para los seguidores de las sectas.

  En primer lugar cabe mencionar el 13 de mayo de 1917 que fue la fecha en que la Santísima Virgen María se apareció a tres pastorcitos para advertirles de grandes males sobre el mundo si este no se convertía y hacia penitencia. Por supuesto esta fecha no es propiedad de las logias, sino que viene al caso porque las siguientes fechas que mencionaremos si son de autoría intelectual y material de los criminales de siempre:

-         El 24 de junio de 1717, fecha que la masonería considera como la de formalización de la principal de las sectas: La gran logia unida de Inglaterra.

-         El 7 de noviembre de 1917 Vladimir Lenin, dirigió desde el Instituto Smolny el alzamiento en Petrogrado, la entonces capital de Rusia, contra el gobierno provisional de Aleksandr Kérensky. Esta sería la gran debacle mundial producida a causa de la impiedad del mundo y su alejamiento de Cristo, del cual el 13 de mayo del mismo año, se advirtió y hasta se concedió a la humanidad una forma de evitar tal castigo.

-         El 31 de octubre de 1517, fecha en que el fraile agustino apostata y hereje Martin Lutero, publica sus 95 tesis, patrocinado por enemigos de Cristo y con la completa intención de iniciar finalmente comienzo a la debacle y destrucción del occidente cristiano, el mundo y preparar así los caminos de la bestia.


  Hemos seguido un orden de presentación de las fechas según la proximidad a sus conmemoraciones como advertencia y aviso para el que quiera, ya que podrá constatar la “coincidencias” que se producirán en esas fechas en cuanto a celebraciones, el tenor de ellas y los mensajes que velada o abiertamente contendrán en cuanto a simbología. Por otro lado sería saludable para el lector prepare su vida espiritualmente hablando, ya que a lo largo de la historia y no en pocas ocasiones, los enemigos de Dios no solo ostentaron simbología, sino que produjeron hechos concretos que torcieron la historia y perdieron muchas vidas y almas.   


F.H.


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lunes, 6 de febrero de 2017

El Seudoprofeta – P. Leonardo Castellani


Domingo Séptimo después de Pentecostés (Mt.7 15-21) Lc.6, 39-45

           
  El evangelio de hoy (Mt VII, 15) está tomado del final del Sermón de la Montaña, y es un aviso sobre los falsos profetas seguido de la parábola de la Uva y del Abrojo, o sea de los frutos del buen y el mal Árbol; los cuales se dan como señal para conocer el Seudoprofeta.

  Cristo previno muchas veces contra los Seudoprofetas que son simplemente los herejes; y los doctores, poetas, moralistas -que estas tres cosas eran los profetas hebreos- de la impiedad; y predijo que en los últimos tiempos los habría a bandadas.

  Siempre ha habido en la historia de la Iglesia quienes “viniendo a vosotros con vestidura de oveja, por dentro son lobos rapaces”, como los describió Cristo; es decir, vienen con vestidura de pastores, los cuales suelen usar zamarras o pellizas de piel de oveja. Todos los herejes han tomado una parte de la doctrina de Cristo; y exagerándola la han convertido en una deformidad y en un veneno; muchos de ellos han tenido apariencias de hombres píos, benéficos y altruistas; y han sido hábiles en manejar las grandes palabras que -diferentes en cada época- conmueven el corazón del pueblo, como Libertad, Igualdad, Fraternidad, Democracia, Justicia, Compañerismo, Paz, Prosperidad, y toda la letanía. Contra ellos no es muy fácil precaverse. “Por sus frutos los conoceréis”, repite Cristo. Las obras no mienten.

  Los amargos frutos de la bandada de seudoprofetas que se levantó desde fines del siglo XVIII a manera de manga de langostas, arbolando las palabras de “Ilustración, Tolerancia, Progreso, el Siglo de las Luces y la Mayor Edad del Género Humano”, de sobra los conocemos porque los estamos sufriendo: las consecuencias del aclamado “Siglo de las Luces” fueron dos atroces guerras mundiales y una descompostura general del mundo, que anuncia una guerra peor. La “tolerancia” de Voltaire ha acabado en toda clase de persecuciones; la “libertad omnímoda para todos” ha producido despotismos, tiranías y lo que llaman el “Estado totalitario”, teorizado por Hegel; el “concierto de todas las naciones” de Condorcet ha servido para romper la barrera defensiva de Europa (el “Río Eufrates”, que dice la Escritura) y abrir la puerta al Asia, que se yergue ahora amenazante sobre ella; y la “Paz Perpetua” de Kant ha producido la “Guerra Fría”. Las malas doctrinas, aceptadas y gritadas sin tasa por los pueblos borrachos, han descoyuntado los huesos del mundo; y el mundo se agita hoy enfermo y angustiado; y más borracho que nunca. “¿Por ventura se recogen uvas del abrojo o higos del cardal?”. Muy malo era todo eso, pues ha producido tales frutos. Produjo lo contrario de lo prometido.

  Los Seudoprofetas siempre prometen cosas fáciles y halagüeñas: de eso viven; y medran. Ésa es la nota que Isaías y Jeremías enrostran a sus falsificadores y perseguidores: que son aduladores, simplemente; de la estirpe de los sycofantes que tan bien caracterizó Platón en el Fedro y en El Sofista. Es fácil prometer mil años de paz, un viaje al planeta Marte -donde el clima es mejor y hay grandes yacimientos de uranio- y la prolongación de la vida hasta los 150 años por medio de la penicilina. Leo en una revista alemana: “Dentro de dos millones de años, el Hombre habrá evolucionado en tal forma que nosotros a su lado pareceremos gusanos”. ¡Qué felicidad... para el que lo vea! ¡Que Dios te conserve la vista, m’hijo!

  La “idolatría de la Ciencia” que domina a la época actual es una evolución de la “Superstición del Progreso” que fue el dogma eufórico del siglo pasado. Efectivamente, el famoso “Progreso”, prometido a gritos por Condorcet y Víctor Hugo, no se ha dado en ningún dominio, excepto en el dominio de la técnica, que es lo que hoy día llaman “Ciencia”. Pero la técnica no puede ser adorada ni siquiera venerada: puede servir al bien o al desastre, sirve para hacer las bombas de fósforo líquido y las atómicas, lo mismo que la vacuna contra la poliomielitis; y puestos en una balanza los estragos espantables junto a los bienes que ha dado la “técnica” en nuestro siglo, yo no veo que ganen los bienes. Preservar a un niño de la parálisis infantil para que después sea quemado vivo por una bomba de fósforo, como los niños de Hamburgo; o de uranio, como los de Hiroshima, no me parece gran negocio.

  La veneración de la “Ciencia” es lo que ha sustituido a la religiosidad en las masas contemporáneas; y por tanto podemos decir que es lo que la ha destruido; porque, como dicen los franceses, “sólo se destruye lo que se sustituye”: por eso la hemos llamado “idolatría”. “No adorarás la obra de tus manos”, dice el segundo mandamiento. La ciencia actual es muy diversa de la ciencia de los griegos, o la ciencia de los grandes siglos cristianos. La ciencia antigua era una actividad religiosa o casi religiosa, movida por un amor y encaminada al bien. Hoy día la “Ciencia” es impersonal, inhumana, exactamente como un ídolo. Desde la segunda etapa del Renacimiento (siglos XVI y XVII) la concepción de ciencia es la de un estudio cuyo objeto está colocado fuera del bien y del mal; y, sobre todo, del bien; sin relación alguna con el bien. La ciencia estudia los hechos como tales: los hechos, la fuerza, la materia, la energía, aislados, deshumanizados, sin relación con el hombre y menos con Dios: no hay en su objeto nada que el corazón del hombre pueda amar. Los móviles del “científico” actual no son móviles de amor a Dios o al prójimo; ni siquiera a su ciencia. Es reveladora la amarga confesión de Einstein que en sus últimos días decía que: “de poder volver a vivir sería plomero o vendedor ambulante, pero no físico”. Y sin embargo la física le dio todo lo que a ella el científico le pide: gloria, fama, honores, consideración, dinero. Más que eso no puede dar un ídolo.

  Un sacerdote no puede admirar la “técnica” moderna de un modo incondicional, ni adularla para quedar bien con las muchedumbres, o aparecer como hombre adelantado y “de su tiempo”. Al contrario, debe mirarla con cierta sospecha, puesto que en el Apokalypsis están prenunciados los falsos milagros del Anticristo, los cuales se parecen singularmente a los “milagros” de la Ciencia actual. “La-Segunda Bestia, la Bestia de la Tierra, pondrá todo su poder al servicio de la Primera, la Bestia del Mar; y la facultará a hacer prodigios estupendos, de tal modo que podrá hacer bajar fuego del cielo sobre sus enemigos...” (Ap. XIII, 12-13). Eso ya lo conocemos, eso ya está inventado. No sabemos quién será esa llamada “Bestia de la Tierra” pero sabemos que el Profeta la describe como teniendo poder para hacer prodigios falaces por un lado; y por otro, con un carácter religioso también falaz, puesto que dice que “se parecía al Cordero, pero hablaba como el Dragón”. Esa potestad o persona particular que será aliada del Anticristo y lo hará triunfar será el último Seudoprofeta, por lo tanto. Y por sus frutos habrá que conocerlo; porque sus apariencias serán de Cordero.

  Pero se podría decir: “Si hemos de conocer al árbol por sus frutos dañinos ¿no será ya demasiado tarde, porque el daño ya está hecho? ¿Acaso sirve de algo conocer los hongos venenosos después que uno los ha comido, por sus efectos? ¿No es mejor conocerlo por sí mismo, por sus hojas y su forma? Y de hecho ¿no conoce así la Iglesia a las herejías, por medio de sus teólogos y doctores, confrontándolas con la doctrina tradicional, y rechazándolas en cuanto se apartan de ella?”.

  Eso es verdad; pero se aplica a las herejías antiguas, no a las nuevas. La elaboración de la ortodoxia se ha hecho poco a poco; y justamente en la lucha multiforme con nuevas y nuevas herejías. Ahora es fácil conocer a un arriano, un macedoniano, o un protestante; no así cuando aparecieron. Cuando una herejía es nueva, el “catecismo” no basta: de aquí la necesidad que los sacerdotes estudien; y que los doctores de la fe lean los libros heterodoxos; lo cual no es ninguna diversión, sino una ímproba labor, y hasta un “martirio”, como dijo Santo Tomás. La herejía actual que se está constituyendo ante nuestros ojos, consistente en definitiva en la adoración del hombre y “las obras de sus manos”, no es fácilmente discernible a todos; porque pulula de falsos profetas.


—¿Simona Weil fue herética o no?
—Unos dicen que sí y otros que no.
—¿Y usted qué dice?
—Por sus frutos la conoceréis.
—¿Y cuáles son sus frutos?
—No tengo lugar para decirlos aquí.


  Oh Señor, quédate conmigo, porque la noche se acerca, y no me abandones.

  ¡No me pierdas con los Voltaire, y los Renán, y los Michelet y los Hugo y todos los otros infames!

  Son muertos, y su nombre mismo después de su muerte es un veneno y una podredumbre.

  Su alma está con los perros muertos, sus libros están juntos en el chiquero.

  Porque Tú has dispersado a los orgullosos y no pueden estar en uno, ni comprender, mas solamente destruir y disipar -ni poner las cosas en uno...

  Sabios, epicúreos, maestros del noviciado del Infierno, prácticos de la Introducción a la Nada, bramanes, bonzos, filósofos ¡tus consejos Egipto! vuestros consejos, vuestros métodos, y vuestras demostraciones y vuestra disciplina.

  ¡Nada me reconcilia, yo estoy vivo en vuestra noche abominable, levanto mis manos en el desespero, levanto mis manos en el trance y el transporte de la esperanza salvaje y sorda...!


  Quien no cree más en Dios, no cree en el Ser; y quien odia al Ser, odia su propia existencia...*

*Paul Claudel

  

Leonardo Castellani:  “El Evangelio de Jesucristo” – Ed. Vórtice, Bs. As. 1997-Págs. 225-228.



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

viernes, 27 de enero de 2017

Hungría frente al Nuevo Orden Mundial – Santiago Mondino


  En otros tiempos la figura de Viktor Orban y la concepción política húngara adoptada en estos últimos años hubieran pasado  desapercibidas, pero en el actual sistema político mundial donde se imponen desde los centros de poder y las logias regímenes políticos homogéneos, desprovistos de valores y fundamentados en tecnicismos que se oponen al orden natural, la situación de Hungría es un punto de referencia ineludible para aquellas naciones que se encuentran en vías de disolución por haber perdido su identidad en el actual proceso globalizador, mercantilista, apátrida y tecnocrático.

  Hungría, país del este europeo que fue fundada hace 1000 años por San Esteban logró superar 2 guerras mundiales y la ocupación comunista luego del pacto de Yalta.

  En la actualidad Hungría está enfrentada a la Unión Europea, defendiendo las raíces cristianas de Europa y la propia identidad nacional.          


  El líder húngaro Viktor Orban que encabeza la rebelión contra las élites que gobiernan desde las sombras a Europa  surge de las entrañas del sistema -fue secretario de la organización juvenil comunista (KISZ) en su segundo colegio-, responde a las ansias de cambio evidentes por todas partes como consecuencia del desmoronamiento del régimen, estudia en Oxford con una beca de la Fundación Soros y acaba fundando un partido, la Alianza de Jóvenes Demócratas (Fidesz: Fiatal Demokraták Szövetsége o Unión Cívica Húngara) del que, tras un audaz discurso en la Plaza de los Héroes de Budapest en el que demanda elecciones libres y la retirada de las tropas soviéticas, pasa a ser líder tres años más tarde. Ha recorrido un largo camino político desde 1998, el año en que se convirtió en primer ministro de Hungría, uno de los dos más jóvenes que han resultado electos para ese cargo en ese país. En aquel entonces, y a pesar de la oposición de Rusia, Viktor Orban supervisó la entrada de Hungría en la OTAN –al mismo tiempo que las de Polonia y la República Checa– y en la Unión Europea. Durante aquel mandato de primer ministro, en una época en que la Unión Europea era mucho más próspera que ahora, Orban redujo los impuestos, abolió el pago de inscripción en la universidad para los alumnos aventajados, aumentó las ayudas financieras a las madres y atrajo a los industriales alemanes con una fuerza de trabajo barata. Entre sus «consejeros» estadounidenses figuraba James Denton, vinculado a Freedom House, una ONG de Washington implicada en las revoluciones de colores. Orban era entonces el niño mimado de los neoconservadores de Washington. En 2001 recibió el «Premio de la Libertad» del neoconservador American Enterprise Institute.

  Su partido, que nació anticomunista liberal y luego se proclamó social-liberal, es ahora francamente conservador y nacionalista. Orban afirmó públicamente en el 2005: “yo soy cristiano”. Una manifestación que no fue meramente verbal sino que fue acompañada por hechos.

  En coalición con otros partidos menores en el año 2010, después de haber pasado 6 años en la oposición, Orban logró regresar al poder, ganando las elecciones por una importante mayoría y resuelve cambiar la Constitución, nada extraño porque llevaban con la misma desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial.

  El país estaba prácticamente en la ruina luego de varios años de desgobierno socialista que dejo una deuda que alcanzó el 85% del PIB hacia finales de 2011, Orban se vio en la obligación de solicitar ayuda financiera urgente de otros miembros de la Unión Europea y al FMI. Ambas instancias se negaron a soltar un euro. ¿Por qué? No les gustaba la nueva Constitución que se acababa de aprobar en el Parlamento de Budapest por abrumadora mayoría.

  Orbán, necesitado con urgencia del crédito de 20.000 millones de euros que amenazaban con negarle, maniobró con promesas de reformas limitadas a la legislación. Pero esa misma semana cien mil húngaros se manifestaron en Budapest en apoyo de su gobierno. Francamente hostil al FMI, se negó a aplicar el régimen de austeridad recetado por los hombres de negro, pero nunca cuestionó el reembolso de la deuda.

  Como represalia la Comisión Europea inició procedimientos legales contra Hungría, dándole un mes para aplicar los cambios apetecidos por los eurócratas. Hasta la ex secretaria de Estado norteamericana y candidata a presidente, Hillary Clinton, manifestó públicamente su descontento. La Unión Europea, ocultando que su verdadera preocupación era el carácter confesional del Estado húngaro y la defensa de la vida, exigió que se modifiquen tres normas concretas (no las únicas) que intranquilizan mucho en Europa. Primero, la que se refiere a la actividad del Banco Central Húngaro, pretendiendo hacerlo más dependiente del Poder Ejecutivo, limitando entonces su autonomía. Enseguida, la que obliga a los jueces a jubilarse tempranamente, o sea a los 62 años -en lugar de los 70, como hasta ahora- porque pareciera esconder una operación de "limpieza" política del Poder Judicial. Y, finalmente, la que entrega al Poder Ejecutivo el control del organismo encargado de defender y proteger la intimidad de los ciudadanos.

  Mencionar a Dios en la Constitución (nuestra venerada 'Pepa', abre con un contundente: "En el nombre de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo autor y supremo legislador de la sociedad"), comentar que nuestra civilización europea tiene raíces cristianas, hablar de la patria, definir el matrimonio como una unión de hombre y mujer o pretender controlar las propias fronteras no son, exactamente, ideas radicales en ninguna otra época. La Constitución húngara protege la vida humana desde el momento de la concepción. El nombre oficial del país pasa de República de Hungría a sencillamente Hungría, aunque no deje de ser una república, y hace referencia a la Santa Corona del Rey Esteban, el primer rey de Hungría.
  
 Tras la aprobación de la nueva constitución de Hungría, se están dando los pasos necesarios para cambiar la mentalidad y las leyes del país. La nueva constitución abre la puerta para que se inicien los trámites para derogar o limitar la ley de aborto vigente. Pero sin esperar a ello, el gobierno de Viktor Orban, ha lanzado una campaña institucional para reducir el número de abortos. Contando con fondos de la Unión Europea –lo cual ha escandalizado a Bruselas-  se hará una campaña institucional con anuncios que muestran a un feto y dice: 
“Entiendo que no estés preparada para tenerme, pero podrías darme en adopción, ¡DÉJAME VIVIR!”


  También hace referencia a "los crímenes inhumanos cometidos contra la nación húngara y sus ciudadanos durante la dictadura comunista". Menciona explícitamente que la autodeterminación húngara se perdió entre el 19 de marzo de 1955 (invasión soviética) y el el 2 de mayo de 1990 (primeras elecciones libres en la era postsoviética): "No reconocemos la Constitución comunista de 1949 porque ha servido como cimiento de un régimen tiránico. Por esa razón decretamos la legislación derivada de la misma inválida”.  En ese mismo sentido el Primer ministro ha señalado: “Como herederos de 1956, no podemos permitir que Europa cercene las raíces que la han hecho grande y nos han permitido sobrevivir a la represión soviética. No hay una Europa libre sin estados-nación y sin los miles de años de sabiduría de la Cristiandad”.

Acto de inauguración en Madrid del monumento que recuerda a los revolucionarios húngaros que se levantaron contra la antigua URRS en 1956


  La nación húngara está siguiendo un rumbo que, desde el año 2010, la ha llevado a apartarse decididamente de la senda liberal. En todos los planos. No sólo en el económico: también en el cultural, en el político y en el espiritual.

  Todos los años se celebra la fiesta de San Esteban (santo rey de Hungría quien fuera canonizado por el Papa San Gregorio VII en 1083), cuando las autoridades del Estado participan en la misa solemne celebrada en la Basílica de San Esteban y las Fuerzas Armadas —como decidió el actual gobierno— se incorporan a la multitudinaria procesión que, portando la Sagrada Mano Derecha del fundador de la patria, recorre solemnemente las calles de Budapest.
  

  
  En cuanto al rol que le compete al cristiano en esta época de apostasía, el presidente de Hungría afirma que  “reina un pensamiento generalizado de liberalismo individualista, Europa necesita ser repensada” "es un error que el cristianismo no desempeñe un papel primordial" en la construcción europea y los políticos de Bruselas, que “la gran mayoría actúa de espaldas a las raíces europeas”. “sin la renovación cristiana que necesita Europa, el continente no volverá a la competitividad en el mundo, ni siquiera en el orden económico”.

  Orban es taxativo en cuanto a la necesidad de retomar los valores cristianos olvidados por los tecnócratas de Bruselas: “Los cristianos europeos tenemos que dar aliento de nuestros valores cristianos. Hungría es un pueblo que habla una lengua sin parientes... A Europa le preocupa los problemas de la energía, sería interesante hablar de todos los problemas. Tenemos que encontrar una respuesta a los problemas profundos: ¿cuál es la situación europea? ¿cómo hemos llegado? ¿qué tendríamos que hacer? Es justo si un político debe hablar sobre los aspectos religiosos culturales. Estoy de acuerdo que todos los políticos cristianos tenemos que estar vigías. La Biblia nos dice que los dirigentes políticos y los religiosos tienen la obligación de hablar de esta crisis. La crisis europea no sólo la pueden resolver los tecnócratas... Esa hegemonía económica piensa que el problema lo soluciona el individualismo. Los vínculos familiares la religión no cuenta. Todo es relativo para los tecnócratas. El compromiso, la responsabilidad, el amor a la patria, la grandeza, la gloria justa no son pronunciadas. Te tachan de retrógrado, vamos de la familia al individuo. Hoy quieren que Europa sea así. Quieren construir una sociedad sin Dios y Dios es un apéndice. Los valores religiosos no sean aplicados a la sociedad. Existe un continente europeo donde los políticos van prescindiendo de Dios”.

Acto en recuerdo de la revuelta antisoviética de 1956, el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha criticado la deriva que está tomando la Unión Europea y, frente a ésta, ha reivindicado la idea de Estado-nación con raíces cristianas que controla sus fronteras y se protege de la inmigración en masa.


  En lo que respecta al problema de la inmigración descontrolada Orbán ha tomado medidas, construido vallas, aprobado leyes y dado instrucciones a las fuerzas del orden, al tiempo que censura las políticas autodestructivas que emanan de Bruselas.

  Veamos lo que, con palabras que chocan por cierto con la postura del Vaticano, dice Viktor Orbán a propósito de la crisis demográfica… y de la inmigración de asentamiento con que algunos pretenden resolverla.

La inmigración masiva no puede solucionar en absoluto el problema demográfico de Europa. […] La historia ha demostrado que las civilizaciones que no son biológicamente capaces de perpetuarse a sí mismas están destinadas a desaparecer —y desaparecen. Tal es el caso de nuestra civilización, el de Europa. La inmigración masiva, que muchos proponen como remedio, provoca tensiones que conducen a más conflictos y terremotos políticos, debido a las diferencias culturales, religiosas y de estilo de vida. El sentido común dicta que Europa debe hacer frente a sus problemas demográficos por una vía natural, respetando y protegiendo la familia y la paternidad [ni siquiera dice “maternidad”, oigan…].

  En un reportaje al diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung el 3 de septiembre de 2015 fue más tajante al referirse a la política migratoria de la Unión Europea: "La llegada de migrantes, en su mayoría musulmanes, es una amenaza para la identidad cristiana de Europa". Y al día siguiente, se expresó así en un comunicado: "Si no protegemos nuestras fronteras, decenas de millones de migrantes seguirán viniendo a Europa, y algún días seremos minoría en nuestro propio continente".

  Por su parte, monseñor Laszlo Kiss-Rigó, obispo de Szeged, en respuesta a la propuesta de Bergogliio de que cada parroquia católica de Europa reciba a una familia de migrantes proclamó: “No es una crisis humanitaria. No son refugiados. ¡Es una invasión!”

  Orbán trata de que el Gobierno sea un reflejo del pueblo húngaro, de lo que quieren los húngaros. Y un gobierno en sintonía con su pueblo es anatema para los globalistas, sobre todo para los de Bruselas. Pero en el proceso está prestando un impagable servicio a Europa al recordar a los europeos lo que son y lo que pueden dejar de ser en un par o tres de generaciones.

  En ese sentido, el valor de Orban está en ser una vara de medir para darnos cuenta de cuánto hemos cambiado o, por mejor decir, cuánto han cambiado quienes nos gobiernan y deciden los dogmas culturales.


  La lista de sus enemigos directos y de las fuerzas oscuras que quieren destruir a su país forman un arco interminable que va desde los lobbies que operan en Bruselas hasta el Partido Socialista húngaro, pasando por las grandes multinacionales, los bancos, las empresas de energía y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los “enemigos del exterior”.

  “El país está prácticamente sitiado”, repiten los funcionarios y miembros de su partido que testimonian en Guerra contra la nación.

  Pero el enemigo supremo de Orban es el millonario y filántropo norteamericano George Soros. Judío de origen húngaro, es el blanco predilecto de la prensa gubernamental. A fines de los 80, su fundación de la Sociedad Abierta Soros había contribuido a financiar la actividad de Fidezs, el partido de Orban.

  El primer ministro ya había acusado al filántropo millonario George Soros por la llegada de los migrantes. "Esta invasión (de migrantes) es motivada por un lado por traficantes de personas y por otro lado por activistas (pro derechos humanos), que apoyan cualquier cosa que debilite a los Estados", explicó el político conservador en la radio estatal. "Este pensamiento occidental y la red de activistas que tiene detrás tiene su máxima representación en George Soros", añadió Orban.
Desde sus fundaciones, el magnate financia a grupos de derechos humanos. Su "Open Society Fundation" (OSF) apoya en Budapest a los activistas que ayudan a los refugiados.

El judio “filantropo” George Soros ofreciendole “ayuda” a Viktor Orban en octubre de 2010


  Las críticas llovieron de todas partes, desde ONG como la americana Human Rights Watch a la mirada de grupos LGBT, los medios de comunicación convencionales y políticos del mundo entero. Peor, en el Parlamento Europeo fue atacado por violar los valores fundamentales de la democracia y la libertad.

  El New York Times, celoso sostén del establishment, publicó en primera plana un editorial titulado «El peligroso deslizamiento de Hungría», donde podía leerse: «El gobierno del primer ministro húngaro Viktor Orban se desliza hacia el autoritarismo y desafía los valores fundamentales de la Unión Europea, y todo el mundo se lo permite.»

  El fracaso o éxito de le empresa que llevan a cabo los húngaros liderados por Viktor Orban frente a los poderes ocultos que gobiernan el mundo es un enigma para nosotros. Por lo pronto, como reza el preámbulo de su constitución pidamos a Dios que bendiga a los húngaros. Ojalá: van a necesitarlo.


Santiago Mondino


Fuentes




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

miércoles, 25 de enero de 2017

Garantismo penal en la promoción del mal – Augusto TorchSon



  Para destruir una institución, una organización, un país y hasta una religión, es necesario debilitarlos antes de atacarlos abiertamente. Ese proceso ya se llevó a cabo en el occidente cristiano, haciendo que hasta se pida perdón por las gloriosas conquistas en defensa de nuestras tradiciones, de nuestras patrias y de nuestra fe.


  La historia bíblica de los Macabeos nos cuenta como Antíoco Epifanes, como verdadera prefiguración del Anticristo de los últimos tiempos, quería terminar con las costumbres y tradiciones de cada pueblo para unificarlas de acuerdo a su conveniencia, de la misma forma que el Nuevo Orden Mundial lo está haciendo ahora. Ante la resistencia de algunos fieles judíos decide atacarlos en sábado, día en el que los sabía indefensos porque debían dedicarlo a la oración y culto a Dios. Sin embargo los Macabeos resistieron, y vencieron y salvando a su pueblo de la extinción.


  Hoy para “ablandar” a los hombres, se les inculca un sentimentalismo impropio de su condición de varones, logrando que se desista de toda violencia justa en defensa de los valores antes mencionados; pero también se les genera temor para que el ya aggiornado hombre moderno se acobarde. El padre Alberto Ezcurra decía que podemos poner nuestra otra mejilla más no la de nuestras familias, nuestras patrias, y mucho menos, la de nuestra Iglesia. Cristo no se dirigió a los mercaderes que profanaban el templo con amables sugerencias sino que los echó a los latigazos.


  En Argentina como en muchos países, se es indulgente con los delincuentes y vehemente con los ciudadanos que los resisten ante la pasividad y complicidad del poder político que los apaña. Los asesinos y violadores reciben mínimas condenas y son liberados incluso antes por “buena conducta” con la excusa que se tiene en consideración las circunstancias difíciles en las que se educaron. En cambio duras son las penas para la víctima que defendiéndose mata al delincuente. En eso el Estado es inmisericorde. En nuestro país, como parte de un proceso de destrucción material y moral de las fuerzas armadas, se juzgó a quienes combatieron a la guerrilla marxista con extrema dureza y encima con leyes posteriores a las causas, ignorando todas las reglas del debido proceso, mientras que a los asesinos guerrilleros comunistas se los indemnizaron y hasta prescribieron sus causas a diferencia de militares y policías a quienes se les achacan delitos que hoy son imprescriptibles por considerarse de “lesa humanidad”.


  El defenderse hoy es el peor de los pecados “sociales”. Quien resiste un delito ante la pasividad y permisividad del Estado, es hoy susceptible de ser acusado de propender a la anarquía haciendo justicia con mano propia en vez de someterse a la injusticia en manos del gobierno. Cuando se habla de prevención del delito, en realidad lo que se hace es prevenir que los civiles se prevengan del delito. De ahí la movida casi mundial para sacarle las armas a los civiles, quedando en manos de los delincuentes. Al criminalizar de éste modo a la víctima, se busca destruir la capacidad de reacción, y de éste modo el gobierno mundial avanza con la diosa democracia en la imposición de todo tipo de legislaciones contrarias al orden natural, anulando la posibilidad de resistencia. Saben que al destruir la célula básica de la sociedad, esto es la familia, deja absolutamente indefensos a los ciudadanos ante su caprichosa omnipotencia.


  Similares circunstancias les toca vivir a los países de la judaica Comunidad Europea con la promoción de la inmigración ilegal musulmana, a la que se los beneficia con subsidios y hasta más concesiones que a los propios ciudadanos y se les tiene muchísima consideración a la hora de condenarlos por la ola de delitos y más específicamente violaciones a mujeres europeas, ya que como sostuvo la diputada sueca Barbro Sörman: “no es tan malo que los refugiados musulmanes violen a las mujeres suecas porque es algo cultural en ellos”. Y así hace pocos días nos enteramos que en ese país, siete endemoniados refugiados musulmanes, violaron a una mujer a la que mantenían encadenada, tal vez respondiendo a la “invitación” de dicha diputada. Sabemos que ésta invasión musulmana no sólo es promocionada por la misma Unión Europea, sino también por el Vaticano apóstata de Jorge Bergoglio.


  Y hablando del “obispo de Roma”, desde que se puso al frente del gobierno Vaticano, no dejó de promover todo tipo de conductas pecaminosas y hasta criminales en nombre de una falsa misericordia, ya que busca una paz en la inmoralidad y no la paz de Cristo que es “la tranquilidad en el orden”, como enseña San Agustín. Se puede recordar entonces como ante la golpiza que le dieron a un delincuente linchado por vecinos y que después falleció, Bergoglio manifestó que “sentía las patadas (que recibió el delincuente) en el alma”, agregando que si Jesús estuviera de árbitro diría: “el que esté sin pecado que dé la primera patada”. Lo cierto es que no le dolieron a Bergoglio las víctimas de éstos delincuentes que mueren todos los días hasta por un teléfono móvil. Posteriormente pidió que se promueva un “sano garantismo en las cárceles”, diciendo: “Los penales están hechos para rehabilitar, pero si los tenemos encerrados los arruinamos”, y es evidente que su prédica funciona ya que hoy los delincuentes son los que están en libertad y se busca encarcelar a sus víctimas que se defienden. Y últimamente, Bergoglio denunció la hipocresía de la sociedad con los presos ya que “todos somos pecadores”.     


  Éste garantismo penal promovido por el Nuevo Orden Mundial, busca claramente el agotamiento moral de los ciudadanos indefensos y oprimidos por la delincuencia y el Estado. Decir que lo principal en el Derecho Penal es la reinserción del delincuente, implica cambiar el concepto mismo de ésta rama del Derecho. Se debe buscar la reinserción pero también es una pena, es punitivo, o sea, es un castigo y por sobre todas las cosas, se debe encarcelar a quienes representan un riesgo para la sociedad. Es un imperativo que surge de la noción misma de búsqueda del bien común. Además sabemos en los hechos que quienes entran en la cárcel salen peor, y eso es algo también planeado y no por nada, muchos de los empleados de los políticos son ex-presidiarios, muchas veces beneficiados por aquellos a fin de conseguir su libertad.


  Nuestra Constitución en consonancia con el sistema garantista establece que: “Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas”… y así los ciudadanos se quedan con la idea que el fin de las mismas es la reinserción social de los reos; y si esto fuera así, resultaría contradictorio que se condene con penas de reclusión proporcionales al delito, y no hasta que la reinserción se logre.


  Importantísimo papel juegan los judaicos medios de comunicación en la promoción de ésta anarquía institucional. Para mencionar sólo un caso podemos recordar cuando hace un par de años se desató una polémica mediática por la reducción de condena de un violador de un niño de 6 años al que primero condenaron a 6 años de prisión y en la apelación rebajaron la condena a 3 años. Y quién realiza un acto tan aberrante tiene que estar encerrado de por vida. Además la experiencia demuestra que el violador vuelve a violar y el pedófilo a buscar niños. Sin embargo la polémica se dio por la reducción más no por la exigua condena inicial de 6 años. Así los “mass media” promueven el sistema garantista en nombre de los “derechos humanos” pero para parecer ecuánimes cuestionan algunas formas más no el fondo del asunto.


  De ésta forma en el mundo entero se promueve el mal y se reprime el bien. Se es comprensivo con la delincuencia mientras se desalienta la conducta virtuosa, heroica y sobre todo la varonil. Así se busca llevar a las sociedades a la anarquía absoluta en donde el agotamiento de la gente los lleve a aceptar perder su libertad a cambio de seguridad. Y esto se hará con el más absoluto consenso, o sea, democráticamente se abolirá hasta la democracia misma para establecer ese orden en mano de los mismos que promovieron el desorden. Y ése es el escenario propicio para que aparezca el único y personal Anticristo. Tal vez podría agregársele un conflicto bélico a gran escala como para acelerar el proceso, pero lo cierto es que no parece lejano dicho momento.


  Ante la pregunta respecto de que se puede hacer en estas circunstancias, la respuesta es hacer lo que corresponde, defendernos como enseña Santo Tomás sabiendo que “es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro” y como señala el Catecismo (2265), “La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro”. Tener temor de Dios antes que del Estado, y por sobre todas las cosas, responder varonilmente a estas agresiones del globalismo que actúan con ayuda de la pasividad de los cobardes.


  Los hombres deben recuperar la virilidad; dicha palabra proviene del latín vir= varón, lo que implica también fuerza, valor, así como virtud; cuya etimología es similar en ese aspecto a viril, por lo que también corresponde al varón ser justo, honrado, cabal, decir la verdad y vivirla. Y como ya repetimos muchas veces, es la Verdad el discurso más peligroso en estos tiempos, y predicarla y defenderla hasta con nuestras vidas es un imperativo del caballero cristiano. Y debemos así dejar las conductas gandhianas que promueven la pasividad ante el mal; la tolerancia de las más atroces conductas esperando que nuestros verdugos en algún momento reflexionen sobre su maldad y la depongan; el perdonar a quien no se arrepiente y hasta justificarlo atendiendo a sus circunstancias. El setenta veces siete es una disposición a la que debemos estar predispuestos siempre para quien con sinceridad nos pide perdón, pero no para permitir que nos ultrajen con nuestro consentimiento. La tibieza, como dijo que Nuestro Señor Jesucristo es uno de los peores pecados, ya sea por cobardía o indiferencia. Y por más que se induzca globalmente a la misma, no podemos excusarnos de esa forma porque sería caer en el conformismo de los pusilánimes. Para estar a tono con los tiempos aciagos y postreros de la Historia que nos tocan, debemos actuar magnánimante, debemos recuperar la virilidad, ir contra corriente del mundo, entender que el error no tiene derechos y la maldad no tiene excusas sino consecuencias a la que debemos enfrentar.


  Cuidemos de nuestras familias, defendamos nuestras patrias y nuestra fe, y prefiramos morir de pie y con la frente en alto, antes que vivir arrodillados, cuando no arrastrados, tratando de evitar sufrimientos o conseguir un poco de confort del sistema. Es el único camino para alcanzar la Gloria Eterna.



Augusto


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