San Juan Bautista

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jueves, 23 de marzo de 2023

Francisco niega la existencia del infierno - Alejandro Sosa Laprida

 Francisco niega la existencia del infierno[1]

 

                                    Alejandro Sosa Laprida - 18/03/2023                                             

                                                            ¡Con Francisco a mi lado, infierno asegurado!

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Periodista: “¿Cuál es su propia interpretación del infierno y del paraíso? ¿Y qué les pasa a las personas que van al infierno y qué a las que van al paraíso?”

 

Bergoglio: “El infierno no es un lugar; si uno va a asistir al Juicio Final, y ve las caras de los que van al infierno, se asusta. Si uno lee a Dante, se asusta. Pero son representaciones mediáticas. El infierno es un estado, hay gente que vive en un infierno continuamente. (…) El infierno es un estado, es un estado del corazón, del alma, de una postura frente a la vida, a los valores, a la familia, a todo. Hay gente que vive en un infierno porque se lo busca, hay otros que no, que son sufridos. ¿Y quién va al infierno, a ese infierno, a ese estado? Ya se va viviendo desde aquí. (…) La misericordia de Dios está siempre a nuestro lado, y lo que Dios quiere es siempre estar con su gente, con sus hijos y no que se le vayan.” Entrevista para el diario Perfil, publicada el 11/03/2023, con motivo del décimo aniversario de su elección.[2]

Esto no es sino la conocida doctrina modernista de la salvación universal: si no existe el infierno -o si está vacío, según otra variante de esta herejía-, nadie se condena, lo que implica una unión esencial del hombre con Dios -por naturaleza, y no por gracia-, lo que, a su vez, supone, al menos implícitamente, una profesión de fe panteísta.

Esta falsa doctrina ha sido proclamada por Bergoglio en varias oportunidades durante su “pontificado”. Transcribo una del dos de febrero de 2022, durante una audiencia general:

“En virtud de la comunión de los santos, de esta unión, cada miembro de la Iglesia está unido a mí de forma profunda (…) y esta unión es tan fuerte que no puede romperse ni siquiera por la muerte. (…) en Cristo nadie puede nunca separarnos verdaderamente de aquellos que amamos porque la unión es una unión existencial, una unión fuerte que está en nuestra misma naturaleza; (…) ‘Padre, pensemos en aquellos que han renegado de la fe, que son apóstatas, que son los perseguidores de la Iglesia, que han renegado su bautismo: ¿también estos están en casa?’. Sí, también estos, también los blasfemos, todos. Somos hermanos: esta es la comunión de los santos. La comunión de los santos mantiene unida la comunidad de los creyentes en la tierra y en el Cielo.”[3]

Existen innumerables declaraciones de Bergoglio y de sus predecesores conciliares en las que se significa -más o menos sutilmente- la salvación universal de los hombres, basada en la divinidad subyacente del ser humano, aboliendo la distinción entre naturaleza y gracia, entre orden natural y sobrenatural. En esto reside la esencia del modernismo, el cual no es sino el avatar contemporáneo del gnosticismo panteísta, con ropaje cristiano. Toda la praxis ecuménica conciliar se basa en este falso principio: pensemos, por ejemplo, en las múltiples reuniones interreligiosas de Asís, acaecidas durante los tres últimos “pontificados”. Podría brindar una interminable lista de citas del “magisterio” conciliar al respecto. Seguidamente cito algunos pasajes de viejos artículos en los que trato el tema.

I. “El modernismo es la infiltración del gnosticismo en la Iglesia. Podría resumirse así: Dios -es decir, el espíritu universal y absoluto-, va tomando conciencia de sí mismo de manera progresiva en el transcurso del proceso evolutivo, hasta alcanzar la plenitud a través de la conciencia del ser humano. La gnosis es la expresión conceptual del “seréis como dioses” con el que la Serpiente tentó a Eva en el jardín del Edén y es, básicamente, en lo que consistirá la religión mundial del Anticristo. La libertad religiosa, el ecumenismo, la nueva eclesiología y el “diálogo interreligioso”, adoptados por Roma desde el CVII, son de fundamento gnóstico: Dios habita en lo profundo del psiquismo de cada hombre, y eso es lo esencial; las diferencias dogmáticas son secundarias y no deben ser un obstáculo para el establecimiento de la unidad religiosa del género humano. La “presencia” de la divinidad en nosotros es lo que nos une, y este vínculo es mucho más importante que las divergencias teológicas que nos separan, que no son más que maneras subjetivas -relativas a cada cultura, provisorias y mutables-, de expresar la experiencia primordial de la unión con Dios que cada ser humano vive en la intimidad de su conciencia, lo que los modernistas llaman la “inmanencia vital”. Dios es así concebido como “inmanente” al hombre, no es más un ser “trascendente”, exterior al ser humano y a su conciencia, lo que implica, por tanto, una visión panteísta de la realidad. El panteísmo excluye, por definición, la alteridad Creador-creatura, el pecado, la condenación eterna, la Redención, etc. Y, huelga decirlo, es totalmente incompatible con la religión bíblica y destruye los cimientos sobre los que se apoya el cristianismo.”

II.He aquí otra declaración de Francisco, tomada de su entrevista con Eugenio Scalfari, en la cual expresa sin vueltas su creencia panteísta:

«Dios es luz que ilumina las tinieblas y, aunque no las disuelva, hay una chispa de esa luz divina dentro de cada uno de nosotros. En la carta que le escribí recuerdo haberle dicho que también nuestra especie se terminará, pero que no se terminará la luz de Dios, que en ese punto invadirá todas las almas y será todo en todos.» [4]

Puede comprobarse que Francisco no recurre a circunloquios, sus dichos son de una claridad resplandeciente y no se necesita de una hermenéutica enrevesada para desentrañar su sentido: «hay una chispa de esa luz divina dentro de cada uno de nosotros » y un día esa luz «invadirá todas las almas y será todo en todos.» Se colige de esta doctrina gnóstica que la salvación tiene un alcance universal, que nadie se condena ni corre el riesgo de ir al infierno.

Francisco, a falta de profesar la fe católica, es coherente con sus ideas, puesto que: ¿cómo podría concebirse la condenación eterna, la cual implica una separación irreversible con respecto a Dios y a los bienaventurados, en una lógica panteísta, en la que, por definición, nada puede sustraerse a la única substancia divina y de la cual toda dualidad se encuentra excluida (creador-creatura, gracia-naturaleza, cielo-infierno, etc.)?

Pero, si no existe la posibilidad de condenarse, entonces, tampoco existe el pecado, ni, por tanto, la necesidad de la redención, la cual, a fin de cuentas, no consistiría sino en la «toma de conciencia» de nuestra prístina naturaleza, logrando, mediante este acto «salvador», disipar la dualidad y la división de nuestras vidas, causa de todos los males. De este modo puede comprenderse mejor la manida expresión «inalienable dignidad de la persona humana», suerte de mantra conciliar cuyo significado último es el que acabo de explicar. Lo que, por supuesto, no significa que todos aquellos que la emplean sean conscientes de sus implicancias metafísicas.

La lógica es imparable: si la dignidad de la persona humana es inalienable, una punición sin fin es algo impensable, y si nadie puede separarse jamás de Dios, esto no puede deberse sino a una razón de orden metafísico, esto es, a la adhesión a una visión monista de la existencia.               La religión de los modernistas, devenida en religión conciliar, no es otra cosa: una gnosis luciferina disimulada bajo la apariencia de cristianismo, es decir, la deificación del hombre a través de una evolución inexorable, de un «progreso» necesario de la conciencia en el hombre y por el hombre, la cual conduce al surgimiento del espíritu «absoluto». No olvidemos las palabras de la Serpiente a Eva en el jardín del Edén: «seréis como dioses» (Gn. 3, 5). Esta concepción panteísta del universo, disimulada bajo un vocabulario cristiano por el iluminado «paleontólogo» Teilhard de Chardin, y que desemboca en el culto del hombre divinizado, ha sido de una influencia decisiva en el CVII y en todo el «magisterio» post conciliar.”

III. “Dios no puede estar sin nosotros: Él no será nunca un Dios sin el hombre; ¡es Él quien no puede estar sin nosotros, y esto es un misterio grande! Dios no puede ser Dios sin el hombre: ¡este es un gran misterio! (...) Pensemos también en el Padre, en nuestro Padre, que no puede estar sin nosotros, y que en este momento nos está mirando.”[5]

Con estas palabras, tomadas de su Audiencia General del 7 de junio de 2017, Francisco expresa acabadamente la tesis central de la gnosis panteísta y evolucionista, la de un Hegel o un Teilhard de Chardin, por ejemplo, y la de todos los teólogos modernistas, a pesar de que la mayoría toma precauciones oratorias para disfrazar su pensamiento con un lenguaje cristiano y así poder engañar mejor a los fieles desprevenidos.

Para el modernista, Dios es concebido como “inmanente” al hombre, no es más un ser “trascendente”, exterior al ser humano y a su conciencia. Es más, Dios deviene “espíritu absoluto” -toma conciencia de sí mismo-, a través del proceso evolutivo, en el hombre y por el hombre, de ahí la idea delirante y completamente blasfema de Bergoglio según la cual “Dios no puede ser Dios sin el hombre”. Ésa es la religión profesada por Francisco. Me parece importante que comencemos a abrir los ojos al respecto…

El panteísmo que profesa excluye la alteridad entre Dios y la creatura, con lo cual el pecado, la condenación eterna, la Redención -por dar solo estos ejemplos-, se vuelven nociones huecas e inoperantes. La visión panteísta de la realidad es incompatible con la revelación divina y demuele los fundamentos sobre los que descansa el cristianismo. El modernista utiliza la terminología bíblica, pero vaciándola de su contenido y dándole un significado gnóstico que hace añicos la fe católica, reduciendo la Redención a una mera toma de conciencia de nuestro verdadero ser, a la comprensión existencial de la inalienable dignidad de la naturaleza humana, es decir, de nuestra propia divinidad.”

IV. “Juan Pablo II enseñaba la salvación universal[6], que es equivalente a la negación del infierno e implica el panteísmo:

1. “Cristo Señor ha indicado estos caminos sobre todo cuando -como enseña el Concilio- mediante la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre. […] Este hombre es el camino de la Iglesia, camino que conduce en cierto modo al origen de todos aquellos caminos por los que debe caminar la Iglesia, porque el hombre -todo hombre sin excepción alguna- ha sido redimido por Cristo, porque con el hombre -cada hombre sin excepción alguna- se ha unido Cristo de algún modo, incluso cuando ese hombre no es consciente de ello”. JPII, Redemptor Hominis n. 13/14.[7]

2. “[…] debemos […] manifestar al mundo nuestra unidad […] en la revelación de la dimensión divina y humana […] de la Redención, en la lucha con perseverancia incansable en favor de esta dignidad que todo hombre ha alcanzado,  […] que es la dignidad de la gracia de adopción divina.” Idem, n. 11.

3. “Nace el Redentor del hombre. Con Él nace la humanidad nueva. Y con Él nace la Iglesia […] A la Iglesia, por su misión primordial, nacida con Cristo nacido, y recibida de Él con mandato solemne, incumbe defender la dignidad del hombre: de cada hombre -como he escrito en mi primera Encíclica-. Porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno se ha unido Cristo, para siempre, por medio de este misterio.” JPII, discurso a la curia romana, 22-12-1979, n. 3.[8]

4. “Cristo […] nos conoce con el conocimiento y con la ciencia más interior, con el mismo conocimiento con que Él, Hijo, conoce y abraza al Padre y, en el Padre, abraza la verdad infinita y el amor. Y, mediante la participación en esta verdad y en este amor, Él hace nuevamente de nosotros, en Sí mismo, los hijos de su Eterno Padre; obtiene, de una vez para siempre, la salvación del hombre: de cada uno de los hombres y de todos, de aquellos que nadie arrebatará de su mano... En efecto, ¿quién podría arrebatarlos?”  JPII, homilía del 27-04-1980, n. 5.[9]

5. “[…] como el Concilio Vaticano II recuerda, [el hombre] es la única criatura que Dios ha querido por sí misma y sobre la cual tiene su proyecto, es decir, la participación en la salvación eterna. No se trata del hombre abstracto, sino del hombre real, concreto e histórico: se trata de cada hombre, porque a cada uno llega el misterio de la redención, y con cada uno se ha unido Cristo para siempre a través de este misterio.” JPII, Centesimus Annus n. 5.[10]

6. “En el hecho de la Redención está la salvación de todos, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno Cristo se ha unido, para siempre, por medio de este misterio.” JPII, Redemptoris Missio n. 4.[11]

7. “Este rayo de la noche de Navidad […] es la chispa de luz más profunda de la humanidad a quien Dios ha visitado, esta humanidad acogida de nuevo y asumida por Dios mismo […] La naturaleza humana asumida místicamente por el Hijo de Dios en cada uno de nosotros, que hemos sido adoptados en la nueva unión con el Padre. La irradiación de este misterio se expande lejos, muy lejos; alcanza también aquellas partes o esferas de la existencia de los hombres en las que todo pensamiento acerca de Dios […] parece estar ausente.” JPII, audiencia general, 27-12-1978, n. 1[12].

8. “La Eucaristía: el Sacramento de la Alianza del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, de la Alianza que es eterna. Esta es la Alianza que abarca a todos. Esta Sangre llega a todos y salva a todos.” JPII, homilía, 06-06-1985, n. 7[13].

V. “El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos.”[14]

Esto es lo que puede leerse en la declaración conjunta que Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar firmaron el 4 de febrero en Abu Dhabi, durante la visita “apostólica” efectuada por Francisco en los Emiratos Árabes Unidos. Ahora bien, pretender que las falsas religiones (heréticas, cismáticas, idólatras, etc.) son positivamente queridas por Dios en su sabiduría infinita, es no sólo un error gravísimo, sino una blasfemia incalificable, ya que de esta manera se hace del Creador la fuente del mal y de la división entre los hombres. Lamentablemente, este tipo de insensatez no es algo nuevo en boca de Francisco. Muy por el contrario. Recordemos, por ejemplo, la que profirió al finalizar la audiencia con miembros de la Cruz Roja italiana el 27 de enero de 2018, en la Sala Pablo VI del Vaticano:

«Pido para todos ustedes la bendición de Dios, Padre de todos nosotros, Padre de todas las confesiones.»[15]

Huelga decir que semejante declaración es absolutamente contraria a la fe católica, e incluso al sentido común, ya que viola el principio lógico de no contradicción. Esto es algo tan manifiesto que no requiere demostración alguna, a menos que uno haya perdido completamente toda noción acerca de lo que es el cristianismo.

Esta aseveración bergogliana, diametralmente opuesta tanto a la enseñanza del Magisterio de la Iglesia como a la de la Sagrada Escritura, es eminentemente gnóstica y panteísta, puesto que realiza la identificación de los contrarios, equiparando la verdad con el error y la mentira, conciliando la luz con las tinieblas, identificando la revelación divina con las abominaciones de la idolatría, nivelando el dogma católico con las incontables herejías inventadas por los enemigos de la Iglesia, sosteniendo implícitamente que la doctrina revelada por Jesucristo es equivalente a las de las perversas fábulas anticatólicas inspiradas por el Padre de la Mentira.

Las declaraciones de este tipo son numerosas, y lo eran también con sus predecesores conciliares. Veamos lo que Francisco dijo el 5 de septiembre en Mozambique, en un encuentro interreligioso:

«Gracias por estar presentes las distintas confesiones religiosas. Gracias por animaros a vivir el desafío de la paz y a celebrarla hoy juntos como familia; también a aquellos que sin ser parte de alguna tradición religiosa estáis participando. Es hacer la experiencia de que todos somos necesarios, con nuestras diferencias, pero necesarios. Nuestras diferencias son necesarias.»[16]

Estamos, evidentemente, ante la tesis modernista, condenada por San Pío X, según la cual Dios sería inmanente al hombre, revelándose a éste en su conciencia, y las diferentes religiones expresarían, cada una a su manera, esta experiencia psíquica primordial. De ahí la necesidad de las diferentes religiones, puesto que, en cada una de ellas, Dios se manifestaría al hombre, quien luego conceptualizaría esta revelación divina empleando sus propias categorías culturales.

Obviamente, acá no hay cabida para el Dios bíblico, personal y trascendente, ni para su unigénito Jesucristo, Redentor del género humano, ni para su Cuerpo Místico, la Iglesia Católica, única Arca de Salvación. Francisco no profesa otra cosa que la quintaesencia de la doctrina modernista -avatar “católico” de la gnosis panteísta-, condenada por San Pío X en su encíclica Pascendi y en el decreto del Santo Oficio Lamentabili, según la cual la “experiencia religiosa” emanada de las “profundidades del subconsciente” constituye la revelación divina de un Dios inmanente al hombre.

De esta experiencia primordial surgen las diferentes confesiones religiosas, cuyos diferentes dogmas y ritos son la expresión más o menos exacta de dicha teofanía fundacional. De allí que no haya que poner el acento en las divergencias teológicas entre los diversos credos -lo que “separa”; cf. los famosos “muros” que Francisco nos invita recurrentemente a “abatir”-, sino en el común substrato “psico-espiritual” del que derivan, el “sentimiento religioso”,                        -es decir, lo que “une”; cf. los “puentes” a erigir, otro clásico de la jerga bergogliana-.

Así es como se explican, por ejemplo, las múltiples jornadas interreligiosas de “oración por la paz” convocadas por Juan Pablo II, Benedicto XVI y el mismo Francisco.

No hay, por tanto, sendas erróneas ni caminos inadecuados para allegarse a la divinidad, puesto que ella reside en el alma de cada cual, y se manifiesta en todas las religiones. Es importante comprender que esta concepción modernista de la religión no es exclusiva de Bergoglio, sino que ha sido profesada oficialmente por la jerarquía eclesiástica a partir del Concilio Vaticano II, de un modo más o menos explícito -principalmente en los documentos Nostra Aetate, Unitatis Redintegratio y Dignitatis Humanae- y de manera cada vez más precisa en los diferentes documentos magisteriales y actos ecuménicos post conciliares. En aras de la brevedad, me circunscribiré aquí a citar un solo ejemplo, tomado de la Audiencia General dada por Juan Pablo II el 9 de septiembre de 1988:

«Ante todo, es preciso tener presente que toda búsqueda del espíritu humano en dirección a la verdad y al bien, y, en último análisis, a Dios, es suscitada por el Espíritu Santo. Precisamente de esta apertura primordial del hombre con respecto a Dios nacen las diferentes religiones. No pocas veces, en su origen encontramos fundadores que han realizado, con la ayuda del Espíritu de Dios, una experiencia religiosa más profunda. Esa experiencia, transmitida a los demás, ha tomado forma en las doctrinas, en los ritos y en los preceptos de las diversas religiones. En todas las auténticas experiencias religiosas la manifestación más característica es la oración. Teniendo en cuenta la constitutiva apertura del espíritu humano a la acción con que Dios lo impulsa a trascenderse, podemos afirmar que ‘‘toda oración auténtica está suscitada por el Espíritu Santo, el cual está misteriosamente presente en el corazón de cada hombre’’ En la Jornada mundial de oración por la paz, el 27 de octubre de 1986 en Asís, y en otras ocasiones semejantes de gran intensidad espiritual, hemos vivido una manifestación elocuente de esta verdad.» [17]

Recordemos que el juramento antimodernista, contenido en el Motu Proprio Sacrorum Antistitum, promulgado por San Pío X en 1910 y que todos los clérigos debían prestar antes de recibir las órdenes mayores e igualmente para poder acceder a una cátedra de enseñanza o a un oficio eclesiástico, fue suprimido por Pablo VI en 1967[18], ya que era manifiestamente incompatible con el aggiornamento emprendido por Juan XXIII desde el inicio de su pontificado y continuado luego por todos sus sucesores. Esto significa que no es posible alegar ignorancia por parte de los papas conciliares, puesto que todos ellos prestaron dicho juramento, para luego quebrantarlo sistemáticamente. Todas las novedades doctrinales de Vaticano II y de las subsiguientes reformas litúrgicas y canónicas, así como el magisterio post conciliar y la praxis ecuménica e interreligiosa, abrevan en la cloaca modernista                               -“sumidero de todas las herejías”, al decir de San Pío X- e incurren en las condenaciones pontificales de las que el modernismo fue objeto a comienzos del siglo pasado.”

Mi blog en castellano:

https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi

Mi blog en inglés:

https://gloria.tv/Miles%20-%20Christi%20-%20English

Sobre el pontificado de Bergoglio:

https://gloria.tv/post/UEqqVjZCCVLQ6g89ps67irXSM



[4] Entrevista con Eugenio Scalfari el 24 de septiembre de 2013,  publicado el 1 de octubre en La Repubblica - cf. p. 10: https://www.aciprensa.com/entrevistapapalarepubblica.pdf - La traducción oficial castellana, defectuosa, fue modificada en base al texto original italiano:  «Osservo dal canto mio che Dio è luce che illumina le tenebre anche se non le dissolve e una scintilla di quella luce divina è dentro ciascuno di noi. Nella lettera che le scrissi ricordo d’averle detto che anche la nostra specie finirà ma non finirà la luce di Dio che a quel punto invaderà tutte le anime e tutto sarà in tutti.» 

http://www.repubblica.it/cultura/2013/10/01/news/papa_francesco_a_scalfari_cos_cambier_la_chiesa-67630792/

[6] Leer al respecto el siguiente estudio: “Juan Pablo II profesaba la herejía de la salvación universal” https://gloria.tv/post/6zthWmGbzH4c1khnBxDXRbRGf

[14] Documento intitulado “La fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”: Esta declaración pronto formará parte del adoctrinamiento practicado por los organismos mundialistas -con la complicidad del Vaticano- para allanar el camino a una futura religión mundial que “garantice” la paz y la seguridad del planeta. Cito el texto, para que no queden dudas: “[…] la Iglesia Católica y al-Azhar, a través de la cooperación conjunta, anuncian y prometen llevar este Documento a las Autoridades, a los líderes influyentes, a los hombres de religión de todo el mundo, a las organizaciones regionales e internacionales competentes, a las organizaciones de la sociedad civil, a las instituciones religiosas y a los exponentes del pensamiento; y participar en la difusión de los principios de esta Declaración a todos los niveles regionales e internacionales, instándolos a convertirlos en políticas, decisiones, textos legislativos, planes de estudio y materiales de comunicación. Al-Azhar y la Iglesia Católica piden que este documento sea objeto de investigación y reflexión en todas las escuelas, universidades e institutos de educación y formación, para que se ayude a crear nuevas generaciones que traigan el bien y la paz, y defiendan en todas partes los derechos de los oprimidos y de los últimos.” http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2019/02/04/0097/00199.html#tradinglese

[15] Ver desde 20:57 hasta 21:08 = https://www.youtube.com/watch?time_continue=1269&v=COHGXGo0IdU - https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2018/january/documents/papa-francesco_20180127_croce-rossa-italiana.html - Ésta es la cita completa: «Pido por esto sobre todos vosotros la bendición de Dios -Dios Padre de todos nosotros, Padre de todas las confesiones- y la invoco en particular por los que han perdido la vida cumpliendo su servicio y por sus seres queridos. Me encomiendo también yo a vuestras oraciones.»

http://voxcantor.blogspot.com.ar/2018/01/bergoglio-god-is-father-of-all.html - http://catapulta.com.ar/?p=4855

martes, 14 de marzo de 2023

Algo más sobre Bergoglio y el padre Julio Meinvielle - Antonio Caponnetto


Comentarios a una esquela del amigo Marcelo Grecco, remitida al blog “Nacionalismo Católico San Juan Bautista”, con ocasión de que dicho blog publicara mi nota “Bergoglio, la abuela, los protestantes y el padre Julio Meinvielle”.


Muy querido Marcelo:

Gracias por tus recuerdos que bien completan los míos. Es cierto lo que dices, de que Bergoglio pudo haber sentido la presión de su predecesor y que ello posiblemente lo haya decidido a asistir  al homenaje a Meinvielle. Y es cierto asimismo que, excepto cuando leyó un fragmento de los vibrantes versos del padre Néstor Sato, el resto de su homilía procuró ser anodina y circunstancial. Tengo presente la rabieta que tal conducta le causo al inolvidable Humberto Reale, y que con temple de caballero prefirió ofrecer como sacrificio, sin reaccionar.

Las coacciones al párroco, que traes a la memoria, fueron ciertas. No sólo lo fastidiaba a Bergoglio que se difundiera el opúsculo “Una antorcha encendida”,al que aludes, sino que algunos sobrevivientes meinvielleanos de “La Salud”, leyeran el Boletín “En Versailles” o el notable libro de Fabián González Arbas, “Los scouts de Meinvielle”.

Mentas a Outeda Blanco y es bueno su testimonio al respecto. Si se atreviera(que no parece ser su fuerte), podría darnos más detalles de las veces en las cuales –en los muchos diálogos privados que tuvo con Bergoglio- éste habló pestes de los judíos, de los que ahora se ha convertido en un vergonzante lambebotas. Algún día yo contaré algo similar sucedido en los pasillos de la parroquia Nuestra Señora de Luján de los  Patriotas, en el barrio de Mataderos, con los  padres Isidro  y Jon Gárate como interlocutores. Fue en 1991, con ocasión de la confirmación de mi hijo, alumno del colegio parroquial y a quien él confirmó.

 Dos años después, el 26 de marzo de 1993, falleció el hermano sacerdote del padre Isidro y Vicario de la precitada parroquia, el padre Jon Gárate, Capellán de la Policía Federal, y hombre absoluta y rubicundamente “propia tropa”(Hay una semblanza mía en el n° 27 de Gladius, 15-8-1993, p. 167 y ss). Bergoglio presidió la solemne misa concelebrada, de cuerpo presente. Estaba la parroquia de bote en bote. El padre Isidro, su hermano párroco, me pidió que lo despidiera en nombre de sus amigos y camaradas de lucha. Eso hice y a fuer de ser franco, a la par de encomiar al ilustre difunto y de resaltar sus enfrentamientos –aún físicos- con los zurdos que quisieron intimidarlo, pegué merecidos palos a los obispos que lo habían perseguido por ser católico y nacionalista.

Al terminar la Santa Misa –y tras despedir joseantonianamente al querido padre Jon- varios vinieron a felicitarme por mis palabras. Recuerdo a dos. A Monseñor Bergoglio que me agradeció efusivamente que los laicos fustigaran públicamente a los obispos y los obligaran a ser mejores. Y al General Videla –que entonces estaba en libertad- y que me estaba particularmente agradecido, según me manifestó, por haber recordado en mis palabras el carácter de guerra justa que tuvo la lucha de las Fuerzas Armadas y de Seguridad contra el marxismo. Los dos estaban en la misma fila, en el mismo templo, en el mismo homenaje.

Sobre la famosa quema de la carpa a los herejes, Bergoglio lo cuenta como un episodio despreciable de un cura fanático,  que aún no había descubierto las bondades de ser protestante, pachamámico, maricón y cobarde. En rigor, fue un acto de legítima defensa, ante las provocaciones y las amenazas constantes de esos infelices que, cuando colocaron adrede la carpa al lado de la parroquia, para molestar a los feligreses, no sabían que el párroco era un soldado de Cristo Rey.

Fue famoso el diálogo entre el Comisario  que vino a averiguar por lo sucedido, y el padre Julio. Averigüe bien, le dijo el cura, parece que el fuego no vino de abajo sino de Arriba...

O tempora en que se creía en los castigos divinos. Y los curas no predicaban la sinodalidad sino la obligación de vivir y de morir por Dios y por la Patria.

Antonio Caponnetto

Buenos Aires, 14-3-2023.