San Juan Bautista

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jueves, 22 de febrero de 2018

Espiritualidad de los Padres del Desierto vs. Apostolado moderno – P.Fray Alberto García Vieyra O.P.





  La simplicidad de espíritu nace de la pureza del corazón; debe ser deseada por todos. Hay causas que se oponen a esto; Casiano las llama: “pesadez del alma”. No solamente el adulterio, la blasfemia, la fornicación, el homicidio, sino las simples solicitudes con las cuales rodeamos nuestra vida, constituyen un lastre para el progreso espiritual.

  La confrontación de los antiguos con los modernos, nos indica la autenticidad de la doctrina, de una enseñanza espiritual mantenida siempre por la Iglesia. Muy a menudo Casiano pone en boca de sus monjes la contemplación, siempre unida a la pureza de corazón y la oración. Jamás la Iglesia, para la formación espiritual ha puesto en primer lugar las preocupaciones temporales. Solamente en la hora actual y aquí, en Latinoamérica, hemos presenciado una verdadera obsesión por el mundo moderno y el desarrollo técnico. Una supervaloración de todo lo mundano, y subestimación de lo específicamente religioso.

  Lo lamentable es que la sobrestimación de la técnica y del mundo, no ha venido del mismo mundo, sino de las jerarquías religiosas más elevadas y de grupos teológicos puestos en lugares de decisión.

  Pero no es la doctrina de la Iglesia. La Iglesia, y la ley de la salvación en ella, nos llama a la oración, la contemplación, a disponernos para ello mediante las virtudes y la pureza del corazón. Dice el abad Teonás: “Estamos segregados del número de contemplativos, por la sencilla razón de que somos incapaces de descubrir ese acerbo de minúsculas sordideces acumuladas en nosotros” (Conf. XXIII). Las minúsculas sordideces son la vanidad, la vanagloria, la avaricia, el cálculo de puestos, oficios, el ganarse al poderoso, etc. No hay duda que Teonás era un hombre sabio. La falta de devoción no nos incomoda, por la tibieza; hay cosas que nos daría vergüenza decir o hacer delante de los hombres; sin embargo ocupan un lugar en nuestro corazón. “Aún en la limosna dada a los pobres – dice Teonás – nubla la serenidad de nuestra alegría la vacilación de la avaricia”.

  Los religiosos tenemos una forma de pereza, o de justificar la tibieza, y es el profesionalismo. Nos abarrotamos de cosas por hacer, y las hacemos mal, apresuradamente; la celda nos resulta incómoda; nos gusta salir, andar en reuniones o peregrinaciones. En tanto movernos no miramos a Dios sino a nosotros mismos. Antes nos movió un ideal de apostolado; ahora queremos acomodarnos, y medimos nuestra actuación según los requisitos del acomodo. El apostolado pasó y la Iglesia marcha a la libertad religiosa y al marxismo. (…)
Teonás todavía tiene cosas que decirnos. Nos recuerda las palabras del Apóstol Juan: “Hijos míos, no améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama el mundo no está en él la caridad del Padre” (I Juan 2,15).

  “Libertad religiosa” (entre comillas) significa el argumento actual para desligarnos de Dios. Puede caber aquí la analogía: libertad religiosa puede ser una liberación de la religación con Dios, que es el pecado; o puede concebirse la libertad religiosa como religación con Dios, amplia y plena, unida a un desligarse de las criaturas; es la libertad religiosa de los santos y hombres de Dios.


Fr. Alberto García Vieyra O.P. “Los Padres del Desierto” Ed. Del Copista 2007.


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