San Juan Bautista

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miércoles, 15 de agosto de 2018

Victorias y Derrotas: Segunda Parte – Antonio Caponnetto

  
 El pasado 9 de agosto; esto es el día mismo durante cuya madrugada el Senado terminó rechazando el proyecto legal del aborto, escribí una nota titulada: 8 de Agosto: Sobre victorias y derrotas. Circuló como se estila hoy, por las redes sociales, y quien desee puede leerla íntegra en estos sitios: http://www.ncsanjuanbautista.com.ar/2018/08/sobre-victorias-y-derrotas-antonio.html ; o  http://elblogdecabildo.blogspot.com/

La nota, claro, recibió como siempre, un puñado nutrido y amical de adhesiones, las legítimas y múltiples indiferencias, puesto que nadie está obligado a acusar recibo; y hasta ahora ningún rechazo explícito, entendiendo por tal al que procediera de alguien que, con nombre y apellido, y a la par nombrándome, me presentara razones opuestas a las que esgrimo.

Pero dado que aparecieron a posteriori –en la misma red de las que nos valemos todos, claro- una serie de comentarios que pueden guardar y guardan vinculación con mi postura, deseo hacer públicas algunas reflexiones:


1)Me llama la atención gratamente que personas reacias por lo general a lo que tradicionalmente se ha llamado militancia patriótica o católica y nacionalista; seamos más claros, personas que sostienen desde la inexistencia y/o la muerte de la Nación Argentina, hasta la convicción –de honesto y necesario cuño apocalíptico- de que ha cesado el tiempo de las naciones, y de que es vana toda tarea restauracionista, se sientan ahora vigorizadas –tras lo sucedido el 8 de agosto- y prontas a dar motivos de festejo, de esperanza y de lucha por nuestra tierra.

Me llama la atención gratamente, reitero. Pero no vendría nada mal que esas personas, no digo  yo que entonaran un mea culpa, pues sería desproporcionado; pero bien podrían tener alguna palabra de amable reconocimiento a quienes en soledad y contracorriente hemos sostenido que la patria existe, que tiene su origen y que no ha muerto y que es una obligación luchar por ella. Aún, o por lo mismo, que estamos viviendo tiempos claramente parusíacos, como personalmente lo presiento.

Lo curioso es que, a la ausencia de palabras amables, le siguieron otras inocultamente llenas de desprecio cuando no de tirria. Enigmas de la conducta humana. Los que durante décadas predicamos la esperanza e intentamos mantener vivos el fuego del vivac en la patria (así decía el editorial del primer número de Cabildo), hemos pasado a ser acédicos y pesimistas. Los que se rieron de ese fuego, se apartaron con vergüenza y lo dejaron consumir con absoluta displicencia, resultan ahora animadores de un brote nuevo, nacido al parecer a la vera del Congreso.


2)En mi nota arriba precitada –y que invito a leer para no repetirme- claramente digo que no me alisto entre los agroicos o aguafiestas (lo digo en estos términos) y enuncio los visibles cuanto nobles motivos por los cuales se puede hablar de una victoria, y además celebrarla austeramente; sin mengua de señalar también, y con énfasis, las causas y los efectos de lo que juzgo una trágica derrota. Va de suyo que por esto he titulado a la nota “Victorias y Derrotas”.

No he salido a escupir ningún asado; todo lo contrario. Pero tampoco he incurrido en las desmesuras de aquellos que –de pronto, súbitamente y tras años de considerar anacrónica cualquier postura épica o de deber cristiano de la lucha, para citar uno de mis libros- ahora hablan con naturalidad de la batalla librada, del combate ganado el 8 de Agosto y de la lid que se viene para sostener este triunfo. Imprevistamente, el vilipendiado lenguaje castrense o los tropos tenidos por hiperbólicos, barrocos y desusados de la retórica nacionalista, han cobrado vida en los que hasta ayer nomás miraban con recelo este talante.

Se sabe que el aborto es política de Estado desde antes de la votación senatorial, y con empecinada furia después. Se sabe que de pluriformes modos se lo está promoviendo en la sociedad, al socaire de la revolución cultural fríamente ejecutada por este gobierno, prolongando la del anterior. Se sabe que a lo sumo se consiguió una tregua o un paréntesis. Se sabe asimismo que es de un fariseísmo que clama al cielo que Rodríguez Larreta –defensor de putísimas causas- simule consagrar la ciudad a los Corazones de Jesús y de María y que la Señora Chau Tabú Vidal pose con un pañuelo celeste. Hipocresías de ratas de albañal que en mejores tiempos debieron ser castigadas con toda la vara del rigor. No obstante, nos piden que veamos señales divinas en esos gestos, so pena de convertirnos en acédicos. Yo pensé que el 8 de Agosto –como en otras ocasiones- había estado humildemente en la Plaza de Congreso, acompañando a mis amigos en el rechazo al aborto. Recién al día siguiente me enteré que no; que había estado en Las Navas de Tolosa, Covadonga, Azincourt y hasta en Armagedón.


3)Estoy pronto, como siempre, a dar gracias a Dios y a su Santísima Madre, por las gracias que puedan derramar sobre este suelo yermo y desangelado. Estoy pronto a constatar con júbilo los muchos rezos de tantas almas buenas, y a sumarme a ellos, como de hecho me he sumado sin estridencias.  Estoy pronto, al fin, a repetir una vez más aquello tan veraz cuanto hermoso del poeta Vocos: “yo sé que en todas partes hay semillas, de tus claros varones aguardando, surcos de gestación en maravillas”. Pero así como es muy malo no saber sobrenaturalizar la realidad, es simétricamente muy malo sobrenaturalizarla cuando no corresponde, prescindiendo de las causas segundas; y hasta puede constituir, sin que lo busquemos, un modo de pecar contra el segundo mandamiento. No busquemos un milagro donde hay explicaciones naturales. No neguemos el milagro cuando sólo él explique un hecho.

Circulan mensajes diciendo, verbigracia, que los 38 senadores que se opusieron al aborto, deben ser analogados con los 38 cm que mide la imagen venerable de Nuestra Señora de Luján. Circulan a la par mensajes de la Virgen de Medjugorje dirigidos a los defensores de la vida. Circulan versos piadosos llamando valientes cristianos a los congresales impugnadores de la ley. Todos ellos encabezados por el judío Alperovich –perseguidor como pocos de la Fe Católica y Mariana- y seguidos por una recua en la cual, los solos nombres de Adolfo Rodríguez Saa y Carlos Menem, bastan y sobran para retratar la obscenidad del grupo.


4) Nadie sin embargo empardó al Padre José Antonio Marcone, para quien (en un artículo fechado el 10 de agosto, en el que me cita, acusándome de injusto, ignorante y pesimista, pero sin la frontalidad de nombrarme y tras una lectura inequívocamente sesgada de mi nota anterior), lo que sucedió fue que “La Argentina se le plantó al Anticristo y lo venció”, definitivamente además; aportando, entre otras, dos pruebas irrefutables de cuanto sostiene.

 Una de esas pruebas es que la votación, “el triunfo final, se haya dado cerca de las 3 de la madrugada, que es la hora de satanás”. Otra que “Silvina García Larraburu, barilochense, haciendo mención a la nieve que había en la cordillera, haya anunciado que votaba en contra del aborto el día domingo 5 de agosto, fiesta de Nuestra Señora de las Nieves, patrona de Bariloche”.

Todo lo cual no pasaría de una candorosa exageración de cuño fideísta sino mediara, primero, el pequeño detalle de que la votación fue a las 2.44, y puestos a hacer numerologías antojadizas, resulta la cifra clave en el budismo porque representa la cantidad de fieles que esa secta roñosa tiene en China, y a la que adscribe el mismísimo Muricio. Y segundo, si no se supiera el prontuario de la susodicha García Larraburu, militante feminista del llamado “Colectivo Viva nos Queremos”, firmante del putimonio, defensora del satanista Maldonado y de los mapuches, kirchnerista de estricta observancia y enrolada en el estropicio ideológico de los curas villeros.

Su justificación del voto contrario al aborto fue una de las más grotescas, explícitamente fundada en una mera pulseada de internismos partidocráticos. Pero sí es cierto –concedamos- que la fémina está vinculada al universo níveo y celliscoso; no precisamente por la advocación mariana, sino porque en 1986 salió elegida Reina de la Nieve.

Mas para el Padre Marcone ninguno de estos detalles cobra relieve. Aplastamos al Anticristo -nos dice- de manera “perdurable”, con “el pueblo” volcado “a las calles”, porque somos “el país del Papa”. El golpe que le dimos “nadie se lo puede quitar ni tampoco nadie se lo puede cambiar”.

¡Era tan fácil vencer a la Bestia y no nos dimos cuenta antes! Bastaba con disponer de los sufragios de Alperovich, Menem, Reuteman, Cobos, el Adolfo y otros claros varones de Castilla. Todo era cuestión de un nuevo 17 de Octubre, pero Celeste. Ya está. Ganamos. Ahora a disfrutar del Milenio. Indudablemente el síndrome Lilita Carrió es contagioso.

Pero la realidad es que hoy, 15 de Agosto, mientras redactamos estas cartillas, sale la noticia oficial de que el Gobierno, mediante la ANMAT (Autoridad Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología), autoriza para todo el país el uso en los hospitales públicos del misoprostol, droga abortiva como se sabe. La criminal disposición es la nº 6726/18 del pasado 2 de julio. Pero esperaron hasta hoy, Fiesta de la Asunción de María Santísima, para darla a conocer y ponerla en vigencia. Parece que la Bestia se recompuso rápido del golpe mortal y perdurable, y que el Papa,en su país, no sabe lo que está pasando y sigue sin hablar. ¡Hombre bravo el Bergoglio!

Hay un sinfín de explicaciones políticas para desentrañar este fenómeno, puramente eventual, potencialmente fluctuante y seguramente tornadizo que sucedió el 8 de Agosto. Atribuirlo a una intervención celeste y acusarnos de impíos o de pesimistas si lo ponemos en duda, es subestimar nuestra inteligencia, insultar nuestra fe, sustituir la hermenéutica por la superstición; pero más grave aún: es rebajar y abaratar el valor de lo sobrenatural en la historia humana. Es simplificar y puerilizar la economía de la salvación.

La lucha está en nuestro ánimo, cada alborada, y ni siquiera se cierra por las noches. Con el Romance de la Constancia, podemos repetir: “Mis arreos son las armas/ mi descanso el pelear, mi cama los duras peñas, mi dormir siempre velar”. Gracias a Dios no necesitamos ningún incentivo particular para abandonar la gresca. Pero tampoco nos ayudan los triunfos ficcionales que nos dan por ganadores, como si el Apocalipsis fuera un partido de fútbol.


5)Aceptar debatir lo indebatible. Sentar el precedente de que mañana se puede consensuarlo todo, incluyendo la existencia de Dios. Considerar interlocutores válidos a los miembros crapulosos y corruptos del Poder Legislativo. Legitimar el secuestro ideológico de la ciudadanía, durante largos meses, por parte del Poder Ejecutivo, diestro en corrupciones y en mentiras. Rendir examen de educación democrática delante de los congresales, mansamente, sin enrostrales su ilegitimidad de origen y de ejercicio. Permitir la homologación agraviante del expositor probo con la prostituta o el invertido. Someter la verdad inconcusa al voto de las mayorías. Acabar reconociendo que la ley presentada es inviable, no debido a su maldad per se, sino sólo por siete votos de diferencia y hasta que dentro de siete meses pueda modificarse, es un conjunto de hechos que, sumados a otros, prueban de manera inequívoca el perjuicio substancial que significa cohonestar el sistema, convalidarlo y refrendarlo. Como bien a dicho el Padre Diego de Jesús, se trataba de abortar el debate, no de debatir el aborto. Se optó por lo primero; ahora aténganse a las consecuencias. Cuando vuelva a debatirse y los votos apunten para el lado contrario, quienes aceptaron las reglas de juego del Régimen tendrán que bajar la cabeza.


6) No es un error oponerse al sistema cuando el mismo prueba tener un alto grado de perversión intrínseca. Es una obligación moral. Inadvertirlo conlleva el riesgo de tener anestesiada la conciencia por la confusión o vivir una moral de situación. El imperativo evangélico de hablar a tiempo y a destiempo, oportuna e inoportunamente, no ha sido enunciado para justificar que entremos a un burdel a discutir si la fornicación es pecado o virtud. Ha sido y es un mandato para que destruyamos el burdel, de palabra o de hecho, según se pueda o corresponda.

No tener reparos en exhibir las rectas razones en el ámbito que fuera, es un hermoso y digno precepto que entra en vigencia cuando nos conducen de prepo frente a esos ámbitos, o somos forzados a tener que mantenernos fieles y firmes ante el peligro de que por eso mismo seamos vulnerados o muertos. Ser arrojados a los leones en el Coliseo, real o simbólicamente hablando, y no tener reparos en confesar a Cristo y no sacrificar a los ídolos, será siempre un acto encomiable, heroico y santo.

Hacer fila en cambio para hablar civilizadamente en el Coliseo, junto con los verdugos de los cristianos, en paridad de condiciones con las fieras, los payasos, los panes y el circo, es ludibrio. Sino algo peor aún. Lo hemos advertido muchas veces: cuidado con los católicos libeláticos. Los que quieren tener el salvoconducto de cumplir con los requisitos del Enemigo para poder vivir tranquilos. Los que temen figurar en la lista de los infractores a la corrección política. Los que no se atreven a patear el tablero o a cortar el nudo gordiano. No digo yo que todos estén llamados a esta conducta, pero lo menos que pueden hacer es respetar a quienes la adoptan y padecen las consecuencias. Pero aquí hace rato que se viene invirtiendo la carga probatoria: los villanos somos los que no sacrificamos. Los cuerdos y respetables aquellos que aceptan las reglas de un sistema inicuo. Todo esto –y no es lo único- es demasiado moderno y revolucionario, como para que quienes lo menean sigan convencidos de que son los adalides de la Tradición. Estoy generalizando, se entiende.


7)Si los llamados Pro Vida deseaban hacer llegar sus muchas y válidas e importantísimas razones de toda índole –que de hecho esgrimieron haciéndose merecedores de la mayor gratitud- tenían un sinfín de alternativas, dados los medios de los que hoy se disponen. Pero no tenían ninguna necesidad de ir al Congreso. Precisamente porque es el areópago que no les garantizó la menor escucha. Les garantizó lo contrario. Una enorme cantidad de bancas vacías, politiqueros que se retiraban ofuscados a la primera disonancia con sus opiniones aborteras, maleducados que cotorreaban insolentemente mientras se exponían académicos discursos, grotescos corrillos de charlatanes ostentando menosprecios hacia los oradores; y ya en el colmo de la ordinariez, una pensada cantidad de gestos desaprobatorios lindantes con la indecencia.

No solamente el Congreso no fue el areópago que les garantizó la mínima escucha, si no que fue, como pocas veces en su triste historia, aquello que Ricardo Curutchet denominara con un término llamado a ser ineludible: pipirijaina: conjunto de aves de corral. Emblemático resulta el caso del llamado Padre Pepe, quien a pesar de correrlos por izquierda para captar la atención de la progresía, acabó repudiado y desoído con visibles muecas grotescas del parte de la menguada concurrencia. El debate recíprocamente receptivo con el que soñaron los estúpidos obispos, no existió.


8)No tengo un registro de los senadores que se opusieron al aborto citando profusamente las exposiciones pro vida, como se ha dicho. Insisto en que, si estaban interesados en la argumentación providista, la misma podrían haberla obtenido en las centenares y centenares de publicaciones o de exposiciones que ese sector ha brindado con ciencia y ahínco admirables desde hace muchos años; sin necesidad de hacerse presente en el maldito recinto para jugar el juego macabro de votar la vida o la muerte por mayoría simple. En mis tres volúmenes críticos de la democracia he escrito lo suficiente sobre la cooperación formal y material, directa o indirecta con el mal. Permítaseme entonces eximirme ahora de hacerlo, y de remitir con simpleza a aquellas páginas. Pero permítaseme a la vez llamar la atención sobre este olvidado punto: no se puede cooperar con el mal.

Escuché cuanto pude a los senadores y a los expositores providistas, entre estos algunos apreciados conocidos. En el modo, ninguno fue capaz de desplegar una oratoria deslumbrante, que concitara siquiera una atención estética; y no hay reproche sino retrato de una carencia que debería ser superada. En el contenido, nadie pero nadie se atrevió a quebrar el límite infranqueable. ¿Cuál es ese escalón que no se puede subir, pues entonces nos quedamos sin escalera, sin piso, sin techo y sin vida? Pues lo que no se puede es, nada más y nada menos, que desenmascarar públicamente la causa eficiente de este genocidio: el Judaísmo y la Masonería. Y lo que no se puede, recíprocamente, es decir que el que aborta comete un pecado mortal y se va al infierno de cabeza.

 Algunos audaces llegan a mentar el Banco Mundial, el F.M.I, el Nuevo Orden Internacional, las Multinacionales, etc. Pues está muy bien. Aplausos para ellos. Pero si alguien –como el insidioso hebreo Ernesto Tenembaum- los acorrala diciendo que tales afirmaciones le suenan a la tesis conspirativa judaica, rápidamente niegan tal posibilidad. Los más valientes la niegan y punto. El grueso se apresura a blanquearse utilizando de inmediato cualquiera de las ridículas variantes de la reductio ad Hitlerum. No sea cosa que lo tomen por un nacionalista encubierto.

Adolfo Rubinstein, por caso, actual Ministro de Salud, no sólo es abortero, mentiroso y mercader de la muerte –a través de sus vinculaciones con la Comisión Guttmacher Lancet- sino miembro del mismo clan del tristemente famoso Simón Rubinstein, uno de los patrones de la siniestra  Zwi Migdal, la mayor organización de trata de blancas que conoció la Argentina. A ningún expositor se le ocurrió interpelarlo para pedirle que aclarara su posición al respecto.


9)El llamado movimiento providista tiene muchos méritos que nunca negamos; y tiene muchos yerros conceptuales y hasta riesgos estratégicos que, con honestidad y sin tapujos, siempre hemos señalado. Tiene asimismo algunos promotores nativos y extranjeros vinculados a ciertas organizaciones, de las cuales, lo que se sabe no tranquiliza demasiado y lo que razonablemente se conjetura ennegrece aún el horizonte.

Sin embargo, lo mejor y por lejos que tiene este movimiento providista, es la gente común y silvestre que se siente convocada a las marchas o a otras acciones similares. Gente gloriosamente simple de todas las condiciones que no quiere, sencillamente, que le roben el sentido común. Le han robado todo de muchos modos y muchas veces. Pero que le digan que lo que una mujer lleva en la panza no es un ser humano, y que lo que lleva necesita para ser causado y criado de un papá y una mamá, pues éso no está dipuesto a que se lo rapiñen.

Lo vamos a decir de nuevo: lo mejor que tiene el movimiento providista no es el pueblo en la calle, en expresión que remeda la demagogia populista. Es la buena gente en las casas, en los hogares, en los mil sitios en que Dios los asigna para el trajín cotidiano, y que reacciona públicamente en defensa del Orden. No son “la plebe maldita que no conoce la ley”(Juan 7,49). Son los multiplicados rostros de Cireneos, Verónicas, Magdalenas, Zaqueos, Nicodemos o Hemorroisas. Benditos sean ellos.

Esa gente merece algo mejor que terminar afiliados a un partido político provida. Esa gente merece un destino más alto que el de electorado, un porvenir más limpio que el de votantes partidocráticos. No se repita el error ya repetido ad nauseam. El quehacer político del católico existe, y es un deber y un desafío y una misión impostergable. Lo hemos explicado  y analizado en centenares de ocasiones, durante largos años; mediante libros, pláticas u otros medios análogos.

No está vinculado a la democracia ese legítimo e impostergable quehacer, ni necesariamente a la conquista del poder. Está vinculado al servicio al Bien Común Completo. Un servicio activo, perseverante, apostólico, apologético, nunca callado ante la necesaria protesta, nunca caído o ausente frente a la necesaria  manifestación pública. Un servicio posible y necesario a través de ese entramado de instituciones naturales que todavía perviven.


10)No somos Polonia ni Hungría, países cuyos procesos políticos se nos invita a emular  con liviandad, como si las condiciones, las circunstancias, las ocasiones, los requisitos y los personajes, las historias pasadas o remotas y los presentes intrincados fueran lo mismo para ellos que para nosotros. No somos Polonia ni Hungría, cuyos regímenes políticos actuales merecen ser estudiados, valorados y considerados pero no necesariamente tenidos como nortes posibles o apropiados a nuestra realidad.

En política suele pagarse algo caro el querer exportar -sin más- modelos revolucionarios o contrarrevolucionarios. Pueden servir y sirven de inspiración y de espejos, por supuesto. Pero nadie se acuesta argentino y amanece tomando mate con San Esteban o yendo a misa celebrada por el Cardenal  Wyszynski. He aquí precisamente un defecto que es hijo del concepto moderno de la Nación, que con razón molesta a ciertos ambientes. Concepto que precisamente por no compartir nos vuelve realistas ante nuestras propias posibilidades políticas.

El realismo no es creer que la democracia argentina del siglo XXI va a engendrar, si nos metemos nomás en ella, un Oliveira Salazar, un Monseñor Tiso, un Viktor Orban o un Andrzej Duda. El realismo es saber qué se puede hacer aquí y a hora, a pesar de la perversa democracia, para cooperar al bien común completo, que es la causa final de la política. El realismo tampoco es encontrar un salvoconducto moral para el maquiavelismo, sino el modo de proporcionar los medios legítimos para alcanzar un objeto acorde.

El realismo, al fin, no es justificar la inserción en el sistema –de la que no se saldrá regularmente indemne sino cómplice activo de su corrupción connatural e ingénita- para darle después a la sociedad leyes pro vida. Es realista el que a la pregunta por el qué hacer se responde con De Maistre: lo contrario de la Revolución. Si pensamos que París bien vale una misa, entonces no nos quejemos de Bergoglio. Si hay alguien ante nuestros ojos que ejecuta este programa siniestro es él; significativamente ausente a la cabeza de este combate pro vida, y el primero a la hora de respaldar a los más desembozados corruptos de la partidocracia local.

Tampoco nos sirve el ejemplo del buenazo de Lorenzo Fontana, actual Ministro de Discapacitados y Familia, hombre de un ideario católico y tradicionalista probado, y de una vida privada acorde con sus principios. Apenas se le vino encima el mundo entero por sus declaraciones y propósitos explícitamente católicos, el Vicepresidente y Ministro del Interior, Matteo Salvini –que teóricamente milita con él en la misma Liga- lo desautorizó diciendo “Fontana es libre de tener sus ideas, pero no son priorides y no están en el contrato del gobierno”.

Aunque nos rectificamos: sí nos sirve el ejemplo de Fontana. Esto es lo que les pasa, entre nosotros, a aquellos originales que quieren probar, como si nunca se hubiera hecho en política, la táctica del entrismo o del foquismo. Esto es lo que les pasa, en el mejor de los casos. Que como el pobre Fontana queden pedaleando en el vacío, para su gloria. En el común de los casos acaban travestidos, convalidando el mal, cobrando buenos sueldos y vanagloriándose después, entre los conmilitones, que bajo su gestión se colocó una estampita de San Cupertino en la salita de espera de su despacho.


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Están muy enfermos moral y psíquicamemte; muy mal de la testa y del cuore; muy patógenos de mente y de espíritu, muy estropeados del alma e infectados del magín, los miembros activos de ese conjunto de escribientes anónimos que creen insultarme o fastidiarme porque me dicen poeta, contemplativo, conferencista entre amigos, escritor para doscientas personas, inmovilista, principista y anciano. No saben la condecoración que me ofrecen.

Están locos de remate –y suele ser el fruto de la emasculación seguida de envidia por el mal de ausencia- los que se creen descubridores del Mediterráneo, de la pólvora y de la rueda. Todo lo hallan ya inventado. Como lo hallamos nosotros. La diferencia está en que ellos pecan de resentimiento, de rencor, de cobardía y de soberbia. Como el tragicómico “Menem lo hizo”, ellos lo hicieron todo; y todo lo conocen en profundidad y hondura. A veces nos perdonan la vida y nos explican cómo funciona el mundo. Las más nos agravian.

 Nosotros –uso el plural de la generación a la que pertenezco- anhelamos ser agradecidos y observantes con los maestros que nos permitieron conocer la Verdad. Y servirla, como lo prometimos e intentamos desde nuestra distante juventud, con el mejor honor que podamos hasta el final de nuestros días o de la Historia.

Antonio Caponnetto



viernes, 10 de agosto de 2018

Aborto: nada que festejar - Augusto TorchSon


  
     Otra vez nos toca la cada día más ingrata tarea de ser la voz disonante y manifestar las incómodas verdades que nadie quiere decir o quiere ver.


     No se pretende aquí de ninguna manera atacar ni cuestionar las buenas intenciones de quienes con sus más sinceros deseos apoyan la causa provida que consideramos absolutamente errónea en muchos de sus esenciales postulados. La buena intención no suple la verdad.


     Respecto al "vale toda vida", ya se refirió el Dr. Caponnetto al señalar que no somos jainístas[1] por lo que dicho postulado resulta tan abarcativo como inexacto y más teniendo en cuenta los alcances y los límites que se les pone de hecho al término. Nada se plantea pues de la terrible realidad de los innumerables crímenes que se cometen legalmente con la multiabortiva práctica de la fertilización asistida, o las referidas a los casos de violación, o lo que es peor, a los realizados ante supuestas violaciones en las que no hace falta denuncia formal sino solamente alegar la misma. En ese sentido y con toda su maldad proabortiva, la diputada Donda decía la verdad en la Cámara de Diputados al acusar de hipócritas a quienes habiendo votado la fertilización asistida hoy se oponían a la despenalización del aborto, así como quienes dicen defender las dos vidas pero nada dijeron respecto al aborto en el caso de violación como si el hijo del violador no tuviera vida[2].


     Se festeja el rechazo a la despenalización del aborto como un triunfo de la vida, del amor, de la patria, de la Virgen, de las iglesias evangélicas, de la biología, de las verdaderas estadísticas, y hasta de la democracia. Creemos sin embargo que sólo este último caso es el que refleja el verdadero triunfo en esta cuestión.


     Quienes hayan tenido oportunidad de escuchar las exposiciones a favor y en contra del proyecto tanto de miembros del cada día menos honorable Congreso de la Nación, así como de los participantes del plenario de las comisiones, deberían entender qué es lo que realmente subsiste después de esta parodia democrática, y lo que se sacó en claro es algo para lo cual hubo un consenso casi unánime.


     Con una llamativamente grande cantidad de expositores judaicos en relación a la proporción que representan de la población, y casi absolutamente manifestando posturas abortistas; lo realmente grave de los mismos fueron los desvergonzados ataques a la Iglesia Católica y la exigencia de terminar con todo vestigio de confesionalidad del Estado. Al requerimiento judaico se plegaron entusiastas, muchos traidores bautizados. Para no extenderme en cada caso puntual recomiendo mirar las exposiciones de los siguientes representantes de etnia judaica: Mara Brawer, Daniel Filmus, Mario Weschler, Carlos Rozanski, Myriam Bregman, Martha Rothemberg, Mario Pecheny, Leandro Pitlevnik, Debora Plager, Beatriz Mirkin, Aida Kemelmajer, para dar algunos ejemplos. Todos los videos correspondientes se encuentran en la página del Congreso de youtube. Igualmente pueden verse declaraciones a los medios como las de los israelitas Marcos Aguinis, del diputado Lipovetzky, Alejandro Rozitchner, o de Ernesto Tenembaum, las mismas no sólo apuntando a la Iglesia, sino que en más de una oportunidad con alguna blasfemia incluida.


     Cabe la aclaración que las personas mencionadas solo son un ínfimo grupo en una grandísima cantidad de expositores de ese "pueblo elegido", los cuales elegimos por lo representativos del pensamiento judaico, así como de su ensañamiento en contra de la Iglesia instituida por el único Dios verdadero contra el cual se rebelaron y al cual continúan combatiendo.


     Uno de los principales logros del debate fue reforzar la idea de Estado laico, repetido hasta el cansancio por los expositores judíos y refrendados por los cipayos laicistas goyim. Otro logro fue el de polarizar en simétricas proporciones bandos antiabortistas como abortistas, cuando antes, los segundos estaban reducidos a pequeños grupos marxistoides. Pero el más descollante triunfo conseguido, fue el de lograr que se acepte casi sin objeciones la idea de la necesidad de la "educación sexual para no abortar". En esto los provida cada día menos católicos y los infanticidas lograron un lamentable acuerdo.


     La "Educación Sexual Integral" (ESI) que es ley y que pretende ahora hacerse cumplir coercitivamente, es abortiva. En la revista de dicho programa "educativo" "para charlar en familia" que se distribuye en tanto en escuelas, colegios privados, como en centros asistenciales, se promueve la homosexualidad como normal y la hipersexualización de los jóvenes y niños (desde los 4 años) de las formas más grotescas, así como se denigra de la figura paterna; pero además se promueven métodos abortivos como el DIU y la "píldora del día después" mintiendo sobre su verdadera acción. Lo que es peor aún, se "educa" a los jóvenes en su "derecho" a recibir información y métodos anticonceptivos "incluso si concurren solos"; con lo que se destruye el derecho de los padres a la formación en cuestiones concernientes a la moral sexual de sus hijos, vulnerando elementos esenciales de la patria potestad, así como el tercer principio no negociable para católicos, que mencionaba el Papa Benedicto XVI que referido a la "Libertad de Enseñanza" sostiene que "Los padres tienen el derecho y el deber de educar a sus hijos. Son ellos -no el Estado, ni los empresarios educativos, ni los profesores- los titulares de ese derecho".


     El material, según lo informa el mismo Ministerio de Educación está basado en la perversa ideología de género, que es la que promovió el aborto legal, pero que además pervierte el orden natural así como empuja a la promiscuidad no sólo a los adolescentes sino a los niños, pretendiendo que por medio de dicha "educación" estos ejerzan sus derechos a una "sexualidad responsable". Los cada día más rebeldes y desprejuiciados jóvenes educados con información sin valores, siguiendo los estímulos de los medios de comunicación masivos, viven sus vidas de acuerdo a ideales carentes absolutamente de principios, por lo que ridículo resulta el pretender que los mismos observen una promiscuidad responsable.


     Lo que de hecho ya se produce a través de esta reingeniería social que impone el imperio de la lujuria, es el aumento desmedido de embarazos juveniles ya que, a los adolescentes, debido a su propia y natural inmadurez, no se puede pedirle responsabilidad o cuidado en el ejercicio de las actividades en las cuales las pasiones son las que suelen dominar aun en adultos. Y al incrementarse los embarazos infanto-juveniles, es lógico que aumenten los abortos de estos jóvenes formados en el hedonismo en el cual un hijo es un obstáculo para seguir ejerciendo sus viciosos “derechos”. De la misma manera, resultado lógico es la proliferación de enfermedades venéreas. Todo esto provocado por el precoz estímulo a la actividad sexual, y se pretende curar la enfermedad con los mismos medios que la provocaron. Esto como verdadero resultado y triunfo de la democracia, de la dictadura de las masas, manejadas y estupidizadas hasta científicamente. Y así como todas las perversiones producidas por la democracia, pretenden solucionarse con más democracia, a la crisis moral de quienes van a ser el futuro de nuestra Nación, se pretende "ayudarlos" con la libertad para pecar más y mortalmente.


     Los católicos hace mucho que no buscan el bien supremo sino que se concentran en los males menores. Son miedosos, no se atreven a enfrentar al mal y a sus fautores con una vehemencia proporcional a los ataques recibidos; responden a las agresiones, blasfemias y ultrajes con muestras de "respeto y tolerancia" que pretenden conductas cristianas, cuando en realidad muestran no sólo irenismo sino la más atroz falta de coherencia en el que debería ser un firme y formal compromiso para dar el buen combate por los derechos de Dios. El humanismo masónico se infiltró en las clases acomodadas católicas por medio del pensamiento burgués, y el miedo a perder el confort llevó a aceptar todas las perversiones modernas como inevitables, haciéndolos huir de cualquier tipo de enfrentamientos, aunque los mismos son los que deben realizarse para mayor gloria de Dios, de nuestra Patria o hasta por el alma de nuestros hijos. El irenismo actual no es producto del error sino de la cobardía. Se aduce poner la otra mejilla pero no lo hacen con la suya sino con la que representa el honor de la Iglesia, de nuestras naciones y familias.


     Sincerándonos, la consigna ahora es “promiscuidad sí, aborto no”. Y es por eso que la gran mayoría de los católicos, empezando por sus pastores, buscaron hacer un frente común con todo tipo de herejes en marchas inclusivas y multirepresentativas en las cuales el único excluido fue Dios. Y no negamos que hubieron honrosas excepciones, pero nos consta que en las misas y los llamados del clero, se pedía rezar en las mismas más no en las manifestaciones púbicas para no ofender a los infieles y respetar la “santa pluralidad democrática”. La mayor concentración provida del día 4 de agosto fue convocada por la “Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina”[3], y tampoco dudamos que la misma se realizó con mayoría de manifestantes católicos, pero los protestantes lo hicieron en representación de sus iglesias, los católicos simplemente como providas. En la inmensa mayoría del catolicismo, en referido a la cuestión del aborto se puso a la creatura por sobre el Creador. Se buscó defender la vida omitiendo mencionar al Dador de la misma.


     En esta lucha no ya metafísica sino de pañuelos y de puños levantados al modo comunista pero con diferente color, lo que quedó absolutamente demostrado, fue la falta de coherencia, de información y el impulso reactivo movido más por los sentimientos que por la fe y la razón. Esto puede predicarse en casi idénticas proporciones para ambos bandos. Pero decimos casi idéntica porque en los infanticidas se mostró más coherencia, ya que plantearon la lucha con el nivel de agresión adecuado a su satánica empresa, y así en medio de destrozos hasta de cosas sagradas, manifestaron su deseo paralelo al aborto de “matar al macho, al hermano, al novio y al padre”, de alimentarse de fetos, de quemar todo si no salía la ley satisfaga su sangriento deseo. Del lado católico se buscó en cambio respetar las satánicas conductas, se dice defender la vida pero se omite llamar asesinos a quienes quieren suprimirlas, y si tenemos en cuenta que el crimen se propone masivo, lo correcto es llamarlos genocidas, y si encima está agravado por el vínculo, corresponde llamar filicidas a los aborteros. Pero para los católicos no debía plantearse como una “guerra” y hasta la máxima autoridad de la Iglesia argentina manifestó su satisfacción con el debate considerando al intento de legalizar esta atrocidad como “saludable ejercicio de la democracia”[4].


     Si hay algo que resulta claro en la historia, es que cada vez que gana la democracia, pierde la Iglesia.


     No pretendo que resulten simpáticas mis palabras y asumo que van a generar no pocos rechazos, sin embargo invito a que no se crea en mi persona, sino que se investigue la información que brindo y que se actúe en consecuencia. En muchos casos el error surge de la falta de correcta formación, pero también puede existir no pocas veces desidia y apatía. Si permitimos que judíos y masones excluyan a Dios de nuestras Patrias, si dejamos que la acción evangélica sea recluida al ámbito exclusivo de las parroquias, si pretendemos salvar los cuerpos sin temer perder las almas desoyendo las advertencias de Nuestro Señor; poco faltará para que se nos persiga y se nos cace como a los peores criminales, pero llegado ese momento, si no supimos ser fieles en lo poco, difícilmente lo seamos en lo mucho, y como la rana en la olla con agua que se calienta gradualmente, cuando intentemos reaccionar, ya no vamos a tener ni oportunidad, ni voluntad.


Augusto Espíndola




[1] https://www.ncsanjuanbautista.com.ar/2018/06/repudio-al-aborto-clerical-antonio.html
[2] https://www.youtube.com/watch?v=_Lzjunamdtw
[3] http://www.perfil.com/noticias/politica/organizaciones-pro-vida-marchan-contra-el-proyecto-de-ley-del-aborto.phtml
[4] https://www.lanacion.com.ar/2160675-fue-un-saludable-ejercicio-de-la-democracia-dijo-el-cardenal-poli



Nota de NCSJB: Agregamos a continuación imágenes para ilustrar lo que piden algunos sectores provida. Asimismo recomendamos mirar la exposición de la abortista Mara Brawer en la Cámara de Diputados ya que se refirió detalladamente a esta cuestión y fue ella una de las que confeccionó el material pervertidor de adolescentes y niños. Aquí el enlace: Mara Brawer - Debate Aborto




Nacionalismo Católico San Juan Bautista


jueves, 9 de agosto de 2018

Sobre Victorias y Derrotas – Antonio Caponnetto





         Si los buenos cristianos y los buenos patriotas –que está visto quedan aún en la Argentina- necesitan un día de fiesta, pues que ese día sea ayer, 8 de Agosto de 2019,o tal vez hoy, el día siguiente al rechazo del aborto en la sesión del Senado.


         No seremos nosotros los agroicos o aguafiestas. Que suenen bombas de estruendo, se enciendan fuegos de artificio y se den gracias al Cielo. Sobre todo esto último, que mucha falta nos hace. Que quienes tanto se esforzaron por argüir y obrar rectamente tengan su merecida confortación.


         Nuestro análisis sin embargo –dolorosa y respetuosamente lo decimos- difiere del de los festejantes.


         En primer lugar porque tiene razón Macri cuando dijo que cualquiera fuese el resultado de las votaciones de ayer, la ganadora era la democracia. La democracia, en efecto, impuso sus pautas, ritmos, criterios, tiempos y modos. Dominó la escena todo el tiempo, secuestró las voluntades y las inteligencias de la ciudadanía, obligó a que se le pagara tributo y se le arrojara incienso, tomó examen a los expositores, igualando la opinión del sabio con la del caníbal, la de la madraza con la de la ramera, la del científico probo con la del guarro patán; y probó lo que quería probar: todo es debatible; todo puede ser obligado a pasar por la criba de la ley del número; todo es susceptible de ser sometido a la inexorable voluntad de las mayorías. ¡Todo, entiéndase! Hoy el asesinato de criaturas, mañana la existencia de Dios. Y no se tome esto último como metáfora retórica, puesto que ayer, entre el verderío infame que poblaba la Plaza del Congreso, hacían filas para apostatar, convocados formalmente por una agrupación que se dedica a tamaña estulticia. ¿Cuál puede ser el impedimento de llevar a los escaños del parlamento la votación acerca de la existencia o inexistencia de Nuestro Padre?


         Que Macri tenga razón en lo que dijo significa dos cosas. La primera que se trata de un inmenso, gigante, sórdido y unánime hideputa. La segunda, que la democracia es una perversión inherente, de cuño demoníaco. Sí; demoníaco, no menos; pues su sustento primero y último es la sustitución de la Soberanía de Cristo por la Soberanía del Pueblo.


         Por siete votos y hasta no mucho más allá del 1 de marzo del 2019, el aborto no será legal; excepto en los casos en que ya lo es sin que muchos se den cuenta, o en los casos en que sea ampliada su despenalización, cosa que sucederá casi de modo inminente. Este es el patético y trágico triunfo de  ayer, más allá de las hipérboles naturales y sobrenaturales de tantos piadosos y admirables corazones. Siete votos, durante un par de meses, hasta que sean sustituidos por otros dígitos, otros guarismos o porcentajes.


         Si esto se toma como una victoria analogable a Lepanto u a otras batallas mitológicas o reales de la Cristiandad, alguien está necesitando pronto un baño de realismo, o un repaso de la historia universal. Si este civilizado disenso de los siete senadoritos –sin osar escupir ninguno de ellos  el rostro masónico de la corrección política- los convierte en valientes senadores, pues devaluada y flaca anda la fortaleza. Buscar causales místicas o épicas donde no las hay, es tan grave como negar ambos factores cuando realmente existen y, sobre todo, cuando realmente hacen falta. Tenemos una involuntaria experiencia al respecto.


         En paralelo al degenerado Macri, el funcionario eclesial Poli coronaba su homilía vespertina diciendo: “El debate parlamentario sobre la legalización del aborto ha sido un saludable ejercicio de la democracia”. Y tiene razón. Si algo vigorizó, tonificó y dio salud a la democracia fue el desfile incesante de quienes le rendían pleitesía y validaban su legitimidad, esperando prolijamente el veredicto de las cámaras parlamentarias, y calculando los sufragios uno a uno. Por cierto que fue un saludable ejercicio de la democracia; como la fornicación múltiple es un saludable ejercicio del aparato sexual y el latrocinio serial otro saludable ejercicio del hábito rapiñero.


         Que Poli tenga razón, y que en su sesera de módico heresiarca, la acción de poner en debate si la Ley de Dios se pueda violar o acatar, según los votos fluctuantes, sea una acción saludable, prueba lo que ya sabíamos. Que se trata de un reverendo felón, de un cobarde sin atenuantes, de un ignorante culposo y de un pastor insensato que se pastorea a sí mismo. Como el Focito que imaginara Hugo Wast o el Panchamplas de Castellani, sólo le rinde culto a la deidad monstruosa del demos pero no al Dios Uno y Trino.


         A grupas de Poli, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, acaba de sacar un nuevo comunicado –hoy, jueves 9 de agosto, mientras escribimos estas líneas- titulado nuevamente “Vale toda Vida”, para refocilarse con la constatación de que “el diálogo ecuménico e interreligioso ha crecido en este tiempo”; aclarando que han “participado del debate sin considerar enemigos a quienes pensaran distintos”. Lo cual también es cierto. Y ratifica vergonzosamente la prueba de que para estos turiferarios del Régimen, quienes son servidores del Mundo, del Demonio y de la Carne, ya no deben considerarse enemigos, como fue siempre enseñanza de la Iglesia, sino amables contertulios en la amplia y frondosa mesa del sistema liberal.


         Bergoglio escuchará sus deseos y les modificará en breve el Catecismo; y en adelante todo católico que tenga por enemigos públicos de la Cruz a quienes así desembozadamente se exhiben, del modo más agresivo e infernal, será tenido por un pecador contra el Undécimo Mandamiento: Amar el diálogo ecuménico por sobre todas las cosas.


         Para que este breve y provisorio análisis sea justo, dos cosas más necesitamos decir. Y a ambas le atribuimos especial importancia.


         La primera es que no se nos escapa la cantidad y calidad de bienes concretos que han desplegado en estos dos largos meses de campaña los llamados sectores providistas. Siempre que marcamos matices diferenciadores con ellos, nos preocupamos simultáneamente por dejar a salvo la bondad de sus intenciones y el sacrificio de sus conductas. Tememos incurrir en omisiones si intentáramos una lista de esos bienes y bienhechores. Pero ayer, en las calles de Buenos Aires, bajo un clima espantoso, pudimos constatar con gozo ese espíritu y aún ese cuerpo.


         Curas, laicos, chiquillos, críos, familias, profesionales, jóvenes, adultos, gauchos, malvineros, provincianos curtidos, trinitarios fieles, parroquias, instituciones, colegios. La más amplia y lícita diversidad de los sectores sociales se hizo presente. A pesar del aparato oficial abortero y de las poderosas usinas internacionales que lo sostienen. A pesar de la promoción  coactiva del crimen, de la contranatura y del satanismo. A pesar de los mil pesares, se hicieron presente, para defender el sentido común: hay vida humana inocente dentro de un vientre materno fecundado por un padre. Nadie puede segarla sin ser llamado asesino.


         Este esplendor del sentido común, acompañado del despliegue de una devoción religiosa tan simple cuanto robusta, es, a nuestro juicio, la única victoria profunda y seria y esperanzadora que se puede apuntar como tal. Que no es de poca monta. El triunfo no es que no fue ley lo que podrá serlo mañana, cuando los malditos y fluctuantes votos, cambién de urnas. El triunfo no es que el aborto no haya sido legalizado, porque acabará por serlo, de un modo velado o frontalmente. El triunfo no es, insistimos, que se participó y se ganó; porque participar de las reglas de juego del burdel es decirle a las madamas y a los proxenetas que sus actividades son respetables.


         El triunfo es que toda la inmundicia partidocrática, la fetidez democrática y la nauseabunda marea feminista –impuestas coactivamente desde las redes sociales, con el empuje principal de la intelligentzia judaica- no hayan logrado extirpar por completo los vestigios de la sensatez y de la piedad. Esos vestigios deben ser alimentados y en lo posible acrecentados, con un gran esfuerzo pedagógico y apologético sostenido y solvente. De lo contrario, la ya extendida marea de la putrefacción ideológica acabará imponiéndose aún sobre estos vestigios o huellas de genuina salud nacional.


         Y llegamos a lo segundo y postrero por decir, al menos en este apunte redactado a tambor batiente. Hablamos de la perentoriedad y de la urgencia de un gran esfuerzo pedagógico y apologético sostenido y solvente. La experiencia nos dice que da frutos abundantes y benditos; y que si no hubiera modo de faltar a la modestia al enunciarlos, este sería el momento de pormenorizarlos al proverbial son del Non nobis. Del mismo modo, si no hubiera modo de quebrar la discreción al decirlo, este sería también el momento para narrar las peripecias y las cruces que tal tarea nos significó.


         Dimos la cara. Pusimos siempre nuestros nombres y apellidos. No nos quedamos de brazos cruzados detrás de ninguna pantalla, pues ni siquiera existían cuando nos lanzamos al ruedo. Fuimos y vinimos sin descansos por todas partes, llevando la luz heredada de los maestros. Lo perdimos todo. Nos reservamos nada. Nos gastamos y desgastamos. Y seguimos en batalla, malheridos, casi lisiados. Viejos, ¡vaya desdoro en tiempos de efebías quirúrgicas!


         Quienes desde hace cuatro décadas largas venimos intentando cooperar con esta iniciativa testimonial y docente, dejando en el camino jirones del propio cuero, somos acusados –no más que por un grupúsculo de anónimos y cobardes escribientes, es cierto- de inmovilistas o de abstencionistas por los recientes descubridores de la pólvora de las movilizaciones callejeras o políticas. Si fuera por ellos tendríamos que estar afiliándonos en masa a algún partido providista, que sin duda ya se le ocurrirá a algunos formar.


         Buscarán insensatamente la legitimación democrática, que es la única que no nos sirve. Porque si sentamos el precedente de que está bien festejar y aceptar que el aborto no es ley por siete votos en contra del mismo, mañana habrá que aceptar sumisos lo contrario, si esos siete o setecientos mil votos revierten su destinatario. La razón del número es siempre la más enclenque, la más fluctuante, la más fugaz y tornadiza.


         No somos inmovilistas ni abstencionistas, quede dicho. Y aunque se escandalicen los timoratos, les sobrevenga algún soponcio a los burgueses y nos censuren los flojos de tabas, seguiremos diciendo que si hay guerra – y la hay- más quisiéramos poder imitar el ejemplo de Godofredo de Bouillón que el de los rockeros evangelistas, el de los católicos ghandianos o el de los partidócratas del toda vida vale.


         No hay bravata alguna en este anhelo bélico que manifestamos. Porque no nos estamos proponiendo como modelo de una capacidad que no tenemos, sino como predicadotres de un deber ser paradigmático, al que nunca se debe renunciar. Mucho más que lo que el hombre ha sido, lo que el hombre ha querido ser, da la pauta de lo que el hombre es. Y lo que el hombre ha querido ser ya no es lo mismo, si ese querer ser lo marcan los demócratas que los Caballeros Cruzados.


Antonio Caponnetto



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

miércoles, 8 de agosto de 2018

Orden Natural y Aborto – Waldemar Nicolás Garro




     La mujer por naturaleza tiene la facultad fisiológica de darle en su vientre materno todos los cuidados necesarios para el correcto desarrollo al niño que está por nacer. Todo ser humano desde la concepción empieza un proceso de formación fisiológico continuo (continuo porque la única aportación genética se recibe en el momento de la concepción y se mantiene hasta el día de su muerte no ninguna nueva aportación genética), que prosigue hasta después del nacimiento. Por ende, los que inventan las falsas distinciones entre feto y embrión arguyendo que al embrión inicial le falta desarrollo, deberían saber que hasta después del nacimiento el ser humano sigue el proceso formación continuo hasta los 18 años. Recién a los siete años se instalan las conexiones cerebrales del razonamiento; a los quince la maquinaria químico-eléctrica alcanza su pleno funcionamiento.

     Por lo tanto matar un embrión por falta de desarrollo, también podría asesinar a un joven a los 17 años y 11 meses por la misma razón.

     Además la madre también experimenta un importante cambio, tanto físico como psíquico debido a las hormonas gestacionales, produciendo cambios como por ejemplo en la capa interina del útero. Terminar con este desarrollo (terminar, no interrumpir, el proceso no se vuelve a reanudar), tiene consecuencias físicas gravísimas tanto para la mujer como para el niño.

     Esta es la naturaleza del ser humano, este proceso es necesario en cada uno de nosotros. Esto es ORDEN NATURAL. No respetar este orden es ir en contra de la naturaleza misma. Los partidarios de la muerte deben saber que su enojo es con la naturaleza.

     La Iglesia Católica defiende la vida por Orden Natural, no porque fuese un dogma o una idea, sino porque Dios mismo dejó impregnada su Santa Voluntad en las cosas creadas, por esa razón la Iglesia respeta esta naturaleza.

     Pero el conocimiento de la existencia de este Orden no tiene origen en la cultura y civilización cristiana, sino mucho tiempo antes que la Encarnación de Cristo. Los pueblos de la antigüedad participaban de la convicción de que existe un orden natural y que es el principio de regulación de los actos humanos, puede verse la Antífona de Sófocles, heroína del derecho natural, hay leyes de origen divino que deben ser respetadas por los gobernantes. Homero, Cicerón y hasta el código de Hammurabi (1700 aC), entre tantos otros, reconocían la presencia de esta verdad natural.

     Las normas de derecho positivo, es decir aquellas que no pueden ser deducidas de la naturaleza humana, como por ejemplo de qué lado de la calle debe conducir un automóvil, también es necesaria y se complementan mutuamente con la ley natural por ende resulta que la ley positiva debe ser fundada en esta ley natural, caso contrario daría inicio a lo que conocemos como injusticia.

     Gracias al ejercicio de la razón, el hombre puede descubrir con certeza que posee ciertas tendencias naturales que brotan dentro de su ser, por ejemplo vivir en sociedad, usar bienes materiales, proteger y conservar la vida. El respeto a estas inclinaciones naturales es indispensable para alcanzar la felicidad o perfección personal. De aquí se desprende los diversos derechos esenciales de la persona humana. Y evidentemente estos derechos poseen una jerarquía, si no hay vida (derecho primero) es imposible, por ejemplo, tener libre disposición de bienes.

     Es importante destacar que estos derechos naturales poseen las siguientes características:

-         Es universal. Rige a todos los hombres ya que poseen la misma naturaleza.
-         Es cognoscible. Es alcanzable por el conocimiento del hombre.
-         Es inmutable. Más allá de los contextos y culturas, siempre las leyes positivas deben subordinarse a la ley natural. De no ser así deben ser abolidas, ya que la ley natural perdura siempre.

     A comienzos de marzo del 2018 el presidente de la República Argentina llamó a un “debate maduro y responsable” sobre la legalización del aborto, a pesar de haber declarado en el 2016: “Defiendo la vida desde la concepción hasta la muerte”. La vida desde la concepción, como bien se postuló en el presente artículo, es una verdad natural que no puede entrar en discusión. Es querer debatir si el fuego quema o la lluvia moja. Para la ciencia no hay margen a la duda, hay vida desde la concepción. Razón por la cual el presidente de Uruguay en su anterior gestión, médico y declarado agnóstico, vetó la ley que legalizaba el aborto en su país ya que no es un “acto médico” y optó por “salvar las dos vidas”.

     Para todo profesional de la salud, vida humana, ser humano y persona es lo mismo. No hay distinción, es un ser que ha llegado al mundo en un instante determinado. La distinción de estos términos no tiene lugar en la biología. Por lo tanto, los médicos y científicos a favor del aborto, son conscientes de la eliminación de una nueva vida. Podría destacarse el caso del judío Alberto Kornblith, biólogo argentino, que en su última exposición en el Senado reconoció que hay vida desde la concepción pero también que “la mujer tiene que tener la opción y derecho a interrumpir el embarazo prematuramente de lo contrario se convierten en esclava de su embrión”. Al parecer sus razones para eliminar una nueva vida si son “convicciones religiosas o filosóficas” más que naturales.

     La misma Academia Nacional de Medicina ha realizado su declaración reconociendo “Que el niño por nacer, científica y biológicamente es un ser humano” (https://www.acamedbai.org.ar/declaraciones/02.php).

     La ideología liberal y progresista emboscada de expresiones tan ambiguas como “derecho a decidir” propone de manera clara el exterminio masivo de niños como un “derecho fundamental”.

     La autonomía de la voluntad y una libertad de conciencia desarraigada han llevado a negar el concepto mismo de naturaleza. Promover esta ley es ir en contra la justicia, es traicionar a la misma Patria, es aceptar la mentira en lugar de la Verdad. Tristemente atravesamos el momento de decadencia moral más grande de toda la historia, donde la madre quiere matar a su propio hijo. Está en nosotros y con la ayuda de Nuestra Señora de Luján, patrona de estas tierras, impedirlo.

Waldemar Nicolás Garro


Nacionalismo Católico San Juan Bautista