San Juan Bautista

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domingo, 15 de junio de 2014

San Antonio de Padua y el Confesionario



  Antonio, el sacerdote pasaba largas horas en el confesionario. Allí se encontraba cara a cara con tristes y extraños problemas de todo tipo.

  A un penitente en particular, la pasó que, cuando se arrodilló a los pies de este joven sacerdote franciscano, fue incapaz de confesar sus pecados. El dolor que llenaba su corazón era tan grande que simplemente no podía hablar. Antonio leyó en su corazón y supo que estaba sinceramente arrepentido así que le dijo al hombre: "Vete a tu casa, escribe tus pecados en un pedazo de papel, y tráeme el papel". El hombre así lo hizo. Antonio le mandó leer la lista. Obediente, el penitente comenzó con el primero. Para su asombro, vio que, tan pronto como lo nombraba, el nombre de cada pecado desaparecía del papel. Y así continuó. Cuando el último pecado había sido confesado, el papel estaba perfectamente blanco.


 Fuente: http://www.stanthony.org/
Agradecemos a Moises Octavio por acercarnos el relato


Nacionalismo Católico San Juan Bautista

viernes, 13 de junio de 2014

La guerra, lucha dolorosa pero inevitable y sagrada - Salvador Borrego


  Mucho se ha hablado en contra de la guerra. Pero evidentemente no todo es negativo en ella. Es en la lucha donde se remueven las más profundas vetas de la personalidad de los pueblos; es en la lucha donde aflora lo mejor de sus valores y lo peor de sus defectos; es en el momento supremo del «ser o no ser» cuando se ve lo que en realidad contiene un pueblo y lo que guarda celosamente como tesoro no de todos los días.


  Más antiguo que el deseo de paz es el deseo de guerra. Paz es cesación de lucha; paz es el reverso de un estado exacerbado de actividad y combate por la existencia. La ausencia de lucha es la «paz», es decir, paz es falta de algo. Todo lo que vive, lucha.


  La guerra es una amplificación gigantesca del espíritu de los pueblos y de los hombres, en la que afloran vivencias ocultas. En ella no solamente hay el significado de un conflicto entre dos gobiernos o entre dos pueblos: hay también significados más profundos e invisibles; quizá por eso es una necesidad esporádica de los pueblos y de la humanidad misma. No simplemente por un capricho irreflexivo, sino por una necesidad potente y misteriosa, es por lo que grandes masas de hombres en la plenitud de su existencia salen al encuentro de la muerte.


  Por muchos motivos es lamentable que el deseo de guerra sea tan antiguo como el deseo de paz, pero esto es un hecho. A veces la paz es cesación de lucha, aunque no paz verdadera. No siempre la paz es esencialmente perfecta, y de ahí que se haya dicho que todo lo que vive, lucha.


  En muchas ocasiones la guerra ha sido una amplificación gigantesca de un conflicto o de un espíritu de lucha; a veces encierra significados profundos e invisibles que arrastran a grandes masas de hombres, pese a lo terrible que es la guerra. Todos los horrores y el dolor que ésta encierra no han sido suficientes para hacer nacer el Espíritu de una Auténtica Paz, que sería la Verdadera, la lograda por Dentro del Espíritu, no convenios o tratados siempre expuestos al fraude o a la traición.


  Paradójicamente, pese a sus cenizas de destrucción, la guerra es también creadora. No fueron sólo los reposados y sabios senadores los que forjaron el Imperio Romano, sino la espada de César y el empuje de sus legiones; no fueron sólo los siete sabios de Grecia los que hicieron de Grecia el corazón de una época y de una civilización, sino el arrojo espartano de sus guerreros.




  Los pueblos crecen y se hacen grandes y maduros al golpe de sus luchas a través de la historia. Y esa lucha es dolorosa, pero inevitable y sagrada; es la que va forjando el futuro por más que pacifistas de etiqueta y sabios de salón se empeñen en hacer un mundo sin guerras. En la naturaleza todo es lucha y el hombre no puede sustraerse de la vida superior de la cual es apenas trasunto y brizna.


  En el campo de batalla se descorre toda cortina de diplomacia; dejan de ser válidas las apariencias, la palabrería insidiosa y el doblez político y sólo queda en pie la profunda y auténtica voluntad de la lucha, el peso de la convicción, el valor del sacrificio para morir por lo que se proclama.
  

  Ahí sólo rige la entereza de marchar hasta el final; ahí se esfuma lo que era apariencia vocinglera y se libera de ropajes engañosos lo que era auténtica realidad. Por más que los intelectuales se empeñen abstractamente en afirmar lo contrario, la fuerza de las armas en guerra es un hecho solemne e incontrastable; siniestro, pero grandioso. Que los países desarmados hablen de pacifismo vestidos de frac y que ensalcen el derecho internacional, como el máximo coordinador entre los pueblos, es tan explicable como que el gusano menosprecie la rapacidad del águila y como que el haragán adule a los que puedan arrojarle algunas migajas. Pero todo pueblo con sanos instintos no rehúye jamás el sacrificio de la lucha suprema para asegurar sus derechos que ninguna ley internacional le garantiza. Así ha ocurrido en toda la historia de la humanidad.


  Para los pueblos jóvenes y fuertes la guerra siempre ha sido siniestra, pero honrosa; sombría y trágica hasta el extremo de la miseria y de la muerte, pero gloriosa hasta el sacrificio o el brillar de la victoria. En ella el hombre se encara ante la muerte no por el camino desfalleciente de la enfermedad, ni por el apacible sendero de la vejez, sino por la puerta luminosa de un ideal que trasciende los límites personales del individuo y de una generación y vive en los individuos y en las generaciones que aún están por llegar.


  A pesar de los pacifistas sinceros o hipócritas —y de los representantes de una época debilitada y en proceso de desintegración— seguirá imperando el relámpago de la espada como signo que escriba en el firmamento de los siglos la historia profunda y arcana de las culturas.


  Ojala no hubiera sido necesario que las cosas ocurrieran así, pero así fueron, tal vez por alguna razón trascendente que en el futuro pueda llegar a ser superada. Mientras esto ocurre, se ha visto que los pueblos crecen y se hacen grandes y maduros al golpe de sus luchas a través de la historia. En la naturaleza todo es lucha, y el hombre no ha podido sustraerse a este fenómeno. Su milenario anhelo de paz ha naufragado en la injusticia y en la paz falsa, que jamás puede ser definitiva porque carece de la esencia capaz de darle perdurabilidad.


  Y así hemos visto de tiempo en tiempo que esa paz aparente se rompe en un instante y reaparece la guerra, con una nueva ilusión de alcanzar la paz verdadera.


  Es innegable que "en la guerra muchos espíritus creen encontrar la fórmula suprema de enmendar injusticias, quizá porque en la lucha de vida o muerte sólo queda en pie la profunda y auténtica voluntad del sacrificio para morir por lo que se proclama. Este rasgo confiere a la guerra un aspecto grandioso, porque en ella muchos hombres se entregan a la lucha sacrificándose por las generaciones que aún están por llegar.


  Ese rasgo ha sido el relámpago de la espada que ha escrito en el firmamento de los siglos la historia del dolor de muchos pueblos en su camino —hasta ahora infructuoso— por alcanzar la paz verdadera, basada en la justicia.





SALVADOR BORREGO – “Derrota Mundial” Editorial Casa de Tharsis 2013 – Págs 145-147


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miércoles, 11 de junio de 2014

Motus in fine velocior – Por Roberto de Mattei


  El 11 de febrero de 2013 es una fecha que ya ha entrado en la historia. Aquel día, Benedicto XVI comunicó su decisión de renunciar al pontificado a una asamblea de cardenales atónitos. El anuncio fue recibido “como un rayo en un cielo sereno”, según las palabras dirigidas al Papa por el cardenal decano Angelo Sodano, y la imagen de un rayo que, ese mismo día, golpeó a la Basílica de San Pedro, se extendió por todo el mundo.

  La abdicación se produjo el 28 de febrero, pero antes Benedicto XVI anunció que quería permanecer en el Vaticano como Papa emérito, algo que nunca había sucedido antes y que era más sorprendente que la renuncia al pontificado. En el mes transcurrido entre el anuncio de la abdicación y el cónclave, abierto el 12 de marzo, fue preparada la elección del nuevo Pontífice para que apareciera ante el mundo como algo inesperado. Más que la identidad del elegido, el argentino Jorge Mario Bergolio, sorprendió el inédito nombre elegido por él, Francisco, como para querer representar algo único (unicum), e impresionó su primer discurso en cual, después de un coloquial “buonasera”, se presentó como “obispo de Roma”, un título que corresponde al Papa, pero sólo después del de Vicario de Cristo y sucesor de Pedro, que constituyen su presupuesto.

  La fotografía de los dos Papas que rezaban juntos el 23 de marzo en Castelgandolfo, ofreciendo la imagen de una inédita “diarquía” pontificia, aumentó la confusión de aquellos días. Pero era sólo el comienzo. Después, viene la entrevista en el vuelo de regreso de Río de Janeiro, el 28 de julio de 2013, con las palabras “¿quién soy yo para juzgar?” destinadas a ser utilizadas para justificar toda transgresión. Siguieron las entrevistas del Papa Francisco al director de la “Civiltà Cattolica” en septiembre y otra al fundador del diario “La Repubblica”, en octubre, que tuvieron un impacto en los medios de masas mayor que su primera encíclica Lumen fidei. Se dice que no eran actos de magisterio, pero todo lo que ha sucedido en la Iglesia a partir de ese momento se deriva, sobre todo, de esas entrevistas que tuvieron un carácter magisterial, de hecho, si no en cuestión de principios.

  El encuentro entre el cardenal Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Fe, y el cardenal arzobispo de Tegucigalpa, Oscar Rodríguez Maradiaga, coordinador de los consejeros de las reformas del Papa Francisco, ha llevado la confusión hasta el extremo. La doctrina tradicional, según Maradiaga, no es suficiente para ofrecer “respuestas para el mundo de hoy”. Va a ser mantenida, pero existen “desafíos pastorales” concretos de estos tiempos a los que no se puede responder “con el autoritarismo y el moralismo”, porque esto “no es la nueva evangelización”.

  A las declaraciones del cardenal Maradiaga siguieron los resultados de la encuesta sobre los desafíos de la pastoral familiar promovida por el Papa para el Sínodo de los Obispos de 5-19 de octubre. El SIR [*] (Servizio di Informazione Religiosa) ha publicado un resumen de las primeras respuestas que han llegado de Europa Central. Para los obispos belgas, suizos, luxemburgueses y alemanes, la fe católica es demasiado rígida y no corresponde a las exigencias de los fieles. La Iglesia debería aceptar la convivencia pre-matrimonial, reconocer el matrimonio homosexual y las uniones de hecho, admitir el control de la natalidad y la contraconcepción, bendecir las segundos nupcias de los divorciados y permitirles recibir los sacramentos. Si este es el camino que se quiere tomar, es el momento de decir que se trata de un camino que conduce al cisma y la herejía, porque se negaría la fe divina y natural, que en sus mandamientos no sólo afirma la indisolubilidad del matrimonio, sino que también prohíbe los actos sexuales fuera del matrimonio, y más aún si están en contra de la naturaleza. La Iglesia acoge a todos los que se arrepienten de sus propios errores y pecados y que se proponen salir de la situación de desorden moral en que se encuentran, pero de ninguna manera puede justificar la condición de pecador. De nada serviría afirmar que el cambio sólo afectaría la praxis pastoral y no a la doctrina. Si entre la doctrina y la práctica falta la correspondencia, esto quiere decir que es la praxis la que se hace doctrina, como, por otra parte, ya ha venido sucediendo, desgraciadamente, desde el Concilio Vaticano II en adelante.

  ¿Debe la Iglesia dar respuestas nuevas y “al ritmo de los tiempos “? Muy diferente se comportaron los grandes reformadores de la historia de la Iglesia, como San Pedro Damián y San Gregorio Magno que, en el siglo XI, hubieran debido legitimar la simonía y nicolaísmo de los sacerdotes, a fin de no hacer extraña a la Iglesia a la realidad de su tiempo, y, en cambio, denunciaron estas heridas con palabras de fuego, promoviendo la reforma de las costumbres y la restauración de la recta doctrina.

  Es el espíritu intransigente y sin concesiones de los santos el que hoy está dramáticamente ausente. Es urgente una acies ordinata, un ejército en orden de combate que, empuñando las armas del Evangelio, anuncie una palabra de vida al mundo moderno que muere, en lugar de abrazar su cadáver. Los jesuitas ofrecieron, entre el Concilio de Trento y la Revolución Francesa, este núcleo de combatientes a la Iglesia. Hoy sufren la decadencia de todas las órdenes religiosas y si, entre éstas, una se presenta rica en promesas, se suprime inexplicablemente. El caso de los Franciscanos de la Inmaculada, que estalló a partir de julio, ha sacado a la luz una contradicción evidente entre las continuas invitaciones del Papa Francisco a la misericordia, y el bastón entregado al comisario, Fidenzio Volpi, para aniquilar uno de los pocos institutos religiosos hoy florecientes.

  La paradoja no termina ahí. Nunca como en el primer año del pontificado de Francisco ha renunciado la Iglesia a uno de sus atributos divinos, el de la justicia, para presentarse ante el mundo como misericordiosa y bendecidora, pero nunca como en este año la Iglesia ha sido objeto de ataques violentos por parte del mundo hacia el que extiende su mano.

  El matrimonio homosexual, reivindicado por todas las grandes organizaciones internacionales y por la casi totalidad de los gobiernos occidentales, contradice frontalmente, no sólo la fe de la Iglesia, sino la misma ley natural y divina, que está escrita en el corazón de cada hombre. Las grandes movilizaciones de masas que tuvieron lugar sobre todo en Francia con el Manif pour tous ¿Qué son sino la reacción de la conciencia de un pueblo ante una legislación que es a la vez injusta y contra la naturaleza? Pero los grupos de presión inmorales no están satisfechos con esto. Lo que les importa no es la afirmación de los supuestos derechos de los homosexuales, tanto como la negación de los derechos humanos de los cristianos. Christianos esse non licet: el grito blasfemo que fue de Nerón y de Voltaire, resuena en el mundo de hoy, mientras que Jorge Mario Bergoglio es elegido por las revistas mundanas como hombre del año.

  Los acontecimientos se suceden con mayor rapidez. La sentencia latina motus in fine velocior se utiliza comúnmente para indicar el paso más rápido del tiempo al final de un período histórico. La multiplicación de los eventos acorta, de hecho, el transcurso del tiempo, que en sí mismo no existe fuera de las cosas que fluyen. El tiempo, dice Aristóteles, es la medida del movimiento (Física, IV, 219b). Pero precisamente lo definimos como la duración de las cosas mutables. Dios es eterno, precisamente porque Él es inmutable: cada momento tiene su causa en Él, pero nada en Él cambia. Cuanto más se aleja de Dios, más crece el caos, producido por el cambio.

  El 11 de febrero marcó el comienzo de una aceleración del tiempo que es la consecuencia de un movimiento que se está haciendo vertiginoso. Estamos viviendo un momento histórico que no es necesariamente el final de los tiempos, pero es ciertamente el ocaso de una civilización y el final de una época en la vida de la Iglesia. Si al cerrarse esta época, el clero y los laicos católicos no toman su responsabilidad muy en serio, se realizará inevitablemente el destino que la vidente de Fátima vio ante sus propios ojos:

“Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: ‘algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él’. A un Obispo vestido de Blanco: ‘hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre’. También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios”.

  La visión dramática de 13 de mayo debería ser más que suficiente para movernos a meditar, orar y actuar. La ciudad está ya en ruinas, y los soldados enemigos están a las puertas. El que ama a la Iglesia que la defienda, para acelerar el triunfo del Inmaculado Corazón de María.

[*] Agencia de noticias de la Conferencia Episcopal Italiana


Original en Corrispondenza Romana traducido por Tradición Digital.




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lunes, 9 de junio de 2014

El gallo ha vuelto a cantar tres veces - (Cougar Puma)



Jardines vaticanos, Pentecostés, sábado 8 de junio de 2014, 19.00h:

Unido al Papa Francisco, que tanto ha deseado este momento, el Patriarca Bartholomaios I de Constantinopla y todos los presentes, los Presidentes Shimon Peres y Mahmoud Abbas se van a unir a esta invitación, proclamando el deseo de sus respectivos pueblos de invocar a DIOS el anhelo común de paz.

1) Jesucristo puso a Pedro como Cabeza de la Iglesia para confirmar en sus errores a los herejes que la desgarran y a los infieles que la rechazan.

El encuentro de esta tarde se dividirá en tres partes, seguidas de una conclusión. Cada parte se dedicará a una invocación por parte de cada una de las tres comunidades religiosas, en orden cronológico: judaismo, cristianismo e islam. Cada parte se desarrollará en tres momentos. El primer momento consistirá en la alabanza de DIOS por el don de la creación y por habernos creado como parte de la familia humana.

2) La Santísima Trinidad desea ser invocada y alabada junto a Shekinah, Allah y otra "trinidad" distinta en la que el "espiritu santo" no procede del "hijo".

En el segundo momento, pediremos perdón a DIOS por las veces que hemos sido incapaces de actuar como hermanos y hermanas, y por nuestros pecados contra ÉL y contra nuestros hermanos y hermanas. En el tercer momento, le pediremos a DIOS que otorgue el don de la paz a Tierra Santa y que nos convierta en constructores de la paz.

3) Jesucristo, Shekinah, Allah y El-jesus-de-quien-no-procede-el-espiritu-santo son idempotentes: Todos ellos pueden otorgar dones y perdonar los pecados de sus respectivos fieles.

El gallo ha vuelto a cantar tres veces. Pero, esta vez, Pedro no se arrepiente. Quiere que le imitemos.





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sábado, 7 de junio de 2014

La Realeza de Cristo y su referencia como autoridad – Por Mons. Gustavo Podestá


  ¿Cuál será la figura de rey que debemos adorar en Cristo?

  Ninguna concreción terrena de la realeza nos servirá adecuadamente para dar la noción exacta de la reyecía de Jesús. Como ningún concepto humano podrá nunca expresar las realidades pertenecientes al ámbito de la divinidad. “Mi reino no es de este mundo”, dijo Cristo frente a Pilatos. No proviene de este mundo; no es como los de este mundo; no tiene su origen en este mundo.

  Pero, aún así, ciertos rasgos de la concepción católica del gobierno de los hombres y de la autoridad podrían servirnos para delinear la figura de Cristo Rey.

  La autoridad bien entendida. No la autoridad despótica, la que gobierna según su propio arbitrio o, peor, según el arbitrio de la masas. No la autoridad que trata a sus súbditos como siervos –siervos de su látigo o de sus gendarmes, siervos de sus propagandas o de sus panes y circo-. No la autoridad demagógica o politiquera. No la que, para congraciarse con sus electores, da rienda suelta a cualquier libertinaje o no sabe mantener con energía una línea de conducta. No la autoridad que, para sostener una falsa paz o no enfrentar problemas, abdica de su honor innoblemente y, para llenar los estómagos, vacía los corazones y hace bajar las frentes.

  Sino la autoridad entendida como en los tiempos de Carlomagno y San Luis Rey, San Fernando y San Wenceslao, San Enrique Emperador e Isabel la Católica. Autoridad subordinada a la de Dios, autoridad que es servicio, autoridad que es ejemplo, autoridad que es justicia, autoridad que es prenda de paz y de equidad.

  Sublime servicio el de la autoridad así entendida: guiarnos paternalmente por las buenas – también por las malas cuando es necesario- hacia el bien común. Buscando el bien de todos y el bien de cada uno. No solo el bienestar material –que ningún gobernante en serio puede reducirse a empresario de economía- sino el bien moral y espiritual de los suyos.

  Y es por eso que legisla no caprichosamente, sino según la ley del buen Dios. Por eso manda y ordena, de modo que ningún egoísmo privado perjudique el bien de todos ni la dirección única del destino de la Nación. Para eso juzga y castiga, así la maldad de los hombres no se desboque como las células del cáncer y corrompa la armonía social. Para eso educa y guía, señala y corrige, compele y defiende, suple cuando es necesario la debilidad o impotencia de los miembros.

  Porque ninguna autoridad tiene otra función que la de aunar, según Dios, las partes dispersas de la sociedad para que, organizadamente, el bien del uno repercuta en el bien de los demás y todos unidos creemos las condiciones necesarias para que cada uno se realice como hombre y se encamine finalmente, de la mejor manera posible, a sus destinos eternos.

  Así procediendo, los que ejercen la autoridad cumplen uno de los servicios más grandes que pueda ningún hombre prestar a sus hermanos. Servicio exigido naturalmente para la recta marcha de cualquier sociedad y, por eso mismo, querido y exigido por Dios.

  Es en ese sentido que la Iglesia ha defendido siempre que la autoridad viene Dios. El servicio de la autoridad no depende de la voluntad de los hombres. No son los gobernados los que delegan su autoridad en los gobiernos -como afirma el disparate roussoniano legalizado por la Revolución Francesa-, cuanto mucho ‘designan' a aquel o aquellos que detentarán la autoridad. Pero la autoridad en si misma proviene del mismo Dios y no se legaliza por su origen democrático o no, sino por su recto ejercicio.

  Autoridad, por tanto, subordinada a la autoridad suprema del Creador de la sociedad y que debe ejercerse en dependencia del supremo legislador.

  Que la autoridad provenga de Dios no quiere ni quiso nunca decir que fuera por eso capaz de hacer y mandar lo que quisiera, sino, muy por el contario, que debía ser utilizada según los dictados de Dios y en respeto a su Ley. Ningún tirano, ninguna mayoría, ningún voto unánime, tienen derecho para legislar en contra de la ley de Dios. Suprema ley; divina ley; ley no arbitraria; ley promulgada para nuestro bien por el más sabio y bueno de los legisladores. ¿Cómo no va a ser el seguirla la única garantía de auténtica paz y felicidad de los pueblos?

  De allí que la prosperidad y paz de las naciones no se logrará jamás en las componendas de los políticos ni en el vaniloquio de los congresos y cámaras de diputados, ni en los tratados diplomáticos, ni en los hipócritas corredores de la ONU. La única posibilidad de auténtica paz –paz humana, no la paz del campo de concentración, la de los esclavos, no la del imbécil que ha reducido su horizonte al alcance de sus instintos y de la televisión, no la del equilibrio de las armas; sino de la verdadera y auténtica paz- solo ha de encontrarse en el reinado de Cristo, en la aceptación de su Ley, en el respeto a sus mandamientos.

  Seamos nosotros, católicos bien conscientes de ello, en momentos en que nuestro destino se cocina con los artilugios de la politiquería en las antesalas de mitos trasnochados. Ninguna solución política transitará los caminos de la plena realización nacional fuera del reconocimiento absoluto y total de la doctrina de la Iglesia y de la realeza social de Cristo.

  A sostener este nuestro único Caudillo, nos llama hoy la Iglesia, a nuestra conciencia de cristianos y de argentinos.

Mons- Gustavo Podestá 26/11/1972



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jueves, 5 de junio de 2014

La Pulsera del Pescador – Por Fray Gerundio


  El Anulum Piscatoris (Anillo del Pescador), que en otro tiempo fue típicamente ilustrativo-definitorio del Vicario de Cristo, el sello de su Autoridad y de su Reinado, ha desaparecido del mapa, y solamente se encuentra en su dedo correspondiente en ocasiones muy especiales. Parece ser que se quiere transmitir la idea de que en esta evaporación se incluye también todo lo que el susodicho anillo representa, especialmente el Primado de Pedro.


  Es sabido que todos los sucesores de San Pedro en la Sede de Roma y por tanto en el Sumo Pontificado de toda la Cristiandad, han ostentado siempre esta Primacía, dada directamente por Cristo a Pedro y sus sucesores. Ahora quieren hacer una cuchipanda episcopal entre todos los aspirantes que desde siglos andan cabreadetes con el tema, una especie de club de los Cinco como si fuera todo lo mismo. Y desde luego, Francisco está encantado con ello. Ya se viene buscando desde hace años -aunque de una forma menos descarada-, lo que Juan Pablo II y Benedicto XVI llamaron una nueva forma de entender el Primado, y que Francisco acaba de corroborar: lo que dicho en cristiano quiere decir una nueva forma de cargase lo que ha constituido desde siempre la Supremacía del Obispo de Roma, y que tanta sangre ha costado a la Iglesia, amén de un Cisma monumental. Eran otros tiempos, dicen ellos.

  Hoy día, con una Iglesia que se emboba con la democracia, que abomina de lo jerárquico y que se avergüenza de su propia Autoridad, el Primado de Pedro no deja de ser un contrasentido. Por eso los exegetas se han cuidado mucho de decir que el texto en que Jesús entrega a San Pedro el poder de atar y desatar, es tardío, insulso, falso, inventado y molesto. Ya saben ustedes la tendencia de los exegetas modernos a eliminar lo que no interesa y llegar a las mismas palabras de Cristo que no son otras que las aceptadas por los gurús de la Teología. Que me gustan, pues estupendo: son auténticas. Que no me gustan, pues entonces son añadidos de copistas carcas medievales.

  El caso es que el dichoso anillo aparece y desaparece como si fuera por arte de magia. Nada por aquí, nada por allí. Ahora sí, ahora no. Soy el Obispo de Roma, soy el Sumo Pontífice. Mando, pero no mando. El ecumenista que ecumenice, buen ecumenizador será. Como la Cruz Pectoral que se desliza suavemente para esconderse en el fajín cuando los judíos están delante. ¡¡Qué cosas!!

  El mensaje viene a completar tantas otras costumbres y ritos que van desapareciendo porque son signo de riqueza, de poder, de principado temporal y de molestia tradicionalista. Desapareció en el primer minuto la muceta, el estolón papal, desaparecieron los famosos zapatos rojos, las casullas elegantes, desapareció la riqueza litúrgica, las recepciones con estilo. Y como una cosa que desaparece debe ser sustituida por otra, aparecieron los zapatos vulgares, las casullas cutres, los cálices lampedusa, la sotana blanca transparentando pantalones negros…. ¡¡¡Uf!!!… y por supuesto la cartera de mano modelo viaje pontificio, con ribetes bien sobados para dar muestras de pobreza.


  Pero lo que no me podría sospechar es que apareciera la pulsera modelo color-gay, tipo adolescente rebelde y con ligeros toques new-age . Ya se sabe que estas pulseritas son una monada y que se encuentran por doquier. Las hay también que llevan añadidos ciertos aditamentos de brujería medicinal que quitan el reúma o que disminuyen la artrosis espiritual. Todo muy mono y revelador de lo que tenemos y padecemos.


  Por eso propongo que se la llame la pulsera del pescador, para que de ese modo se pueda recuperar algo de las antiguas tradiciones. Seguro que pronto descubrirán algunos, que San Pedro llevaba algún brazalete o esclava que le diera suerte en sus viajes y que le había regalado su suegra después de la curación de las fiebres.

  Hay dos intervenciones papales recientes que ilustran la situación muy bien.

  Ante la Renovación Carismática, Francisco dice con soltura que no hay que enjaular al Espíritu Santo (expresión casi de chiste de barrio bajo), se supone que porque el Espíritu es libre y todos cabemos en la Iglesia. Ya se dijo en otra ocasión que en la Iglesia cada carisma representa una acción del Espíritu. Claro que no se aplica esto a ciertos carismas que no acaban de gustar. A esos se les conmina a ponerse al día y abandonar sus costumbres preconciliares o si no, ¡puerta! Ya lo han hecho con los Franciscanos de la Inmaculada los dos mafiosos (con perdón) que están dirigiendo la Congregación correspondiente. Y vienen más por ahí cerca.

  San Pablo (que era mucho más fino y además escribía por inspiración), llegó a decir: No extingais el Espíritu. Pero aquí se extingue al Espíritu que no es el que nos gusta, y se enjaula a los Franciscanos de la Inmaculada. O a quien se ponga por delante.

  Así que Francisco tuvo que aclarar que la definición de piedad, no es un mero tener lástima de alguien, sino amar de verdad al prójimo. Pues por lo visto, no se tiene lástima de nadie siempre que sea amante de la tradición o sospechosos de herejía preconciliar (que hoy es la verdadera herejía). Y tampoco se le concede la más mínima dosis de misericordia.

  Me temo que esto va en aumento. Y la pulsera del pescador, tiene más poder del que parece. Una pulsera para dominarlos a todos, como en el relato de Tolkien.






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miércoles, 4 de junio de 2014

Respuesta a la subversión marxista.– P. Alberto Ezcurra


  Cuando se corta la maleza en vez de desarraigarla, ésta vuelve a crecer en breve tiempo. Lo mismo sucede cuando se desarticula el aparato militar subversivo sin atacar las fuentes económicas o culturales que lo alimentan. Mueren los que tuvieron el coraje de empuñar las armas. Entre ellos había locos, aventureros o criminales, pero también jóvenes que canalizaron por caminos equivocados, hacia metas utópicas, su capacidad de lucha, de coraje, de asco y de sacrificio. Quedan en cambio a salvo los responsables principales, instigadores, mandantes y consejeros: el profesor universitario, el ensayista, el periodista fabricante de la “opinión”, el sacerdote tercermundista, la religiosa “concientizadora”, el político democrático… Ellos sabrán capear el temporal y preparar las tropas para el relevo.

  La subversión puede ser derrotada en el campo de combate, y triunfar políticamente. Implacable cuando triunfa, cuando se ve acorralada cambia de táctica y se moviliza para debilitar la presión de las fuerzas represivas. El jefe del F.L.N. argelino escribía en 1957: “Dado que el ejército hace suya la acción de la policía, no tenemos la misma protección legal que necesitamos para movernos. De manera que ruego a todos nuestros amigos que realicen toda la campaña que sea necesaria a fin de que la legalidad sea restablecida. En caso contrario estaremos perdidos

  La legalidad se transforma así en un arma de combate. De allí nacen las campañas por los “derechos humanos”, la libertad de los presos “políticos”, la amnistía, la supresión de las leyes de excepción, en cuyo favor se moviliza la opinión pública y la presión de los organismos internacionales. Objetivo último: la “institucionalización”, el “retorno a la normalidad”, las elecciones, es decir: el abandono del poder a los cómplices, a los imbéciles, a los “kerenskys”…

  La mentalidad burguesa y la miopía liberal tienden a identificar la subversión exclusivamente con manifestaciones violentas. Cuando se deciden a enfrentarla lo hacen en un combate estéril, que pretende eliminar los efectos sin tener en cuenta las causas que los provocan. Consideran la paz como ausencia de guerra y califican de subversivo a todo aquello que pueda alterar el “orden establecido”. Pero la paz es, en su definición clásica, la “tranquilidad del orden”, y no del orden aparente, sino el que se funda en la Verdad y la Justicia. La subversión no es la alteración más o menos violenta del “orden establecido”, sino del orden natural, y del orden querido por Dios en la Sociedad, lo que aparta a ésta de su finalidad, el Bien Común, entendido como el conjunto de condiciones que permiten al hombre realizar su destino natural y sobrenatural. Así las cosas, el “orden establecido” puede ser subversivo, falso, injusto, tiránico, y el Bien Común exigir su ruptura y la lucha (incluso armada) para la restauración del Orden verdadero.

  Hay quienes afirman que al marxismo no se lo combate con las armas, sino con la “justicia social”. Esto es sólo parcialmente verdadero, y cuando se reduce dicha justicia al terreno económico, nos encontramos frente a una especie de marxismo ingenuo e invertido…

  Pero los militantes de la subversión no surgen por lo general de los ambientes económicamente “sumergidos”, ni el marxismo es primordialmente una doctrina económica o un programa político. El marxismo es una cosmovisión total, es una religión invertida, que viene a dar una respuesta falsa pero coherente a los interrogantes fundamentales acerca del sentido de la vida. El marxismo no es un problema de estómagos vacíos, sino de cerebros y almas vacías. Por ello encuentra en los ambientes universitarios e intelectuales un eco que está lejos de provocar entre los obreros y “proletarios”. Por ello también nuestro “Occidente cristiano”, en proceso de apostasía y disgregación, donde reinan el materialismo práctico y el indiferentismo liberal, ciega para la fe, carente de doctrina y de verdad, resulta para el marxismo terreno fácil y fértil de conquista. Como lo señala Jean Ousset “el marxismo es el único sistema coherente de la incoherencia”, es un punto lógico de llegada en el camino de la Revolución Anticristiana, es la civilización moderna que toma conciencia de su propia realidad.

  Como en las postrimerías del Imperio Romano, nos encontramos al fin de un ciclo terminal y decadente. Por fuera la invasión de los bárbaros, por dentro la corrupción  la disgregación espiritual. Pero éstos son los “signos de los tiempos” que nos señalan la misión concreta que Dios exige de nosotros, y ésta no es la de encerrarnos en nostalgias estériles, o convertirnos en guardianes sin esperanza de ruinas ilustres, tropas auxiliares de un “orden” que ha dejado de ser cristiano. Es la de construir otro orden, fundado en los principios que tienen la perennidad y la frescura de la eterna verdad. Pues “si remedio ha de tener el mal que ahora padece la sociedad humana, este remedio no puede ser otro que la restauración de la vida e instituciones cristianas” y “cuando las sociedades se desmoronan, exige la rectitud que si se quieren restaurar, vuelvan a los principios que les dieron el ser” (León XIII, Rerum Novarum)

  La magnitud de esta tarea está indicada en la célebre frase de Pio XII: “es todo un mundo el que hay que rehacer desde sus cimientos; hay que transformarlo de salvaje en humano y de humano en divino, es decir, conforme al corazón de Dios”.

  Pero estaríamos derrotados de entrada si aceptamos el mito marxista del determinismo histórico, vulgarizado en expresiones que han llegado a ser hoy moneda corriente: “el proceso irreversible”, “la marcha inexorable al socialismo del mundo o de la historia”, etc. Estas frases pertenecen al acervo de la guerra psicológica, y su eficacia es tremenda para derrotar anímicamente a un adversario que, al aceptarlas, se considera vencido de antemano. La historia no es un cauce ciego, no existe en ella nada que sea en verdad “inexorable”. Las revoluciones son el producto de minorías llenas de fe y de audacia, y pueden ser trastocadas por la voluntad férrea de otras minorías, capaces en un primer momento de resistir a la corriente, para remontarla luego…


P. Alberto Ezcurra


Visto en: “Freire y Marcuse: Los teóricos de la subversión” A.Caturelli – E. Diaz Araujo. Ed. Mikael 1977.


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domingo, 1 de junio de 2014

¿Vendrá un Antipapa? (1967) - Por Alberto Ezcurra Medrano


  Dice San Pablo: “Entre tanto, hermanos, os suplicamos por el advenimiento de Nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión al mismo, que no abandonéis ligeramente vuestros sentimientos, ni os dejéis alarmar por algún espíritu, ni por cierta palabra, ni por cartas que se supongan enviadas por nosotros, como si el día del Señor estuviera muy cercano. No os dejéis seducir de nadie en ninguna manera; porque no vendrá sin que primero haya acontecido la apostasía, y aparecido el hombre del pecado, el hijo de la perdición, el cual se opondrá y se alzará contra todo lo que se dice Dios o se adora; hasta llegar a poner su asiento en el templo de Dios, mostrándose como si fuese Dios. ¿No os acordáis que cuando estaba todavía entre vosotros os decía estas cosas? Ya sabéis vosotros lo que ahora lo detiene, hasta que sea manifestado en su tiempo. El hecho es que ya está obrando el misterio de iniquidad. Entre tanto, ¡el que lo detiene ahora deténgalo hasta que sea quitado de en medio. Entonces se dejará ver aquel perverso, a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca, y destruirá el resplandor de su venida.” (Tesal. II, 1-8)

  ¿Qué es “lo que detiene”, el “obstáculo”, el katejón, que impide la manifestación del Anticristo? San Agustín y los antiguos padres vieron en él al Imperio Romano. “Esa creencia – dice Straubinger – quedó desvirtuada por la experiencia histórica y no parece posible mantenerla”. Se la mantiene, a pesar de todo. Se cree ver en ella, ya que no el imperio Romano, el “orden romano”. Pero lo cierto es que a partir de la Revolución Francesa, llevamos ya casi dos siglos de desorden y aún no se ha manifestado el Anticristo.

  A nuestro juicio, el katejón no es el Imperio Romano sino el Imperio Espiritual de Roma, el Pontificado Romano. No significa esto que haya de desaparecer. Pero puede sobrevenir un cisma, un antipapa poderoso que arrastre a una gran parte de la jerarquía y de los fieles, en una palabra la apostasía anunciada por San Pablo, mientras el verdadero Papa sólo gobierna a una minoría de “elegidos”.

  En los siglos XIVy XV el Pontificado sufrió una grave crisis. Destierro en Avignon, Cisma de Occidente. Pareció que iba a ser “quitado de en medio”. San Vicente Ferrer anunció el fin de los tiempos y probó la verdad de su anuncio resucitando un muerto. ¿Se equivocó? No, Santa Catalina de Siena y una pléyade de grande santos impidieron entonces. Pero ese hecho, nos demuestra, hasta qué punto el advenimiento del Anticristo y el fin de los tiempos parece estar ligado a la suerte del Pontificado Romano.

  La posibilidad de un cisma e inclusive de un antipapa en los últimos tiempos tiene un firme respaldo en el Apocalípsis. “Entonces se me dio una cala a manera de una vara y díjoseme: Levántate y mide el templo, y el altar, y los que adoran en él. Pero el atrio exterior del templo, déjalo fuera, y no lo midas, por cuanto está dado a los gentiles, lo cuales han de hollar la ciudad santa cuarenta y dos meses” (Ap. XL, 1-2). Este texto significa – según el P.Castellani en su obra “El Apokalypsis” – “la reducción de la iglesia fiel a un pequeño grupo perseverante y la vasta adulteración de la verdad religiosa en todos los restantes; y en esto están unánimes todos los Santos Padres”. Lo mismo puede verse en la Bestia de la Tierra: “Vi después que otra bestia que salía de la tierra, y que tenía dos cuernos, semejantes a los del cordero, más su lenguaje era como el del dragón” (Ap. XIII; 11). Para Castellani, “la fiera de la tierra es una religión falsa (falsificada) o una herejía máxima, con su jefe y conductor: quizás un obispo apóstata que es también un mago (Solovief)”. En otro lugar de su obra admite que este obispo apóstata puede ser “incluso un antipapa”. Eyzaguirre, en su “Interpretación literal del Apocalipsos”, si bien identifica a la Bestia de la Tierra con la Masonería, llega a sospechar que un antipapa pueda ser el jefe supremo de la secta (Gentilini, “El Anticristo” pág. 104).

  En varias profecías privadas abundan referencias o indicios respecto de este presunto antipapa…


  Tiempos difíciles parecen aproximarse para la Iglesia. No queremos señalar nombres ni tendencias que por desgracia hacen verosímil en nuestros tiempos el cumplimiento de esas profecías, y que por otra parte son demasiado evidentes.

  Nada deseamos más que equivocarnos y que todo esto sea sólo una terrible pesadilla. Y rogamos a Dios y a la Santísima Virgen, que tan directamente está interviniendo en estos últimos tiempos en los acontecimientos humanos con sus apariciones, milagros y mensajes, quieran impedir, o al menos atenuar, los grandes peligros que parecen cernirse sobre la Santa Iglesia.



ALBERTO EZCURRA MEDRANO – Revista Jauja N° 2. 2 de Febrero de 1967


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viernes, 30 de mayo de 2014

El Verdadero Tercer Secreto de Fátima - Por Alberto Villasana


  El título de este artículo puede causar asombro, ya que la mayoría conoce y da por auténtica la versión oficial, publicada por el Cardenal Angelo Sodano en junio del año 2000, en la que supuestamente se dio a conocer la revelación hecha por la Santísima Virgen María a los tres pastorcitos de Fátima, Portugal, en 1917. También se acepta que la "Hermana Lucía" validó ese texto al año siguiente y falleció en 2005.

  Sin embargo, existen suficientes pruebas de que la verdadera Hermana Lucía murió realmente el 31 de Mayo de 1949, fiesta de María Reina, y de que la fallecida en 2005 fue en realidad una impostora. También hay certeza de que existe una parte del Tercer Secreto que aún no se ha querido publicar oficialmente, si bien se ha dado a conocer ya de forma extraoficial y ofrecemos aquí una reflexión respecto a ella.

  Lucía Dos Santos ingresó al Carmelo de Santa Teresa de Coimbra en 1948, treinta y un años después de las apariciones de la Santísima Virgen en Fátima, teniendo 41 años de edad. Anteriormente, había sido religiosa de las Hermanas Doroteas, en Pontevedra, España, en donde ingresó en 1925, a los 15 años de edad, y profesó en octubre de 1928.

  Desde que estuvo con las Hermanas Doroteas tenía una salud muy precaria, motivo por el que, en 1944, Mons. Da Silva le ordenó escribir el Tercer Secreto de Fátima, temiendo que con su muerte se perdieran las revelaciones de Nuestra Señora.

  Después de ingresar al Carmelo de Porto, en Portugal, la salud de la Hermana Lucía continuó agravándose, y murió el 31 de mayo de 1949, al año y dos meses de haber ingresado.

  Cuando, 65 años después, murió la impostora "Lucía", el 13 de febrero de 2005, en el listado oficial de monjas fallecidas de los Carmelitas Descalzos pusieron a la Hermana "Lucía Dos Santos" en la casilla 265. Pero, por más de un año, apareció allí la fecha real de su fallecimiento, 31 de mayo de 1949, sin que nadie se diera cuenta. Hoy día aparece ya corregido (ver "Moniales Defunctae" de la Orden: (http://www.ocd.pcn.net/defunti/n_def9.htm).

  Con todo, nótese que aún hoy aparece como fecha de su profesión el 3 de octubre de 1928, lo cual simplemente no pudo haber ocurrido, ya que Lucía entró a la Orden Carmelita hasta 1948.

  ¿Porqué el obituario no reproduce el 31 de mayo de 1949 como la fecha de su profesión, como por mucho tiempo se manejó en las biografías oficiales? Por varias razones: la primera, porque la Regla carmelita establece que la profesión se hace hasta después de dos años de noviciado, mismos que Lucía no había cumplido y, la segunda, porque ese fue el día en que ella murió.

  El error, que por más de un año se mantuvo en el sitio de la Orden, llevó a que un lector preguntara ese extraño dato a los editores de Tradition in Action: (Ver tercera conversación titulada "Death Notice in Carmel Archives":


Traducción al español:

Pregunta:

  "No estoy a favor de las teorías de conspiración, pero a las bizarras fotos de la Hna. Lucía a las que se refiere Ms. Hovart añádase otro asunto bizarro: al mirar al sitio web de los Hermanos Carmelitas y ver los obituarios de monjas de 2005, dice que Sor Lucía murió el 31 de mayo de 1949. Esta lista ha estado allí por al menos un año sin que nadie la corrija, quizá ustedes me puedan explicar el porqué. Nuevamente: no creo en las teorías de la conspiración, pero las fotos son raras y esta fecha de fallecimiento me parece muy extraña. Solo quería hacer notar eso".

Respuesta de los Editores:

  "El cuadro 265 enlista correctamente la fecha de nacimiento y de profesión: nació el 22 de marzo de 1907 en Fátima, e hizo sus primeros votos como Hermana Dorotea el 3 de octubre de 1928. Pero es difícil entender por qué el sitio oficial de documentos puso como la fecha de su fallecimiento el 31 de mayo de 1949. Tal vez porque ella realmente murió en aquella fecha, y otra persona, que falleció en 2005, haya tomado su lugar".

  Tan es cierta esa posterior corrección, que en el documento digitalizado aparece aún, en las fuentes originales, la fecha del 31 de mayo de 1949, como se puede observar en la parte baja derecha:

 
  Por otro lado, las clamorosas discrepancias entre la verdadera Lucía y la impostora "Lucía" son la que documentan sin lugar a dudas que se trata de dos personas totalmente distintas. Las diferencias existen al menos en tres elementos: faciales, de caligrafía, y contenido del mensaje.


 En las fotos de la verdadera Lucía I y la impostora "Lucía" II se destacan:
   
Diversa forma de ojos:


Diversa forma de nariz, labios y mentón:



Diversa dentadura, boca, pómulos y mentón:


Verdadera Lucía de joven       Impostora "Lucía" de joven


  La caligrafía también es distinta, como lo revela el estudio elaborado por el Speckin Forensic Laboratories, empresa internacional especializada en falsificación de documentos. Las dos Lucías escriben distinto la "h", la "N" mayúscula, el saludo personal, la "g" minúscula, y las "S, s" mayúscula y minúscula:


  Por último cabe señalar que después de la segunda aparición, la Virgen María le había revelado a Lucía que sus primos, Francisco y Jacinta, morirían en breve, y que ella, Lucía, moriría "algún tiempo" después. Ese "algún tiempo" choca con la edad de 98 años que supuestamente tendría al morir en 2005: "Sim; a Jacinta e o Francisco levo-os en breve. Mas tu ficas cá mais algum tempo".

  Además, hay una prueba concluyente de que estamos ente una falsa "Lucía", y es que ésta apoyó la versión fraudulenta del 3er Secreto de Fátima operada por el Cardenal Sodano en el año 2000. Si se tratara de la auténtica Hermana Lucía no lo hubiera hecho, siendo ella la protagonista y principal conocedora del verdadero Secreto.

  Pero ¿quién creó a la falsa Hermana "Lucía" y por qué?

  Ante todo, es preciso exonerar al Papa Pio XII de este fraude. Él fue un gran creyente de las apariciones en Fátima, al punto que obedeció el mandato de la Virgen y consagró Rusia al Inmaculado Corazón de María el 7 de julio de 1952, si bien no obedeció en hacerlo con los obispos de todo el mundo.

  No. Todos los indicios conducen a un personaje de alto nivel en El Vaticano, con gran poder para influir en los superiores del Carmelo pero a espaldas del Papa, y por motivos de una agenda política personal.

  De haberse difundido el hecho de la muerte de la Hermana Lucía en 1949, los católicos de todo el mundo habrían reclamado la publicación del Tercer Secreto, ya que la Virgen había pedido que éste se diera a conocer a la muerte de la Hermana Lucía, o en 1960, lo que sucediera primero. Igualmente, la feligresía habría pedido la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, cosa que Pio XII no había hecho aún.

  ¿A quién en Roma le interesaba impedir ambas cosas, que se publicara el Secreto y se consagrara a Rusia? Principalmente a un personaje, al Sostituto de la Secretaría de Estado, Mons. Giovanni Battista Montini.

  En su libro "Undermining the Catholic Church", Mary Ball detalla que en 1944 tuvo lugar una reunión de alto nivel entre Montini y Palmiro Togliatti, líder del Partido Comunista Italiano que había vuelto de su exilio de 18 años en la Unión Soviética. En esa reunión, documenta, se pactó un acuerdo entre Democracia Cristiana, los socialistas y los comunistas, para obtener el control total de Italia en cualquier gobierno de la post-guerra, y también se esbozaron las condiciones para un acuerdo de acercamiento entre la Iglesia Católica y la Unión Soviética. Esa reunión, subraya Ball, se hizo sin el conocimiento de Pío XII, puesto que Montini se encargo hábilmente de ocultarle el asunto. En el libro "¿La Iglesia eclipsada?" se menciona que Montini y Togliatti eran amigos desde la infancia. Y afirma que no fue esa la única traición y engaño de Montini a Pío XII.

  Andreas Böhmler explica que la gota que colmó el vaso, y evidencia que se agotó la paciencia del Papa Pío XII, fue un desagradable incidente ocurrido en 1954, en el que se vio salir de El Vaticano a un hombre esposado que fue subido a un coche. Este hombre, despojado de su sotana por orden del Papa, no era otro que Mons. Alighiero Tondi, jesuita, secretario particular de Montini. Según trascendió, el secretario de Montini tenía acceso al Archivo Secreto Vaticano, y de allí obtenía los nombres de los sacerdotes que eran enviados detrás de la Cortina de Hierro. De ello le informaba a Togliatti, quien a su vez se lo transmitía a sus camaradas rusos quienes se encargaban de martirizar y asesinar a esos sacerdotes. En cuanto Pío XII tuvo conocimiento de estos gravísimos hechos, expulsó a Mons. Alighiero Tondi y lo sometió a juicio, en el que confesó ser agente de la KGB formado en Moscú e infiltrado en la Iglesia. Pio XII se quitó de encima a Montini enviándolo a Milán como Arzobispo, pero siempre le negó el birrete cardenalicio impidiendo así, al menos temporalmente, que pudiera ser considerado "papabile". Este gravísimo caso hizo enfermar a Pío XII.

  No solo al pro-comunista Montini, sino a varios modernistas y ecumenistas espantaba la posible publicación del Secreto a la muerte de la Hermana Lucía en 1949. El Hno. Michel de la Trinité en el Cap. VIII del Tomo III de su Corpus sobre Fátima, después citado por el P. Paul Kramer, dice que, además de Montini, existían otros opositores a la revelación del Secreto, entre los que destacaba el jesuita Edouard Dhanis:

  "El obstáculo estaba en Roma, y solamente en Roma. Era el clan de los partidarios de Dhanis, o más bien, el clan anti-Fátima, del cual Dhanis meramente había sido su portavoz. Monseñor Montini había sido trasladado, pero estaba su mano derecha, Monseñor Dell'Acqua, el nuevo sustituto de la Secretaría de Estado. El Padre Bea, confesor del Papa, aún estaba allí -él ya estaba secretamente enamorado del ecumenismo y listo para hacer todas las concesiones, especialmente en el área de la devoción mariana-. También permanecían el Padre Janssens, Superior General de los Jesuitas y Dhanis mismo, quien se había convertido en el experto cuasi-oficial de la Compañía -si no del Vaticano mismo- para todo lo concerniente a Fátima.

  La ofensiva más ingeniosa, la más tenaz, y ciertamente la más efectiva contra Fátima, fue conducida por el jesuita belga, Padre Edouard Dhanis, profesor de Teología en Lovaina de 1933 a 1949, quien enseñó luego en la Universidad Gregoriana de Roma, donde en 1963 fue nombrado Rector por Paulo VI. Con el paso del tiempo, él aparece hoy, a causa de su aparente objetividad y prudente moderación, como el más inflexible y terrible adversario de Fátima".

  Además, fue el propio Montini quien intervino para que la Hna. Lucía saliera de las Hermanas Doroteas de España y entrara al convento de clausura del Carmelo en Portugal. Montini se lo pidió personalmente al Obispo de Porto el 27 de agosto de 1947.

  Y es que a Tuy y Pontevedra acudían ya numerosos peregrinos y la Hna. Lucía estaba en el centro de la atención. Por ello urgía al grupo anti-Fátima trasladarla a la soledad, reclusión y silencio de Porto.

  En una carta que la Hna. Lucia escribió a su confesor, el P. José Aparicio Da Silva, el 11 de enero de 1946, le manifiesta su molestia por las maniobras que había para sacarla de Tuy-Pontevedra y trasladarla a Portugal. Comenta: "un padre de La Compañía de quien se sirvió el demonio, no sé qué cosas contó a la Madre Provincial".

  La impostora Hermana Lucía apareció por primera vez en público en 1957, a los ocho años de fallecida la verdadera Hermana Lucía. Fue en una entrevista con el P. Agustín Fuentes, con motivo de la causa de beatificación de Jacinta y Francisco. El Vaticano declaró que la entrevista había sido "fraudulenta", silenciaron al P. Fuentes regresándolo a México y lo alejaron de la causa de beatificación.

  Después, la impostora "Lucía" apareció en público en diversas ocasiones. En el año 2001, echaron mano de ella para que avalara como verdadero el texto del Tercer Secreto publicado por el Cardenal Angelo Sodano el año anterior. En realidad, esa publicación había sido un fraude mayor.

  El Cardenal Angelo Sodano solo dio a conocer la primera parte del Tercer Secreto, la visión que tuvieron los pastorcitos de Fátima, pero omitió la segunda parte, que son las palabras explicativas de la Virgen sobre esa visión. Los niños vieron, como bien dice el comunicado oficial, a un obispo vestido de blanco (que temían fuera el Papa) huyendo de una ciudad en ruinas, sobre los cadáveres de muchos sacerdotes y laicos, para posteriormente ser asesinado de forma violenta.

  Pero en vez de dar a conocer la explicación dada por la Virgen María a los niños, Sodano inventó una explicación falsa, afirmando que la visión se refiere al atentado que sufrió Juan Pablo II en la Plaza San Pedro en 1981.

  Eso es simplemente absurdo. Cuando el atentado de 1981, Roma no estaba en ruinas, el Papa Juan Pablo II no salió huyendo, no había cadáveres por las calles, y no fue asesinado posteriormente. Es decir, no hay absolutamente ninguna concordancia de ese hecho con la visión que tuvieron los niños.

  Por otro lado, si de verdad se refiriese a ese acontecimiento histórico, ¿por qué esperar veinte años para darlo a conocer?

  No. La visión que tuvieron los tres pastorcitos se refiere a una situación futura de la Iglesia que al día de hoy no ha tenido verificación. Además, cabe mencionar, la visión que tuvieron corresponde casi textualmente con la revelación que tuvo el Papa San Pío X en 1909: "He tenido una visión terrible: no sé si seré yo o uno de mis sucesores, pero vi a un Papa huyendo de Roma entre los cadáveres de sus hermanos. Él se refugiará incógnito en alguna parte y después de breve tiempo morirá una muerte cruel". Ese acontecimiento claramente no ha tenido aún verificación.

  El punto medular y delicado de la cuestión es que después de la visión que tuvieron los niños, la Virgen María les dio a conocer el significado de la visión, explicándoles claramente lo que sucederá con la Iglesia. Esas son las palabras que el Cardenal Angelo Sodano intencionalmente ocultó, dándole a la visión un significado diverso.

  En dos ocasiones, durante su visita a Fátima en mayo de 2010, el Papa Benedicto XVI corrigió las cosas y señaló que el contenido del Tercer Secreto de Fátima tiene un significado de futuro.

  No fue la primera vez que declaró algo parecido. En el año 2003, siendo aún cardenal, Joseph Ratzinger admitió públicamente, en una entrevista en el canal EWTN de la Madre Angélica, que la interpretación del Tercer Secreto podría ser diversa a la ofrecida en junio del año 2000, y también referirse a un acontecimiento futuro. Y algo más revelador aún: a Mons. Williamson, Ratzinger le confesó que el entonces Secretario de Estado lo obligó a aceptar la interpretación falsa: "Sodano me torció la mano" (ver Paronama Católico, Vol. 2, No. 14 (12/01/07).

  ¿Por qué se facilitó el separar la visión de las palabras explicativas de la Virgen? La razón está en que la Hermana Lucía escribió la visión y las palabras explicativas de la Virgen en dos documentos diversos.

El primer documento:

  Ella se enfermó gravemente en junio de 1943. Su superior, Monseñor Da Silva, temiendo que pudiera fallecer por la enfermedad, le ordenó, el 15 de septiembre, escribir el texto del Secreto. La Hermana le pidió la orden formalmente y por escrito. A partir de que la recibió, a la monja le atacó una extraña parálisis que ella consideró de tipo sobrenatural. Finalmente, el 2 de enero de 1944, la misma Virgen María se le apareció nuevamente confirmándole que esa era la Voluntad de Dios, y que le daría la fuerza y la luz necesarias para poder escribirlo, cosa que hizo al día siguiente. Sin embargo, por el decaimiento tan severo que tuvo, la Hermana Lucía sólo pudo escribir, en tres páginas de su diario, la visión, pero no las palabras de la Virgen que interpretan la visión.

El segundo documento:

  No fue sino hasta seis días después que la Hermana Lucía volvió a tener fuerzas y finalmente escribió, en una hoja suelta, las palabras explicativas de la Virgen respecto a la visión. Este hecho sucedió el 9 de enero de 1944 en la Capilla del Convento de Tuy.

  Existen varios testimonios, si bien indirectos, que confirman la existencia de dos documentos diversos: el Cardenal Ottaviani; el Cardenal Luigi Ciappi, teólogo personal del Papa Juan Pablo II; el Padre José Schweigl, enviado por el Papa Pío XII a visitar a Lucía en el Carmelo de Coimbra el 2 de septiembre de 1952; el Padre Agustín Fuentes, sacerdote mexicano postulador de las causas de beatificación de Francisco y Jacinta. Pero el más importante es el del Arzobispo Loris Capovilla, ex secretario particular del Papa Juan XXIII, quien pudo leer personalmente el segundo documento.

  Incluso se sabe en qué fechas, diversas también, llegaron ambos documentos a El Vaticano, en dónde se guardó cada uno de ellos por separado, y hasta en qué fecha los Papas los han leído. Toda esta historia se haya compendiada en diversas obras recientes: Andrea Tornielli (Il Segreto Svelato, Italia, 2000); la del vaticanista Marco Tossati (Il Segreto Non Svelato, Italia, 2002), la de Solideo Paolini (Fátima, non Disprezate le Profezie, Italia, 2005), la de Antonio Socci (Il Quarto Segreto di Fatima, Italia, 2006).

  En el segundo documento, que escribió la Hermana Lucía el 9 de enero de 1944, se encuentra descrito, con detalle, la verdadera explicación de la visión que tuvieron.

  Por cuanto a la entrevista del Cardenal Bertone con la impostora Hermana Lucía, para obligarla a afirmar que lo publicado por El Vaticano era el Tercer Secreto auténtico y completo, sin duda constituye la fuente más desacreditada. El relato que hace Bertone, de una entrevista que según él duró dos horas, consiste en tan solo 44 palabras en italiano (de lo que la impostora dijo en portugués), y de la que no hay ningún registro o grabación.

  Así dice el escritor y periodista Antonio Socci: "Tanto para acallar muchos rumores y leyendas, como para proteger al Vaticano de las acusaciones de manipulación, Bertone debería haber grabado, o a lo mejor también filmado, esos coloquios excepcionales para dejarlos a la posteridad. O al menos transcribir todo, preguntas y respuestas, para que la vidente pudiese al final firmarlos y evitar futuras y previsibles contestaciones. Pero increíblemente esos tres interrogatorios (mayo del 2000, noviembre del 2001 y diciembre de 2003), de al menos diez horas de duración, según el prelado, no fueron ni grabados, ni filmados, ni verbalizados. El prelado hoy nos explica que él "tomó notas". De modo que en los documentos oficiales de Fátima solo constan algunas pocas frases atribuidas a la monja, frases de credibilidad controvertida y para nada exhaustivas dado que las preguntas decisivas, las que eran adecuadas para aclarar todas las dudas, no las hizo, o al menos no son reproducidas por Bertone. Y lo que es peor, le atribuye hoy a la monja, que mientras tanto ya ha muerto y no puede desmentir nada, frases que no fueron reproducidas en el informe oficial del año 2000.

  Según Bertone, la monja con el texto del año 2000 enfrente, habría dicho "éste es el Tercer Secreto", "el único texto", y no he escrito ningún "otro". ¿Por qué una frase tan importante no fue reproducida por Bertone en la publicación oficial? ¿Y por qué no le preguntó el prelado a la vidente si escribió alguna vez la continuación de las misteriosas palabras de la Virgen dejadas en suspenso por el "etcétera" ("En Portugal el dogma de la fe se preservará siempre, etc.") que han sido consideradas siempre por los expertos el comienzo del Tercer Secreto? Realmente extraño. Del mismo modo que la otra frase que ahora, y solo ahora, muerta la vidente, el prelado le atribuye, según lo cual Lucía, cuando supo del atentado al Papa de 1981, "pensó enseguida que se cumplió la profecía del Tercer Secreto". ¿Por qué una confirmación tan decisiva jamás se incluyó en el informe oficial? ¿Por qué en el dossier Vaticano, que publicó el texto de la visión, nadie, ni sor Lucía, ni los cardenales Sodano, Ratzinger y tampoco el propio Bertone, escribió explícitamente que el atentado de 1981 fue el cumplimiento del Tercer Secreto? ¿Y por qué dijo Ratzinger que tal interpretación solo fue una hipótesis y no hubieron "interpretaciones oficiales" de la Iglesia, mientras hoy Bertone pretende imponerla como versión oficial? ¿Y por qué sor Lucía, en su carta al pontífice, adjunta al dossier Vaticano y escrito en el 1982 (un año después del atentado), explicó que "no constatamos todavía la consumación final de esta profecía", pero "nos estamos encaminando poco a poco a grandes pasos"? ¿Por qué en aquella carta al pontífice Lucía no hace mención del atentado que se había verificado hacía muy poco tiempo, si justamente era el cumplimiento del Secreto?

  Hay quien ha sostenido que Bertone no grabó ni verbalizó los coloquios con la vidente porque se habrían puesto de manifiesto las presiones psicológicas ejercidas sobre la monja de clausura, para inducirla a avalar ciertas tesis. Lo he rememorado leyendo la página del libro de Bertone donde el cardenal recuerda que en algún punto la vidente "se irritó" y le dijo "¡no estoy confesándome!" ¿A qué pudo contestar Lucía con esas duras palabras? ¿Quizá alguien le recordó a la anciana monja de clausura el poder eclesiástico y le insinuó la posibilidad de que le negase la absolución? No se sabe, porque el prelado, que recuerda bien la respuesta, por el fastidio de la monja, dice haber retirado su pregunta".

  El contenido de las palabras explicativas de la Virgen, a la visión que tuvieron los niños de Fátima, y que El Vaticano ha ocultado hasta ahora es este en resumen: un grave cisma, un enfrentamiento entre dos Papas, y cómo la apostasía, la destrucción de la fe, vendrá desde el vértice mismo de la Iglesia.

  Así declaró el Cardenal Karol Wojtyla, ante el Congreso Eucarístico de Pennsylvania, en 1977: "Estamos ante la contienda final entre la Iglesia y la anti-iglesia, el Evangelio y el anti-evangelio. Esas palabras hacen eco a la versión diplomática del Tercer Secreto circulada por el Papa Juan XXIII arriba mencionadas: "Habrá cardenales contra cardenales, obispos contra obispos. Satanás marchará en medio de ellos y en Roma habrá grandes cambios".

  Pero citemos otros testimonios:

  Cardenal Luigi Ciappi, 1995: "En el Tercer Secreto se dice que la pérdida de la fe, es decir la apostasía, saldrá de la cúpula de la Iglesia".

  Mons. Eugenio Pacelli, futuro Papa Pío XII, 1938: "Estoy obsesionado por las confidencias de la Virgen a Lucía, la niña de Fátima. La obstinación de Nuestra Señora ante el peligro que amenaza a la Iglesia es una advertencia divina contra el suicidio que supondría la alteración de la fe en su liturgia, su teología y su alma. Escucho a mi alrededor a los innovadores que quieren desmantelar la Capilla Sagrada, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, hacer que se arrepienta de su pasado histórico. Vendrá un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dudará como San Pedro dudó. Estará tentada a creer que el hombre se ha convertido en Dios, que su Hijo no es más que un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en las iglesias los cristianos buscarán en vano la lamparilla donde Dios los espera y como María Magdalena gritarán ante la tumba vacía: ¿Dónde le han puesto?"

  El Padre Joaquín Alonso, archivista de Fátima: "El Tercer Secreto habla de la crisis de fe dentro de la Iglesia y a graves diferencias de la alta jerarquía superior de la Iglesia".

  El Cardenal Silvio Oddi, en 1990: "La Virgen Bendita nos alertó en Fátima contra la apostasía en la Iglesia".

  La beata Ana Catalina Emmerick, religiosa Agustina, en 1820: "Vi una fuerte oposición entre dos Papas, y vi cuan funestas serán las consecuencias de la falsa iglesia, vi que la Iglesia de Pedro será socavada por el plan de una secta. Cuando esté cerca el reino del anticristo, aparecerá una religión falsa que estará contra la unidad de Dios y de su Iglesia. Esto causará el cisma más grande que se haya visto en el mundo".

  Si esto es así, si ese es el contenido del segundo documento, entonces se explica el testimonio del Cardenal Luigi Ciappi, teólogo personal del Papa Juan Pablo II cuando dijo: "El Tercer Secreto se refiere a que la pérdida de la fe en la Iglesia, es decir, a que la apostasía saldrá de la cúspide de la Iglesia".

  Y se explican también las palabras del Padre Paul Kramer, "El antipapa y sus colaboradores apóstatas serán, como dijo la Hermana Lucía, partidarios del demonio, los que trabajarán para el mal sin tener miedo de nada".

  Al Padre Stefano Gobbi, fundador del Movimiento Mariano Sacerdotal, la Virgen María le reveló en 1979: "Las fuerzas masónicas han entrado a la Iglesia de manera disimulada y oculta, y han establecido su cuartel general en el mismo lugar donde vive y trabaja el Vicario de mi Hijo Jesús. Se está realizando cuanto está contenido en la Tercera parte de mi mensaje, que aún no ha sido revelado, pero que ya se ha vuelto patente por los mismos sucesos que estáis viendo".

  Si el segundo documento pone en descubierto la trama que altos masones clérigos infiltrados en la Iglesia están fraguando desde la cúspide de la Iglesia, se explican también las palabras del Cardenal Ottaviani cuando dijo: "El Tercer Secreto tenía que ser enterrado en lo más oculto, en el lugar más profundo, oscuro e inaccesible de la Tierra".

  Este sería el texto auténtico del Tercer Secreto de Fátima, fotografiado en 2010 y transmitido vía faxsimil a Tradition in Action:

 

Traducción al español:

JMJ

Tuy 1/4/1944

Ahora voy a revelar la tercera parte del secreto: Esta parte es la apostasía en la Iglesia!

Nuestra Señora nos mostró una visión de un individuo que yo describo como el "santo Padre" frente a una multitud que lo vitoreaba.

Pero había una diferencia con un verdadero santo Padre, la mirada del demonio, éste tenía los ojos del mal.

Entonces, después de algunos momentos vimos al mismo Papa entrando en una iglesia, pero esta Iglesia era la iglesia del infierno; no hay manera de describir la fealdad de ese lugar. Parecía como una fortaleza hecha de cemento gris con ángulos quebrados y ventanas similares a ojos; tenía un pico en el tejado del edificio.

Enseguida levantamos la vista hacia Nuestra Señora que nos dijo: Visteis la apostasía en la Iglesia; esta carta puede ser abierta por el Santo Padre, pero debe ser publicada después de Pío XII y antes de 1960.

En el reinado de Juan Pablo II la piedra angular de la tumba de Pedro debe ser removida y llevada a Fátima. Porque el dogma de la fe no ha sido conservado en Roma, su autoridad será removida y entregada a Fátima. La catedral de Roma debe ser destruida y una nueva construida en Fátima.

Si 69 semanas después de que esta orden se publique, Roma sigue su abominación, la ciudad será destruida. Nuestra Señora nos dijo que esto está escrito en Daniel 9:24-25 y Mateo 21:42-44


Argumentos que apuntan a la autenticidad del Secreto:

1. Respecto a su contenido, es una descripción que ciertamente coincide con la realidad de confusión que estamos viviendo en la Iglesia, con toda una serie de transgresiones a la liturgia y a la doctrina. Si este texto se hubiera revelado antes de 1960 sin duda podría haberse evitado gran parte de la presente crisis;

2. Respecto a su forma, corresponde totalmente con las otras dos partes previamente reveladas, y manifiesta una coherencia con el mensaje general de Fátima;

3. Se trata de un texto completo en sí mismo, con una introducción, una explicación en su parte central y una conclusión, y es de 25 líneas, tal y como el auxiliar del Obispo Da Silva, Mons. Venancio, vio a contraluz;

4. El sentido resulta comprensible para cualquiera que lee el texto, incluso con las referencias meta-temporales;

5. La grafía y el estilo corresponden a los observados en los escritos de la auténtica Hermana Lucía en la primera y segunda parte del Secreto.

6. Concuerda con lo expresado por las personas que han visto el verdadero Tercer Secreto de Fátima personalmente, y cuyos testimonios hemos mencionado arriba: el Papa Pío XII, los cardenales Alfredo Ottaviani, Luigi Ciappi y Silvio Oddi, el Arzobispo Loris Capovilla. Todos ellos mencionan que el contenido se refiere al cisma y enfrentamiento entre dos Papas, y a que la apostasía, la corrupción de la fe, vendrá del vértice mismo de la Iglesia.

  Por otro lado, mencionar el traslado de la piedra angular de la tumba de San Pedro a Fátima y la destrucción de Roma resulta llamativo ya que, cuando se reveló el Secreto, en 1917, todavía no se sabía que los restos de San Pedro estaban allí, lo cual avala el carácter sobrenatural, auténtico y profético del mensaje.

  Con todo, la expresión "la piedra angular de la tumba de Pedro debe ser removida y llevada a Fátima" se refiere de forma eminente a la autoridad doctrinal del papado, y deja de ser misteriosa por cuanto apunta a la legitimidad del sucesor de Pedro como "piedra angular" que vuelve a sostener el "dogma de la Fe", después de que éste ha sido adulterado.

  También hay que subrayar la coherencia que tiene esta versión auténtica del Tercer Secreto con la profecía católica en general. Dice, por ejemplo, la Virgen María en La Salette: "Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede del anticristo". Y en el exorcismo del Papa León XIII se lee: "Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la dominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey". Y la famosa profecía del Papa San Pío X que ya citamos: "He tenido una visión terrible: no sé si seré yo o uno de mis sucesores, pero vi a un Papa huyendo de Roma entre los cadáveres de sus hermanos. Él se refugiará incógnito en alguna parte y después de breve tiempo morirá una muerte cruel", misma visión que tuvieron los pastorcitos de Fátima y El Vaticano dio a conocer en junio del año 2000.

  Llama la atención, en el auténtico Tercer Secreto de Fátima, la mención de los Papas Pío XII y Juan Pablo II, pues en el año en que se dieron las revelaciones gobernaba la Iglesia Benedicto XV, y después vendría Pío XI y luego otros tres más hasta llegar a Juan Pablo II.

  Pero aquí también hay concordancia con el conjunto de las revelaciones de Fátima respecto a la mención de Papas futuros que aún no se conocían, pues en la segunda parte del Secreto les dijo la Virgen: "La guerra pronto terminará (Primera Guerra Mundial). Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor". Si alguien hubiera inventado este texto no hubiera mencionado a Papas futuros, dado que esto podría haber sido señalado como una objeción. Es decir, la impugnación misma que se puede hacer a la autenticidad del texto se convierte en prueba de su autenticidad.

  Lo más dramático y grave del Secreto es la que se refiere a la fe: "En el reinado de Juan Pablo II la piedra angular de la tumba de Pedro debe ser removida y llevada a Fátima". De esto hablaremos más abajo.

  Y la parte más difícil, al menos desde le punto de vista teológico, es: "Si 69 semanas después de que esta orden se publique, Roma sigue su abominación, la ciudad será destruida. Nuestra Señora nos dijo que esto está escrito en Daniel 9:24-25 y Mateo 21:42-44".

  Las citas nos dicen que hay una correlación entre Fátima y las profecías escatológicas de la Biblia. La cita de Daniel se refiere a la "70 semana", faltante a las 69 semanas que se cumplieron desde Nabucodonosor hasta el bautismo del Mesías en el Jordán. Para los judíos, la "semana" (shabua) no son 7 días, sino 7 años. Por lo que entonces se verificaron 483 años.

  A ese lapso falta aún la "70 semana" que corresponde a los siete años del gobierno mundial del anticristo (denominada por Jesucristo la "Gran Tribulación"), en que iglesia apóstata estará al servicio del orden global anticristiano, y en que la Iglesia fiel a Dios y a la tradición será perseguida.

  Por ello, la mención de 69 semanas es literal, no puede subyacer a la interpretación judaica del Antiguo Testamento. Son propiamente 69 semanas naturales a partir de un acontecimiento concreto que el Tercer Secreto no menciona explícitamente.

  La otra cita, la de San Mateo, como explicando el que la autoridad doctrinal petrina sea retirada al Papa y transferida a quienes son fieles a la tradición y al mensaje revelado en Fátima, consiste en la condena lanzada por Jesucristo a las autoridades judías farisaicas que rechazaron al Mesías: "Ahora yo les digo, a ustedes se les quitará el Reino de los Cielos, y le será entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos" (Mt 21, 42).

  La "abominación" en que vive Roma actualmente es debida a la infiltración masónico-comunista a la que se refiere el Padre Gobbi, y cuya máxima expresión cristalizará a futuro en el gobierno mundial del anticristo con la complicidad de la nueva iglesia. El plan es construir un gobierno centralizado, socialista y ateo, del cual la falsa iglesia proclamará que puede ser considerado como "cristiano".

  Uno de los mayores secretos con relación a la Iglesia y al Concilio Vaticano II es el "Pacto de Metz". En agosto de 1962, en la ciudad francesa de Metz, el cardenal Tisserant, siguiendo órdenes precisas de Juan XXIII, llevo a cabo un pacto entre la Santa Sede y el patriarca ortodoxo Nikodim, enviado por el politburó soviético. Con ese pacto, la Iglesia se comprometía a que en el Concilio no habría ninguna condena contra el comunismo y el marxismo, a cambio de que los rusos enviaran dos representantes al Concilio.

  Ese Pacto era una traición, ya que el Papa Pío XI, en 1937, había enseñado y explicado ampliamente, en su Encíclica Divini Redemptoris, que "el comunismo es intrínsecamente perverso; y no se puede admitir que colaboren con él, en ningún terreno, quienes deseen salvar la civilización cristiana". Y ya en su Encíclica Non Abbiamo Bisogno había condenado la masonería, y en la Pascendi Dominici Gregis, había advertido de la infiltración a la Iglesia: "Al presente no es menester ir a buscar a los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y esto es precisamente objeto de grandísima ansiedad y angustia, en el seno mismo del corazón de la Iglesia. Enemigos, a la verdad, tanto más perjudiciales, cuanto lo son menos declarados. Hablamos venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes. Ellos traman la ruina de la Iglesia no desde fuera, sino desde adentro; en nuestros días el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas. No hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper".

  La masonería fue creada por nueve prominentes judíos, en el año 43, en la corte del rey Herodes Agripa, con el nombre "La Fuerza Misteriosa" y con la finalidad de perseguir a los cristianos. En el año 1717 cambiaron de nombre y comenzaron a llamarla "Masonería" simulando públicamente una finalidad filantrópica. Pero el hecho de que en los grados superiores se conservase siempre el objetivo último de destruir la Iglesia y a la cristiandad, llevó a que los Papas, desde Benedicto XIV (1751) hayan establecido la excomunión para quien se adhiere a cualquiera de sus ritos, disciplinas, logias y sociedades secretas.

  La advertencia concreta del Papa Pio XI surgió porque en su pontificado se hacían contactos ocultos para hacer una "amnistía", un acuerdo inicuo entre la Iglesia y la masonería negra pro comunista. El primer encuentro formal se tuvo, en 1926, en Aix-La Chapelle de Aachen, en la que se reunieron los sacerdotes jesuitas Herman Gruber y Joseph Berteloot, con los tres eminentes masones Kurt Reichl, del Consejo Supremo de Austria, Eugen Lenhoff, gran maestre de la Gran Logia Austriaca, y el doctor H. Ossian Lang, secretario general de la Gran Logia de Nueva York. Otra entrevista se tuvo, poco después, entre los sacerdotes Gruber y Mukermann, con el cabalista Oswald Wirth y el gran maestre grado 33 Albert Antoine, del Supremo Consejo Escocés, para planear la estrategia de crear un "socialismo global cristiano" vinculado al marxismo.

  En 1937, los dignatarios del Consejo Supremo de Francia emprendieron, con Oswald Wirth, la tarea explícita de propiciar el acercamiento entre sacerdotes católicos y la corriente espiritualista de la masonería negra.

  Contactos con grupos de la masonería siguieron teniendo eminentes jerarcas católicos como los cardenales Bea, Liénar, Frings, Köning y Suenens; los teólogos Han Küng, el dominico Schillebeckx y el jesuita Van Kolsdonk. En París, el delegado apostólico Angelo Roncalli trabajaba por una "reconciliación" entre la Iglesia y la masonería, ya que él mismo había sido iniciado en la logia Rosacruz siendo delegado apostólico en Turquía. En 1953, después de haber sido investido cardenal por Pio XII, quiso regresar a Francia para encontrar al gran masón Vincent Auriol, ante quien se arrodilló para que éste le re-impusiera el capello cardenalicio, ratificando así su lealtad a la masonería.

Angelo Roncali recibiendo el birrete de manos del masón Vincent Auriol

   La revolución había de comenzar en las mentes. En 1946 los jesuitas de Bruselas crearon el Centro Lumen Vitae, con el supuesto de crear y diseminar publicaciones "catequéticas". Pero el propósito de la organización era otro. Dice Farley Clinton en The Wanderer: "Se trataba de una institución dedicada al rechazo de las ideas recibidas y a vaciar la enseñanza religiosa de todo contenido tradicional. Lumen Vitae tuvo un financiamiento amplísimo desde un principio y se creó para funcionar como un movimiento mundial".

  Antes del Concilio se tuvo una reunión secreta de alto nivel, en Münich, presidida por el pro-comunista arzobispo de Milán Giovanni Battista Montini, en la que repasaron los planes de manipulación doctrinal liberalista al detalle. En dicha reunión estuvieron presentes Hans Küng, Bernard Häring, Suenens, Döpfner y Köning.

  Escribió posteriormente Küng en la revista Concilio, Reforma y Reunión: "Todo lo que se presentara al Concilio debía filtrarse previamente a comisiones seleccionadas con cuidado, y luego seguir adelante, no tanto como si fuera voluntad de los obispos, sino como por voluntad del Papa". En efecto, algunos obispos reconocieron, años más tarde, que se les había convencido de firmar bajo ese argumento.

  Terminado el Concilio, un grupo de sacerdotes, obispos y cardenales adheridos a la masonería, entronizaron a Satanás en una misa negra llevada a cabo en la Capilla Paulina de El Vaticano. El rito tuvo lugar en la fiesta de San Pedro y San Pablo, la noche del 28 al 29 de junio de 1963. Hubo un sacrificio ritual con un menor y cada uno de los asistentes, con su propia sangre sellada sobre un pergamino, ofreció su alma a Lucifer y juró solemnemente trabajar por la "Iglesia Universal del Hombre".

  En el libro de Galeazzi y Pinotti "Wojtyla Secreto", tanto el cardenal Secretario de Estado Jean Villot como Mons. Paul Marcinkus del Banco Vaticano IOR, son señalados como participantes en esa misa satánica, y como los ejecutores materiales del asesinato del Papa Juan Pablo I, quien tenía el plan de sacarlos de El Vaticano. Esto mismo lo afirma y documenta el Padre Jesús López Sáez en su libro "El día de la cuenta". El Cardenal Villot apareció como integrante masón de la "Lista Pecorelli" con los datos 6/8/166, 041/3 JEANNI:


  En su libro "Windswept House", el Padre Malachi Martin, exorcista, afirma que también el Cardenal Agostino Casaroli, Secretario de Estado de 1979 a 1990, participó en aquella misa negra de la Capilla Paulina, y fue expuesto como masón de la "Lista Pecoreli" con los datos 28/9/1957, 41/076 CASA. El Cardenal Casaroli fue el principal ejecutor de la Ostpolitik, la política de El Vaticano que costó la vida a millones de católicos que fueron entregados al comunismo. En su libro "Atentado al Papa", el autor Ferdinando Imposimato, quien es magistrado y juez, presidente honorario adjunto de la Suprema Corte de Cassazione de Italia, afirma que Casaroli estuvo al tanto del atentado contra Juan Pablo II y no hizo nada por impedirlo.

  Dice Malachi Martin en las páginas 492-493 de ese libro: "la organización de la Iglesia Católica Romana tenía dentro de sí una permanente presencia de clérigos que practicaban el culto a Satanás y lo apreciaban; de obispos y sacerdotes que se sodomizaban mutuamente y sodomizaban niños; religiosas que practicaban los ritos negros de la Wicca y que vivían en relaciones lésbicas... Cada día, incluso los domingos y los días santos, actos de herejía y blasfemia eran cometidos y permitidos en los sacros altares por hombres que alguna vez fueron llamados sacerdotes. Actos y ritos sacrílegos no sólo eran efectuados ante los sagrados altares, sino que tenían la connivencia, o al menos el tácito permiso, de ciertos cardenales, arzobispos y obispos... Su número total era minoritario, como del uno al diez por ciento de los consagrados. Pero de esta minoría, muchos ocupaban sorprendentemente altas posiciones o rangos".

  También el Padre Gabriele Amorth, exorcista oficial de la diócesis de Roma, ha declarado en diversas ocasiones que está al corriente de la existencia de las sectas satánicas en El Vaticano y de sus actividades contra la Iglesia.

  A todo esto es a lo que se refieren las advertencias de la Virgen María en el Tercer Secreto de Fátima: "si Roma sigue su abominación, la ciudad será destruida".

  Llama la atención que el destino del mundo en estos días gira entorno a Rusia. La Virgen en Fátima avisó, en 1917, apenas unos meses antes de la Revolución Bolchevique, llevada a cabo por eminentes judíos, que si Rusia no se convertía y no era consagraba por el Papa a su Inmaculado Corazón, esa nación esparciría sus errores por todo el mundo.

  Y así ha sido. La caída del Muro de Berlín facilitó que el marxismo se difundiera más ampliamente a nivel global, y hoy nos encontramos con organismos mundialistas como la ONU, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, etc... plagados de principios socialistas y marxistas. También llama la atención la difusión de las políticas internacionales para reducir la población, entre las que destaca el crimen del aborto, siendo que el gobierno de Lenin fue el primero en legalizarlo en 1920.

  Por otro lado, conviene recordar que Rusia sigue siendo un bastión de la masonería negra -conocida como "iluminista"- cuya finalidad es establecer un gobierno mundial centralizado y ateo a través del comunismo. "La meta específica de los Illuminati, escribe John Robinson citando al fundador Adam Weishaupt, es abolir el cristianismo y derrocar los gobiernos civiles".

  Los pasos para la ocupación global, de la que algunos eclesiásticos son colaboradores, fueron claramente definidos por Albert Pike, Gran Soberano del Antiguo y Aceptado Rito de la Francmasonería, en una carta que dirigió, el 15 de agosto de 1871, a Giuseppe Mazzini, Gran Soberano de los Illuminati después de Weishaupt. En ese documento establecía las tres guerras mundiales que habrían de provocar para poder implantar un Nuevo Orden Mundial bajo un Gobierno Mundial:

  La Primera Guerra Mundial habría de destituir a los zares católicos en Rusia para someter el vasto territorio ruso bajo el control de los Illuminati y poder usarlo como plataforma desde la cual difundir sus objetivos.

  La Segunda Guerra Mundial se realizaría exacerbando las diferencias entre el sionismo político y el nacionalismo germano, con el fin de consolidar y extender la influencia rusa y establecer en Palestina el Estado de Israel.

  La Tercera Guerra Mundial se suscitaría, dice textualmente, "exasperando las diferencias entre judíos y árabes para provocar un formidable cataclismo social que en todo su terror demuestre a las naciones el efecto del ateísmo absoluto, origen de la barbarie y de la más violenta confusión. Entonces, las muchedumbres, desilusionadas con el cristianismo y no sabiendo a quién adorar, recibirán la verdadera luz de Lucifer, en una manifestación que será resultado del movimiento general reaccionario, siguiendo la destrucción del cristianismo y del ateísmo, ambos conquistados y exterminados al mismo tiempo".

  Si leemos el libro "Tragedy and Hope", del Dr. Carroll Quigley, quien fuera historiador de la Universidad de Georgetown, vemos cómo el financiamiento de las dos guerras mundiales vino precisamente de los Illuminati, señaladamente de la dinastía Rothschild.

  El impacto de las "nuevas ideas" propagadas por la masonería eclesiástica está a la vista de todos. En conversaciones con católicos, muchas veces se escucha decir, por ejemplo, "el comunismo es algo bueno, aunque su puesta en práctica haya fallado", "el comunismo es parecido al cristianismo, porque se preocupa por los pobres", "si el mundo entero fuera comunista habría justicia social y todos viviríamos mejor", etc, etc.

  Son pocos los que reparan en que el comunismo, como bien dijo el Papa Pio XI, es "intrínsecamente perverso". Y lo es porque va en contra de la dignidad humana, al reducir la persona a una mera pieza dentro de un engranaje social que busca el bienestar material en este mundo con independencia de Dios, porque niega el derecho a la propiedad privada y a la posesión legítima del fruto del propio trabajo, porque persigue la igualdad mediante el odio de clases, porque no busca el Reinado Social de Cristo en este mundo, sino que trata de tergiversarlo y abiertamente lo persigue.

  En este sentido, no pocos católicos se han alarmado, y con razón, de que el Papa Francisco vuelva a introducir la Teología de la Liberación en la Iglesia, después de que a Juan Pablo II y a Benedicto XVI les costó grandes sufrimientos combatirla por las amenazas que implica contra la fe. En efecto, recién electo Papa, Francisco anunció que trabajaría por una "Iglesia de los pobres para los pobres" (cuando en realidad la salvación debe ser para todos), y en su Exhortación Evangelii Gaudium hizo una relectura marxista de la economía al criticar la libertad del mercado (misma que deriva de la libertad de la persona humana). En febrero de 2014 recibió en El Vaticano, con bombo y platillo, a Gustavo Gutiérrez, padre de la Teología de la Liberación, a quien Juan Pablo II había condenado por sus errores doctrinales. Por ende, le prologó su libro "Pobre y para los pobres". Todo esto no hace más que abonar en pro del gobierno mundial socialista que persigue la masonería.

  Desde luego que la Iglesia es santa. Lo sigue siendo, a pesar de la infiltración masónica, marxista y satánica. Y ello porque su fundador es Santo; porque sus medios, los sacramentos, son santos; y porque muchos de sus miembros han alcanzado la santidad. No debería escandalizarnos el tema de la infiltración que se ha dado y se sigue dando en nuestros días. Si nos fijamos detenidamente, en El Vaticano es donde se encuentra el mayor satanismo, pero también la mayor santidad. Es el lugar en donde el bien y el mal libran la batalla suprema antes del establecimiento del Reino de Cristo.

  El mensaje de Fátima es una invitación a la conversión, a volver a Dios mediante la penitencia, la oración y la caridad. Pero también es un llamado a defender la fe contra cualquier relectura marxista del Evangelio que se nos quiera imponer. Y en este sentido es preciso volver a leer la Encíclica Divini Redemptoris del Papa Pio XI.

  Tal vez esa es la razón por la que algunos no quieren que se conozca el auténtico Tercer Secreto de Fátima ni la historia de la verdadera Hermana Lucía. Quieren alargar la mentira lo más que se pueda, para así lograr la perdición del mayor número de almas posible. Pero Jesús ha prometido el triunfo de su Iglesia y estar con nosotros "todos los días hasta la consumación del mundo". Más bien, hay que rezar para que los pobres satanistas, masones y marxistas recapaciten. Y para que la misericordia infinita de Dios toque sus corazones y se conviertan, evitando así la condenación eterna de su alma y que sigan dañando a la Iglesia. Todo es posible para aquel que cree.





  Nota de NCSJB: Nuestra intención no es generar una postura definitiva respecto a este tema, más sí poner en consideración una situación que puede llevar al discernimiento sobre el origen de muchos de los males que hoy se ven como humanamente invencibles en la Iglesia y el mundo.

  Hechos verificables desde el más obsecuente oficialismo como el caso del Mons. Tondi, condenado por espía comunista por Pio XII, profesor de ateísmo y casado con una dirigente marxista; sirven para entender el porqué de la conciliación con el mundo y por consiguiente con la Rusia comunista, pretendida desde Juan XXIII, terminaron dando cumplimiento a la profecía del comunismo expandiendo sus errores a todos los rincones del planeta como bien advirtiera Nuestra Santísima Madre la Virgen en Fátima. Recordemos que no solo fue llamado el obispo marxista y amancebado a colaborar con Pablo VI en su pontificado sino que Juan Pablo II le devolvió el estado clerical.

  Agregamos para mejor consideración del caso un par de fotos del sitio "Amor a la Verdad" que también trató extensamente el tema.



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