San Juan Bautista

San Juan Bautista

lunes, 7 de diciembre de 2015

El relativismo modernista contra la Parusía – Augusto TorchSon


  Si bien mucho se denuncia el modernismo entronizado en la neoiglesia, muchas de esas voces que aun reconociendo la inmensa maldad de esta herejía, que como diría San Pio X es “la suma de todas las herejías”, sin embargo terminan aceptando el status quo por considerarlo invencible, o por el hecho de ya formar parte del “desorden” constituido oficialmente. Así señalábamos en el artículo sobre las “Falsas opciones del sistema” la aceptación del sistema democrático masónico y liberal como “mal menor”.
   
  La condescendencia con conductas y con sistemas intrínsecamente perversos, y hasta condenados expresamente por la Santa Madre Iglesia, implica por parte de muchos católicos, una relativización del modernismo que se traduce necesariamente en una absolutización del relativismo, y que llevan inevitablemente a la más absoluta indiferencia. Así por ejemplo, se afirma sin negar, o se niega sin afirmar nada en contrario sino simplemente dejar al “libre albedrío” de cada quien la posibilidad de realizar tales negaciones, aún de verdades objetivas y hasta de los hechos mismos para reemplazarlos por simples opiniones, pareceres, que terminan siendo contrarios a la realidad misma, y esto en nombre de la libertad; libertad ya no tanto para mentir, sino para no creer, para la indiferencia misma.

  De ahí la importancia de elegir, de tomar decisiones y hacernos cargo de las mismas. Señalaba Chesterton la importancia de elegir ya que una elección implica rechazar todas las otras posibilidades. A veces esa elección puede significar una abstención, un no hacer, una omisión, y no puede considerarse esa postura como un no elegir cuando el tomar la misma implica muchas veces una postura mucho más abnegada y sacrificada que una acción positiva, así por ejemplo podemos abstenernos de realizar un acto inmoral o una propuesta indecente por más beneficios o satisfacciones que puedan representarnos. Entonces es imprescindible entender que la gravedad de la cuestión radica en no elegir, implique esto una acción o una abstención.

  No es difícil encontrar como uno de los arquitectos y propulsores de este relativismo modernista a la judeomasonería que siempre actúa tras bambalinas promoviendo herejías que pretenden endiosar al hombre; y aunque en ellos no hay sino desprecio hacia las masas democráticas, saben que para dominarlas, no hay manera más hábil de debilitarlas que haciéndolas perder su fe. En estas acciones, esta “Sinagoga de Satanás” como la denominara Pio IX, realizan una elección, la de perjudicar al Catolicismo, la de tergiversarlo, y en eso hay una inmensa maldad; pero, en quien acepta la heterodoxia, en quien no profundiza en el estudio, en el análisis de las acciones que buscan la ruina de las naciones y de la Iglesia, y la perdición de las almas, haciéndolo por evitar esforzarse o no querer tratar de entender algo que lo comprometa, y aun conociendo la verdad, restándole importancia; expresa en su accionar la más absoluta de las tibiezas; y en este caso ya estamos hablando del pecado que lleva a Dios a considerar a este pecador vomitivo. Es la verdadera falta de compromiso, la más radical cobardía. Muchas veces se justifican estas personas aduciendo prudencia refiriéndose a la misma como  la principal de las virtudes; sin embargo lo hacen con pleno conocimiento que su postura tiene que ver más en realidad con “no complicarse más la vida”, y así dejar que las cosas sucedan y moverse en el sentido que lo hagan.

  Y si hoy la mayoría de las personas actúan de esa forma, ¿cómo se puede pretender que ayuden a cambiar el destino de sus naciones y del mundo entero si no son capaces de tomar esas decisiones en sus propias vidas, de orientar a sus hijos para rechazar modas impúdicas, conductas promiscuas o lugares propicios para el pecado, de resistir el mal aunque el mismo provenga de las autoridades civiles o eclesiásticas? Por eso cualquier prédica, por más evangélica que se autodenomine, de nada sirve en la medida que quien la realice no pueda corroborarla con heroicas elecciones en su vida personal. Así también a pesar de tantas claudicaciones en sus obligaciones para con Dios, con su familia y con su Patria, los hombres se sienten satisfechos y seguros de sí mismos en vez de sentirse seguros en Dios. Y esta falsa seguridad que sienten al no dudar nunca de ellos mismos, aunque no lo reconozcan, los hace dudar de Dios.

  Ante la más absoluta ignorancia religiosa de la inmensa mayoría de los bautizados se nos dice que no debemos escandalizarlos mostrándoles y enseñándoles sana doctrina, ya que la misma hoy contradice lo que enseña y practica la neoiglesia, y se aduce que San Pablo enseñaba la gradualidad a la hora de transmitirla. Sin embargo sabemos que el hombre moderno no puede excusarse en su ignorancia por no responder adecuadamente ante sus deberes para con Dios, ya que esta ignorancia radica en desidia respecto a la adquisición de estos conocimientos obligatorios como creaturas e indispensables para su salvación, y a veces en la negación consciente en adquirirlos a fin de no comprometerse como corresponde. En Derecho aplicaríamos el principio: “ignorantia vel error iuris non excusat” que significa que la ignorancia o el error de derecho no escusa; sin embargo se pretende que se pueda aducir el error de derecho con respecto a nuestros deberes para con Dios, negando sus derechos. Otra vez más la inversión antropológica. Entonces, si como señalaba San Pablo, tuviéramos que empezar por leche antes de darles alimentos sólidos, aunque bebieran un tambo completo, difícilmente estarían preparados para el este tipo de alimento ya que el problema no radica en la falta de preparación (que sin lugar a dudas es real), sino en la voluntad viciada que se niega a recibir la sana doctrina, que no quiere vivir la radicalidad del Evangelio.

  Tenemos en claro que se odia al pecado y no al pecador, sin embargo no puede sostenerse que se lucha contra el error, y la herejía modernista sin combatir al hereje. Y ese combate requiere caridad ante quien yerra y aún ante quien corrompe, sin embargo, como consecuencia de la jerarquía de las obligaciones, la defensa de la Verdad y el buen combate de la fe se imponen por encima de los supuestos “derechos” del que yerra. Y si, como sabemos, el error no tiene derechos, el combate del objeto implica indispensablemente el atacarlo en el sujeto que lo propaga, y el bien común implica hasta ejercer violencia en esta defensa para combatir la violencia mayor que implica la pérdida de las almas que pueden caer eternamente al ser arrastradas por esas falsas propuestas. No hace falta entrar en explicaciones respecto de que la violencia tiene muchas formas y no solamente la física. Por eso difícilmente pueda pretenderse un cambio en quien no tiene tanto una deficiencia de conocimiento, sino en esa voluntad absolutamente viciada de conformismo y autocomplacencia. Y el mundo está casi completamente infectado con estos vicios.

  Pero lo realmente grave viene de parte de quienes conociendo la Historia, conociendo la doctrina, entendiendo los males de este Nuevo Orden Mundial humanamente invencible, sin embargo aceptan el “status quo”. Y esta postura muchas veces tiene que ver con su negación persistente a aceptar los signos de los tiempos que marcan con claridad los postreros tiempos de la humanidad. Podríamos documentar la inusual cantidad de terremotos, pestes, hambruna a pesar de la superproducción de alimentos; guerras y rumores de ella, revoluciones, el tiempo en que no se soporta la sana doctrina, la gran impostura religiosa de la descomunal apostasía en que se vive; y entre muchos signos más, el más claro de todos: “Cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” Sin embargo, sabiendo que la más grande de las esperanzas, la del regreso con toda Majestad y Gloria de Nuestro Señor Jesucristo viene acompañada con todos estos padecimientos, se niegan rotundamente a aceptar la posibilidad de su cercanía, sosteniendo que esos tiempos están lejanos, o que ellos no vivirán para verlos, afirmación que significa lo mismo que tal vez nunca lleguen. Y surge la pregunta ¿es que tienen miedo a morirse?, cuando sabemos que es algo que necesariamente tiene que pasar; o es algo peor, el estar tan atados a las posesiones y goces terrenos, que tanto les cuesta pensar en perderlos. He aquí el inmanentismo radical judaico impuesto aún en el corazón de la neoiglesia representado en el humanismo que busca el confort del hombre antes que su salvación eterna. Y he aquí una de las formas más sutiles pero a la vez cómodas de dudar de Dios.

  Tenemos que elegir entonces, y elegir comprometernos definitivamente. Seamos como la viuda con óbolo y demos todo lo que tenemos, y más aun, a fin de rendir honor a Dios. Cristo dijo “Si el mundo os odia, sabed que antes me odió a mi” y esta situación que en algunos tiempos por momentos pudo haber sido condicional, hoy en virtud de los tiempos que se viven, es inevitable y casi constante. No eludamos nuestra responsabilidad en los tiempos que nos tocan, y recemos, velemos y elijamos para estar a la altura de las circunstancias.

Ven Señor Jesús.



Augusto



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

jueves, 3 de diciembre de 2015

El "Rabino Bergoglio" y la masonería


  Recientemente designado como Secretario de Medio Ambiente del sionista gobierno de Macri en Argentina, el amigo personal de Bergoglio, rabino Sergio Bergman,  muestra un cuadro de la masonería al hablar de su “rabino de referencia Bergoglio-Francisco”, sobre la masónica eco-encíclica “Laudato Sí”







  

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 1 de diciembre de 2015

El racismo – P. Leonardo Castellani



  Hay muchas formas de racismo [...] En los tiempos de fray Bartolomé de las Casas, ciertos teólogos españoles afirmaron que los nativos de América no eran seres humanos, porque no pertenecían a la raza de Sem, ni a la de Cam, ni a la de Jafet, las tres razas mencionadas en la Biblia. Eran, por lo tanto, meros animales, de cuyo oro y bienes el hombre el español cristiano- tenía el derecho de adueñarse, como tiene el derecho de tomar las plumas del pavón, la miel de las abejas y la lana de las ovejas.
Jacques Maritain




  Tres novicios que iban al noviciado de Córdoba, dos argentinos y un peruano, se encontraron en el tren con un judío alemán, un ingeniero de una gran fábrica, que no me es lícito nombrar; el cual los invitó, les pagó el almuerzo -créase o no- y los hizo hablar en grande. Al fin del almuerzo les dijo a dos:

  -Usté saldrá del noviciado y usté también.

Al tercero le dijo:

  -Usté permanecerá-. El judío no sabía que el verbo propio es perseverará.

  Los novicios lo tomaron a broma. Pero dos años más tarde, uno de ellos, el peruano, se acordó de la predicción, que se había verificado a la letra, y me lo contó.

  Me dio curiosidad y fui a ver al judío, no creyendo en tanta coincidencia.
Me invitó a comer también. Yo le dije:

  -Mire que escribo en un diario que pasa por antisemita.

  -Mejor -me dijo el ingeniero.

  Al fin de la comida -durante la cual dejé siempre que comiese primero de cada fuente... por cortesía-, le pregunté cómo había adivinado el futuro de los novicios.

  -Oh, no es difícil -me dijo-; por sus ideas; por sus maneras de ver las cosas; yo conozco muchos eclesiásticos; es una curiosidad en mí; leo obras de teología de todas las religiones; soy un poco psicólogo...

  -Todo eso no basta -le dije yo.

  Pensó un rato, y al fin me dijo la siguiente notable sentencia:
 
  -Un cura, si es verdadero cura, desde el momento que comienza a pensaren ser cura... ya es cura.

  Yo me levanté de la mesa, y apuntándole el índice, le dije:

  -¡Usté se convertirá al catolicismo!

  -Absit! -me dijo el alemán.

  -Usté se convertirá al catolicismo; acuérdese lo que le digo.

  -¿Cómo lo sabe?

  -Porque un judío, si comienza a obrar como si no fuera judío, si es verdadero judío, ya no es judío.

  Este diálogo, si ustedes lo entienden, contiene la verdadera solución de la cuestión judía.

  En efecto, la cuestión judía existe; y no tiene más que una solución: o que el judío se convierta al cristianismo, o que se porte como verdadero judío.

  Portarse como verdadero judío es cumplir la ley de Moisés, la cual les manda a ellos desde hace siglos que se separen de los cristianos, que se distingan de ellos incluso con un vestido diferente y que no tengan esclavos cristianos. Es decir, en tiempo de Moisés no había cristianos, pero había gohims, que ahora somos nosotros.

  Ahora bien; la Iglesia Católica no manda acerca de los judíos nada más que eso. Pero lo manda perentoria y machaconamente; y hoy día nadie la obedece en esto -ni en casi nada. Vean la preciosa compilación de documentos solemnes del magisterio eclesiástico de Lo Grasso S. J., titulada Ecclesia ct Status, sobre todo los edictos de Constantino (315), Constancio y Juliano (357), Teodosio (393), Honorio (423), la tercera Novella de Valentiniano (438) y la preciosa carta a los Hebreos de Terracina, de San Gregorio el Magno, papa y periodista (590-604), que al mismo tiempo que íes permite edificar una sinagoga -pero no cerca de la iglesia- y los recomienda a los obispos Bacanda, Agnel y Pedro, concluye terminantemente:

“Prohibimos netamente gravar o afligir a los susodichos hebreos contra el orden de la razón; mas ya que se les permite convivir en las Leyes Romanas, como dicta la justicia, dispongan su conducta según su entender, sin que nadie los estorbe. Pero no les es lícito tener esclavos cristianos.”

  Este precepto: “No les es lícito tener esclavos cristianos”, es el que más se viola en nuestros días, sobre todo en la Argentina, en que todos somos más o menos esclavos de los judíos, a causa del imperio fantástico que tiene el oro internacional sobre nosotros y sobre todo por causa de la mentalidad de ganar dinero a toda costa y furia -incluso vendiendo la patria- que va cundiendo en nuestro pueblo con el ejemplo impune y descarado de los de arriba. Eso también es hacerse esclavo, en cierto modo, de los judíos.

  Un amigo me manda continuamente al diario recortes furiosamente rubrados del Mundo Israelita y de otro diario en idisch -cuyo título traducido debe de ser más o menos: Cheman Raijman Schildlovich Jacarandina-, con unas cartas que echan venablos contra lo que allí escriben ellos y él subraya. Pero lo que ellos escriben allí, a mí más bien me gusta: hay un editorial en el Mundo Israelita del 9 de febrero de 1946, que es más cristiano que muchísimos editoriales de La Prensa. Los judíos dicen allí que ellos son judíos; recomiendan a los israelitas argentinos el no meterse tanto en política argentina que descuiden la política sionista; reconocen que la mayoría de los hebreos propenden de suyo al comunismo y que esa herejía cristiana –como tantísimas otras- es de inspiración del judaísmo, aunque del judaísmo corrompido... “Jabotinski decía que un hombre no puede tener dos ideales. El caso de los comunistas judíos lo corrobora. Su ideal es el comunismo y le dan prioridad sobre todo lo demás [...] incluso sobre Eretz Israel”..., cuanto más sobre la postiza patria argentina. Por último, piden limosna para Eretz Israel, o sea el Hogar Judío resucitado en tierra palestina. Todo eso no nos enfurece ni disgusta; al contrario.

  El que nos disgusta bastante es el judío puesto al servicio de la propaganda, aunque sea cristiano y filósofo. La Información Católica Internacional anda repartiendo un folleto de Jacques Maritain, titulado Por qué no somos Racistas ni Antisemitas. Es cosa de ponerse a llorar cuando uno lo lee. Por suerte, le desconfío que lo lean muchos. El filósofo francés ha dejado a un lado el filósofo y queda solamente el francés; y ni siquiera eso. El resultado no es para felicitarlo. Consideren un momento el texto que puse arriba. ¡Qué desastre!


  Ese texto pretende que “ciertos teólogos españoles” enseñaron la doctrina de que los indios eran animales y no hombres. Es para quedarse patitieso de la información que tiene ese filósofo. Si ésa es la información católica internacional, preferimos carecer de ella y ser católicos nacionales, o mejor, católicos simplemente. Si los católicos internacionales tienen tan buena información, ¡que nombren a esos teólogos españoles! Y hasta que no los nombren, declaramos, a fuer de teólogos hispanos, que eso es un hediondo embuste. Ningún doctor español en teología, ningún licenciado en teología, ningún maestro en teología, ningún bachiller, ningún alumno aplazado en teología, ningún noble español, ningún artesano español, ningún truhán español, ninguna ramera española, ningún judío español pudo haber dicho jamás lo que atribuye a “ciertos teólogos españoles” el descarado seudoteólogo francés, ¡en el tiempo de Melchor Cano y de Arias Montano, en los tiempos del teatro de Lope y los Autos Sacramentales! Ni siquiera hoy en día, ni Cristiano García, ni la sirvienta asturiana de la Madre María, es capaz de decir eso ni en sueños.

  ¡Oh maestro Jacques!... Si no respetáis a España, por lo menos respetad la Teología. Y no seáis tan racista judío y tan racista francés, al venir a predicarnos que no seamos racistas hispanos. O todos los racismos son malos... o ninguno.

  No hay derecho.



P.LEONARDO CASTELLANI – Cristo ¿Vuelve o no vuelve?  Ed. Gladius 2014 (1ra ed. 1951) –  Pags. 176-179




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

jueves, 26 de noviembre de 2015

Fronteras abiertas: el suicidio colectivo de Europa - Judica me, Domine



El siguiente vídeo fue publicado en Youtube, pero removido del mismo. Ahora se encuentra en la versión rusa “rutube”.

Nota de NCSJB: El siguiente video muestra la verdad sobre la violenta  inmigración islámica que promueve la judeomasonería a través de la Unión Europea como uno de sus tentáculos, así como Bergoglio hace lo propio engañando a la feligresía católica con la misma promoción a la que agrega la del sincretismo para complementarla.  

Si bajan el video de youtube pueden verlo del link de la página rusa rutube




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ante religiones acatólicas – Fr. Alberto García Vieyra O.P


  La actitud del catequista católico ante religiones acatólicas, sectas disidentes, debe ser vigilante, y de ningún modo pusilánime y contraria a la debida confesión pública y explícita de la fe católica. De otro modo puede inducir a sus catequizados a un deleznable sincretismo religioso, que la Iglesia no acepta desde los Apóstoles hasta ahora.

  En síntesis, debe tener en cuenta lo siguiente:

  Primero, guardar y enseñar la integridad de la revelación y de la fe.

  Segundo, lo que las sectas tienen de positivo encuéntrase ya en su estado auténtico en la Iglesia Católica.

  Tercero, las sectas disidentes subsisten solamente por su polémica contra la Iglesia Católica, o porque son religiones de Estado, como ocurre con el anglicanismo en Inglaterra o el luteranismo en los países escandinavos. En Estados Unidos existe un interés muy sugestivo por la propagación de las sectas en los países sudamericanos; eso las hace subsistir, a pesar de no importar ningún valor religioso.

  Cuarto, como contenido religioso, las sectas disidentes constituyen un humanitarismo naturalista que busca sus antecedentes en la historia de las religiones. Actualmente estamos lejos del protestantismo antiguo de Lutero o de Melanchton. La fe informe de la herejía inicial, termina por derrumbarse; la teología no puede subsistir; acaban por no poder interpretar las formas vivas de la piedad y reducir todo a algo menudo y tangible como son las religiones primitivas. Por eso buscan sus antecedentes en lo afectivo o en religiones primitivas. Es el cristianismo herético que ha renunciado a ser algo de Dios, pasando a ser algo del hombre.

  Quinto, como estructuras religiosas, vale decir, como cosas que se refieren al culto, explicándolo o justificándolo, los cultos disidentes no encierran ningún valor positivo, y sí mucho de negativo. Un valor religioso es positivo cuando se ordena a la salvación, o sirve en alguna forma a la misma. La salvación en la herejía es imposible; la herejía es pecado contra la fe e implica, además, la subestimación total o parcial de la verdad revelada. Las sectas disidentes, cualesquiera que sean, constituyen un elemento negativo de corrupción intelectual, de desintegración personal y social; originan la confusión en mentes poco precavidas con sus problemas de crítica callejera.

  Sexto, como grupos sociales, las sectas son (como su nombre lo dice) una sección. Una secta es algo antagónico, origina la división, siembre el antagonismo, implica una escisión; la fe es el primer elemento de cohesión social. El hombre trabajador, que no ha tenido tiempo para otros estudios, debe gozar tranquilamente de su fe, llevar su vida de cristiano, educar cristianamente a sus hijos y salvarse en la última hora. Es un absurdo llevar a cada individuo en particular la cuestión de cuál sea la verdadera Iglesia.

  Además debemos tener en cuenta que un vecino protestante es un problema para el buen padre de familia, que justamente debe temer el contacto de sus hijos con un hereje. Nosotros decimos que no debe tolerar ese contacto.

  Los cultos disidentes no se atienen a la revelación. Niéganlan total o parcialmente. El protestantismo ha luchado durante cuatro o cinco siglos por negar la inspiración divina de la Escritura. La exégesis protestante siempre fue negativa, quiso reducir los libros santos a libros vulgares. De aquí resulta que han perdido todo sentido de la Palabra de Dios. Por eso decimos que no se atienen a la revelación, descuidan lo prescripto de manera positiva por Dios; luego los cultos disidentes no constituyen un servicio de justicia para con Dios, son una adulteración y una injusticia formal.

  En las cuestiones sobre el martirio y la herejía, Santo Tomás en la Suma Teológica expone cuánto importa la integridad de la revelación. Al tratar de la herejía, en el tratado de la fe, afirma que debe castigarse al hereje con la pena capital: “no sólo ser excomulgados sino ser entregados a justa pena de muerte” (II.II,q.11,a.3.). La razón es el gravísimo daño a la comunidad. La herejía es un daño irreparable que importa nada menos que la eterna condenación. Antes que la perdición de todos o de un gran número de seducidos por la herejía, es preferible la de uno solo.

  Es interesante que pensemos en todo el mal que sigue a la herejía. Hereje es quien atenta contra la integridad del dogma o de la revelación; implica un rompimiento culpable de la unidad de la fe; en el orden social, la creación de estructuras pseudoespirituales que entorpecen la visión de las condiciones de salvación.

  En las cuestiones sobre el martirio reaparece la importancia de conservar la integridad de la revelación y de la fe. Prefiero la muerte y salvar mi alma antes que perderme en cuerpo y alma en el infierno. El martirio, como acto supremo de la fortaleza, supone como bien máximo la integridad de la revelación, objeto de la fe sobrenatural; supone que es un bien que debe conservarse a todo precio, aún a costa de la propia vida.

  Podrían tolerarse los cultos disidentes si pudieran justificar su valor como un bien positivo para el hombre o para la sociedad. Pero no constituyen ningún bien ni individual ni social.

  Volvamos con Santo Tomás a aquel acto supremo en el cual el hombre ofrece su vida en pro de la integridad de la fe. Aquí importa determinar exactamente cuál es el bien humano por excelencia, ya que la propia vida es un bien de tan alta categoría, y se nos pide sacrificarla. Para justificar el martirio tenemos el siguiente principio: el bien racional o humano consiste en la verdad como en su propio objeto, y en su efecto propio que es la justicia (cfr. Suma teológica, II.II,q.124,a.1.). Los cultos disidentes implican un atentado contra la verdad y la justicia. Luego, es imposible justificarlos como un bien para el hombre.

  Si bien la integridad de la fe es el supremo bien del hombre, la pérdida de la fe es un mal también supremo. Notemos lo que implica un valor, y supremo valor, es la firmeza en la verdad y en la justicia, aún con pérdida de la vida. No es ningún valor la complacencia ante el error y la injusticia. Un “acomodo” por cobardía o infidelidad en ningún caso se justifica; la Iglesia es justamente severa en su legislación canónica para la comunicación con los herejes.

  Séptimo, otro perjuicio social de las sectas disidentes es el que ya hemos insinuado de llevar problemas teológicos a la calle. Siempre se trata de alguna cosa contra la Iglesia, alguna objeción clásica contra algún dogma de fe, alguna falsa interpretación exegética, cosas que son familiares a los que siguen los estudios eclesiásticos. Pero viene el falso predicador afirmando en la plaza pública que la inmortalidad del alma es mentira, que la Trinidad es un misterio pagano o que el fin del mundo será para dentro de diez años. Todo esto es absurdo y origina confusión.

  Octavo, las sectas disidentes (anglicanos, metodistas, adventistas, luteranos, etc.) se dividen y subdividen, cambiando constantemente de contenido religioso. No representan nada serio y estable en orden a la salvación y vida religiosa del hombre.





“Temas Fundamentales de Catequesis” – P.Fr. Alberto García Vieyra O.P. Centro de Estudios informáticos Santa Fe–Argentina 1995. Págs. 739-742.




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

lunes, 16 de noviembre de 2015

FRENTE AL 22-N - Antonio Caponnetto


   “No participamos de la opinión de los que pretenden bastardear el Nacionalismo poniéndolo en el plano de un simple partido político para entrar en la puja de menudos intereses electoralistas. No creemos que sean las de hoy las condiciones propicias para la resolución de los grandes problemas que afectan al país, por la vía electoral y menos pretender que esa sea hoy una salida honrosa para el ideal que sustentamos. Mediatizar lo que es de Dios y de la Patria al juego a la baja de unas elecciones, a la decisión de una mayoría circunstancial que se deja arrastrar por el canto de sirena de quien demagógicamente más le promete, nos parece una verdadera aberración. Nos parece una aberración a la que siempre rechazó de plano el Nacionalismo [...].Sólo hay una cosa que hay que levantar fundamentalmente en Occidente como verdadera tabla de salvación: la Cruz. A ella nos aferramos”
Jordán Bruno Genta, Hay un solo Nacionalismo, en Combate, Bs As, Año II, 1957.

  

Un doliente hartazgo


  Algunos pocos y benévolos amigos me han pedido cierta orientación u opinión ante los próximos comicios.

  Explico primero el porqué del doloroso hartazgo frente al tema, y luego intentaré expedirme para que no se me acuse de evasivo.

  Nadie está obligado a leerme, ni he perdido el juicio como para tenerme por consultor obligado. Pero si no se me lee, nadie tiene tampoco derecho alguno a criticar lo que pienso. Sencillamente porque no conocen lo que pienso. O lo conocen del peor modo: fragmentariamente, y de mentas; cuando no cargados de elementales apriorismos. Hasta ahora, parecía ser ésta la funesta especialidad de las izquierdas. Pero resulta que el contagio ha llegado a la propia tropa. A la muy cercana.

  Nadie está obligado a leerme, reitero. Pero tampoco pesa sobre mí el deber de volver a escribir los mismos libros cada vez que una circunstancia determinada pone sobre el tapete el tema central de esos libros ya escritos.       Un traumatólogo no escribe sobre los riesgos de las fracturas expuestas cada vez que alguien se rompe un codo.

  Llevo publicados dos volúmenes densos y pormenorizantes sobre la perversión democrática, y está en curso un tercero, del mismo tenor. El número de escritos referidos al punto –aunque en rigor, a cuestiones colaterales y anejas al mismo- podría casi multiplicarse, si contara, no sin razones, dos tomos previos, aparecidos en el año 2000, antologizando textos que publicara en Cabildo durante veinte años.

  Por más modesto que quiera ser al respecto, no encuentro el modo de omitir que he procurado ser detallista, exhaustivo y meticuloso en mis argumentaciones contra el horribilísimo e insalvable sistema político que nos domina, así como sobre la nocividad moral en que incurre quien lo convalida o avala en vez de procurar su destrucción. Ergo, dable sería esperar la misma actitud analítica en quienes no comparten mi postura.

  Lamentablemente no suele suceder así. Y cualquier opinante anónimo de un blog, verbigracia, se cree facultado para descalificar mi tesitura. O peor dicho: lo que suponen, sin leerme de modo íntegro, que es mi tesitura. Las presiones para que me rinda y siente cabeza de católico que “no dogmatiza lo prudencial”, ni tiene “conciencia escrupulosa”, ni “vea pecado donde no lo hay”, se multiplican en vísperas de cada elección, con argumentos cada vez más insólitos. Últimamente, el de acusarme de donatista, platónico, kantiano, rigorista, fariseo, provocador o desafectado de los hipotéticos beneficios que les traería a los militares presos el triunfo de esa porciúncula más del estiércol que responde a la sigla PRO.

  Ninguno quiere dejar en paz a quien, simplemente, -¡vaya pretensión!- procura dar testimonio de coherencia en soledad. A quien no quiere ser útil al sistema, ni incurrir en el activismo partidocrático, ni vivir pendiente de los requerimientos de un modelo corrupto, ni pagar tributo a la corrección política, ni estar desatento al regreso de Jesucristo antes que atento a la huida de los kirchner, minusculando a sabiendas el nauseabundo gentilicio.
 
  Una voluntad tácita de castigarlo y doblegarlo se pone en marcha ante el disidente. El rigorismo de los demócratas es cada vez más circundante y opresivo. No quemar incienso al sufragio universal está penado por la ley y queda el réprobo sometido a figurar en la lista estatal de infractores, oblando su multa. Sin embargo, no es éste el maldito rigorismo que dispara siquiera una línea de condena, sino el nuestro, por no querer sumarnos a la inmoralidad cuantofrénica.

  Los ciudadanos de la democracia están divididos entre los integrados mansamente al llamamiento electoral, que deben tenerse por puros y limpios; y los impuros y sucios que, contrario sensu, desacatan el imperativo de hacer una genuflexión doble ante cada urna. Sin embargo, insistimos, no es a esta demasía a la que se la compara con la casuística de purezas e impurezas del judaísmo, sino a nuestra actitud de no querer contaminarnos éticamente haciendo la fila para rifar a la patria con cada boleta asquerosa.

  En esa ofensiva contra el disidente, lo subrayamos, cualquier argumento es válido. Hasta el de compararnos con los circunceliones del siglo IV. Bandidos desaforados y heréticos, claro; eso seríamos. Como los brigantes franceses, los bandoleros de la Cristiada, los forajidos resistentes al castrismo, o más criolla la cosa: como el Chacho Peñaloza, conductor de los últimos “bárbaros”, al que con el mencionado mote de bandido insultó su verdugo antes de matarlo.

  Imposible no recordar en dos trazos lo que me sucediera en una de las primeras defensas catedralicias, en Buenos Aires. Tras soportar en desigualdad de condiciones largas horas de blasfemias, sacrilegios y obscenidades, aproveché un segundo de silenciamiento de las hordas para vivar a Cristo Rey. Sólo ese grito, lo juro. Sucedió entonces que un señor de civil, muy atildado y correcto, a quien hasta entonces no había visto, se me acercó e -identificándose como comisario en operaciones en el susodicho vejamen- me dijo textualmente: “si usted vuelve a provocarlos, no me deja otra alternativa más que detenerlo”. El infeliz no había leído a San Agustín ni a Baronio. Nada sabía de Makide o Faser, los renombrados caudillejos de los circunceliones. Pero algo había aprendido del mundo y para el mundo: el provocador era yo. Tristísima cosa que así piense, no ya un ignoto y exculpable esbirro del Estado, sino un haz de católicos a quienes tengo por buenos [1].

  Desahogo formulado, enunciemos lo esencial.



Brevísimas consignas


   I.-Independientemente de la inacabable disputatio sobre el mal menor, el domingo 22 de noviembre no hay ningún mal menor que elegir. Es uno solo, enorme,  abisal e inmenso el mal; y le daré los nombres que tiene a riesgo de seguir siendo incomprendido. Ese mal se llama Democracia, Revolución, Modernidad, Inmanentismo. Con cualquiera de estos apelativos, y mucho más con todos ellos juntos, puede sentirse denominado el Anticristo.

   Macri, Scioli, Zannini o Michetti no son los nombres del mal. Apenas si apodos circunstanciales, efímeros, intercambiables y con caducidad a mediano plazo. Si no se entiende la naturaleza y la hondura del mal que enfrentamos, nos tranquilizaremos creyendo que ejercemos la vindicta sobre los marxistas porque votamos a los liberales. Para entenderlo, no lean Cabildo, que es nazi. Pero Los endemoniados de Dostoievsky no puede dejar de leerse. Y allí, no sólo está retratado el carácter preternatural del mal que tenemos delante, sino el error que cometemos al desconocer la circularidad viciosa de sus progenitores y de su prole.

  Mientras redactamos estas líneas, Macri ha dado a conocer la nómina de los centenares de “artistas, científicos e intelectuales” que le darán su voto. Ante la vista del horrísono listado es imposible mantener en pie la idea de que “aquí y ahora [Macri] es lo menos pésimo, porque nos libera aunque sea temporalmente del totalitarismo culturalmente marxista que soportamos” [2]. La contracultura marxista salta de contento con estos personajes, que conciben la política como un “resolver los problemas de la gente”; esto es, con ofrecerles bienestar y paraísos terrenales. ¿Hay algo más sutilmente  próximo al materialismo marxista?

   Asimismo, y ante la vista de los antecedentes pasados y de las conductas presentes de quienes integran la coyunda CAMBIEMOS, es inviable alimentar cualquier optimismo respecto de una reparación histórica sobre la situación de los soldados en cautiverio. Esto supuesto que el fin justificara los medios y que el bien privado esté por encima del bien común. Y que, entonces, para conseguirle a un amigo militar la prisión domiciliaria habría que darle nuestro voto a un hideputa anaranjado o amarillo.

  II.-Votar tiene varias acepciones en el lenguaje político, aún en el clásico. Y hay votaciones que poseen su licitud y hasta su conveniencia. Pero votar bajo las especies del sufragio universal, la soberanía del pueblo, el monopolio de la representatividad partidocrática y la tutela del constitucionalismo moderno, es “la mentira universal”. Sumarse a esa mentira es conculcar el Octavo Mandamiento.

  Como en el caso de la unión co-generadora entre liberales y marxistas o del mal menor, lo que acabamos de decir sobre la calificación moral del sufragio universal, no es una ocurrencia solitaria nuestra (suponiendo que de serlo deberíamos estar forzosamente equivocados). Hemos documentado con minucia la existencia de una sólida y larguísima docencia cristiana y aún no cristiana condenatoria de la inmoralidad numerolátrica. En mis escritos sobre el tema, no he apelado a mi autoridad para sostener esta premisa, que tanto parece molestar, sino a la de una frondosísima catalogación de autores, católicos o no, pontífices o súbditos, contestes en el álgido punto.

  Se me objeta llamar pecado al sufragio universal porque “la Iglesia no enseña tal cosa desde el siglo XIX hasta el presente”[3]. Además de no ser correcta esta aseveración, la perspectiva democrática, como se ve, la forma mentis cuantitativista, ha invadido aún las propias filas de bautizados fieles y lúcidos. Y hasta los buenos católicos, para saber qué es pecado y qué no, deberán acudir ahora  al siglómetro. Como ese traje de baño que pasados dos veranos sin que nos quepa en el cuerpo, nos resignamos a considerar impropio para nuestras carnes, así también serían ahora los pecados para la vestimenta del espíritu. Tienen fecha de vencimiento. Pasada una determinada cantidad de años, si ya no se habla de ellos en la Iglesia, pues sencillamente no existen.

  III.-Conocer y admitir estos principios rectos y procurar darles una aplicabilidad en cada aquí y ahora, no es un error filosófico (platonismo) ni una herejía religiosa (donatismo). Es la olvidada y simplísima virtud de la coherencia. Lo que Jordán Bruno Genta llamaba teresianamente “preferir la verdad en soledad al error en compañía”. Que pueda caerse en excesos o en defectos en su práctica, es riesgo propio de toda virtud. Va de suyo que cada quién hará lo posible por conservar el justo medio moral.

  Nadie dice que “el orden moral y político, si no es cristiano, está irremediablemente corrompido”. Gobiernos hubo en tiempos paganos que pueden merecer nuestro encomio. Y hasta lo mismo podría decirse de ciertos gobiernos paganos en tiempos cristianos. Pero el ordenamiento moral y político que tenemos por delante y bajo el cual se nos propone vivir, es explícitamente anti-cristiano, y aún anti-natural y anti-humano. De allí que esté irremediable e inherentemente corrompido. Y de allí que propongamos enfáticamente la niguna cooperación con el mismo y hasta nuestro módico intento de combatirlo.

  Lo que la política tiene de arte prudencial, y lo que la prudencia tiene de principios e instancias aplicados a casos y circunstancias concretos, no es algo desvinculado de la “batalla de ideas”. Sencillamente porque la operación sigue al ser. La teoría no se confunde con la praxis. Pero ninguna praxis deja de presuponer una teoría, y hasta el praxeólogo puro –precisamente por eso- es deudor de una concepción previa que luego ejecuta.

  Las fuentes de la moral con las que medimos la pecaminosidad o culpabilidad del régimen al que nos quieren obligar a acatar, siguen siendo las mismas que enseña el Catecismo: objeto, fin y circunstancias. Y no hay principio del doble efecto o de voluntario indirecto que pueda servir para mitigar el desbarajuste ético de los colaboracionistas del sistema. No es que tengamos por malo aquello que nos repugna. Nos repugna lo que está objetivamente mal. Es un error el mero circunstancialismo vitalista de Ortega, pero error es también negarle valor moral a las circunstancias en las que elegimos libremente actuar; o desconocer que existe una virtud que rige el obrar en cada circunstancia, que se llama circunspección y que es parte de la prudencia. Es un error y un calvario la conciencia escrupulosa. Pero también lo es el laxismo moral y la pérdida de la conciencia del pecado.

  IV-No somos el partido de los votos anulados, ausentes o en blanco. Nos tiene sin cuidado ser partícipes de un cambio en los cómputos finales del escrutinio. Ni siquiera somos el partido de los abstencionistas. Porque creemos que hay un quehacer político del católico, sobre el cual ya nos hemos expedido en muchas ocasiones, durante largos años. Un quehacer posible, perentorio y necesario, que nos convierte en presentistas no en ausentistas de la vida política.

  La deslegitimación del sistema no depende del número de electores que acudan a los comicios. Es más del mismo criterio cuántico. El sistema es intrínsecamente perverso y por lo tanto incurablemente ilegítimo. Las mentiras de la voluntad popular y de la soberanía del pueblo, no se contrarrestan con el abstencionismo, sino con una prédica infatigable de los sofismas en que se sustentan y con la demostración de que una alternativa práctica nos resulta y nos resultaría posible, si fuéramos capaces de desentendernos de las categorías y de los criterios con que la Modernidad concibe a la acción política.

  Un amigo carlista y reaccionario y empecinadamente ultramontano, nos regaló esta cita de Dominique Paladilhe, contenida en su libro: La grande aventure des Croisés. Se trata de una declaración de Saladino -nada menos- que dice lo siguiente: “¡Ved a los cristianos, ved cómo vienen en multitud, como se apresuran por el deseo, cómo se sostienen mutuamente, cómo se cotizan juntos, cómo se resignan a grandes privaciones”! Lo hacen con la idea de que por ello sirven a su religión; he aquí porqué consagran a esta guerra su vida y su riqueza. En todo esto no tienen más causa que la de Aquél que adoran, la gloria de Aquél en el que tienen fe”.

  Buena reflexión para tiempos electorales que coinciden, además, con una nueva embestida del Islam, en la que ya no hay Saladinos ni mucho menos un Cid ni un Juan de Austria. Buena reflexión ante esta nueva y trágica encrucijada de la Iglesia y de la Patria. Quede dicho: no quisimos ni queremos tener otra causa que la gloria y la adoración de Aquél. Y en esta causa, se nos van los años, las privaciones, la vida y la guerra.

____________

  Pta: Por si alguien dispusiera de tiempo y ganas sugiero la lectura del Epílogo de mi libro La perversión democrática, donde me demoro en el quehacer político del católico, tomando distancias de posturas abstencionistas y colaboracionistas. Sólo aclaro que el escrito es del año 2010.

  ____________


[1] Para quienes no estén en el tema –ni tengan porqué estarlo- aclaro que estoy aludiendo a una seguidilla de interesantes notas del blog Info Caótica (“El mal menor no es un pecado menor”, “El donatismo político”, “Balotaje”, “Algo  sobre el platonismo político”). Aclaro igualmente que, al margen de esta dolorosa disidencia, en no pocos y sustanciales planteos me siento afín al pensamiento expresado desde este valioso sitio digital. Y que fue desde el mismo, entre otros, que se dio a conocer la solidaridad de un puñado de amigos hacia mi persona, ante el ridículo y canallesco entredicho planteado por Monseñor Taussig. Por lo que guardo un agradecimiento particular.

[2] Declaración del Instituto de Filosofía Práctica, La vindicta como parte potencial de la justicia y las elecciones presidenciales, Buenos Aires, 4-11-2015.


[3] Primer comentario de la Redacción del blog Infocaótica al artículo “Algo sobre el platonismo político”, 29-9-2015

  

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

viernes, 13 de noviembre de 2015

Elecciones democráticas: Las falsas opciones del sistema - Augusto TorchSon



  Mucho se debate entre los católicos de mi país sobre la cuestión de elegir por el candidato menos malo en las próximas elecciones. Esta situación la podemos observar sin ninguna variante en todos los países democráticos del mundo.

Continúe votando
La próxima vez las cosas serán diferentes

  Mi planteo tiene que ver con la postura que sostiene que el abstenerse de votar y elegir entre las perversas opciones del sistema, es considerada como una falta de compromiso o una cuestión de comodidad. Como primera crítica, creo que se debe descartar la falsa idea de que la única forma de participación política tenga que ver con nuestra colaboración en el rito blasfemo del sufragio universal. Bien establece la encíclica "Diuturnum illud" (aquílo relativo a la falacia de la soberanía popular en la que están basadas todas las democracias modernas. Pero, sin entrar en este punto en cuestiones doctrinales, una vez más surge la pregunta ¿es lícito buscar el bien con medios intrínsecamente perversos? ¿es que Maquiavelo tenía razón? Una vez más se da lo de "El Señor de los anillos" de tratar de vencer a Saurón (el demonio hoy encarnado por el globalismo anticristiano ONUsiano) con el anillo de Saurón.


  En este punto la experiencia indica con toda claridad que en las cuestiones esenciales que hacen al espíritu de las naciones, todos los gobiernos, casi sin excepción, con más o menos celeridad, avanzan siempre en la imposición de políticas que siempre afectan gravemente el alma misma de los pueblos cuya voluntad dicen representar. Entonces el hoy considerado mal menor, ya no tiene que ver con evitar esa destrucción de nuestra identidad nacional, sino, simplemente elegir al que roba menos o más obras públicas puede realizar. Pero hoy, aunque muchos no lo quieran ver, prácticamente el último y hasta casi único frente que nos toca defender es el salvar nuestra alma y colaborar a que otros también lo consigan, y de esa manera también se puede hacer Patria. Esto puede ser para muchos un pueril reduccionismo para justificar la supuesta falta de compromiso, pero es precisamente más difícil concentrarse en esto que entrar en el sistema para sobrevivir y justificarse después diciendo que para construir algo, hay que embarrarse los pies. 

  La neo iglesia posconciliar es una de las principales responsables de la promoción de la democracia como única forma de conseguir el bien común. San Pio X con toda claridad se oponía a este falso axioma al decir: "Lo que queremos afirmar una vez más, siguiendo a nuestro predecesor es que hay un error y un peligro en enfeudar, por principio a una forma de gobierno; el error y peligro son tanto más grandes cuando se identifica la religión con un género de democracia cuyas doctrinas son erróneas" (Notre Charge Apostolique). Sin embargo, es preciso ser ecuánimes a la hora de analizar el accionar de los pontífices en este aspecto y recordar cómo Pio XI cuyas encíclicas con inmensa claridad mostraban el mal intrínseco del comunismo (Divinis Redemptoris) o el capitalismo (Quadragesimo Anno) sin embargo, disociando el discurso de la acción, llamaba a aceptar los más perversos gobiernos en nombre de no alterar el "orden constituido", llevando por ejemplo a los gloriosos Cristeros mejicanos a bajar las armas para terminar siendo asesinados en masa y para que hasta el día de hoy gobierne la masonería en ese país; o decirle a los obispos españoles que debían aceptar la Segunda República que asesinó a miles de sacerdotes y monjas y a condenar a la monárquica y antidemocrática Acción Francesa como a su fundador, el ilustre nacionalista Charles Maurrás, situación solucionada posteriormente por Pio XII. Todo esto por reconocer solo la supuesta “legitimidad de origen” pero desconociendo la “legitimidad de ejercicio”. Y es precisamente este error en el que incurren quienes pretenden justificar su postura anti-abstencionista; el no darse cuenta que la "efectiva legalidad" de un sistema viciado, no puede sino conducir a la inmoralidad, y guarda la relación de causa y efecto. 

  En mi país, por el sistema electoral, al no conseguirse determinado porcentaje de votos, por medio del “ballotage” quedan solamente dos candidatos por los cuales elegir y ambos representan a las supuestas derecha neoliberal y la izquierda socialista. Pero, con respecto a lo que a los católicos nos tiene que interesar, es decir a los valores NO NEGOCIABLES, que son: la búsqueda del bien común, la libertad de educación de los padres, la defensa de la vida desde la concepción hasta su fin natural, y el matrimonio entre varón y mujer; ambos candidatos argentinos están completamente alineados en contra de estos. Macri al igual que la actual presidente dicen estar en contra del aborto, sin embargo promueven y aceptan los abortos por vía judicial y hasta administrativa aún cuando tienen la posibilidad de vetarlos (aquí). Con respecto al mal llamado “matrimonio igualitario” o más propiamente “putimonio” ambos candidatos están completamente a favor. En lo que hace a la libertad de educación de los hijos, ambos candidatos, en sus lineamientos educativos, promueven la homosexualidad desde la perspectiva de género y la promiscuidad en todas sus formas, incluyendo métodos abortivos para usarse como contraceptivos, (aquí Macri) (aquí el oficialismo) – Y si después esto podemos creer que se promueve el bien común, más que ilusos nos estaríamos engañando a nosotros mismos.
  

  Y ciertamente algo de eso hay, ya que la gente al no tener la confianza adecuada en las palabras Divinas, al seguir buscando las añadiduras antes que el Reino y su Justicia, siguen poniendo sus esperanzas contra toda razonabilidad y contra toda evidencia en cuestiones puramente mundanas, y en este caso hasta perversas, esperando obtener alguna pequeña concesión al mal intrínseco en nombre de ese “mal menor” al que aspiran los demócratas. Se quiere creer pero en algo terreno, en algo palpable, no en la razón de las razones, ya que es algo demasiado abstracto y poco práctico para la mentalidad moderna.

  Esta situación se puede extrapolar perfectamente a cualquier democracia del mundo entero, y tomando como ejemplo a quienes representan los paradigmas de las antítesis políticas del mundo actual, vemos como mucha gente cree irracionalmente que el abortista y comunista Putín, al estar en contra del “putimonio”, nos representa mejor que el abortista y homosexualista Obama.

  Como nacionalistas católicos, siempre se nos acusa en este punto de que nuestra postura representa un extremismo utópico, y a veces hasta de no ser nacionalistas por oponernos a la supuesta “única herramienta política” con la que contamos; en ese sentido Castellani nos daba la perspectiva adecuada al decir que: “el error del nacionalismo es poner los ojos en el Poder a corto plazo en vez de ponerlos en la Verdad a largo alcance” al tiempo de señalar que él votaba con un sobre en blanco (aquí).

  Las opciones del sistema son las propuestas de la judeo-masonería en todas las democracias liberales del mundo, y no existen de otro tipo.


  Se pretende elegir entre quién menos rápido nos lleve al infierno, pero en definitiva, se sabe con toda certeza cuál es el destino final al que se nos quiere conducir. Así por ejemplo, elegir como el candidato del mal menor al que promueve la pedofilia a partir de los 10 años en vez del que lo hace a los 7, no puede considerarse nunca como opción válida. Se nos propone elegir entre tomar cicuta o cianuro, pero, si como arguyen los demócratas, por lo menos tuvieron la posibilidad de elegir, yo digo que si me las suministran de cualquier manera, no será con mi anuencia, y eso también es una elección.


Augusto



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

domingo, 8 de noviembre de 2015

Niñez extraviada – Augusto TorchSon


  Si bien las experiencias de la niñez nos condicionan en gran medida contribuyendo a lo que hoy somos; no lo hacen fatalmente de manera que quedemos sumergidos en un predeterminismo que nos haga esclavos eternos de nuestras circunstancias. Así, esas circunstancias nos marcan sin quitarnos la libertad para decidir por el mal, o por el bien; y en éste último caso por el mejor de los bienes, que es en definitiva el que como cristianos debemos siempre buscar.

  Pero sin lugar a dudas que mucho nos afectan las vivencias de nuestra infancia y el haber crecido en un ambiente familiar que dista demasiado de lo que debería haber sido, sin una figura paterna o materna adecuada, y hasta carecido absolutamente de una o ambas; puede, entre otras cosas, limitarnos hasta en lo relativo a nuestra fe al afectarnos en esa confianza de niños que necesitamos tener para responder adecuamente a los designios divinos de nuestro Creador.

  Resultaría nocivo lamentarnos por no haber tenido un pasado distinto con un ámbito familiar menos disfuncional que hubiera generado un presente menos complicado y hasta un yo mejor del que efectivamente somos. Sin embargo puede resultar gratificante y hasta edificante el desear haber tenido esa familia que nos hubiera dado el ejemplo de amor de José y María hacia nuestro Señor, para así proyectar ese deseo hacia nuestros hijos y así poder reparar el daño que las circunstancias difíciles nos pueden haber provocado. Todo esto sin caer en la nociva nostalgia de las cosas que nunca fueron.

  Podemos de esta manera, comprendernos y hasta perdonarnos por nuestros errores; errores que tal vez fueron condicionados por nuestras experiencias; y en ese comprendernos, hasta sacarnos culpas que no nos corresponden y pueden haber sido asumidas erróneamente como propias. De esa manera, debemos también, comprender y perdonar a los demás, incluyendo a quienes consciente o inconscientemente nos dañaron. Y ya que no se puede dar lo que no se tiene, para alcanzar ese grado de comprensión a los demás, debemos primero comprendernos, esto sin pretender de ninguna manera ser autocondescendientes o justificar conductas dañinas. Así, entendiendo que muchas de nuestras acciones fueron producto de la repetición o la reacción contraria a algunas de nuestras vivencias, o que estuvieron condicionadas por lo que conocimos y vivimos, o por lo que ignoramos o dejamos de vivir; es que podemos entender las mismas reacciones en quienes nos rodean. 

  Podemos así entender el origen de algunas malas acciones más no justificarlas, y es imprescindible tener en cuenta que siempre hay lugar para la libertad y la Gracia. Pero es importante saber que más importante que pretender ser entendidos, es entender, y para eso debemos empezar por hacerlo con nosotros mismos y esto principalmente como camino de sanación. 

  Muchas veces cargamos con pesadas cargas las cuales nos cuesta mucho sobrellevar y olvidamos que Cristo llamó a los cansados y afligidos invitándonos a cargar con su yugo que es suave y ligero. Pero para eso nos exhorta a ser pacientes  y humildes de corazón.  

  En estos tiempos en los cuales de la Cristiandad ya no quedan sino lejanos y escondidos recuerdos, no podemos vivir pretendiendo una felicidad mundana que hasta implicaría un desprecio a los padecimientos de la Santa Madre Iglesia hoy invadida y atacada desde su interior; pero tampoco podemos sumarnos más pesos de los que nos corresponde cargar. Sin embargo, a causa de una falsa y herética prédica sobre la misericordia, tampoco podemos dejar de lado la importancia de vivir una verdadera misericordia que nos lleve a amar a los demás por amor a Dios, amor en la Verdad, amor que pretende el bien mayor del prójimo que es su salvación eterna. Ese es el amor por el que finalmente se nos juzgará y no el que pretende aceptar y justificar al vicio sin ayudar al vicioso a salir de los mismos. Pero para bien amar, primero tenemos que sanar interiormente con la ayuda de la Gracia, y recuperando el niño que tal vez no fuimos anteriormente pero todavía podemos albergar en nuestro interior; podamos así enfrentar enteros y con las armas adecuadas, los tiempos finales de este camino hacia el Calvario y completar adecuadamente en nuestra carne lo que le falta a la Pasión de Cristo.


Augusto


Nacionalismo Católico San Juan Bautista