San Juan Bautista

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lunes, 8 de junio de 2026

Mi homenaje a Solari - Antonio Caponnetto


 

Sí; por cierto que se lo merece.

Había prestado servicio de fronteras en el Regimiento 12 de Caballería en Santa Fe y Formosa, y murió en combate, allá en el sufrido Chaco, el 1 de junio de 1912, cuando se hallaba a la cabeza de una Partida de Reconocimiento del Ejército Argentino sobre la línea del río Bermejo. Dicha Partida procedía del 7 de Caballería, jurisdicción del Fortín Uriburu. Nuestro héroe cumplía hasta las últimas consecuencias las directivas de su superior, Comandante Mariano Aráoz de Lamadrid

Se llamaba Facundo Solari, y ostentaba el grado de Capitán.

Fue emboscado arteramente por los indios, junto con sus principales lugartenientes. Sólo seis días después pudieron recuperar su cuerpo, objeto de vejámenes por los hoy idolatrados indígenas.

El Capitán Facundo Solari se internó por angostos y peligrosos senderos, lleno de probadas acechanzas. Su valor y el del puñado de hombres que lo secundaban era legendario. Confiaba en su instinto y en su carabina. Y eso le bastaba para infundir confianza y cumplir con su misión. Era común toparse con tigres en esas expediciones, pero Facundo se cargó a uno que le salió al cruce y prosiguió al frente de la tropa. Ejemplo macho de temeridad criolla.

En plena noche y marchando siempre a la vanguardia, tuvo lugar la previsible emboscada. Solari cae del caballo gravemente herido; lo asiste como puede el sargento Arce. Agonizando entre estertores, le encomienda a su subordinado que le haga entrega a su hija, huérfana de madre, unos modestos efectos personales que llevaba consigo.

El Teniente José María Rudaz Vega tuvo la triste responsabilidad de recuperar su cadáver. Los “originarios” y las aves de rapiña, habían hecho su daño irreparable. El pelotón de rescate, sobreponiéndose al horror que presenciaban, le rindió el primer homenaje.

Uno de los testigos y protagonistas de aquel suceso relata que con totoras sacadas del estero, palos y lianas y tiras de cuero, se le improvisó un féretro con el cual, a lomo de mula, fue transportado hacia la Comandancia, para tributarle los merecidos honores castrenses. Los mismos soldados, al llegar sus restos a la guarnición militar, construyeron un decoroso ataúd de algarrobo, lo recubrieron de negro y le colocaron en la tapa una cruz blanca, confeccionada con género. Dotaciones de centinelas formaron guardias en señal de respeto. El vandalismo de los indios fue compensado con este entierro católico, argentino y castrense.

Hoy nadie recuerda a este arquetipo patrio. Desde hace varios días una multitud de promiscuos, delirantes y tribales componentes, marcha cual manada de zombis a idolatrar a un personaje tenebroso –más propiamente luciferino- que se ufanaba de llamarse Indio. Para que el escarnio fuera más grave y más ruin, denominan a esas convocatorias “misas”, y parodian con absoluta lenidad la liturgia cristiana, sin que una sola voz eclesiástica se haya levantado para condenar la blasfemia   el sacrilegio. Decididamente nuestros pastores son una basura y conforman un rebaño de cobardes.

Le agrega ofensa y turbia ridiculez a este episodio decadente que presenciamos, el hecho de que al susodicho muerto lo tilden de poeta, cuando la fraseología de sus canciones –o como se las llame- sea un penoso monumento a la deliberada abstrusidad, al desconstructivismo semántico y a la alucinación propia de quien vive en el submundo crepuscular, narcotizante y aqueróntico.

No obstante, encomendamos el alma de este pobre desdichado –lleno además de grotescas incongruencias existenciales e ideológicas- a la misericordia de Dios. Y le pedimos a Él que le restituya la salud espiritual y cultural a nuestro pueblo, ganado al presente por una confusión más negra que una ciénaga hedionda.

Mientras tanto, que nadie se olvide del Capitán Facundo Solari. Ante su memoria nos cuadramos, ante su valentía lo admiramos, ante su sacrificio lanzamos salvas de victoria y de esperanza.

Capitán Facundo Solari: ¡Presente!

¡Viva la Patria!


                                                         Antonio Caponnetto



martes, 5 de julio de 2022

A 215 Años de la defensa de Buenos Aires - Antonio Caponnetto

 

1807 -5 de Julio- 2022

 

Si fuera como ayer cada emparrado

un arsenal de puños y de ruegos,

cada solana un polvorín de fuegos

causando bajas al corsario osado.

 

Si esquinaran el monje y el soldado

al amparo de vientos tempraneros,

emboscando trabucos bucaneros

con el dolor de lanza en el costado.

 

Si fueran promesantes los varones,

de rodillas al pie de presbiterios

encendiendo rosarios y cañones

 

y las mujeres sangres y cauterios.

¡Ay patria que hoy te crujen los hondones

tendrías el honor de los Imperios!

 

ANTONIO CAPONNETTO


viernes, 1 de diciembre de 2017

Juan Manuel de Rosas – Ignacio Anzoátegui


“Pequeña historia Argentina para uso de los niños”

 Cuando los hombres llegan a viejos suelen dedicarse a ser viejos rezongones o a ser viejos reblandecidos o a ser viejos fumadores o a ser viejos comodones o a ser viejos patricios. Cuando las mujeres llegan a viejas se dedican generalmente a ser viejas charlatanas.

  La historia de Rosas ha sido escrita por los nietos tontos de las viejas charlatanas. Aparentemente una vieja charlatana es un trasto viejo; pero los trastos viejos pueden tener nietos tontos y los nietos tontos pueden sentirse historiadores.

  Todos los enemigos de Rosas dicen que Los mazorqueros llevaban unas canastas muy grandes llenas de cabezas de unitarios y que gritaban: “¡Sandías frescas! ¡Sandías frescas!”. Pero, cuando alguno les pregunta: “¿De dónde ha sacado usted eso?”, ellos contestan: “Hombre, ¡yo mismo se lo he oído contar a mi abuela!”. Ninguno dice: “Se lo he oído contar a mi abuelo”. Esto quiere decir que las viejas son mucho más metidas y mentirosas que los viejos. Cuando Rosas tenía doce o trece años, oyó decir que los ingleses habían desembarcado cerca de Buenos Aires. Entonces habló con su padre y le dijo: “Yo le pido su permiso y su bendición para ir a meter fierro a esos herejes”. Y el padre le dijo que sí y se lo mandó a Santiago de Liniers que decía más o menos esto: “Mi querido amigo, le confío a este mozo para que pelee bajo sus órdenes. Tiene muchas ganas de demostrar que es un hombre. Devuélvamelo vivo si puede y si no devuélvamelo muerto, pero que sea con honor”. Después que los ingleses salieron disparando, Rosas se volvió al campo y se quedó allí, sin meterse en las cosas de la Revolución, porque no quería saber nada con los abogaditos liberales.

  Pero un día vio que la patria se venía abajo y entonces pensó: “Hace falta tomar el gobierno y ponerse a mandar”. Y se vino a Buenos Aires y les dijo a los porteños: “Aquí mando yo”. Y empezó a arreglar las cosas y cuando alguno lo fastidiaba mucho le hacía pegar cuatro tiros para que no fuera zonzo y no diera mal ejemplo. Al principio los liberales se contentaban con irse a Montevideo o con escribir versos muy pavos. Pero, como pasa siempre, cuando vieron que Rosas era muy condescendiente y educado, les dio por tomar alas y por hablar con los franceses y con traicionar a la patria. Entonces Rosas se enojó mucho y dijo: “Grandísimos hijos de una gran perra, los he aguantado todo lo que he podido, pero esto se acabó. Ustedes son unos traidores y yo les voy a enseñar a ser gente”. Y se puso a matar cipayo a gusto.

  Así salvó a la patria este general que no les tenía miedo a los hombres ni a las habladurías de las viejas. Así pudo hacer frente a Francia y a Inglaterra juntas, que le declararon la guerra, y pudo hacerles pedir perdón y hacerles prometer que no volverán a molestarnos. Después de eso parecía que todo iba a salir bien para nosotros; pero, al poco tiempo los masones y los extranjeros consiguieron voltear a Rosas, y, tratado va y gerente viene, los ingleses nos trajeron unos trencitos y nos dejaron con una mano atrás y otra adelante.


  Juan Manuel de Rosas no tiene una estatua en el país, donde a cualquier personajito sin importancia le hacen una. Pero, no hay que perder por eso las esperanzas. Llegará el día que a Rosas le hagamos la estatua que se merece, con el hierro -por ejemplo- de un tranvía inglés casualmente incendiado por un grupo de niños que se pusieron a jugar con fósforos.

  



Ignacio Anzoátegui: “Pequeña historia Argentina para uso de los niños” Ed. Regnum.2000 Paraguay

Publicado originalmente en Abril de 1943





Nacionalismo Católico San Juan Bautista


viernes, 24 de noviembre de 2017

SAN JUAN - Antonio Caponnetto



  Algunos están señalando culpables, y los hay. Desde hace largas décadas venimos asistiendo a un proceso inexorable cuanto cruel, de inmovilización y desmovilización de las Fuerzas Armadas Argentinas.


  No les han ahorrado agravios, ultrajes, vejámenes, hostilizaciones físicas y espirituales. No se las ha dejado de injuriar y de presentarlas a las nuevas generaciones como un hato brutal de genocidas.


  La prisión retiene a muchos que deberían ser tenidos por héroes, y de la libertad hacen gala el grueso de los enemigos de Dios y de la Patria.


  El menosprecio, claro, les ha ensuciado el alma y es lo más grave. Pero les ha enfermado la materia, que hoy significa el derrumbe de sus armamentos, y la dolorosa patencia de constatar nuestra poca valía física.


  Tanta, que ante dramas como el del hundimiento del Submarino San Juan, rogamos el auxilio a los mismos que asesinaron ayer a los nuestros en la gran batalla del Atlántico Sur. Y no lo llamamos menoscabo a la soberanía sino solidaridad internacionalista. ¡Cuántas malditas elipsis van y vienen, sustituyendo a la palabra veraz que defina como un tajo!


  No son exculpables de este drama las empinadas cúpulas castrenses, cómplices de aquellos precitados enemigos; pero peor aún: verdugos de sus propios camaradas.


  Le entregaron sus fueros, sus galones, sus heridas, sus años de servicio; y al final los dejaron morir entre herrumbres, ante el gozo caínico de los cernícalos marxistas.


  Mucho menos son exculpables los políticos, desde un mediano antaño hasta el reciente hogaño. Si sus nombres no damos es porque todos tienen el mismo y excecrable nombre: democracia.


  A otros, que culpas no mentan, se les ha dado por comparaciones que tienen su asidero. La más certera: tener en vilo a una sociedad por un desaparecido ficto, que apareció al fin para exhibir la nadidad crapulosa de su talla de anarquista blasfemo, y que no guarde proporción alguna ese vivir con el corazón en vilo por los que hasta hoy son una cuarentena larga de desaparecidos reales y honorables. Subleva tanta inequidad manifiesta.


  No negamos las razones de los unos y los otros que aquí quedan retratados. Si sirviera para algo, les llegue nuestro apoyo.


  Sálvese no obstante un desacuerdo que no es de poca monta: la palabra justiciera que castigue a los infames, cargada de pasión y de vehemencia, no puede ser sinónimo de coprolalia, de exabruptalidad y de guturalidad.


  Esta moda malsana no vuelve más eficaz nuestra santa ira. La vulgariza y la destina al olvido.


  Se preguntaba Hölderlin para qué los poetas en tiempos de angustia. Ellos –dice el germano- son semejantes a los sacerdotes del dios de las viñas, que en las noches sagradas andan de un lagar al otro custodiando las semillas y las siembras. Ellos nos sirven de testigos mientras llegue la hora en que aparezcan muchos héroes, crecidos en la cuna del bronce. A menudo, un frágil navío no puede contenerlos, pero después la vida no es sino soñar con ellos. Porque es mejor soñar con los héroes, que vivir sin ellos y en constante espera.


  Sería pertinente recordar estas enseñanzas a los que ahora no cesan de rezumar rencores, resentimientos y angustias sin horizontes sobrenaturales. A los que ahora no cesan su verborrea vacua y huera de todo horizonte sobrenatural y trascendente.


  Stella Maris permita que estén vivos. Pero si los tripulantes del Submarino San Juan han muerto, su sangre no fue vanamente derramada.


  Brotará al unísono, como la voz imprecante e impetrante de un nuevo Jonás, para espetarle al rostro de la ciudad apóstata y crepuscular, que no se puede vivir sin héroes y sin santos. Que no se debe vivir sustituyendo a aquéllos por los paródicos próceres del espectáculo, y escupiendo a los otros en nombre del secularismo.


  Sin duda emergerá del mar esa sangre inocente para limpiar tanta hediondez política, tanta falsedad histórica, tanto orgullo nefando por la contranataura; tanto pacifismo budista y tanto veneno cultural y espiritual desparramado a mansalva.


  Si nuestros pastores fueran católicos; ya mismo, y en comunión con el Pontífice –que se supone que aún recuerda que nació en estos lares y que fue bautizado en la Fe Verdadera- deberían repetir sin pérdida de tiempo una antiquísima costumbre de la España Medieval, que fue costumbre también de otras patrias cristianas.


  Ante situaciones como las que estamos padeciendo se exorcizaba el océano furioso, acción litúrgica que hacían solemnemente delante de los marinos todos, formados marcialmente cual peregrinos épicos, recitando precisamente el Prólogo del Evangelio de SAN JUAN. Y a continuación, esa brava marinería, arrojaba reliquias veneradas a las olas.


  A ver si hay un capellán católico e hispanocriollo en estos lares, que nos convoque a esta acción urgente y urgida. Allí estaremos entonces. Junto a los familiares, los deudos, los que aguardan sin arriar la esperanza, y los que ya han anclado la esperanza en la proa celeste. Allí estaremos, bandera azul y blanca enarbolada, Cruz en alto.


  Porque es mejor exorcizar el océano que confiar en la tecnología de los gringos hipócritas. Y es más eficaz aún que toda la parafernalia de la tierra, el entonar a coro, junto a los mojones de un puerto trinitario, las estrofas imbatibles e invictas del Salve Regina.




Antonio Caponnetto



Nacionalismo Católico San Juan Bautista



martes, 10 de octubre de 2017

Felipe II - Ignacio Azoátegui


“Pequeña historia Argentina para uso de los niños”



     Todo niño inteligente que oye a alguno hablar mal de Felipe II, debe decirle enseguida: "Usted es un imbécil y un tonto y un idiota y un estúpido, y no le digo más porque en mi casa no me dejan decir malas palabras"*. Porque la gente que habla mal de Felipe II no merece que se la respete. Hay algunos que lo hacen sin pensarlo: a éstos basta con insultarlos un poco. Hay otros que lo hacen pensándolo, porque odian a la monarquía y al orden y a la decencia: a éstos hay que hacerles caca y después tocar el timbre para que salgan a ver quién es y la pisen. Esta es una vieja costumbre de los niños porteños, que desgraciadamente va desapareciendo.


     Ahora es más necesaria que nunca, porque ahora hay mucha gente que necesita que le ensucien el zaguán. De esa manera los niños argentinos contribuirán a mejorar la moral pública. Seguramente llegará un día en que aparecerá en los diarios una noticia como ésta: "La casa del diputado Rabinovsky fue objeto ayer de un atentado. Se busca al niño autor del hecho". Y al día siguiente ésta otra noticia: "En el Departamento Central de Policía se realizó un homenaje al niño Rudecindo Ibarra, que resultó ser el autor del atentado cometido contra el zaguán de la casa del diputado Elías Ravinovsky. Concurrieron al acto el Presidente de la Nación, el de la Suprema Corte de Justicia y numerosas personalidades, que felicitaron efusivamente al homenajeado. La directora de la escuela pronunció un discurso patriótico, recitando a continuación uno de los compañeros del niño el Canto a la Bandera".

     Es necesario que los niños tengan buenos ejemplos y que sean felicitados cuando hacen una cosa bien hecha. Pero, para que hagan bien las cosas es necesario que comprendan lo que es la patria y que sepan que hay que defenderla siempre y que hay que sacrificarse por ella, como se sacrificó y la defendió Felipe II.

     Felipe II era un rey muy bueno y muy justo que perseguía a todos los que se sentían diputados. Cuando alguno se portaba mal, lo hacía poner preso y no lo soltaba hasta que no le prometía que se iba a portar bien. Y si se portaba demasiado mal, lo hacía matar, sencillamente. Porque un rey no debe andarse con vueltas. Para algo Dios lo hace rey: para que castigue a los malos y para que premie a los buenos. EN los tiempos de Felipe II no había parlamento, de manera que para dar una pensión a la viuda de un héroe no se precisaba buscar influencia de políticos y tampoco bastaban las influencias para dar una pensión a la viuda de un político cualquiera. El Rey hacía lo que mejor le parecía y siempre lo hacía bien.

     Si Felipe II hubiera sido un rey tonto, seguramente sería hora muy admirado por todos los tontos y además sería muy explotado por todos los sinvergüenzas. Quizás hasta lo utilizarían los socialistas.


     Pero Felipe II era muy inteligente. A él no le importaba nada de lo que los demás opinara: le importaba lo que pensaba Dios de él. Por eso se dedicó a matar protestantes, porque los protestantes eran entonces los enemigos de Dios. Ahora los protestantes no son enemigos de nadie; tratan de buscarse amigos por todas partes, porque se sienten solos con su estupidez y con la estupidez de los pocos hombres que creen todavía en el libre examen y piden elecciones libres.



Ignacio Anzoátegui: “Pequeña historia Argentina para uso de los niños” Ed. Regnum.2000 Paraguay

Publicado originalmente en Abril de 1942

Agradecemos la colaboración de Elliot Correa

 *


Nacionalismo Católico San Juan Bautista



martes, 26 de septiembre de 2017

Los Reyes Católicos – Ignacio Azoátegui


  “Pequeña historia Argentina para uso de los niños”



 
  Se llamaban Isabel y Fernando.

  Durante su reinado tuvieron que luchar contra los moros, y por fin los echaron de España.

  También echaron a los judíos, pero no tuvieron que pelear contra ellos, porque los judíos no pelean nunca: prefieren esperar a ver quién gana, para luego ofrecer sus servicios al vencedor y de paso quedarse con la mayor parte de sus ganancias.

  Los judíos suelen engañar a los tontos, y como los Reyes católicos no eran tontos no se dejaron engañar por ellos. Un día los llamaron y les dijeron: “Ustedes son unos sinvergüenzas que mataron a Nuestro Señor Jesucristo, y nosotros adoramos a Jesucristo crucificado. Si ustedes confiesan y reconocen que Jesucristo es Dios, pueden quedarse con nosotros; si no, váyanse pronto de España, antes de que los matemos”. Algunos se convirtieron sinceramente a nuestra religión y se hicieron buenos cristianos, otros se fueron a recorrer Europa buscando un lugar donde los dejaran quedarse porque querían seguir siendo judíos y otros trataron de engañar a los cristianos diciéndoles que se habían convertido al Cristianismo. Pero los cristianos desconfiaban siempre de los judíos, y entonces los Reyes mandaron averiguar por todo el Reino cuáles eran los que no se habían convertido de veras. Para eso fundaron el Tribunal de la Santa Inquisición, que llamaba a los judíos sospechosos y después de interrogarlos con mucha paciencia decía: “Éste se ha hecho cristiano” o “Éste sigue siendo judío”. Y los Reyes echaron de España a los que no se habían convertido de veras o los condenaban a muerte si habían cometido algún crimen. Por eso todos debemos alabar a los Reyes Católicos.

  También debemos alabarlos porque ayudaron a Cristóbal Colón y porque mandaron a América muchos soldados y misioneros para que ganaran estas tierras y les enseñaran a los indios a rezar y a trabajar. Nosotros somos los descendientes de aquellos soldados españoles y gracias a ellos estamos orgullosos de nuestra patria.

  Cuando vinieron los españoles no había en América ni protestantes ni liberales. Los protestantes son unos hombres completamente tontos que toman mucho té y se parecen un poco a los pobres moros y otro poco a los judíos sinvergüenzas, porque no creen en la Virgen María. Para hacerlos rabiar hay que decirles esta copla:

“Sepa el moro y el judío
Y el inglés que anda en la mar
Que María es concebida
Sin pecado original.”

  Los liberales son todavía más tontos. Ellos no creen en Dios ni en la Virgen María. Ser liberal es una cosa muy fea. Cuando un niño se enoja con otro no debe decirle: "Eres un liberal", porque los niños no deben decir malas palabras. Desgraciadamente quedan todavía en América muchos liberales. Es una lástima que los Reyes Católicos hayan muerto.



Ignacio Anzoátegui: “Pequeña historia Argentina para uso de los niños” Ed. Regnum.2000 Paraguay

Publicado originalmente en Noviembre de 1941



Nacionalismo Católico San Juan Bautista

jueves, 11 de mayo de 2017

2 X 1 - Antonio Caponnetto



      Lejos de nuestro dominio la noble ciencia de la jurisprudencia, de un modo peculiar y sencillo diremos por qué nos manifestamos abiertamente a favor del dos por uno.

      Por cada engaño y fraude que se dice a mansalva, casi unánimemente, nosotros hemos de asumir el deber de proclamar dos verdades. Dos verdades rotundas y categóricas  por cada embuste. Ese es nuestro propósito.

      Empecemos por los fraudes argumentativos de los clérigos.

      El flamante Capellán Castrense Santiago Olivera –hijo dilecto, antes que de su respetable genealogía, de ese  titán del ahembramiento que fuera Monseñor Laguna- acaba de decir, en declaraciones recogidas por la Agencia Télam el 8 de mayo, que el beneficio de la reducción de años de prisión y de pena a los militares presos “no lleva a un camino de reconciliación, tal como lo pregona la Iglesia”. Y acota: "A veces se cree que pensar en un camino de reconciliación supone también impunidad y dejar atrás los delitos aberrantes cometidos; pero no es así, la verdadera reconciliación sólo se va a conseguir con justicia, con reparación y con verdad[...]. La impunidad siempre prepara nuevos delitos[...]. Para nada se busca el olvido, eso no es lo que la Iglesia busca[...]. Como decía una familiar de desaparecidos montoneros, que dio una charla en nuestro encuentro [se refiere a la última Asamblea de la Conferencia Episcopal], no se puede mirar la vida con ojos de pirata, es decir, hay que mirar con los dos ojos, porque han sufrido de los dos lados; claro que uno, ciertamente mucho más grave, porque el Estado debe defendernos y cuidarnos y no utilizar métodos totalmente inaceptables".

      Olivera debería saber que la reconciliación que propone la Iglesia es otro nombre del sacramento de la penitencia o confesión, y nombre que damos por lícito en la medida en que nos remita al texto paulino (2 Cor.5,20): “dejáos reconciliar con Dios”, y aún a las mismísimas palabras de Nuestro Señor: “ve primero a reconciliarte con tu hermano” (Mt.5, 24).

      Siendo ésta y no otra la reconciliación que pide la Iglesia, si alguna incompatibilidad con ella puede surgir, salta a la vista que brota de quienes han militado en las filas del marxismo ateo y siguen pregonando su  negativa a perdonar y su derecho a odiar –empezando por el curerío tercermudista- y no de parte de quienes han combatido llevando en muchos casos sus fusiles y sus pechos ornados con rosarios y escapularios. Si la Iglesia es la basura equiparable a la dictadura, según canturrean convulsos y posesos, y si el infierno son los otros, según han aprendido de sus mentores, la amenaza a la reconciliación propuesta por la Iglesia no parece proceder de las filas de los militares que serían excarcelados o beneficiados con alguna reducción de sus penas. Antes bien, dicha amenaza la conforman –y de un modo ferozmente explícito- quienes agitan los pendones del rencor inextinguible contra sus víctimas.

      U Olivera desconoce el genuino significado eclesial de la reconciliación, o desconoce a sabiendas la perversidad ingénita de las ideologías que alientan la venganza perpetua en desmedro de los combatientes antisubversivos de las  Fuerzas Armadas de la Nación. En desmedro de ellos, pero también de sus familiares, de la guerra contrarrevolucionaria, y de todo cuanto roce o evoque siquiera la presencia de los uniformes patrios.

      Que desconoce lo primero surge de su ninguna referencia al carácter sacramental del acto reconciliador, asociándolo en cambio –con un criterio crasamente inmanentista- a las muletillas de los relatos oficiales sobre la verdad, la reparación y la justicia, categorías que no remiten nunca a un horizonte sobrenatural sino a seguir alimentando las sentencias unilaterales y capciosas, las indemnizaciones abultadas a los partisanos y la absoluta inmunidad garantizada a quienes integraron las bandas guerrilleras. El mundo político no conoce hoy otro uso de las palabras reparación, verdad y justicia que no sea el que ha impuesto la semántica de las izquierdas. Jamás se menciona la reparación pendiente a los héroes castrenses de la guerra justísima contra el bolchevismo, ni la verdad histórica adulterada por los profesionales del maniqueísmo, ni la justicia como ese dar al fin lo que le toca de honor y de dignidad a todo aquel soldado que genuinamente la mereciera.

      Que desconoce lo segundo, esto es la ruindad intrínseca de las agrupaciones terroristas, surge del uso de la expresión “delitos aberrantes”, claramente aplicada a los militares pero que en ningún momento osa especificar como atributo particular y aborrecible de aquellas organizaciones insurgentes. En la misma y engañosa semántica que hoy nos envuelve, se reserva en exclusiva el infamante mote para la represión contra las células criminales del marxismo, indistinguiéndose adrede entre represiones legítimas e ilegítimas, entre usos y abusos de la fuerza; como se reserva la prevención contra la impunidad, no para los verdaderos impunes –que son poder desde hace largos años y están encumbrados insolentemente en altos cargos públicos- sino para aquellos que paradójicamente son los únicos que han sido castigados, sin distinguir justos de pecadores, condecorados de Malvinas o veteranos de los montes tucumanos.

       En el revoltijo que adrede han creado, todos pueden ser a la vez apropiadores de niños o sádicos verdugos o desaparecedores de inocentes. La posibilidad cierta y concreta de que tengan capturados a centenares de prisioneros de guerra, como brutal acto de revanchismo trazado a perpetuidad, no entra en las consideraciones de esta morralla clerical ni tampoco entre la rufianería laical de la partidocracia, a la que el corrupto Macri acaba de entregarles el nuevo trofeo de la marcha porcuna de los pañuelos blancos.

      Por cierto que “la impunidad siempre prepara nuevos delitos”; pero este axioma lo tenemos visto y comprobado hasta la náusea en los impunes reales, de nombres y apellidos famosos, revestidos de honorables funcionarios o de relumbrones personajes mediáticos, y no en los que no han sido alcanzados por la impunidad generalizada con que el sistema blinda a sus agentes, sino más bien por castigos brutales, aplicados sin discriminar a todos aquellos a los que se supone insertos en crímenes de lesa humanidad. A pesar de que probado está que tamaño cargo es un sayo fabricado a posteriori, aplicado retroactivamente, y arbitrariamente formulado para aprisionar sin salida un cuerpo ya vencido y condenado. Milagros leguleyos de los garantistas de los derechos de la violencia roja y de los abolicionistas de todo derecho a quienes se batieron contra ella.

      La impunidad que ha preparado nuevos delitos, y que los ha consumado ya sin necesidad de preverlos sino de constatarlos, es la impunidad que se les ha otorgado a centenares de cuadros montoneros y erpianos, quienes alzados desde 1983 con las riendas de todos los poderes públicos, no han dejado fechoría por cometer ni crimen por organizar ni desmán por perpetrar ni saqueo por incurrir. Si “para nada se busca el olvido”, según Olivera, pues he aquí un olvido grave y funesto de los muchos en los que suele caer la hemipléjica y paralizada memoria de estos pastores. No uno sino muchos son los olvidos culposos de los que tendrán que rendir cuenta. Desde el olvido de que fue la Nación Argentina la atacada e invadida por las fuerzas irregulares de la Guerra Revolucionaria Marxista –en la que participó activamente un clero felón y disoluto con su correspondiente Jerarquía- hasta el olvido de quienes han derramado su sangre honrosamente defendiendo la Cruz y la Bandera.

      Está claro que “no se puede mirar la vida con ojos de pirata”, dice Olivera que le sentenció un oráculo zurdo de los que convidaron a perorar en “La Montonera”; y está claro que “el Estado debe defendernos y cuidarnos y no utilizar métodos totalmente inaceptables".

      Pero he aquí la segunda verdad que debemos oponer al embuste del indocto prete. Los métodos totalmente inaceptables no fueron patrimonio exclusivo del Estado Liberal que encarnaron las cúpulas del malhadado e indefendible Proceso. Fueron patrimonio, y en grado sumo, de los Estados Comunistas que financiaron, solventaron, alentaron y ejecutaron la guerra revolucionaria en nuestro país. Los sirvientes homicidas de esos Estados – agentes extranjeros o nativos, lo mismo da- no han sido nunca sometidos a juicio por sus métodos inaceptables. Fueron y son glorificados ante la sociedad como combatientes idealistas. Ellos, sus abuelas, sus madres, sus hijos y la manada entera y rabiosa que los orbita; ellos y el tropel inmundo de los que vivan sus asesinatos. Victoriosa la recua, y lavados los cerebros masivamente, impuso entre sus consignas llamar métodos estatales inaceptables a todos los recursos bélicos de los que se valió el Estado para derrocar la invasión insurgente y artera. Como impuso un siniestro medidor de pesadumbres, según el cual mayor es el sufrimiento de los terroristas que el de aquellos que hoy sufren persecución y vejamen por haberlos confrontado.  El pastor del que se esperaba –conforme a la lógica bergogliana- que tuviera el olor de sus ovejas, ha preferido adherirse a la tuforada de los lobos y hacer causa común con ellos. Es, lisa y llanamente hablando, un escandaloso acto de traición.

      Dos por uno, Monseñor Olivera. Diga usted su infundio; nosotros diremos dos verdades.

      Presente siempre en las bacanales eclesiales de la estulticia, Monseñor Víctor Fernández (que persevera en ser apodado Tucho cual si fuera el remoquete honroso de pius aplicado a Eneas), declara en La Nación del 10 de mayo que "Francisco ya habló varias veces sobre los temas relacionados con la dictadura. Siempre insiste en que no hay que pedir impunidad y que, especialmente en los delitos de lesa humanidad, hay que aplicar la ley sin atenuantes”. Prosigue el desdichado: “Cuando uno torturó y mató no puede exigir a los demás que le faciliten una vida normal. Aunque lo hecho no se puede reparar, debe al menos aportar información para que los familiares conozcan la verdad completa sobre las víctimas. Una cosa es decir que también hubo crímenes atroces de parte de los guerrilleros. Pero es inaceptable poner esto en el mismo nivel de los crímenes cometidos desde el aparato estatal [...]. Algunos obispos se han preocupado por los presos muy ancianos que no tenían suficiente atención sanitaria. Estoy seguro de que eso no implica justificar lo que hayan hecho ni pedir privilegios para asesinos [...]. Una de las personas [invitadas a testimoniar en el encuentro reciente de la Conferencia Episcopal y cuyo testimonio pide destacar] nos rogó por favor que seamos más claros y concretos en el reconocimiento de nuestros propios errores y en el pedido de perdón. Y otra nos pidió que no pretendamos sanar heridas que sólo se curan con el tiempo, y que mejor nos dediquemos a la verdadera grieta, que son los millones de pobres que sufren en la Argentina”.

      No puede extrañar a nadie que Bergoglio haya dicho lo que le atribuye Fernández. Ambos tienen sobrada desvergüenza y oportunismo atroz para seguir invocando la figura penal de Lesa Humanidad aplicada a las Fuerzas Armadas Argentinas, cuando en rigor, si científicamente se estudia el tema, como lo ha hecho entre nosotros con enjundia el maestro Enrique Díaz Araujo, no hay punto del Estatuto de Roma, de 1998, en el que la tal figura penal quedó caracterizada, que no se le aplique con fatídica propiedad al obrar sanguinario de las fuerzas marxistas.

      Fiel exponente de la asimetría moral que retrata a los estultos, Fernández cree que no hay derecho a la vida normal para los soldados que combatieron a la guerrilla, porque habrían torturado y matado. Situación que aún comprobándose enteramente veraz en todos los casos –cosa que negamos- no tendría su equivalente en los torturadores y matadores de nuestros hombres de armas o de innúmeros civiles desarmados. Lo mismo cree el envenenante macrismo, para algunos idiotas aún, encarnadura de “la derecha”. Por obra y gracia de esta extraña dialéctica, la normalidad existencial sería el merecido obsequio y tributo a los guerrilleros, las tribulaciones de la cárcel y el odium plebis quedarían para aquellos que le presentaron batalla. Misericordia bergogliana en estado puro.

      La misma dialéctica se aplica a la sangre derramada. Tienen dos pesos y dos medidas, según Tucho. Si mata el Estado Argentino es un pecado contra el Espíritu, imperdonable e irredimible. Si matan los Estados Cubano, Soviético, Nicaragüense o Chino, poniendo el fuego y la plata en las manos de sicarios nativos o foráneos, no tendrán “el mismo nivel” de gravedad.

      De comprobarse la plena veracidad de un aparato estatal argentino que cometió delitos, no seremos nosotros los que erradiquemos el juicio moral a la hora de reprobarlos. Pero insistir en la falacia del desnivelamiento de culpas, como si detrás de las organizaciones marxistas no existieran varios aparatos estatales convergentes y aliados, es una falsedad que hiede y cuyo hedor nos repugna.

      Fernández no quiere saber nada con otorgarles privilegios a los asesinos. Bien hecho. Pero alguien debería acercarle un diccionario para que nos diga con qué palabra sino con la de asesinato se deben calificar los actos cometidos por los terroristas; y otro diccionario para que nos diga con qué palabra sino con la de privilegio se debe calificar a la libertad irrestricta y al aplauso generalizado de los que gozan los criminales miembros de las antiguas agrupaciones subversivas, apañados cuando no aplaudidos por el oficialismo y la oposición, indistintamente intercambiables.

      Una segunda verdad prometimos por cada engaño enarbolado como piltrafa por los embaucadores profesionales. Y la segunda que le toca escuchar al impresentable Tucho, y a sus pares todos de la Conferencia Episcopal, es que es redondamente cierto lo que alguien les dijo cuando les pidió ser más claros y concretos en el reconocimiento de los propios errores y en el consiguiente pedido de perdón. Sólo que quien les hizo el reclamo equivocó groseramente su contenido. El perdón pendiente de los obispos, con  claridad y concretez, es por haber dejado de ser católicos, patriotas, decentes  y varones. Es por haber perdido la lucidez y el coraje, la hombría de bien y, en muchos casos,  la simple y hormonal hombría.

      En cuanto a la remanida cantinela de los millones de pobres que sufren, nunca será malo el consejo de ocuparse de ellos. Pero entre las riquezas que esos millones de pobres necesitamos, la mayor de todas es que, parafraseando a José Antonio, se nos devuelva el alegre orgullo de tener una patria. Una patria en la que las prisiones, los juzgados o los cadalsos estén para castigar condignamente a los segadores de su cuerpo y de su alma, y las libertades concretas para aquellos, a los que conociéndolos por sus frutos, podamos calificar de intachables.

      Dos por uno, Monseñor Fernández. Diga usted su fraude. Nosotros diremos dos verdades.

      Entiéndase que la consigna que lanzamos no tiene sólo a los clérigos por destinatarios. Abarca a la variopinta gama de mendaces que, para oprobio de nuestro suelo, lo cubre por los cuatro puntos cardinales. Farsantes de toda clase, condición, estado o jerarquía, que al conjuro ominoso del Mentiroso desde el Principio, han esputado su patraña en estos días de luto, desde los más altos sitiales conquistados también por el favor de un régimen inherentemente embustero.

      Que nos digan ahora los devotos del sufragio universal, los bienpensantes del supuesto mal menor, los católicos flojos de bragas, los nacionalistas vergonzantes cuan confundidos, y el interminable repertorio de damas y caballeros de diestra, en qué pedazo de tierra van a enterrar las cabezas para no ver a quien han encumbrado cuando creyeron que la deyección kirchnerista era opuesta al detrito del Pro.

      De allí la imperdonable y horrísona confusión –todavía, ¡ay!, entre los mismos soldados o quienes se dicen sus representantes- de invocar a la democracia como el altar ante el cual se habrían derramado las vidas y los padecimientos, las muertes y las rejas de los que batallaron en nuestras guerras justas. Desde el Teniente Cáceres hasta el Mayor Horacio Fernández Cutiellos –y la nómina es gloriosamente inmensa- ninguno de nuestros próceres cayó por el sistema métrico decimal. Ni fue al cántico de las urnas que quedaron yertos o mutilados los guerreros de Malvinas o del Operativo Independencia, sino al son de nuestras marchas épicas que simbolizan la Argentina Eterna. La defensa de la democracia no merece que se vierta siquiera una célula pútrida de nuestros cuerpos, ni que se ofrezca un segundo a las mazmorras del Régimen. En cambio, “para la patria todo lo que la patria pide, que la alegría no entra en componendas y el honor no se mide”.

      Más que nunca hay un solo mensaje vigente: Conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres. Benditos sean, en la Argentina cautiva; benditos son, en tiempo presente, quienes puedan proclamarse de este único modo posible, auténticamente libres. Porque a esta libertad no la ciñe cancela o barrote alguno. La otorga Dios como don precioso a los que libraron y libran en Su Nombre el buen combate.



Antonio Caponnetto

Nacionalismo Católico San Juan Bautista

martes, 11 de abril de 2017

Los judíos y la subversión en Argentina - Santiago Mondino




Resulta llamativa la relación entre la baja proporción de habitantes judíos de la Argentina y el alto porcentaje de israelitas incluidos en las nóminas de detenidos-desaparecidos.


En el libro del historiador judío Leonardo Senkman “El antisemitismo en la Argentina” se informa de esta desproporcionada participación de judíos:

El número desproporcionadamente alto de víctimas de origen judío, multiplicando casi en 10 veces su proporción en la población… No podría negarse que los judíos están sobrerepresentados en las capas profesionales que han sido blanco directo de la represión así como de grupos particulares como el estudiantado universitario… la desmedida presencia de las victimas israelitas en el marco general… podría concluirse que el total (de judíos) en las cifras generales de las víctimas de la represión se estimaría entre un 5 a un 10%...”


Norberto Ceresole en su libro “La falsificación de la realidad”, se había ocupado de este tema, estableciendo una hipotesis finalista. En tal sentido escribia:


El rabino Daniel Goldman... explicó que aunque los judíos eran sólo el uno por ciento de la población argentina, representaron el 12 o 13% de los torturados, asesinados o desaparecidos” (Clarin Digital, 20 de abril de 1999). “El episodio genocida antisemita de la Argentina no contiene elementos sustancialmente diferentes de los que en otras dimensiones y ámbitos emergen en los progroms zarista y stalinista y en la Alemania hitleriana” (Informe presentado al juez español Baltasar Garzón).- Si estas informaciones que aportan las organizaciones judías son ciertas, y muy probablemente sean ciertas, significa que los judíos tenían una extraordinaria representación (¿Cómo denominarla? ¿Étnica? ¿Racial? ¿Religiosa?) en las organizaciones armadas irregulares: la guerrilla en la Argentina de aquellos años era predominantemente judía, según inobjetables fuentes judías del presente. Estaban representados por un porcentaje en todo caso muy por encima de su representación social global, que nunca excedió del 2% de la población (1.296 judíos fueron asesinados, lo que supone un 12,43 por ciento del total de las víctimas).


Jorge Knoblovitz, el secretario general de la organización que agrupa a las comunidades judías de Argentina indica que la comunidad judía de Argentina en aquellos años era de 230.000 a 290.000, un 1% de la población total. “El número de judíos que fueron secuestrados, detenidos o ejecutados se estima en 2000. Algunas estimaciones son mucho mayores, ya que muchas víctimas no se identificaban como judíos, por una buena razón...”


Sergio Vainroj en un homenaje organizado por la DAIA, en representación de los ex combatientes judíos en la guerra de Malvinas expresó que la Guerra de Malvinas es “un episodio histórico y único” que vivió la Argentina, en “la época más obscura y sangrienta de la Argentina que comenzó el 24 de marzo de 1976 y se llevó consigo 30.000 desaparecidos, de los cuales 1.900 almas eran judíos, que representa casi el 11% de los desparecidos argentinos durante la dictadura militar”.
“Un numero alto si se tiene en cuenta que la comunidad judía en la Argentina no llega ni al 1 por ciento de la población general.”


Hay que advertir que los autores antes citados sacaron sus coeficientes sobre la cifra mítica de 30.000. Siendo en realidad mucho menor el número de los caídos revolucionarios, la proporción rondaría el 25%. En cualquier caso, habría que tener como piso el 20% al que se refiere Sergio Guelerman en “Memorias en presente. Identidad y transmisión en la Argentina posgenocidio”


Según uno de los testimonios recogidos, del académico Javier Simonovich, “en la mayoría de los casos, los judíos desaparecidos que fueron llevados por las Fuerzas Armadas no fueron raptados por ser judíos”


En una entrevista concedida al diario Haaretz, el autor, historiador y periodista Daniel Muchnik meditaba en retrospectiva por qué tantos judíos, se encontraron en el ojo de la tormenta de la crueldad y la opresión de la dictadura. Explicó que "desde la revolución cubana, y más aún después de la muerte del Che Guevara en 1966, muchos jóvenes en Argentina se sintieron atraídos por el activismo político. En muchos casos, gravitaron hacia la resistencia armada en las organizaciones guerrilleras como las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), el antiguo Partido Comunista, las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas, Peronistas de Izquierda), los peronistas de izquierda y el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), que celebró una mezcla de creencias indígenas Trostkistas y locales.". Y agrega: "Este proceso, que tuvo lugar en toda América Latina, atrajo a muchos Judios.”

El alto índice de judíos es un correlato de la participación de los mismos en las distintas organizaciones guerrilleras que actuaron en la Argentina desde comienzos de la década del 60. Para corroborar lo expuesto vamos a analizar los principales grupos revolucionarios.


La primera guerrilla que actuó dentro de nuestro territorio en el año 1964 en la localidad de Orán fue el EGP (el Ejército Guerrillero del Pueblo). Ciro Bustos indica que el jefe del grupo, Jorge R. Masetti:


No ignoraba que el porcentaje de judíos entre nuestras bases urbanas era notorio, igual que en toda la izquierda argentina, donde el que no era judío era casado con una judía, o a la inversa. Casi podría decirse que la mitad de la dirección nacional del EGP se componía en esos términos”


Las FAR contaban con un porcentaje del 50% de sus miembros de filiación judía. Diaz Araujo contabiliza sobre 242 miembros militantes, 104 de ascendencia judía. Las proporciones más concretas son las siguientes: hombres: 75 de 179; mujeres: 29 de 63.


El periodista montonero Juan Salinas dijo que debían buscar un rabino para las FAR porque  “La mayoría de los de la FAR eran judíos”. Y Miguel Bonasso recuerda que antes de la fusión, los “faroles” (de las FAR) atacaban a los montoneros como “fachos”, y los montoneros respondían a coro:

Donde están los faroles, dónde están? En la sinagoga, leyendo a Carlos Marx”

Entre los combatientes del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) -y mucho más entre los adherentes posteriores- hacía 1973-, el coeficiente de sus miembros judíos era similar al de las FAR.


En Montoneros también fue importante la cantidad de cuadros judíos en sus filas. Siendo esta una agrupación íntimamente vinculada al movimiento político liderado por Perón, quien fue el que integrara a la comunidad judía en la vida política argentina, resultaba natural la presencia de miembros de dicha entidad entre sus componentes. Montoneros había sido un trípode de entidades derivadas del catolicismo progresista en los tiempos del Concilio Vaticano II, habiéndose formado sus principales dirigentes en torno a grupos como el de la revista Cristianismo y Revolución de Juan Garcia Elorrio o el Padre Mugica: en Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires. Las sucesivas represiones alteraron completamente ese panorama inicial. A partir de 1975/76, la Orga se convirtió en un ente estrictamente porteño, identificado con la JUP y con la UES de la Capital Federal, a lo sumo con un apéndice en La Plata. Y es en ese momento donde resalta la presencia judía.

Pueden citarse como ejemplo del peronismo montonero los hermanos Jorge, Leonardo y Luis Adjiman, Luis Aisenberg, Leticia Akselman, Eduardo Beckerman, Rubén Benchoam, Rubén Beratz, Guillermo Binstock, Claudio y Jorge Casoy, Viviana Cohen, Eduardo Corfield, Benjamín Isaac Dricas, Gabriel Dunayevich, Mónica Epstein, José y Laura Feldman, Diana Fidelman, Claudio Fink, Orlando Finsterwald, Nora Friszman, Arturo Garín, Sergio Gass, Raquel Liliana Gelín, Marcelo Gelman, Carlos y Liliana Goldemberg, Hugo Goldsman, Nora Goldstein, Jorge Gorfinkiel, Claudia Grumberg, Eva Gruszka, Enrique Grynberg, Moisés Hakimfaks, Patricia Huchansky, Matilde Itzigsohn, María Liliana Ivanoff, Rodolfo Ivanovich, Franca Jarach, Víctor Kein, Edith Koatz, Samuel Koblinsky, Alfredo Elías Kohon, Mario Lorenzo Konkurat, AdrianaKornblihtt, Tomás Kornfeld, Marcelo Kurlat, los hermanos Miguel y Bernardo Levenson, Arturo Lewinger, Marta Libenson, Diana Lijtman, Zulema Matzkin, Graciela Mellibovsky, Raúl Milberg, Rodolfo Minsburg, Marcos, Mario y José Osatinsky (padre y sus dos hijos respectivamente), Mónica Susana Pinus, Elsa Rabinovich, Alicia Raboy, Jorge Rochistein, Patricia Roisinblit, Alejandro Sackmann, los hermanos Alberto y Jaime Said, Alberto Savransky, Soledad Schajaer, Daniel Schapira, Diana Schatz, Pablo Schmucler, Claudio Slemenson, Guillermo Soilverman, Jorge Lewi y su esposa Ana María Sonder, Gustavo Stenfer, Hugo Strejilevich, Isaac Sulkes, Rosana Judith Szafirstein, Pablo Szir, Mario Tarchitzky, Sergio Tarnopolsky y su hermana Betina, Gisela Tenenbaum, Bernardo Tolchinsky, Jorge y Sergio Trod, Carlos Troksberg, Lorenzo Ismael y María Adelaida Viñas (hermanos), Mauricio Weinstein, Ana Dora Wiesen, Claudia Yankilevich, Andrea Yankillevich, Alicia Zimman, Ricardo Zuker y Luis Zukerfeld.


El comunista y judío Isidoro Gilbert señala que el influjo de la revolución de 1917 sobre muchos judíos fue enorme y en los movimientos comunistas ha sido elevada la proporción de militantes de ascendencia judía. Destacando que de institutos judíos, como el Zumerland, salieron muchos jóvenes que optaron por Montoneros o ERP.


Como conclusión frente al elevado número de miembros de esta comunidad que tomaron sus armas contra las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Seguridad de la Nación podríamos formular la aclaración y separación que marca Alexander Solzhenitsin, cuando apuntaba sobre los miembros judíos de la Cheka-KGB:


Yo no tengo la culpa de que todos ellos sean de procedencia judía. No se trata de una selección artificial realizada por mí. La separación la ha hecho la historia”




Los judíos en la literatura pro guerrillera.


Finalizado el gobierno militar e instaurada la democracia, se escribieron cientos de libros dedicados exclusivamente a la cuestión de la lucha antisubversiva y a los “detenidos-desaparecidos”. La mayoría fueron escritos con claros fines apologéticos y reivindicativos del accionar subversivo. Cabe destacar que entre los autores prevalecieron de manera casi monopólica ex guerrilleros. Diaz Araujo destaca la importante presencia de escritores judíos:

Hemos enunciado la presencia de 654 libros pro-guerrilleros. Entre sus autores podemos verificar la existencia de 119 de neta ascendencia judía. En términos generales, casi una sexta parte de los apologistas del revolucionarismo pertenecen a esa etnia. Y, por cierto, nadie los obligó a escribir tales obras, ni fueron escogidos dentro de una lista confeccionado por represores”.  




Finanzas y subversión






El dinero recaudado por la agrupación Montoneros era manejado por el oscuro banquero David Graiver, el cual estaba estrechamente vinculado con el ex ministro de economía entre los años 1973 y 1975 José Gelbard en el gobierno de Perón.


Graiver era un hombre de ideas progresistas, amigo y funcionario del General Alejandro Lanusse contaba con el apoyo del lobby judío-norteamericano, cuyo centro de gravedad era Nueva York, gracias a su vínculo con Abrahan Feinberg, presidente del movimiento sionista de los Estados Unidos. Figuraba en la lista de protegidos del Mossad. Todo Estado defiende a sus banqueros que le son útiles, mucho más Israel, que depende de la asistencia exterior. Sobre todo de la diáspora judía, cuyos epicentros americanos, como se sabe, está en los Estados Unidos y en la Argentina.

Graiver junto con su socio José Gelbard habían hegemonizado la economía argentina durante 3 años, Gelbard como Ministro y Graiver como asesor del Banco Central y líder empresarial. Durante su época de apogeo llego a dominar 30 empresas de todos los rubros, con un capital de 200 millones de dólares.


Sobre el origen de la relación entre Graiver y Montoneros Algunas fuentes sostienen que se inició luego del secuestro de Isidoro Graiver (hermano de David) en 1972, otros investigadores afirman que el nexo existía desde 1970, cuando su pareja Lidia Papaleo le presentó a su hermano Osvaldo, casado con una parienta directa de Carlos Maguid, quien sería uno de los asesinos del General Aramburu.


Lo cierto es que una parte del dinero producto de secuestros extorsivos, como el de los hermanos Born, fueron administrados por Graiver, quien pagaba intereses mensuales a la organización guerrillera con los cuales financiaban sus actividades.



 Gelbard el apoyo politico, Graiver el administrador de los fondos y Roberto Quieto (NG: el negro) líder montonero nexo entre el banquero y la organización



El 7 de agosto de 1976 el avión que trasladaba a Graiver desde Nueva York hacia Acapulco se accidentó y se dio por muerto al financista. El hecho quedó rodeado por una nube de sospechas que hasta el día de hoy no se han despejado debidamente.


 

  



 José Ber Gelbard fue el constructor del imperio económico del Partido Comunista Argentino (PCA) que le dio un lugar privilegiado dentro del llamado Directorio, una organización ultrasecreta que controlaba la toma de decisiones respecto de los temas más trascendentales que hacían a la agrupación. Confiable para los servicios secretos israelíes (MOSSAD), un amigo de Fidel Castro y de Salvador Allende; un protegido de los Kennedy y un opositor de Henry Kissinger y Richard Nixon; un aliado de Menem, de Balbín, de Lopez Rega y de Montoneros, la cual en la primavera de 1974 realizó un depósito por 17 millones de dólares, con un cheque de la Unión de Bancos Suizos, en el Banco Comercial de la Plata, mediante los buenos oficios del ex Ministro de Económia Gelbard. Ese es el nudo de “la conexión Graiver”, de las gestiones económicas en favor de la delincuencia subversiva.






 


Jacobo Timerman, padre del ex Ministro de RREE del gobierno de Cristina Kirchner, formaba parte del proyecto de Graiver y de José Gelbard de constituir una cadena mediática de tendencia marxista con el proposito de influir sobre la opinión pública.






 Jacobo Timerman propietario del periódico La Opinión al que definía «a la derecha en economía, centristas en política, y a la izquierda en cultura»




Guerrilleros sí, soldados no


La misma bravura con que tomaron las armas muchos miembros de la comunidad judía para enfrentar a las Fuerzas Armadas y de Seguridad, no se vio reflejada cuando se desató el conflicto bélico con Gran Bretaña en las Islas del Atlántico Sur. A diferencia del elevado número de judíos que integraban los grupos guerrilleros, en la guerra por las Malvinas solamente se movilizaron 200 integrantes de la comunidad judía, de los cuales un número bastante menor, que se desconoce con certeza, fueron los que participaron en la guerra.


A diferencia del coraje que demostraron muchos judíos en operativos guerrilleros contra las Fuerzas Legales, dignos de mejores causas, no hay registros de que se hayan desempeñado con la misma valentía frente al invasor inglés. Al contrario, un grupo de ex soldados, con el apoyo del CECIM de La Plata, intentó por la vía judicial ser reconocidos como víctimas de crímenes de lesa humanidad, por supuestos malos tratos que les habrían infringido sus superiores. El reclamo fue desestimando por la Corte Suprema.



     Libro “Los rabinos de Malvinas” el aporte de la comunidad judía a la desmalvinización durante el período kirchnerista




Judíos y derechos humanos


El Movimiento Judío por los Derechos Humanos surgió por las denuncias de familiares sobre el antisemitismo sufrido tanto de los presos que estaban a disposición del Poder Ejecutivo Nacional como los desaparecidos. Su primera aparición pública se dio luego de que el 23 de marzo de 1983 el gobierno del general Reynaldo Bignone sancionara la Ley 22.924 de “Pacificación Nacional”. De inmediato, las diferentes entidades de derechos humanos se movilizaron contra la medida y organizaron una marcha de protesta en la Plaza del Congreso para el 19 de agosto. “Dentro de los Movimientos de Derechos Humanos éramos vistos con gran simpatía en algunos sectores, en otros con cierta renuencia, tanto que costó ser reconocido como movimiento de derechos humanos, a tal punto que se hacían las reuniones sin nosotros y era una forma encubierta de prejuicio. Estaba el prejuicio que trabajábamos por los desaparecidos judíos y nosotros reclamábamos por todos. Había un movimiento peronista y cristiano por los derechos humanos que reclamaban cada uno por los suyos”, afirma el periodista Herman Schiller. En una oportunidad, ese pequeño rechazo, que se iba acrecentando lentamente, se materializó con hechos que rozaron el antisemitismo, al punto de que casi se genera un escándalo durante el gobierno de Raúl Alfonsín. “Hubo una delegación de organismos de derechos humanos que fue a la Cámara de Diputados a pedir por los presos políticos que todavía estaban detenidos desde la época de la dictadura. Por el MJDH fueron Pedro Resels y Fernando Sokolowicz (dueño de Página/12) y escucharon decir a Ángela Vensentini, miembro de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas: ‘Si entran los judíos, nosotros no entramos’”, recuerda Schiller. Lo ocurrido con Vensentini llegó a oídos del periodista Horacio Verbitsky, quien apoyaba sus tareas, y llamó a una reunión de todos los organismos de derechos humanos y les dijo: “O ustedes reconocen al Movimiento Judío por los Derechos Humanos o yo hago un escándalo público y los acuso de antisemitas”. El director de Nueva Presencia agrega: “En esa advertencia incluyó a todos, incluso a Madres de Plaza de Mayo”




 Movimiento Judío por los Derechos Humanos reclamando por las “victimas” de esa comunidad. No obstante ser varios los judíos que participaban en otras organizaciones de DDHH











Fuentes

Diaz Araujo, Enrique , La guerrilla en sus libros, Tomo II, Mendoza, El testigo Ediciones, 2009, pag. 141 ss

Diaz Araujo, Enrique , La guerrilla en sus libros, Tomo III, Mendoza, El testigo Ediciones, 2009, pag. 121 ss

Acuña, Carlos Manuel, Por amor al odio, Tomo II, Buenos Aires, Del Pórtico, 2003, pag. 395 ss





http://www.itongadol.com.ar/noticias/val/64306/la-daia-homenajeo-a-los-ex-combatientes-judios-de-malvinas-y-ratifico-que-los-acompanara-en-su-reclamo-de-justicia.html









http://www.telam.com.ar/notas/201502/95948-corte-suprema-investigacion-torturas-malvinas-movilizacion-ex-combatientes.html










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