San Juan Bautista

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sábado, 12 de agosto de 2017

La democracia como religión - Vladimir Volkoff

 
La democracia que fue, recordémoslo, un modo entre otros de designación de gobernantes se nos presenta hoy como una suerte de religión o incluso, una religión de las religiones.


   Y tiene de la religión lo esencial: la pretensión de monopolizar la verdad.
   En las religiones, se comprende. Sin necesariamente tener la ambición de exterminar a todos los que no son cristianos, o a todos los que no practican la religión cristiana exactamente como nosotros (por más que tampoco nos privamos demasiado de esto a lo largo de los siglos), nosotros los cristianos, creemos que Dios es trino, que Jesús de Nazareth era el Hijo de Dios, que eso es la verdad y que, por consiguiente, todos aquellos que piensan lo contrario están equivocados. (Creemos esto allí donde se supone que deberíamos creerlo: si repudiamos esta creencia, ya no somos cristianos).
  Por su parte, los musulmanes creen que no hay más Dios que Dios, que nunca tuvo un hijo y que Mahoma es su profeta. Si los cristianos tienen razón, los musulmanes se equivocan, y viceversa. Hay que agregar que los musulmanes tienen el deber, ellos, de pasar a degüello a los infieles mientras que nosotros habitualmente no lo hacemos sino por exceso de celo, aunque el principio es el mismo: sí, ellos presumen tener el monopolio de la verdad y nosotros... también.
  Si, como lo afirman algunos en los días que corren, todas las religiones valen por igual, es que no son religiones.
   Esta monopolización, en política, de la verdad, justificada o no, se comprende menos: un mínimo de esta tolerancia tan declamada por los partidarios de la democracia alcanzaría para que se admita que los distintos procedimientos para elegir gobernantes son igualmente estimables, sobre todo si se tiene en cuenta la geografía y la historia. Pero allí es donde la democracia moderna desnuda sus pretensiones de alcanzar el status de religión: ya no es más un sistema de designación de gobernantes, ahora es un cuerpo de doctrina infalible y obligatoria, y tiene un catecismo: los derechos del hombre, y fuera de los derechos del hombre, no hay salvación.

   La democracia moderna tiene otras notas indispensables de cualquier religión:

   Un paraíso: los países democráticamente liberales, con, preferentemente, una legislación anglosajona.
   Un purgatorio: las dictaduras de izquierda.
   Un infierno: las dictaduras sedicentemente de derechas.
   Un clero regular: los intelectuales encargados de adaptar las tesis marxistas a las sociedades liberales.
   Un clero secular: los periodistas encargados de distribuir esta doctrina.
   Oficios religiosos: los grandes programas de televisión.
   Un index tácito que prohíbe tomar conocimiento de cualquier obra cuya inspiración fuera reprensible. Este índice resulta admirablemente eficaz bajo la forma de conspiración del silencio mediático aunque a veces se lo utiliza de modo aún más draconiano: si bien todavía no van a parar a la hoguera, algunos libros juzgados deficientes desde el punto de vista democrático son retirados de las bibliotecas escolares como sucedió en Saint-Ouen-L'Aumône .
   Una inquisición. Nadie tiene el derecho de expresarse si no está en la línea recta de la religión democrática y, si con todo llega a hacerlo, pagará las consecuencias: a este respecto resulta ejemplar el linchamiento mediático al que se lo sometió en Francia a Régis Debray (al cual nadie sospecharía de no ser demócrata) porque puso en duda la legitimidad de los crímenes de guerra cometidos por la NATO en 1999 en territorio de Yugoeslavia.
   Congregaciones de la propaganda de la fe: las oficinas de desinformación, autodenominadas de «comunicación» o de «relaciones públicas».
   Misas dominicales y obispos que utilizan diversos escudos protectores emprestados a las diversas O.N.G. o a la O.N.U.
   Indulgencias varias, generalmente otorgadas a viejos comunistas.
   Una legislación penal y tribunales encargados de castigar a quienquiera se atreva a poner en duda la versión oficial de la historia.
   E incluso tropas encargadas de evangelizar a los no-demócratas «por el hierro y por el fuego»: lo hemos visto claramente cuando vimos a diecinueve naciones democráticas bombardear a un país soberano con el que no estaban en guerra.
   Hoy, una frase tal como «En el nombre de los derechos del hombre» se va extendiendo tal como «En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» se extendió durante siglos. Quizás rescatamos el sentido de lo sagrado, pero no creo que sea un sagrado de buena ley.


Vladimir Volkoff: Por qué soy medianamente democrático; extracto del Capítulo VIII Porque se querría convertirla en una religión...

Trabajo completo: Aquí

 Enviado por Santiago Mondino


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jueves, 10 de agosto de 2017

Protocolos de los Sabios de Sión - La masacre de los corderos – Henry Makow


  

“Los goyim son un rebaño de ovejas, y nosotros somos sus lobos.
¿Y sabes qué pasa cuando los lobos se apoderan del rebaño?”

 


La tiranía en su lugar

La evidencia está en todas partes. El globalismo es su “Superestado”

Pero se prohíbe mencionar los Protocolos en ambientes “educados”.


  Esta es la segunda parte de una sinopsis de los protocolos de los Sabios de Sión. Introducción y la primera parte están aquí.

  Los Protocolos de Zion son lectura obligatoria para cualquier persona desee entender el mundo en el cual vivimos. Ellos exhiben un odio patológico hacia los no-judíos, y el deseo de someterlos y explotarlos. Los Protocolos eran parte de una “iniciación” para los judíos masones de grado 33. La mayoría de los judíos no son conscientes de esta agenda, por lo tanto, son fácilmente manipulados. “El antisemitismo nos resulta indispensable para el manejo de nuestros hermanos menores”. (Protocolo 9)



  Protocolos 5 - El control sobre la libertad personal como en los Estados Comunistas.
  El autor afirma que el despotismo es necesario para el mundo que está creando, “donde los sentimientos hacia la fe y la comunidad son borrados por convicciones cosmopolitas”.                       

  La siguiente es la razón detrás del comunismo y la guerra contra el terrorismo. “Crearemos una centralización intensificada del gobierno para poder tener en nuestras manos todas las fuerzas de la comunidad. Regularemos mecánicamente todas las acciones de la vida política de nuestros súbditos con nuevas leyes. Estas leyes retirarán una por una todos las permisos y libertades que han sido concedidos por los goyim, y nuestro reino se distinguirá por un despotismo de proporciones tan magníficas como para estar en cualquier momento y en todo lugar en condiciones de borrar a cualquier goyim que se oponga a nosotros ya sea de hecho o de palabra”        

  La unión de los goyim podría haber frustrado a los Illuminati, pero “hemos puesto unos contra otros los odios personales y nacionales de los goyim, religiosos y de raza, cuyo crecimiento hemos fomentado enormemente en el transcurso de los últimos veinte siglos... Somos demasiado fuertes, no hay como evadir nuestro poder. Las naciones no pueden llegar ni siquiera a un acuerdo privado insignificante sin que secretamente tengamos nuestra mano en él”.

  “Por medio mío reinan las naciones, y fue dicho por los profetas que fuimos elegidos por Dios mismo para gobernar toda la tierra ... Las ruedas de la maquinaria de todos los Estados se mueven por la fuerza del motor que está nuestras manos, y ese motor es... el oro. El capital ...debe ser libre de establecer un monopolio de la industria y el comercio: esto ya está siendo puesto en ejecución por una mano invisible en todos los rincones del mundo”.

  “El objetivo principal de nuestro direccionamiento es... rebajar la mentalidad pública ...alejarla de una reflexión seria que pueda suscitar resistencia; para distraer las fuerzas de la mentalidad hacia una falsa lucha de vacía elocuencia”. “Asumiremos la fisonomía liberal de todos los partidos, de todas las direcciones, y daremos a esa fisonomía una voz en oradores que hablarán tanto que agotarán la paciencia de sus oyentes ...”   

             

Protocolos 6 - Amamos al proletariado tanto que queremos que todos los goyim se les unan.

 

  Estamos creando “enormes monopolios” sobre los cuales, incluso las grandes fortunas de los goyim son dependientes, de modo que se “hundirán juntos con el crédito de los Estados, el día siguiente del golpe político...”

  “De todas las maneras posibles debemos desarrollar el significado de nuestro Super Gobierno presentándolo como Protector y Benefactor de todos aquellos que voluntariamente se sometan a nosotros”. “Queremos que la industria exprima de la tierra tanto al trabajo como al capital y por medio de la especulación, transfiera a nuestras manos todo el dinero del mundo y, por consiguiente, arroje todos los goyim a las filas del proletariado. Entonces los goyim se inclinarán ante nosotros, sin ninguna otra razón más que para obtener el derecho a existir”. 

  Comunismo. “Con el propósito que el verdadero significado de las cosas no les llegue a los goyim antes del tiempo apropiado, lo enmascararemos bajo un supuesto ardiente deseo de servir a las clases trabajadoras...”              

      

  Protocolo 7 – “Controlamos la prensa” (y esto fue escrito hace 115 años o más)




  “El aumento de las fuerzas policiales [es] esencial... Además de nosotros mismos, sólo deberían existir, las masas del proletariado, unos pocos millonarios dedicados a nuestros intereses, la policía y soldados...”

  “Debemos obligar al gobierno de los goyim a caer con nuestro plan, que ya se aproxima a la consumación deseada, al exigirles que obedezcan la opinión pública que controlamos a través de ese gran poder que ya está en nuestras manos, la Prensa”.

  “En una palabra, para resumir nuestro sistema de control del gobierno de los goyim en Europa, mostraremos nuestra fuerza a alguno de ellos con atentados terroristas, y luego a todos, y si permitiésemos la posibilidad de un levantamiento general contra nosotros, responderemos con las armas de América, China o Japón”. 
    
  Protocolo 8 - Utilizar chantajistas para dar la cara.

 

 Por un tiempo, hasta que ya no haya riesgo de confiar puestos de responsabilidad en nuestros Estados a nuestros hermanos judíos, los pondremos en manos de personas cuyo pasado y reputación son tales que... si desobedecen nuestras instrucciones, deben enfrentar cargos criminales o desaparecer - esto para hacerlos defender nuestros intereses hasta su último esfuerzo”. 



Protocolo 9  

  “De hecho, ya hemos aniquilado todo tipo de reglas excepto las nuestras... Hoy en día, si algún Estado levanta una protesta contra nosotros, sólo es de acuerdo con nuestro acuerdo y bajo nuestra dirección, porque su antisemitismo es indispensable para nosotros en el manejo de nuestros hermanos menores”.

  “De nosotros proviene el terror que todo lo arruina. Tenemos en nuestro servicio a personas de todas las opiniones, de todas las doctrinas, monarquistas, demagogos, socialistas, comunistas y soñadores utópicos de todo tipo. Cada uno de ellos está socavando los últimos restos de la autoridad, se esfuerza por derrocar todas las formas establecidas de orden ...No les daremos paz hasta que [todos los Estados] reconozcan abiertamente nuestro Supergobierno internacional, y con sumisión”.                        

  “Para llevar a cabo una lucha política, se debe tener dinero, y todo el dinero está en nuestras manos”. Hemos tomado el control de las “instituciones de los goyim” usando la “licencia caótica del liberalismo”. “Hemos entrado en la administración de la ley, en la conducción de las elecciones, en la prensa, en la libertad de la persona, pero principalmente en la educación y la formación como piedra angular de una existencia libre”. 

   “Hemos engañado, aturdido y corrompido a la juventud de los goyim al criarlos en principios y teorías que sabemos que son falsos, pero que han sido inculcados por nosotros”.



Protocolo 10 – “Destruir a la familia”. “Dejar exhausta a la humanidad con discordia y corrupción”.

 

  “¿Cómo podrán los goyim hacer para percibir el significado subyacente de las cosas cuando sus representantes dan lo mejor de sus energías solo para divertirse?” 

  “Inculcando en todos, un sentido de individualismo, destruiremos entre los goyim la importancia de la familia y su valor educativo y eliminaremos la posibilidad de que las mentalidades individuales actúen separándose, porque la multitud manejada por nosotros no los dejará llegar al frente, ni siquiera les permitirá tener audiencia; solo se escuchará, a quién nos demuestren obediencia”.                       

  “De esta manera, crearemos una fuerza ciega y poderosa que nunca estará en condiciones de moverse en ninguna dirección sin la guía de nuestros agentes... La gente se someterá a este régimen porque sabrá que de estos líderes dependeran sus ganancias, gratificación y la recepción de todo tipo de beneficios”. 

  “Cuando introdujimos en el organismo del Estado el veneno del liberalismo, toda su estructura política sufrió un cambio: los Estados han conseguido tener una enfermedad mortal que envenena la sangre. Todo lo que les queda es esperar el fin de su mortal agonía. El liberalismo produjo Estados constitucionales que tomaron el lugar de lo que era la única herramienta para defenderse de los goyim, es decir, el Despotismo…

  ...Entonces fue que la era de las repúblicas se pudo realizar; y luego reemplazamos al gobernante por la caricatura de un gobierno, por un presidente tomado de la turba, de entre nuestros títeres, nuestros esclavos. Este es el fundamento de la mina que hemos puesto bajo los pueblos goy”.    

                   

   “El reconocimiento de nuestro déspotismo... vendrá cuando los pueblos, completamente cansados por las irregularidades y la incompetencia de sus gobernantes (una cuestión de la que vamos a encargarnos), clamarán: abajo con ellos y dennos un rey sobre toda La tierra que nos unirá y aniquilará las causas de las discordias, las fronteras, nacionalidades, religiones, deudas de Estado, y que nos dará paz y tranquilidad que no podemos encontrar bajo nuestros gobernantes y representantes”.

  De este modo, debemos “agotar completamente la humanidad con disensión, odio, lucha, envidia e incluso usar la tortura, el hambre, la inoculación de enfermedades y la carestía, para que los goyim no vean otro camino más que refugiarse en nuestra completa soberanía del Dinero y en todo lo demás. Pero si damos a las naciones del mundo un espacio para respirar, el momento que anhelamos es poco probable que llegue”. 

                 

Protocolo 11 - La masonería es un instrumento de dominación judía.

 

  “Con estas combinaciones, me refiero a la libertad de prensa, el derecho de asociación, la libertad de la ciencia, el derecho al voto, y muchos otros que deben desaparecer para siempre de la memoria del hombre...” “Los goyim son un rebaño de ovejas, y nosotros somos sus lobos. Y ¿sabes qué pasa cuando los lobos se apoderan del rebaño? 

  “...seguiremos prometiéndoles que les devolveremos todas las libertades que hemos tomado tan pronto como hayamos reprimido a los enemigos de la paz y sujetado a todos los partidos... No tiene importancia discutir cuánto tiempo se mantendrán esperando el regreso de sus libertades... “Este programa está diseñado para ganar para los judíos de una manera indirecta, lo que no es posible de otra manera. Estas han sido las bases para que nuestra organización secreta, la Masonería, tengan un motivo insospechado para atraer al "ganado goy" a las logias”. “Dios nos ha concedido a nosotros, Su Pueblo Elegido, el don de la dispersión que nos ha llevado en estos momentos, a los umbrales de la soberanía sobre todo el mundo”. 






Traducción: A.T.



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domingo, 6 de agosto de 2017

Celo bien ordenado (Repost) - Catalina SCJ


  El celo santo por la gloria de Dios, es virtud; dejarse llevar de un celo desordenado puede desembocar en ira y eso no estaría bien, y no agradaría a Dios. A veces nos sentimos interiormente interpelados y nos decimos: ¿Seremos justos y equitativos a la hora de expresar nuestro descontento por lo que acontece en la Iglesia, o no nos dejaremos llevar de forma inconsciente de un celo desmedido?

  Esto lo digo porque en algunos comentarios se percibe cierta preocupación, para no traspasar el límite debido, a fin de que la corrección produzca frutos. Para que la denuncia del mal sea eficaz debe hacerse no solo con verdad, sino con caridad y con templanza.

  En este blog, no me cabe duda que tanto los que escriben los artículos como los que hacen los comentarios buscan la verdad, “porque el amor de Cristo los apremia” (2Cor 5,14). Pues bien, si alguien tiene alguna duda o escrúpulo de conciencia, conviene saber que, los que viven en “la verdad de Jesús” (Ef 4,21) tienen la obligación moral de combatir el error. Y éste se combate, poniendo en alto “la Luz verdadera que ilumina a todo hombre, cuando viene a este mundo. Pero los hombres aman más las tinieblas que la luz porque sus obras son malas. Pues todo el que obra el mal odia la luz y no se acerca a ella, para que nadie censure sus obras” (Jn 1,9.10).

  Para alzar la voz en defensa de Jesucristo y de “la sana doctrina según el Evangelio de la gloria de Dios” (1Tim 1,10.11), hay que tener “virtud y valor” (Flp4,8) porque es difícil decir la verdad a una multitud de gente que vive en la mentira. En ellos se “cumple la profecía de Isaías: Oír oiréis, pero no entenderéis; mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos y han cerrado sus ojos. “¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!”. (Mt 13,14-16).

  Hablando del celo santo, hoy día, más escaso que el oro de Ofir, quiero recordar a Moisés y a Elías, en ambos se da el celo y la ira, pero dejaré de lado la ira, cosa natural a la flaqueza humana; para centrarme en lo que nos ocupa, que es, dónde está el límite entre el celo ordenado y el desordenado.

  Es fácil perder la compostura ante tantos hechos lamentables. De ahí la lucha entre “el hombre viejo nacido del pecado, y el hombre nuevo” Col 39.10) “revestido de Cristo” (Gál 3,27).

  San Pablo, que conoce por propia experiencia lo que sucede dentro del mismo hombre, dice: “Yo sé que nada bueno hay en mí, es decir, en mi carne; puesto que no hago el bien que quiero sino que obro el mal que no quiero” (Rom 7,18.19). Creo que con decir la verdad, es suficiente, y no hace falta añadir más, pues la verdad hiere, y califica a los que viven en la mentira. 

  Volvamos nuestros ojos a la Palabra de Dios, fuente de vida y santidad, y detengámonos “en Moisés, a quien el Señor hablaba cara a cara, como habla un hombre con su amigo” (Ex 33,11).  Moisés subió al monte Sinaí y allí permaneció durante mucho tiempo en oración y en ayuno. “El pueblo, al ver que Moisés tardaba en bajar, dijo a Aarón: Anda haznos un dios que nos guíe” (Ex 32,1). Al contemplar el becerro de oro, los gritos de júbilo y las algarabías se oyeron por todo el campamento. “El Señor dijo a Moisés. ¡Anda baja! Porque se ha pervertido tu pueblo el que sacaste del país de Egipto. Moisés se volvió y bajó del monte con las dos tablas de la Ley. Las tablas eran obra de Dios y la escritura, era escritura de Dios grabada en las tablas y las hizo añicos al pie del monte. Luego tomó el becerro que habían hecho y lo quemó”  (Ex 32,7.15.16.19.20). Moisés al ver cómo el corazón de este pueblo se había prostituido adorando a un dios falso, sintió celo por la gloria de Dios, rompió las tablas y destruyó al becerro.


  Elías era un profeta del Altísimo “su palabra ardía como fuego, quemaba como antorcha” (Eclo 48,1). En tiempos de Elías, como también sucede hoy, proliferan los falsos profetas, que dicen a los hombres aquello que quieren oír, que les agrada y que acaricia sus oídos. Elías como cualquier buen profeta habla en nombre de Dios, y denuncia aquellas cosas que están mal y que algunos, no quieren ver ni oír.  


 “Elías se acercó a la gente y les dijo: ¿Hasta cuándo vais a estar cojeando sobre dos muletas? Si el Señor es vuestro Dios, seguidlo; si es Baal, seguidlo a él. Los profetas de Baal eran cuatrocientos cincuenta, y Elías estaba sólo, tuvo miedo y huyó para poner a salvo su vida. Llegó al monte de Dios el Horeb. Allí se introdujo en una cueva. El Señor le dijo: ¿Qué haces aquí Elías? Él respondió: Ardo en celo por el Señor mi Dios, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derribado tus altares y han pasado a espada a tus profetas. Solo quedo yo y tratan de quitarme la vida. Él le dijo: sal y permanece de pie ante el Señor.  Entonces hubo un huracán tan violento que hendían las montañas y quebraba las rocas a su paso.   Pero en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán un terremoto. Pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto, fuego. Pero en el fuego no estaba el Señor. Después del fuego vino el susurro de una brisa suave que rozó su frente, al oírla, Elías se tapó el rostro con el manto, porque allí sí estaba Dios. Le llegó una voz que le dijo: ¿Qué haces aquí Elías?  Y él respondió: Ardo en celo por el Señor mi Dios” (1R 18,20.22.19,3.9.11-14).

  Estos pasajes bíblicos, son sublimes, y profundos; y tienen tanta luz y claridad, que no necesitan ninguna explicación.

  Moisés como Elías trataron de acercar las gentes a su Dios. “Moisés se plantó a la puerta del campamento y exclamó: ¡A mí los del Señor!, y se le unieron todos los hijos de Leví” (Ex 32,26) Y Elías dijo: “Si el Señor es vuestro Dios seguidlo (1 Re 18,21).  Haciéndoles ver que aquellos que no están con el Señor están contra Él. En este camino, no hay un término medio, o se está con Cristo, o contra Cristo. “Pues el que no está conmigo, está contra Mí; y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mt 12,30). 

Catalina SCJ




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jueves, 3 de agosto de 2017

La compra de la República – Giovanni Papini





Nueva York, 22 de marzo.

  En este mes he comprado una República. Capricho costoso que no tendrá continuaciones. Era un deseo que tenía desde hace mucho tiempo y del que he querido librarme. Me imaginaba que eso de ser el amo de un país daba más gusto.

  La ocasión era buena y el negocio quedó concluido en pocos días. Al presidente le llegaba el agua hasta el cuello: su ministerio, compuesto por paniaguados1 suyos, estaba en peligro. Las arcas de la República estaban vacías; imponer nuevos impuestos hubiera sido la señal para el derrocamiento de todo el clan que asumía el poder, tal vez de una revolución. Ya había un general que armaba bandas de rebeldes y prometía cargos y empleos al primero que llegaba.

  Un agente norteamericano que estaba allí me advirtió. El ministro de Hacienda corrió a Nueva York: en cuatro días nos pusimos de acuerdo. Anticipé algunos millones de dólares a la República y además asigné al presidente, a todos los ministros y a sus secretarios unos estipendios dobles que los que recibían del Estado. Me han dado en prenda -sin que lo sepa el pueblo- las aduanas y los monopolios. Además, el presidente y los ministros han firmado un convenio secreto que, prácticamente, me da el control sobre toda la vida de la República. Aunque yo parezca, cuando voy allí, un simple huésped de paso, soy, en realidad, el amo casi absoluto del país. En estos días he tenido que dar una nueva subvención, bastante fuerte, para la renovación del material del ejército y me he asegurado, a cambio de ello, nuevos privilegios.

  El espectáculo, para mí, es bastante divertido. Las cámaras continúan legislando, en apariencia libremente; los ciudadanos siguen imaginándose que la República es autónoma e independiente y que de su voluntad depende el curso de los acontecimientos. No saben que todo lo que ellos creen poseer -vida, bienes, derechos civiles- penden, en última instancia, de un extranjero desconocido para ellos, es decir, de mí.

  Mañana puedo ordenar la clausura del Parlamento, una reforma de la Constitución, el aumento de las tarifas de aduanas, la expulsión de los inmigrantes. Podría, si quisiese, revelar los acuerdos secretos de la camarilla ahora dominante y derribar con ello al Gobierno, desde el presidente hasta el último secretario. No me sería imposible empujar al país que tengo en mis manos a declarar la guerra a una de las repúblicas limítrofes.

  Este poder oculto, pero ilimitado, me ha hecho pasar algunas horas agradables. Sufrir todas las molestias y servidumbre de la comedia política es una fatiga tremenda; pero ser el titiritero que, tras el telón, puede solazarse tirando de los hilos de los fantoches obedientes a sus movimientos es un oficio voluptuoso. Mi desprecio por los hombres encuentra aquí un sabroso alimento y miles de confirmaciones.

  Yo no soy más que el rey de incógnito de una pequeña República en desorden, pero la facilidad con que he conseguido adueñármela y el evidente interés de todos los enterados en conservar el secreto, me hace pensar que otras naciones, y bastante más grandes e importantes que mi República, viven, sin darse cuenta, bajo una análoga dependencia de misteriosos soberanos extranjeros. Siendo necesario mucho más dinero para su adquisición, se tratará, en vez de un solo dueño, como en mi caso, de un trust, de un sindicato de negocios, de un grupo restringido de capitalistas o de banqueros.

  Pero tengo fundadas sospechas de que otros países son efectivamente gobernados por pequeños comités de reyes invisibles, conocidos solamente por sus hombres de confianza, que continúan representando con naturalidad el papel de jefes legítimos.


FIN


1.Paniaguado: El que está protegido por una persona y es excesivamente favorecido por ella
(Capítulo de la novela Gog)

Visto en: Ciudad Seva

Enviado por Santiago Mondino



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jueves, 27 de julio de 2017

La postura católica hacia los judíos


  Nota de NCSJB: A pesar de las reiteradas acusaciones de antisemitismo, es necesario remitirnos además de los hechos innegables en la historia, al Magisterio Tradicional de la Iglesia respecto de los judíos, a fin de poder prevenirnos de quienes como ellos mismos confiesan, tienen a Cristo y a sus seguidores como principales enemigos a destruir.
  Las terribles blasfemias de su código "sagrado", el Talmud,  hacia Cristo y su Santísima Madre, confirman la perversidad y el cuidado que los cristianos deben tener con éste pueblo deicida que lleva consigo el un germen de destrucción inigualable entre los pueblos de la Tierra. Lejos de promover odio hacia ellos, y pensando en sus almas inmortales, pedimos por su conversión, sin dejar de ser precavidos ante sus maquinaciones.
Augusto
  

LOS JUDÍOS SEGÚN LA DOCTRINA CRISTIANA por G. P. G.
(Extraído de Agencia FARO, 10/Abril/2009, Viernes Santo)


   Ya en el Nuevo Testamento, la doctrina cristiana sobre los judíos es muy clara. En cualquier caso, ningún católico puede creer nada que vaya contra el sentir unánime de los Santos Padres [1].

  Pues bien, todos los Padres de la Iglesia manifiestan unánimemente el mismo sentir respecto a los judíos. Veremos también que el Magisterio conciliar y pontificio reitera la misma enseñanza, como no podía ser de otra manera.

  Harían falta muchos libros para recopilar todo lo que los Padres dicen contra el pueblo deicida. Veamos sólo unos pocos de los textos más importantes.

  San Juan Crisóstomo, Padre y Doctor de la Iglesia, proclamado por San Pío X patrón de todos los predicadores católicos del mundo, es el más importante de los Padres Orientales; aparte de que a ningún judaizante actual le agradaría lo que San Juan dice en cada una de sus obras sin contradecirse, nos ha dejado nada menos que ocho extensas homilías contra los judíos. Veamos algunos fragmentos:

  “Siempre que el judío os dice a vosotros: fueron los hombres los que nos hicieron la guerra, fueron los hombres los que conspiraron contra nosotros; contestadles: los hombres no os hubieran hecho la guerra si Dios no lo hubiera permitido.”

   “Mi verdadera guerra es contra los judíos… los judíos han sido abandonados por Dios, y por el crimen de este Deicidio no hay expiación posible.” [2]
 
  “Pero ahora vosotros habéis eclipsado todas las maldades del pasado, pero de ningún modo dejasteis atrás el grado sumo del delito, mediante vuestra locura cometida contra Cristo. Por ello estáis ahora siendo castigados peor aún que en el pasado. Toda vez que, si ésa no es la causa de vuestra actual deshonra, ¿por qué motivo, aun siendo vosotros unos asesinos de niños, Dios se contentó con vosotros en otro tiempo y en cambio vuelve ahora la espalda a quienes llegan a tales atrevimientos? Verdaderamente está claro que os atrevisteis a un delito mucho mayor y peor que el infanticidio y que cualquier delito asesinando a Cristo”. [3]

  También entre los Padres Orientales nos encontramos con San Eusebio de Cesárea, a quien debemos gran parte de lo que conocemos sobre los cristianos delos primeros siglos. Martirizado el año 308, San Eusebio nos enseña cosas como la siguiente:

  “Se pueden oír los gemidos y lamentaciones de cada uno de los profetas, gimiendo y lamentándose característicamente por las calamidades que caerán sobre el Pueblo Judío a causa de su impiedad a Aquél que han abandonado. Cómo su reino … debería ser totalmente destruido después de su pecado contra Cristo; cómo la Ley de su Padre debería ser abrogada, ellos mismos privados de su antiguo culto, despojados de la independencia de sus antepasados y convertidos en esclavos de sus enemigos en vez de ser hombres libres. Cómo su metrópolis real debería ser arrasada por el fuego. Su santo altar experimentar las llamas y la extrema desolación, su ciudad no más tiempo habitada por sus antiguos poseedores, sino por razas de otro tronco, mientras ellos deberían ser dispersados entre los gentiles por el mundo entero sin tener nunca una esperanza de cesación alguna del mal o espacio para respirar de su congoja”.

  El mismo sentir es el que manifiestan el resto de Padres Orientales. Entre los Padres Occidentales, cabe citar, para no extenderse, a San Ambrosio de Milán y a San Jerónimo.

  A San Jerónimo debemos la Vulgata, texto canónico oficial de las Sagradas Escrituras [4]. Entre otras muchas cosas sobre los judíos (todas, sin excepción, en la misma dirección) él nos enseñó:

  “Esta maldición continúa hasta el día de hoy sobre los judíos, y la sangre del Señor no cesará de pesar sobre ellos”.

  San Ambrosio, aparte de ser el maestro de San Agustín [5], ha sido siempre considerado el modelo a seguir para todos los obispos católicos. Como él nos explica, la Sinagoga es: “una casa de impiedad, un receptáculo de maldades, que Dios mismo había condenado” [6].

  La Santa Madre Iglesia continuará siempre enseñando a sus hijos las mismas enseñanzas de doctrina apostólica que habían sido firmemente defendidas por los Santos Padres. Así nos adentramos en la esplendorosa Edad Media, con un doctor tan importante para los siglos venideros como San Bernardo de Claraval afirmando tajantemente: “Los judíos han sido dispersados por todo el mundo, para que mientras paguen la culpa de tan gran crimen, puedan ser testigos de nuestra Redención” [7].

  Las mismas enseñanzas van encontrarse en los grandes santos de la Edad Media, el Renacimiento y los siglos posteriores hasta nuestros días. Entre los Doctores de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino, máximo expositor de la Doctrina de la Iglesia y que debe tomarse como guía segura para todo católico [8], no se desvía un ápice de la doctrina de los Padres de la Iglesia sobre los judíos, ni tampoco de las enseñanzas de los santos que le precedieron.

  El Aquinate, consultado por la Duquesa de Brabante sobre si era conveniente que en sus dominios los judíos fueran obligados a llevar una señal distintiva para diferenciarse de los cristianos, contesta:

  “Fácil es a esto la respuesta, y ella de acuerdo a lo establecido en el Concilio general [9], que los judíos de ambos sexos en todo territorio de cristianos en todo tiempo deben distinguirse en su vestido de los otros pueblos. Esto les es mandado a ellos en su ley, es a saber, que en los cuatro ángulos de sus mantos haya orlas por las que se distingan de los demás”.

  El Doctor Angélico también sostuvo doctrinalmente que:

“Los judíos no pueden lícitamente retener lo adquirido por usura, estando obligados a restituir a quienes hayan extorsionado … Los judíos por razón de sus culpas están en perpetua servidumbre, los señores pueden por lo tanto, tomarles sus cosas, dejándoles lo indispensable para la vida” [10].

  Y además:

  “A los judíos no se les debería permitir quedarse con lo obtenido por medio de la usura; lo mejor sería que se les obligara a trabajar para ganarse la vida, en vez de no hacer otra cosa que hacerse más avaros” [11].

  Y respecto a la postura que los judíos tomaron hacia Nuestro Señor:

  “Pues veían en Él todas las señales que los profetas dijeron que iba a haber […] pues veían con evidencia las señales de la Divinidad de Él, más por odio y envidia hacia Cristo, las tergiversaban; y no quisieron confiar en las palabras de Éste, con las cuales se confesaba Hijo de Dios” [12].

  Los concilios de la Iglesia, así como los papas, han ido siempre en la misma dirección del sentir unánime de los Padres y de los santos [13]. Aunque podamos extraer testimonios de todos los papas de la historia que como tales se han manifestado al efecto [14], baste con que citemos a tres: uno a caballo entre la Antigüedad Tardía y la Edad Media (San Gregorio Magno), otro del Renacimiento (San Pío V) y otro de época moderna (Benedicto XIV).

  Benedicto XIV, dejando al margen otros documentos [15] en que trata la cuestión judía mostrándose firme en preservar lo que dice la tradición, en la encíclica A quo primum nos enseña:

  “Los judíos se ocupan de asuntos comerciales, amasan enormes sumas de dinero de estas actividades, y proceden sistemáticamente a despojar a los cristianos de sus bienes y posesiones por medio de sus exacciones usurarias. Aunque al mismo tiempo ellos piden prestadas sumas de los cristianos a un nivel de interés inmoderadamente alto, para el pago de las cuales sus sinagogas sirven de garantía, no obstante sus razones para actuar así son fácilmente visibles. Primero de todo, obtienen dinero de los cristianos que usan en el comercio, haciendo así suficiente provecho para pagar el interés convenido, y al mismo tiempo incrementan su propio poder. En segundo lugar, ganan tantos protectores de sus sinagogas y de sus personas como acreedores tienen”.

  A San Pío V le debemos, entre otras cosas, haber sido el artífice de la victoria de Lepanto y haber extendido el Santo Rosario, además de codificar el rito romano de la Santa Misa. Entre sus numerosos escritos tratando la cuestión judía [16], podemos citar la famosa bula Hebraeorum Gens [17], de la que extraemos lo siguiente:

  “El pueblo judío … llegado el tiempo de la plenitud, ingrato y pérfido, condenó indignamente a su Redentor a ser muerto con muerte ignominiosa … omitiendo las numerosas modalidades de usura con las que por todas partes, los hebreos consumieron los haberes de los cristianos necesitados, juzgamos como muy evidente ser ellos encubridores y aun cómplices de ladrones y asaltantes que tratan de traspasar a otro las cosas robadas y malversadas u ocultarlas hasta el presente, no sólo las de uso profano, mas también las del culto divino. Y muchos con el pretexto de tratar asuntos propios de su oficio, ambicionando las casas de mujeres honestas, las pierden con muy vergonzosos halagos; y lo que es más pernicioso de todo, dados a sortilegios y encantamientos mágicos, supersticiones y maleficios, inducen a muchos incautos y enfermos a los engaños de Satanás, jactándose de predecir el futuro, tesoros y cosas escondidas… Por último, tenemos bien conocida e indagada la forma tan indigna en que esta execrable raza, usa el nombre de Cristo, y a qué grado sea dañosa a quienes habrán de ser juzgados con dicho nombre y cuya vida pues está amenazada con los engaños de ellos”.

  Citemos, por último, a San Gregorio Magno [18], por haber conjugado en su persona el ser el último de los Padres latinos y Papa a la vez. Puesto que ahora hay quien cree que los judíos son hermanos en Abraham, no está de más traer a colación la siguiente enseñanza:

  “Si nosotros, por nuestra fe, venimos a ser hijos de Abraham, los judíos, por su perfidia, han dejado de serlo” [19].

  Lógicamente, también los concilios, tanto locales como universales, siempre que se han pronunciado sobre el problema judío, lo han hecho homogéneamente con las enseñanzas de los Padres, Doctores y Sumos Pontífices.

  De los concilios locales [20] nos limitaremos a citar un par de cánones de concilios toledanos, por la particular autoridad dogmática de valor universal que la Santa Iglesia Romana siempre les ha concedido:

  “… Cualquier obispo, presbítero, o seglar, que en adelante les prestare apoyo (a los judíos) … bien sea por dádivas bien por favor, se considerará como verdaderamente profano y sacrílego, privándole de la comunión de la Iglesia Católica, y reputándole como extraño al reino de Dios, pues es digno que se separe del cuerpo de Cristo el que se hace patrono de los enemigos de este Señor” [21].

  “De la perfidia de los judíos. Aunque en la condenación de la perfidia de los judíos, hay infinitas sentencias de los Padres antiguos y brillan además muchas leyes nuevas; sin embargo, como según el vaticinio profético relativo a su obstinación, el pecado de Judá está escrito con pluma de hierro y sobre uña de diamante, más duros que una piedra en su ceguera y terquedad. Es, por lo tanto, muy conveniente que el muro de su infidelidad debe ser combatido más estrechamente con las máquinas de la Iglesia Católica, de modo que, o lleguen a corregirse en contra de su voluntad, o sean destruidos de manera que perezcan para siempre por juicio del Señor” [22].


  Finalmente, entre los ecuménicos, baste recordar el IV Concilio de Letrán, concilio importantísimo que definió dogmas como el Extra Ecclesiam nulla salus, la Transubstanciación o la existencia del Infierno. Este concilio, en su canon 68, es diáfano expresando cómo los judíos, malditos de Dios, deben llevar un distintivo especial en sus ropas.


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[1] Pío IV, bula Iniunctum nobis,13 de noviembre de 1564: “…el verdadero sentido de las Sagradas Escrituras tampoco lo aceptaré ni interpretaré jamás sino conforme al sentir unánime de los Padres”. León XIII, encíclica Providentissimus Deus,18 de noviembre de 1893: “los Santos Padres que ‘después de los Apóstoles plantaron, regaron, edificaron, apacentaron y alimentaron a la Iglesia y por cuya acción creció en ella’, tienen autoridad suma siempre que explican todos de modo unánime”.

[2] Oratio IV Adversus Iudaeos.

[3] Oratio VI, 2 Adversus Iudaeos.

[4] El Concilio de Trento establece: “Si alguno no recibiere esos mismos libros íntegros contodas sus partes, como ha sido costumbre leerlos en la Iglesia católica y se contienen en la vieja edición de la Vulgata latina, como sagrados y canónicos, o si sabiéndolo y con deliberación despreciare las tradiciones anteriormente dichas, sea excomulgado”.

[5] San Agustín es el Doctor de la Iglesia más importante de todos los tiempos, después de Santo Tomás de Aquino. Además de su Tratado contra los judíos, su tratamiento del tema no se desvía un ápice del resto de Doctores en todas sus demás obras, donde frecuentemente habla de la cuestión judía.

[6] Epístola IX al emperador Teodosio.

[7] Epístola 363 a la Iglesia de Francia Oriental.

[8] El Papa San Pío X, en la encíclica Pascendi, proclama solemnemente: “Es importante notar que, al prescribir que se siga la filosofía escolástica, Nos referimos a la que enseñó SantoTomás de Aquino: todo lo que Nuestro Predecesor decretó acerca de la misma, queremos que siga en vigor y, por si fuera necesario, lo repetimos y lo confirmamos, y mandamos que se observe estrictamente por todos”. Y el papa Pío XII, en la encíclica Humani generis (1950), enseña que la filosofía tomista es la guía más segura para la doctrina católica y condena toda desviación de ella.

[9] IV de Letrán, año 1215, c. 68.

[10] Opera Omnia. Edición Pasisills, 1880. Tábula 1 a-o, tomo XXXIII, p. 534.

[11] De regimine principum.

[12] Summa Theologica, 3 p., qu. 47, art. 5.

[13] Es famoso el caso de San Juan de Capistrano, muy conocido como “azote de los judíos”; este santo franciscano capuchino, de gran ascetismo y virtud, fue empleado como embajador en muchas y muy delicadas misiones diplomáticas y con muy buenos resultados. Tres veces le ofrecieron los Sumos Pontífices nombrarlo obispo de importantes diócesis, pero prefirió seguir siendo humilde predicador, pobre y sin títulos honoríficos. Se le confiaron misiones delicadas, como la detracción de los Fraticelli, la lucha en Moravia contra la herejía husita (obra del judío Jean Huss), las negociaciones para la incorporación de los griegos a la Iglesia Romana, la vigilancia de los judíos, la contención del cisma de Basilea, etc. Por iniciativa de santos como él, los judíos tenían que llevar un gorro de dos cuernos (pileteum cornutum), que simbolizaba su filiación diabólica (Cf. Jn. 8, 44), así como una estrella amarilla identificativa para guardarse de su maldad, y se les recluía en guetos. Por la influencia de San Juan de Capistrano, el Papa Martín V, inicialmente indulgente con los judíos por ignorancia, cambió de actitud.

[14] Entre otros: Honorio III (1217 y 1221), Gregorio IX (1233), Inocencio IV (1244), Clemente IV (1267), Gregorio X (1274), Nicolás III (1278), Nicolás IV (1288), Juan XXII (1317 y 1320), Urbano V (1365), Gregorio XI (1375), Martín V (1425), Eugenio IV (1442), Calixto III (1456), Sixto IV (1478), Pablo III (1535, 1542 y 1543), Julio III (1554), Pablo IV (1555 y 1556), Pío IV (enero y febrero de 1562), Gregorio XIII (1577, 1581 y 1584), Sixto V (1586), Clemente VIII (1592y 1593), Pablo V (1610), Urbano VIII (1625, 166, 1635 y 1636), Alejandro VII (1657, 1658, 1662 y 1663), Alejandro VIII (1690), Inocencio XII (1692), Clemente XI (1704, 1705 y 1712), Benedicto XIII (1726, 1727 y 1729), Pío IX (1858).

[15] Tal es el caso de Postremomens (28 de febrero de 1747), Apostolici Ministerii munus (16 de septiembre de 1747), Singulari Nobis consolationi (9 de febrero de 1749), Elapso proxime Anno (20 de febrero de 1751), Probe te meminisse (15 de diciembre de 1751) y Beatus Andreas (22 de febrero de 1755).

[16] Algunos otros son Romanus Pontifex (19 de abril de 1566), Sacrosanctae catholicae ecclesiae (29 de noviembre de 1566) o Cum nos nuper (19 de enero de 1567).

[17] Mediante esta bula, el Papa expulsó a los judíos de los Estados Pontificios (26 de febrero de 1569).

[18] Entre otras cosas, se puede recordar que San Gregorio Magno escribió también una carta a Recaredo en la que le felicita por no haber aceptado un soborno de 30.000 sueldos de los judíos de Toledo, que pretendían manipular al rey para que ejerciese presión en el Concilio a fin de que no se promulgasen leyes de protección frente al peligro judío.

[19] Sermones dominicales de los Santos Padres, Papa San Gregorio Magno.

[20] Aparte del Concilio de Jerusalén, que fue el primero y se dedicó ala condena de la herejía judaizante, contamos con el planteamiento del problema judío en el Concilio de Elvira (306), el Concilio de Agde (506) celebrado bajo los auspicios de San Cesáreo, el Concilio de Clermont (535), el Concilio III de Orleans (538), el Concilio de Mâcon (581), el Concilio Trulano (692) considerado siempre el suplemento de los Concilios Ecuménicos V y VI, el Concilio de Gerona (1078), el Concilio de Oxford (1222), el Concilio de Narbona (1235), los Concilios de Vienne y Breslau (1267), el Concilio de Mainz (1310), el Concilio de Basilea (1434), etc.

[21] Concilio IV de Toledo, Canon LVIII.

[22] Concilio XVI de Toledo, Canon I.

Visto en: Iota Unum


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