San Juan Bautista

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domingo, 19 de julio de 2015

Grecia y el Nuevo Orden Mundial judeo-masónico – Augusto TorchSon


  En esta oportunidad vamos a intentar mostrar algunas de las informaciones que, si bien son públicas, son escasamente publicadas y nunca relacionadas a la hora de presentar las noticias.

  Cuando uno lee que la crisis de Grecia está por hacer caer no sólo a la Eurozona, sino probablemente a las bolsas del mundo entero, cabe preguntarnos ¿porque el cese de pagos de un país que de hecho es insolvente y que no tiene muchas más industrias que la turística para aportar a la economía mundial puede hacer quebrar al sistema financiero global? Un país absolutamente quebrado al que se le presta dinero, sabiendo que no tiene forma de generar recursos suficientes para devolverlo, ni aún con los humillantes ajustes que se le imponen con cada usurario empréstito, resulta por lo menos sospechoso para el sentido común que pueda llevar al mundo a una de las crisis financieras más grandes de la historia. Ahora, ¿cómo puede ser que prósperas economías que fueron destruidas como la Libia de Kadaffi, o la iraquí de Hussein, con la llegada de libertadora democracia yanqui, no generaron tal crisis global? También se puede mencionar la misericordiada Afganistán cuya ocupación norteamericana no hicieron más que llevar miseria y violencia a sus habitantes y tampoco hicieron caer las bolsas del mundo ni ahora cuando se destruyen países igualmente prósperos como la Siria de Al Assad, o los injustificables ataques a Yemen por partes de los árabes pro-sionistas ante el silencio del mundo entero.

  Entonces queremos que nos expliquen ¿porqué se trata de evitar la cesación de pagos de un país efectivamente insolvente, generándole más e incobrables deudas?


  Para entender un poco las pretendidas paradojas del sistema financiero, podríamos retrotraernos un poco en el tiempo y recordar la crisis del 2008 de  los bancos yanquis que generaron una inmensa crisis por sus manejos fraudulentos que de no solucionarse iban a llevar a un apocalipsis económico. La solución propuesta en ese momento por el presidente Bush no fue empezar por investigar causas y responsables, sino un megarescate de los culpables de la crisis de 800.000 millones de dólares. Haciendo un cálculo torpe, uno podría dividir esta cifra entre cada habitante del planeta y el resultado sería que a cada persona le corresponderían más de U$S 100.000.000, por lo que alguno consideraría más justo repartir dicho monto entre las víctimas inocentes y todos seríamos ricos en vez de premiar a los delincuentes, dándoles más herramientas para seguir con su usura y demás prácticas fraudulentas. Pero en el año 2011 de una auditoría realizada por la GAO “Government Accountability Office” a la Reserva Federal de EEUU, (recomendamos la lectura de nuestro artículo “La Reserva Federal de EEUU – Entendiendo el Nuevo Orden Mundial”) desenmascaró los prestamos secretos de los EEUU a bancos y empresas de ese país y extranjeras por un monto de U$S 16.000.000 millones, es decir 16 billones de dólares, cifra que deja al megarescate como un vuelto o una propina. Como no somos comunistas, no proponemos el reparto de dichos montos entre el “pueblo” más si nos gustaría algún tipo de explicación racional al respecto. Ese gustarnos no es más que una expresión de deseos utópica que no pretende más que quitar el velo al descomunal fraude del sistema financiero judaico mundial.  

  Entre los beneficiarios de dichos préstamos figura Goldman Sachs con 841.000 millones de dólares. Mencionamos dicha banca judía que forma parte de la FED (Reserva Federal) porque del mismo salieron Mario Monti y Lucas Papdemos que también formaron parte del BCE (Banco Central Europeo) y lo que es más importante para nuestro análisis, de la masónica Trilateral Comission de David Rockefeller. Ante la inmensa crisis que sacudió en esa oportunidad a Europa, como condición de asistencia financiera a los países de Italia y Grecia, se les impuso el designar como primeros ministros de dichos países a Monti y Papademos respectivamente sin pasar por las urnas. Lo sorprendente es que los pueblos italianos y griegos en ese momento no salieron a realizar manifestaciones en contra de este avasallamiento “antidemocrático”. Todo esto con la venia de la mandataria del país más poderoso del Eurogrupo, la judía canciller alemana, Angela Dorothea Kasner, más conocida como Angela Merkel. El resultado de dichas gestiones fue tan desastroso como se podía esperar y hoy se ven las consecuencias.

  Un dato interesante al margen, es que el masón Mario Monti llevó como ministro al creador del grupo eclesiástico prohomosexualista y promotor del ecumenismo sincrético “Comunidad San Egidio”, Andrea Riccardi. El mismo que después de muchos años de lobby logró introducir en el Vaticano a Mons. Vicenzo Paglia que se manifestara a favor de las uniones civiles de sodomitas, nada menos que en el “Pontificio Consejo para la Familia”. Recordemos que hace poco al consultársele a Paglia sobre la presencia de parejas homosexuales en el “Encuentro Mundial de las Familias” a realizarse en 22 de Septiembre en Filadelfia (EEUU) con Bergoglio, respondió “Todos son bienvenidos, nadie está excluido”.



  Ahora, volviendo a la actual situación griega, resulta claro que las contradicciones en el accionar de los actores en cuestión son ya absolutamente injustificables. El primer ministro griego Alexis Tsipras llegado recientemente al gobierno, lo hizo con la consigna de no ceder ante las humillantes propuestas del Eurogrupo para mantenerse en la zona “Euro”. Sin embargo desde que asumió, lo único que hizo fue someterse sin reparos a los requerimientos de ajuste para supuestamente conseguir “más oxigeno” en la crítica situación financiera del país. Habiendo llamado a un referéndum para consultar a su pueblo si debían aceptar las nuevas  medidas “de rescate” propuestas por el Eurogrupo, el Banco Mundial y el FMI, el resultado del mismo fue por el rechazo con más del 60% de los votos. No obstante, Tsipras desoyendo la consulta popular que él mismo promovió, aceptó los nuevos ajustes propuestos por sus acreedores. Pero sin entrar a considerar una vez más la ridícula situación de pretender apagar el incendio con gasolina, para entender el porqué de estos contradictorios accionares es preciso analizar al personaje ejecutor de los mismo.


  Alexis Tsipras es un comunista que fue elegido primer ministro teniendo sólo 39 años, el más joven de la historia del país, y para seguir estableciendo records, fue el primero en negarse a realizar un juramento religioso en su asunción al cargo. Para reforzar su carácter de marxista, incluso le puso a uno de sus 2 hijos el nombre de Ernesto en honor al fatídico “Che” Guevara. Y cómo no podía ser de otra manera, con dichos antecedentes fue alegremente recibido por el “obispo de Roma” Bergoglio, oportunidad donde trataron sobre sus preocupaciones por el medioambiente; todo esto antes del lanzamiento de la panteísta eco-encíclica “Laudato sí”.


  Pero lo que resulta imprescindible mencionar, son los vínculos de Tsipras con George Soros, nada menos que el “gurú” de las finanzas y por consiguiente representante indudable del capitalismo que los comunistas dicen combatir. Fue Soros quién financió su campaña y promovió sus viajes como el que realizó por EEUU. Tenemos que recordar que el judío Soros es miembro de la masónica CFR,  “Council on Foreign Relations” de Rockefeller (para más información CFR, Masonería, Sionismo y Nuevo Orden Mundial) y uno de los más importantes agentes de la judaica banca Rothschild. El mismo que promueve en todas las republiquetas marxistoides de América la despenalización de las drogas, habiendo

financiado la misma en Uruguay con el “humilde Mujica”. El mismo también a la que la presidente judía y comunista de Argentina, Cristina Fernandez Wilhelm, siempre visita en sus viajes a EEUU y a quien consideró, entre los acreedores especulativos del país denominados “fondos buitre” como el único “fondo buitre bueno”.

  Parecería ser que el apellido original de la familia Tsipras sería Cipra y serían judíos emigrados de Turquía, lo que se podría considerar como la “cereza de la torta”.

  Grecia, el mismo país que encarceló a los políticos aún electos del partido nacionalista “Amanecer Dorado” acusándolos de neonazis, no parece temer ni molestarse por los comunistas que, además de ser responsables de 100 millones de asesinatos en el siglo XX, les mienten actuando como socios de los capitalistas. Y en ese rol, la vergonzosa actitud de Tsipras, no puede considerarse como simplemente torpe o improvisada, dado las relaciones y los antecedentes antes mencionados.

  Todo parece indicar, que nos están llevando a una crisis perfectamente pensada en la cual quienes se muestran como enemigos u opositores, sin mucho escarbar, salta a la vista que son socios encubiertos en esta farsa dialéctica con el objetivo de generar la 3° Guerra Mundial que terminará imponiendo el Nuevo Orden Mundial.


  Podríamos mencionar, sin ánimos de extendernos más cómo Tsipras buscó a los ojos del mundo un entendimiento con el “antieuropeo” Putín y sin embargo, a pesar del establecimiento de “buenas relaciones”, el ruso projudío se mantuvo indiferente ante los embates de la Eurozona contra quién podría ser sumado como aliado antiyanqui, lo que aparentemente resultaría más que conveniente ante las continuas provocaciones que hoy ambas potencias nucleares se realizan, y que desencadenarían un terrible y universal conflicto. Lo mismo podría decirse de Rusia con respecto a Irán y Siria que aún siendo socios comerciales, y denunciar constantemente las provocaciones norteamericanas hacia los mismos, no interviene a la hora de apoyarlos militar o económicamente; situación que seguramente cambiaría de desatarse la guerra mundial.



  Quienes manejan los hilos del mundo conforman una plutocracia judeo-masónica, y como mencionamos en otras oportunidades, sus claras intenciones son la drástica reducción de la población mundial y el establecimiento de un único gobierno para todo el planeta. Las bases parecen estar sentadas, y las leyes eugenésicas y que promueven todo tipo de vicios contranatura y hasta la perversión de la infancia, no tiene otro objetivo que desterrar absolutamente todo rastro de amor por las patrias, socavando la familia, como célula básica de las mismas, en pos del globalismo masónico.

  Insistimos en este punto que dicho escenario sería el adecuado para la aparición y gobierno del “hombre de la iniquidad” o sea el “único y personal Anticristo”. Teniendo en cuenta que hoy la neo-iglesia ya no es la que ilumina a los fieles con la Verdad salvífica, sino que los conduce a la confusión, a la perdición eterna en nombre de la tolerancia hasta con el pecado mismo, al ecumenismo hasta el sincretismo y al humanismo hasta el relegamiento de Dios a segundo plano, no podemos dejar de estar atentos a los acontecimientos que vertiginosamente están tratando de destruir el sentido mismo de lo Divino. Pero sabemos que a pesar de todo, y aunque parezca todo perdido, las puertas del Infierno no prevalecerán. Ya no queda mucho terreno por conquistar en nombre de la fe, más cuando la pseudo-iglesia invita a desistir en la evangelización para sustituirla por el “dialogo”; sin embargo todavía podemos resistir, y ese resistir tiene que llevarnos a la perseverancia final, pero para poder enfrentar los peligros que nos acechan, no podemos permanecer ignorantes e indiferentes ante el avance del mal.

Trabajando para que Cristo reine


Augusto

 Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 14 de julio de 2015

¿Quién es el anticristo? - Cardenal Giacomo Biffi (Repost)


El cardenal Biffi ha presentado a Benedicto XVI y a la Curia Romana
«la advertencia profética de Vladimir S. Soloviev» sobre el anticristo.


  El predicador de los ejercicios espirituales hizo referencia al filósofo y poeta ruso, que vivió entre 1853 y 1900...

  Citando la obra de Soloviev, «Tres diálogos» (1899), el arzobispo emérito de Bolonia recordó que «el anticristo se presenta como pacifista, ecologista y ecumenista».

  «Convocará un Concilio ecuménico y buscará el consenso de todas las confesiones cristianas, concediendo algo a cada uno. Las masas le seguirán, a excepción de pequeños grupos de católicos, ortodoxos y protestantes», dijo.

  Según la síntesis de su predicación de este martes por la tarde, ofrecida por «Radio Vaticano», el cardenal explicó que «la enseñanza que nos dejó el gran filósofo ruso es que el cristianismo no puede ser reducido a un conjunto de valores. En el centro de ser cristianos está, de hecho, el encuentro personal con Jesucristo».

  «Llegarán días en los que en la cristiandad se tratará de resolver el hecho salvífico en una mera serie de valores», escribió Soloviev en esa obra.

  En su «Relato sobre el anticristo» Soloviev prevé que un pequeño grupo de católicos, ortodoxos, e hijos de la Reforma resistirán y le responderán al anticristo: «Tú nos das todo, menos lo que nos interesa, Jesucristo»

  Para el cardenal Biffi esta narración es una advertencia. «Hoy, de hecho, corremos el riesgo de tener un cristianismo que pone entre paréntesis a Jesús con su Cruz y Resurrección», lamentó.

  El arzobispo explicó que, si los cristianos se «limitaran a hablar de valores compartibles serían mejor aceptados en los programas de televisión y en los grupos sociales. Pero de esta manera habrían renunciado a Jesús, a la realidad sobrecogedora de la Resurrección».

   Para el purpurado italiano, este es «el peligro que los cristianos corren en nuestros días»: «el Hijo de Dios no puede ser reducido a una serie de buenos proyectos homologables con la mentalidad mundana dominante».

  Sin embargo, precisó el purpurado, «esto no significa una condena de los valores, sino que éstos deben ser sometidos a un atento discernimiento. Hay valores absolutos, como el bien, la verdad, la belleza. Quien los percibe y los ama, ama también a Cristo, aunque no lo sepa, porque Él es la verdad, la belleza, la justicia».

  El predicador de los ejercicios precisó en la capilla «Redemptoris Mater» del Palacio Apostólico del Vaticano que, por otra parte, «hay valores relativos, como la solidaridad, el amor por la paz y el respeto por la naturaleza. Si estos se convierten en absolutos, desarraigando o incluso oponiéndose al anuncio del hecho de la salvación, entonces estos valores se convierten en instigación a la idolatría y en obstáculos en el camino de la salvación».

  Al concluir, el cardenal Biffi afirmó que «si el cristiano para abrirse al mundo y dialogar con todos diluye el hecho salvífico, se cierra a la relación personal con Jesús y se pone de parte del anticristo».


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 28 febrero 2007.


Fuente: www.zenit.org



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

domingo, 12 de julio de 2015

El “Santo Padre” ha golpeado de nuevo – Alejandro Sosa Laprida


“Papa Francisco” recibiendo un crucifijo blasfemo, 
del cual luce una réplica en miniatura colgada a modo de collar

« Me imagino ese susurro de Jesús en la última Cena como un grito en esta misa que celebramos en El Parque Bicentenario. Imaginémoslo juntos.  El Bicentenario de aquel Grito de Independencia de Hispanoamérica. Ése fue un grito, nacido de la conciencia de la falta de libertades, de estar siendo exprimidos, saqueados, ‘‘sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno’’ (Evangelii Gaudium, 213). (...) A aquel grito de libertad prorrumpido hace poco más de 200 años no le faltó ni convicción ni fuerza, pero la historia nos cuenta que sólo fue contundente cuando dejó de lado los personalismos, el afán de liderazgos únicos, la falta de comprensión de otros procesos libertarios con características distintas pero no por eso antagónicas. Y la evangelización puede ser vehículo de unidad de aspiraciones, sensibilidades, ilusiones y hasta de ciertas utopías. »


No es posible seguirle el ritmo desaforado a este hombre insensato, charlatán herético y blasfemador empedernido... Hacer un paralelo entre la Santa Cena celebrada en el Cenáculo por nuestro Divino Maestro junto a sus Apóstoles, anticipando incruentamente el adorable sacrifico del Calvario que se aprestaba a cumplir por amor de nosotros, instituyendo la Santa Eucaristía y el Sacerdocio de la Nueva Alianza, con las masónicas, anticatólicas y antiespañolas guerras y revoluciones de la "independencia" (de hecho, el desmembramiento programado del imperio católico español por las dos potencias masónicas, Inglaterra y Francia), es algo que solamente puede salir de la boca de un maldito endemoniado, de un energúmeno desatado, de un esbirro de Satanás impulsado por su odio visceral de la Iglesia, de Jesucristo y de la gloriosa España monárquica y católica, nuestra amada y venerada Madre Patria.

Ya no me quedan palabras disponibles para caracterizar la malicia diabólica de este ser inicuo, voluntariamente enceguecido y espiritualmente depravado. Pero queda siempre el juicio de Dios, que llegará a su debido tiempo. Y la verdad, no quisiera estar entonces en el pellejo de Bergoglio. Por nada del mundo. Ni siquiera ver la escena desde lejos, en la segura compañía de mi ángel de la guarda. Es que las películas de terror nunca han sido de mi agrado...




Al día siguiente, el « Santo Padre » realizó un elogio encendido de la revolución:

«  (…) digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco.

Queremos un cambio en nuestras vidas, en nuestros barrios, en el pago chico, en nuestra realidad más cercana; también un cambio que toque al mundo entero porque hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas locales. La globalización de la esperanza, que nace de los Pueblos y crece entre los pobres, debe sustituir esta globalización de la exclusión y la indiferencia.

Quisiera hoy reflexionar con Ustedes sobre el cambio que queremos y necesitamos. Saben que escribí recientemente sobre los problemas del cambio climático. Pero, esta vez, quiero hablar de un cambio en el otro sentido. Un cambio positivo, un cambio que nos haga bien, un cambio –podríamos decir– redentor. Porque lo necesitamos. Sé que Ustedes buscan un cambio y no sólo ustedes: en los distintos encuentros, en los distintos viajes he comprobado que existe una espera, una fuerte búsqueda, un anhelo de cambio en todos los Pueblos del mundo. Incluso dentro de esa minoría cada vez más reducida que cree beneficiarse con este sistema reina la insatisfacción y especialmente la tristeza. Muchos esperan un cambio que los libere de esa tristeza individualista que esclaviza.

(…) ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para mis problemas? ¡Mucho! Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» (trabajo, techo, tierra) y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, nacionales, regionales y mundiales. ¡No se achiquen! »

Luego injurió, difamó y calumnió a la Iglesia por la obra evangelizadora y civilizadora desarrollada en América:

« Aquí quiero detenerme en un tema importante. Porque alguno podrá decir, con derecho, que ‘‘cuando el Papa habla del colonialismo se olvida de ciertas acciones de la Iglesia’’. Les digo, con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios. Lo han reconocido mis antecesores, lo ha dicho el CELAM y también quiero decirlo. Al igual que san Juan Pablo II pido que la Iglesia ‘‘se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos’’. Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América. »

Y terminó explicando que la tarea más urgente de nuestra época es la de « defender la Madre Tierra »:

« La tercera tarea, tal vez la más importante que debemos asumir hoy, es defender la Madre Tierra. La casa común de todos nosotros está siendo saqueada, devastada, vejada impunemente. La cobardía en su defensa es un grave pecado. Vemos con decepción creciente como se suceden una tras otra cumbres internacionales sin ningún resultado importante. Existe un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar que no se está cumpliendo. No se puede permitir que ciertos intereses –que son globales pero no universales– se impongan, sometan a los Estados y organismos internacionales, y continúen destruyendo la creación. Los Pueblos y sus movimientos están llamados a clamar, a movilizare, a exigir –pacifica pero tenazmente– la adopción urgente de medidas apropiadas. Yo les pido, en nombre de Dios, que defiendan a la Madre Tierra. Sobre éste tema me expresado debidamente en la Carta Encíclica Laudato si’. »

Por supuesto, la apostasía de las naciones cristianas, la pornografía universalizada y devenida « entertainment », el aborto convertido en « derecho » de la mujer, la legalización del « matrimonio » homosexual y de las « familias homoparentales », la corrupción de la infancia a través de la « teoría de género » y de la « educación sexual » obligatoria, la promoción generalizada de la sodomía con las abominables « Gay Pride », verdaderas « procesiones » satánicas de la sociedad anticrística contemporánea, todos pecados que ofenden gravemente a Dios y que conducen al infierno infinidad de almas, no revisten la menor importancia para este individuo fatuo e impermeable a la verdad, en comparación con la supuesta deterioración del ecosistema y la falacia eco-mundialista del cambio climático…

Mucho me temo que quienes no logren discernir el carácter anticrístico de los discursos bergoglianos terminen siendo arrastrados por este falso profeta y por su religión pervertida, parodia infernal del catolicismo, hacia los brazos del Anticristo, la llegada del cual se aproxima a un ritmo vertiginoso…

  

"Papa Francisco" y el abortista-homosexualista Obama se llevan de maravilla...



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viernes, 10 de julio de 2015

Francisco debe pedir perdón - Antonio Caponnetto

        Si los múltiples medios oficiales y oficiosos no se han puesto de acuerdo para fabricar un horrible montaje, todos hemos visto y escuchado a Francisco en Bolivia, este 9 de julio de 2015, diciendo que "la Iglesia tiene que pedir humildemente perdón por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada Conquista de América".

           No fue el único extravío grave de palabras y de gestos que tuvo el  Obispo de Roma en este viaje por América del Sur, pero sin dudas es uno de los más escandalosos y ultrajantes.

           Ofende a la Verdad Histórica, a la Madre España y,sobre todo, a la Iglesia Católica, de la que se supone es su Pastor Universal. Son, en síntesis, las de Francisco, palabras inadmisibles, cargadas de injusticias, de calumnias, de vejámes y de oprobio. Palabras mendaces que alimentarán todo el inmenso aparato mundial del indigenismo marxista, y que se sumarán al proceso de deshispanización y de desarraigo espiritual lanzado contra América Hispana. El daño que ya están provocando es incalculable.

            Son muchos los historiadores y pensadores de nota que pueden desmentir fácilmente la temeraria afirmación de Francisco, pues la misma no resiste la confrontación con las investigaciones solventes y eruditas.

           Hasta nosotros mismos, movidos por el amor filial a la España Eterna y a la Esposa de Cristo, nos hemos ocupado de este tema hace ya muchos años y desde entonces lo venimos haciendo en la escasa medida de nuestras fuerzas.

             Por eso nos parece oportuno reflotar un viejo escrito, el cual -aunque publicado hace ya largo tiempo y sin las muchas actualizaciones que cabrían hacerle para mejorarlo-  contiene una síntesis de criterios y de datos que contradicen el sofisma de Francisco. Lo adjuntamos en el presente mail.

               El Papa debe pedir perdón. Sin duda. Pero no por los supuestos crímenes contra los supuestos pueblos originarios, sino por haber violado la Verdad para agradar al mundo. Debe pedir perdón a la Iglesia, a la Hispanidad, al Occidente y a la Cátedra de la Cruz, profanada por la hoz y el martillo, cuyo símbolo funestísimo le fue entregado por un patán roñoso,y no tuvo el coraje de quebrar a golpes de báculo.

               Recemos por él, como lo pide. Pero recemos asimismo por las víctimas de su docencia errática, confusa, engañosa, sincretista y heretizante. Esas víctimas somos todos nosotros. Nosotros, los fieles de a pie, los bautizados, los simples feligreses y parroquianos. Los católicos, apostólicos, romanos.
               

                                              Antonio Caponnetto





Tres lugares comunes de las leyendas negras

Por Antonio Caponnetto

Introducción

          La conmemoración del Quinto Centenario ha vuelto a reavivar, como era previsible, el empecinado odio anticatólico y antihispanista de vieja y conocida data. Y tanto odio alimenta la injuria, ciega a la justicia y obnubila el orden de la razón, según bien lo explicara Santo Tomás en olvidada enseñanza. De resultas, la verdad queda adulterada y oculta, y se expanden con fuerza el resentimiento y la mentira. No es sólo, pues, una insuficiencia histórica o científica la que explica la cantidad de imposturas lanzadas al ruedo. Es un odium fidei alimentado en el rencor ideológico. Un desamor fatal contra todo lo que lleve el signo de la Cruz y de la Espada.

           Bastaría aceptar y comprender este oculto móvil para desechar, sin más, las falacias que se propagan nuevamente, aquí y allá. Pero un poder inmenso e interesado les ha dado difusión y cabida, y hoy se presentan como argumentos serios de corte académico. No hay nada de eso. Y a poco que se analizan los lugares comunes más repetidos contra la acción de España en América, quedan a la vista su inconsistencia y su debilidad. Veámoslo brevemente en las tres imputaciones infaltables enrostradas por las izquierdas.


El despojo de la tierra

          Se dice en primer lugar, que España se apropió de las tierras indígenas en un acto típico de rapacidad imperialista.

          Llama la atención que, contraviniendo las tesis leninistas, se haga surgir al Imperialismo a fines del siglo XV. Y sorprende asimismo el celo manifestado en la defensa de la propiedad privada individual. Pero el marxismo nos tiene acostumbrados a estas contradicciones y sobre todo, a su apelación a la conciencia cristiana para obtener solidaridades. Porque, en efecto, sin la apelación a la conciencia cristiana —que entiende la propiedad privada como un derecho inherente de las criaturas, y sólo ante el cual el presunto despojo sería reprobable— ¿a qué viene tanto afán privatista y posesionista? No hay respuesta.

           La verdad es que antes de la llegada de los españoles, los indios concretos y singulares no eran dueños de ninguna tierra, sino empleados gratuitos y castigados de un Estado idolatrado y de unos caciques despóticos tenidos por divinidades supremas. Carentes de cualquier legislación que regulase sus derechos laborales, el abuso y la explotación eran la norma, y el saqueo y el despojo las prácticas habituales. Impuestos, cargas, retribuciones forzadas, exacciones virulentas y pesados tributos, fueron moneda corriente en las relaciones indígenas previas a la llegada de los españoles. El más fuerte sometía al más débil y lo atenazaba con escarmientos y represalias. Ni los más indigentes quedaban exceptuados, y solían llevar como estigmas de su triste condición, mutilaciones evidentes y distintivos oprobiosos. Una "justicia" claramente discriminatoria, distinguía entre pudientes y esclavos en desmedro de los últimos y no son éstos, datos entresacados de las crónicas hispanas, sino de las protestas del mismo Carlos Marx en sus estudios sobre "Formaciones Económicas Precapitalistas y Acumulación Originaria del Capital". Y de comentaristas insospechados de hispanofilia como Eric Hobsbawn, Roberto Oliveros Maqueo o Pierre Chaunu.

          La verdad es también, que los principales dueños de la tierra que encontraron los españoles —mayas, incas y aztecas— lo eran a expensas de otros dueños a quienes habían invadido y desplazado. Y que fue ésta la razón por la que una parte considerable de tribus aborígenes —carios, tlaxaltecas, cempoaltecas, zapotecas, otomíes, cañarís, huancas, etcétera— se aliaron naturalmente con los conquistadores, procurando su protección y el consecuente resarcimiento. Y la verdad, al fin, es que sólo a partir de la Conquista, los indios conocieron el sentido personal de la propiedad privada y la defensa jurídica de sus obligaciones y derechos.

           Es España la que se plantea la cuestión de los justos títulos, con autoexigencias tan sólidas que ponen en tela de juicio la misma autoridad del Monarca y del Pontífice. Es España -con ese maestro admirable del Derecho de Gentes que se llamó Francisco de Vitoria— la que funda la posesión territorial en las más altos razones de bien común y de concordia social, la que insiste una y otra vez en la protección que se le debe a los nativos en tanto súbditos, la que garantiza y promueve un reparto equitativo de precios, la que atiende sobre abusos y querellas, la que no dudó en sancionar duramente a sus mismos funcionarios descarriados, y la que distinguió entre posesión como hecho y propiedad como derecho, porque sabía que era cosa muy distinta fundar una ciudad en el desierto y hacerla propia, que entrar a saco a un granero particular.

          Por eso, sólo hubo repartimientos en tierras despobladas y encomiendas "en las heredades de los indios". Porque pese a tantas fábulas indoctas, la encomienda fue la gran institución para la custodia de la propiedad y de los derechos de los nativos. Bien lo ha demostrado hace ya tiempo Silvio Zavala, en un estudio exhaustivo, que no encargó ninguna "internacional reaccionaria", sino la Fundación Judía Guggenheim, con sede en Nueva York. Y bien queda probado en infinidad de documentos que sólo son desconocidos para los artífices de las leyendas negras.

          Por la encomienda, el indio poseía tierras particulares y colectivas sin que pudieran arrebatárselas impunemente. Por la encomienda organizaba su propio gobierno local y regional, bajo un régimen de tributos que distinguía ingresos y condiciones, y que no llegaban al Rey —que renunciaba a ellos— sino a los Conquistadores. A quienes no les significó ningún enriquecimiento descontrolado y si en cambio, bastantes dolores de cabeza, como surgen de los testimonios de Antonio de Mendoza o de Cristóbal Alvarez de Carvajal y de innumerables jueces de audiencias.

          Como bien ha notado el mismo Ramón Carande en "Carlos V y sus banqueros", eran tan férrea la protección a los indios y tan grande la incertidumbre económica para los encomenderos, que América no fue una colonia de repoblación para que todos vinieran a enriquecerse fácilmente. Pues una empresa difícil y esforzada, con luces y sombras, con probos y pícaros, pero con un testimonio que hasta hoy no han podido tumbar las monsergas indigenistas: el de la gratitud de los naturales. Gratitud que quien tenga la honestidad de constatar y de seguir en sus expresiones artísticas, religiosas y culturales, no podrá dejar de reconocer objetivamente.

           No es España la que despoja a los indios de sus tierras. Es España la que les inculca el derecho de propiedad, la que les restituye sus heredades asaltadas por los poderosos y sanguinarios estados tribales, la que los guarda bajo una justicia humana y divina, la que los pone en paridad de condiciones con sus propios hijos, e incluso en mejores condiciones que muchos campesinos y proletarios europeos Y esto también ha sido reconocido por historiógrafos no hispanistas.

           Es España, en definitiva, la que rehabilita la potestad India a sus dominios, y si se estudia el cómo y el cuándo esta potestad se debilita y vulnera, no se encontrará detrás a la conquista ni a la evangelización ni al descubrimiento, sino a las administraciones liberales y masónicas que traicionaron el sentido misional de aquella gesta gloriosa. No se encontrará a los Reyes Católicos, ni a Carlos V, ni a Felipe II. Ni a los conquistadores, ni a los encomenderos, ni a los adelantados, ni a los frailes. Sino a los enmandilados borbones iluministas y a sus epígonos, que vienen desarraigando a América y reduciéndola a la colonia que no fue nunca en tiempos del Imperio Hispánico.


La sed de Oro

          Se dice, en segundo lugar, que la llegada y la presencia hispánica no tuvo otro fin superior al fin económico; concretamente, al propósito de quedarse con Ios metales preciosos americanos. Y aquí el marxismo vuelve a brindarnos otra aporía. Porque sí nosotros plantamos la existencia de móviles superiores, somos acusados de angelistas, pero si ellos ven sólo ángeles caídos adoradores de Mammon se escandalizan con rubor de querubines. Si la economía determina a la historia y la lucha de clases y de intereses es su motor interno; si los hombres no son más que elaboraciones químicas transmutadas, puestos para el disfrute terreno, sin premios ni castigos ulteriores, ¿a qué viene esta nueva apelación a la filantropía y a la caridad entre naciones.

          Únicamente la conciencia cristiana puede reprobar coherentemente -y reprueba- semejantes tropelías. Pero la queja no cabe en nombre del materialismo dialéctico. La admitimos con fuerza mirando el tiempo sub specie aeternitatis. Carece de sentido en el historicismo sub lumine oppresiones. Es reproche y protesta si sabemos al hombre "portador de valores eternos", como decía José Antonio, u homo viator, como decían los Padres. Es fría e irreprochable lógica si no cesamos de concebirlo como homo aeconomicus.
         
          Pero aclaremos un poco mejor las cosas.

          Digamos ante todo que no hay razón para ocultar los propósitos económicos de la conquista española. No sólo porque existieron sino porque fueron lícitos. El fin de la ganancia en una empresa en la que se ha invertido y arriesgado y trabajado incansablemente, no está reñido con la moral cristiana ni con el orden natural de las operaciones. Lo malo es, justamente, cuando apartadas del sentido cristiano, las personas y las naciones anteponen las razones financieras a cualquier otra, las exacerban en desmedro de los bienes honestos y proceden con métodos viles para obtener riquezas materiales.

          Pero éstas son, nada menos, las enseñanzas y las prevenciones continuas de la Iglesia Católica en España. Por eso se repudiaban y se amonestaban las prácticas agiotistas y usureras, el préstamo a interés, la "cría del dinero", las ganancias malhabidas. Por eso, se instaba a compensaciones y reparaciones postreras —que tuvieron lugar en infinidad de casos—; y por eso, sobre todo, se discriminaban las actividades bursátiles y financieras como sospechosas de anticatolicismo.

          No somos nosotros quienes lo notamos. Son los historiógrafos materialistas quienes han lanzado esta formidable y certera "acusación" ni España ni los países católicos fueron capaces de fomentar el capitalismo por sus prejuicios antiprotestantes y antirabínicos. La ética calvinista y judaica, en cambio, habría conducido como en tantas partes, a la prosperidad y al desarrollo, si Austrias y Ausburgos hubiesen dejado de lado sus hábitos medievales y ultramontanos. De lo que viene a resultar una nueva contradicción. España sería muy mala porque llamándose católica buscaba el oro y la plata. Pero seria después más mala por causa de su catolicismo que la inhabilitó para volverse próspera y la condujo a una decadencia irremisible.

           Tal es, en síntesis, lo que vino a decirnos Hamilton —pese a sí mismo hacia 1926, con su tesis sobre "Tesoro Americano y el florecimiento del Capitalismo". Y después de él, corroborándolo o rectificándolo parcialmente, autores como Vilar, Simiand, Braudel, Nef, Hobsbawn, Mouesnier o el citado Carande. El oro y la plata salidos de América (nunca se dice que en pago a mercancías, productos y materiales que llegaban de la Península) no sirvieron para enriquecer a España, sino para integrar el circuito capitalista europeo, usufructuado principalmente por Gran Bretaña.

          Los fabricantes de leyendas negras, que vuelven y revuelven constantemente sobre la sed de oro como fin determinante de la Conquista, deberían explicar, también, por qué España llega, permanece y se instala no solo en zonas de explotación minera, sino en territorios inhóspitos y agrestes. Porque no se abandonó rápidamente la empresa si recién en la segunda mitad del siglo XVI se descubren las minas más ricas, como las de Potosí, Zacatecas o Guanajuato. Por qué la condición de los indígenas americanos era notablemente superior a la del proletariado europeo esclavizado por el capitalismo, como lo han reconocido observadores nada hispanistas como Humboldt o Dobb, o Chaunu, o el mercader inglés Nehry Hawks, condenado al destierro por la Inquisición en 1751 y reacio por cierto a las loas españolistas. Por qué pudo decir Bravo Duarte que toda América fue beneficiada por la Minería, y no así la Corona Española. Por qué, en síntesis —y no vemos argumento de mayor sentido común y por ende de mayor robustez metafísica—, si sólo contaba el oro, no es únicamente un mercado negrero o una enorme plaza financiera lo que ha quedado como testimonio de la acción de España en América, sino un conglomerado de naciones ricas en Fe y en Espíritu.

           El efecto contiene y muestra la causa: éste es el argumento decisivo. Por eso, no escribimos estas líneas desde una Cartago sudamericana amparada en Moloch y Baal, sino desde la Ciudad nombrada de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, por las voces egregias de sus héroes fundadores.


El genocidio indígena

          Se dice, finalmente, en consonancia con lo anterior, que la Conquista —caracterizada por el saqueo y el robo— produjo un genocidio aborigen, condenable en nombre de las sempiternas leyes de la humanidad que rigen los destinos de las naciones civilizadas.

          Pero tales leyes, al parecer, no cuentan en dos casos a la hora de evaluar los crímenes masivos cometidos por los indios dominantes sobre los dominados, antes de la llegada de los españoles; ni a la hora de evaluar las purgas stalinistas o las iniciativas malthussianas de las potencias liberales. De ambos casos, el primero es realmente curioso. Porque es tan inocultable la evidencia, que los mismos autores indigenistas no pueden callarla. Sólo en un día del año 1487 se sacrificaron 2.000 jóvenes inaugurando el gran templo azteca del que da cuenta el códice indio Telleriano-Remensis. 250.000 víctimas anuales es el número que trae para el siglo XV Jan Gehorsam en su artículo "Hambre divina de los aztecas". Veinte mil, en sólo dos años de construcción de la gran pirámide de Huitzilopochtli, apunta Von Hagen, incontables los tragados por las llamadas guerras floridas y el canibalismo, según cuenta Halcro Ferguson, y hasta el mismísimo Jacques Soustelle reconoce que la hecatombe demográfica era tal que si no hubiesen llegado los españoles el holocausto hubiese sido inevitable.

          Pero, ¿qué dicen estos constatadores inevitables de estadísticas mortuorias prehispánicas? Algo muy sencillo: se trataba de espíritus trascendentes que cumplían así con sus liturgias y ritos arcaicos. Son sacrificios de "una belleza bárbara" nos consolará Vaillant. "No debemos tratar de explicar esta actitud en términos morales", nos tranquiliza Von Hagen y el teólogo Enrique Dussel hará su lectura liberacionista y cósmica para que todos nos aggiornemos. Está claro: si matan los españoles son verdugos insaciables cebados en las Cruzadas y en la lucha contra el moro, si matan los indios, son dulces y sencillas ovejas lascasianas que expresaban la belleza bárbara de sus ritos telúricos. Si mata España es genocidio; si matan los indios se llama "amenaza de desequilibrio demográfico".

          La verdad es que España no planeó ni ejecutó ningún plan genocida; el derrumbe de la población indígena —y que nadie niega— no está ligado a los enfrentamientos bélicos con los conquistadores, sino a una variedad de causas, entre las que sobresale la del contagio microbiano. La verdad es que la acusación homicida como causal de despoblación, no resiste las investigaciones serias de autores como Nicolás Sánchez Albornoz, José Luís Moreno, Angel Rosemblat o Rolando Mellafé, que no pertenecen precisamente a escuelas hispanófilas.

           La verdad es que "los indios de América", dice Pierre Chaunu, "no sucumbieron bajo los golpes de las espadas de acero de Toledo, sino bajo el choque microbiano y viral", la verdad —¡cuántas veces habrá que reiterarlo en estos tiempos!— es que se manejan cifras con una ligereza frívola, sin los análisis cualitativos básicos, ni los recaudos elementales de las disciplinas estadísticas ligadas a la historia.

          La verdad incluso —para decirlo todo— es que hasta las mitas, los repartimientos y las encomiendas, lejos de ser causa de despoblación, son antídotos que se aplican para evitarla. Porque aquí no estamos negando que la demografía indígena padeció circunstancialmente una baja. Estamos negando, sí, y enfáticamente, que tal merma haya sido producida por un plan genocida.

         Es más si se compara con la América anglosajona, donde los pocos indios que quedan no proceden de las zonas por ellos colonizados -¿donde están los indios de Nueva Inglaterra?- sino los habitantes de los territorios comprados a España o usurpados a Méjico. Ni despojo de territorios, ni sed de oro, ni matanzas en masa. Un encuentro providencial de dos mundos, aunque no con simetría axiológica. Encuentro en el que, al margen de todos los aspectos traumáticos que gusten recalcarse, uno de esos mundos, el Viejo, gloriosamente encarnado por la Hispanidad, tuvo el enorme mérito de traerle al otro nociones que no conocía sobre la dignidad de la criatura hecha a imagen y semejanza del Creador. Esas nociones, patrimonio de la Cristiandad difundidas por sabios eminentes, no fueron letra muerta ni objeto de violación constante. Fueron el verdadero programa de vida, el genuino plan salvífico por el que la Hispanidad luchó en tres siglos largos de descubrimiento, evangelización y civilización abnegados.

          Y si la espada, como quería Peguy, tuvo que ser muchas veces la que midió con sangre el espacio sobre el cual el arado pudiese después abrir el surco; y si la guerra justa tuvo que ser el preludio del canto de la paz, y el paso implacable de los guerreros de Cristo el doloroso medio necesario para esparcir el Agua del Bautismo, no se hacía otra cosa más que ratificar lo que anunciaba el apóstol: sin efusión de sangre no hay redención ninguna.

          La Hispanidad de Isabel y de Fernando, la del yugo y las flechas prefiguradas desde entonces para ser emblema de Cruzada, no llegó a estas tierras con el morbo del crimen y el sadismo del atropello. No se llegó para hacer víctimas, sino para ofrecernos, en medio de las peores idolatrías, a la Víctima Inmolada, que desde el trono de la Cruz reina sobre los pueblos de este lado y del otro del océano temible.




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jueves, 9 de julio de 2015

Bergoglio y su mejor herramienta: la confusión - Augusto TorchSon


  Señalábamos en alguno de nuestros artículos que, sabiendo que de la confusión es más difícil de salir que del error, Bergoglio usa ésta como una de sus más poderosas herramientas de promoción de su humanismo masónico.


  En su viaje por los marxistoides dominios de su amigo Evo Morales, éste último le regaló una cruz en forma de “martillo y hoz”, símbolo por excelencia del comunismo. Los medios “izquierdistas” celebraron dicho gesto mientras que los medios “derechistas”, o más bien conservadores, señalaron que Bergoglio al recibir la misma dijo con disgusto, “no está bien eso”. Así, por ejemplo, el mismísimo RomeReports tituló un video con esa frase, que posteriormente hizo desaparecer. (aquí). Abajo se puede apreciar como el título en el link señalado con rojo por nosotros, dice “www.romereports.com/2015/07/09/papa-a-evo-morales-no-esta-bien-eso


  Para entender bien de que se trata todo, y para darle otro dolor de cabeza a los apologetas bergoglianos, resaltamos también en rojo el título abajo del video que señala como Bergoglio hizo una parada para homenajear al sacerdote jeusita Espinal asesinado por “la derecha dictatorial boliviana. Pero si seguimos “informándonos”, la ultraoficialista agencia de noticias “católicas” AICA nos informa sobre el evoliano regalo que: “Además, le entregó el tallado de una cruz formada con la hoz y el martillo, que es una reproducción de una que hizo el sacerdote jesuita español Espinal”. O sea que Bergoglio homenajea a un sacerdote marxista (tal vez próximamente en los altares como Helder Cámara o Romero) y después supuestamente se ofende porque le entregan la cruz que el mismo pseudomartir talló.

  Pero para mayor esclarecimiento de la oscuridad bergogliana, es interesante ver como nos quieren hacer creer que le molesta ver la "cruz marxista" más no tenerla colgada en su pecho, como lo muestra la imagen que adjuntamos.

  En su pasó por Ecuador, el “revisionista histórico del catolicismo” Jorge Mario Bergoglio, señala en su homilía respecto al bicentenario de Quito: “el Bicentenario de aquel grito de independencia de Hispanoamérica. Ese fue un grito nacido de la conciencia de falta de libertades, de estar siendo exprimidos, saqueados, sometidos a conveniencias circunstanciales  de los poderosos de turno”, apelando al marxistoide discurso de los “pueblos originarios” que “padecieron”, la conquista y evangelización. Bien haría Bergoglio en ver la película “Apokalipto” de Mel Gibson de la que aprendería mucho más de historia que con sus amigos Leonardo Boff y Gustavo Gutierrez. Pero también en dicha oportunidad se refirió como flagelo al “machismo”. Bandera por excelencia del feminismo abortista es la lucha contra el “machismo”. Si es tan ecuánime podría haber hecho referencia a este movimiento que es más destructor de valores cristianos que el denostado por el porteño picarón. Pero, como denunciamos en nuestro artículo “Bergoglio apoya marcha abortista”“Ni una menos”, promovida precisamente por movimientos feministas, sabemos que uno de los pilares del humanismo masónico de éste oscuro personaje, es la condescendencia con esos “excluídos y discriminados grupos minoritarios” a los que pretende premiar con la Eucaristía como “remedio para los débiles” aunque de esa forma “coman y beban de su propia condenación”. A este respecto, los movimientos liberales que se autodenominan “próvida” mandaron numerosos emails pidiendo no asistir a la marcha, posteriormente apoyada por Bergoglio, aduciendo que éste en su “eco-encíclica” señalaba que la “ecología integral es contraria al aborto”. Y otra vez más la confusión juega a favor, no sólo de Bergoglio, sino de quienes no queriendo dejar de “pertenecer”, de quedarse sin su porción de “píldoras soma” del “Mundo feliz” de Huxley; prefieren seguirse engañando a padecer el dolor salvífico, el de la Verdad, que duele, que cuesta, pero que vale la pena porque conduce a lo único que realmente importa: a la Vida Eterna.

  Abandonado casi absolutamente el Sí, sí; No, no, que Cristo nos dejó como imperativo del accionar cristiano; en el mundo del masomenismo masónico, del relativismo modernista; para no caer en la confusión tenemos que mantenernos firmes en la fe si queremos alcanzar la recompensa Divina; porque, como repite nuestro amigo y referente Antonio Caponnetto, para no ser “desertores de la eternidad” tenemos que tener en cuenta que “no hay ciencia más acabada que el hombre bien acabe, porque al final de la jornada, el que se salva sabe, y el que no, no sabe nada”

  Trabajando para que Cristo reine y regrese pronto.

Augusto TorchSon



Nota de NCSJB: Recomendamos la atenta lectura del artículo de la excelente página “El Denzinger-Bergoglio” sobre las “imprecisiones bergoglianas sobre el comunismo”.  



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martes, 7 de julio de 2015

Poder destructor del miedo - Germán Mazuelo Leytón



En tantas partes del mundo nuestros hermanos en la Fe Católica se encuentran frente al dilema de apostatar o ser fieles a su bautismo, y, por tanto ser objeto de todo tipo de persecuciones, humillaciones, vejámenes y hasta el martirio, es que el Cristianismo nunca ha sido una religión para conformistas, sino para valientes. «La Iglesia va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios»,[1] anunciando la cruz del Señor hasta que Él vuelva. [2]

«Los cristianos de los primeros siglos se opusieron a una civilización pagana y materialista que se enseñoreaba sin oposición. Se atrevieron a atacarla, y al final, se impusieron, gracias a su tenacidad constante y mediante gravísimos sacrificios».[3]

Es difícil describir los sufrimientos de aquellos que se veían en la alternativa de guardarse fieles a Cristo o de ceder a los reclamos de la propia familia, llenos de amor y de angustia. La tentación de los familiares ha sido siempre una de las pruebas más duras que habían de sufrir los mártires, fueran hombres o mujeres, nobles o plebeyos, ricos o pobres. [4]

Sabe también la Iglesia que aun hoy día es mucha la distancia, que se da entre las exigencias del Evangelio y la fragilidad humana de los mensajeros a quienes está confiado su anuncio. «Los mártires de la primera Iglesia, como fieles discípulos de Cristo dan en el mundo “el testimonio de la verdad” con una firmeza que resulta hoy desconcertante para muchos cristianos que tratan de conciliar como sea el seguimiento de Cristo y su adicción al mundo presente».[5]

Nuestros tiempos no son para un cristianismo conformista ciertamente, es hora de la lucha valiente contra las fuerzas anti-católicas, los extremismos musulmanes, las ideologías imperantes, las leyes laicistas, y frecuentemente, también de una lucha valiente dentro de las estructuras eclesiales, en muchas de las cuales, imperan la soberbia sacerdotal, el engreimiento pastoral, las inmoralidades y la corrupción, que generan adeptos con las mismas actitudes, entornos en medio de los cuales deben ejercer su fe y compromiso apostólico no pocos perseguidos por éstos, algunos de los cuales, sucumben al miedo.

Es que el principal peligro de desaliento no está en la oposición –por fuerte que sea- de las fuerzas contra las cuales lucha la Iglesia, el peligro está en la angustia que se apoderará del apóstol, al ver que fracasan aquellos mismos auxilios y circunstancias en que creía poder confiar; le fallan los amigos, le fallan las personas buenas, le fallan los mismos instrumentos de trabajo. [6] El temor a la crítica hostil, produce un efecto paralizador, aun sobre los mejor intencionados.

No somos los primeros católicos de los últimos dos mil años en hacer frente a un futuro cargado de miedo. El rumor, ha sido y es utilizado eficazmente, como forma de persecución, para sembrar desánimo y miedo. Se promueve este medio denigratorio, en no pocas parroquias y desde no pocos púlpitos, para quitar de escena a quienes por su sinceridad y testimonio, son un aguijón ante la mediocridad, arriesgando su prestigio y aún su propia vida.

Los paganos de los primeros siglos del Cristianismo, quedaban profundamente sorprendidos y hasta edificados ante la valentía de aquellos que saben «que el martirio es un bautismo de sangre, que produce la total purificación del pecado y la perfecta santidad».[7]

Desde sus inicios hasta los días presentes, las persecuciones a la Iglesia son una constante. Baste recordar, de los últimos siglos, los sangrientos eventos durante la Ilustración, o los padecimientos de la Iglesia tras el Telón de Acero, o en China y otros países comunistas. Una de las más virulentas persecuciones fue la que sufrieron los católicos mexicanos durante la Guerra Cristera (1926-1929), y la Iglesia en España durante la Segunda República.[8]

El miedo es la ansiedad mental ante un mal presente o futuro que nos amenaza. A veces se produce también cuando ese mal amenaza a nuestros familiares o amigos muy íntimos, a quienes consideramos como otro yo. [9]

Un poco de temor es bueno para la salud del alma pero, cuando llega a cierto punto, en vez de ayudar se convierte en un impedimento. Hay más almas debilitadas por el miedo de lo que uno se imagina. El miedo generalmente comienza en la niñez. Cualquier experiencia traumática puede dañar a una persona de por vida, a menos de que sea manejada apropiadamente, o a menos de que esa persona sea bendecida y reciba a tiempo los poderes curativos del Espíritu Santo. Cuanto más consciente sea la persona de sus miedos, y mayor atención les preste, mayor daño ocasionará a su alma. Los padres, y todo aquel que tenga niños a su cuidado, deben tratarlos en forma dulce y gentil, así como lo hizo Jesús. Si los padres o tutores están cargados de temores excesivos, lo transmiten a los niños.

Empero, «el miedo, aunque sea absolutamente grave, no excusa nunca de una acción intrínsecamente mala. Por donde jamás es lícito –aunque sea para salvar la propia vida, fama o hacienda- blasfemar, perjurar, provocar directamente el aborto, permitir pasivamente la propia violación (hay que resistir todo lo que se pueda) etc.» [10], «un hombre de conciencia es aquel que no compra progreso, tolerancia, consenso, bienestar, reputación o aprobación pública renunciando a la verdad» (J. Ratzinger).

No hemos de arredrarnos ante las dificultades, que siempre las tendremos que enfrentar, especialmente en el camino de la santidad y de la salvación de las almas. Luchas, contradicciones, sufrimientos, deben parecernos insignificantes comparados con la salvación de un alma. «Santa Teresa lo tenía, pero se quedó admirada de cómo le desapareció en cuanto se abandonó en el Señor. “Después de comenzar las fundaciones, se me quitaron los temores”.» [11]

Actualmente observamos un escándalo terrible en la Iglesia, que consiste en disentir públicamente con la enseñanza del Magisterio, hay quienes hacen que su santidad consista en seguir sus propias inclinaciones, y la santidad de vida implica, como lo fue para Jesús, hacer la voluntad de Dios.[12]

En la liturgia justo antes de la comunión, la Iglesia eleva esta oración: «…protégenos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro salvador Jesucristo», el cual nos vuelve a decir: «en el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo». [13] «Estamos en el glorioso tiempo de los mártires, pero estamos también en el vergonzoso tiempo de los apóstatas».[14] «A cada época la salva un pequeño puñado de hombres que tienen el coraje de ser inactuales». [15] Los que no tienen miedo. Los que no sucumben a la cobardía de los buenos.

Germán Mazuelo-Leytón

[1] De civ Dei, San Agustín.
[2] 1 Cor, 11, 26.
[3] Radiomensaje al Katholikentag de Friburgo, (16-05-1954), Pío XII.
[4] Cf.: Diez lecciones sobre el martirio, Paul Allard.
[5] El martirio de Cristo y los cristianos, José María Iraburu.
[6] Cf.: La huella de la Cruz es señal de esperanza, Manual Oficial de la Legión de María.
[7] Cf.: El martirio de Cristo y los cristianos, José María Iraburu.
[8] Cf.: La persecución religiosa en España durante la Segunda República (1931-1939), Cárcel Orti.
[9] Teología moral, Royo Marín, nº 52.
[10] Ibid., nº 54.
[11] La vida bautismal en el mundo, Tomás Morales, S.J.
[12] Cf.:  Jn 4, 34; Lc 22, 42.
[13] Jn 16, 33.
[14] El martirio de Cristo y los cristianos, José María Iraburu.
[15] G. K. Chesterton.


Visto en: Adelante la Fe



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