San Juan Bautista

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lunes, 7 de mayo de 2018

Sincericidios judaicos - Maurice Pinay




Testimonios judíos

     Los mismos judíos –no obstante su hermetismo acostumbrado e incluso a pesar de sus tácticas de engaño y ocultamiento con que han logrado permanecer generalmente en la oscuridad para no revelar su plan comunista de conquista mundial- han sufrido algunos momentos de debilidad, llevados por el optimismo o el excesivo júbilo ante la contemplación de sus éxitos, que han provocado en determinadas ocasiones algunas declaraciones indiscretas, sumamente ilustrativas.

     Kadmi-Cohen, prestigiado escritor judío, señalaba: “En lo concerniente a los judíos, su papel en el socialismo mundial es tan importante que no puede pasar en silencio. ¿No basta recordar los nombres de los grandes revolucionarios judíos de los siglos XIX y XX, como los Carlos Marx, Lasalle, Kurt Eisner, Bala Kun, Trotsky y León Blum, para que aparezcan así los nombres de los teóricos del socialismo moderno?”.

     “¡Qué confirmación brillante no encuentran las tendencias de los judíos en el comunismo fuera de la colaboración material en organizaciones de partidos, en la aversión profunda que un gran judío y gran poeta, Enrique Heine, sentía por el derecho romano! y las causas subjetivas, las causas pasionales de la rebelión de Rabbi Aquiba y BarKochba del año 70 y 132 después de Jesucristo contra la paz romana y el derecho romano, comprendidas y sentidas subjetiva y pasionalmente por un judío del siglo XIX que aparentemente no había conservado ningún lazo con su raza”.

     “Y los revolucionarios judíos y los comunistas que atacan el principio de la propiedad privada, cuyo monumento más sólido en el Código de derecho Civil de Justiniano, de Ulpiano, etc...., no hacen sino lo que sus antepasados, que resistían a Vespasiano y a Tito. En realidad, son los `muertos que hablan´ ” [1].

     El blasfemo escritor judío, Alfredo Nossig, nos dice: “El socialismo y el mosaísmo de ninguna manera se oponen; sino, por el contrario, entre las ideas fundamentales de ambas doctrinas hay una conformidad sorprendente. No debe desviarse más el nacionalismo judío del socialismo, como de un peligro que amenaza su ideal, que el socialismo judío, del mosaísmo, pues ambos ideales paralelos se han de realizar en el mismo camino” [2].

     “Del examen de los hechos resulta de modo irrefutable que no sólo los judíos modernos han cooperado de una manera decisiva a la creación del socialismo; sus propios padres ya eran los fundadores del mosaísmo...La semilla del mosaísmo obró a través de los siglos en cuanto a doctrina y a ley de un modo consciente para unos e inconsciente para otros”.

     “El movimiento socialista moderno es para la mayoría obra de judíos; los judíos fueron los que imprimieron en él la marca de su cerebro; igualmente fueron judíos los que tuvieron parte preponderante en la dirección de las primeras repúblicas socialistas...”.

     “El socialismo mundial actual, forma el primer estado del cumplimiento del mosaísmo, el principio de la realización del estado futuro del mundo anunciado por los profetas” [3].

     En su libro, “Integrales Judentum”, ratifica esta idea del socialismo como doctrina judía, cuando escribe lo siguiente: “Si los pueblos quieren progresar de veras deben despojarse del temor medieval de los judíos y de los prejuicios reaccionarios que tienen contra ellos; deben reconocer lo que son en realidad: los precursores más sinceros del desarrollo de la humanidad. Hoy exige la salvación del judaísmo que reconozcamos el programa del socialismo abiertamente a la faz del mundo. Y la salvación de la humanidad en los siglos venideros depende de la victoria de ese programa” [4] .

     La razón de esta postura revolucionaria judía está claramente explicada por el conocido escritor judío E.Eberlin, en la siguiente cita: “Cuanto más radical es la revolución, tanta más libertad e igualdad para los judíos resulta de ella. Toda corriente de progreso no deja de consolidar la posición de los judíos. Del mismo modo, todo retroceso y toda reacción los alcanza en primer lugar. A menudo basta una simple orientación en las derechas para exponer a los judíos al boicoteo...Bajo este aspecto, el judío es el manómetro de la caldera social”.

     “Como entidad, la nación judía no puede colocarse al lado de la reacción, porque la reacción, es decir, la vuelta al pasado, significa para los judíos la continuación de las condiciones anormales de su existencia”  [5].
   
     El connotado judío Jacob de Haas en “The Maccabean”, nos dice claramente que: “La revolución rusa es una revolución del judaísmo. Ella significa un cambio en la historia del pueblo judío. Digamos francamente que era una revolución judaica, porque los judíos eran los revolucionarios más activos de Rusia”.

     En el periódico judeo-francés, titulado: “Le Peuple Juif”, del 16 de febrero de 1919, se lee lo siguiente: “La revolución rusa que estamos viendo, será obra exclusivamente de nuestras manos”.

     Por su parte Ricardo Jorge, que prologa un libro del famoso escritor judío Samuel Schwarz, dice lo siguiente: “Si de las cumbres de la ciencia pura descendemos a la arena en que se entrechocan las pasiones y los intereses de los hombres, surge ante nosotros el oráculo de la nueva religión socio-política, el judío Karl Marx, el caudillo doctrinario de la guerra sin cuartel del proletariado, que encuentra en la cabeza y en el brazo de Lenin, la realización de sus credos, inspiradores del estado soviético, que amenaza subvertir los fundamentos de las instituciones tradicionales de la sociedad” [6].
Asimismo, otro judío, Hans Gohen, en “Die Politische Idee”, afirma que: “El socialismo de Marx es el fin de nuestras aspiraciones”.

     En el Nº. 12 del periódico “El Comunista”, publicado en Karkoff con fecha 12 de abril de 1919, el judío M. Cohen, escribía: “Sin exageración puede asegurarse que la gran revolución social de Rusia se llevó a cabo por medio de los judíos...Cierto es que en las filas del ejército rojo hay soldados que no son judíos, en cuanto toca a los soldados rasos, pero en los comités y en la organización soviet, como los comisarios, los judíos llevan con valor a las masas de proletariados rusos ante la victoria” [7].

     “Al frente de los revolucionarios rusos iban los alumnos de la Escuela Rabínica de Lidia...Triunfó el judaísmo sobre la espada y el fuego...mandando con nuestros hermano Marx, que es el encargado de cumplir con lo que han mandado nuestros profetas, elaborando el plan conveniente por medio de las reivindicaciones del proletariado. Todas estas frases aparecen en el periódico judío “Haijnt” de Varsovia del 3 de agosto de 1928” [8].

     El “Mundo Judío” del 10 de enero de 1929, expresaba esta blasfema opinión: “El hecho del bolchevismo mismo, y que tantos judíos son bolcheviques, y que el ideal del bolchevismo está sobre muchos puntos de acuerdo con el más sublime ideal del judaísmo, del que una parte formó la base de las mejores enseñanzas del Cristianismo, todo eso tiene gran significación, que examinará cuidadosamente el judío reflexivo” [9].

     Para no extendernos demasiado, citaremos por último las referencias que hace orgullosamente el israelita Paul Sokolowski, en su obra titulada “Die Versandung Europeas”, en las que se vanagloria del papel preponderante que jugaban los judíos en la revolución rusa, dando detalles de las claves que usaban para comunicarse entre ellos, incluso por medio de la prensa, sin llamar la atención de las autoridades y de cómo repartían la propaganda comunista que elaboraban por medio de los niños judíos, a los que entrenaban cuidadosamente en sus colonias para estos menesteres [10].

     Este odio infernal judeocomunista, principalmente manifestado hacia la civilización cristiana, no es meramente gratuito, sino que tiene sus causas muy hondas, que pueden apreciarse con claridad en este párrafo del “Sepher-haZohar”, libro sagrado del judaísmo moderno, que se transcribe y que representa el sentir de todos los judíos: “Jeshu (Jesús) Nazareno, que ha apartado al mundo de la fe del Santo, que bendito sea, será juzgado eternamente en esperma hirviente; su cuerpo es reconstituido todos los viernes por la tarde, y al amanecer del sábado es arrojado en la esperma hirviente. El infierno se consumirá, pero su castigo y sus tormentos no acabarán nunca. Jeshu y Mahoma son esos huesos impuros de la carroña de que dice la Escritura: `Los arrojaréis a los perros´. Son la suciedad de perro que mancha, y por haber seducido a los hombres, los han arrojado al infierno, de donde no saldrán jamás” [11].




[1] Kadmi-Cohen, Nomades; essai sur l´âme juive (Nómadas; ensayo sobre el alma judía). F. Alcan, 1929, p. 86
[2] “Westfällschen Merkur”, diario de Münster, no. 405 de 6 de octubre de 1926.
[3] Alfred Nossig, Integrales Judentum (El judaísmo integral). París: L. Chailley. pp. 68, 71, 74
[4] Alfred Nossig, obra citada, p. 79.
[5] Elie Eberlin, Les juifs d´aujourd´hui (Los judíos de hoy). París, 1928, p. 201
[6] Ricardo Jorge, Pró Israel, prólogo a la obra de Samuel Schwarz Os cristiãosnovos em Portugal no século XX. Lisboa, 1925, p. XI
[7] Citado por Nesta H. Webster en World Revolution; The Plot Against Civilization (La revolución mundial; Complot contra la civilización), 2ª ed. Constable & Co., 1922
[8] Alfonso Castro, El problema judío. México, D. F.: Editorial Actualidad, 1939. pp. 152-153
[9] “The Ideals of Bolshevism”, “Jewish World” del 10 de enero de 1929, no. 2912
[10] Alfonso Castro, obra citada, p. 153.
[11] Sepher-Ha-Zohar, II, tr. Jean de Pauly. París: Ernest Leroux, 1907, p. 88



Maurice Pinay: “Complot contra la Iglesia” – Tomo I –Primera Parte - Capítulo Quinto.



Nota de NCSJB: Como en muchas oportunidades lo hacemos, al descubrir la perfidia judaica, lejos de promover supuestos “holocaustos” o el odio a los judíos, por los cuales rezamos y nos consta que es posible su conversión; pretendemos prevenir sobre el perverso accionar del judío actuando como tal, y desenmascararlos en ese sentido como los verdaderos odiadores de los no judíos y muy especialmente de los cristianos, a los que los judíos como hijos del Padre de la mentira, tienen una especial aversión ya que somos discípulos de quien es la Verdad así como Camino y Vida.



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

2 comentarios:

  1. Anónimo7/5/18 17:24

    Se dicen judíos pero no lo son, son practicantes de la cábala y el talmud.

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