San Juan Bautista

San Juan Bautista

martes, 16 de octubre de 2018

Carta de Santa Catalina de Siena sobre el Papa




Carta de Santa Catalina de Siena en respuesta al abad de Marmoutiers, Gérard du Puy, sobrino del Papa Gregorio XI:


     «He recibido vuestra carta con sumo gusto —escribe—, y ha sido para mí un gran consuelo ver que no os olvidáis de una criatura tan vil y miserable como yo. Contesto así a vuestras tres preguntas: Creo que sería bueno que nuestro dulce Cristo terrestre (es decir, el Papa) se libre de dos cosas que corrompen a la esposa de Cristo. La primera es el afecto excesivo que demuestra a su familia, de la que se ocupa con demasiada solicitud... La segunda es una dulzura excesiva, nacida de una extremada indulgencia. ¡Ay, ay, los miembros de Cristo se corrompen porque nadie los castiga! Hay tres vicios detestables hacia los que Nuestro Señor tiene particular aversión: la impureza, la avaricia y el orgullo que reinan entre los sacerdotes; éstos no piensan sino en los placeres y en las fiestas y se preocupan únicamente de hacer fortuna. Ven sin inquietud a los demonios infernales robarles las almas que les fueron confiadas, siendo ellos mismos lobos voraces que comercian con la divina gracia. Hay que poner orden en esto con mano firme, porque una compasión excesiva constituye a veces la mayor crueldad. Ruego a Dios que el Padre Santo reduzca al silencio su amor desmedido hacia su familia; no digo que la Iglesia sea por eso menos perseguida; pero tengo fe en el porvenir glorioso que le ha sido predicho. El bien sólo triunfará cuando la corrupción haya llegado al colmo.»


“Santa Catalina de Siena” – Johannes Jörgensen. Ed. Voluntad – Madrid 1924. Págs. 265-266.




Nacionalismo Católico San Juan Bautista

lunes, 15 de octubre de 2018

Sobre la canonización de Pablo VI - Alejandro Sosa Laprida



Tomado del artículo: Francisco, Teilhard de Chardin y el panteísmo
Miles Christi - 15/08/2016
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En la encíclica Mirari vos, en 1832, Gregorio XVI dice que « de esa cenagosa fuente del indiferentismo mana aquella absurda y errónea sentencia o, mejor dicho, locura, que afirma y defiende a toda costa y para todos, la libertad de conciencia. Este pestilente error se abre paso, escudado en la inmoderada libertad de opiniones que, para ruina de la sociedad religiosa y de la civil, se extiende cada día más por todas partes, llegando la impudencia de algunos a asegurar que de ella se sigue gran provecho para la causa de la religión[1]. » § 10


Ahora bien, es menester recordar que el culto del hombre y de su conciencia erigida en valor absoluto -quintaesencia del modernismo- no es exclusivo del pontificado de Francisco[2], como ingenuamente lo imaginan los “conservadores conciliares” escandalizados por las impiedades bergoglianas, sino que fue proclamado orgullosamente por Pablo VI en el mensaje de clausura del CVII. He aquí sus palabras:

« El humanismo laico y profano ha aparecido, finalmente, en toda su terrible estatura y, en un cierto sentido, ha desafiado al Concilio. La religión del Dios que se ha hecho Hombre, se ha encontrado con la religión -porque tal es- del hombre que se hace Dios ¿Qué ha sucedido? ¿Un choque, una lucha, una condenación? Podía haberse dado, pero no se produjo. La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio. Una simpatía inmensa lo ha penetrado todo. […] Vosotros, humanistas modernos, que renunciáis a la trascendencia de las cosas supremas, conferidle siquiera este mérito y reconoced nuestro nuevo humanismo: también nosotros -y más que nadie- somos promotores del hombre[3]. »


Este culto del hombre, concebido como un “dios” en devenir por vía evolutiva, es propio de la gnosis luciferina. Me permito citar aquí un texto poco conocido del cardenal Montini, extraído de una conferencia intitulada Religión y trabajo, pronunciada el 27 de marzo de 1960 en Turín, en el teatro Alfieri, que puede leerse en el volumen de la Documentation Catholique del año 1960, en la página 764, correspondiente al número 133, y publicado el 19 de junio de 1960. Doy la referencia con lujo de detalles para quienes no pudieran dar crédito a sus ojos, y no sin razón, tan sorprendentes resultan las afirmaciones del cardenal Montini. He aquí las palabras de aquel que tres años más tarde llegaría a ser papa y que promulgaría los documentos revolucionarios del CVII en 1965:

« ¿Acaso el hombre moderno no llegará un día, a medida que sus estudios científicos progresen y descubran leyes y realidades ocultas bajo el rostro mudo de la materia, a prestar oídos a la maravillosa voz del espíritu que palpita en ella?  ¿No será ésa la religión del mañana? El mismísimo Einstein previó la espontaneidad de una religión del universo[4]. »


El espíritu que « palpita » en la materia, la « religión del mañana », que sería una « religión cósmica », una « religión del universo »: aquí están los fundamentos de la gnosis evolucionista teilhardiana, con el culto del hombre en vías de divinización. Como si esto no fuera suficiente, que un cardenal de la Iglesia invoque en materia religiosa la autoridad de un judío socialista que reivindicaba una « religiosidad cósmica » fundada en  la contemplación de la estructura del Universo, compatible con la ciencia positivista y refractario a todo dogma o creencia, es para quedarse atónito.


Cuando en 1929 el rabino Herbert S. Goldstein le preguntó: « ¿cree Ud. en Dios? », Einstein respondió:

« Yo creo en el Dios de Spinoza que se revela en el orden armonioso de lo existente, no en un Dios que se preocupa por el destino y las acciones de los seres humanos[5]. »


Y en una carta dirigida en 1954 al filósofo judío Eric Gutkind, Einstein escribió:

« Para mí, la palabra Dios no es sino la expresión y el fruto de debilidades humanas y la Biblia una colección de leyendas, por cierto honorables, pero primitivas y bastante pueriles. Y esto no lo cambia ninguna interpretación, por sutil que sea[6]. »


Lo que equivale a decir que el Dios de Einstein no es otro que el Deus sive natura del filósofo judío Baruch Spinoza, que en su doctrina panteísta identificaba a Dios con la naturaleza. Tal es la « religión del universo » que profesaba Einstein y que evoca con admiración el Cardenal Montini en su conferencia, y en quien el futuro pontífice se inspira para vaticinar una « religión del porvenir » destinada a ocupar un día el lugar del cristianismo. Cuando se piensa que este hombre pronto será elegido Sucesor de San Pedro, y que es él quien más adelante promulgará los documentos novadores del CVII, abolirá la Misa católica, inventará una nueva[7] con la contribución de « expertos protestantes » y modificará el ritual de todos los sacramentos, es de veras como para quedar petrificados...


He aquí otra declaración de Pablo VI que va en la misma dirección, pronunciada durante el Angelus del 7 de febrero de 1971, con ocasión de un viaje a la luna, y que constituye un verdadero himno al hombre en camino hacia la divinización:

« Honor al hombre, honor al pensamiento, honor a la ciencia, honor a la técnica, honor al trabajo, honor a la audacia humana; honor a la síntesis de la actividad científica y del sentido de la organización del hombre que, a diferencia de los otros animales, sabe dar a su mente y a sus manos instrumentos de conquista; honor al hombre, rey de la tierra y hoy también príncipe del cielo[8]. »    


Este culto de la humanidad y del progreso ha sido condenado numerosas veces por el magisterio. Cito un extracto de la encíclica Qui pluribus de Pío IX, de 1846,  seguido de una proposición condenada en su Syllabus de 1864:

« Con no menor atrevimiento y engaño, Venerables Hermanos, estos enemigos de la revelación divina, exaltan el humano progreso y, temeraria y sacrílegamente, quisieran introducirlo en la Religión católica, como si la Religión no fuese obra de Dios sino de los hombres o algún invento filosófico que se perfecciona con métodos humanos[9]. »

« V. La revelación divina es imperfecta, y está por consiguiente sujeta a un progreso continuo e indefinido correspondiente al progreso de la razón humana[10]. »

Pío IX es muy claro en relación a los « progresistas »: emplea la expresión « enemigos de la revelación divina ». ¿Qué calificativo mejor podría hallarse para designar a un cardenal y arzobispo de la Iglesia que aprovecha su eminente dignidad eclesiástica para difundir la idea blasfema y herética de que una pretendida « religión del mañana » llegará un día a suplantar al catolicismo? Este hombre se llama Giovanni Battista Montini. A él -junto a Juan XXIII, cabe recordar- se deben el nefasto CVII y su espurio “magisterio”, la devastación de la liturgia romana y la terrible crisis doctrinal, litúrgica y disciplinar que azota a la Iglesia desde hace más de medio siglo…



Sobre la beatificación de Pablo VI
Miles Christi - 19/10/2014

« ¿Acaso el hombre moderno no alcanzará un día, a medida que los estudios científicos progresen y descubran las leyes y  la realidad oculta tras el rostro mudo de la materia, a escuchar la maravillosa voz del espíritu que palpita en ella? ¿Acaso no será ésa la religión del mañana? El mismo Einstein entrevió la espontaneidad de una religión del universo[11]. » (Cardenal Montini)


Pablo VI ya tiene su lugar en los altares, en la bienaventurada compañía de los « neo-santos » conciliares Juan XXIII y Juan Pablo II. El concilio y todas sus reformas están pues « canonizados » junto a ellos. Imposible de ahora en más poner en tela de juicio las doctrinas revolucionarias del ecumenismo, la colegialidad y la libertad religiosa. La revolución conciliar, a falta de toda legitimidad fundada en la Tradición, en el Magisterio y en las Sagradas Escrituras, se canoniza a sí misma, explicando que, puesto que sus autores y sus continuadores son « santos », sus principios subversivos y destructores del dogma, de la fe y de la moral también han de ser tenidos por tales. Y aceptados con piadosa reverencia y sumisión filial.


Quien así no lo hiciere, anathema sit. Quien se atreviese a poner en entredicho la vulgata masónico-humanista del « neo-beato » Giovanni Montini, sea arrojado a las tinieblas exteriores. Quien se mostrase reticente a aceptar la « santidad » de aquel que confesaba públicamente su profunda simpatía por el « humanismo laico y profano » sea considerado un energúmeno recalcitrante, un paria de la sociedad y un peligroso y detestable integrista, sin cabida en el aquelarre ecuménico conciliar ni en el « panteón de las religiones » de Asís. Se vuelve más necesario que nunca recordar las palabras exactas empleadas por Pablo VI durante el discurso de clausura de la cuarta y última sesión del CVII, el 7 de diciembre de 1965:

« El humanismo laico y profano ha aparecido, finalmente, en toda su terrible estatura y, en un cierto sentido, ha desafiado al Concilio. La religión del Dios que se ha hecho Hombre, se ha encontrado con la religión -porque tal es- del hombre que se hace Dios ¿Qué ha sucedido? ¿Un choque, una lucha, una condenación? Podía haberse dado, pero no se produjo. La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio. Una simpatía inmensa lo ha penetrado todo. El descubrimiento de las necesidades humana -y son tanto mayores, cuanto más grande se hace el hijo de la tierra- ha absorbido la atención de nuestro sínodo. Vosotros, humanistas modernos, que renunciáis a la trascendencia de las cosas supremas, conferidle siquiera este mérito y reconoced nuestro nuevo humanismo: también nosotros -y más que nadie- somos promotores del hombre[12]. »


Ese es el espíritu del concilio. Y el de Pablo VI. Ese es también -¿acaso hace falta aclararlo?- el espíritu del Anticristo, el del « hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios, haciéndose pasar por Dios. » (II Tes. 2, 3-4)


Y ése es igualmente el lenguaje del falso profeta, el de la autoridad religiosa prevaricadora, quien lo secundará y le allanará el camino en su conquista del poder mundial, tal y como lo describe San Juan en su visión escatológica: « Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón. » (Ap. 13, 11). Prosigamos con el discurso de Pablo VI:

« ¿Y qué ha visto este augusto Senado en la humanidad, que se ha puesto a estudiarlo a la luz de la divinidad? Ha considerado una vez más su eterna y doble fisonomía: la miseria y la grandeza del hombre, su mal profundo, innegable e incurable por sí mismo y su bien que sobrevive, siempre marcado de arcana belleza y de invicta soberanía. Pero hace falta reconocer que este Concilio se ha detenido más en el aspecto dichoso del hombre que en el desdichado. Su postura ha sido muy a conciencia optimista. Una corriente de afecto y admiración se ha volcado del Concilio hacia el mundo moderno[13]. Ha reprobado los errores, sí, porque lo exige, no menos la caridad que la verdad, pero, para las personas, sólo invitación, respeto y amor[14]. El Concilio ha enviado al mundo contemporáneo en lugar de deprimente diagnósticos, remedios alentadores, en vez de funestos presagios, mensajes de esperanza: sus valores no sólo han sido respetados sino honrados, sostenidos sus incesantes esfuerzos, sus aspiraciones, purificadas y bendecidas[15]. »


Por si aún quedase alguna duda de que la religión humanista, fraudulenta y desvirtuada de Pablo VI y de sus secuaces es ni más ni menos la que servirá a difundir, consolidar e imponer el nuevo orden mundial anticrístico, nada mejor que releer las palabras de encendido elogio y de admiración sin límites que Montini pronunciara en las Naciones Unidas el 4 de octubre de 1965 en la sede de ese templo masónico del mundialismo laico anticristiano: 

« Los pueblos se vuelven a las Naciones Unidas como hacia la última esperanza de concordia y paz; nos atrevemos a traer aquí, con el nuestro, su tributo de honor y esperanza. (§3)
El edificio que habéis construido no deberá jamás derrumbarse, sino que debe perfeccionarse y adecuarse a las exigencias de la historia del mundo. Vosotros constituís una etapa en el desarrollo de la humanidad: en lo sucesivo es imposible retroceder, hay que avanzar. (§4)        
                                                                                                    
Vosotros habéis consagrado el gran principio de que las relaciones entre los pueblos deben regularse por el derecho, la justicia, la razón, los tratados, y no por la fuerza, la arrogancia, la violencia, la guerra y ni siquiera, por el miedo o el engaño. (§4)

Constituís un puente entre pueblos, sois una red de relaciones entre los Estados. Estaríamos tentados de decir que vuestra característica refleja en cierta medida en el orden temporal lo que nuestra Iglesia Católica quiere ser en el orden espiritual: única y universal. No se puede concebir nada más elevado, en el plano natural, para la construcción ideológica de la humanidad. (§5)

Vuestra vocación es hacer fraternizar, no a algunos pueblos sino a todos los pueblos. ¿Difícil empresa? Sin duda alguna. Pero ésa es la empresa, tal es vuestra muy noble empresa. ¿Quién no ve la necesidad de llegar así, progresivamente, a establecer una autoridad mundial que esté en condición de actuar eficazmente en el plano jurídico y político? (§6)

Permitid que os bendigamos, Nos, el representante de una religión que logra la salvación por la humildad de su Divino Fundador. (§7)

Vosotros habéis cumplido, señores, y estáis cumpliendo, una gran obra: Enseñar a los hombres la paz. Las Naciones Unidas son la gran escuela donde se recibe esta educación, y estamos aquí en el aula magna de esta escuela. Todo el que toma asiento aquí se convierte en alumno y llega a ser maestro en el arte de construir la paz. Y cuando salís de esta sala, el mundo os mira como a los arquitectos, los constructores de la paz. (§9)

Organizáis la colaboración fraternal de los pueblos. Aquí se establece un sistema de solidaridad, gracias al cual altas finalidades, en el orden de la civilización, reciben el apoyo unánime y ordenado de toda la familia de los pueblos, por el bien de todos y de cada uno. Es la mayor belleza de las Naciones Unidas, su aspecto humano más auténtico; es el ideal con que sueña la humanidad en su peregrinación a través del tiempo; es la esperanza más grande del mundo. Osaremos decir: es el reflejo del designio del Señor —designio trascendente y pleno de amor— para el progreso de la sociedad humana en la tierra, reflejo en que vemos el mensaje evangélico convertirse de celestial en terrestre. (§11)

Lo que vosotros proclamáis aquí son los derechos y los deberes fundamentales del hombre, su dignidad y libertad y, ante todo, la libertad religiosa. Sentimos que sois los intérpretes de lo que la sabiduría humana tiene de más elevado, diríamos casi su carácter sagrado. (§12)

¿No es el cumplimiento, a nuestros ojos gracias a vosotros, del anuncio profético que se aplica tan bien a vuestra institución: «Y volverán sus espadas el rejas de arado, y sus lanzas en haces» (Isaías 2, 4). ¿No empleáis acaso las prodigiosas energías de la tierra y los magníficos inventos de la ciencia, no ya como instrumentos de muerte, sino como instrumentos de vida para la nueva era de la humanidad? (§13)

Este edificio que levantáis no descansa sobre bases puramente materiales y terrestres, porque sería entonces un edificio construido sobre arena. Descansa ante todo en nuestras conciencias. Sí, ha llegado el momento de la «conversión», de la transformación personal, de la renovación interior. Debemos habituarnos a pensar en el hombre de una forma nueva. De una forma nueva también la vida en común de los hombres; de una forma nueva, finalmente, los caminos de la historia y los destinos del mundo, según la palabra de San Pablo: «Y revestir el hombre nuevo, que es creado conforme a Dios en justicia y en santidad de verdad» (Efesios 4, 25)[16]. » (§14)


Para concluir, veamos el siniestro monumento dedicado a la memoria de Pablo VI, erigido en la plazoleta posterior del Santuario de la Santa Virgen Coronada, en Sacro Monte di Varese, con la paternidad de Monseñor Pasquale Macchi, secretario personal de Pablo VI. El monumento fue inaugurado el 24 de Mayo de 1986, con la presencia del Ministro de Relaciones Exteriores, Giulio Andreotti, y bendecido por el Cardenal Agostino Casaroli, Secretario de Estado del Vaticano[17] :
                                                             
                                      
La estatua, que evoca más una creatura surgida del Averno que al pastor supremo de la cristiandad, realizada por el escultor masón Floriano Bodini, fue encargada por el también masón Pasquale Macchi y, obviamente, está cargada de signos masónicos. Fue inaugurada el 24 de mayo de 1986 por el Ministro de Relaciones Exteriores de Italia, Giulio Andreotti, junto al Secretario de Estado vaticano, Agostino Casaroli, ambos igualmente masones[18]. No cabe duda de que la espantosa escultura refleja fielmente el ideario subversivo y la obra destructora perpetrada por Giovanni Battista Montini, traidor a Cristo y a su Iglesia, y ahora justamente recompensado por los leales servicios prestados a la neo-iglesia modernista de Vaticano II y a su espuria religión del hombre…





[2] Para mayor información sobre las innumerables herejías y blasfemias de Francisco, se pueden consultar los libros Tres años con Francisco: la impostura bergogliana y Cuatro años con Francisco: la medida está colmada, publicados por las Éditions Saint-Remi en cuatro idiomas (castellano, inglés, francés e italiano):
Recomendamos igualmente el libro Con voz de dragón, publicado por las Ediciones Cruzamante:
[4] Traducción francesa de la Documentation Catholique: « L’homme moderne n’en viendra-t-il pas un jour, au fur et à mesure que ses études scientifiques progresseront et découvriront des lois et des réalités cachées derrière le visage muet de la matière, à tendre l’oreille à la voie merveilleuse de l’esprit qui palpite en elle? Ne sera-ce pas là la religion de demain? Einstein lui-même entrevit la spontanéité d’une religion de l’univers. » Texto original italiano: « Non capiterà forse all'uomo moderno, mano mano che i suoi studi scientifici progrediscono, e vengono scoprendo leggi e realtà sepolte nel muto volto della materia, di ascoltare la voce meravigliosa della spirito ivi palpitante? Non sara cotesta la religione di domani? Einstein stesso intravide la spontaneità d'una religione dell'universo. »  Ver en la página n° 3 del documento siguiente, activando la función T (« Show text »):
[8] « Onore all’uomo! Onore al pensiero! Onore alla scienza! Onore alla tecnica! Onore al lavoro! Onore all’ardimento umano! Onore alla sintesi dell’attività scientifica e organizzativa dell’uomo, che, a differenza di ogni altro animale, sa dare strumenti di conquista alla sua mente e alla sua mano. Onore all’uomo, re della terra ed ora anche principe del cielo. » https://w2.vatican.va/content/paul-vi/it/angelus/1971/documents/hf_p-vi_ang_19710207.html
[9] « Né con minore fallacia certamente, Venerabili Fratelli, questi nemici della divina rivelazione, con somme lodi esaltando il progresso umano, vorrebbero con temerario e sacrilego ardimento introdurlo perfino nella Religione cattolica; come se essa non fosse opera di Dio, ma degli uomini, ovvero invenzione dei filosofi, da potersi con modi umani perfezionare. »                                
[11] Conferencia intitulada Religión y trabajo, pronunciada por el Cardenal Montini el 27 de marzo de 1960. Traducción del texto francés publicado por la Documentation Catholique, 1960, página 764 : « L’homme moderne n’en viendra-t-il pas un jour, au fur et à mesure que ses études scientifiques progresseront et découvriront des lois et des réalités cachées derrière le visage muet de la matière, à tendre l’oreille à la voie merveilleuse de l’esprit qui palpite en elle ? Ne sera-ce pas là la religion de demain ? Einstein lui-même entrevit la spontanéité d’une religion de l’univers. »

[13] Afecto y admiración por la sociedad moderna,  revolucionaria, naturalista, laica, apóstata y anticristiana. ¡Y pensar que hay quienes se empeñan en explicarnos doctamente que el CVII es un « nuevo pentecostés » en la vida de la Iglesia! Pentecostés del espíritu luciferino, ciertamente…
[14] Pero si no reprobaron absolutamente nada de nada, ¡qué manera tan indecente y descarada de mentir y de engañar a la gente! Es difícil imaginar algo más desagradable e indignante que todas estas patrañas empalagosas, tan falsas como mendaces, utilizadas con el único propósito de justificar el proyecto modernista de « reconciliar » la Iglesia con el mundo moderno, apóstata y anticristiano, surgido de la revolución iluminista de 1789.
[15] Obra maestra de verborragia falaz de parte del « Santo Padre » Montini, principal responsable de todo este desquicio, junto al « Papa Bueno » Roncalli, el notorio modernista recientemente canonizado por los destacados servicios prestados a la causa del mundialismo masónico y por haber efectuado el indispensable aggiornamento de la Iglesia para ponerla en sintonía con la modernidad laica, naturalista y apóstata… No, la misión de la Iglesia Católica no es, no ha sido ni será jamás la de « respetar y honrar » los valores mundanos, inspirados por el Maligno, Príncipe de este mundo, sino proclamar la revelación divina para que la sociedad sea transformada por los valores evangélicos y vivificada por la gracia divina emanada de la Redención, operada por Jesucristo en el altar de la Cruz. Servir a Dios, siendo fiel a su misión divina de rendirle gloria salvando el mayor número posible de almas, ésa es la única razón de ser de la Iglesia, y no el mendaz y espurio ideal naturalista, humanista y masónico que preconiza la iglesia conciliar de « servir al hombre ». Por « deprimentes diagnósticos », entiéndase pedirle al mundo que renuncie a Satanás y a sus pompas, que rechace el pecado y se convierta a Jesucristo. Por « funestos presagios », la saludable advertencia de la amenaza del infierno y de la condenación eterna para quienes así no lo hicieren. Por « remedios alentadores », el ecumenismo y el diálogo interreligioso, poniendo de relieve todo lo que de « santo y verdadero » (¡Sic! Cf. Nostra Aetate n° 2) se halla en las falsas religiones, para tranquilizar la conciencia de quienes están fuera del Arca de Salvación. Finalmente, por « mensajes de  esperanza », debe comprenderse la salvación universal del género humano, incluyendo a los ateos, como se complace en anunciar a diestra y siniestra Francisco en su incontinente pseudo magisterio mediático…

jueves, 11 de octubre de 2018

La frase que Goebbels nunca dijo y otras



     Nuevamente y casi siempre leemos la famosa frase. La repiten todos con certeza, convencimiento. El interlocutor generalmente mira a los ojos a quien la expresa y asiente cerrando sus ojos, diciendo "seguro, yo también conozco la frase". Luego ingresan ambos en un estado de pureza tal que conmueve. Sus vidas empequeñecen a la de los Santos. El auditorio se conmueve ante estos personajes. Ellos dicen: "Es lo que dice Goebbels: miente, miente, que algo queda"...

     Pero vayamos al fondo del asunto: ¿dijo eso Goebbels? Difícil tarea tratar de demostrar que alguien NO dijo algo, cuando es mucho más sencillo probar que efectivamente sí lo dijo. Y seamos honestos: nadie o casi nadie, bajo la censura imperante en temas relativos al Tercer Reich, saldrá a defender la memoria de Goebbels. Pero a nosotros siempre nos pareció rara la frase, como otras tantas atribuidas a personas que ya no se pueden defender.

     Convengamos algo: Goebbels fue uno de los integrantes más inteligentes (si no el más) del gobierno de la Alemania nacionalsocialista. Su responsabilidad principal fue ser ministro de Propaganda y Educación Popular y, como la gente del gremio sabe, fue uno de los creadores de la propaganda política moderna. Así que pensar que como anticipo de su función dijera que la misma se iba a basar en mentir repetidamente para que algo falso se instalara como verdadero, parece improbable. Porque en el fondo, quienes repiten la frase dicen dos cosas: que una mentira repetida se convierte en verdad, y que Goebbels lo hacía.

     Ahora bien: ¿cuándo la dijo Goebbels? Buscamos meses, consultamos a especialistas. Alguna vez esperamos que alguien, repitiendo la frase, diera con el origen de la misma. Nada. Ni en un libro, ni en un discurso, ni alguien haciendo pública una conversación privada. Y eso que Goebbels habló, y mucho.

     Una información que nos llegó fue una frase pronunciada por el susodicho Goebbels en el marco de una conferencia dictada en 1934 a la gente del Ministerio de Propaganda sobre el tema "Qué Es la Propaganda Política". En esa conferencia está registrado que habló de los recursos habituales de los medios de comunicación y, refiriéndose a la prensa de la República de Weimar, dijo textualmente: “Una mentira, repetida mil veces, al final termina siendo una verdad” (Eine tausendmal wiederholte Lüge endet als Wahrheit). Pero lo dijo en un sentido absolutamente técnico para explicar, más que nada, el funcionamiento de la prensa.

     Ese mismo año, durante el congreso partidario realizado en Núremberg, Goebbels expresó:

     “Toda propaganda tiene una orientación. La calidad de esta orientación determina si la propaganda tiene un efecto positivo o negativo. La buena propaganda no necesita mentir; de hecho, no debe mentir. No tiene ninguna razón para temer a la verdad. Es un error creer que la gente no soporta la verdad. La soporta. Es solo cuestión de presentar esa verdad a la gente de un modo que la pueda entender. Una propaganda que miente demuestra que está al servicio de una mala causa. No puede tener éxito en el largo plazo”


     Más. Por ejemplo, después de someter a la figura de Goebbels a un análisis muy crítico, el historiador Helmut Heiber del actual Institut für Zeitgeschichte (Instituto de Historia Contemporánea) de Múnich no pudo menos que reconocer en 1982 que

     «consecuentemente, Goebbels fue capaz de jactarse de que su política informativa era no sólo superior a la del enemigo en su carácter monolítico sino también poseedora de una "seriedad y credibilidad" que simplemente "no podía ser superada". La jactancia pudo ser hecha con alguna justificación: considerando el largo plazo, Goebbels afirmaba que la mejor propaganda es aquella que se halla exclusivamente al servicio de la verdad. Las verdaderas mentiras de Goebbels, sus mentiras conscientes, siempre se refirieron a meros detalles... Las mentiras de Goebbels fueron más de la naturaleza de esos equívocos y evasivas con las cuales los voceros de los gobiernos de todo el mundo buscan "proteger" el "interés nacional"» (Helmut Heiber, "Goebbels", Berlin, 1982).

     Para finalizar, el historiador francés Jacques Ellul (1912-1994), en su ya clásico estudio "Propaganda" escribió:

     «Subsiste el problema de la reputación de Goebbels. La propaganda anglosajona le adjudicó el título de Gran Mentiroso a pesar de que Goebbels nunca dejó de batallar para que la propaganda fuese lo más exacta posible. Prefirió aparecer como cínico y brutal antes de ser atrapado en una mentira. Constantemente repetía: “Todo el mundo debe saber cuál es la situación”. Fue siempre el primero en anunciar eventos desastrosos o situaciones difíciles sin ocultar nada. El resultado fue la opinión general de que los comunicados alemanes de entre 1939 y 1942 fueron no sólo más concisos, más claros y menos enmarañados, sino también más veraces que los comunicados de los Aliados. Todo esto es tan cierto que el adjudicarle a Goebbels el título de Gran Mentiroso debe ser considerado como un éxito considerable de la propaganda Aliada"» (Jacques Ellul, "Propagandes", 1962. En inglés, "Propaganda. The Formation of Men's Attitudes", New York, 1965).

     No creemos haber llegado a un punto final sobre esa frase, pero al menos sabemos que nadie ha podido afirmar que Goebbels efectivamente la ha dicho.

     Lo curioso es que, mientras la cultura periodística continúa repitiendo como un apotegma aquello de "miente, miente que algo quedará" adjudicada a Goebbels, la historiografía académica hace rato que abandonó el mito. Algo que los medios masivos de comunicación prefieren ignorar, por supuesto.

     Pero sí, tangencialmente, hemos podido comprobar algo: la frase es malditamente VERDADERA. Y su propia existencia es la prueba de su veracidad. Repetida mil veces, la gente cree que Goebbels realmente la ha dicho. Quizás, el lector interesado, podrá hurgar e investigar sobre qué otros falaces temas, a causa de su eterna repetición, se instalan en el inconsciente de las personas como verdaderos.–


Otras frases falsamente atribuidas a los "Nazis" y Goebbels

     Citas fraudulentas atribuidas a Hitler y a otros líderes del Tercer Reich han sido ampliamente circuladas por años, estas citas son de uso frecuente por los polemistas – de la izquierda y la derecha – para desacreditar a sus adversarios ideológicos, mostrando que los “nazis”[1] tenían opiniones similares.



     Esta táctica funciona porque la gente ha sido educada para creer que cualquier cosa que Hitler y otros líderes NS pensaron o dijeron era maligno, equivocada o mal, y que ninguna persona razonable o ética puede tener opiniones similares. He aquí un vistazo a algunos de los muchos comentarios falsamente atribuidos a Hitler y a otros altos cargos NS”.


Goebbels: “La verdad es el enemigo del Estado”

     El Jefe de Propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, supuestamente dijo:

     “Si dices una mentira suficientemente grande y la sigues repitiendo, la gente eventualmente llegará a creerla. La mentira sólo puede mantenerse durante el tiempo que el Estado puede proteger a las personas de las consecuencias políticas, económicas y/o militares de la mentira. Así, resulta de vital importancia para el Estado utilizar todos sus poderes para reprimir la disidencia, porque la verdad es el enemigo mortal de la mentira, y por extensión, la verdad es el mayor enemigo del Estado”.

     Rush Limbaugh, el popular comentarista de radio estadounidense, es sólo uno de los muchos estadounidenses influyentes que ha citado a esta cita. Durante una emisión en mayo de 2007 transmitido afirmó que estas declaraciones son “de sala de guerra de Hitler, El Jefe de Propaganda nazi, Joseph Goebbels,” que estaba “hablando en nombre de sus camaradas en el partido Nazi.”

     Limbaugh llegó a afirmar que los líderes del Partido Demócrata estadounidense estaban usando “una versión” de la técnica de Goebbels para tratar de “reprimir la disidencia.” Y en enero de 2011 el congresista de EEUU Steve Cohen, un político del Partido Demócrata de Tennessee, acusó a los republicanos de propagar “una gran mentira, al igual que Goebbels”, sobre un proyecto de plan nacional de salud.

     De hecho, los puntos de vista de Goebbels eran muy diferentes de lo que sugiere esta cita fraudulenta. Goebbels consistentemente sostuvo que la propaganda debe ser exacta y veraz.

     En un discurso pronunciado en septiembre de 1934 en Nuremberg, Goebblels dijo:

     “La buena propaganda no necesita mentir, de hecho no tiene por qué mentir. No tiene ninguna razón para temer a la verdad. Es un error creer que la gente no puede soportar la verdad… si pueden, es sólo cuestión de presentarles la verdad de una manera en que sean capaces de entenderla. Una propaganda que miente prueba que tiene una mala causa, y no podrá tener éxito en el largo plazo.”

     En un artículo escrito en 1941, Goebblels citó ejemplos de declaraciones de guerra falsas de los británicos, e hizo notar que los propagandistas británicos habían adoptado la técnica de la “gran mentira”, que el mismo Hitler había identificado y condenado en su libro Mein Kampf. Goebbels escribió:

     “El británico sigue el principio de que cuando se miente, se debe mentir grande, y se adhieren a sus mentiras, aun a riesgo de hacer el ridículo.”


Hitler y el Control de Armas

     En un discurso, a veces dice que fue dado en 1935, Hitler supuestamente exclamó:

     “Este año pasará a la historia, por primera vez, una nación civilizada tiene un registro de armas completo, nuestras calles serán más seguras, nuestra policía más eficiente, y el mundo seguirá nuestro liderazgo en el futuro!”

     Esta cita ha sido popular entre los estadounidenses que defienden el derecho constitucional de tener y portar armas. Se citó para desacreditar a los que apoyan las restricciones a la propiedad y el uso de armas de fuego. También es citado para apoyar a menudo la supuesta medida que Hitler y su gobierno usaron para reducir la posesión de armas en Alemania, y confiscar las armas en manos de ciudadanos particulares. 

     La verdad es bastante diferente. Cuando Hitler y su Partido Nacional Socialista tomaron el poder a principios de 1933, heredaron una ley de armas de fuego un tanto restrictiva que el gobierno liberal-democrática “Weimar” se había promulgado cinco años antes. En 1938 el gobierno de Hitler revisó la ley anterior, aflojando las restricciones, reforzando los derechos de los alemanes a poseer armas propias. La confiscación de armas de fuego más exhaustiva jamás impuesta a los alemanes, se llevó a cabo al final de la Segunda Guerra Mundial por las fuerzas de ocupación de Estados Unidos y otras potencias aliadas victoriosas. -qué curioso-


Hitler en ‘La ley y el Orden’

     Hitler se supone que dijo durante un discurso en 1932, poco antes de volverse Canciller:

     “Las calles de nuestras ciudades están en crisis. Las universidades están llenas de estudiantes rebelándose y disturbios. Los comunistas están tratando de destruir nuestro país. Rusia nos está amenazando con su fuerza y la República está en peligro. Sí, peligro desde dentro y desde fuera. Necesitamos la ley y el orden! Sí, sin ley ni orden nuestra nación no puede sobrevivir… Elíjannos y nosotros vamos a restaurar la ley y el orden. Haremos, por la ley y el orden, ser respetados por las naciones del mundo. Sin ley y el orden nuestra República fracasara.”

     Esta cita, que tiene la intención de avergonzar y desacreditar a los que apoyan la “ley y orden”, fue especialmente popular entre los estadounidenses más jóvenes en la década de 1960 y principios de 1970. Al parecer, en los carteles de la película de 1971 “Billy Jack”.

     En sus muchos discursos de campaña electoral en 1932 Hitler destacó los temas de la justicia, la libertad, el empleo y la unidad nacional – no “la ley y el orden.” Las universidades alemanas en 1932 no estaban “llenas de estudiantes rebelándose y disturbios.” De hecho, los estudiantes alemanes se encontraban entre los más fervientes seguidores de Hitler y su movimiento nacionalsocialista.


Goering en la Cultura
 
     Hermann Goering, un alto funcionario del Tercer Reich, es a menudo citado como habiendo dicho:

“Cuando oigo la palabra cultura, echo mano a mi revólver”

     Reichsmarschall Goering (Göring), quien era el comandante de la fuerza aérea de Alemania, nunca habría dicho algo así. Junto con otros líderes de alto nivel del Tercer Reich, el estimaba las artes, y se enorgullecía de su apreciación de la cultura.

     Esta cita es una distorsión de la línea de un personaje de la obra Schlageter del escritor alemán Hanns Johst. La línea original (traducida) es:

     “Cuando oigo [la palabra] cultura… Le quito el seguro a mi Browning!”

     Una versión de esta cita se presenta en un escenario montado en “Why We Fight”, una película de propaganda de guerra del gobierno de los EE.UU., que sugieren que el típico “nazi” era un matón sin cultura. -completamente falso-


Hitler y la Conciencia

     “Yo soy el hombre liberador de la quimera degradante conocida como conciencia”.

     Se supone que Hitler habría dicho. Esta cita aparece ampliamente repetida, por ejemplo, en “The Great Quotations”, una colección supuestamente autorizada y compilado por el periodista y escritor judío estadounidense George Seldes. Es una versión de una frase atribuida a Hitler por Hermann Rauschning en su libro, The Voice of Destruction (Conversaciones con Hitler), que es una fuente de muchas citas fraudulentas supuestamente basadas en conversaciones privadas con Hitler que, en realidad, nunca tuvieron lugar.

     El texto “original” de esta cita, presentado por Rauschning, es:

     “La providencia ha ordenado que debería ser el mayor liberador de la humanidad, estoy liberando a los hombres de las restricciones de una inteligencia que se ha robado el cargo, desde la sucias y degradantes mortificaciones de una quimera llamada conciencia y la moralidad, y de las exigencias de la libertad y la independencia personal, que sólo unos pocos pueden soportar”.

     De hecho, Hitler insistió repetidamente en la importancia de actuar con conciencia. Por ejemplo, en al menos tres discursos públicos diferentes, solo 1941, habló acerca de la actuación de acuerdo con su conciencia. Rudolf Hess, un amigo cercano y colega de confianza, dijo una vez que su devoción por Hitler se basaba en gran medida en su sentido de la firme conciencia de Hitler. En un discurso de 1934 Hess dijo:

     “La conciencia de una personalidad moral es mucho mayor protección contra el uso indebido de una oficina que es la supervisión del parlamento o de la separación de poderes, no conozco a nadie que tenga una conciencia más fuerte, o más fiel a su pueblo, que Adolf Hitler… el más alto tribunal del Führer es su conciencia y su responsabilidad con su pueblo y con la historia”.


Hitler: “Destruid por todos los medios”

     La película de propaganda del gobierno de los EE.UU., “Why We Fight”, cita a Hitler diciendo:

     “Mi lema es: Destruir por todos y cualquier medio, el nacionalsocialismo re-configurará el mundo”.

     Esta es una versión de una observación atribuida a Hitler por Hermann Rauschning en su influyente libro. El texto “original”, presentado por Rauschning, es:

     “Yo quiero la guerra. Para mí todos cualquier medio estará bien…” “!Mi lema no es: No lo hagas, cualquier cosa que hagas, molesta al enemigo!” “!Mi lema es: destrúyelo con todas y todos los medios¡” “!Yo soy el que va a hacer la guerra!”

     Otra versión de esta observación inventada aparece en el libro de Hitler and Nazism (1961), por el historiador Louis Leo Snyder, quien fue profesor en el City College de Nueva York.


Hitler sobre el terrorismo:

     Hitler a menudo ha sido citado diciendo:

     “El terrorismo es la mejor arma política ya que para las unidades nada más duro que el miedo a la muerte súbita.”

     Esta cita se basa en dos palabras inventadas en el libro de Hermann Rauschning mendaz, “The Voice of Destruction”.


Hitler: “Somos bárbaros”

     Hitler ha sido a menudo citado como diciendo:

     “Se refieren a mí como un bárbaro ignorante. Sí, somos bárbaros. Queremos ser bárbaros, es un título de honor para nosotros. Vamos a rejuvenecer al mundo. Este mundo está cerca de su fin”.

     Este es otra cita fraudulenta de Hitler de la obra de fantasía de Hermann Rauschning.


Hitler y la “juventud brutal”

     “Una juventud dominante, intrépida, brutal y violenta – eso es lo que busco… Quiero ver en sus ojos el brillo del orgullo e independencia, de la presa no tendré formación intelectual. El conocimiento es la ruina de mis jóvenes”

     Esta observación ampliamente citada se incluye, por ejemplo, en George Seldes “The Great Quotations”. La fuente citada por Seldes es un elemento de la Nación por el popular periodista y escritor estadounidense John Gunther (1901/70).

     De hecho, esta es una versión de una frase atribuida a Hitler por Hermann Rauschning, cuya obra imaginaria es una fuente de muchos falsas “citas”.

     Otra observación fraudulenta de Hitler en este mismo espíritu y de esta misma fuente, igualmente citada por los Seldes, supuestamente autorizadas, es la siguiente:

     “La educación universal es el veneno más corrosivo y desintegrador que el liberalismo se ha inventado para su propia destrucción.”

     Estas observaciones distorsionan los puntos de vista verdaderos de Hitler. De hecho, la Alemania Nacional Socialista era un líder mundial en la ciencia, la educación, la tecnología y la medicina. Hitler fue admirado por algunos de los principales intelectuales de la época, como Knut Hamsun, Ezra Pound, Louis-Ferdinand Céline y Martin Heidegger.


     Para finalizar

     Una Frase con Más de Veinte Siglos de Historia

     La expresión “Miente, miente, que algo quedará” circulaba todavía en los años '50, atribuida alternativamente a Voltaire y a Beaumarchais. El imperativo verbal no era interpretado, a la sazón, como un dictamen, sino como la cristalización de una sabiduría refranera. En refranes como “Cría cuervos...”, “Hazte amigo del juez...”, etc., el imperativo no indica de ninguna manera un mandato de criar cuervos o hacerse amigo del juez. Tampoco en este caso, el imperativo “miente” (ritualmente repetido dos veces) era interpretado más como una descripción de los efectos nefastos de la calumnia, aún después de desmentida. Dicha observación llevó a Borges en su “Arte de Injuriar”, a proponer directamente el desmentido como una de las formas más económicas de la calumnia.

     Sin embargo, los primeros indicios más o menos claros de un texto que incluya el imperativo de calumniar y la previsión de sus irreparables consecuencias se remontan al siglo I. En el capítulo 4º del libro I de sus Obras Morales, Plutarco evoca a un detestado personaje histórico, Medius de Larisa, quien cinco siglos antes había sido consejero y amigo de Alejandro Magno. Plutarco, lo consideraba un halagador mentiroso, y hasta llegó a atribuirle el envenenamiento de Alejandro. Dice de él: “En efecto, les ordenaba a sus secuaces que sembraran confiadamente la calumnia, que mordieran con ella, diciéndoles que cuando la gente hubiera curado su llaga, siempre quedaría la cicatriz” [Plutarco, Obras Morales, libro I, Biblioteca Clásica Gredos Nº 78, p. 243]. Al leer este texto, a nadie se le ocurriría atribuir a Plutarco la responsabilidad enunciativa de la orden de calumniar. Es evidente que se trata del repudio de un discurso citado como ajeno. Por consiguiente, el calificativo que cuadraría a quienes repiten una mentira hasta que quede fijada como verdad, sería el de "medionistas", en alusión a Medius, del cual tampoco se sabe si pronunció alguna vez la frase que le atribuye pérfidamente Plutarco.

     De Plutarco en adelante, la frase va rodando oscuramente durante toda la Edad Media, hasta quedar pulida, ya en el siglo XVII, como un “conocido proverbio”. Así lo atestigua Roger Bacon en su obra latina De la Dignidad y el Desarrollo de la Ciencia. En el capítulo 2 del libro VIII, hablando de la “jactancia”, dice que se puede adaptar a su propósito lo que “se suele decir” (quod dici solet) sobre la calumnia: “Como suele decirse de la calumnia: calumnien con audacia, siempre algo queda”. Como alocución proverbial, la frase latina siguió vigente por lo menos hasta el siglo XIX. Karl Marx, por ejemplo, en el capítulo 1, libro VI, de El Capital, exhuma literalmente y en latín la segunda parte de la expresión evocada por Bacon, “semper aliquid haeret”, para indicar su esperanza de que “siempre algo quede” de sus hipótesis sobre la idea del “capital”.

     En el siglo XVIII, Rousseau escenifica el proverbio en el libro I de sus Epístolas, poniendo en boca de un “famoso delator” la consigna siguiente: “Por más grosera que sea una mentira, señores, no teman, no dejen de calumniar. Aún después de que el acusado las haya echado por tierra, ya se habrá hecho la llaga, y aunque sanase, siempre quedará la cicatriz” (Epístola 1ª, “A las Musas”).

     La ya mentada atribución a Voltaire es, en cambio, apócrifa. Las prédicas de la Derecha católica en la Francia del siglo XIX pretendieron amalgamar una anécdota puntual de la vida del filósofo con la autoría de la impía consigna. En 1736 Voltaire envió una carta a su amigo Thieriot pidiéndole que le ayudara a difundir el rumor de que su propia obra L’Enfant Prodigue, representada en ese momento, pertenecía a otro autor. Por un justificado temor a represalias, Voltaire proponía endilgársela a su colega Gresset. Ruega, por lo tanto, a sus amigos que difundan la mentira salvadora, considerando que “una mentira pronunciada por una causa noble es una virtud”. Y concluye: “Mientan, mientan, amigos, y algún día les devolveré el servicio”. Como se ve, se trata de un recurso ocasional a una mentira salvadora, y no de una consigna universal, ni siquiera bajo la forma de una ironía.

     También es falsa la frecuente atribución de la frase a Beaumarchais. Como los defensores de esta posición dan referencias precisas (una réplica del organista Don Basile, en el “Le Barbier de Séville” de Beaumarchais), resulta muy fácil señalar con igual precisión su inexactitud. Si bien es cierto que en el tercer acto Basile profiere un largo discurso contra la calumnia, en ningún momento aparece la frase que se le endosa.

     En el siglo XIX el dramaturgo francés Casimir Delavigne, en su obra Les Enfants d’Édouard, reformulaba como una simple constatación la frase que había atravesado toda la Era cristiana: "Mientras más increíble es una calumnia, más memoria tienen los tontos para recordarla" (réplica de Glocester en el acto I, versos 299-300).

     Y así llegamos a Goebbels. Pero este repaso de la Historia permite ya proponer un esbozo de conclusión. La frase ha sido acuñada en la Antigüedad entre veinte (Plutarco) y veinticinco (Medius) siglos antes de Goebbels, y pronto adquirió la forma imperativa de un proverbio popular, retomada por poetas y pensadores. Pero no se registra ningún caso en el que haya sido publicada por alguien en discurso directo y en nombre propio como un mandato de mentir.


[1] Nazi es un epíteto inventado por los enemigos del Nacional Socialismo (NS), ni Hitler, ni sus hombres jamás se llamaron a sí mismos “nazis”, siempre se llamaban Nacional Socialistas.



Visto en: Taringa.net (Gusticasillas)
Fuentes:



Nacionalismo Católico San Juan Bautista