San Juan Bautista

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martes, 5 de marzo de 2013

Batalla de Salta (por el Mayor (r) J.Vizoso Posse)

  En esta oportunidad les ofrecemos un extenso y pormenorizado detalle de la gloriosa Batalla de Salta, en donde el Mayor (r) Jorge Vizoso Posse (Soldado más condecorado del siglo XX en la Argentina, estratega, escritor e historiador) hace un análisis histórico táctico de tan decisiva contienda resaltando la figura del Gral. Belgrano.
Para Nacionalismo Católico San Juan Bautista

La Batalla  de Salta

  La más inmediata consecuencia, y de gran importancia de la Batalla de Tucumán, fue la Batalla de Salta, las dos batallas decisivas libradas por el General D. Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y Peri en el actual territorio de Argentina a quién llamaré: El Grande, porque desde su humildad se hizo de todo para ganarlos a todos a su fe e ideas, como nos enseña San Pablo: abogado, economista, político, militar, diplomático, propagandista, etc. Aquí hablaremos del militar. Este concepto de grandeza surge de sus propias palabras: “No busco plata con mis providencias: busco el bien de la Patria. Yo no oigo clamores de particulares, sino el bien general. Los que no quieran sufrir esos perjuicio anímense a defender la provincia, y no por conservar unos ganados, que serían para el enemigo, permanezcan fríos espectadores de las desgracias de la patria” (Esto prueba que el obedeció al bien común al librar la Batalla de Tucumán y no el Triunvirato, bien común que hace la necesidad de una jerarquía sobre los iguales, quién se aparta de él, ya no tiene más ordenes que dar, así como el general que se rindió) - “Siempre se divierten los que están lejos de las balas y no ven la sangre de sus hermanos…también son esos los que critican las determinaciones de sus jefes. Por fortuna dan conmigo que me río de ellos, y hago lo que me dicta la razón, la justicia y la prudencia y  no busco glorias sino la unión de los americanos y la prosperidad de la patria”…- “… “cuando reflexiono que nada hay más  despreciable para el hombre de bien, para el verdadero patriota que merece la confianza de sus conciudadanos  en el manejo de los negocios públicos, que el dinero, o las riquezas, que estas son  capaces de excitar la avaricia de los demás, haciendo que por principal objeto de sus acciones subroguen el bienestar particular la bien público, sino que también parecen dirigidas a lisonjear una pasión seguramente abominable en el agraciados.., he creído propio de mi honor y de los deseos que me inflaman por la prosperidad de la patria destinar los expresados cuarenta mil pesos para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras a establecerlas  en las ciudades de Jujuy, Tarija, Tucumán, y Santiago del Estero por carecer las cuatro de estableciendo tan esencial…” – …”sirvo a la patria sin otro objeto que el de verla constituida y este es el premio mayor al que aspiro” – escribe al rechazar su ascenso a Capitán General -  “Esta guerra civil que nos devora “ ¨¡ Hay Patria mía!; entre otras frases lo constituyen por su grandeza en el paladín de la libertad, la igualdad y la fraternidad: Padre de la Patria, te saludo con el saludo de los Comandos: ¡Dios y Patria o muerte!
  Al suspender la persecución del Gral., Díaz Vélez después de concluir la Batalla de Tucumán, como consecuencia de las escasez de abastecimientos y recursos, el espíritu previsor y emprendedor del nuestro Gral. Belgrano.  Quién siempre debió encontrarse con esta falta de medios que como una maldición, le persiguieron en sus campañas. Prudentemente, decidió preparar la futura batalla en Salta, en mejores condiciones que la de Tucumán. Aplicando las enseñanzas de Sun Tzu: “Estar preparado para cualquier contingencia es la máxima virtud”.
  Don Manuel, sabía muy bien los resultados óptimos logrados por su envío anticipado a Tucumán del Coronel  Balcarce que preparó la Caballería Gaucha y Holmberg la artillería y la fabrica de fusiles, que posibilitaron la sorpresa que paralizó la mente del Gral. Pío Tristan y las almas de su ejército de altoperuanos, sumado a las acción de la manga de langostas y demás. Por esas razones se abocó con todo empeño con sus oficiales y tropa, a la instrucción de su ejército y estar mejor preparado para la guerra; valioso tiempo empleado que a la postre le daría sus frutos: como dice nuestro Martín Fierro de don José Hernandez: “más que el sable y que la lanza, suele servir la confianza que el hombre tiene en si mismo”… confianza y fe que emanan de una exigente preparación para la guerra.
  Por su parte, el Grl Goyeneche comandante del Ejército Realista natural de Arequipa como Pío Tristán (recuerdo que casi todos eran americanos y ciudadanos españoles, que se enfrentaron: un bando realista y el otro revolucionario, en medio de ellos, numerosos tibios como podremos ver más adelante). Debiendo relevar a su primo del mando del ejército realista por su negligencia y subestimación del Grl Belgrano y su ejército, dado que tanto éste como aquél, eran amigos personales, cuando nuestro prócer estudiaba en Madrid y por ende, le conocía bien. Relevo que no se produjo y es una de las graves consecuencias del nepotismo que a la postre, ocasionaría su propio relevo por parte del Virrey de Perú Abascal.
  En Potosí, el 6 de enero de 1813, Goyeneche hace jurar la Constitución de la Monarquía Española y un posterior Te Deum al otro día.
  Mientras tanto, el ejército realista de Pío Tristán se preparaba en sus asentamientos de Salta y Jujuy, incorporando nuevas unidades recientemente creadas mediante el reclutamiento y la leva.
   En Salta estaba la División  del Centro formada por el Regimiento Abancay, el Batallón de Granaderos de Paruro, los Dragones de Chichas, los Húsares del Rey, las compañías de Cazadores de Infantería y Caballería. En Jujuy tenía su asentamiento la División Cotabanbas. También allí, se juró la Constitución Política de la Monarquía Española y posteriormente los hicieron los Salteños.
  Los realistas declaran nulas todas las resoluciones de los insurgentes o revolucionarios y por arte de magia aparecen, tanto en Salta como en Jujuy, los recursos necesarios para el ejército realista. Como podemos observar, muchos habían ocultado sus ganados y pertenencias en lugares de difícil acceso y la premura del éxodo, impidió que  pudieran controlar todo. El éxodo fue exhaustivo en Jujuy, más no en Salta, conocido como éxodo jujeño, pero incluyó a las dos provincias. Tal era la resolución del magnífico comandante revolucionario.
  En sus actividades como conductor del Ejército Revolucionario, Belgrano se encuentra con graves problemas de organización y control por la falta de disciplina y de pago de sus tropas. Sin embargo, logró acomodar las cosas con aportes públicos y privados que luego fueron acreditados o reintegrados a los que los realizaban de forma extraordinaria. El Ejército revolucionario, una vez recuperado y acrecentado su poder de combate inicia su marcha de aproximación al enemigo el 2 de enero de 1813.
  Por su parte, el Gral. Goyeneche cumplió de acuerdo con las directivas del Virrey del Perú Abascal de mover sus tropas hacia el sur, las fuerzas realistas que se encontraban en el paso de Humahuaca, avanzó hasta Jujuy; el Gral. Picoaga se mantenía en Tupiza como reserva vigilando Chichas, Cinti y Tarija; Ramírez vigilando a los Chiriguanos y reforzó las tropas de Salta con Caballería. Este despliegue tan disperso, separados por enormes distancias, se debió a los alzamientos revolucionarios anteriores que coartaban la libertad de acción del comandante realista y por tanto su comando, control y comunicaciones. El General Goyeneche temía más la insurgencia de los pueblos que al ejército revolucionario, dado que ellos nutrían a éste. La dispersión debe ser controlada y fácil su concentración, dado que de no darse estas condiciones; se está dividiendo las fuerzas y por lo tanto debilitando su poder de combate, haciéndose vulnerable al enemigo.
  Por otra parte, Pío Tristán nuevamente, reitera su error: subestimar al enemigo, cuando ya había ligado una paliza por parte de éste, lo que hace más grave aún su protervia. Permitió el avance del ejército revolucionario, descuidando su vigilancia tanto en Salta como en Jujuy con una dispersión inadecuada - como su comandante y primo Grl Goyeneche - apreciando que el Río Pasaje en la estación de lluvias, sería un obstáculo insuperable para dicho ejército. Ningún obstáculo es insuperable, si no tiene las adecuadas y suficientes fuerzas de vigilancia, su negligencia es injustificable, pero él tenía por costumbre - a diferencia de nuestro prócer - echar las culpas a sus subordinados como acaeció en su parte en Tucumán y posteriormente, al informar su rendición en Salta.
  La División Vanguardia del Gral. Tristán, fue un error que mantiene Goyeneche, dado que una vanguardia no tiene la libertad de acción que se requería en estos casos, se imponía un ejército o división independiente.
  Como podrán recordar de la batalla de Tucumán del número 32 de Cuadernos, se encontraban en la dicha división: Las compañías de Fernando VII, los Batallones de Abancay, el Batallón Real de Lima. Además,  los Granaderos de Paruro, los Escuadrones de Caballería Dragones de Chichas, los Húsares del Rey de Tinta, las Compañías de Cazadores de Infantería y Caballería, una de ellas al mando, del que sería el último Virrey del Rió de la Plata, Capitán Pedro Antonio Olañeta (muerto en el último combate de las guerras independentista, en el poco celebrado Combate del Río Tumusla) y el Batallón Paucartambo. En Jujuy se encontraba el también conocido Batallón de Cotabambas. Allí, igualmente, se hizo jurar la constitución realista. Muchos de los habitantes de estas ciudades se encontraban al borde del colapso, dado que cambiaban de dominio por parte de revolucionarios y realistas frecuentemente. Por tanto, su papel en sí, fue en general tibio y se acomodaban a las circunstancias; dado el desgaste que sufrían en sus posesiones y la escasez de recursos por las sucesivas invasiones de ejércitos de uno y otro bando.
  Por su parte el Ejército del Norte con su Comandante a la cabeza, con varios meses a su comando, restablecida la disciplina, la motivación, el espíritu de cuerpo y su efectividad probada en el Campo de las Carreras con la gloriosa batalla de Tucumán; se encontraba en mejores condiciones dado que su ánimo; es decir su moral estaba muy alta y les daba seguridad y confianza en su Comandante al verle noble, seguro y determinado a alcanzar su próxima victoria en Salta. Les había probado, su buen juicio y su prudencia tan importante en la guerra como en la política. Su enorme resolución, que manifestaron su firmeza en el éxodo de Jujuy, el olvidado éxodo de Salta, y la de librar batalla en Tucumán, pese a las ordenes alejadas del bien común, impartidas por el Primer Triunvirato, habían asombrado hasta a los más tibios. En el tiempo que reorganizó su Ejército en Tucumán, nos mostró como había que procurarse en la paz, lo que habría de necesitar en la guerra. De un rejuntado desarmado, harapiento, enfermo, vencido y demás que había recibido de Martín de Pueyrredón, logró todo un ejército en línea. Su convicción, su entrega y confianza en Dios y la Virgen María, su amor a la Patria, demuestran a todas luces su valor e incluso la necesidad de ser riguroso en el cumplimiento del deber. El cumplimiento de la ley moral: Don Manuel quería lo que debía.
 Siempre humilde, sabía escuchar a sus subordinados, aprender de ellos, sin que eso significara mengua para su inteligencia y voluntad, sino que lo enaltecía, delegando autoridad, pero nunca su responsabilidad y mucho menos endilgársela a otros como don Pío.
  Cuando el Ejército del Norte, compuesto por más de 3.000 hombres, partió, el 2 de enero de 1813 hacia Salta era otro, la personalidad de su Comandante; se había impuesto sobre el desorden, la escasez y demás; vibraban de patriotismo, coraje, confianza y determinación.
  Como si todo eso fuera poco, sobre las barrancas del Río Pasaje (Después Juramento) enarboló la bandera de la Patria, que la había reservado para una gran victoria que se avecinaba y con enorme majestuosidad y convicción, les hizo jurar fidelidad a la Bandera de la Patria naciente y a la Asamblea General, a todos y cada uno.
  Miremos y contemplemos arrobados a este héroe, que trasuntaba fe en la causa de la libertad de su Patria. Su tropa se llenó de fervor, ese 13 de febrero de 1813. Fue un gran Comandante, pese a las calumnias y críticas negativas a sus capacidades militares. Miserias de las almas mezquinas e ignorantes, que no pueden entender  y mucho menos imitar, por su linaje tan puro, a éste gran prócer de la independencia.
  Franquearon el Río Pasaje considerado por Tristán, infranqueable por las lluvias que se precipitaron ese verano, como quedó dicho, no sabía del ardor que el Gral. Belgrano con su ejemplo personal, era capaz de inyectar en su tropa, dado que la suya carecía del mismo. Ese ánimo fervoroso es invencible. Eran ya como los espartanos que no preguntaban cuantos son, sino donde estaban. Tucumán fue la obra maestra de Belgrano en la defensa y Salta en el ataque, dos batallas decisivas – las únicas llevadas a cabo en el territorio nacional de Argentina- que salvaron la guerra de la independencia.
                                                                                    
  El gran general Belgrano, concibió una maniobra envolvente, para librar la Batalla en el Campo de la Tablada de la ciudad de Salta. El plan consistía en un ataque secundario al frente enemigo en el Portezuelo, para aferrar al enemigo y hacerle creer que dicho ataque sería el más importante. Llevando el ataque principal por la Quebrada de Chachapoyas, que conduce a la Hacienda de Castañares, sendero desconocido por los realistas para desatarle toda su furia por su retaguardia, obligando al enemigo a pelear con frente invertido. Logro que lo hicieran entre todos y cada uno de los patriotas. Belgrano consiguió este espíritu de cuerpo, respetando los principios de la guerra de Napoleón I: permanente actividad, continua ofensiva y firme resolución de morir con gloria.
 Mediante el empleo de espías, logra enterarse perfectamente de la ubicación de las tropas realistas, el desplazamiento de noche, bajo la lluvia intensa no fue una dificultad menor, sobre todo por el traslado de las doce piezas de Artillería y las cincuenta carretas que llevaban los bagajes, es decir parte de su logística.
  Busca y consigue la sorpresa que alcanzó también en Tucumán, con la carga de la caballería gaucha preparada por el Coronel Juan Balcarce y las armas de la fábrica de armas reactivada por Holmberg, frutos de su espíritu previsor.
  Enterado el General Tristán y Moscoso, el 15 de febrero de la aproximación de las fuerzas de Belgrano, tras haber superado el Río Pasaje. Comienza a inquietarse, deseando no encontrarse paralizado por la sorpresa como le sucedió en Tucumán, adopta medidas defensivas. Cabe recordar que tanto Tristán como Goyeneche eran peruanos, militares de carrera que se foguearon junto con San Martín y otros, en la campaña Española contra Francia conocida como del Rosellón, de los Pirineos o contra la Convención.
  Su ejército ligeramente superior en número que el de Belgrano, unos 3.500 hombres, pudiendo atacar, deja de lado el principio de la ofensiva y prefiere enfrentar al enemigo defendiendo la ciudad de Salta en el Portezuelo. Considerado por él, como el terreno más importante y fácil de defender, lo que le infundió confianza y por ello le eligió. Príamo confiaba en las murallas de Troya, Ulises le metió su caballo, lo que se llamó a partir de entonces “un presente griego”, y los resultados son conocidos. No contaba con la sutileza de Belgrano y sus oficiales que  ya habían elegido antes que él, el terreno dónde librarían la batalla. Es el fruto de la permanente ofensiva.
  Tristán tenía sus tropas frescas, las fuerzas de Belgrano habían sufrido el desgaste de una larga marcha, el franqueo del Río Pasaje y la acción de las intensas lluvias desatadas durante varios días. No supo aprovechar las oportunidades que la situación le estaba brindando, para pasar a la ofensiva; cediendo la iniciativa y la libertad de acción al General Revolucionario.
  El también conductor político Belgrano, como lo hizo tanto en Paraguay como en Tucumán, envía fuerzas encubiertas para persuadir, sobre el ideario revolucionario a la población del Valle de Lerma; buscando restarle el apoyo de la misma a los realistas, el que no era menor. Dado que la guerra tenía las características de una guerra civil, la peor, dadas las heridas que abre y ni un largo tiempo, las puede cerrar.
  Con las primeras luces del 19 de febrero de 1813, el ejército revolucionario arriba a la Hacienda de Castañares. Afectados sus cuerpos, por el aguacero que le acompañó impiadosamente, durante la noche, más no su espíritu indomable. Júpiter lanzaba sus rayos que les iluminaba la oscuridad y ocultaba el ruido del trajín de las carretas con sus truenos ¡Quién era este sagaz general que se adelantaba a los tiempos, que como el héroe y general bíblico Gedeón, se desplazaba de noche! Moderno César que echó su suerte cruzando el Rubicón; al franquear el Río Pasaje, emergiendo de él, como Poseidón con su tridente; levantando en ristre: la bella Bandera de la Patria. Cuyos colores e imagen fueron inspirados por su genio inmortal, que nos habla que la unión, la libertad y el amor, deben ser nuestras metas, para lograr el objetivo final: Las Provincias Unidas de Sudamérica. Representada en los colores de nuestra bandera por él legada: la alianza, entre los colores de la casa de Borbón y el Sol Inca. Entonces tocaremos el cielo con las manos; el manto de la Virgen María, la Palmera de Mahoma; la estrella de David, los colores del antiguo Israel, el pueblo elegido por Dios y el Sol del Emperador Adriano, dios de los soldados romanos (considerado la manifestación visible de un Dios supremo invisible,  que era el principio del universo), que instituyó a la postre el 25 de diciembre, como el nacimiento de Jesus, el Cristo, Salvador de los hombres y Príncipe de la Paz.
  El primer impulso de Belgrano fue iniciar inmediatamente, el ataque y debió ser así, mas su corazón humano, cedió y demoró un día antes de atacar, para que sus tropas se recuperaran.
  Por su lado, el general realista se enteró de la presencia de Belgrano en la Hacienda de Castañares amenazando su retaguardia, no pudo dar crédito a tal información hasta que los vio con sus propios ojos, iniciando como consecuencia de esta amenaza, un cambio de frente. Lo que vio Tristán, también podían divisar sus tropas y la población; que estremecidas por la incertidumbre de divisar a sus espaldas un ejército en formación de batalla, por el lugar menos esperado. La maniobra del ejército revolucionario había dislocado la defensa de la plaza y se aprestaba a romper sus líneas defensivas. La improvisación del Comandante Realista fue comparable a la paralización que sufrieron sus fuerzas por el efecto de la confusión. La inflexibilidad de su plan defensivo, la falta de posiciones alternativas y la premura por enfrentar tan inesperado cambio de situación; para ir a  ubicarse en una muy desfavorable posición al norte de la ciudad, a segunda orilla del zanjón Tagarete de Tineo, a la sazón muy crecido y que le causó numerosas bajas al Ejército Godo. Puesto que le dificultaba los movimientos de sus tropas; tenía prácticamente, cortada la retirada y muchos de ellos, al producirse el ataque patriota, fueron arrastrados por la corriente y ahogados. Se olvidó que la maestra historia, le enseñaba desde la derrota de Majencio a manos de Constantino, el Grande, en la batalla del Puente Milvio, próximo a Roma sobre el Río Tíber; como jamás una posición defensiva debe dejar un curso de agua a sus espaldas.
  Lo que más debe ocupar a un Comandante en una guerra civil es la deserción de tropas y el pasaje de un bando a otro, entonces: la traición se viste de fiesta. Le pasó esto a Espartaco contra los romanos de Craso, a Pompeyo contra César, a Marco Antonio contra Octavio,  a Luis XVIII, cuando Napoleón regreso de la isla de Elba; al mismo Belgrano con la traición de Benavides, por citar algunos casos.
  También le acaeció al General Realista, su ala derecha ante el ataque y posterior asalto ordenado por Belgrano alrededor de las 10.00 horas del día 20 de febrero, se retira del campo de batalla a la ciudad por la deserción del Marqués de Yavi y sus tropas. Ante esta situación tan favorable, las fuerzas patriotas atacan con ímpetu renovado, lo que desespera a Tristán y Moncoso que trata de cubrir con otras tropas, el ala expuesta, sin éxito.
  El  heroísmo de Saravia, Díaz Vélez, Moldes, Dorrego y Superi entre otros, desató un enorme martillo sobre el debilitado y corrompido yunque, que representaban las fuerzas de Pío Tristán por la traición del Marqués. La caballería de Zelaya carga en persecución de las tropas realistas que huyen del campo; para refugiarse entre la población salteña que ya estaba cambiando de bando. Las tropas realistas  presas de terror por la violencia del choque con las tropas de caballería e infantería; desarticulada su artillería ubicada en una posición como mínimo inadecuada, en primera línea, cuando la misma debe estar en la retaguardia. Se produjo el caos en sus filas, con el agregado de la sorpresiva irrupción en el campo de batalla  de las guerrillas gauchas conducidas por doña Martina Silva de Gurruchaga. Parte del ejército realista entonces se da a la fuga en desordenado repliegue hacia la ciudad. Dónde no tenían posiciones de alternativa, como corresponde en estos casos ni prevista una acción retardante. Tanto Dorrego como Superí, Pico y Forest, logran penetrar en la caótica ciudad, todo era desorden, las tinieblas de la derrota se cernía sobre los godos; la victoria estaba en las manos patriotas y no se les escurriría. Belgrano, secundado por los coroneles Moldes y Díaz Vélez, ambos heridos en la batalla, ataca el centro de los realistas; donde tenía su puesto de comando, el general enemigo. Las tropas realistas se amontonan como ovejas en el matadero en la Plaza Mayor, rota su disciplina, sin plan, dirección, ni organización. Estaban invertebrados e indefensos, sin control ni coordinación. Intervienen con gran valor las milicias creadas por Belgrano de Tucumán con el coronel Aráoz y de Salta con el coronel Figueroa como jefes respectivamente. Don Manuel ataca también con la reserva y la artillería de Paz y Villanueva a las guerrillas y las tropas del Real de Lima y del Paucartambo, los veteranos más duros de Tristán y Moscoso. Tras una fuerte lucha, se rinden por persuasión de su comandante.
  Belgrano con enorme prudencia avanza sin apurar a un enemigo acorralado, siguiendo las enseñanzas de Sun Tzu, que nunca hay que apurar a un enemigo acorralado, darles una vía de escape, bien controlada por el vencedor. Sabemos que hasta las ratas se vuelven agresivas y violentas cuando están acorraladas. El General Pío Tristán y Moncoso, sorprendido, envuelto y derrotado, en una épica batalla de aniquilamiento, se apresta, luego de alrededor de 3 y media horas de combate, a solicitar una rendición honorable, enviando como heraldo, al oficial Lahora. Recibido por Belgrano que le dijo: “diga usted, a su general que se despedaza mi corazón al ver derramar tanta sangre americana, que estoy pronto a otorgarle una honrosa capitulación, que haga cesar inmediatamente, el fuego en todos los puntos que ocupan sus tropas, como yo voy a mandar que se haga en todos, los que ocupan las mías”.
  El 21 de febrero se firmó el acta de rendición a la media mañana, en el Campo de la Tablada.  2.786 hombres encabezados por el General Pío Tristán y Moncoso, rendidos, marcharon con todos los honores propiciados, por el gran Comandante de la Patria, generoso con los vencidos, les trata como un caballero debe tratar a los rendidos, con toda humanidad. Les deja en libertad bajo juramento de nunca volver a armarse contra nuestra Patria, el genio político de este maravilloso general surge en este magnánimo acto de prudencia. Esperando que muchos de los vencidos se plieguen a las fuerzas revolucionarios, como sucedió en muchos casos. Acto que en circunstancias parecidas llevaba a cabo el Comandante Revolucionario Mao en China, con mejores frutos, casi un siglo y medio después.
  En Jujuy, se hallaban para esos momentos, el Batallón de Azángano y caballería, a cargo de coronel Tacón con la idea de reforzar la Vanguardia de Tristán y Moncoso, pero la derrota comunicada el 21 de febrero, le hicieron emprender la retirada hasta Tupiza.
  El día 27, llega a Potosí la noticia de la derrota, Goyeneche se traslada a Oruro, al salir de la ciudad fueron insultados por la población. Se lleva los fondos de la Casa de la Moneda, pero por falta de mulas, deja los del Banco de San Carlos de Potosí.

  El General Patriota como no podía esperarse otra cosa de un espíritu tan noble, en su parte informando sobre la Batalla de Salta, reconoce a todos los oficiales que contribuyeron a lograr esta épica victoria que lo colocan en la cúspide de las mejores batallas libradas en Sudamérica junto a la de Tucumán. Asesorado y asistido por su excelente Estado Mayor, logró el moderno concepto del trabajo en equipo.
  Las perdidas patriotas fueron: 103 muertos y 433 heridos.
  Las bajas realistas cuantifican 480 muertos, 114 heridos y el resto sin salvarse uno, rendidos.     Perdieron todas sus banderas, estandartes, y el parque con todo el armamento: desde las pistolas hasta los sables. Esto es lo que los militares entendemos por aniquilamiento.
  Los vencedores de Salta recibieron su reconocimiento por parte del Gobierno: “La Patria a los vencedores de Salta”.
  Esta victoria produjo como consecuencias que el enemigo solicitara un armisticio por cuarenta días.
  Que el Virrey del Perú desaprobara el mismo y rechazara la rendición de Tristán y Moncoso.
  El relevo de los comandantes realistas, tanto de Goyeneche, como de Tristán su primo y la aparición del General Pezuela, como comandante realista que avanzó con refuerzos hasta Ancacato.
  Belgrano reorganiza sus fuerzas y avanza hasta Potosí, allí recluta con el coronel Zelaya 1.200 hombres en la zona de Cochabamba y 2.000 indios a órdenes del coronel indio Cacique Cárdenas.
  Subleva las poblaciones de parte del Alto Perú, propagando como reguero de pólvora, la causa de la libertad de la Patria.
  El 31 de marzo, al llegar a Potosí los primeros oficiales patriotas, se publicó un bando del General Belgrano proclamando la libertad del Alto Perú.


ESQUEMA DE LA BATALLA DE SALTA LIBRADA EL 20 DE FEBRERO DE 1813
 Frente aproximado de 5000 metros.



Referencias
Iguales que en los otros de Suipacha y Tucumán en cuanto a los rectángulos
Tambien los que no tienen una ralla o dos cruzadas,  porque no les puedo poner, deben llevar un punto un poco más grueso que el normal porque son de artillería
Fuerzas Revolucionarias:
  1. 3er Escuadrón de Dragones al mando de Zelaya
  2. Cazadores al mando de Borrego
  3. 3 Dos piezas de Artillería (Hay que ponerle el punto en el medio)
  4. Pardos y Morenos
  5. Dos piezas de Artillería
  6. Batallón 1/6
  7. Dos piezas de Artillería
  8. Batallón  2/6
  9. 2do Escuadrón de Dragones
  10.  Batallón de reserva
  11. Escuadrón de reserva
Guerrillas de Martina Silva de Gurruchaga
Fuerzas realistas:
  1. 10 piezas de Artillería
  2. Escuadrón de Caballería Realista
  3. Escuadrones de Caballeria Realista  de Tinta y Chicheños–Marqués de Yavi
  4. Batallón Abancay
  5. Batallón Paruro
  6. Batallón Cotabambas
  7. Batallón Real de Lima
  8. Batallón Paucartambo
Nacionalismo Católico San Juan Bautista

2 comentarios:

  1. Sres. podría tener algún dato de contacto para ubicar al My. (R) Vizoso Posse.
    Mucho les agradeceré
    Abrazo en Cristo
    Christian

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    1. Escribime al mail personal, torchespin@gmail.com

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