San Juan Bautista

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jueves, 27 de febrero de 2014

La renovación según lo santos y según los reformadores actuales – Por el P. Fr. Alberto García Vieyra O.P.


  El mal no está tanto en que el mundo me seduzca, obrando como causa ocasional de mi caída. Muchas veces somos seducidos por cosas, aun por bagatelas, y caemos. Siempre en este sentido, el mundo causó males en la vida religiosa y en los seglares piadosos. El mal y la desorientación de la vida religiosa actual, es la orientación mental de los clérigos hacia los valores mundanos. La causa final, dicen los filósofos, es la causa de las causas. Si la vida religiosa, de laicos y clérigos, si la predicación cristiana abandona sus objetivos, que son la salvación de los hombres, pobres y ricos, entonces hemos cambiado de rumbo.

  El llamado a la renovación no puede inscribirse en el seno de la desorientación. Debemos renovarnos en el cauce de nuestra orientación religiosa, buscando la unión con Dios, el progreso de las virtudes cristianas.

  La vida religiosa debe permanecer orientada según sus fines; debe usar de sus medios que le son indispensables. La clausura, el silencio, la pobreza, el trabajo constante, la mortificación de sí mismo, una actitud de no creerse personaje, son elementos esenciales.

  En una vida religiosa orientada según sus fines propios el movimiento renovador le da fuerzas, energía, la vuelve fecunda y llena de frutos de santidad, y verdadero apostolado.

  Es la renovación que llevaron a cabo San Bernardo, Santo Domingo de Guzman, San Ignacio, Santa Teresa y otros verdaderos renovadores. EL problema de una verdadera renovación que se nos propone en todos los tonos y en todas las lenguas es una renovación secularista: cambiemos pero ¡para adoptar formas seculares o secularizadas, de pensamiento y de acción!

  La vida religiosa debe renovarse por sus propios principios, por aquellos postulados que requieren una verdadera consagración al servicio de Dios. Debe ordenarse a la unión con Dios, ¡no al desarrollo del Continente!

  La nueva temática sociológica dice inspirarse en los signos de los tiempos. Cuando nuestro padre Santo Domingo llegó al Languedoc, los signos de los tiempos hablaban un legauaje maniqueo. Al santo castellano ni por asomo se le ocurrió fundar una familia religiosa maniquea. Cátaros y valdenses hablaban un lenguaje maniqueo. Sin embargo Santo Domingo funda una Orden opuesta radicalmente a la herejía, al servicio de la sola Iglesia de Roma.

  Estas cosas deben servirnos de ejemplo. Los presuntos reformadores de la vida religiosa Latinoamericana han tomado como principios, no la oración o el silencio, sino el cambio, el desarrollo, la inserción en el mundo, etc.

  En la legislación de la Iglesia, conservada ahora, sobre la vida religiosa y monástica, observamos diversos elementos que difícilmente, se compaginan con las pautas señaladas a los religiosos actuales. Señaladas, no en un autor u otro más o menos discutible, sino en publicaciones editadas bajo el patrocinio de la CLAR (Confederación Latinoamericana de Religiosos). Son varios folletos, pero todos tienen la misma tónica y el mismo lenguaje. Es muy importante señalarlo porque la crisis de la vida religiosa del mundo actual obedece a esa mentalidad, a esa impostación de los problemas de la vida religiosa, a esa eclesiología volcada a la secularización, al pluralismo, antisacramentalista, anti-institucional, de un espiritualismo sin fe definida, que presupone y acepta la sociedad atea y en ella no se preocupa más que de la promoción humana.

 

 Quizás en dichas publicaciones podrán señalarse aquí o allá expresiones de cierto contenido religioso; pero la nota dominante es la subestimación de todo lo tradicional, un silencio absoluto de la salvación del rico y del pobre, la insinuación constante de una mentalidad clasista, la atención puesta en la lucha para que aquella clase inferior conquiste un lugar superior. ¿Lo ha logrado acaso en los países socialistas?








Fr. Alberto García Vieyra O.P. “Los Padres del Desierto” Ed. Del Copista 2007. Págs. 105-107.

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