San Juan Bautista

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jueves, 7 de marzo de 2013

El uso de la sotana es útil para todos, sacerdote y fieles.

 En nuestros días, podemos ver, o mejor dicho, no podemos ver casi ni una sotana por la calle. En efecto, son muy pocos los sacerdotes o religiosos que visten el habito talar. Se argumenta generalmente que es por una cuestión “pastoral”, que la gente se aleja, se siente intimidada y al ver a un sacerdote como un laico más o una “persona normal” más, tienden a acercarse.
 Claramente en muchos regímenes anticatólicos se ha prohibido a los eclesiásticos el uso de la sotana. Por ejemplo una ley vigente en México desde 1926 (la famosa ley Calles) que si hoy no se pone mucho rigor es de saberse que sigue en pie.
 La sotana fue instituida por la  Iglesia a fines del siglo V con el propósito de darles a sus sacerdotes un modo de vestir serio, simple y austero. Recogiendo esta tradición, el Código de Derecho Canónico impone el hábito eclesiástico a todos los sacerdotes (canon 136).
  No se trata pues de meros caprichos o “fariseísmo” como los modernistas llamar el uso del hábito eclesiástico.
 Ciertamente que el sacerdocio nunca se borra, pero nunca viene mal un recordatorio como signo visible para el propio sacerdote, no es lo mismo un paisano que un sacerdote, y al vestir como tal es el sacerdote el primer persuadido, no puede quedar en el anonimato. Llegado el caso o se hace mártir o traidor.
 Una sotana siempre suscita algo en los que nos rodean. Despierta el sentido de lo sobrenatural. No hace falta predicar, ni siquiera abrir los labios. Al que está a bien con Dios le da ánimo, al que tiene enredada la conciencia le avisa, al que vive apartado de Dios le produce remordimiento.
Las relaciones del alma con Dios no son exclusivas del templo. Mucha, muchísima gente no pisa la Iglesia.  Para estas personas, ¿qué mejor forma de llevarles el mensaje de Cristo que dejándoles ver a un sacerdote consagrado vistiendo su sotana? Los fieles han levantando lamentaciones sobre la desacralización y sus devastadores efectos. Los modernistas claman contra el supuesto triunfalismo, se quitan los hábitos, rechazan la corona pontificia, las tradiciones de siempre y después se quejan de seminarios vacíos; de falta de vocaciones. Apagan el fuego y luego se quejan de frío. No hay que dudarlo: la desotanización lleva a la desacralización. Hay que reconocer que la sotana fortalece la vocación y disminuye las ocasiones de pecar para el que la viste y los que lo rodean.
 El pueblo cristiano ve en el sacerdote el hombre de Dios, que no busca su bien particular sino el de sus feligreses. La gente abre de par en par las puertas del corazón para escuchar al padre que es común del pobre y del poderoso. Las puertas de las oficinas y de los despachos por altos que sean se abren ante las sotanas y los hábitos religiosos. ¿Quién le niega a una monjita el pan que pide para sus pobres o sus ancianitos? Todo esto viene tradicionalmente unido a unos hábitos. Este prestigio de la sotana se ha ido acumulando a base de tiempo, de sacrificios, de abnegación. Y ahora, ¿se desprenden de ella como si se tratara de un estorbo?
 La Iglesia preservó siempre a sus sacerdotes del vicio de aparentar más de lo que se es y de la ostentación dándoles un hábito sencillo en que no caben los lujos. La sotana es de una pieza (desde el cuello hasta los pies), de un color (negro) y de una forma (saco). Los armiños y ornamentos ricos se dejan para el templo, pues esas distinciones no adornan a la persona sino al ministro de Dios para que dé realce a las ceremonias sagradas de la  Iglesia.
 Pero, vistiendo de paisano, le acosa al sacerdote la vanidad como a cualquier mortal: las marcas, calidades de telas, de tejidos, colores, etc. Ya no está todo tapado y justificado por el humilde sayal. Al ponerse al nivel del mundo, éste lo zarandeará, a merced de sus gustos y caprichos. Habrá de ir con la moda y su voz ya no se dejará oír como la del que clamaba en el desierto cubierto por el palio del profeta tejido con pelos de camello.
 Así es que rogamos a Dios ver mas sotanas en las calles, que los religiosos ardan en deseos de vestirla aunque más no sea empezando por reconocer que es una obligación en el código de derecho la de los sacerdotes de vestir como tales.


                      Franco Mangarella


Nacionalismo Católico San Juan Bautista


2 comentarios:

  1. Anónimo25/2/14 5:19

    la sotana debería ser usada por todo sacerdote y con orgullo. es manifestación de entrega y fe. es humildad y no altanería.

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