San Juan Bautista

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martes, 9 de junio de 2015

Non Serviam – El cambio de estrategia de Satanás (1974) – Amalia de Estrada de Shaw




   El mundo está reviviendo el pecado de los ángeles. El “non serviam” que fue el grito de rebelión de Luz cuando enterado de la Encarnación del Verbo, le negó el acatamiento y la adoración que le eran debidas a su Persona Divina, aún en su naturaleza humana. Se auto-contempló. Vio su hermosura, su inteligencia, su poder, su gloria y su felicidad. Pese a tantos dones recibidos en el orden sobrenatural, no supo – o no quiso – reconocer al Hijo que se haría hombre por amor a la pobre humanidad caída. Y se rebeló con aquella frase que es la síntesis de la soberbia endiosada, y que han repetido a través de los siglos todos aquellos que se atribuyeron como propios los bienes recibidos: “Non serviam”.

  Todos conocemos la historia y sus consecuencias. Eso fue el principio. Pero he aquí que la historia se repite. Y cuando la vida de los tiempos toca a su fin, retorna Lucifer a lanzar su reto a la Persona del Verbo. En esta batalla final anunciada en el Apocalypsis, revelada por Dios a los profetas de todos los tiempos, y contemplada por muchos santos videntes de nuestra época materialista, vemos a Satanás con su soberbia irredenta, llevar nuevamente la guerra a Jesucristo.

  Sabe de antemano que su causa está perdida. Conoce que nada podrá contra la omnipotencia de la Divinidad. No ignora que el ímpetu de sus furias se estrellará eternamente contra los muros de su cárcel infernal. Sabe que esa roca inconmovible en sus cimientos, que es la Iglesia de Cristo, sobrevivirá rejuvenecida después de este temporal – que como los pasados -  la sacude y la azota despiadadamente… Hoy en día hay momentos en los que a los católicos nos parece percibir el eco de sus blasfemias, y hasta palpar su presencia real, como si se hubiera encarnado en algunos de sus corifeos. Lo que se ha olvidado, es que después de disipadas las sombras del calvario, amaneció el día de la resurrección; que al morir Cristo en la Cruz venció a la muerte; que del encierro de su sepulcro, hizo brotar la vida; y que, como dice un pensador católico: “cada dolor de la Iglesia, es un anticipo de su gloria”.

  ¿Cuándo comenzó esta batalla contra Cristo, directamente contra Él? Quiero limitarme por una elemental prudencia hacia mis lectores al momento actual. La lucha entre el cielo y el infierno es desde siempre. Desde el “non serviam”, hasta el día del juicio universal. Pero, como digo, voy a limitarme a la época en que para mal de nusetras almas y de nuestra salud, nos ha tocado la suerte de vivir.

  El demonio – dogma de fe – que no perdió en su caída su naturaleza ni su inteligencia angélica, hace ya muchos… muchos años, que comprendió la inutilidad de llevar de frente la guerra contra Dios. Ello producía reacciones en los fieles que sacaban la cara en su defensa, y se lanzó por los atajos. Pero llegaba un momento, en que el enfrentamiento con Dios era inevitable. Eso lo condenaba al fracaso de su obra, que no es otra que arrancar de las manos de Cristo las almas rescatadas con su redención, ya que nada podía contra Él. Y fue a partir de entonces, que modificó todos sus planes. Usando el diccionario post-conciliar, yo diría que fue el primero en “promoverse”… Piensa que su obra será más eficaz de adentro hacia afuera, que a la inversa. Y así mata dos pájaros de un tiro. Primero destruye por dentro el edificio, y luego visitiendo el ropaje de la oveja, conquistará las almas que no sepan descubrir al lobo bajo el disfraz del manso cordero. “Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con vestidos de oveja, y por dentro son lobos feroces”(Mat.7 15-21).

  La tarea fue fácil. Tan fácil, que arrastró no sólo almas ingenuas, sino, incluso, las sacerdotales y religiosas, y hasta algunas altas jerarquías que corrieron tras esos falsos profetas “que predican doctrinas que halagan sus pasiones” (2da carta de San Pablo a Timoteo, Cap. 4 3-4-)

  Estando en esta tarea, se le brinda una maravillosa oportunidad. El Papa ha convocado un Concilio para reajustar todo aquello de origen eclesiástico que precisaba ser reconsiderado. Introduce en él, esos corifeos de qu hablaba al principio. Y él mismo, revestido de padre conciliar, se instala en el aula y participa en sus deliberaciones. Presiona. Hace propaganda. Busca votos. Desconcierta. Y casi diría, atemoriza.

  Por eso “aquello que debió ser un nuevo amanecer para la Iglesia, como lo recordara no hace mucho el propio Pontífice, se trocó en oscuridad y confusión, como si el propio demonio hubiera introducido sus manejos”.

  Nadie que haya seguido paso a paso las sesiones del Vaticano II, puede sorprenderse de las reflexiones del Papa. Lo único realmente desconcertante, es que se haya precisado el paso de ocho largos años desde su clausura, para apercibirse de sus consecuencias. Pasados por alto mil detalles que daban la pauta de la trama que se tejía, abreviaré para decir que allí, en ese aula conciliar, tuvo lugar el ultimátum del demonio. Allí comenzó este combate final del anticristo.

  La primer manifestación externa, fue la furia iconoclasta que se desató en el campo católico… En nombre de las reformas litúrgicas y de la pobreza evangélica, se destruyeron los altares y las imágenes, incluyendo las maravillas del arte de los siglos insolentemente llamados obscurantistas. Los enviados de Satanás, se lanzaron por el mundo a predicar – lo que llamaron y siguen llamando – el “nuevo evangelio”. Inconcebible audacia en quienes sabían, y saben, que nada de origen Divino puede ser tocado ni cambiado. Bien claramente se los dice San Juan en su Apocalypsis: “si alguno quita algo de las palabras de este libro, Dios le quitará su parte en el árbol de la vida” (Apoc. 22, 19). Vale decir, que según la amenaza del Evangelista, todo aquel que toque una palabra verá su nombre borrado del libro de la vida. No obstante, se sostuvieron falsas doctrinas. Se disfrazaron de virtud muchos errores, se pretendió en nombre del “aggiornamiento” demoler y destruir todo lo que estaba constituido, y se terminó poniendo un cerco a la Persona del Verbo y a todo cuanto le pertenece: Su Santísima Madre, su Iglesia, su Eucaristía, su sacerdocio, sus Sacramentos, su Primado, y hasta la Santa Misa.

  Por eso, después de las palabras de Juan, causa espanto escuchar ciertas interpretaciones, traducciones y homilías, donde las verdades evangélicas se barajan como los naipes en manos de un jugador tramposo, y donde no se sabe qué admirar más, si la ignorancia teológica, o el desconocimiento total del diccionario…

  ¡Sí! Este lamentable confusionismo en que vivimos, es el prolegómeno de la lucha final del anticristo. Estas son las avanzadas del demonio, que a fuerza de ser el “simio” de Dios – como alguien lo llamara – quería tener también sus precursores. Hay una diferencia. El de Cristo, fue “el más grande profeta nacido de mujer, y su voz clamaría en el desierto”. Los de Satanás son muchos, que no tienen nada de de santos ni de profetas. Son sólo trompetistas que atronan día y noche nuestros pobres oídos con voces altisonantes, haciendo afirmaciones de fabricación casera, que luego tienen la audacia de querer rotular como si fueran decretos conciliares. Evidentemente ¡subestiman a “sus hermanos”! o queriendo rasar todo y a todos, los ponen en un mismo nivel de ignorancia religiosa. Fomentan el odio de clases en nombre de la caridad cristiana; incitan a la rebelión – primogénito pecado – llamando prejuicios a los principios y libertad al libertinaje. Apegan los corazones a la tierra, como si ella fuera lo definitivo, y se permiten hacer discriminaciones entre réprobos y elegidos, dentro mismo del seno de la Iglesia, en olvido absoluto de su catolicidad. Predican el desarrollo económico, el confort, el bienestar, sin tener en cuenta para nada, el sub-desarrollo espiritual de nuestras almas. Plagiando al padre Laburu, diría que predican una religión “amerengada”… Por eso arrastran a las multitudes que siguen a la Bestia.

  Hay entre estos satélites de Satanás algunos ciegos “que tienen ojos y no ven”. Hay débiles incapaces de aferrarse a sus principios para capear el temporal. Hay ignorantes con psicología de rebaño que se deja conducir con mansedumbre vacuna. Hay víctimas inocentes, que son las más sencillas y los jóvenes sin experiencia. Hay niños…, muchos niños, que a fuerza de serlo, y como en el cuento de Caperucita, no sabrán descubrir al lobo en la figura de la abuela, hasta que éste los haya devorado.

  Pero también los hay – y no pocos – cobardes mercenarios. Hay Judas y Pilatos. Hay Sanhedríam, y hay “sinagoga de Satanás”.

  Para alcanzar éxito, el demonio sabe que antes hay que destruir la Iglesia de Cristo, matar la devoción a María nuestra Madre, destrozar el primado, pisotear los Sacramentos, y corromper el sacerdocio.

  Tal vez podamos ir analizando poco a poco estas pertenencias de Cristo – para demostrar, cómo, a imitación de las guardias pretorianas finalmente, el manto de su Realeza. (“Repartieron entre sí mis vestiduras y sobre mi túnica echaron suertes” Jn.19, 24). Desnudo ya el Señor, como en la cumbre del Calvario, sólo resta poner nuestras sacrílegas manos sobre su Divinidad. La tarea ha comenzado con la Eucaristía. Y si esto no se detiene a tiempo y con suprema energía, nada sería de extrañar que las futuras generaciones lo vean despojado de su Mesianismo y de su Filiación Divina. Quiera Dios que me equivoque.

  Lo más peligroso, es que esta campaña, este satanismo que nos invade, y cuyo ídolo moderno es el Hombre – con mayúscula – se hace en nombre de virtudes reales: paz, caridad cristiana, “fraternidad universal” – con un dejo de masonería – tolerancia, comprensión, etc.

  Se cree que por esa escalinata cuyos tramos bajamos uno a uno casi sin percibirnos, llegaremos a una utópica “unidad”. Y digo utópica, porque ella será inalcanzable si ellos no renuncian a sus errores. En lo que a nosotros respecta, no podemos renegar de nuestros dogmas. A Cristo para poner precio a su Persona. Que nos ofrezcamos a quemar incienso delante de la estatua de Nabudoconosor. O que sea para complacer a Salomé, entreguemos la cabeza sangrante del Bautista.

  Ese día – si llega – nos encontraremos con que, lejos de atraer a los ajenos, habremos perdido a los propios.

  Aún aquellos que profesan otros credos perderán todo su respeto hacia una iglesia* que ya no tiene Martiriologio ni Santoral. Una iglesia que pacta con el mundo. Que dicta normas de economía política y tratados de sociología, pero que ha desterrado en la práctica, la Teología, la Moral, la Ascética y la Mística, que fueron los muros impenetrables que durante dos mil años custodiaron el Tabernáculo y la integridad de la Doctrina.


Amalia de Estrada de Shaw


*Naturalmente esta iglesia con minúscula, no tiene nada que ver con la verdadera Iglesia de Cristo, aunque cuente con un aparato eclesiástico “católico”.


Revista ROMA - Año VIII - N°35 - Bs. As., Agosto de 1974.


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viernes, 13 de marzo de 2015

Bergoglio el irrespetuoso - Augusto TorchSon


  Si bien ya no nos sorprende, una vez más las bergogliadas del “obispo de Roma” no dejan de generar indignación en los verdaderos fieles católicos, aquellos que entienden sin mengua lo de: “El celo por tu casa me consume”

  Así en esta oportunidad, después de su audiencia general al presentársele el bastón usado por Santa Teresa de Ávila, no se le ocurrió mejor idea que decir: “y la vieja andaba con esto”. Todo esto con una cara que denota ningún respeto por una reliquia de la Santa y Doctora de la Iglesia, a pesar del desganado beso que le dio.


  Como es costumbre en sus rentados justificadores, al día siguiente, en el canal de videos oficial vaticano, el de los colores de la bandera gay, salió a aclarar que el término usado por Bergoglio es “una expresión argentina muy castiza”.

 



  Tal vez se pretenda hacernos creer que nosotros vivimos en otra Argentina, o que nuestro diccionario difiere del usado en el resto de los países de habla hispana, pero el uso de “vieja” significa exactamente lo mismo aquí que en todos lados, y el uso “coloquial” si se quiere, de dicho término, sobre todo para referirse a personas de la talla de la Santa, precisamente en Argentina, implican desprecio. Encima refiriéndose a la reliquia como “esto”.

  Podríamos considerar un acto fallido de “Jorgito el terrible”, pero cuando las torpezas son la norma y no la excepción, la estupidez pasa por considerar lo contrario.

  Sabemos que todo lo que huela a ortodoxo, a tradicional causa fobia al jefe vaticano. No es nuevo, ejemplos sobran de su época de cardenal. 



Hacer click en las imágenes para agrandarlas


  En cambio, cuando se trata de abusos litúrgicos, de juntarse con herejes, con curas de dudosa moral pública, masones, judíos, protestantes, musulmanes, panteístas, homosexuales activos, artistas y deportistas promiscuos y anticatólicos, marxistas y demás enemigos de Dios; su cara se ilumina y sus inmoderadas carcajadas no tardan en aflorar.




Cuando el mundo y la Iglesia están en llamas no hay nada que festejar



Augusto


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sábado, 10 de mayo de 2014

¿Misa de Siempre o Misa de Pablo VI? - Por R.P. Jean Michel Gomis


  Jean Guitton (un íntimo amigo de Pablo VI) escribió: “La intención del Papa Pablo VI en relación a lo que comúnmente se llama Nueva Misa, fue reformar la liturgia católica de tal manera que casi debería coincidir con la liturgia protestante. Esto era con una intención ecuménica de Pablo VI de eliminar, o, al menos corregir, o, al menos mitigar, en la Misa, lo que era demasiado católico en el sentido tradicional y, repito, hacer que la Misa católica se acercase más a la misa calvinista”

  Pablo VI eliminó lo que era demasiado católico en la Misa con el fin de hacer de la Misa un servicio protestante.

  Un estudio de las características y las oraciones de la Misa tradicional versus la Nueva Misa revela una masacre de la fe tradicional. La Misa tradicional contiene 1182 oraciones. Cerca de 760 de ellas fueron retiradas completamente de la Nueva Misa. Aproximadamente el 36% de lo que se mantuvo, los revisores alteraron más de la mitad antes de introducirlas en el nuevo Misal. Por lo tanto, solo el 17% de las oraciones de la Misa tradicional se mantuvieron intactas en la Nueva Misa. Lo que también llama la atención es el contenido de las modificaciones que se hicieron a las oraciones. Las oraciones tradicionales que describen los siguientes conceptos fueron específicamente abolidos con el nuevo Misal: la depravación del pecado; los lazos de la maldad; la grave ofensa del pecado; el camino a la perdición; el terror ante la furia del rostro de Dios; la indignación de Dios; los golpes de su ira; la carga del mal; las tentaciones; los malos pensamientos; los peligros para el alma; los enemigos del alma y del cuerpo. También se eliminaron las oraciones que describen: la hora de la muerte; la pérdida del cielo; la muerte eterna; el castigo eterno; las penas y el fuego del infierno. Se hizo especial énfasis en suprimir en la Nueva Misa las oraciones que describen el desapego del mundo; las oraciones por los difuntos; la verdadera fe y la existencia de la herejía; las referencias a la Iglesia militante, los méritos de los santos.


¿Quién fue Annibale Bugnini?

  Director de las Ephemerides liturgicæ, el Padre Annibale Bugnini, C.M. había sido miembro de la Commissio piana (1948-1960) y luego Secretario de la comisión preconciliar (1960-1962). Vale la pena mencionar que también era un profundo admirador de los trabajos del Centro de Pastoral Litúrgica francés. Pero en 1962, a instancias del Cardenal Larraona, Presidente de la comisión conciliar de la liturgia, Juan XXIII relevó a Annibale Bugnini de su cátedra de docencia de liturgia en Letrán: “me acusaban de iconoclasta” confesó Bugnini (2) Juan XXIII no quiso guardarlo en sus funciones de Secretario de la Comisión Conciliar y nombró en su lugar al Padre Ferdinando Antonelli.   Pero Pablo VI nombró a Bugnini Secretario del Consilium en 1968.
  Monseñor Lefebvre solía contar a sus seminaristas una anécdota (3)

  “En diciembre de 1967, durante una asamblea de la Unión Mundial de los Superiores Generales a la que asistió Monseñor Lefebvre, el Padre Annibale Bugnini fue invitado a exponer su misa normativa. Lo hizo con gran tranquilidad: para la participación de los fieles — dijo — había que cambiar toda la primera parte de la misa, suprimir el Ofertorio (que sobraba al lado del Canon) y las oraciones del sacerdote antes de la comunión, cambiar y diversificar las oraciones eucarísticas, etc. “Mientras oía esa conferencia, que duró una hora contaba Monseñor Lefebvre —, me decía a mí mismo: ‘¡No puede ser que ese hombre tenga la confianza del Santo Padre, y que el Papa lo haya elegido para hacer la reforma de la liturgia!’ Teníamos ante nosotros a un hombre que pisoteaba la liturgia antigua con un desprecio y un descaro inimaginables. Yo, que suelo tomar la palabra con facilidad, como lo había hecho en el Concilio, no tuve valor para ponerme de pie; estaba consternado; las palabras se me atragantaban. Sin embargo, se levantaron dos Superiores Generales. El primero dijo: “¡Padre, si entiendo bien, después de suprimir el Confiteor y el Ofertorio, acortar el Canon, etc., una misa privada durará entre diez y doce minutos!” El Padre Bugnini respondió: -“¡Siempre se puede añadir algo más!”.

  Bien se veía la poca importancia que le daba a la Misa y a la manera de decirla.

  El segundo, un abad benedictino, intervino: ‘La participación activa, ¿es una participación corporal o espiritual? (Buena pregunta). La misa normativa está prevista en función de una asistencia de los fieles, pero nosotros, benedictinos, que decimos nuestra misa sin fieles, ¿qué haremos ahora?’ La respuesta de Bugnini fue la siguiente: “A decir verdad, no habíamos pensado en ello.” Eso dice bastante sobre el espíritu de esa reforma”

  Otro día, el Arzobispo escuchó de boca de Monseñor Cesario D’Amato, Abad de San Pablo Extramuros (4) “Monseñor, no me hable del Padre Bugnini, sé demasiado sobre él, ¡no me pregunte quién es!”

  Ante la insistencia del Prelado, el Abad le repitió: “No puedo hablarle de Bugnini”

  “Pero ¿Quién es este Bugnini?” Se preguntaba Mons. Lefebvre. El Card. Antonelli, decía de él: “Podría decir muchas cosas de este hombre. Debo añadir que siempre ha sido sostenido por Pablo VI. No quisiera equivocarme, pero la laguna más notable en el P. Bugnini es su falta de formación y de sensibilidad teológica” (5)

  El Canónigo Andrea Rose, que trabajó a su lado, decía que: “Bugnini carecía de profundidad de pensamiento. Fue grave nombrar a un veleta como él en el puesto que desempeñaba. ¡Que la gestión de la liturgia estuviera en manos de un hombre semejante, de un superficial…! (…) Manipulaba a Pablo VI: iba a informarle, pero le contaba las cosas a su sabor. Luego volvía diciendo: “El Santo Padre desea esto, el Santo Padre desea aquello”; pero era él quien, por debajo de cuerda…” (6)

  En una visita al Cardenal Amleto Cicognani, que aún era Secretario de Estado, en febrero de 1969, para expresarle su inconformidad por los nuevos cánones, Monseñor Lefebvre le preguntó: “Eminencia, ¡no puede dejar pasar esto! Es una revolución en la liturgia y en la Iglesia” “¡Ya lo sé, Monseñor!” — le respondió el Cardenal, -con la cabeza entre las manos- ,pienso exactamente igual que usted. Pero ¿qué quiere que haga?
¡El Padre Bugnini entra y sale del despacho del Santo Padre y le hace firmar lo que quiere!”

  Pasando luego a la Congregación de Ritos, Monseñor Lefebvre habló de la comunión en la mano (cuyo decreto de autorización estaba en preparación en el Consilium con el Cardenal Gut, que le confesó: “Soy Prefecto de la Congregación de Ritos, pero no soy yo quien manda aquí. Adivine, usted, quién es el que manda …” El omnipotente Padre
Bugnini…

  Bugnini, “Buan” para los iniciados, se habría inscrito el 23 de abril de 1963. Monseñor Lefebvre dio crédito al rumor y a esos documentos sospechosos, y publicó lo siguiente: “Nos hemos enterado en Roma de que quien fue el alma de la reforma litúrgica es un masón”

  El misterio o la mistificación perduran.

  Incompetente, sin formación doctrinal, superficial, manipulador, sospechoso de masonería, “iconoclasta” y lleno de desprecio por la liturgia tradicional: tales parecen ser las “cualidades” del principal autor del N.O.M. Que se nos perdone la ironía, pero se nos viene a la mente el dicho: “A tal palo, cual astilla…”


Fuente: Libro: Misa de Siempre o Misa de Pablo VI, ¿Cuál elegir?, un problema de conciencia – R.P. Jean Michel Gomis

Citas:
(1) Annibale Bugnini, Declaración de la Congregación de Ritos y del Consilium de liturgia del 4 de enero de 1967, citado por Louis Salleron en La Misa Nueva, Iction (1978), p. 217.
(2) Citado por Mons. Tissier en Marcel Lefebvre, une vie, Clovis (2002).
(3) Citada por Mons. Bernard Tissier de Mallerais en Marcel Lefebvre, une vie, Clovis (2002), p. 414-425
(4) Nombrado en 1960 miembro de la comisión preparatoria para la reforma litúrgica, de la que formaban parte Antonelli y Bugnini.
(5) Revista Sí Sí No No de abril 2000, Preciosa contribución a la historia de la Reforma litúrgica
(6) Revista Sí Sí No No de marzo de 2005, Otra preciosa contribución a la historia de la Reforma litúrgica
(7) Carta a Pablo VI, 22 de octubre de 1975, citada por el mismo Bugnini en La reforma, p. 81


Visto en: Revista Una Voce Informa – N° 28 – Diciembre 2013


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lunes, 17 de febrero de 2014

Apostasía del clero – Por Augusto TorchSon


  Estamos asistiendo a la claudicación casi definitiva del clero en su inmensa mayoría, a su deber de transmitir la verdad sin ningún tipo de respetos humanos.

  No solo observamos los pecados de omisión cuando cobardemente silencian las atrocidades de nuestros gobiernos y las imposturas del propio clero incluyendo a sus más altas jerarquías, sino que necesitan agregar palabras de adhesión a las más heterodoxas predicas de quién debería ser Pastor de Pastores y confirmar a toda la Iglesia en la fe, pero que contrariamente solo trae confusión a los verdaderos fieles y adhesión de quienes realizan las conductas más aborrecibles por la ley de Dios, jactándose de las mismas.

  En ese sentido quiero resaltar la actitud quienes con el más absoluto celo por la causa de Dios, se enfrentan aun con sus pares sin importarles ser políticamente incorrectos.

   Así ante la aprobación de la eutanasia infantil en su país, los obispos belgas dijeron que: “están profundamente decepcionados” lamentando “la adopción de una ley que muchos expertos consideran que es innecesaria y tiene muchos defectos”; a lo que el obispo de Brooklyn, Nicholas DiMarzio, respondió con toda firmeza y claridad: Monseñores: esto no es una ley “innecesaria” que tiene “muchos defectos”. ¡No es ley, es una afrenta demencial a Dios, que algún se tomará debida venganza con quienes la aprobaron y con quienes actuaron tibia y cobardemente como ustedes!; según lo documentado por el blog Catapulta.

  En esta ocasión, y hablando en primera persona, quiero referirme, precisamente al olvido de las leyes y mandatos de Dios. Y me motiva a hacerlo la homilía de la Misa a la que asistí ayer, de parte de un sacerdote de quien tenía la impresión que era ortodoxo y fiel a la Verdad de Cristo.

  Ya en el comienzo de su predica del Sermón de la Montaña del Evangelio de San Mateo (V, 17-37), empezó a hacer hincapié en que, como Cristo no vino a abolir la ley sino a darle vida, lo importante era no tanto el precepto sino la aplicación del mismo. Para concluir recordó las palabras Francisco al recordarnos que las habladurías o chismeríos (como le gusta decir), pueden matar y hay que evitarlas.

  Ahora, hasta aquí todo puede parecer muy ortodoxo pero sabemos que los textos sin contextos terminan siendo pretextos, por lo que para tener una correcta perspectiva es bueno analizar toda la situación para valorarla adecuadamente.

  Lo del “chismorreo” que menciona Bergoglio, lo dice un par de días después que hayan despedido a Roberto de Mattei de RadioMaria.it, según la noticia que consignamos ayer (aquí), por cuestionar las imposturas de Francisco. Y causalmente, el cardenal Maradiaga del grupo C8, ayer señaló que “Se puede criticar al Papa, pero con amor” (aquí), amor que se pide pero que no se brinda según lo acontecido a este prestigioso vaticanista, o con los Franciscanos de la Inmaculada o el Cardenal Burke, cuando se trata de ser fiel al Magisterio inmutable de la Iglesia. Otra es la actitud según vimos con el mundo pecador que se enorgullece de serlo, al que se trata con toda misericordia.

  Pero si las críticas se apuntan al alejamiento de la doctrina por parte de la praxis y palabras de Bergoglio, en su homilía de ayer y como para doblar su apuesta dijo: "El Señor no da importancia simplemente a la conducta exterior o al cumplimiento de una doctrina, él va a la raíz de la ley, dejando todo a la intención". Entonces si no importa el cumplimiento de la ley, si hay que “dejar todo a la intención”, ¿Cómo podríamos juzgar como perversas las conductas de quienes promueven la eutanasia infantil, si su intención es terminar con el sufrimiento de los niños?

  Ya sabemos que en su orientación vaticanosegundista, Bergoglio es poco apegado a la doctrina y recordamos cuando en su primera entrevista a la “Civilita Catolica”, dijo: Hay normas y preceptos eclesiales secundarios que hace tiempo eran eficaces, pero que ahora han perdido valor o significado. La visión de la doctrina de la Iglesia como monolito que debe ser defendido sin matices es errónea... Las formas de expresión de la verdad pueden ser multiformes” (aquí )

  En este sentido de verdad multiforme bergogliana también se puede mencionar cuando en su entrevista al ateo marxista Sclafari le dijo: “La misericordia de Dios no tiene límites si se le dirige con el corazón sincero y arrepentido. La cuestión para quien no cree en Dios es obedecer a su propia conciencia, entonces volvemos al tema de la abolición de la Justicia Divina por la misericordia sin límites; que parece concretarse en una libertad sin límites, igualdad sin límites y fraternidad sin límites.

  Lo importante ahora es la praxis que supera  la doctrina, la misma praxis que es precisamente el monolito del marxismo, la que supera la verdad objetiva. La praxis a la que en la Iglesia llamamos pastoralidad.

  En este mundo donde uno sale a la calle con sus hijos y ve sodomitas de la mano (cuando no haciendo cosas peores), donde el aborto y la promiscuidad se enseñan desde los 4 años por iniciativa de la UNESCO, donde la verdad se decide por consenso, por voto de la mayoría, donde al mal en sus más groseras expresiones hay que llamarle libertad, donde en nuestras iglesias se nos inculca TOLERANCIA, que no está basada en ningún derecho o presupuesto objetivo sino como uno de los dogmas ilimitados de las democracias Rousseaunianas; en este contexto, en esta modernidad, se nos dice que no hay que tener “cara de pepinillos en vinagre”, ni obsesionarnos en el combate de las más atroces transgresiones a las leyes de Dios. Y todo esto se festeja con globitos en el mismo Vaticano, en la misma plaza de San Pedro, y con los colores de la BANDERA GAY, aunque traten de negarlo o aducir “casualidad”. En la Iglesia de Bergoglio donde las casualidades son tan habituales que resultan paradójicas.


  Por eso y con mucho dolor, le digo a este sacerdote, a quién le envío estas palabras, que no le tenga miedo a las represalias por defender la Causa de Cristo, que no tema el martirio, que se puede tener paz y alegría sin necesidad de vivir en el jolgorio producto del pecado y la apostasía.

  En su homilía pudo haber hablado también de la indisolubilidad del matrimonio, a pesar de las propuestas de los cardenales que pretenden darle la comunión a los divorciados y vueltos a casar, convalidando el pecado, o mucho mejor pudo haber resaltado la importancia Sí Si, No No, al cual nos exhorta Nuestro Señor en dicho Evangelio.

  A usted padre, con respeto pero con firmeza le tengo que decir, que eso que vivió en el JMJ de Rio de Janeiro, no es la alegría del Evangelio; donde se celebraban misas en la arena repartiendo la Santa Eucaristía en vasos de plástico y todo esto en medio de mujeres semidesnudas. No, no busquemos la carcajada inmoderada de la complacencia con el mundo.


  Rezo por ud. y por todos los sacerdotes, para que siguiendo el ejemplo de San Atanasio, pueda oponerse al error, sin importar de quien provenga, enfrentando las dolorosas consecuencias que esto implica, pero con la satisfacción de haber cargado la Cruz de Cristo con la mayor dignidad y fidelidad posible.


Augusto TorchSon


  "Porque delante de Dios es justo que Él aflija a su vez a aquellos que ahora os afligen; y a vosotros, que estáis atribulados, os haga gozar juntamente con nosotros del descanso, cuando el Señor Jesús descenderá del cielo y aparecerá con los ángeles de su poder, con llamas de fuego a tomar venganza de los que no conocieron  a Dios, y de los que no obedecen al Evangelio de Nuestro Señor  Jesucristo. Los cuales sufrirán la pena de la eterna condenación…” (2°Tes. I, 6-10)

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jueves, 30 de enero de 2014

Grandes obispos de la lucha antiarriana: San Hilario - Por el P. Alfredo Saenz

  San Hilario, nacido a comienzos del siglo IV en una familia pagana, se convirtió al cristianismo siendo ya adulto. Hacia el 350 ocupó la sede de Poitiers. Desde que fue consagrado obispo. Toda su actividad eclesiástica y  literaria giró en torno a la defensa de la ortodoxia frente a los arrianos y el emperador Constancio. El año 365 asistió a un concilio en Galia, donde se decretó su deposición y destierro a Frigia, en razón de la postura francamente antiarriana que había asumido... 

Vuelto a su sede, el año 359, luchó como pocos contra la herejía dominante. De Hilario ha dicho el cardenal Pie, su sucesor en la diócesis de Poitiers durante la segunda mitad del siglo XIX, que sin él las Galias habían zozobrado en el abismo de la herejía, quedando reducido el cristianismo a un Cristo meramente terreno. A combatir dicha herejía dedicó toda su vida. Sus escritos, sus viajes, sus exilios, sus oraciones no tuvieron sino ese objeto: afirmar la divinidad del Verbo, la divinidad de Cristo y, por consiguiente, del cristianismo....

  La lucha que debió entablar Hilario fue realmente terrible. A veces decía que hubiera preferido ser obispo en tiempos de Nerón o de Decio, ya que en ese caso el combate habría sido contra enemigos declarados, y hubiese podido levantar su voz en medio de los tormentos, de modo que el pueblo testigo de una persecución manifiesta lo habría acompañado en la confesión de la fe. En cambio el asunto era ahora más complejo. La lucha se entablaba contra un perseguidor que engaña, contra Constancio, que finge ser cristiano, que no hace mártires, que torna imposible la palma de la victoria. Hilario no teme desenmascararlo: “Yo te lo digo, Constancio, tú combates contra Dios”. Para colmo, dentro de la Iglesia eran muchísimos los obispos que consentían con el arrianismo, lo que hacía inmensamente ardua la resistencia. Hilario entendió que no podía quedar convertido en un simple espectador: “Es tiempo de hablar, porque el tiempo de callar ha pasado (tempus est loquendi, quia jam praeterit tempus tacendi)”. Le preguntaban, a veces, si no tenía miedo. A lo que respondía: “Sí, verdaderamente tengo miedo, tengo miedo de los peligros que corre el mundo; tengo miedo de la terrible responsabilidad que pesaría sobre mí por la connivencia, por la complicidad de mi silencio; por mis hermanos que se apartaron del camino de la verdad; tengo miedo por mí, porque es deber mío conducirlos allí”.

  Hilario fue considerado la columna de la fe en Occidente, por lo que lo llamaron “el Atanasio de Occidente”... Murió en el 366.



  Tanto admiraba el cardenal Pie a su glorioso antecesor que le pidió al papa Pío XI lo declarase Doctor de la Iglesia. Cuando el Papa accedió a su pedido, el obispo de Poitiers pronunció una espléndida homilía donde señalaba la actualidad del pensamiento de San Hilario: 

  “Que salga de su tumba, que vuelva en medio de nosotros el gran defensor de la consustancialidad del Verbo, el campeón de la inmutabilidad de la verdad revelada. Estamos en pleno arrianismo, porque estamos en pleno racionalismo. Arrio no arrebató al Verbo de Dios su divinidad sino para poner la creatura a su nivel; y la filosofía contemporánea no proyecta rebajar al Verbo divino sino para igualarse a él, digo mal, para elevarse por encima de él. ¡Huesos de Hilario, temblad de nuevo en vuestro sepulcro y clamad una vez más: “Señor, ¿quién es semejante a ti?”.


ALFREDO SAENZ – “La nave y las tempestades: La Sinagoga y la Iglesia Primitiva - Las persecuciones del Imperio Romano – El arrianismo” Ed. Gladius 2005. Págs.236-238


"Es tiempo de hablar, porque el tiempo de callar ha pasado"
San Hilario ora por nuestros cardenales y obispos descarriados

Fotos de catapulta.com.ar

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Las Sirvientas de Caifás - Por Antonio Caponnetto


Las Sirvientas de Caifás - Por Antonio Caponnetto

   Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se acercó y le dijo: «Tú también estabas con Jesús, el Galileo»...  Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio otra sirvienta, que dijo a los presentes: «Este hombre andaba con Jesús de Nazaret.» (Mt 26 - 69,71)


Sr. Director de Página Católica:

  Mucho se ha dicho y se seguirá diciendo sobre la profanación de la Catedral de Buenos Aires con el acto litúrgico judeo-cristiano del pasado 12 de noviembre; y demasiado ha dicho ya el mundo contra quienes dieron testimonio de fe católica, tratando de impedir aquella tenebrosa profanación.

  Hace varios años que vengo denunciando la comisión de este tipo de aquelarres, y dos capítulos de mi libro "La Iglesia Traicionada" están dedicados a la llamada "Noche de los Cristales", con la consiguiente protesta dirigida a los jerarcas eclesiales que toman la impía iniciativa de organizar estas celebraciones masónicas, a todas luces sacrílegas y falaces. Quiero decir que el hecho no me es ajeno ni indiferente.

  Pero si me permite acercarme a su valiosa prédica, y dado el desenlace todavía en curso que han tomado los episodios, quisiera sumar dos breves comentarios. Ya habrá tiempo para más:

1º)   Según conocida y divulgada expresión de Francisco, al comienzo de su pontificado, "el que no le reza a Jesucristo, le reza al demonio". La frase, originada en un concepto de León Bloy, establece una línea divisoria irreconciliable.

  Pues bien, el grueso de los judíos invitados a ocupar la Catedral, no le reza a Jesucristo; esto es evidente. Y muchos de los otros invitados procedentes de falsas iglesias y sectas varias, tampoco le rezan a Jesucristo en tanto Dios y Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Ergo, los responsables de tal convite y de tamaña mixtura en la Catedral Metropolitana, permitieron la invasión de nuestro mayor templo católico por adoradores del demonio, según ha recordado el Papa.

  No le rezan a Jesucristo en cuya divinidad no creen; y son múltiples los casos constatables de que además de no rezarle lo ultrajan.

  Todo el clero católico comprometido en esta activa, obsecuente y servil invitación a que la Catedral fuera ocupada por quienes no le rezan a Jesucristo, tendrán que rendir cuentas de haber servido a quienes le rezan al demonio. La disyuntiva, reitero, fue planteada en tan tajantes términos por el mismo Francisco.

2º)   También ha dicho Francisco -y esta segunda frase a la que aludiré es tan conocida como la anterior- que él desea "una iglesia pobre, para los pobres y de los pobres". Pues bien; resulta que entre aquellos cultores de Mandinga insensatamente convocados a tomar un templo católico, había muchos personajes correspondientes a la plana mayor del capitalismo sionista, a la oligarquía judaica, a los monopolios plutocráticos hebreos. No se ve cómo puede condecirse tamaña promoción impúdica de los servidores del becerro de oro con el ideario del Poverello de Asis, supuestamente revalorizado a partir de este pontificado.

  La conclusión parece trágicamente sencilla. Si el Papa promueve estos actos -y todo indica que sí, pues ya lo hacía activamente cuando sólo era el Cardenal Primado- su conducta es ambigua y reclama con urgencia definiciones unívocas. Tendrá que elegir: o los adoradores de Jesucristo o los del demonio. O una iglesia evangélicamente pobre o una iglesia mancillada por los plutócratas judíos. No se puede servir a dos señores. Recemos para que Dios lo haga discernir rectamente y con prontitud. Es mucho lo que está en juego con tal discernimiento.

  Si el Papa fuera ajeno a estos últimos sucesos -algo improbable, pero que no queremos dejar de considerar como hipótesis por respeto y honestidad intelectual- los que han invocado su autoridad para consumar la profanación, sumarían un nuevo escándalo. Tal sería el del falso testimonio, reprobado en el octavo mandamiento.

  En cualquier caso (y teniendo en cuenta la reacción de los prelados medrosos, pidiendo perdón aquí y acullá, no por el acto profanatorio que consumaron en la Catedral, sino por el mal momento que tuvieron que pasar los judíos al haber presenciado a un puñado de rezadores de Jesucristo), es evidente que la Iglesia de hoy, en nuestra patria, no está conducida sino por las sirvientas de Caifás (Mt. 26,69). Sirvientas repugnantemente dóciles a los enemigos de Jesucristo, fámulas indignas del contubernio contra el Divino Redentor, fregonas de la Iniquidad, para cuyo repudio no sabemos hallar palabras suficientemente severas e irrevocables. El estupor es tan grande, la náusea tan creciente, la perplejidad tan dolorosa, la indignación tan inenarrable, que preferimos callar y rezar.

  Un conocido pasaje del evangelio joánico (Jn.8,57-59), recuerda el trágico momento en que los judíos apedrearon a Jesús porque este se les reveló como Dios.

  Bien estará que la Iglesia quiera extender hacia ellos su perdón, y que se muestre hospitalaria con los contritos y conversos, y hasta eleve a los altares a los mejores de quienes tal camino de la metanoia plena hayan recorrido. Pero para que tal gesto conciliatorio tenga lugar y feliz desenlace, primero los judíos deberán recoger una a una esas piedras arrojadas al rostro del Salvador. Deberán soldarlas con sus lágrimas, y levantar con ellas un gran altar en homenaje a Cristo Rey, arrodillándose ante Él.

  Acción santa y salvífica es que la Iglesia haya propuesto durante toda su historia la conversión de los judíos. Acción perversa es que la Iglesia quiera sumarse ahora al redil de los apedreadores, darles albergue en el mismo recinto santo e instar a los católicos a que se sientan cómodos en las sinagogas, entre cuyos muros se enseña precisamente a rechazar, a injuriar y a odiar a Jesucristo.

  Queremos judíos conversos, no católicos judaizados. Bienaventurados quienes sirvan de escudos a los pedruscos blasfemos lanzados contra el Redentor. Malditos sean quienes se sumen a los arrojadores sacrílegos de cantos o de riscos.



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

viernes, 16 de agosto de 2013

MASTERPLAN PARA DESTRUIR LA IGLESIA (1973) - Por el Dr. Jerónimo Dominguez

  Nota de NCSJB: Al igual que los protocolos de los Sabios de Sion, estos escritos podrán se cuestionados en su origen pero de ninguna manera se puede desconocer cómo estos planes se fueron  cumpliendo minuciosamente, de manera que resulta más razonable creer en su veracidad que rechazarlos. Importantísimo en los tiempos que vivimos, recomendamos no dejar de leer este artículo.
 
  El Doctor Jerónimo Domínguez es un prestigioso médico español radicado en Nueva
York . Aparte de su muy prolífero ejercicio profesional, es un laico sumamente consagrado a actividades en la Iglesia católica, a través de los medios de comunicación. Maneja un programa de televisión divulgado en 485 estaciones en el mundo, y un programa de radio. Ha escrito 102 libros sobre temas religiosos. Hace casi 40 años, escribió este artículo, el que mantiene una vigencia muy especial para estos tiempos, y hemos creído que es pertinente para entender la crisis actual en la Iglesia Católica.
Veamos sus palabras:

   Alguien dejó olvidado en mi oficina médica un sobre grande, cerrado. Después de dos meses nadie lo reclamó. Lo abrí para averiguar la identidad de su dueño. ¡Lo que encontré fue una gran sorpresa! El Masterplan para destruir la Iglesia. Nadie firmaba, no se daba ninguna dirección, nada más que un plan riguroso para destruir la Iglesia de Cristo. Se dice que hay más de 1300 comunistas que se han hecho sacerdotes católicos para destruir la Iglesia de Cristo por dentro, para horadarla desde sus entrañas. Yo no sé si es cierto, pero lo que sí es cierto es que el “Masterplan” es una obra maestra de increíble audacia que, si llega a funcionar, puede resquebrajar desde sus cimientos a la Iglesia Católica.

  Según el Masterplan, la Iglesia debe estar “arruinada” para el año 1980. Me he animado a publicarlo porque estoy seguro que ayudará a abrir los ojos a muchos sacerdotes y buenos cristianos antes de que sea demasiado tarde. Por su gravedad y trascendencia merece la atención de todos, en particular de la Jerarquía Eclesiástica ¡Alerta amigo! Resumamos en grandes rasgos la estrategia del Masterplan para conseguir sus fines

FOMENTO DE UNA IGLESIA ECUMÉNICA UNIVERSAL
  El Masterplan señala como principio que : de todas las Iglesias que se llaman cristianas, el bloque más firme, el que mantiene a todas, es la Santa Iglesia Católica, una vez que ésta se tambalee, toda la cristiandad caerá por su propio peso. Hay que quitarle el nombre de Santa, porque esto está llamando constantemente la atención sobre Dios, es algo sagrado, y esto sobra. Y para quitarlo es fácil, basta insistir en que una Iglesia Santa ofende a los hermanos protestantes, y por lo tanto, los católicos no deben insistir en eso.

  Y así de fácil, para el año 1980 nadie dirá: Una, Santa, etc. Otra palabra que sobra es “Católica,” porque está muy arraigada con la adoración a Dios, a Cristo, y a la  -veneración de la- Virgen, y eso hay que derrumbarlo. Para hacerlo bastaría sustituir “Católico” por “Universal,” al fin y al cabo es lo mismo, parece que dice lo mismo, pero se quita el sabor sagrado de adoración a Dios y a Cristo que lleva el nombre católico, En el año 1980 quedaría en todo el mundo así la “Iglesia Universal” con todas las iglesias unidas, donde quedarían incluidos también los judíos, los musulmanes, hindús, etc. El primer mandamiento de esta “Iglesia Universal,” y el único, sería: “amar al prójimo como a ti mismo. “¡Porque este seguiría existiendo un Dios toda bondad!

AMOR Y ADORACIÓN AL PRÓJIMO… SIN AMOR NI ADORACIÓN A DIOS
…Siempre hay que hacer todo en el nombre del "amor", de la "caridad". Aunque esta palabra "caridad" también sobra, porque habla del prójimo, pero está ligada también con el amor a Dios... Así es que nada de "caridad", sólo "amor". Será muy fácil sustituir una palabra por otra, porque dicen lo mismo, y además, amor es más moderna, más inteligible al pueblo y puede unir más a todos.

  Pero antes de pasar de ahí quiero que no se me olvide lo de la palabra "piedad". El Masterplan dice también que sobra, que hay que sustituirla por la palabra "comprensión", ya que dice lo mismo con relación a los hombres, con los hermanos, pero conlleva el significado de unión con Dios, con Cristo, con la Virgen, etc. Será fácil: hay que insistir en que eso de "piedad" suena a gente hipócrita, a gente sin carácter. Hay que decir que "piedad" suena a vieja beata que no tiene nada que hacer y que va a pasar el tiempo en la Iglesia.

  El plan es muy atrayente porque se hace todo en nombre de una gran causa: "del amor al prójimo". Y con este lema, nada menos que en nombre del "amor" se consigue fácilmente la colaboración sincera de buenos católicos, de Sacerdotes y de Obispos, para tratar de terminar con el amor a Dios, con el amor a la fuente de todo amor.

  Todo el propósito del Masterplan es quitar en los hombres el amor a Dios, porque, razona, el amor al prójimo no puede existir sin una razón; el amor al prójimo no puede subsistir, es un imposible sin la base esencial del amor a Dios. Como muy bien reconoce el Masterplan, al final si no ama a Dios nadie va a amar al prójimo. 

  ¡Y puede seguir existiendo un Dios lejano, solo bondad, incapaz de castigar! De este Dios tan bueno que no castiga; que no puede castigar, todo el mundo se olvidará muy pronto. 
Porque del Dios que no infunde respeto, al que no se le teme, la gente lo olvida. Esto último, repito, es el fin del plan.

  El plan debe ser una cosa sencilla, ir quitando cosas "poco importantes", con el fin de acercarse a los no católicos, abrir las puertas de la iglesia para atraer a los que no lo son, quitar las cosas "sin importancia" que los pueda herir.

  Insistir en todo lo que los pueda hacer olvidar un poco de Dios, de adorar a Dios... ¡Que adoren al hombre!

  Como ven, el Masterplan es exquisitamente diabólico, porque se basa en cosas buenas, pero su objetivo es quitar la adoración a Dios, que se olvide el Sacrificio de Cristo... y al derrumbar los cimientos... también el mástil de la "hermandad" se derrumbará.

  El Masterplan razona así: una vez que haya desaparecido el amor a Dios, los hombres no se pueden amar, sino se odiarán en nombre del amor se trata de conseguir el odio a la esencia del amor: a Dios.

ATAQUE A LA SANTA MISA Y A LA EUCARISTÍA
  La Eucaristía es lo central en el catolicismo, dice el Masterplan, porque es, ¡nada menos! que el mismo Cristo Dios hecho Pan, para hacer a los hombres amor. La Misa es ¡nada menos! que la exacta renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz.

  No se pueden quitar de una vez, porque ningún católico lo aceptaría. Pero propone un plan de ataque que es sutilmente diabólico.

  Dejar la misa reducida nada más que a un banquete de confraternidad.

  Todo el plan consiste en quitarle el sentido "sagrado" de ser la renovación incruenta del
Sacrificio de la Cruz, y dejarla reducida nada más que a un banquete de confraternidad.
El Masterplan dice: los cristianos afirman que la Misa es banquete, pues, insistamos en eso, en sólo eso, en que es un banquete de hermanos.

  Para ello propone muchos detalles. Cada uno de ellos parece que no le quita nada a la Misa, dice el Masterplan, pero todos en conjunto la convertirán en banquete de "hermanos", y cuando el Sacrificio del Calvario desaparezca de la Santa Misa, la hermandad desaparecerá, como se derrumbaría un mástil al que se le quita el cimiento… insistir en el elemento de hermandad, de comunión, de reunión de hermanos... y continúa con ironía diciendo: ¡Dejad que los "hermanos" se reúnan y se "amen"; en cuanto les falte lo sagrado, esos "hermanos" van a terminar discutiendo, y van a terminar por pelearse "¡hermanalmente!".

  Insistir poco a poco en lo del banquete. Sugerir que se pongan mesas en las Iglesias, para que los cristianos se junten como en mesas de comer, lo mismo que Cristo y los Apóstoles se sentaron en una mesa. Esto será el punto final, dice el Masterplan, y así Cristo estará fuera, serán sólo los "hermanos" sentados en confraternidad. El sacerdote se sentará en una mesa, como otro hermano. Será en definitiva reunión de hermanos, pero no adoración a Dios, no acción de gracias a Dios. Se conseguirá un banquete de "hermanos", pero se olvidarán
del Sacrificio de Cristo. Se usará pan corriente, el que sobre se tirará a la basura como otro pan cualquiera, ¡o que se dé a los perros!

  Que Dios no sea el Centro de la Misa, sino el hombre. Entonces, para conseguir que Cristo-Dios no sea el centro de la Eucaristía, se debe resaltar en que la Eucaristía es una cena de confraternidad, un banquete de comunión de los cristianos, donde se reúnen para amarse.
Que el sacerdote mire a la gente. Esto se aceptará fácil, dice el Masterplan, ¡no puede ser que el sacerdote dé la espalda a los feligreses! Con esto tan sencillo el Masterplan pretende conseguir cosas importantes: La primera es que Dios no sea el Centro de la Misa, sino los hombres. Que el sacerdote no mire a Dios, sino a los hombres.

  El sacerdote no daba la espalda a los cristianos, sino la cara a Dios, como hacemos todos los cristianos: el que está sentado en la segunda fila no da la espalda al que está en la tercera fila, sino que da la cara a Dios.

  Que no se recuerde que la Santa Misa es la renovación incruenta del Santo Sacrificio de la Cruz. El caso es que el Sacrificio del Calvario quede reducido a lo menos posible, que esto no sea lo central. Que se digan muchos sermones, que se cante mucho, que se saluden los hermanos, que se pida perdón...

  Quitar de la Sta. Misa todo lo que suene a "sagrado". El Masterplan ofrece mil detalles que parecen "sin importancia", pero, razona el Masterplan, ayudarán en conjunto a quitarle el sentido "sagrado" de la Eucaristía. Lo primero, cosas sencillas, y que son razonables: que se diga en el idioma de cada uno, para se entiendan mejor en el banquete. Con ello dice el Masterplan, se consigue quitar un poco el misterio misterioso, lo sagrado de la Santa Misa.

  Un pre-requisito esencial para decir la Santa Misa es que el sacerdote tenga un Crucifijo. Pero ahora resulta que al mirar el sacerdote al público, el Crucifijo mira al sacerdote, pero da la espalda a los cristianos. Así que se terminará por quitar el Crucifijo del Altar.

  En el Altar siempre había reliquias de un Santo. Ahora no se necesita; sólo una simple mesa de madera, ¡o de lo que sea! Porque es un banquete… Que en la Eucaristía no se acepte la presencia real y adorable del cuerpo y la sangre de Cristo.

  Esto se consigue poco a poco, imperceptiblemente, con cosas como las siguientes: La Comunión de pie y en la mano Que la gente no se arrodille para recibir la Comunión, por ejemplo, insistiendo en que es una comida y hay que hacerla de forma natural.

  Tomar la Comunión con la mano ayudaría a quitarle también ese sentido misterioso, divino, sagrado... es una comida... sólo a los niños les ponen la comida en la boca... y que se use pan corriente, sin misterios, que nada suene a sagrado, sino natural, que se coma, que se mastique... que se haga como en la Ultima Cena de Cristo…  pero el fin es tratar de quitarle importancia a la Eucaristía.

  ¡El Sagrario... fuera del Centro! El Sagrario es un problema ahora. Porque al mirar el sacerdote al público le está dando la espalda al Sagrario. Por lo tanto será mejor quitar el Sagrario del Centro de la Iglesia, ponerlo a un lado, y así el sacerdote no le dará la espalda durante la Misa. Con eso, dice el Masterplan, quitaremos los Sagrarios del Centro de la Iglesia. ¡Esto será un gran paso...!

  Eliminar Exposiciones del Santísimo y hacer misas en las casas. Propone que se eliminen las exposiciones del Santísimo porque ahí no hay "banquete" de "hermanos"…

  Manipulación de las Hostias. Así propone que no se use Patena para distribuir la Comunión porque, explica hay que decir que si se caen partículas de la Hostia, no importa, Dios está en todas partes, al fin y al cabo…


  Que la Misa se parezca lo más posible a los servicios de los protestantes. Insistir en el amor a los "hermanos" protestantes, dice el Masterplan. Que la Misa se parezca lo más posible a sus servicios, para así atraer mejor a los "hermanos" protestantes a la Iglesia Católica…

ATAQUE AL SACERDOCIO Y A LOS CLAUSTROS
¡Fuera hábitos y sotanas!


  La estrategia del Masterplan es quitar primero de la gente las cosas externas como el que los sacerdotes y monjas usen hábitos.

  Todas estas cosas externas parecen "sin importancia", dice el Masterplan, pero son testimonio de vidas que constantemente se mantienen en el ambiente de Dios, de Cristo y de la Virgen... y eso es lo primero que hay que quitar. Hace 20 años el Masterplan planeó quitar estos hábitos porque son testigo de vidas que se dan a Dios. Cada hábito de una monja en la calle era el grito de una vida entregada al amor de Dios, era el grito silencioso, pero constante, de que Dios y Cristo existen en el siglo XX, de que existen millares de personas dispuestas a sacrificar su única vida por amor a Cristo.

  El Masterplan lo planeó bien y se siente orgulloso de haber usado nada menos que el Concilio Vaticano II para llevarlo a cabo. El plan era empezar a decir que los hábitos son cosas anticuadas; luego divulgar la idea de que vestidos de seglares los sacerdotes y monjas se pueden introducir e infiltrar en ambientes no católicos, que el hábito eran una barrera que separaba a los "hermanos" protestantes de los católicos.

  La parte final del plan es conseguir que no existan de verdad. El Masterplan espera que la gente se olvide de la figura del sacerdote  y de la monja. Al no verlos está seguro que la juventud va a ignorar su existencia y al ignorar su existencia a nadie se le va ocurrir ni pensar en la posibilidad de hacerse sacerdote o monja.


  Querido sacerdote o Monja: por favor... por amor a Dios, pónganse otra vez su sotana y su hábito. En cada paseo que dé por la ciudad estará gritando el amor a Dios y al prójimo cien mil veces mejor que con mil discursos o con mil "obras" de caridad; será un testimonio viviente del amor de Cristo que sigue existiendo realmente en la vida de ustedes. Y siéntase orgulloso de ser lo que es, y demuestre al mundo que se siente orgulloso de serlo…

¡Que se casen los sacerdotes y religiosos!
  El otro objetivo del Masterplan es conseguir que los sacerdotes se casen. Si los sacerdotes se casan es lo mismo que si no hubiera sacerdotes. Dejará de existir la figura del hombre que sacrifica toda su vida por Cristo. Cualquiera podrá ser sacerdote, y si lo es cualquiera, es lo mismo como si no lo fuese nadie. En esto el Masterplan ha tenido poco éxito, pero espera tenerlo en abundancia antes del año 1990.

¡Las monjas a la calle!
  Al plan contra los hábitos y el celibato se une el de sacar a las monjas de sus claustros.
La idea es la misma. Insinuar que los "hermanos" de la calle las necesitan, que una carmelita puede hacer mucho bien curando enfermos y manejando escuelas, etc. Realmente, como pueden ver, el plan parece estupendo, cautiva al más inteligente.

  ¿Quién no se va a conmover ante una llamada urgente del amor al prójimo, de asistir al que sufre, al que llora, al que necesita, si es el mismo Cristo el que sufre y el que llora cuando sufre y llora el "hermano?".

  El Masterplan está teniendo gran éxito en esto. Muchas clausuras ya no son clausuras.
Estos monolitos de amor a Dios están dejando de existir. El masterplan quiere destruirlos del todo, porque sabe muy bien que son ¡hogueras ardientes de amor a Dios y Cristo! Porque sabe muy bien que estas almas enterradas en vida por Cristo son el fuego que alienta a la cristiandad. Al salir a la calle desaparecerán esos fuertes infranqueables; al vestirse de seglares pronto se darán cuenta de que se puede "amar" mejor al "hermano" no siendo monja.

  El Plan está trabajando muy bien. El fin es poner al hombre en el pedestal de Dios. El hombre es Dios.

DESTRONAMIENTO DE LA VIRGEN MARÍA
  El Masterplan dice que es esencial destronar a la Virgen para destruir la Iglesia. Así sugiere que se le quite el nombre de Madre de Dios, y se le llame sólo "mujer," que es como Cristo la llamó en la cruz. Sugiere que se diga a todos vientos lo de "hermanos de Cristo" y de que la Virgen tuvo más hijos, quitándole así el titulo de Virgen también. Dice que esto será fácil de meter entre la gente sencilla, sin cultura. Sugiere que no se recen rosarios, porque eso aleja a los "hermanos" protestantes. Que no se hagan novenas a la Virgen, porque eso es de "beatos".

  Pero la Virgen Santísima está siendo un gran problema para el Masterplan. Tenía mil argumentos para destronarla en el Concilio Ecuménico... pero le salieron mal las cosas. Tenía razones: para acercar más a los "hermanos" protestantes no insistir en la grandeza de la Virgen, no insistir en que es Madre de Dios; basta con adorar a Cristo, lo demás no es necesario...

  Iban las cosas bien en el Concilio para el Masterplan; parecía que por primera vez en la historia de la Iglesia, la Santísima Virgen iba a ser destronada de su lugar privilegiado en la liturgia y en la cristiandad... pero vino el Papa Paulo VI ¡en persona! y la nombró "Madre de la Iglesia"... y el Concilio entero respondió ensalzándola de nuevo como la Madre de Dios, reiterando su inquebrantable veneración a tan grandiosa belleza, reafirmando todos los grandes títulos de Madre, de Reina... y añadiendo los de "Nuestra Abogada"... "Nuestra Auxiliadora"..."Nuestro Socorro", y termina recomendándonos a María "para que apoyados en su maternal protección, nos unamos más a Jesús"... Y nos recuerda que la Virgen fue Asunta al Cielo en cuerpo y alma, y que con su múltiple intercesión, continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna, y continuará haciéndolo hasta la consumación de todos los siglos.

  Como lo del Concilio le salió mal a este respecto el Masterplan sigue trabajando en el asunto, pero ahora es tratando de cambiar el sentido de ciertas frases de la Sagrada Biblia. Está tratando de publicar Biblias en que se altere el capitulo 1º de San Lucas. ¡No se ría, querido lector! Ya ha salido una Biblia católica que omite la frase dirigida a María como la "llena de gracia", y esta Biblia está recomendada, y tiene el "Nihil obstat", del Cardenal Patrick O'Boyle, Arzobispo de Washington, editada en 1970…

  Definitivamente la Virgen les ha salido un "hueso" duro de roer a los planeadores del Masterplan. En el corazón de los católicos sigue siendo la "llena de gracia", la "bendita entre todas las mujeres", la "Madre de Dios y Madre Nuestra"…

  La Santísima Virgen sigue estando, gracias a Dios, en el corazón de todo buen cristiano, y sigue siendo el baluarte firme contra las asechanzas del enemigo.

DESTRUCCIÓN DE LAS TRADICIONES Y DEVOCIONES
  Dentro de la línea del Masterplan de ir quitando las cosas externas, afirmando que son "sin importancia," que ofenden la sensibilidad de los "hermanos" no católicos, también hay un plan para hacer que las personas dejen de usar medallas, los escapularios, los rosarios, etc. y que dejen de beneficiarse de la intercesión de los santos.

  El Masterplan considera todo esto "importantísimo," porque estas cosas que parecen sin importancia son las que mantienen en el ambiente la presencia de Dios, de Cristo y de la Virgen... y a Ellos hay que destronarlos del ambiente. En cuanto al escapulario y las medallas es fácil, dice el Masterplan: hay que insistir en que son cosas de beatos, cosas externas, cosas "sin importancia", pero que ofenden las ideas de los "hermanos" protestantes; por lo tanto será mejor dejarlas, no usarlas, y así los protestantes se acercarán a la Iglesia más fácilmente.

  Estaba en los primeros pasos del Master Masterplan: insistir en que sólo se debe adorar a Dios, “no a la Virgen ni a los Santo”. El Masterplan es muy sutil en esto. Dice que los católicos entendidos saben muy bien que la Iglesia Católica sólo adora a Dios, y que a los Santos los venera como amigos de Dios, no se los adora. Pero que será muy fácil meter a la gente sencilla la idea de que la Iglesia Católica adora a los Santos, ya que los tienen en los Altares y que eso está muy mal; que sólo se debe adorar a Dios.


  En cuanto a los Santos el Masterplan ya ha tenido éxito en muchos sitios. En la mayor parte de las Iglesias de España ya no hay santos en los altares; en cada sitio dan una razón distinta, pero el hecho es que los santos han desaparecido de muchas Iglesias.

HACER OLVIDAR EL FIN DE LA VIDA
  El caso del escapulario nos muestra el éxito del Másterplan para neutralizar los sacramentales y las devociones, y más todavía hacer olvidar a los católicos el fin de la vida.

  El escapulario lo trajo la Virgen en el año 1261 cuando se le apareció en Londres a San Simón Stock, prometiéndole lo más que se puede prometer: la Virgen Santísima prometió que el que muriera con el escapulario puesto no iría al infierno. No se puede prometer más por hacer menos; promete el Cielo al que muera con su vestido, con el escapulario. Es algo incomprensible, cosas de una Madre, himnos de amor.

  Pero es cierto. La Virgen lo prometió sin más condiciones, sin ninguna exigencia, sencilla, impresionante: "el que muera con Mi escapulario irá al Cielo."

  Si Kennedy y Cristóbal Colón están en el Cielo, todo lo hicieron bien en su vida; si están en el infierno, hicieron sencillamente el idiota en esta vida, aunque tuvieron muchos honores, muchas riquezas y mucho poder. ¡Ganarse el Cielo es el fin de la vida de cada persona!
El que al final se salve sabe todo, el que no, no sabe nada. Pues la Virgen María hizo el ofrecimiento más inaudito en la historia de la humanidad: "el que muera con Mi escapulario no irá al infierno", o lo que es lo mismo, irá al Cielo.

  Más de treinta Papas han recomendado el escapulario, lo han usado, lo han propagado con las palabras más bonitas que el vocabulario humano permite.

  Cientos de miles de sacerdotes y Obispos lo han recomendado ardientemente por siete siglos y lo han usado millones de católicos. Y, de repente, como por magia, hoy día nadie habla de él. Va uno a conseguir un escapulario a las Iglesias católicas y no hay; los Carmelitas tampoco tienen escapularios, ni siquiera se molestan en hacerlos…

  Y, sin embargo, el escapulario sigue siendo el arma sencilla de Nuestra Madre, el mimo más cariñoso de la Virgen para sus hijos.

  ¡Querido amigo católico!: ¿quieres ir al Cielo? Pues bien fácil:¡Muere con el escapulario; usa el escapulario! Te lo dice tu Madre, la Virgen María, la Madre de Dios; te lo dicen más de treinta Papas, incluido el actual Paulo VI. (refiérase al año en que fue escrito el original)

LOS EJECUTORES DEL MASTERPLAN
  Quizás ahora, querido amigo, se percate de la trascendencia incalculable de este plan. Estoy seguro que según ha ido conociendo los detalles se habrá dado cuenta de que es sencillamente diabólico, que conduce a destronar a Cristo y a la destrucción de la Iglesia de Cristo, en definitiva.

  Es un plan que dura 25 años, en el que dice, hay que tener paciencia, constancia y, sobre todo, conseguir la colaboración de los Obispos, de los Sacerdotes y de los buenos católicos.
Los ejecutores del Masterplan serían los reales católicos que se dejan engañar, los buenos Obispos y los buenos sacerdotes y las buenas monjas de verdad que se dejan engañar por el "slogan" de "amor al prójimo".

  Tú y yo, querido amigo católico, son los que quiere usar el Masterplan para llevar a cabo sus objetivos. A ti y a mí nos quieren embaucar con medias verdades que son las peores mentiras, para que implantemos en el mundo amor al prójimo, sin el amor a Dios. A tí y a mí nos quieren usar para suplantar a Dios por el hombre; para que se adore al hombre y se olvide a Dios; para que se ame a la mujer y se olvide a la Virgen.

  Todo con la esperanza de que, faltando el amor a Dios, se destruirá el amor al prójimo y se hundirá la Iglesia de Cristo.

  Te dirán que se puede ser Masón y Católico a la vez; ¡mentira, no les hagas caso! 

  Te dirán que se puede ser Católico y a la vez espiritista; ¡mentira, te están engañando! Yo conozco a muchos que ya se han dejado engañar en esto.

  Te dirán que Cristo es bueno, pero que los sacerdotes y la Iglesia no los son; ¡mentira disfrazada! ¡Es una media verdad... que es la mentira más mala!

  Ya nos previno Cristo que los hijos de las tinieblas son más audaces que los hijos de la luz. En ocasiones muchos hijos de la luz se han dejado engañar por los hijos de las tinieblas. ¡Alerta, amigo, no te dejes tú engañar!

  Pero Cristo también nos dijo que estaría con su Iglesia hasta la consumación de los siglos, y que las puertas del Infierno no prevalecerán contra Ella... y que el cielo y la tierra pasarán, pero "Mis palabras no pasarán."

  Así es que ¡alerta!... y con confianza, que cuentas con Cristo... y con su Madre María, que es también tu Madre.

  Alguien está trabajando muy activamente contra la Iglesia. ¡Abre tus ojos! No duermas que el diablo está despierto. El "Masterplan" parece algo perfecto. Describe cómo llevarlo a cabo paso a paso y quién lo va a realizar.

  El Masterplan aspira a que en el año 1980 se haya destronado el amor a Dios y que solo quede el amor al prójimo, con la astuta esperanza de que el amor al prójimo, se hundirá al faltar el cimiento del amor a Dios. Pero las puertas del infierno no prevalecerán... y en el año 1980 seguirá existiendo el amor al prójimo, porque los hombres adorarán a Dios, y lo amarán con todo su corazón, y con toda su alma, y con toda su mente. ¡Por lo menos habrá dos personas, que somos tú y yo! ¿Verdad, querido lector?

Extraído del libro de Carlos E. Rodriguez Cañon “Crisis en la Iglesia Católica y su renovación profetizadas”

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